AGLI Recortes de Prensa   Viernes 31  Enero  2020

Sánchez, a las órdenes de Rufián
Editorial ABC 31 Enero 2020

No hay día en que La Moncloa deje de sorprender por su surrealismo político, su incoherencia, su cambio de guión en cuestión de minutos y su insolvencia. El anuncio hecho por Joaquim Torra para convocar elecciones en Cataluña sin convocarlas produjo ayer movimientos sísmicos en la alianza fraguada por el PSOE, Podemos y ERC. La delirante secuencia es la siguiente. Por la mañana, La Moncloa anunció que mantiene su previsión de que Pedro Sánchez se reúna con Torra el próximo día 6, pero anulaba la convocatoria de la «mesa de negociación» prometida al separatismo para poder ser investido. Sánchez avisó de que esa «mesa» se convocaría cuando hubiese nuevo Ejecutivo en Cataluña, en junio o julio, para ganar tiempo. A su vez, Torra había advertido de que en la cita del jueves plantearía a Sánchez la independencia de Cataluña y la amnistía para los presos golpistas, y ERC replicó la decisión de Sánchez con una amenaza: se trata de un «incumplimiento flagrante» de sus acuerdos secretos que pone en riesgo la legislatura. Para entonces, la vicepresidenta Carmen Calvo ya había contestado a Torra que Sánchez no iba a negociar la independencia. En esta atmósfera psicodélica de extorsiones a varias bandas, Oriol Junqueras decidió desde la cárcel enviar a Gabriel Rufián a La Moncloa para amenazar a Sánchez con dar por concluida la legislatura sin que siquiera haya arrancado oficialmente. El mensaje era nítido, y el PSOE debía convocar la «mesa» claudicante antes de las elecciones catalanas. Por supuesto, el mensaje fue sumisamente recibido por Sánchez, que anoche rectificó su tesis inicial y se reunirá con el separatismo donde haga falta y cuando Junqueras diga. ¿La conclusión? Muy sencilla: España está en manos de un presidente sin palabra, sin criterio y sin autonomía, y de un condenado por sedición que amenaza desde la cárcel con volver a declarar la «república» catalana.

Las mentiras de Sánchez ya son lo de menos. Lo peor es su arrodillamiento a las órdenes de unos delincuentes -a día de hoy Torra y Junqueras lo son- que se han propuesto revocar la unidad nacional, el principio de soberanía, la legalidad del Parlamento y la destrucción de la autoridad de nuestros tribunales, que en definitiva es la autoridad de la ley. Se agotan las palabras del diccionario para definir la reacción de Sánchez a cada chantaje del separatismo con tal de conservar el poder. El CIS, como hizo ayer, podrá maquillar la realidad cuanto quiera. José Luis Ábalos podrá ocultarse el tiempo que considere oportuno. Teresa Ribera podrá interferir lo que quiera en Red Eléctrica, e incluso Pablo Iglesias podrá culpar a los «pelotazos» urbanísticos de las catástrofes naturales. Pero Sánchez no tiene derecho a negociar con unos golpistas la ruptura de España. Ese es el límite.

La oposición en el limbo
María Claver okdiario 31 Enero 2020

Este jueves en el Palacio de la Moncloa se ha filmado un nuevo remake del clásico Los siete Magníficos, con la colaboración especial del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, en el papel del sanguinario Calvera, y del presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva, como uno de sus cuatreros.

En una ceremonia de autobombo, una voz en off iba anunciado, uno a uno, a los firmantes de la subida del salario mínimo interprofesional hasta llegar a un resplandeciente Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno, flanqueado por todas las cuotas patrias -de partidos, de género, de disciplina fiscal, encorbatados y descamisados-, con paso firme se ha dirigido al centro de la mesa para estampar la rúbrica presidencial. A Iván Redondo sólo le falta ya enlatar aplausos para utilizar a mayor gloria de su jefe en ceremoniales como el de hoy, como hiciera Bill Morrow con las carcajadas en las series de televisión norteamericanas. Algo así como el CIS de Tezanos con efectos sonoros. Las consecuencias que tenga esta subida en el mercado laboral es lo de menos, ya está vendido. Es la primera foto amable para el inquilino de la Moncloa después de salir a la luz, como diría Ana Rosa, el Ábalosgate y su hoja de ruta para Cataluña: negociar un gobierno en Madrid, otro en Cataluña, reconocer a Cataluña como nación y autorizar un referéndum encubierto.

La pregunta ahora es: ¿Qué piensa hacer la oposición? Pedro Sánchez es presidente por la torpeza de la oposición. A pesar de haber logrado más de 10 millones de votos, la fragmentación redujo sus escaños a 152 y sus opciones de gobierno. El Partido Popular y Ciudadanos ya han empezado tímidamente a reconocer que planean la consumación del proyecto Suma que podría ver la luz en las elecciones que se celebrarán en Cataluña y en el País Vasco. El periódico ABC publicó a finales del pasado año un estudio en el que destacaba que las tres formaciones políticas habrían obtenido 177 escaños de haber concurrido juntas a los comicios generales. Todo sería hoy tan distinto…

Desde Vox, Ortega Smith ha descartado que su formación se sume insinuando que es un proyecto “progre”. ¿Cabe mayor idiotez? Si los líderes de Vox siguen por el mismo camino, la izquierda se habrá garantizado el gobierno de la nación durante las próximas décadas. ¿Cabe mayor servicio al proyecto “progre” que dicen querer combatir que su completa falta de inteligencia estratégica y su desmesurada ambición política? Venían para salvar a España, pero lo cierto es que su arrogancia y sed de poder han contribuido a convertir a nuestro país en el mayor experimento “progre” de la Vieja Europa. Es de traca.

Triple corrupción PSOE / Por qué la «memoria histórica»
Pío Moa gaceta.es 31 Enero 2020

Triple corrupción del PSOE

**Hay una palabra que define al PSOE y toda su historia: la corrupción. Su corrupción abarca todos los planos: político, económico y, desde hace varias décadas, sexual. Sus “valores” son los valores de la corrupción.

**La corrupción política del PSOE radica en la presentación de sus actos más tiránicos y totalitarios como pruebas de libertad y democracia. O en su “representación” de los trabajadores, a quienes siempre ha engañado y estafado.

**La “representación” de los trabajadores por el PSOE puede resumirse en tres cifras: con Largo Caballero, 1 millón de parados; con Felipe González, 3 millones; con Zapatero, 5 millones.

**Una muestra palmaria de corrupción política: el partido de historial más antidemocrático y guerracivilista de los últimos cien años quiere imponer a todos los españoles su “Himalaya de falsedades” sobre la historia.

**De la corrupción económica del PSOE no hace falta hablar: ha distinguido especialmente a ese partido desde antes de la guerra civil hasta la más inbmediata actualidad.

**La corrupción sexual del PSOE consiste en un enfoque de la sexualidad que la opone a la procreación, la desliga de la relación complementaria entre hombre y mujer, la reduce al placer obtenible por cualquier modo, desde la coprofilia a la pederastia, y entiende como un “derecho” la destrucción de vidas humanas en el seno materno.

**El PSOE no solo pretende eliminar las libertades para imponer su corrupta versión de la historia. También pretende secuestrar a los niños para inculcarles sus “valores” sexuales.

**Propuesta de insignia: “No acepto que los niños sean adoctrinados en los “valores” de un partido tan corrupto como el PSOE”.

**Una banda de estafadores y tiorras perturbadas gobierna hoy España. Algunos concluyen: “la democracia conduce a eso, es un mal sistema”. La realidad es la contraria. Desde Zapatero tenemos un régimen que ataca sistemáticamente las normas y valores democráticos.

**Hemos llegado a esta situación porque PSOE y separatistas, el nuevo frente popular, no han tenido oposición, sino colaboración del PP. El PP es tan responsable como el PSOE del progresivo arrasamiento de la democracia.

**El PSOE siempre se ha aliado con los movimientos más antiespañoles y liberticidas: desde los separatismos al feminismo. Respecto a este, alguien debería recopilar sus consignas, expresión de sus “ideales”. Así se entendería la “cosa” sin equívocos.

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Por qué el nuevo frente popular necesita la ley de memoria histórica

Va por la segunda edición mi reciente libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra civil, que corona toda mi labor anterior sobre dicha guerra. Es un nuevo enfoque, con nueva metodología y exposición sintética de la contienda desde su desarrollo bélico-político, sus personajes, las cuestiones políticas fundamentales y los presupuestos ideológicos, pues se trató ante todo de una guerra de ideologías. Pero quiero explicar su razón de ser actual, aparte de la ocasión del 80 aniversario del final de aquella guerra.

Cuando publiqué Los orígenes de la Guerra Civil parecía totalmente asentada la versión izquierdista-separatista de la guerra civil, pese a la labor de algunos francotiradores de la historia, destacadamente Ricardo de la Cierva. Y ello hasta el punto de que, me comentaba recientemente un político importante en la Transición, que personas de derecha, abogados del estado y economistas, se quedaron asombrados con mi libro: ¡lo ignoraban todo sobre la guerra civil! Añado que, aunque descubrieron algunas cosas, no lograron – en realidad no se propusieron siquiera– cambiar la opinión pública impuesta al respecto desde la Transición. Simplemente no entendían la transcendencia política actual del asunto, lo veían más bien como una cosa de ilustración personal.

Ese libro salió en 1999, y a él siguieron en los dos años siguientes Los personajes de la República y El derrumbe de la República y la guerra, que completaron la trilogía sobre aquellos sucesos históricos, producto de casi diez años de investigación. Estos estudios provocaron una alarma creciente en los medios de izquierda y separatistas, pero en cambio no hicieron mella en la nulidad intelectual y política del PP. Y en 2002, con Aznar en el gobierno, el PP aprobó en las Cortes la condena del alzamiento de julio de 1936. Estaba, literalmente, llamando delincuentes a sus padres y abuelos, y considerando un crimen la rebelión contra un régimen de tiranía y terror. ¡Grandes demócratas!

No obstante, y acuciado por la necesidad de combatir aquel imperio asfixiante de la mentira, publiqué al año siguiente Los mitos de la guerra civil, y ya entonces izquierdas, separatistas y progres, empezando por el diario El País y por el historiador democristiano Javier Tusell, pidieron abiertamente la censura contra mis investigaciones. Es evidente que no se consideraban capaces de oponerle un debate abierto e intelectual. Sin embargo el libro cosechó un éxito tan extraordinario como inesperado. Esto ya no podía tolerarse, y a partir de entonces sufrí el silenciamiento cada vez más intenso de los medios y de una universidad mediocre e intelectualmente miserable. Pero debieron de considerar que el peligro era muy grande, a pesar de la colaboración del PP, y en 2007, en pleno régimen del frente popular zapateril, el PSOE, de acuerdo con comunistas y separatistas y la complicidad pasiva del PP, impusieron la “ley de memoria histórica”, una ley de tipo norcoreano contra las libertades de investigación, expresión y cátedra, aceptada por una universidad que con ello ya se definía. Y cumplida cuando el PP volvió al poder. Una ley cuya evidente causa es su citada imposibilidad de rebatir mis investigaciones. Y actualmente tratan de ampliar dicha ley para perseguir policialmente a cuantos no aceptamos el imperio de la tiranía asentado en la mentira.

He definido mi último libro como un torpedo a la línea de flotación ideológica del actual frente popular zapateril, precisamente porque no se trata de un panfleto, sino de un estudio sólido y puede, debería, tener un efecto importante en la opinión pública. Hoy solo VOX va reconociendo la importancia crucial de derogar esta ley infame, ley de la cheka, que amenaza todavía más la muy deteriorada salud democrática de la sociedad española. Por eso tiene tanta importancia acabar con el corrupto imperio de la falsedad histórica.

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**Un tal Alberto Rojas nos instruye en “El Mundo” sobre “Las seis drogas que explican todas las guerras”. Curiosamente, el tal Alberto no parece estar en guerra. El reconocido nivel intelectual y periodístico de un periódico miembro distinguido de la Triple M”
Historia criminal del PSOE: cómo llegó a colaborar con el PNV contra la república y contra España: https://www.youtube.com/watch?v=86AGV6vr9HA
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¿Solo un partido democrático?

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))
Usted dice que VOX es el único partido democrático en España. Por tanto, parece propugnar usted una democracia unipartidista, lo que es un oxímoron.
–Son dos cosas distintas. VOX es el único partido democrático porque es el único que se opone a las leyes liberticidas del nuevo frente popular. El único. Es también el único partido patriota porque se opone tanto a la disgregación de España como a su disolución en el magma lgtbi, anticristiano y antinacional de la actual Unión Europea. Todos los demás están a favor de dicha progresiva disolución, incluyendo la colonización por el inglés, y han amparado y financiado los separatismos. Observe que el nuevo frente popular, que ha incluido de hecho al PP, necesita esas leyes liberticidas y el ataque a la Constitución para llevar adelante sus proyectos.

Por lo tanto, ¿solo VOX tendría derecho a gobernar? Le repito que es una contradicción en los términos.
–VOX está planteando, en la práctica, una reversión total del frente popular zapateril para volver a la democracia. En ese proceso pueden aparecer otros partidos que, con ideas distintas, compartan los principios básicos de libertades e integridad nacional. Pero hoy, de momento, la cuestión se plantea así: los partidos antidemocráticos y antiespañoles continuarán, no es cosa de partido único, pero es preciso hacerles retroceder, porque llevan al totalitarismo y la disgregación nacional. Y llevan, por tanto, a la violencia. Hay que frenarlos ideológica y políticamente antes de que nos lleven tan lejos. Han avanzado mucho, gracias a que el PP ha asfixiado toda resistencia, pero creo que hay esperanza todavía.

¿Puede cambiar de orientación el PP?
–No me parece posible. Se la ha criticado por no haber dado la batalla de las ideas, pero el PP no puede dar esa batalla simplemente porque no tiene ideas. A menos que llamemos tal cosa a lo de “la economía lo es todo” y similares. La concepción política del PP consiste en repartirse el poder y el dinero con el PSOE y los separatistas, asumiendo el grueso de las ideas y medidas que aplican estos desde el poder. Una “democracia de amigachos sin ninguna idea alta”, que podría decir el mismo Azaña. Eso ha fracasado, afortunadamente, pero al PP no le ha enseñado nada, simplemente le ha entrado el miedo de perder sus prebendas y por eso maniobra para neutralizar a VOX con una unidad ficticia. La unidad a que aspira el PP es la de una vuelta, creo que ya imposible, al viejo reparto. VOX podría llegar a algunos acuerdos tácticos contra el Doctor, por ejemplo, pero cometería un grave error si creyera que, en lo esencial, el PP iba a cambiar. El propósito del PP es neutralizar o fagocitar a VOX para volver a lo de antes. No le caben otras ideas en la cabeza.

Pero muchos consideran que si no hay unión de VOX, PP y C´s se impondrá el frente popular de Sánchez.
–PP y C´s son parte de ese frente popular desde el momento en que aceptaron sus leyes y todas sus fechorías contra la Constitución y la legalidad en general. El ataque de fondo a la Constitución ya lo denuncié cuando la llegada de ZP al poder. Poco antes de eso, Eduardo Serra, que había sido ministro con Aznar, me comentó que si el PSOE volvía al poder no iba a pasar nada grave o importante, porque el sistema democrático estaba muy consolidado. Le dije que sería lo contrario. Hoy me doy cuenta de que ninguna democracia está consolidada con partidos como el PSOE y el PP. Claro que, aunque todos ellos y los separatistas están de acuerdo en los señalados puntos básicos, sus intereses de poder los dividen. Por eso son posible acuerdos tácticos, de momento, por ejemplo para echar al Doctor. Pero los objetivos estratégicos implican acabar, o al menos disminuir drásticamente el poder de unos partidos que nos han llevado a la peligrosa situación actual. Se trata de cambiar la opinión pública creada artificialmente durante estos últimos cuarenta años. Se trata, en suma, de regenerar la democracia. “Más España y más democracia” frente a la disgregación o disolución, y frente a las tendencias totalitarias.

El comunismo acosa a Vara y se olvida de los esclavos sin pan
OKDIARIO 31 Enero 2020

El presidente socialista de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, cuestionó la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) con el argumento de que los productores agrícolas de su Comunidad -que no son potentados empresarios, sino trabajadores del campo que no pueden hacer frente al incremento de salarios ni cotizaciones sociales porque no les da para vivir- estaban al límite de su resistencia económica. Fernández Vara puso encima de la mesa un dato demoledor: sólo en Extremadura la subida del SMI había causado en el sector agrario un destrozo de 8.000 puestos de trabajo en dos meses. Poco después, la Policía cargaba contra los agricultores extremeños que protestaban en Don Benito en demanda de precios justos y contra el brutal incremento de costes.

Quienes se manifestaban eran trabajadores pertenecientes a distintas asociaciones agrarias. La subida hasta 950 euros del salario mínimo ha supuesto para ellos la puntilla, porque los costes a los que tienen que hacer frente son mayores que los ingresos que obtienen. Fernández Vara ponía el dedo en la llaga de un problema -el de la subida del SMI- que ha triturado sectores como el del campo o el de las empleadas de hogar.

En lugar de solidarizarse con los agricultores extremeños, en la línea de lo hecho por el presidente de esa Comunidad, Izquierda Unida ha convocado un escrache frente al domicilio de Fernández Vara. El acto de acoso ha sido difundido por diputados de la más estrecha confianza del ministro de Consumo, Alberto Garzón, entre ellos la parlamentaria madrileña Sol Sánchez. «Tras las declaraciones del presidente de la Junta de Extremadura exigimos una rectificación pública a Fernández Vara, ¡por unos precios dignos, por la aplicación del salario mínimo!, ¡reclamemos lo que nos pertenece!», exclaman los de IU en sus redes sociales.

El escrache a Vara forma parte de esa visión totalitaria que ha hecho del comunismo un sistema político que sólo ha traído muerte y miseria. IU, en lugar de ponerse en el pellejo de los trabajadores del campo, se lanza a una campaña de acoso y derribo contra el presidente de Extremadura. Se arrogan la condición de defensores en exclusiva de los derechos sociales, pero a las primeras de cambio se le ve el plumero stalinista. ¿No eran estos los que animaban a ponerse en pie a los esclavos sin pan?

Vox pide la «desaparición» del PSOE: «Es un partido criminal que ha cometido todo tipo de delitos»
OKDIARIO 31 Enero 2020

Romero ha hecho estas declaraciones tras las manifestaciones del delegado del Gobierno en Andalucía, Lucrecio Fernández, en las que dijo que «lo mejor que podría pasarle a la democracia española es que la actividad política de Vox desapareciera». Alude a la decisión de la Fiscalía de elevar al Tribunal Supremo sus diligencias de investigación contra la presidenta de Vox en Madrid, Rocío Monasterio, por presunto delito de odio en un acto celebrado por la misma ante un centro de menores extranjeros no acompañados (MENA) de Sevilla,

Frente a las declaraciones de Lucrecio Fernández, Reyes Romero ha manifestado en un comunicado que «el partido político que debería desaparecer por higiene democrática es el PSOE, un partido criminal que ha cometido todo tipo de delitos desde hace casi un siglo, que ha convertido la corrupción en su modus vivendi, pervirtiendo las instituciones mientras ha gobernado, y que no duda en pactar con los enemigos de España para alcanzar el poder».

«He acudido a un acto público en el que pretendía coincidir con el Fernández para que me explicara por qué Vox debería desaparecer, que (a su juicio) es lo mismo que decir que deben desaparecer cuatro millones de españoles, personas que defienden el orden constitucional, la libertad, la bajada de impuestos y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos», dice la diputada de Vox.

Avisa asimismo de «la psicosis que existe dentro del PSOE por llamar la atención de Pedro Sánchez, en una especie de competición por ver quien dice la barbaridad más grande en la espiral desquiciada en la que se ha instalado la izquierda para crispar a la sociedad y mantener a Vox en el objetivo, además de intentar garantizarse su puesto cosa que, al parecer, no tiene garantizado».

La también vicepresidenta de Vox Sevilla ha aseverado que «resulta especialmente grotesco que sea el PSOE el que exprese su deseo de que desparezca un partido democrático, después de haber cometido todo tipo de crímenes en su historia, teniendo el dudoso honor de haber perpetrado el mayor caso de corrupción de Europa, el caso de los ERE», en referencia a la sentencia sobre el procedimiento específico a través del cual eran canalizadas las subvenciones autonómicas para expedientes de regulación de empleo (ERE) presuntamente fraudulentos y ayudas directas y supuestamente arbitrarias a empresas, que condena al expresidente de la Junta José Antonio Griñán a seis años y dos días de cárcel y 15 años y dos días de inhabilitación especial y a su antecesor en el cargo, Manuel Chaves, a nueve años de inhabilitación, además de a otros tantos ex responsables socialistas de la Administración andaluza.

Las tribulaciones de Sánchez en Oceanía
Mikel Buesa Libertad Digital 31 Enero 2020

Ya se ve que, a pesar de que, gracias al empeño de Sánchez, España se ha incorporado a Oceanía —aclaro que me refiero al inmenso Estado colectivista ideado por George Orwell en 1984—, aquí las cosas no funcionan igual que en la Franja Aérea 1. Para empezar, el PSOE no es como el Ingsoc, incluso después de los esfuerzos desplegados por Sánchez para depurar las disidencias, premiar las lealtades y acallar las voces discrepantes. Debe de ser que en este país hay demasiada influencia cultural del Mediterráneo y que eso relaja la disciplina. Aquí tenemos la funesta manía de pensar cada uno por nuestra cuenta, de opinar sobre cualquier cosa y, sobre todo, de cachondearnos de la ostentación del poder, más aún si éste desciende de los cielos, sea en Falcon o en helicóptero, aun cuando vaya vestido con pajarita, como pasó el otro día a las puertas del Palacio de los Deportes de Málaga, cuando Sánchez accedió a la gala de los Goya. Por eso, quizás, ni los proles obedecen órdenes ni los miembros del círculo interior del partido parecen dispuestos a estar doblando el espinazo todos los días, salvo que pertenezcan a esa minoría ombliguista que todos los años se congrega en la mencionada gala para su autoalabanza y para, de paso, seguir reclamando subvenciones al Estado con el fin de seguir viviendo cómodamente en nombre de la cultura popular.

El caso es que, aun estando en Oceanía, las tribulaciones del presidente Sánchez se acumulan a tal ritmo que en veinte días parece que han pasado veinte trimestres. No es cosa de recordar aquí el catálogo de sus adversidades, pues todo el mundo las tiene presentes, pero sí conviene destacar que de ellas se desprende un tufo de infortunio que hace pensar que lo gafa todo. Que si va a nombrar a la fiscal general del Estado, pues se le revela el Poder Judicial al completo. Que si va a derogar la reforma laboral, pues parece que le mira un bizco desde los aledaños del poder económico y ya no se atreve. Que si va a subir el salario mínimo para hacer ricos a los pobres, y la cosa se le queda en la mitad. Que viene Guaidó, y queda fatal porque prefiere subirse en un helicóptero de la Guardia Civil retirándolo de sus labores humanitarias. Que aparece doña Delcy Rodríguez –aunque sin su príncipe homónimo– y Ábalos monta un carajal de "sucesivas versiones ampliadas", como dicen en El País para inspirar a Cristina Narbona, que acaba en un mar de confusión. A Sánchez, por no funcionarle no le funciona ni siquiera el Ministerio de la Verdad que ha montado en Moncloa bajo la supervisión de su todopoderoso jefe de gabinete.

En Oceanía, el Ministerio de la Verdad es fundamental porque sólo con él puede aparentarse la total transparencia de las mentiras que se transforman en verdades, de las falsedades que se trastocan en genuinos hechos auténticos, de las trampas que se mudan en geniales virtuosismos de la política. Pero a Sánchez parece que todo se le queda en la primera parte, y entonces es tildado de mentiroso, falso y tramposo. A este paso, como no encuentre a alguien que le gestione ese ministerio con británica eficacia, va a quedar sumido en la fatal desventura de quien acaba siendo tan sólo un personaje de chirigota carnavalesca.

Eurolágrimas
Cristina Losada Libertad Digital 31 Enero 2020

En el Parlamento Europeo se quiso dar tono sentimental a la salida del Reino Unido de la UE y muchos eurodiputados, cogidos de la mano, cantaron una canción tradicional de despedida. La canción, de origen escocés, se conocía antes en España como "El vals de las velas" por una versión que se hizo en los años 40, con una letra vagamente conectada con la original. Pero olvidada esa tradición propia, lo que circuló en las noticias fue su título escocés, "Auld Lang Syne", que nadie conocía aquí. Circularon ampliamente los sonidos e imágenes de la triste despedida, de la que dieron fe tuits como el del eurodiputado Esteban González Pons, vicepresidente del Grupo del Partido Popular Europeo, diciendo:

Yo estaba ahí. Y canté. Y lloré. Perder el Reino Unido es una derrota para quienes ambicionamos una Europa unida y en paz.

No es cosa de discutirle la emoción a González Pons. Ya es más cuestionable la escena que ofrecieron los diputados sensibles de la Eurocámara, escena que no fue, como parecería, del todo espontánea: los que cantaban leían la letra de la canción de unos folios previamente repartidos. Pero de emoción en emoción, de sentimiento en sentimiento, de canción triste en canción triste puede que perdamos de vista la realidad política que ha dado lugar a esa salida británica que se lloraba. Y el caso es que, a pesar de que cogerse de la mano y cantar juntos no es necesariamente incompatible con la reflexión política, sí que parece, en todo este largo y proceloso asunto del Brexit, que lo segundo prácticamente no ha existido: no ha existido por parte de la Unión Europea. Porque todo lo ocurrido se les ha cargado a los británicos, todo se ha considerado su responsabilidad. Como si su decisión no hubiera tenido nada que ver con el tipo de Unión Europea que se ha terminado construyendo.

Desde el referéndum que, de forma sorpresiva, ganó la opción de abandonar la Unión, la opinión política continental ha dado, en general, un solo diagnóstico sobre el asunto: los ingleses, por decirlo coloquialmente, se habían vuelto locos. Se atribuyó el Brexit al populismo, a las fake news, a las mentiras. Millones de británicos se habrían dejado convencer por un cóctel bien mezclado de nacionalismo, aislacionismo y falsedades descomunales sobre la Unión. Y, sí, es cierto que esos ingredientes entraron en campaña, como entran en todas las campañas. Pero también lo es que esa cortina de causas propiamente británicas tapó casi por completo las causas que radicaban en la propia Unión. Atribuir el Brexit a que los británicos se dejaran engañar ha permitido pasar de puntillas sobre la problemática transformación de la UE.

La conversión de la Unión en una especie de supra Estado, con competencias crecientes y rendición de cuentas insuficiente, es un factor capital para explicar la salida de los británicos. Y es, en todo caso, un proceso del que hay que ser consciente. Para despejarse de la sentimentalidad de los eurodiputados cantando "El vals de las velas" conviene ver el último discurso que hizo en la Eurocámara el británico Daniel J. Hannan, hasta ahora vicepresidente del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeas. Conviene como ejercicio de sobriedad. Se puede coincidir o no con su visión, que expuso en un par de minutos, pero habla de política. De la política que analiza, no de la que se ahoga en baños de lágrimas. Y es curioso, pero la sentimentalidad, la que tanto se les ha reprochado a los británicos, también ha hecho su trabajo al otro lado del Canal: ha servido para evitar la mirada crítica hacia la UE.

El Brexit, en cierto modo, ha permitido que la Unión aparezca sin tacha, perfecta y pluscuamperfecta, por contraste con los defectos achacados a los que han querido abandonarla. El trauma de la salida británica no nos ha incitado a preguntarnos en qué se ha convertido la Unión y si esa configuración –alejada ya del antiguo club de naciones– es deseable. Al contrario, ha provocado autocomplacencia, lástima por los británicos y lágrimas en la despedida. Mal.

La hora de que la UE vuelva a andar
Editorial El Mundo 31 Enero 2020

A muchos ciudadanos les embargaría la emoción cuando los eurodiputados entonaron el Auld Lang Syne, la famosa Canción de la despedida, en la última sesión que compartían con los parlamentarios británicos. Esta media noche se consuma la tortuosa salida del Reino Unido de la Unión Europea. Y son horas tristes porque nada tiene de bueno el divorcio de Londres -el mayor error histórico de las últimas décadas- y supone un profundo desgarro sentimental para quienes seguimos creyendo que el sueño comunitario merece hoy tanto la pena como cuando pusieron la primera piedra los padres fundadores sobre los rescoldos de un continente devastado por la irracionalidad de la Segunda Guerra Mundial. La UE será desde mañana más débil, como también lo será un Reino Unido que pone fin a un idilio de 47 años con el continente, con el que tantas veces ha actuado como un amante infiel. Es el final de un camino compartido, aunque no tiene que ser necesariamente para siempre. Como dijo Von der Leyen al asumir la presidencia de la Comisión, "los británicos tendrán la puerta de la UE abierta siempre".

Pero no ha concluido el Brexit. Se inicia ahora, de hecho, un periodo de transición que se antoja casi tan complicado como lo ha sido llegar hasta aquí desde el referéndum de 2016, por el que apostó el premierDavid Cameron con su irresponsable huida hacia adelante. Enfrentó el populismo con más populismo y salió trasquilado él y nos metió a todos los europeos, británicos incluidos, en un monumental lío del que aún no sabemos cómo saldremos. Los Veintisiete y Londres tienen que negociar contra el reloj un acuerdo sobre la relación futura que mantendrán la UE y el Reino Unido. Y el imprevisible Boris Johnson está decidido a forzar la máquina y a que el periodo de transición no vaya más allá del 31 de diciembre. Así, no parece exagerado aventurar que se trata de alcanzar un acuerdo imposible, lo que nos sitúa en la antesala de un escenario del todo incierto. Basta recordar que los tratados comerciales que Bruselas ha negociado con otros bloques o países han supuesto muchos años de esfuerzo y dura negociación.

Es imprescindible que los Veintisiete demuestren en este asunto una unidad sin fisuras que no deje al club comunitario todavía más frágil. Y en concreto, el Gobierno español debe demostrar una iniciativa y capacidad que hasta ahora no se ha visto, porque son muchos los intereses que tenemos en juego, empezando por el espinoso estatus de Gibraltar.

Decía Jean Monnet, uno de los padres fundadores, que "los hombres solo ven la necesidad durante las crisis", que para los chinos encierran siempre una oportunidad. Ojalá la marcha de Londres lo sea para que la UE redefina e impulse su proyecto. Europa pierde protagonismo y pulso a marchas forzadas en un mundo globalizado. El desafío es revertir ese declive.

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Sánchez es un monigote en manos de los golpistas
OKDIARIO 31 Enero 2020

En el plazo de seis horas y media, de las 12:35 a las 18:57, Pedro Sánchez ha pasado de no convocar la mesa de diálogo con los separatistas catalanes hasta después de las elecciones en esa comunidad a anunciar que dicha mesa se celebrará antes de los comicios. En medio de ambos comunicados, la respuesta de ERC, que calificó de «incumplimiento flagrante» de los acuerdos la intención de Sánchez de reunir ese foro una vez que pasara la cita con las urnas y se constituyeran el Parlament y el nuevo Gobierno catalán.

En el segundo comunicado, se subraya que el Gobierno ha manifestado su «clara vocación de iniciar el diálogo con el Govern». Primero dijo: «No se dan las mejores circunstancias para iniciar el diálogo entre gobiernos, cuando uno de ellos ha puesto punto final a la legislatura y el nuevo Govern no podrá constituirse hasta la celebración de las elecciones anunciadas». Después, el Ejecutivo socialcomunista rectificó de plano al asegurar que «ha escuchado «que se pusiera en duda la «voluntad de dialogar» y el «compromiso de cumplir con los acuerdos pactados». Resulta obvio que ese «ha escuchado» se refería a ERC.

«Para descartar cualquier duda respecto a nuestra voluntad de dialogar, manifestamos nuestra disposición a celebrar la mesa de diálogo entre gobiernos acordada antes de las elecciones catalanas», finalizó el comunicado de la Moncloa de las 18:57. Una rectificación sin paliativos menos de siete horas después.

Han bastado dos palabras de ERC -«incumplimiento flagrante»- para que el jefe del Ejecutivo llevara a cabo un giro copernicano, con reunión incluida con Gabriel Rufián, a su propuesta inicial. Quien manda en España es Oriol Junqueras. Que nadie tenga duda. El golpista catalán es el que mueve los hilos de Pedro Sánchez, marioneta en manos del separatismo que le sirve de sustento. Y en medio, España y los españoles, convertidos en rehenes de un presidente que con tal de permanecer en La Moncloa está vendiendo a plazos la dignidad de una nación que no sale de su asombro.

Pedro Sánchez, a las órdenes de ERC y sometido por un Quim Torra desatado
ESdiario 31 Enero 2020

Es inadmisible y humillante que el Gobierno de España dependa en exclusiva de dos partidos que no quieren a España y utilizan la presidencia para lograr su objetivo.

Con un lapso de apenas unas horas, el Gobierno de España pasó de anunciar formalmente que posponía la "Mesa de negociación bilateral" con la Generalitat a después de celebrarse Elecciones en Cataluña a, con idéntica solemnidad, comunicar que la pondría en marcha en cuanto le dijeran.

El enésimo volantazo de Sánchez vino precedido de una insólita mediación de Gabriel Rufián, que impuso al presidente del Gobierno el cambio tras mantener una reunión personal con él para darle instrucciones.

Si el fondo del asunto es lamentable, la liturgia resulta desoladora, pues visualiza con estrépito la dependencia absoluta del poder Ejecutivo de un partido que no cree en España y está dirigido por un condenado y de otro que está huido de la justicia española desde hace dos años.

A este espectáculo, se le añade la actitud de Quim Torra, un dirigente siempre desquiciado que ahora ha alcanzado el paroxismo impulsado por la guerra electoral que libran su partido y ERC. El inhabilitado diputado fue muy claro para qué se reunirá el próximo 6 de febrero: para hablar de autodeterminación y amnistía a los presos.

El Nuevo Orden: el tripartito que desea Sánchez para Cataluña... y España
En resumen, el Gobierno de España está sometido por partida doble: de un lado, por una Generalitat insurgente cada cinco minutos y, de otro, por dos partidos independentistas que elevan el peaje a Sánchez cada cinco minutos mientras libran un pulso indecoroso por la hegemonía soberanista en Cataluña.

"Seré muy claro: si no hay mesa, no hay legislatura". La frase fue pronunciada por Gabriel Rufián en la sesión de investidura en la que Sánchez, pese a conocer la tremenda factura que le pasarían sus socios interesados, decidió seguir adelante y alcanzar un acuerdo que ya empieza a pagarse.

Porque del independentismo se podrá decir muchas cosas, y todas malas, pero no que carezca de coherencia ni que no anuncie, con tiempo, qué quiere y cómo lo quiere. Y fue cristalino a la hora de anunciar que su respaldo a Sánchez no era otra cosa que una manera de facilitarse sus objetivos políticos, incompatibles con la idea de España constitucional vigente.

Un Gobierno intervenido
Con un campo incendiado, una crisis económica incipiente y un Brexit culminado; el Gobierno de Sánchez vive pendiente de sobrevivir asistido por un soberanismo feroz e insaciable.

Un paisaje perverso en el que el actual presidente se ha metido de manera voluntaria, movido por una mezcla de ambición y sectarismo que le llevó a desechar otras opciones y acuerdos. Ahora paga el precio, sí, pero lo peor es que la abona España en su conjunto.

¿Quién manda en España?
Deprime reconocerlo, pero Junqueras tiene atado al presidente del Gobierno
Luis Ventoso ABC 31 Enero 2020

Las televisiones y radios españolas lo tienen muy testado: la audiencia baja en cuanto comienza el inevitable «Día de la marmota», la dosis diaria de galimatías catalán. El público, no sin razón, está hasta la zanfoña de amenazas victimistas, regates subterráneos, enredos fuleros entre facciones, performances provincianas en el Parlament y napoleones proféticos desbarrando desde Waterloo y Lledoners. Sin embargo es obligado sobreponerse a la pereza que provoca el envite separatista y debemos seguirlo con atención, porque ahí se juega la propia existencia de España como tal. Así que vamos con la asombrosa entrega de ayer del serial, que reflejó de una manera cruda, casi inverosímil, cómo La Moncloa baila al son de un preso sedicioso condenado a 13 años de cárcel y otros tantos de inhabilitación. A pesar de sus ínfulas de Rey Sol, Sánchez es en realidad el presidente más débil de nuestra democracia. Vive en el alambre, sobreviviendo día a día. Pilota una coalición con varios iluminados a bordo y para poder comer el turrón en Palacio depende de que Junqueras suba o baje su pulgar.

El Gobierno de la «coalición progresista» amaneció ayer con un inusual tono constitucionalista. Torra exigió hablar de «autodeterminación y amnistía» en su próxima reunión con Sánchez. Pero el Ejecutivo le respondió de inmediato que no, que tales asuntos no figurarán en la agenda del encuentro. A las 12.35 del mediodía, nuevo rapto de sensatez: el Gobierno anuncia que aplaza el inicio de la mesa de negociación con ERC hasta que los catalanes voten en las autonómicas y se aclare su panorama político. Pero solo seis horas y media después, a las 18.57 de la tarde, giro total: el Gobierno rectifica y anuncia que acepta constituir la mesa con ERC antes de los comicios, pretextando que no quiere que se dude de su compromiso con el diálogo.

¿Qué pasó entremedias? ¿Por qué el brusco cambio de idea? Lo ocurrido es bien sencillo: ERC se enojó con Sánchez y le leyó la cartilla, calificando el intento de retrasar la mesa como «un incumplimiento flagrante de nuestro acuerdo». Temblor de piernas en el más alto despacho monclovita. Hay que hacer algo, y con apremio, porque Junqueras nos puede tumbar los presupuestos... Poco después de la hora de comer era recibido por Sánchez en La Moncloa un dirigente que da fe de su estilo de hacer política ya desde su apellido, Rufián. Tras leerle la cartilla a El Presidente y transmitirle las instrucciones de Lledoners, envainada total de Sánchez y «mesa habemus».

El mismo día en que ocurría este sainete más bien deprimente, pues a nadie le agrada ver a su país tutelado desde una cárcel por un enemigo declarado del mismo, el siempre entusiasta Tezanos publicaba un CIS donde PSOE y Podemos seguían subiendo como espuma de champán mientras caían PP, Ciudadanos y Vox. Pero algunos bochornos no los puede enmascarar ni siquiera la pundonorosa propaganda del veterano «hooligan» demoscópico.

Acoso a la Justicia
Juan Francisco Martín Seco republica 31 Enero 2020

Pedro Sánchez, en campaña electoral, declaró tajantemente que le resultaría imposible incorporar a su gobierno a alguien que sostuviese que en España hay presos políticos. Debemos reconocer que no le faltaba razón. No se puede ser sistema y antisistema a la vez. Bien es verdad que no he entendido nunca demasiado bien qué significa ser antisistema. A veces es tan solo un título en el que empaquetar todo tipo de proposiciones utópicas e irrealizables, pero que reconforta a quien lo usa. En otras ocasiones, es un intento de tirar el agua sucia, sin preocuparse de no tirar también la palancana y el niño. Lo más frecuente es que se identifique con el anarquismo, el caos y la repulsa de toda ley, excepto la propia. Las posiciones antisistema suelen resultar inocentes, carecen de importancia, hasta pueden ser positivas, si permanecen recluidas en los movimientos sociales, o incluso en la oposición, pero tienen efectos muy negativos cuando se instalan en el poder y en el Gobierno.

El otro día, el actual vicepresidente segundo, siendo ya claramente sistema y casta, no tuvo ningún impedimento en hacer de pirómano, poniéndose una vez más del lado de los sediciosos y de los que proclaman sin tapujos que proyectan la desintegración del Estado. Ha pretendido, de forma gratuita y mal intencionada, desprestigiar a los tribunales españoles. Lo ha hecho de modo torticero, imitando las falsedades de los independentistas y trastocando los hechos.

Afirmó, refiriéndose al procés, que “los tribunales europeos han quitado la razón a nuestros jueces. Eso es una humillación para el Estado español”. Siguiendo la estrategia de los secesionistas, deja en el aire una acusación que presupone toda una serie de supuestos falsos. Primero, el mantenimiento de la ambigüedad en la delimitación de lo que se entiende por tribunales europeos. Una cosa son los órganos jurisdiccionales europeos -el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH)- y otra cosa distinta los tribunales de los diferentes países europeos. Solo los dos primeros pueden denominarse en sentido estricto tribunales europeos.

Antes que nada, hay que dejar constancia de que no constituye ninguna humillación para un tribunal ser corregido por otro de una jurisdicción superior, pues en esa posibilidad se encuentran las garantías procesales derivadas de la pluralidad de instancias. En este sentido no es, por tanto, un desdoro que tanto el TJUE como el TEDH fallen a veces en contra de los estados miembros. De hecho, todos los países acumulan múltiples sentencias desfavorables, al igual que también almacenan otras muchas con resultado positivo.

Pero es que, además, en los escasos pronunciamientos realizados por estos dos tribunales sobre el procés, el resultado ha sido más bien contrario a los sediciosos. Ha sido el TEDH, con sede en Estrasburgo, el que hasta ahora se ha acercado más al fondo del tema. En una sentencia dictada en mayo del 2019, rechaza por unanimidad la demanda presentada por la expresidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, y otros 75 diputados independentistas contra la decisión del Tribunal Constitucional (TC) de suspender el pleno del Parlament del 9 de octubre de 2017, en el que Carles Puigdemont iba a proclamar la independencia. La sentencia declara inadmisibles todos los puntos de la demanda y rebate todos los argumentos de los independentistas. Este tribunal rechazó también una demanda contra la prisión preventiva de Carme Forcadell por un tema procesal, al no haber agotado las instancias nacionales. Y tema menor pero significativo fue la confirmación por el TEDH de la multa de 6.000 euros que el TC había impuesto a uno de los miembros de la ilegal Sindicatura Electoral constituida de cara al referéndum del uno de octubre.

Ha sido la sentencia dictada por el TJUE 19 de diciembre pasado la que ha levantado más revuelo y ha sido aireada por los golpistas y sus simpatizantes como una desautorización del Tribunal Supremo. De ninguna manera se puede interpretar así, cuando ha sido el propio tribunal español el que planteó la cuestión prejudicial al tribunal de Luxemburgo. Se trata de un aspecto tangencial al proceso — el momento en el que se adquiere la condición de eurodiputado. Nada que ver con el fondo del asunto. No hay por qué negar, sin embargo, que está creando problemas procesales a la justicia española, pero también los va a generar a toda la UE en el futuro. La sentencia no solo ha ido en contra de la opinión que en principio mantenía el Tribunal Supremo español, sino también de lo que defendían la Comisión, el Parlamento Europeo, e incluso de la teoría sustentada hasta entonces por el propio TJUE, y propuesta seis meses antes en el auto por el que rechazaba las medidas cautelares reclamadas por Puigdemont y Comín para poder acudir al Parlamento Europeo.

A la vista de todo esto, no se puede decir precisamente que los tribunales europeos hayan dado la razón a los golpistas y mucho menos que hayan humillado a los jueces españoles. Lo que sin embargo sí puede ser cierto es que los criterios sentados en la última sentencia del TJUE van a crear, al margen del procés, un sinfín de dificultades y conflictos tanto a las instituciones europeas como a los países miembros (véase mi artículo del pasado 26 de diciembre).

En cuanto a los tribunales de los otros Estados europeos, su comportamiento (aunque solo uno de ellos, el Tribunal Superior Regional de Schleswig-Holstein de Alemania llegó a pronunciarse), en lugar de ser expresión de los posibles fallos de los tribunales españoles lo es de la inoperancia del sistema de la euroorden y de la falsedad que se comete al hablar de integración europea. El tema penal no iba a ser la excepción en una Unión Europea llena de chapuzas y contradicciones.

No deja de resultar curioso que aquellos que se definen como herederos del movimiento 15-M, surgido de los desastres sociales causados por la política impuesta desde Europa, vuelvan la mirada a la misma Unión Europea como modelo a seguir y canon de comportamiento del Estado español. No es que la justicia española esté libre de defectos. Como toda institución social, no está inmaculada y tiene muchos aspectos perfectibles, pero es seguro que no tiene nada que envidiar a los tribunales de otros Estados europeos, y mucho menos cuando lo que se está comparando es el Tribunal Supremo español con jueces de cuarta división de otros países. En cualquier caso, el sistema judicial no se perfecciona prescindiendo de la ley y del derecho, tal como pretenden los sediciosos y aquellos que ingenua o maliciosamente les apoyan en el resto del Estado.

Los ataques al poder judicial del vicepresidente segundo parecen inscribirse en una operación mucho más amplia comenzada por los sediciosos catalanes, aceptada con gusto por el nacionalismo vasco y pactada en los momentos actuales con el Gobierno de la nación, tendente a lo que la llaman desjudicialización (un barbarismo mal sonante) de la política, que no es algo distinto a crear un espacio de impunidad en el que los hombres públicos resultan intocables y se sitúan al margen de la ley. En ese camino, el Gobierno Sánchez no dudó en manejar en el pasado a la Abogacía General del Estado, y al serle imposible hacer lo mismo con la Fiscalía se han apresurado a cambiar al Fiscal General, buscando para el cargo a quien se plegase plenamente a la voluntad del Gobierno. Ya es negativo que cada vez que se produce una alternancia en el poder se reemplace al Fiscal General del Estado, pero lo que rompe todos los cánones es que sin haber cambiado el partido en el gobierno y tan solo a un año de haber sido nombrado se cesa a la Fiscal General del Estado para poner en su lugar a alguien más complaciente.

Lo malo del momento presente es que los políticos pueden desdecirse totalmente de lo que dijeron ayer sin sentirse obligados a dar explicaciones. Si no, que se lo digan a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón, que pasan de reprobar a la ministra de Justicia a ensalzar sus virtudes para el cargo de Fiscal General del Estado. Claro que a menudo es mejor no dar explicaciones. Es lo que le ha pasado al actual coordinador de IU (si es que queda algo que coordinar) que, al querer justificar su conducta, ha mostrado su gran ignorancia acerca de la estructura del Estado.

Lo que llaman la desjudicialización de la política remite a la politización de la justicia. De ahí que Pedro Sánchez mire con ojos golosones la renovación del Consejo del Poder judicial y del Tribunal Constitucional, y haya iniciado una campaña para presionar a la oposición acusándola de bloquear la justicia. Desde luego nada de cambiar el procedimiento de elección, tal como defendía cuando Rajoy estaba en el gobierno. Pero también preconizaba el concurso para nombrar al presidente de Radio Televisión Española y, sin embargo, designó por el procedimiento digital una administradora única a su medida. El peligro de la renovación de estos organismos no está en la renovación en sí misma, sino en el sectarismo con el que es previsible que se quiera actuar, teniendo en cuenta el que se ha utilizado en el nombramiento de la Fiscal General del Estado.

Para que la operación sea perfecta y la impunidad completa se ha pensado darle carácter retroactivo, y de este modo librar a los condenados del procés de las consecuencias de la política represiva, según dicen, del Estado español. El indulto resulta demasiado burdo y está sometido a toda una serie de informes que podrían resultar incómodos. Por otra parte, se precisaría que los indultados mostrasen arrepentimiento y la promesa de no incurrir en el futuro en el mismo delito. Es notorio que los golpistas no estan dispuestos a ello, pues no se privan de afirmar una y otra vez que van a repetir el golpe.

En vista de todo esto, se busca otro medio de llegar al mismo fin. Los sanchistas se sacan de la manga -o compran a los secesionistas- la propuesta de reformar el delito de sedición en el Código Penal reduciendo la cuantía de la pena, lo que sería de aplicación inmediata a los condenados. El hecho desde luego es muy burdo, y la relación de causa-efecto con el apoyo de los golpistas a la investidura de Sánchez es incuestionable, por muchos esfuerzos que haga Carmen Calvo en echar balones fuera. El relato empleado por la vicepresidenta es tan tosco que no puede engañar a nadie, excepto a ella misma. Afirma que no se va a tratar en la mesa de negociación con la Generalitat, lo que puede ser totalmente cierto porque ya se acordó, y se supone que como condición necesaria de la investidura.

Más grosera aún pero también más peligrosa es la pretensión de recurrir a la Unión Europea, “Europa nos ha lanzado un mensaje” afirmó de forma tramposa la vicepresidenta. Debe de ser la consigna dada a todo el Gobierno. Carmen Calvo, al igual que Pablo Iglesias y que el novísimo ministro de Justicia, deforma totalmente la realidad de la relación de Europa con la justicia española. La falsedad es tan palmaria que no merece que nos detengamos en ella. Diré tan solo que lo único que en realidad hacen es asumir ese discurso que los independentistas vienen repitiendo desde el comienzo, y con el que, mintiendo como bellacos, intentan desacreditar, fuera y dentro de España, nuestro Estado de derecho. Lo que era difícilmente imaginable es que el Gobierno de la nación se lo arrogase y lo refrendase.

No es preciso gastar demasiada masa gris para llegar a la conclusión de que la reforma del Código Penal tiene como única finalidad pagar peaje a los golpistas. Iluso de mí, pensé que después de varios años con las cuentas de Montoro a Pedro Sánchez le faltaría tiempo para, una vez terminada la investidura, enviar a las Cortes un nuevo presupuesto. Era de prever que el Ministerio de Hacienda lo tendría ya preparado y con los pocos reajustes necesarios para adaptar la estructura al nuevo Gobierno podría entrar en el Parlamento en seguida. Pues no, he aquí que nos anuncian que no llegarán al Congreso hasta el verano, como las bicicletas.

No es difícil descubrir la razón. El Gobierno, al mismo tiempo que con los presupuestos, precisa presentarse ante sus socios con las labores hechas, es decir con las promesas cumplidas, la modificación del Código Penal entre ellas.

www.martinseco.es

La hora de Cataluña Suma
Editorial larazon 31 Enero 2020

El 14 de diciembre de 2003 se firmó el llamado Pacto del Tinell entre PSC, ERC y ICV. De ahí salió el «tripartito» presidido por Pasqual Maragall que arrebató el gobierno de Cataluña a CiU, pese a haber ganado las elecciones, y de esa coalición también partió la propuesta para elaborar un nuevo Estatuto, que fue el principio del posterior desastre del «proceso». Aquel acuerdo tenía una condición: marginar al PP en la política catalana. Se partía de una idea asumida por el nacionalismo y sus diferentes variedades: en Cataluña sólo pueden hacer política los partidos que proceden del catalanismo, venga de la derecha más fundamentalista o del izquierdismo de estricta observancia «abertzale». Todo, menos que un partido que crea que los derechos de los catalanes son los que emanan de la Constitución y el Estatuto y no de unos privilegios históricos cultivados con esmero por un victimismo sin sentido de su tiempo y del ridículo. El PP ha tenido que abrirse paso en un medio hostil dirigido desde los medios de comunicación públicos hasta niveles bochornosos. Lo mismo le ha sucedido a Cs, que surgió en gran medida por el hartazgo del votante socialista ante el seguimiento de la doctrina nacionalista del PSC, y ha sido demonizado como si fuera un cuerpo extraño en el «oasis catalán».

Que Cataluña vive una situación excepcional, sólo hay que comprobarlo repasando la vulneración constante de la legalidad, la apropiación que el nacionalismo ha hecho de las instituciones y la marginación que sufre una parte importante de la ciudadanía que no comparte el ideario nacionalista en el ejercicio de sus derechos públicos. En estas circunstancias, Cs y PP deberían dialogar seriamente para articular la candidatura Cataluña Suma. Por un lado, se trata de rentabilizar al máximo el voto y, por otro, de dar voz a un amplio espectro de la sociedad que quiere romper con la hegemonía nacionalista y que no se ve representada por los partidos que hoy forman parte de un verdadero régimen, ni siquiera por el PSC. El partido de Miquel Iceta está entregado a mantener un diálogo con los condenados por sedición sobre los mismos principios por los que fueron condenados y la perspectiva de reeditar un tripartito con los mismos actores que en 2003. Lo correcto sería que Cs y PP se presentasen con sus propias siglas, programas y candidatos, pero en la situación de anormalidad en la que vive Cataluña, con una asfixiante presión del nacionalismo y una ocupación de todas las instituciones, tiene sentido una plataforma que sume todos los esfuerzos para revertir una situación que está llevando a que los sectores más alejados de la ortodoxia nacionalista sea considerada como ciudadanos de segunda, algo de lo que ya hay suficientes muestras. Sin duda, la deriva que ha emprendido el socialismo español de la mano de Pedro Sánchez al apoyarse en un partido como ERC para mantenerse en La Moncloa no es la mejor vía: reconocer como socios a los que han sido condenados por sedición por declarar la independencia sólo sirve para dejar al margen de cualquier consenso a los millones de ciudadanos catalanes que asisten perplejos a los abusos del nacionalismo, y que Sociedad Civil Catalana ha sabido dar voz y visibilizar en multitudinarias manifestaciones.

PP y Cs deben valorar con responsabilidad la opción de la candidatura Cataluña Suma, de la que Pablo Casado es favorable e Inés Arrimadas también empieza a contemplar como viable. Es una opción que debe estar arropada por amplios sectores de la sociedad y encabezada por un candidato idóneo, con capacidad de liderazgo, experiencia y solvencia política. Es evidente que las terminales del nacionalismo la destrozarán desde el primer momento utilizando los recursos más grotescos, pero se debe partir de la evidencia de que es posible otra Cataluña.

¿Un gobierno o un sainete?
Carlos Herrera ABC 31 Enero 2020

El récord al que está a punto de llegar Sánchez, o que ya habría rebasado según otras cuentas, es el de haber confeccionado un gobierno y acumular, al cabo de un par de semanas, un número inalcanzable de sobresaltos. No hay día sin su afán, sin su contradicción, sin su embuste, sin su rebelión sectorial, sin su zona de incendio provocado. Es difícil que un gobierno europeo cumpla apenas un par de Consejos de Ministros y tenga fuegos repartidos por doquier: un ministro pillado in fraganti compartiendo enredo con una dirigente prohibida en Europa (me da a mi la impresión de que Ábalos es el pagano de un sainete que ni le iba ni le venía), un código penal a punto de ser revisado para excarcelar a un delincuente, una ministra metomentodo que logra la dimisión de un gestor del cariz de Jordi Sevilla, otra que asegura que los niños no son de sus padres, otra que pasa de ser una sectaria ministra de Justicia, directamente, a ser fiscal general del Estado, un sector como el agrícola levantado contra su delicada situación y apaleado con mucha más saña que cualquier manifestante catalán en días de agitación... y una relación inexplicable, en función de sus pervertidos acuerdos de gobierno, con los gobernantes independentistas catalanes. Me dejo cosas, pero es que se me acaba el artículo antes de que entre en el meollo. Vamos con el asunto.

Explicar lo que ocurre en Cataluña resulta casi imposible. Una clase política inexplicablemente aupada al rango de representantes de la ciudadanía de una comunidad que en su día demostró tener algo más que dos dedos de frente, es incapaz de decidir qué es lo que quiere y cómo quiere lograrlo. Nadie sabe cuál es el plan ni cuál es aparentemente la ruta de unos individuos que solo se muestran duchos en el postureo de aparentar que un proceso como el extinguido sigue vivo. Entre ellos se aborrecen, pero disimulan estar juntos para no perecer en el más absurdo de los ridículos. Y con esa gentuza tan inútil como tóxica es con la que Sánchez ha planeado una ruta de acuerdos que llevan a no se sabe dónde. Con gente que se desprecia y traiciona o que resulta capaz de desafiar un Estado al que, por unos pactos bastardos, el Gobierno de la Nación está dispuesto a desarmar en su «desjudicialización».

Torra, el inexplicable presidente de la Generalitat, anunció anteayer que iba a convocar elecciones en cualquier momento, después de que se aprobaran unos presupuestos que, en cualquier caso, no sabría quién iba a aplicar. Como las asambleas de facultad: votar para ver si se votaba. La maniobra destinada a ganar tiempo ha servido a los socialistas para renunciar a mantener la estupefaciente mesa de diálogo que el Gobierno español estaba dispuesto a convocar para dialogar con el Gobierno catalán de tú a tú. La ERC del convicto Junqueras, socio de legislatura de Sánchez e Iglesias, los gemelos del insomnio, se encuentra ahora en la tesitura endemoniada en la que le coloca Torra: si aprueba los presupuestos de Sánchez en plena precampaña catalana será inmediatamente señalada como botiflera y traidora, pavorosa acusación en la absurda Cataluña de hogaño.

Tras la voladura controlada de la legislatura catalana, el Gobierno español se enfrenta a otro incendio, por si no tuviera poco con los que su propia estulticia ha ido abriendo: los junqueristas están que trinan por lo que consideran una afrenta inasumible y amenazan con todo tipo de tormentas. Que probablemente no lleven a nada, añado. Nadie se engañe: la tensiones se evidenciaran en declaraciones altisonantes, pero ERC y el Gobierno de Sánchez se necesitan el uno al otro. ¿Dónde van a encontrar los de Esquerra otro mirlo como quien encabeza este gobierno en permanente sobresalto? Queda espectáculo para rato.

¿Por qué una plataforma constitucionalista?
Antonio Robles Libertad Digital 31 Enero 2020

El insomnio ocasionado por el Gobierno de Pedro Sánchez en el 95% de los españoles (alguna vez tenía que coincidir lo que dice con la verdad) parece haber encendido el piloto rojo de los partidos constitucionalistas en Cataluña. Por vez primera les será muy difícil explicar el no ir juntos a las elecciones.

La ley electoral catalana (la única ley española que los nacionalistas, pudiendo, no han querido modificar) beneficia a los nacionalistas por el diferente valor que tienen los votos en los distintos distritos electorales. Si tomamos como referencia las autonómicas de 2017, el voto en Barcelona, donde el constitucionalismo es mayoritario, vale 2,4 veces menos que en Lérida, 1,6 menos que en Gerona y un 1,5 menos que en Tarragona. O lo que es lo mismo, para neutralizar un voto de Lérida, en Barcelona hemos de votar dos personas y media. En números reales: en Barcelona un escaño costó 38.496 votos; en Lérida, 16.008; en Gerona, 23.963, y en Tarragona, 24.511. En Lérida y en Gerona, donde más barato cuesta el escaño, el electorado es mayoritariamente independentista. Consecuencia: los nacionalistas logran mayorías de escaños, pero no de votos. Si a ello sumamos la división de los constitucionalistas, la necesidad de unir fuerzas parece de sentido común. Aquí, más información sobre ello. Veamos las dificultades para revertir esa realidad.

Si tomamos por partidos constitucionalistas aquellos que no son nacionalistas (o eso dicen), sólo nos quedan Cs, PP, PSC y Vox. Sobra argumentar por qué el PSC jamás entraría en una plataforma constitucionalista con PP y Cs. Inimaginable con Vox. Incluso habría razones para que Cs y PP no fueran juntos, tanto porque desconocemos si sumarían o restarían juntos como porque los restos del alma socialdemócrata que pudiera perdurar aún en Cs volaría al PSC. Sin nuevos peones en el tablero, la posibilidad de una plataforma constitucionalista parece destinada al fracaso. Pero los hay. Veamos.

Cataluña necesita con urgencia (como España) un proyecto político de centro-izquierda nítidamente constitucionalista, beligerante con el nacionalismo y que haga una desacomplejada defensa de España como espacio del bien común y de Europa como destino y superación de populismos y nacionalismos. Ese centro-izquierda no existe ni en Cataluña ni en España, o mejor dicho, aún no tiene representación política. A saber: dCIDE (Centro Izquierda de España) y Barcelona pel Canvi, de Manuel Valls. Son dos sujetos políticos que habrían de implicarse, o bien en ofertar una opción de izquierdas a todos los huérfanos dejados por la traición del PSC, al margen de Cs y PP, o bien sumar voluntades con el resto de constitucionalistas desde su posición nítida de izquierdas.

Hay dos proyectos más sin representación recientemente constituidos, Lliures y Lliga Democràtica, dos opciones catalanistas de derechas no independentistas que quieren recuperar el voto del catalanismo moderado no beligerante con España, pero sin renunciar a pactar con los soberanistas.

De la misma manera que Vox es incompatible con un constitucionalismo alejado del nacionalismo identitario y reaccionario, Lliures y la Lliga Democràtica falsificarían una plataforma netamente constitucionalista, o, si quieren, una Plataforma por España. Aunque, como ya saben, para zafarse de la identificación que el nacionalismo ha hecho de España con el franquismo, y la izquierda con la derecha, el nombre de la nación es impronunciable. El mayor fraude histórico de nuestra democracia.

Si es imprescindible una plataforma constitucionalista por razones electorales, no es sólo ni prioritariamente para salvar en parte los daños colaterales de la ley electoral, sino sobre todo para superar ese tabú inducido por el nacionalismo contra el derecho de los partidos constitucionalistas a pactar entre sí. Es increíble que los partidos nacionalistas, desde la ultraizquierda hasta la ultraderecha, religiosos y laicos, hayan podido reivindicar unidos sus objetivos, incluidos los supremacistas, como el monolingüismo, el odio a España o la justificación de la violencia etarra, y los constitucionalistas no puedan ir juntos ni a llorar a sus muertos por el terrorismo. Superar ese complejo, y hacer pedagogía de la igualdad, es imprescindible para devolver a Cataluña una atmósfera de libertad y una democracia sin tutores.

Don Tancredo milita en Esquerra Republicana
Sergio Fidalgo okdiario 31 Enero 2020

Que el ‘procés’ ha muerto y se ha convertido en una mera lucha por el poder entre Esquerra Republicana y la Neoconvergencia neopujolista de Carles Puigdemont es una realidad evidente desde hace meses. Pero que esta pelea a navajazos por controlar los cerca de 30.000 millones de euros de presupuesto de la Generalitat se visualice en una imagen simple, pero definitiva e inapelable, no es tan fácil en la Cataluña nacionalista, en la que el postureo y el intento de no querer pasar como «traidor» es norma fundamental de conducta.

Que Don Tancredo se haya reencarnado en Pere Aragonès, el máximo cargo de ERC no encarcelado, que detenta la vicepresidencia del gobierno autonómico catalán, es, sin duda, la noticia política del año en Cataluña. Que mientras todos los diputados de Junts per Catalunya se levantaban de sus escaños en el pleno del Parlament para aplaudir a Quim Torra, con la pistola humeante de su destitución como diputado aún caliente, Aragonès se convirtiera en estatua de sal, y permaneciera, sentado, inmóvil y sin dar palmas, es definitivo.

Los votos de ERC en la Mesa fueron imprescindibles para que la cámara catalana acatara las resoluciones judiciales que retiraban el acta a Torra. Y Aragonès, y el resto de parlamentarios de la formación de Junqueras, fueron coherentes con su decisión y ni siquiera se apuntaron al disimulo y no participaron en la última ovación del ‘president’ de la Generalitat como diputado.

Aragonès no va pintado de blanco, como Don Tancredo, ya que sigue luciendo el amarillo de los lazos sectarios que intentan vender que España no es una democracia, sino un país autoritario al estilo de Turquía. Pero decidió quedarse quieto para que Roger Torrent, y algún compañero de partido más, no acabara haciendo compañía a Junqueras y Romeva en el Hotel Lledoners. Ni apoyos en la Mesa, ni gestos en el pleno. ERC se ha hartado que su líder siga entre rejas mientras el de Waterloo marca paquete en el Parlamento Europeo tras haber huido de la Justicia como un cobarde en el maletero de un coche.

Don Tancredo es esa figura que ha de permanecer inmóvil en medio de una plaza de toros mientras el morlaco se mueve alrededor. Y ERC seguirá usando contra la justicia española un elevado nivel de pirotecnia verbal, pero a nivel práctico, en lo que importa, en los hechos, ha apostado por no moverse ante el empuje y la bravura de la Justicia, que será lenta, pero que funciona y va sentando en el banquillo a todos los responsables del golpe de Estado separatista.

A ‘Tancredo’ Aragonès el ‘president’ Torra no le tuvo en cuenta para decidir su adelanto electoral en diferido. Pero tampoco el ‘número 2’ de ERC se alteró demasiado. Lo que realmente le interesa a Esquerra, y a su bien nutrida clientela política, es la aprobación de los presupuestos autonómicos. Y Torra no cuestionó las cuentas de la Generalitat. A fin de cuentas, los neoconvergentes también tienen que repartir alpiste entre los suyos y siguen controlando TV3, lo que les da cierta tranquilidad de cara a los próximos comicios autonómicos.

Oriol Junqueras ha decidido que la centralidad política en Cataluña es él. Y deja a Puigdemont y Torra, cada vez más ‘cuperos’ y pro CDRs, el espacio del nacionalismo friki e hiperventilado. El problema que pueden encontrarse los de Esquerra es que, tras varios años de propaganda salvaje a los electores separatistas, con elevadas dosis de ‘TV3ina’ en vena, es más que posible que estos votantes prefieran de nuevo el Circo de Waterloo al Monje ‘Sensato’ de Lledoners y a Don Tancredo Aragonès.


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