AGLI Recortes de Prensa   Martes 4  Febrero  2020

Socialcomunismo ‘offshore’
OKDIARIO 4 Febrero 2020

Esto del socialcomunismo ‘offshore’ no tiene desperdicio. El chavismo regó de millones, que fueron convenientemente desvíados a paraísos fiscales, a la trama del embajador de Rodríguez Zapatero en Venezuela, Raúl Morodo, y ahora sabemos que el administrador único en España de la consultora Neurona, la empresa que ha diseñado la estrategia electoral de Podemos y que ha asesorado a Gobiernos latinoamericanos chavistas tras embolsarse contratos millonarios aparece en Los Papeles de Panamá. O sea, que tanto bramar la izquierda contra la codicia fascista-capitalista y resulta que son especialistas en esto del ‘offshore’.

Podemos contrató a la consultora Neurona por 363.000 euros para diseñar su campaña en las últimas elecciones generales y locales, pero como este. autodenominado grupo de «ciberguerrilleros» mexicanos carecía de una filial en España –un requisito para poder suscribir el contrato– tuvieron que improvisar. Ya se sabe que las prisas son malas consejeras, pero como Neurona estaba por estos lares en mantillas recurrió urgentemente a los servicios de un abogado sevillano para registrar atropelladamente en España su filial. Y pasó lo que tenía que pasar. Según los datos del Registro Mercantil, la sociedad quedó constituida el pasado 19 de marzo con un capital social de 3.000 euros. Los borradores de los contratos de Podemos tenían, de hecho, una fecha anterior incluso a la inscripción de Neurona en el Registro Mercantil español.

¿Y quién aparece como administrador único de esta empresa? Pues un tal Elías Castejón, que actúa al mismo tiempo como representante legal de varias decenas de empresas de todo tipo de sectores. OKDIARIO desvela que este nombre aparece por partida doble en Los Papeles de Panamá. Elías Castejón registró Neurona Comunidad SL en su propio despacho, en Carmona (Sevilla). Así que no sólo se llevaron millonarias cantidades por vender las bondades de la narcodictadura Boliviana, sino que fue poner el pie en España y contratar a un especialista en ‘offshore’. Caramba, con el socialcomunismo. Son especialistas en localizar paraísos.

Reserva mental
Juan Carlos Girauta ABC 4 Febrero 2020

Pocos casos más flagrantes de reserva mental que el de Meritxell Batet, ayer, con su «¡Viva la Constitución!». Profesora de Derecho Constitucional, presidenta del Congreso (tercera autoridad del Estado), y miembro del PSC, había vertido antes esta disparatada afirmación: «Si en estos momentos hay más de dos millones de personas en Cataluña que no reconocen como suyo el marco constitucional [...] pretender imponerlo no nos va a conducir a ningún tipo de solución».

Al principio pensé que se trataba de un deepfake, un vídeo editado con técnicas de inteligencia artificial que pueden poner cualquier cosa en boca de cualquiera. A tal punto creí imposible que, con sus responsabilidades y con su formación, pudiera Batet triturar los principios de imperio de la ley y de jerarquía normativa. Pero no. Antes bien, se trataba de una formulación cruda, con aspecto de postulado auto evidente, propia de la cochambrosa verborrea nacionalista.

Si la destacada socialista, con sus suaves maneras, desprecia de este modo su bagaje jurídico en aras del proyecto sanchista, mejor no imaginar la disponibilidad de los socios del Gobierno, cuyo objetivo de acabar con el sistema del 78 ha sido explícito y reiterado. No hay nadie a los mandos que respete los mínimos de un Estado democrático de Derecho. Nadie en el Ejecutivo, nadie en la mayoría parlamentaria de apoyo al Gobierno que conserve conciencia de la importancia y significado histórico del «marco constitucional» que nos ha protegido durante más de cuarenta años.

En 1979, recién aprobada la Constitución, Adolfo Suárez anunció esto en su discurso previo a la investidura (léanlo despacio): «Vamos a esforzarnos para que, por primera vez en nuestra Historia, la Constitución no sea únicamente una solemne declaración de derechos, sino el fundamento efectivo de una democracia estable y justa. Entendemos por ello que el sistema de derechos y libertades que perfila la Constitución es el obligado punto de referencia para la modernización de nuestro país, para la consecución de una sociedad libre de viejas ataduras y de los privilegios y desigualdades que han caracterizado la estructura social española».

La preservación de esa voluntad, desde la mismísima línea de salida, explica todo lo bueno que le ha ocurrido a España desde entonces, que es mucho. Y cuando el norte constitucional se ha perdido de vista, o por deslealtad se ha falseado la aguja, es cuando España se ha fabricado los problemas que ahora se le acumulan.

Debería pensar en esto la señora Batet: si la Constitución no se le debe imponer a quien «no la reconoce como suya», entonces no tenemos Constitución. Y sobrevendrá el caos. Hay algo que no pueden esperar, ni ella, ni su partido, ni sus socios: que el pueblo español se avenga a nuevas ataduras, privilegios y desigualdades en favor de unos pocos y a costa de todos los demás. Están a punto de incurrir en un fatal error de apreciación.

Dos realidades en un solo Congreso
Editorial El Mundo 4 Febrero 2020

Los malabarismos de los dirigentes socialistas y de Podemos para mantener una fachada de institucionalidad que les reconcilie con la ciudadanía y al mismo tiempo no solivianten a los prebostes secesionistas resultan vergonzantes

En el terreno de la ciencia existen debates tan apasionantes como el que gira en torno a la existencia de universos y realidades paralelas. Cabría bromear, si no estuviéramos ante un asunto tan serio, con lo fácil que es deducir categóricamente tal fenómeno tras lo ocurrido ayer en el Congreso durante la apertura de la XIV legislatura, presidida por los Reyes. De un lado, tomó cuerpo la realidad institucional, el respeto a las reglas democráticas y a quienes representan a la nación. Afortunadamente, en ella se situaron esta vez los ministros de Podemos -no así los parlamentarios de la formación-, personas que hasta hace apenas unos días seguían abonadas a la demagogia antisistema y hacían gala de sus ofensas a quien ostenta la jefatura del Estado. Y a la vez, sufrimos otra realidad parlamentaria, la que protagonizan las formaciones nacionalistas e independentistas que por desgracia tienen la fuerza que les da ser sostenes de Sánchez en La Moncloa. Boicotearon el acto institucional dando la nota con un comunicado plagado de insultos al Rey y contra la unidad nacional.

No fue esta la única realidad paralela constatada en un Hemiciclo apopléjico. Así, mientras los ministros de la formación morada respetaban las formas mínimas de la cortesía y saludaron la llegada del Monarca y su discurso con un aplauso, como decíamos unas bancadas por detrás sus correligionarios se empecinaban en hacer gala de un republicanismo mal entendido exhibiendo su rechazo a Don Felipe. Aún más. La presidenta del Congreso intentó demostrar que se puede estar en una posición y en su contraria a la vez, y dedicó elogiosas palabras al papel que desempeña la Monarquía, acompañadas de un pellizco retórico con el que advertía al Monarca de que "no son la crítica ni la discrepancia las que debilitan una institución firme". Quizá es que los mundos paralelos nublan el entendimiento en este caso a Meritxell Batet, quien confunde las críticas razonadas con ataques e insultos. Porque los socios de Sánchez solo soltaron injurias al tachar al Rey, entre otras lindezas, de "franquista" y "autoritario". Los malabarismos de los dirigentes socialistas y de Podemos para mantener una fachada de institucionalidad que les reconcilie con la ciudadanía y al mismo tiempo no solivianten a los prebostes secesionistas resultan vergonzantes.

Don Felipe, por su parte, volvió a dar ejemplo de hasta qué punto es importante el valor simbólico y aglutinante de la Corona. Después de las cosas tan tristes y humillantes que se han escuchado en las Cortes desde su formación en diciembre, tiene cuando menos cierto efecto balsámico que el jefe del Estado instara a los parlamentarios a trabajar por la mejora de la vida de los ciudadanos con "respeto a nuestros valores constitucionales". Por desgracia, no hay muchos motivos para creer que esta apelación no vaya a caer en saco roto en esta incierta legislatura.

El campo no es una postal
Antonio Pérez Henares ABC 4 Febrero 2020

El campo no es una postal que los urbanitas acuden a rellenar, en y con sus ocios, para que no se quede vacía. En esa «España Vaciada» al decir, un tanto insultante, de las plañideras asfálticas y las recuas políticas de ida y vuelta, que van a cargar la cesta de fotos, viven incontables seres y sobreviven humanos que allí moran, trabajan, labran, pastorean, cultivan, cuidan, preservan y resisten. Lo llevan haciendo milenios y ahora han empezado a decir, a voces, para que se les oiga, hartos de que no se les escuche, que están dispuesto a seguir haciéndolo. Y la resistencia está dando paso a la única senda que les está quedando: la de la rebelión.

Porque es viejo el enfado, turbio el cabreo, enconado el agravio y definitiva la hartura con la monserga con que siempre se le ha respondido. A ella se añaden, además, ahora los desatinos de una ristra de abducidos ideológicos, «enministeriados y empoderados» que deciden sobre sus vidas, labores y haciendas, sobre las cuales demuestran una ignorancia supina, una osadía perversa y una pretendida solución universal e iluminada preñada de la más absoluta miseria. Para ellos, desde su infalible pedestal, el hombre del campo es un accesorio inútil, un molesto estorbo, un residuo sociológico al que, en acto de bondad suprema, hay que reeducar, convertir a la fe verdadera e intentar salvar a algunos. Que otros no tienen remedio, por su pecado de origen, terratenientes malvados, pues como tal son considerados casi la totalidad a nada que hayan conseguido sacar adelante una explotación mínima o mediana.

Lo ha expresado con total claridad y dejado como prueba inmejorable de lo que late en el subsconsciente de la izquierda y sus prebostes, el secretario general de la UGT: «Son la derecha terrateniente y carca». Cuando no se llamaba Pepe sino que se hacía llamar Josep, a Álvarez en sus decenios como jefe de la UGT catalana, la supremacista y separatista burguesía catalana, con la que tanto pacto le une, le pareció siempre el espejo del progresismo. Pero un agricultor extremeño es «facha» por nacimiento y naturaleza.

Son muchas y viejas las razones, pero también lo ha sido el aguante y puede resultar sorprendente la erupción repentina, que es de fondo por un todo aunque el detonante haya sido una chispa. Porque esto no es tan solo por esa subida de SMI, que a muchos pequeños empresarios agrícolas les hace el definitivo agujero, unida a las anteriores simplemente no pueden pagarlas, ni por el aceite, ni porque a ellos el kilo de patata, que se compra en el mercado por un 1,2 euros, se la paguen a 0,15, o sea que más de un 1.000% se queda por el camino, ni porque ya estén viviendo y cada vez más del crédito y en deuda. Es por todo eso y por mucho más. Y por el desprecio.

Quien se rebela es el campo. Pero el de verdad, el que siembra, cultiva y cosecha, no el de los «Teruel existen» que viven en Valencia. El campo de terrones, tractores y gasóleo, el del trigo, la cebada, el girasol, los yeros, el garbanzo, el vino, el olivo, el frutal, la hortaliza, el de la vaca, la cabra, la oveja y el cochino. El campo que produce alimentos y el que cuida, ampara y guarda todo el territorio agreste de España al que los visitantes ocasionales se acercan para contemplar belleza, relajarse y algunos para hablar de vacíos, derramar una palabritas y soltar algún lamento y ver ya si eso de trincar algún voto o aleccionar al paisanaje con unas maravillosas teorías climaticoecoloanimalistasprogresistas, con las que todos los problemas y cuitas iban a quedar resueltos en un verbo y dos parpadeos. Los que tardan todos ellos en desaparecer y ahí te quedas, Jenaro. Porque de toda la reata de los unos y los otros, de los políticos y los salvadores del planeta ni uno solo vive allí, ni allí trabaja ni por allí ha cavado un surco ni sembrado una fanega, aunque quizás si haya plantado un árbol y, con ello, quedado inmortalizado por las cámaras.

Este campo de hoy, váyanse enterando, poco tiene que ver ni con boinas ni con el tonto del pueblo que no pudo marcharse. Han quedado los buenos y han espabilado lo que no está escrito. Este es un campo que ha experimentado una transformación increíble y un progreso impactante. Estos son unos agricultores y unos cultivos de nivel y rango homologables a los mejores del mundo, Por la cuenta que les trae, de un nivel asombroso, competitivo, donde el emprendimiento, el esfuerzo y la apertura a todo y el intento de llegar comercialmente cada vez más lejos son las estrictas reglas del juego. Un campo que no permanece ajeno para nada a la búsqueda de la excelencia, de la mayor sanidad y con la mirada cada vez más fija en producir alimentos que cumplan las mejores exigencias ecológicas. Los urbanitas se quedarían perplejos de lo que sabe de todo ello un labrador del más pequeño pueblo de Castilla, de Murcia o de Andalucía. Este es un campo, el español, puntero, a la cabeza, que marca incluso tendencias pero del que la sociedad española, y de manera especial, la que se autoconsidera intelectualmente superior y avanza tras el escudo talismán de progresismo tiene una imagen de atraso y de ser depositarios de las caspas más reaccionarias y retrogradas.

Desde sus engreídas antojeras, con todos los «ismos» de moda por bandera y su tiranía cursi y prohibidora como doctrina se les contempla como una arcaica especie a la que hay que cuidar pero que habrá incluso que modificar genéticamente para que adquiera los hábitos correctos y a la que pretende imponer su criterio. Por no llamarles por su nombre: ignorancias y sandeces que pueden llegar a los esperpentos delirantes, como un director general de Bienestar Animal que opina que ordeñar a las vacas es un robo y un crimen humano contra los terneros, o que asaltar las granjas es una lucha de liberación o que hay aplicar a los gallos la ley de violencia de genero amen de prohibirles cantar de madrugada porque a los visitantes de la naturaleza les corta el sueño. Dislates, sí, pero que vienen flanqueados de una continua retahíla de preceptos que en la misma línea, aunque sin llegar a tal delirio, se convierten en distados, normas y leyes.

Lo que ahora está reventando tiene bajo sus pies un pantanal de agravios, que van desde lo más chocarrero, desde lo ridículo, pero que duele, hasta lo grave y trascendental, que los asfixia económicamente y amenaza su supervivencia, de ese grano que se sigue vendiendo desde hace seis lustros a 30 pesetas el kilo -en el campo aún pervive la peseta para no contar en céntimos, porque al euro no se llega mientras que los costes de abono, carburante, seguros y maquinaria esos sí que se miden en la moneda común porque han corrido al galope hacia arriba.

Ha pillado por sorpresa la intensidad y extensión que la movilización está alcanzando. También su virulencia. Cortes de carreteras, enfrentamientos, hogueras. ¿De qué extrañan? ¿Es que iban a ser ellos los únicos que no vieran como tales comportamientos y otros mucho más violentos, lesivos y delictivos eran pasados por alto, tolerados cien veces y hasta excusados cuando no incluso jaleadas por parte de algunos que hoy se sientan en el Consejo de Ministros? Si la ley no se hace cumplir para todos no se puede luego exigir a unos en exclusiva que ellos sí las cumplan es la pedestre conclusión a que se aboca a las gentes. A las del campo se les ha acabado el aguante.
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Antonio Pérez Henares es escritor y periodista

Los anacrónicos
Cristina Losada Libertad Digital 4 Febrero 2020

Cinco partidos se ausentaron de la apertura de las Cortes, según dijeron, por la presencia del Rey. La presencia física, se entiende, porque la presencia de la Monarquía parlamentaria en la Constitución no les lleva a ausentarse de las sesiones de las Cámaras ni a dejar de presentarse a las elecciones que se realizan en ese concreto marco constitucional. Pero deshagamos el primer equívoco de estos sobreactuados teatrillos: los partidos que los organizan no son republicanos, sino separatistas. Alguno lleva en sus siglas el término republicano, aunque del mismo modo que lleva la voz izquierda pese a que no ha hablado nunca como un partido de izquierdas. Lo que ha sido siempre, en cambio, es un partido separatista, y ése, el separatismo, es el elemento común de los cinco pequeños impostores que fingen repudio de la Monarquía cuando el objeto de su repudio es España.

Algo de verdad dijeron, en consecuencia, cuando en el pobre manifiesto leído pusieron que la Monarquía trata de "mantener e imponer la unidad de España". Lo de imponer sobraba, y bien lo saben ellos, que representaron con su separatismo poco más del 8 por ciento de los votos en las últimas elecciones, y consiguieron alrededor del 14 por ciento de los escaños del Congreso. Pero en la línea en cuestión reconocían, de alguna manera, que aquello que los incita y excita a ir en contra de la Monarquía es España. Es que el Rey representa a España. De hecho, todo lo demás, consistente en los tópicos del anacronismo y la herencia del franquismo, es material de relleno, pura paja para darle cuerpo al supuesto acto de desacato.

La impostura no merecería, en realidad, atención si no fuera por dos motivos particulares. Uno, el más evidente, es que tres de los cinco partidos que la protagonizaron fueron cruciales para la formación del Gobierno, y el que dispone de más escaños tiene especial ascendiente y poder sobre el Ejecutivo. El otro, menos visible, pero de mayor alcance, tiene que ver con el golpe separatista de 2017. Más exactamente con el discurso del Rey aquel 3 de octubre, porque aquella intervención contra los que habían quebrado la ley y querían quebrar la Nación representó de un modo claro y preciso a España: representó a la gran mayoría de los ciudadanos españoles. Y eso, el separatismo no quiere que se repita. No quiere que se repita nada parecido.

Los partidos y grupos separatistas tienen el mayor interés en desprestigiar a las instituciones españolas. A todas, aunque mucho más a aquellas sobre las que disponen de menor capacidad de presión. En los Gobiernos pueden influir; no hay más que considerar al actual. Basta que necesiten sus votos para que empiecen a sacar la cartera de las cesiones. Pero a las instituciones que no pueden chantajear o sobornar fácilmente les declaran una guerra sin cuartel. Así lo están haciendo, desde el 1-O, con la Justicia y la Monarquía. Y no tratan de desprestigiarlas sólo por el puro efecto propagandístico, sólo para alimentar el relato. Lo que persigue ese cerco propagandístico es desactivarlas para que no actúen como ya han actuado frente a sus ilegalidades y como, por lo demás, tienen que actuar.

La manifestación contra el Rey en que el separatismo logró convertir la manifestación contra los atentados islamistas de Barcelona fue elocuente. Preventiva. Poco antes del 1-O, el objetivo ya estaba marcado. Después, lo persiguieron con más intensidad, asociando siempre los desplantes al Rey al discurso del 3 de octubre. El propósito político de esos ataques, igual que el del teatrillo durante la apertura de las Cortes, no es poner de manifiesto una posición republicana, asunto que para el separatismo es del todo secundario. Es impedir que el Rey pueda volver a intervenir ante los desafíos separatistas como cabeza de la Nación, por usar el concepto del filósofo Julián Marías en una reflexión sobre el papel que debía tener la Monarquía en España. El objetivo es intimidar lo suficiente a los Gobiernos para que nunca más vuelvan a permitir que el Rey haga frente al separatismo como cabeza y voz de la Nación. Eso, y no el mito republicano, es lo que mueve a los anacrónicos.

Andrés Trapiello: "No puede ser que unas personas digan qué se tiene que recordar y qué no"
Luis H. Goldáraz Libertad Digital 4 Febrero 2020

El escritor charló con Jorge Bustos y Maite Pagazaurtundúa durante la conferencia "Memoria histórica y propaganda".

Explicaba Maite Pagazaurtundúa que "Ante la democracia asediada. Ciclo de conferencias sobre el futuro de España y de Europa" nació de la necesidad de encontrar respuestas a las amenazas que a día de hoy cuestionan la legitimidad de las democracias liberales occidentales. "Debemos resistirnos a caer en los encantos del pensamiento sectario", dijo ayer, durante la sesión inaugural. "Porque, de lo contrario, cabe la posibilidad de que truhanes de la política consigan hacerse con mucho poder; y que se encuentren de pronto con las herramientas para horadar las instituciones democráticas".

Con esos temas en mente, el primer debate del ciclo ha llevado por título "Memoria histórica y propaganda", y reunió ayer mismo, en la Sala Valle Inclán del Círculo de Bellas Artes de Madrid, al escritor Andrés Trapiello y al periodista Jorge Bustos. "Considero que mientras no resolvamos una serie de cuestiones que quedan pendientes con el pasado no podremos hablar del futuro", arrancó el primero de ellos, vocal del comisionado de Memoria histórica que instauró Manuela Carmena durante su mandato en el Ayuntamiento de Madrid. "Porque lo que pensábamos que estaba cerrado ha resurgido, traído nuevamente por unas personas que parecen interesadas en recuperarlo", explicó.

Durante su trabajo en el comisionado, Trapiello tuvo ocasión de conocer los métodos y los enfoques de muchos de los encargados de rescatar la memoria del país, por lo que ayer se limitó a recuperar algunos ejemplos: "Ahora mismo, en la Puerta del Sol hay una placa que conmemora el 15-M. Habla en nombre de 'El pueblo de Madrid'. El hecho de que alguien se apropie de la palabra 'pueblo', que en Madrid es de casi cuatro millones de personas, ya es grave, pero lo preocupante es que es algo que también sucede en Barcelona, en Bilbao, o en Inglaterra", dijo. Pese a todo, el tema predilecto de la Memoria histórica en España no es otro que la Guerra Civil: "Hay una exposición maravillosa, muy bien preparada por Juan Manuel Bonet y de la que he formado parte, que se llama 'El exilio republicano español', pero que tiene la única pega de estar supervisada por un sectario", explicó. "Manuel Aznar considera que existen unos exiliados buenos y unos exiliados malos, y por eso la exposición no recoge, por ejemplo, a ninguno de los tres intelectuales que, de hecho, trajeron la República a España, pero que terminaron renegando de ella: Ortega, Marañón y Pérez de Ayala". Por eso, prosiguió: "No puede ser que un acto organizado para conmemorar a los exiliados de la guerra sólo recoja a los afines a un bando. Lo único que se consigue al colocar el membrete de 'republicanos' en el título de la exposición es desenfocar la historia, y crear una ficción que termina siendo mucho más poderosa que la verdad".

Su denuncia no iba encaminada a condenar la memoria: "Hace falta recordar, nadie lo duda. Para poder olvidar es necesario haber recordado antes. Pero el problema es que existan personas que digan qué se tiene que recordar y qué no". Y relató, por ejemplo, que en el comisionado dependían de "un concejal que, el primer día, descolgó la imagen del rey de su despacho y colgó una fotografía de Lenin". Personas con esa ideología han sido las encargadas de velar por la memoria de la capital durante los últimos cuatro años, protagonizando episodios como el del monumento a las víctimas del franquismo del cementerio de la Almudena. "Lo que pasa es que la ciudad de Madrid sufrió una violencia mayor durante los años de la guerra, donde murieron entre 8.000 y 12.000 personas, que en los años del franquismo. Y nosotros no pudimos más que advertir que no tenía sentido levantar un monumento únicamente con los nombres de 2.500 víctimas, cuando otras 8.000 estarían enterradas a pocos metros sin ningún tipo de reconocimiento", explicó. Por cosas como esa, precisamente, Trapiello considera que "la tumba de Chaves Nogales en Londres, sin nombre, explica muy bien lo que hace la España de izquierdas y de derechas con aquellos que no quieren ser ni de unos ni de otros: olvidarlos".

Para Maite Pagazaurtundúa la cuestión de fondo es que, a día de hoy, "no se trata de memoria, sino de política"; y Jorge Bustos analizó que todo se explica como "una estrategia bien diseñada". "Si quieres cimentar el futuro, no hay mejor combustible que controlar el pasado, y utilizarlo después para consolidar identidades muy definidas". "No hay más que ver lo sobredimensionado que está el franquismo en los medios de comunicación, y lo poco que parece importar la memoria de las víctimas más recientes, que son las de ETA", añadió. En ese sentido, el jefe de opinión del diario El Mundo comentó que "una de las cosas más curiosas de la utilización de la memoria es que no importa el tiempo en el que sucedieron las cosas; si sabes renovar con éxito el pasado, y utilizarlo como combustible identitario, puedes llegar a movilizar a muchísima gente".

Trapiello, por su parte, destacó el "masoquismo de la izquierda española", encargada únicamente de "recuperar lo peor de nuestra historia", "como si necesitase reivindicar su derrota para ver si, de esa forma, consigue vencer ahora". Ante esa afirmación, Pagazaurtundúa relató la impresión que le causó el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, después de haber mantenido "una larga conversación con él": "Yo noté que él quería establecer un marco bien definido en España. El espíritu de la Transición no le interesaba. Prefería instalarse en una Segunda República mítica, no la que fue, sino la que ‘debió haber sido’, y por eso comenzó la labor de rescatar a una serie de víctimas del pasado, curiosamente en un momento en el que la democracia española todavía amanecía con las víctimas de ETA por las mañanas". Para ella, todo se debió a una "operación política concreta", con la que pretendía, "conservar el chollo del poder durante décadas".

Ante esas palabras, Trapiello expresó su sorpresa por una cuestión que "no tiene explicación". "No hay ni un sólo propósito de la Segunda República que no se haya llevado a cabo en la democracia del 78", dijo. "Es decir, si a una persona que reivindica la Segunda República la colocases ahora mismo en ella, se le caería el alma a los pies". Y se preguntó en alto: "¿Cómo es posible que el mito llegue a ser más poderoso que la realidad? Porque la República que rescata la izquierda no es la verdadera. Es una República completamente fosilizada".

La conversación fue derivando entonces hacia la consecuencia última de políticas como la de la Memoria histórica: "La estigmatización del contrario". "Hoy en día no importa lo que hayas hecho en el pasado, o lo que hagas a diario, porque si vas en contra de una serie de ‘verdades aceptadas’ corres el riesgo de ser un fascista". Para Bustos, esto se debe a que "ya no estamos en el terreno de la política racional, sino de la identidad, que se sustenta de la emoción y que tiene como único objetivo la negación moral del contrincante". Trapiello, en ese sentido, habló de "la superioridad moral de la izquierda, que realmente se cree que está en el lado correcto de la historia, y que tiene tintes claramente supremacistas". "Una de las mayores mentiras que se sostienen hoy en día es la de que los mejores intelectuales españoles se posicionaron a favor del bando republicano", explicó. "Es algo claramente falso, pero mucha gente de izquierdas se lo cree, y utiliza esa mentira para legitimar su superioridad moral". Esa es una de las razones, añadió, por las que "algunos de ellos se creen con derecho a llamar fascista a cualquiera que no piense igual". Una circunstancia que, según él, "deberíamos comenzar a denunciar en los juzgados de guardia, ya que en la situación actual no nos queda mucho más que la figura del rey y la de los jueces".

Por último, Jorge Bustos llamó la atención acerca de cómo "los que se catalogan hoy como antifascistas olvidan el antifascismo de Churchill, y sólo parecen recordar el de Stalin". Y Pagazaurtundúa reivindicó "una democracia militante", con la que "defendernos del efecto que tiene la estrategia de desgaste de quienes difaman a las personas que únicamente quieren seguir viviendo libremente".

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Los socios de Sánchez, contra la Monarquía de todos: el PSOE es culpable
EDITORIAL Libertad Digital 4 Febrero 2020

Los partidos separatistas han dado este lunes en el Congreso de los Diputados un espectáculo bochornoso cargado de simbolismo. Encabezados por el sicofanta Gabriel Rufián, lacayo del condenado golpista Oriol Junqueras, la "banda" de Sánchez (Albert Rivera dixit) perpetró un plante a los Reyes en el acto solemne de apertura de la legislatura. Además, leyó ante la prensa un libelo infame en el que se tachaba a la Corona de antidemocrática y se clamaba por la instauración de repúblicas tan liberticidas como ellos en las regiones que tienen la desgracia de padecerlos.

En efecto: los sostenedores del Gobierno de Pedro Sánchez han vuelto a dejar claro, en la sede de la soberanía nacional, que su gran objetivo es la voladura del orden constitucional y la destrucción de la Nación. "Ahora, España", decía el eslogan de campaña del Gran Felón.

El PSOE de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Carmen Calvo y Adriana Lastra, que es el mismo que el de Emiliano García-Page, Guillermo Fernández Vara, Javier Lambán y Susana Díaz, lleva meses agitando orwellianamente el espantajo de la ultraderecha siguiendo el guion establecido por el mercenario Iván Redondo, que tan a gusto trabajó con Xavier García Albiol, mientras empotra en el Gobierno con rango de vicepresidente a un esbirro chavista de la República Islámica de Irán y se echa en brazos de proetarras y golpistas en ejercicio. Es, pues, el PSOE de Sánchez (y Ábalos, Calvo, Lastra, García-Page, Fernández Vara, Lambán, Díaz...) quien propicia el ataque a la Monarquía de todos por parte de lo más repulsivo de la política nacional; ataque que tiene una poderosísima carga simbólica porque entraña una amenaza real al orden constitucional.

No manera de engañarse ya: el problema no es sólo Sánchez; es sobre todo su partido putrefacto, que no es que haya coqueteado con los antisistema sino que se ha convertido en su cómplice, en su cooperador necesario para su vasta empresa de demoliciones, que diría aquel otro pirómano formidable que jugó con fuego y se acabó quemando tras sumir a España en su hora más negra del s. XX.

Jaque a España: los separatistas elevan el precio de su apoyo a los Presupuestos
OKDIARIO 4 Febrero 2020

El pacto de Llotja de Mar suscrito entre separatistas catalanes, valencianos, baleares, gallegos y los proetarrras de Bildu es la fórmula que ha encontrado Arnaldo Otegui para que los próximos Presupuestos generales intensifiquen las cesiones al independentismo. Bildu, como informa OKDIARIO, cuenta ya con el respaldo de ERC y quiere que el resto de formaciones utilice el mismo mecanismo para reclamar de forma unida exigencias que bloqueen la legislatura a menos que Sánchez se pliegue a su ultimátum.

Aquel texto, suscrito el 25 de octubre de 2019, se bautizó como Declaración de la Llotja de Mar e incluía la defensa del derecho a la autodeterminación de «nuestros pueblos» y la liberación de los «presos políticos”. Las formaciones firmantes fueron ERC, JxCat, PDeCAT, CUP, Demòcrates, la Crida Nacional per la República, EH Bildu, BNG, Esquerra Valenciana, República Valenciana, Més per Mallorca y Més per Menorca, que reclamaron “diálogo” para el regreso de «los exiliados» y pidieron el cumplimiento de unas “libertades civiles y políticas de sus ciudadanos, además de exigir más políticas sociales y económicas que permitan el progreso de «nuestros pueblos».

Esa declaración fue, en parte, respuesta a la sentencia del 1-O del Tribunal Supremo y el gran ausente fue el Partido Nacionalista Vasco, que es casualmente el partido más firmemente favorable a respaldar los Presupuestos de Sánchez. Bildu y ERC quieren reafirmar su alianza forzando a Pedro Sánchez a que acepte buena parte de las reivindicaciones separatistas bajo la amenaza de no apoyar los Presupuestos. Los proetarras, al invocar el pacto de Llotja de Mar junto con ERC, toman la delantera y pasan a jugar un papel activo. Ya no son sólo los separatistas catalanes, sino el resto de formaciones independentistas en distintos territorios las que entienden que, dada la debilidad de Pedro Sánchez, ha llegado el momento de lanzar el definitivo ultimátum al presidente del Gobierno. Jaque a España.

Contra el Estado
Valentí Puig okdiario 4 Febrero 2020

En la estrategia de guerrilla contra los baluartes del Estado la Corona es, y no solo por su densidad simbólica, el enemigo número uno de toda iniciativa disolvente. Pero los siglos y su prolongación en el régimen de 1978 son la garantía de que las desafecciones a la Corona, aun siendo estridentes, carecen de calado histórico alguno, como constatamos encuestas tras en cuenta. “É la nave va”. El problema no es para la Jefatura del Estado sino para la presidencia del Gobierno porque quienes firman el pronunciamiento republicano de ayer son quienes propiciaron la investidura de Pedro Sánchez y a la vez arremeten contra los anclajes de todo poder ejecutivo en una monarquía parlamentaria.

Incluso uno de los socios directos de investidura como ERC ha lanzado su soflama contra la monarquía, una suerte de expansión grafitera que supera en deslealtades lo que fue el Pacto de San Sebastián. El manifiesto era un exabrupto y no un argumento: en fin, no tenemos Rey. El Jefe de Estado “no nos representa”. Es lo que han proclamado ERC, JxCAT, EH Bildu, CUP y BNG, ausentándose del Congreso de los Diputados mientras los ministros de Podemos aplaudían al monarca y los podemitas con simple escaño decidían no aplaudir.

Que ocurran estas cosas no altera la solidez institucional de España pero denota una dislocación de la política por parte de quienes hayan decidido alterar la simple lógica de la representatividad y el hecho incuestionable de la soberanía popular. En fin, ERC, JxCAT, EH Bildu, CUP y BNG –en unos u otros términos, agentes de la investidura de Pedro Sánchez- ponen en duda la fuerza simbólica de unidad del Estado como quien pasa por caja en un bazar chino. Malos tiempos para una sociedad lastrada por las desconexiones y las ambigüedades.

El profesor García Pelayo escribió que ciertas configuraciones simbólicas son inviolables como consecuencia de transferir a ellas la sacralidad de que los símbolos estaban rodeados en otras épocas. En fin, la unidad es un lugar fundamental de la forma monárquica. Ese manifiesto antimonárquico poco antes de que Felipe VI inaugurase la nueva legislatura no tiene nada que ver con un malestar cívico ni con un descrédito de la monarquía. ¿Cómo puede la voz de unos diputados de ERC, JXCAT o la CUP tener el menor sentido? En realidad, es gestualidad elemental, ni tan siquiera conectada con sus electores, operando al margen de la soberanía popular encarnada en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Saben que negando al Rey niegan a España porque ni tan siquiera les alienta el accidentalismo respecto a las formas de gobierno sino la negación del Estado cuya cohesión histórica tiene por cuño la Corona. Hay quienes llevan demasiado tiempo jugando con realidades que ignoran, que les trascienden y que de “motu proprio” les dejan sin norma ni continuidad. Es la herencia de muchos olvidos y algunas inoperancias.

Tres elecciones, tres
Cayetano González Libertad Digital 4 Febrero 2020

En el año que acaba de comenzar tendrán lugar tres elecciones autonómicas: en el País Vasco y Galicia, como muy tarde en otoño, y en Cataluña, cuando el inhabilitado Torra y el prófugo Puigdemont decidan, bien antes del verano o incluso después del periodo estival.

Ante este panorama, los partidos del centro y la derecha andan cada uno con sus quitas, con sus dimes y diretes sobre lo que tienen o no que hacer. La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, acaba de proponer una alianza electoral en las tres CCAA, pero sólo con el PP, excluyendo a Vox. Un sector de Ciudadanos en Cataluña ha salido diciendo que de eso nada, que ellos no quieren saber nada de los populares. El barón más poderoso del PP, Alberto Núñez Feijóo, tampoco quiere una coalición en su tierra con los naranjas ni, por supuesto, con Vox.

Aznar, en una de las reflexiones más desacertadas que ha hecho en los últimos tiempos, ha recomendado a Casado que confronte con el Gobierno de Sánchez como si Vox no existiera y que confronte con el partido de Abascal como si el que no existiera fuera el Gobierno frentepopulista. Es decir, la gallina. Los de Vox, encantados en el fondo con el rifirrafe entre los otros partidos, porque están convencidos de que eso les beneficia y refuerza en la idea que algunos miembros de ese partido tienen de sustituir al PP a medio plazo. Por tanto, a día de hoy, la posibilidad de construir una alternativa, no solo política, también cultural, a lo que se ha instalado ya en el Gobierno, que no es otra cosa que un frente que busca un cambio de régimen, está muy alejada de la realidad.

Y en medio de este desconcierto de los partidos del centro y la derecha, tres citas con las urnas. Razonablemente, de acuerdo con las previsiones electorales, en Cataluña la gran incógnita es si los números dan para que ERC lidere un tripartito con el PSC y Podemos. Si no, el nuevo Ejecutivo de la Generalidad lo integrarán ERC y Juntos por Cataluña, con el apoyo en la investidura de los antisistema de la CUP.

En el País Vasco, lo más probable es que se repita el Gobierno de coalición PNV-PSE, porque todas las encuestas dan al partido de Urkullu como claro ganador y a los socialistas como tercera fuerza. En Galicia, todo el mundo sabe que, si quiere seguir al frente de la Xunta, Núñez Feijóo necesitará obtener mayoría absoluta, porque en caso contrario será el BNG, junto al PSG y Podemos, quien gobierne.

Es decir, que ni en Cataluña ni en el País Vasco el PP, Ciudadanos y Vox van a tener influencia alguna en la conformación de los Gobiernos autonómicos, pero sus alianzas o entendimientos sí serían importantes, para mandar un mensaje de cierta esperanza a sus electorados en el resto de España y, en segundo lugar, porque pueden arañar, acudiendo juntos, algún escaño en los Parlamentos autonómicos que hiciera que su representación fuera algo más importante que la que tienen actualmente. En Galicia, la mayoría absoluta que necesita Feijóo puede estar tan apretada que cualquier voto que se pierda puede tener una influencia decisiva.

El escenario electoral es por tanto bastante enrevesado para PP, Ciudadanos y Vox. Pero, al mismo tiempo, será la primera oportunidad que van a tener para buscar algo que no es que sea urgente, es que es de extrema necesidad: defender los intereses de todos los españoles que quieren que España siga siendo una nación de ciudadanos libres e iguales. Algo que con el Gobierno frentepopulista que ha formado Sánchez, con el apoyo de independentistas catalanes, nacionalistas vascos y herederos de ETA, corre un peligro cierto.

El panfleto del plante al Rey
Pablo Planas Libertad Digital 4 Febrero 2020

La culpa no sólo es suya, sino de quien se lo permite, el presidente del Gobierno y la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, gran discípula de Carme Forcadell.

Los grupos políticos separatistas presentes en el Congreso de los Diputados han vuelto a mostrar su desprecio por la democracia y la institución parlamentaria, así como por las más elementales formas políticas y de convivencia. Claro que no es la primera vez. Ya sólo el formato de las tomas de posesión de sus diputados fue un insulto que debería haber acarreado como mínimo fuertes multas o, mejor, una suspensión de funciones de carácter ejemplarizante.

Como prometieron su cargo por la república y por fidelidad al Atlético de Bilbao y no pasó absolutamente nada, estos diputados se han dicho que todo el monte es orégano y han dado un paso más en su deriva antidemocrática y palurda con un patético intento de boicot a la apertura de la XIV Legislatura a cargo de Su Majestad el Rey.

Encabezados por ese genio del cambalache y la actividad trepadora llamado Gabriel Rufián, los representantes del Bloque Nacionalista Gallego, la CUP, Junts per Catalunya y Bildu se han ausentado de la sesión en señal de protesta. Pero como su ausencia se agradece más que se lamenta, han dado en redactar un comunicado contra la monarquía que en realidad es un manifiesto contra la verdad y la gramática. En dicho panfleto, titulado "No tenemos Rey. Democracia. Libertad, Repúblicas", aseguran:

La sociedad catalana, vasca y gallega rechazan mayoritariamente la figura de una institución anacrónica heredera del franquismo que se sustenta en el objetivo de mantener e imponer la unidad de España y sus leyes, negando así los derechos civiles, políticos y nacionales que asisten a nuestras ciudadanías y nuestros pueblos.

Así pues, estos partidos, herederos del terrorismo, se arrogan la representación de las sociedades catalana, gallega y vasca y no satisfechos con tal apropiación afirman que "el Rey no es un interlocutor válido para nosotras y nosotros", que "no tiene la legitimidad de nuestros pueblos" y que no le reconocen ninguna "función pública", entre otras razones por el brillante discurso con el que se opuso al golpe de Estado separatista, una intervención que según estos pobres desdichados fue "autoritaria".

Y si los separatistas han dado la talla de su nula estatura moral, socialistas y podemitas han estado precisamente a esa altura al permitir y en algunos casos hasta aplaudir el plante de unos socios y colegas que representan valores como la violencia, el racismo, la insolidaridad, el egoísmo, el enfrentamiento, la mentira, el populismo y el totalitarismo y que se aprovechan de la democracia y las libertades que representa la monarquía constitucional para atentar contra la democracia y las libertades de la mayoría de los españoles. Pero la culpa no sólo es suya, sino de quien se lo permite, el presidente del Gobierno y la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, gran discípula de Carme Forcadell.

Los huérfanos de Ciudadanos
José García Domínguez Libertad Digital 4 Febrero 2020

Ciudadanos, el novísimo partido trasplantado a Madrid cuando el miedo bien real a Podemos comenzó a extenderse como una mancha de aceite por aquella España a punto de verse intervenida por la Troika y en caída libre de los peores instantes de la crisis, va a desaparecer. Lo absorberá, no constituye ningún secreto para nadie, el PP. Con la prima de riesgo abocando al Estado a las lindes mismas de una declaración internacional de suspensión de pagos y con el prestigio de las élites políticas hasta entonces hegemónicas hundido en el fango por la corrupción crónica y estructural de PP y PSOE, España necesitaba, y con urgencia además, un Podemos de derechas, tal como en su día verbalizó con alguna imprudencia el banquero Oliu. Y Ciudadanos, al menos en su primera etapa, la regeneracionista y moralizante, fue justamente eso. Pero si la España desquiciada de la amenaza inminente de bancarrota necesitaba un Podemos de derechas que ejerciera de cortafuegos frente a los de Iglesias, la Cataluña no menos desquiciada, aquella de la resaca del Tripartito y las largas vísperas agitativas e histriónicas del golpe del 1 de Octubre, requería un PP de izquierdas.

Y también eso mismo, un sui generis e inopinado PP de izquierdas, fue en realidad Ciutadans, el germinal balón de oxígeno alumbrado por el periodista Espada y sus amigos diletantes de Barcelona ante la deriva ya abiertamente soberanista del PSC de Maragall. Extravagante encaje ideológico de bolillos de difícil viabilidad futura, ese de tratar de agrupar bajo unas mismas siglas a la facción de la izquierda sociológica catalana harta de las veleidades filonacionalistas de la socialdemocracia doméstica y, al otro lado del Ebro, a la joven derecha sociológica irritada con el PP tecnocrático que les subía los impuestos por exigencia de Bruselas. Extravagancia que llegaría al súmmum cuando el difunto Albert Rivera asumió el descabellado propósito estratégico de convertirse en la alternativa al partido de referencia del conservadurismo español de toda la vida. Porque igual que no se puede ser a la vez el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España, tampoco resulta factible competir electoralmente con Ada Colau en el distrito de Nou Barris de Barcelona, ese que pasó sin solución de continuidad del rojo al naranja y del naranja al morado, y compartir cartel y coche oficial con el PP en Madrid o Andalucía. Simplemente, eso no puede ser. No puede ser y punto.

Igual que en sus respectivos momentos el CDS o la efímera Operación Reformista, el destino de lo que queda de Ciudadanos también pasa por diluirse discretamente en el Partido Popular. Con una única excepción: Cataluña. En ese territorio comanche, lo más inteligente sería que Casado y Arrimadas reprodujesen el modelo de Unión del Pueblo Navarro, una marca de estricto ámbito local confederada con el partido nacional pero provista de la independencia organizativa y programática que le permita alcanzar un ámbito de influencia electoral mucho más amplio del que nunca podría llegar a conseguir el PP en Cataluña. El mismo modelo de éxito que, por mucho que nos pese, consiguió alcanzar el PSOE tras su matrimonio de conveniencia con el PSC. Con el modelo UPN se podrían salvar bastantes muebles del naufragio, quizá algo más de la mitad. Y en el mejor de los casos. Pero no nos engañemos, el prodigio de que Ciudadanos lograra arrancar de los brazos del PSC a la izquierda españolista no se volverá a repetir. Así las cosas, o surge el partido de esa izquierda catalana no nacionalista que los locales llevamos cuarenta años esperando en vano o el constitucionalismo volverá de nuevo a la estricta marginalidad. Así de simple y así de duro.


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