AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9  Febrero  2020

¿A qué está jugando el Gobierno con la dictadura venezolana?
Editorial El Mundo 9 Febrero 2020

Lo que están haciendo el Gobierno y el PSOE en relación con Venezuela es una indignidad y pura mofa al conjunto de los españoles. Porque el hecho de que, en pleno escándalo por el encuentro de Ábalos con la número dos del régimen chavista -asunto del que todavía queda casi todo por esclarecer-, Zapatero haya corrido a reunirse en Caracas con la misma Delcy Rodríguez y con Maduro, confirma que Moncloa mantiene algún juego peligroso con la dictadura bolivariana que mancha la imagen exterior de España. En política no existen las casualidades inocentes. Y tampoco cabe pensar que en un asunto tan sensible para nuestra diplomacia el ex presidente actúe por libre, aunque ayer Exteriores se desmarcara de él. Si está ejerciendo de nexo entre Sánchez y Maduro, sería de una gravedad extraordinaria que exige explicaciones inmediatas.

Hubo un tiempo en el que el ex presidente socialista realizó una labor de mediación real entre la tiranía chavista y la oposición para buscar una solución dialogada al conflicto político en Venezuela. Pero hace ya años que no cumple ese papel. Primero, porque Maduro no solo no tuvo voluntad de negociación, sino que se deslizó por la senda totalitaria y acabó con los últimos resortes democráticos que quedaban en el país, como demostró cuando dio un autogolpe para despojar de sus funciones a la Asamblea Nacional, con una mayoría opositora que venció en las urnas. Y, segundo, porque el escoramiento de Zapatero hacia las tesis chavistas le inhabilitaron como interlocutor válido para la oposición. Por ello, no se sabe qué finalidad tienen sus reiterados viajes a Caracas, en calidad de qué acude y con qué respaldos. En todo caso, sus acciones condicionan la capacidad de maniobra del Gobierno de España y marcan su política exterior con Latinoamérica.

No se olvide tampoco que desde Moncloa se sigue sin exigir a Zapatero qué explique la trama del que fuera su embajador en Venezuela, Raúl Morodo. Como ha desvelado EL MUNDO, el chavismo le dio 35 millones de euros con algún objetivo que sigue sin esclarecerse, que desde luego ni empieza ni acaba en su solo enriquecimiento personal por su cara bonita.

Es muy preocupante el giro en la política hacia Venezuela, comprometiendo seriamente los intereses de España, sin ninguna justificación a la opinión pública ni al Parlamento. Se ha pasado de que nuestro país estuviera alineado con sus socios de la UE y EEUU en el reconocimiento a Juan Guaidó como presidente encargado del país caribeño a hacerle un desplante en su reciente visita a Madrid a la vez que se agasaja a los prebostes bolivarianos. En la Casa Blanca, como ayer subrayó un portavoz, hay gran malestar por el episodio de Delcy Rodríguez, que evidencia que el Gobierno español no está cumpliendo las sanciones impuestas a Venezuela. Ábalos pudo incurrir en prevaricación; su negativa a asumir responsabilidades políticas empuja a que el asunto se judicialice.

Urge una explicación sobre Venezuela
Editorial ABC 9 Febrero 2020

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha perdido toda noción del decoro que se supone a alguien que ha ocupado una posición relevante en los asuntos públicos de una democracia. Con su última visita a Caracas para apoyar al execrable dictador Nicolás Maduro ofende a los venezolanos que tienen que soportar la opresión de la tiranía y obliga al presidente del Gobierno, el también socialista Pedro Sánchez, a explicar de una vez qué ideas defiende y a quién apoya en esta tragedia que ha obligado a millones de venezolanos a exiliarse para no morir de hambre. Es más, el tibio desmarque del Gobierno ante esta visita presupondría que está de acuerdo con la gestión, lo que hace cada vez más evidente que la escala en Madrid de la «número dos» de la dictadura, Delcy Rodríguez, no fue una mera casualidad ni un incidente inesperado, sino que puede llegar a formar parte de una nueva política exterior sin duda alentada por la presencia de los populistas de extrema izquierda en el Gobierno, que tanto deben al chavismo.

Es incomprensible que Zapatero no haya logrado asumir que el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado no significa -todavía- que eso le confiera poderes reales en su país, que por desgracia sigue bajo la égida del dictador Maduro, sino que para un demócrata es la única forma decente de demostrar su apego a la libertad y su defensa de los Derechos Humanos en un país hermano como Venezuela. En su papel de expresidente carece de responsabilidades políticas directas, lo que no le exime de mantener un grado de decencia, responsabilidad y lealtad a los intereses generales de su país, que él ha puesto ahora en sintonía con los de una autocracia como Rusia.

El Gobierno no puede seguir ocultando la verdad sobre sus relaciones con la dictadura de Maduro ante la suma de evidencias que señalan una posición impropia para un país como España, miembro de la UE y aliado de Estados Unidos, cuya diplomacia se confiesa perpleja ante las noticias que llegan de nuestro país. Las iniciativas de la oposición reclamando que se aclare todo lo sucedido son imprescindibles ante la sucesión de mentiras y rectificaciones con las que el Gobierno han intentado tapar un escándalo que no para de crecer. Si el Gobierno español está siendo sometido a un chantaje por parte de una dictadura a cuenta de los compromisos previos adquiridos por uno de los partidos de la «coalición progresista», los españoles tienen derecho a saberlo. Si se trata de una política asumida deliberadamente, también.

Sumiso con Torra, chulo con Trump
Antonio Burgos ABC 9 Febrero 2020

En el colegio, cuando nos explicaban los honores al Santísimo al pasar ante el sagrario, siempre había un jesuita guasón que resumía: «Y en la duda, doble genuflexión». Es lo que ha hecho Sánchez en esta triste semana de visita «ad limina» a Torra en Barcelona. En la duda de que puedan peligrar los presupuestos y la propia estabilidad del Gobierno ante la abstención de los separatistas catalanes, doble genuflexión. Va hasta Barcelona para que ellos no tengan que molestarse en venir al Madrid centralista y opresor; se visita a Torra como si uno fuese el presidente de un país vecino y no de toda España. Y luego se cumplimenta a Ada Colau y se le promete cuanto pida por esa boquita sobre alquileres, su gran anterior especialidad en los desahucios.

El símbolo de la humillación de España ante los golpistas separatistas condenados por sedición ha sido el cabezazo a Torra de Iván Redondo, el «gurú de La Moncloa». Si en aquel momento no sufrió una lesión de cervicales ya no la padecerá nunca. ¡Qué forma de cuadrarse! Mi única duda es si hubo taconazo o no. ¡Ya quisiera el Rey que le dieran el cabezazo de respeto que Redondo le arreó a Torra! Cuando Don Felipe VI recibió el otro día en Palacio a los embajadores extranjeros no hubo uno solo, ni el británico, que lo saludara con la perfección de Redondo a Torra. Ah, y antes de que se me olvide. Cuando van a los premios Goya, todos se ponen de esmoquin y corbata negra de lazo. Pero cuando se trata de recibir al Rey en el Congreso de los Diputados para la solemne apertura de la XIV Legislatura, puede irse descorbatado y despechugado. De trapillo. Y saludarlo de cualquier manera, hasta pasar de largo con el carricoche de Echenique.

¿Usted sabe cómo se dice en andaluz coloquial esto de Sánchez tragando en Barcelona ante los separatistas? «Hocicar». ¿Cuándo quiere usted el referéndum, honorable? ¿Para cuándo le programo la amnistía de los presos políticos? ¿Quieren más dinero, que como ahora le hemos negado el IVA a las autonomías que no son de nuestra cuerda estamos que lo tiramos? Y lo peor, el lenguaje: asumir el lenguaje de los independentistas. En el discurso medido y quizá pactado que Sánchez leyó tras su entrevista con Torra, en el que repitió cientos de veces las palabras «diálogo» y «reencuentro», lo peor fue confirmar que el hocicamiento ante los separatistas ha sido tal que hasta han asumido su lenguaje. Lo de llamar «conflicto político» a la aplicación lisa y llana de la Constitución es lo menos fuerte. Por cierto: «Constitución» es una palabra que habrán observado que se evita y rodea, para que no se enfaden. Ahora es «ordenamiento legal» y circunloquios por el estilo.

Todo esto ante un señor al que la Justicia le ha retirado su acta de diputado del Parlamento de Cataluña y ocupa la presidencia de la autonomía ilegalmente: hocicamiento. Pero ante Trump, ante el jefe de la mayor potencia mundial, leña al mono. Y amenazas. De auténtica broma. Quien humilla a España ante los separatistas catalanes se atreve a desafiar al presidente Trump. Las ministras de Exteriores y Defensa advirtieron al embajador de Estados Unidos en nombre del Gobierno que España avisa a Trump de que la hostilidad comercial de los aranceles a nuestros productos pone en riesgo una mayor cooperación militar. Que como sigan así los echamos de Rota, vamos. ¡Con lo que le importará a Trump llevarse el escudo de misiles a Italia y quedarse tan pancho! Era lo que nos faltaba: que en Rota, que vive de la Base, se quedaran sin trabajo los 10.000 españoles que tienen allí su empleo, después de que con el Brexit peligre el de los 15.000 campogibraltareños que cada día entran a trabajar en el Peñón. Digo lo de Caracol el del Bulto con la locomotora: esos cojones con Trump me los echa usted con Torra, señor Sánchez.

Apalancados en el poder
Tanto personal a colocar a dedo ha obligado a Sánchez e Iglesias a esmerarse en la invención de cargos: con ustedes, la dirección general de Políticas Palanca
Álvaro Martínez ABC 9 Febrero 2020

Es extraño que a Iván Redondo no se le haya ocurrido vender la reunión de Quintos de Mora como una iniciativa del sanchismo contra la «España vaciada», porque ayer no se cabía allí de tanta gente como había. Talento ya veremos, pero personal hubo a manta de Dios en el cigarral toledano, un gentío directamente proporcional a las enormes dimensiones del gabinete de los veintitantos ministros, los cuatro vicepresidentes y el mencionado Iván, que manda más que ninguno de los anteriores sin dar explicaciones a nadie, modelo «Juan Palomo». Talento en la gestión -decimos- ya veremos si tienen, pero es indudable que lo ha habido para buscar hueco a tantísimo personal, labor para la que el gabinete se ha devanado los sesos creando nuevas secretarias de Estado, subsecretarias, direcciones generales, secretarías generales y lo que haga falta. Y por ello, y porque las cosas hay que llamarlas de alguna manera, han alumbrado neologismos administrativos de todo tipo.

Entre todos los nuevos departamentos campea por su «originalidad» la llamada Dirección General de Políticas Palanca para el Cumplimiento de la Agenda 2030 (así, como suena), dependiente de la Secretaría de Estado para la Agenda 2030 (así, como suena), que a su vez pende del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 (así como suena). Esto es, tres altos cargos con sus sueldos, sus asesores y su canesú, dedicados a lo mismo, eso sí, parece que solo el director general, el de la palanca, está obligado al «cumplimiento» de la famosa Agenda, tarea de la que supuestamente quedan eximidos la secretaria de Estado y el ministro-vicepresidente segundo. ¿Qué es lo que hace el director con la palanca? Pues acelerar «el progreso transversalmente y a mayor escala en el conjunto de los 17 objetivos de dicha Agenda»: prevención y lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión social; plan estratégico de igualdad de oportunidades; agenda urbana (ojo a esto, una agenda dentro de otra agenda); economía circular (asunto redondo, como Iván); investigación científica para el desarrollo sostenible (que ya hay otro Ministerio de Ciencia, pero bueno); estrategia de la economía social (comercio justo con ínfulas); plan de gobierno abierto (vulgo transparencia); la cooperación española (que también tiene Ministerio) y la Ley de Cambio climático y transición energética, asunto que depende de la Vicepresidencia Cuarta pero, en el lío del montepío que tiene formado el Gobierno, ha terminado apalancada en la Vicepresidencia Segunda.

Dependiente de la Vicepresidencia Primera hallamos también otra perla nominativa llamada Secretaría de Estado para la Memoria Democrática, de la que depende la Dirección General de Memoria Democrática, que es el neologismo con el que se conoce la llamada «memoria histórica» de Zapatero que ya pasa a ser «democrática» con Sánchez y Calvo pero que no tiene ningún órgano palanca que vele por su cumplimiento. Un lástima...

En resumen, entre palanca y palanca, en el II Gobierno Redentor del doctor hay más gente que en la guerra, pues a la proliferación de altos cargos (solo en direcciones generales, 110) habremos de unir los 242 asesores de libérrima designación cuyo salario va de los 52.000 a los 90.000 euros. Y solo llevamos un mes de Gobierno... La próxima reunión a lo mejor tienen que hacerla en el WiZink Center (el Palacio de los Deportes de toda la vida) porque en el cigarral igual no caben.

La última muesca en el revólver
Según va perdiendo fuelle electoral, la picadora de dirigentes «molestos» de Pablo Iglesias amplía su rendimiento, de tal forma que en la corta vida del partido ha ido haciendo carne para albondiguillas de casi una decena de los fundadores del movimiento populista: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Sergio Pascual, Íñigo Errejón, Tania González y algunos otros. A la lista de extramuros del proyecto se encamina Teresa Rodríguez-Rubio Vázquez (Rota, Cádiz, 1981), rostro visible del podemismo en esa Comunidad y dirigente referencial de la causa podemita desde primera hora, representante eso sí del sector anticapitalista de la formación morada, que tiene más clanes que aquella baraja infantil de las familias. Le acompaña en ese tramo final Miguel Urbán, al que Iglesias también ha puesto la cruz por oponerse al pacto con Sánchez. Ambos renuncian a participar en Vistalegre III, la próxima asamblea carabanchelera donde Iglesias llega embalado. No hace prisioneros el ilustre vecino de Galapagar, menos aún desde que ha conseguido llegar al Gobierno de España después de haber perdido la mitad de los diputados que tenía en 2016 (71) para quedarse con 35, 27 menos que lo que él llama la ultra-ultra-requeteultra derecha, lo que dice más bien poco de su tirón en las urnas. Cierto es que Rodríguez también perdió fuelle en las última andaluzas y que ni ella ni su pareja, el alcalde Kichi, se ahorraron críticas a lo del chalé serrano. Y eso se paga. Iglesias prepara ya otra muesca en la culata de su revólver.

Sánchez entrega a las CCAA una 'manzana con gusano' mientras secuestra su dinero
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital 9 Febrero 2020

El modelo autonómico español lleva décadas de castigo. Para empezar, un país en el que coexisten tres haciendas distintas, con autonomía recaudatoria, así como un modelo de financiación distinto, según qué comunidades, ya genera la primera desigualdad entre españoles: los que soportan una corresponsabilidad en los ingresos y en los gastos autonómicos y los que sólo lo hacen en lo segundo.

Pero hay más. Las 14 comunidades autónomas que comparten un régimen de financiación autonómica están sujetas a un sistema del que dependen los servicios públicos fundamentales y, al unísono, emiten quejas sobre el sistema de financiación autonómica. Eso significa, sencillamente, que es un sistema que hay que cambiar. Lleva funcionando 11 años, gracias a Zapatero, y, evidentemente, no se puede afirmar que funcione.

Las razones son evidentes. Es un sistema de financiación complicado, opaco, arbitrario y que elimina de raíz cualquier incentivo a la prosperidad y cualquier atisbo de responsabilidad individual de los políticos que gobiernen en las distintas comunidades autónomas.

Lo único transparente y comprensible (aunque con dificultades) es el Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales. Un mecanismo que parece una buena idea, hasta que te das cuenta de que sólo tres comunidades autónomas (Madrid, Cataluña e Islas Baleares) aportan más de lo que reciben, y sólo Madrid ha contribuye con el 75% de los fondos que desde 2009 ha redistribuido este mecanismo.

Dicho de otra manera: la única pieza transparente y trazable del sistema de financiación autonómica ha convertido el país en un conjunto de autonomías que viven a costa, fundamentalmente, de la Comunidad de Madrid.

Esto, tras 11 de años de desequilibrios continuados, refleja que los incentivos a mejorar la capacidad recaudatoria de gran parte del territorio español son nulos, mientras que las necesidades de gasto permanecen intactas, e incluso se incrementan por la evolución demográfica de estas regiones.

La manipulación de Sánchez
El resto de elementos del sistema de financiación autonómica son un foco de decisiones arbitrarias y, en muchos casos, injustificadas. Valga como ejemplo la financiación de lo que la ley denomina "competencias no homogéneas", a saber: competencias lingüísticas, policía autonómica… en definitiva, todo aquello que algunas regiones están usando de argumento para justificar su singularidad y que estamos pagando entre todos.

Sin olvidar tampoco el conflicto surgido el año pasado a colación de los fondos autonómicos, y que aún colea entre Pedro Sánchez y las comunidades autónomas. Tras usar las entregas a cuenta cono herramienta de presión para la investidura fallida y como arma electoral para las elecciones del 10N, ahora mantiene en las arcas del Gobierno Central 5.200 millones de euros que no le corresponden. De ellos, 2.500 millones corresponden a la liquidación del IVA del año 2017 con las comunidades autónomas; 2.000 millones corresponden a desembolsos no efectuados a las eléctricas por el déficit de tarifa; 200 millones, a derechos de pagarés a Andalucía y 416 millones, por el Fondo de Garantía Asistencial de Sanidad para la Comunidad Valenciana.

Dicho de otra manera, Sánchez está usando 3.116 millones que tenían que fluir hacia las comunidades a través del sistema de financiación para ir a Bruselas con alguna razón (y de poco peso) a renegociar la senda de déficit.

Este dinero es déficit transferido desde el Gobierno Central a las comunidades autónomas. Con él, Sánchez pretende transmitir fortaleza en la contención del déficit del Gobierno Central ante Bruselas para lograr una flexibilización de los compromisos presupuestarios, y no dudará de hacer gala de la capacidad de control que tiene sobre muchas de las comunidades autónomas a través de los mecanismos de liquidez que pone el Estado a las autonomías.

Un gusano dentro de una manzana
Y aquí va a haber un punto de fricción importante. La ministra Montero convocó el pasado viernes el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF), tras 18 meses en el cargo (cabe recordar que este organismo debe convocarse dos veces al año), con las regiones en pie de guerra. Tras la asfixia, las deudas no pagadas, los malos datos de paro y los privilegios que ya se han reconocido para Cataluña, hasta los socialistas Lambán y Page acudieron con serias reticencias sobre la evolución del país.

No es para menos. Con datos hasta noviembre, las comunidades autónomas han pasado de un superávit de 1.200 millones de euros en 2018 (0,1% del PIB) a un déficit de 3.125 millones en 2019 (-0,25% del PIB). Esto, teniendo en cuenta que diciembre tradicionalmente es un mes de pagar facturas atrasadas y, por lo tanto, el déficit se dispara, hace difícil conseguir el objetivo de déficit regional del -0,1% del PIB. Incluso, hay regiones como Valencia, Murcia, Extremadura y Castilla La Mancha que ya acumulan un déficit del 1%.

En este contexto, en el Consejo de Política Financiera y Fiscal se trataron dos temas de máximo interés. El primero fue una renegociación del objetivo de déficit, que no es más que aumentar las vulnerabilidades de las regiones más atrasadas, alejarlas de nuevo de los mercados y hacerlas más dependientes del Estado. Concretamente, pasamos de un objetivo de déficit del 0% para 2020 a uno del 0,2% para 2020, 0,1% para 2021 y del 0% para 2022. Lo que supone, en definitiva, volver a los viejos errores de crecer con cargo a déficit y obviar lo que está haciendo la mayor parte de países responsables que avanzan hacia el superávit.

Además, el Gobierno central cava la tumba de las regiones con los 2.500 millones de IVA que les adeuda, tal y como hemos comentado anteriormente. Les informó de que no van a ser transferidos y de que no computarán para el objetivo de déficit 2019 y puso a su disposición el FLA al 0% para hacer frente a sus compromisos de pago.

Las dio, en definitiva, un gusano escondido en una manzana impoluta. El cómputo del objetivo de déficit es algo meramente contable. Lo realmente importante es la deuda que van a tener que asumir las regiones con cargo a un ingreso que no van a tener. Bien en los mercados, o bien a través del FLA, los ciudadanos tendrán que volver a pagar en el futuro por algo que ya han pagado.

Cataluña vs Madrid
Lo que no se tocó en esta cita fue el futuro del nuevo modelo de financiación autonómica. Un modelo que ya parte de la base errónea de otorgar a Cataluña un estatus superior al resto de autonomías como parte del modelo de negociación de una España "para lo que no es suficiente la ley", según palabras de Pedro Sánchez.

Este modelo de financiación se abre en canal con la unidad nacional en jaque y bajo la batuta de un Gobierno socialista que no tendrá ningún reparo en aprobar una nueva normativa que no vaya a favor de nadie y sólo en contra de Madrid. Porque la responsabilidad fiscal para nuestro gobierno es un cuento chino cuando puede tener cada vez a más ciudadanos formando parte de su red clientelar, y, por eso, no tendrá ningún inconveniente en aumentar en, al menos, 2.000 euros la factura fiscal de cada madrileño como parte del proceso de "armonización" fiscal que nos espera.

Para algunos, la negociación de privilegios está por encima de la libertad conseguida por méritos propios. Por eso, les molesta tanto el liderazgo de Madrid, y lo han situado como pieza de caza mayor dentro del Gobierno más intervencionista y liberticida de nuestra historia contemporánea.

Lo pagaremos todos los españoles. Ya lo estamos haciendo con nuestros empleos, y lo haremos con la unidad de España y la pérdida de los valores fundamentales que han construido la sociedad más próspera de nuestra historia y el país que llegó a ser la sexta potencia mundial.


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Cambio en las reglas del juego
 larazon 9 Febrero 2020

Desconocemos si el Gobierno no ha estado coordinado al gusto de su presidente. De lo que sí estamos seguros es de que ha habido un cambio radical en algunas cuestiones políticas. No se trata de juzgar precipitadamente la labor de un Ejecutivo que lleva tan solo un mes, sino de unas decisiones que no pueden esconder que son el sello de marca de esta nueva etapa. Desde este punto de vista, los primeros pasos de la coalición PSOE-Unidas Podemos son preocupantes. El error, como es sabido, está en el origen, tanto en el acuerdo que llevó a Pablo Iglesias a la vicepresidencia y disponer de cuatro carteras –lo que le ha convertido en virtual ganador de las elecciones, aun perdiendo siete diputados– y la hipoteca que supondrá, como en el pacto sellado con ERC y otras servidumbres con partidos como EH Bildu, hecho que, además de la dudosa moralidad que supone, ha descompuesto las bases del pacto del 78. Situar a ambos lados de esta línea a PSOE y PP es un error y una estrategia irresponsable.

Si este cambio busca o no alterar la base de los grandes pactos constitucionales, no tiene importancia porque en política lo que se valora no son las intenciones, sino las consecuencias de los actos. Algunas muestras ya están encima de la mesa. El acuerdo de investidura con los independentistas obliga, sobre el papel, a unas concesiones que tan solo unos meses atrás eran inaceptables para Sánchez, como abrir una mesa de diálogo político sin que los autores del golpe contra la legalidad de octubre de 2017 se retractasen en nada. Se reunió con Joaquim Torra en un encuentro degradante para el Gobierno: el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha retirado, en sentencia firme, el acta de diputado del presidente de la Generalitat por desobedecer las leyes. Ahora, además, exige que para su delirante «diálogo» haya un «relator» que dé cuenta de lo acordado. Todo, por apuntalar su continuidad en La Moncloa. Entre otras condiciones, la «desjudicialización» del «proceso», lo que supuso dar un salto cualitativo en la manera de entender la división de poderes por el sanchismo: nombró fiscal general del Estado a su anterior ministra de Justicia, Dolores Delgado. A continuación, anunció la reforma del Código Penal, especialmente del artículo 544 que afecta al delito de sedición, que es por el que han sido condenados los independentistas que encabezaron el golpe, y cuyas penas quedaría reducidas si no puestos en libertad. Lo pactado se está cumpliendo con una celeridad envidiable con el objetivo de llegar a tiempo a la aprobación de los Presupuestos antes del verano, aunque suponga descoser la cohesión territorial basada –en teoría– en la solidaridad e igualdad.

Las comunidades autónomas reclaman la devolución del IVA que le corresponde, ante la negativa del Gobierno, mientras éste muestra toda su comprensión ante la deslealtad administrativa de la Generalitat. Agravio y desprecio hacia sectores como el agrícola que viven desde hace años en una permanente crisis solventando el problema con la plantilla ideológica de que el campo siempre es conservador –y cómo no serlo– y nada afín a la guerra cultural a la que la izquierda se ha abonado. Ha habido, además, un cambio sustancial en un punto central de la política internacional: el papel de España ante la situación de Venezuela y la relación con el régimen chavista. El trato recibido por el presidente encargado, Juan Guaidó, y la deferencia de José Luis Ábalos hacia la segunda de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, al entrevistarse con ella en Barajas cuando tenía prohibida su entrada en España indica que es un cambio inspirado por Podemos, el mayor aliado del régimen venezolano. El Gobierno de Sánchez ha cambiado las reglas de juego, incluso hacia una institución central como la Monarquía parlamentaria.

Mentiras, imposturas, ficciones
La ausencia de credibilidad y de transparencia es el principal atributo moral (?) de este incipiente mandato. La esencia del sanchismo: una desacomplejada sucesión de falsedades, dobleces y engaños que envuelven la desoladora realidad de un Estado y de unas instituciones arrastradas por el fango
Ignacio Camacho ABC

En un dirigente como Pedro Sánchez, la palabra «mentira» sólo debería salir de su boca asociada a la palabra «perdón». Mentir es por desgracia un vicio frecuente en política, pero no se conoce en la democracia española un precedente siquiera parecido de falsedad continua, de alguien que se haya desentendido con una naturalidad tan cínica de la coherencia no ya entre su discurso y sus actos sino entre sus propias premisas. Este presidente ha hecho de la mendacidad y de la doblez un atributo de estilo, una característica; hasta tal punto que su insinceridad se ha convertido en un rasgo normalizado que en vez de irritación provoca en la opinión pública chistes, memes y risas. Hay que reconocerle un mérito de auténtico fenómeno, de virtuoso, de artista: ha banalizado tanto la falta de credibilidad que los ciudadanos la dan por asumida y la despenalizan como parte de una especie de farsa frívola.

Pues bien: Sánchez el de la tesis, Sánchez el del insomnio, Sánchez el que no pactaría con Bildu, Sánchez el que equiparaba a Podemos con Venezuela y el racionamiento, Sánchez el que llamaba Le Pen a Torra, Sánchez el que prometió penalizar los referendos ilegales, se ha permitido, con un par, acusar de mentir a un periódico. A ABC, que a diferencia del presidente sí conserva el crédito, y le importa seguir teniéndolo, y que lleva esperando más de un año la anunciada querella para debatir ante los tribunales el «porcentaje de coincidencias» del doctorado fraudulento. Si va adelante esa «ley de la verdad» que prometió en la investidura para amordazar a los medios, será divertido pasar primero por su filtro a este Gobierno. El que ha ofrecido seis versiones distintas del Delcygate, lo que significa que al menos cinco de esos relatos no eran ciertos, a la espera del séptimo, y que se niega a entregar las grabaciones de las cámaras del aeropuerto para que no quede de manifiesto que un ministro llevó de paseo por suelo español a una mandataria que tiene prohibido pisar territorio europeo. Si ese escándalo se judicializa, o si la oposición consigue -que no lo conseguirá- investigarlo a fondo en el Congreso, tendrán que aparecer los vídeos… y los listados de llamadas de algunos teléfonos. En las reglas de gobernanza del mundo moderno, la transparencia es, o debería ser, un asunto muy serio.

Pero lo único transparente en Sánchez es su ausencia de escrúpulos tanto para alcanzar el poder como para mantenerlo. Sin ideas ni convicciones ni proyecto, le resulta fácil prescindir de miramientos porque carece de referencias en las que establecer patrones éticos. Le vale cualquier método que responda a las necesidades del momento. Ayer se fue y mañana no ha llegado, como decía Quevedo; sólo rige el presente frenético. Si hay que pactar con los independentistas, se pacta; si hay que humillarse ante Torra, se humilla; si hay que reformar el Código Penal para excarcelar a Junqueras, se reforma, y si más tarde hay que traicionarlos a todos, se les traiciona también a ellos. Ahora toca alcanzar como sea un acuerdo de presupuestos a través del nuevo mantra retórico del “reencuentro”. Y luego ya veremos. Al fin y al cabo se mueve entre consumados expertos en la deslealtad y el enredo, y entre tahúres y fulleros está feo exigirse respeto a las reglas del juego.

De este modo, la legislatura ha devenido un desafío de ventajistas desahogados, una impostura general en la que las reglas convencionales y por supuesto la verdad son papel mojado, vestigios caducos de una política de corte arcaico. En medio de la desconfianza mutua, los actores de este simulacro son al mismo tiempo socios y adversarios. Los líderes separatistas fingen unidad de objetivo y de acción mientras por debajo se apuñalan acusándose recíprocamente de botiflers y de hiperventilados. Puigdemont se disfraza en Bruselas de exiliado y víctima de la represión de un régimen autoritario para preservar la inmunidad que lo mantenga a salvo. El presidente concede a Torra apariencia de igualdad de rango al tiempo que Iceta conspira con ERC el modo de desalojarlo. Junqueras finge desde la cárcel criterio pragmático en tanto hace cálculos de tiempo y porcentajes para intentar el definitivo golpe republicano. Y Pablo Iglesias lima sus perfiles más ásperos y asume un papel disciplinado desde el que organizar sin ruido una estructura de poder paralelo bajo su mando. Sólo el jefe de Podemos y el preso de Lledoners conservan en este baile de disfraces, en este carnaval de máscaras donde nadie es lo que parece, un cierto sentido panorámico. El uno pretende utilizar la vacuidad de Sánchez para ir cambiando la legislación-marco; el otro, fortalecer su liderazgo con una estrategia de independencia a plazos. El presidente, más corto de miras, se conforma con ir tirando.

Y tira a base de mentiras superpuestas y de deteriorar las vigas maestras del Estado al que representa. Desde la Corona, la Justicia o el Parlamento hasta las empresas públicas o el instituto oficial de encuestas, casi no queda una institución grande o pequeña cuya autonomía o su prestigio no haya invadido o menoscabado de una u otra manera. Con su visita a Cataluña no ha roto la unidad nacional pero ha permitido que lo parezca, ha legitimado una sedición, ha difuminado la jerarquía institucional y cuestionado -«la ley no basta»- el concepto del Derecho como directriz suprema, además de admitir privilegios territoriales que violentan el modelo autonómico de solidaridad interna. Después de esa demostración lisonjera, de gestos de vasallaje como el de la reverencia del capataz monclovita ante un don nadie con delirios de grandeza, queda patente que la negociación con el secesionismo, a despecho de anteriores y reiteradas promesas, es la claudicación a un chantaje trufado de exigencias irregulares, sumisiones simbólicas o reales y cláusulas más o menos secretas. Ya cuesta encontrar una verdad, una sola certeza con la que Sánchez haya sido capaz de comprometerse durante un rato de su aún breve presidencia.

Oírlo acusar de mentir a los demás sería un simple y cómico sarcasmo si esa fabulosa exhibición de hipocresía y descaro no representase la verdadera dimensión moral de este mandato. Porque ésa es la esencia del sanchismo: una colección de embustes, ficciones, imposturas y engaños que envuelven la desoladora realidad de un Estado y de unas instituciones arrastradas por el fango.

Todo el calendario manchado de sangre
¿Sabe Sánchez con quién ha pactado?
Ángel Expósito ABC 9 Febrero 2020

Se han cumplido 24 años del asesinato de Fernando Múgica. Y otros 17 años desde que ETA mató a Joseba Pagazaurtundúa. Hace unas semanas recordamos a Gregorio Ordóñez y al teniente coronel Blanco. Y es que resulta casi imposible encontrar una fecha en el calendario que no esté manchada de rojo por un crimen etarra. Es impresionante recordar a Pilar, la madre de Pagaza: «Cosas haréis que nos helarán la sangre». A su viuda cuando supo que enviaban a su marido al matadero. Y volver a escuchar al propio Joseba elogiar a José Luis López de la Calle, también asesinado por ETA.

Igual que pone la piel de gallina rememorar el asesinato de Fernando Múgica: cómo su hijo José María salió tras los etarras; cómo le llegaron a encañonar o por qué el propio Múgica había renunciado a la escolta.

La eurodiputada Mayte Pagaza sostiene que el olvido es la mejor arma de los herederos de ETA. El hijo de Múgica pide huir de los extremos populistas y de los independentismos mientras recuerda a su padre.

Por lo uno y por lo otro, no tenemos derecho a olvidarnos de las víctimas del terrorismo. No hay derecho a que sus herederos nos impongan lo que llaman «relato», cuando en verdad no es más que la historia del terror sembrado por una banda mafiosa, cobarde y repugnante.

PD: No puedo imaginar qué siente la familia Múgica y las otras casi mil familias, cuando ven a Batasuna (o como se llamen ahora) siendo claves en el Parlamento de España.

¿Qué dirían sus asesinados, agonizantes, al verles pactar los presupuestos de Navarra?

El Gobierno en pleno de «ejercicios» en Quintos de Mora, mientras los familiares de los héroes visitan sus cementerios.

¿Es consciente Pedro Sánchez de con quién ha pactado?

Granujas a todo ritmo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 9 Febrero 2020

Hace cuarenta años del estreno de The Blues Brothers, en Méjico Los hermanos Caraduras y aquí Granujas a todo ritmo, título ideal para la desternillante aventura de Jake Jim Belushi, que sale de la cárcel y, con su hermano Elwood, vuelve a ella tras pelearse con la Ley dos horas largas, en una de las mejores comedias musicales de todos los tiempos. Y como Madrid se ha convertido en el centro no sólo español sino europeo, junto a Londres, de un género hasta hace poco reservado a Broadway en Nueva York, desde Madrid llegó a Barcelona esta semana con su orquesta y coro el granuja alto para encontrarse con el granuja gordo y montar el lío.

Un musical más longevo que The Blues Brothers en Broadway es La bella y la bestia, donde los actores se pelean por el personaje de Light, el criado-candelabro que hace las más inverosímiles piruetas sin apagarse nunca. Sin duda inspirado por ese protagonismo del actor secundario, el productor del espectáculo de Barcelona, Iván Redondo, se reservó el mejor número: la inclinación de cabeza del granuja alto ante el gordo, el esguince cervical que lo ha convertido en meme con collarín y que resume muy bien el grotesco espectáculo: dos golfos, carne de prisión, uno en el papel de amo y otro de siervo, delinquiendo y huyendo de la Ley a toda velocidad. En la película, Belushi acaba interpretando El rock de la cárcel entre rejas. En Barcelona, sucede al revés: los delincuentes salen libres mientras los de Madrid caravanean, que así llaman en Méjico al saludo reverencial.

Cuatro delincuentes para un delito
Lo perpetrado por la Famiglia Sánchez en Barcelona se sitúa en su totalidad dentro del ámbito delictivo. El Presidente de la Anti-España, porque el odio a España y su afán en destruirla es lo único que une a todos los partidos, partidas, bandas y facinerosos sueltos que lo llevaron al Poder, ha ofrecido al delincuente inhabilitado Torra, que representa al delincuente huído de la Justicia Puigdemont, cosas que no puede ofrecer sin delinquir, porque afectan a la soberanía nacional, y lo hace para servir a su socio, el delincuente Junqueras, condenado a trece de años de cárcel por su decisiva participación en el golpe de Estado separatista del 1 de Octubre de 2017.

Estos cuatro delincuentes están en distinto grado de ejecución, juicio y condena -Junqueras, condenado por sedición; Puigdemont, en caza y captura por lo mismo; Torra, inhabilitado por desobediencia; y Sánchez va a ser denunciado por la Oposición por prevaricación, malversación de fondos, perjurio y varios atentados contra el orden constitucional, en grado de tentativa o consumados. Puede ir al banquillo y quizás a la cárcel.

Pero los cuatro comparten en el fondo un mismo delito: atentan contra la integridad nacional y la soberanía del pueblo español, de la que, como dice la Constitución, "emanan todos los poderes del Estado". Los cuatro han participado o participan, han encubierto o encubren el Golpe de Estado de 2017, a cuya resurrección dedica el Gobierno todo su esfuerzo. Y no hay una forma más descarada de sumarse al golpe que el documento que entregó Sánchez a Torra cuyo mero título es, en sí mismo, un delito de alta traición: "Abrir vías de negociación y diálogo sobre el futuro de Cataluña".

44 promesas que son 44 delitos
Sánchez promete en ese bodrio delictivo y delictuoso 44 cosas que no debe prometer porque legalmente no puede: negociar el futuro de una parte de España al margen del resto, negociar de igual a igual con esa parte de España, entregar una enorme cantidad de fondos públicos que detrae de las zonas más necesitadas, habilitar las selecciones deportivas catalanas ya denegadas por el Tribunal Constitucional; y "blindar" competencias que colocarían a la media Cataluña separatista, que discrimina a la otra media leal a la Constitución, al margen de las leyes del Estado, en situación de claro privilegio sobre otras regiones y de superioridad de unos ciudadanos sobre otros, tanto dentro de Cataluña como dentro del conjunto de España. Y quieren acostumbrarnos a ver como normal lo inaceptable: que la Ley obedezca a Sánchez y no Sánchez a la Ley.

Sánchez no puede negociar amnistías ni trato alguno que suponga negar derechos civiles a parte de los españoles, y menos aún a todos ellos. Y eso es lo que propone ese documento, que es un monumento al delito. Además de asumir el vocabulario golpista y de ponerse al mismo nivel que lo que representa Torra, una Generalidad sublevada contra la Constitución, Sánchez crea una instancia ilegal, la Mesa de Partidos, en la que atribuye a esos partidos la capacidad que no tienen ni pueden tener jamás para decidir por todos los españoles, al margen de las Cortes y del parlamento regional. No hay una sola frase o un solo propósito explícito, no digamos implícito, que no sea ilegal, ilegítimo, delictivo y delictuoso. Y llevaría a delinquir, por el interés personal de Sánchez y particular del Gobierno y sus socios, a los funcionarios del Estado, casi tres millones con los empleados públicos.

Una estrategia que puede salir mal
La sumisión cervical de Redondo ante el catanazi que dice que los que hablamos español usamos "la lengua de las bestias salvajes", hay que sumar la improvisación en la traición, que no asegura su éxito, que queda a merced de la relación cainita entre la Esquerra y los Cocomochos, que son los herederos políticos legítimos de los cuarenta mil ladrones de Alí Pujol. Como se trata de forjar el tercer Tripartito -Esquerra, PSC y comunistas-, conviene recordar lo que pasó en el segundo, cuando Esquerra entregó la Generalidad a Montilla antes que a Artur Mas, con los comunistas de Iniciativa como convidado de piedra.

Entonces, el pinyol de los Pujol, la segunda generación de niñatos convergentes cuyo jefe técnico era Mas; los Madí, Oriol Pujol, Homs y compañía, rompieron con ERC, se pasaron al separatismo descarado y empezaron a organizar la base institucional de la proclamación del Estado Catalán, obviamente republicano. La Telaraña (Ariel), formidable libro de Juan Pablo Cardenal que se presentará este martes en esRadio, describe con todo detalle e implacable minuciosidad contable la asombrosa máquina de propaganda, que, a partir de un grupo de fanáticos y gracias a una ingente cantidad de dinero público dedicado a la subversión, alzó el separatismo para deslegitimar a España y preparar el reconocimiento exterior del nuevo Estado. No la creó el catalanismo radical de izquierdas, sino el de derechas, aunque ambos sean igualmente racistas, xenófobos y anticatalanes. Los dos odian y querrían fumigar a todos los españoles y a más de la mitad de sus convecinos, que comparten "el idioma de las bestias salvajes", según Torra.

La granujada de Torra a Sánchez
Dentro de la horda catanazi existen, pues, dos tribus enfrentadas: los rufianes y los cocomochos, los del Preso Gordo y los del Forajido Flaco, los que han pactado con PSOE y Podemos y los que serían expulsados del Poder en Cataluña si el tercer tripartito presidido por ERC saliera adelante. Ayer, el fugitivo de Waterloo empezó su particular campaña electoral, con TV3 en su mano mientras Torra conserve, fuera de la Ley, la Generalidad. Cree que le darán la vuelta a las encuestas como ya hicieron la última vez: presentando a ERC como socio del Estado opresor y a ellos como el único obstáculo real al aplazamiento sine die del referéndum y la independencia.

Esto significa que la granujada de Sánchez ha quedado neutralizada por la granujada de Torra, que se ha apropiado de lo conseguido por ERC y tiene en su mano torear, estoquear y apuntillar el proceso dentro del procés puesto en marcha por el Gobierno genuflexo de Sánchez, Iglesias y demás. Estos Yellow Brothers, como los Blues Brothers, jamás debieron salir de la cárcel. Y puede que Sánchez acabe acompañándolos en su vuelta al trullo. Soñar es gratis.

El mayor Judas de la historia de España
EDUARDO INDA okdiario 9 Febrero 2020

Lo de esta semana en Barcelona fue como La Rendición de Breda, retratada por el magistral Diego Velázquez, pero al revés. El que pasa por ser uno de los cuadros más famosos de la historia, y no es para menos por su descomunal calidad pictórica, refleja la entrega de las llaves de la ciudad holandesa a las victoriosas tropas expedicionarias de Felipe IV en 1625, con Ambrosio Spínola y el derrotado Justino de Nassau de protagonistas. Lo del jueves pasado fue una contrarrendición: el que tenía que rendirse jugó el rol de vencedor y el vencedor desempeñó encantado de la vida el papel de rendido. El mundo al revés, bueno, ni más ni menos que el mundo de Sánchez. La crónica de ese 6-F, que pasará a la historia de España como el día de la infamia, fue la de una sucesión de humillaciones en las que quien ponía el látigo era el delincuente, golpista y racista Quim Torra y quien aportaba las posaderas el individuo que es presidente del Gobierno gracias al respaldo de toda la escoria patria. La mofa del lugarteniente de Puigdemont en la posterior rueda de prensa lo dice todo: “Me ha parecido escuchar que el presidente Sánchez reconoce el derecho de autodeterminación”.

Poco eco ha tenido otro de los gestos más degradantes que se comió el representante de todos los españoles ante el delincuente Quim Torra. El regalo envenenado que en forma de libros le hizo el machaca de Carles Puigdemont: “Inventing Human Rights/A history [Inventando los Derechos Humanos/Una historia]” de Lynn Hunt y “Llibertat i Sentit [Libertad y sentido]” de Lluís Solà. El primero en inglés y el segundo en catalán, lengua por cierto que el presidente del Gobierno no domina. Una falta de respeto más. Yo soy Pedro Sánchez y le suelto a Quim Torra dos zascas en forma de recaditos:

—Lecciones de democracia, ni una—.
—Métase los libros donde le quepan, señor president—.

Suscribe todo esto alguien que considera la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 uno de los grandes episodios de la Historia Moderna. Un servidor siempre ha defendido, por ejemplo, la Justicia Universal. Porque los Derechos Humanos no tienen patria ni deben albergar límites. Son un manual de mínimos que deberían ser respetados de Alaska a Australia y de Islandia al Cabo de Buena Esperanza. Pero lo que no puede permitir el presidente de un Gobierno impecablemente democrático es que un ultra, que para más inri acaba de ser condenado, se ría de él con tamaña desvergüenza.

Pedro Sánchez tiene todo el derecho del mundo a ejercer el masoquismo en su vida privada si eso es lo que le pone. Pero no a hacerlo en nombre de los 46 millones de españoles a los que representa. He de recordar que también permitió que le otorgasen trato de jefe de Estado o primer ministro extranjero. Con una diferencia: lo de los libros de marras fue una puñalada trapera, es decir, inesperada, mientras que el protocolo se hizo público al menos 24 horas antes. Por no hablar de esa imagen que consagró el otrora presidente y ahora embajador de Maduro urbi et orbi, José Luis Rodríguez Zapatero: la de las dos banderas —la nacional y la autonómica— al mismo nivel en las reuniones entre el presidente del Gobierno y los jefes regionales. La peligrosa boutade zapateriana se repitió pero esta vez no en Moncloa sino en el Palau de la Generalitat. Si a un extraterrestre recién llegado a la Tierra que no supiera quién es Sánchez ni quién es Torra le solicitasen que describiera la escena, respondería en milésimas de segundo sin dudarlo que se trata de “una cumbre de dos jefes de Estado o dos primeros ministros de dos países diferentes”.

Enseñas aparte, yo me pregunto cómo un presidente del Gobierno, que en teoría es el garante del Estado de Derecho, consiente sentarse con un baranda autonómico recién condenado por uno de los delitos más graves que puede cometer un político en el ejercicio de sus funciones: el de desobediencia. Un delito, por cierto, que atenta contra esa división de poderes que es el punto cardinal de cualquier democracia digna de tal nombre. Item más: nadie en su sano juicio entiende cómo Sánchez ha dado el plácet a la cita cuando su interlocutor no sólo es el jefe de los terroristas callejeros CDR sino que también un golpista en potencia. Si no han sido cinco habrán sido 10 y si no son 10 habrán sido 15 las veces que ha advertido que volverán a perpetrar un 1-O y declararán la independencia de nuevo.

Lo que salió de ese tête-à-tête sería para olvidar si no fuera porque es una realidad que, más pronto que tarde, nos meterán dobladita por salve sea la parte. El Gobierno no sólo acepta la mesa bilateral sino que además da el visto bueno a que en ella se siente un Joaquim Torra que está condenado y, que según los letrados del Parlament de Cataluña, debería haber abandonado ya el puesto. La segunda la conocimos el viernes por boca del tipo que considera que el resto de españoles “tenemos una tara en el ADN”. “Es imprescindible que haya un mediador”, apuntaron desde el entorno del presidente autonómico catalán diciendo “mediador” donde antes hablaban de “relator”. Sea como fuere, me temo muy mucho que nos tendremos que comer con patatas esa figura que emplea habitualmente la ONU para poner de acuerdo a dos naciones en guerra o con desavenencias próximas a la guerra.

El día de la infamia también dio carta de naturaleza a esa “desjudicialización de la política” que en román paladino significa, ni más ni menos, que condenados e imputados por golpismo y otros graves delitos se irán de rositas. Otra afrenta a Montesquieu. Peligroso camino porque sin legalidad, no hay democracia que valga, es más, resulta un imposible físico y metafísico. Junqueras saldrá en breve de la cárcel modelo Pablo Escobar en la que cumple condena, el chulo de Puigdemont regresará a España antes de lo que pensamos y los terroristas CDR se volverán a preparar explosivos a su casa como si nada hubiera pasado.

La traición infinita de Sánchez a España y a los españoles no queda ahí. También da vía libre a esas embajadas que nos cuestan un congo y son el marco en el que el independentismo ha ido gestando complicidades a nivel internacional. De los polvos de la permisividad con las embajadas, vienen los lodos del trato de la prensa internacional y las negativas de otros países a entregarnos a los Puigdemont, Comín y cía. Las selecciones deportivas se “negociarán” lo cual, traducido de la jerga sanchista al español, significa que Cataluña acabará pudiendo disputar competiciones oficiales. Más bemoles tiene si cabe la financiación extra que recibirá TV3 por vía indirecta perdonándole 150 millones de euros que adeuda por IVA. Consecuencia: el órgano de propaganda continuará sembrando el más enfermizo odio a España y reescribiendo la historia y encima con nuestro dinero. No termina ahí la lista de agravios: mientras a nuestros policías y guardias civiles se les continúa pagando menos que a ertzainas y mossos, Sánchez ha garantizado a su quinqui interlocutor 1.500 kilos —que se dice pronto— para el cuerpo policial catalán. Por cierto: el servil cabezazo del Rasputín Redondo a Torra ejemplifica a las mil maravillas quién manda en España.

También se blindará para siempre el fascista sistema educativo catalán que permite adoctrinar a los niños en el separatismo y prohíbe a los progenitores elegir la lengua en la que se educan sus hijos. Claro que teniendo en cuenta que los vástagos no son de los padres, sino de Sánchez, Celaá y ahora parece que también de Torra, eso es lo normal. Más madera: Hacienda niega —¿roba?— el IVA pendiente a las comunidades autónomas 24 horas después de prometer al delincuente Torra un aumento del ¡¡¡60%!!! de las inversiones en Cataluña. Ya saben lo que tienen que hacer Moreno, Page, Vara, Mañueco, Feijóo y López Miras si quieren más pasta de papá Estado: dar un golpe. Es un sistema infalible si María Jesús Montero te hace la cobra. La pasta, con sangre entra.

Pedro Sánchez ha contraído méritos más que suficientes en tiempo récord para que se le otorgue un nada honroso título: el de mayor traidor de la historia de España. La segunda nación más antigua de Europa se va al carajo y no en un par de siglos, que es lo que puede durar la descomposición de un imperio o un país, sino en un par de años. Y él no sólo no lo para sino que lo alienta obligándonos a sus 46 millones de compatriotas a recibir zasca tras zasca de la mano de quienes subvirtieron la legalidad hace dos años y cuatro meses. Nuestro presidente va camino de superar en felonía a ese Carlos IV que regaló España a Napoleón, al Petain que entregó Francia a Hitler y a un Benedict Arnold que rindió West Point a las tropas británicas. Aunque yo, ciertamente, lo veo más de Judas Iscariote: el discípulo traicionó a Jesucristo por 30 monedas de plata y el inquilino de Moncloa nos ha vendido por un Falcon. España le importa un pepino. Todo sea con tal de seguir viviendo en Palacio.

La cerviz apátrida
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 9 Febrero 2020

El Presidente del Gobierno de la Nación se ha entrevistado con el Presidente de una parte de la Nación insurrecto contra la Nación y lo ha hecho en la guarida de la rebelión aceptando discutir en terreno enemigo los términos imposibles de la liquidación de la Nación que preside. Todo el montaje ha tenido un aire irreal, a medio camino entre la farsa y la tragedia, una ocasión pretendidamente solemne a cargo de personajillos de tercera que fingen ser figuras relevantes mientras exhiben sin recato su insignificancia política, intelectual y moral. La guardia de honor de un ejército de pacotilla, la alfombra roja, la revista a la formación de uniformados entregados a la comisión de delitos, dos banderas desiguales por su significación institucional y su peso simbólico desplegadas en pie de igualdad, la escenografía de visita de Estado a un país extranjero, una humillación tras otra a una de las Naciones que han configurado el mundo tal como lo conocemos, mansamente aceptadas por aquel que debería preservar su dignidad y sádicamente infligidas por el que es hoy un usurpador del cargo que ostenta en virtud de decisión del órgano judicial competente. No se puede dar mayor cúmulo de disparates, de bajezas, de inconsistencias, de ridiculeces y de transformación del ejercicio de la función pública en una grotesca mascarada.

Una idea sombría de España
Este espectáculo bochornoso no ha sido un accidente súbito de reciente fabricación, ha sido la eclosión penúltima de un proceso de degradación que se ha venido gestando durante décadas desde la misma Transición. A su vez, los graves errores conceptuales y estratégicos cometidos en 1978, de cuyos polvos proceden los presentes lodos, son el eco de una idea pesimista, hipercrítica y sombría de España que nació en los días aciagos del Desastre de 1898 y que ha ido reptando en la obra de nuestros pensadores, en la actuación de nuestros gobernantes y en la conciencia de la ciudadanía a lo largo de un centenar largo de años hasta desembocar en el oprobio de la plaza de Sant Jaume que hemos tenido que soportar oscilando entre la incredulidad y la indignación impotente.

Extraña manía la de los españoles de segar la hierba bajo nuestros pies, de infravalorar todo lo que es grande y admirable en nuestro pasado para recrearnos en lo que fue erróneo y reprobable. Si se compara la historiografía francesa o británica, por poner dos ejemplos notorios, con la española, llama la atención la capacidad de otros antiguos imperios para realzar los elementos de mayor brillo y prestigio de su trayectoria pretérita comparada con el enfoque masoquista y melancólico de nuestra visión de nuestro propio país. El abandono suicida de la educación en manos de nuestro peor enemigo interno, los separatismos supremacistas catalán y vasco, que han dedicado un ingente esfuerzo a falsear la historia de España hasta conseguir que tres generaciones ya de jóvenes de esas Comunidades se hayan formado en el odio a la matriz común, es un ejemplo palpable de esta pulsión perversamente autodestructiva. Empezando por los regeneracionistas, pasando por los ensayistas de 1914, continuando con los poetas del 27, reiterándose en los prohombres de la Segunda República y del exilio republicano posterior a la Guerra Civil y aceptándose por los protagonistas del paso de la dictadura a la democracia hace medio siglo, nos hemos movido sumergidos en esa paralizante mala conciencia, en esa autoexigencia mortificante que presta alas recurrentemente a las fuerzas que pugnan por acabar con nuestra existencia como realidad histórica, política, cultural y humana y que debilita sistemáticamente las energías saludables que albergamos y que nos permitirían trazar nuestro destino con confianza, seguridad y autoestima.

Cuando Giner de los Ríos hablaba de un pueblo español “amputado de la historia hace más de tres siglos”, Ortega abundaba después en esta idea enfermiza preguntando “¿Cómo ha de ser lícito con frívolo gesto desentendernos de esta secular pesadumbre?” y Azaña remataba “Una verdad arrasa el alma: empujada por la barbarie, España rueda otra vez al abismo de su miseria”, ponían los fundamentos de las concesiones pusilánimes en la Constitución de 1978 a esa doctrina perversa que pone la identidad por encima de la libertad y la igualdad y que nos está disolviendo.

En 1812 y ante los reunidos en Cádiz para alumbrar una nueva era de esperanza y modernidad, Argüelles blandió un ejemplar de la mítica Ley Fundamental que acababan de aprobar y pronunció las hermosas palabras “Españoles, ya tenéis patria”. Poco podía imaginar el ilustre prócer asturiano que llegaría un día de oprobio en el que un joven sin otra motivación que el poder o el dinero al servicio de un aventurero sin escrúpulos doblaría servilmente su cerviz apátrida ante un energúmeno dedicado a arrasar con todo lo que él creyó y construyó arrastrando por los suelos a esa España multisecular fatalmente condenada a caer repetidamente en las manos de los peores de sus hijos.

¿Qué me pasa, doctor?
Pedro J. Ramírez elespanol 9 Febrero 2020

¿Qué me pasa, doctor? ¿Y sobre todo, por qué me pasa, doctor? Le prometo que pongo toda mi buena voluntad, mi actitud más constructiva, al repasar la reunión de Barcelona entre Sánchez y Torra; pero por mucho que intento que me guste lo que veo, no sólo no lo consigo sino que, cuanto más me fijo, peor, casi diría que más monstruoso me parece.

Es un drama, doctor, porque leo otros medios de comunicación, veo las televisiones, escucho las radios, oigo declaraciones de personas por las que siento respeto y estima, me reúno, ávido de argumentos positivos, con este o aquel otro, viajo a Barcelona en pos de la empatía con grandes periodistas o editores y me doy cuenta de que ellos ven cosas buenas en lo sucedido el jueves e incluso que encaran con optimismo la puesta en marcha de la Mesa de Negociación, prevista para este mes; pero yo no lo consigo.

Empezando por el formato de la reunión. Donde ellos ven normalidad, yo no puedo evitar percibir anomalía. Desde luego, en la asunción de la bilateralidad y toda su parafernalia escénica, revista de los Mossos incluida. Eso es lo propio de una relación entre iguales, entre dos estados vecinos, entre dos naciones soberanas, cuando el anfitrión extrema tanto más el boato y la cordialidad en las formas cuanto más graves son los desacuerdos con su invitado. Cuando corresponde a la diplomacia, con sus gestos, allanar el camino para una negociación que evite que un "conflicto político" derive en una guerra comercial o directamente en una confrontación armada.

Y claro que hay un "conflicto político" que dirimir, pero no entre Cataluña y España sino entre el separatismo catalán y el constitucionalismo español que incluye a media Cataluña. O sea, entre ese diez o quince por ciento, si incluimos al separatismo vasco y gallego, de españoles que, en feliz expresión de Madariaga, "se creen no serlo", y el ochenta y cinco o noventa por ciento restante.

La clave de ese conflicto no reside, a mi entender, ni en la imposición del yugo español sobre una imaginaria soberanía catalana, ni en la falta de reconocimiento de una identidad diferenciada, ni menos aún en pretendidos agravios como la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, el desequilibrio fiscal, el déficit de inversiones o la "judicialización" del procés, sino en todo lo contrario.

Todo parte, a mi modo de ver, de la desleal utilización de las instituciones democráticas por una minoría, de ideología reaccionaria, que ha aprovechado las transferencias del Estado en Cultura y Educación, el control de los medios de comunicación públicos y su capacidad de chantaje en el Congreso de los Diputados para desarrollar, durante cuatro décadas, un proyecto insolidario de carácter supremacista, basado en el enfrentamiento primero y la ruptura después con el resto de España.

Lo que se ha venido produciendo ante nuestras narices es un típico proceso de "nation building", sin un correlato real con la Historia, ni fundamento legal alguno. Y si lo que empezó siendo un banderín de enganche archiminoritario ha terminado convirtiéndose en la inmensa estelada que guía a un movimiento de masas es porque, durante todo ese lapso de tiempo -cuarenta años dan para mucho-, los gobiernos constitucionales que vivían al día, han permitido el adoctrinamiento y manipulación acumulativa de la población catalana por parte de esas élites xenófobas, sin buscar el remedio ni por la vía legal ni por la política.

Lo peor de lo que yo percibo como una degradación pública del presidente del Gobierno de España, en la sede de la Generalitat, en el marco de su "visita de Estado" a Cataluña, es la desaparición del referente constitucional. La escenificación de esa bilateralidad invoca un pacto inexistente entre dos fuentes de soberanía, reemplazando así en el imaginario colectivo la estricta realidad de que el Estado se estructuró en comunidades autónomas para cumplir más eficientemente sus fines. Fue una decisión unilateral de las Cortes Constituyentes, a modo de carta otorgada. Fruto del consenso, sí; pero como expresión de la voluntad de un único soberano que no era, ni es, otro que el pueblo español.

La primera consecuencia de esta transubstanciación del "marco mental" en el que tiene lugar la "deliberación pública", que diría Lakoff, es la centrifugación de la Corona como institución representativa de la España constitucional y de su titular como reo del "delito" de haber intentado defender la legalidad en el más que oportuno, imprescindible discurso del 3 de octubre del 17.

Fue el Rey Felipe quien, ante la inhibición crónica de quien pasará a la Historia, por su falta de proyecto, como presidente de la "España vacía", tuvo que denunciar la "deslealtad" de las autoridades catalanas y transmitir a los españoles constitucionales el mensaje de que no estaban solos. Que ahora tenga que pagar por ello la pena de ostracismo en gran parte del territorio nacional y se vea arrinconado en su propio Palacio, como un estorbo, por un presidente con sobrevenidas ínfulas de estadista, es algo que me repugna desde lo más profundo de mi republicanismo cívico.

No sé qué me pasa, doctor, pero yo tampoco puedo mirar a Torra con esa benevolencia que rezuman tantos análisis contemporizadores. Será porque conservo aquel libro ingenuo, De quan les bèsties parlaven, que le sirvió de incomprensible inspiración para describir el "odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza" de los catalanes que hablan castellano. Será porque recuerdo sus arengas a los CDR, en plena kale borroka a la catalana -"¡Apretad, hacéis bien en apretar!"- o su desafiante declaración, remedando a los etarras -"Bienvenida sea la condena"- ante el tribunal que le juzgó por desobediencia. O será, simplemente, porque concuerdo con la definición de un tal Pedro Sánchez, cuando hace menos de dos años, dijo que Torra era "el Le Pen español".

Tampoco puedo ignorar, por mucho que me empeñe, o que me fije en las reverencias estratégicas ajenas, que se trata de un delincuente condenado a dos años de cárcel e inhabilitación que sólo sigue ostentando su cargo institucional a modo de okupa, usurpador o, como mínimo, interino, a la espera de que la sentencia sea firme. Y que en todo momento ha sido un dócil lacayo a las órdenes de un prófugo de la Justicia, al que, si fuera juzgado hoy, le caerían los mismos 13 años de cárcel que le cayeron a Junqueras.

Y respecto al propio Sánchez, qué quiere que le diga, doctor, me encantaría, me ilusionaría, me convendría mucho ensalzar su realismo pragmático cuando se encadena al "diálogo", alegando que "con la ley no basta", pero al escucharle decir eso no puedo evitar acordarme del Robespierre que dictaminó que "la virtud, sin el terror, es impotente". Valiente sentido de la legalidad, si depende de su aceptación dialogada por el que quiere transgredirla, de igual modo que la superioridad moral del orden revolucionario dependía de la guillotina.

Cómo no voy a darme cuenta, doctor, de que estamos al inicio de un "tiempo histórico" nuevo, ante el que, como he hecho durante toda mi vida periodística, procedería conceder el beneficio de la duda a un gobernante legítimo. Pero, para sumarme al nuevo coro de los 'ojalateros' que esbozan imaginarias hojas de ruta para la solución del conflicto -¡ojalá baste con la rebaja del Código Penal y una reforma del Estatut sometida a referéndum!-, igual que los cortesanos del pretendiente carlista desplegaban sus planes de campaña desde la retaguardia -¡ojalá la Expedición Real haga no se qué y llegue hasta no sé dónde!-, para creerme a Sánchez, en suma, tendría que olvidarme no ya de lo que decía hace dos años, sino de sus promesas de hace tres meses cuando aseguraba que penalizaría los referendos ilegales y traería preso al jefe de Torra; o incluso de su primer comunicado de la semana pasada, aplazando, por estéril y absurda, la negociación que ahora emprende a uña de caballo.

Todos estos huecos y fragmentos me rondan la cabeza, cual murciélagos turbando el sueño de la razón, cuando lo que yo quiero, en este alba de una legislatura con todos los visos de ser larga, gracias a la utilidad reactiva de Vox, es tener fe en el "diálogo", como instrumento para el "reencuentro" de España y Cataluña, en esa "nación de naciones" que asoma entre la bruma morada, como meca de la igualdad y la sostenibilidad. Le prometo que amanezco cada mañana con bríos nuevos, para fracasar siempre en el intento al declinar el día. ¿Qué me pasa, doctor?

***
Mi querido amigo y paciente periodista, o más bien mi querido paciente y amigo periodista o mejor aún, mi paciente amigo y querido periodista: a juzgar por todos los síntomas que describe, usted es víctima de reiterados ataques de tripofobia. No, no se ría. Es verdad que el señor Torra exhibe una panza agradecida, pero no me refiero a que usted tenga aversión a los zampabollos o cualquier otra variedad de personas obesas.

Me sorprende que alguien tan amante del lenguaje y de las palabras raras... ¿De dónde saca usted, por cierto, lo de la "murexida", el "mucílago", la "eudemonología" o la "nankurunaisa"? No sé, alguien se las tendrá que soplar... Por eso me extraña tanto que no sepa usted que la tripofobia es una patología que se caracteriza por el miedo y la repulsión a contemplar cualquier tejido repleto de agujeros.

Mire, vamos a hacer una prueba... Saque el móvil del bolsillo. Es un iPhone, claro. Y de los últimos modelos... El iPhone 11 ¿verdad? Sí, es lo que imaginaba. Dele la vuelta y fíjese en la cámara, en esos tres círculos con un agujerito en el centro. Acérquelos a la vista, concéntrese en ellos... Imagine que en vez de tres, hay treinta, más pequeños y más juntos... ¿Por qué aparta la mirada? Concéntrese, piense que en vez de treinta son trescientos... Trescientos agujeros diminutos como las celdillas de un panal, como las perforaciones de un punzón, como las salidas de un hormiguero gigante. Aguante, no retire el móvil. ¿Por qué lo aparta? ¿Le da miedo, siente asco, cosquilleos, nauseas? Todo un poco a la vez, ¿verdad? Pues ya tiene el diagnóstico: tripofobia.

Perdóneme, que haya jugado con ventaja. Esta fobia sólo se descubrió en 2005 y todavía queda mucho por investigar sobre ella. Pero cuando usted ha dicho que le atormentaban los "huecos y fragmentos"... Ah, que es una expresión de Vaclav Havel... Pero usted ni siquiera ha citado a Havel, lo que significa que tiene tan interiorizado ese concepto, esa manera exigente de ver la realidad, que le alteran no ya las imperfecciones, que ésas las ha habido siempre, sino la perforación sistemática del que usted considera el canon que ha hecho posible la prosperidad y estabilidad de España.

Usted tiene dos problemas: por una parte, se siente hijo y partícipe de la Transición, está orgulloso de sus logros y le angustia pensar que ese templo de la concordia pueda ser profanado por los mercaderes y destruido por los demagogos; en segundo lugar, ha estudiado tanto la Historia de España que siente vértigo al menor síntoma de que podamos volver a las andadas cainitas. Ésos son, a mi parecer, los vectores que activan su tripofobia.

¿Que si tiene cura? Yo más bien le preguntaría si usted quiere curarse. Yo puedo ofrecerle no uno, sino dos tratamientos diferentes. Tenemos, por un lado, la Desensibilización Sistemática. Consiste en que, en lugar de pasar de tres a trescientos agujeros, vayamos aumentando la dosis, poco a poco, forzando su umbral de tolerancia.

Se trataría de que usted dejara de ver todos los males que amenazan a España en su conjunto y que aislara cada aspecto o episodio de los demás, buscando sus aspectos positivos. Que se fije, por ejemplo, en lo bonito que estaba el Palau de la Generalitat, en lo inteligente que fue rendir la música de la pleitesía para aplacar a la fiera del fanatismo, en que, en definitiva, como dicen en Moncloa, "la bandera de España siempre estuvo detrás" o en la suerte del Rey Felipe al tener ahora mucho más tiempo para dedicar a Letizia, Leonor y Sofía.

No parece usted muy entusiasta. Ya... Bueno, el otro camino es el de la Terapia Cognitivo Conductual que tendría como objetivo persuadirle, mediante técnicas de empirismo colaborativo de que no lleva usted razón, ni en la alta estima que siente por la Transición ni menos aún en el temor a cambios rotundos que en realidad son imprescindibles para la causa de la igualdad, la justicia social, el bienestar de las clases populares y la emancipación de los pueblos sojuzgados por el imperialismo español. Empezaríamos con una serie de "diálogos socráticos", sí, es verdad, es verdad, el "diálogo", siempre el "diálogo", guiados por expertos del IPRAS... Ah, no sabe usted que es el IPRAS. Sí, compañero, el Instituto Popular de Reprogramación de Actitudes Sociales. Acaba de constituirse, con Pablo e Irene como copresidentes.

No le veo a usted muy convencido... Hombre, también tendría la posibilidad de dejar de leer, escribir o hablar por la tele, que a su edad ya va siendo hora. ¿Cómo que "the best is yet to come"? ¿Está usted loco? Fíjese en todos esos que, habiendo hecho mucho menos que usted, ya sólo juegan al golf o cultivan su jardín. Ah, que usted no quiere ser un muerto viviente... Pues entonces tendrá que conformarse con ser un vivo muriente. Como cualquier adolescente. ¿Igual que la España constitucional? Pues, a lo mejor. Mire, consúltelo con la almohada y vuelva usted mañana.

Bienvenidos a Noespaña
Luis Ventoso ABC 9 Febrero 2020

Los españoles todavía no nos estamos fijando, pero la conclusión ya la tenemos delante de nuestras narices. Lo que está haciendo Sánchez para aguantar en el poder es instaurar un inaudito modelo de España, según el cual cuanto más desleal sea una comunidad autónoma mayor premio y lisonjas recibirá del Estado. Yo soy coruñés (es decir, gallego; ergo español y ahora felizmente afincado en Madrid). Mi comunidad autónoma de origen, Galicia, se ha esforzado en los últimos diez años para conseguir cuadrar sus cuentas y, por descontado, cumple escrupulosamente con la legalidad constitucional, como no podía ser de otra manera. El premio es que el AVE, que llegó hace 28 años a Andalucía y hace doce a Barcelona, sigue de
camino (la ministra de Fomento del zapaterismo, Magdalena Álvarez, hoy condenada por el robo ERE, nos echaba unas broncas tremebundas cuando dudábamos de su enfática promesa de que «el AVE llegará a Galicia en 2012»). En los Presupuestos del Estado el trato es normal, ni bueno ni malo. Los problemas de Galicia no existen entre las prioridades del Gobierno y mediáticamente solo aparece en telediarios y tertulias ante un suceso escabroso. Por fortuna la sociedad civil gallega espabila al margen de la teta pública, y allá, olvidados en su esquina, se han inventado la mayor marca de moda del mundo, Inditex, y la que va camino de ser una gran multinacional cervecera, Estrella Galicia.

Imaginemos ahora que hace tres años el Parlamento Gallego hubiese proclamado la República Galega; que el presidente separatista Feixoo se hubiese puesto chulo y faltón con el Estado y el resto de los españoles acusándolos de robar a Galicia; que la Guardia Civil hubiese sido acorralada toda una noche en una consellería en Santiago por una turba de vándalos, azuzados por asociaciones borrokas subvencionadas por la Xunta; que el déficit gallego fuese galopante; que Galicia hubiese abierto «embajadas» para predicar urbi et orbi que España es una dictadura franquista que machaca a los gallegos; y que, finalmente, desoyendo todas las advertencias, la Xunta hubiese organizado un referéndum de independencia ilegal, con urnas de bazar chino y resultado trucado. ¿Qué habría pasado? Pues que tres años después de ese desafuero tendríamos a Sánchez genuflexo en Santiago para una cumbre bilateral en el Palacio de Rajoy. Allí sería recibido por un presidente separatista inhabilitado por el Estado; con un pelotón de gaiteiros de gala armados con fusiles, y con una pancarta en la fachada afirmando que en España no hay libertad de expresión. El presidente Sánchez declararía que se siente «muy honrado» de visitar a un presidente en rebeldía que le exige la independencia de Galicia como condición sine qua non, y le prometería: diálogo sin límites en una mesa con Galicia, con la autodeterminación en el orden del día; una prima presupuestaria de casi 4.000 millones y estudiar si le da una bicoca tipo cupo vasco; mandar a la justicia y a los jueces al carallo, «porque la Ley sola no sirve», y cambiar el Código Penal de manera exprés al servicio de los presos independentistas gallegos. ¿A qué parece un chiste? Pues es lo que ya tenemos.

Felonía inédita
Daniel Portero, presidente de DIGNIDAD Y JUSTICIA larazon 9 Febrero 2020

“La cárcel de Zaballa ya está preparada para recibir a los presos etarras”

Felón es sinónimo de traidor, canalla, pérfido o falso. Y felonía con las víctimas del terrorismo es lo que pretende este gobierno pro soviético de Sánchez Castejón cuando va a ceder las competencias de instituciones penitenciarias a vascos y catalanes de paso. Pero el gobierno vasco, más inteligente que el catalán, conseguirá que una «pantalla de humo mediática» de alguna noticia catalana de Torra, Puigdemont o Junqueras eclipse la gran y próxima felonía que prepara el gobierno bolchevique de Sánchez-Iglesias. O como buenos felones, buscarán también enfrentar al centro derecha con alguna ocurrencia tipo «PIN y PON» parental para que caigamos en sus redes de enfrentamiento mientras diluyen la gran felonía a las víctimas del terrorismo: acercar a los presos asesinos de ETA al País Vasco, para posteriormente transferirle las competencias en materia de instituciones penitenciarias. Desde hace meses, la cárcel de Zaballa en Álava está habilitando varios módulos para acoger a nuevos presos. ¿Quiénes? Lógicamente los de ETA, como ya hizo hace 10 años el Gobierno. Fue a finales de 2008, cuando la denominada «célula» del Ministerio del Interior de Pérez Rubalcaba ideó la mal llamada «vía Nanclares» para los supuestos presos de ETA arrepentidos a los que se aplicó beneficios penitenciarios a cambio de una simple carta genérica de perdón a las víctimas de ETA que ni pedía perdón ni nada que se le asemejara. Fue cuando entonces, al Ministerio del Interior se les ocurrió hacer los «vis a vis»

–reuniones– entre víctimas y asesinos para que luego fueran aprovechadas por los etarras para redimir condena. Ahora Sánchez planea una nueva reedición de la «vía Nanclares»: ceder todo el poder al Gobierno Vasco para que haga y deshaga en su comunidad autónoma y pueda aplicar el tercer grado penitenciario y, por tanto, la semilibertad de los asesinos de ETA en cuanto pisen suelo vasco, evitando el cumplimiento íntegro de las condenas por sus asesinatos. La cárcel de Zaballa ya está preparada con dos módulos para presos que pudieran gozar del tercer grado. Todo está dispuesto ya. Pero primero son las transferencias de competencias –posiblemente el 20 febrero– y después los acercamientos de asesinos. Sin embargo, somos aún muchos los que haremos frente judicialmente y en las calles a esta felonía monclovita que no es más que una traición más a España, quizás la más grave, y sobre todo a los socialistas asesinados por ETA.
 


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