AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 12  Febrero  2020

El espejito de Casado
Luis Asúa. vozpopuli  12 Febrero 2020

Los gobiernos noveles tienen cierta tendencia al caos. Estos primeros días de gobierno de Pedro Sánchez no pasarán a la historia por la coordinación, y menos aún por la elocuencia de sus ministros. Si Sánchez pretendía disfrazar su debilidad mediante esa peculiar huida hacia adelante que supone el Ivanredondismo (mucho humo y total ocupación de los medios) desgraciadamente para él, en estos pocos días se ha revelado lo contrario: no hay gobierno nacional sino un batiburrillo histérico de posicionamientos e intereses, siendo algunos de ellos claramente rupturistas.

En el caso del PP tampoco es que estén para tirar cohetes. Las opciones dentro del partido se han reducido a dos: los que siguen a Pablo Casado y los que no. A ello hay añadir los lógicos segmentos de edad, que generan importantes afinidades y seguimientos de uno u otro líder. Se ha desistido ya de hacer cualquier esfuerzo por asentar unas mínimas bases ideológicas que reconstruyan la maltrecha coherencia del partido.

El PSOE y el PP de hoy, éstos últimos de forma poco reflexiva, siguen dando pábulo a la idea de las dos Españas. Al PSOE le ha ido muy bien alentando la división de los españoles; lo que empezó con el famoso doberman de Felipe González en 1996 ha tenido una exitosa continuidad con, entre otros, los cordones sanitarios al PP y a Vox, el matrimonio gay, la ley de memoria histórica, el traslado de Franco y demás etcéteras, entre los que incluyo la entrada de Iglesias en el gobierno y el pacto con los independentistas. Políticas que dividen profundamente a los españoles, y que son utilizadas de forma vergonzosamente partidista.

La paradoja es que el mito de las dos Españas no se sostiene ya sociológicamente y algún estudio así lo refrenda. Sólo se usa para la lucha política y de manera, en mi opinión, bastante abyecta. Mi intuición me dice que otra prueba de la desaparición de las dos Españas son las mayorías políticas que arrancan con el franquismo sociológico (entonces había mayoría e incluso bastante unanimidad) que tuvieron una continuidad timorata con la UCD y sacaron todo su esplendor en la gran mayoría absoluta del PSOE de 1982, que luego pasaría a Aznar en 1999.

Una constatación a escala regional de esta idea son las mayorías obtenidas en Madrid por Esperanza Aguirre cuando literalmente arrasó en el “cinturón rojo” de la capital en sucesivas elecciones. Que ahora las califiquen de mayorías “dopadas” es un insulto al votante. Detesto el antropomorfismo de lo colectivo, pero sí creo que estas mayorías se construyen por un trasvase de votos y un aumento de la abstención. Operan como un cuerpo y, a veces, sorprenden (los casos de Aznar y Zapatero son bastante ilustrativos).

El PP absorberá de alguna manera a Ciudadanos y seguirá jugando a las dos Españas, y esto representa un recorrido insuficiente. Ahora sólo queda Voxcomo fuerza política capaz de generar ilusión y obtener votos de la derecha y de la izquierda, como ha quedado electoralmente demostrado. Y por ello crece y por ello da pánico. La relación del PP con Vox está tan desquiciada como los intentos, reitero abandonados, de dar solidez a su propio ideario.

Abascal tiene en la punta de los dedos el sorpasso al PP, pero ya no basado en el desastre del hermano pródigo -ésta era la estrategia de Rivera- sino por el potencial de aglutinar las mayorías que han existido en España. Estas mayorías se basaron en una actitud coherente, eficaz y patriótica, en el mejor sentido de la palabra, dirigiéndose a todos los españoles.

La Historia, delito
Antes de que sea delito hablar de Franco me apresuro a decir cuánto tendrás que jugártela si quieres recordar
Antonio Burgos ABC 12 Febrero 2020

Me temo lo peor. Adriana Lastra, vicesecretaria general y portavoz del PSOE, ha anunciado que el Gobierno reformará el Código Penal para que «la apología y la exaltación del franquismo sean al fin un delito». Será delito recordar parte de nuestra Historia. Me lo veo venir. Y puede darse la paradoja de que si se me ocurre decir que Franco creó el Seguro de Enfermedad, cometeré delito. Y que la misma Policía Social que vino a por mí con Franco vivo, cuando pedía libertades, me detenga ahora por hacer enaltecimiento de la obra del dictador que, queramos o no, es parte de la Historia de España, para bien y para mal. Es curioso cómo muchos que militamos en el antifranquismo durante la dictadura, sin habernos movido de la misma loseta de la libertad, seamos ahora unos fachas y que, si evocamos la Historia, podamos ser condenados como enaltecedores de la obra del General que nos negó la democracia hasta que murió en la cama. Nada de cuanto hicimos contra su Régimen sirvió de nada. Así que antes de que sea delito hablar de Franco o recordar simplemente la Historia cuando el Gobierno haya reformado el Código Penal, me apresuraré a decir cuanto dentro de unos meses tendrás que jugártela si quieres recordarlo.

Pronto será delito decir que Franco, por ejemplo, creó la Seguridad Social Universal con sus magníficos hospitales; el descanso laboral dominical obligatorio; las pensiones por jubilación; el seguro de desempleo; las vacaciones retribuidas; las escuelas de FP y las Universidades Laborales; el Estatuto de los Trabajadores y los jurados de empresa; la radio pública, como RNE, y Televisión Española; la paga extra de Navidad y la de verano, llamada «del 18 de julio»; los convenios colectivos; el Instituto Nacional de Industria; la red de pantanos para fomentar los regadíos y la producción de energía hidroeléctrica.

Franco creó la clase media española, de la alpargata al 600, de vacaciones en Benidorm y piso de protección oficial. Muchos españoles empezaron a tener vivienda propia con Franco. Antes, había reconstruido los ferrocarriles y las carreteras de un país destruido por tres años de guerra fratricida, mientras sufría el cerco internacional por su proximidad a los regímenes dictatoriales perdedores, a Dios gracias, de la II Guerra Mundial. Creó la Renfe y Telefónica e hizo de Iberia la línea aérea de bandera, aparte de modernizar aeropuertos como Barajas o El Prat. Puso a media España en regadío y creó cientos de pueblos de colonización, repartiendo tierras y dando vivienda a trabajadores agrícolas. Creó el Plan Badajoz, el Plan Jaén o los polos de desarrollo industrial. Eligió a Cataluña y las Vascongadas como regiones privilegiadas para fomentar al máximo la industria. Llevó, por ejemplo, a Barcelona la fabrica de Seat, que motorizó a esa nueva clase media que fue el colchón social que evitó los viejos enfrentamientos entre las dos Españas, la de los privilegiados y la de los desesperados por la pobreza. Reestructuró la Red Eléctrica. Creó la primera Gramática de la Lengua Vasca a través de la Diputación General de Guipúzcoa para evitar la desaparición de esta riqueza lingüística. Protegió los premios literarios a las obras de la literatura catalana, floreciente especialmente en el último decenio de la dictadura.

¿Para qué seguir, si son insondables los caminos por los que pronto podremos cometer delito recordando simplemente la Historia? Ahora bien, que conste: como los viejos rockeros de Miguel Ríos, los viejos antifranquistas nunca morimos. Estos del delito de exaltación del franquismo son unos advenedizos que bien callados que estaban con Franco vivo y sólo buscan desenterrar el odio que muchos superamos con la reconciliación de la Constitución de 1978 que promulgó el Rey de Todos los Españoles.

Ni prudente, ni realista ni responsable
Editorial ABC 12 Febrero 2020

A menor crecimiento, más gasto. Este es el lema económico del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, decidido a negar la mayor, de espaldas a la caída de las principales variables macroeconómicas, e insistir en un proyecto definido por el populismo y los intereses electorales. La «prudencia», la «responsabilidad» y el «realismo» marcan, según Nadia Calviño, un cuadro con el que, sin embargo, el Ejecutivo desafía la senda de estabilidad y la disciplina de Bruselas, cuyo dictamen será necesario para dar el visto bueno a unos presupuestos que siguen sin tener fecha de publicación y que dependen de las cesiones del Gobierno a sus socios separatistas.

La adecuación de las previsiones del Ejecutivo a las estimaciones de los principales organismos internacionales, aterrizaje forzoso que ayer llevó a Calviño a rebajar el crecimiento del PIB hasta el 1,6 por ciento en 2020, no se compadece con un aumento del gasto que pasa por alto el frenazo del PIB, la destrucción de empleo y la reducción de los ingresos del Estado. La izquierda no se deja amedrentar por estas adversidades coyunturales y aplica su vieja receta: más gasto. En total, 4.710 millones de euros más, una cantidad cuya recaudación complican, cuando no hacen imposible, la caída del consumo y de las cotizaciones y la desconfianza de los inversores y que elevará el déficit hasta el 1,8 por ciento, objetivo que echa por tierra cualquier plan de contención. Las clases medias -y no los «superricos» que pueblan la fábula populista de la izquierda- volverán a ser las víctimas del golpe fiscal con que el Ejecutivo tratará de evitar el colapso. Disparar el gasto, subir los impuestos y aumentar el agujero del Estado son las genuinas líneas maestras de un plan que no es realista, ni prudente ni mucho menos responsable.

Pedro Sánchez preside; gobierna Pablo Iglesias
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2020

No hay en España quien propague políticas más contraproducentes para la creación de empleo y el crecimiento económico que el líder de la extrema izquierda Pablo Iglesias, defensor confeso de regímenes tan empobrecedores –además de liberticidas– como los que asuelan Cuba y Venezuela. Por otra parte, se puede decir con la misma seguridad que no hay político en España menos indicado para hacer frente al desafío separatista catalán que el propio Pablo Iglesias, defensor confeso de la impunidad de los golpistas y del mal llamado 'derecho de autodeterminación'. Al punto de que Pedro Sánchez, cuando creía que podía mantenerse en el poder sin el apoyo del taimado comunista, llegó a confesar que, por esa precisa razón, no podría "dormir tranquilo" si lo tuviera empotrado en el Gobierno.

Pues bien, el papel de Iglesias en el Ejecutivo de Sánchez no sólo no ha quedado diluido por la existencia de tres vicepresidencias más, sino que el cabecilla de la facción comunista del Consejo de Ministros está adquiriendo un gran protagonismo en asuntos tan importantes como la consecución de los apoyos parlamentarios suficientes para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y cortejar a unos separatistas empeñados en seguir adelante con la voladura de la unidad de España y de su orden constitucional.

Así, si el lunes la portavoz del PSOE, Adriana Lastra, anunciaba la incorporación de Iglesias a la ominosa mesa de negociación con los golpistas, que ha de reunirse antes de que acabe el mes, este martes la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, ha comunicado el retraso de la presentación de los Presupuestos a la espera de que el mediador Iglesias recabe el apoyo de ERC.

Por mucho que Montero asegure que Iglesias seguirá "las directrices marcadas por el presidente", lo cierto es que es el capo comunista el que está marcando la agenda del Gobierno tanto en el ámbito económico como en la cuestión catalana. No hay más que ver el cambio de discurso de Sánchez, que ha pasado de querer detener a Puigdemont, penalizar los referéndums ilegales y aplicar el artículo 155 en Cataluña a dar interlocución y prometer mayor financiación al condenado Quim Torra, que incomprensible e indignantemente sigue detentando la Presidencia de la Generalidad. Por lo que hace a la economía, hasta la supuestamente ortodoxa vicepresidenta Calviño ha asumido las tesis de Podemos y tenido la desfachatez de asegurar que el Pacto de Estabilidad "no es útil para España".

Otro tanto se podría decir de la actitud del Gobierno ante el criminal régimen de Nicolás Maduro o de sus reiteradas amenazas a la libertad de expresión, plasmadas estos días en la pretensión de tipificar como delito la apología del franquismo.

Definitivamente, ya no es que el PSOE no esté moderando a Podemos, sino que los comunistas están radicalizando a un PSOE que por otra parte se está dejando radicalizar con entusiasmo. Estamos, sí, ante un Gobierno comunista presidido por un socialista sin escrúpulos capaz de cualquier cosa con tal de seguir en el Poder. Los perspectivas son, pues, estremecedoras.

Ábalos, un ministro a la fuga
OKDIARIO 12 Febrero 2020

Ante el cerco de la oposición al ministro José Luis Ábalos por su turbio encuentro con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, en la madrugada del pasado 20 de enero, el titular de Fomento ha decidido tirar por la calle del medio. Esto es, escapar a las preguntas del PP y Vox ausentándose del pleno del Congreso de los Diputados a partir de la semana que viene.

No parece la mejor manera de contribuir al esclarecimiento de los hechos, ni tampoco supone un ejemplo de transparencia democrática. Más bien todo lo contrario. En democracia, la oposición cuestiona y pregunta y los miembros del Gobierno responden. Ante un caso marcado por un cúmulo de contradicciones envueltas en el más absoluto oscurantismo, el ministro Ábalos, por mucho que cumpliera un mandato de lo más ingrato, no puede eludir su responsabilidad en sede parlamentaria.

El Congreso es la sede de la soberanía nacional y Ábalos tiene la obligación de explicarse. Es una cuestión básica de higiene democrática. Hoy sí que asistirá al Pleno, pero no al siguiente, justo cuando arrecian las preguntas por su papel en la visita de la mano derecha de Nicolás Maduro al aeropuerto de Barajas.

Lo que está ocurriendo, con la Mesa del Congreso vetando cinco preguntas de Vox sobre la presunta financiación irregular del partido de Pablo Iglesias a través del Gobierno de Rafael Correa en Ecuador, no es de recibo. Estamos ante un bloqueo a la democracia promovido por las fuerzas que sustentan el Gobierno socialcomunista y sus aliados.

La semana que viene, PP y Vox volverán a insistir sobre el encuentro furtivo de Ábalos con la vicepresidenta del régimen dictatorial de Nicolás Maduro, pero el ministro se quitará del medio, que es tanto como rehuir su compromiso de esclarecer las razones de una entrevista que ha generado un alud de dudas que necesitan ser disipadas. Darse políticamente a la fuga es burlar la democracia. Y eso es tan grave, o más si cabe, que reunirse con alguien que tenía prohibida su entrada en Europa.

Lo del PIB es culpa de un virus
Editorial larazon 12 Febrero 2020

El Gobierno socialista se escuda en el contexto volátil internacional y en la amenaza sanitaria para rebajar el crecimiento económico español y subir la previsión del déficit fiscal.

El Gobierno ha admitido que no podrá cumplir el acuerdo presupuestario comprometido con la Comisión Europea para 2020. Las previsiones de ingresos caen, el gasto público crece y el panorama del mercado laboral se nubla. A falta de cerrar los datos de 2019, ya podemos adelantar que, por primera vez desde 2012, las arcas del Estado han visto disminuir sus ingresos con respecto a las obligaciones de pago. Para el ejercicio que comienza, la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, calcula que el desfase entre ingresos y gastos se incrementará en 22.400 millones de euros, lo que supone elevar el conjunto del déficit hasta el 1,8 por ciento del PIB, frente al 1,1 pactado con Bruselas hace sólo cuatro meses.

La vicepresidenta Calviño se excusó ayer en que «han surgido nuevas amenazas de tipo geopolítico e, incluso, sanitario, en un contexto internacional relativamente volátil que nos hace ver el escenario desde el principio de prudencia». Es decir, que la infección del coronavirus, cuya incidencia en los mercados internacionales nadie puede estimar con un mínimo de seriedad, ha pasado a engrosar el arsenal de justificaciones de este Gobierno, por otra parte, ducho en echar balones fuera y buscar culpables ajenos. Con la ventaja de que, en esta ocasión, y a diferencia de los agricultores, el coronavirus no puede defenderse.

Ironías aparte, el Ejecutivo de coalición se reserva la parte del león del nuevo techo de gasto –para sus «políticas sociales»–, mientras deja las sobras a las Comunidades Autónomas que, no lo olvidemos, son las que corren con los gastos crecientes de Sanidad, Educación y Dependencia. Por último, la vicepresidenta Calviño se acoge a la previsión gubernamental de que el consumo interno privado crecerá el 1,5 por ciento, lo que no deja de ser un exceso de optimismo ante un mercado de trabajo que, según el mismo Gobierno, perderá seis décimas de crecimiento y no podrá reducir la tasa de paro por debajo del 13,6 por ciento.

Alguien, pues, está fuera de la realidad y no son , precisamente, los analistas económicos y financieros que vienen alertando de las consecuencias negativas de la actual política de expansión del gasto. Incluso suponiendo, como hace el Gabinete que preside Pedro Sánchez, que nos acercamos a un ciclo económico expansivo, lo que se contradice abiertamente con las excusas de la vicepresidenta Calviño de que nos encontramos en un contexto internacional volátil, las previsiones de crecimiento más optimistas no cubren el gasto fiscal previsto, que no deja de crecer: entre 2018 y 2019 el techo de gasto subió un 4,4 por ciento, y entre 2019 y 2020 se prevé que suba otro 3,8 por ciento.

Con todo, lo peor es que la posibilidad de que los ingresos del Estado aumenten por la vía natural de una mayor actividad económica se desvanece cada vez que un sector productivo español, ya sea la industria del automóvil, la agricultura o la construcción, hace públicas unas cifras que van claramente a la baja. No es casualidad que los últimos datos del mercado de trabajo referidos a enero hayan sido los peores desde que comenzó tímidamente le recuperación en 2013. Por lo tanto, el Gobierno de coalición tendrá que incrementar la presión fiscal sobre el conjunto de la población española, pero, especialmente, sobre las empresas y la clase media. Y no hablamos de subidas impositivas «verdes» o de gravar aún más el clásico trío del combustible, el tabaco y el alcohol, porque son partidas que no cubren ni de lejos el presunto «gasto social» anunciado. Sólo el IRPF y el impuesto de sociedades, ya que el IVA se considera un tabú, operan con fuerza al hablar de ingresos fiscales. Parece que, una vez más, un Gobierno de izquierdas va a llevarnos, por el camino de la demagogia, hacia un escenario conocido.

Federico Jiménez Losantos, Premio Juan de Mariana 2020
Libertad Digital 12 Febrero 2020

Se une de esa manera a una lista de galardonados en la que se encuentran, entre otros, Mario Vargas Llosa y Luis Reig.
Premios Juan de Mariana

El Instituto Juan de Mariana ha galardonado a Federico Jiménez Losantos con el Premio Juan de Mariana 2020 por su "trayectoria ejemplar en defensa de la libertad". Se une así a una lista de premiados que aglutina a personajes tan relevantes como Mario Vargas Llosa (2012), Carlos Rodríguez Braun (2013), Robert Higgs (2015) o Antonio Escohotado (2019).

Recibirá el premio durante la Cena de la Libertad del próximo 5 de junio, en un acto que cierra la conocida como Semana de la Libertad desde hace trece años, y que reúne en cada ocasión a alrededor de 200 liberales destacados de España y Latinoamérica.

Los anteriores galardonados, que además ejercen de jurado junto al presidente y el vicepresidente del Instituto, son:

Luis Reig Albiol (2007)
Manuel F. Ayau Cordón (2008)
Anthony De Jasay (2009)
Giancarlo Ibargüen S. (2010)
Carlos Alberto Montaner (2011)
Mario Vargas Llosa (2012)
Carlos Rodríguez Braun (2013)
Pedro Schwartz Girón (2014)
Robert Higgs (2015)
Jesús Huerta de Soto (2016)
Alberto Benegas Lynch (h) (2017)
Alejandro Chafuén (2018)
Antonio Escohotado Espinosa (2019)

En el último año, Jiménez Losantos ha sido distinguido con diversos reconocimientos, tales como el II Premio Escuela de Salamanca, la Medalla de Oro de la asociación Dignidad y Justicia y el Premio Libertad 2019, este último en nombre del periódico Libertad Digital.

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Una diligencia sospechosa
José Manuel Otero Lastres ABC 12 Febrero 2020

Desde que el nuevo PSOE adoptó la estrategia de reabrir las heridas de la Guerra Civil y enterrar la reconciliación, ensalzada y aplaudida internacionalmente, saca a pasear, cuando la ocasión lo requiere, el fantasma del franquismo, como si se tratara de una herida todavía abierta y no definitivamente suturada por el pasado más próximo. Todo parece indicar que el PSOE está a punto de hacer un nuevo truco de magia y necesita distraer la atención del pueblo, haciéndolo mirar de nuevo al fantasma del franquismo.

En efecto, en una recientísima intervención en el foro «Nueva Economía», Adriana Lastra adelantó a los asistentes la primicia esperada impacientemente por la ciudadanía de que en la próxima reforma del Código Penal se incluiría el delito de «apología del franquismo». No sé ustedes, pero yo, que procuro estar al tanto de lo que se publica en los medios, no he advertido la presencia de un número preocupantemente creciente de discursos orales o escritos en defensa o a alabanza de Franco y su régimen. Y si esto es así, volver a agitar el «muñeco» del franquismo solo puede tener una finalidad perversa: tratar de colarnos sin que nos demos cuenta una reforma del delito de sedición que facilite la salida rápida de la cárcel de los independentistas condenados por la sentencia 459/2019, de 14 de octubre por su actuación en el llamado procés.

Lo que resulta sorprende de esta nueva operación del PSOE es que trata de reconstruir nuestra «memoria histórica» incluyendo una parte de nuestro pasado ya cerrada por la vía de la reconciliación, como es la superación del franquismo, pero olvidando -y esto es realmente sospechoso- la importantísima resolución del Parlamento Europeo de 19 de septiembre de 2019 sobre la condena del nazismo y del comunismo y su inclusión en la memoria histórica europea.

Como seguramente sabrán, el Parlamento Europeo, con vistas a la conformación de «una memoria histórica europea para el futuro de Europa» aprobó un texto que invoca «los principios universales de los derechos humanos y los principios fundamentales de la Unión Europea como una comunidad basada en valores comunes». En este texto, se destaca que «… sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el nazismo el estalinismo y otras dictaduras, evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos» (Considerando E); que «deben mantenerse vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria» (Considerando H), y «que recordar a las víctimas de los regímenes totalitarios y reconocer y divulgar el legado común europeo de los crímenes cometidos por las dictaduras comunista, nazi y de otro tipo es de vital importancia para la unidad de Europa y de los europeos, así como para consolidar la resiliencia europea frente a las amenazas externas actuales» (Considerando I).

En la parte de las medidas concretas que deben impulsar los Estados miembros, interesa subrayar que se «recuerda que los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad» (punto 3), y se pide la «condena toda manifestación y propagación de ideologías totalitarias, como el nazismo y el estalinismo, en la Unión» (punto 6). En todo este documento dedicado expresamente al nazismo y al comunismo como regímenes totalitarios, se hace referencia ocasionalmente a «otras dictaduras». En virtud de esta expresión, podría haber quien defendiese la inclusión del franquismo entre esas «otras dictaduras», lo cual implicaría su inclusión entre los totalitarismos condenados por el Parlamento. Esta tesis chocaría, sin embargo, con una objeción que me parecen insalvable. A saber: en el propio documento se otorga un peso determinante a la «reconciliación» como causa «sanadora» ad futurum del período totalitario precedente. Así se dice, por ejemplo, en los Considerandos D y H y en el punto 13. Y precisamente por no haber seguido un proceso de reconciliación el Parlamento Europeo considera que Rusia tiene obstaculizada su evolución hacia un Estado democrático y sostiene que la élite política y la propaganda política continúan encubriendo los crímenes comunistas y ensalzando el régimen totalitario soviético (punto 15 del documento).

Pues bien, llegados a este punto, a cualquier ciudadano medianamente informado seguramente le sorprenderá la diligencia con la que el PSOE pretende incluir en el Código Penal el delito de exaltación del franquismo y que no se haya hecho absolutamente nada por trasladar a nuestra memoria histórica la condena del comunismo. ¿Se imaginan qué sucedería? ¿Veremos alguna vez trasladadas a la realidad española las consecuencia del texto del Parlamento Europeo?
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José Manuel Otero Lastres es catedrático y escritor

El Gobierno convertirá en delito pensar diferente
Liberal Enfurruñada Okdiario 12 Febrero 2020

La portavoz del partido que ha llegado al Gobierno en coalición con los comunistas que crecieron en España de la mano de los tiranos y dictadores chavistas y que consiguieron ser investidos gracias a los que homenajean a etarras y a los separatistas admiradores de golpistas condenados anunció que van a reformar el Código Penal con la intención de meter en la cárcel a quienes hagan apología y exaltación del franquismo porque, dijo la bachiller Adriana Lastra, «en democracia no se homenajea ni a dictadores ni a tiranos». Y se quedó tan ancha, como si ella no hubiera visto a la mitad de sus ministros rindiendo homenaje a todos los tiranos y dictadores de extrema izquierda que han existido en el mundo.

Pero es que en España casi no hay franquistas. Los partidos franquistas no han conseguido ni un solo diputado desde 1977 y llevan años sin alcanzar ni siquiera el 1% de los votos en unas elecciones generales. Hasta que la Ley de Memoria Histórica lo prohibió, en el Valle de los Caídos se celebraba cada 20 de noviembre, en el aniversario de la muerte de Franco y José Antonio, una misa y una concentración a la que apenas acudía un puñado de sus muy escasos nostálgicos. Y la Fundación Nacional Francisco Franco que ahora se pretende ilegalizar apenas está formada por un minúsculo puñado de “caballeros y damas”, la mayoría de los cuales ya hace décadas que cumplieron la edad de jubilación.

Lo que sí hay en España son muchos comunistas. Los partidos comunistas suman casi 50 diputados en el Congreso actual y recibieron casi el 20% de los votos en las últimas elecciones generales. El vicepresidente del Gobierno y varios de nuestros ministros se han declarado comunistas pública y repetidamente y han homenajeado a tiranos como Lenin, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales y el asesino Che Guevara. Pese a que el Parlamento Europeo aprobó el año pasado una resolución que condena toda propagación del comunismo y del nazismo a los que equipara, ya que ambos “cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

Un boicot infame a Vox
Miguel Ángel Belloso. vozpopuli 12 Febrero 2020

La batalla de Vox en el ámbito educativo es oportuna, porque es en la escuela donde se inocula el virus que infecta a toda la sociedad

El 14 de diciembre de 2003 los socialistas de Cataluña más la Esquerra Republicana que entonces dirigía el inefable Carod-Rovira, junto al resto de excrementos de izquierda que siguen contaminando aquella tierra, firmaron el Pacto del Tinell, que catapultó a Pasqual Maragall hasta la presidencia de la Generalitat con el objetivo, entre otros, de impulsar un nuevo Estatut que, como era claramente inconstitucional, fue recortado en el Congreso de los Diputados y luego demediado por los tribunales correspondientes para deshonra del títere de dictadores José Luis Rodríguez Zapatero, el que en su momento dijo a Maragall que “os aprobaremos lo que traigáis”.

Pero lo peor de aquel pacto, causa de gran parte de los males que aquejan a la nación, es que en su punto uno se establecía el compromiso de todos los firmantes para no llegar jamás a acuerdo de ninguna clase con el Partido Popular que entonces dirigía José María Aznar, a la sazón presidente del Gobierno. Esa fue la primera vez durante la transición democrática que las izquierdas mostraron sin complejos su vis totalitaria genética, excluyendo a la derecha de cualquier negociación posible, e instalando en el imaginario público el llamado ‘cordón sanitario’ hacia, más que el adversario, el declarado enemigo.

Este es el antecedente indeleble por el que no logro entender cómo el Partido Popular, que lleva padeciendo intermitentemente aquel hecho ignominioso, haya permitido establecer un cordón sanitario similar sobre Vox, que es una formación claramente afín, que ha nacido y prosperado por mor de sus múltiples errores, y que se haya confabulado con el resto de los grupos políticos para impedir que la marca de Santiago Abascal tenga las presidencias, secretarías y puestos en las numerosas comisiones del Congreso de los Diputados que le corresponden según los votos obtenidos y la representación política equivalente. Las comisiones son muy importantes porque ordenan el trabajo parlamentario y son cruciales de cara al protagonismo público. Por eso este es un hecho moralmente indigno que no tiene un pase, y que desgraciadamente da que pensar sobre los complejos de identidad que siguen asolando a la derecha española por mucho que Pablo Casado haya decidido hacerles frente.

Cambio de régimen
Esto que ha sucedido revela que al PP le queda mucho por hacer para fulminar a los ‘blandos farnientes’ que todavía pueblan el partido y cuya única vocación es la de conspirar y la de entorpecer la labor de quien ganó las primarias limpiamente, claramente y a pecho descubierto. Ya he escrito muchas veces que Casado no debe caer en la trampa que le tiende la izquierda, ni honrar los consejos venenosos con los que le obsequia un día tras otro el diario El País, el periódico gubernamental, que sólo aspira a ver una derecha hundida y genuflexa, dispuesta a facilitar la labor de un Ejecutivo infame, poblado de gente de la peor especie, determinada, con la complacencia de Pedro Sánchez, no sólo a impulsar el eventual cambio de régimen sino a crear una nación nueva, la más progresista del mundo, aunque el objetivo exija reproducir los vientos de discordia civil y de enfrentamiento social que ya generó Zapatero durante su paso por La Moncloa.

Mañana será la ley de la eutanasia -que no forma parte de la agenda de la ciudadanía corriente-, después vendrán las normas que prevé dictar la esposa del vicepresidente Pablo Iglesias, el más fatuo y ridículo de un Gabinete que supera con creces a los inquilinos del camarote de los hermanos Marx, sobre la libertad sexual, y con posterioridad todas las ocurrencias del resto de los ministros manicomiales de este político sin principios que es el presidente Sánchez. El señor Iglesias, el esposo del primer matrimonio que en toda la historia española forma parte del Consejo de Ministros, ya nos ha anunciado que prepara una ley para la protección de la infancia y de la adolescencia, es decir, para inocular entre nuestros vástagos la semilla del totalitarismo, o sea que la gente de bien tiene que estar muy alerta y atarse los machos.

Casado no tiene nada que pactar con Sánchez, un mentiroso compulsivo que gobierna con el que dijo que le quitaba el sueño y que se acaba de reunir con Torra, del que no hace poco echaba pestes. No hay nada que transaccionar con este Gobierno vil que se propone instalar un modelo social sectario, despreciando a más de la mitad de la población. Contra lo que le aconsejan los aviesos soldados del diario El País, en contra de lo que postulan los miembros lanares y acomodaticios del PP, debe hacer la mayor crítica hiperbólica posible en cuestiones tan notables como Cataluña, el modelo territorial, el presupuesto público, el mercado laboral y la sana convivencia ciudadana. Debe ser rotundamente hostil al paisaje apocalíptico al que quieren conducirnos los señores y señoras que ya nos gobiernan sin escrúpulos. Y también el PP debería abjurar de los cantos de sirena que le lanzan sobre los peligros de acercarse a la mal llamada extrema derecha, con la que está obligado a aliarse por el bien del país.

Vox no es un partido ultra. Es una formación desprejuiciada. Ha nacido para combatir la dictadura de lo políticamente correcto y disputar la hegemonía cultural de la izquierda; en las calles, en los medios y en las instituciones, allí donde tenga la mínima posibilidad de dejarse escuchar. Y de momento lo está haciendo bien. Su pelea en el ámbito educativo es oportuna, porque es en la escuela donde se cuece el virus que infecta a toda la sociedad y donde la izquierda conserva un monopolio nauseabundo desde la época de Franco. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, dice que no hay quejas de adoctrinamiento por parte de los padres, pero esto no quiere decir que no haya adoctrinamiento, que lo hay -el colectivo LGTBI debería ser desalojado de cualquier escuela o instituto-, sino que los padres, entre los que me encuentro, hemos descuidado tanto el control sobre lo que se enseña a nuestros hijos que el sistema funciona a su albur, sin contraste, vigilancia ni oposición alguna.

En el Consejo de Ministros se sienta por primera un matrimonio de comunistas que refuta la Monarquía parlamentaria, que disiente del actual modelo territorial y que reniega de la economía de mercado

Pero lo peor del sistema educativo no es ya la confusión que los perniciosos colectivos citados puedan infundir en nuestros hijos sino la instrucción básica, que es a lo que principalmente deberían dedicarse los centros de enseñanza, y que actualmente está contaminada por la ideología, produciendo los pésimos resultados que observamos un año tras otro en el informe PISA, en el que nuestros hijos salen siempre malparados en el ejercicio de las matemáticas, en comprensión lectora o en el conocimiento de la historia, dando lugar a unos alumnos deficientemente formados y en muchas ocasiones totalmente desorientados sobre las exigencias y oportunidades del mercado laboral.

Vox es un partido perfectamente constitucional, leal a la Monarquía parlamentaria, que promueve harto de causa la racionalización del modelo autonómico, que quiere frenar con razón la inmigración irregular, que postula la reducción de los impuestos y el recorte del gasto público improductivo y que defiende la unidad de España. ¿Cuál es el problema? También es verdad que está en contra de las leyes aprobadas para combatir la violencia de género -defendiendo otras alternativas que merecería la pena tomar en consideración- y que se opone al feminismo radical dominante. Entretanto, en el Consejo de Ministros se sienta por primera vez en la historia de España un matrimonio de comunistas -pastoreando a gente de igual pelaje- que refuta la Monarquía parlamentaria, que disiente del actual modelo territorial y que reniega de la economía de mercado. ¿Quién es mejor, Vox o Podemos? Si como pienso, la gente con sentido común no tendrá duda alguna a la hora de responder entonces llegaremos todos a la conclusión de que el boicot o el cordón sanitario impuesto en el Congreso a Vox, con la complicidad del Partido Popular, es una maniobra gratuita y totalmente infame.

Una «mesa» para secuestrar España
Editorial ABC 12 Febrero 2020

La conformación de una «mesa de negociación» entre el Gobierno y el separatismo catalán no es un angelical canto al diálogo para resolver el «conflicto político» anulando a los Tribunales. Muy al contrario, es sacar del Congreso y el Senado lo que debería ser objeto de discusión parlamentaria. Es inhabilitar de facto el papel de la justicia y, sobre todo, es maltratar a esa mitad del electorado del centro y la derecha que se niega a que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pongan a España en almoneda rindiéndose a un chantaje. La rebeldía política y jurídica de la Generalitat y de más de medio Parlamento catalán no ha sido causada por el resto de España. No es un conflicto con origen en una disputa entre iguales para cuya resolución sean necesarios mediadores, relatores o notarios de una infamia. Sin embargo, Sánchez se ha rebajado al independentismo con una maniobra tan sibilina como claudicante. En la «mesa» estarán sentados el Gobierno socialista, el PSC, Unidas Podemos, ERC y la Generalitat, como si el resto de partidos, especialmente los constitucionalistas, no tuvieran nada que aportar. Esta «mesa» pretende secuestrar al Parlamento como sede de la soberanía nacional. Pretende tomar decisiones en nombre de todos los españoles, pero negando la voz a más de la mitad que no vota a esas opciones políticas, y obviando que la inmensa mayoría, sea de izquierdas o de derechas, no desea la independencia de Cataluña. Por lo tanto, resulta abusivo dar cobertura a la estrategia del independentismo haciendo creer al ciudadano que Sánchez resolverá con el manido mantra del diálogo lo que no han podido resolver la Constitución ni el poder judicial con sus sentencias. Sánchez incurre en un manierismo ególatra y falsario porque todo su tacticismo con la Generalitat se basa en la idea de que España ha humillado a Cataluña. O que merece otro trato y que el resto de españoles no entiende de sentimientos.

Sánchez está victimizando de modo indigno a dirigentes condenados penalmente, a presos golpistas, y a prófugos. Incluso, trata de hacer creer a los españoles que el constitucionalismo es represivo frente a los deseos de autodeterminación de los pueblos, y que la legalidad es subalterna del oportunismo político. Su error es mayúsculo. En política, no hay nada menos fiable que el secesionismo exacerbado, pero Sánchez se ha encomendado a él por la única razón de que su supervivencia política depende de unos sediciosos. Por eso, el PSOE aspira a que todos los españoles paguen la cuenta inoculando en ellos el falso paradigma de que la Constitución merma libertades, o de que la unidad nacional es un concepto trasnochado propio de regímenes parafascistas. Esa «mesa» no es una extensión del Parlamento, sino una excusa de Sánchez para tomarlo como rehén.

Crecer menos... y gastar más
Editorial El Mundo 12 Febrero 2020

O algo no encaja en las previsiones macroeconómicas del Gobierno o el Gobierno no nos está contando toda la verdad sobre sus intenciones. En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, Nadia Calviño rebajó ayer dos décimas su previsión de crecimiento para este año, hasta el 1,6%, mientras que María Jesús Montero informó de la decisión de elevar el techo de gasto en 2020 hasta 127.609 millones, lo que supone un 3,8% más respecto al de 2019; todo ello sin informar del grado de desvío en el objetivo de déficit registrado el pasado año. Si vamos a crecer menos pero vamos a gastar más y no sabemos de dónde partimos, el Gobierno debería explicarnos ya cómo piensa guardar el equilibrio presupuestario. No parece fácil cumplir con Bruselas, cuadrar las cuentas y complacer a los insolidarios nacionalismos vasco y catalán -de los que depende la aprobación de los Presupuestos- sin recurrir a un hachazo fiscal que el Ejecutivo se empeña de momento en ocultar.

Rebajar dos décimas el crecimiento supone reconocer que la desaceleración viene más fuerte de lo esperado. El horizonte por tanto invitaría a practicar una política económica responsable, que tenga muy presentes los errores del pasado reciente, cuando el disparo del gasto político agravó una crisis de la que solo tras mucho esfuerzo y a un alto coste social ha sido posible salir. Pero la debilidad parlamentaria de este Gobierno entrega todo su margen de maniobra a la estrategia de sus socios nacionalistas, que ya se han ocupado de reconocer paladinamente que la gobernabilidad y la solidaridad con el resto de españoles les importa un comino. El PNV exige el traspaso del pago de las pensiones, lo que abriría la puerta a la quiebra de la caja única de la Seguridad Social en un futuro ya no lejano, y con ello a la completa soberanía fiscal de Euskadi. En cuanto a Cataluña, el eufemístico plan para el "reencuentro" diseñado por la propaganda de Moncloa resulta muy poco novedoso: prolonga y acentúa la táctica del apaciguamiento a golpe de talonario. Pero una nueva lluvia de millones sobre la Generalitat, aparte de enviar un mensaje contraproducente de premio a la deslealtad, no saciará el ansia independentista, que reclama compromisos concretos en la infame mesa de negociación extraparlamentaria de la que están excluidos los partidos constitucionalistas de la oposición.

Con tres elecciones en el horizonte, dos de ellas en territorios dominados por un nacionalismo envalentonado que tienen la llave del Gobierno, parece ilusorio esperar un rumbo económico dictado por el interés general y no por las servidumbres políticas de Sánchez. Comprar voluntades con cargo al contribuyente, aumentando los impuestos -que nunca pagan exclusivamente los ricos- para satisfacer privilegios identitarios e intereses clientelares, es una receta ya probada, injusta y destinada al fracaso.

El PP ignora qué hacer con Euskadi y Cataluña
Carlos Gorostiza. vozpopuli  12 Febrero 2020

El PP parece apostar por sacar rédito nacional de los resultados que pueden arrojar los comicios en Cataluña y País Vasco

Tal vez recuerde usted aquella memorable película Alien en la que la nave Nostromo era enviada al encuentro del monstruo mientras su incauta tripulación ignoraba que era sacrificable. Algo parecido es lo que la derecha española está haciendo con Euskadi y Cataluña. El nuevo PP, cegado por su propio miedo a que los de Abascal le arrebaten la bandera, está decidido a desdeñar cualquier mensaje incómodo de los que abundan en aquellas tierras, mientras ansía los réditos que espera recoger en el resto de España a base de convertir en símbolos negativos ambas comunidades autónomas. De modo que, a la espera de otros premios, los populares no parecen tener empacho en dar ambos territorios por perdidos e inmolar a su propia gente de allí, incluso aunque ello engorde al enemigo nacionalista local.

Que un amplio segmento de clase media "de orden" en Cataluña ni se plantee votar al PP y que en Euskadi casi toda esa misma gente vote al PNV con plena tranquilidad y sosiego, no parece quitarles el sueño a los dirigentes populares. O puede que sea simplemente que les resulta tan incómodo verlo que prefieran ni pararse un segundo a pensar por qué ocurre así.

Los miedos de Urkullu
Lo más que se les llega a oír es el mantra de la sobrerrepresentación de las comarcas catalanas rurales callando, eso sí, que en Euskadi pasa justamente lo contrario y la sobrerrepresentación, muchísimo más acusada (25 idénticos escaños por cada provincia) lo es a favor de Álava, el territorio que siempre ha sido menos nacionalista, aunque tantas torpezas ya vayan ayudando a que lo sea cada día más.

La semana pasada el diario catalán La Vanguardia publicaba un sondeo de GAD3 según el cual Esquerra Republicana ganará las elecciones catalanas. Lo previsible. Pero también pronosticaba que la operación 'Cataluña Suma' (una candidatura conjunta PP y Cs) podría acabar restando, tanto votos como escaños, a sus participantes. La extraña y pintoresca convocatoria anunciada por el encargado de Puigdemont, supeditada a unos raros presupuestos previos, generó tanto nerviosismo en Euskadi que Urkullu, que teme que los estruendos de Cataluña le contaminen las tranquilas y pacíficas elecciones vascas, ha decidido adelantarse y convocarlas para el próximo 5 de abril.

Todas estas maniobras maquiavélicas por debajo de la mesa entre ERC y JxCat en Cataluña, y con juegos de calendarios en el País Vasco, poco parecen preocuparle al PP o a lo que queda de Ciudadanos

El PNV, que sin duda ganará de calle, no solamente quiere evitar que sus elecciones queden sepultadas por los constantes tsunamis políticos provenientes del Mediterráneo, sino que también necesita de un PSOE fuerte en Madrid, que arrastre hacia arriba a los socialistas vascos para que, a su vez, estos le den al lehendakari mayoría y tranquilidad absolutas para la próxima legislatura. Por eso, antes de que los líos en Cataluña puedan amenazar los ansiados presupuestos de Sánchez y debilitarle, Urkullu se ha apresurado a convocar.

Todas estas maniobras más o menos maquiavélicas, con patadas por debajo de la mesa entre ERC y JxCat en Cataluña y en Euskadi con estas cuentas de fechas y adelantos no van en absoluto con el PP, ni con lo que queda de Ciudadanos tampoco. Ellos, a lo suyo, que no es otra cosa que lo que preocupa a sus círculos de aquí, de Madrid. ¿Para qué preguntar?

De modo que en Cataluña y en Euskadi se va a hacer lo que mejor les parezca a los líderes de las calles Génova y Alcalá, que son los que saben. Por eso el PP nacional ha tenido a Alfonso Alonso sentado hasta el último minuto mientras esperaba lo que decidían sobre él y mientras sus seguidores vascos temblaban ante la posibilidad de que les hubieran impuesto alguna candidata de mucho peso mediático… en Madrid, con un discurso atractivo… en Madrid y que despertase las mayores simpatías entre los conservadores… de Madrid. Justo donde no viven los electores concernidos, ¡vaya por Dios! Aunque finalmente se haya impuesto la lógica, lo ha hecho tan a regañadientes que el daño a la candidatura popular vasca es inevitable. El evidente desprecio a Alfonso Alonso pesará más que los abrazos forzados que veremos en la inminente campaña.

Si finalmente la encuesta mencionada acierta y los números permiten un acuerdo ERC, Comunes y PSC, podría pasar que en Cataluña se comenzase a recobrar algo de cordura, nada difícil en medio de un enloquecimiento del que solo cabe ir mejorando. En ese caso se podría abrir una nueva etapa, conflictiva sin duda, pero menos, en la que el PP quedaría por completo fuera del juego, con Vox robándole el discurso de la pasión y con Sánchez reforzado en La Moncloa. Para hacérselo mirar, oiga.

Hegemonía por hechizo
Existe en el País Vasco una patología política que bloquea todo cuestionamiento de la hegemonía nacionalista
Ignacio Camacho ABC

Si en España las elecciones se celebran para ver qué partido gobierna con el PNV, en el País Vasco lo que se disputa es el liderazgo de la oposición al partido-guía. En el primer caso, al nacionalismo le basta con media docena de diputados cuyo apoyo alquila al candidato que aspire a formar mayoría. En el segundo simplemente ejerce el poder como una rutina porque la ley electoral establece que si no se articula una alianza en contra, la lista más votada asume la lehendakaritza. Y salvo aquel pacto de 2009 en el que el PP entregó -a cambio de nada- el Gobierno a los socialistas, éstos siempre acuden en ayuda solícita de los amos naturales de la autonomía. Quizá llegue un momento en que se atrevan a acariciar con Podemos y Bildu una fórmula tripartita, pero por ahora no cuadran las cuentas y el blanqueamiento de los posterroristas no está completado todavía. La hegemonía jeltzale no peligra. Para el sanchismo es más útil comerle en la mano a Urkullu que intentar plantearle una alternativa.

Lo más llamativo de la situación vasca es la reputación fiable de una fuerza que sabe gobernar pero que históricamente ha demostrado ser capaz de la deslealtad más abierta. De romper (con Rajoy) un pacto recién suscrito o de firmar (en Estella) un acuerdo para dar oxígeno a ETA. Para los nacionalistas, la estabilidad es un concepto que sólo funciona a su favor y en su tierra; lo que suceda del Ebro para abajo no le interesa más que para llenar su cesto de competencias. Una actitud lógica desde su perspectiva que sin embargo cuenta con la simpatía de la izquierda, abducida por una especie de síndrome de sugestión perpetua. No es fácil de explicar la razón por la que el sedicente progresismo defensor de la igualdad cede por sistema, en Euskadi como en Cataluña, ante la insolidaria reclamación de la diferencia. Esa extraña patología política es el fenómeno que convierte en una permanente almoneda el modelo territorial de la nación moderna.

Lo llamativo del caso es que el hechizo afecta asimismo al centro-derecha, que aún ha no sabido encontrar el tono ni el modo de gestionar el fin del terrorismo, y muchos de cuyos votantes se han pasado al PNV en un reflejo acomodaticio, típico de sectores conservadores que sólo desean vivir tranquilos aunque sea formando parte de la clientela y del paisaje del caciquismo. Esta incomodidad subyace al fondo de la negociación entre el PP y Ciudadanos y de las dudas sobre la designación de un candidato. En un escenario tan complejo como el vasco es difícil encontrar sitio para un liberalismo del que los peneuvistas también se han apropiado; quizá el único método de abrirse espacio, a sabiendas de que será minoritario, resida en un discurso antinacionalista sólido y claro. Una propuesta que, sin dejar de ser moderada, no tenga miedo de parecer antipática por defender un proyecto de convivencia llamado España.
 

Campaña pro verdad sobre el franquismo / Sinn Fein / Liberalismo crítico
Pío Moa gaceta.es 12 Febrero 2020

Durante veinte años he venido librando sin tregua y casi en solitario la batalla de las ideas y de la verdad histórica. Durante trece he denunciado por activa y por pasiva el carácter liberticida, falsario y chekista de la memoria histórica, con sus nefastas consecuencias políticas actuales y sus nubarrones para el futuro de la democracia y de la propia España. Ahora, los neochekistas del gobierno pretenden dar un paso más persiguiendo abiertamente, con silenciamiento, multas y cárcel, a aquellos a quienes jamás podrían rebatir democráticamente.
Esto, en realidad, es una buena oportunidad, porque nos permite plantear la batalla a un nivel superior, de explicación y desobediencia, ya que las leyes tiránicas deben ser desafiadas e incumplidas. Es una tarea cuya transcendencia espero que acaben de comprender tantos que hasta ahora no querían darse por enterados. Y en la que todos podemos aportar mucho.

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Para empezar la campaña
**En suma, odian a Franco y su obra desde la ETA al PP y C´s, pasando por los socialistas, los separatistas y los comunistas, ¿no es eso? No hay más preguntas, señoría.
**¿Por qué odian a Franco separatistas y totalitarios? ¿Por qué lo odian los partidos más corruptos, proseparatistas y terroristas? ¿Hace falta contestar?
**¿Por qué la oposición al franquismo fue esencialmente comunista y/o terrorista? No hubo un solo demócrata en las cárceles franquistas: solo comunistas y/o terroristas. Y pocos a partir de 1950.
**¿De quién fueron víctimas los asesinos y torturadores juzgados y ejecutados en la posguerra? ¿De Franco o de los jefes del Frente Popular, que los dejaron tirados mientras ellos huían llevándose grandes tesoros robados?
**Josu Ternera odia a Franco. Torra y Puchimón odian a Franco. Casado odia a Franco. Arrimadas odia a Franco. El Doctor odia a Franco. Urkullu odia a Franco. Carrillo odiaba a Franco. Los de los EREs odian a Franco. Los del 3% odian a Franco. Los de Gürtel odian a Franco… Se explica, ¿no?
**Una monarquía que condena o admite la condena a sus orígenes se condena a sí misma. Una Iglesia que olvida a quien la salvó del exterminio se condena a sí misma. Una democracia que olvida de dónde viene, se condena a sí misma.
**Una democracia en la cual se imponen leyes norcoreanas tipo memoria histórica o de género, deja de ser una democracia. Aunque estén de acuerdo todos los miserables partidos, desde Bildu al PP y C´s.
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europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449
La victoria del Sinn Fein tiene que fastidiar mucho a los anglómanos. Tanto que comparan al Sinn Fein con los nazis. Pero precisamente la dominación inglesa sobre Irlanda fue un precedente muy importante de lo que pretendían hacer los nazis en Rusia: ocupar sus mejores tierras, reducir a los rusos a la ignorancia, la servidumbre y la miseria, y no escatimar muertes por hambre si lo veían necesario. Exactamente lo que hicieron los ingleses en Irlanda: invadieron la isla, persiguieron la religión de la mayoría de los irlandeses, expropiaron sus mejores tierras, los redujeron a la ignorancia, la servidumbre y la miseria, a una dieta de patatas, provocando con ello la Gran Hambruna. Las semejanzas son abrumadoras y no hay hipocresía que pueda disimularlas. Y esto lo hicieron los gobiernos ingleses en tiempos en que dirigían al país más rico del mundo e Irlanda producía gran cantidad de productos agrarios.
Que el Sinn Fein pueda simpatizar con la ETA se debe precisamente a los partidos y gobiernos españoles que han colaborado con los separatismos, con la propia ETA al rehabilitarla cuando estaba en la ruina, y que han dado todos los argumentos posibles a ETA y separatismos para confundir a Vascongadas con Irlanda. Es como la cuestión de Gibraltar: ¿por qué otros países iban a ponerse de parte de España si los gobiernos españoles se declaran amigos y aliados de la potencia que invade su territorio?
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En Por qué el Frente Popular perdió la guerra no dejas títere con cabeza, porque al final critica tanto el nacionalcatolicismo como el falangismo o el liberalismo. ¿Es que no había nadie bueno?
–Empecemos por el liberalismo. A mí me irrita bastante que muchos liberales se pongan estupendos y condenen el franquismo porque ellos no pueden transigir con ninguna dictadura. Vamos a ver: ¿había entonces un serio peligro de balcanización de España, de totalitarismo, de exterminio de la cultura cristiana, sí o no? Es evidente que sí. ¿Y quiénes impidieron esas amenazas, arrostrando mil sacrificios y peligros? ¿Fueron los liberales? No solo no fueron ellos, sino que en su mayoría contribuyeron frívolamente, primero a traer el caos de la II República y luego muchos colaboraron con el Frente Popular, aun quejándose. Qué cosa tan estúpida esa postura de tantos liberales. Podríamos seguir: la transición a la democracia en el posfranquismo, ¿vino de los liberales? Pues tampoco.

Pero tú te has proclamado muchas veces liberal
–Cierto, liberal crítico, cosa poco habitual en España: oyes a muchos liberales y suelen ser tan dogmáticos como aquellos a quienes critican, aparte de ignorantes de la historia. Soy liberal en el sentido de que creo que las libertades políticas, el estado de derecho, la unidad nacional y la economía de mercado son más beneficiosas que otros regímenes. Pero no hago de esas cosas, en particular de la economía de mercado, un fetiche. Además, repaso la historia y compruebo que los liberales españoles han sido casi siempre muy mediocres y a veces brutales, peleándose muy a menudo entre ellos. Lo he expuesto con cierto detalle en el libro. Es preciso aprender de la historia.

Perdona, pero en ese caso debes reconocer que quienes se sublevaron contra el Frente Popular eran superiores en sus ideologías a los liberales. No puedes escapar a ese reconocimiento.
–En aquellos momentos no cabe duda de que fueron superiores y enormemente benéficos. Lo fueron entonces y durante todo el tiempo que vivió Franco. Salvaron a España de un peligro gravísimo y construyeron una nueva sociedad cien veces mejor que la que habían heredado. Pero, ¿podían estabilizarse indefinidamente como un régimen superior? En principio podría haber sido así, ya que reconstruyeron el país desafiando y venciendo los intervencionismos y hostilidades de casi todo el resto del mundo. Pero ya explico en el libro, y en otros, por qué finalmente no fue eso posible y no cabía otra salida que evolucionar a una democracia liberal. Sin embargo muchos liberales siguen sin aprender de la historia. Y lo mismo pasa con los nacionalcatólicos, falangistas, monárquicos y carlistas. Los cuatro pudieron funcionar más o menos unidos bajo la dirección de Franco, pero eso se ha vuelto imposible de raíz. Hablar de volver al franquismo es soñar despierto, máxime cuando la Iglesia se ha vuelto hostil a aquel régimen y la monarquía quiere olvidar de dónde viene.

Creo que la cuestión de Franco y el franquismo hay que dejarla para el futuro. Guste o no, apenas interesa a la gente, sobre todo a lo jóvenes.
–¿Cómo que Franco no interesa a la gente? Esto es tan gracioso como el cuento de que la transición se hizo sobre un pacto de olvido del pasado. Vamos a ver, en estos cuarente años hemos tenido a Franco y su régimen hasta en la sopa, se han publicado miles de libros, decenas de miles de artículos en la prensa, infinidad de películas y falsos documentales en la televisión, etc. ¿Cómo se puede decir tal estupidez, perdona? Si no interesase a la gente, nada de eso habría ocurrido y los intentos de recordarle se habrían marginado.

¿Y por qué la izquierda y los separatistas se empeñan en esa tarea? Parece un esfuerzo inútil. Tú pregunta por Franco y el franquismo, no digo a la gente de la calle, digo en la universidad, donde se supone que la gente es más culta y está más al tanto.
–Ese es un problema diferente. Los antifranquistas insisten en la cuestión de Franco porque es la mejor cobertura para sus fechorías y delitos contra la democracia y España. Y es cierto que la inmensa mayoría no sabe nada real de aquello, pero sabe, entre comillas, lo esencial: que Franco fue un dictador brutal y asesino, cuando no un genocida. Eso es lo que ha logrado toda esa infame propaganda, y no les hace falta más. Y eso hasta el punto de que, sin apenas darnos cuenta, somos los primeros atemorizados, al defender la verdad histórica vacilamos, disimulamos, damos una de cal y otra de arena para parecer más objetivos, etc. La UCD y el PP empezaron olvidando la historia para terminar uniéndose a los falsificadores de ella y colaborar con el socavamiento de la democracia y la unidad nacional. Vamos a ver: si el antifranquismo ha sido la vía indirecta más eficaz para volver a la disgregación de España y al totalitarismo, entonces es evidente que recuperar la verdad sobre el pasado será la vía más eficaz para mantener la unidad nacional y regenerar la democracia. Es preciso afrontar esa realidad sin disimulos ni falsas excusas.

«Tratan de normalizar a ETA»
Las víctimas ven en el fin de la dispersión una forma de cumplir lo pactado con PNV o Bildu
C. S. Macías larazon 12 Febrero 2020

El fin de la dispersión de los presos de ETA es considerado por las víctimas como algo «negativo». Dicen que si utilizan la condición de 2º grado de los etarras para trasladarlos a la prisión de Zaballa «vendría a confirmar un paso más en la política de gestos de Pedro Sánchez, como en la de Chivite», asegura Paz Prieto, secretaria de la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo de ETA (Anvite) e hija de José Luis Prieto, asesinado por ETA en 1981. Prieto recuerda que «es tierra quemada olvidar lo que hizo la banda terrorista y normalizar» su actuación. «Es una humillación para las víctimas que se les pueda acercar al País Vasco sin arrepentimiento, sin pedir perdón y sin colaborar con la justicia. Prieto asegura que ella «nunca tiene buenas sensaciones ni pienso bien» del PNV, y que es un partido que «nunca hace nada de manera improvisada y está siempre detrás de estos matices».

Por su parte, para el presidente de ACVOT, José Vargas, si se acerca a los presos de ETA sin condiciones formaría parte del acuerdo al que llegó el gobierno de la nación para el traslado de los etarras al País Vasco con o sin delitos de sangre». Recuerda que el Ejecutivo de Sánchez se comprometió con las víctimas a no acercar a ningún preso de ETA. «No nos queda más que el derecho al pataleo y destaca que lo mismo ocurrió el lunes en el Parlamento de Cataluña, cuando «trataron de blanquear a los terroristas con la presencia en primera fila de Carlos Sastre, uno de los asesinos de Bultó». Vargas afirma que ve el fin de la dispersión «más cerca».

De hecho, está seguro de que el PSOE, junto con Podemos y EH Bildu, así lo pactó, «para que los familiares no sufran cuando tienen que ir a verlos, porque ya las víctimas sufrimos por ellos». El presidente de ACVOT está convencido de que si los asesinados por ETA supieran lo que está pasando «se morirían de nuevo de la pena por lo que nos somete el gobierno y sus socios».


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