AGLI Recortes de Prensa   Sábado 15  Febrero  2020

Las cuentas imposibles del Doctor Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital  15 Febrero 2020

Vayan preparándose para lo peor. No es tremendismo sino mero instinto de supervivencia, habida cuenta de en qué manos estamos.

Las cuentas del Gobierno de Pedro Sánchez hacen aguas por todas partes. El Ejecutivo social-comunista ha presentado esta semana unas nefastas previsiones de crecimiento y de paro para los próximos años, a las que piensa dar respuesta con sus armas más perniciosas: más gasto, más impuestos, más deuda y más déficit. Con estos números, es imposible dar credibilidad a la dudosa ortodoxia presupuestaria con la que Nadia Calviño ha intentado insuflar calma en Bruselas. Por mucho que la tecnócrata socialista se esfuerce en presentarse como adalid de la estabilidad presupuestaria, las proyecciones que ha pergeñado junto a María Jesús Montero son un despropósito.

A los social-comunistas no les va a importar que la actividad económica se desacelere o que el empleo se frene y van a seguir gastando sin medida el dinero del contribuyente. De hecho, han tenido que admitir –otra vez– que el PIB no va crecer tanto como habían prometido, y apenas lo hará en un 1,6%. En cuanto a las previsiones sobre el mercado de trabajo, tampoco son halagüeñas, pues la tasa de paro ni siquiera va a lograr bajar del 13% y la creación de empleo se situará en el 1,4%, por debajo de la evolución del PIB. Ante este panorama –que numerosos expertos vaticinan será todavía peor que lo que prevé el Gobierno–, cualquier gobernante con un mínimo sentido de la responsabilidad tomaría medidas preventivas y de contención para no abocar a la ciudadanía a una nueva crisis. Sólo a los genios que están en Moncloa se les ocurriría disparar el techo de gasto un 3,8%, hasta los 127.609 millones de euros, lo que supone un extra de 5.000 millones más que el pasado año.

El incompetente doctor –en Economía, para mayor descaro– Sánchez va a rectificar por tercera vez sus propios objetivos de déficit, con la pérdida de credibilidad ante los mercados y la Comisión Europea que eso supone. Montero ha fijado el desfase contable para este año en el 1,8%, cifra que es más del triple de lo comprometido por el Gobierno de Mariano Rajoy en 2017, cuando fijó un objetivo de déficit para el conjunto del Estado del 0,5%. Para 2021, el PP calculaba que España lograría alcanzar el equilibrio presupuestario; con el PSOE y Podemos a los mandos, ya se pueden ir olvidando.

Pretender gastar más en una economía estancada tiene otra consecuencia: se necesitan ingresos. Pero esto nunca ha sido un problema para los socialistas, acostumbrados como están a sangrar a los ciudadanos. Por eso el Ejecutivo de Sánchez piensa encomendarse a las subidas fiscales y a los nuevos impuestos que ha urdido con Podemos para expoliar al contribuyente los miles de millones que necesita. Montero presumió en el Consejo de Ministros de esta semana de que ya tiene preparadas la Tasa Tobin y la Tasa Google para empezar a aplicarlas de forma inminente. Según sus cálculos, que sólo se cree ella, las arcas del Estado ingresarán unos 2.000 millones de euros por esta vía. Pero es que ni por esas: Sánchez e Iglesias tendrán que recurrir poco menos que a la magia para conseguir la recaudación que necesitan. Y todavía no se sabe el monto definitivo del déficit en 2019, que podría acabar descabalando por completo las cuentas públicas.

Vayan preparándose para lo peor. No es tremendismo sino mero instinto de supervivencia, habida cuenta de que estamos en manos del Doctor Sánchez, la don nadie Nadia y la inefable Montero.

Encapsular el virus
Julio Vidorreta Libertad Digital 15 Febrero 2020

Las consecuencias del gobierno de Sánchez se disparan en todas las direcciones. Por resumir: dirección internacional y dirección nacional. Hacia afuera y hacia adentro. El mundo interrelacionado que vivimos provoca que las decisiones en política exterior reviertan en la política interior en forma económica y social de forma más rápida que tiempo atrás.

Pedro Sánchez ha sido, es y, salvo conversión bíblica, será un gran problema político. Todo lo que toque lo contaminará. Como su principal ocupación actual es España y los españoles, ellos serán los principales afectados. Ante los grandes problemas de salud, los médicos optan primero por encapsular el virus para que ni contamine ni se extienda, o al menos, para que los daños sean lo menor posibles.

A Sánchez primero lo intentó encapsular el PSOE atacando a la raíz. La vacuna lo sacó del mando, posibilitó un Gobierno del PP y evitó unas terceras elecciones. El cirujano de Ferraz aceleró la recuperación del enfermo, levantó las medidas y el virus se reprodujo con inusitada virulencia.

Recuperó la jefatura del PSOE, reformó sus estatutos para evitar nuevos sustos y se puso a diseñar una ingeniosa moción de censura que ha contaminado a la Justicia y a los partidos políticos que la apoyaron en una operación con alto coste social y económico, cuyos efectos solo comenzamos a comprobar.

La asunción del poder de Sánchez ha sido un gran problema en su concepción y definición. Lo que toca lo daña. La falta de legitimidad electoral inicial no fue obstáculo para tratar de alargar su primer mandato al máximo hasta que vio la oportunidad de convocar elecciones.

Desde fuera trataron de encapsular y contener al virus antes y después del 28-A. Los macronitas le ofrecieron sus apoyos y cariños a cambio de mantener al comunismo fuera del poder y a Ciudadanos a raya, la Comisión no le apretó las clavijas con la ausencia de presupuestos para alejarlo del populismo y Trump trató de mantener unas relaciones fluidas que protegieran intereses comunes. Nunca nada es suficiente.

Como no llegó hasta el éxtasis previsto el 28-A, Sánchez bloqueó su propio gobierno durante meses y se fue directo a convocar nuevas elecciones. Mismo proceso que en el bienio 15-16, solo que ahora auto bloqueándose a sí mismo. Cientos de millones de euros en repeticiones electorales después, sus apoyos menguaron y el virus se fortaleció el 10-N vía pacto con los comunistas con el apoyo de los independentistas.

Ninguna medida paliativa ha servido y ahora el virus ya no es Sánchez: es España. Si nadie lo remedia ni hay milagro que lo evite, la cápsula que venga será sobre el país en su conjunto.

Francia y Alemania prescinden de España, la encapsulan, y giran el eje de poder a Polonia. Las votaciones decisorias en la UE no pasarán por nuestras manos. La semana que viene llegará la ronda final de la negociación de las Perspectivas Financieras Plurianuales –presupuestos 2021-2027– donde se avecina tormenta para nuestros intereses.

Estados Unidos pide explicaciones por la visita de la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez, profundiza en la revisión de la política arancelaria comunitaria y se suspende el Mobile Congress por el coronavirus, después de la cancelación de un sinfín de compañías; las primeras, algunas afectadas por la tasa Google unilateral que quiere imponer Sánchez.

El virus se extiende. El paro crece, la desaceleración se profundiza, se reducen las expectativas de crecimiento, se extiende la previsión de gasto y se reduce la de ingresos, en consecuencia, crece el déficit y en nada la deuda; y, mientras, el Gobierno habla de prohibir hablar de Franco mientras se ve con Delcy a medianoche en el reservado de Barajas. Y Zapatero haciendo caja.

Y todo esto sin mencionar Cataluña ni el golpe de Estado. Si alguien quiere suponer un final para este thriller, que vuelva a la escena de 2011, pero agravada.

La oscura claridad del Gobierno
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 15 Febrero 2020

El secretismo – por no decir nula transparencia – que esconde cada una de las decisiones que toma el nuevo Gobierno social-comunista, adalid de la libertad de expresión, denota inseguridad. Carecer de un guion de hierro bien anclado para que sus planes movedizos no estén a merced de las improvisaciones, obliga al presidente Sánchez y a su tramposo lacayo Iglesias, a dar unos bandazos que quitan el hipo. Lo cual exige una urgente puesta a punto en su proceder. Bastaría con que aclarasen sus fines. ¿Apuestan por el materialismo capitalista, o por el marxismo duro y puro? Recuerden que un insigne socialista, Javier Solana, tras despreciar a la OTAN, acabo siendo su secretario general. No veo a Pedro cisne Sánchez alzando la hoz y el martillo, ni me imagino a Pablo hiena Iglesias travestido en un demócrata.

El presidente aceptó una coalición gafada – por la hiena – que apenas atrae diariamente nefastos datos económicos y codiciosas exigencias que le plantean sus socios separatistas, bandas de chupópteros que se nutren de la riqueza que genera nuestro país, a cambio de insultar al rey y a los españoles. Mejor le iría al cisne, de haber gobernado en solitario. Ahora está hundido hasta el cuello en un fangoso pantano al que lo han arrastrado las malas compañías y nada, a duras penas, entre indecisiones y una muy abultada colección de antojos. El que se pica – y traga – ajos come. Pero lo de que la hiena le ha gafado, va a misa. Cuanto antes se la sacuda del lomo, antes se le abrirá de par en par el horizonte. La naturaleza advierte acerca de los engaños del coprófago y de su propensión a adoptar disfraces no homologados.

Incluso una lumpen-proletaria fetén, como Teresa Rodríguez, acaba de acusarle de machista, nuevo rico, traidor a los ideales comunistas y demás lindezas, habiendo roto lazos con esa hiena que, hoy, cree ser un majestuoso ejemplar de lebrel afgano, galgo que pululaba en la corte de los zares. Quien nace hiena moteada, morirá siendo una hiena vulgar, que sobrevive gracias a los favores que le dispensa el cisne. Cuanto el cruel mamífero urde con su amo, ni tan siquiera una cámara oculta podría reproducir. La oscura claridad que ofrece este Gobierno se debe a los cortacircuitos que traman sus malditos socios de alquiler, empezando por la fiera y acabando por esas bandas de trileros. El cisne ha de librarse de tales mafias. Que “España es de todos y para todos” – lo dijo Felipe VI – y no solo de los pocos que se la apropian y se la juegan a la ruleta apostando al 13. Así nos va.

Quizá en un lejano día recapacite el bello cisne y tache a sus infames ¿amigos? de la agenda. De no hacerlo pronto, los hispanos que aún creemos en la ley justa, habremos de irnos con nuestras despiadas hipotecas e ilusiones en un futuro mejor, a habitar en la miseria. De usted dependemos, excelso cisne. No nos joda, por favor. Y mande a todos los traidores que le rodean a tomar por saco.

Tanta mentira no sale gratis
Juan Carlos Girauta ABC 15 Febrero 2020

La ministra del mundo exterior, con su visión cósmica vedada a los terrícolas, se raya cuando le preguntan si el gobierno sigue considerando a Guaidó el líder adecuado para sacar a Venezuela de su actual situación: «He dicho todo lo que tenía que decir», repetía y repetía. ¿Y qué tenía que decir? Que Guaidó es presidente y líder de la oposición.

De entrada sospeché que la ministra era una nueva versión de R2-D2, y que en su programación simplemente no había nada más sobre Venezuela. ¿Qué iba a decir la pobre? Luego contemplé la posibilidad de una lectura cuántica de Guaidó: quizá estaba sugiriendo un caso de superposición. Después recordé que la luz se puede comportar como onda y como partícula. Recalé entonces en San Agustín («Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo»), y acabé en la niña de «El Exorcista», cuyo demonio okupa se permite citar a San Marcos con voz de cazalla: «Mi nombre es Legión porque somos muchos».

Esto me pasa por buscarle alguna lógica alternativa a una triste traición, la del Gobierno español al pueblo venezolano, a los Derechos Humanos, a la Unión Europea y al resto del mundo libre, que tiene a Guaidó por presidente encargado y que, por ende, solo puede responder «sí» a la cuestión planteada. Por eso acaban de recibirlo con honores de jefe de Estado Trump y el Congreso estadounidense, la canciller Merkel, los primeros ministros Trudeau y Johnson, y el presidente Macron. Justo antes de ser recibido a golpes en Caracas por los agitadores de Maduro, el empleador de Rodríguez Zapatero.

La ministra del mundo exterior juega al rojo, al negro y al cero de la ruleta. Quiere que las democracias nos sigan considerando un socio fiable y, a la vez, complacer a su presidente y a su vicepresidente decantándose más bien por la presidencia de Maduro. Como bien apuntó Alsina, es por este por el que hay que preguntar al gobierno. ¿Es Maduro presidente o no? ¿Eh?

Francia y Alemania no se fían de este gobierno social-comunista y prefieren darle a Polonia el papel protagonista que nos correspondería, con todos los recelos que en la Unión Europea ha provocado la línea política autoritaria de Andrzej Duda y el partido Ley y Justicia, presidido por Jaroslaw Kaczynski. No parece que su etiqueta de ultraderechistas, ni su orientación sobre la muy sensible inmigración, ni sus delirantes zonas libres de LGTBI les alejen del liberal Macron. Ese cuyo supuesto rechazo a Ciudadanos por entrar en gobiernos con el voto de Vox tanto aireó la prensa socialdemócrata. Por cierto, Francia y Alemania también nos han ignorado en los primeros contratos para el desarrollo del futuro avión de combate europeo.

España no va bien, hay que afrontarlo. La jefa de la diplomacia no es muy diplomática y el ministro del Interior exterioriza demasiado su impostura. Dejemos constancia de que, en la última sesión de control al gobierno, mintió. Ya sabemos que eso es lo que define al sanchismo-redondismo, pero algún día nos sorprenderemos del abismo moral que nos separa de las sociedades donde la mentira se paga con el cargo. Especialmente si se vierte en el Parlamento, y respondiendo a la oposición. ¿Qué es eso de que Delcy «no entró en espacio Schengen»? Por supuesto que entró, y el ex juez ex prestigioso lo sabe porque no ignora el Derecho. Encastillarse en una mentira tras otra es lo que hará estallar con estrépito el escándalo Delcy.

A todos los efectos, consultadas las sanciones impuestas por Europa, y también de acuerdo con el Tribunal Constitucional, las zonas de tránsito aeroportuarias son territorio español y, por tanto, espacio Schengen. Tampoco podía Delcy, según las restricciones, volar por el espacio aéreo español. Ese tránsito aéreo debió impedirse desde el mismo momento en que se supo que el nombre de una pasajera se encontraba en los anexos de la Decisión PESC 2017/2074, de Consejo de 13 de noviembre de 2017. Marlaska mintió.

Y sí, el nombre de la vice tirana constaba en tierra porque el sistema PNR (Passanger Name Record) obliga a todos los transportistas aéreos a informar sobre los pasajeros en vuelos con destino a un país miembro de la UE, incluyendo escalas. Así lo establece la Directiva 2016/681 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27 de abril de 2016. Marlaska mintió.

Eso no se puede hacer en Estados Unidos, ni en el Reino Unido, ni en Francia, por ejemplo. El ministro que lo haga está acabado, y más cuando la verdad es tan fácil de exponer, y tan breve. No escojo esos países por casualidad. Son tres de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y es interesante que su postura coincidente sobre quién es Guaidó (y sobre quién es Maduro) contraste con los otros dos miembros: China y Rusia. ¿Por qué es interesante, y preocupante? Porque es con estos últimos -una dictadura comunista y una autocracia expansionista- con quienes nos han alineado Sánchez, Ábalos, Iglesias y González Laya. Al coro, el resto de Viva la Gente.

Ya teníamos un problema serio con el secesionismo y este gobierno lo ha agravado, poniéndose a desjudicializar, cuando la cosa estaba más o menos encarrilada por la Justicia. Ahora nos han fabricado un problema no menos grave deslizando a España hacia la condición de apestado. Las titulares de Defensa y Exteriores desafían a la primera potencia mundial y la amenazan con la risible represalia de dejar de colaborar militarmente. Luego insistimos en la tasa Google.

Lo pagaremos, lo estamos pagando ya, con aranceles, con informes injustos y nocivos sobre el peligro que visitar España supone para las mujeres. Por no mencionar las advertencias del Departamento de Estado norteamericano por el affaire Delcy: «Tenemos muchas preguntas que vamos a intentar que responda el Gobierno español. Pero ciertamente estos desarrollos no es que sean bienvenidos».

Vamos a ver qué les parece lo de las cuarenta maletas, y si las relacionan con las rutas del oro incluidas en la lista de la oficina de control de activos del Departamento del Tesoro. Ábalos ha mentido siete u ocho veces. Marlaska ha mentido. La ministra del mundo exterior miente en una de sus dos afirmaciones cuánticas, y Sánchez es una cara mentira en sí mismo.

No dan una
Propaganda aparte, el Gobierno pincha cada vez que toca realidad
Luis Ventoso ABC 15 Febrero 2020

Tenemos un Gobierno hipertrofiado que no cabe en la mesa, con cuatro vicepresidencias artificiales y un Iglesias al que habrá que ponerle pronto en el despacho un futbolín, una neverita con unos botellines de Mahou y una tele tocha, porque en realidad carece de atribuciones y se va a aburrir más que un mejillón en la cuerda de una batea. Tenemos ministerios huecos y algunos con titulares de perfil friki, como el artista que nada más tomar posesión se dio el piro a Estados Unidos de garbeo privado. Tenemos un mega-asesor que va de valido Godoy en la era de Carlos IV. Tenemos un ministro multitrolero y sobrado, convertido en el Anacleto Agente Secreto que arregla entuertos diplomáticos nunca aclarados.

Y, por supuesto, tenemos al gran líder progresista para todas y todos, nuestro Pedro, que levita mirándose al espejo.

Pero lo que no tenemos es un Gobierno operativo. Porque una cosa es predicar y otra dar trigo y el equipazo sale goleado cada vez que salta a la cancha.

Con el gran líder progresista para todas y todos ha retornado el fantasma del paro y España crece la mitad que con el viejo Mariano, supuesto maulas que solo leía el «Marca». En política exterior, el gran líder progresista ha tenido el buen ojo de encabronar a la primera potencia mundial, primero retirando una fragata española a la brava de una operación conjunta; después, amenazando a los gigantes de Silicon Valley sin negociar; y por último, haciéndole el vacío a Guaidó y enviando al agente especial Ábalos a un fantasmal encuentro en Barajas con la dos de un dictador. El resultado de tan hábil diplomacia se llama represalias, pues Trump no es hombre de matices y ha respondido con los aranceles al vino y el aceite que tanto daño están causando.

Por desgracia, el congreso de los móviles ha volado de Barcelona, donde iba a dejar 500 millones. Curioso: no hay impedimentos sanitarios para celebrar citas multitudinarias en Ámsterdam, Jerusalén, Ginebra o Madrid (ya viene Arco). Aunque la corrección política no permite plantearlo, ¿habrá ayudado al Mobile el contar con un gobierno social-comunista que no da buenas sensaciones a las multinacionales y que ha enojado a EE.UU.; y con un Ejecutivo catalán separatista que hace solo unos meses instigaba la quema de Barcelona; o con una ministra de Hacienda que amenaza a las tecnológicas, o una alcaldesa Colau que ponía al Mobile a parir y que engalana sus edificios con propaganda antiespañola; o con unos políticos provincianos que poseyendo un idioma que hablan 580 millones de personas, el español, prefieren informar al mundo en uno que no hablan ni siete?

El campo está en pie de guerra, porque el gran líder progresista lo ha machacado al subir el salario mínimo y al provocar los aranceles. ¿Solución? Veto sectario en las reuniones gubernamentales a las organizaciones agrarias, más subsidios PER -que pagaremos todos y que no se cuantifican- e Iglesias vestido ya a lo Tom Ford y poniendo cara de pucheritos compungidos mientras simula que arregla un tema del que sabe tanto como yo de las ecuaciones de Perelman. Epílogo: no dan una y ya están tardando en sacar a Franco...

Comunismo y finanza apátrida
Juan Manuel de Prada ABC 15 Febrero 2020

En una de sus habituales (y apabullantes) iluminaciones proféticas, Leonardo Castellani señala que, al final de los tiempos, la Finanza apátrida y el comunismo harán pandilla, una visión que para los espíritus mostrencos resulta por completo ininteligible; pero de la que ya vamos viendo los primeros síntomas. El Gobierno que ahora tenemos en España, por ejemplo, es un gobierno lacayo de la Finanza apátrida y, a la vez, aureolado de retóricas comunistas. Pues la Finanza apátrida, al arrasar el tejido económico sano que proporciona la propiedad bien distribuida, genera resentimiento social; y nadie sabe encauzar mejor (para los intereses de la Finanza apátrida) el resentimiento que el comunismo.

Medidas tan aspaventeras como la subida (birriosa) del salario mínimo, que se disfrazan de «justicia social», no son en realidad sino apuestas de la Finanza apátrida, que necesita un mundo en el que las clases medias estén cada vez más deterioradas; un mundo en donde cada vez más personas cobren salarios mínimos que, sin embargo, no sean tan ínfimos como para que su resentimiento se vuelva contra los auténticos causantes de su desgracia, sino… contra quienes todavía cobran algo más que ellas. Así, mediante la devastación de las clases medias y la conversión de los pueblos en hórridos hormigueros rezumantes de resentimiento, el comunismo y la Finanza apátrida hacen pandilla, mientras avanzan hacia su objetivo común, que como nos enseña Castellani es la creación de un Estado Mundial ateo, bien rebozadito de derechos de bragueta y dulces morfinas eutanásicas.

En esta alianza entre la Finanza apátrida y el comunismo, la derecha hace el papel de médico de urgencias si la coyuntura económica lo exige; y, en todo lo demás, el papel de tonto útil. Sobre la condición de tonto útil de la derecha no hay sino que advertir (por ceñirnos a sucesos recientes) su inconsistente oposición a la eutanasia con grotescos argumentos de tipo financiero; a los que también recurre, por cierto, para defender lastimosamente la permanencia de Cataluña en España (salvo cuando las cosas se encrespan, que recurre al testiculario y al 155), sin fibra ni vibración alguna para abanderar una auténtica catalanidad hispánica. Así que la derecha, incapaz de ofrecer principios atractivos sobre cuestiones cruciales, se limita a mantener cohesionados a sus adeptos, con chuminadas como el episodio vodevilesco del garrulo Ábalos y la pizpireta Delcy; a la vez que entrega la plaza al enemigo en las cuestiones sustantivas que conforman la mentalidad de la época. Y es natural que así sea, pues los principios que alimentan a esta derecha son los principios liberales que justifican la autodeterminación (lo mismo para eutanasiarse que para independizarse). Castellani, con visión profética formidable, nos enseña también que el liberalismo sienta siempre -impepinablemente- las bases doctrinales para que, a la postre, «un grupo de sabios socialistas, bajo la coartada de la Adoración del Hombre, gobiernen el mundo autocráticamente y con poderes tan extraordinarios que no los soñó Licurgo». Ese futuro avizorado por Castellani ya ha llegado; con la salvedad de que el grupo de socialistas que nos gobierna no son ni siquiera sabios, sino lacayos al servicio de la Finanza apátrida. Y para combatir la alianza del comunismo y la Finanza apátrida que posibilitaron los principios liberales sólo existe una medicina, que es el pensamiento tradicional. Todo lo demás es un inoperante día de la marmota, con la matraca de Ábalos y Delcy sonando machaconamente en el hilo ambiental.

Propaganda Sánchez S.A.
Jorge Mestre okdiario 15 Febrero 2020

Conforme avanza la legislatura vamos descubriendo algunas de las claves seguidas por el gobierno socialcomunista para perpetuarse en el poder si los españoles no lo impiden. Las primeras semanas se habló de la estrategia “tinta de calamar” consistente en invadir el discurso político con una cantidad tan ingente de temas que se busca desarmar, por un lado, a la oposición y desbordar, por el otro, a la ciudadanía de forma que la gente pierde la perspectiva y la noción sobre la relevancia del debate. No es lo mismo sacar adelante el reconocimiento de la eutanasia, al tiempo que se habla de las demandas del campo español, de la negociación con Cataluña, de la apología del franquismo, de la reunión de Ábalos con la violadora de derechos humanos Delcy Rodríguez, etc. En todo este maremágnum de confusión, el español se descoloca e incluso es impulsado a la desafección.

Esta semana en la primera sesión de control al gobierno -me resulta inconcebible que un gobierno surgido hace un mes se pase todo ese tiempo sin someterse a control parlamentario mientras las situaciones de escándalo se repiten si cesar- se apreció con total claridad que ante las preguntas de la oposición la estrategia a seguir sea la práctica de evasivas y la elusión del debate. Si un miembro del PP, Ciudadanos o Vox pregunta por A, el gobierno no responde con A, sino que echa mano de circunloquios vacuos y sin contenido. Por ejemplo, el ministro Ábalos, aún acorralado por el ‘Delcygate’ a pesar de la legión de corifeos de carné y claque del hemiciclo que posee, al ser cuestionado por su insensato encuentro con la torturadora venezolana replicó: “Este ministro y el Gobierno del que forma parte tenemos un firme compromiso con la democracia y la Constitución española”. Y se quedó tan ancho.

Es fácilmente detectable el desdén de este gobierno hacia algo tan anglosajón como la ‘accountability’ o rendición de cuentas. Cuando un miembro del gobierno se chotea del conjunto de la ciudadanía afirmando, después de haber repetido mentira tras mentira, que le había tocado ejercer de ‘salvapatrias’ ante la número dos del tirano Maduro y que poco menos que le tendríamos que estar agradecidos, se aprecia que ni la transparencia, ni las explicaciones, ni la rendición de cuentas van a pasar por ser las grandes aportaciones del gobierno Sánchez a la historia de su gobierno. Añádase el ensoberbecimiento, narcisismo y adanismo de un presidente que se permite romper con una tradición de 15 años para no ofrecer la tradicional rueda de prensa de final de año pasado, evitar preguntas de los periodistas y escabullirse de las comparecencias siempre que puede.

El acoso a la oposición, propio de los regímenes dictatoriales, es una iniciativa puesta en marcha también por los estrategas de la propaganda y manipulación al servicio de este gobierno. La entrevista, más bien encerrona, que al líder de VOX Santiago Abascal, le aplicó este jueves la fiscalía, ministerio público o TVE era como estar viendo TeleSur de Venezuela. Un programa panfletario para la causa socialcomunista instalada en el Ejecutivo. Y si no hubo suficiente con la fiscalización desde la televisión que usted y yo pagamos a Abascal, al día siguiente toda la ralea de autodenominados ‘verificadores’ de ‘noticias falsas’ se dedicaron a atizarle con la justificación de que sus declaraciones fueron una concatenación de ‘fakes’.

La manifestación de los agricultores en varias ciudades españoles de este viernes fue la consumación de la propaganda oficial. Allí pudimos encontrarnos a numerosos dirigentes socialistas y de Podemos, como si la crisis del campo español no fuera con ellos ni con sus compañeros de ministerio y coche oficial. Fue Aristóteles quien descubrió en su Metafísica el Principio de no Contradicción, es decir, que algo no puede ser y no ser al mismo tiempo. Así fue durante más de 2.300 años y así se estudia en Filosofía. Hasta la llegada de Sánchez y su gobierno.

El ‘cuponazo’ socialista
OKDIARIO 15 Febrero 2020

De los 120 diputados que conforman el Grupo Socialista en el Congreso, 106 cobran pluses y complementos además del sueldo base. Y ello, gracias al aumento de portavoces en las comisiones parlamentarias fruto de la mastodóntica estructura del Ejecutivo socialcomunista. Para entendernos: el 90% de los diputados socialistas cobra bastante más de los 3.041 euros mensuales de asignación constitucional (algo así como el sueldo base), una cuantía que perciben en 14 pagas al año: 42.580,86 euros. Ello sin contar que los diputados de fuera de Madrid cobran un plus de 1.921 euros al mes, mientras que los residentes en la capital de España cobran 917.

El grupo mayoritario de la Cámara Baja tras las elecciones del pasado 10 de noviembre ha podido colocar a la práctica totalidad de sus parlamentarios en puestos de representación del Congreso, donde cobran distintos extras por ejercer tales cargos. Entre presidenta, vicepresidentes y secretarios de la Mesa del Congreso; portavoces y portavoces adjuntos de los Grupos Parlamentarios; presidentes, vicepresidentes y secretarios de Comisiones; portavoces y portavoces adjuntos de Comisiones, los diputados del PSOE cobran prácticamente en su totalidad sobresueldos que van desde los 739 euros de los portavoces adjuntos a los 1.516 de los presidentes de las distintas Comisiones parlamentarias.

Dado que se han creado hasta 40 nuevas portavocías de comisiones para adaptarse a las carteras ministeriales del Ejecutivo de coalición, la Mesa de la Cámara Baja acordó el pasado 4 de febrero habilitar portavocías hasta ahora inexistentes en cinco comisiones distintas, donde sus titulares y adjuntos percibirán sobresueldos. O sea, que el incremento de ministerios y, en consecuencia, de nuevos órganos administrativos hasta ahora inéditos ha provocado un efecto dominó en el Congreso de los Diputados que se ha traducido en una inflación de nuevos cargos convenientemente retribuidos.

El PSOE ha encontrado un filón y sus diputados, casi al completo, han sido agraciados con pluses salariales. Digamos que les ha tocado el cuponazo. Un aumento en las nóminas a costa del bolsillo de los contribuyentes.

Izquierda antisemita y racista
OKDIARIO 15 Febrero 2020

Cincuenta y ocho municipios, todos ellos liderados por la izquierda y conformados por el PSOE, Podemos e IU, han promovido un nauseabundo boicot contra Israel. La lista completa de los municipios que se ha sumado al ataque al país judío figura en una web de acceso público bajo el nombre de ‘Espacios Libres de Apartheid Israelí’. Estamos ante un ejemplo intolerable de antisemitismo, que no deja de ser una execrable forma de racismo.

La página web contraria a Israel explica sus intenciones: «Queremos apoyar la creación, en nuestros barrios, pueblos y ciudades, de espacios comerciales, culturales, políticos, deportivos, académicos y sociales del Estado español que se niegan a colaborar con —o apoyar por pasiva— el sistema colonial y de apartheid israelí”.

Estamos ante un movimiento de corte xenófobo impulsado por una izquierda que queda retratada en su sectarismo ideológico, porque lo que se promueve son acuerdos para no contratar con empresas israelíes, para no comprar ningún producto relacionado con el pueblo judío, o para exigir el reconocimiento de Palestina para poder acceder a un contrato público.

La misma izquierda que presume de tolerancia, solidaridad y respeto a los derechos humanos se ha lanzado a una campaña infecta en la que se promueve la marginación de los judíos, ruin y vil estrategia que nos remonta a una etapa negra de la historia. La dimensión de este bloque anti Israel alcanza ya una proporción intolerable. En el listado de entidades firmantes de los pactos ELAI figuran instituciones tan potentes como los ayuntamientos de Cádiz, Barbate, Rivas, Sabiñánigo, Gijón, Badalona o Alcoy, que han llegado a firmar bajo mandato de izquierdas; entidades que, pese a no firmar el listado, han aprobado “el derecho al boicot”, como es el caso del Ayuntamiento de Barcelona; la Diputación de Sevilla, que no forma parte del ELAI, pero se adhiere a la campaña, o la Diputación de Valencia. Una forma de racismo en toda regla. Así son y así funcionan las fuerzas «progresistas»

La importancia de la elección de la política económica y su diferente impacto en la evolución de la economía española en las últimas cuatro décadas
José María Rotellar Libertad Digital 15 Febrero 2020

La experiencia muestra que administraciones austeras y cumplidoras generan sociedades prósperas. También demuestra que las rebajas de impuestos, posibles gracias a esa austeridad y eficiencia, multiplican esa prosperidad.

Ahora que Libertad Digital cumple veinte años, conviene recordar que va camino de cuatro décadas la conformación definitiva de la estructura administrativa actual de España, a través del Estado de las Autonomías. En ese período de tiempo, ha habido en España gobiernos de distinto signo, que, por tanto, han aplicado diferentes políticas económicas: unas han sido socialdemócratas y otras, liberal-conservadoras. Y como ha habido distintas políticas, se han producido distintos resultados derivados de ellas. No hay una única política económica posible, sino que hay diferencias entre unas y otras, en los postulados, en su aplicación y en los resultados.

No es objeto de este artículo analizar, comparar y sacar conclusiones sobre si el sistema autonómico ha resultado más o menos eficiente que el centralismo existente durante el régimen anterior y también en los años de la Transición. Aquellas otras fueron circunstancias surgidas de un terrible enfrentamiento civil, en el primer caso, y de la gran reconciliación entre todos los españoles, en el segundo período.

Por tanto, en ambas ocasiones tanto el punto de partida como las circunstancias no permiten establecer la comparación con las últimas casi cuatro décadas, ya que el período entre 1939 y 1975 vivió la reconstrucción tras una horrible guerra que ocasionó una pérdida de PIB y de PIB per cápita que no se recuperaron, en euros constantes, hasta 1950 y 1952, respectivamente. Posteriormente, llegaron los planes de estabilización y desarrollo, el milagro económico español y el crecimiento de la economía a doble dígito durante largos años, hasta que la crisis del petróleo de los años setenta y el agotamiento del modelo de Bretton Woods cambiaron el escenario. Por su parte, los años de la Transición, que podemos situar entre 1975 y el final de 1982, con la salida de UCD del Gobierno y el inicio, a principios de 1983, del Estado de las Autonomías, fueron años de reformas políticas, pero también económicas e industriales, con el aumento de la tecnología y el descenso de la necesidad de mano de obra, que incluso llegó hasta mediados de los años ochenta.

Es cierto que tanto el presidente Suárez y, especialmente, el presidente Calvo-Sotelo, quien tuvo un mandato breve, pero, sin duda, intenso y fructífero en muchos aspectos para España y a quien la historia le hará justicia algún día, pusieron en marcha las bases del modelo administrativo actual, el primero con la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA) y el segundo con la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómica (LOAPA), que si no hubiese sido declarada inconstitucional en catorce de sus artículos, podría haber evitado muchos de los problemas posteriores del sistema autonómico. Sin embargo, aunque en el mandato de ambos presidentes se dieron estos importantes pasos, no surge con plenitud el Estado de las Autonomías hasta algunos años después.

Por eso, esos dos períodos, vividos en circunstancias excepcionales y con una organización territorial y, a través de la actual cesión de competencias a las regiones, de un modelo de generación de actividad económica diferente al del período entre 1983 y la actualidad, no pueden ser exactamente analizables con estas casi últimas cuatro décadas para extraer conclusiones sobre los efectos de cada tipo de política económica, ya que hay otros elementos de estructura económica que distorsionan la comparación. No obstante, ambos períodos anteriores al analizado representan una gran importancia en la Historia Económica de España y en el influjo que tuvieron en el desarrollo económico de los últimos cuarenta años en España, bajo el sistema descentralizado actual. De ahí que el análisis de los efectos de cada una de las políticas económicas se vaya a centrar en el tramo comprendido entre 1983 y el momento actual.

González no supo sacar el potencial económico
A finales de octubre de 1982, casi siete años después de la muerte del General Franco y del inicio de la Transición y casi dos años después del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ganó las elecciones de manera arrolladora el PSOE y Felipe González era investido presidente del Gobierno, volviendo, así, los socialistas al banco azul por primera vez desde la Guerra Civil.

En aquellos años, ese PSOE tenía un componente netamente socialdemócrata y, por tanto, intervencionista, aunque Miguel Boyer aplicase diversas medidas liberalizadoras de la economía, que se fueron extinguiendo con su temprana salida del Ejecutivo en el período del mandato de González.

En dicho período, el Gobierno se mantuvo instalado mucho tiempo en el recurso al Banco de España, para poder financiar su deuda creciente, con el consiguiente incremento de la inflación. Confió todo a la iniciativa pública y aprovechó el impulso que procedía de los fondos de Bruselas, tras entrar España en la entonces Comunidad Económica Europea.

Sin embargo, en sus casi catorce años de Gobierno -el mandato más largo, hasta ahora, de un presidente desde 1977- y pese a la modernización relativa de España a nivel de infraestructuras, con la construcción de diversas autovías que por no ceder el paso a la iniciativa privada hicieron sucumbir a muchas antiguas carreteras nacionales, y con el inicio de la alta velocidad ferroviaria, no consiguió un buen resultado económico global.

Así, pese a los innumerables fondos comunitarios que llegaron a España entre 1986 y 1996, no logró aumentar ni un empleo desde el inicio de la Transición, sino que legó 187.300 empleos menos que al inicio de la legislatura constituyente.

Y pese a ese impulso, sólo pudo recuperar el empleo perdido en la Transición por la sustitución de mano de obra por tecnología en los años de la Transición, pero no generar ni uno más, pese al importante incremento de población activa. Aumento el empleo en 1,1 millones de personas, volviendo casi al nivel de 1977, pero aumentó el paro -en términos EPA, al igual que la cifra mencionada de ocupados- en casi 1,5 millones.

Así, la política económica del Gobierno de González no supo incrementar el crecimiento potencial de la economía española que fuese capaz de dar cabida a todos los jóvenes que se incorporaban a la población activa en aquellos años. Es más, en un momento dado, los socialistas llegaron a dejar entrever que la economía española no tenía capacidad para tener más de doce millones de empleos y que el trabajo, por tanto, habría que repartirlo en base a esa cifra.

Una dura recesión en 1993, cuatro devaluaciones de la peseta -tres de ellas, consecutivas- y una tasa de paro cercana al 25% completaron los resultados de su política económica.

Aznar prepara a España para entrar en el euro
En 1996, al tercer intento, José María Aznar gana las elecciones -tras acariciar la victoria en 1993- y se convierte en presidente del Gobierno. De inmediato, se encontró con dos grandes retos: el primero, poder pagar las pensiones ese mismo año, tras encontrar casi quebrada la Seguridad Social, de manera que aquel Gobierno tuvo que endeudarse con la banca para pagar la paga extra de los pensionistas en la Navidad de 1996. La segunda, poder cumplir con los cinco requisitos de convergencia económica y fiscal imprescindibles para poder entrar a formar parte del euro.

Esos cinco requisitos eran un déficit inferior al 3% del PIB; una deuda pública inferior al 60% del PIB o reduciéndose a ritmos importantes que llevasen en un breve plazo de tiempo a estar por debajo de ese nivel; una estabilidad del tipo de cambio, que implicaba no haber devaluado o revaluado la moneda dos años antes; un tipo de interés no superior en dos puntos a la media de tipo de interés nominal de los tres países con menor inflación de entre los aspirantes; y una inflación no superior en 1,5 puntos a la media de inflación de los tres países con menor inflación de entre los aspirantes. Ese examen, había de realizarse en mayo de 1998, habiendo recibido un déficit público del 7% del PIB, una deuda del 70% del PIB y una inflación y tipos de interés elevados.

Aznar fichó al profesor Barea y conformó un brillante equipo económico, que estabilizó las cuentas y la economía españolas y logró entrar en la eurozona desde el momento fundacional, tras aplicar una política económica liberal clásica, de reducción de gasto improductivo, privatizaciones y liberalización económica, con el inicio de una importante reducción de impuestos -el tipo máximo del IRPF pasó del 56% al 45%, que completó en su segunda y -voluntariamente- última legislatura.

Fueron los momentos del particular "capitalismo popular" español, con la salida a Bolsa de muchas de las compañías privatizadas y con la demolición de esa barrera que parecía existir en el mercado laboral español que impedía crear más empleos y que mantenía en los 12,5 millones el número de ocupados. Con Aznar, se consiguieron crecimientos del PIB superiores al 5% anual, en términos reales, durante varios ejercicios, no creciendo nunca por debajo del 2% mientras muchos países de la Unión Europea entraban en recesión.

Fruto de los efectos mencionados de esa política liberal clásica fue la creación de 5,2 millones de puestos de trabajo, la incorporación de casi cuatro millones de activos y la disminución de 1,5 millones de parados.

Esa política liberal-conservadora, basada en el gasto eficiente, desde la reducción del gasto innecesario, las bajadas de impuestos y la eliminación de obstáculos para el desarrollo económico produjo la mayor revolución económica habida en España desde los años sesenta, con la diferencia de que si el crecimiento durante el desarrollismo nos acercó a los países industrializados, el impulso de los años de Aznar hizo que los españoles consiguiesen un gran nivel de prosperidad y que se diesen cuenta de que no existe razón alguna para que la economía española no pueda brillar al mismo nivel que cualquier otra.

Los "brotes verdes" de Zapatero acabaron con el dinero
Contra todo pronóstico, por sorpresa y tras la conmoción del mayor atentado de Europa, José Luis Rodríguez Zapatero le ganó las elecciones a Mariano Rajoy -tras sufrir el PP el cerco de sus sedes en la tarde-noche de la jornada de reflexión- y logró ser investido como presidente del Gobierno.

Zapatero venía de decir, como jefe de la Oposición, que "bajar los impuestos es de izquierdas". Durante sus años iniciales, confió la Economía al antiguo ministro -primero, de Agricultura, y, después, de Economía y Hacienda- de Felipe González, Pedro Solbes. Con todos los matices del mundo, Solbes podía constituir un elemento con el que dar solvencia y que debería asegurar el rigor económico tras su paso por la Comisión Europea como Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios. Durante los primeros tres años y medio de la primera legislatura de Zapatero parecía que los socialistas podían haber olvidado en cierto modo el intervencionismo que les acompañaba siempre y que se decantaban por una política más cercana, sin serlo del todo, al liberalismo económico. El ritmo de crecimiento de ingresos era exponencial, se llegó a bajar 2 puntos el tipo máximo del IRPF y la deuda continuó la gran reducción que había conseguido realizar Aznar. Sin embargo, al estallar la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos, y, con ello, la grave crisis económica que asoló España durante años, se vio que no había habido cambio en la doctrina de política económica de los socialistas, sino que, simplemente, se habían dejado llevar por la potente inercia del crecimiento económico de los ocho años de Aznar.

Así, cuando la incertidumbre se posó sobre la economía, el Gobierno recurrió a incrementar el gasto de manera terrible en un único ejercicio, pasando de un superávit de casi 2 puntos sobre el PIB a un déficit de 4,4 puntos sobre el PIB. Es decir, en un único ejercicio incrementó el gasto de tal manera, que ante el inicio de la ralentización de los ingresos, empeoró el saldo presupuestario en 6,3 puntos del PIB, alrededor de 63.000 millones de euros, de los que 44.000 millones pasaban a engrosar la deuda pública. Después, al año siguiente, se alcanzó un nuevo déficit mayor, hasta el 11%, el mayor que ha habido en todos estos años analizados, para ya no bajar nunca del 9% en su mandato. El último año, 2011, al hacer el traspaso de poderes, el Gobierno de Zapatero aseguró al PP que el déficit era del 6%; posteriormente, se descubrió que había facturas sin contabilizar por importe de más de 35.000 millones de euros, elevando el déficit de dicho año al 9,6%.

Ese incremento del gasto fue impulsado, entre otras medidas, por el famoso cheque de 400 euros lineal para todos los contribuyentes, anunciado en momentos preelectorales de las elecciones de 2008, así como otras medidas que elevaban el déficit. Recordamos los dos planes E (8.000 millones y 5.000 millones de euros, respectivamente), que fueron pan para hoy y hambre para mañana, donde, en ocasiones, costaba casi más el cartel publicitario que era obligatorio colocar que la propia obra, consistente, casi, en quitar y poner bordillos en las calles, de manera que pasado el corto plazo, el empleo generado con dichos planes se esfumó, mientras que el dinero se había ido por el sumidero. Eso le permitió al Gobierno hablar de "brotes verdes", que se marchitaron al acabarse el dinero público, pues no se hizo esfuerzo alguno en realizar reformas que procurasen una economía sostenible en lugar de una economía sostenida artificialmente. Sin embargo, en 2010, la presión internacional le llevó a Zapatero a realizar un recorte drástico en el sueldo de los funcionarios (un 5%) y a congelar las pensiones. España había sido intervenida de manera indirecta porque su economía podía poner en peligro la del contexto internacional, sobre todo, la de la zona euro.

Millones de parados y millones de empleos perdidos en los últimos tres años de Zapatero, que prosiguieron, por la fuerte tendencia negativa, durante un año y medio más, dejaron a los españoles en la desesperación y a la economía española al borde del colapso. Si al comparar el número de variación de parados y de variación de ocupados entre el inicio y el fin del mandato de Zapatero no es peor, se debe a que durante tres años vivió de las rentas anteriores y de la potencia del crecimiento generado entre 1996 y 2004, pero realmente, su herencia puede cifrarse en cuatro millones más de parados y en tres millones de empleos destruidos desde el momento más elevado de la economía de su mandato -impulsada por la inercia mencionada- hasta los datos finales que sus políticas de negación de la crisis, gasto público y ausencia de reformas, produjeron.

La familia jugó, como tantas veces, un papel importantísimo de sostén, con los abuelos, gracias a su pensión, convertidos de nuevo en cabezas de familia y procuradores del sustento de hijos y nietos que habían perdido su puesto de trabajo ante la más grave crisis acontecida en España desde la Guerra. La política económica de Rodríguez Zapatero no es que fuese intervencionista, sino que, además, lo fue sin criterio alguno, agravando la crisis internacional y sumiendo a España en una caída de PIB, de PIB per cápita y de empleo horribles, cosechando, de largo, el peor resultado, con los datos de que disponemos a día de hoy, de todo el período analizado en este artículo.

Rajoy salvó al empleo con la reforma laboral
Con España sumida en la desesperación por la situación económica, los españoles votaron masivamente al PP en las elecciones de noviembre de 2011, de manera que Mariano Rajoy se convertía en presidente del Gobierno.

Posiblemente, nunca antes -y, muy probablemente, nunca después-, los españoles habían votado una opción política siendo conscientes de los duros ajustes que deberían soportar, porque sabían que eran necesarios para salvar a la estructura económica española y a su futuro.

El Gobierno del presidente Rajoy recibió una herencia pésima, mucho peor todavía de lo que ya se vislumbraba y, posiblemente, el Gobierno no acometió todos los ajustes de gasto que debía hacer por temor a que hubiese, finalmente, pese a la predisposición comentada de los españoles a los ajustes en ese momento, una gran contestación social. El decreto de prórroga de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) es cierto que redujo el gasto en casi 9.000 millones de euros, y que otros 21.000 millones los bajó en los PGE de 2012, pero llevó a cabo una gran subida de impuestos (especialmente, los siete puntos de tipo máximo en el IRPF, además de la normativa para el IBI de los ayuntamientos), contraria a la política económica tradicional del PP, que se alejaba, así, de la doctrina liberal-conservadora, en lugar de reducir más el gasto, por el importe en el que la subida de impuestos preveía aumentar la recaudación. Posteriormente, y debido a la situación gravísima por la que pasaba la economía española, con un MoU financiero solicitado a la Unión Europea y una coyuntura en la que se tambaleaba España en verano, el Gobierno, a instancias de la Comisión Europea, subió el IVA, con el que esperó recaudar 7.500 millones de euros.

De esta manera, el presidente que hizo el mayor recorte de gasto de la historia en un único ejercicio en valores absolutos (en términos relativos fue el presidente Aznar para reducir el déficit y entrar en la moneda única), se convirtió también en uno de los que más subió los impuestos en lugar de atreverse en acometer una mayor reducción del gasto; reducción, insisto, para la que los españoles, por primera vez en la historia, parecían preparados y por la que habían votado. Ese sentimiento agridulce por las medidas adoptadas, provocó distintas opiniones en el entonces -y hoy principal- partido hegemónico del centro-derecha en España.

Por una parte, es cierto que el Gobierno de Rajoy recibió una herencia que podía llevar a España al colapso, y que hay que verse en esa circunstancia para, en el corto plazo, tomar decisiones que impidan que todo se vaya al traste. Por otra parte, la renuncia a muchos de los principios de la política económica liberal-conservadora, al olvidarse del medio y largo plazo por no reducir todavía más el gasto, puede establecerse como lo más censurable, desde el respeto por quien se vio en una situación tan compleja.

Uno de los grandes logros económicos del Gobierno de Rajoy fue llevar a cabo la mejor reforma laboral que ha tenido España -que ahora quiere derogar el Gobierno de Sánchez- que creó las condiciones necesarias para que se recuperasen más de dos millones de puestos de trabajo y que ha permitido que se hayan superado los 19 millones de cotizantes a la Seguridad Social. De esta manera, el Gobierno de Rajoy consiguió que se generasen 2,3 millones de empleos según la EPA y 2,7 millones, según la afiliación a la Seguridad Social, y que se redujese el número de parados en más de 2,5 millones según la EPA, desde los peores registros, que fueron vividos en su mandato, pero provocados por la inercia tan negativa de la situación heredada de Zapatero. Al analizar el mandato desde inicio a fin, sale una evolución algo menos positiva, pero también muy relevante, teniendo presente que la creación de empleo y reducción de parados fue mayor, por los motivos antes descritos, cuya inercia continúa en los momentos actuales.

Como conclusión, si en 1996 la situación también era muy compleja, con la Seguridad Social casi en quiebra, un agujero fiscal importante y un plazo de dos años para tratar de entrar en la moneda única, y se optó por la ortodoxia liberal-conservadora, en diciembre de 2011, se optó por una mezcla que no contentó a nadie y que, probablemente, alargó el tiempo necesario para la recuperación y provocó la actual fragmentación del centro-derecha.

No obstante, tras el abandono inicial de la ortodoxia de la política económica liberal-conservadora, el Gobierno de Rajoy retornó a dicha ortodoxia y bajó impuestos, especialmente, el IRPF. Sin duda, sus mayores logros fueron la potente reforma laboral que diseñó y aprobó, y conseguir resistir y evitar el colapso económico y financiero de España, que no es poco, aunque con la intuición de que probablemente podría haberse conseguido mejor y más rápidamente aplicando un mayor ajuste de gasto y evitando la subida de impuestos, al menos, la de los impuestos directos (al distorsionar menos la economía los indirectos).

El gobierno radical de Sánchez
Por último, tras una sentencia parcial de la trama Gürtel, en la que no se condenaba al PP pero que los socialistas retorcieron para transmitir lo contrario, se produjo la moción de censura de los socialistas al Gobierno de Rajoy. Posiblemente, la mecha la prendiese, sin darse cuenta hasta que ya fue demasiado tarde, Albert Rivera, al proclamar que "hay un antes y después de la sentencia. La legislatura se ha acabado". Eso dio alas a Sánchez y sus estrategas para conseguir lo que los barones socialistas le habían impedido en octubre de 2016, y, de esa manera, se alió con los comunistas de Podemos, los independentistas catalanes, con el antiguo brazo político de ETA y con el PNV, que una semana antes había apoyado los PGE de Rajoy, y convirtiendo lo que constitucionalmente ha de ser una moción de censura constructiva -sobre el papel formal tuvo que aparentarlo- en una moción de censura destructiva, expulsó al PP del poder. Nunca sabremos el motivo por el que el presidente Rajoy no dimitió para que, al dimitir, decayese de inmediato la moción de censura, pues ya no habría habido Gobierno al que censurar, al quedar en funciones, pero esa es otra historia y la realidad es que Sánchez, con ochenta y cuatro diputados, llego a ser investido presidente del Gobierno.

Posteriormente, a golpe de Real Decreto Ley empleó los consejos de ministros para tomar medidas en la senda más intervencionista posible, desde la recuperación de las ayudas a los parados de larga duración hasta el intervencionismo más radical al subir el salario mínimo un 22,3% en enero de 2019, al que ha sumado la subida actual del 5,5% en 2020.

Su proyecto de PGE para 2019, que fue devuelto al Gobierno en febrero de 2019, contemplaba una importante subida de impuestos, que vuelve a llevar ahora en su acuerdo de Gobierno con Podemos, así como un incremento exponencial del gasto, al tiempo que incrementaba los objetivos de déficit y deuda para cada uno de los distintos ejercicios de la senda de estabilidad.

Esto se ha concretado al aprobar el techo de gasto no financiero, con una subida que, sobre el último presupuesto aprobado (2018), se incrementa en 7.000 millones de euros, con una nueva senda de estabilidad que se va al 1,8% de déficit desde el objetivo inicial acordado por el Gobierno de Rajoy, que era del 0,5%. Dicho crecimiento de gasto será más alto que el crecimiento nominal del PIB y que la regla de gasto, de manera que es probable que ni con la ampliación de objetivo pueda cumplirse, pues por mucho que suban los impuestos no parece alcanzable que suba la recaudación entre 6.000 y 7.000 millones de euros. Por otra parte, al mantener un déficit del 0,9% en 2023 -último año de la senda y de la legislatura- el Gobierno renuncia al equilibrio presupuestario. Todo ello, acompañado de un cuadro macroeconómico donde rebaja la previsión de crecimiento y aumenta la de la tasa de paro.

Ahora, tras el Gobierno formado con Podemos, planea el programa económico más radical de izquierdas de todo el período analizado. Hablan de subir los impuestos como plantearon en los PGE que les fueron devueltos, pero, además, quieren derogar la reforma laboral y llevar el intervencionismo, también el económico, a límites insospechados: la subida artificial del salario mínimo es una introducción de un precio mínimo, que, como sabe cualquier estudiante de Economía, generará escasez de demanda (la demanda de trabajo la realizan las empresas), que elevará el desempleo, especialmente entre los más débiles, porque las empresas no podrán soportar ese crecimiento de costes -sueldo y Seguridad Social- en dicho tramo de trabajadores, que son los menos cualificados, ya que estos trabajadores no serán capaces de generar, con su trabajo, el valor suficiente para cubrir su coste laboral y el margen mínimo necesario que necesita la empresa para seguir funcionando. El campo y el personal doméstico son los más perjudicados, desde el punto de vista de los empleados, y las pymes y los autónomos lo son desde el punto de vista empresarial.

Es cierto que si comparamos los datos de evolución de parados y de ocupados del mandato de Sánchez, según la EPA, la inercia todavía mantiene unos niveles de buena evolución de creación de empleo y reducción del paro, pero con muestras notables de agotamiento.

Sin embargo, ese agotamiento mencionado queda puesto de manifiesto en el crecimiento económico, que pasa del 2,9% en 2017, al 2,4% en 2018 y al, de momento, 2% en 2019. Del mismo modo, si contemplamos los datos de paro registrado, que son algo más actuales -un mes- que los de la EPA, vemos cómo se producen ya dos variaciones preocupantes: el paro registrado es ya superior en 1.723 parados al que Sánchez recibió, y los autónomos afiliados a la Seguridad Social han sufrido una pérdida o destrucción de 10.279 autónomos.

Conclusión: la importancia de la política económica
Después de haber atravesado la más grave crisis económica de España en los últimos ochenta años, y después de que se consolidase una recuperación que pierde fuelle desde hace meses y que ahora mismo se mueve por la inercia, volvemos a encontrarnos en un momento en el que no sabemos si podremos sufrir simplemente una desaceleración típica del ciclo económico o si dicha ralentización se agravará más. En ello, va a influir la política económica que se aplique. La vuelta al intervencionismo que parece que puede llegar a practicarse con afán de la manera más descarnada y que persigue con enconamiento la libertad económica cada día, según el acuerdo de Gobierno entre PSOE y Podemos, hará mella en la economía.

Los resultados de cada política económica son distintos: ahí, a lo largo del análisis del período estudiado, quedan los datos y resultados que arrojan cada una de ellas, las intervencionistas y las liberal-conservadoras. Es cierto que González fue menos intervencionista que Zapatero y que lo que ha sido y parece que va a ser Sánchez con este Gobierno de alianza con los comunistas, pero el intervencionismo es el eje central de la política económica del socialismo. De la misma manera, también es cierto que Rajoy fue menos liberal que Aznar, pero el liberalismo clásico es el elemento vertebrador de la política económica del centro-derecha.

Los datos son elocuentes, a pesar de las inercias, tal y como hemos visto en los gráficos de la EPA, en alguno del Paro Registrado y Seguridad Social y como hemos comprobado en la narración del crecimiento económico, el PIB per cápita o los incrementos o descensos de gastos e impuestos. Como resumen, podemos incorporar cuatro nuevos gráficos, donde aparezcan la evolución de parados registrados y de afiliados a la Seguridad Social, así como de ocupados y parados de la EPA de cada uno de los gobiernos.

El saldo global es rotundo: las políticas liberales clásicas han obtenido siempre mejores resultados en la marcha de la economía y en el mercado laboral (empleo y paro) que las intervencionistas. Es más, podemos constatar que cuando las políticas intervencionistas han tenido algún destello liberal, aunque sea mínimo (época de González), han dado mejores resultados que las mismas políticas intervencionistas en su vertiente más radical (como la época de Zapatero o como los planteamientos del Gobierno de Sánchez). Por otra parte, también queda claro, dentro de las políticas liberales clásicas, que cuando son completamente ortodoxas (época de Aznar) obtienen mejores frutos que cuando tuvieron algún tinte intervencionista (época de Rajoy).

Por eso, frente a este nuevo impulso intervencionista en la economía, que afecta a la prosperidad, ahora más que nunca deben reafirmarse los principios y valores liberal-conservadores, que en política económica se resumen en impuestos bajos y reformas profundas, y que se vertebra en cinco ejes sencillos, que son la austeridad y eficiencia en el gasto público, que permite ahorros manteniendo la máxima calidad de los servicios públicos; el cumplimiento permanente de la estabilidad presupuestaria, que nos permita no hipotecar ni a las generaciones futuras ni a la economía; las bajadas de impuestos, que deja más renta disponible en el bolsillo de ciudadanos y empresas; la eliminación de trabas a la actividad económica; y la seguridad jurídica que dé tranquilidad y confianza a inversores, empresarios y profesionales para incrementar la actividad y el empleo.

Y es que si la experiencia muestra que administraciones austeras y cumplidoras generan sociedades prósperas, también demuestra que las rebajas de impuestos, posibles gracias a esa austeridad y eficiencia, multiplican esa prosperidad, al liberar recursos y dejar más dinero disponible en el bolsillo de ciudadanos, empresas y trabajadores, para que puedan consumir, ahorrar o invertir más, en definitiva, para que puedan generar actividad económica y empleo, es decir, para aumentar la prosperidad.

Cuando Libertad Digital cumpla otros veinte años, a buen seguro que podremos seguir constatando, a través de un análisis económico similar, que distintas políticas dan distintos resultados. Muchas felicidades a todo el Grupo de Libertad Digital y a sus lectores.

José María Rotellar. Doctor en Economía. Profesor de Economía de la Universidad Francisco de Vitoria.
Tertuliano de En Casa de Herrero.

El capitalismo es riqueza, el comunismo muerte
Manuel Llamas Libertad Digital 15 Febrero 2020

El hombre es el único animal que tropieza no dos, sino mil veces en la misma piedra. Sólo así se entiende que, a pesar de las amargas y trágicas lecciones que ha enseñado la historia, la humanidad no haya aprendido de una santa vez que el comunismo mata, siempre y en todo lugar. Da igual la intencionalidad de sus precursores o las particulares condiciones del país en el que se intente poner en práctica, que el resultado, sin excepción, será el mismo en todos los casos: miseria, represión y muerte.

Sin embargo, tras su última derrota, con la caída del Muro de Berlín en 1989 y el posterior colapso de la antigua Unión Soviética, la extrema izquierda vuelve a brillar con luz propia a uno y otro lado del Atlántico, como bien demuestra la reciente victoria del peronismo en Argentina, la permanencia en el poder del chavismo en Venezuela o el hecho de que Podemos haya entrado en el Gobierno de España de la mano del PSOE, entre otros ejemplos, además del sustancial crecimiento social que ha registrado en los últimos años el ecologismo, el feminismo y el pensamiento políticamente correcto, que, de una u otra forma, son fiel reflejo del socialismo en sus diferentes vertientes.

El capitalismo, por el contrario, sigue gozando de muy mala fama entre la intelectualidad imperante, la mayoría de medios de comunicación y la sociedad en general. Poco importa que el ser humano viva hoy el período de mayor prosperidad, bonanza y bienestar desde que el mundo es mundo o que la pobreza, gracias al sistema capitalista y la globalización, esté a un paso de la extinción, algo absolutamente impensable hasta hace bien poco.

Nunca hemos sido más ricos
La combinación de propiedad privada, cumplimiento de los contratos (seguridad jurídica) y libertad económica en un sentido amplio es la única receta que garantiza la creación y acumulación de riqueza. Prueba de ello es que el PIB global era un auténtico páramo hasta el siglo XIX, sin apenas crecimiento alguno durante milenios.

Pero todo cambió con el nacimiento y la expansión del capitalismo. Así, mientras que en 1870 la renta media per cápita a nivel mundial rondaba los 1.260 dólares al año, en la actualidad ya roza los 14.600 -a precios constantes de 2011-, diez veces más, y creciendo, siendo, además, los países más capitalistas los que disfrutan de una mayor riqueza por habitante, con ingresos medios de entre 40.000 y algo más de 50.000 dólares al año.

En el caso concreto de España, más de 17 millones de personas pertenecen al 10% más rico del mundo, con un patrimonio superior a los 109.000 dólares, y, de ellos, más de 1 millón forman parte del 1% con mayor riqueza, con más de 936.000 dólares, según el Global Wealth Report 2019, elaborado por Credit Suisse.

Y si el mundo nunca ha sido más rico, igualmente, nunca ha sido menos pobre. La pobreza extrema, cuyo umbral se sitúa en menos de 1,9 dólares al día, se sitúa por debajo del 10% de la población mundial, cuando hace apenas dos siglos rondaba el 90%. La escasez siempre ha sido el estado natural del ser humano. La comodidad y abundancia que existe actualmente en buena parte del planeta es un milagro inédito, cuyos frutos, por desgracia, no parecen disfrutar ni, lo que es peor, valorar las generaciones presentes cuando, ya sea por ignorancia o puro sectarismo, siguen abrazando la fracasada tesis socialista cual religión.

Aunque el dato más revelador y concluyente acerca de la histórica mejora que ha registrado la humanidad es, sin duda, el inédito aumento de la esperanza de vida, puesto que, durante este período, ha pasado de tan sólo 30 años en todas las regiones del mundo a una media global de 73 años en 2019, superando ya los 80 en numerosos países. Es decir, la gente vive casi tres veces más tiempo que en la época pre-capitalista.

Miseria, hambre y represión
Y si el capitalismo se traduce en riqueza, su reverso, el comunismo, cosecha justo el resultado contrario. Desde el punto de vista estrictamente económico, el PIB per cápita de los países más intervencionistas no alcanza los 8.000 dólares al año de media, frente a los más libres, que se sitúan por encima de los 63.500, hasta ocho veces menos, tal y como señala el último Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation.

Los casos más extremos dan buena cuenta de las vergonzosas condiciones de miseria que se ve obligada a padecer la población que todavía sufre la pesada bota del comunismo. Así, el salario medio en Cuba se sitúa en 28 dólares al mes. Esto significa que los cubanos tendrían que trabajar durante 36 años para poder comprarse un coche de segunda mano, destinando el 100% de su sueldo a ese objetivo, y más de 700 años si aspirasen a adquirir una vivienda media en España.

Mientras, en Venezuela, otro de los grandes paradigmas del comunismo patrio, más del 90% de la población sufre privaciones materiales severas, según la última Encuesta de Condiciones de Vida realizada en dicho país, hasta el punto de que el consumo per cápita de carne se ha desplomado de 22 kilos en 1999 a tan sólo 4 en 2019, al tiempo que la esperanza de vida al nacer ha caído en 3,5 años.

Y todo ello sin contar que capitalismo y comunismo también ocupan posiciones diametralmente opuestas en materia de libertad política y social. No es ninguna casualidad que los países más libres económicamente, como es el caso de Noruega, Nueva Zelanda, Suiza o Finlandia, son los que registran una mayor calidad democrática y una menor corrupción política, mientras que los más socialistas, pese a su buena prensa, ocupan los puestos de cola en ambos indicadores.

El capitalismo es una bendición para aquellos que tienen la suerte de disfrutarlo y un sueño a alcanzar, una dulce utopía, para quienes han tenido la desgracia de caer bajo el yugo del comunismo, una de las mayores lacras, si no la mayor, de la historia del hombre.

Redactor jefe de economía de Libertad Digital, subdirector de Tu Dinero nunca duerme y colaborador de Es la Tarde de Dieter, En Casa de Herrero y Sin Complejos.

La filosofía de la humildad
Domingo Soriano Libertad Digital 15 Febrero 2020

Mercado, orden espontáneo, acuerdos voluntarios... Los liberales conocen sus limitaciones: el hombre es ignorante, aunque la humanidad es muy sabia.

"¡Ladrones! ¡Inútiles! ¡Vagos!" Cuando el ciudadano medio protesta contra sus gobernantes, casi siempre apela a sus carencias. Si sube el paro, los salarios no son lo suficientemente elevados, hay déficit público o se congelan las pensiones, debe ser porque alguien lo impide. Algún tipo malvado, estúpido o incompetente está intentado lucrarse y, al mismo tiempo, perjudicando a sus conciudadanos.

Y sí, en este 2020 que ahora comienza, los políticos españoles no nos dan demasiados motivos para rebatir esas críticas. Muchos de los más altos cargos de nuestro país están ocupados por tipos que son más bien mediocres y tienen enormes carencias, intelectuales y morales.

Sin embargo, tras esa protesta se esconde un reverso peligroso. Son muchos los que piensan que la clave de la prosperidad reside en un Gobierno integrado por los más inteligentes, bondadosos y honestos ciudadanos. Lo que habría que hacer, creen, es entregar el poder a los mejores y dejarles organizar la sociedad conforme a su sabiduría y buen criterio.

El siglo XX debería habernos enseñado los peligros que nos aguardan detrás de esta idea. Algunos de los intelectuales más insignes, los científicos mejor preparados y los artistas más brillantes estuvieron entre los más destacados seguidores del comunismo o el nazismo. Y no sólo como apologistas sino, en muchos casos, trabajando de forma concienzuda en estos regímenes. Ni siquiera su fracaso les hizo replantearse sus tesis. Si la realidad no encaja en mi informe, lo que está mal es la realidad y tengo que adaptarla a mi planteamiento inicial (a martillazos, literalmente, si es necesario).

Humildad
Enfrente, el liberalismo económico siempre me ha parecido la filosofía de la humildad. De hecho, una de las narraciones que más famosas se han hecho en las últimas décadas se titula, simplemente, Yo, el lápiz. Y parte de una verdad tan evidente como incomprendida: nadie en el mundo sabe hacer un lápiz. Desde los leñadores de California a los mineros de grafito de Sri Lanka, pasando por todos aquellos que produjeron las herramientas que estos utilizan, millones de personas están interconectadas en la tarea de hacer un sencillo y modesto lapicero. No sólo eso, sino que, a pesar de que todos esos miles de persona colaboran (y cobran) por hacer ese lápiz, el precio que el tendero nos pedirá cuando acudamos a la papelería a comprarlo será de apenas unos pocos céntimos de euro. ¿Cómo puede ser?

Pues, hace ya casi 250 años, Smith nos explicó con una metáfora genial e incomprendida (sobre todo por los que no le leyeron, porque el filósofo escocés era bastante claro): una "mano invisible" coordinaba, sin que ellos lo supieran el trabajo de aquellos leñadores norteamericanos con el de los mineros del sur de Asia. Y lo hacía no a través de un plan quinquenal o una oficina intergubernamental; ni siquiera era necesaria una comisión de estudio: bastaba con los precios, la oferta y la demanda. O lo que es lo mismo, las acciones de miles de consumidores y productores que cada día interactúan en el mercado. Cada uno busca su propio beneficio; y al mismo tiempo sabe que tendrá que pensar en sus vecinos para obtener su sustento diario.

Smith, que era un filósofo moral, nunca predicó, a pesar de lo que dicen los que no le han leído, el egoísmo ciego o la codicia. Lo que nos enseñó es que el mercado y el capitalismo tienen dos grandes ventajas sobre la planificación política: (1) reúnen una enorme cantidad de información que nunca, ningún Gobierno, por poderoso que sea, podrá acaparar; y (2) nos obligan a todos a pensar en los demás, en sus gustos y necesidades, para prosperar.

Además, el mercado nos hace más sabios y eficientes, a través de la división del trabajo y la acumulación de capital. El conocimiento que podemos aprender cada uno de nosotros es muy limitado. Si tuviéramos que hacer todo aquello que consumimos (como ocurre, por otro lado, en las sociedades primitivas y en las menos desarrolladas), seríamos más pobres y estaríamos más limitados. Aunque parezca lo contrario, nuestros abuelos, que aparentemente sabían hacer "muchas cosas", en realidad no podían hacer bien casi ninguna. Hace 2-3 siglos, nuestros antepasados eran costureros, carpinteros, ganaderos,… por obligación. Y al mismo tiempo tenían muchos menos bienes a su disposición que cualquiera de nosotros. Somos productores especialistas y consumidores generalistas: cada uno de nosotros hace lo que mejor sabe, lo lleva al mercado e intercambia el producto de su trabajo por los miles de productos que otros productores especialistas han puesto a nuestra disposición. Y la humanidad es tan eficiente como el mejor de sus carpinteros-costureros-ganaderos: porque nos beneficiamos del producto de su trabajo sin tener que aprender la profesión por nosotros mismos.

Esta idea, revolucionaria en su momento, viene acompañada de dos derivadas: la primera es que, si la división del trabajo es buena y somos más productivos en conjunto si cada uno se especializa en lo que mejor sabe hacer, cuanto más ampliemos nuestro mercado, más nos aprovecharemos de este potencial. El comercio internacional nos proporciona los bienes de los productores más eficientes. Y no sólo eso, es que incluso aunque los demás no quieran abrir sus fronteras a nuestros productos, para nosotros sería bueno mantener las nuestras abiertas a los suyos: sería absurdo renunciar a comprar fuera lo que otros hacen de forma más eficiente y barata. Porque, además, eso nos permitiría concentrarnos en hacer aquello en lo que nosotros sobresalimos.

Smith también se da cuenta de algo que ahora nos parece evidente, pero durante muchos siglos sonaba contraintuitivo: el comercio no es un juego de suma cero. Hasta entonces se pensaba que, cuando dos personas (o países) intercambian algo, uno sale ganando y el otro perdiendo. De ahí el mercantilismo y su obsesión con impulsar las exportaciones y dificultar las importaciones (por cierto, una idea muy de moda también en nuestros días). No es así: precisamente porque cada uno valoramos los bienes de forma diferente, cuando se realiza un intercambio libre, éste se produce porque las dos partes piensan que salen ganando. Cada uno está mejor después del trato de lo que estaba antes. Si no, no haría ese trato.

¿Orden y progreso?
Más de siglo y medio después de Smith, un austriaco que vivía en Reino Unido y EEUU, nos explicó el verdadero significado del mercado través de otra metáfora genial y que también giraba en torno a la humildad: hablamos de Friedrich A. Hayek y su "orden espontáneo".

Hayek se da cuenta de que el hombre es muy ignorante, pero la humanidad es bastante sabia. El conocimiento que cada uno de nosotros tenemos es muy limitado; pero, al mismo tiempo, el conocimiento que entre todos podemos acumular es inmenso.

Los populismos intervencionistas que nos rodean en estas primeras décadas del siglo XXI siguen sin entenderlo. Si el plan no sale bien es porque no han sido las personas adecuadas las que lo han intentado llevar a cabo o porque alguien lo está saboteando. Los culpables cambian, pero las soluciones (fracasadas) son siempre las mismas. Los populistas que se posicionan como contestatarios, señalan como culpables a la corrupción, la incompetencia o los intereses creados. Mientras, los populistas académico-político-mediáticos, los que hasta ahora han ocupado el poder y temen ser desalojados por esos otros recién llegados, más gritones pero que en el fondo que tampoco se diferencian tanto de ellos, elaboran más el relato para explicar lo que no funciona. Pero nunca se miran a sí mismos. Porque su proyecto de reforma no salió bien, pero eso no pudo ser por su culpa. Ellos tenían todas las respuestas. Y lo explica de maravilla un paper de la Universidad de Minnesota.

Los que somos conservadores porque somos liberales (y somos liberales porque somos conservadores) sabemos que Hayek, a pesar de cómo se definió a sí mismo, también lo es. No hay nada más conservador que esa idea de un orden espontáneo que va desarrollándose sin que nadie lo organice, con pequeños pasos, por un proceso de prueba y error que va depurando los procesos menos eficientes y haciendo que sobrevivan los que mejor se adaptan a nuestra verdadera naturaleza. Frente a la fatal arrogancia del planificador que cree que puede cambiar una sociedad de arriba abajo armado con un relato científico de la historia, un tubo de ensayo o una hoja de Excel, Hayek contrapone la prudencia del que se sabe ignorante y limitado. Si funciona, no lo toques; si algo ha sobrevivido cientos de años, pregúntate por qué; es mucho más fácil destruir (se puede hacer en un día) que construir (hay procesos que han tardado siglos en desarrollarse por completo). Las instituciones más valiosas que el ser humano ha creado (el mercado, la familia, el lenguaje, el dinero…) no han surgido de la mente de ningún planificador genial, sino de ese proceso descentralizado y espontáneo que es fruto de las decisiones aisladas de millones de individuos.

Por eso odiaron a Hayek desde el principio los "socialistas de todos los partidos", porque les puso delante el espejo en el que se reflejaban sus limitaciones. En una etiqueta de un precio hay más información de la que la subcomisión ministerial más preparada pueda reunir para el informe más detallado imaginable.

Porque no hay nadie mejor que el individuo (rico o pobre, con estudios o sin ellos…) para organizar su propia vida. Todos poseemos un conocimiento sobre nuestras circunstancias, gustos (que, además, son cambiantes), necesidades, objetivos, vivencias… que es imposible transmitir. La razón por la que los planificadores fracasan al organizar la vida de sus ciudadanos no es maldad (aunque también la hay en ocasiones) ni estupidez, sino incapacidad. Nunca podrán saber, ni aunque les pregunten a cada uno de esos ciudadanos, qué necesitan y cuál es la mejor manera de conseguirlo.

Evidentemente, aquí juegan un papel muy importante los incentivos: por un parte, es más justo que cada uno soportemos las consecuencias (buenas y malas) de nuestras decisiones. Pero es que, además, es mucho más eficiente. Aprendemos más, depuramos nuestros errores y maximizamos nuestros aciertos cuando hay una relación directa entre nuestras acciones y sus resultados. Éste es, aunque sus protagonistas lo ignoran, uno de los grandes problemas de la política y la organización administrativa contemporánea: mucha gente tomando decisiones que afectan a la vida de millones de otras personas y cuyos resultados a los planificadores no les influyen en absoluto (ni para bien ni para mal).

Los fundamentos
Si cada individuo es diferente, en gustos, preferencias, necesidades y objetivos, el corolario lógico es la libertad. Sólo a través del dominio y control sobre su propia vida podrá perseguir esos planes vitales. Libertad y propiedad que, en realidad, son dos caras de la misma moneda: sólo puedes ser verdaderamente libre si puedes decidir sobre tu propiedad (la primera de las cuales reside en su fuerza de trabajo) y uno sólo es propietario de algo si es libre para disponer de eso mismo.

Por todo esto, también es lógico que la política, uniformadora e intervencionista por definición, mire con la desconfianza del enemigo al liberalismo.

Y eso que aquí existen al menos tres equívocos muy dañinos para el liberalismo: el primero es el que lo asocia a un individualismo extremo, ultra-competitivo o salvaje. En realidad, es lo contrario: el mercado es el reino de la cooperación. Como vimos en la historia del lápiz, sólo con el trabajo conjunto de miles de personas (en muchos casos desconocidas) podemos producir hasta al más humilde de los bienes que consumimos. Del mismo modo, la familia, los clubes y las asociaciones de todo tipo son las instituciones más liberales que uno pueda imaginarse. La clave aquí no es que sean colectivas o individuales: es que la adscripción es voluntaria. La diferencia es que en el mercado se coopera para engrandecer la tarta y se hace a través de acuerdos que favorecen a las dos partes. En la lucha por los recursos públicos, lo que unos reciben siempre llega del bolsillo de otros: por eso, ahí sí, en el reparto presupuestario, vemos peleas, grupos de presión, chantajes, lucha por el poder… Donde acaba la cooperación, comienza el enfrentamiento.

En segundo lugar, la defensa del individuo y de las diferencias entre personas, familias o colectivos muy diversos se vincula a la despreocupación moral. A una especie de "todo vale porque todos podemos tener nuestras razones". Otra majadería que habría hecho que Mariana o Smith o el propio Hayek palidecieran de horror. El liberalismo es moral desde sus bases porque exige el respeto al otro y a sus decisiones. Pero ni es neutro en su valoración de lo que le rodea ni impide que los individuos y los grupos castiguen aquellos comportamientos que, aunque quizás sean legales, merecen su reprobación.

Aquí, además, hay un punto que no siempre se valora: las distorsiones (que cada día van a más) que el Estado introduce en nuestras decisiones por la vía de repartir las cargas, culpas y costes de actitudes completamente asociales. Cuando alguien dice "yo tengo derecho a…" también debería asumir que los demás tienen el mismo derecho a ignorarle (o incluso despreciarle) y, desde luego, ninguna obligación a sostenerle en caso de que esa decisión genere las consecuencias previsibles.

Por supuesto, esa defensa moral también abarca la solidaridad real, que los liberales siempre han asociado a la libre voluntad: la moral de una acción en apariencia positiva desaparece si se fundamenta en la coacción. Podemos discutir si existe legitimidad en la acción del Estado que quita a unos para dar a otros (es un tema inabarcable y muy interesante)… pero llamarlo "solidaridad" suena como mínimo a engaño. "Impuesto" es una palabra mucho más precisa.

Por último, se asocia liberalismo a una especie de anarco-capitalismo extremo que exige la desaparición del Estado. Y sí, es cierto que hay reputados autores que creen que sería posible (y mejor) una organización social que prescindiese de los estados. Pero la mayoría de autores liberales coinciden en que es necesario un Estado que garantice las condiciones en las que esa libertad pueda darse. Aquí puede haber una discusión eterna, sobre en qué ámbitos es legítima esa intervención.

Pero más allá de ese debate, en lo que los liberales coinciden es en la necesidad de que ese Estado sea pequeño y eficiente: que garantice la libertad y la propiedad; que vigile para que se respeten los contratos libres y para que las reglas del juego sean iguales para todos. La paradoja es que en las últimas décadas hemos vivido un proceso mediante el cual los estados en expansión cada vez dedican menos recursos a aquellos objetivos para los que fueron creados (y que podríamos resumir en defensa, seguridad o justicia), mientras van expandiendo sus redes a ámbitos que nadie habría imaginado que deberían ser de su incumbencia. Así, los estados pequeños, limitados y eficientes dan paso a mastodónticas estructuras burocráticas, carísimas, expansivas e inoperantes, que por abarcar mucho dejan de apretar precisamente en aquello que debiera ser su primer objetivo. La mayoría de los estados modernos hace mucho tiempo que sobrepasaron todos los límites que sus fundadores previeron y, parapetados tras la excusa democrática, limitan la libertad de sus ciudadanos como no se habrían atrevido a hacer los en teoría absolutos monarcas de otras épocas.

Los resultados
Sólo con lo dicho hasta ahora ya deberíamos tener ganado el debate. Pero, además, tenemos de nuestro lado los resultados. Lo explica de maravilla Manuel Llamas en este fantástico artículo. Porque, a pesar de todo el ruido que hacen sus enemigos, es evidente que el capitalismo y el liberalismo han generado un incremento de la prosperidad inimaginable hasta hace un par de siglos. Esperanza de vida, escolarización, acceso a suministros básicos, ingresos per cápita, incidencia de determinadas enfermedades... sea cual sea el indicador, una mirada objetiva al mundo que nos rodea sólo puede confirmar que vivimos mejor que nunca y que los beneficios de ese progreso alcanzan cada día más regiones y a más personas.

Quedan muchos retos por delante, pero el camino que comenzó en la Europa Medieval, en las ferias comerciales que facilitaron el desarrollo de nuevos mercados; en las ciudades italianas y flamencas que iniciaron las finanzas modernas; en los barcos de los navegantes españoles o portugueses que abrieron nuevas rutas por todo el globo... ese camino sigue abierto para las sociedades que quieran transitar por el mismo. Es el camino de la libertad y la cooperación entre los seres humanos. Como todos los grandes viajeros de la historia, para recorrerlo debemos ser, a un tiempo, ambiciosos y humildes.

Redactor de Libre Mercado y colaborador de Sin Complejos y Tu Dinero nunca duerme.

Erra y Ponsatí: fenotipos y leyenda negra
Iván Vélez Libertad Digital 15 Febrero 2020

Creemos que nuestro pueblo es de una raza superior a la de la mayoría que forman España. Sabemos por la ciencia que somos arios. […] También tenderemos a expulsar todo aquello que nos fue importado de los semitas del otro lado del Ebro: costumbres de moros fatalistas.

Así, en un vano intento de justificar su racismo con una apelación a la ciencia, se manifestaba en 1900 el dramaturgo federalista barcelonés, Pompeyo Gener. Arrumbada había quedado la bata blanca con la que intentó convertirse en médico, mas no determinado influjo frenológico con el que trató de establecer el hecho diferencial craneano que, a su juicio, distinguía a los catalanes, arios al cabo, de los semitas avecindados al sur del Ebro.

Ciento veinte años más tarde, Anna Erra, alcaldesa de Vich, integrada en la misma facción del supremacista Torra, tomó la palabra en el Parlamento de Cataluña para criticar que los "catalanes autóctonos" se dirigieran en castellano (sic) a toda aquella persona que "por su aspecto físico o por su nombre no parezca catalana".

La jornada tuvo, además, un foco negrolegendario europeo localizado en la ciudad francesa de Estrasburgo, donde la sediciosa huida, Clara Ponsatí, lanzó al aire del Parlamento Europeo la siguiente frase: "Uno de los crímenes más graves contra el pueblo judío tuvo lugar en 1492, cuando los denominados Reyes Católicos ordenaron su expulsión. Este primer episodio de antisemitismo de Estado fue admirado por Hitler, que trató de superarlo", desahogo tras el cual trató de establecer un paralelismo entre los judíos y los catalanes, víctimas ambos, a su parecer, de la secular intolerancia española.

Como es natural, semejantes afirmaciones desencadenaron un alud de críticas a la que nos sumamos por medio de este escrito. Lo primero que sorprende de las afirmaciones ponsetianas es que estas se hayan realizado en territorio francés, del cual los judíos fueron expulsados hasta en cinco ocasiones entre finales del siglo XII y mediados del XV. En cuanto a la supuesta inspiración hispana de Hitler para llevar a cabo el Holocausto, ha de saber nuestra compatriota doña Clara, que el "Führer" tenía de Isabel la Católica una muy negativa imagen que le llevó a decir que la reina castellana era "la mayor ramera de la Historia". Conviene, además, establecer distancias nítidas entre los motivos que llevaron a los Reyes Católicos, decisión en la que parece ser que tuvo más que ver Fernando que Isabel, a expulsar a los judíos, y las que movieron a Hitler a adoptar la "Solución final". Una diferencia que orbita en torno a la cuestión racial y que es favorable a los reyes españoles, por cuanto estos permitieron la permanencia de todos aquellos judíos, a despecho de su supuesto fenotipo, que abrazaran la fe católica, mientras que en la decisión hitleriana lo que pesaron fueron motivos muy cercanos a los cultivados por el pretendidamente ario Gener.

Otros fueron, en efecto, los espejos históricos en los que se miró Hitler y el democrático colectivo nacionalsocialista sobre el que se apoyó para alcanzar el poder. Nos estamos refiriendo, naturalmente, al muy antisemita Martín Lutero, firme partidario del uso del fuego contra los hebreos, cuya efigie convivió con la esvástica dentro de una propaganda nazi que a principios de 1941 abandonó la tipografía gótica al descubrir su origen judío. Meses antes, la ciudad holandesa de Róterdam había quedado devastada bajo las bombas alemanas, que destruyeron la cuna de ese mismo Erasmo que, tras recibir, por dos veces, la invitación del cardenal Cisneros para visitar Alcalá y participar en la Biblia Políglota, escribió una carta a Tomás Moro en la que incluyó su célebre "Non placet Hispania", fórmula con la que expresó su desagrado en relación a una nación con excesiva cantidad de judíos.

Manipulaciones históricas e impúdicas manifestaciones, todo sirve a una causa, la lazi, marcada por una constante pulsión racista que se abre paso con cierta frecuencia y que cuenta con innumerables precedentes. Por citar alguno, podríamos acudir al federalista Valentín Almirall, autor de una obra, El Catalanismo. Motivos que lo legitiman. Fundamentos científicos y soluciones prácticas, en la que se invoca también a la ciencia y en la cual podemos hallar manifestaciones del siguiente jaez:

España no es una nación una, compuesta por un pueblo uniforme. Más bien es todo lo contrario. Desde los más remotos tiempos de la historia, una gran variedad de razas diferentes echaron raíces en nuestra península, pero sin llegar nunca a fusionarse. En época posterior se constituyeron dos grupos: el castellano y el vasco-aragonés o pirenaico. Ahora bien, el carácter y los rasgos de ambos son diametralmente opuestos.

El grupo central-meridional, por la influencia de la sangre semita que se debe a la invasión árabe, se distingue por su espíritu soñador [….]. El grupo pirenaico, procede de razas primitivas, se manifiesta como mucho más positivo. Su ingenio analítico y recio, como su territorio, va directo al fondo de las cosas, sin pararse en las formas.

Años más tarde, el secesionista Daniel Cardona, que participó en la fundación del grupo Bandera Negra, percibió las diferencias entre los que Anna Erra ha llamado "catalanes autóctonos" y los que no tenían la dicha de serlo. "Un cráneo de Ávila, no será nunca como uno de la Plana de Vic. La Antropología habla más elocuentemente que un cañón del 42", sentenció quien participara en la bufa intentona de proclamación de la República Catalana, tras la cual, del mismo modo que Puigdemont y su cohorte de fugados protegidos por Europa, cruzó los Pirineos.

Iván Vélez, presidente de la Fundación Denaes.


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Las Cortes del Frente Popular
Segundo Sanz okdiario 15 Febrero 2020

Hizo bien Tristana Moraleja, diputada gallega del PP, cuando en la apertura de la legislatura lanzó vivas a España y al Rey. Fue secundada por buena parte de diputados y senadores en un gesto disuasorio ante quienes pretenden dinamitar lo conseguido en la Transición. Tales vivas a la Constitución y a la Corona son el mejor antídoto frente a los que se identifican más con aquel diputado del Frente Popular que exigió allá por el 36 al entonces presidente de la mesa de edad, Ramón de Carranza, que cerrara la sesión de constitución con un “¡Viva la República!”. A lo que éste contestó: “No me da la gana”.

El lío que se formó fue mayúsculo, con insultos hacia la tribuna y la escena de diputados socialistas cantando la Internacional puño en alto. Incluso hubo un intento de agresión a Carranza. Así, arrancaron aquellas Cortes del Frente Popular a las que se iba con pistola y el odio en la palabra. La falta de respeto era la tónica dominante, según los cronistas de la época, en un ambiente irrespirable. Ochenta años después, el Palacio de la Carrera de San Jerónimo vuelve a estar en manos de socialistas y comunistas. Y de nuevo, la descortesía, la grosería y la amenaza a la convivencia y la integridad territorial están demasiado presentes. Desde hace 10 meses.

Es indecente que los insultos y las ofensas hacia instituciones como la Guardia Civil, la Policía o la Corona sean proferidos de continuo por separatistas y filoetarras sin recibir la más mínima advertencia o amonestación. Es indecente que se ampare a los bildutarras en semejantes acusaciones infundadas y se interrumpa a la diputada Olona (Vox) en su respuesta de que tienen que «lavarse la boca». Es indecente que se ponga altavoz a un condenado por el Supremo por enaltecer el terrorismo y humillar a las víctimas con el argumento de que ETA ya no mata. Como si el Código Penal fuere algo momentáneo. Es indecente que el peronista Pisarello, que ultrajó la bandera de España, sea defensor en la Mesa del Congreso de los piraterías y engaños de Podemos para colar en el Congreso como conferenciante quien le venga en gana con tal de sacar rédito político. Ya sea al presidente argentino, Alberto Fernández, cuando estaba en campaña o con el vocalista César Strawberry (“A Ortega Lara habría que secuestrarlo ahora”, escribió) mientras el TC ve su recurso de amparo.

Es indecente que se ponga la alfombra a la progresía mediática y que se persiga a la prensa incómoda. Es indecente que el Ejecutivo socialcomunista reciba al vocero de los golpistas catalanes en la zona de Gobierno del hemiciclo, dándole un trato privilegiado a Juan Gabriel Rufián. ¡Cómo se pavoneaba el chulángano del procés por la moqueta! Es indecente que Batet no afeara a su socia proetarra Aizpurua el ataque a Felipe VI tildándolo de “autoritario”. Ahora se entiende que la Meritxell le dedicara un inaudito “¡Viva el Rey!” en su discurso solemne del día 3. ¡Cuánta hipocresía y desfachatez! Es indecente.

El País Vasco no es un oasis, es un espejismo
Javier de Andrés elconfidencial 15 Febrero 2020

'El Oasis Vasco' fue un libro publicado en 2007 por el historiador José Luis de la Granja y cuyo título, referido a momentos de la II República y la Guerra Civil, ha triunfado tanto entre quienes quieren reflejar una Euskadi idílica como entre quienes se refieren irónicamente al contraste entre la placidez con la que aparentemente transcurre la vida en el País Vasco y las realidades cotidianas que chirrían y desmienten esa interpretación de lo cotidiano en esta tierra.

Entre estas dos interpretaciones, son más los vascos que perciben la gestión del Gobierno de coalición entre el PNV y el PSE como un remanso de paz en la vorágine política española. Poco importa que apenas se hayan aprobado ocho de las 30 leyes que el Gobierno se propuso para esta legislatura, que haya pasado 2019 sin presupuesto, que tuviera que dimitir el consejero de Sanidad por irregularidades en las oposiciones o que recientemente se hayan dictado las sentencias por corrupción más severas que se conocían por aquí, acompañado todo ello con nuevas adjudicaciones a dedo a empresarios afectos al PNV.

Con esa interpretación tan amable es con la que el PNV aborda las elecciones del día 5 de abril, con la segura convicción de que su candidato será refrendado mayoritariamente por las urnas y revalidado por el PSE en el pleno de investidura. Cuatro años más de cómoda continuidad.

El oasis vasco es una buena descripción para reflejar el agua fresca que brota y riega la fértil vega rodeada de un páramo estéril. El PNV lleva construyendo esta metáfora históricamente, lo hacía incluso cuando el PNV no gobernaba. Es el discurso de la superioridad racial de Sabino Arana que hoy ha cambiado por una ventaja no debida a la raza sino a la genialidad de los gobernantes nacionalistas.

Es verdad que el País Vasco está en una buena posición con respecto a otras autonomías españolas, pero no es fácil de sostener que eso se deba a la gestión de los Gobiernos del PNV. Por el contrario, estas elecciones son un buen momento para interesarse por la evolución de la autonomía que el partido de Arana ha gobernado durante 36 de los 39 años de existencia de la comunidad autónoma.

Pedro Luis Uriarte, que fue el negociador del Concierto Económico y el Cupo Vasco, sostiene que el PIB vasco en 1980, año de su primera negociación, representaba el 7,47% del PIB nacional. Los últimos datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística indican que en 2020 solo representa el 6,1%, por lo que tendría que experimentar un crecimiento del 20% sobre sí mismo para posicionarse en el lugar en el que estaba antes de que el PNV tomara las riendas.

La autonomía vasca se reclamó hace 40 años con la firme convicción de que la capacidad de autogobierno multiplicaría las oportunidades que correspondían a los méritos vascos. El Estatuto era una oportunidad y, en efecto, depositaba en los vascos la responsabilidad de saber ejercer ese Gobierno. Pero ni hemos mejorado el PIB respecto al resto de España ni muchos otros elementos que distinguían las provincias vascas de otros lugares de nuestro país.

Al contrario, la tradicional laboriosidad de los vascos se ha traducido en que hoy Euskadi registra la mayor tasa de absentismo laboral de toda España, alcanzando el 7,1%, y que, en algunos sectores, como el de la policía autonómica, duplica al de los agentes de otros cuerpos de seguridad, eso a pesar de contar con condiciones laborales mucho más favorables.

La tasa de actividad en el País Vasco está hoy tres puntos por debajo de la tasa nacional, cuando hace 20 años era semejante y anteriormente era aún superior. Una cifra que explica muchas cosas, entre otras, el elevado déficit de la Seguridad Social en Euskadi. Las contribuciones de los trabajadores vascos solo han alcanzado a pagar el 56% de las prestaciones a los pensionistas de esta comunidad. La tasa de dependencia vasca se limita a 1,88 cotizantes por cada pensionista frente a los 2,2 de la media nacional. Hay que indicar que los vascos son, por otra parte, los que más cobran de todos los jubilados españoles, no en vano fueron también los que más cotizaron en décadas pasadas.

Esta situación de las cifras macroeconómicas de Euskadi no hablan de un gran éxito en la gestión que sus gobernantes han hecho en el largo plazo. Por el contrario, desvelan problemas estructurales difíciles de resolver y, seguramente, con soluciones políticas y económicas bien diferentes a las que tan malos resultados vienen dando.

Pero, en estas elecciones, el PNV esgrimirá el oasis vasco como elemento distintivo que debe prevalecer frente al alboroto en el que se haya sumida España. Un alboroto, en el que buena parte de la responsabilidad sobre la situación nacional recae en las decisiones que los representantes vascos han tomado.

La opinión pública vasca viene siendo receptiva a esa idea de que las noticias negativas se deben a decisiones extrañas mientras los éxitos se deben a las propias, pero la realidad de ese oasis vasco es que se trata de un reflejo que no se confirma con datos que avalen la buena marcha de ese territorio. Por el contrario, parece indicar que no se han aprovechado bien las oportunidades. Es, por tanto, más, una ilusión que una realidad; un espejismo, más que un oasis.

Un Mesías para Cataluña
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 15 Febrero 2020

Romper España con amor y abusar con amor de más de la mitad de los catalanes no deja de ser el colmo del esperpento.

Tenemos un nuevo patrón para medir la decencia de los políticos, juzgándola sobre la base de la coherencia con sus principios y con sus promesas preelectorales. Angela Merkel dio el ejemplo cuando forzó la renuncia del presidente de la región de Turingia, del Partido Liberal, socio de la democracia cristiana, que acababa de ser elegido para el cargo gracias a los votos del partido de ultraderecha AfD (Alternativa para Alemania). La conducta impecable de la canciller alemana, que la impulsó a corregir la claudicación de su partido y de su socio aunque esto implicara una pérdida circunstancial de poder, la hizo acreedora una vez más -y ya son muchas- a una calificación sobresaliente en la escala de valores morales.

Sánchez, cero patatero
Es aleccionador comparar las virtudes modélicas que despliega la señora Merkel en su acción de gobierno, con las felonías a las que nos tiene acostumbrados el Tartufo que pernocta en la Moncloa. El doctor Pedro Sánchez, medido en la misma escala que le acredita un diez a la canciller alemana, naufraga en el cero patatero.

Los conciliadores argumentarán que no es lo mismo pactar con un partido ultraderechista de envergadura nacional que negociar con partidos regionales de raigambre democrática para involucrarlos en una investidura o en la aprobación de los presupuestos del Estado. Falso. Estos partidos no tienen raigambre democrática ni se circunscriben al ámbito regional. Son rémoras de tiempos feudales y los obsesiona la ambición de fundar una repúblika independiente de matriz totalitaria. La operación emprendida por el sanchismo y sus socios comunistas en estrecha colaboración con esta carcundia es tan peligrosa para la democracia española como lo sería el acceso al poder de la AfD para la democracia alemana.

Esta es la escoria
La trampa urdida por los embaucadores consiste en hacer creer al público desinformado que aquí el equivalente de la AfD es Vox. Nuevamente falso. Vox es el espantajo que sirve, como en los espectáculos de prestidigitación, para desviar la atención de la platea y colarle el truco. Aquí, el truco consiste en aplicar un barniz de respetabilidad al auténtico monstruo de la ultraderecha identitaria, compuesta por los supremacistas de la pureza étnica catalana, los xenófobos especializados en el odio a lo español que inculcan a niños y adultos, los fóbicos contra la lengua y la cultura del compatriota, los idólatras del guerracivilismo, y los enemigos acérrimos de la ley y la justicia. Más testimonios de ultraderechismo, imposible. Y esta es la escoria que Pedro Sánchez abraza para enrocarse en el poder. Cero patatero.

También puede parecer contradictorio que el primer gobierno de coalición entre sanchistas (me resisto a llamarlos socialistas) y comunistas haga depender su continuidad del apareamiento con el monstruo de la ultraderecha identitaria, gemela de la AfD alemana. Pero la clave está en la total falta de escrúpulos de los confabulados, que viven de espaldas a la realidad española en general y catalana en particular. ¿Qué les importa a los cabecillas del Frente Popular gobernante la suerte qué pueda correr la mayoría de los habitantes de Cataluña que no están embarcados en la cruzada secesionista?

Víctima de los bárbaros
Según el último sondeo de GAD3 para La Vanguardia (9-10/2) hay en Cataluña un 48,9 % de ciudadanos que dice "no" a la independencia contra un 44,1 % que dice "sí"; solo un 33,9 % se siente más catalán que español o solo catalán; un 73,7 % se siente en su propio país cuando viaja por el resto de España; en tanto que el 36,0 % habla mayoritariamente en castellano, el 30,7 % indistintamente tanto en castellano como en catalán y solo el 31,7 % mayoritariamente en catalán.

He aquí el retrato de la sociedad civilizada cuyos componentes plurales viven fragmentados por la dictadura tribal del conducator Quim Torra y sus compinches. Esta gentuza usurpa jerarquías propias de la jefatura de un Estado independiente, con el beneplácito del Gran Felón, que acude a rendirles pleitesía con la Agenda de la Rendición bajo el brazo. Una humillación que se completa cuando el primus inter pares Iván Redondo hace una reverencia cortesana al ensoberbecido anfitrión.

Una vez cumplido este trámite servil, el caradura tuvo la desfachatez de ir a pactar con la alcaldesa antisistema Ada Colau la cocapitalidad cultural y científica de Barcelona y Madrid. Pobre Barcelona, que brilló por su cosmopolitismo en los años sesenta y setenta del siglo pasado, y que ahora es víctima de los bárbaros que, con el visto bueno de Colau y su casta, proscriben la lengua común de los españoles en las aulas y los patios de las escuelas y en los rótulos de los comercios. Para contrarrestar este déficit, la Ciudad Condal se ha convertido en la Meca de narcotraficantes, atracadores, proxenetas, okupas, manteros e incívicos de todo tipo. Así postrada, solo puede compartir la capitalidad con los bajos fondos de Marsella.

El mesías presidiario
Esto no es todo. Hay más. El presidiario Oriol Junqueras, que ha hecho valer sus trece escaños para garantizar la continuidad del Gobierno sanchista-comunista, ha sido recompensado con la convocatoria de la mesa del trágala antiespañol, que contará con la presencia del topo del golpismo Pablo Iglesias como representante del Gobierno sumiso, en un clima tóxico de consultas ilegales, desjudicialización de los delitos flagrantes y desprecio a la Constitución y a la Monarquía parlamentaria.

Ahora, ese mismo presidiario ha sucumbido a la ensoñación mística. Y se ha ungido a sí mismo como Mesías al comunicarles enfáticamente a Jordi Évole y a cinco cámaras de televisión, desde el púlpito de Lledoners:

El junquerismo es amor.
Ya no se conforma con proclamar la independencia ni la repúblika. Hemos salido del marco político para entrar en el santuario del culto junquerista. Con un Mesías cuyos apóstoles tendrán la misión de combatir -con amor, eso sí- la herejía puigdemontana, y cuyos neófitos saldrán a predicar, envueltos en túnicas amarillas, por todos los rincones de los Països Catalans irredentos, la buena nueva de que "el junquerismo es amor". Romper España con amor y abusar con amor de más de la mitad de los catalanes no deja de ser el colmo del esperpento, que hace palidecer las barrabasadas de los Hare Krishna y de la iglesia de la Cienciología.

Un vagón de psiquiatras
Solo los pecadores incorregibles seguiremos pensando que quienes deben estudiar a los popes reincidentes del procés no son los sociólogos y politólogos, y tampoco los teólogos en el caso del mesianismo junquerista, sino los psiquiatras. Un vagón de psiquiatras, por lo menos, para tratar a tantos desquiciados.

Desde 2010, casi 6.500 funcionarios nacionales menos
El Estado adelgaza en Cataluña mientras la región dispara el número de funcionarios autonómicos
Carlos Ribagorda okdiario 15 Febrero 2020

La Administración central ha reducido su presencia en Cataluña en casi 6.500 funcionarios desde julio de 2010 hasta julio de 2019, durante el desafío independentista catalán, mientras la región ha disparado su personal público dependiente de la Generalitat y sus órganos dependientes en más de 30.000 personas. Así lo reflejan los datos del Ministerio de Función Pública de la última década consultados por este diario.

En concreto, en julio de 2010 había en Cataluña trabajando como funcionarios de la Administración central un total de 32.372 personas, frente a las 172.019 que lo hacían para organismos y consejerías autonómicas.

Nueve años después, en julio de 2019 -último dato publicado-, la nómina del Gobierno central en esta región se había reducido en casi 6.500 personas, hasta las 25.866 personas. En cambio, el número de funcionarios que cobran de la Generalitat había subido hasta 204.861, es decir, 32.842 más.

En cuanto al personal de la Administración central, se trata de militares, policías y guardias civiles, a los que se suma el personal de la administración del Estado y de Justicia. De las 25.866 personas que trabajaban en Cataluña en julio de 2019, un total de 8.222 son militares y policías y guardias civiles. La cifra es similar -400 menos- de la que había en julio de 2010. Destaca Lérida, donde quedan apenas 674 militares y miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para una población superior a los 430.000 personas.

También es similar la cifra de funcionarios de la Administración de Justicia, donde destaca de nuevo Lérida: quedan 104 personas. La caída se produce principalmente en el personal de la Administración del Estado y de organismos públicos ‘nacionales’ en la región.

Cataluña
Y mientras adelgaza la presencia pública de la Administración central, se dispara la de la Generalitat. En julio de 2019 había en la región 204.861 personas cobrando del Gobierno de Quim Torra -inhabilitado en primera instancia por desobediencia-, casi ocho veces más que ‘nacionales’. Por ejemplo, en Barcelona, son ya 143.032 ‘autonómicos’ y 18.774 ‘nacionales’. En Lérida hay diez veces más ‘autonómicos’ que ‘nacionales’.

El incremento de funcionarios autonómicos es constante en la última década, al tiempo que el Estado ha ido desapareciendo de la región. Justo cuando los dirigentes de la Generalitat han planteado un desafío independentista que les llevó, sin éxito, a saltarse la ley para forzar la independencia del resto de España.

Además de los efectos que tiene sobre la presencia del Estado en la región, el incremento de funcionarios públicos catalanes -con el aumento del gasto que eso conlleva- se produce en medio de la quiebra de la economía de la región, que ha tenido que pedir 80.000 millones de euros al fondo de liquidez del Estado para poder financiarse y pagar las nóminas.


 


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