AGLI Recortes de Prensa   Lunes 17  Febrero  2020

El PSOE, a los pies de Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital 17 Febrero 2020

El primer Comité Federal del PSOE desde el pasado mes de septiembre ha dado completamente la vuelta al máximo órgano político socialista hasta convertirlo en una mera comparsa de los caprichos de Pedro Sánchez.

Cinco meses después de su última reunión los delegados del PSOE han aplaudido el Gobierno de coalición con Podemos y las negociaciones con ERC, precisamente las dos líneas rojas fijadas en su día por el aparato socialista, que el sanchismo ha hecho saltar por los aires sin la menor objeción.

Los barones socialistas han optado por el mutismo para no verse arrasados en sus territorios por el sanchismo rampante. Tan solo Emiliano García Page, presidente socialista de Castilla La Mancha, se atrevió a introducir algún matiz respecto a los chalaneos de Sánchez con los golpistas catalanes, modesta iniciativa que no contó con el apoyo de ningún otro barón del PSOE.

Pero la actitud más vergonzosa en esta operación de sumisión al déspota la ha protagonizado Susana Díaz. La que fue en su día rival de Sánchez en las primarias socialistas es ahora su principal aduladora y, de rechazar las cesiones al separatismo, ha pasado a declararse "segura y convencida" de que el camino emprendido por Sánchez es el mejor para encontrar una solución al llamado conflicto catalán.

El mito de unos barones del PSOE dispuestos a mantener encauzado el partido en la centralidad contra las aventuras radicales de líderes advenedizos ya no se sostiene, ni siquiera como excusa. El partido socialista es, hoy, un apéndice del sanchismo cuyos dirigentes territoriales ya solo se limitan a aplaudir al líder por las decisiones que antes suscitaban su más firme rechazo. Susana Díaz es el reflejo más nítido de un PSOE irrecuperable, que ya se ha convertido en la principal amenaza para la nación española.

El PP no debe pactar con quien siga pactando con los adversarios de España
ESdiario 17 Febrero 2020

Sánchez lo ha pactado todo con los mismos partidos que intentan deshacer el legado de la Transición. El PP no puede ayudarle en esa tarea sin garantías claras y por escrito.

Pedro Sánchez mantendrá este lunes un encuentro en Moncloa con Pablo Casado, al que lleva despreciando desde la moción de censura y ni siquiera devolvió la llamada cuando, tras la última noche electoral, venció en las urnas pero necesitaba apoyos urgentes que buscó en otras latitudes.

Si ahora se reúne con el PP es por pura necesidad, que es por otro lado el único motor que mueve al vigente líder socialista: sin los populares, jamás alcanzará la mayoría cualificada de tres quintos del Congreso y del Senado necesaria para renovar el CGPJ, el Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo, el Consejo de Administración de RTVE y el Tribunal de Cuentas.

Lo razonable sería sin duda que los dos grandes partidos, representativos de la mayoría de la sociedad, se pusieran de acuerdo en todo eso y, a la vez, el uno fuera contrapeso y reequilibrio del otro en todas esas instituciones.

El Nuevo Orden: el tripartito que desea Sánchez para Cataluña... y España

Pero ha sido Sánchez quien ha quebrado esa tradición, desechando con desprecio todos los pactos de Estado ofrecidos por Casado incluso en un contexto tan traumático como el desalojo del PP de Moncloa por la pinza del PSOE con Podemos y el independentismo que, lejos de remitir, se ha agravado y gobierna España.

¿Con qué autoridad espera ahora el presidente que el principal partido de la oposición se avenga al consenso con él? No se puede saltar de socio en socio según las circunstancias, y mucho menos cuando existente la fundada sospecha de que, una vez firmado cualquier acuerdo, Sánchez lo utilizarán contra los firmantes o, peor aún, contra la independencia de las instituciones renovadas.

El PP debe resistir
La Justicia es paradigmática de ese comportamiento, y ahí están los casos del asalto a la Fiscalía General, de la utilización de la Abogacía del Estado y del desprecio al Tribunal Supremo. Y qué decir de RTVE, transformada en un altavoz impúdico del Gobierno.

Mal haría el PP en fiarse de Sánchez y en aceptar cualquier trágala sin garantías suficientes. Por elevada que la la presión mediática para que acepte lo que el Gobierno reclame, Casado y los populares han de saber soportarla: solo le faltaba a una España asolada por el sanchismo que éste incluyera entre sus poderes al judicial con la complicidad de quien debe evitarlo.

Zapatero 2
La economía ya petardea y el Gobierno lo sabe y lo oculta
Luis Ventoso ABC 17 Febrero 2020

El viernes, volviendo de cenar en Madrid, preguntamos al taxista qué tal iba la cosa. Al parecer tocamos fibra sensible, porque el hombre se despachó: «Está empezando a pasar lo de la otra vez. Este mes ya se ha parado todo, como cuando la crisis. Y en el supermercado, lo mismo». ¿Tienen esas sensaciones algún valor o se trata solo un pesimista agorero? En España la economía nos provoca bostezos, hasta que nos llega el agua al cuello y entonces la prima de la que más hablamos es la de riesgo. No prestamos atención al goteo de malos datos. Tras un lustro de subida constante, en 2019 la venta de viviendas cayó un 3%. La cifra de creación de empleo fue la peor desde 2014. Los trabajadores afectados por los ERE se dispararon. El consumo eléctrico, termómetro obvio del pulso económico, también está aflojando. En la foto general, la España del presidente apolíneo y superprogresista crece la mitad que la del carca y aburrido Mariano. Además al Gobierno le han surgido tres contratiempos que no figuraban en el guión del Rey Sol. El primero es que el campo se ha soliviantado y está en la calle contra la gloriosa «coalición progresista», a la que acusa de no defender sus intereses y de acogotar al sector con el salario mínimo. El segundo tropiezo imprevisto ha sido el folletín de bolas y chapuzas del caso Ábalos, que a ratos parecía un astracán del Superagente 86 y que ha enojado a Estados Unidos. El tercer revés inesperado es el clamoroso fiasco con el Mobile. Aunque se escuden en el victimismo, la suspensión revela que el Gobierno y sus socios separatistas no han sabido defender nuestros intereses comerciales.

Como es lógico, Sánchez posee sobrada información que certifica que la nave económica ya surca remolinos. Pero estamos ante Zapatero 2. El Gobierno social-comunista, para el que mentir no supone esfuerzo ni novedad, se empecina en sostener que todo va viento en popa, con una ministra de Hacienda y portavoz que además vende el embuste con pasión arrebolada. El problema económico se camufla mediante maniobras de distracción. Urge despistar al público con medidas de ingeniería social que alejan el debate de los pagos del dinero, como la ley de eutanasia u otra vuelta de tuerca a la mal llamada «memoria histórica».

Pero la propaganda y la mentira también tienen sus límites. A pesar del imperio televisivo del sanchismo, cala la idea que el Gobierno no está siendo responsable (más gasto y más impuestos solo agudizarán el problema) y que tiene a bordo demasiados aficionados, que cuando ante los retos reales no saben hacer la o con un canuto. Además, se ha tornado un clamor que Sánchez pende de Junqueras.

¿Solución? Una ronda de fotos propagandísticas con gente cabal para lavar la imagen. Hoy, reunión con Casado, y mañana, el Rey en el consejo de ministros. Muy bisoño será Casado si acepta entenderse con el virtuoso del trile sin exigirle antes unos mínimos: cordura económica, fin de una mesa donde la autodeterminación figura en el orden del día y renuncia expresa a reformar el Código Penal a la medida de Junqueras. Si el PP pastelea con Zapatero 2 a cambio de unos puestecillos iniciará un camino sin retorno hacia la irrelevancia.

La deriva de Sánchez castiga al PSOE
Editorial larazon 17 Febrero 2020

A tenor de lo que nos dicen los sondeos electorales, haría bien el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en atender las preocupaciones de algunos de sus dirigentes más críticos con la estrategia en Cataluña, como son los presidentes autonómicos Guillermo Fernández Vara, Javier Lambán y Emiliano García Page, que vienen alertando del alto coste que puede tener para su partido la política de cesiones a los separatistas catalanes.

Y haría bien porque, contra lo que viene siendo habitual, al menos, en el mundo de la demoscopia, el PSOE, que, no lo olvidemos, apenas está en los primeros compases de la legislatura, no deja de perder apoyos en los sondeos. El más reciente, elaborado por «NC Report» para LA RAZÓN, acusa un descenso del voto socialista cifrado en 600.000 sufragios que, traducido a escaños, supone obtener entre 4 y 6 diputados menos, prácticamente los mismos que, de celebrarse hoy las elecciones, recuperaría el Partido Popular. Se nos dirá que el descenso de votantes afecta a todo el bloque de la izquierda y no sólo al PSOE, pero la encuesta detecta que es entre el electorado socialista, después del de Ciudadanos, claro, donde más crece la abstención, ya que un 6,1 por ciento de quienes declaran haber votado a Pedro Sánchez en noviembre afirman que se abstendría en la urnas, por tan solo el 2,8 por ciento de los simpatizantes de Unidas Podemos.

En realidad, las tres formaciones que sostienen la actual situación, PSOE, Podemos y ERC, descienden en la intención de voto, aunque los republicanos catalanes y los radicales de izquierda sufren el desgaste en menor medida que los socialistas. Es más, mientras que el PP de Pablo Casado recupera hasta un 8,1 por ciento de los antiguos votantes de Ciudadanos –formación que sigue en caída libre, con una pérdida, según la encuesta, de 360.000 votos y 2 escaños–, y los populistas de VOX suben ligeramente en voto popular y sumarían hasta 4 diputados más, el PSOE apenas recibe apoyos desde otros partidos, ni siquiera de los votantes de centro izquierda que se atribuían a la formación naranja.

Sin duda, el hecho de la fragmentación política en el centro derecha español, que, en conjunto, y a día de hoy, superaría por tres puntos de voto popular al bloque de izquierdas –44,1 por ciento frente al 41,7–, no sólo relativiza los malos resultados electorales del partido socialista, sino que crea un espejismo de victoria que la propaganda de la izquierda ha sabido explotar en su provecho. Pero lo cierto es que el PSOE, bajo la dirección de Pedro Sánchez, y con su mejor resultado, el de las elecciones de abril de 2019, apenas ha conseguido mantener el suelo de su anterior secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, y sus expectativas de crecimiento no dejan de bajar, a pesar del plus que supone estar al frente del Gobierno de la nación.

De ahí que, a poco que se tuerzan las cosas en el escenario catalán, donde sus aliados de circunstancias de ERC ven cómo el partido del fugado Carles Puigdemont sube en las encuestas, o se produzca un deterioro mayor de la situación económica española, cuyo mercado laboral da muestras ciertas de fatiga, el PSOE pueda verse castigado por un sector de sus electores que, si bien no tiene representación en los actuales órganos de dirección del partido, no ve con buenos ojos ni la deriva hacia la desigualdad territorial ni la influencia creciente, de momento en el discurso, de una ultraizquierda que plantea las mismas fórmulas que llevaron a España a sufrir en mayor medida las consecuencias de la crisis. Tal vez, las voces críticas en el PSOE, que advierten contra la actual política de alianzas, no tengan la menor posibilidad de imponerse, pero eso no significa que no tengan razones de peso. Sólo la vuelta a la centralidad puede conjurar el riesgo de que el socialismo español acabe en la irrelevancia.

La España del rebuzno y la pelota
Pedro de Tena Libertad Digital 17 Febrero 2020

Refiere Cervantes la aventura de sus más famosos protagonistas en el caso del rebuzno, primero como modo de encontrar la respuesta de un asno perdido y luego como competencia desatada entre ciudadanos por ser capaces de imitar con más excelencia el roznido del jumento. Parece que el lance se repite en nuestros días donde hay quienes concursan para comprobar quién en es el mejor rebuznador del reino. Fíjense en el articulado por la eminente Adriana Lastra en su reciente visita a Andalucía donde afirmó que ahora los andaluces están gobernados por unos "bárbaros". De tal mente, no sólo pequeña sino hemipléjica, cabe colegir que todo lo que no sea socialismo (y ahora junto a neocomunismo y separatismo, claro) es barbarie. No es nuevo, por cierto, aunque que los hechos del socialismo real, lo acontecido en nuestra II República y en la Guerra Civil y muy luego la caída del muro de Berlín ridiculizó tal encubrimiento hasta el extremo de que la Unión Europea en 2019 declaró ideologías non gratas a dos derivadas del socialismo, el nazismo, nacional-socialismo, y el comunismo. Pero a Lastra le da igual porque la historia real y la verdad le importan un comino. Como la gobernabilidad de España a otra ilustre del rebuzno separatista.

La competición entre rebuznadores está siendo memorable. Adviértase el magistral motete rucio proferido por Comisiones Obreras contra la presencia de Santiago Abascal en la televisión pública del mismo modo que PSOE o PP o Podemos. No importa que Vox tenga más escaños que Podemos. Añadan a esta democrática burrada el aria pollina de la racista de Vich tratado de describir las diferencias físicas entre catalanes fetén y los residentes degenerados. Estamos a un paso de volver a rebuznar con los cráneos y el RH en el trance. O el asnal argumento ad hominem, vale, ad feminam, de la alcurnia graznado por el mentiroso Ábalos contra Cayetana Álvarez de Toledo. O los arrebatos borriqueros de una directora general sobre el ano y su papel en la identidad masculina. Tampoco se olvide el silencio – que es un clamor -, de algunos eminentes onagros sobre la paliza a Guaidó en Venezuela o sobre los 40 bultos, matarile, rile, rón, sin llaves encontradas del avió de Miss Delcy, Javier Somalo muy bien dixit.

Podría hacerse una antología exhaustiva de rebuznos que parecen haber desatado una olimpiada nacional sobre sus mejores intérpretes. Estos roznidos de la izquierda desquiciada se resumen en dos: España es suya y la media España que se les resiste, es moralmente inferior y, además, es fascista, nazi, extrema derechista y antidemocrática. Vamos, que los burros son los otros y que la concordia nacional es una burrada que hay que liquidar.

Tantos rebuznos no les permiten comprender que la pluralidad política y social de la nación exige un marco aceptable para todos donde la tolerancia reciproca sea posible. Todo menos matarnos, que eso ya lo hemos hecho con minucioso afán y siguió haciendo ETA en plena democracia. ¿O cuántas guerras civiles necesitan algunos para comprender esta sencilla verdad política? ¿O es que se trata de planear una nueva contienda civil que puedan ganar de una vez sin reacción alguna? El problema del burro es que rebuzna, pero no puede aprender. Que hay otros, que estos otros tienen derecho a existir y que todos somos españoles fue el espíritu de la transición que algunos parecen querer cocear hasta la muerte.

Hasta 2004, el juego lo jugábamos todos, pero desde entonces, hay rebuznadores profesionales que empezaron a negar el derecho de los otros a jugar. Pues recuérdese el dicho: O jugamos todos o pinchamos la pelota. Yo, personalmente, estoy hasta las criadillas de los rebuznos y me siento cada vez más indignado por la desorganización y el silencio intelectual, político, social y civil de los pateados por esta manada borriquera cuyo único afán parece echar del mapa de lo quede de España a quiénes no pensamos como ellos.

La cuadratura del círculo
Carlos Mármol cronicaglobal 17 Febrero 2020

Se atribuye a Rafael Guerra, Guerrita, un torero cordobés que ejerció entre finales del XIX y principios del XX, y que ha pasado a la historia por su condición de filósofo pedestre más que por sus dotes para la lidia, una frase --mítica-- que, como tantas otras en Andalucía, adquiere su significado real mediante la exageración: "Lo que no puede ser, no puede ser; y además es imposible". No se puede decir más en menos. Lo pensaba este sábado tras leer las crónicas del último comité federal del PSOE, aunque quizás sería más exacto referirnos al Partido Unipersonal de Sánchez I, el Insomne, porque el PSOE ha desaparecido, igual que murieron los dinosaurios. En este cónclave el presidente del Gobierno, enfundado en sus vaqueros pitillo, proclamaba ante su grey que "el diálogo en Cataluña" --léase las negociaciones con el independentismo-- no va a provocar ningún "perjuicio" a otras comunidades autónomas.

El mensaje, que fue lo único destacable de la reunión, donde casi todo fueron taconazos y devociones súbitas --el poder es mágico: a los antiguos enemigos los transforma en corderitos y convierte en hondos devotos a los filisteos--, fue recibido con júbilo general, mostrando ese maravilloso espectáculo sociológico que es el asentimiento (por interés). "Todo se hará dentro de la ley", prometieron. Como si la legislación fuera un valor en un país donde las leyes no se han cumplido nunca. Lo que no dijo Sánchez, ni nadie le demandó que explicase, es cómo diablos piensa lograr la cuadratura del círculo territorial. ¡Ah, aquí todo es misterio!

Salvo que el Gobierno esté preparando una subida de impuestos brutal --cosa nada extraña habiendo sido encomendada la cartera de Hacienda la ministra Montero, que todo lo soluciona gracias a la generosidad de nuestras carteras--, se antoja complicado, por no decir imposible, que el ejecutivo pueda satisfacer al mismo tiempo las exigencias independentistas --la autodeterminación implica quedarse con buena parte del PIB-- y las demandas del resto de autonomías, que tienen idéntico derecho a recibir lo mismo que los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos consideran que les pertenece por derecho divino.

Tal promesa, que en el caso de Sánchez I no deberíamos tomar al pie de la letra, dados sus antecedentes, se está incumpliendo desde hace tiempo. Ya. ¿Podemos acaso considerar igualdad de trato que el Gobierno acepte la bilateralidad con Cataluña y, sin embargo, no la extienda a todos los demás gobiernos autonómicos, a los que ha pretendido estafar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera? Obviamente, no. Sánchez no tuvo problema alguno en hacer el desfile del trabuco --aquella egregia ceremonia preparada por Torra, un presidente inhabilitado por la Justicia-- pero a otros presidentes autonómicos no es que no los reciba en la Moncloa. Es que ni les devuelve las llamadas ni le contesta a las cartas.

La asimetría que comienza con lo formal --el trato-- se extenderá, no lo duden, a la sustancia, que son los dineros. Que los socialistas prometan que no se saltarán la Constitución no es ninguna garantía. Al contrario. De facto, ya lo han hecho al prometer --ha sido rubricado en los acuerdos de investidura-- adaptar "la estructura del Estado a las identidades", sustituyendo directamente el derecho por el delirio. Por mucho que la oposición sobreactúe, que lo hace, los hechos son indudables: el pacto con el independentismo es un trampantojo. Sus interlocutores no representan a todos los ciudadanos ni tienen la mayoría que exige la Carta Magna para un cambio constitucional. No está en sus manos hacer lo que han prometido.

Siendo todo esto innegable, la situación no presenta más que dos salidas: o Sánchez engaña a ERC --lo cual provocaría su caída inmediata-- o nos va a estafar a todos. O ambas cosas. El diálogo sobre el modelo territorial de España es un asunto que nos afecta a todos. No puede abordarse de forma bilateral o desde los intereses políticos personalistas sin caer en la desigualdad de trato. Que nos lo vendan como "un triunfo de la política" evidencia cuál es el concepto de política de la Moncloa. Que Sánchez triunfe ante el comité federal de su partido no tiene ningún mérito. Igual que en el Vaticano, el cuerpo electoral que lo respalda ha sido nombrado por él mismo. Es cautivo de sus deseos. El ruido de la calle, en cambio, ha comenzado ya a oírse con las protestas del campo. Como diría el maestro Miguel Ángel Aguilar: ¡Atentos!

El que suma es Núñez Feijóo
Editorial ABC 17 Febrero 2020

La encuesta de GAD3 para ABC sobre la estimación de voto en Galicia ratifica una nueva mayoría absoluta para el PP de la mano de Alberto Núñez Feijóo. El candidato mantendría los mismos 41 escaños que tiene en la actualidad, con apenas un desgaste de medio punto en el apoyo electoral. El bloque de la izquierda y el nacionalismo seguirían, por tanto, con la misma representación, pero con el dato significativo de un hundimiento casi extintivo de la marca de Podemos, En Marea, que pasaría de 14 a 2 escaños, distribuyendo 7 a los socialistas y 5 al BNG. Por tanto, esta encuesta es la fotografía de la estabilidad política en Galicia, porque no sólo las cifras de votos y escaños avalan a Núñez Feijóo; también las percepciones de los ciudadanos.

El candidato popular es el favorito de los gallegos en cuanto a valoración, conocimiento y preferencia para gobernar Galicia. Feijóo gana a los demás candidatos en todos los estratos sociales, ya estén identificados por edad o por situación laboral. Esta encuesta ratifica el resultado de las pasadas elecciones generales del 28-A, en las que ni Cs ni Vox obtuvieron un solo escaño, aunque sumaron entre ambos cerca de 180.000 votos. Ahora su suerte no va a ser mejor. La suma que propone Arrimadas para frenar el avance nacionalista ya la tiene hecha Núñez Feijóo, lo que no significa que no sea conveniente que Cs y PP cooperen en esta comunidad para evitar la pérdida de votos que ponga en riesgo la mayoría constitucionalista actual. Por eso, en Galicia es imprescindible la marca del PP y el liderazgo de Feijóo, pero también la generosidad y el entendimiento entre dos partidos que están llamados a colaborar a corto plazo para unificar fuerzas y estrategias a escala nacional. El peor efecto de esta encuesta es doble: que el PP se confíe en un éxito asegurado y que Cs y Vox se lancen a una disputa por el electorado constitucionalista.

Suma inopia
Nota del Editor 17 Febrero 2020

Con un poco de suerte, los desmemoriados pueden observar que en Galicia, el PP hace lo mismo que los otros separatistas en los lugares donde el español es lengua impropia, y de una vez se decidan a votar a Vox para botar al PP y que desaparezca en el fondo de su inopia.

La anomalía felipista
Nada queda del felipismo; visto en perspectiva, Sánchez lo ha convertido en un paréntesis de la historia socialista
Ignacio Camacho ABC 17 Febrero 2020

Con su guasa vitriólica decía la semana pasada Alfonso Guerra que la derecha, falta de referentes, lo había escogido a él por sus opiniones sobre (contra) el nacionalismo. Y no le falta razón al antiguo vicetodo de González, cuyo enorme talento político resalta aún en medio de este erial de ignorancia adanista pese a los vicios de origen incubados en aquel brillante período. Pero su sarcasmo incisivo elude la dolorosa realidad de que donde no se escuchan sus sensatos juicios es en el seno de su propio partido, en el que ha desaparecido todo atisbo de criterio autocrítico aunque provenga de las personas que hicieron posible su ciclo más eficiente y positivo. Éste es el drama actual del PSOE: que se ha convertido en agente colaborador del anticonstitucionalismo desdeñando su experiencia histórica y haciendo el vacío a quienes le prestaron su mejor servicio. Que quiere extender sobre la etapa felipista un velo de olvido para que la memoria no estorbe los compromisos del sanchismo.

Existe en la sociedad española una tendencia benévola a creer en una socialdemocracia que ya no existe porque Sánchez la ha liquidado. Los mandatarios territoriales carecen de fuerza estructural y de audacia personal para enfrentarse al liderazgo, y los dirigentes retirados son ya sólo voces ermitañas que claman en la soledad de un páramo, veteranos predicadores de la responsabilidad de Estado. El peso de la nomenclatura intermedia ha sido aventado por el método plebiscitario, que ha transformado al secretario general, escarmentado por su defenestración en aquel tormentoso golpe de mano, en un jefe autocrático al que el comité federal escucha sin un reparo. Hasta la otrora combativa Susana Díaz ha replegado su vigor partisano en busca de una indulgencia -que no obtendrá- para continuar en su cargo. Guerra también eliminó contrapesos y disidencias, pero al menos impuso su autoridad de facto sin atreverse a cambiar a plumazos el modelo orgánico. El mito del barón rampante autonómico, que en realidad nunca existió, ha caducado: esas tímidas objeciones a la política de pactos son trucos mal disimulados para camuflar ante sus votantes la evidencia de un vasallaje feudatario.

Cuando González dijo que la estabilidad de la Transición constituyó una feliz anomalía, un afortunado paréntesis en la historia de la nación española, quizá olvidó decir que, visto en perspectiva, el felipismo lo fue en la del Partido Socialista. Primero ZP y luego Sánchez lo han devuelto a la tradición republicana, la del sectarismo cainita de Largo Caballero que Azaña lamentaba con tardío y atormentado desasosiego. En el imaginario colectivo, las siglas del PSOE siguen inspirando respeto porque la opinión pública aún no ha reparado en que ya sólo forman la carcasa nominal de un proyecto hueco. Rubalcaba, el último eslabón de la cultura del consenso, lo vio venir pero está muerto.

El sanchismo era esto
Álvaro Petit Zarzalejos. vozpopuli  17 Febrero 2020

Lo de este fin de semana no fue exactamente un Comité Federal; es decir, no fue la reunión del máximo órgano del PSOE entre congresos. De una reunión así se espera algo más que discursos. Tanto en cuanto es una instancia de decisión del partido, se espera alguna decisión. Pero no hubo nada, salvo cerradas ovaciones a Pedro Sánchez. Todo estaba hecho antes si quiera de que se convocara, de tal forma que se convirtió un órgano del partido en algo más parecido a un escenario de publicidad.

Salvo una apocada intervención de García Page, todo han sido parabienes. ¿De verdad, nadie en el PSOE puede ni tan siquiera cuestionar la mal llamada Agenda para el reencuentro con Cataluña o preguntar qué diablos estaba haciendo Ábalos en Barajas? ¿Queda alguien en ese partido capaz de elevar un poco la cabeza y quitarse el miedo de la cerviz?

No existe poder real en el PSOE, más allá del poder delegado que ostentan los afines al sanchismo. Y si el partido carece de poder, cabe hacerse otra pregunta: ¿Para qué sirve el PSOE?, ¿en qué es útil a la sociedad española si ya no es más que una plataforma de poder? Se supone que los partidos sirven a la sociedad por ser vehículos de representación de la ciudadanía; cuando esto deja de ser así, pierden su sentido. Y es esto, exactamente esto, lo que le ha sucedido al PSOE, que ya no es el PSOE, sino uno mero instrumento puesto al servicio de la ambición de un líder.

Valor y precio
Porque sólo así puede explicarse la expedita mutación de Susana Díaz, que ha pasado de ser la defensora de la visión de Estado, a ir por las televisiones pidiendo perdón por la abstención que hizo posible el gobierno de Rajoy; o la de Page, o la de Lambán o la de tantos otros, que ante el miedo al Leviatán sanchista, hablan con la boca pequeña o lo que es peor, callan sin pudor.

El vacío Comité Federal del pasado fin de semana es la consumación del sanchismo como nueva frontera política del PSOE. Una frontera en la que reina el relato como sustituto de la verdad y la transparencia; en la que se da como normal lo que bajo ningún concepto podría serlo, como la mentira sistemática, por ejemplo.

El PSOE es una maquinaria electoral de gran potencia; su implantación territorial, su historia, su conocimiento de España, son grandes valores en las lides electorales. Y eso es lo que le interesa al sanchismo. Eso y nada más. Todos los demás significados que alberga el concepto de partido político, le resultan superficiales, cuando no molestos. Sobre todo, el hecho de que un partido, además de ser una organización volcada en ganar elecciones, es también el fruto de unos principios que guían su acción política y cuyo sentido reside en no ser intercambiables. Y esto, para un líder político acostumbrado a cambiar y descambiar opiniones e ideas, supone un estorbo.

La prueba de ello está en la pérdida de sentido del concepto de valor. En el PSOE ya nada vale nada y todo tiene precio. Las opiniones no valen nada, pero cuestan o pueden costar mucho. Y lo que Page o Lambán o quien sea, opine o piense no tiene valor; tan sólo tiene el precio que se paga por la lealtad ciega o la deslealtad manifiesta. Y cuando el precio es la continuidad o no en el cargo, se piensa muy mucho antes de hablar. En una estrategia de desdoblamiento asombrosa, el sanchismo es la transacción con Podemos y los nacionalistas, al tiempo que la deforestación de su propia organización.

El desprecio a Vanezuela
Porque sólo por un partido convertido en un desierto ha podido el sanchismo instaurar la provisionalidad como forma de hacer política. Todo, incluso promesas electorales tan taxativas como la de incluir en el Código Penal la convocatoria ilegal de referéndum, es una inmensa coyuntura que se mueve en un sentido o en otro, en función del caladero en el que sea más sencillo saciar la ambición de poder. De tal forma, y como elemento imprescindible, ha dado por amortizado el principio de no contradicción que debe guiar cualquier acción racional y ha asumido, en su lugar, la contradicción permanente no sólo como posibilidad, sino como derecho que, además, se reserva en exclusiva.

Nada de esto es una buena noticia. Pero lo más preocupante para España es que, si el PSOE se convierte en un reino de silencio y postración, se pueda dar por sentado que, por ejemplo, todos sus dirigentes compartan el desprecio de Carmen Calvo al pueblo venezolano, que está sufriendo y muriendo a manos de una dictadura. Y aunque asumirlo sería un ejercicio de sumo sectarismo, ¿qué otra opción queda si, a cada límite que el sanchismo traspasa, el PSOE sólo responde con silencio?

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El riesgo de la moderación
Luis Herrero Libertad Digital 17 Febrero 2020

El PP puede ganar las elecciones en Galicia por mayoría absoluta. Si hacemos caso de las encuestas que se publican este fin de semana, lo probable es que suceda. En ningún otro rincón de la geografía nacional, de un punto a otro de la rosa de los vientos, puede decirse lo mismo. Ese hecho demoscópico refleja una realidad misteriosa. ¿Por qué es Galicia la única de las diecisiete Comunidades Autónomas donde esa excentricidad resulta imaginable? Núñez Feijóo pretende hacernos creer que la excepción gallega tiene que ver con su moderación política. Pero esa no es toda la verdad. Si lo fuera, la derecha no hubiera estado al frente de la Xunta durante 36 de sus 43 años de historia. Antes que él, Rosón, Quiroga, Albor y Fraga supieron mantener a raya a la izquierda —nacional y nacionalista— incluso en momentos en que la hegemonía del PSOE teñía de rojo casi todo el mapa autonómico de España. Ahora está de moda el debate sobre las dos almas del PP. Frente a la figura de Pablo Casado, a quien se acusa de radical, emerge la de Núñez Feijoo, que pasa por ser su antítesis moderada.

Cada vez que se abre el debate interno, las voces de algunos barones del partido —Fernández Mañueco, Moreno Bonilla y Alfonso Alonso, sobre todo— alimentan la especie de que las cosas les irían mejor si el druida de Génova repartiera entre los gerifaltes de la dirección nacional la pócima que ha hecho invencible al político gallego. Las controversias estratégicas, como el papel, lo aguantan todo. El problema se produce cuando hay que pasar de las musas al teatro. Ni Mañueco ni Moreno Bonilla supieron trasladar a las urnas los efectos benéficos de sus recetas moderadas. Bonilla salvó el pellejo in extremis, tras cosechar los peores resultados del PP desde 1982, gracias al auxilio de Ciudadanos y Vox. A Mañueco, que obtuvo los peores resultados de toda la secuencia histórica de su partido, le faltó el canto de un duro para instalarse en la bancada de la Oposición. Si Rivera no le hubiera ganado el pulso a Francisco Igea, que quería pactar con el PSOE a toda costa, el desastre se habría consumado. Ahora le toca el turno al tercer tenor del canto a la moderación. Y los presagios no pueden ser más catastróficos.

La encuesta que publica ABC sobre la intención de voto en el País Vasco predice que Alfonso Alonso aún seguirá haciendo más profunda la sima de la insignificancia política del PP. Perderá más de dos puntos y dos escaños, el peor resultado de los últimos treinta años. Ardo en deseos de saber cuál será su argumentario exculpatorio la noche de autos. A mediados de septiembre, el PP vasco celebró una Convención con el propósito declarado de potenciar "su acento y perfil propios". "El partido —dijo Alonso— debe ser abierto y no puede escorarse a posiciones radicales de derechas. Defiendo un proyecto desde el País Vasco y para el País Vasco". Casado acudió a la Convención, comió con los dirigentes regionales del PP, les colmó de lindezas y, para asombro de propios y extraños, en vez de exigirles un cambio de rumbo por haber llevado al partido al borde de la nada (apenas tienen 55 ediles en toda Euskadi y solo 11 escaños de 153 en las Juntas Generales), les hizo la ola y bendijo su apuesta por el "perfil propio". ¿Con qué autoridad moral podrá esgrimir ahora que no es copartícipe del fracaso?

El mantra de la moderación ha llevado al PP a cometer estropicios monumentales. En su nombre, Rajoy abandonó la batalla de los principios, disimuló las convicciones propias y contemporizó con el adversario para obtener de él lisonjas elogiosas. El resultado fue que se volvió transparente, hasta hacerse de celofán, y primero Ciudadanos y después Vox encontraron el camino expedito para robarle la cartera. En cuanto la izquierda saca a pasear la holografía del doberman, o en su defecto la insidia de la crispación, la derecha acomplejada busca el exorcismo de la moderación para sacudirse el sambenito. Pero se equivocan. Lo que produce rechazo en los sectores más "moderados" del electorado no es la defensa apasionada de un principio, sino la antipatía del ademán o del argumentario. Ningún principio razonable es antipático. Sus apóstoles, puede que sí. La antipatía es el único pecado que un político no se puede permitir. Si Casado no quiere llevar a su partido a la catástrofe, más que hacer caso de los susurros suicidas de Alfonso Alonso debería apear a sus portavoces de la escoba en la que sobrevuelan el debate público.

Director de En Casa de Herrero y Cowboys de Medianoche y tertuliano de Es la Mañana de Federico y Fútbol es Radio.

Inviable reforma penal a la medida de Junqueras
Editorial El Mundo 17 Febrero 2020

La modificación del delito de sedición, tal y como pretende el gobierno, plantea problemas jurídicos y de doctrina graves

Entre las iniciativas políticas del Gobierno de Pedro Sánchez para contentar a sus socios independentistas, la más alarmante es sin duda la proyectada modificación del Código Penal para tipificar un subtipo de sedición agravada con malversación de caudales públicos que beneficie, de manera retroactiva, a los golpistas condenados en el juicio del procés. Y no sólo por la burla al Estado de derecho y el menoscabo de las garantías democráticas que supone una modificación legislativa ad hominem, ya que el fin último que perseguiría esa reforma no sería otra que la de rebajar las penas de Oriol Junqueras, Dolors Bassa, Jordi Turull y Raül Romeva, las mayores dictadas por el Tribunal Supremo, al entender que incurrieron en sedición en concurso medial por el delito de malversación se caudales públicos. Sino también por la dificultad técnica que presenta la propuesta con la que trabaja el ministerio de Justicia, dirigido por Juan Carlos Campo, que ha conocido este periódico.

En el actual Código Penal, la malversación -que se da cuando un funcionario se ha apoderado de más de 250.000 euros (como ocurre en el caso del ex vicepresident y los ex consellers de la Generalitat)-, puede llegar hasta los 12 años de prisión y los 20 de inhabilitación. Por lo tanto, el nuevo subtipo de sedición agravada con malversación tendría que imponer penas superiores a los de la malversación simple, para no incurrir en una contradicción valorativa de las penas. Teniendo en cuenta que Junqueras fue sentenciado a 13 años de prisión y otros tantos de inhabilitación, y Bassa, Turull y Romeva a 12, con ese nuevo subtipo apenas tendrían beneficios penitenciarios. Para ello, habría que rebajar la pena del delito de malversación, algo que no parece lógico desde el punto de vista penal y que nadie ha reclamado. Por tanto, si se quiere favorecer, realmente, a los políticos catalanes condenados no hay más vía que la del indulto.

El Gobierno, por otra parte, vuelve a mentir cuando, para justificar la reforma penal -en la que incluirían, como cortina de humo, cambios en los delitos sexuales y contra el medio ambiente- se escuda en un supuesto "mensaje" que nos habría "mandado" Europa, como afirmó la vicepresidenta Carmen Calvo. Ni el Tribunal Europeo de Derechos Humanos -que ha rechazado hasta ahora todo los recursos interpuestos por los condenados del procés-, ni el de Luxemburgo, que no ha entrado en el fondo del golpe de Estado del 1-O, han mandado mensaje alguno a la Justicia española. Los únicos que lo han hecho, en forma de chantaje para garantizar el Gobierno de coalición del PSOE con los populistas de UP, han sido los independentistas, que una vez más demuestran su desprecio a la separación de poderes y al Estado de derecho.

Castigar a Madrid no es la solución
Editorial ABC 17 Febrero 2020

El empresariado catalán tiene motivos sobrados para estar preocupado, sobre todo después de haber dedicado décadas de esfuerzo a fomentar y financiar irresponsablemente las estrategias del independentismo. Ahora, cuando Cataluña es un caos político, social y financiero, la patronal catalana Fomento del Trabajo ha exigido a Pedro Sánchez que obligue a la Comunidad de Madrid a subir sus impuestos para no quedar en desventaja, y por eso La Moncloa se ha puesto sumisamente manos a la obra. Esta es otra vertiente de la factura que debe pagar Sánchez al independentismo catalán tras haber sido investido jefe del Ejecutivo. Por eso, en lugar de pedir a la Generalitat que gobierne de verdad, en vez de marear la perdiz, o en lugar de exigir al Parlament que legisle a favor del ciudadano y sustituya al inhabilitado Joaquim Torra, los empresarios catalanes piden a Sánchez que castigue a Madrid, como si eso fuese un remedio útil contra el delirio secesionista. Muy tarde se ha dado cuenta el empresariado catalán de su absurda, y a menudo cobarde, táctica de esconder la cabeza bajo tierra mientras sus gobernantes destrozaban Cataluña.

Además, el argumento no deja de ser tremendamente cínico si ni siquiera se atreven a plantar cara a la política municipal de Ada Colau en Barcelona, que está penalizando a uno de los motores más potentes de nuestra economía, degradando el turismo hasta límites alarmantes y deteriorando la imagen de la Ciudad Condal como referencia mundial para los negocios. Nadie inquiere a las autoridades catalanas para reflotar la maltrecha economía autonómica, y a cambio utilizan a Sánchez para que acuse a Madrid -gobernada por el PP- de dumping fiscal. Nada es más contrario al libre mercado. Para que la economía catalana funcione no es necesario que se suba el IRPF a los madrileños, o que estos paguen los impuestos de Patrimonio, Sucesiones y Donaciones, o se incremente la tasa de actos jurídicos documentados. Quizá Cataluña debería plantearse reducir impuestos como los que ahogan la actividad empresarial, o la tasa turística, concebida como si fuese un impuesto revolucionario, o la fiscalidad sobre las bebidas azucaradas. Quizás en Cataluña deberían preguntarse por los motivos de la fuga masiva de empresas, o por la caída progresiva de inversiones y por la pérdida de su peso en el PIB. Si la solución que plantean pasa por condenar a Madrid, y de paso al PP, la incoherencia de quienes reclaman la independencia en Cataluña es máxima, porque invocan una autonomía fiscal que paradójicamente no consienten que Madrid disfrute. El empresariado catalán no está en desventaja respecto al de Madrid. Solo es rehén de sus contradicciones e incongruencias, y la solución a sus males no pasa por agraviar a otras autonomías, sino por exigir cuentas al separatismo.

Celaá convierte el terrorismo de ETA en «conflicto» para introducirlo como tema en selectividad
Luz Sela okdiario 17 Febrero 2020

El temario para los alumnos que este año se examinen de Selectividad recoge la «mediación de conflictos» entre las materias evaluables en la prueba.

Así se recoge en el borrador elaborado por el Ministerio de Educación sobre las «características, diseño y contenido de la evaluación de Bachillerato para el acceso a la Universidad». En las «matrices» sobre las materias evaluables y dentro del «análisis del impacto de la amenaza terrorista sobre la normalización democrática de España», se pide que los alumnos reflexionen sobre temas como «la mediación en conflictos», referida a organizaciones terroristas «que han actuado desde la transición democrática y hasta nuestro días».

El «conflicto»
El Gobierno asume así la terminología habitual de los proetarras, al enmarcar la actividad asesina de la banda en un «conflicto». Una alusión que los socialistas apoyaron hace unos días en el Parlament de Cataluña, en concreto, en una declaración de apoyo a la «paz en el País Vasco» que el lunes se presentará en la Cámara catalana y que defiende el fin de la dispersión de los presos. En el texto se habla de «víctimas del conflicto» y se recoge la necesidad de dar pasos para la «convivencia» en la región, por ejemplo, con un «trato humanitario» a los presos enfermos. La iniciativa, que ha sido firmada por el PSC, la CUP, ERC, JxCat y Catalunya en Comú, resume su objetivo de avanzar hacia la «justicia y reparación» de todas las víctimas, además de las de ETA, «del resto de expresiones de violencia que han tenido lugar a lo largo de cincuenta años de conflicto en el País Vasco».

Un gesto para blanquear el discurso de Bildu, partido que se abstuvo en la investidura de Pedro Sánchez y que es imprescindible para sostener la legislatura de María Chivite en Navarra. Precisamente, los proetarras permitieron que el Gobierno navarro salvase sus cuentas, al posibilitar que el pleno de la Cámara rechazase la enmienda a la totalidad presentada por Navarra Suma. El Ejecutivo de Chivite, junto con Bildu, rechazaron las más de 500 enmiendas que la coalición de UPN, Ciudadanos y PP presentó a las partidas de los Presupuestos, que serán aprobados a finales de este mes.

Ni héroe ni víctima: la cara oculta del mayor Trapero
Nacho Cardero elconfidencial 17 Febrero 2020

La pregunta es recurrente entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: ¿qué hubiera pasado si Puigdemont no se hubiera echado atrás aquel 10 de octubre de 2017, si en vez de una declaración de independencia ‘interruptus’ hubiera mantenido vigente la república catalana en un momento de suma intensidad emotiva, mínima presencia del Estado y con la Guardia Civil y Policía alanceadas por las imágenes del referéndum ‘fake’ de unos días antes?

Es el ‘what if…?’ o ¿qué hubiera pasado si…?, ucronía o género literario similar al de la ciencia ficción, en el que se hace un ejercicio de abstracción sobre sucesos del pasado y se especula con el futuro en el supuesto de que dichos acontecimientos hubieran transitado por otros vericuetos, es decir, si los dinosaurios todavía habitaran la Tierra o Hitler hubiera vencido a las tropas aliadas en Normandía.

En esta ucronía, Puigdemont sería hoy presidente de la república, Junqueras ejercería de obispo de Urgel y Josep Lluís Trapero habría sido nominado capitán general de los Países Catalanes. Esto último es especialmente relevante porque, al contrario de la imagen de víctima que, con ayuda de medios afines, está exhibiendo en el juicio que se sigue contra él en la Audiencia Nacional, el mayor de los Mossos fue más que decisivo en los acontecimientos del 1-O.

No solo lo dice el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, cuyas declaraciones vendrían en este caso lastradas por una mala sintonía personal que él mismo reconoce, también la mera cronología de los hechos y la existencia de informes como los que destapa este lunes El Confidencial.

En dichos documentos, la Comisaría de Información de la policía autonómica advertía al mayor de la “incomprensión” y “rechazo” que sus actuaciones podrían generar entre las personas favorables a la celebración del 1 de octubre si trataba de frenar la consulta y se empleaba como la Fiscalía les había conminado a hacerlo.

Para entender el papel de Trapero en la tremolina catalana, hay que retrotraerse en el tiempo y, concretamente, a su ascenso como mayor apenas unos meses antes de los acontecimientos del 1 de octubre. Aquella designación ha de interpretarse como una apuesta personal de Puigdemont para asegurarse el respaldo de todo el cuerpo de los Mossos al buen desarrollo del referéndum ilegal.

No en vano, Trapero y Puigdemont eran colegas de guateques, esteladas y barretinas, como quedó patente en el vídeo que circuló como el rayo por las redes en el que el mayor, ataviado con un sombrero de paja y camisa de flores, aparecía cantando y tocando la guitarra en una fiesta privada en el domicilio de Pilar Rahola en Cadaqués, junto con el entonces 'president' Puigdemont y el expresidente del Barcelona Joan Laporta. Aquí tres reconocidos independentistas.

Pero vayamos más atrás, al año 2007. En marzo de ese ejercicio, el mayor Joan Unió dejaba su puesto como máximo responsable del cuerpo. En vez de sustituirlo, la Generalitat optó por no ascender a ningún comisario y dejar a Josep Milán como jefe de los Mossos, quien asumió el cargo con dos galones sobre sus hombreras en vez de los tres que le hubieran correspondido en caso de ascenso.

En marzo de 2013, siguiendo a pies juntillas el criterio según el cual se elegía al número uno de la institución de entre los comisarios, pero sin subirlo de categoría, se sustituyó a Milán por otro del mismo cargo: Josep Lluís Trapero.

Pero este era el hombre clave y cuatro años después, el 13 de abril de 2017, se anunciaba su ascenso a mayor. Lo que no habían hecho con Milán, lo hacían ahora con Trapero, y lo hacían apenas unos meses antes del referéndum ilegal.

La maniobra causó estupor entre los mandos que conformaban la cúpula de los Mossos, pues suponía romper, de forma repentina, con una costumbre que duraba ya más de 10 años, se hipotecaba a los ejecutivos futuros, se reforzaba su autoridad sobre el resto de comisarios al asignarle un galón más y se le blindaba en el puesto hasta su jubilación 14 años más tarde. De guitarrista en Cadaqués a ‘jefe jefazo’ de los Mossos d'Esquadra. Nada parecía casual.

El 21 de marzo de 2017, 25 días antes del ascenso de Trapero, el PDeCAT explicaba en la Conselleria de Interior su propuesta de seguridad y defensa para una Cataluña independiente; el 11 de abril, cinco días antes del ascenso, Puigdemont lanzaba un tuit con el siguiente texto: “Hoy he recibido la quinta notificación del Tribunal Constitucional. No dejaremos de ir adelante”; el 21 de abril, días después de la designación, 144 altos cargos de la Generalitat se comprometían en un manifiesto a organizar, convocar y celebrar un referéndum de independencia y aplicar los resultados. El mayor sabía dónde se metía.

Los expertos auguran la absolución para Trapero en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional o, en el peor de los casos, una ‘sedición reducida’ que conllevaría menos años de condena de los que se le piden. Ven más un error de apreciación, un error administrativo, que una confabulación con el poder político. No porque no haya pruebas para demostrar esto último, sino porque estas carecen de peso suficiente.

Puede ser que Trapero no sea el villano que algunos quieren ver, pero seguro que no es ningún héroe. Y mucho menos una víctima.

El diario "ibérico" que desquicia a Girauta por llamar así a los españoles
ESdiario 17 Febrero 2020

Una "embajadora" del idioma español en Cataluña monta en cólera por su desprecio y recibe este contundente apoyo del exlíder de Ciudadanos.

Hay medios de comunicación que suelen disfrazar la realidad para obedecer a la voz de su amo. Y en Cataluña, donde la Generalitat -en manos de los indepes que promovieron el golpe institucional del 1 de octubre de 2017- riega de millones a su prensa afín hay casos clamorosos, como el que ha denunciado en Twitter una usuaria.

Dolors Agenjo, doctora en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, se ha hecho eco de una información publicada por El Periódico de Catalunya, en la que se denomina con el calificativo de "ultraderecha" a un grupo de personas con la enseña nacional que pretendían defender su condición de catalanes y españoles frente a otro grupo de independentistas.

La respuesta de Girauta
"El Periódico llama ultras a los que llevan la bandera constitucional y gritan algo tan fachoso como «somos catalanes y somos españoles» En cambio los que impiden cada noche la libre circulación son simplemente «independentistas» o «antifascistas»", denuncia Dolors Agenjo, en un tuit que ha merecido este comentario por parte del ex diputado de Ciudadanos Juan Carlos Girauta: "¿A quién le importa lo que diga El Periódico?".

Esta denuncia de la doble vara de medir por parte de El Periódico ha obtenido más respuestas de crítica al tratamiento que reciben los constitucionalistas. Cabe recordar que la denunciante tiene una larga trayectoria de defensa del uso del español en Cataluña, lo que le han granjeado numerosos enemigos entre el soberanismo.

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