AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 19  Febrero  2020

La izquierda, otra vez
Carlos García-Mateo okdiario 19 Febrero 2020

No sé si habrá todavía, en España, un memorial íntimo de lo que el viento se ha llevado y que pertenecía a la izquierda. Presumo está en ciernes, cocinándose lenta e inexorablemente turbio como cualquier drama. La mastodóntica verborrea, el monstruo dialéctico, el perfume de podrida esperanza. Un disfraz etéreo, pero digno de los mayores episodios: psicopatía del poder y alcance de la subvención. Y esto bajo un gobierno progresista, su asesino. Se ven costuras herrumbrosas, pana deshilachada, fatalidad del populismo. Revuelvo décadas, letras viejas.

En estilo negro, de espías nebulosos y aire helado que, entrado el siglo actual, parece soplar desde aquellos comités centrales tras el Telón de Acero. ¿Recuerdan los comunicados crípticos, traducidos en los teletipos por agregados culturales y enviados, después, a asesores duchos en signos políticos? Y las fotografías, adivinar por qué Lin Biao o Shehu habían desaparecido en las imágenes de los nuevos Politburó, en China o Albania. Un mundo fenecido, terriblemente folletinesco. Entonces, las agudas espadas, de bestia acero, se alzaron para una segunda o tercera muerte del comunismo. Sus propias víctimas yacían heladas para la eternidad. También, decíamos, las propias, que llamaron tradiciones de soslayo.

Y, por último, las acomodaticias, más nuestras, vivientes en el Mundo Libre, esperanzas de los viejos Hobsbawm, Schaff & co. Papeles para burgueses con ideas políticas. La Europa civilizada se preguntó algún tiempo, a su particular e infantil modo, qué habría visto Sartre en Stalin, millones de cadáveres bajo el manto de la estepa. Quizás fuera calentura intelectual, fascinación por los hombres recios que, rojos o blancos, dirigían, sometían al pueblo. Todas aquellas querellas cubiertas ya de polvo. Cuentos de terror con que los intelectuales nos deleitaron. La Transición amansó las siglas PCE con el asunto de la reconciliación y el pactismo. Hasta este fin de Régimen diseñado por la serpiente Zapatero. Así, la izquierda, el monstruo desperezado, se retuerce en sus patéticos coletazos. Hay hoy, gracias al PSOE, un mechón leninista de ministrable languidez, fétidas lecturas y exultante amaneramiento.

Omito gangas y riegos dinerarios, que los ha habido y los habrá, aleluya, a manos llenas. Es la perfecta sombra del pícaro, renovado mil veces desde el Barroco, que ofrece lecciones sin tomarlas. Él, lecciones a nosotros, españoles que vimos serpentear la inquina pseudorevolucionaria en cada mala noticia, durante el plomo de los felices ochenta. Los crímenes de la ETA se han vuelto episódicos para el monstruo. Avanza ligera la cruzada del trotsquista y rico Roures (el jefe) por manejar la verdad informativa, parir una España amnésica para lo importante y excitada en los asuntos mezquinos. Memoria, ¿para qué?

El embudo fiscal
Frente a la avidez exactiva del progresismo hay un modelo de sociedad más libre, más eficaz y con mayores incentivos
Ignacio Camacho ABC 19 Febrero 2020

En España existen 65 impuestos regionales específicos, casi todos de carácter medioambiental -aguas, vertidos, plásticos, residuos, azúcares y hasta caza- aunque también los hay sobre turismo, juego o vivienda. La mayoría de las comunidades de la «caja común», las que no disponen de regímenes forales, establecen además recargos sobre tributos cedidos en todo o en parte, en especial sobre el de la renta. Y es Cataluña, con trece gravámenes propios y cuatro puntos más en el tramo alto del IRPF, la que más presión aplica a sus contribuyentes, aproximadamente el doble de la media, sin que esta voracidad recaudatoria haya servido para evitar que los indicadores de prosperidad decrezcan y que las cuentas autonómicas estén en quiebra técnica. Por el contrario en Madrid, donde en vez de destinar fondos a políticas identitarias y fomento de la independencia se alivia a los ciudadanos con rebajas estimables en su declaración de Hacienda, el PIB per cápita es el más alto de España, la economía crece con fuerza y se registra la menor tasa de desempleo según la EPA. Por más que la relación entre causa y efecto no sea directa, algo tendrá que ver la benevolencia tributaria con ese dinamismo basado en las recetas de un liberalismo persistente en la defensa de sus ideas.

Sin embargo, como la envidia es el gran defecto español y los nacionalistas son españoles aunque les escueza serlo, han dado en presionar al Gobierno -a través de los empresarios, siempre genuflexos ante un poder que los riega de subvenciones para tenerlos contentos- instándolo a cortar el oxígeno fiscal a los madrileños e impedir que otras autonomías del PP sigan su ejemplo. (En Andalucía, por cierto, Juanma Moreno va con retraso en sus promesas al respecto). El soberanismo de los soberanistas sólo rige de puertas para adentro: reclaman más competencias pero se ponen de los nervios si las demás regiones utilizan los mismos instrumentos. El clásico embudo, con la parte ancha para sí y la estrecha para el resto; una falta de respeto a las reglas del juego que ellos mismos impusieron cuando forzaron el límite del autogobierno pensando en el exclusivo disfrute de sus privilegios. Tan constitucional y tan legítimo es suprimir o bajar impuestos como subirlos e inventar otros nuevos. Y más eficaz, vistos los efectos.

Naturalmente, el PSOE y sus socios ven con simpatía la posibilidad de castigar a esos bastiones rebeldes a su dominio, los territorios en que la odiosa derecha se empeña en demostrar la existencia de un modelo de sociedad más libre y con mayores incentivos. El credo exactivo del progresismo considera poco menos que un delito que a la gente le quede algún dinero en el bolsillo. Pero esta batalla no es sobre dinero sino sobre algo mucho más importante: se trata de la libertad, de los derechos individuales siempre amenazados bajo la coacción de un colectivismo insaciable.

Condenados a entenderse
Editorial ABC 19 Febrero 2020

El acuerdo entre PP y Ciudadanos es necesario en Cataluña y el País Vasco, donde la amenaza del secesionismo es real, y en Galicia, donde un puñado de votos podría volver a conceder la mayoría a las fuerzas de la extrema izquierda

Elijan la fórmula que elijan para conformar una coalición electoral o para la inclusión de candidatos de los dos partidos en las listas, el PP y Ciudadanos están condenados a entenderse. Y no solo en las próximas elecciones gallegas y vascas, o en las posteriores de Cataluña, sino para futuros comicios. La fragmentación del voto del centro-derecha solo tiene un efecto, el de la mutua anulación de ambos partidos para la consecución de escaños. Lo ocurrido en las elecciones generales de noviembre es sintomático, porque habiendo obtenido el PP, Vox y Ciudadanos una suma total de once millones de votos, por diez de los partidos de izquierda, la distribución de escaños en virtud de la ley electoral terminó beneficiando al PSOE. Y así está España ahora, gobernada por una coalición de socialistas y comunistas sustentada en unos chantajistas independentistas que han expresado su voluntad de fulminar la separación de poderes y de marginar al poder judicial para que no pueda interferir en los planes soberanistas de Pedro Sánchez. Sin embargo, es cierto que no resulta factible interpretar con el mismo rasero el poder real del PP o de Ciudadanos en Galicia, el País Vasco o Cataluña. En la primera autonomía, el partido de Inés Arrimadas es irrelevante, pero no alcanzar un acuerdo de listas conjuntas dominado mayoritariamente por el PP sería tan absurdo como hacer desaparecer las papeletas electorales con la marca única de los populares. Por eso Ciudadanos debe ceder y renunciar a una coalición previa en términos de igualdad, ya que el dominio de Alberto Núñez Feijóo con su mayoría absoluta es incuestionable. Forzarle a renunciar al patrimonio político conseguido no tiene demasiado sentido. En el País Vasco, en cambio, sí procede presentar una marca única conjunta al estilo de lo que ocurrió con Navarra Suma. El PP tiene un papel casi residual en esa comunidad, pero el de Ciudadanos es inexistente. A su vez, en Cataluña tiene lógica que sea el PP quien ceda en favor de Ciudadanos ya que, pese a que su expectativa de voto se ha reducido sensiblemente, a día de hoy es todavía la fuerza constitucionalista más votada y arraigada.

El acuerdo entre ambos partidos es necesario. Son compatibles, y ese pacto respondería a una necesidad mutua en Cataluña y el País Vasco, donde la amenaza del secesionismo es real, y en Galicia, donde un puñado de votos podría volver a conceder la mayoría a las fuerzas de la extrema izquierda nacionalista junto al PSOE. La confluencia de mensajes al electorado del centro-derecha se convierte así en una exigencia en defensa del constitucionalismo y del puro pragmatismo electoral. Lo contrario es regalar bazas a Pedro Sánchez y a sus ocultas negociaciones con quienes pretenden romper España.

Condenados por inopia
Nota del Editor 19 Febrero 2020

Confiar en que el PP haga algo bueno para España es un disparate. Todas las oportunidades las ha despilfarrado. Y queda la muestra indiscutible de que el PP tiene que desaparecer por la exixtencia del PP en Galicia que es tan nacionalista como los peores.

Cs, PP, Vox. Ni absorción, ni coalición: listas conjuntas
Guillermo Gortázar elespanol 19 Febrero 2020

Puede parecer chocante o incorrecto pero soy de la opinión de que la diversidad de oferta política electoral y de programa del centro-derecha y derecha española favorece y no perjudica. Sólo hace falta aplicar un poco de inteligencia en la relación de los tres actores durante la legislatura y en los comicios, dada nuestra ley electoral.

En el amplio abanico de opiniones, en el espacio político del centro hasta la derecha, hay un acuerdo básico en temas esenciales como la unidad de la Nación o políticas racionales y equilibradas sobre inmigración. Sin embargo, en otros temas, de modo completamente comprensible y legítimo, hay sensibilidades distintas en cuestiones como el presente y futuro de la UE, la eutanasia, el aborto o la gestación subrogada.

En el debate sobre la reunificación del centro derecha los argumentos son preferentemente utilitaristas y hechos desde la cúpula del interés de los partidos: es más fácil ganar unidos que separados. Es una reflexión desde arriba; no desde abajo.

Ese utilitarismo de las elites políticas y periodísticas olvida el interés y representación de los ciudadanos. Pero es que además, el abanico de atracción de electores es más amplio separados que unidos. Por ejemplo, votantes socialistas descontentos con Sánchez por hacer precipitadamente un gobierno sometido a la extrema izquierda y al separatismo, son más fáciles de atraer hacia Cs que hacia el PP.

Cs posee el valor añadido de poder pactar más fácilmente una mayoría parlamentaria con el PSOE, lo cual es una solución mucho más satisfactoria para los españoles que la dependencia de Sánchez de los separatistas de Oriol Junqueras.

Por otra parte, muchos exvotantes del PP, descontentos con su pasividad en el tema del aborto, prefieren votar a Vox. De ahí que los tres partidos representen un abanico más amplio, mejor representación y satisfacción del voto en conciencia de los electores.

En otras palabras, creo que “España Suma” suma más dividida y en listas conjuntas como oferta electoral sólo para los comicios que un retorno a un gran partido de la derecha. Las opiniones distintas y opuestas en elementos éticos, ideológicos y políticos se recogen mejor, más fiel y fácilmente con la triple oferta, Cs, PP, y Vox.

En 1990 y en 1993 creímos y entendímos que la prolongada y aplastante hegemonía del PSOE de Felipe González precisaba un partido de la derecha amplio, fuerte, centralizado y unido. La victoria pareció darnos la razón en 1996. ¿Qué ha cambiado para defender ahora lo contrario? La experiencia.

En primer lugar, una nueva victoria por mayoría absoluta, como la que el PP obtuvo en 2011, no garantiza las reformas que España precisa. A diferencia de 1990, el PP se ha convertido, hasta ahora, en un pasivo seguidista socialdemócrata.

Los votos otorgados al PP en 2011 sirvieron para casi duplicar la deuda (así se evitó la intervención de los “hombres de negro” de la UE) y para que el presidente del gobierno se atrincherara en su mayoría parlamentaria. Rajoy mataba el tiempo mientras esperaba que alguien le llamara, como el penoso y revelador episodio telefónico del falso Puigdemont a la Moncloa. Por eso creció Cs y nació Vox.

En segundo lugar, los españoles hemos comprobado que la oferta electoral separada ha sido capaz de doblegar al PSOE en su feudo, Andalucía, e impedirle el acceso al poder en la Comunidad de Madrid. Lo cual sugiere que los tres partidos pueden ganar las elecciones generales separadamente siempre que se actúe con una cierta habilidad e inteligencia.

No tengo la fórmula mágica (como los pretendidos gurús) pero sugiero algunas ideas. La lección del fracaso de Rivera debe hacer olvidar objetivos partidistas alicortos: ni el sorpasso, ni la absorción. Si esto se produjera de modo natural y no forzado depende de la decisión de los protagonistas o de una preferencia de los electores. No creo que la reunificación sea conveniente como resultado de descalificaciones recíprocas, a lo largo de la legislatura, entre partidos que comparten valores esenciales similares.

En las provincias con un elevado número de escaños, los partidos de centro y la derecha se pueden presentar separados sin gran perjuicio por cuanto los restos perdidos, no aprovechados, son muy limitados. Sin embargo, en las provincias de un reducido número de escaños se impone la fórmula de listas conjuntas (distinto de una coalición con programa común), como se hizo en Navarra. Y por supuesto, para el Senado, la unión de candidaturas de los tres partidos es imprescindible si se quiere ganar la mayoría en la Cámara Alta.

Las próximas elecciones regionales del País Vasco, Cataluña y Galicia requieren otro artículo pues son tres escenarios muy diferenciados. Pero mucho me temo que algunas reflexiones hechas para las elecciones generales también son válidas para las inminentes elecciones autonómicas.

Del 'caso Morodo' al giro con Maduro
Editorial El Mundo 19 Febrero 2020

El escándalo del caso Morodo, quien fuera embajador de Zapatero en Venezuela, no para de crecer. Como revela hoy EL MUNDO, la Audiencia Nacional ha ordenado rastrear el destino final de 14,5 millones de euros que según el juez Santiago Pedraz no se embolsó personalmente Morodo. Ese dinero -hasta un total de 35 millones- procedía de comisiones ilícitas pagadas por la petrolera estatal venezolana PDVSA a cambio de asesorías ficticias durante el gobierno de Zapatero. La Audiencia reclama ahora información de la treintena de operaciones ejecutadas por la trama de Morodo. Entre esas empresas figuran dos sociedades ubicadas en las islas caribeñas de San Vicente y Granadinas y otra en Panamá a través de las cuales se canalizaron los fondos.

El estrecho vínculo entre el régimen chavista y el embajador socialista se tradujo en un estatus de protegido de Hugo Chávez, que no solo financió a los fundadores de Podemos sino también a este destacado exponente del zapaterismo. Si como cree el juez no se quedó Morodo todo el dinero, urge saber quién más se lucró de la dictadura venezolana. Morodo era un hombre muy cercano a José Bono, que durante su etapa como ministro de Defensa acordó la venta de varios aviones y barcos al régimen bolivariano. La realidad de estas conexiones, sumadas a la ya conocida dependencia ideológica y financiera de Podemos respecto de Caracas, arroja una luz nueva para interpretar el drástico giro que el Gobierno de Sánchez e Iglesias ha imprimido a la posición diplomática española respecto de Juan Guaidó, al que primero reconoció como presidente encargado y luego degradó a líder de la oposición. Por no mencionar el turbio episodio de José Luis Ábalos con la número dos de Maduro en Barajas. Pese a la cascada de mentiras del ministro de Fomento, que debería haber dimitido, y al empecinamiento de Marlaska en negar que hubiera penetrado en espacio Schengen, ahora sabemos que Delcy Rodríguez pasó la noche en suelo español, incumpliendo por tanto el régimen sancionador de la UE contra ella. Así lo demuestra con toda rotundidad jurídica Araceli Mangas en la tribuna que hoy publicamos.

Por eso resulta pertinente la decisión del juez de amparar la petición del PP y ordenar la conservación de las grabaciones de esa noche en el aeropuerto. Una medida relevante: supondrá probablemente la apertura de diligencias por indicios de delito en los hechos de Barajas.

No es Carmen Calvo quien decide qué interesa a los españoles y qué no. Venezuela y sus más de cuatro millones de exiliados -lideran el ranking de nacionalidades de los solicitantes de asilo en España- interpelan a cualquiera que no tenga un interés político poco confesable en silenciar el drama venezolano. Sánchez ha volteado el criterio de la política exterior: los españoles tienen derecho a saber qué compromisos ha contraído con el régimen de Maduro.

El Estado de Derecho pone en su sitio a los censores
OKDIARIO 19 Febrero 2020

La decisión de la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo de dar la razón al recurso presentado por OKDIARIO contra el veto del Congreso al periodista Segundo Sanz por publicar imágenes del despacho de Pablo Iglesias en la Cámara Baja supone un espaldarazo a la libertad de información que había sido secuestrada por la Mesa del Parlamento, dominada por los socialcomunistas y que contó también con el pastueño y cómplice apoyo de PP y Ciudadanos, que en una actitud lanar y acomplejada se sumaron a la censura impulsada por Meritxell Batet.

El Supremo reconoce que las imágenes del despacho de Pablo Iglesias eran de “ interés público” y anula la retirada de la acreditación al redactor de este diario. La decisión del Alto Tribunal deja en evidencia la actuación de la Mesa del Congreso, que en una actitud totalitaria más propia de la dictadura de Maduro que de una democracia, violó el derecho fundamental de comunicar información veraz, según el artículo 20 de la Constitución.

El varapalo del Tribunal Supremo es monumental, pues deja en evidencia los métodos censores de un órgano de la Cámara que, por lo que representa, debería ser guardián y defensor de la libertad. Lo que hizo la Mesa fue un atropello a un derecho fundamental. Que en esa tropelía antidemocrática participaran diputados de PP y Ciudadanos revela hasta qué punto llega el complejo del centro derecha.

Si de verdad quieren ser creíbles en su labor de oposición al Gobierno socialcomunista deben de empezar por distinguir entre lo que es democracia y totalitarismo. Vienen tiempos difíciles, en los que la libertad correrá peligro. Más les valdría no confundirse de enemigo.

Lo que ha hecho el Tribunal Supremo es poner en su sitio a los censores y subrayar que hay derechos inalienables que son los pilares sobre los que se sustenta la democracia. Y esos derechos no pueden ser impunemente pisoteados. Y menos aún por quienes nos representan.

Un Gobierno invasivo en los medios públicos y terrible con los privados críticos
ESdiario 19 Febrero 2020

El asalto del Gobierno a RTVE o a EFE resume una inquietante realidad del sanchismo: no soporta la pluralidad y hará lo imposible por acabar con ella.

El despido de Fernando Garea de la Agencia EFE, a la que llegó precedido de una sólida carrera profesional y de una evidente sintonía con el PSOE, corona la escalada invasiva del Gobierno en los medios públicos, tratados como un mero apéndice de su estrategia y marcados por la obligación debida a sus intereses.

Que el primer decreto de Pedro Sánchez al llegar a La Moncloa por primera vez, con su ínclita moción de censura, fuera para asaltar RTVE y poner al frente a dedo a quien sigue siendo su máxima responsable, Rosa María Mateo; lo dice todo de cómo interpreta el PSOE el papel de los medios públicos y, por extensión, del periodismo en general.

O bien como un ejercicio sumiso, o bien como un enemigo a derribar. Una lamentable opinión, presente en la manipulación constante y las purgas en RTVE, que se agrava con la intervención en EFE y se remata con la participación en el Gobierno de Podemos: un partido cuyo máximo responsable, Pablo Iglesias, es directamente partidario de prohibir la existencia de medios privados.

¿Qué está tramando el Gobierno para restringir la información crítica en España?

No es un asunto baladí, pues de todos los contrapesos y equilibrios que definen a una democracia sana, resumida en la convivencia de tres poderes independientes y limitados, el de la libertad de información, la autonomía de los medios públicos y la solidez de los medios críticos es uno de los más necesarios.

Y en España la deriva es muy inquietante, pues al control absoluto de RTVE y Efe se le suma la pleitesía de la mayor parte de las televisiones, acostumbradas a trágalas incompatibles con el periodismo serio, y el anuncio de una "Estrategia Nacional contra la Desinformación" con aspecto de coartada para atacar al periodismo incómodo, tan residual tristemente en nuestro país.

Resulta evidente la intención de Sánchez: maquillar todos sus excesos y adormecer a la sociedad, desde la lamentable certeza de que la opinión pública es, en realidad, una merca copia de la opinión publicada.

Y si ésta rema de forma abrumadora a su favor, tapando todo tipo de escándalos y abusos infumables, el objetivo será más fácil de lograr. Aunque sea a costa de cercenar un valor germinal del Estado de Derecho y de empobrecer la pluralidad inherente a una democracia digna de tal nombre.

La mentira como terapia de choque
El autor alerta de que los españoles estamos siendo víctimas de un proceso de insensibilización ante las falsedades, algo que supone en sí mismo un riesgo para la democracia.
Pedro Gómez Carrizo elespanol 19 Febrero 2020

La disposición a mentir ha resultado muy provechosa desde que el mundo es mundo. Hay un pasaje en la vida de san Agustín que lo ilustra bien. Es cuando Agustín, a la sazón un joven y prometedor abogado, toma consciencia de que sus éxitos en el foro se deben a su talento para convencer con su poderosa elocuencia, aunque la razón no esté de su parte. En rigor, lo que descubre el flamante orador imperial en Milán es que cuando el fin es ganar el debate a cualquier precio, la pasión por la verdad es un lastre.

Para el santo fue este un momento de crisis espiritual. A Agustín le faltó valor para seguir adelante, sacrificando la verdad; le faltó ese coraje que a Pedro Sánchez le sobra. De hecho, si Iván Redondo tuviese a una Leni Riefenstahl en su equipo, de buen seguro le pediría exaltar la apoteosis de la mendacidad. A sus mentiras —googleen si no las recuerdan: ocupan demasiado espacio como para listarlas aquí— se lo debe todo: sus triunfos, y los de su asesorado, se cuentan por embustes.

El éxito era previsible, habida cuenta de que poseer una maquinaria perfectamente engrasada para mentir es hoy una de las estrategias más inteligentes que puedan diseñarse en política. Cada época tiene su potencia física o moral destacada, y en la que nos movemos ese espíritu de los tiempos es la mentira.

Hace un par de años un artículo de la prestigiosa revista Nature daba noticia de un estudio del Massachusetts Institute of Tecnology (MIT), dirigido por el director científico de Twitter, que revelaba que una noticia falsa tiene, en promedio, un 70% más de difusión en internet que una información verdadera. Y sucede que nuestro gobierno ha sabido impregnarse de este clima mendaz con elevadísimo aprovechamiento.

La combinación de la codicia de poder y colocaciones de la agencia PSOE con el apetito ideologizante de sus socios podemitas ha producido un ente mendaz imbatible. Un gobierno de relatos, varios vinculados a otras tantas identidades, cada una con su correspondiente neolengua, que parece la culminación del sueño posmoderno. Cualquier posverdad se convierte en verdad si está amparada por un relato poderoso.

Más aún, el desánimo cunde cuando advertimos que, una vez descubiertas, las mentiras no causan mella. Ni las mentiras más objetivamente falsables tienen consecuencias. La hemeroteca que revela falsedades es un mero divertimento, una anécdota que no es ya que carezca de derivaciones políticas, en forma de dimisiones o desmentidos, es que ni siquiera posee la capacidad de provocar el menor rubor en el mentiroso. ¿O alguien ha apreciado algún tono carmesí en las mejillas de Ábalos?

Ahora bien, ¿cómo es posible gobernar contra la verdad sin caer en el descrédito, sin provocar la indignación mayoritaria de los gobernados?

El poder de los relatos al que acabo de hacer mención tiene, sin duda, buena parte de culpa. Nos movemos de manera creciente en burbujas de opinión, en sistemas de pensamiento —por así decir— condicionados predominantemente por nuestras emociones y filiaciones identitarias, y tendemos más a revalidar nuestras creencias que a conocer la verdad. Es el conocido sesgo de confirmación gracias al cual las mentiras que nos interesan nos resultan tan convincentes.

Pero esto no basta para explicar el presente de nuestra política. Tiene que haber algo más. El espectáculo de la mentira sin disfraz, victoriosa y altiva; el desparpajo con el que miente el Gobierno de Pedro y Pablo sólo es posible a causa de la impunidad que le otorga un clima moral estragado. Los embustes han superado los umbrales de nuestra percepción de tal modo que ya apenas reaccionamos a ellos. Al igual que no alcanzamos a percibir un olor en el que nos hallamos completamente inmersos.

Naomi Klein describió un fenómeno social semejante. Para elaborar su controvertida doctrina del shock, estudió los experimentos encubiertos sobre torturas llevados a cabo por el psiquiatra Ewen Cameron, concluyendo que un cuerpo social es mucho más fácilmente modelable si previamente ha sido sometido a un proceso de conmoción y confusión.

Bombardeados sistemáticamente por mentiras, saturados de relatos, estamos embotados frente al fraude

La teoría del choque vendría a ser así la versión socioeconómica del consejo culinario de dar una buena paliza al pulpo antes de cocinarlo, para que esté tierno. Mutatis mutandis, tal vez estemos siendo víctimas de un proceso similar. Nuestras papilas para percibir falsedades están abotargadas. Bombardeados sistemáticamente por mentiras, saturados de relatos, estamos embotados frente al fraude, listos para comulgar con cualquier rueda de molino.

Además, en nuestro paisaje devastado después de la tormenta ha tenido un papel determinante otro largo proceso de falsedades, el procés y su corolario, nada menos que un intento de golpe de Estado. Cuanto mayor es el shock infligido, más dócil y maleable es el paciente.

En consecuencia, si se ha sufrido un proceso de tensión máxima que ha llevado a la sociedad al borde del conflicto civil, las mentiras pasan a ser algo baladí siempre que se profieran en un clima de distensión. Y en tales casos, en aras de esa prometida distensión, no sólo es a la verdad a lo que se está dispuesto a renunciar: la justicia o la dignidad se ven igualmente sacrificadas.

Así está la situación de España en estos momentos. Con una ciudadanía mayoritariamente anestesiada ante la falsedad, la injusticia y la indignidad, preparada para considerar aceptables incluso las manifestaciones más palmarias de racismo, y con un presidente Sánchez que podrá seguir haciendo gala de su proverbial resiliencia y decir, como el corregidor del cuento popular: "Ahí me las den todas", conocedor de que no será él, sino sus monedas de cambio —ya sean navarros vasquizados, charnegos atropellados o manchegos minimizados—, quienes asuman el alto precio que está dispuesto a pagar por mantenerse en el poder.

Sin embargo, sobre el sacrificio de la verdad, la justicia y la dignidad no puede construirse nada sólido y duradero. El diálogo mendaz con el nacionalismo en el que el Gobierno de Pedro y Pablo están embarcando a toda España sólo puede producir frutos enfermos, caducos a muy corto plazo. Y el efecto de la anestesia no es perpetuo. Esperemos que para cuando despertemos, el daño no sea irreparable.

*** Pedro Gómez Carrizo es editor.

La Europa de 1914
Cristian Campos elespanol 19 Febrero 2020

Dice la comisaria Margrethe Vestager, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, que el nacionalismo "nos permite trabajar juntos" en vez de "separarnos" porque "cuando la gente tiene una identidad fuerte" es "mucho más fácil" negociar con ella. La frase no augura nada bueno para los Estados nación europeos.

Ni la Comisión Europea es un organismo europeo más ni Margrethe Vestager es una simple funcionaria de la UE cuyas opiniones pueden ser tomadas a la ligera. La Comisión es el Ejecutivo de la UE y Vestager, uno de los miembros más relevantes del partido liberal europeo Renew. El de Emmanuel Macron y Ciudadanos.

La importancia de las palabras de Vestager se explica rápido. Si las aguas del nacionalismo han empezado ya a mojar los pies de los liberales es porque la sala de máquinas de los socialdemócratas y los populares hace tiempo que está inundada.

Hasta donde yo sé, las declaraciones de Vestager han sentado a cuerno quemado en el partido naranja. O, al menos, en ese sector del partido naranja que siente por el antiespañolismo de Macron y su Europa de los Tres Ejes –Francia, Alemania y Polonia– el mismo desprecio instintivo que siente por esa "Europa de los pueblos" defendida por los nacionalismos regionales.

El punto clave aquí es que ambos conceptos no son contradictorios, sino complementarios. Ambos, Europa de los Tres Ejes y nacionalismos regionales, se necesitan mútuamente en su batalla contra el Estado nación soberano.

Las pistas acerca del cambio de rumbo de la UE respecto al nacionalismo están ahí desde hace tiempo, a la vista de todos, en Bruselas y en Estrasburgo. Ahora le llaman "multilateralismo" porque "federación globalista de pequeños nacionalismos tribales identitarios a las órdenes de franceses y alemanes" era demasiado largo y remitía a viejos proyectos políticos difícilmente presentables en público.

En la mente de muchos burócratas europeos el enemigo a derrotar es el Estado nación, de cuya soberanía se exigen cada año que pasa pedazos más grandes, y el arma definitiva contra él son los pequeños nacionalismos identitarios.

Si el antiglobalismo arrecia en Hungría, en Francia, en España, en Italia y en Inglaterra, se mina su resistencia legitimando sus movimientos centrífugos internos. Frente a aquellos que se niegan a ceder más soberanía de la ya cedida a la UE, se emprende una campaña que les demoniza como nacionalistas. A los que pretenden recuperarla, se les califica de extrema derecha.

Mientras tanto, España es abandonada a su suerte en su batalla frente a los nacionalismos regionales.

No es España el único país europeo en que muchos de sus ciudadanos sienten un rechazo casi automático por su país, indistinguible del que sienten por abstracciones como el capitalismo, el patriarcado o el cambio climático. Sí es, sin embargo, el único país europeo en el que ese rechazo es activamente alentado, e incluso financiado, por uno de los dos grandes partidos tradicionales de gobierno, el PSOE.

No es casualidad el brote masivo de pequeños movimientos cantonalistas en España. O el nacimiento del nuevo partido nacionalista andaluz de Teresa Rodríguez, conocido en las redes sociales como Arsa Batasuna o el Bildu andaluz. O incluso ese Alberto Núñez Feijóo que ha reducido hasta la escala de Planck el logo de su propio partido en sus carteles electorales. El error es analizar todos esos movimientos en clave local. Hacerlo en clave global despeja la niebla y deja a la vista el paisaje.

Lo nacional no vende. Lo local está de moda porque arrastra masas y no se hace preguntas. No es una moda espontánea. Es un paso más hacia la Europa del futuro, que es la de 1914.

La demolición del Estado democrático y la irrupción totalitaria sanchista
Las nuevas Pasionarias del 2020: C.Calvo, Mº Jesús Montero e Isabel Celáa
Miguel Massanet diariosigloxxi 19 Febrero 2020

Sí, señores, por mucho que nos duela, por las veces que hemos predicado en vano y por lo que nos estamos jugando como españoles y como país, no nos queda más remedio que reconocer que hemos entrado de lleno en lo que, seguramente, podrá acabar con esta España que heredamos de nuestros padres, estas tradiciones que nos han acompañado durante tantos años, estos sentimientos a los que nos hemos venido aferrando, pese a las dificultades que hemos tenido que superar por parte de aquellos que han estado persiguiendo, con un ahínco digno de mejor causa, el desmantelamiento del actual Estado, tal y como lo hemos venido entendiendo los que creemos en las libertades individuales, en la vigencia de la Constitución, en el sentido ético y moral de la vida y la necesidad de basar en la convivencia, el mutuo respeto, tolerancia, la confraternidad y el sentido de nación que parece que, al menos hasta hace unos años, teníamos todos los españoles, incluso las izquierdas.

Hemos entrado en la vorágine que precede a cualquier revolución de ideas, en la demonización de todo aquello que hemos estando entendiendo como básico para la convivencia, dentro de un país donde los hay que han emprendido una carrera contra reloj para destruir lo que tantos años nos ha llevado a los españoles conseguir, para dar paso a unas ideas revolucionarias, basadas en un nuevo sentido de lo que debe ser una país, en la deshumanización de las relaciones entre los ciudadanos, en la laicización de una sociedad que ha dejado de creer en un dios, para refocilarse en un materialismo egoísta, libertario, sin controles morales, basado en la autosatisfacción de los sentidos sin que, para conseguirlo, se tengan en cuenta los derechos de los demás, sus sentimientos, sus creencias y sus propias inquietudes.

Nuestros actuales dirigentes políticos han decidido que, lo mejor para conseguir sus objetivos es no perder tiempo ni comba. Basados en tácticas, seguramente heredadas de los soviéticos, han decidido que se han de acumular cambios, se ha de entrar a saco en todos los aspectos que han venido caracterizando a un estado democrático, con la malévola intención de agobiar, neutralizar, acogotar y desmoralizar al adversario político que, para ellos, sólo se trata de un enemigo a batir y, si es posible, eliminar como competencia. Gobernar a base de decretos-ley para conseguir la inmediatez que buscan en conseguir los cambios; desvalorizar las funciones de las dos cámaras de representación popular; arrinconar a la oposición confinándola fuera de los puestos de decisión y estableciendo, a su alrededor, el cinturón sanitario que los aísle, consistente en no tomar en cuenta nunca sus propuestas, sus ideas, sus aportaciones a las nuevas normas, sus consejos o sus intentos de conseguir reformas que pudieran mejorar su efectividad. No tienen la ética necesaria y, si la tuvieren, no parece que les permitiera superar el hecho indubitable de que la anticipación, las prisas, las decisiones no meditadas, la temeridad y la precipitación que ellos han tomado como norma y que, evidentemente, siempre suelen acarrear dificultades que, en algunas ocasiones, cuando lo que se está jugando es que la repercusión fuera de España de decisiones que se tomaran por los dirigentes, dentro de ella, pudieran provocar graves problemas internacionales, consecuencias económicas perjudiciales o situaciones de enfrentamiento que pudieran situarnos en una posición de inferioridad en la política internacional.

El citar al jefe de la oposición para pedirle que, para satisfacer las ambiciones del señor presidente del Gobierno, se ceda en todos los aspectos que interesan al señor pedro Sánchez y, a cambio, no se dignen a tomar en cuenta aquellas propuestas que afectan directamente a la unidad de España, como es el grave problema catalán, no solamente denuncia un totalitarismo dictatorial del actual gobierno, sino que, por medio del ramillete de ministras del que se ha rodeado el señor Sánchez como guardia de corps a la presidencia, se han encargado de esparcir la semilla de la mentira, de la desestabilización, de la denigración del adversario y la gran maldad de pretender hacer ver que no se han conseguido acuerdos a causa de la “deslealtad” de la derecha, cuando de lo que verdaderamente se está tratando es de que los separatistas catalanes y vascos no sean los que impongan sus particulares ideas de lo que desean que sea España, una nación de naciones como ellos dicen, en la que todavía no sabemos qué papel iban a tener los catalanes y vascos, ni siquiera si ellos estarían conformes con seguir unidos a España por un sistema de gobierno de tipo federal.

Mientras tanto, nos tenemos que tragar que se modifique el delito de secesión, para reducir su gravedad y, consiguientemente, la pena que se le debe aplicar y, por si no faltara nada peor que añadir a semejante idea, entender que la malversación de caudales públicos ya se supondría incluida en la secesión, suprimiendo de una tacada el que la condena fuera una para cada clase de delito. El señor Marlaska, un sujeto temible, por su doble condición de juez y, a la vez, de miembro sectario del Gobierno, con algunos aspectos de sus actuaciones que podrían llevar, a un experto a ver, en sus decisiones, ramalazos de prevaricación; no parará hasta que consiga algo que sería entendible si la fiscalía fuera independiente y no mediatizada por el Fiscal General de Estado: una ministra que, incumpliendo todas las condiciones que hasta ahora se tomaban en cuenta, ha accedido al cargo de Fiscal General, sin tener en cuenta el hecho de que había sido ministra socialista lo que se le supondría, en buena ley, una estimación de razonables de que esta señora tuviera serios problemas de imparcialidad, falta de objetividad y una propensión más que razonable a moverse dentro de lo que serían las coordenadas del propio gobierno. Abundando en el intento de hacerse con el poder judicial, van a intentar que la instrucción de los expediente penales, en lugar de corresponder a los jueces de lo penal, sean llevadas a cabo por los propios fiscales.

Hoy mismo, el Consejo de Ministros (trasladado de día, para impedir las posibles reacciones de otras instituciones, a las que se les ha acortado el tiempo para poder valorar debidamente las consecuencias de las decisiones tomadas en los mismos), ha tomado unas decisiones que, como poco, denotan frivolidad, temeridad, falta de una reflexión profunda y, por encima de todo, que se han tomado antes de que el resto de países de la UE y el mismo Parlamento de la misma hayan tomado una medida común, al respecto. De nuevo ha salido a la palestra esta falta de prudencia, oportunidad y congruencia que, junto a su egolatría, caracterizan al señor Pedro Sánchez, cuando se ha lanzado a tumba abierta a lo que, con mucha posibilidad, pueda resultar un nuevo estoconazo para nuestra economía, cuando, en un gesto con mucho de quijotesco, poco de prudente y lleno de toda la inquina que lleva acumulando contra los EE.UU del señor Trump, ha decidido aprobar las tasas “Google” y la tasa “Tobín”, sobre la imposición del impuesto digital y el que tanto tiempo se ha estado discutiendo en la propia CE, de las transacciones comerciales. Sin entrar, para nada, en si son convenientes, justas o no; lo cierto es que el constituirse en paladín de una iniciativa que, evidentemente, puede enfurecer a la administración americana y ya no digamos al presidente Trump, no es algo que pueda tomarse como intrascendente y, por encima de todo carente de la más mínima prudencia por los efectos perniciosos que pudiera tener para nuestra economía.

Ya hemos tenido el ejemplo de lo que ha sucedido con los vinos, las olivas y el aceite español. Lo que puede desencadenar este nuevo puyazo a los estadounidenses está por ver pero, conociendo como tratan ellos a los que pretenden meterles el dedo en el ojo, no nos extrañaría que nos encontremos ante una situación nada cómoda si, como es posible que suceda, deciden aumentar los aranceles a las exportaciones españolas que, todavía, no han sido afectadas por los aumentos que nos impuso la Administración americana. Y todo esto, cuando las ministras de Economía y Hacienda se las prometen muy felices porque, según ellas han alcanzado el objetivo de que nuestra Deuda Pública (el Estado, las Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y Seguridad Social) cerró el 2019 con 1,188 billones de euros, un 95,5% del PIB. Según ellas se ha reducido la Deuda Pública del 97,1% al indicado nuevo porcentaje. Se olvidan de aclarar que esta aparente mejora se debe al crecimiento de la economía española (un +1,8% del PB del 2019) En realidad y en términos absolutos lo que ha sucedido es que la deuda pública se incrementó en 15.545 millones en el 2019, un 1,3% más que en el anterior.

No debiéramos de extrañarnos por lo que es evidente, el hecho de que las voceras de este gobierno sean verdaderas expertas en presentarnos la realidad, las noticias económicas, las laborales y todas aquellas que, de una forma u otra, pudieran afectar negativamente a la credibilidad de este nuevo gobierno que debemos soportar, desde un punto de vista positivo. Y es que, señores, este feminismo que el señor Sánchez nos ha traído en forma de ministras de su gobierno, no hace más que demostrar que no es cierto esto de que la mujeres tengan, forzosamente, derecho a ocupar un puesto de responsabilidad, simplemente por el sexo que Dios les ha asignado. Estas tres muestras femeninas de lo que se podría calificar como la “camada” del servilismo completo a la figura del señor Sánchez, voceras acreditadas de la Moncloa, mujeres que nunca hubieran soñado ocupar un puesto tan elevado en la Administración, lenguaraces expertas en el arte de las tergiversaciones, inmunes al respeto por la verdad, adeptas a la descalificación del adversario y en la gesticulación estudiadas con las que acompañan su voz cuando vierten, sin rubor alguno, falsedades como la copa de un pino respecto a sus adversarios políticos y a todo aquello que pudiera ir en descrédito de su labor de gobierno. Vean el caso memorable de la incómoda visita de Delcy Rodríguez, del choteo con el que se ha tomado Maduro el incidente; de las ridículas excusas que, en seis versiones distintas, dio el señor Ávalos, que ya debiera de haber dimitido, no tanto por la metida de pata que cometió, sino por la torpeza con la que ha tratado un asunto de tanta importancia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, ( el tiempo y el espacio no nos dan tiempo a comentar otros hechos de igual importancia) hemos podido comprobar cómo los nuevos gobernantes han decidido poner la directa en lo que, si no se remedia y no parece que haya quien quiera intentarlo, es una política de quemar etapas en lo que para ellos consideran la estabilización de España pero que, para los que no confiamos en semejantes advenedizos, es evidente que se trata de dar pasos precipitados, en la dirección contraria; peligrosos y, en ocasiones, irreversibles, de modo que, de no planearse la oposición actuaciones de mayor envergadura, mucho nos tememos que vayamos directos a una situación de suma gravedad para nuestro país. Y un añadido dedicado a nuestra monarquía: no entendemos que, ante un panorama semejante, sin duda muy grave para la continuación de un régimen monárquico en España; el Rey se haya refugiado en la habitación del miedo y la impotencia, mientras que su esposa, la reina Leticia, sigue con su frívola vida, ajena a todo y solamente pendiente de sus vestidos de última moda y de la imagen personal que pretende convertir en la estampa de la elegancia en nuestra nación. La verdad, lo siento, pero no están las cosas para semejantes estupideces.

Roures
Emilio Campmany Libertad Digital 19 Febrero 2020

Cuentan las noticias que Joaquim Forn podrá salir de la cárcel gracias a que Jaume Roures, dueño de Mediapro, le ha dado trabajo, que es uno de los requisitos para acceder al beneficio penitenciario. Estas cosas no las hacen los empresarios, las hacen los que, fingiéndose empresarios, se enriquecen gracias a los favores del poder. Unos favores que luego, por supuesto, hay que devolver. Y naturalmente Roures paga los que recibe con muy diversos servicios. Lo de Forn no pasa de ser uno más.

Jaume Roures es hijo putativo de la transición de Zapatero. El solemne, entre pasmado y alucinado, fue un virus mucho más letal de lo que al principio pareció. Creímos que no podía haber nada peor que la asociación de Felipe González con Polanco y Cebrián. Hasta que llegaron Zapatero y Roures. El regalo de La Sexta se interpretó como la jugada del PSOE de ZP para no tener que depender de Prisa. Quia. Es mucho más. Nos engañó el que Roures tuviera un pasado trotskista, cuando lo esencial en su extremista biografía es el ser independentista, de izquierdas, si quieren añadir, por no ocultar ninguno de sus muchos méritos.

En su persona confluye pues la alianza que el PSOE de González ya atisbó como necesaria, Zapatero asumió como propia y Sánchez heredó de buen grado. La victoria de Aznar en 1996 dio al traste con el proyecto de transformar al partido socialista en una especie de PRI español que ganara todas las elecciones. Los socialistas se dieron cuenta que necesitaban aliados. Y quién mejor que los nacionalistas, incluidos los más carcas, para dar con una situación en la que la derecha española, carente de base electoral en el País Vasco y sobre todo en Cataluña y tachada de criminal en el resto, no pudiera ganar nunca. Visto así se entiende mucho mejor el empeño del PSOE en sacar adelante un estatuto de Cataluña inconstitucional. Las elecciones de 2008, cuando lo peor de cada casa salió a votar a Zapatero, demostraron que la idea no era mala. De no ser por la crisis económica, Rajoy jamás habría ganado en 2011.

Roures es el pseudo empresario de la comunicación que se ocupa de alimentar la hormigonera informativa para que toda traición resulte justificada y todo delito quede impune, mientras se enriquece con el fútbol de pago. Un cuerno de la abundancia éste que nadie, de los muchos que con más dinero y experiencia podrían gestionarlo mejor, se atreve a arrebatarle. Ni siquiera cuando gobernó el PP. Y eso es lo que no se entiende. Por qué Rajoy toleró que quedara incólume todo lo que sostuvo al régimen de ZP, incluido el propio Roures, además de la humillante negociación con la ETA. Como tampoco se entiende que, después de haber comprado el Grupo Planeta La Sexta, la cadena siga cumpliendo de forma impecable la deletérea misión para la que Zapatero se la regaló a Roures. Quien lo sepa, que lo cuente.

¿Qué sacó Delcy de Venezuela cuando vino a España?
EDITORIAL Libertad Digital 19 Febrero 2020

Tal y como Pablo Casado anunciaba por la mañana ante los micrófonos de Es.radio, el PP ha llevado este martes el llamdo "caso Ábalos" a un juzgado de guardia "para solicitar amparo y que no se destruyan pruebas de las cámaras del aeropuerto de Barajas" respecto a la reunión que mantuvieron en el aeropuerto de Madrid el pasado 20 de enero la número dos de la dictadura chavista, Delcy Rodriguez, con el ministro de Transportes. La decisión de Pablo Casado de solicitar directamente el amparo judicial está plenamente justificado pues hace ya varias semanas que este partido y Vox solicitaron a la Fiscalía que investigara los hechos y que adoptara medidas cautelares para preservar las grabaciones sin que hasta la fecha el Ministerio Público, en manos de la ex ministra de Justicia del PSOE, Dolores Delgado, haya dado la menor respuesta. Otro tanto se puede decir del tiempo trascurrido desde que el PP solicitó la comparecencia del presidente de Aena quien no ha contestado ni dado la menor explicación en más de dos semanas.

Recuérdese que Delcy Rodríguez, como fruto de las sanciones que la Unión Europea impuso a la dictadura chavista, tiene prohibida su entrada en el espacio Schenguen desde junio de 2018 como máxima responsable, junto a Nicolás Maduro, de la criminal represión que padecen los venezolanos. Las grabaciones que pudieran haber tomado las cámaras de la reunión entre esta criminal e ilegitima mandataria venezolana y el ministro español en Barajas -reunión sobre la que tanto ha mentido Ábalos quien empezó por decir que no se había entrevistado con ella- pueden ser decisivas para esclarecer el asunto.

Téngase en cuenta, además, que, junto al hecho de haber violado la prohibición de entrada en espacio europeo, la criminal mandataria venezolana trasladó a Madrid más de 40 maletas cuyo contenido resulta una incógnita. Fuentes conocedoras del caso consultadas por este periódico aseguran que dichas maletas podrían llevar "documentación sensible" que podría "comprometer la seguridad nacional" de España. Aun así, dada la enorme cantidad de maletas, también podría tratarse de divisas o de oro, tal y como ha sucedido con la avioneta venezolano decomisada en Aruba con destino a México que trasladaba casi una tonelada de lingotes del apreciado metal.

Sea lo que fuere, ya resulta una vergüenza que, tras las innumerables mentiras y contradicciones de Ábalos sobre esta reunión, el gobierno social comunista de Sánchez e Iglesias se haya negado a que se celebre una comisión de investigación en el Congreso. Pero que a este intento de enterrar el asunto se sume la Fiscalía resulta aun más vergonzoso y justifica plenamente que el PP pida amparo ante un juzgado de guardia.

Téngase presente que, bien sea gratis et amore, bien sea por exigencias de sus socios podemitas, principales valedores de la dictadura chavista en Europa, bien sea a cambio de oro, bien sea a cambio de guardar silencio respecto de las relaciones del ex presidente Zapatero con el régimen de Maduro, lo que es un hecho es que Pedro Sánchez ha pasado de reconocer a Juan Guaidó como presidente legitimo de Venezuela a negarse a recibirlo en Madrid y pasar a degradarlo como "líder de la oposición".

Por todo ello, resulta un elemental imperativo democratico que el gobierno español dé explicaciones de su reunión con Delcy Rodríguez, de su no menos vergonzosa e inadmisible cambio de postura ante la empobrecedora y liberticida dictadura venezolana y, sobre todo, que se sepa a cambio de qué.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El Gran Okupa
Tiene en sus manos todos los resortes del poder, y más que va a tener al paso que vamos
Antonio Burgos ABC 19 Febrero 2020

Cuando estaba de presidente en funciones, dieron en llamar «el «okupa de La Moncloa» a Pedro Sánchez. Celebradas las generales e investido presidente gracias a su coalición de Gobierno con Podemos y al apoyo de separatistas y filoetarras, con los que ha contraído una deuda que ya empieza a pagar, porque otra cosa no, pero buen pagador sí es... Digo que celebradas las generales e investido presidente, ojalá Sánchez siguiera siendo sólo «el «okupa de La Moncloa». Pero La Moncloa se le ha quedado pequeña para su ego: lo han medido y allí no cabe. Sin prisas pero sin pausas, con contundencia y sin ningún reparo, con un plan más que preconcebido, se está convirtiendo en El Gran Okupa, dominando todos los resortes del poder de la nación. ¿Separación de poderes, dice usted? ¿Para qué, si lo ideal, como está ocurriendo, es que estén todos en las mismas manos? En bien del progreso y la estabilidad de España, eso sí; que no falten las grandes palabras. Las grandes palabras ante los grandes tópicos huecos de cuanto ha llenado con su poder.

Y todo, además, con el mayor descaro, sin cubrir apariencia alguna. ¡A por España! Y lo está consiguiendo. ¿Para qué? Para dominarla y ocuparla. Cómo será que hasta ha ocupado el poder de sus socios de coalición, metiéndole tres vicepresidentas, tres, como los tres banderilleros en el redondel, a su vicepresidente Pablo Iglesias, que se las prometía muy felices desde su casoplón de Galapagar siendo el número 2 de España y no de Merimée. Sí, sí, el número 2... El 2 está ocupado por el propio Sánchez. Que tiene en sus manos todos los resortes del poder, y más que va a tener al paso que vamos, sin control democrático de la oposición alguno. No le tosen ni en el Supremo, ni en el Constitucional, ni en el Congreso, ni en el Senado. ¿Independencia de la Justicia dice? Mire el proyecto: que sean los fiscales y no los jueces quienes instruyan los procesos. Y ya sabe quién nombra a la fiscal general y de quién depende la Fiscalía. Como dependen, vía subvenciones y mamelas, todas las grandes cadenas de TV, su gran aparato de propaganda y descalificación de adversarios. No hay cadena que pongas que no sea un órgano de propaganda del poder omnímodo del Gran Okupa. Y si invitan a Abascal a TVE, es para darle un pasavolante, ponerlo como los trapos y presentarlo como gorila blanco del zoo de que aquí hay respeto a la pluralidad.

Y las propuestas de Casado, ya ve lo que hizo con ellas. Quiere dominarlo todo, y para nombrar a su medida el Consejo del Poder Judicial está dispuesto a lo que sea. Como ha estado dispuesto a que los separatistas catalanes se salgan con la suya. Ahí los tienen, casi todos en libertad y encima colocados por Roures, albarda sobre albarda. No hace falta siquiera nombrar la palabra «amnistía»: se les pone en la calle y listo. Como habrá el referéndum que piden los que lo apoyan en su gran poder. Claro que lo habrá. A los separatistas arriman millones y más millones, mientras a las autonomías que tuvieron la osadía de poner un gobierno del PP con Cs y Vox se encarga de asfixiarlas económicamente la ministra de Hacienda. Y al Guaidó que felicitó antes que nadie lo llama ahora «jefe de la oposición» y no presidente democrático de la dictatorial Venezuela, que cada día más, ay, parece el modelo y el destino del final de este peligroso y triste camino. Y Ábalos dice las mentiras que sean menester. Como se tiene todo el poder y los resortes de comunicación, No Passssa Nada. Y mientras, veo con preocupación y tristeza que la derecha está cada día más desesperanzada, desfondada, desencantada, desazonada. Más harta de coles. Como No Passssa Nada, la derecha passsa de todo ya. Hasta hacen muchos su apagón televisivo por su cuenta y desconectan los telediarios: «Que no quiero verla». Disgustos que se evitan. ¡Vivan las películas de Netflix ante esta cinta de terror!

Las sucias cuentas de Sánchez: le faltan 9.000 millones
Miguel Ángel Belloso vozpopuli.es 19 Febrero 2020

Se respira en el país un aire hediondo. Como el que emite el vertedero que sigue ardiendo cerca de Ermua, pueblo de infaustos recuerdos. Y el origen de los gases tóxicos es el Gobierno de la nación. El incidente de la presencia en Barajas de Delcy Rodríguez, y sus cuarenta maletas ignotas, junto a los embustes reiterados del señor Ábalos, que se aferra al poder con insolencia, van más allá del escándalo, habiendo promovido un giro inexplicado de 180 grados en la posición oficial sobre Venezuela, ese país que no importa a nadie salvo a los fascistas de la derecha, según Carmen Calvo.

Está a punto de constituirse la infame mesa bilateral de diálogo con la Generalitat tras el encuentro genuflexo de Pedro Sánchez ante Quim Torra en Barcelona. La exministra Delgado, nueva fiscal general, está presta a cumplir con su encomienda de allanar judicialmente el asunto político y penal catalán. El vicepresidente Iglesias se cisca en las organizaciones agrarias enalteciendo a los sindicatos de clase cómplices del programa de ruptura del régimen, y además amenaza con ocuparse normativamente de la infancia y de la juventud, mientras su esposa hará lo propio con la actividad sexual.

El enorme cargamento de basura ideológica y legal con el que está equipado el Gobierno socialcomunista arde morosamente todos los días, sin tregua, pero la suciedad y la carcoma rebasan el ámbito político. Empiezan a horadar a bocados la economía. En una reciente entrevista, el vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, aseguraba que todavía se pueden bajar un poco más los tipos de interés, comprar deuda adicionalmente e incluso inyectar liquidez para sostener el crecimiento, aunque reconocía que la potencia de fuego sobrante es marginal. Para que la liquidez produzca su efecto es preciso que haya proyectos de inversión a los que destinarla y esto es lo que empieza a fallar en España. “Ahora les toca a otros jugar la partida”, decía en referencia a los políticos, “con estrategias fiscales y reformas estructurales adecuadas”.

Pero el Gobierno de Sánchez camina en la dirección contraria. Todavía desconocemos, porque la ministra de Hacienda se niega a revelarlo, cuál ha sido el déficit público de 2019, pero si fue del 2,5%, como ha estimado el Banco de España, estaríamos ante el primer año perdido desde la gran recesión en términos de consolidación presupuestaria. Si la propuesta grosera deChiqui Montero es reducirlo hasta el 1,8% en 2020, eso supondría un ajuste de 8.000 millones, que junto a los 4.000 millones de gasto público adicional previsto sumarían un esfuerzo fiscal de 12.000 millones en el ejercicio en curso. ¿Está el Gobierno en condiciones de lograr el objetivo? La respuesta rotunda es no. La vicepresidenta Nadia Calviño sostiene lo contrario, pero miente. Miente a conciencia, deliberadamente, a los empresarios, a los analistas, a los inversores y hasta a Bruselas. Si la economía va a crecer un 1,6%, que es el cálculo que ha hecho público el Gabinete, ese impulso cada vez más magro podría proporcionar unos ingresos de 3.000 millones, de manera que a Sánchez le faltarían todavía 9.000 millones para cuadrar las cuentas públicas.

¡Vamos, que ni a martillazos! Ninguna combinación de impuestos, por muy agresiva que fuera, sería capaz de proporcionar tal clase de rendimiento: ni la tasa Google, ni gravar las transacciones financieras ni aún incidir en la confiscación ‘penal’ de los beneficios empresariales o desbordar el tipo máximo del Impuesto sobre la Renta podrían generar una recaudación del calibre que necesita un presupuesto que es lo más parecido a un sortilegio. Ni que decir tiene que cualquier aproximación a un hachazo fiscal de tal magnitud sería letal para el mundo de los negocios y para la creación de empleo, que ya se va a reducir en 300.000 puestos de trabajo entre 2019 y este año, parcialmente herida por la subida inconveniente del salario mínimo graciosamente aceptada por los representantes empresariales.

Presupuesto expansivo
La señora Calviño afirma que el crecimiento de la economía es ahora más robusto que antes de la crisis, pero tampoco es cierto. La velocidad de crucero va notoriamente apagándose, y que todavía sea superior a la europea es un consuelo vano y poco fiable. Los únicos datos sin lugar a controversia son que el Gobierno, en una coyuntura internacional delicada, tiene decidido programar un presupuesto expansivo; que no hay garantía alguna de que el Tesoro pueda obtener los recursos que exige contener el déficit las siete décimas previstas; y que el gasto público va a crecer el doble que la economía, perjudicando el desenvolvimiento del sector privado, que además tendrá que soportar una presión fiscal lacerante.

El escenario se complica todavía más si no hay a la vista ninguna reforma estructural como las que sugería el señor de Guindos, aquellas que contribuyen a espolear la oferta y a oxigenar el mundo de los negocios, inyectándole flexibilidad, descargándolo de costes administrativos, aliviándolo del peso de la intervención pública y aligerando la permanente ofensa tributaria de unas cargas sociales que están entre las más altas de Europa. O si, como se pretende, la reforma laboral en activo se degrada, no se hace nada para detener el coste de las pensiones o se incurre en proyectos faraónicos, desaconsejables e improductivos como una renta básica universal.

La mencionada Calviño, a la que se agarra como clavo ardiendo la legión de escépticos sobre la capacidad del Gobierno para generar confianza, es la primera que ha sembrado las dudas sobre nuestra fortaleza declarando -lo conté aquí hace unos días-, que el Pacto de Estabilidad que compromete a todos los países de la Unión no se ajusta a los intereses de España, que al parecer es un caso singular, con derecho de pernada a una suerte de discriminación positiva porque más que atender las obligaciones comunes de higiene contable tiene que promover la deletérea justicia ciudadana, combatir la pobreza y achicar la desigualdad que falsamente acosan el bienestar público, como dicen los corifeos gubernamentales, para los que la nación no se puede permitir un recorte social más, o sea que procede que viva rodeada de mierda.

La virginal Calviño, la presunta guardiana de las esencias, es la primera implicada en la agenda extemporánea de un Gobierno que pretende ser un verso suelto, al que nada inquieta mentir y engañar a los ciudadanos con falsas promesas que generan a diario una notable alarma entre los fondos de inversión internacionales que nos financian y entre las agencias de rating que nos vigilan y que son las que nos juzgan con la nota final.

Un amigo economista sugiere que estamos en presencia de un ‘zapaterismo’ descoyuntado, cargado de irresponsabilidad y de planes delirantes de gasto, que resultan bastante más desaconsejables que los de aquella época nefanda si atendemos a la circunstancia agravante de que la deuda pública ronda ahora el 96% del PIB, mientras entonces estaba por debajo del 60%, y los excesos podían pasar desapercibidos durante un tiempo. Se trata, me dice, de la típica huida hacia adelante de la izquierda, cuyo gobierno recién nacido, deforme y asambleario, donde sólo parecen dormir tranquilos el matrimonio Iglesias y los comunistas de su cuerda, está ilusamente convencido de que puede deshonrar gratuitamente sus obligaciones fiscales contando con la tolerancia implícita de la Comisión Europea, de la que ya se encargará la señora Calviño. Pero esta es nuestra única esperanza. Que Bruselas no pierda el rigor que nos falta, y que los mercados, hasta ahora expectantes e inusualmente bondadosos con la tropa de Moncloa, empiecen a ejercer su implacable poder de persuasión. Dicen por ahí, los que han estado con él, que esta es también la única esperanza que alberga el Rey.

La ficción del 'oasis vasco'

Editorial El Mundo 19 Febrero 2020

El supuesto oasis vasco del que tanto ha presumido en los últimos años el PNV no era sino un espejismo. En un intento de marcar distancias tanto con Cataluña como con la zozobra institucional que aqueja al conjunto de España, el nacionalismo vasco ha sabido explotar la ficción de una singularidad que concentraría todas las virtudes políticas. Pero la pésima gestión del Gobierno vasco tras el derrumbe del vertedero de Zaldibar ha hecho que, de pronto, a muchos se les caiga la venda de los ojos y se haya desmoronado el ficticio control desde el que el lehendakari aguardaba plácidamente las elecciones de abril. El asunto acaba con muchos mitos sobre la gran eficacia en la gestión de la que siempre presume el PNV. Aquí se ha visto descoordinación, absoluta falta de liderazgo -la incomparecencia de Urkullu durante días ha causado estupor-, desinformación y ausencia de empatía con la ciudadanía. El lehendakari, a rastras, compareció ayer en el Parlamento vasco y admitió «errores» sin ser capaz de explicarlos y sin que dos semanas después de la tragedia se hayan asumido responsabilidades políticas. Resulta además clamorosa la forma de desentenderse de la ministra Ribera ante una crisis medioambiental tan seria como la de Zaldibar. El Gobierno de España quizá piense que no lo es de algunas regiones.

Este baldón para el PNV corona una legislatura con casos de corrupción tan graves como la trama De Miguel y escándalos como el que afecta al Departamento de Sanidad por las irregularidades en las oposiciones. Hechos que a cualquier otro partido y en cualquier otro lugar le pasarían factura en las urnas a la formación gobernante.

No es la mesa, es el sillón
Miquel Giménez. vozpopuli 19 Febrero 2020

La denominada mesa de diálogo parecía más urgente que solucionar el coronavirus. Ahora dicen que no viene de unos días. Lo que les sobra de embusteros les falta de vergüenza

Rueda de prensa de la tartavoz del Govern, señora Budó, la que no responde en español porque le da cosica. Veinte preguntas sobre la reunión del president elíptico y el presidente geo estratega, a saber, Torra y Sánchez. Que si la mesa va o no va, que si están designados los equipos técnicos, como si esto fuera un Barça-Madrid, y sí, lo es, que si la mesa está encallada por no ponerse de acuerdo con la milonga del relator, mediador o primo segundo invitado a cenar por obligación. Hondo calado periodístico y social, vive Dios, en el que la tartavoz se esponjaba ufana porque es justamente en ese terreno en el que los neoconvergentes se encuentran más a gusto, especulando sobre la nada y sin dar cuentas acerca de cómo administran nuestros impuestos. Había cuatro preguntas que no iban del monotema, más o menos, a saber, si el Govern acudiría al aquelarre de Perpiñán que organiza Puigdemont y su corte de los milagros denominada Consell per la República, una sobre un oscuro decreto sobre la vivienda, otra sobre la comisión bilateral y, ¡ay! una acerca de la pobreza.

A Budó no le interesa hablar de vivienda, de pobreza ni de nada que no sea la mesa, el relator y toda la fantasmagoría de la que viven ella y los suyos – estupendamente, por cierto – desde hace mucho tiempo, demasiado. Desconocen la más mínima noción de lo que es gobernar, dar cuentas y tomar decisiones, situándose en ese Valhalla que tiene la raza elegida en el que solo hay disturbios cuando un impertinente pregunta porque gasta tanto en teléfono el señorito.

Se les iba la vida en montar esa anti democrática mesa de diálogo, y decimos bien, porque donde hay que dialogar es en sede parlamentaria con luz y taquígrafos y no en un despacho a puerta cerrada. Tenía que estar constituida antes de que acabase febrero, repetían, y lo decía hasta el doctor Sánchez. Ahora resulta, oh milagro de los milagros, que no hay que precipitarse, que no es cuestión de fechas, que Esquerra y la neoconvergencia han de ponerse de acuerdo en lo del relator y que, Rufián dixit, no se trata de meter más presión a una mesa que ya padece suficiente.

Desconocen la más mínima noción de lo que es gobernar, dar cuentas y tomar decisiones, situándose en ese Valhalla que tiene la raza elegida en el que solo hay disturbios cuando un impertinente pregunta porque gasta tanto en teléfono el señorito

Hablando claro, que en Waterloo sentó como una patada en el Satisfyer lo de la mesa, invento de sociatas y republicanos para el que no se contó con Cocomocho, y han decidido sabotear el asunto por aquello de que se avecinan elecciones. Añadía Rufián que había que dejar atrás esta etapa tan oscura y en eso hay que darle la razón. Es oscuro, tenebroso, más aún, siniestro que Cataluña esté a merced del capricho de elementos como Torra, el de Bruselas o Budó, que aunque ejerza de velador espiritista limitándose a repetir lo que le dictan tiene lo suyo.

Es irrelevante, por más preguntas que se formulen y más embustes se respondan, si la mesa se va a reunir hoy, mañana o el día del juicio final, porque lo que se ventila aquí no tiene nada que ver ni con la urgente y salutífera reconciliación entre catalanes que, por otra parte, el separatismo no tiene la menor intención en llevar a cabo, ni mucho menos con encontrar una solución al intento de golpe de estado y sus consecuencias. Ya ven ustedes que los presos van saliendo a hacer cualquier cosa que se les presente, que los permisos son generosos, que más pronto que tarde habrá indultos como llegarán los melones cuando sea temporada y que de lo que discute ni es de mesas ni de nada que no sean los sillones. Los de quienes venden a los suyos que trabajan en silencio para lograr sus objetivos cual pomada contra las hemorroides y los de aquellos que dicen haber llegado al gobierno para solucionar “el problema catalán”, que no es otro que ver como salvan los nada honorables traseros de quienes están firmemente sentados en unos sillones que sufragamos entre todos.

Lo dicho, sillones. No mareen más con el mobiliario.

Competencia fiscal socialista
Juan Ángel Soto okdiario 19 Febrero 2020

El primer Consejo de Ministros del Gobierno de coalición, presidido por el Rey, tuvo dos notas características. La primera parece una anécdota, pero, en realidad, significa mucho más. Me refiero al hecho de que los socialistas y comunistas (más antimonárquicos que republicanos, que no es exactamente lo mismo) se hayan sentado alrededor y tratado con el respeto debido al jefe del Estado. Una actitud en línea con el entregado aplauso con que esta coalición nos regaló a los españoles hace unas semanas. Sorprendente, pero correcto. O sorprendente por correcto. Sea como fuere, no deja de chocar, especialmente a la vista de las deplorables declaraciones relativas a la monarquía que muchos de los que ahora ostentan carteras ministeriales han vertido en el pasado.

El segundo punto remarcable se trata de una desafortunada decisión, con una cierta dosis de ironía: la aprobación de los anteproyectos de ley para la creación de los nuevos impuestos a determinados servicios digitales (la famosa ‘tasa Google’) y a las transacciones financieras (‘tasa Tobin’).

Lo desafortunado de la decisión es doble. Por un lado, por su negativo efecto en la economía española, como señalan diferentes trabajos que calculan su impacto económico, caso del informe sobre el Impacto económico del impuesto digital en España (2018), el estudio internacional El caso contra los impuestos a la tecnología (2019) o el reciente informe El coste de los nuevos impuestos (2019), todos ellos elaborados por la Fundación Civismo. Por otra parte, no solo supone un lastre para la prosperidad, sino también una traba para la libertad económica.

Por último, aclaremos que la aprobación de estos anteproyectos de ley resulta irónica porque refleja la incoherencia (incluso hipocresía) del socialismo (hoy con tintes comunistas). Y es que, ellos son los mayores defensores de la regulación armonizada, de la homogeneización… pero con ciertas condiciones. A saber, que sea nociva para el desarrollo económico y la libertad. No en vano, el Ejecutivo de Sánchez se ha mostrado furibundo ante la competencia fiscal liderada por Díaz Ayuso, y ha llamado continuamente a la armonización fiscal, pero, por el contrario, parece no tener problema en desmarcarse de sus socios europeos y regular y gravar unilateralmente. Así lo ha hecho con la tasa Tobin, que luce en su hoja de servicios sonoros fracasos en Suecia y Francia, y con la tasa Google.

La gravedad que encierra esta cuestión motivó hace unos días las jornadas sobre Regulación Inteligente, que reunieron a organizaciones liberales de la sociedad civil como la Fundación Civismo, el Instituto Juan de Mariana, la Fundación para el Avance de la Libertad o el Institut Ostrom Catalunya. Un marco de debate especialmente pertinente, ahora que parece que el legislador, tanto el español como el europeo, ha adoptado un modus operandi caracterizado por regular primero y analizar después (si acaso). Europa ha de reflexionar, y España todavía más, pues si la de Macron es la Tercera Vía en lo que se refiere a la regulación de la economía digital, la de Sánchez se ha convertido en la cuarta: la de los adictos a que el Estado ponga trabas al mercado, la de los enemigos de la libertad y la prosperidad. Poco sorprendente por otra parte, pues, a fin de cuentas, el socialismo es esclavitud. El socialismo es miseria.

Juan Ángel Soto
Director de la Fundación Civismo

Cuando en Euskadi faltó el aire
Carlos Gorostiza. vozpopuli  19 Febrero 2020

Esta semana se cumplen 20 años del asesinato de Fernando Buesa, ex vicelehendakari vasco. La Fundación que lleva su nombre ha puesto en marcha varias iniciativas, entre ellas una recopilación de testimonios de cómo vivieron aquel momento personas anónimas que se animen a recordarlo. En aquel asesinato la bomba mató también al ertzaina que lo escoltaba, Jorge Díaz, uniendo a ambos para siempre en el recuerdo y fue uno de esos momentos clave que quedan en la memoria de cuantos le conocimos y de toda la sociedad vasca. El explosivo, colocado junto a Ajuria Enea, se escuchó perfectamente en medio de la tranquilidad de la pacífica Vitoria y el estampido, que todo el mundo reconoció como un atentado, interrumpió bruscamente la rueda de prensa que en aquel mismo momento celebraba el entonces portavoz del Gobierno Vasco, Josu Jon Imaz.

Buesa fue el único miembro del Gobierno vasco que ETA llegó a asesinar, aunque lo intentaría siete meses después en San Sebastián con José Ramón Rekalde, también exconsejero y socialista como Buesa, que tuvo suerte, mordió la bala y sobrevivió. Ahora que Euskadi parece un dechado de concordia y buen rollo en comparación con el resto de España, tal vez convenga recordar que por mucha crispación que haya ahora en la política nacional, no matan a nadie por sus ideas. Nadie pone bombas y no hace falta morder balas.

Así que a tantos amigos de las grandes palabras, de manifestaciones de santa indignación por casi cualquier chorrada les convendría recordar que la exageración de la mística nacional lleva a caminos muy oscuros. Caminos como los que tan profundamente disgustaban a Fernando Buesa que, en un texto personal manuscrito recogido estos días por el diario 'El Correo', expresaba de su puño y letra una convicción rotunda sobre ser vasco y/o español: “Sea usted lo que quiera, no vale la pena matar por eso. Ni matar ni morir por eso.”

Después del asesinato de Fernando Buesa y de Jorge Díaz Elorza vinieron otros muchos, 53 en total, pero aquel atentado puso de manifiesto algo especialmente horrible: la división que entonces pareció irreparable de la sociedad vasca. El PNV, convencido de que sus verdaderos amigos estaban todos en el lado nacionalista y de que le sobrábamos los que defendíamos la constitución, había firmado el acuerdo de Lizarra, que excluía a los no nacionalistas de cualquier acceso al poder.

Era la gran apuesta de Ibarretxe y la constatación de que, por fin, la patria irredenta movilizaba a todos sus hijos. A cambio, ETA supuestamente había prometido no matar. Naturalmente incumplió su palabra porque su única palabra y razón de su existencia fue siempre la muerte y la amenaza. Primero asesinó en Madrid al teniente coronel Pedro Antonio Blanco, un mes antes de matar a Buesa y a Díaz en Vitoria. Ibarretxe, que no era Ardanza, y que había apostado por la vía soberanista para ser lehendakari de unos vascos sí y de otros no, no supo reaccionar ante ninguno de los tres asesinatos. Traicionado por los que creía más cercanos, percibió las críticas como un acoso y su partido reaccionó no solo apoyándole sino despreciando a quienes le reclamaban compromiso contra los asesinos.

Recuerdo con espanto e indignación aquella manifestación terrible en el que el duelo por los dos asesinados fue acallado y despreciado por un aplauso feroz de los nacionalistas a Ibarretxe que quería ser de apoyo pero que se convirtió en un desprecio atronador a la vida y a los derechos de “los otros”.

Fractura social
Por eso, a quienes vivimos y recordamos con angustia aquellos días, en los que al horror de las muertes se añadía una evidente y enorme fractura social, que hizo temer que todo lo andado en décadas de política vasca iba a saltar por los aires, nos resulta muy alarmante ver la tranquilidad y aun la satisfacción con que se dicen en Madrid cosas tremendas, la irresponsabilidad con la que se divide a España entre los míos y los otros y la vehemencia con la que parece que se nos presenta la inminencia del fin de la nación cuando lo que se está discutiendo en una España en paz es sobre reformas laborales, déficits presupuestarios, eutanasia o relaciones diplomáticas con Venezuela. Las exageraciones que se leen y se oyen ahora en la política española y la exclusión de todo acercamiento al “contrario” evocan para muchos vascos como yo aquel momento terrible, aquella manifestación vergonzosa, aquel momento irrespirable. Resulta inevitable y también inquietante recordarlo.

La crispación da titulares, sin duda, y la alarma moviliza a los propios, pero son armas peligrosas que también endurecen la convivencia y crean la falsa sensación de que la civilidad y el acuerdo son imposibles. Y eso no es verdad. Nunca lo ha sido, ni siquiera en Euskadi, que supo salir de aquel embrollo y es hoy una sociedad que, aunque profundamente dañada, va avanzando en una convivencia que hace que resulte asombroso que en la política nacional se desdeñe el acuerdo, el diálogo y el respeto como si fuesen signos de vergonzante debilidad, cuando realmente son el mismo aire que la democracia necesita para respirar y para existir.

Vox: «Feijoo es nacionalista, no cabe duda y él no lo niega»

redacción / la voz  19 Febrero 2020

Aún sin candidato ni estructura en Galicia, Vox inicia su precampaña electoral hacia el 5A a distancia. En una entrevista en Radio Nacional, el portavoz del partido en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros, aseguró que «no cabe duda» de que Alberto Núñez Feijoo «es nacionalista» y «aglutina» este voto, además de haber borrado «las siglas» del PP en la campaña electoral. «Casi ni se ven», criticó.

«No lo niega. Dice que es una comunidad que es una nación sin estado», continuó. Espinosa de los Monteros interpreta que Galicia es una «comunidad nacionalista» donde no se puede ir a la Administración sin hablar gallego o conducir por la autopista y ver un cartel en castellano. «Un presidente que dice que Galicia es una nación sin estado, una comunidad en la que no te puedes dirigir a la administración en ningún otro idioma que no sea el gallego o una comunidad en la que en las autovías no se ven nombres en español... Es una comunidad nacionalista», sentenció Espinosa.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, respondió a Iván Espinosa de los Monteros que no le «insulta» a él sino «a la mayoría de los gallegos».

«Lamento mucho que las declaraciones de cualquier representante de una organización se basen en la falta de respeto y desprecio a los adversarios políticos. Lamento que para este señor, yo sea un nacionalista y un dirigente como (Quim) Torra. Y lo lamento no solo porque me insulte a mí, sino porque insulta a la mayoría de los gallegos, que saben perfectamente que no soy presidente de la Generalitat, sino de la Xunta», replicó.

«Porque saben que, al contrario, he dedicado mi vida política a que el nacionalismo no sea la ideología mayoritaria en Galicia. De momento lo hemos conseguido», apostilló.

El Comité Ejecutivo Nacional de Vox aprobará esta semana la composición de sus listas para las elecciones autonómicas de Galicia y el País Vasco en todas las circunscripciones.

Los estatutos de Vox atribuyen a la dirección nacional la competencia de elaboración de las listas electorales y elección de candidatos, algo que el Comité Ejecutivo presidido por Santiago Abascal tiene intención incluir en el orden del día de su próxima reunión, según han apuntado a Europa Press fuentes de la formación.

Preguntado por las expectativas de Vox en el proceso electoral en Galicia, Espinosa de los Monteros indicó que las ideas de su formación «cuesta que entren» en «sitios donde el nacionalismo ha tocado el control de los medios y educación» durante los últimos 25 años. No obstante, se ha mostrado confiado en obtener más escaños en el Parlamento gallego de lo que señalan las encuestas. «Tenemos una visión distinta de lo que va a pasar en Galicia», vaticinó.

La encuesta de Sondaxe publicada en enero, antes de conocerse el adelanto electoral para el 5 de abril, deja a Vox lejos de alcanzar el umbral del 5 % de los votos para acceder al Parlamento de Galicia en todas las provincias.

«Cesiones al nacionalismo»
Espinosa de los Monteros replicó un discurso que Vox viene sosteniendo sobre el presidente del PP gallego durante el último año y medio. En junio del 2018, Santiago Abascal recuperó un vídeo de Feijoo con cuatro años de antigüedad en el que el dirigente popular recuerda las reuniones para la reforma del Estatuto donde se consideraba reconocer a Galicia «como una nación sin Estado», término que el líder popular, entonces en la oposición, rechazó.

Vox recortó este único estracto del vídeo, utilizándolo desde entonces como dardo contra Feijoo para tildarlo de nacionalista. Esta misma semana, el partido emitía un comunicado reprochando las «concesiones al nacionalismo» desde el PPdeG.


Recortes de Prensa   Página Inicial