AGLI Recortes de Prensa   Martes 25  Febrero  2020

El impulso jacobino del Gobierno
José María Rotellar okdiario 25 Febrero 2020

Tanto presumir siempre los socialistas de ser defensores del Estado de las Autonomías y, sin embargo, cuando las cuentas no les cuadran les entra un deseo centralizador con el que intervenir a las Comunidades Autónomas (CCAA) para tapar, así, ese descuadre no deseado.

Sin entrar en si el Estado de las Autonomías es mejor, igual o peor que el sistema anterior, centralista, sí que podemos decir dos cosas: la primera, que en las cuatro décadas con este sistema regional de descentralización, España ha aumentado su prosperidad. Es cierto que las competencias del Gobierno central siguen siendo, como es lógico que así sea, las vertebradoras de la política económica y que, por tanto, no son las regiones las responsables de la mejor o peor marcha de la economía a nivel nacional, pero sí que se ven diferencias en la aplicación de las competencias que tienen transferidas, según cómo se ejerzan. En segundo lugar, que guste más o guste menos, el Estado de las Autonomías es el que tenemos vigente y, por tanto, hay que cumplir las leyes y normas que lo amparan.

Pues bien, entre esa normativa se encuentra la asunción por parte de las CCAA de determinadas competencias para prestar los servicios inherentes a las mismas. Es decir, se le transfiere a cada región la potestad de ejecutar el gasto de dichas competencias. Paralelamente, tanto a través de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA), como de la Ley 22/2009, de 18 de diciembre, del Sistema de Financiación Autonómica, queda establecido que las regiones contarán con una adecuada financiación para poder prestar los servicios de gasto antes mencionados.

Gastos e ingresos, por tanto, como es natural, van de la mano. Por ello, si las regiones son quienes tienen que ofrecer la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales y, en muchos casos, una gran parte del transporte público, también tendrán que ser las regiones las que puedan enfocar las reglas tributarias contempladas en la normativa para modificar sus recursos en la parte transferida.

Sin embargo, esto no le gusta al Gobierno de Sánchez y Montero. Tampoco les gusta a algunas CCAA, como Cataluña o Valencia, por ejemplo. ¿Por qué no les gusta que una región, dentro de su margen competencial, pueda subir o bajar los impuestos, según considere? No les gusta porque quienes se oponen sólo lo hacen a las bajadas de impuestos, y lo hacen porque ellos no paran de subirlos. ¿Y por qué los suben, cuando con las mismas competencias podrían también bajarlos, como, por ejemplo, hace la Comunidad de Madrid, o como desde diciembre de 2018 ha empezado a hacer Andalucía? Porque las que se niegan no frenan el gasto y, a la manera figurada del Sheriff de Nottingham de las aventuras de Robin Hood, suben y suben los impuestos con un afán confiscatorio para tratar de tapar los agujeros producidos con su gestión de gasto excesivo. Y, claro, si hay otras regiones que bajan los impuestos y, además, ofrecen los mismos o, incluso, mejores servicios públicos, la comparación deja muy mal a las regiones amigas del incremento de gastos e impuestos, porque al ponerse frente al espejo de las regiones que bajan impuestos, su gestión queda al desnudo, mostrando que hay otra forma de hacer las cosas mejor.

Tanto independentismo por parte de los separatistas catalanes y resulta que quieren que el Gobierno coarte la libertad económica y financiera de las CCAA estableciendo unos tipos mínimos en los impuestos estatales cedidos, como el Impuesto de Patrimonio, el de Sucesiones y Donaciones o el de AJD. Tanto anhelar la independencia y estiran la mano sin rechistar para recibir del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) la financiación equivalente a la deuda que no pueden emitir en el mercado, por tener una calificación de bono basura.

Y el Gobierno, tanto presumir de descentralizador, tanto hablar de federalismo, tanto coquetear con nacionalismos de todo tipo, y resulta que ahora, con la ministra Montero a la cabeza, quiere acabar con la corresponsabilidad fiscal, porque no admite que regiones como Madrid bajen los impuestos. Madrid puede aportar más que nadie a la solidaridad interterritorial, puede ser la más perjudicada por el SFA, puede ofrecer la mejor Sanidad, esperanza de todos los españoles con problemas graves de salud, puede contribuir más que nadie a la sostenibilidad de la Seguridad Social, pero Montero no quiere que pueda bajar los impuestos. Habla de “dumping fiscal” falsamente, pues el resto de regiones de régimen común puede adoptar las mismas medidas de impuestos bajos que Madrid o que Andalucía, o puede decidir subir los impuestos, como Cataluña o como Andalucía cuando Montero era la consejera de Hacienda. Ésa es la corresponsabilidad fiscal: asumir, con sus decisiones, la política económica por la que apuestan.

Con quienes no pueden competir las regiones de régimen común es con la normativa de las forales, pero de eso no dice nada Montero. Los regímenes forales están recogidos en la Constitución (Disposición Adicional Primera) y, por tanto, guste más o guste menos, hay que respetarlos, como hay que respetar también la corresponsabilidad que emana de la LOFCA y del SFA para las regiones de régimen común.

Puestos a cambiar la normativa, ¿por qué no empieza Montero con los regímenes forales y deja a todas las regiones competir en medidas tributarias con dichas regiones forales? Parece que con eso no se atreve el Gobierno. Es más fácil atacar a Madrid e inventarse un efecto capitalidad que no es tal -si no, que alguien nos explique el motivo por el que Madrid no ha sido la más destacada hasta hace unos años, cuando alberga la capital desde tiempos de Felipe II-.

El Gobierno parece que se ha vuelto jacobino al querer cercenar la libertad de las regiones para decidir qué tipos impositivos aplican en los impuestos o tramos de impuestos que tienen cedidos y que la normativa les permite decidir sobre ellos. Ha anunciado que con la propuesta de reforma del SFA irá también la “homogeneización” -léase subida de impuestos- de Patrimonio, Sucesiones, Donaciones, Transmisiones o AJD. El Gobierno, con ello, habrá recortado el Estado de las Autonomías, al menos, en la práctica.

El descuajeringue de España
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Febrero 2020

Lo de la "España invertebrada" del egregio José Ortega y Gasset parece ahora poca cosa. Incluso el breve experimento cantonalista de la I República se queda en anécdota cuando lo contrastamos con la situación actual de descuajeringue. Solo hay que pensar con qué naturalidad hemos admitido los españoles que funcionen varios partidos que solo intentan representar a una parte geográfica de España. Puede ser Cataluña o incluso Teruel. Cualquier día surge un Partido Aranés (con su lengua propia distinta del catalán) para representar los intereses de ese valle respecto a una Cataluña hipotéticamente autodeterminada.

El descuajeringue que digo se manifiesta a través de los símbolos dizque nacionales. El himno nacional o la bandera de España apenas destacan en muchos actos públicos, fuera de los cuarteles y desfiles militares. Los partidos políticos se resisten también a emplearlos, solo con la reciente excepción de Vox, que es vista por la izquierda de "fascista". Incluso en las altas negociaciones políticas cunde ahora la inveterada tradición de los nacionalistas vascos y catalanes de sustituir la palabra España por "el Estado". Eso sí que es técnicamente fascismo. Recuérdese la divisa de Mussolini: "Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado". La bandera oficial de Euskadi es la que diseñó Sabino Arana para el Partido Nacionalista Vasco.

Muchos españoles conscientes se lamentan de que, al paso que van las cosas, llegaremos a asumir una Cataluña o una Vasconia independientes. Mas, si bien se mira, a ambas regiones les falta poco para serlo del todo; el portaaviones y poco más. De momento, lo que han conseguido es que Cataluña y el País Vasco acaparen más privilegios políticos que ninguna otra. Y eso que a las regiones todas se les ha dado en llamar ‘autonomías’ o ‘comunidades autónomas’, un verdadero contrasentido.

En el caso de Cataluña la situación política ha llegado a un extremo cómico, si no fuera trágico. Los adalides del movimiento secesionista catalán, condenados por el Tribunal Supremo a no sé cuántos años de cárcel, se ven reconocidos como sujetos de un "diálogo" con el Gobierno español. En la "mesa" para la independencia de Cataluña el lado que representa al Gobierno de España cuenta al menos con dos miembros más bien favorables a las pretensiones del otro bando, el independentista.

El descuajeringue no es solo geográfico o territorial. La democracia española no puede aspirar a tal rango cuando la televisión y la radio públicas se decantan ideológicamente a favor del partido político que ocupa el Gobierno. Por lo menos es así cuando el Gobierno es de izquierdas. Tal propincuidad es todavía más escandalosa cuando nos referimos a la televisión y la radio públicas de Cataluña o del País Vasco. Ante tal pasmosa realidad, se hace cuesta arriba aceptar como realmente democráticas las elecciones.

De poco vale redargüir que los gobernantes son honrados o que vivimos en un Estado de Derecho. Ni siquiera esto parece ser un Estado de Derecho… Administrativo, si se me permite la ironía. La opinión de muchos españoles es que muchos gobernantes (nacionales o autonómicos) no son honrados. Aunque lo fueran (y les favorece la presunción de inocencia), la estructura misma del Estado se halla viciada. Incluso el constitucionalismo más patriótico traga hoy con esa degeneración de la vida pública que son las autonomías regionales. Y valga el oxímoron.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

¿Maduro en el CNI?
OKDIARIO 25 Febrero 2020

Imaginemos la situación: el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, cumplimentando un formulario de seguridad del CNI, requisito indispensable para cualquier persona que vaya a tener acceso a información clasificada como confidencial, reservada o secreta. El punto 6.3 de ese documento pide al candidato que describa la “relación con personas de países que no sean miembros de OTAN/UE o con gobiernos/servicios de inteligencia extranjeros”.

Dado que son hechos probados que Pablo Iglesias mantuvo estrechísimos contactos con Gobiernos como Venezuela, Bolivia, Ecuador o Irán (tan estrechos que recibió dinero a a cambio de trabajos), si el vicepresidente segundo dice la verdad, no podría estar en la Comisión Delegada para asuntos de Inteligencia, que controla la actividad del CNI. Y si se niega a facilitar los datos requeridos, la falta de aportación de la información se podría interpretar como una ocultación y puede tener como consecuencia la denegación de la solicitud de la Habilitación Personal de Seguridad», el documento final que entregan los servicios de inteligencia en caso de que la solicitud, tras su exhaustivo análisis, resulte positiva. Sin él, Iglesias no tendrá acceso a los secretos del CNI.

O sea, que bajo ningún concepto Pablo Iglesias podría entrar en la Comisión Delegada. Lo impiden las normas del CNI. Eso sin entrar a valorar el disparate que supondría que el vicepresidente segundo pasara a controlar el CNI. ¿Qué relación existe entre una vicepresidencia social que entre sus mandatos tiene la Agenda 2030 con su presencia en la comisión que supervisa a los servicios de inteligencia? Ninguna, por lo que se hace difícil de entender el anuncio de que Iglesias formará parte de la misma. Es como poner al lobo a cuidar de las ovejas. Pero, además, el nombramiento de Iglesias provocaría el estupor de Washington. Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, recelaría de inmediato.

Estamos ante un asunto de una enorme gravedad, porque Pablo Iglesias sólo podría formar parte de la Comisión de control del CNI si los servicios de inteligencia incumplieran sus propios requisitos. Y eso sería un escándalo mayúsculo. De dimensión mundial. ¿Maduro en el CNI?

Grosero y falaz ataque al Poder Judicial
Jaime Manuel González Martínez okdiario 25 Febrero 2020

Quien ha cargado duramente contra «los operadores judiciales» (jueces, fiscales y letrados) no ha sido sólo un alto dirigente de una formación de izquierdas radical como Podemos, sino un miembro del Gobierno de España, lo que supone un grosero y falaz ataque del Ejecutivo socialcomunista al Poder Judicial. Las declaraciones de la ministra de Igualdad, Irene Montero, asegurando que cuando una mujer acude a presentar una denuncia, se le pregunta «si iba vestida con minifalda», van más allá del ataque perpetrado el viernes contra la Policía y la Guardia Civil, porque lo que ha hecho ahora la ministra es hacer extensiva las críticas a la Justicia española.

Que en sede parlamentaria, un miembro del Gobierno de España arremeta de forma tan indigna e injusta contra un poder esencial del Estado revela no sólo el sectarismo ideológico que caracteriza a la formación de ultraizquierda, sino la estrategia de confrontación institucional de la formación de Pablo Iglesias. Es, en suma, la prueba del nueve de que lo que busca Podemos es subvertir el actual modelo constitucional erosionando uno de los pilares básicos del Estado de Derecho. «La Justicia española -ha dicho- tiene sesgos de género y tiene deficiencias serias a la hora de abordar muchos casos de violencias machistas».

En el colmo de la indecencia política, Irene Montero se ha inventado una teoría según la cual «los propios organismos internacionales nos dicen que es una carencia impropia de un Estado de Derecho, de un Estado democrático, que es algo que dificulta la igualdad». Lo que es una carencia, y sustancial, es que la ministra de Igualdad del Gobierno de España arremeta de forma tan burda y mendaz contra la Justicia española amparándose, además, en informes inventados o descontextualizados.

Después de que sindicatos policiales y asociaciones de guardias civiles hayan instado al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a que salga a defender su honor, manchado por las intolerables palabras de su compañera de Gabinete, ahora tienen que ser las asociaciones de jueces y fiscales las que exijan al Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez que obligue a su ministra a una inmediata rectificación. Está en juego no sólo el trabajo profesional de mucha gente, sino el decoro y la dignidad del Estado democrático.

Falsas democracias y sus corrupciones
Antonio García Fuentes PD 25 Febrero 2020

¿DEMOCRACIA ESTO?: En el diario Vozpópuli del 13-02-2020, leo lo que sigue:
“De momento, España sigue perteneciendo al selecto club de las 20 democracias “plenas” que elabora The Economist. De momento. La publicación británica, que evalúa cinco variables para elaborar el ranking, nos coloca en el decimonoveno lugar, con una puntuación de 8,08 sobre 10, pero a solo ocho décimas de descender de categoría y pasar a engrosar la larga lista de las denominadas democracias “incompletas”, entre las que, sorprendentemente, figuran países como Estados Unidos (puesto 25), Portugal (27), Francia (29) o Italia (33)”.
Hoy lo que sigue habiendo son “dictaduras y tiranías”; puesto que a mi entender y “vista la historia del mono humano”, siempre es lo que hubo. La democracia que dejara escrita Montesquieu, no fue instaurada nunca, puesto que “los tres poderes” que deben vigilarla y mantenerla, nunca han existido; sí que de nombre, pero al final; “hacen cama redonda, se compran los hunos a los hotros y al final lo que predomina es la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón”, o sea, lo de siempre; “el mono humano que puede, domina a cuantos puede de los demás”, y esa tendencia viene de lejos y se mantiene pese a lo que nos quieran decir; la renovación de gobiernos no lo soluciona, al final todos obran lo mismo y se aprovechan del poder todo cuanto pueden y más.

“Los catalanes autóctonos y la raza superior: Ni es la primera vez ni será la última. El separatismo considera la raza catalana no tan solo distinta sino superior a la española”. (Titulares en Vozpópuli 13-02-2020). Mi opinión: Eso creían en el nazismo y al final fracasaron; «dónde hay tejas hay pellejas», «en todas partes cuecen habas»; son dichos de la sabiduría popular que sentencia la realidad del «mono humano», donde algunos «listos» (que no inteligentes) logran instaurar un tipo de religión, de la que logran vivir opíparamente; lo que ocurre es que, «quienes tienen que decirles las verdades del barquero», no tienen valor para ello y «los consienten». Cuando estuve en la mili, en las aún guarniciones del norte de África del Ejército Español, allí nos llevaban por sorteo de todas las partes de España, y les aseguro; que «listos, tontos, inteligentes, malos y buenos los había de todas las partes de España; por tanto, «es de idiotas creerse superiores en cualquiera de ellas». La superioridad está en “el cerebro del individuo” y no en la masa o grupo; y con esto, como no puede luchar el indeseable político, lo camufla, pero siempre en su favor. Y a ver si se enteran “los analfabetos”, que el idioma principal de España no es el Castellano sino el ESPAÑOL ello viene desde más de medio milenio atrás; y cuando se estableció la gramática de Elio Antonio de Nebrija, por orden de los Reyes Católicos.

“La embajada venezolana se llevó 40 maletas del avión de Delcy Rodríguez en Barajas: Un vehículo con matrícula diplomática retiró de madrugada el equipaje de la aeronave procedente de Caracas sin pasar ningún control de seguridad (Vozpópuli: 14-02-2020)”
No se necesita mucha imaginación, conociendo “como marchan” los dos países implicados en estos negocios (Venezuela y España) y “el follón parlamentario que se ha liado en el Parlamento Español, donde se ha producido un escándalo de mucho ruido y de muy pocas nueces”; puesto que el mayor secreto está asegurado como en tantos otros, “negocios sucios, de la sucia política que nos ha tocado vivir a los terrícolas de estos tiempos”; puesto que “las maletas, seguro que no venían llenas de petróleo venezolano, o de otras producciones agrícolas, ganaderas, mineras o de fauna tropical”. Sin mucho esfuerzo nos podemos imaginar, que lo que contendrían esas maletas, sería, dinero “del bueno” y que circula por todo el mundo; y el que al final, llegará a una o varias cuentas, en uno o unos, determinados paraísos fiscales; o sea “lo normal”; puesto que al escribir esto, me estoy riendo yo sólo, acordándome del último Sha de Persia, que se llevó de allí, al ser echado por los eclesiásticos, que hoy allí mandan; se llevó, reitero; y en aviones; hasta “los caballos de sus cuadras”; seguro que con el consentimiento de “quienes fuere”; o sea lo de siempre, pero con vehículos del momento… “de otra forma también se los llevaron los emperadores, “romanos, persas, partos, mongoles, españoles, franceses, ingleses, austriacos, turcos, alemanes y todo el que pudo (y aún hoy puede), saquear a quienes fueren sus víctimas”, o sea, lo de siempre: Amén.

Donald Trump pone firme a Pedro Sánchez: «España debe aumentar su gasto en Defensa y eso no es negociable»: (Titulares en Periodista Digital 14-02-2020). “O sea que leyendo y analizando sólo esta frase; deducimos que España es una simple colonia de Estados Unidos; y que como, “esta potencia mundial, lo es por su gran fabricación de armas, tiene que forzar la venta de los sobrantes de sus enormes arsenales, forzando a “sus amigos”, a que les compren cuanto más mejor, puesto que el negocio es el negocio… “y si hay que provocar nuevas guerras amparados con los pretextos que sean necesarios, se hacen y a aguantar el que tenga que aguantarse; los muertos, heridos, inválidos y destrucciones masivas que se producen, eso no cuenta, para el negocio que se pretende”; o sea, un asco y ganas de vomitar, aunque no sirva para nada. Y Linderos con el anterior, veamos otra gran miseria política:

México: el ‘seguimiento 39’, el cartel de la droga formado por la ‘élite’ militar: (PERIODISTA DIGITAL (- 12 Feb 2020- Titulares) : Sigue un párrafo de lo publicado: “La gran capacidad militar del ‘seguimiento 39’ le ha permitido ganarse el apodo del ‘cartel de carteles’, todo porque durante varios años logró hacer negocios con grupos rivales entre sí, y cuyo enfrentamiento causó la muerte a más de 200.000 personas según datos oficiales”. Leyendo este artículo y recordando todo lo que se publica sobre el negocio de las drogas (uno de los principales del mundo); podemos imaginar que involucrado en ello, “está hasta el sursuncorda y el moro Muza, amén de Ali Babá y los cuarenta ladrones, de aquel cuento”; y como lo que importa en este mundo que habitamos es, “el dios dinero”; todo lo que necesite ese “dios omnipotente hay que entregárselo, sin que nadie ponga remedio, puesto que no interesa que ese gran negocio desaparezca”. Todo lo demás que nos digan o cuenten, son mentiras horribles; por lo que ya nada es sorprendente en este perro y corrompido mundo.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

Pericay y la ley de hierro
Cristina Losada Libertad Digital 25 Febrero 2020

El reciente libro de Xavier Pericay (¡Vamos? Una temporada en política, editorial Sloper) va dejando distintos sabores en el paladar del lector. Todos ellos, agradables o no, son de sumo interés, ya que los cuatro años de actividad política en Ciudadanos que recoge se plasman tanto a través de la vivencia personal del autor como de la observación analítica del funcionamiento de la maquinaria interna de un partido, lo que constituye una rara visión desde dentro, que ilumina zonas cuyo estado habitual es la penumbra, cuando no la plena oscuridad. Variedad de sabores no obstante, el hecho es que al final predomina un sinsabor: el del desencanto. Aunque en el último párrafo, consciente de que el libro está "algo empañado de tristeza", Pericay manifiesta su deseo de no terminar con un final desesperanzado, es difícil relegar el sentimiento general de desengaño, por más que sea necesario hacerlo. Si uno quiere pasar una temporada en política, alguna vez, necesariamente lo tendrá que hacer.

Sería fácil concluir que la decepción que transmite la peripecia del autor es una decepción con la política, y que no hace más que confirmar lo que tanta gente, que no ha estado nunca en política, ya sabe o cree que sabe sobre la política. Nada bueno, por cierto. Pero, precisando un poco más, de lo que se habla es de una parte del instrumental de la política, si bien un elemento tan esencial como el partido, y de las personas que hacen la política de ese partido, sin olvidar a aquellas que hacen el partido, esto es, los burócratas, los apparatchiki, cuyo papel en esta historia es tan áspero como determinante. La cuestión aquí es que el partido del que se habla se presentaba como un partido que iba a hacer política de una forma distinta, como un partido que evitaría expresamente los vicios de otros, como un partido que no iba a ser ni actuar como los demás. Una pretensión que representaba la ya vieja fórmula de la nueva política. Y que, huelga decir, no se cumplió.

Pericay muestra a un partido con un "núcleo duro" reducido al presidente y tres o cuatro figuras más, un petit comité que no sólo toma las decisiones políticas, las que podríamos llamar estratégicas, que se presentan por puro formulismo al resto de la dirección, más amplia y también puramente formal. Es que, además, no admite otras opiniones que las corroborativas, mejor aún si son entusiásticas. Una dirección así tiene todas las papeletas para que, una vez adoptado un curso de acción, haga oídos sordos a cualquier opinión o dato que ponga en duda la conveniencia de la decisión tomada, pues su legitimidad está en juego. Sobre todo, si el objetivo que persigue el curso adoptado es tan atractivo y tentador como llegar a la presidencia del Gobierno o sustituir al partido hasta entonces hegemónico en el centro-derecha. Diríamos, por lo que relata Pericay, que la dirección real de Ciudadanos, aquel "núcleo duro", sufrió, a partir de la moción de censura de Sánchez, un prolongado episodio de ceguera voluntaria. Y de ensoñación.

Más allá de los errores en los que cualquier partido incurre, y con más motivo uno de las características noveles y enfáticamente juveniles de Ciudadanos, y más allá de la soberbia de Albert Rivera, cualidad o defecto extensible a la mayoría de líderes, hay un fenómeno que favorece el desarrollo de esas patologías partidarias. Pericay va en su busca en el capítulo que titula "Nuestro Perú", por la ya célebre pregunta en Conversación en La Catedral de Vargas Llosa: "¿En qué momento se había jodido el Perú?". El autor da lugar y fecha del acontecimiento: la IV Asamblea General del partido, celebrada en febrero de 2017 en Coslada. Y el hecho: la aprobación de unos estatutos y, con ello, la formalización de una estructura organizativa que describe así: "En esas tablas de la ley, Ciudadanos se conformaba como un partido fuertemente jerarquizado, de una verticalidad que para sí hubieran querido, pongamos, los mismísimos sindicatos franquistas". Esto se hace, y el autor reconoce que votó a favor de aquellas tablas, para evitar la peste de las baronías, pero el remedio terminó siendo peor que la enfermedad.

El Perú de Ciudadanos fue cuando cumplió "la ley de hierro de la oligarquía", como así la definió el sociólogo alemán Robert Michels a principios del siglo XX en su estudio de los partidos políticos, y a la que hace referencia Pericay. Y esta ley sociológica, que puede parecer abstracta, la iba a padecer muy concretamente el autor. Con la singularidad de que no era un simple afiliado, sino un dirigente y un cargo electo. Pero ni aun así pudo librarse de la cascada de efectos que desencadena la ley de hierro. De modo que, siendo como era, en apariencia, el candidato oficial, cayó por la conspiración del aparato, personalizado en Baleares en la secretaria de Organización, Juana Capó.

No importó que Pericay fuera uno de los políticos mejor valorados de la autonomía. Tampoco otros de sus méritos. Ni que hubiera sido uno de los firmantes del manifiesto que dio origen al partido. Al contrario, se diría que esa condición de fundador le perjudicó, dada la voluntad de Rivera, ya anteriormente visible, de desprenderse de la tutela de aquel grupo de intelectuales. El aparato, con el beneplácito de la dirección, buscaba lo que suele buscar siempre un aparato: gente dócil; gente que no piense por sí misma o, si lo hace, evite hacerlo en público; gente que se limite a transmitir los mensajes del partido; gente que obedezca las instrucciones sin más; gente que haga piña y no vaya por su cuenta.

Pericay se metió en política, como solía decirse, para hacer política. No para dedicarse a la conspiración interna. Al cabo, se encontró en un partido donde las decisiones políticas las tomaban cuatro y el aparato cercenaba no sólo cualquier posible disidencia, sino cualquier signo de individualidad. Y es que en los partidos de clones no gustan nada los que no lo son.

VOX y Franco
Pío Moa gaceta.es 25 Febrero 2020

Mi amigo Paco Linares ha hecho este vídeo de denuncia del terror madurista: https://www.youtube.com/watch?v=bXuThL4Is84
Historia criminal del PSOE. 1934: Franco defiende la República: https://www.youtube.com/watch?v=aBVMI4dw7i4&feature=youtu.be

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VOX y Franco
La ley de memoria histórica, tanto la existente como su empeoramiento previsto, tienen relación inevitable y directa con Franco y su régimen, pues giran en torno a él y por tanto en torno a la democracia. Políticamente es preciso evitar la dialéctica de pro o contra Franco, adonde quieren llevar la cuestión el frente popular y el PP, y dirigirla a la cuestión de la democracia. La contraofensiva, que no debe ser solo defensa, frente a esa ley, puede y debe basarse en dos puntos: “En democracia, todo el mundo puede pensar y argumentar como quiera sobre Franco y el pasado en general, pero nadie puede imponer a los demás sus opiniones desde el poder. Y ni los separatistas ni el PSOE, con su historia criminal, tienen autoridad moral para imponer su opinión a los españoles y perseguir las contrarias”. Es decir: lo que está en cuestión no es un régimen que ya no existe, sino la democracia que se está destruyendo con leyes totalitarias.
Con esto y una enérgica campaña explicativa al respecto queda zanjada políticamente la cuestión. Otra cosa es la lucha intelectual, la investigación, debate y defensa en la libertad –que intenta proscribirse–, de la verdad histórica sobre el franquismo. De eso no tiene por qué encargarse un partido, ya lo hacemos algunos historiadores y asociaciones ad hoc, que pueden y deben desarrollarse.

Para VOX este asunto tiene máxima relevancia, porque le permite alzarse como alternativa poniendo en evidencia el carácter corrupto y totalitario de los demás partidos; y le permite también diferenciarse netamente del PP, convertido en miembro vergonzante del nuevo frente popular, pues la maniobra de ese partico consiste en fagocitar a VOX pretendiendo que las diferencias son menores, lo que haría innecesario el partido de Abascal. Si se olvida esto, es posible caer en cualquier trampa.

En este asunto, VOX debería actuar con máxima energía y sin complejos. Leo que algunos de sus dirigentes creen que debe darse poca o ninguna importancia al asunto porque les identificaría con “la extrema derecha”, etiqueta que les ha perjudicado mucho. Nada más lejos de la realidad. Esa etiqueta la han usado y seguirán usando al máximo, pero cada vez con menor efecto. Lo que ha perjudicado a VOX durante años ha sido el muro de silencio en que han tratado de encerrarlo los demás partidos. Pero ese muro se ha roto a pesar de todos los cuentos de “extrema derecha”, y por tanto da ahora a VOX la oportunidad de hacerse oír de los españoles, contraatacar y demostrar el carácter antidemocrático y antiespañol de los partidos de la memoria histórica. Nada podría ser más peligroso que dar explicaciones y justificarse ante las argucias del frente popular. Hay que poner a este en situación de intentar justificarse, y eso es hoy perfectamente posible.

Vacilar hoy o perderse en cuestiones menores podría ser nefasto.

¿Socialismo europeo? No, que va, comunismo estalinista puro y duro
“Como nada hay más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad” Cicerón
Miguel Massanet diariosigloxxi  25 Febrero 2020

El señor Pedro Sánchez sin darse cuenta o, mejor dicho, empujado por su afán de ser investido como presidente del Gobierno, puede que no calibrara debidamente, no tomara en cuenta las consecuencias o es muy posible que, con su característica egolatría, pensase que le bastaría con su innata habilidad para engañar, mentir, distorsionar la realidad o trapichear, para capear cualquier temporal que le pudieran generar sus numerosos “socios”, con los que contrajo compromisos ocultos, en muchos casos inconfesables, para conseguir su apoyo para su investidura; pagos que, tarde o temprano, se le iban a reclamar y a exigir como parte del botín que iba a conseguir con su ascensión al poder. Sabían que a Sánchez no le bastaría con ser investido y que, a lo largo de la legislatura, iba a necesitar la fuerza de sus votos para que el gran vudú de este socialismo, desconocido en Europa, además de ser investido pudiera seguir gobernando en una nación a la que los nuevos dirigentes, antes de empezar a construir algo nuevo, distinto, efectivo y que resultara mejor para los españoles, según les prometieron cuando se postularon para dirigir el país; lo primero a lo que se han dedicado con extraña intensidad, temeridad, fanatismo y afán destructivo, ha sido a deshacer, desmontar, anular y rechazar todo aquello que sus antecesores en el gobierno de la nación, con paciencia, esfuerzo, sentido común y tenacidad, habían conseguido crear, pese a las enormes dificultades que la crisis pasada y los propios problemas internos del país les habían creado, a la hora de conseguir sacar a España de la situación de extrema gravedad en la que la había dejado el señor Rodríguez Zapatero y los cómplices de su ejecutivo.

No ha tardado sus socio de gobierno, el señor Pablo Iglesias de pasarle factura, no sólo en lo que fueron las concesiones inconcebibles que tuvo que hacerle en forma de participación de Podemos en el nuevo Gobierno, con cuatro ministerios y tres vicepresidencias; algo ya de por sí lamentable, sino que el perrito faldero, imagen con la que ha actuado con frecuencia el nuevo y reconstruido Pablo Iglesias, ha llegado a convertirse en un problema, una piedra en el zapato y, sin duda alguna, un molesto compañero de viaje para muchos de los ministros socialistas que lo acompañan en el Ejecutivo.

Su propia mujer, la señora Inés Montero, además de olvidarse de la primera regla de un ministro, que es la de dejar los asuntos domésticos en casa cuando deba realizar su trabajo ministerial, incurriendo en la cursilería de acudir al despacho con su hijo de pocos meses, horterada propia de todas aquellas mamás que piensan que, cuando paren un hijo es para enseñárselo a todo el mundo, como si fuera una “hazaña” extraordinaria y no una función que vienen desempeñando las mujeres desde que la humanidad existe; está llevando su extremado feminismo hasta extremos en los que, en el caso de una simple ciudadano de a pie no sería más que una veleidad absurda, pero que en manos de una ministra del Gobierno de España que, por añadidura, se ha hecho cargo del ministerio de Igualdad y tiene las facultades, como parece que va a poner en práctica, de preparar proyectos de ley que, en su caso, tienden a interferirse en temas familiares de mucha enjundia, tales como el sexo, las relaciones maritales, los derechos de los padres, el matrimonio y sus consecuencias y, lo que es primordial, el asumir funciones que no entran dentro de la competencia de un ministerio de Igualdad por atañer a otros ministerios.

Es evidente que la carrera para legislar a destajo ha empezado y, como “tonto el último” ,la señora Montero ha decidido que como, según su marido Pablo, el Gobierno está conforme en darle luz verde a su proyecto de Ley de Libertad Sexual ( como si hasta ahora el sexo hubiera estado prohibido, restringido o sujeto a una normativa de procedimiento) se ha sacado de la manga un engendro que, de no parase en el Parlamento, algo que difícilmente ocurrirá, puede dar lugar a que esta llamada “libertad” se convierta en algo burocrático, complejo, inseguro y lo suficientemente peligroso, especialmente para los varones, para que lo que hasta ahora se entendía por matrimonio se convierta en un mero trámite para poder conseguir un divorcio con un repartimiento equitativo de bienes y una custodia de los hijos por orden judicial. Curiosamente, el Derecho Romano consideraba un impedimento absoluto para contraer matrimonio el voto de castidad. La definición de las nupcias romanas de Modestino se inicia con las siguientes palabras: “conniuctio maris et feminae…” de lo que es fácil deducir que, el consentimiento para tener sexo, se daba por descontado y no cabía negativa, al menos como regla general, que se pudiera alegar por la mujer para oponerse al requerimiento sexual de su esposo.

Si al contrato matrimonial, en España, primero a través del derecho canónico y, en la actualidad, por el derecho civil, suponía de facto el ejercicio al derecho de practicar el acto sexual y el de la procreación como una de las características del contrato, entendemos que desde el momento en que una de las partes deba obtener el permiso previo de la otra o, todavía peor, si este permiso le corresponde en exclusiva a la mujer, es posible que se le pueda seguir conociendo por el mismo nombre pero la realidad es que este contrato habrá quedado vacío de contenido y, como ya hemos indicado, sólo servirá a los jueces para, en caso de separación o divorcio, dictaminar sobre la custodia de hijos y distribución de bienes. No queremos ni pensar en lo que puede llegar a suceder si se extiende la posibilidad de que la esposa pueda fácilmente denunciar a su marido por violación, si éste no está en condiciones de demostrar lo contrario lo cual es prácticamente imposible si no se da el caso de que existan testigos presenciales.

En todo caso, estos señores que pretenden cambiar España y crear un estado libertario, no saben en el lío que están metiendo a la Administración de Justicia y a todos aquellos organismos jurisdiccionales y estamentos relacionados con el ejercicio de la abogacía; si tomamos en cuenta que se va a dar carta libre para todo tipo de uniones de cualquier tipo y condición en las que, con toda probabilidad, van a caber, basados en el ejercicio sin tope de la libre voluntad de los contrayentes, amén de los nuevos tipos de relaciones familiares que se han ido reconociendo hasta ahora, las nuevas que pudieran derivarse de otro tipo de relaciones de tipo incestuosas, poligamia o poliandria, zoofilia y cualquier otro tipo de uniones parecidas, capaces de repugnar a cualquier persona sensata, pero que forman parte de esta concepción libertaria y especial de la moral que nos han traído estos comunistas de nuevo cuño, que hoy nos gobiernan.

Y un comentario respecto a otra ministra, en este caso del PSOE, la titular de Hacienda, señora Mª Jesús Montero. Como el resto del ramillete de feministas, radicales, fanáticas y sectarias que se ha traído de acompañamiento el señor Sánchez; no solamente parece dispuesta a no dejarnos vivir, a base de imponernos un sistema fiscal semejante que no permita a ningún ciudadano el ahorro que antes siempre era aconsejado por los gobiernos, sino que tampoco puede consentir, ni se molesta lo más mínimo en ocultarlo, y está decidida a poner en la picota a las autonomías, las pocas que han quedado, en las que el PP o una coalición de partidos de centro derecha, están gobernando. A cualquier gobernante, seguramente le satisficiera que una comunidad consiguiese cumplir con sus objetivos, contentar las demandas de sus ciudadanos, mejorar sus servicios y, a pesar de todo, poder disminuir los impuestos a todos sus administrados. Pero, en España, hemos caído en manos de unos gobernantes que, si pecan de algo, si no consienten ni están dispuestos a permitir que ocurra es que, una comunidad de la derechas, pueda llevar a cabo unas políticas fiscales que se distingan de las del resto, gobernadas por separatistas o las izquierdas. No pueden permitirse el lujo de que alguien les pueda sacar los colores poniendo como ejemplo a Madrid o a Murcia. Hay que machacar al adversario y la solución, para quienes son incapaces de admitir que haya otros que lo hacen mejor que ellos, es acudir a las leyes para obligar a quienes han conseguido mejoras sensibles para sus ciudadanos, con el objetivo de que se vean obligados a aumentar los impuestos en sus respectivas circunscripciones. Igualar a todos, no siguiendo el ejemplo de administrar mejor, de permitir que los ciudadanos dispongan ellos mismos de sus dineros y permitir que sea el consumo el que permita recaudar más a las administraciones. Para la señora Montero es una “inmoralidad” que todos no paguemos los mismos impuestos, prefiriendo que sea el “estado recaudador” quien maneje el dinero de los contribuyentes para que, después, sean los políticos los que lo vayan despilfarrando según se les antoje, enriqueciendo a sus miles o millones de adictos porque, en realidad, estos que han entrado en el gobierno de España, no piensan, como debería ser, gobernar para todos los españoles, no señores, lo van a hacer en favor de sus autonomías de izquierdas y en apoyo de países como Venezuela o aquellos otros elementos que piensen que el comunismo es la bicoca para el pueblo. Y, a la vista está, hemos empezado a entrar en el control, por parte del Gobierno, de la vida de sus ciudadanos. Desde ahora vamos a estar sometidos a una Hacienda convertida en instrumento del Estado para controlar la iniciativa privada, para enmudecer a los críticos y para disponer, como ya lo han venido haciendo hasta ahora ( con plena pasividad por parte de los partidos de derechas) del 99% de os medios de prensa escrita, visual y digital. Nadie dude que, de persistir la abulia de los partidos de centro y derechas, sus rifirrafes internos y sus peleas cainitas entre sí, vamos a tener ocasión de ver cómo España se va transformando, quizá más aprisa de lo que esperamos, en un nuevo satélite del comunismo internacional, situado precisamente en el extremo Sur de Europa. Lo que ocurre es que Europa, distraída con el Brexit, los populismos y sus escaramuzas con Trump y las tecnológicas, amén del nuevo problema surgido con el corona-virus; está demasiado ocupada para poner atención a un tema que pude parecerle mínimo pero que, a la larga, pudiera ser el comienzo de su decadencia. De todo ello sabrá mucho el señor Soros y, un poco menos, pero también bastante, el señor Jaume Roura y sus independentistas catalanes. Todo ello forma parte de un plan de desestabilización, hábilmente manejado desde las catacumbas de las organizaciones secretas que tienen la llave de la política internacional.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda otro remedio que contemplar cómo, a nuestro alrededor, se va desplomando todo lo que fue el principio de la democracia en España debido, seguramente, a la falta de visión política de unos, de la cerrazón intelectual de otros y, finalmente, de la irrupción en nuestro país del bolivianismo y un nuevo personaje entrado en escena, Pedro Sánchez, que amenaza con igualar al señor Rodríguez Zapatero en cuando a su capacidad para destruir todo lo que se había conseguido crear, en nuestra nación, durante los años en los que tuvimos una primera muestra de lo que debería ser un Estado democrático. Que en la gloriosa jornada/ iba, firme la pisada/ al redoble del tambor.

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******************* Sección "bilingüe" ***********************

La mayor calamidad política del siglo
Pablo Planas Libertad Digital 25 Febrero 2020

La política catalana está plagada de carteristas, charlatanes, robaperas, descuideros, estafadores, comisionistas, chulánganos, camorristas, vendeburras y caraduras. Es un feraz ecosistema político en el que prosperan los jetas, los desahogados, los amorales y los choricetes del más variado pelaje. Y en medio de una fauna tan prodigiosa, copiosa y digna de estudio sobresale con inusitado brillo y luminosidad uno de los tipos más nefastos de los últimos treinta años, el expresidente de la Generalidad Artur Mas, valido de Pujol, patrocinador de Puigdemont y agente leudante de esa catástrofe llamada Procés.

En Cataluña hubo un virrey que mientras daba lecciones de moralidad pública se lo llevaba crudo con la colaboración de su señora y su numerosa prole, un sistema generalizado de cobro de comisiones para la adjudicación de contratos, unos cargos públicos que no han tenido reparo alguno en negociar con terroristas más toda clase de vividores que han prosperado en un medio apto para rapiñas e imposturas, pero Mas se lleva la palma con diferencia.

Pujol estableció los cimientos de la Cataluña supremacista y xenófoba, convirtió las vísceras en discurso, programó la extinción del español y sentó las bases del separatismo moderno, pero se abstuvo de cometer la clase de barbaridades perpetradas por sus herederos porque eran incompatibles con la dedicación obsesiva al saqueo. Y como no era ningún estúpido sabía además que independencia equivalía a ruina.

En cambio Mas no tuvo ningún reparo en precipitarse por los barrancos que había esquivado su padre político. En parte, por complejo, pues Artur era un chico que casi solo hablaba español y cuya familia carecía de pedigrí nacionalista. Rodeado de talibanes tipo Rull y Turull y de los hijos del capo, Mas se convirtó en el más fanático de los conversos, una especie de ayatolá con tupé ataviado de liberal.

Cuando accedió a la presidencia de la Generalidad dio rienda suelta a los instintos de los hijos de Pujol y sus amigos con dos objetivos fundamentales: tapar la corrupción y echar la culpa al resto de España de los recortes a los que se veía obligado su Gobierno por el estado en el que habían quedado las arcas públicas tras el pujolismo, el descontrol de los Gobiernos de Maragall y Montilla y la crisis que comenzó a finales de la primera década del siglo. Y de ahí salió el Procés, el odio, la ruptura, los enfrentamientos, la quiebra y el colapso de una economía y una sociedad que habían resistido años de pujolismo con la guinda de los tripartitos.

Mas podría haber optado por gobernar y aguantar el temporal del descontento social, pero prefirió decir aquello de "España nos roba" y echarse en brazos de los antisistema de la CUP, los mismos que después del primer referéndum separatista, el del 9 de noviembre de 2014, le echaron a la papelera de la Historia. Ahora amenaza con salir del contenedor gracias a que solo fue condenado a dos años de inhabilitación. Cree que puede completar lo que inició en 2012, la fase final de la independencia, y va por las esquinas diciendo que no quiere ser candidato pero que "una cosa es lo que uno quiere y otra, lo que acaba pasando".

Encarna la pura irresponsabilidad, la inconsistencia más absoluta, el vacío total, una desoladora ausencia de ideas positivas. Es, en suma, el fruto más depurado de años y años de ciénaga catalana, un sujeto a la altura de las mentiras del nacionalismo, un auténtico peligro público, el hombre con el que empezó todo y probablemente la mayor calamidad política del siglo XXI, por encima incluso de Junqueras y Torra. Puigdemont a su lado es un tío de fiar.

Torra usa a Sánchez sin el menor pudor

Òmnium exige a Torra plantear la amnistía en la mesa de gobiernos para que el diálogo sea "real"
Editorial larazon 25 Febrero 2020

Que los socialistas se muestren desagradablemente sorprendidos por la última maniobra del presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, a cuenta de la mesa de diálogo con el Gobierno, nos remite al «¡qué escándalo, aquí se juega!» del personaje del comisario Renault en «Casablanca». Porque en este juego de equívocos, más deplorable, si cabe, por cuanto está sobre el tapete la dignidad del Estado, nadie que esté medianamente avisado puede considerar que el bloque separatista catalán se avenga a un acuerdo que no pase por el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la celebración de un referéndum independentista, dos cuestiones que ningún gobierno español puede ni siquiera negociar sin suicidarse políticamente.

De ahí que la negociación que comienza el próximo miércoles entre el Ejecutivo de la nación y el Gobierno autónomo catalán venga marcada por el mero tacticismo de las dos partes convocantes, aunque con ventaja para los partidos nacionalistas, que no tienen ya nada que perder y que dirimen sobre las espaldas de Pedro Sánchez su pugna electoral. Así, si no supiéramos de lo que estamos hablando, serían preocupantes los mohínes de la portavoz del PSC en la Cámara catalana, Eva Granados, –pidiendo a la Generalitat que piense en el interés general–, o el angelismo de la presidenta del PSOE, Cristina Narbona –cuando plantea como eje de la negociación la llamada «agenda del reencuentro» gubernamental con sus propuestas de financiación e infraestructuras–, porque retratarían a unos interlocutores fuera de la realidad. Pero no. Sabe el PSOE que de la continuidad de la mesa depende el apoyo de ERC al mantenimiento de la Legislatura, sin descartar su hipotético respaldo a los Presupuestos Generales, y cree el Gobierno de Sánchez que bastará con la permisividad en las exigencias penales a los condenados por el Procés para mantener a los republicanos atados al diálogo.

Esta estrategia, que, a medio plazo, podría dar sus frutos, al menos, sobre el papel, tiene, su talón de Aquiles en la batalla que libran ERC y JxCat por la hegemonía del separatismo catalán y que viene condicionada por el adelanto de la elecciones regionales en el Principado, ya convocadas, aunque sin fecha. Ambas formaciones operan sobre un sector del electorado cada vez más radicalizado –como demuestra el surgimiento de formaciones independentistas más extremistas– al que se ha hecho que creer que el fracaso de octubre no es más que un tropiezo pasajero. Y, en estas circunstancias, cualquier actuación que pueda interpretarse como cesión a Madrid se traducirá en pérdida de votos.

Sólo desde esta perspectiva se entienden las maniobras del presidente de la Generalitat, claramente dirigidas a sabotear la mesa de diálogo por el procedimiento de forzar al máximo la obligada tolerancia del Gobierno de Pedro Sánchez, situando, de paso, a ERC en una posición imposible: o sus exigencias a Pedro Sánchez rompen la negociación o pierde credibilidad para el liderazgo independentista. No admite otra explicación la designación de un equipo negociador en el que el Ejecutivo catalán queda infrarrepresentado en favor de cuatro pesos pesados del separatismo como son Josep Rius y Elsa Artadi, colaboradores directos del ex presidente fugado Carles Puigdemont; Marta Villalta y Josep María Jové. Con el agravante, que no deja de ser un trágala al Gobierno, de que este último no sólo está considerado como el «arquitecto del procés», sino que está procesado por su intervención en los preparativos del golpe de Estado. Pedro Sánchez esta a tiempo de rectificar y exigir que, por lo menos, se cumpla las condiciones pactadas en la composición de la mesa, que sólo incluía a miembros de ambos ejecutivos. Lo demás es hacerle el juego a Torra.

Por una vez, que cedan los nacionalistas
Alejandro Tercero cronicaglobal 25 Febrero 2020

Cuando la etapa álgida del procés empezó a quedar atrás, buena parte de los analistas constitucionalistas se preguntaron cómo se había llegado a esta situación. Una de las respuestas que más consenso suscitó fue que los sucesivos gobiernos desde la recuperación de la democracia habían cedido Cataluña a los nacionalistas. Hecho el diagnóstico, también se planteó el tratamiento: el Estado (entendido por la Administración General del Estado) debía recuperar cuanto antes su presencia en Cataluña.

Dos años después, seguimos sin aprender. Con el objetivo de conseguir una mayoría parlamentaria que le permita sacar adelante la legislatura, el Gobierno ha decidido aplicar la terapia diametralmente opuesta a la recomendada por los observadores: ofrecer nuevas competencias a la Generalitat y reducir las actuaciones judiciales contra los disparates del Govern, es decir, contraer aún más --si cabe-- la presencia del Estado en Cataluña.

La mesa de negociación entre el ejecutivo nacional y el autonómico que se inaugura este miércoles es un error. Un tremendo error. No solo por las contrapartidas que, inevitablemente, el Gobierno deberá apoquinar, sino por el inequívoco mensaje que se lanza a propios y extraños de que se premia a los desleales. Todo ello aderezado con la mofa y el chuleo del Govern a la hora de incluir entre sus representantes a Josep Maria Jové, imputado por el procés y su principal relator.

Si la cesión ininterrumpida de competencias a la Generalitat durante cuatro décadas buscaba apaciguar al nacionalismo, su rotundo fracaso --la estrategia del contentamiento nos ha llevado a dos declaraciones unilaterales de independencia y ha dejado una Cataluña envenenada para las próximas generaciones-- debería habernos hecho escarmentar y plantearnos otros caminos. No tiene sentido seguir insistiendo en una metodología que se ha demostrado fallida.

Es sorprendente constatar que los que reclaman la cesión de la gestión del aeropuerto de Barcelona a la Generalitat (con el argumento de que así se incrementaría la rivalidad con el de Madrid por hacerse con las rutas y haría más competitivas ambas infraestructuras) sean los mismos que ponen el grito en el cielo cuando la Comunidad de Madrid pugna por quedarse con el Mobile World Congress, o cuando reduce los impuestos por debajo del resto de CCAA. ¿En qué quedamos? Mayor autonomía --y, por tanto, mayor desigualdad-- tiene un precio. No todo pueden ser ventajas.

Del mismo modo que son insólitas las críticas a la transferencia de competencias al resto de CCAA una vez las ha conseguido la Generalitat. ¿Acaso se trata de ser más que los otros?

La ininterrumpida acumulación de competencias por parte del ejecutivo autonómico de Cataluña nunca ha respondido al criterio de optimizar la forma de satisfacer las necesidades de los ciudadanos (pues sus derechos no deberían depender del modelo de Estado). Los gobiernos han utilizado este proceso de descentralización permanente como un modo de comprar estabilidad a cambio de la lealtad de los nacionalistas. Mientras que estos han visto en él una manera de acumular poder para un día poder desconectar del Estado.

Parece razonable concluir que la abrupta ruptura de esa lealtad que ha supuesto el procés debería tener consecuencias para el proyecto nacionalista, un precio en forma de recuperación de competencias por parte del Estado. Y esa es la oferta que el Gobierno debería llevar a la mesa de negociación con la Generalitat: elijan ustedes entre perder algunas o muchas de las competencias que tienen. Que, por una vez, sean los nacionalistas los que cedan.

Vox y Cs, marcianos en Galicia
César Casal La voz  25 Febrero 2020

La pregunta tiene fácil respuesta. ¿Por qué Vox y Ciudadanos tienen poco eco en Galicia? Por el desconocimiento de nuestra realidad. La distancia enfría. La cercanía lo es todo. En política, también. Ciudadanos empezó con mal pie. Aquellas declaraciones sobre que el AVE gallego no era tan urgente. O la boutade de que el programa que tenían para Galicia era el mismo que para España, que no necesitaban una letra pequeña para nuestros problemas.

Toni Cantó no ayudó con su guerra contra el acoso al castellano en un país que tiene acoplado un bilingüismo ejemplar, donde si acaso el que sufre es o galego. Vox ejerce de paracaidista a distancia, igual que el humo naranja de Cs. En el caso de Vox, todo es más radical, como su libro sin estilo ordena. Vox se ha sumado a Cs en la preponderancia de un idioma gallego subvencionado que no tiene reflejo en la realidad hablante y falante de los gallegos.

Galicia es una nación cultural y lo llevamos con un orgullo total. Utilicemos más o menos galego, que nadie toque a nosa fala, de lo que venimos todos, con una literatura entre las mejores del mundo. Que nadie nos mente a Rosalía, si no es para adorarla. Ya le gustaría a las gentes de Vox y Cs tener en sus listas para Galicia a alguien del nivel estratosférico de la autora de Follas novas (ahora Rosalía de Castro nombra hasta a una estrella). Señores de Vox y Cs, no confundir a la poeta con la otra Rosalía, por favor. Que sois capaces. Vox se presenta en las autonomías como caballo de Troya. No tienen ni candidato a presidente para los gobiernos gallego y vasco. Solo Abascal es candidato.

Ellos quieren cobrar los sueldos, y todo lo que sea necesario, pero con el fin de dinamitar las autonomías desde dentro. Hasta el supremo y amado líder Abascal ha dicho que Feijoo es Jordi Feijoo, en un alarde de El club de la comedia. Le acusa de ser un presunto nacionalista, algo que traducido en Galicia, como galeguista de tomo y lomo, lo somos casi todos, es motivo de orgullo. Un piropo enorme. Son los políticos de Vox y Cs los que más hacen peligrar el gallego y a Galicia (nuestro AVE. nuestras preocupaciones). La radicalidad de Vox choca frontalmente con una de las mayores virtudes de esta tierra verde y azul: el sentidiño. En Galicia apenas están ni se les espera a Vox y a Ciudadanos por marcianos. No nos gusta que nos miren como caricaturas de su zoo.

No morder la mano que alimenta
Nota del Editor 25 Febrero 2020

La Junta de Galicia siempre ha engrasado, interés mutuo, a La Voz, que trata de machacar a Vox. Este panfleto infumable no tiene por donde cogerlo. Parece que lo ha escrito como una broma macabra. Bilingüismo ejemplar: si eres español hablante no tienes derecho a estar en Galicia, que es solo para los que hablan la lengua regional, con excepción de los recién nacidos, que disponen de unos pocos años mientras son inoculados. Solo le ha faltado afirmar que la tortilla estilo Betanzos no puede provocar salmonelosis porque los huevos gallegos son la monda.

Lo que queda claro es que este ataque furibundo demuestra su debilidad, su miedo a Vox, a la verdadera situación de Galicia.


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