AGLI Recortes de Prensa   Domingo 1 Marzo  2020

Sánchez miente: España va directa hacia la insolvencia
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital 1 Marzo 2020

La política fiscal de los distintos gobiernos socialistas en España nunca ha acabado bien. González dejó quebrada la Seguridad Social y Aznar tuvo que acudir a un préstamo bancario para poder hacer frente a los compromisos asumidos; Zapatero dejó un agujero del 11% en las finanzas públicas y Rajoy tuvo que llevar a cabo el mayor ajuste presupuestario de nuestra historia económica reciente y uno de los mayores de toda Europa.

Pedro Sánchez no va a ser menos. De hecho, ya ha comenzado con la misma estrategia que sus antecesores: la mentira. Afirmó en la sesión de control del Congreso de los Diputados que la deuda pública española se había reducido en 2019 al mayor ritmo de los últimos años. Una sentencia que se encuentra con los datos del Banco de España, que contabilizó 1,19 billones de euros de deuda pública en diciembre de 2019, frente a los 1,17 billones de diciembre de 2018. Dicho de otra manera: los españoles hemos asumido 20.000 millones de euros más a lo largo de 2019. Sánchez mintió.

A pesar de los 3.798 millones de euros que se esfumaron de los libros de deuda pública por un cambio en la metodología contable, se hace difícil pensar que el endeudamiento se ha reducido cuando el déficit público corre serio riesgo de no descender por primera vez desde la salida de la crisis.

Una economía vulnerable
Esto, que ya de por sí es preocupante, se agrava cuando observamos la nueva senda de déficit público que ha aprobado el gobierno con la colaboración, activa o pasiva, de independentistas y enemigos del bien común españoles. De cumplirse, nuestro país se asoma a un período de 16 años de déficit público ininterrumpido.

Una senda que sitúa al país en una situación de vulnerabilidad extrema y mina, una vez más, nuestra credibilidad internacional. Rajoy tenía comprometido un déficit del 0,5% en 2020, Sánchez lo relajó al 1,1% y ahora ya plantea, abiertamente, un 1,8%. Esto son, ni más ni menos, que más de 13.000 millones de euros que saldrán del bolsillo de los españoles durante los próximos años y que irán a financiar veremos qué proyectos totalitaristas y cercenadores de la actividad económica.

Una senda que recoge un techo de gasto (3,8% en 2020) que triplica lo permitido y acordado por Bruselas y ni tan si quiera es capaz de asegurar los ingresos presupuestados por el gobierno:

Las tasas Google y Tobin, en el escenario más optimista, recaudarán 800-1.000 millones de euros, muy lejos de los 2.000 inicialmente presupuestados.
La subida del IRPF a las rentas altas, según Funcas, recaudará 204 millones de euros, un 38% menos de la recaudación prevista en el Programa de Estabilidad enviado a Bruselas 2019-2022.

Y así podremos reducir los 5.600 millones de euros de mejora de ingresos a menos de 2.000 millones. El gasto permanecerá intacto, y la diferencia será un agujero notable en las finanzas públicas. Todo lo anterior en un contexto económico que no recoge la creciente posibilidad de recesión que sobrevuela Europa y a la que España no es inmune. El coronavirus será la excusa, pero no la razón real, para ver rebajas de estimaciones en los próximos meses. No se puede descartar un crecimiento del 1,2% ya en 2020 y con problemas para superar el 0% en 2021. La recesión en sectores clave como el industrial o la construcción ya se está trasladando a los servicios, que es el principal motor económico del país.

Bruselas avisa y duda de España
La propia Comisión Europea ya nos ha enviado un aviso serio sobre la cuantificación del riesgo político de un gobierno compuesto por quienes están más cerca de la irresponsabilidad argentina que de la rigidez presupuestaria alemana: Si nuestro ejecutivo indexa las pensiones al IPC está en juego una factura de unos 50.000 millones de euros en una perspectiva de 2050. 4,7 puntos porcentuales de PIB a añadir a una factura de la Seguridad Social que ya de por sí es abultada, y que todos coinciden en que crecerá como consecuencia de la desaceleración en el mercado laboral. Por el momento, el gasto por desempleo ya se ha incrementado en 2019 por primera vez desde 2014 y la tasa de paro todos coinciden que tiene poco recorrido a la baja.

Sólo en las pensiones está en juego el doble de lo que recaudamos por Impuesto de Sociedades, la tercera figura tributaria por recaudación.

Tampoco debemos obviar el efecto que tendría la contrarreforma laboral, o la reforma del estatuto de los trabajadores en relación con la subcontratación, que serían motivos de rebaja de nuestro rating para analistas como Moody’s o S&P (que se hayan posicionado públicamente), y también están en el objetivo de las críticas europeas.

En definitiva, nuestro país sigue acumulando riesgos a la baja y nuestro presidente del Gobierno mantiene un discurso partidista y ajeno a la realidad. Nuestra deuda pública va a permanecer en niveles cercanos al 100% durante los próximos años sin ninguna duda, y eso supone un foco de vulnerabilidad que nos pasará factura.

Las emisiones de deuda durante esta semana ya han comenzado a dar síntomas de tensión en los mercados financieros. Se secan. La música deja de sonar. Es verdad que por el momento no es nada preocupante, pero los avisos se suceden y continuamos mirando para otro lado.

España no tiene margen para políticas fiscales ni monetarias. El tiempo que han dado los estímulos externos lo hemos gastado en mirarnos el ombligo y alabar lo bien que nos ha ido con vientos de cola positivos. Ya sólo quedan las reformas estructurales, y en la dirección adecuada.

Mientras nos sigamos alejando de la Unión Europea y de Estados Unidos para acercarnos a Venezuela y Argentina, no podremos pedir el mismo trato que a Alemania o Francia cuando las cosas se tuerzan, porque es vox pópuli en los mercados que se torcerán.

Nuestro gobierno prefiere mirar para otro lado y esconderse en falsos mantras y parapetos artificiales que sólo maquillan nuestros problemas, pero no los eliminan. Las consecuencias las pagamos todos. No hay libertad individual sin libertad financiera. Y no hay prosperidad sin libertad individual. España va camino de perder lo que con tanto esfuerzo hemos construido.

Ossorio y Gallardo y los regímenes políticos que se derrumban
Jesús Cacho vozpopuli.es 1 Marzo 2020

El general Sanz Roldán solía contar al oído de quien quería escucharle que más de la mitad del personal que en las últimas promociones ingresaba en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) eran catalanes y/o hablaban catalán, y que todos, o casi, eran enviados a “trabajar” a la zona. Lo decía como tarjeta exculpatoria ante quienes censuraban que el Centro, cuyo presupuesto alcanza los 300 millones anuales, no se hubiera enterado de la misa la media de lo ocurrido en Cataluña durante el punch independentista. El generalito valiente descartaba de plano cualquier responsabilidad en fiascos tan notorios como el de las urnas del referéndum del 1-O, una verbena en la que participaron cientos de personas trayendo y llevando urnas de aquí para allá, pero de la que no se enteró ninguno de los miles de agentes del Centro, asegurando que él comunicaba todas las mañanas a la vicepresidenta Soraya las novedades de lo que ocurría en las sentinas del universo separatista, y que suponía que Sáenz de Santamaría transmitía esa info de inmediato a Mariano Rajoy. “El Gobierno ha estado puntualmente informado de lo que ocurría e iba a ocurrir en Cataluña, otra cosa es lo que luego el Gobierno haya hecho con esa información”, aseguró en cierta ocasión a quien esto suscribe.

Lo que hacía el gran Marianico con la información sensible suministrada por el jefe de los espías era encender una cerilla y fumarse un puro mientras, repanchingado frente al televisor, veía al pelotón ciclista echar el bofe camino del Tourmalet. En cierta ocasión entró en su despacho un alto cargo de la Guardia Civil, con competencias especiales en Cataluña, para manifestarle la honda preocupación que le embargaba por lo que allí se avecinaba. “Tranquilo, Diego, que ahí no va a pasar nada. No va a haber referéndum ni nada parecido. Eso es todo una fantasía. Oye, por cierto, que te veo muy delgado, ¿tú qué haces para perder peso? Porque yo lo intento, todo el día subido en la máquina o matándome a dar paseos, pero no lo consigo”. El alto responsable del cuerpo armado salió de la entrevista con los ojos como platos: “Eso fue lo que me dijo, que me fuera tranquilo y no me preocupara porque en Cataluña no iba a haber ningún referéndum. No creo que la entrevista durara más allá de dos o tres minutos”, aseguraría después en su entorno.

Lo de Cataluña o lo de la Corona. Buena parte de los esfuerzos del CNI en el pasado han estado centrados en la defensa de la institución, en general, y de la persona del Rey, en particular. Una defensa mal entendida porque durante años tanto el CNI, como antes el CESID, pusieron el acento en ocultar los tejemanejes de Juan Carlos I en cuestiones de faldas y de dinero, sobre todo de dinero, ello con la complacencia vergonzante de los sucesivos presidentes del Gobierno que dejaron hacer mirando hacia otra parte. Ahora, cuando en Zarzuela mora un sujeto convertido probablemente en el mejor rey que ha tenido España de Carlos III a esta parte, la misión de unos servicios de inteligencia democráticos se anuncia más importante que nunca en orden a proteger a la máxima autoridad del Estado de las acechanzas de sus enemigos, acrecidos en los últimos años, entre la indiferencia de los llamados a defenderle, por la presión del nacionalismo separatista y la eficaz labor de zapa de esa extrema izquierda populista que comanda Pablo Iglesias.

Y quien dice Cataluña o la Corona, dice Venezuela o la situación de un país con el que España mantiene fuertes lazos históricos, en el que viven cientos de miles de compatriotas y que desde hace años atraviesa una situación humanitaria límite por culpa de la dictadura chavista. Lo que ocurre en Venezuela y sus implicaciones españolas es uno de los temas calientes de los que el CNI se viene ocupando en los últimos años. ¿Está al corriente Paz Esteban, la nueva directora del Centro, de lo que transportaban las 40 maletas que Delcy Rodríguez desembarcó en Barajas la noche del 20 de enero pasado? ¿Sabe qué ha sido de ellas? ¿Está al corriente de cómo se están haciendo ricos Rodríguez Zapatero y sus amigos, a cuenta de las miserias de millones de venezolanos? ¿Conoce, en fin, qué tipo de servidumbre obliga al PSOE de Sánchez, o tal vez simplemente Sánchez, a arrastrarse ante el narcorégimen de Nicolás Maduro?

Preguntas que vienen a cuento del radical sinsentido que envuelve la decisión de Sánchez de empotrar a Iglesias en el CNI. En febrero de 2016, en una documento presentado con pompa en el Congreso (“Un país para la gente. Bases políticas para un gobierno estable”), el de Podemos reclamó a Sánchez una vicepresidencia, la dirección política del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el control de RTVE, un ministerio para Alberto Garzón y un referéndum para los separatistas catalanes, ello como condición sine qua non para apoyar su investidura con la fuerza de sus 69 escaños y 5 millones de votantes (apenas 300.000 menos que los del propio PSOE). El chico apuntaba maneras. Meses después, el aspirante se fue donde la Griso para asegurar campanudo, con cara de aflicción, que no había tenido más remedio que rechazar la oferta: “España no se merece el cambio que me está proponiendo Podemos, con Iglesias como vicepresidente controlando el CNI y con el apoyo directo o indirecto de los independentistas”. Cuatro años después, con 34 diputados menos y más de 2 millones de votos perdidos durante el viaje, Pablo Iglesias Turrión ha conseguido exactamente todo lo que en febrero de 2016 exigió al gallito y el gallito le negó. El botín entero, y hasta otro ministerio para su señora. El ganador del envite. Sin discusión.

El zorro guardando las gallinas
La inclusión de Iglesias en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, comúnmente llamada “Comisión de Inteligencia”, se ha hecho forzando la Ley 11/2002, reguladora del CNI, que define la composición y tareas de una Comisión que preside la inabarcable Carmen Calvo y donde la presencia del vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 tiene el mismo sentido que la del director del Orfeón Donostiarra. Tarea esencial de la Comisión es la elaboración de la Directiva de Inteligencia, documento de carácter secreto que el Gobierno entrega al jefe de la Casa con los objetivos estratégicos a perseguir durante el año. Ciertamente Iglesias no va a poder hurgar en el ordenador personal de Paz Esteban ni meter la nariz en las notas internas, todas con su correspondiente clave secreta para poder hacer seguimiento de su uso restringido, que el Centro envía a los miembros permanentes de esa Comisión (los ministros de Interior, Defensa, Economía y Exteriores), pero es obvio que su simple presencia en una “delegada” encargada de evaluar periódicamente los objetivos del Centro es un absoluto dislate tratándose de un republicano que apoya la autodeterminación de Cataluña y que tiene en las dictaduras de Irán y de Venezuela sus fuentes doctrinales y dinerarias.

Dice la ley que es misión del CNI “prevenir y evitar cualquier riesgo o amenaza que afecte a la independencia e integridad de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones”, un texto que habla por sí solo del sinsentido de una nominación que hace apenas unos meses no hubiera dejado dormir tranquilo al pobre Pedro. El zorro guardando el gallinero. Conviene, con todo, no descartar la posibilidad de que, más allá del momentáneo ruido, esa decisión quede en simple tormenta de arena. Tanto Sánchez como el señor marqués de Galapagar han demostrado no tener ninguna ideología más allá del logro de su personal bienestar edificado sobre la palanca de un enfermizo afán de poder. Por lo demás, Iglesias & señora forman parte de la Comisión de Secretos Oficiales y, por encima de todo, se sientan en la mesa del Consejo de Ministros, donde van a tener conocimiento de cosas tanto o más relevantes que las que maneja el CNI. El problema es que hace menos de dos años hubiera resultado inverosímil la presencia de la izquierda comunista en el Gobierno de la cuarta economía de la UE. El problema es que hoy Sánchez está tanto o más a la izquierda que Iglesias. El problema no es Iglesias, sino Sánchez.

Y el problema, en fin, es que ambos se han embarcado en una operación de demolición del edificio constitucional que en 1978 nos dimos los españoles para sustituirlo por algo inconcreto -porque el señorito no tiene proyecto conocido, simplemente lo que le vaya saliendo al paso en su estrategia de durar, permanecer en el ejercicio del poder- pero cuyos perfiles sospechamos. Como se ha dicho tantas veces, es el final de la España constitucional. Hay un cierto paralelismo entre la caída del régimen de la Restauración alfonsina y el camino de perdición por el que actualmente transita este país. Quienes han buceado en las razones de la debilidad de aquella Restauración a partir de 1912 han concluido que una muy importante, si bien no la única, fue la pérdida de fe en el sistema por parte no de quienes se consideraban contrarios al régimen liberal, sino de los que estaban llamados a defender unos valores que la dictadura de Primo de Rivera, primero, y la II República, después, terminarían por enterrar. Pérdida de fe de las elites, más hastío, indiferencia y cansancio de la opinión pública. La Restauración, por eso, no cayó por la fuerza de sus enemigos, sino por la indiferencia suicida de quienes estaban llamados a sostenerla, una idea que el político Ossorio y Gallardo, conspicuo maurista, expondría con brillantez en 1930 al decir que “los regímenes políticos no se derrumban ni perecen por el ataque de sus adversarios, sino por la aflicción y el abandono de quienes deberían sostenerlos”.

Silencio en el cementerio
El entierro de la España constitucional está encabezado por un tipo sin ninguna convicción ideológica firme, un logrero de la política en el sentido literal del término, y un profesor asociado, con un contrato de miseria anualmente renovado, de la Facultad de Políticas con muchas lecturas mal digeridas. Ellos han decidido insuflar nueva vida al separatismo en el momento en que solo le quedaba reconocer su derrota; ellos le han hecho el boca a boca con esa mesa de negociación que es diálogo de besugos donde no hay nada que dialogar sino simplemente acatar. Ellos no se cansan de humillar a una “nación de ciudadanos libres e iguales” a la que diariamente bombardean con su propaganda obscena. Ellos son ordeno y mando porque en frente no hay nada. Quienes deberían defender la Constitución han abdicado de su obligación. Casado parece un hombre solo, perdido en los pasillos de Génova 13, casi abandonado. Los expresidentes que más tiempo han gobernado se atreven con pellizcos de monja, sin osar siquiera nombrar al aprendiz de tirano.“Me cuesta ver la relación entre el CNI y la agenda 2030”, se prenuncia Felipe, el muy osado.

Miedo a perder la vida muelle. No hay sociedad civil (saludemos con alborozo la aparición de iniciativas como “La España que reúne” o su calco, la “Plataforma Cívica Unión 78”), entendida como la opinión estructurada resultado de la cooperación voluntaria de una ciudadanía libre de miedos para expresarse. No hay intelectuales, porque todos aspiran a abrevar en el presupuesto que maneja el gañán. No hay clase empresarial, encantada de financiar las pérdidas millonarias del grupo editorial que actúa de ariete de la estulta “revolución” de Pedro & Pablo. Y no hay clase periodística, porque, con las excepciones de rigor, la que hay se afana en recoger las monedas que desde el balcón le lanza el felón. Frente al escuálido poder del aprendiz de Putin y sus 120 escaños, solo hay silencio. Y perplejidad. El régimen del 78 caerá porque los españoles han decidido dejarlo caer.

España en peligro, mientras Sánchez sigue su campaña de engaños
“Un pueblo ignorante solo será gobernado por los peores hombres” Platón
Miguel Massanet diariosigloxxi 1 Marzo 2020

Cuando el torero quiere evitar que el morlaco fije su atención en su propio cuerpo, utiliza el capote para distraerlo hacia la tela roja que se agita delante de su morro, otro objetivo hacia el que el animal dirigirá su furia. El señor Pedro Sánchez pretende convertirnos a todos los españoles en cornudos cuadrúpedos, cuando decide distraer nuestra atención del evidente intento de convertir a España en nación de naciones, tal y como el mismo señor Presidente dejó claro que era su pretensión en un pasado almuerzo informativo donde se explayó a gusto sobre lo que él entendía que debería ser el concepto de nación de naciones, aplicado a nuestro país: "La nación de naciones estaría formada por España, Cataluña, Galicia y País Vasco".

Esta idea es la que ha estado alimentando desde hace mucho tiempo el señor Sánchez, pensando que sería la solución al problema catalán y, de paso, al principal obstáculo que tienen él y su partido para conseguir mantenerse en el poder; al menos para lo que queda de legislatura. El federalismo, como cebo para los independentistas, que según su forma especial de enfocar las aspiraciones del catalanismo independentista, sería suficiente para que los independentistas se amortiguaran, apaciguaran y se conformaran con llegar a ser un ente federado de una nación de naciones, en este caso España. Lo que parece que todavía no ha asimilado nuestro Presidente, pese a la serie de disgustos que le vienen proporcionando los rebeldes catalanistas, es que hay una parte muy importante de entre los separatistas catalanes a los que no entra, dentro de sus planes, una solución semejante; porque lo que buscan no es continuar dependiendo del resto de la patria española, aunque fuere solamente en algunos aspectos generales, sino que aspiran a la independencia absoluta del resto del territorio español.

Pero, en estos momentos, el problema que tiene el señor Sánchez del PSOE, es convencer o, al menos intentarlo, al resto de autonomías, que están trinando por considerarse minusvaloradas, postergadas, perjudicadas y olvidadas por parte del actual Gobierno, debido a toda aquella parafernalia y preferencia por los problemas catalanes que ha venido mostrando hasta ahora, de que todas son iguales para su gobierno. No es, simplemente, una ostentosa bajada de pantalones para que lo sigan apoyando en el Parlamento de la nación, pese a ser ésta la región que más claramente ha mostrado su intención de utilizar las malas artes políticas y la desobediencia para conseguir su objetivo, que no se cansan de repetir, una y otra vez, que consiste en lograr dejar de formar parte de la nación española; sino que siguen dispuestos a negocias con ellos sobre temas que rozan de una manera evidente con la legalidad y normas constitucionales. Ahora el gobierno quiere convencer al resto de autonomías de que van a prestarles la misma atención que a Cataluña, a cuyo fin han organizado lo que se podría calificar de una caravana laica de los Reyes Magos de la Moncloa, con la que se van a trasladar, con gran presencia de ministros y asesores, para hacer visitas de cortesía a todos los parlamentos o gobiernos autonómicos que, como es natural, van a tener escrita su carta de peticiones ( algo que nunca falta en cualquier administración) con la peregrina esperanza, la ilusoria confianza y la absurda convicción de que las “arcas reales” van a tener suficientes recursos para solucionar, de una sola tacada, todos los problemas económicos que afectan a las 17 comunidades; como si España estuviera navegando en una opulencia que todos sabemos que sólo está en las imaginaciones calenturientas de nuestros gobernantes de izquierdas.

Una postura de extrema “generosidad” que, no obstante, contrasta radicalmente con la tacañería del ministerio de Hacienda y su titular la señora Montero, cuando se trata de devolver, a cada una de las autonomías, la parte del impuesto del IVA que les viene adeudando desde hace tiempo, a la vez que, con una marrullería difícilmente explicable, les niega a las administraciones autonómicas la posibilidad de endeudarse, para poder llevando a cabo sus planes sociales y económicos, condenándolas a una situación difícilmente soportable. Pero, en toda esta maquiavélica combinación, concienzudamente preparada para proporcionarle al actual gobierno tiempo, si señores, lo que siempre ha necesitado el señor Sánchez ha sido tiempo, para que todas aquellas artimañas e irregularidades con las que viene impactando y, en ocasiones alarmando, a la ciudadanía española se vayan difuminando de la memoria, por otra parta sumamente frágil, de esta numerosa izquierda que los está apoyando; de modo que, cuando dejan de ser de actualidad parece como si, en realidad, nunca hubieran tenido lugar y los malos, una vez más, vuelvan a ser los “fachas de la derecha” que, por otra parte, vienen siendo blanco directo de la actual Administración que, con la mayor desvergüenza del mundo, no se oculta de ir pergeñando todo tipo de trampas y obstáculos para que, las pocas autonomías gobernadas por el PP ( las únicas que van mejorando, progresando, pagando menos impuestos y aumentando la confianza de sus ciudadanos en sus respectivos gobiernos locales) se vean obligadas a llevar una política de izquierdas para que así se vean impotentes ante la imposibilidad de aplicar las medidas liberales que son las que, en definitiva, hacen funcionar un país.

Y, hete aquí que, mientras esta “lumbrera” que Podemos ha aportado al gobierno para ocupar el ministerio de Igualdad; esta feminista radical y obsesionada con su batalla hacia el sexo contrario, la señora Inés Montero, la del casoplón en la sierra madrileña, tiene que retirar, una y otra vez, sus proyectos de Ley de igualdad, todos ellos por ser manifiestamente y vergonzosamente anticonstitucionales, la señora ministra de Hacienda, María Jesús Montero, nos anticipa que tiene un proyecto de “ARMONIZACIÓN FISCAL” que nada más tiene una lectura válida: una maquinación directamente dirigida contra las autonomías dirigidas por el PP, que son las que han conseguido mejorar la vida de sus ciudadanos aplicando un método que a los socialistas les suena a rebeldía, traición y profanación de su biblia ideológica : ¡bajando los impuestos de sus ciudadanos! La falta de imaginación, la indiferencia respecto a lo que puedan pensar los españoles sobre su forma dictatorial de obrar o su carencia absoluta de escrúpulos y vergüenza, al actuar sin importarles si su actividad es correcta, legal, constitucional o simplemente ética y moral ( algo que ya se está maquinando respecto al cambio de la tipificación del delito se secesión para, claramente, conseguir la rápida excarcelación de sus socios en el desguace de España) de una forma que perjudica directamente a las autonomías gobernadas por el PP (Madrid, Galia y Murcia), que son las que han conseguido magníficos resultados, aplicando la idea de bajar impuestos, con cuya medida han conseguido recaudar más que el resto de las autonomías gobernadas por el PSOE y los secesionistas, las que han venido hundiendo a sus ciudadanos a base de tasas, impuestos y demás medidas fiscales propias de gobiernos intervencionistas y partidarios de ir acogotando a los ciudadanos para que sea el Estado el que les solucione sus necesidades. Lo malo de este tipo de políticas es que los que solucionan sus problemas de verdad, enriqueciéndose, suelen ser los que organizan el cotarro mientras que, los ciudadanos, en especial las clases bajas y medias, salen trasquilados de esta clase de ensayos que, como se ha evidenciado en las naciones en las que se ha intentado aplicar tales procedimientos, normalmente han acabado siendo convertidos en verdaderos esclavos de sus gobernantes, transformados en verdaderos dictadores.

Lo peor del caso es que, ante semejante situación, como si lo que estamos viviendo entrase dentro de la normalidad de una nación democrática, como si estos temas que hemos tratado, en los que se ponen en cuestión temas tan graves como la unidad de España, el mantenimiento de los valores que heredamos de nuestros mayores, la evidencia de que nuestra seguridad jurídica está en entredicho y que existen intentos de pasarse por alto nuestra Constitución en beneficio de aquellos que solamente buscan el crear enfrentamientos entre los españoles; todavía existen algunos periodistas que, no negamos que de buena fe pero no con gran clarividencia, hablan de que “es la hora de los políticos moderados”. Vamos a ver si aclaramos conceptos, ¿qué se entiende por moderados, señor López Burniol?, porque si ser moderado y dialogante quiere decir ceder ante aquellos que quieren dividir o bolchevizar al país o darles facilidades para que pongan los cimientos para una futura independencia de algunas de sus comunidades autónomas; entonces señor mío ya no hablamos de moderados, sino de traidores a España y a todos los españoles que, mayoritariamente, no están por la labor de dejar que semejante barbaridad tenga lugar. Es cierto que hay políticos y, muy pocos, medios de comunicación que, como usted dice en su artículo en La Vanguardia, no lo aceptan, pero, no lo dude ni piense que el resto de españoles aprueban lo que está ocurriendo porque, lo que sucede es que son personas de orden, amantes de la paz, muy difíciles de movilizar y, por consiguiente, muy pacientes, que también están en contra de todo este galimatías en el que las izquierdas nos están metiendo. Los gobernantes de la II República también, seguramente, pensaron en que había llegado la hora de los moderados, pero no se dieron cuenta o no quisieron darse y, cuando intentaron poner remedio ya las turbas de las calles los habían superado y fueron incapaces de restablecer el orden que, desgraciadamente, tuvo que conseguirse por otros medios. No sea, señor López Burniol, que si seguimos pensando como usted hace, en buscar soluciones de compromiso, en ir cediendo o en confiar en la buena fe de los adversarios, cuando queramos darnos cuenta ya no nos encontremos en condiciones de salir de la trampa saducea a la que nos conducen estos señores, a los que usted califica de moderados. Le recuerdo aquella dura expresión romana: “Vae victis”.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que, este nuevo Gobierno que nos ha tocado en suerte, pretende abarcar más de lo que, en realidad, está en condiciones de poder hacer. Pretende dar un bocado que, en realidad, no le cabe en la boca y, si no reacciona a tiempo, no toma conciencia de la situación en la que se encuentra España, Europa y una parte importante del mundo y de su economía, vamos a tener importantes problemas. Si ya tendremos que absorber las pérdidas que se nos anuncian como consecuencia del “Brexit” de la GB; si se anticipan situaciones de estancamiento económico que nos van a afectar de lleno y si, como colofón, tenemos ante nosotros lo que evidentemente es una pandemia de dimensiones incontrolables, el corona virus, que ya viene azotando con fuerza a las bolsas de todo el mundo y, como no podía ser de otra manera, a la nuestra; el seguir persistiendo en compromisos por encima de nuestras posibilidades económicas, no es más que una forma absurda, descerebrada y podríamos decir que temeraria, de afrontar una legislatura que, a todas luces, si Dios no lo remedia, lleva rumbo de ser una de las peores de los últimos años.

Las cloacas eran Podemos
EDUARDO INDA okdiario

La última vez que vi a Pablo Iglesias y a Irena Montera fue con motivo de la enésima querella que nos pusieron. El agradable encuentro aconteció el viernes 20 de diciembre a las puertas de los juzgados de Collado Villalba. Eran las 9.00 de la mañana y yo me aproximé a la puerta de la vetusta sede con la obvia intención de franquearla. Me crucé con el vicepresidente del Gobierno y la enchufada ministra de Igualdad. Como es habitual, no les saludé, jamás lo hago con gente de su catadura moral. Pero cuál sería mi sorpresa cuando el excelentísimo marqués de Galapagar se puso a gritarme como un verdulero mientras me miraba cual matón barato de barrio: «¡¡¡Inda, no te acerques a mi hijooooo!!!». Parecía la entrañable Belén Esteban cuando defendía a Andreíta de los paparazzi pero en versión macarra. La impresentable reacción del caudillo de Podemos no se debió a que yo tenga coronavirus, que ni era ni es el caso, sino, simple y llanamente, a que la tan cursi como peligrosa parejita está histérica con OKDIARIO y con un servidor. Por aquel entonces nos hallábamos en pleno apogeo del caso Escolta, la guardaespaldas a la que la ahora ministra de Igualdad explotaba modelo Kunta Kinte, el célebre afroamericano de la serie Raíces, con jornadas de hasta ¡¡¡20 horas de trabajo!!! La tenía de recadera, de chófer del resto de la familia y de los perros, de encargada del mantenimiento del casoplón y la mandaba a comprar la cena a Madrid (40 kilómetros de ida, 40 de vuelta).

Un servidor contestó, imperturbable, sin alzar la voz, lo que el pájaro se merecía:
—Deja de hacer el payaso, que no estamos en el circo—.

Por no hablar del espectáculo que representa la enésima utilización de uno de sus hijos con fines vomitivamente propagandísticos o tal vez judiciales. ¿O acaso es normal ir a los juzgados con una niña de apenas cuatro meses? Máxime teniendo en cuenta que no estamos hablando de una pareja pobre de solemnidad sino de dos ricos, mejor dicho, de dos millonetis que tienen una chica de servicio empotrada en su casoplón además de una salus, las enfermeras de bebés más caras (a 3.000 el mes) y prestigiadas del mercado. Claro que no es la primera vez que hacen un uso espurio de su vástagos. Ni es la segunda que yo me cuestiono a qué espera la Fiscalía de Menores para apercibir al dúo de marras.

El histerismo debe ser consustancial a la parejita o resultado de algún coronavirus raro que transmite la piscina modelo Acapulco situada en el epicentro de los 2.000 metros cuadrados de la parcela que acoge el celebérrimo casoplón. El caso Escolta, que es lo que les tenía de los nervios por aquellos días, nos permitió conocer, entre otras muchas cosas, que lo primero que hace Irena Montera por las mañanas es leerse OKDIARIO y empezar a vociferar cuando algo no le gusta que, por cierto, es casi siempre: «¡Una querella, una querella, meted una querella a estos hijos de p***!». Si fuera por ella, saldríamos a denuncia penal o civil por día.

Tienen un problema porque Iglesias y Montera han palmado todas las acciones penales y civiles que han interpuesto contra nosotros. TODAS. Con el consiguiente coste para el erario público. Si no lo saben, se lo puntualizo yo: todas las querellas y demandas de estos pierdepleitos y del resto de la cúpula de Podemos las financiamos usted y yo, querido lector. La pasta sale de nuestros impuestos. No del bolsillo particular de estos jetas. Es filibusterismo judicial, cuestión de ver si suena la flauta y algún siglo de estos podemos afear la conducta de Eduardo Inda y sus periodistas más incómodos.

Pero como quiera que no conseguían, ni conseguirán, hincarme el diente, porque nosotros contamos siempre la verdad, le duela a quien le duela, decidieron aprovechar que el Pisuerga del caso Villarejo pasaba por Galapagar para intentar meterme mano definitivamente. Rara era la vez en la que Pablo Iglesias no salía en televisión relacionándome con el torrentiano comisario, a la par que aprovechaba para exigir que me echasen de las tertulias televisivas (ahora lo hace con igual insistencia pero en privado y apelando a su condición de vicepresidente del Gobierno). «Eduardo Inda forma parte de las cloacas, Eduardo Inda forma parte de las cloacas, Eduardo Inda forma parte de las cloacas», apuntaba, poniéndome en la diana no sólo del energúmeno callejero de turno sino de los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional. Resultaba peligroso para el arriba firmante en particular y pelmazo para la audiencia en general. Pero ahí seguía Pierdepleitos, erre que erre, dando el coñazo.

La campaña contra mi persona, que fue el eje propagandístico de Podemos en la carrera a las elecciones generales del 28 de abril, se basaba en que en los registros al comisario Villarejo se había encontrado el pendrive que contenía el chat interno del Politburó podemita. Y de ese chat salió el vomitivo comentario que dio la vuelta al mundo: «Soy un marxista devenido en psicópata, azotaría a Mariló Montero hasta que sangre». Un comentario salvajemente machista que a cualquier político del PP le costaría la carrera y a él le salió gratis. En cualquier caso, una exclusiva más de este diario, destapada por Miguel Ángel Ruiz en el verano de 2016.

El silogismo del vicepresidente de los dientes negros era tan golfo éticamente hablando como infantil en términos prácticos: como quiera que lo ha publicado OKDIARIO, tanto este periódico como su director forman parte de las cloacas del Ministerio del Interior. Olvidaba que España aún no es la Venezuela de su capo Maduro y existe algo consustancial a las democracias que se llama libertad de expresión. Y nosotros la ejercemos publicando cualquier información relevante, venga de donde venga. Con dos condiciones sine qua non: que sea verdad y de interés público.

Podemos reclamó tropecientas veces al titular del Juzgado de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional, Manuel García-Castellón, que me imputase. Y las tropecientas veces tanto el magistrado como los fiscales desestimaron la inquisitorial a la par que fascistoide medida instada por la formación financiada por las narcodictaduras venezolana y boliviana y por la pseudodemocracia del corrupto ecuatoriano Rafael Correa. El argumento del uno y los otros fue idéntico: «Inda y OKDIARIO se limitaron a ejercer su derecho a informar». Lo que querían Iglesias y Montero era, como ya he señalado, ver si la flauta empezaba a desafinar y un menda acababa en el banquillo. La vendetta tenía otro perogrullesco componente: darme mi merecido por destapar su machismo, más propio de un australopitecus que de un homo sapiens.

Pero sucedió lo que sucede con todas las mentiras, especialmente con las de Iglesias: que son paticortas. Y pronto se supo que quien había entregado al comisario Villarejo el chat de los jerarcas podemitas, teóricamente robado a una ex de Iglesias, Dina Bousselham, era el número 2 de Comunicación de Pedro Sánchez en el Palacio de La Moncloa, Alberto Pozas, cuando estaba al frente de la extinta revista Interviú. A nuestras manos llegó en julio de 2016 y veinticuatro horas después lo publicamos por las obvias razones anteriormente expuestas: era verdad y de interés público. Garantizamos el derecho de la ciudadanía a saber. A saber que su vicepresidente es un machista de tomo y lomo, modelo ese Irán que le pagaba su programa de televisión. El propio presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio, a la sazón propietario de Interviú, lo dejó clarísimo en su comparecencia como testigo ante su señoría: «Si hubiera tenido conocimiento del contenido de ese chat, lo hubiera publicado porque es de indudable interés periodístico».

El mayor disgusto se lo llevó Pablo Iglesias cuando conoció, hace tres semanas, que el sumario desvelaba no sólo que yo no era, ni soy, ni seré jamás, amigo de José Manuel Villarejo sino que, además, soy una de sus víctimas. El encarcelado comisario intervino mi teléfono y me hizo seguimientos personales por encargo del sin vergüenza ex presidente del BBVA Francisco González. Querían saber quiénes eran nuestras fuentes en las corruptelas que destapamos del banquero y, más en concreto, en el turbio episodio de los regalos financieros que hizo a Rodrigo Rato cuando este último era el superministro de Economía. Moraleja: las cloacas eran Iglesias y Podemos. Es lo que hay cuando, además de un marxista, eres un psicópata, un mentiroso y un machista, muy machista, violentamente machista.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La traición a España de Madrid, Barcelona y París
Federico Jiménez Losantos 1 Marzo 2020

La última semana de Febrero de 2020 ha sido, sin duda, la más lamentable que ha padecido España desde el final de la Guerra Civil. Empezó con la bochornosa rendición del Felón de la Moncloa ante el inhabilitado Torra, en un acto casi multitudinario, por la cantidad de ministros y delincuentes golpistas congregados en torno a una Mesa de Partidos tan rabiosamente ilegítima que sólo la indiferencia de la sociedad española ante la liquidación de su soberanía y sus derechos cívicos explica que no se echara a la calle por millones, como tras el 1-O. Y terminó con el acto multitudinario de Puigdemont en Perpiñán, la llamada capital de la Cataluña Francesa, que desde el pacto de Carod Rovira con Ternera para que la ETA matase en Aragón y no en Cataluña, merece serlo del Asco.

Iván Riffensthal televisa la traición
Si un día llegara a juzgarse a Sánchez y a su banda por el delito de alta traición, la primera prueba de convicción sería la coreografía que Iván Redondo, disfrazado de Leni Rieffensthal, ofreció a todas las televisiones. El triunfo de la voluntad, la gran película de la propaganda nazi, tenía la originalidad de empezar con el viaje de un señor corriente, un tal Adolf Hitler a Nüremberg, la catedral de masas del nacionalsocialismo alemán, donde era ungido como Fuhrer de aquel Reich que debía durar 1.000 años.

La imagen del estólido Hitler mirando por la ventana de la avioneta se salía de todo lo conocido en materia de propaganda. Pero entroncaba con el ritual sagrado del cristianismo, paganizándolo. La entronización de Napoleón, tomando del Papa la corona imperial y ciñéndosela él mismo, o Juana de Arco en el Sacre de Reims, el Rey del Cielo coronando al Rey de Francia para expulsar de su suelo a los ingleses, son precedentes de esas formas que a veces adopta la historia para pervertir, fingiendo respeto, los ritos del poder religioso para legitimar a un caudillo político providencial. En España, cuando Franco salvó a los católicos de su exterminio ganando lo que la propia Iglesia Católica llamó Cruzada de Liberación, entraba a los templos bajo palio. Ahora ha dejado que lo desentierren como a un perro. Pero en su día tuvo el sentido, religioso y político, de agradecer a Dios un triunfo casi milagroso, no de la voluntad, sino de la fe de tantos mártires.

En cambio, Hitler es coronado por las masas militarizadas nazis en nombre del pueblo alemán, de la raza aria, como un moderno Sigfrido que tras la venganza de Grimilda volviera a nacer en la cueva de los nibelungos y, a través de la humillación de Versalles, re-forjara otra espada invencible. No hay Dios en Nüremberg, porque todo es triunfo de una doble voluntad: la de un caudillo que es un pueblo y la de un pueblo que elige su caudillo. Es la actualización germánica del totalitarismo comunista, de esa Unión Soviética en que Lenin encarna al proletariado y éste se encarna en Lenin. Sin intermediarios, sin elecciones ni votos, sin discusión, que sería traición.

Puede parecer ridículo comparar a dos mamarrachos como Torra y Puigdemont con Hitler, Lenin, Mussolini, Stalin o Mao. No lo es tanto si se atiende a la verdadera fuerza de los totalitarismos, que es una masa rabiosa pero ordenada, oscuramente tribal pero escolarmente disciplinada. Es la de las diadas que precedieron al golpe blando de Mas y al duro de Junqueras, con la coreografía de Roures y TV3, aventajados alumnos de Riffensthal. Desde el final de la II Guerra Mundial no hay en Europa Occidental nada comparable a la coreografía televisual totalitaria de la política catalana.

La disputada herencia de Pujol
Al lado del alarde golpista diario de TV3, servido por los infinitos pesebres mediáticos que pagamos todos los españoles, el videoclip de la Moncloa presentando el paseo de Torra y Sánchez como el de dos Jefes de dos Estados terminando una guerra mundial, es una chapuza de aficionado. Pero lo importante es el gesto, la imitación, servil como el saludo de Iván Redondo a Torra en Barcelona, en el primero de los sainetes de emulación golpista entre los tripartitos de Madrid y Barcelona, Sánchez y Junqueras.

En el designio socialcomunista y catanazi, Jordi Pujol habría sido un Hindenburg, que llevó al poder a Hitler garantizando un cierto respeto a la legalidad y se murió a tiempo de no arrepentirse. Y sus hijos, respetuosos con su papel de huérfanos, deberían ser Mas, Torra y Puigdemont. Lo que pasa es que ninguna quiere jubilarse. Todos quieren la herencia de Pujol. Ese es el problema de Sánchez: la guerra civil entre las SA y las SS del separatismo, la negativa de los ex-convergentes a entregar pacíficamente el poder al tripartito ERC-PSC-Podemos, gemelo del PSOE-Podemos-ERC.

En teoría, los dos tripartitos tienen todas las de ganar. En la práctica, habrá que verlo, porque la experiencia reciente demuestra que mientras el gran cobarde del 1-O, el forajido de Waterloo, tenga TV3 en sus manos -y la tiene-, puede darle la vuelta a las elecciones, como ha hecho dos veces.

La traición francesa y la división de Ciudadanos
Aunque la responsabilidad fundamental de lo que pasa en España es de los españoles, o, mejor dicho, de los traidores a España que pueblan el Consejo de Ministros, Francia ha mostrado su cara más penosa brindando a Puigdemont tratamiento de Jefe de Estado o caudillo de pueblo irredento. Y ha sido un candidato del partido de Sarkozy, Los Republicanos, el que ha agasajado al golpista y lo ha recibido como si fuera un Mandela paliducho. Cayetana Álvarez de Toledo, que muchas veces parece la única política que se entera de las cosas y obra en consecuencia, ha escrito una durísima carta al presidente de la Asamblea Nacional para que condene ese acto de clara hostilidad contra España. Me sorprendería tanta dignidad francesa, sobre todo teniendo tanta indignidad española a la que acogerse para disimular.

Para colmo, aunque nada más miserable que el comunicado conjunto de los Estados de Sanchilandia y Pujolonia, gramaticalmente lerdo, políticamente necio e históricamente abyecto, una de las tres fuerzas que deberían prepararse para luchar contra el separatismo catalán, vanguardia de todos los demás, se encamina a una división, una escisión o ambas cosas. Ciudadanos está dando muestras de que tiene en su interior dos familias de huérfanos de Rivera: la de Inés Arrimadas, viuda legítima, y la de Francisco Igea, que está resultando mucho más fuerte de lo que parecía.

Unos tratan de salvar el partido aliándose al PP; los otros, apelando a un PSOE que no existe, o buscando un espacio de centro-izquierda que los dos tripartitos han barrido, tal vez para siempre. Ambos tienen parte de razón, pero ambos se niegan a reconocer una realidad tan opuesta a sus intereses, ideas e ideales que no deja lugar para equilibrios. La cuestión de fondo es si Cs se sacrifica por España uniéndose al PP o si se reserva para cuando resucite el PSOE, si resucita, sacrificando de momento la Nación al Partido. Me gustaría equivocarme, pero creo que eso también acabará fatal.

Director de Es la Mañana de Federico.

¿A que no es un sueño?
Perpiñán, capital del separatismo
Juan Pablo Colmenarejo ABC 1 Marzo 2020

La semana no ha podido ser mejor para los propagadores del independentismo. Un condenado por desobediencia y un procesado por organizar un referéndum ilegal se sientan en La Moncloa, enfrente de «la delegación española», como dijo la ministra portavoz del Gobierno Sánchez-Iglesias. Las puertas de las cárceles empiezan a abrirse para los condenados por sedición, aprovechando que el Supremo no hizo caso a los fiscales que pidieron el cumplimiento de «al menos la mitad de la pena» para evitar que la Generalitat esté interpretando la ley como más le conviene, mejor dicho, como le da la gana. Los mismos que el miércoles fueron recibidos como si formaran parte de un gobierno extranjero en Madrid se plantaron ayer en Perpiñán a hacerle un corte de mangas a la democracia española, rindiendo homenaje a un prófugo de la Justicia que se pasea por la frontera disfrazado de general carlista. En el aquelarre separatista, ayer en el sur de Francia, se echó un poco más de tierra encima a la Constitución de 1978 que va camino del cadalso, aunque nos dirán que fue un accidente.

Puigdemont sigue en estado de rebelión, aprovechando que la inmunidad parlamentaria de la UE le permite organizar un mitin en la «Cataluña Norte», sin que el Estado centralista y jacobino francés haga ni siquiera un gesto de repudio porque cree que es solo folclore, cuando en realidad es un acto integrista-supremacista de un movimiento nacional-populista en territorio europeo. ¿Sería posible un mitin de la ultraderecha lepenista contra la democracia francesa en suelo español, con fugados de la Justicia presentes en el mismo, sin que el Gobierno de París abriera la boca? Pues en Perpiñán, y con el respaldo de políticos ultras locales, le dieron duro al megáfono de la insurrección: pura y dura rebelión de la masa. Basta con frotarse un poco los ojos y darse cuenta de que no es un sueño.

El independentismo ha sido reanimado por el actual Gobierno. «La ley no basta», la frase del presidente Sánchez, les ha dado el aire necesario al sentarlos a la misma mesa. «La nación de naciones» que Sánchez ha heredado del expresidente Rodríguez Zapatero está a la espera de que Nuñez Feijóo pierda la mayoría absoluta en Galicia y así en las tres comunidades que tuvieron estatuto en la Segunda República habrá gobiernos, participados por el sanchismo, que eliminen al Estado de sus territorios. La Constitución vaciada como si fuera un campo de Castilla. Los hechos nos «embisten», recordando el verso de Machado. Cuando pase el efecto del somnífero llamado diálogo, nos demostrarán otra vez que el nacionalismo siempre se sale con la suya en España, en este caso derrocando a lo que el vicepresidente segundo del Gobierno llama «régimen del 78».

Mamá, quiero ser golpista

Javier Somalo Libertad Digital 1 Marzo 2020

No siempre es cierto que una imagen valga más que mil palabras. En ocasiones, un mero saludo puede parecer más cariñoso o próximo de lo que es por un simple engaño de las dos dimensiones. Lo saben bien los famosos y los periodistas que se dedican a la prensa del corazón. Pero una de las instantáneas de la Mesa (antiparlamentaria) de partidos montada entre el Gobierno de la nación y los golpistas sí hace honor al refrán y refleja algo sin matices: satisfacción.

Miradas de emoción, de admiración. Alegría apenas contenida y solemne respeto como el del esguince cervical de Iván Redondo. Carmen Calvo y Quim Torra, asidos de los hombros –es verdad que con algo de efecto cobra en la vicepresidenta–, representan la reconciliación de los españoles con el delito. Pedro Sánchez contempla complaciente la escena, sin atisbo de su característica tensión mandibular, con mirada relajada, imaginando que su trono podría estar a salvo.

Mucho mejor que con Pablo Casado o con Albert Rivera, cuando estaba. No digamos ya con Santiago Abascal. Porque el PP es corrupto –gracias a esa idea se hizo Sánchez con el Falcon–, porque Ciudadanos es desleal y porque Vox es una auténtica amenaza para la democracia, que según ya esbozó la propia Carmen Calvo, bien podría entrar en un tipo de ilegalización aunque, de momento, tiene el mismo derecho a vivir que Bildu, la marca de ETA. Pero Torra… Torra es el futuro. El suyo y el del presidente menos votado de la historia. El golpe de Estado de la Generalidad es hoy la única vía de Sánchez para seguir en el poder.

La pregunta es: ¿estaríamos en esta situación si Sánchez hubiera alcanzado una mayoría suficiente como para gobernar sin los golpistas? Si la respuesta es afirmativa, sería porque Sánchez es un convencido separatista que llevó en su programa una nueva estructura para España. Si, por el contrario, la respuesta es negativa, que no habríamos llegado hasta aquí de haber tenido Sánchez mayoría suficiente para gobernar, entonces es todavía más grave. Porque significaría que el presidente del Gobierno es un oportunista peligroso, que se alía con la delincuencia para permanecer en el poder sin que siquiera sus votantes le hayan dado su confianza para ello.

Pues este es el caso en el que estamos. Pedro Sánchez podría estar gobernando sin necesidad de delincuentes de uno y otro lado. Es cierto que la oposición no estuvo hábil ni rápida pero la oferta contra el insomnio terminó encima de la mesa y Sánchez escogió las sombras en virtud de algún cálculo que le auguraba el control de la izquierda y, por tanto, mayores posibilidades de gobierno ante un centro derecha destartalado.

El caso es que hoy dar un golpe de Estado en España no tiene (malas) consecuencias. De hecho, promociona bastante. A juzgar por los hechos, el golpismo dota de una especie de halo como ese que colocan a los científicos que necesitan traducción simultánea. Si salen por la tele, no falta quien tiende a creerles aunque no les entienda. Es golpista, escuchémosle.

De seguir así las cosas, en breve abriremos un quinto turno para "profesionales de reconocido golpismo" entre el cuerpo de funcionarios, no sólo judiciales. Será un grado, como la experiencia, como ya lo es hablar catalán para ser neurocirujano en Baleares o pertenecer a la cloaca para ser Fiscal General. Por grotesco que parezca es trágicamente cierto.

Oriol Mandela sale a dar clases a la universidad. Y luego, como gran despedida semanal para sus alumnos, vuelve a prisión, por llamarlo de alguna manera. Y así se forja la leyenda de un catalán libre como el viento. En la Universidad de Vic, claro… la ciudad donde los catalanes saltan a la vista por su "aspecto" y los no catalanes también, como los maquetos de Sabino Arana.

La Junta de Tratamiento de la cárcel-despacho de Lledoners dice así del preso Junqueras:
A lo largo de las próximas semanas, desarrollará un encargo académico vinculado a la formación continua de corta duración.

Pues eso, "un encargo". Lo insoportable es que a un delincuente condenado le pueda sacar de prisión la misma institución de la que emanó el delito, la Generalidad. Por ahí anda la igualdad de todos los españoles ante la Ley. Y allí estará el profesor Junqueras, de reconocido golpismo, ilustrando con su bagaje la "formación continua de corta duración". Es para cabrearse de verdad.

Otro de los miembros de la Mesa Antiparlamentaria, Josep María Jové, acaba de ser procesado por los delitos de desobediencia, prevaricación, malversación y revelación de secretos por su participación en la organización del referéndum ilegal del 1-O. Como medidas cautelares le han retirado el pasaporte, no puede salir de España –Cataluña está dentro– y deberá afrontar una fianza por responsabilidad civil de 2,8 millones de euros. Todavía habrá quien diga que todo esto es exagerado porque no hay riesgo de fuga.

En otra foto del Álbum del Diálogo, Jové aparece paseando de espaldas al sol de La Moncloa acompañado por José Luis Ábalos, ya acostumbrado a su papel de guiar a los desperados. Debería estar harto pero, por lo visto, ha hecho su elección. Y le supongo enterado de la inmediata reacción de la Abogacía del Estado, que ha fulminado a Carmen Tejera, la abogada que documentó la malversación del golpe en un juicio que jamás debió celebrarse hasta que no se hubiera detenido el golpe mismo a través de un 155 completo, con suspensión de autonomía.

La Mesa Antiparlamentaria –no están ni el segundo ni el tercer partido en escaños– no tiene taquígrafos pero sí mucha luz, luz de plató televisivo como se aprecia en la foto de la España reconciliada con el delito. El distendido ambiente ni siquiera requirió la presencia de un catador de agua. Hay confianza. El motivo de la reunión es evidente: si me ayudas a seguir en el Gobierno me olvido de un golpe de Estado y luego ya veremos.

Pacta sunt servanda, lo pactado obligará a todos los españoles salvo que alguien se atreva a demostrar la ilegalidad misma del pacto que convierte, sí, a este Gobierno en ilegal por sus actos. Lo contrario transformará el delito en ejemplo a seguir.

Puigdemont ridiculiza la mesa de diálogo del Gobierno
Opinión El Mundo 1 Marzo 2020

Con la inmunidad que le confiere su acta de eurodiputado -de la que disfrutará hasta que la Eurocámara responda a la solicitud de suplicatorio del Supremo-, Carles Puigdemont se desplazó ayer hasta el sur de Francia para darse un baño de multitudes y decirle públicamente al Gobierno de Pedro Sánchez que ni cree en el diálogo ni mucho menos en la mesa de negociación que se reunió el pasado lunes por primera vez, a instancias de ERC. Más que nunca en su papel de revolucionario dispuesto a todo, el prófugo llamó a los independentistas a "preparar la lucha definitiva" y a mantenerse "en estado de movilización permanente contra el Estado".

Pero por si el mensaje no le había llegado al Gobierno de forma nítida, la también eurodiputada y ex consejera Clara Ponsatí fue más explícita aún: "Es un engaño contraponer diálogo a independencia (...) No nos dejemos engañar por mesas de diálogo del engaño que sólo buscan ganar tiempo". Después del acto de ayer no queda ya ninguna duda, como viene denunciando la oposición, de que Puigdemont y su títere en la Generalitat, Quim Torra, no han tenido nunca la intención de negociar nada, sino de seguir firmes en su objetivo de declarar la independencia de forma unilateral. Organizaron el referéndum ilegal del 1-O y volverán a hacerlo si pueden, tal y como han reconocido en varias ocasiones.

Pero el acto de Perpiñán tiene también otra lectura en clave electoral. Como advirtió hace unos días Felipe González, la mesa de negociación es sólo una "performance para lo que viene en otoño", es decir, las elecciones catalanas. Por eso, no es de extrañar que en un acto de exaltación patriótica al más puro estilo decimonónico la representación de la izquierda republicana radical se redujese al representante de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, Ernest Maragall, y a su portavoz en el Parlament, Ana Caula. Y que cuando se dio paso a un vídeo de Oriol Junqueras, éste fuese silbado y abucheado. El golpista condenado por sedición sí que defendió la mesa de negociación ya que, al fin y al cabo, al día siguiente de la primera reunión se le comunicaron los privilegios penitenciarios de los que disfrutará en pago por el apoyo de ERC al Gobierno. No obstante, Junqueras presentó la mesa con el Gobierno no como una claudicación sino como la victoria de su capacidad para forzar a Pedro Sánchez al diálogo.

Ayer, por tanto, quedaron claras tres cosas: que el independentismo no está dispuesto a reducir la intensidad de su desafío ni a abandonar la unilateralidad; que no existe voluntad de diálogo por parte de la Generalitat y que por tanto la mesa de negociación es una cesión cuyo único objetivo es prolongar la vida de un Gobierno de coalición sin apoyos reales. Finalmente, que en la disputa entre JxCat y ERC por liderar el procés, Puigdemont se presenta como el único dirigente capaz de movilizar a unas masas que han cambiado la racionalidad cívica por el sentimiento nacionalista.

Pedro Sánchez vuelve a 'recorrer' España para disimular su negociación con Torra
Después de visitar La Rioja, el presidente del Gobierno prepara un viaje a Extremadura para contrarrestar los temores de algunos barones del PSOE a que el 'arreglo' en Cataluña sea a costa del resto de territorios
Gabriel Sanz vozpopuli.es 1 Marzo 2020

Ya no será con aquel Peugeot 407 que le hizo famoso, más bien con helicóptero y avión oficial, pero Pedro Sánchez se ha propuesto volver a recorrer España este 2020 y no para ganarse el apoyo de los militantes del PSOE de cara a las primarias que ganó, primero a Eduardo Madina (2014), y luego a Susana Díaz (2017).

Seis años después, la misión del hoy presidente del Gobierno es mucho más complicada que convencer a los ya convencidos: contrarrestar la imagen de debilidad que transmite el Gobierno ante JxCat y ERC en la mesa de negociación con los independentistas, por más que haya renunciado desde un principio a aceptar la autodeterminación de Cataluña y la amnistía para los trece políticos presos. De hecho, muchos de ellos ni lo necesitan porque ya están siendo beneficiarios de medidas de alivio a sus duras condenas, como Oriol Junqueras.

El problema no es ese, admiten distintas fuentes socialistas a este periódico. El problema, añaden, es que la foto con Quim Torra se produjo un día antes de la abstención de ERC para que siera adelante el techo de gasto presupuestario en el Congreso; lo cual acrecienta, no solo en la oposición conformada por PP,Ciudadanos, Vox, sino también entre los barones afines y en buena parte del socialismo hispano, la sensación de que el arreglo en Cataluña puede acabar siendo a costa del resto de territorios.

El reconocimiento de Sánchez a ERC de que abonará la deuda con la Generalitat, y el hecho de que los republicanos la hayan cuantificado en 11.000 millones de euros, ha disparado todas las alarmas en otras autonomías de cara a la próxima negociación de un nuevo sistema de financiación autonómica.

De momento, Pedro Sánchez y su Ejecutivo completaron este viernes en La Rioja la primera etapa de esa gira que les va a llevar por todo el país, y lo primero que hizo el presidente es comprometerse ante la presidenta de esa comunidad, la socialista Concha Andreu, a garantizar que primará la "igualdad entre los territorios" y que no habrá trato de favor a la Generalitat.

El líder del PSOE, 48 horas después de reunirse con Torra en La Moncloa, defendió "el progreso de todos y cada uno de los territorios" de España, en una contestación implícita a los partidos de la oposición y a quienes sotto voce en su propio partido le acusan de estar en camino de romper la solidaridad entre españoles; y no solo en relación a Cataluña, también con la polémica transferencia de la gestión de la Seguridad Social al Gobierno Vasco del PNV.

Miedo en los feudos socialistas
Según ha sabido Vozpópuli, ya "se está cerrando" la siguiente etapa en la gira de Pedro Sánchez: Extremadura, el epicentro del malestar y la movilización de los agricultores por la pérdida continua de renta en la España vaciada. Quien será su anfitrión, el socialista extremeño Guillermo Fernández Vara, está viviendo con máxima preocupación la protesta.

Vara y los barones socialistas del sur (Emiliano García-Page y la andaluza Susana Díaz) observan con temor el levantamiento en tradicionales feudos de voto socialista, no de Podemos, un partido más urbano al cual pertenece la ministra de Trabajo, Yolanda Fernández Díaz, quien ha sido la auténtica abanderada de la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta ese polémico 28% en los últimos dos años.

Las visitas oficiales del Gobierno a Galicia y País Vasco quedarán para después de las elecciones del 5 de abril, porque no es cosa de afianzar el liderazgo institucional de los rivales del PSOE Feijóo y Urkullu

"Hablé con él esta semana y tiene intención de hacer esa gira", asegura un presidente autonómico del PSOE, que desconoce todavía cuando le tocará a su comunidad autónoma en el calendario de visitas del Gobierno de la nación. "No tengo ni idea", asegura otro.

Lo que sí parece claro es que las visitas oficiales del Gobierno a Galicia y País Vasco, donde gobiernan PP y PNV, quedarán para después de las elecciones del 5 de abril; que no es cosa de afianzar el liderazgo institucional del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ni del lehendakari, Íñigo Urkullu, afianzando su imagen de interlocutores con La Moncloa en vísperas de ir a las urnas, aseguran fuentes socialistas.

¿A que no es un sueño?
Perpiñán, capital del separatismo
Juan Pablo Colmenarejo ABC 1 Marzo 2020

La semana no ha podido ser mejor para los propagadores del independentismo. Un condenado por desobediencia y un procesado por organizar un referéndum ilegal se sientan en La Moncloa, enfrente de «la delegación española», como dijo la ministra portavoz del Gobierno Sánchez-Iglesias. Las puertas de las cárceles empiezan a abrirse para los condenados por sedición, aprovechando que el Supremo no hizo caso a los fiscales que pidieron el cumplimiento de «al menos la mitad de la pena» para evitar que la Generalitat esté interpretando la ley como más le conviene, mejor dicho, como le da la gana. Los mismos que el miércoles fueron recibidos como si formaran parte de un gobierno extranjero en Madrid se plantaron ayer en Perpiñán a hacerle un corte de mangas a la democracia española, rindiendo homenaje a un prófugo de la Justicia que se pasea por la frontera disfrazado de general carlista. En el aquelarre separatista, ayer en el sur de Francia, se echó un poco más de tierra encima a la Constitución de 1978 que va camino del cadalso, aunque nos dirán que fue un accidente.

Puigdemont sigue en estado de rebelión, aprovechando que la inmunidad parlamentaria de la UE le permite organizar un mitin en la «Cataluña Norte», sin que el Estado centralista y jacobino francés haga ni siquiera un gesto de repudio porque cree que es solo folclore, cuando en realidad es un acto integrista-supremacista de un movimiento nacional-populista en territorio europeo. ¿Sería posible un mitin de la ultraderecha lepenista contra la democracia francesa en suelo español, con fugados de la Justicia presentes en el mismo, sin que el Gobierno de París abriera la boca? Pues en Perpiñán, y con el respaldo de políticos ultras locales, le dieron duro al megáfono de la insurrección: pura y dura rebelión de la masa. Basta con frotarse un poco los ojos y darse cuenta de que no es un sueño.

El independentismo ha sido reanimado por el actual Gobierno. «La ley no basta», la frase del presidente Sánchez, les ha dado el aire necesario al sentarlos a la misma mesa. «La nación de naciones» que Sánchez ha heredado del expresidente Rodríguez Zapatero está a la espera de que Nuñez Feijóo pierda la mayoría absoluta en Galicia y así en las tres comunidades que tuvieron estatuto en la Segunda República habrá gobiernos, participados por el sanchismo, que eliminen al Estado de sus territorios. La Constitución vaciada como si fuera un campo de Castilla. Los hechos nos «embisten», recordando el verso de Machado. Cuando pase el efecto del somnífero llamado diálogo, nos demostrarán otra vez que el nacionalismo siempre se sale con la suya en España, en este caso derrocando a lo que el vicepresidente segundo del Gobierno llama «régimen del 78».

La victoria del relato
Gregorio Morán vozpopuli.es 1 Marzo 2020

Ahora se llama relato a la construcción de un conjunto de informaciones con un fin determinado. O lo que es lo mismo: a la manipulación de las noticias para hacer que te sean favorables. Reconozcámoslo: Pedro Sánchez ha conseguido la victoria en la batalla del relato. Puede hacer de la búsqueda de abstenciones de Esquerra Republicana nada menos que una especie de acuerdo de Estado. Ese es el titular con el que debe quedarse la gente, lo que se oculta es un pacto que esquiva la Constitución. Puede formar un gobierno de coalición donde lo único que se coaliga son los intereses, pero la gente debe felicitarse porque se trata del primer gobierno de dos partidos desde 1931, sólo que aquel era entre radicales y socialistas, y éste es de izquierda fetén; ellos lo aseguran. Puede llevar a los populares conservadores a una deriva donde para compartir algo de poder no les queda otra opción que la extrema derecha de Vox, a la que alimentaron los del relato gubernamental hasta la bulimia, y hacer creer a la gente que el PP no se centra y está crispando la vida política. En definitiva, tú haces lo que te conviene, que la responsabilidad siempre es del otro.

Si nuestra vida política tiene mucho de adolescente se debe a varios factores. El principal y nunca citado, porque sería como retratarse, es que la hacen los nietos de la Transición. La ley de memoria histórica, con su pomposidad y su arrogancia, tiene fecha de 2007, casi treinta años después de la Constitución; dos generaciones según el esquema de Simmel y Ortega y Gasset. Que las cunetas de cadáveres republicanos y las imágenes oprobiosas del franquismo debían desaparecer es una obviedad, pero como no se trata de una oferta de campaña electoral sino de una tarea de asentamiento democrático, la primera condición es no hacerlo como un trágala para la otra parte. Los nietos tienden a olvidar que Franco murió en la cama y que buena parte de sus abuelos, digan lo que digan ahora, se emocionó ante el siniestro cadáver o asistió al pase de revista necrófilo del Palacio de Oriente. El zapaterismo del buen rollito está siendo letal en sus consecuencias. Sin él los otros nietos de la Transición no hubieran crecido bajo la forma de Vox.

El relato manipulado de la información no se atreve a decir que si Podemos es un producto de los nietos de la Transición, Vox son los otros nietos que recogieron una bandera que creíamos nadie sacaría del armario del abuelo. Tanto unos como otros han venido para quedarse; unos han empezado a echar canas y han envejecido de manera espectacular, los otros tienen todo por delante porque las victorias del relato de la supuesta izquierda van dejando tantos damnificados que su memoria vivifica y nos amenazan con aquello que creíamos desterrado. Como la memoria es corta y el odio pertinaz, a estos nietos les queda tierra por hollar. Pasa siempre: el poder alimenta a la extrema derecha para predicar el miedo y lo malo conocido, pero al final no hay manera de volver a meter al fantasma en la botella.

Uno de los rasgos más llamativos de la adolescencia política, a veces orientada por viejos con culo de hierro de tanto cambio de poltrona, consiste en decirle al adversario, no digamos ya al enemigo, qué es lo que tiene que hacer. Los del relato del poder, en seguimiento de la doctrina Sánchez, no se cansan de repetir: se necesitan unos conservadores centrados que no bloqueen. Los del relato incluso se atreven a la más cándida de las estupideces adolescentes y emplazan sus discursos a partir del soliloquio: Lo que Casado tendría que hacer… Se necesita mucho desparpajo para decirle a un partido al que nunca votarás y a un dirigente que desprecias qué es lo que debe hacer para vencer. De verificarse el consejo sería una querencia por el suicidio y la derrota. Vivimos tiempos de exultante majadería.

El relato periodístico figura en las antípodas de la información y es un producto que en nuestro país siempre se ha dado de forma vulgar y chumacera. Hay ejemplos brillantes en el primer tercio de siglo, pero luego, con el franquismo, llegó la especie autóctona del “maestro de periodistas”, algo similar a la aristocracia entre gañanes, o los capos del hampa de los plumillas. Hubo grandes en este gremio del relato político avant-la-lettre. Me viene a la cabeza el más listo de todos, don Manuel Aznar, abuelo de José María, que lo fue todo en la docencia práctica del envilecimiento profesional. Formó a pocos -tenía otros quehaceres-, pero se convirtió en referente del nacionalismo vasco, del liberalismo republicano, de la historia mendaz y hasta portavoz del mismísimo Caudillo, al que representó en las Naciones Unidas. ¡Atención nietos, el conocimiento no está reñido con la memoria! Es la savia; lo demás son relatos.

Acaba de morir en París Jean Daniel. Fue un gran constructor de relatos, soberbio, megalómano, frívolo, una gran época del periodismo, la que creció con su amigo Albert Camus, la que trató a De Gaulle, Kennedy y Fidel Castro, entre otros muchos grandes del poder y de la cultura. Nosotros apenas salimos de la autarquía y no hay ningún relato que dure más allá del Gobierno que lo alimenta. Los dirigentes políticos se pasan tanto tiempo ante las cámaras y las redes que nadie sabe a ciencia cierta quién hace su trabajo. ¿Qué sería del relato sin las entrevistas de la Sexta? No hay Boletín Oficial que la iguale, y lo hacen convencidos de ser la cima de la objetividad en caliente.

No hay que inquietarse, aquí nadie pregunta lo que no está autorizado. Manda el relato. Echan a Lidia Falcón de Izquierda Unida, una veterana del tiempo de los abuelos airados, y cero comentarios. El grupo Prisa subasta sus colecciones artísticas, mejor no tocarlo. Pablo Iglesias se queja de las fotos de su jeta en las redes y nadie se descojona de su egolatría. Echan al jefe de la Agencia Efe y nadie se pregunta qué hizo Fernando Garea para que le cesen a los dieciocho meses. Pero ¡silencio! le sustituye Gabriela Cañas, arrebatada columnista de El País, que ya hizo prácticas en el relato oficial con Zapatero como Directora General de Información (2006-2008). Tiene por tanto experiencia de barnizadora.

Admitámoslo todo y demos caramelos a los nietos. El relato ha triunfado; queda enterrar la información.


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