AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 11  Marzo  2020

Crisis del coronavirus: el Gobierno, muy tarde y muy mal
EDITORIAL Libertad Digital 11 Marzo 2020

Desde el momento en que el coronavirus empezó a manifestarse con gran virulencia en un país tan cercano como Italia, hace ya dos semanas, era perfectamente previsible que también en España pudiese generarse una crisis sanitaria de primer orden, y que la economía nacional se resintiera en consecuencia, tal y como ha sucedido en el país transalpino.

Pero durante todo este tiempo no sólo no se ha tomado una sola medida significativa para hacer frente al Covid-19, es que tampoco se ha hecho nada para preparar al sistema sanitario para un escenario de emergencia nacional. No se han acondicionado los hospitales, no se ha instruido debidamente al personal sanitario, no se ha hecho acopio de los productos y suministros más básicos, como las mascarillas. Qué tremendo desastre.

A lo anterior hay que añadir la escandalosa irresponsabilidad de permitir y alentar concentraciones multitudinarias como las feministas del domingo, por lo que se ha puesto en riesgo directo a decenas de miles de personas.

Igual de lamentable está siendo la reacción gubernamental en el ámbito económico. Pedro Sánchez ha concedido en su comparecencia de este martes que el impacto será "serio", pero enseguida lo ha rebajado al calificarlo de "transitorio". ¿De verdad? ¿Cómo lo sabe? Cualquiera confía en él, tras estas dos semanas de incalificable inacción. Asimismo, ha asegurado que "en los próximos días" dará cuenta de la adopción de nuevas medidas. No engaña a nadie el nefasto Sánchez: en ningún momento ha tenido la situación bajo control, y mientras en Italia las cosas se ponían color de hormiga, él, sus ministros socialistas y sus socios comunistas de Gobierno se engolfaban en la redacción y corrección de una Ley de Libertad Sexual tan infame –por liberticida– como inoportuna.

Para colmo, las medidas que ha anunciado Sánchez con enorme vaguedad no resultan, precisamente, tranquilizadoras: el presidente del Gobierno y sus secuaces insisten una y otra vez en la necesidad de aumentar el gasto y el déficit, que es justo lo que nos faltaba. Ante una crisis cuya duración se desconoce, es obvio que la sanidad precisará de más recursos; pero deberían sufragarse a costa de las infinitas partidas superficiales de gasto público, no de la esencial austeridad ni, mucho menos, del sufridísimo contribuyente.

Incluso la única medida que podría ir en la buena dirección –facilitación de aplazamientos y moratorias al pago de impuestos para las empresas– es a todas luces insuficiente. Como ha apuntado el PP en su plan de choque contra el coronavirus –fechado hace dos días, tiene más sustancia y concreción que lo que ha evacuado por el momento el Gobierno–, lo verdaderamente útil sería reducir sensiblemente la enorme carga impositiva que soportan las empresas y los particulares, que van a pasar momentos muy duros en el futuro previsible.

En resumidas cuentas: el Ejecutivo no sólo llega tardísimo a atajar la crisis del coronavirus, sino que además lo hace mal. Pero qué otra cosa cabía esperar del Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, tan sectario y oportunista como incompetente.

El gobierno se cae del guindo
María Claver okdiario 11 Marzo 2020

A lo largo de una legislatura es difícil que un gobierno no se tenga que enfrentar a alguna crisis sanitaria: las vacas locas, el SARS, la Gripe Aviar, la Gripe Porcina, el MERS, el Ébola y, ahora, el COVID19. Cada vez con más frecuencia emergen nuevos patógenos que violentan nuestras vidas y ponen a prueba a los sistemas sanitarios. Cuando a finales de diciembre, China advertía sobre la presencia de un nuevo virus respiratorio de la familia de los coronavirus, altamente contagioso y de incierta letalidad, muchos lo vieron como una amenaza lejana y sobrevalorada. Qué gran error y cuánto tiempo perdido.

El virus ha llegado a España y el Gobierno se ha caído del guindo y, de paso, ha expuesto a la sociedad española a un situación muy comprometida. Mientras la vicepresidenta Carmen Calvo se jactaba de que otros países estuvieran tomando a España como referencia en la lucha contra el coronavirus y autorizaban manifestaciones multitudinarias como la del 8M, el COVID19 se propagaba por España silenciosa y descontroladamente. Sólo unos insensatos podían pensar que un tsunami pasaría de largo sin medidas de contención severas. Pero los errores vienen de largo, el día 25 de febrero los medios de comunicación anunciaban que, como destacó TVE, “Sanidad hará pruebas de coronavirus a los pacientes con neumonías desconocidas”… ¡Dos meses después del brote de Wuhan! Era evidente que el ministerio de Sanidad y su corte de epidemiólogos habían cometido una negligencia al no considerar la posibilidad real de que el coronavirus pudiera haber entrado en España en la primera oleada china. Fue este cambio de criterio el que facilitó la identificación de los primeros positivos en hospitales, o ya fallecidos, y ha destapado la verdadera envergadura del asunto.

Tengo la triste sensación de que los técnicos sanitarios han servido de coartada para un gobierno que ha arrastrado los pies atenazado por las consecuencias económicas de la epidemia. Han querido proteger a la gallina de los huevos de oro y han provocado una crisis sanitaria sin precedentes. Ahora solo queda desear a los profesionales sanitarios toda la suerte, fuerza y agradecimiento sincero por la batalla que han empezado a librar para protegernos. Esperemos que logren controlar el foco cuanto antes.

El virus más nocivo es la irresponsabilidad
OKDIARIO 11 Marzo 2020

Que la gestión política del coronavirus se le ha escapado al Gobierno de las manos es una evidencia que se demuestra a medida que avanzan los días. El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha tardado un mes en aparecer y en reconocer que estamos ante una crisis sanitaria. De hecho, es el único dirigente mundial que ha permanecido escondido, mientras la epidemia avanza forzando al máximo la resistencia de nuestro sistema de salud.

La inacción del Gobierno socialcomunista es evidente. El pasado 4 de marzo, según ha podido saber OKDIARIO, Madrid y el País Vasco instaron al Ejecutivo a subir el listón de las medidas contra la epidemia, mientras la Policía recibió el día 5 la orden de no tocar un sólo foco de contagio. El Ejecutivo no hizo nada porque las manifestaciones feministas del 8-M tenían que celebrarse a toda costa. Casualmente, una vez pasada la fecha, el Ministerio de Sanidad ha decidido activar a una «nueva fase» y adoptar un plan de choque que se ha traducido, en colaboración con las Comunidades más afectadas, en la suspensión de las clases en las guarderías, colegios y universidades de la Comunidad de Madrid y Vitoria.

Es evidente que es una decisión que alterará la vida de millones de personas, pero necesaria ante la expansión del virus. La pregunta es obligada: ¿Por qué se ha tardado cinco días en activar una nueva fase si a mediados de la semana pasada ya había datos objetivos en Madrid y el País Vasco que obligaban a actuar de inmediato? Sánchez se evadió ayer en su rueda de prensa para no dar respuesta a esa cuestión nuclear.

Nada hay por encima de la salud pública, por muy importante que fuera la fecha del 8-M. ¿Cuántos contagios se han producido durante las concentraciones del Día de la Mujer? En una situación de crisis sanitaria como la actual, cinco días de retraso pueden tener consecuencias fatales. No es de recibo haber demorado la adopción de un paquete de medidas que pueden ser cruciales para hacer frente al coronavirus.

Y esa responsabilidad, la de primar la celebración de una manifestación y retrasar la adopción de medidas más estrictas contra la epidemia, incumbe exclusivamente al presidente del Gobierno. El virus más nocivo es la irresponsabilidad.

El desgobierno socialcomunista exige unidad frente al coronavirus
Liberal Enfurruñada okdiario 11 Marzo 2020

Ante el descontrol de la crisis del coronavirus, el jefe de la oposición ha declarado que “hemos asistido a un desgraciado espectáculo de incompetencia y de desgobierno que ha generado preocupación y alarma social por parte de la población española. Después de haber asistido toda la opinión pública española al espectáculo lamentable del desgobierno por parte del sr. Sánchez, creo que ha llegado la hora de que el presidente del Gobierno comparezca en el Congreso de los Diputados para informar y dar explicaciones a los españoles de lo ocurrido durante estos últimos días y sobre todo, saber exactamente cuáles son las decisiones que se van a tomar para atajar esta crisis. El sr. Sánchez tiene que explicar y hacerlo además en el Parlamento, no ya sólo por obligación política sino también por el derecho que tienen los ciudadanos a recibir una información clara y solvente por parte de su presidente del Gobierno”.

Y añadió que las palabras que definen lo ocurrido son “desamparo, desvergüenza, descoordinación, desinformación, desgobierno, descontrol, en definitiva, una falta clara de autoridad por parte del Gobierno de España”. “Yo le pregunto al sr. Sánchez, ¿qué miedo tiene a comparecer en el Congreso?, ¿qué es lo que tiene que ocultar? Necesitamos políticos que no rehúyan los debates, que den la cara, que aclaren y den seguridad a los ciudadanos, que protejan a los profesionales de la sanidad pública y que no los responsabilicen de sus propios errores. Por eso le digo al sr. Sánchez que voy a pedir una y mil veces su comparecencia en el Congreso, para que rinda cuentas por la crisis del coronavirus”. El jefe de la oposición continuó diciendo que “ahora mismo la opinión pública lo único que exige de la política es la revisión de los protocolos, la dotación de recursos, la puesta en marcha de la información. En definitiva, autoridad sanitaria, autoridad política y Gobierno, que es ahora mismo lo que están echando en falta no solamente los profesionales, sino también la ciudadanía. Hay un desamparo, y eso es lo que criticamos, el desamparo, el desgobierno del sr. Sánchez y exigimos que se ponga solución de manera inmediata”.

Os suena? Hay que hacer muy pocos cambios en los entrecomillados: donde pone Sánchez, poned Rajoy y donde dice coronavirus, sustituidlo por ébola. Todas estas palabras las pronunció Pedro Sánchez en 2014 siendo jefe de la oposición, cuando España se enfrentaba a un único caso de contagio por ébola, el de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, quien se recuperó en 15 días. No así su mascota, el perro Excalibur que tuvo que ser sacrificado por precaución ante multitudinarias manifestaciones y concentraciones que trataron de impedirlo. Un único contagio y ningún fallecido por ébola frente a los 1.622 contagios y 35 muertos por coronavirus que se contabilizaban en la mañana de este martes, con unas previsiones que nos advierten de que la falta de medidas de contención hará que en 10 días España alcance las cifras de contagio de una Italia que este lunes ya sumaba 7.985 casos y alrededor de 463 fallecidos.

El lunes, una vez celebradas las manifestaciones comunistas del 8 de marzo, Pedro Sánchez habló por primera vez sobre este tema para exigirle a la oposición “unidad, serenidad y estabilidad” para hacer frente a la crisis del coronavirus y anunció un plan de choque para paliar los daños económicos causados por la epidemia, con medidas que aún no tenía ni pensadas y que se concretarán “en unos días”. Una oposición responsable le devolvería ahora una por una sus palabras de 2014, porque la desvergüenza, la descoordinación, el descontrol, la desinformación y el desgobierno socialcomunista ha causado, esta vez sí, la histeria y el pánico en la opinión pública española que arrasa con las existencias de farmacias y supermercados. El ocultar todo este desastre no es responsabilidad sino complicidad criminal.

Circulen y tósanse en el codo
Cristian Campos elespanol  11 Marzo 2020

Imaginemos, como dice Jorge Bustos, que gobierna el PP en España. Imaginemos que el Gobierno, presidido por José María Aznar, autoriza una manifestación en Colón en defensa de la familia. Imaginemos que al día siguiente se reconoce una escalada exponencial de contagios por coronavirus. Imaginemos que la Comunidad de Madrid, gobernada por el PSOE, cierra los colegios y las universidades.

Imaginemos que en la manifestación en defensa de la familia, de la que se ha echado a escupitajos a los diputados del PSOE, los ministros del PP aparecen con guantes de plástico mientras afirman que no existe ningún peligro. Imaginemos que en la manifestación se corean lemas como "el coronavirus no importa, más mataba ETA".

Imaginemos que Federico Jiménez Losantos hace unas declaraciones en las que califica a los españoles de "infantiles" por su miedo al coronavirus. Imaginemos que Inés Arrimadas, socia del Gobierno, se burla de los que le piden información sobre la epidemia diciendo que "en las portadas y en las tertulias, el coronavirus corre desbocado y es una peligrosa pandemia que causa pavor; en el mundo real, el coronavirus está absolutamente controlado en España".

Imaginemos que Bertín Osborne aparece en televisión calificando de "gripe nueva" al coronavirus, siguiendo las consignas de un Gobierno que pretende restarle importancia a la epidemia. Imaginemos que Carlos Herrera, con cientos de muertos diarios por el virus en China, Italia, Irán y otros países, dice en televisión que esta "gripe" no es algo de lo que nos tengamos que preocupar: "Con ibuprofeno se pasa la semana de enfermedad fenomenal".

Imaginemos que el funcionario designado por Aznar para gestionar la epidemia aparece en televisión afirmando que España no va a tener "más allá de algún caso diagnosticado". Imaginemos que sólo una semana después, España cuenta ya con mil quinientos contagiados y treinta y cinco muertos.

Imaginemos que el personal de la Sanidad pública que es entrevistado por la prensa coincide en señalar que no existe un protocolo de actuación único en toda España, que no se están realizando todos los test que se deberían realizar, que se está robando material médico como mascarillas y gel desinfectante, que se está enviando a su casa a gente con síntomas evidentes de infección y que las cifras reales de contagios son muy superiores a las proporcionadas por el Gobierno.

Imaginemos que un congreso tecnológico de prestigio internacional decide cancelar el evento por las escasas garantías dadas por el Gobierno central. Imaginemos que la vicepresidenta Isabel Díaz Ayuso afirma que la renuncia de los organizadores no se debe al coronavirus sino a "otras razones". Razones que no concreta, pero que sirven para quitarse de encima la responsabilidad por el desastre económico derivado de la cancelación del congreso.

Imaginemos que el ministro de Sanidad, un licenciado en filología hispánica de La Coruña que aterrizó en el cargo cuando Alberto Núñez Feijóo exigió su cuota gallega en el Consejo de Ministros, aparece en televisión batallando con el español y diciendo no saber cuántos tests se han hecho en España.

Imaginemos que EL ESPAÑOL aprovecha el caos generado para arremeter contra la Comunidad de Madrid por la saturación de los hospitales provocada por la inacción del Gobierno de José María Aznar. Imaginemos que la comunidad de Murcia, gobernada por Vox, oculta las cifras de contagios y ofrece datos flagrantemente falsos que impiden adoptar medidas eficaces y realistas para la contención de la epidemia.

Imaginemos que Rafael Hernando aparece en televisión sin anunciar una sola medida, pero afirmando que los españoles deberíamos estar contentos de tener al frente del país a alguien tan capaz como José María Aznar.

Imaginemos que mientras otros países establecen cuarentenas, sellan sus fronteras, suspenden clases y ordenan a sus ciudadanos trabajar desde casa, la mayor preocupación de los periodistas de la caverna es una leve crítica de Carmen Calvo a OK Diario.

Imaginemos que tres meses después del estallido de la epidemia, y con las cifras de muertos y de contagiados superando la más catastrófica de las previsiones realizadas por el propio Gobierno, este anuncia que se dispone a preparar un plan para lidiar con el problema. Imaginemos que al día siguiente el Gobierno dice que el plan está hecho hace semanas.

Imaginemos que el Gobierno de José María Aznar oculta las cifras de contagios y la gravedad de la epidemia durante varios días para no verse obligado a suspender su preciada manifestación. Imaginemos que el lunes después de esta afirma que los casos se dispararon "precisamente" el domingo por la noche.

Imaginemos que con la Bolsa en caída libre y la economía en grave riesgo, el PP renuncia a adoptar ninguna medida económica de calado mientras el PSOE presenta un plan de diez puntos de puro sentido común. Imaginemos que los gobiernos municipales del PP deciden mantener las convocatorias de fiestas populares de todo tipo y que incluso siguen organizando eventos multitudinarios para ancianos.

Imaginemos que El País publica un artículo en el que se afirma que el motivo por el que José María Aznar decidió no adoptar ninguna medida contra el coronavirus fue porque eso habría mermado la popularidad de su Gobierno. Imaginemos que Aznar se graba un vídeo promocional al más puro estilo del NO-DO en el que se le puede ver presidiendo una reunión –de la que no brota ninguna medida concreta– mientras suena de fondo el saxofón de Kenny G.

Imaginemos que, en medio del caos, Aznar anuncia que antes de tomar medidas debe reunirse con Florentino Pérez. Imaginemos que meses después de conocerse la existencia del virus, el Gobierno no ha realizado aún un simple protocolo de actuación para que los ciudadanos españoles sepan a qué atenerse o cómo actuar.

Imaginemos que en la prensa internacional se empieza a hablar de la "vergonzosa" y "tardía" gestión de la epidemia realizada por el Gobierno del PP. Que en medios de todo el mundo aparecen fotos de la manifestación en defensa de la familia encabezada por los ministros de su Gobierno entre acusaciones de irresponsabilidad e incompetencia. Que las embajadas de nuestros países vecinos se quejan al Gobierno por la muy deficiente gestión de una epidemia que está poniendo en riesgo a sus propios ciudadanos.

Imaginemos que mientras los presidentes y primeros ministros de otros países comparecen casi a diario frente a sus ciudadanos para dar cuenta de la evolución de la epidemia, José María Aznar desaparece y delega en sus subordinados para que la crisis no le manche en lo más mínimo.

Por supuesto, no hace falta imaginar, porque esa es la España actual. Sólo que no gobierna el PP de José María Aznar, sino el PSOE de Pedro Sánchez. Así que todo bien. Circulen y tósanse en el codo.

En las crisis, los gobiernos se retratan
Juan Ángel Soto, director de la Fundación Civismo okdiario 11 Marzo 2020

Se acabaron las medias tintas y los minutos musicales en la radio. El Gobierno de Díaz Ayuso ha decidido dar dos pasos al frente para situarse por delante de la expansión del COVID-19, algo inédito en una España que se ha mantenido por detrás desde que comenzara esta crisis sanitaria, que también lo es económica, social y política. Las medidas adoptadas son drásticas y contundentes, pues se han suspendido las clases en guarderías, colegios y universidades en la Comunidad de Madrid, al igual que en Álava y Labastida, pero parecen del todo pertinentes. En especial, y aunque les parezca sorprendente a muchos, para los defensores del liberalismo.

Hace ahora una semana, advertía en este periódico sobre el riesgo que entrañaba la potencial extralimitación en la intervención (o intromisión) del Estado, con la excusa del coronavirus, en la vida de los ciudadanos, con la consiguiente vulneración de sus libertades (asamblearias, de movimiento, etc.). Sin embargo, esto, en lo cual me reafirmo, no es óbice para dejar de hablar de la otra cara de la moneda, a saber, el apoyo a la intervención (radical, de resultar necesario) que también los liberales deberíamos brindar en la situación en la que nos hallamos. Mejor dicho, sobre todo los liberales, dado que los minarquistas, así como los liberales clásicos, conceden, e incluso defienden, que el papel del Estado ha de consistir en la protección y defensa de la vida, la libertad y la propiedad privada, en ese estricto orden.

Así, si el Estado ha de intervenir, no hay mejor momento que este, lo que destapa las vergüenzas de las que parece carecer el Gobierno de Sánchez, impertérrito y mudo hasta la finalización del aquelarre feminista del 8-M. Ha tenido que ser la líder del PP de Madrid quien haya vuelto a mover ficha en primer lugar y para bien, como hiciera en su día con la bienvenida competencia fiscal. La presidenta le ha cogido el gusto a pintarle la cara al Ejecutivo de coalición, un papel que asume desde una responsabilidad y profesionalidad que brillan por su ausencia en La Moncloa. Responsabilidad que tampoco mostró Vox en Vistalegre III, y de la que hoy se retractan.

No faltan los que critican el aplauso a la reacción de la Comunidad de Madrid por parte de los que deseamos un Estado de modestas dimensiones. Pero, con ello, lejos de estar sacando a relucir algún tipo de incoherencia en el argumentario liberal, dejan en evidencia su propia ignorancia. Ignorancia sobre su mantra intervencionista habitual, pues ahora, cuando hace falta ante la crisis que azota a España, alertan contra este y se suman a manifestaciones multitudinarias, etc. E ignorancia sobre nuestras ideas que, una vez más, parecen las más apropiadas, dado que no solo son superiores moralmente, sino también las más eficientes.

Está por ver la actuación de numerosos gobiernos regionales en su gestión de la crisis en el contexto de inminentes festejos multitudinarios, como las Fallas, la Semana Santa, ferias varias, etc. La prueba comenzó hace tiempo, pero es ahora cuando los examinados se han percatado de que el resultado cuenta, y mucho.

Las contradicciones del gurú del coronavirus
OKDIARIO 11 Marzo 2020

Las predicciones del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, no se han hecho -tristemente- realidad. «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado de coronavirus». De esto, hace un mes y el número de contagios en nuestro país crece exponencialmente. Hay ya 1.500 infectados. En plena expansión de la epidemia, hace una semana, dio otra muestra de su clarividencia al asegurar, de manera taxativa, lo siguiente: «Si mi hijo me pregunta si puede ir a la manifestación del 8-M, le diré que haga lo que quiera».

A los miles de estudiantes que a partir de ahora no podrán ir a clase en la Comunidad de Madrid no les han dado la oportunidad de decidir, porque el 9-N -un día después del Día de la Mujer- el Gobierno decidió pasar a una nueva fase y decretar un paquete de medidas más duras contra la epidemia. Simón alentó la participación en las manifestaciones cuando el sistema sanitario español ya había constatado la existencia de casos de pacientes que contrajeron el virus por contacto estrecho con personas asintomáticas.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha parapetado tras las espaldas de este técnico que se ha erigido en la voz más popular del Ejecutivo. El 23 de febrero, cuando en Italia se desataban los casos de coronavirus y el Ejecutivo de aquel país desgranaba las primeras medidas drásticas, Simón dijo: el coronavirus «en España no está». Si estaba, porque el 13 de febrero -se supo después- había fallecido en Valencia el primero de los pacientes aquejados de la enfermedad.

No se trata de dudar de la valía profesional de Simón, sino de subrayar que el encargado por parte del Gobierno de informar a la opinión pública española sobre la evolución de la epidemia no ha sido un prodigio de exactitud y, en ocasiones, como cuando deseo «toda la suerte» a quienes tenían previsto acudir a las manifestaciones del 8-M, se deslizó peligrosamente por la pendiente de la política en lugar de comportarse como un profesional experto en crisis sanitarias.

En suma, que el gurú del coronavirus no se ha doctorado en análisis predictivo, precisamente.

Por una tregua
Hacer demagogia con una enfermedad, como hizo Sánchez en su día, no ayuda
Luis Ventoso ABC 11 Marzo 2020

Claro que nos acordamos. Entre agosto y octubre de 2014 murieron en España dos misioneros que se habían contagiado de ébola en África. Atendiendo a uno de ellos resultó infectada una enfermera, que superó la enfermedad. Sánchez magnificó y manipuló aquel episodio médico. Lo utilizó con demagogia para hacer oposición con enorme crudeza. Ahora pide apoyo y concordia.

Claro que nos acordamos. El mantra del nuevo Gobierno para su plan de ingeniería educativa era que los niños «no son de los padres», sino del Estado. Ahora se han cerrado los colegios en Madrid, Vitoria y La Rioja y los niños vuelven a ser de los padres. Las familias tienen que buscarse la vida y la Administración silba.

Claro que nos acordamos. Desfile ministerial en la Manifestación del 8-M del domingo en Madrid, con el Gobierno convertido en promotor de la gran congregación. Todo ello solo 48 horas antes de que ese mismo Gobierno estableciese el fútbol a puerta cerrada y que los musicales madrileños deberán parar, o de que cerrasen los colegios y universidades. ¿Explicación del Gobierno? La situación médica «cambió en la noche del domingo». ¡Oh casualidad!, el virus se desperezó nada más concluir la manifestación de Carmen Calvo e Irene Montero!

Claro que nos acordamos. El Gobierno ha estado de brazos cruzados ante una galerna económica que era obvia. La bolsa comenzó a bajar el 22 de febrero y ha caído desde 9.886 puntos a 7.700. Las empresas llevan semanas percibiendo que la demanda afloja. Sufren problemas de suministros. El turismo suda. China, fábrica del mundo, ha parado, con el consiguiente efecto en cadena. La Fed ha bajado tipos rauda. Alemania ha aplicado un chute de liquidez... Pero Sánchez e Iglesias estaban ocupados tramando subidas de impuestos y una ley anti-desahucios que cuestiona los derechos de los propietarios. Solo ahora despierta el Gobierno.

Claro que nos acordamos. España era una «nación de naciones», cuyo futuro se decide en una mesa de saldo con los separatistas. Pero ahora Sánchez nos dice que se necesita «una respuesta de país» y que «todos debemos estar unidos».

Pues bien, a pesar de todo, convendría una tregua. Se debería evitar convertir el coronavirus en munición de las trifulcas partidistas. Ya sobra alarmismo en las redes, y en los maratones televisivos, como para añadir el ruido de la gresca política (véanse los desbarres de ayer de Vox, o al PP columpiándose al preguntar formalmente por los guantes de las ministras en el 8-M, cuando existen fotos que desmienten ese rumor; o al periódico pro PSOE culpando del brote de Madrid a «los recortes» de la derecha). España necesita espíritu constructivo y respeto a los técnicos. Ya lo sé, Sánchez resulta un político difícil de digerir. Pero un mal no justifica otro mal y no se puede repetir la demagogia en que él incurrió ante el ébola. El deber de los políticos, y el de los medios, es aportar sosiego para que el país no pare. La OMS todavía no ha declarado la pandemia global. Pero la economía, acogotada por la crisis de nervios, ya ha sufrido un estacazo que se va a llamar muy pronto paro a chorros.

El coronavirus y los agujeros negros de la seguridad nacional
El coronavirus no solo provoca una crisis sanitaria o económica. También es un riesgo desde un punto de vista de la seguridad nacional. Sin embargo, queda mucho por hacer
Carlos Sánchez elconfidencial 11 Marzo 2020

Cinco párrafos de un total de 128 páginas. Ese es el espacio que dedica la última Estrategia de Seguridad Nacional, aprobada en 2017, a la existencia de epidemias o pandemias que puedan poner en riesgo la seguridad del Estado. Y eso que la propia estrategia, un documento que alerta sobre la llegada de fenómenos imprevistos o potencialmente devastadores, recuerda que, en las últimas décadas, el número de enfermedades emergentes identificadas y de situaciones de riesgo asociadas a ellas no ha hecho más que crecer.

En concreto, como recuerda la estrategia, en los últimos años se han identificado al menos seis alertas sanitarias globales: el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés); la gripe por virus A/H5N1, es decir, la gripe aviar; la pandemia de gripe por virus A/H1N1, que procede de virus gripales animales; la extensión internacional del poliovirus salvaje (la poliomielitis); la enfermedad por virus ébola, en África occidental, y la infección por virus zika.

La proliferación de epidemias y pandemias, sin embargo, no ha sido suficiente para que el Consejo de Seguridad Nacional haya creado un organismo especializado en este tipo de amenazas, como sí ocurre en el caso de la ciberseguridad, la seguridad marítima, las migraciones, la seguridad energética o la proliferación de armas nucleares.

El Consejo de Seguridad Nacional, como se sabe, es el órgano que asiste al presidente del Gobierno en la dirección de la política de seguridad del Estado, que se articula a través de una estrategia que se revisa cada cinco años, y que fue aprobada en tiempos del PP; aunque.fue Iván Redondo, el jefe de gabinete de Pedro Sánchez, quien la defendió con ahínco ante el Congreso en 2018, lo que dio ocasión al exministro García-Margallo a decir en tono ciertamente irónico: "Muchas gracias, señor secretario de Estado, por su exposición y por su entusiasmo, que no habríamos podido igualar ninguno de los miembros del Grupo Parlamentario Popular [risas]".

La parte positiva, aunque en el campo sanitario, es que España, según el Global Health Security Index (GHS), tiene el undécimo puesto del planeta (83 puntos) en lo que respecta a la temprana detección y seguimiento de las epidemias potencialmente epidémicas, pero el decimoquinto en relación al conjunto de indicadores sobre seguridad sanitaria. El sistema público de salud (año 2018) posee 158.269 camas hospitalarias para una población de más de 47 millones de habitantes, lo que da idea de las consecuencias que podría tener una avalancha de enfermos a consecuencia de una pandemia.

El brazo ejecutor desde el punto de vista de la salud pública es la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave), que gestiona el Centro Nacional de Epidemiología. La red está compuesta por un total de 25 unidades hospitalarias del primer nivel y otras 24 pertenecientes a hospitales designados por las comunidades autónomas, más el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla.

Bajas masivas en la fuerza laboral
Esa laguna política y legislativa en términos de seguridad se produce pese a que en 2014 el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependiente del Ministerio de Defensa, alertara de que en los países desarrollados afectados por una pandemia una tasa alta de infectados “puede colapsar los sistemas sanitarios y provocar bajas masivas en la fuerza laboral”. Hubo que esperar hasta el año 2000 para que el libro blanco de la defensa incluyera de forma genérica, dentro de los riesgos NBQ (guerra radiológica, bacteriológica y química), la amenaza de enfermedades diseminadas intencionadamente.

La Estrategia de Seguridad Nacional no solo sugiere la vacunación, el control fronterizo y la inspección de bienes importados, la implementación de programas de promoción de la salud, sino que cita explícitamente el objetivo de “adoptar planes de preparación y respuesta ante riesgos sanitarios, tanto genéricos como específicos”.

Sin embargo, poco se ha hecho hasta ahora al margen del dispositivo sanitario. Desde el punto de vista logístico, España ni siquiera posee reservas estratégicas para suministrar algo tan básico como mascarillas, indispensables cuando la mayoría de las enfermedades son respiratorias.

No es un asunto cualquiera. Como sostiene un documento publicado por el Ministerio de Defensa, y firmado por la analista María del Mar Hidalgo, “si se limita el tráfico de personas y mercancías, las repercusiones económicas pueden ser tanto o más graves que la propia enfermedad, lo que puede conducir a una crisis política y una desestabilización del Estado”.

Es decir, las pandemias no son ajenas a la seguridad nacional y forman parte ya indeleble de las crisis geopolíticas. Como ha recordado la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año, y desde 1970, aparecen una o dos enfermedades nuevas y otras 40 presentes en la actualidad eran desconocidas hace tan solo una generación.

Pese a ello, y en el marco europeo, solo a partir de 2010, cuando entró realmente en vigor el Tratado de Lisboa, se permite a las instituciones de la UE emprender acciones directas de “salud pública” en ámbitos como tabaco, alcohol y “lucha contra las pandemias”, como han recordado los doctores Martín Moreno y Gorgojo Jiménez en un trabajo publicado por el Ministerio de Defensa.

El peligro de los animales
Algunos datos lo ilustran de forma contundente. Según un informe que acaba de presentar en el Ceseden (Consejo Superior de Estudios de la Defensa) el doctor José Luis Puerta, una autoridad en epidemias y pandemias, desde 1975 se han registrado en el planeta 2.102 brotes, producidos por 215 enfermedades infecciosas con el resultado de 44 millones de personas afectadas. Con el ébola, concretamente, se han registrado 28 brotes desde 1976.

Las causas de estas crisis sanitarias fueron 1.400 agentes patógenos, de los cuales el 58% ha sido relacionado con la zoonosis. Es decir, enfermedades transmitidas por los animales a las personas. Entre los agentes patógenos, el 48% fueron bacterias, el 45% virus, el 5% protozoos, el 4% parásitos y el 2% hongos. La salmonela ha sido el microorganismo que más brotes ha provocado (855). Si bien la gastroenteritis vírica —generalmente causada por norovirus— fue responsable del mayor número de casos registrados, más de 15 millones en todo el mundo.

El caso de la zoonosis es especialmente significativo, porque, según el doctor Puerta, casi el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes procede de animales no domésticos, por lo que el comercio existente alrededor de la fauna salvaje “cada vez cobra más relevancia en la patología infecciosa”. El SARS (síndrome respiratorio agudo grave) surgió, de hecho, como una enfermedad respiratoria y gastrointestinal en el suroeste de China y, en unos meses, se había extendido a 29 países, donde provocó 8.098 casos y 774 muertos. El doctor Puerta recuerda que en EEUU, según algunos estudios, el 56% de los propietarios de perros comparte con sus mascotas dormitorio e incluso lecho, porcentaje que sube hasta el 75% en el caso de los gatos.

El documento del Gobierno, que tendrá que ser actualizado próximamente, se limita, sin embargo, a identificar las amenazas que pueden considerarse clásicas, como los conflictos armados, la ciberseguridad, el terrorismo o el espionaje, y vincula el incremento de las situaciones de riesgo asociadas a enfermedades infecciosas a un “cambio global rápido que está modificando la relación del ser humano con su entorno”. En particular, por razones poblacionales, por el uso y la ocupación del suelo, la movilidad y desplazamientos de la población, los conflictos, el transporte de mercancías y, por supuesto, el cambio climático.

Coronavirus y terremotos
La Estrategia Nacional de Protección Civil camina en la misma dirección, pero, como sucede en el caso de la Estrategia Nacional de Seguridad, apenas menciona como un riesgo la llegada de epidemias o pandemias. En su lugar, se centra en cuestiones como incendios, inundaciones o terremotos, pero sin una estrategia específica contra fenómenos como el coronavirus.

Lo que preocupa desde el punto de vista de las amenazas no es solo la llegada de epidemias o pandemias, sino también las condiciones objetivas que se dan en España, donde cada año llegan más de 80 millones de turistas, una población envejecida (más vulnerable a enfermedades respiratorias) o constantes flujos migratorios procedentes de poblaciones con bajos estándares de calidad sanitaria. Es por eso por lo que habla de “amenazas y desafíos asociados a enfermedades infecciosas tanto naturales como intencionadas”.

La propuesta que se hace es “desarrollar planes de preparación y respuesta ante amenazas y desafíos sanitarios, tanto genéricos como específicos, con una aproximación multisectorial que asegure una buena coordinación de todas las administraciones implicadas tanto a nivel nacional como internacional”.

¿Qué se ha hecho? Por el momento, no demasiado. Según el sindicato CSIF, trabajadores de distintos hospitales de la Comunidad de Madrid han alertado del desabastecimiento que sufren en sus centros —algo extensible a otras instalaciones de todo el país— de medios de protección básicos como guantes y mascarillas, que, según todos los protocolos, tanto del Gobierno central como del autonómico, deben utilizar al tratar a pacientes sospechosos por coronavirus. Los guantes se proporcionan de dos en dos, con lo que tras atender a dos pacientes, tienen que volver a pedir más. Y con las mascarillas, ocurre lo mismo, ya que estas las tienen bajo llave los supervisores y se facilitan bajo demanda.

Un país como Italia, una de las 10 economías más grandes del planeta, no produce mascarillas, mientras que Alemania ha tenido que prohibir su exportación porque no es capaz de atender la demanda. Hasta la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de la escasez de equipos de protección personal para el personal sanitario. Mucho por hacer. También en España, para hacer posible la seguridad nacional. Un mandato, por cierto, constitucional.

Ya no es tiempo de poner parches
Editorial El Mundo 11 Marzo 2020

Cada nueva actualización al alza de la cifra de infectados volvía más imperiosa la necesidad de un plan económico amplio para paliar los efectos de la epidemia. Finalmente, la UE se ha tomado en serio la emergencia sanitaria y ha activado un plan dotado con 25.000 millones de euros (7.500 de movilización inmediata). Tras demasiado tiempo oculto tras sus portavoces, Sánchez compareció al fin ayer para anunciar un paquete de medidas que en España se traducirá en líneas de crédito para ayudar a las pymes, al turismo y a los trabajadores afectados por la incidencia del virus sobre el empleo. Anunció "semanas difíciles" y apeló a la unidad para superarlas. Lo que nos tememos hoy es que esas semanas serían menos difíciles de haber reaccionado antes. Pero Sánchez evitó anoche cualquier ejercicio de autocrítica.

Crece la convicción de que el Gobierno ha ido a remolque en esta crisis. De que ha perdido un tiempo precioso en la fase de contención del virus haciendo bienintencionados llamamientos a la calma, pertinentes si se completan con un plan de prevención tan ambicioso como aconsejaba el ejemplo italiano. Así lo cree también el portavoz de Salud Pública de la OMC, entrevistado en nuestras páginas. Si cunde la inquietud entre los ciudadanos es porque tienen la impresión de haberse acostado un día con la epidemia bajo control y haberse levantado con el coronavirus en progresión exponencial, obligando a comunidades como Madrid o La Rioja a adoptar medidas drásticas de aislamiento. El trastorno originado es evidente y la psicosis se manifiesta en forma de largas colas y acopio de vituallas en los supermercados, como si el abastecimiento no estuviera garantizado.

Faltó previsión y crece la sospecha de haber perdido un tiempo precioso

Quien debe dar respuestas, el ministro de Sanidad, no tuvo más remedio que advertir de un inminente incremento de casos, pero cuando se le inquirió por la imprudencia de autorizar -de liderar, de hecho- por razones ideológicas las manifestaciones del 8-M, lo justificó: "Hubo un aumento significativo de casos el domingo al anochecer". Semejante pretexto suena a tomadura de pelo el mismo día en que el Ejecutivo suspende los vuelos desde Italia y los viajes del Imserso. La capacidad de propagación del coronavirus era conocida antes del fin de semana. El Gobierno prefirió su interés político en vez de actuar con previsión y racionalidad. Nada menos feminista que exponer a decenas de miles de mujeres al contagio.

Otro tanto cabe reprochar a Vox. El positivo de Ortega Smith subraya la irresponsabilidad de celebrar el acto de Vistalegre, que ha puesto en riesgo a muchos militantes. El Ayuntamiento de Madrid ha suspendido plenos, el Congreso ha echado el cierre y la Comunidad Valenciana ha aplazado las Fallas. Decisiones sin precedentes que prueban la gravedad de la situación. Ojalá a la responsabilidad individual se sume la coordinación administrativa y el liderazgo de un Gobierno falto de iniciativa hasta ahora.

Las negaciones de Pedro
Francisco Robles ABC 11 Marzo 2020

Sánchez no tiene ningún problema con España, pero España tiene un problema con Sánchez. El presidente del Gobierno no tiene problema alguno a la hora de pedir consenso para acabar con el virus de la corona que se ha hecho el rey de la actualidad. En realidad no lo pide: lo exige. Todos tenemos que remar en la misma dirección, y cualquier crítica a la actuación del Gobierno se interpretará como un exceso, como una muestra de insolidaridad, como un ataque a la legalidad y a la democracia. De ahí a llamar fascista al que lo haga va un paso. O medio. Lo dice porque él lo vale, porque él podía atacar de forma despiadada a Rajoy cuando nos enfrentamos con la cris del ébola, pero ahora nadie puede toserle con los del coronavirus.

Las dos varas de medir se multiplican cuando la izquierda toma el mando. El sacrificio de un perro durante la crisis del ébola levantó dolorosas ampollas en el mester de progresía. Aquella enfermera, infectada por su irresponsabilidad, estuvo a punto de provocar la dimisión de la ministra de Sanidad, o eso era lo que pedían los mismos que ahora exigen silencio cómplice. Pues por mucho que sellen los labios con el índice del silencio que tanto molestaba a Quevedo, la sociedad tendrá que pedirles responsabilidades a quienes autorizaron la manifestación del 8-M y ahora mandan a los niños a casa para que los cuiden sus padres, y no su legítimo propietario, que es el Estado según Celaá.

Se juegan partidos de fútbol a puerta cerrada por orden gubernativa después de que miles y miles de personas se manifestaran de forma masiva sin que la autoridad hiciera nada por impedirlo: que Sánchez hubiera suspendido esa manifestación convocada por uno de sus pilares ideológicos, o directamente propagandísticos, es algo que no cabe en cabeza alguna. Lo suyo es decir en cada momento lo que conviene. Y en hacer eso mismo, lo que le venga bien en cada circunstancia. El domingo había que manifestarse contra el machismo y el fascismo, y al día siguiente era peligroso que un niño acudiera a clase. Lo de siempre.

En este carrusel de incoherencias, lo mejor está por llegar. Están afilando las puntas de los lápices para trazar, otra vez, la raya de las dos Españas que tantos réditos electorales les da. A un lado, los partidarios de las procesiones religiosas que pertenecen al oscurantismo, a la piedad que nada tiene que ver con la ciencia, a la superchería que les lleva a dar besos a las imágenes o a sacarlas durante la Semana Santa. Al otro, la España de la razón, de la técnica y la tecnología, la España ilustrada y heredera del Siglo de las Luces. Ya están cocinando el caldo de cultivo que les permita prohibir las procesiones de Semana Santa para solaz de los anticlericales que viven del presupuesto público. Si vivieran del turismo, otro gallo cantaría: el de las negaciones de Pedro. De Pedro Sánchez, que no tiene ningún problema con España, esa nación que niega cuando le conviene y que siempre debe estar a su disposición.

TVE, instalada en la anomalía
Editorial El Mundo 11 Marzo 2020

Pese a haber afirmado hace poco más de un año que presentaría su «dimisión inmediata» en cuanto hubiese un nuevo Gobierno, Rosa María Mateo se retractó ayer en el Senado y dijo que seguiría al frente del ente público. "Por responsabilidad", aseguró, y porque se lo ha pedido el propio Gobierno. Algo que no sorprendió a los diputados de la oposición, ya que desde que fue designada para el cargo dejó claras dos cosas: que no estaba ahí para un mandato interino de tres meses, como se anunció en principio; y que estaba dispuesta a poner la televisión pública al servicio de los intereses propagandísticos del Gobierno, aun a costa de la credibilidad del ente -y del suyo propio- y de la pérdida de audiencia.

Para justificarse, Mateo acusó a los diputados de ser ellos los responsables de prolongar su permanencia, ya que el Congreso ha sido incapaz de desatascar el procedimiento del concurso público abierto hace meses para elegir al nuevo Consejo de Administración de RTVE y al presidente de la Corporación. Hasta entonces, afirmó Mateo ante la comisión parlamentaria de RTVE en el Senado, seguirá en su puesto, consciente de que el proceso tiene difícil solución inmediata y eso le asegura seguir tomando las decisiones. Mientras, los informativos de TVE siguen cayendo en audiencia y, lo que no es más que su alarmante consecuencia, en rigor y pluralidad.

La apropiación de la televisión pública forma parte de la estrategia de Sánchez de copar organismos clave -como ha hecho con el CIS- para a través de ellos manipular a la opinión pública. Mateo debería presentar su dimisión y que RTVE pueda proceder a su normalización.

Franco y Churchill / Aplazamiento presentación libro
Pío Moa gaceta.es 11 Marzo 2020

Con motivo de la alarma social suscitada por el coronavirus, se aplaza la presentación de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, hasta que la alarma cese. Parece mentira que un bichito “que si se cae se mata”, pueda paralizar gran parte de la vida social.

El libro va por la tercera edición a pesar del boicot que le han hecho los grandes medios, numerosas librerías y los caciques de la universidad. Es un libro concebido para acabar de una vez por todas con la “cultura” del embuste sobre nuestro pasado –por tanto sobre nuestro presente– instalada en España desde que, en 2002, el PP decidió criminalizar el alzamiento de julio del 36, escupiendo sobre las tumbas de sus propios padres y abuelos, y entregar la historia, por tanto la cultura y la universidad, en manos del nuevo frente popular de PSOE y separatistas.
No obstante su intención, el libro no es de ninguna manera un panfleto, ni en su análisis ni en su lenguaje. Se trata simplemente de rescatar la historia real y dar un golpe decisivo, al menos en el plano intelectual y espero que también en el político, a la infame ley de la cheka, llamada “de memoria histórica” o, más injuriosamente, “de memoria democrática”, y que amenaza muy seriamente la libertad de todos.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil
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Varela Ortega, Franco y Churchill
Para enfocar debidamente la talla histórica de Franco debemos empezar por los hechos evidentes, que pueden resumirse así: venció siempre a todos sus enemigos militares y políticos, incluso partiendo de una situación prácticamente desesperada que habría disuadido a casi cualquier otro. Venció indirectamente a Stalin en España. A continuación evitó entrar en la guerra mundial y luego derrotó a un criminal aislamiento impuesto desde el exterior por regímenes comunistas, democráticos y dictaduras varias. En pleno aislamiento venció asimismo a una peligrosa guerrilla comunista interior. Tanto la neutralidad en la SGM como la derrota del aislamiento fueron dos batallas diplomáticas cruciales, libradas con éxito en las más arduas circunstancias; y en otra hazaña diplomática humilló en la ONU a Inglaterra a propósito de Gibraltar. Y presidió la época de mayor prosperidad y con mayor ritmo de crecimiento que haya vivido España antes o después.

Por encima de cualquier matiz, detalle o revés secundario, basta mencionar estos éxitos indudables, alcanzados en las más desfavorables y a menudo peligrosas circunstancias, para concluir que la talla de Franco como estadista y militar descuella ampliamente sobre cualquier otro español en varios siglos.

Sin embargo la pintura que de él traza Varela Ortega y los anglómanos en general, coincidentes en esto (y en otras cosas) con los lisenkianos, es la de un personaje intelectualmente irrisorio, de “carencias culturales estridentes”, “cursilería provinciana”, ”equipaje cultural rancio y raquítico”, que ”no hablaba idiomas (inglés, claro) ni apenas había viajado fuera de España”, aficionado para más inri a “pintorescas incursiones literarias”. Se destaca asimismo su mediocre estatura, su voz “atiplada” y cierta pronunciación que “delataba, ante cualquier gallego culto, sus orígenes aldeanos no superados”. Varela, como Preston y los anglómanos en general, le concede inteligencia, pero muy limitada, poco más que una astucia aldeana o “gallega”.

De economía no solo lo ignoraba todo, sino que además tenía ideas fantásticas o pueriles al respecto. Y del mundo exterior algo parecido, de ahí sus ilusiones respecto a Hitler, o sus supuestos deseos de entrar en la SGM, aunque pidiendo demasiado, o sus propuestas ridículas proponiendo al final de la guerra en Europa una alianza con Inglaterra frente al expansionismo soviético. A esta última propuesta habría respondido Eden, según Tusell, otro historiador anglómano: ”Lástima que el general Franco tenga una idea de la realidad internacional tan desenfocada”. Lo cita con mofa Varela porque “ilustra las limitaciones de nuestro dictador”. En realidad ilustra las grandes limitaciones de Eden y del gobierno inglés, que imaginaban garantizar la estabilidad europea mediante el acuerdo entre Londres y Moscú, y poder barrer a Franco sin apenas dificultad. Ilustra también las graves limitaciones intelectuales de los propios Varela, Tusell, Preston, Moradiellos y tantos más.

En otro párrafo, Varela cita al más ecuánime Paul Johnson, que tiene a Franco por “una de las figuras políticas más exitosas del siglo”, pero le añade la coletilla: “exitosa en la medida de sus intereses, que eran mandar sin restricciones y durar sin limitaciones”. Al parecer, lo único que ocurrió en los cuarenta años de franquismo fue el mando omnímodo del “dictador”, que mantuvo su poder gracias a su “astucia aldeana”. En fin, no es difícil percibir que en la figura mediocre, gris y aldeana como ven a Franco estos historiadores hay más una proyección inconsciente de sí mismos que un verdadero retrato político del propio Franco.

Entre tanto, vale la pena comparar a Franco con Churchill venerado con absoluta falta de sentido crítico por la literatura anglómana, Moradiellos en particular. De que era más viajado y más culto y un poco más alto que Franco, no cabe duda; también de que estaba muy alcoholizado, etc. Pero estos aspectos son irrelevantes en cuanto a su significación histórica y política.

Ciertamente la influencia mundial de Churchill fue también muy superior a la de Franco, porque Inglaterra era hasta 1939 la primera potencia mundial con un imperio gigantesco, mientras que Franco partía de una España inferiorizada por más de un siglo de profunda decadencia muy agravada por el Frente Popular. Nunca tuvo Churchill, como Franco, que afrontar una guerra partiendo de una situación de inferioridad material desastrosa, debiendo además improvisar al mismo tiempo un nuevo estado y un nuevo ejército. Pero Churchill sufrió en su carrera graves derrotas militares y políticas, y aunque vencedor en la SGM, dejó a su país prácticamente en quiebra, endeudado hasta las orejas y con racionamiento. Siendo él mismo un producto típico del imperialismo inglés, tuvo que presenciar el comienzo de la disolución del imperio, la sumisión de su país a la tutela useña, a menudo humillante, muy condicionado también por el poderío soviético; y además fue expulsado del poder en las elecciones hacia el final de la contienda. Si los medimos por el modo de conducir la guerra, resultó sin duda bastante más cruel que el español.

Si comparamos a las dos figuras por sus logros políticos y económicos, no parece difícil concluir que, salvando la diferencia de escala de uno y otro en cuanto a proyección mundial, Franco no solo tuvo que afrontar mayores y más difíciles retos, sino que también tuvo un éxito mucho mayor en todas sus empresas políticas y militares. Claro que para los anglómanos, todos los fallos, incluso crímenes, de Churchill, quedan disculpados porque era demócrata y Franco no. Por eso es necesario un comentario al respecto.

******************* Sección "bilingüe" ***********************


 


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