AGLI Recortes de Prensa   Jueves 12  Marzo  2020

Lo que ocurre cuando conviertes la política en un circo
OKDIARIO 12 Marzo 2020

OKDIARIO publica un informe de la Dirección de Análisis Macroeconómico del Ministerio de Economía en el que se advierte hasta en seis ocasiones del varapalo que sufriría nuestra economía a causa del coronavirus. Fue redactado hace más de un mes y se centra en datos del mes de enero y principios de febrero. Sin embargo, pese a alertar sobre la situación que se avecinaba, el Gobierno sólo ha empezado a esbozar medidas económicas esta semana, tras pedirlo la OCDE, y después de que Pablo Casado presentara un plan de diez medidas de carácter urgente para paliar los efectos económicos de la crisis sanitaria.

Se trata de una “publicación de periodicidad mensual” que plasma los principales indicadores adelantados de la economía y advierte de los daños del coronavirus. “Incertidumbre”, “temor”, “impacto en la economía mundial” o “volatilidad” son expresiones que se repiten de forma continua en el documento, pero que no surtieron efecto alguno en el Gobierno, pues siguió cruzado de brazos hasta que la situación económica se hizo insostenible . Todo el informe está plagado de alertas y de recomendaciones para paliar los efectos económicos de la crisis sanitaria, pero Pedro Sánchez hizo oídos sordos y siguió instalado en el mejor de los mundos. Un tiempo perdido precioso que puede tener efectos demoledores sobre una economía, la española, que ya venía dando señales de desaceleración.

Es lo que ocurre cuando la política se convierte en un circo y se abandona la gestión de las cuestiones más graves para centrarse casi exclusivamente en la propaganda, en aquellos asuntos que al Gobierno socialcomunista le resultan más rentables. La negligencia del Ejecutivo es evidente. La inacción a la hora de abordar medidas económicas orientadas a paliar los demoledores efectos de la epidemia de coronavirus va a pasar factura a todos los españoles. Sólo cuando el agua ya le llegaba al cuello al Ejecutivo decidió Pedro Sánchez esbozar una serie de tímidas medidas que se antojan insuficientes ante la magnitud del destrozo.

Una pésima gestión sin paliativos
Carlos Dávila okdiario 12 Marzo 2020

Hasta el profesor Juan José Badiola, que se hizo famoso en España por solventar con una sola entrevista en televisión, “EL Tercer Grado” de la 2, aquel desastre internacional de las vacas locas, está ya siendo crítico con la gestión que está realizando el Gobierno del Frente Popular con el coranovirus. Badiola no es un virólogo, sí es un epidemiólogo, que transmite en sus explicaciones actuales que las medidas aplicadas en España han llegado tarde y mal, y, encima, muy pocos ciudadanos las entienden. Durante el pasado fin de semana se celebró en España una pléyade de actos políticos, sociales y deportivos, cuando ya se conocía que la extensión del virus estaba adquiriendo proporciones espectaculares. El delegado del Gobierno en Madrid, que es a quien compete autorizar o denegar las concentraciones, miró literalmente a otra parte, consciente de que su partido no le iba a perdonar que se impidiera la jerigonza feminista de la que ya se sospecha, aún es cierto, sin pruebas concluyentes, pudo reunir a más de una persona afectada por la enfermedad. Franco, el delegado mentiroso que durante años alteró su biografía, autorizó aquel espectáculo enrabietado del domingo, al tiempo que, claro está, aceptó, de mala gana eso sí, que VOX se plantara en Vista Alegre en una demostración populista que, francamente, le ha salido por la culata del aguerrido pseudomilitar Ortega, hoy ya oficialmente infectado. Sin concentración de féminas “enragés” las puertas del coso de Vista Alegre hubieran permanecido cerradas. Vaya lo uno por lo otro, se debió decir el susodicho Franco.

Lo peor de la gestión gubernamental es que muy poca gente se la cree. No hay más que escuchar a la multitud de espontáneos que acuden a las televisiones para constatar esta realidad. La gente tiene la mosca tras la oreja y se malicia que se le está ocultado la realidad, la gravedad de la pandemia que, curiosamente, se disfraza de “epidemia” desde el Gobierno, cuando cualquier avezado sabe que una afectación tan amplia y en tantos sitios diferentes responde a la acepción epidemiológica referida. ¿Por qué juega con esta confusión? Fácil: porque desde el primer momento la estrategia del Frente Popular ha sido rebajar la gravedad de la patología, es como si hubieran dicho: “Estas cosas sólo lo le ocurren a la derecha; nosotros somos limpios y progresistas, y nada puede dañar nuestra imagen”. Pues bien, ya se ve lo que está pasando: el país entero se dispone a encerrarse en sus casas, mientras la ya perentoria economía nacional se hunde por momentos. Es curioso, desde los medios gubernamentales se ha insistido machaconamente en la síntoma entre el Gobierno de Sánchez el Partido Popular de Casado. Falso. Es cierto sin embargo que el presidente del PP se la está cogiendo con papel de fumar en este caso, pero, ¿acaso olvidamos que todas sus propuestas, las que el lunes presentó a Sánchez cayeron en saco roto? Entre estas iniciativas estaban medidas financieras, sociales y fiscales destinadas a palara la magnitud de la crisis, pero Sánchez las ha desoído. Una de ellas, la reducción urgente del Impuesto de sociedades no tenía además ninguna posibilidad de éxito; Sánchez pretende, aún en esta delicadísima situación, esquilmar a las empresas acuciado por sus compañeros comunistas de viaje, los cuales, tal y como dejado claro el matrimonio caribeño Iglesias-Montero, ya han determinado que el coranavirus no es más que una consecuencia de los malditos recortes del PP de Rajoy. Con dos.

Esta pandemia pasará. No nos engañemos. Con mayor o menor dolor siempre ha sucedido así, pero quedarán para la historia dos constancias: la primera cómo se comporta la derecha y la izquierda del país en situaciones como éstas; la segunda, que esa presunción literal de transparencia ha sido sólo un trampantojo extendido por la agip-prop del Frente Popular. La gestión, ya se comprueba, ha sido un auténtico desastre. Solo un dato: en Alemania, con casi tantas personas infectadas como en España, se ha producido un solo fallecimiento. ¿Hacen falta más pruebas?

No se puede seguir improvisando

Editorial larazon 12 Marzo 2020

Según informes de absoluta solvencia en poder de LA RAZÓN, el martes, el sistema hospitalario de la Comunidad de Madrid tenía en las UCI a 120 pacientes infectados por el coronavirus y quedaban 540 camas libres de cuidados intensivos. Al ritmo actual de la expansión de la epidemia, esa reserva de camas quedará agotada en menos de una semana. Es evidente, que ya no es posible seguir improvisando, arrastrado por los acontecimientos, como ha hecho el Gobierno hasta ahora ni, mucho menos, dejar que sean las comunidades autónomas las que afronten con sus propios medios lo que es una emergencia de carácter nacional y de alcance imprevisible.

Ni han funcionado los servicios de alerta epidemiológica gubernamentales, previstos en la Ley General de Sanidad, ni la amplitud que la epidemia – desde ayer oficialmente «pandemia»– estaba tomando en el continente asiático durante los meses de diciembre y enero aconsejó a nuestra autoridades sanitarias hacer acopio de medios de protección, especialmente, de máscaras, guantes y trajes, o de apoyo clínico, como respiradores. Hasta ahora, los servicios se han mantenido con las reservas existentes en cada autonomía, pero que ya están al borde del agotamiento, como también lo está, dicho sea de paso, el propio personal sanitario, héroes tranquilos, que se mantienen al pie del cañón desde hace semanas. Que ayer el doctor Fernando Simón, coordinador de emergencias del Ministerio de Sanidad, reconociera que se estaba a la espera de varios buques mercantes, procedentes de China, con esos materiales, es el mejor aval de lo que decimos.

Se podrá argüir que, ahora, visto lo visto, es fácil señalar las deficiencias en la gestión de la crisis sanitaria, pero no es menos cierto que desde distintos ámbitos, y no sólo periodísticos, se venía advirtiendo de la gravedad potencial de una epidemia que la opinión pública asimiló al principio como una gripe más benigna, pese a la realidad de la intensa movilización llevada a cabo por los gobiernos de China, Japón y Corea del Sur. Desafortunadamente la realidad se ha impuesto y ha dejado en evidencia la pasividad gubernamental, cuando no la frivolidad culposa de algunas actitudes que parecen incomprensibles. El mismo Fernando Simón admitía ayer que en las horas previas a la celebración de la marcha del 8 de marzo, que contó con nutrida representación del Gabinete, con su efecto arrastre, el número de contagios en la Comunidad de Madrid parecía acelerarse.

De hecho, ese domingo, según los datos contrastados por LA RAZÓN, había 388 pacientes en planta y 53 en las UCI. Menos de cuarenta y ocho horas después, eran 669 los ingresados en planta y 102 en las UCI. La fase de contención había fracasado. Sin embargo, no es tiempo ni de reproches ni de buscar responsables, actitud tan cara a la izquierda española, pero que en nada ayuda a mantener la necesaria calma entre la ciudadanía. De lo que se trata es de exigir al Gobierno de Pedro Sánchez, que dispone de los suficientes instrumentos legales, como la citada Ley General de Sanidad y la de Protección Civil, que asuma su responsabilidad y tome las riendas de la lucha contra la epidemia, admitiendo como cierta la peor de las hipótesis sobre la evolución de los contagios.

Porque ya no vale ceñirse a las medidas de prevención y contención del virus, que han quedado desbordadas, sino disponerse a afrontar la inevitable sobrecarga de trabajo que va a recaer sobre el sistema sanitario en su conjunto. Hay que preparar los planes de contingencia, utilizando todos los medios de Protección Civil y, en su caso, los que puedan proporcionar las Fuerzas Armadas. En definitiva, adelantarse al virus y no ir a su estela, como hasta ahora.

Hay que prepararse para la pandemia de coronavirus sin miedo y sin medias tintas
ESdiario 12 Marzo 2020

El mundo se enfreta a un desafío sanitario sin precedentes: los Gobiernos deben saben atacarlo sin ambages y con rapidez y la sociedad acatar las medidas para protegerse.

El mundo ya sufre oficialmente una pandemia de coronavirus, según la declaración oficial -tardía pero oportuna- de la Organización Mundial de la Salud, tan tibia en el arranque de la emergencia sanitaria como buena parte de los Gobiernos de los países afectados, incluido el de España.

El término tiene connotaciones terroríficas, pero en realidad comporta un alivio para la ciudadanía, al reconocer la extensión del problema y facilitar la adopción de soluciones globales que necesariamente son mejores para frenar al virus de origen animal y procedencia china.

Desde la investigación de antivirales y vacunas hasta la respuesta médica, laboral, económica y empresarial serán más fáciles desde la sinergia internacional; así como también lo serán la adopción de medidas sintonizadas entre los países de la primera línea vírica, como España, y las instituciones, organismos y Estados circundantes.

Conviene recalcar que, aunque las cifras diarias producen pánico y las medidas de contención ya adoptadas o por adoptar reflejan un escenario de inquietante excepcionalidad; la posibilidad estadística de enfermar -y no digamos de morir- por el coronavirus es muy baja, de apenas un 0.04% en estos momentos, y que sin embargo la de curarse una vez infectado es altísima, unas 500 veces superior.

El ejemplo de Italia
Precisamente por eso, los Gobiernos han de ser firmes y rápidos en la adopción de medidas de choque y la sociedad debe concienciarse para entenderlas, acatarlas y cumplirlas por su propio bien. El tiempo es oro siempre, pero especialmente en periodos de emergencia sanitaria, y España tiene a su disposición la triste experiencia italiana para conocer la evolución de la epidemia y tomar decisiones anticipadas a los hechos.

Algo que Pedro Sánchez no hizo en su momento y que debe corregir con urgencia. No es momento de ajustar cuentas políticas, que quedan pendientes para un escenario más favorable que probablemente llegue dentro de entre uno y tres meses según los especialistas. Lo es de respaldar al responsable y de esperar que actúe con diligencia e inmediatez. Cueste lo que cueste, saldrá barato si ayuda a contener este drama.

Los diez errores de cálculo de Fernando Simón que España ya está pagando caro
Laura Moro ESdiario 12 Marzo 2020

El coronavirus ha roto las previsiones del epidemiólogo que plantó cara al ébola y al zika. En estos 40 días ha errado en varios de sus pronósticos. Su tarea, no obstante, es muy complicada.

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, se atrevió este miércoles con un nuevo vaticinio: "Ahora mismo no se está hablando de bloquear la Comunidad de Madrid".

Simón llevaba dos días sin comparecer, desde que el lunes el Gobierno oficializó el final de la "fase de contención" y reconoció que la expansión del virus se le había ido de las manos en la Comunidad de Madrid y Vitoria.

Apenas 24 horas antes, el domingo por la mañana, el propio experto empeñó su palabra en defensa de la decisión del Ejecutivo de mantener las manifestaciones del 8 de marzo. Fue entonces cuando muchos españoles que hasta entonces habían confiado a pies juntillas en sus pronósticos se dieron cuenta de que no era infalible.

El coronavirus ha sobrepasado incluso al epidemiólogo que se atrevió a plantar batalla al ébola, el zika y la listeriosis. En los 40 días transcurridos desde que compareció para explicar el primer caso diagnosticado en España, el de un turista alemán de turismo en La Gomera, Simón ha hecho una decena de pronósticos equivocados que han quedado como frases lapidarias en la hemeroteca.

Ese día, el 31 de enero, Simón auguró: "Parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir. Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada. Pero España tiene que trabajar en todos los escenarios posibles".

De "algún caso" hemos pasado a los más de 2.000 contabilizados este miércoles, mientras las autoridades ya adelantan que la crisis del coronavirus no remitirá hasta dentro de dos meses, en el mejor de los escenarios, y cuatro o cinco en el peor.

Transcurrieron los días y el 9 de febrero se registró un segundo caso en Mallorca, el de un ciudadano británico que había estado en contacto con una persona infectada en Francia. Simón compareció y anunció: "En estos momentos, el nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado".

Cuatro días después, el 13 de febrero, falleció en Valencia la primera víctima española, aunque no se supo hasta el 5 de marzo. Supuestamente había muerto de una neumonía, pero las pruebas que se le realizaron tras morir confirmaron que tenía el virus Covid-19.

Pasaron los días y el 23 de febrero, tras el fallecimiento de dos personas en Italia y el aislamiento de 50.000 en el norte del país, el responsable del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias quiso mandar un mensaje de calma: "En España ni hay virus ni se está transmitiendo la enfermedad", afirmó. Ocurre que, aunque se supo mucho después, a esas alturas el virus ya circulaba por España sin ser detectado.

El 28 de febrero ya había 41 infectados y lo que es peor: se había notificado el primer contagio local (no importado de los países de riesgo) en Sevilla. Simón siguió en sus trece: "No hay ninguna razón para cambiar de escenario porque el riesgo está perfectamente delimitado, no es un riesgo poblacional". Y añadió: "La contención está funcionando".

Un día después destacó que Sanidad no veía "motivos por el momento para suspender eventos o celebraciones como las Fallas". Sin embargo, la fiesta por antonomasia de Valencia quedó aplazada sine die este martes por la noche.

Los acontecimientos fueron precipitándose al llegar a marzo. El día 2, el epidemiólogo anunció que se había pasado del centenar de casos diagnosticados, pero volvió a insistir en que algunos remedios podían ser peor que la enfermedad, como dice el refrán: "No debería ser un problema grave celebrar eventos multitudinarios. Suspender actos supondría que el virus circula sin control por nuestro país. Es una situación que hay que valorar con cuidado y aplicar si va a tener un efecto real o no. Hay medidas que a veces son más efectistas que efectivas".

Dos días después, hace ahora justo una semana, Italia decidió cerrar sus colegios y universidades. Le preguntaron a Simón si la medida podría acabar implementándose en España y respondió: "Cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría". A estas alturas la Comunidad de Madrid y La Rioja han cerrado los suyos, y tampoco los niños de Vitoria están yendo a clase desde el martes.

Apenas 24 horas después, y ante la demanda de información, el experto volvió a comparecer y negó que los hospitales tuvieran riesgo de colapso: "Si nuestros hospitales son capaces de soportar la presión que todos los años le genera la gripe, si se mantienen los mismos sistemas de contingencia, los hospitales serán capaces de soportarlo", aseguró. Este miércoles, por contra, reconoció que hay hospitales "muy saturados", básicamente en la Comunidad de Madrid.

El pasado domingo, cuando la Comunidad de Madrid ya le había trasladado al Ministerio de Sanidad que el número de contagios se había disparado de forma exponencial, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias siguió manteniendo que el coronavirus estaba baja control y hasta justificando las manifestaciones del 8-M: "Es una convocatoria para nacionales en la que en principio participan nacionales, pero no quiere decir que no haya extranjeros ni tampoco algunos de alguna zona de riesgo, pero no es una afluencia masiva de personas de zonas de riesgo".

Este miércoles, 40 días después, llegó el mazazo: como poco esta emergencia nacional durará "dos meses".

Las consecuencias de la inacción de Sánchez frente al coronavirus: crisis económica y sanitaria
Manuel Llamas Libertad Digital 12 Marzo 2020

Si el contagio del coronavirus no se frena mediante la adopción de medidas drásticas, se agravará la situación sanitaria y económica.

"Es como una gripe", España tiene "uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo" o "no hay que alarmar, no es para tanto" son algunos de los mensajes que todos los españoles han tenido que escuchar a lo largo de las últimas semanas sobre la crisis del coronavirus. Por desgracia, son tres falacias. Este virus no es una gripe, la sanidad española colapsará más temprano que tarde si la infección no se frena en seco y sí, la situación no sólo es preocupante, sino que es muy grave. Hay vidas en juego.

Por el momento, lo que hace dos días la inmensa mayoría del país se tomaba a risa de forma irresponsable, fruto del discurso de "serenidad y calma" que blandían tanto el Gobierno de Sánchez como sus palmeros mediáticos, hoy ya empieza a traducirse en una profunda sensación de miedo, incertidumbre y preocupación en el seno de la sociedad española. Y no es para menos. Lo increíble es que este estado de alarma, del todo punto lógico y razonable, no haya cundido hace un mes, cuando en China morían cientos de personas cada día y el brote, de golpe, saltó a Italia.

Lo más grave, sin embargo, no es la ignorancia social que ha estado presente en estas últimas semanas, ya de por sí sorprendente, sino la lamentable, vergonzosa y suicida actitud del Gobierno, pues, contando con expertos en nómina conocedores de los riesgos, no hizo nada para evitar el caos actual. Es más, contribuyó activamente a propagar la infección, ya que decidió esperar a la celebración de la feministada del 8M para empezar a tomar decisiones (muy insuficientes, por el momento), con el consiguiente aumento del número de víctimas. Esa irresponsable inacción costará vidas, además de una recesión cuya profundidad dependerá de las medidas que se adopten a partir de ahora.

El coronavirus mata, pero su capacidad letal se dispara en función de la inoperancia e incompetencia de los gobiernos para afrontar esta histórica crisis sanitaria, la más importante que ha sufrido España en décadas. A continuación, la cruda realidad...

1. El coronavirus no es como una gripe
Este virus es, posiblemente, uno de los más peligrosos que ha enfrentado la humanidad en los últimos 50 años. Y su riesgo no radica tanto en su tasa de mortalidad, del 3,4%, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), muy superior a la de la gripe común (0,1%), sino en su elevada capacidad de contagio (R0), de hasta el 2,5 (cada persona infecta, de media, a 2,5). Al tratarse de un virus nuevo y la población carecer de inmunidad, a diferencia de la gripe, todo el mundo es susceptible de ser infectado y, a su vez, contagiar a otros, disparando con ello la propagación del problema.

Hoy, la cuestión no es sanitaria ni científica, sino matemática. A fecha 11 de marzo, ya se registraban 120.000 casos a nivel mundial y 4.300 muertos, pero si la cifra sube a 1 millón, el número de fallecidos se situará en 34.000, si escala a 10 millones, será de 340.000 y si se alcanzan los 100 millones, hablaríamos de 3,4 millones de muertos… Y así, progresivamente. La epidemia crece de forma exponencial si no se hace nada.

2. El gran riesgo es el colapso sanitario
No hay sistema sanitario que aguante tal ritmo de propagación. Da igual el país o la capacidad del sistema. Si el contagio no se frena, el sistema colapsará y eso significa que el número de muertos será muy superior. La experiencia china arroja los siguientes datos: el 80% de los infectados se recupera sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, pero el 20% restante requiere atención hospitalaria, ya que acaban desarrollando una neumonía más o menos grave, y un 10% cuidados intensivos. El 14% de los casos son severos y el 5% críticos, de los cuales la mitad acaba muriendo.

Hagan cuentas. Con 1.000 infectados, se necesitarán 200 camas en España; con 10.000, cerca de 2.000, con 100.000 unas 20.000... Y así, sucesivamente. Y todo ello en un periodo de tiempo muy corto, teniendo en cuenta, además, que el personal sanitario también enferma. El gran riesgo a día de hoy no es, por tanto, la enfermedad, ya de por sí grave, sino el colapso del sistema sanitario.

Con una atención adecuada, la probabilidad de recuperación en los casos graves es muy alta, pero sin ella el riesgo de mortandad se dispara. Ésa es la gran diferencia. De ahí que sea tan importante y perentorio frenar como sea el contagio. El siguiente gráfico lo resume todo. Si no se adoptan medidas drásticas al principio del brote, el riesgo es que la enfermedad se convierta en epidemia, crezca de forma exponencial el número de infectados y no haya capacidad sanitaria suficiente para atenderlos a todos. Una vez más, es pura estadística.

Basta observar lo que sucedió durante la trágica gripe española de 1918. La ciudad de St.Louis, en EEUU, decidió cancelar todos los eventos públicos tras el brote, mientras que Philadelphia hizo lo contrario, causando muchas más defunciones.

Los estudios realizados al respecto no dejan lugar a dudas. La inacción de las autoridades ante este tipo de crisis, como la de 1918, se traduce en muchos más fallecidos. Las ciudades que registraron una menor mortalidad fueron las que adoptaron medidas drásticas desde el principio, combinando cuarentenas con prohibición de concentraciones, aislamiento y cierre de colegios y todo tipo de centros.

Y ahora, piensen… ¿Qué ha hecho el Gobierno de Sánchez durante estas últimas semanas, a pesar de que la enfermedad se estaba extendiendo con rapidez tanto en Italia como en España? ¡Nada! Peor aún. El Gobierno alentó a la gente a salir a la calle y a no tomar precauciones adicionales o extraordinarias, al tiempo que llamaba a la calma y a la tranquilidad. El grado de incompetencia e irresponsabilidad del PSOE y sus socios comunistas ha batido un nuevo récord.

3. Cómo pararlo: el miedo es lógico y necesario
La única forma de paliar el desastre es adoptando medidas drásticas. Cada día que pasa sin activarse un plan de cuarentenas, aislamiento personal y una clara labor de concienciación a la población para que extreme las medidas de higiene y distancia social, el número de contagios seguirá aumentando.

La prioridad a corto plazo, hasta el surgimiento de un tratamiento eficaz o una vacuna que tardarán meses en llegar, es evitar a toda costa el colapso del sistema sanitario. Y eso sólo se consigue frenando en seco el contagio. No hay más. Eso y no otra cosa es lo que han hecho países como China, Singapur o Corea del Sur para reducir el número de afectados. Y, ahora, comparen con la evolución que está registrando Italia, cuyo Gobierno apenas hizo nada durante semanas.

La situación de Lombardía, en el norte de Italia, es, actualmente, peor incluso que la de la provincia china de Wuhan, donde prendió la mecha.

4. Alto riesgo de recesión
Las cuarentenas y el aislamiento, evidentemente, se traducirán en un parón muy importante de la actividad económica. Pero ésta se verá afectada sí o sí por la crisis del coronavirus. Cuanto más retrase la solución al problema, más grave y duradera será la crisis económica asociada al mismo.

El caso de China vuelve a ser paradigmático. Su PIB sufrirá una fuerte contracción en el primer trimestre del año, ya que, básicamente, se paralizó la actividad industrial en buena parte del país. Sin embargo, su economía, poco a poco, ya se está recuperando, adoptando así una forma de V. Si España sigue sin hacer lo que tiene que hacer, al aumento de las víctimas se sumará una profunda recesión económica, en medio de una situación muy delicada y frágil a nivel de solvencia soberana. En definitiva, la tormenta perfecta: grave crisis sanitaria y recesión.

Celaá, Ortega Smith y el coronavirus
Pablo Planas Libertad Digital 12 Marzo 2020

Han pasado ya más de tres días de la manifestación feminista y la ministra Isabel Celaá todavía no ha dimitido. La titular de Educación y Formación Profesional acudió a la convocatoria ataviada como habían quedado los socialistas en el Consejo de Ministros, de rojo con detalles violetas. Hasta ahí todo normal, si es que se puede considerar normal que los ministros se disfracen como para participar en una flashmob sobre el periodo. Lo más llamativo del asunto eran los guantes de látex morados con los que se protegía las manos la autora de la frase "Los niños no son de los padres". Debía manejar información reservada y mucho miedo, no tanto como para embozarse tras una mascarilla, pero el suficiente como para adoptar ciertas medidas de profilaxis ante el coronavirus.

De hecho, no ha dimitido nadie, ni siquiera el portavoz Simón, a pesar de que el Gobierno ha quedado retratado no sólo por su mayúscula incompetencia y apabullante irresponsabilidad, sino por su galopante peligrosidad social, puesto que prefirieron arriesgar la salud de cientos de miles de mujeres antes que cancelar la manifestación del Día de la Mujer. ¿Exageración? Mucha menos que atribuir el avance del coronavirus a los recortes de los años de la crisis o a la gestión hospitalaria de Esperanza Aguirre, excesos a los que se ha dado la izquierda para tapar el desastre de gestión del Gobierno y repartir responsabilidades entre quienes no tienen ninguna.

Es tanta la indulgencia de la que disfruta el Ejecutivo en los medios de comunicación que al presidente del desastre, Pedro Sánchez, le basta con decir chorradas del tipo "Haremos lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta" para quedar como un portento de la comunicación en situaciones de crisis. Sin embargo, resulta imposible ocultar las gigantescas dosis de inepcia e improvisación con las que se ha afrontado una emergencia sanitaria mucho más grave que la del ébola. En aquella época y por aquellas circunstancias, Sánchez se entregaba a la demagogia alarmista y pedía la cabeza de la mitad del Gobierno de Rajoy, incapaz de contener, según él, un virus que iba a diezmar España.

Las tornas han cambiado. Se nota porque si gobernara el PP la culpa sería del Gobierno, pero ahora que gobiernan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias la culpa es del aire, de la edad, de las patologías previas y de Javier Ortega Smith, de quien la izquierdita wyominguera hace unos chistes que si fueran sobre Irene Montero ya habría intervenido la Fiscalía.

Por la unidad nacional contra la pandemia
Editorial El Mundo 12 Marzo 2020

Ha dejado de tener sentido informar de la política, de la economía, de la sociedad española en general al margen del coronavirus. Lo mismo ocurre en otros países: no por nada la OMS ayer reconoció a esta emergencia global la categoría oficial de pandemia. Ante la envergadura del desafío, las categorías tradicionales para enjuiciar la actualidad ceden -y han de ceder- a la necesidad de aunar fuerzas para combatir la peor amenaza para la salud y la prosperidad de los españoles en mucho tiempo. A este propósito deben consagrarse las autoridades políticas tanto como la sociedad civil y el tejido empresarial. Y lo cierto es que, por desgracia, el colosal test de estrés que va a suponer la propagación de esta enfermedad no nos encuentra en las mejores condiciones.

España, empezando por su capital, hoy se halla sumida en plena fase de expansión pandémica. Vienen, como dijo Sánchez, "semanas difíciles", y sabemos ya que su lentitud de reflejos y la histórica irresponsabilidad de alentar las manifestaciones masivas del 8-M -sumada a la irritante persistencia en el error cuando el mismo lunes el Ministerio de Sanidad todavía trataba de oponerse a la decisión de la Comunidad de Madrid de cerrar los colegios- va a hacer más difíciles las próximas semanas de lo que podrían ser. Habrá tiempo de pasar facturas políticas a este Gobierno disfuncional, que no nació de una correlación de fuerzas sino de debilidades y que sobrevive hipotecado por las exigencias de sus coaligados populistas y de sus socios independentistas, razón de que no sea capaz no ya de aprobar unos Presupuestos, sino ni siquiera de redactar un anteproyecto de ley feminista consensuado. Pero la pandemia está aquí y este Gobierno deberá aparcar su obsesión con la propaganda para probarse en la gestión real de una emergencia de primer nivel.

Dicen que toda crisis encierra su oportunidad. Y la crisis del coronavirus podría -debería- obrar el milagro de la superación de la polarización en aras del bien común. Es obvio que el programa económico consensuado por PSOE y Podemos, si ya pecaba de falta de realismo y de demagogia clientelar, ha saltado por los aires. El FMI avisa de que la pandemia golpeará los sectores estratégicos de la economía española como el turismo y la hostelería. Las circunstancias extraordinarias obligan a gastar en medidas que realmente contribuyan a paliar los efectos de la parálisis causada por el virus, y que se beneficien de los fondos europeos anunciados a tal efecto y de una eventual flexibilización del objetivo de déficit; pero al mismo tiempo será inevitable ahorrar en todo aquello que resulte superfluo, incluyendo las partidas programadas por Sánchez para satisfacer la voracidad extorsionadora del nacionalismo. PSOE y PP tienen la mejor ocasión de su historia reciente para sentarse en una mesa de negociación presupuestaria -esta sí, legítima- y acordar juntos un plan de choque y unas cuentas de Estado presididas por el interés general y la sensatez fiscal en tiempos de recesión. Haría falta un grado de sectarismo profundamente desmoralizador para no hacerlo en esta situación.

Parece razonable que las elecciones vascas y gallegas sean suspendidas, pese a la falta de precedentes y el vacío jurídico al respecto. Ni es concebible una campaña sin mítines o reuniones públicas ni es realizable el acto mismo de votar en un colegio sin exponer a los propios votantes. Por lo demás, esta y otras medidas drásticas de aislamiento que están por llegar deben aceptarse con civismo y responsabilidad individual. España se juega mucho en el envite. Los españoles han conocido en las últimas décadas un ensanchamiento sin precedentes de sus derechos; ha llegado la hora de recordar también sus deberes. Los que todo ciudadano contrae con la comunidad a la que pertenece y de la que depende.

Para seguir empeorando
Nota del Editor 12 Marzo 2020

Hay que haber llegado al límite de la desesperación para proponer confiar en el PSOE y en el PP. Ambos grupos tienen que desaparecer, ya han causado daños que parecen irreparables,

Lo que haga falta, menos responsabilidad

Jorge Vilches. vozpopuli  12 Marzo 2020

AlbertoGarzón, el ministro prescindible, aseguró el 12 de febrero, cuando se suspendió el Mobile de Barcelona, que no había “ningún peligro de salud pública” en España. Dos semanas después, el 25 de febrero, salió Echenique, el “científico” metido a portavoz podemita, diciendo que “el coronavirus está absolutamente controlado en España”. Dos días antes de la manifestación del 8-M, Factorías Redondo publicaba un vídeo al estilo del NO-DO, con ministros sonrientes y música relajante, para transmitir que no pasaba nada.

Este martes, el presidente del Gobierno, tras treinta días escondido, salió en rueda de prensa para admitir que estamos en “emergencia sanitaria”. Sánchez, siempre campanudo, no tuvo ningún reparo en decir una y otra vez: “Haremos lo que haga falta”. Entre las dos fechas, la del comunista del pin y el 10 de marzo, se ha perdido mucho tiempo. No se atendieron las recomendaciones de los científicos ni el ejemplo de Italia.

¿Por qué no se tomaron medidas de contingencia? La respuesta es bien triste. Los sanchistas alegaban que cerrar centros públicos y restringir el movimiento y la concentración de personas era “impopular”. Es más; pensaban que sería Madrid donde más casos habría, por pura lógica de trasiego humano, y que podrían eludir la responsabilidad señalando a los “recortes” en la sanidad madrileña. Debieron ver una oportunidad para resucitar las “mareas blancas”, incluso para cerrar la región y obstaculizar su despegue económico. Por supuesto, sus terminales mediáticas se pusieron en funcionamiento para culpar al Gobierno de Madrid.

El sanchismo sumó como argumento para no tomar medidas la inconveniencia de perder el escaparate del 8-M, habida cuenta del combate por el feminismo “auténtico” dentro del Gobierno. Hubo alguna organización feminista, como cuenta Luca Costantini, que puso sobre la mesa suspender la manifestación pero pidió al Gobierno que tomara la iniciativa. Las feministas de Podemos se negaron a anular la marcha, mientras que las socialistas dudaron. ¿A ver quién era el valiente que le decía a Irene Montero que se suspendía su actuación teatral? Eso sí; algunas ex ministras y ministras socialistas se presentaron el 8-M con guantes de látex. Populacheras, pero no tontas.

Se sabía que hasta que no pasara la función del 8-M el Gobierno no iba a tomar ninguna resolución. Sin embargo, los datos de los profesionales de la salud y la proyección de afectados aconsejaban intervenir para atajar el contagio. No era una cuestión de alarmismo; todo lo contrario. Tampoco era el momento de combates políticos, de fotos, ni de ajedrez redondista, sino de sentido de servicio público.

Ya habrá tiempo de exigir responsabilidades políticas, de pedir dimisiones y ceses, de reclamar ostracismos a personas que han tomado las riendas públicas sin asumir el sentido del cargo. Ahora es el tiempo de la responsabilidad moral, de esa que impulsa a la “salvación del alma”, que diría Maquiavelo; es decir, a confesar: “Me equivoqué. Pido perdón. Me voy”.

Oportunismo político
Retrasar o impedir la toma de decisiones de salud pública por oportunismo político es simplemente repugnante. Nos hemos acostumbrado a que la petición de ética en la acción política, o a que Sánchez diga la verdad, sea un ejercicio de ingenuidad. Nos han tomado por tontos y han acertado, pero no siempre va a ser así. Como diría Rubalcaba, merecemos un Gobierno que no nos mienta.

Conviene recordar que “responsabilidad” remite etimológicamente a “responder”, a rendir cuentas de acciones u omisiones ante alguien y, también, ante nosotros mismos. La responsabilidad política ha de resolverse en las instituciones, incluida la justicia, y en su tiempo en las urnas. La moral es otra cosa, sobre todo si los señalados han presumido de superioridad durante décadas, y se han atribuido la auténtica defensa del pueblo desde valores universales, supuestamente superiores a los de la derecha.

Sin embargo, no habrá rendición de responsabilidad moral. No pasará nada. Los dirigentes de la izquierda duermen siempre con la conciencia tranquila. El más claro ejemplo lo dio Sánchez: calificó de pesadilla gobernar con Iglesias, y al poco tiempo se abrazaba al de Podemos para formar un Ejecutivo. Por supuesto, el presidente hará “lo que haga falta” menos asumir su responsabilidad.

La ‘solidaridad’ de Iglesias
OKDIARIO 12 Marzo 2020

Un dato que no ha pasado inadvertido es el hecho de que Pablo Iglesias, vicepresidente «social» del Gobierno, se ha quitado del medio en la crisis del coronavirus. Ni una sola declaración en torno a la pandemia que en España se ha traducido en una situación sin precedentes. Pese a la crudeza de las cifras -más de 2.000 contagiados y 50 muertos-, el secretario general de Podemos ha hecho mutis por el foro y pasado a un intencionado segundo plano. Lo que busca, resulta obvio, es que la crisis sanitaria no le pase factura política y los reproches, que son cada vez mayores, caigan directamente sobre el PSOE y Pedro Sánchez. Por decirlo muy claro, Iglesias ha olido que la situación puede volverse endiablada para el Ejecutivo y busca aminorar los daños.

En las redes sociales, ámbito favorito del líder de ultraizquierda, sus apariciones en relación con el coronavirus se cuentan con los dedos de la mano. Ha preferido centrarse en los desahucios y vender la ampliación de la moratoria al impago de alquileres en casos de riesgo de exclusión, asunto que, sin duda, le es políticamente mucho más rentable. Además de volcarse también en el Día de la Mujer, Iglesias ha tratado otros asuntos como las primarias en Estados Unidos o el 46 aniversario de la ejecución de Salvador Puig.

Estamos ante un exhibición de ausencia de arrojo y solidaridad por parte de quien, en virtud de su cargo de vicepresidente segundo del Gobierno y responsable de los asuntos de carácter más social, demuestra una falta de compromiso que le retrata como un rentista de la política. En momentos como este, cuando la sociedad asiste en «shock» a la evolución de la enfermedad, Pablo Iglesias se quita literalmente del medio para que la crisis sanitaria no afecte a sus expectativas electorales. Eso es, sencillamente, colocar su interés personal por encima del interés social. Un caso de cobardía política de libro.

Los valores de España están en riesgo
Mariano Gomá ABC 12 Marzo 2020

Parece que no nos damos cuenta de la tela de araña que se está construyendo a nuestro alrededor y quizás el día que reparemos en ello estemos ya inmovilizados y dispuestos a ser cruelmente engullidos. En mi condición de demócrata convencido he debido aceptar para mi disgusto la formación de un gobierno de un irreconocible o distinto Partido Socialista coaligado con fuerzas populistas y neocomunistas bolivarianas que, además, para obtener una exigua mayoría, ha claudicado entregándose a grupos independentistas antisistema y filoterroristas con la única condición para unos de ostentar el poder y para otros la destrucción y desmantelamiento de España. Todo ello sin aludir a un diputado de Teruel que con su voto debe soñar que le rellenen el saco de oro para su maravillosa tierra sin reparar que desde el Falcon no se puede regar el territorio con monedas de escudo imperial.

En Foro España, donde defendemos los valores básicos universales, hemos recibido solicitudes y sugerencias de convocar a la ciudadanía a manifestarse por diversos motivos de gravedad que ya están presentando sus credenciales en el Gobierno de la nación, y siempre hemos respondido defendiendo una actitud de prudencia, pues de nada sirven acciones reivindicativas populares de corto alcance y escasa coordinación.

También en actitud expectante vamos haciendo una lista de aquellos hechos, decisiones o acciones de gobierno que poco a poco van acercándonos a un peligro inminente de la integridad del país, del respeto a nuestras instituciones básicas y a nuestras leyes y Estado de Derecho. Estamos permitiendo nombramientos, declaraciones y mesas de un supuesto diálogo humillantes, hasta la desesperación, para encender la mecha y que España explosione y se rompa en pedazos; y ahora, como una nueva vuelta de tuerca del garrote vil, han iniciado el proceso de destrucción de uno de nuestros valores más sagrados, como es el Patrimonio Nacional, que representa el cimiento de nuestra cultura y nuestra historia secular. El proceso de destitución y toma de posesión al frente del Patrimonio Nacional ha sido tan despreciable como para poder afirmar, como anécdota, que cuando antes de salir en el BOE el nombramiento y cuando el titular saliente llegó a su despacho para ejercitar el protocolo de entrega, se lo encontró ya ocupado por la nueva titular, desposeído ya de su coche, secretarias y personal de confianza. La prisa por la toma de la plaza merece una pública repulsa, pero esas son las formas que parece que el nuevo Gobierno aplica.

Y en clave de anécdotas, el representante de las Reales Academias en el Patronato del Patrimonio Nacional parece que recibió una simple llamada de no se sabe quién para comunicarle su cese por cambios en la estructura. En fin. Sin palabras.

Pues sí, dejemos a España huérfana de nuestro Patrimonio Nacional y ya no quedará ni nación, ni país, ni referencias ni, por supuesto, Corona. No quedará nada. Así de simple.

La ética y los valores esenciales del individuo nos proporcionan la llave de la convivencia en una sociedad ya de por sí convulsa y desubicada por una veloz evolución aparejada a una no menor destrucción de nuestro propio hábitat, pero si perdemos los valores de nuestra tierra, de nuestra cultura o de nuestra historia, se hundirá el suelo que pisamos y nos mantiene erguidos, perderemos el refugio de los hogares que habitamos y con ellos el alma; y lo que es peor, no nos quedará nada en lo que creer.

Hace ya tiempo que entendí lo que era clamar en el desierto, pero hoy, desde esta tribuna, quisiera hacer un llamamiento a asociaciones, fundaciones, grupos y colectivos sociales, así como a la ciudadanía en general, para que como españoles enarbolemos la defensa de aquello que es de todos, que es nuestra cultura, que es nuestra historia, como es el Patrimonio Nacional. Nuestros antepasados y todos aquellos que nos han legado con su esfuerzo y con su sangre tamaña riqueza no merecen un desprecio semejante, pues ellos, desde la historia, removerán los cimientos de nuestra estabilidad y todo se desmoronará.

No podemos permitir que nada ni nadie viole o violente aquello que es nuestro, que es de todos y simplemente lo tenemos en depósito. Debemos advertir que quien intente despojar a los españoles de su cultura, su historia y sus emociones se va a encontrar con el muro de la ciudadanía, que va a manifestar su contundente repulsa y condena. Ya sabemos cómo hacerlo y pongo mi nombre el primero de la lista. ¿Alguien más se apunta?
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Mariano Gomá es presidente de Foro España de los Valores

******************* Sección "bilingüe" ***********************
La caja de Pandora
Álvaro Delgado-Gal ABC 12 Marzo 2020

No, seguramente no lo han olvidado aún. A mediados de febrero, en una intervención en el Parlament, la alcaldesa de Vich recomendó a sus afines que no empleasen el castellano si por ventura se tropezaban con un tipo que «no parece catalán». ¿Cómo da muestras de ser catalán o no catalán el que todavía no ha tenido ocasión de pronunciar una sola palabra? Misterio. Dejémoslo estar, y centrémonos en consideraciones más al alcance de quienes no poseemos el instinto racial. El lance de la alcaldesa despertó en mí una sensación familiar, lo que se conoce como un «déjà-vu». De pronto, se hizo la luz. En La patria de los vascos, Javier Corcuera recoge unas líneas escritas hace 125 años por

Sabino Arana en «Bizkaitarra», un periódico de la época. Les reproduzco el pasaje entero: «Si algún español te pidiera limosna, levanta los hombros y contéstale: Nik eztakit erderaz (no entiendo el español). Si algún español recién llegado a Bizkaya te pregunta dónde está tal pueblo o tal calle, contéstale Nik eztakit erderaz. Si algún español que estuviera, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: Nik eztakit erderaz».

La alcaldesa, diputada autonómica de JpC y antigua convergente, había reincidido, sin saberlo, en un lugar común del tardocarlismo. Y hablo de tardocarlismo, y no de carlismo, porque el primero difiere del segundo en dos extremos cruciales. Uno, la contracción del viejo proyecto nacional a otro de dimensiones menores: mientras que los carlistas clásicos querían imponer su causa en toda España, sus herederos vascos y catalanes formularon su disidencia en un marco regional. Siendo más precisos, convirtieron a la región en nación. Dos, el descubrimiento del racismo, un acontecimiento europeo relativamente moderno. La exaltación de lo propio, que durante los siglos viejos se había expresado en términos religiosos y luego culturales, daría lugar, desde mediados del XIX, a una identificación incipiente de la cultura con la raza, una raza, de suyo va, inventada. Sabios e ideólogos, o quizá ideólogos travestidos de sabios, añadieron, a la invocación de un idioma o un folclore, la medición de cráneos y ángulos faciales. Todo junto, todo revuelto. En el caso vasco contó, más aún que la cultura, la tradición, igualmente inventada y con fuertes apoyos en el bajo clero. El caso es que se personó en el escenario un nuevo tipo de español, a saber, el español/antiespañol: localista, periférico y con pujos racistas. Desafía a la imaginación que estas complicaciones hayan logrado perseverar hasta hoy. Por desgracia, lo han hecho, como confirma un estudio inapreciable y recientísimo.

«Pathways and Legacies of the Secessionist Push in Catalonia» (octubre, 2019) está firmado por un catedrático de Estadística de la Universidad de Barcelona, otro de la Pompeu Fabra y un catedrático de Psiquiatría de la Autónoma de Barcelona. Los autores miden la evolución del sentimiento independentista en Cataluña desde 2006 hasta ahora. Primero, los números escuetos. En el 2006, los partidarios de la secesión se situaban alrededor del 20%. En el 2010 se produce un ascenso significativo del independentismo, que no cesa de crecer hasta que, en el 2012, da un respingo fenomenal. La adhesión máxima, cerca del 45%, se registra en 2014, fecha a partir de la cual se estabiliza, con una leve tendencia a la baja. ¿Datos a tener en cuenta? En esencia, dos. El despegue del independentismo antecede al recorte del Estatut por el TC. En segundo lugar, el estallido propiamente dicho se produce cuando Artur Mas aborda las elecciones con una agenda soberanista, sale trasquilado, y tiene que gobernar contando con los votos de ERC, más genuinamente secesionista que Convergencia. El viraje oportunista de Mas, junto a los mecanismos de agitación accionados desde la cúpula institucional, imparables ya, tuvieron un efecto explosivo. Artur Mas había abierto, literalmente, la caja de Pandora. Se corrobora, ¡ay!, un hecho frecuente en la vida pública: la oferta genera demanda. Estados de opinión difusos y todavía en estado latente adquieren una virulencia imprevista apenas alguien estratégicamente situado toca la tecla oportuna (o inoportuna). Pensemos en los populismos, lo mismo da si de izquierdas que de derechas: cabría decir que el populismo constituye una amenaza crónica, contenida por el sentido de responsabilidad de los partidos. Por eso es fundamental, a fin de que una democracia funcione, que lo hagan sus elites políticas. Las nuestras no andan, qué les voy a contar, muy finas. Los autores no conceden demasiada importancia al agravio económico (balanzas fiscales, etc.), aunque sí apuntan al papel desempeñado por TV3. Todavía, sin embargo, no hemos llegado a lo principal.

Lo principal es que la voluntad secesionista aparece fuertemente correlacionada con el nivel de renta y la lengua. Los independentistas se sitúan, con claridad, entre los mejor dotados económicamente. Eso, por un lado. Por el otro, tanto más probable resultará que un encuestado sustente la independencia, cuanto más catalán se hable en su casa (o mayor el número de ascendientes nacidos en Cataluña). Las dos variables se solapan, ya que los catalanoparlantes son más ricos que los castellanoparlantes. Pero los autores mantienen que el factor étnico/lingüístico es el causalmente determinante. Una persona tomada al azar tenderá a sentirse incompatible con España si en su casa se habla catalán y sus abuelos han nacido en Cataluña. Los mapas electorales apoyan esta conjetura: la Hinterland independentista aparece superpuesta a los viejos territorios carlistas, esto es, los menos afectados por la inmigración. Reparemos, por retomar el hilo, en la alcaldesa de Vich. Vich fue uno de los bastiones del carlismo durante las asonadas del XIX, como bien consta a los lectores de Galdós.

Podría decirse: de aquellos polvos vienen estos lodos. Y también: el lodo, al derramarse sobre una máquina, estropea y desvencija sus engranajes, por moderna que sea la máquina y elemental y primigenio el lodo. La Constitución del 78, desnaturalizada tras decenios de aplicación negligente o caediza, está empezando a echar humo. Y con Sánchez, no solo humo sino humazo, o, mejor, rayos y centellas. Entre tanto los partidos siguen a lo suyo, lo cual no coincide, por fuerza, con lo nuestro.
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Álvaro Delgado-Gal es escritor

La AVT carga contra el Gobierno de Sánchez por pactar con Bildu en el homenaje del 11-M
"Vivimos tiempos en los que cuando alzamos la voz para reclamar verdad para los atentados sin esclarecer, se nos tacha de vengativas y fachas".
Agencias Libertad Digital 12 Marzo 2020

"Vivimos tiempos en los que cuando alzamos la voz para reclamar verdad para los atentados sin esclarecer, se nos tacha de vengativas y fachas".
Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida en el homenaje en la Puerta del Sol.. | Twitter

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha cargado este miércoles en el homenaje por el 11M contra el Gobierno central por servirse de los que "históricamente han actuado como frente institucional de ETA" y tratarlos como "un agente político más".

Así lo ha expuesto la presidenta de la asociación, Maite Araluce, en un atril colocado en el Bosque del Recuerdo del Retiro frente a una multitud de representantes políticos entre los que se han encontrado la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto; el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco; el presidente del PP y la portavoz del partido en el Congreso, Pablo Casado y Cayetana Álvarez de Toledo; el alcalde y la vicealcaldesa de Madrid, José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís; yo el consejero de Justicia, Interior y Víctimas de la Comunidad de Madrid, Enrique López.

"Vivimos tiempos en los que nos encontramos con documentales, unidades didácticas y publicaciones que nos venden a los terroristas como luchadores por la libertad y héroes mientras que siguen sin conocerse el número exacto y el nombre de sus víctimas", ha proseguido Araluce , quien ha recordado a los 191 muertos y 1.761 heridos en Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y la calle Téllez.

Asimismo, ha remarcado que, a pesar de que para algunos las víctimas siguen "siendo molestas, incómodas y algo del pasado", la AVT sigue teniendo "muchos motivos para seguir alzando la voz". "Vivimos tiempos en los que cuando alzamos la voz para reclamar la justicia y verdad para los atentados sin esclarecer completamente o el cumplimiento íntegro de las condenas, se nos tacha de vengativas y 'fachas'", ha censurado.

Araluce ha reclamado que se les dote a las víctimas del 11-M de instrumentos legales y la voluntad política necesaria para evitar homenajes como "héroes", ha solicitado que se "expulse del juego democrático" a partidos político "en absoluto morales" -una petición para la que están recopilando indicios para su ilegalización-.

"Necesitamos una legislación específica y un sistema de ayudas, tanto a nivel nacional como europeo, que reconozca las especificidades de las víctimas del terrorismo y ofrezca una asistencia específica, especializada y continuada y unificada a las víctimas del terrorismo con independencia del lugar en el que hayan sufrido el atentado terrorista", ha lanzado.

Posteriormente ha tomado la palabra la presidenta de honor de la asociación, Ágeles Pedraza, quien ha censurado que "los que justifican que el terrorismo en alguna ocasión estuvo bien, no solo están en las instituciones" y dicen que "quitan y ponen gobiernos". "Tiempos en los que recordar a las víctimas del terrorismo en el Congreso de los Diputados es criticado y atacado mientras que aplaudir y darse un apretón en manos con los que no condenan el terrorismo es progresista y una contribución a la convivencia", ha criticado.

En esta línea ha reclamado un "relato con vencedores y vencidos en los que los vencidos sean los terroristas", que cumplan sus condenas íntegras, que los únicos homenajes y reconocimientos sean a las víctimas y "nunca" a los terroristas.

"Nos estamos jugando que estando a punto de ganar lo que triunfe sea un relato manipulado de la historia en el que se blanquee el pasado criminal de los terroristas. Y que estando a punto de ganar finalmente se imponga un proyecto político por el que tanto sufrimiento y dolor hemos padecido en España, aunque a muchos parece que ya se les haya olvidado", ha concluido. Tras sus palabras se han soltado globos blancos en recuerdo de las víctimas y se ha hecho una ofrenda floral.

Independentismo en Cataluña
La Generalitat organiza un concurso literario escolar en el que prohíbe el castellano
Dolors Bassa acusa de machista al independentismo en su libro: "Forcadell y yo recibimos menos atención"
Gonzaga Durán okdiario 12 Marzo 2020

La Generalitat de Cataluña, que preside Quim Torra, ha convocado un concurso literario para niños de Educación Primaria y Secundaria en el que prohíbe que el trabajo pueda presentarse en castellano. Se trata de los Jocs Florals Escolars de Catalunya (Juegos Florales Escolares de Cataluña), que en sus bases señala: «Los trabajos deben ser escritos en lengua catalana o en aranés».

Los requisitos del certamen están colgados en la página oficial de la Generalitat de Cataluña y cuentan con el sello del Departamento de Educación del Govern, que se encuentra en manos de Josep Bargalló (ERC).

De esta forma, el Govern de Torra discrimina al español, el segundo idioma con más hablantes nativos en el mundo (400 millones de hablantes), para dar preferencia al catalán o al aranés, una lengua que sólo se usa en el Valle de Arán (Lérida).

Esta discriminación ha sido denunciada en las redes sociales por Asamblea por una Escuela Bilingüe en Cataluña (AEB), una asociación que nació en 2014 y cuyo objetivo es conseguir que los escolares de los centros públicos y concertados puedan estudiar también en castellano en la región.

«El Departamento de Educación de la Generalitat convoca un concurso literario para alumnos de primaria y secundaria y en sus bases prohíbe que el trabajo presentado sea en castellano. La lengua de más de la mitad de los alumnos catalanes excluida de un premio por el Gobierno de la Generalitat», ha advertido AEB en su perfil de Twitter.

Desde la Generalitat de Torra se afirma que la convocatoria de este concurso se debe al «objetivo de potenciar y estimular la expresión y producción escrita de los chicos y las chicas y fomentar una tradición cultural propia y arraigada en el país«. Para conocer el ganador, se dispone de un jurado cuyo fallo se conocerá el próximo «sábado 13 de junio, a las 12 horas».

Español y Castellano
Nota del Editor 12 Marzo 2020

Como muchos libros de texto están en manos de editoriales afincadas en Cataluña, se les nota una absoluta falta de calidad, tanto en cuestión de lengua como de conceptos. Es lo que ocurre cuando se progresa en el cumplimiento de la ley de Peter los enchufados siempre alcanzan el máximo nivel de incompetencia.

En tiempos constitucionales yo era republicano, ahora ya no puedo serlo, pero de todos modos eso de tener un idioma que recuerda los castillos cuando en todo el mundo hay muchísimos más hablantes de español, el denominar castellano al español que se habla en España no deja de ser una majadería.

El Ayuntamiento de Vilanova se mofa de los castellanohablantes
Nuevo ejemplo de menosprecio de las administraciones nacionalistas catalanas contra quienes utilizan el español
 cronicaglobal 12 Marzo 2020

El Ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) se ha marcado un tanto. El de la ridiculez y la mala educación, claro. Después de que se haya detectado un caso de infección por coronavirus en el municipio, el consistorio ha emitido un comunicado en el que daba consejos a los ciudadanos para combatir la enfermedad. Un texto que, como es habitual en Cataluña --pese a que la mayoría tiene el español como lengua materna y habitual--, solo ha difundido en las redes sociales en lengua catalana.

Un ciudadano ha interpelado al ayuntamiento: "¿Y para los que no hablan catalán?". Lo que generado una respuesta insólita por parte del consistorio --gobernado por ERC, CUP y JxCat--: "Para los que no hablan catalán es exactamente igual".

Como era de esperar, las mofas y la falta de respeto de la administración municipal han causado fuertes críticas en las redes sociales, y el ayuntamiento ha acabado retirando el comentario.


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