AGLI Recortes de Prensa   Viernes 13  Marzo  2020

Un Gobierno incapaz y negligente
OKDIARIO  13 Marzo 2020

Lo que no se puede es tardar más de un mes en tomar medidas económicas para hacer frente a los efectos demoledores del coronavirus y cuando se toman hacerlo tímidamente. Las medidas adoptadas por el Gobierno son absolutamente insuficientes y dejan desamparadas a miles de pequeñas y medianas empresas. Que puedan aplazar el pago de cotizaciones sociales no resuelve su problema de fondo, que no es otro que la caída en picado de la facturación. ¿Acaso piensa Sánchez que los miles de comercios que han visto mermadas sus ventas, y pueden verlas aún más en las próximas semanas, van a encontrar alivio suficiente en el hecho de poder demorar el pago de impuestos? Su problema es de facturación, de falta de ingresos.

El Gobierno socialcomunista se está viendo superado por la crisis del coronavirus, la sanitaria y la económica, porque se ha perdido un tiempo precioso y lo que ha anunciado Pedro Sánchez no es un plan anticrisis, sino un parche que ha terminado por dar la puntilla a los mercados -la Bolsa de Madrid sufrió ayer la mayor caída de su historia-, después de que el BCE presentara también un programa contra el coronavirus que se centra en la inyección de liquidez, pero deja intactos los tipos de interés. Ni el Gobierno español ni el Banco Central Europeo han estado a la altura de lo que demanda una situación de emergencia excepcional.

Pedro Sánchez y su Gobierno están actuando con una impericia supina, rayana en la negligencia, porque ha tardado un mes en reconocer la crisis sanitaria y no ha adoptado medida alguna de tipo económico hasta que la situación se ha vuelto crítica. Imprevisión a raudales es lo que caracteriza la actuación de un Ejecutivo que, más allá de la proclama y la propaganda, ha mostrado el verdadero rostro de su incapacidad.

Sin llegar a los 100 días de gracia, este gobierno ya no hace ninguna
María Fuster okdiario  13 Marzo 2020

No han pasado siquiera 60 días desde que se formara este gobierno social-comunista e intuyo que la mayoría de los españoles ya hemos perdido cualquier esperanza de que los daños pudieran ser “relativos”.

Se me ocurrirían mil motivos con los que argumentar por qué ya no voy a respetar los 100 días de gracia: las cesiones a los nacionalistas, la mesa de la indignidad con el señor Torra, el aumento disparatado del gasto, el adoctrinamiento en materia de feminismo (yo prefiero llamarlo igualdad, aunque ese debate mejor lo dejamos para otro día) y así un largo etcétera.

Pero hoy me voy a centrar en lo que inevitablemente viene siendo el «monotema» de estas últimas semanas en general y de estos días en particular: el coronavirus.

Como principal titular destacaría que este Gobierno es tan irresponsable, tan egoísta y tan kamikaze que ha preferido anteponer sus intereses partidistas a los intereses generales. Ha priorizado lucir bien en la manifestación del 8M con modelitos morados de pies a cabeza (sí, guantes incluidos), frente a lo que debería ser la mayor responsabilidad de cualquier gobierno: proteger la salud de sus ciudadanos.

El domingo a mediodía, y confirmado por el propio doctor Simón, el Gobierno ya era consciente de que las cifras de contagios en Madrid estaban descontroladas y de la imprudencia que suponía mantener la manifestación del 8M. Aun así decidieron hacer oídos sordos y jugar con la salud pública, poniendo en riesgo a todos los asistentes y aumentando también las posibilidades de contagio de todos lo que decidimos no asistir. Como nota recordad que esos permisos dependen de la Delegación del Gobierno y que por tanto eran los únicos que podían cancelarla.

Por el contrario, la Comunidad de Madrid estuvo todo el fin de semana pidiendo endurecer las medidas preventivas, pero la respuesta del ejecutivo fue posponer las conversaciones al lunes. Y ahí sí, en ese momento, literalmente de la noche a la mañana, la situación da un giro de 180º grados y se toman medidas inmediatas y sin precedentes (cierres de colegios, aislamiento de residencias, etc.).

Pero ahora toca pensar en el hoy y en el mañana. Y me parece de justicia resaltar la lealtad con la que está actuando la oposición. Pongo a Madrid como ejemplo. En lugar de atrincherarse en el reproche y en la cesión de culpas, están trabajando con responsabilidad y perseverancia con el único objetivo de proteger el bien más importante que tenemos las personas: nuestra salud.

Y así también lo está haciendo el líder de la oposición, Pablo Casado. El presidente del Partido Popular se está comportando como un verdadero hombre de Estado. En lugar de estar señalando errores o buscando culpables, ha decidido remangarse para proponer soluciones y para llegar a pactos de Estado que intenten mitigar el impacto de esta crisis y, sobretodo, disminuir el tiempo de duración de la misma.

Ahora nos toca ser responsables a todos y respetar las recomendaciones institucionales y médicas.

Tiempo habrá de depurar responsabilidades y de señalar a aquellos que no han sabido estar a la altura de las circunstancias. Porque sí, no vamos a engañarnos, los ha habido.

El virus es el socialismo
Cristina Seguí okdiario  13 Marzo 2020

“Tiempos de rojos, tiempos de hambre y piojos”. Éste es el viejo y certero adagio de nuestras abuelas que explica a la perfección que, ante la pandemia científica y económica, hasta los suyos han sentido el pavor de un socialista gestionando crisis de toda índole, ya sea la de los 5 millones de parados, la de la mayor crisis migratoria de la historia, o la de los 47 muertos y 2000 heridos dejados por el Coronavirus. Frente a la pandemia, el pánico real de la población es el de estar en manos de un Gobierno abyectamente mentiroso. Si has cambiado 10 veces de versión sobre el favor del mayordomo Ábalos escoltando las maletas clandestinas de Vuitton de una genocida chavista en Barajas, mientes sobre los muertos del Coronavirus que empezaron a caer en febrero. Estamos en manos de un Gobierno que pasea a Fernando Simón, un tipo con una chaqueta roída de lana, voz ridícula, y que vomita descojonado los muertos y los infectados del Coronavirus como si éstos fueran los datos de la EPA o los fachitas de la oposición ajusticiados por el cambio climático.

Los únicos miedo de Sánchez durante estos días han consistido en que el Covid se cepillara su programa económico expansivo para comprar a los separatas y arruinar a la clase media, y en que se cayera el aquelarre feminazi en el que su señora y sus ministras reclamaron, botando como las groupies de Finito de Córdoba, más jarabe democrático “antifa” para las mujeres no socialistas a las que maltratan diariamente. Aristo-feministas enfundadas en guantes de latex moraditos para no infectarse mientras propagaban la pandemia. Hasta Fraga, su perpetuo ministro franquista de “memoria histórica”, tuvo más pelotas bañándose hace más de cuatro décadas en Palomares después del accidente de las cuatro bombas termonucleares.

Frente a la pandemia, el pánico de la mayoría de la población recae sobre un Gobierno cuyo ideal de modelo de respuesta sanitaria ha consistido, hasta la fecha, en de borrar a los pacientes de la lista de espera andaluza, o en de financiar a los racistas catanazis que han convertido los hospitales en centros de votaciones de referéndums ilegales y que mantienen quebrada la Sanidad catalana para destinar el parné a la “construcción nacional.

El puñetero Coronavirus se frota las manos frente a este Gobierno gestor, que es el mismo que sigue buscando los 2 millones de vacunas contra la gripe que compraron por 6 millones de euros y que, después, perdieron en Andalucía. El pánico es por un Gobierno nacional que no ha abierto la boca para solidarizarse con las familias de los dos muertos sepultados en el vertedero peneuvista de Zaldivar.

Ahora sabemos que a Iglesias y su señora les ha alcanzado el Corona porque, al final, la ciencia es implacable contra las mierdas de catequesis bíblico-marxistas. El bichito se ha cargado a la brigada anticapi, antifalocéntrica y antipatriarcal.

Se ha fundido la teoría de Oscar Puente, el alcalde más tonto de España que estos días me auguraba a mí el virus porque había caído Ortega Smith como si la ciencia fuera otro instrumento de ingeniería social antineoliberal.

Lo que realmente acojona es que los paquetes de medidas que este Gobierno de trileros ha anunciado para aliviar a la población afectada por el Coronavirus, han sido diseñados por los “expertos de Sánchez” que, hasta hace cuatro sábados, eran los yernos tontos mantenidos por el suegro y los líderes del club del botellón de la Complutense amamantados durante los últimos 15 años en los pechos de las manifas y bodrios sindicaleros anti imperialistas. Esos, los que dicen que han inventado la Sanidad pública. Los mismos que han convertido a la española en una sociedad blanda frente al virus Chino y al de sus putos complejos haciendo pedagogía de una España diezmadora de las poblaciones de las Américas con la gripe y el sarampión en lugar de hacer lo que realmente logramos: protagonizar una de las mayores hazañas de salud pública de la historia llevándoles la vacunación de la viruela a finales del S. XVIII y principios del S. XIX a lomos de nuestras corbetas. Lo malo es que hoy, en vez de a Balmis, tenemos al virus para acabar con el virus. ¿Qué les da a ustedes más miedo; el Coronavirus o el Socialismo de Sánchez, Iglesias, y Fernando Simón?

Ayuso pone en marcha 200 medidas contra el coronavirus: hoteles medicalizados y un mando único
La Consejería de Sanidad pide a los madrileños que donen sangre ante la caída de las reservas
Fernán González okdiario  13 Marzo 2020

La Comunidad de Madrid pone en marcha un plan con más de 200 medidas especiales contra el coronavirus. El consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, ha detallado este jueves en rueda de prensa que se trabaja en habilitar hoteles medicalizados y en que toda la Sanidad pública y privada están coordinadas por un mando único.

Se ha puesto en marca una comisión de coordinación liderada por el consejero como mando único. Participarán de este órgano expertos de urgencias, medicina interna, intensiva, el SUMA, atención primaria, geriatría, microbiología, salud pública y laboral, entre otros. Además, cada hospital tendrá a su vez un equipo de trabajo especializado en el coronavirus y los espacios destinados a los pacientes infectados serán cada más. «Es un momento histórico para nuestra sanidad pública y privada, el momento requiere esta coordinación para que la información fluya y las decisiones sean ágiles», ha remarcado Ruiz Escudero.

Los hoteles medicalizados serán, como ha definido el consejero, «un recurso de asistencia intermedio entre el domicilio y el hospital». También los ancianos que den positivo en coronavirus y estén en residencias de mayores serán tratados ahí mismo.

Habrá igualmente un aumento significativo de medios y personal: 1.700 profesionales más en los hospitales y se duplicará hasta los 200 operadores el número de personas que atienden el teléfono especial 900 102 112. Hasta ahora se han recibido 30.000 llamadas. Todo ello son medidas pactadas con los responsables de los hospitales y de los sindicatos de los trabajadores. Ayuso y Escudero se han reunido con ellos antes de presentar a la prensa el paquete de decisiones.

Responsabilidad
El consejero ha comenzado apelando una vez más a la responsabilidad de todos: «Es importante quedarse en casa, entre todos tenemos que conseguir atajar la propagación del virus». Ha recomendado que los niños no salgan a los parques o que no se acuda a discotecas.

Ha lanzado «un SOS» al Gobierno de España para que agilice la compra de material sanitario: «Necesitamos más material para proteger a nuestros sanitarios». Como ha publicado OKDIARIO, los hospitales regionales tienen carencias sobre todo de trajes de protección individual (EPIS).

Por otra parte, ha indicado un cambio en la estrategia de los tests de coronavirus. «Cuando una persona tenga síntomas ha de quedarse en casa. Si está grave contactar con los servicios sanitarios pero con síntomas leves se le atenderá por teléfono», ha indicado el consejero.

1.000 camas de UCI
Ruiz Escudero ha destacado que el comportamiento del coronavirus es diferente en Madrid que en los estudios de China. En Asia el 80% de los afectados tienen síntomas leves, el 15% están grave y hospitalizados y el 5% requieren cuidados críticos. Sin embargo, por la alta esperanza de vida en Madrid el 60% de los casos son con síntomas leves, el 30% necesitan hospitalización y el 11% son pacientes en estado crítico en la UCI.

A preguntas de OKDIARIO, Ruiz Escudero ha detallado que aún quedan unas pocas unidades de cuidados intensivos libres, pero el objetivo es aumentar esta cifra hasta las 1.000 camas de estas características. «Madrid se tiene que blindar contra el virus, ahora mismo hay 164 personas con covid-19 en las UCIS».

Por último, el consejero ha hecho un llamamiento a donar sangre. Se ha detectado una bajada en las reservas porque las personas creen que corren peligro al donar en hospitales. Sin embargo, Ruiz Escudero ha insistido en que las salas habilitadas para ello en los centros sanitarios son espacios seguros.

El alcalde de Madrid sí que está a la altura
OKDIARIO  13 Marzo 2020

Frente a la inacción e improvisación del Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, el Ayuntamiento de Madrid ha sabido estar a la altura de las circunstancias excepcionales derivadas de la crisis sanitaria y económica causada por el coronavirus y ha aprobado un paquete de medidas fiscales con el objetivo de paliar los efectos que la pandemia provocará en las empresas de Madrid y en los madrileños.

El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ha decidido pasar a la ofensiva y articular un plan que contempla la bonificación del 25% en la cuota del IBI a más de 106.000 comercios y establecimientos de ocio y hostelería, dos de los sectores más perjudicados, y que estará condicionada al mantenimiento de los puestos de trabajo durante el periodo impositivo. Asimismo, se establece una bonificación del 25% en la cuota íntegra del Impuesto sobre Actividades Económicas, así como una moratoria para facilitar el pago del Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica, la Tasa por Paso de Vehículos y la Tasa de Cajeros Automáticos.

Son medidas de reducción de impuestos, que es lo que se necesita en estos momentos: aliviar la carga fiscal de los ciudadanos. El Ayuntamiento de Madrid, en el ámbito de sus competencias, da ejemplo y adopta medidas eficaces, mientras el Gobierno presenta un plan que no pasa de ser un mal parche, puesto que olvida que las grandes víctimas económicas de la crisis son las pequeñas y medianas empresas, los autónomos que verán mermada su facturación. Ese es el tejido empresarial al que hay que ayudar y proteger.

Almeida le muestra el camino al Gobierno socialcomunista, pero Sánchez, preso de su incompetencia, no va a la raíz del problema y se pierde en una serie de medidas que se antojan absolutamente insuficientes ante la magnitud de la crisis. El Ayuntamiento de Madrid contribuye a aliviar la carga fiscal de los madrileños más afectados por la situación económica derivada del coronavirus, mientras el Gobierno le pone tiritas a una situación que se le ha escapado de las manos.

Inda: «En un país serio se procedería penalmente contra Sánchez, Iglesias y Montero por permitir el 8-M»
OKDIARIO  13 Marzo 2020

Eduardo Inda analiza la gestión del Gobierno en la megacrisis generada por el coronavirus, resaltando los errores cometidos por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y la ministra de Igualdad, Irene Montero.

Así, Inda asegura que Sánchez está demostrando en esta crisis su nivel de incompetencia, que sitúa entre «el infinito y el más allá», recordando que que en lugar de «coger el toro por los cuernos viendo lo que pasaba en China» se dedicó a mirar hacia otro lado, a seguir haciendo demagogia prometiendo más gasto público».

El director de OKDIARIO argumenta que lo más lógico hubiese sido «prohibir los vuelos con China desde el primer momento y posteriormente con Italia», subrayando que aficionados italianos entraron esta misma semana en España para presenciar el partido del Valencia contra el Atalanta.

Pero lo más grave para Inda ha sido mantener la manifestación feminista del 8-M el pasado domingo, afirmando que «yo diría que sería motivo para que el PP, Cs o Vox metieran una querella a Sánchez o a Iglesias».

Inda recuerda que el 8-M convocó a cientos de miles de personas en las ciudades españolas, con el consiguiente riesgo de contagio. «Pero teniendo datos sobre la expansión del coronavirus prefirieron mantener las concentraciones», resalta el periodista.

El director de OKDIARIO afirma que en cualquier país normal «en lugar de intentar meter a periodistas críticos en la cárcel, a lo mejor contra quienes habría que proceder penalmente sería contra Sánchez y muy especialmente contra Iglesias y Montero».

Inda, Herrera y Losantos se libran del artículo más duro de Ussía contra Sánchez
I. D. ESdiario  13 Marzo 2020

El periodista sube el tono contra el presidente del Gobierno por su falta de escrúpulos y le destroza por su narcisismo grave y patológico, que amenaza seriamente ya no solo a los demás.

En mitad de la crisis del coronavirus que sigue cobrándose positivos en el Gobierno y en la clase política, este viernes Alfonso Ussía aprovecha su espacio en La Razón para cargar duramente contra el presidente del Gobierno por su falta de acción: "Llegó al Ministerio de Sanidad con catorce días de retraso rodeado de una multitud de agentes de seguridad. Le esperaba el tembloroso ministro de Sanidad, al que saludó sin cordialidad alguna, muy a lo chulo, sin dirigirle la palabra ni mirarle a los ojos. Él es así".

Relata que después de la reunión con los responsables del "desastre de la contención" Pedro Sánchez auguró semanas difíciles y dijo que haría lo que hiciera falta, cuando hiciera falta y donde hiciera falta, si bien el periodista matiza irónico que mejor debería haber dicho: "Haremos lo que no hemos hecho hasta el momento, cuando ya es tarde y donde me salga de los cotubillos".

Especialmente duro con él este viernes cree que hay mucho de "narcicismo grave, patológico, en este hombre tan dominado por su Yo. Sus mentiras no le afectan, por considerarlas instrumentos útiles de su cargo. Para él, la verdad y la mentira son la misma cosa. Su estricta conveniencia. Sólo le importa Yo, Mi Persona, el Presidente".

Ussía va más lejos aún al señalar que "carece de escrúpulos. No tiene amigos, sino servidores. No sirve a España ni a su partido político. Tanto España como su partido están a su entera disposición, sirviéndole a él, a Yo, Mi Persona, el Presidente".

Y avisa de que el día que consiga que "la Fiscalía, el CGPJ, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional y el CNI resuelvan unirse al grupo de sus servidores, el Golpe de Estado contra la democracia, la Constitución y la Corona se habrá producido mansamente, sin aspavientos".

A todo eso, aunque sabe que depende "de Podemos, de los separatistas y de los herederos de la ETA" él no está para analizar sus dependencias porque a él, "sólo le importa su situación privilegiada, y disfruta con ella. Lo que algunos psiquiatras denominan la Psicopatía del Poder".

Se queja Ussía de que el periodismo presumiblemente libre está a un paso del total sometimiento aunque nombre excepciones como las de Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos, Eduardo Inda, Cuesta…

Concluye sentenciando que ahora Sánchez, "con catorce días de retraso, se ha apercibido de la importancia del coronavirus. Inmediatamente después de la celebración de las manifestaciones feministas y feminazis, el coronavirus se ha mostrado devastador", sin embargo, "con anterioridad a las manifestaciones, era un riesgo contenido".

En resumen, "el gran narciso no hizo en su momento lo que hacía falta, ni cuando hizo falta ni donde se echó en falta su actuación. Eso sí, llegó muy guardado y precipitado con catorce días de retraso al Ministerio de Sanidad, para adoptar el protocolo de precaución que ya había puesto en marcha la Comunidad de Madrid. Para mí, que a este egoísta patológico le da bastante pereza gobernar en lo desagradable. Y es osado, pero no inteligente".

Medidas enérgicas, mejor cuanto antes
Editorial larazon  13 Marzo 2020

Cabe preguntarse si el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez está dejando pasar de nuevo la oportunidad de encarar una respuesta firme y coordinada a nivel nacional para frenar la epidemia.
Sánchez pide disciplina social y evita especular sobre medidas más drásticas

Con la cautela debida al caso, las noticias que vienen de China y que dan cuenta de la caída de los contagios de coronavirus en el mismo centro de la epidemia, con una reducción drástica del número de fallecidos, permiten afrontar el futuro inmediato con cierto optimismo, pero siempre que se haga una lectura correcta de la estrategia de contención y mitigación adoptada por Pekín, una vez que las autoridades comunistas se vieron obligadas a reconocer la gravedad de la situación y atendieron las recomendaciones de la comunidad científica.

Ayer, con un retraso que hemos venido criticando, pero del que ya nos parece ocioso hablar, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció un paquete de medidas de carácter económico y social que no puede disociarse del hecho, ya incuestionable, de que España, en su conjunto, va a afrontar un largo período de parálisis ciudadana con consecuencias muy lesivas para la economía, con especial incidencia en la industria del turismo y en el sector comercial. Sin entrar aquí en el acierto o desacierto de esas medidas, cabría preguntarse si el Ejecutivo está dejando pasar de nuevo la oportunidad de encarar una respuesta enérgica y coordinada a nivel nacional para frenar la epidemia, con el recurso, sin ir más lejos, al decreto del Estado de Alarma, previsto para situaciones como la que estamos viviendo.

En este sentido, el presidente del Gobierno insistió en que las decisiones de control social vendrán dadas por las recomendaciones de unos especialistas sanitarios que no citó, posición que, en principio, sería inobjetable sino fuera porque la experiencia vivida durante las primeras semanas de la dispersión de la epidemia, que ha dejado un poso de desconfianza en la opinión pública. Nos referimos, claro, al momento en que, contra toda lógica y racionalidad, se alentó desde el Gabinete la asistencia a unas concentraciones multitudinarias en Madrid y otras ciudades españolas, cuando algunos técnicos, no, desde luego, los adscritos al Ministerio de Sanidad, advertían de que el número de contagios en Madrid y en el País Vasco estaba descontrolándose. Hasta qué punto esa decisión produjo un relajamiento de las alertas probablemente no se conozca nunca, pero, como ya hemos señalado anteriormente, las 48 horas posteriores a la manifestación del 8 de Marzo supusieron un incremento general de infectados y la adopción gradual de medidas de emergencia, principalmente en la Comunidad de Madrid, que no han dejado de ampliarse.

De ahí que debamos insistir en la conveniencia de evitar ese «gradualismo», que tan nefastas consecuencias ha tenido en Italia, y reclamar del Gobierno que, de acuerdo con los partidos de la oposición, dada la afección que tiene para los derechos individuales, se adopten medidas de carácter general que, sobre todo, no dejen a la percepción personal de cada individuo las precauciones a tomar. Si, al final, hay que declarar el Estado de Alarma, mejor antes que después. De lo contrario seguiremos a remolque de los acontecimientos, arriesgando a una sobrecarga catastrófica del sistema de Salud Pública, que está reaccionando excepcionalmente bien en condiciones de máxima exigencia para sus profesionales. Esa medida facilitaría, además, la suspensión temporal de las elecciones autonómicas en el País Vasco y Galicia, convocadas para el próximo 5 de abril, cuando se espera que el pico de contagios alcance su máximo, decisión que, de acuerdo a la legislación vigente, los respectivos gobiernos autonómicos no pueden adoptar por sí mismos. De hecho, el PP y el PSOE, juiciosamente, ya han suspendido los actos de campaña. Porque, no hay que olvidarlo en ningún momento, lo decisivo en vencer la batalla contra la epidemia. Si China lo ha conseguido, España también podrá hacerlo.

Acción unitaria contra el Covid-19
Editorial ABC  13 Marzo 2020

La crisis sanitaria provocada por el Covid-19 no debe convertirse en una crisis de confianza en el Estado, porque, precisamente, lo que en este momento necesita la sociedad española es más Estado y, además, Estado central. Esta es la opinión dominante de los encuestados en Madrid por GAD3 para ABC, quienes, en un 44 por ciento, creen que es el Gobierno central el que debe adoptar las medidas para contener la expansión del virus. Sólo un 2,8 por ciento apuesta por los gobiernos autonómicos, aunque la gestión de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, cuenta con una opinión favorable del 43,2 por ciento, frente a un 26,9 por ciento que se inclina por el Gobierno de Pedro Sánchez. Lo que este contraste refleja es el deseo de los ciudadanos de sentir que la situación está bajo el control de un liderazgo claro, que debería corresponder al Gobierno central, al tratarse de una crisis sanitaria nacional.

La organización autonómica del Estado se halla a prueba por el Covid-19 y no contribuye a confiar en ella la diversidad, en su contenido y en sus plazos, de medidas de reacción a la pandemia. Por eso, lo más relevante de la declaración de Pedro Sánchez tras el Consejo de Ministros no estará en el real decreto aprobado, sino en el hecho de no descartar la implantación del estado de alarma, el cual es la respuesta legal y constitucional a situaciones como la actual para unificar recursos públicos y privados por un interés general amenazado. Las medidas económicas anunciadas ayer por Pedro Sánchez son, vista la reacción de la Bolsa, el sector financiero y las autonomías, claramente insuficientes. No va a haber por el momento medidas limitativas de la movilidad ciudadana, ni otras nuevas que impliquen el cese obligatorio de actividades colectivas, pese a que hemos llegado a un punto crítico en el que resultan necesarias para ralentizar la expansión del virus y dar margen al sistema sanitario a fin de que pueda absorber nuevos casos.

No es posible discrepar del llamamiento que hizo Sánchez a «la responsabilidad y disciplina social», pero la sociedad secundará la que se impongan los poderes públicos asumiendo decisiones ingratas y severas, que lo serán más cuanto más se tarde en adoptarlas. El respaldo de los ciudadanos está garantizado porque los españoles son conscientes de lo que está en juego. No parece que realmente el Gobierno haya aprendido las lecciones de China e Italia, aunque reconozca que estamos ante «una propagación demasiado veloz». Si realmente es así la expansión del virus, y lo es, el Gobierno debe adelantarse a los acontecimientos o, al menos, no seguir siendo superado por ellos, porque la sola respuesta de liberar miles de millones de euros no solo no sirve, sino que transmite una triste imagen de impotencia.

El Gobierno se equivoca: aspirinas para un elefante
Lo aprobado por Moncloa no es un auténtico programa de estímulo. Es solo un plan destinado a garantizar la liquidez, pero no servirá para inyectar más dinero a la economía
Carlos Sánchez elconfidencial  13 Marzo 2020

Todo indica que el Gobierno de Pedro Sánchez ha ignorado una de esas verdades como puños que arroja con lucidez la lengua española: ‘A grandes males, grandes remedios’. Podría haber usado la artillería, que la tiene, en particular la política fiscal, pero, por el contrario, se ha conformado con disparar salvas de ordenanza. Sin duda, por ese tacticismo que siempre incorpora a sus discursos políticos, y que ayer le hizo repetir una y otra vez que vendrán “nuevas medidas”.

Lo probable, sin embargo, es que no tenga mucho tiempo para detener la sangría económica que está a la vuelta de la esquina, y que es, exactamente, lo que le sucedió a Rodríguez Zapatero. Entre otras razones, porque un país cuya fuerza laboral es precaria en un 40,8% (el 26,1% de los asalariados tiene empleo temporal y otro 14,7% está a tiempo parcial) es una bomba de relojería, como ocurrió a partir de 2008. Máxime si se tiene cuenta que nada menos que el 42% de los contratos temporales dura menos de un mes, lo que significa que las empresas tienen vía libre para despedir de la noche a la mañana.

No es que lo hagan porque quieran o por mero capricho, sino porque este país sigue sin resolver un problema viejo que ningún Gobierno se ha atrevido a afrontar, la célebre dualidad en el mercado de trabajo, que hace que los ajustes recaigan siempre sobre los sectores más vulnerables.

Y esto es así porque, al contrario de lo que sucede en Alemania o en otros países del norte de Europa (en España, solo en la gran industria), no existe una cultura de la suspensión temporal de empleo, lo que permitiría repartir las vacas flacas entre el conjunto de las plantillas. Es decir, trabajar menos horas para que nadie pierda su empleo.

Con buen criterio, sindicatos y empresarios han pedido al Gobierno facilitar la tramitación de los expedientes de regulación temporal de empleo, pero hay pocas razones para pensar que en una economía con tanto peso del sector servicios la medida pueda ser realmente eficaz, aunque sea necesaria. No hay que olvidar que el 92% de los 3,36 millones de empresas españolas tiene menos de cinco empleados, lo que hace muy difícil repartir la carga de trabajo.

Una economía vulnerable
Esta realidad hace que el plan del Gobierno se quede cojo, ya que apenas avanza en la mejor herramienta que tiene un Ejecutivo para frenar un deterioro de la economía —que, haga lo que haga, se producirá—. Al fin y al cabo, la economía española es muy vulnerable a lo que suceda en la eurozona, y el BCE acaba de anunciar que, según sus previsiones, y eso que solo recogen muy parcialmente la crisis del coronavirus, crecerá este año apenas un 0,8%.

Hay que tener en cuenta que lo que comenzó siendo un 'shock' de oferta se va transformando, según pasan las semanas, en una crisis de demanda. Las empresas y los comercios no venden porque ni llegan turistas (83 millones el año pasado) ni la gente compra porque apenas sale a la calle, lo que significa que solo con estímulos (y no solo temporales o con anticipos a cuenta) se puede hacer frente a una situación que conocen bien los economistas, y que pasa por los dos instrumentos clásicos: aumentar el gasto público y, en paralelo, rebajar los impuestos para los sectores más vulnerables.

Esa combinación, lógicamente, solo puede llevar a un fuerte crecimiento del déficit público, pero en este contexto hay pocas dudas de que eso es necesario si no se quiere caer en una recesión duradera. Hasta el propio BCE dijo este jueves que “ahora se necesita una postura fiscal ambiciosa y coordinada”.

Aplazamientos de pago
No parece que vayan por ahí los tiros. Lo que este jueves anunció el Gobierno no fue la inyección de más dinero a la economía para estimular el crecimiento con políticas de demanda, sino anticipar a las comunidades autónomas (que son las que controlan la mayor parte del gasto público) fondos que luego tendrán que devolver a Hacienda cuando se haga la liquidación anual del sistema de financiación autonómica.

Lo aprobado es, por lo tanto, una cuestión de liquidez o de tesorería, como se prefiera, más que una inyección clara y precisa de dinero. Movilizar 18.225 millones de euros, como dice el Gobierno (de los que 14.000 millones son simples aplazamientos de pago) no es lo mismo que inyectar dinero a la economía. Ni tampoco destinar 1.000 millones del fondo de contingencia a gasto sanitario extraordinario. Simplemente, porque eso ya estaba presupuestado, aunque se fuera a destinar a otros fines.

Lo más razonable hubiera sido que ayer mismo el Gobierno hubiera anunciado una revisión del techo de gasto y una nueva senda de reducción de déficit menos exigente que la aprobada hace pocos días en el Congreso. Incluyendo, lógicamente, mayor flexibilidad en la regla de gasto.

Es evidente que esta revisión debe pactarse con Bruselas, pero hay pocas dudas de que en un contexto como el actual el ejecutivo comunitario no podrá poner muchas pegas. Y aunque las pusiera, Sánchez debería dar la batalla política. Ayer, por el contrario, el Gobierno, como publicó este periódico, se puso del lado de los austeros, frente al eje franco-italiano, lo que no parece muy razonable en un contexto como el actual. La ministra Calviño tiene aún tiempo para reaccionar en la reunión del Eurogrupo del próximo lunes.

No parece que sea la mejor idea ponerse, de nuevo, del lado de Alemania, cuya intransigencia retrasó en la anterior crisis una actuación decidida del BCE, a quien obligó a movilizarse solo cuando estuvo en peligro el euro, y que ahora tampoco parece entender, pese a lo que dice en público Merkel, que son tiempos recios que aconsejan moderación.

Hacer políticas de estímulo, en todo caso, no es volver a hacer el Plan E de Zapatero sino, simplemente, combinar gasto público y reducción selectiva de impuestos siempre que no pongan en peligro los grandes capítulos del Estado de bienestar, y que algunos solo reivindican cuando llega un virus procedente de China.

Lección de frivolidad
Lo de Irene Montero y el 8-M confirma que son unos políticos al margen de los problemas reales
Luis Ventoso ABC  13 Marzo 2020

Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón, Echenique... les gusta más escribir en Twitter que un brote de bambú a un oso panda. Sin embargo, siempre me llamó la atención que en plena crecida de los atentados yihadistas, unos golpes crudelísimos que sumían a toda Europa en el dolor, ellos apenas se referían a ellos. Como mucho, una frase volandera de pasada en sus cuentas. El terrorismo, un desafío de primer orden para cualquier país del mundo, no entraba en sus preocupaciones populistas. Tampoco la economía. La consolidación fiscal y el control de la deuda, garantizar el sostenimiento de las pensiones y la sanidad, o facilitar la vida de las empresas no merecían ni un minuto de su conversación, por lo demás siempre verborreica. Tampoco la unidad de España, pues su única propuesta ante el envite separatista ha sido ponerles las cosas todavía más fáciles para que procedan a desguazar el país.

El podemismo -y la mayoría del PSOE sanchista- no tiene la mente los problemas cotidianos que marcan las vidas de las personas y las familias. La manera de ocultar esa carencia es opacarlo todo con una pátina de catecismo ideológico. Si eres un analfabeto numérico, si no tienes ni idea de cómo manejar la economía, siempre puedes disimular abriendo debates artificiosos sobre Franco, el catolicismo o los derechos de las mujeres y la comunidad LGTBI (que como debe ser, ya estaban perfectamente reconocidos antes de la llegada de este Gobierno).

Lo sucedido con la manifestación feminista del 8-M es un triste ejemplo de cómo el dogmatismo ideológico se antepone a los problemas reales y acuciantes. El pasado domingo a la mañana, cualquier ciudadano mínimamente informado sabía que en Madrid se estaba produciendo una escalada peligrosa de contagios del coronavirus. Carmen Calvo es vicepresidenta del Gobierno e Irene Montero duerme cada noche con un vicepresidente. Es obvio que su nivel de información es muy superior al de los españoles de común, por lo que tenían acceso sobrado para conocer la auténtica magnitud de la epidemia. Pero no podían permitir que la enfermedad arruinase su gran festejo malva (y más cuando ambas se están disputando el centro simbólico del feminismo progresista). Así que hicieron el avestruz ante el problema del coronavirus y se pasaron los días y horas previas promocionando un encuentro multitudinario que nunca debió haberse celebrado. El profesor Walter Ricciardi, máxima referencia italiana ante la crisis, explicaba en una entrevista con nuestro excelente corresponsal Gómez Fuentes que la manifestación de Madrid «fue una locura, porque se le hizo un favor al virus».

Deseo que Irene Montero se restablezca pronto y sin problemas. Pero espero que medite, madure y aprenda que la política está para mejorar la vida de las personas, no para mangonearlas, adoctrinarlas y hasta ponerlas en peligro.

Irene Montero tiene que recuperarse y después dimitir sin perder ni un minuto
ESdiario  13 Marzo 2020

La ministra de Igualdad ha generado un problema de Estado y ha potenciado el riesgo de contagio de en las calles. Cuando sane, no puede seguir en el Gobierno.

Irene Montero está enferma por coronavirus, y lo primero que hay que desear es una pronta recuperación, que hará muy feliz a su familia y, desde luego al conjunto de los españoles: primero porque es un ser humano. Y después porque será, también, una espléndida prueba de que de esta terrible enfermedad se sale.

Pero dicho lo cual, y más allá de esa valoración personal, la ministra de Igualdad debe dimitir de todos sus cargos una vez esté perfectamente su salud. Porque ha provocado un problema de Estado, totalmente innecesario, con su temeraria actitud, más propia de una adolescente caprichosa que de una adulta con responsabilidades de enorme rango.
Irene Montero da positivo tras encabezar una gran manifestación ya enferma

Porque cualquiera puede enfermar, pero si alguien no tiene derecho a potenciar el contagio es quien ejercer competencias públicas destinadas a paliar los riesgos de una crisis sanitaria como la que padecen España y medio mundo.

Y eso es lo que hizo Irene Montero el 8M, alentando a la ciudadanía a echarse a las calles en pleno pico de crecimiento de la pandemia y disimulando, en esto con Pedro Sánchez a la cabeza, que los efectos ya estaban siendo devastadores.

Que en lugar de hacer una llamamiento a la calma y al recogimiento, como imponían los datos ya conocidos, la dirigente de Podemos potenciara exponencialmente el riesgo de contagio y acabara contagiada ella misma, es de una frivolidad infinita que no tiene disculpa ni justificación.

Con el Congreso paralizado por razones preventivas, amenazar al conjunto del poder Ejecutivo e incluso obligar a los Reyes a someterse a un análisis tras haber permanecido en contacto con la infectada; es simplemente impresentable.

Y denota cómo el conjunto del Gobierno, por cierto, antepuso la campaña de autopromoción feminista a la cautela sanitaria, intentando luego disimular esa vergüenza con una inenarrable explicación del ministro de Sanidad que hoy ya se ha demostrado falsa: cuando mantuvieron el 8M, ya sabían que la enfermedad se había disparado.

El PP no hace 'excaliburs'
Cristian Campos elespanol  13 Marzo 2020

Como no voy a citar su nombre, supongo que mi fuente no se enfadará si explico que hace unas horas hablé con alguien muy cercano a la cúpula del PP para preguntarle por el chocante perfil bajo de los populares durante la crisis del coronavirus.

"Nosotros no hacemos excaliburs", me contestó, en alusión a las manifestaciones en veinticuatro ciudades convocadas por la izquierda en 2014 para protestar por el sacrificio del perro Excalibur durante la crisis del ébola de aquel año.

"No, y eso os honra", le contesté. "Pero por eso gobierna Pedro Sánchez y no Pablo Casado. Porque Iván Redondo sí hace excaliburs a diario contra vosotros".

Como si alguien hubiera escuchado nuestra conversación, a las pocas horas RTVE difundía un reportaje titulado El coronavirus lleva al límite a una Sanidad madrileña ya recortada por la crisis. En el reportaje se decía que "Madrid ha perdido 3.300 profesionales de la salud, según los datos del Servicio Madrileño de Salud".

El dato era falso y fue rectificado por RTVE tras las protestas de algunos espectadores. Pero el daño ya estaba hecho. La semilla de la asociación coronavirus-recortes-PP había sido plantada con éxito en la cabeza de muchos espectadores. Puro ivanredondismo.

Una segunda fuente popular aportó a lo largo de la mañana una nueva explicación de la inacción del PP. "Hasta hace nada, Génova no sabía qué hacer con el coronavirus: apoyar a Sánchez, cargar contra él o callarse".

A la vista está que han optado por callarse. Y eso a pesar de que Isabel Díaz Ayuso es la única de los principales líderes políticos españoles que está tomando medidas que pretenden adelantarse a la evolución del virus en vez de caminar por detrás de los acontecimientos, como es el caso de Pedro Sánchez y Fernando Simón.

Una tercera fuente, la más crítica habitualmente de las tres, aporta el tercer elemento clave para el diagnóstico. "Almeida anunciará un paquete de medidas en las próximas horas. Pero están todos desesperados con Pablo. No entienden nada. Es desesperante".

Observen el perfecto retrato del PP que mis tres fuentes han dibujado sin ser conscientes de ello. Responsabilidad y sentido de Estado ("Nosotros no hacemos excaliburs"). Dudas, indecisiones, titubeos ("Génova no sabía qué hacer"). Y rajoyismo sociológico ("Es desesperante").

Comprendo perfectamente el dilema del PP. Un elemental sentido de Estado aconseja aplazar cualquier tipo de reproche o de exigencia de responsabilidades políticas, e incluso penales, hasta que lo peor de la crisis haya pasado.

Pero ese diagnóstico opera en una realidad, la de los ideales, que no es la realidad en la que opera el PSOE. Un partido que con cincuenta y cinco muertos, tras rechazar las medidas de contención que le exigía la presidenta de la Comunidad de Madrid, y habiendo puesto en riesgo la vida de decenas de miles de asistentes al 8-M después de ocultar las cifras de infectados durante el pasado fin de semana, se permite el lujo de exigir "unidad" a una oposición que sufrió poco menos que una moción de censura por el sacrificio de un perro.

El dilema es endiablado y el PP perderá haga lo que haga. Si denuncia la incompetencia e irresponsabilidad del Gobierno, será acusado de incompetente e irresponsable. Si no la denuncia, esta crisis y las futuras serán gestionadas con incompetencia e irresponsabilidad por incompetentes e irresponsables. Una y otra vez, una y otra vez.

El Duelo a garrotazos de Goya no es la metáfora de la España de derechas contra la España de izquierdas. Es la metáfora del PP decidiendo entre dos opciones pésimas y que le condenan a los infiernos haga lo que haga.

El tablero de juego político está desequilibrado en favor de los peores de los españoles. Superada la crisis del coronavirus habrá llegado la hora de romperlo y construir uno nuevo. Ojalá el PP sea consciente de ello y lo ocurrido durante estos últimos días haya abierto sus ojos definitivamente. Porque el PSOE y sus aliados nacionalistas naturales han dejado de ser un peligro para la economía y la igualdad de los ciudadanos españoles para pasar a serlo para la economía, la igualdad y la salud.

Una crisis en busca de líder
Editorial El Mundo  13 Marzo 2020

La peor crisis sanitaria de nuestra historia reciente va a poner a prueba a todo el país, empezando por sus dirigentes. Hasta la fecha sabemos una cosa: que el Gobierno perdió un tiempo precioso en el combate contra la epidemia por un error garrafal de cálculo que lo llevó a subestimar el peligro que representaba este virus por una mezcla de negligencia y sectarismo. Que la ministra de Igualdad haya dado positivo no se circunscribe a un desgraciado episodio personal, que esperamos supere pronto, sino que demuestra la grave irresponsabilidad en que incurrió al alentar y encabezar la manifestación del 8-M, cuyos efectos propagadores empezarán ya a computarse en el repunte exponencial previsto por la Comunidad de Madrid para este fin de semana.

Cabría esperar en todo caso que se hubiera aprendido la lección. Pero durante su comparecencia, Sánchez no solo evitó de nuevo cualquier asomo de autocrítica sino que invocó a los expertos y a la ciencia una y otra vez para evitar asumir en primera persona la responsabilidad de las decisiones difíciles que urge tomar. El verdadero liderazgo no se esconde en la volatilidad de unas circunstancias dramáticas. Ni se tranquiliza a una ciudadanía preocupada repitiendo que se tomarán las decisiones necesarias, sino tomándolas ya a la vista del precedente italiano. "No cometáis los mismos errores que nosotros, no perdáis tiempo", ha advertido Matteo Renzi. Sánchez se limitó a transmitir la recomendación de Sanidad de cerrar los colegios en toda España y de restringir en general la asistencia a actos masivos, pero nos tememos que el tiempo de las recomendaciones ya pasó. De poco sirve ponderar retóricamente la buena coordinación entre administraciones si al final se libra al criterio de cada barón la posibilidad o no de suspender eventos como la Semana Santa, con la Junta de Castilla y León abogando por su suspensión y la de Andalucía resistiéndose a cancelarla. El ciudadano advierte descoordinación cuando Emiliano García-Page anuncia por la tarde el cierre escolar que había descartado por la mañana. Quien debe liderar la respuesta conjunta a la crisis es el presidente del Gobierno, que no ha de estar solamente para anunciar las ayudas económicas.

La Constitución ofrece herramientas que conviene sopesar, como el estado de alarma, que incluye la epidemia entre los supuestos que la justifican. El Gobierno de Zapatero lo declaró para atajar la crisis de los controladores aéreos en 2010. La emergencia que vivimos es mucho más crítica. El estado de alarma permitiría mejorar la reacción de un Gobierno aún demasiado contemplativo. Que también rehúye la mano tendida por la oposición para abordar el plan de choque desde el consenso de Estado, según demandan los españoles. El genuino liderazgo conlleva dosis inevitables de riesgo y exposición. Ya no es hora del marketing político sino de la acción decidida

Acción unitaria contra el Covid-19
Editorial ABC  13 Marzo 2020

La crisis sanitaria provocada por el Covid-19 no debe convertirse en una crisis de confianza en el Estado, porque, precisamente, lo que en este momento necesita la sociedad española es más Estado y, además, Estado central. Esta es la opinión dominante de los encuestados en Madrid por GAD3 para ABC, quienes, en un 44 por ciento, creen que es el Gobierno central el que debe adoptar las medidas para contener la expansión del virus. Sólo un 2,8 por ciento apuesta por los gobiernos autonómicos, aunque la gestión de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, cuenta con una opinión favorable del 43,2 por ciento, frente a un 26,9 por ciento que se inclina por el Gobierno de Pedro Sánchez. Lo que este contraste refleja es el deseo de los ciudadanos de sentir que la situación está bajo el control de un liderazgo claro, que debería corresponder al Gobierno central, al tratarse de una crisis sanitaria nacional.

La organización autonómica del Estado se halla a prueba por el Covid-19 y no contribuye a confiar en ella la diversidad, en su contenido y en sus plazos, de medidas de reacción a la pandemia. Por eso, lo más relevante de la declaración de Pedro Sánchez tras el Consejo de Ministros no estará en el real decreto aprobado, sino en el hecho de no descartar la implantación del estado de alarma, el cual es la respuesta legal y constitucional a situaciones como la actual para unificar recursos públicos y privados por un interés general amenazado. Las medidas económicas anunciadas ayer por Pedro Sánchez son, vista la reacción de la Bolsa, el sector financiero y las autonomías, claramente insuficientes. No va a haber por el momento medidas limitativas de la movilidad ciudadana, ni otras nuevas que impliquen el cese obligatorio de actividades colectivas, pese a que hemos llegado a un punto crítico en el que resultan necesarias para ralentizar la expansión del virus y dar margen al sistema sanitario a fin de que pueda absorber nuevos casos.

No es posible discrepar del llamamiento que hizo Sánchez a «la responsabilidad y disciplina social», pero la sociedad secundará la que se impongan los poderes públicos asumiendo decisiones ingratas y severas, que lo serán más cuanto más se tarde en adoptarlas. El respaldo de los ciudadanos está garantizado porque los españoles son conscientes de lo que está en juego. No parece que realmente el Gobierno haya aprendido las lecciones de China e Italia, aunque reconozca que estamos ante «una propagación demasiado veloz». Si realmente es así la expansión del virus, y lo es, el Gobierno debe adelantarse a los acontecimientos o, al menos, no seguir siendo superado por ellos, porque la sola respuesta de liberar miles de millones de euros no solo no sirve, sino que transmite una triste imagen de impotencia.

El informe que puede costarle el puesto a Sánchez por su negligencia sanitaria
Marco Ballesteros ESdiario  13 Marzo 2020

Pedro Sánchez, este viernes en una conferencia por plasma con sus ministros
El presidente disparó el riesgo de contagios permitiendo las manifestaciones del 8-M: los expertos tenían datos ya muy graves. Pero un nuevo documento aún lo deja más claro.

Cuando arrecie la tempestad sanitaria, es posible que a Pedro Sánchez le pasen todas las facturas políticas que, hasta hoy y por el dramatismo de las cifras, le han "perdonado". Solo Pablo Casado, que ha situado al PP al lado del Gobierno por razones de Estado con mucho esfuerzo, empezó a apretar al Gobierno en la noche del jueves tras constatar que su Plan de Choque era poco más que un brindis al sol.

Pero algo puede cambiar ese guión, cuando pase la emergencia, y las últimas 24 horas han sido una retahíla de estropicios y disgustos para La Moncloa: las cifras se han disparado, Irene Montero se ha contagiado tras participar en el 8-M, la respuesta está siendo más enérgica en las Comunidades que desde el Estado y un último dato deja por los suelos al Gobierno definitivamente.

Y es que el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC) emitió un elocuente informe el 3 de marzo advirtiendo de la improcedencia de celebrar marchas multitudinarias por el 8M que, en el caso de España, fueron alentadas y jaleadas por el propio Gobierno.

El documento, del que da cuenta El País, convierte a Sánchez y a los dos partidos de la coalición gubernamental, PSOE y Podemos, en impulsores en lugar de en frenos de un evento inadecuado al cumplir con varios de los parámetros que el organismo señala como causa de suspensión.

El diario precisa ese contexto: "Esas condiciones son que haya un aumento de casos importados de Covid-19 "y la constatación de que existe “una transmisión local limitada del virus". Dos requisitos que se cumplían ya en España y que, según esta agencia europea, debieron ir acompañados de "medidas de distanciamiento social”, entre las que destaca en relación a este caso una sobre las demás: “Evitar actos multitudinarios innecesarios".

Sánchez conoció el "boom" del coronavirus diez días antes y prefirió no hacer nada
Este informe da un vuelco al discurso del Gobierno que, pese a las evidencias, movilizó a sus dos principales portavoces sanitarios, el ministro Salvador Illa y el médico Fernando Simón; a tratar de maquillar tanto el crecimiento disparado de cifras cuanto la inoportunidad de las concentraciones apelando a que no había una situación de emergencia y a que, cuando se constató que sí existía, fue "al anochecer".

Se trata de falacias desmontadas por los hechos, la documentación y otros protagonistas de la semana que ha convertido al coronavirus en el centro de todo. De un lado, se ha conocido que la Comunidad de Madrid avisó a finales de febrero de la situación y reclamó medidas al Gobierno que nunca llegaron.

Miraron para otro lado
De otro, ha trascendido que las cifras de infectados en el fin de semana del 8M ya eran muy altas, pese a lo cual se desechó respuesta preventiva alguna. Y finalmente, se ha hecho público el demoledor informe europeo, que desvela que todo fue un plan premeditado y a sabiendas: al Gobierno le importó más la fotografía del 8M que la salud de las propias feministas allí congregadas.

El contagio de Irene Montero resume ese riesgo, que la propia Europa había señalado. Tres días antes del 8M, ya había fallecidos y la estadística de enfermos se había disparado. "El brote está absolutamente controlado", llegó a afirmar Pablo Echenique pocas fechas antes de que su propia compañera, la ministra de Igualdad, engrosara la lista de pacientes.

Responsabilidad civil
Ignacio Camacho ABC  13 Marzo 2020

Seguro que te irrita que te estén pidiendo responsabilidad los mismos que autorizaron la manifestación del 8-M cuando el virus galopaba por Madrid, para acabar, por cierto, colándose en sus cuerpos. (Guárdate las coñas de mal gusto, que no es momento). Y tienes razón cuando piensas que nuestros dirigentes -sobre todo uno, aunque ayer estuvo relativamente correcto y por una vez pareció haber entendido que esta crisis va en serio- carecen de credibilidad y de transparencia y van a rastras de los acontecimientos. Pero no puedes esperar que la epidemia la resuelva solamente el Gobierno ni esconder tu incumbencia tras los fallos ajenos. Hay un compromiso civil que nos afecta a todos y que tiene que ver con el respeto a los que han caído o van a caer enfermos. Y se puede y se debe cumplir al margen de la incompetencia o del desconcierto o de la desidia de los que tendrían que dar ejemplo.

Tu responsabilidad individual consiste en intentar no contagiarte y, sobre todo, no contagiar a nadie. Y eso implica modificar ciertos hábitos sin esperar a que te los prohíban las autoridades, aceptar que las circunstancias son anormales, imprevisibles, cambiantes, y que exigen mudar al menos por un tiempo, quizá no corto, muchos comportamientos personales y sociales que aún no se compadecen con la intensa percepción colectiva de una emergencia grave, acaso incluso más grave que su propio alcance. Estos días hay en España -quizá ya no en Madrid, pero sí en muchas otras ciudades- demasiada gente en la calle, haciendo vida normal en terrazas y bares, dejando jugar a los niños en las urbas y en los parques, despreciando el riesgo de infección como si se sintiera invulnerable. Gente que luego se angustiará ante la saturación de los hospitales. No, no se trata en modo alguno de que tú seas culpable, ni tampoco de que te sobrealarmes, sino de que tomes conciencia de que durante unas semanas o meses no vamos a poder vivir como antes. Y también de que aunque en la inmensa mayoría de los casos el coronavirus no mate, su rápida extensión puede causar, está causando ya, un caos importante. No basta con acusar a los políticos de haberlo comprendido tarde; cada uno de nosotros ha de hacer lo posible para evitar que se desparrame.

Fuera del trabajo nos toca hacer vida hogareña, leer, incluso reaprender, qué remedio, a perder un poco el tiempo. Esa clase de cosas que hemos dejado al margen enfrascados en el tráfago del estilo de vida moderno. Volvernos hacia nosotros mismos, hacia la intimidad y el silencio, sacar virtud del problema para recuperar un cierto sosiego. Y en lo posible, que se puede si nos lo proponemos, hay que controlar un poco el miedo y ponerles el trabajo algo más fácil a los sanitarios y a los médicos. Inténtalo: no porque los gobernantes te lo pidan, ni porque hayan hecho nada para merecérselo, sino para demostrar que tú no eres como ellos.

¿Nadie va a pedir perdón por haber alentado las manifestaciones del 8-M?
EDITORIAL Libertad Digital  13 Marzo 2020

Sanchez se niega siquiera a pedir disculpas por el 8-M y tiene la desfachatez de mentir al encubrir su irresponsabilidad con "los expertos".

Aunque parezca increíble en un personaje con la desfachatez de Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno ha tenido este jueves la poca vergüenza de eludir su responsabilidad en la temeraria celebración de las manifestaciones feministas del 8-M al asegurar que las decisiones relacionadas con el coronavirus las marcaron y siguen marcando en todo momento "la ciencia" y los "expertos".

Parece que el presidente del Gobierno –y con él la mayor parte de la clase política y periodística, que alentó esas manifestaciones– quiere que olvidemos que el Ministerio de Sanidad, a pesar de las recomendaciones de la comunidad científica y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que elevaba el 28 de febrero de "alto" a "muy alto" el riesgo de propagación del coronavirus en España, descartó a finales del propio febrero prohibir las grandes concentraciones de personas.

En Alicante, por ejemplo, el Foro por el Derecho a Elegir la Lengua Vehicular desconvocó la concentración que tenía previsto celebrar el pasado sábado precisamente apelando a su "compromiso y responsabilidad de colaborar con las administraciones sanitarias en el control y contención de la propagación" del coronavirus. El Gobierno, sin embargo, siguió haciendo oídos sordos a los expertos y siguió alentando irresponsablemente las concentraciones feministas, que habrían de dar cobertura propagandística y mediática al bodrio legislativo del "sólo sí es sí". Vamos, como si el virus fuera a ser más benigno con los manifestantes contrarios al heteropatriarcado que con los que sólo un día antes se iban a manifestar en contra de la inmersión lingüística en valenciano.

Ahora que se sabe que la ministra Montero está infectada, no se trata de decir la barbaridad de que "en el pecado lleva la penitencia". Se trata, por el contrario, de denunciar la imperdonable irresponsabilidad de quienes, por razón de su cargo, deberían ser los primeros en ser conscientes del "alto riesgo" de propagación del virus, que, insistimos, desde hacía semanas venía denunciando la comunidad científica, a pesar de lo cual prefirieron poner en riesgo su propia salud y la de decenas de miles de personas antes que desconvocar una manifestación que servía a sus intereses políticos.

Lo más lamentable de todo es que difícilmente pueden los partidos de la oposición reclamar responsabilidades políticas por la celebración de estas manifestaciones, por cuanto el PP y Ciudadanos también participaron en ellas, insuperable ejemplo de masoquismo y surrealismo, por cuanto ni por razones ideológicas ni por razones de prudencia sanitaria las deberían haber respaldado. A ello se suma Vox, que, si bien fue el único partido en criticarlas, lo hizo por razones ideológicas y no por el componente de riesgo sanitario que entrañaban. De hecho, el partido del también contagiado Santiago Abascal cometió la irresponsabilidad de celebrar la concentración de Vistalegre, de lo que sí se han hecho eco los medios de comunicación.

Con todo, hay un par de diferencias en el grado de irresponsabilidad que conllevan las concentraciones feministas del pasado domingo en toda España y el mitin de Vistalegre. La primera es que el grado de conocimiento del riesgo que entrañaban no podía ser el mismo en los miembros de un Gobierno que en los responsables de un partido político. Si quienes más informados están por razón de su cargo, que son los miembros del Gobierno, asisten a una manifestación, es comprensible que un simple dirigente político de un partido político como Vox pueda llegar a pensar que el riesgo no es tan grande. Pero la crucial diferencia es que mientras Santiago Abascal ha pedido públicamente perdón por haber celebrado el mitin de Vistalegre, el Gobierno social-comunista se niega siquiera a pedir disculpas y tiene el cuajo de mentir al encubrir su temeraria irresponsabilidad con alusiones a la "ciencia" y los "expertos".

8-M: el final de la banalidad política del Gobierno
Editorial. https://rebelionenlagranja.com  13 Marzo 2020

Fue Hanna Arendt quien acuñó la expresión “la banalidad del mal” en su libro “Eichman en Jerusalen”. Con ella se refería al mecanismo que lleva a determinados individuos a actuar (amoralmente) conforme a las reglas del sistema político al que pertenecen sin reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. Son personas que no se cuestionan si lo que hacen es bueno o malo: se limitan a hacerlo porque está en la lógica del sistema al que sirven y es lo que ese régimen les requiere en un momento determinado. Para ese tipo de personas, lo políticamente correcto es lo correcto desde el punto de vista ético o moral, que ni siquiera llega a cuestionarse. El mal es así de banal en ocasiones. Eichman no era ese monstruo arquetípico que decide, persiguiendo el mal absoluto, participar en la solución final, sino un aburrido burócrata que cumplió eficazmente las normas de un sistema atroz. Lo diabólico muchas veces se disfraza de espantosa normalidad.

La política puede ser, como el propio mal, notablemente banal. Hay cuestiones que están en el ADN de un régimen político que ni siquiera sus líderes se atreven a cuestionar. Si uno pone por encima del interés general una ideología que aspira a vertebrar el régimen mediante una nueva ingeniería social, es muy difícil luego desmontarla, prescindir de ella, o suspender sus hitos fundamentales.

La izquierda en el gobierno había decidido vertebrar su proyecto en torno a un nuevo tipo de sociedad: el eco-progresismo, el animalismo, la política de género, el multiculturalismo y, sobre todo, esa especie de feminismo desquiciado y desfigurado que es incompatible con el feminismo real y lo destruye colectivizando a la mujer y convirtiéndola en mercancía política.

El 8-M ha sido planteado por la izquierda española en ese sentido. Es un movimiento puesto al servicio no tanto de una reivindicación como de un proyecto de deconstrucción social (que solo sea posible ser mujer si se es una feminista radical). También de una estrategia clara de constante movilización política y de captación de voto, claro.

En la lógica pura de ese régimen de cosas y de ideas, una manifestación identitaria como el 8-M se convierte en una ceremonia colectiva de integración. Se va a esas manifestaciones como se comulga el cuerpo místico del régimen y del nuevo orden social comunitario. El opio del pueblo.

He ahí una de las razones de fondo (las otras son la imprudencia, la inconsciencia, la frivolidad, la falta de capacidad política) de por qué los líderes de la izquierda, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y todos los demás, no tuvieron en ningún momento la intención de suspender la manifestación, pese al riesgo cierto y evidente de multicontagio.

“¡Cómo vamos a suspender la manifestación del 8-M!” De esa manera, la manifestación, icono de la izquierda, eje del régimen, pilar de lo políticamente correcto, eslabón de hierro del nuevo orden, fue puesta por encima de todo. Es evidente que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no persiguieron deliberadamente poner en riesgo a las mujeres y a las familias de las mujeres y a los conocidos de las mujeres y a todos los que se cruzaran con ellas: pero es también evidente que la lógica del régimen de izquierdas que ellos mismos han implantado les llevó a no cuestionarse si esa manifestación (sanitariamente disparatada) ponía en riesgo a millares de personas o no. En eso consistió su banalidad. Y eso es lo imperdonable.

También a la derecha, adormecida en el esquema de ese nuevo orden, le faltaron reflejos para solicitar firmemente, jurídicamente, su suspensión.

El desastre del coronavirus, la ola expansiva del miedo social y del pánico económico, el tsunami de contagios y el goteo de muertes sobre todo han puesto a este gobierno, de pronto, frente al espejo de su propia banalidad política y probablemente de su propio final.

La irresponsable celebración del 8-M (podían haberse buscado otras fórmulas de celebración) con millares de mujeres y de niños lanzados a todas las ciudades españolas, participando activa e inconscientemente en la propagación del virus, marca el final de la banalidad política.

Hay fechas que marcan el final de los tiempos políticos.

El 11-M fue el mal en estado puro.
El 8-M ha sido la pura banalidad.

Revocada la condena contra Jiménez Losantos por las críticas a Irene Montero
Miguel Ángel Pérez Libertad Digital  13 Marzo 2020

La Sección Octava de la Audiencia Provincial Civil de Madrid ha revocado la sentencia del Juzgado de Primera Instancia nº 53 de Madrid que condenaba al presidente de Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos, por sus críticas a la dirigente de Podemos y actual ministra de Igualdad, Irene Montero.

La Audiencia Provincial estima así el recurso presentado por la defensa de Jiménez Losantos que dirige María Dolores Márquez de Prado. La sentencia de 13 páginas, a la que ha tenido acceso Libertad Digital, destaca que "los términos empleados, aunque redunden en descrédito de la afectada, no sobrepasan la intención crítica pretendida" de Jiménez Losantos a Montero. Además, impone las costas en primera instancia a la ministra de Igualdad.

Según la sentencia, "de la doctrina jurisprudencial más reciente se sigue, pues, que cuando la intromisión al honor denunciada consista en expresiones ofensivas -y que prescindiendo del contexto puedan considerarse tales- , si se emiten en un contexto de crítica política ( como es el caso) y van dirigidas a un personaje público que ejerce funciones públicas (como es el caso) se verán amparados por el derecho a la libertad de expresión y solo excepcionalmente se deberá considera que se rebasan sus límites, limites que se deben interpretar de forma restrictiva. Y ello como se ha dicho por el carácter esencial que en una sociedad democrática tiene el derecho a la libertad de expresar libremente opiniones , derecho consagrado en nuestro texto constitucional –artículo 20- así como en el Convenio Europeo de Derechos Humanos -artículo 10.1".

"Los calificativos y términos empleados señalados por la sentencia apelada se dirigieron a poner de relieve la, en opinión del demandado, falta de preparación o formación de la ahora demandante para ejercer su cargo o su deficiente desenvolvimiento como parlamentaria, precisamente en el contexto de la información sobre la sesión parlamentaria en que se llevó a cabo la moción de censura contra el anterior presidente del gobierno del día 14 de junio de 2017".

"No constituyen, en consecuencia, puros insultos que únicamente tengan un contenido afrentoso, supuestos, como recuerda la STS de Pleno 551/2017 de 11 de octubre, que no están amparado por la libertad de expresión", destaca el fallo.

"Analizado el caso", añade, "se concluye que los términos que la sentencia ahora apelada considera relevantes para estimar la demanda no son simples términos de contenido afrentoso insultos descarnados- dirigidos solo a desacreditar a la demandante ante la opinión pública sino por el contrario encierran una intención de crítica relacionado con su actividad política. En definitiva, se considera que los términos empleados ,aunque redunden en descrédito de la afectada, no sobrepasan la intención crítica pretendida".

"En atención a los criterios jurisprudenciales aplicables para resolver el eventual conflicto entre los derechos enfrentados", continúa, "se concluye que no puede apreciarse que los límites del derecho a la libertad de expresión se hayan visto rebasados en este caso. El recurso queda en suma estimado y con ello revocada la sentencia apelada acordando en su lugar la desestimación de la demanda".

Recordamos que la sentencia anulada ahora anulada por la Audiencia Provincial de Madrid condenaba al presidente de LD a retirar "de forma definitiva de los archivos digitales del programa los comentarios que constituyen una lesión al honor de Doña Irene Montero"; "al pago de una indemnización de 3.000 euros" por daños y perjuicios; a la lectura del "fallo de la sentencia en su programa durante tres días seguidos, al inicio de sus ediciones de las 6 horas, las 7 horas y las 8 horas de la mañana".

Póngase en contacto con nosotros en investigacion@libertaddigital.com

Miseria del separatismo catalán (I)/ Eslava Galán o los «demócratas» sanguinarios
Pío Moa gaceta.es  13 Marzo 2020

“Es usted un héroe”, le dijo Dencàs a Companys cuando la sublevación separatista del 34. En historia criminal del PSOE: https://www.youtube.com/watch?v=aYczf_Ojg-g
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Miseria del separatismo catalán
El artículo de Linde sobre Gaziel es muy interesante en cuanto expone ciertas opiniones del sujeto sobre Churchill y la guerra mundial, no muy compartidas hoy, y más aún por sus opiniones sobre España en general y Cataluña en particular, actualmente muy divulgadas, con más o menos matices entre las élites –infraélites más bien– culturales y políticas españolas. En cuanto a Churchill, no solo habría sido el gran traidor responsable de la supervivencia del régimen de Franco (como Varela Ortega y compañía, cree que la actitud y actividad de Franco fue un dato irrelevante al efecto), sino también de la II Guerra Mundial al “encender toda Europa y todo el mundo a sangre y fuego porque Hitler estaba haciéndole, con violencia, un pequeño recorte a Polonia en 1939″. No deja de ser una interpretación de lo más llamativa, baste aquí con exponerla.

Gaziel era un separatista, moderado solo por la impresión de que la secesión era inviable en fecha previsible. Cataluña estaba amarrada a España, pero él había escrito a Companys Lo dramático de nuestros días para nosotros, los catalanes, es esto: ¿durará la República lo suficiente en España para permitirnos hacer frente a su inevitable caída? ¿Tendremos tiempo de reforzarnos y organizarnos antes de que se hunda, y de hacerlo suficientemente para que, cuando venga el inevitable derrumbamiento, no se derrumben también nuestras libertades? A decir verdad, los separatistas venían pronosticando desde el 98 el inevitable derrumbe de España, y siguen en las mismas 120 años después. Es su máxima obsesión: el hundimiento de España abriría el paso a las “libertades” de una Cataluña de vocación “europea”.

Una historia chocante: Los nacionalismos vasco y catalán en la historia contemporánea de España (Ensayo)

Porque España y Europa no solo eran diferentes, sino opuestas: España es esencialmente antieuropea (…). Europa es un concepto […] que, arrancando de Grecia y de Roma, comenzó a plasmarse en su forma actual con el Renacimiento, se expandió con la Reforma y acabó de concretarse con las revoluciones democráticas y liberalizadoras de Inglaterra y Francia. España –que ya durante lo que llamamos Edad Media estuvo un poco separada, fue una rueda excéntrica del engranaje de la cristiandad– siempre ha combatido en los tiempos modernos contra los principios fundamentales de Europa: racionalismo, ciencia, técnica, libertad de pensamiento, libertad política […] si Europa sigue existiendo y prosperando, tarde o temprano la España tradicional –la misma hoy que en tiempos de Recaredo – volverá a quedarse al margen de lo que continuará siendo esencialmente europeo. Por lo visto los concilios de Toledo, embrión de los parlamentos; el Fuero y las Cortes de León, primeras declaración de derechos y parlamento europeos; la Reconquista, que fue también una barrera de defensa de Europa; la defensa posterior del continente frente al Imperio otomano; la exploración y descubrimiento del mundo y expansión de la cristiandad… son hechos insignificantes. Por lo demás, España participó más tarde, aunque en posición de segundo orden, en el racionalismo, la ciencia, la técnica y las libertades posteriores; en todo lo cual Cataluña resultó durante siglos una de las regiones más atrasadas. Y si en el XIX y XX Barcelona destacó en la industria, junto con Bilbao, fue gracias a un proteccionismo excesivo impuesto por Madrid, que perjudicaba al resto del país, y sin inventiva ni espíritu de innovación, gracias al mercado cautivo por dicha protección. “El catalán es copista”, decía Josep Pla, es decir, carecía de originalidad. También lo ha sido el resto de España, bien es cierto.

La Reconquista Y España (Historia)

Según el sentido que Castilla le ha dado a España y ha impuesto a todos los pueblos peninsulares, con la sola excepción de Portugal, los catalanes no son españoles, pontifica Gaziel. Estamos aquí ante el mito de la España castellana, expuesto a su vez por Ortega en una de sus frases vacuas: “Castilla hizo a España y la deshizo”. Empeorada si cabe por Sánchez Albornoz: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”. Como salta a la vista de quien quiera alejarse de tales fraseomaquias, ni Castilla hizo a España ni la deshizo, ni fue a su vez deshecha: basta echar un vistazo desprejuiciado a la Reconquista y su precedente el reino de Toledo. Solo en una fase bastante avanzada de la Reconquista, Castilla, después de obstaculizar la unidad, se convirtió en hegemónica política, económica y culturalmente, amplió su ámbito hacia el sur y se hizo común su lengua, a la que han contribuido todas las regiones y posteriormente América. También Cataluña, cuya cultura regional expresada en la lengua común es bastante más importante, cuantitativa y cualitativamente, que en la lengua regional. En cambio Castilla perdió importancia económica en el siglo XVIII, y también en su aportación cultural y política, a las que contribuyeron en mayor medida las regiones periféricas sobre la base del tronco ya común a toda España.

La rupestre mitología del separatismo catalán, con su desaforada mezcla de narcisismo y victimismo, como da a entender Linde, se asienta en un doble mito: una España denigrada y calumniada sin limitación alguna, y una Europa tan idealizada como irreal y conocida solo por tópicos, y a la que en la península ibérica pertenecería solo Cataluña. Trataremos estos aspectos con más extensión aprovechando el brillante artículo de Linde. Baste señalar de momento dos cosas: las ideas que expresa Gaziel son las mismas, en lo esencial, que defendían los regeneracionistas y particularmente Ortega; y a pesar del grave problema que han supuesto los separatismos en España durante más de un siglo, hasta mi estudio sobre los dos principales “nacionalismos” dentro de la evolución de España en ese tiempo, no ha habido un solo estudio medianamente serio y abarcador (sí algunos, muy meritorios, sobre aspectos parciales) y poco después los trabajos de Jesús Lainz. Este hecho ya revela mucho de por qué los separatismos han resurgido una y otra vez: por ausencia de nivel intelectual en España, a pesar de la “edad de plata” y del franquismo, que los derrotó en la práctica, mas no en las ideas.

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Eslava, o los demócratas sanguinarios
Dice este relativo historiador que si España hubiera entrado en la guerra mundial, habría sido invadida, con lo que felizmente en 1945 se habría instaurado una democracia y el país disfrutado del Plan Marshall. “Olvida” señalar la cantidad de muertos, destrucciones y probablemente una nueva guerra civil que habría costado tanta dicha en un país que se estaba reconstruyendo de otra guerra. Eso le da igual. Estos “demócratas” siempre han sido así de liberales con la sangre y los bienes de los españoles, ya en la I Guerra Mundial ansiaban enviar a ella abundante carne de cañón hispana. En España, es sabido, son “demócratas”, es decir, antifranquistas, desde la ETA al PP pasando socialistas, comunistas y demás. Excepto VOX.

A VOX le tildan de extrema derecha por oponerse a las leyes totalitarias de memoria “histórica” y de género, y a los chanchullos con los separatistas. Así son los miembros de ese club político político-intelectual del que forma parte el buen Eslava. Tenemos prácticamente una democracia de partido único, porque todos vienen a ser lo mismo. Muy corruptos también. ¿Y qué habría sido el Plan Marshall en manos de esos sanguinarios? No es difícil imaginarlo: un festival de la corrupción. Eso sí, el país estaría satisfecho, invadido y con esos “demócratas” disfrutando de la sangre y los bienes ajenos.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España: 9 (Nuevo Ensayo)

Viene esto a cuento de una novela en la que dicho escritor quiere retratar a Franco y su política durante la guerra mundial, recogiendo los tópicos, sin faltar uno, de la propaganda, fundamentalmente comunista (él es más bien anglómano, pero aprovecha todo). Uno no acaba de sorprenderse del empeño que esa gente tiene en retratar a Franco como si fuera uno de ellos.

Quizá quepa observar que, dado ese retrato del personaje y su régimen, puede considerarse a Eslava cómplice de los mismos, pues hizo un fácil carrera de hijo de familia acomodada en aquel terrible régimen, para convertirse oportunamente al antifranquismo, como tantos otros héroes de la “democracia”, palabra mágica que en España encubre cualquier cosa.

Esta última novela le ha valido una intensa promoción en los medios, de izquierda y de derecha, empezando por el ABC monárquico (la monarquía lo debe todo a Franco, no se olvide). Me permito recordar el boicot generalizado en esos medios, en la universidad y en muchas librerías a mi obra Por qué el Frente Popular perdió la guerra. En la España “democrática” de pandereta y memoria histórica.

En un pueblo de Huesca instalan una máquina de billetes de Renfe en catalán
LA GACETA  13 Marzo 2020

Los viajeros de la estación de tren de Ayerbe (Huesca) tienen que sacar el billete necesariamente en una máquina expendedora que sustituye al taquillero y les ofrece las instrucciones en castellano y catalán. El aparato se colocó en enero, cuando entró en vigor el cierre de las taquillas con atención personalizada.

Todo apunta a que se reutilizó uno procedente de algún apeadero de Cataluña sin hacer ninguna modificación, ni en la rotulación exterior ni en el ‘software’ que permite la obtención del vale, ambos en castellano y catalán. Hasta el folio pegado con celo donde figura ‘Maquina autoventa. Pago solo con tarjeta de crédito’ está escrito en los dos idiomas.

La Plataforma Aragonesa No Hablamos Catalán ha mostrado su malestar este miércoles asegurando haber recibido quejas de los usuarios por que las máquinas de autoventa de Ayerbe están en catalán. Algunos vecinos ya temen la aparición de Puigdemont.


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Los separatistas te atracan hasta con el coronavirus
Sergio Fidalgo okdiario  13 Marzo 2020

Que los dirigentes de los partidos separatistas solo piensan en gastar dinero en el ‘procés’, y el resto le importa un comino, es un hecho evidente. Solo les interesa recaudar y subir impuestos para tener el dinero necesario para seguir con el desafío secesionista, y en regar con millones y millones de euros su red clientelar, la que le permite mantener la hegemonía en la vida social, académica, cultural y política en Cataluña.

Esta semana se ha hecho público que la Generalitat de Cataluña estaba perjudicando económicamente a la población de esta comunidad autónoma a costa del coronavirus, dado que el 061, el teléfono habilitado para que los ciudadanos pudieran preguntar sus dudas sobre esta afección, es de pago. Tan de pago que, según el operador telefónico que uno tuviera contratado, la llamada podía costar hasta catorce euros. Este era el importe para los clientes de algunas compañías de móvil en una llamada de duración media en los últimos días, que sobrepasaba la hora de espera. El negocio, redondo: pocos operadores, muchas consultas, el tiempo pasa y el taxímetro va corriendo.

Después del escándalo levantado, la Generalitat ha dado marcha atrás y este mismo jueves, tras semanas de alarma por el coronavirus, ha decidido que este teléfono sea gratuito. Y ha echado la culpa de todo a las empresas operadoras. Es lo típico del nacionalismo, el error es suyo, pero los responsables son siempre otros. Si desde el primer momento que estalló la crisis del coronavirus el gobierno autonómico de Quim Torra hubiera habilitado un número gratuito, nada hubiera pasado. No lo hizo y solo han reaccionado tras el escándalo público y ante la ola de indignación que se produjo. Forma parte de la lógica secesionista: “Si no es algo relacionado con el ‘procés’, no nos interesa y no le damos prioridad para gastar dinero”.

Crear un teléfono gratuito tenía un coste que debía asumir la Generalitat, y las prioridades económicas de Quim Torra, Pere Aragonès y los suyos eran otras. Es muy triste, pero es así de sencillo. ¿Cuántas llamadas por el coronavirus se podrían sufragar con lo que se ha gastado el gobierno autonómico catalán en subvencionar a los que defienden que Colón o Cervantes era catalán? ¿O en programas de TV3 realizados por productoras externas cuya principal temática es generar rencor hacia el resto de España? ¿O en ‘embajadas’ en el exterior para difundir entre los gobiernos extranjeros las bondades de una Cataluña independiente, y lo malo y remalo que es el ‘opresor’ Estado español? Para estas ‘cosillas’ nunca ha faltado dinero, ni se niegan asignaciones presupuestarias. Para atender a los ciudadanos angustiados por el coronavirus no había fondos, porque no era una prioridad.

Me temo que no tardaremos en escuchar teorías peregrinas para echar la culpa de lo que pase en Cataluña por el coronavirus a “España”, y echar balones fuera. Ya pasó después de los atentados terroristas de Las Ramblas, que se intentó tapar la ineficacia de los Ejecutivos de Ada Colau y Carles Puigdemont con explicaciones conspirativas acerca del malvado Estado español actuando en connivencia con islamistas radicales para desmovilizar el ‘procés’ separatista, en aquella época en plena efervescencia a pocos meses de la consulta del 1 de octubre.

Que la Generalitat de Cataluña haya actuado poco, mal y tarde se intentará pasar a segundo plano gracias al potente equipo de propaganda que el secesionismo ha desarrollado. Ojalá la pandemia tenga las mínimas consecuencias posibles, pero sean las que sean, volveremos a asistir a la enésima cortina de humo. Y en esto el separatismo es maestro, porque es capaz de dar la vuelta a cualquier situación. Es lo que tiene hacer política no con la razón, sino con las tripas. A tus convencidos puedes hacerle creer cualquier patraña. Llevan así desde 1980, y no les ha ido mal. Incluso han intentado dar un golpe de Estado y sus responsables ya están más fuera que dentro de la cárcel. ¿Por qué cambiar el método, si funciona tan bien?
 


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