AGLI Recortes de Prensa   Sábado 14  Marzo  2020

El estado de alarma lo genera Sánchez
OKDIARIO 14 Marzo 2020

La incapacidad e irresponsabilidad del Gobierno socialcomunista ha rozado el paroxismo. El jefe del Ejecutivo ha anunciado el estado de alarma en diferido; esto es, su entrada en vigor el sábado, cuando se haga público el decreto ley que lo desarrolla y que se conocerá al término de un Consejo de Ministros extraordinario. No se puede ser más incompetente. En lugar de decretar el estado de alarma y en paralelo la entrada inmediata en vigor de sus medidas, Sánchez deja pasar 24 horas mientras el coronavirus se extiende a a toda velocidad. Fue hablar Sánchez y frenarse la subida de a Bolsa. Fue hablar Sánchez y desatarse la estampida de miles de madrileños. Fue hablar Sánchez y generar tanta incertidumbre que los gobiernos de Madrid y Andalucía tuvieron que salir a anunciar medidas ante la necesidad imperiosa de actuar.

La negligencia del Gobierno socialista en la gestión de la crisis desatada por el coronavirus ha alcanzado cotas insuperables; el cierre de Madrid es decisión de un Ejecutivo que viene dando tumbos, maniatando el margen de maniobra de la Comunidad de Madrid, cuya presidenta, Isabel Díaz Ayuso, lanzó a Sánchez un explícito reproche por generar tanta inquietud e incertidumbre.

No sólo cometió la indecencia de permitir la manifestación del 8-M cuando en Madrid el número de contagios ya crecía de forma exponencial, sino que sus medidas económicas fueron un mal parche, coronado ahora con un anuncio del estado de alarma que lo que ha desatado, en efecto, es la alarma general. Si lo que cabe esperar del Gobierno de España es que lidere con tino la gestión de una crisis sanitaria sin precedentes, habrá que convenir que el Ejecutivo socialcomunista ni ha gestionado ni coordinado, porque lo que ha hecho es ir a remolque de la situación y generar un desbarajuste de enormes proporciones.

El Gobierno de Sánchez se ha retratado como el más incapaz y el más negligente. Su actuación esta siendo un desastre sin paliativos que esta contribuyendo a acrecentar los daños de una crisis sanitaria y económica que avanza ante la ineptitud de un Ejecutivo sobrepasado por su impericia.

Una gestión chapucera, improvisada y sin liderazgo
Editorial El Mundo 14 Marzo 2020

El error de Sánchez de aplazar a hoy la alarma se suma a la reacción tardía, la insolvencia y la descoordinación con las CCAA

Un mes después de que la epidemia hiciera su aparición en España y cuando la cifra de contagiados ya supera los 4.000, Pedro Sánchez anunció este viernes que decreta el estado de alarma en todo el país para combatir el coronavirus. Se trata de una medida constitucional, reglada y acorde al riesgo para la salud pública que entraña una pandemia de estas características. Este periódico ya advirtió este viernes de la necesidad imperiosa de recurrir a los instrumentos que contemplan las previsiones constitucionales para frenar la expansión de la enfermedad. El problema es que esta medida llega tarde y mal, teniendo en cuenta que el presidente del Gobierno pospuso la aprobación del decreto que la desarrolla al Consejo de Ministros de este sábado. Lo hace forzado a raíz de la extensión de la epidemia, la inquietud social desatada y la asunción de medidas más contundentes -como la declaración de emergencia en el País Vasco- a escala autonómica. El Gobierno ha pasado en apenas cinco días de jalear la asistencia a la manifestación del 8-M -pese a que la UE desaconsejó multitudes seis días antes- a pedirle a la población que se quede en casa y limite al máximo el contacto social. El estado de alerta llega, además, después de que Sánchez presentara un plan de choque insuficiente para mitigar el golpe que ya está notando la economía. La gestión de la crisis del coronavirus está revelando las carencias de un Ejecutivo de coalición bisoño y sin solidez. La improvisación y la incompetencia que muestra Sánchez eleva la incertidumbre entre una ciudadanía desconcertada y asustada.

Hemos repetido durante los últimos días la exigencia de unidad frente al coronavirus. Ello no es óbice para evaluar de forma crítica la labor de un Ejecutivo desbordado que envía señales contradictorias sin apenas solución de continuidad. El PP, aunque reprochó la tardanza en la adopción de iniciativas, garantizó su apoyo a la declaración del estado de alarma. Sánchez debería convocar a un acuerdo de país, con reflejo en un plan de Estado sanitario y en la elaboración de unos Presupuestos capaces de inyectar liquidez y salvar la actividad productiva. Todo ello se vuelve cada día más urgente como consecuencia del agravamiento de la crisis. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este viernes a Europa el epicentro de la pandemia. España es, después de Italia, el país europeo que registra la tasa de mortalidad más alta, afectando de forma especial a personas mayores o con patologías severas previas. Las previsiones del Gobierno es que la semana que viene haya 10.000 afectados en nuestro país. Ante esta coyuntura, y teniendo la oportunidad de aprender de los errores de países como China o Italia, no se entiende la dilación en la toma de medidas y la insistencia de las últimas en restar importancia a la virulencia del desafío. De igual manera, resulta desesperanzador para la ciudadanía la descoordinación entre el Estado y las comunidades autónomas a la hora de dar los pasos adecuados. Mientras la Comunidad de Madrid decretó el cierre de establecimientos de hostelería, Murcia ordenó el confinamiento y Cataluña aisló a varias localidades, una medida de dudoso encaje constitucional. Sánchez tiene ahora el reto de gestionar el estado de alarma con la eficacia que hasta ahora no ha demostrado. La ley permite al Gobierno, con la modulación que considere necesaria, tomar las riendas para restablecer la normalidad, restringir los movimientos, articular un mando único y hacer un uso especial y temporal de los recursos tanto públicos como privados. Si se extendiera más de 15 días, precisaría de la autorización del Congreso para alargarlo, extremo asegurado tras confirmar Casado su respaldo. Sánchez tiene la obligación de ser transparente y adoptar medidas contundentes y con determinación. Solo así podrá frenarse la propaganción de la epidemia y, de esta forma, evitar el colapso de los servicios públicos.

Los líderes políticos no se forjan en la prosperidad, sino en la tragedia. Merkel no ha minimizado la gravedad de la pandemia del coronavirus y Macron ha propuesto a la UE reforzar el control del espacio Schengen e incluso cerrar fronteras en zonas de riesgo. Trump declaró la emergencia nacional. Sánchez, con un mensaje sobrio rayano en el sollozo, se dirigió a los españoles como "compatriotas" pero no logró infundir confianza en su declaración institucional de este viernes. Hace falta coraje y convicción, además de elevadas dosis de solvencia política. España necesita saber que quien está al mando no es un presidente que va por detrás de los acontecimientos, sino un líder que no titubea ni para explicar a los ciudadanos la realidad en toda su crudeza ni para ejecutar las medidas oportunas -por muy duras que sean- al amparo de la legislación vigente.

España no merece más decepciones
Editorial ABC 14 Marzo 2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció ayer que el Consejo de Ministros aprobará hoy la implantación del estado de alarma. Este juego de fechas expresa la torpe dinámica que el Ejecutivo ha impuesto a sus decisiones, siempre a rebufo de unos acontecimientos cuya evolución era perfectamente descriptible a la vista de los precedentes chino e italiano. Otra vez, Pedro Sánchez anunció que aplazaba lo urgente. Lo hizo ya con el famoso plan de choque, que no fue tal y hasta ayer no vio la luz en el Boletín Oficial del Estado. El presidente del Gobierno de una nación golpeada por una pandemia inédita y sometida al estrés del temor y la incertidumbre no debe comportarse de esta manera. Si su Gobierno ya tenía ayer previsto aprobar el estado de alarma, ayer mismo debió reunirse el Consejo de Ministros para dar el visto bueno al decreto de medidas que deben reflejar el cambio implicado por esa declaración. En cambio, habrá que esperar a la mañana de hoy -de nuevo, superado por la crisis- para saber en qué va a consistir el estado de alarma. Mientras, se expande el virus de la duda y el temor. Por exigente que parezca, los acontecimientos exigían del Gobierno haber actuado con mayor celeridad. Parece que el confinamiento de 70.000 ciudadanos de Igualada y otras localidades, decidido por la Generalitat catalana, ha forzado una decisión sin la cual el Gobierno central volvía a quedar en evidencia, como le está sucediendo con los gobiernos populares de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de la capital.

Pedro Sánchez pudo haber despejado ayer la incógnita al menos sobre la autoridad que deberá asumir las competencias derivadas del estado de alarma. Debe ser el Gobierno de la Nación quien lidere esta reagrupación de recursos públicos y privados, si fuera necesario, porque la crisis del Covid-19 es una crisis global. Toda respuesta pública debe basarse en una planificación centralizada, que imponga -sí, imponer- una sola política de distanciamiento social, confinamientos urbanos, garantía de distribución comercial, armonización de la red pública sanitaria, participación de recursos privados y despliegue de unidades militares. El diálogo es muy necesario, sobre todo para la supervivencia de un Ejecutivo débil y construido sobre el chantaje de sus socios. El presidente del Gobierno no necesita más refrendos de presidentes autonómicos, ni más respaldos de los agentes sociales. Le toca decidir como máxima autoridad política del Estado. Quizá Sánchez y su Gobierno se han topado con algo que no tenían en su agenda: el Estado. Ahora debe defenderlo y actuar como lo están haciendo otros gobiernos europeos, con situaciones mucho más favorables que la española, que no han dudado en aplicar políticas nacionales y centralizadas para combatir el Covid-19.

El estado de alarma no es una derogación del Estado autonómico, ni una oportunidad para desatar las pulsiones confiscatorias de una parte del Gobierno. Es una solución temporal, para quince días, cuya prórroga debe contar con el aval del Congreso. El líder del PP, Pablo Casado, garantizó ayer el apoyo de su partido a la decisión del Gobierno y a la prórroga del estado de alarma, que será necesaria a la vista de las proyecciones actuales. No puede quejarse el Gobierno de la leal respuesta que está recibiendo de la oposición. Respuesta necesaria, porque la marea alta de infectados y muertos se sitúa para principios de abril, lo que hará imposible la reanudación en esas fechas de las clases en colegios y Universidades antes de Semana Santa y, probablemente, antes de que finalice el curso académico. Esta unidad política es ahora mismo imprescindible, porque los ciudadanos no podrían soportar una contienda partidista en este momento, cuando a ellos se les está reclamando un comportamiento unitario y responsable. Den ejemplo, por favor.

Tiempo habrá de pedir responsabilidades políticas, porque esta crisis sanitaria está poniendo a prueba a la sociedad española, pero también a su clase dirigente. Y cuando la situación se normalice, será necesario valorar cómo se ha gestionado, y por quién, esta etapa aciaga de la historia de nuestro país. Es necesario que cada español haga honor a su condición de ciudadano y asuma la responsabilidad de cuidar de los demás con tanta intensidad como debe cuidar de sí mismo. Ser ciudadano en España se convierte en estas circunstancias en un reto ético y en una prueba de sensatez. La española es una sociedad del mundo más desarrollado, con servicios públicos y redes privadas para toda necesidad, inmersa en una cultura del ocio y del bienestar garantizado. Por eso, esta crisis del Covid-19 es una terapia de choque que ha de demostrarle a sí misma que puede salir de su confort y asumir todos los sacrificios necesarios para volver a pasear por las calles sin temor.

En manos de un incompetente sobrepasado por los acontecimientos
EDITORIAL Libertad Digital 14 Marzo 2020

España se precipita hacia una crisis potencialmente más grave que la de 2008. El coronavirus no da tregua, lo que ha provocado que la actividad económica y laboral se interrumpa bruscamente, sin que por el momento se sepa cuándo va a recuperar la normalidad.

Los mercados se preparan para la crisis de liquidez que se cierne sobre empresas de toda índole, especialmente sobre las pymes. Así, no es de extrañar que el Ibex sufriera el jueves un batacazo del 14%, el mayor de su historia –este viernes, la Bolsa ha remontado por la intervención de la CNMV–. Un par de horas antes del colapso bursátil, Pedro Sánchez compareció en una rueda de prensa sin periodistas para dar cuenta de su plan de choque económico. Un plan que es poco menos que una estafa.

Ni con la producción paralizada y las empresas al borde del colapso tiene Sánchez la decencia de bajar los impuestos. Todo lo más, está dispuesto a aprobar "aplazamientos y fraccionamientos de las deudas tributarias de las empresas con la Administración" durante seis meses. Serán 14.000 millones liberados... que las empresas tendrán que devolver antes de que acabe el año. Mientras, los empresarios tendrán que seguir pagando las nóminas de sus empleados, las facturas de los proveedores, los créditos a los bancos... La Hacienda socialista no les va a dar un respiro. Porque bajar impuestos no es de izquierdas ni siquiera en medio de una pandemia. Zapatero, como siempre, mentía.

Preguntado por si seguirá adelante con los sablazos fiscales que ha pactado con sus socios/cómplices comunistas, el pretendido doctor en Economía Pedro Sánchez no quiso hablar de la subida del diésel, de las tasas que pretende asestar a las tecnológicas o de plan para dinamitar las exitosas políticas fiscales de comunidades como la madrileña.

Ademas, Sánchez anunció que transferirá 2.800 millones de euros a las CCAA para que destinen más recursos a reforzar sus sistemas sanitarios. Pero resulta que esta cantidad no es más que un anticipo de las entregas a cuenta que reciben las CCAA todos los meses. Es decir, que el plan de choque del Gobierno socialcomunista pasa por entregar a las autonomías un dinero que ya les correspondía, lo cual resulta aun más intolerable si se tiene en cuenta que la titular de Hacienda, María Jesús Montero, les ha afanado 2.500 millones de euros por la liquidación del IVA de 2017... que no tiene la menor intención de devolverles.

Otra broma de mal gusto es la anunciada línea de 400 millones de créditos ICO para el turismo. La patronal del ramo calcula que tendrá unas pérdidas de 56.000 millones si su actividad se hunde durante el próximo semestre. ¿Para qué le servirá esa limosna?

En definitiva, el plan de choque del tramposo Sánchez no es más que humo y migajas. El tramposo Sánchez es además o sobre todo un cobarde y un sobrepasado incompetente, como ha quedado pavorosamente de manifiesto en su comparecencia para el anuncio de la imposición, este sábado, del estado de alarma.

Increíble pero cierto: no ha decretado sino anunciado que decretará el estado de alarma. Sánchez es un auténtico peligro público, y su Gobierno en pleno, una calamidad que no hace sino agravar la situación en que se encuentra España, de extraordinaria gravedad.

Un Gobierno que no nos mienta
Segundo Sanz okdiario 14 Marzo 2020

Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta, como diría Rubalcaba. Pero esto es misión casi imposible con el presidente que ha hecho carrera de la mentira —véase su tesis fake— y que es capaz de desmentirse a sí mismo con total descaro en la refriega política. El petimetre de La Moncloa, que no movió un dedo durante semanas mientras el coronavirus entraba en España a mansalva y la grave situación de Italia nos instaba a tomar restricciones, decreta ahora la alarma como el gran salvapatrias. Sólo cinco días después de alentar el peligroso 8M con un Covid-19 bastante expandido para entonces. Incompetencia, tardanza e improvisación.

Sánchez, Il bello, anduvo más ocupado en apagar el incendio entre los Calvo-Campo y Montero-Iglesias por la polémica ley de Libertad Sexual que en adoptar contundentes medidas de prevención contra el bicho. Un Gobierno socialcomunista que dedicó un tiempo precioso a ver cómo se prohíben los piropos en lugar de dotar de más recursos humanos y materiales a los hospitales o de lanzar un plan de choque para proteger a los mayores de 65 años. Por no hablar de recomendar el teletrabajo. También aquí se le vio las costuras al Ejecutivo, con Moncloa desautorizando la guía que impulsó la cartera de Díaz.

Aunque la madre del cordero fue no disolver la marcha ideológica del 8M, con la infectada ministra Montero a la cabeza de la Alianza Chochopower, que reunió a 120.000 posibles portadores en Madrid. Y es que el Gobierno, en concreto el Ministerio de Sanidad, sabía desde horas antes que el coronavirus se había desbocado en la capital. De hecho, el lunes por la mañana ya reconoció oficialmente un brutal incremento de contagios. ¿Por qué ocultó Moncloa que la situación estaba descontrolada para el momento en que arrancó la manifestación del 8M? Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta.

¿Qué cambió del domingo y los días previos al lunes? El Doctor Cum Fraude va tapándose las vergüenzas por ahí diciendo que su gabinete siguió en todo momento lo que dictaba «la ciencia». Pues la misma ciencia, la del criterio epidemiológico que emplea Sanidad, ha evidenciado que el 8M hubo 600 nuevos contagios en la Comunidad de Madrid, que los casos se dispararon un 50% y que a día de hoy son más de dos mil los afectados. Una cifra que, según algunos expertos, es todavía mayor al ocultar el Gobierno los «casos posibles», es decir, aquellos con afecciones del coronavirus pero a los que nunca se les hará el test. Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta.

Calviño: la irresponsabilidad de negar la evidencia
OKDIARIO 14 Marzo 2020

Nadia Calviño, la todopoderosa vicepresidenta económica del Gobierno, hizo caso omiso a los informes de sus técnicos que alertaban hace un mes sobre la que se avecinaba en España como consecuencia de la expansión del coronavirus. Y eso que manejaban términos como «volatilidad», «temor», «impacto en la economía mundial» e «incertidumbre». Nada. Calviño aseguró que el impacto económico por el avance del virus en España sería «poco significativo» y, en todo caso, «transitorio» y de «corta duración».

Desde luego, la capacidad predictiva de la vicepresidenta tercera es de nota, porque las consecuencias económicas que la pandemia va a provocar en la economía española van a ser tremendas: subida brusca del paro y pérdida drástica del crecimiento. Calviño minimizó los efectos del coronavirus y, en consecuencia, no se adoptó medida alguna encaminada a paliar el daño. Y eso que Bruselas, el FMI y la OCDE solicitaron la aplicación de medidas urgentes y de impacto para no volver a situaciones similares a las de 2008. Por decirlo más claro, pese a que las advertencias le vinieron desde dentro y desde fuera, Calviño decidió ponerse de canto a la espera que el coronavirus pasara como una simple tormenta de verano.

Incluso hace pocos días (el 6 de marzo), el Boletín de Coyuntura Económica Semanal elevó la advertencia. Y al Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez sólo se le ocurrió anunciar un plan de choque que resultó una filfa, un mero parche que no contempla ni una sola rebaja de impuestos.

El Boletín emitido por la Dirección de Análisis Macroeconómico del Ministerio de Economía señaló que “la epidemia del coronavirus (COVID-19) ha generado un impacto adverso en la confianza de los agentes económicos, en los mercados financieros, en el sector turístico y en las cadenas de producción, donde se han producido importantes disrupciones”. Pues como quien oye llover.

Asimismo, informes de la Dirección de Análisis Macroeconómico del Ministerio de Economía advirtieron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hasta en seis ocasiones, del golpe económico que se avecinaba por culpa del coronavirus. Nada de nada.

En suma, que el Gobierno socialcomunista fue advertido por tierra, mar y aire de la que se nos venía encima. No cabe mayor incompetencia.

Retrato de un presidente pasmado
Jose Alejandro Vara. vozpopuli  14 Marzo 2020

Sánchez no es el líder que precisa España para hacer frente al cataclismo. Urge un gobierno de concentración democrática ante un escenario devastador

España está en estado de alarma y su presidente, en estado de shock. Carmen Calvo nos desveló la existencia de un Pedro Sánchez bifronte. El de antes de Moncloa y el de después. Un político con dos caras. Tan distintas, tan opuestas. Pero hay un tercero. Lo hemos descubierto esta semana en sus comparecencias por el virus. El martes le temblaban las piernas. El jueves parecía un zombi. El viernes seguía aterrado. Un presidente pasmado y conmocionado. Con el rostro oscuro y descompuesto, aferrado siempre a unos papeles de prosa espesa, desgranaba, bien medidas económicas estériles, bien un estado de alerta por concretar. El aventurero sin escrúpulos, el gran truhán por antonomasia, se mostraba incapaz de mantener firme la mirada frente a la pantalla y dirigirse, con sincera determinación, a un país encogido y espantado.

Ni una referencia sincera a los casi cien fallecidos, ni una mención de afecto a los cuatro mil contagiados, ni una palabra de ánimo o consuelo a las centenares de familias dolientes. Ni una frase de esperanza creíble a un país al que hasta hace una semana tuvo engañado. "Compatriotas, al virus lo pararemos unidos", fue lo más épico que logró deponer frente a la pantalla. "El heroísmo también es lavarse las manos", fue otro de sus aciertos. Hasta las vísperas del 8-M feminista, la epidemia era un cuento chino, una fábula oriental. Repentinamente, el lunes nos topamos en la antesala de la catástrofe.

Sánchez se manifiesta en estado catatónico. El virus ha embestido con una fuerza desmesurada, con una brutalidad de cataclismo bíblico. No es un presidente para esta crisis. No está preparado para gestionar una situación de este calibre y estas características. Sus recientes comparecencias públicas, incluida la del estado de alarma, apenas despejaron la angustia general.

Sánchez tenía un plan, una estrategia vencedora, pero le han cambiado el guión y está perdido. Había diseñado un Ejecutivo hipertrofiado, poco profesional, demagogo y gritón para solventar su investidura, aprobar el techo de gasto, y sacar adelante los presupuestos...de ahí a la eternidad. Una legislatura al caletre y quizás otra en puertas. No hacía falta gestión, ni buen gobierno, ni administración aseada. Bastaba con arrojar a su grey enormes toneladas de carnaza ideológica de lo más pedestre, la ley del sexo, la memoria histórica, el ministerio de la Verdad, el diálogo con los separatistas, el referéndum, la amnistía a los golpistas... Todo iba a ser plácido y cómodo. Sin contratiempos. A la oposición democrática le habían calzado el bozal de la extrema derecha. Maniatados, vilipendiados y demonizados, Casado no crecía y Vox no sumaba. Todo perfecto en una estrategia diseñada al milímetro para eternizarse en la Moncloa.

El mundo ha dado un vuelco infernal en ocho días. Ni siquiera la brújula de Iván Redondo fue capaz de olisquear los síntomas del apocalipsis. Italia advertía pero nadie la escuchaba. Estamos ante la mayor crisis sanitaria de los últimos cien años y el Gobierno apenas da señales de vida. Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha sido la primera en reaccionar, pese a las zancadillas que le lanzaban desde Moncloa.

Pretende ahora Sánchez transmitir una cierta idea de unidad de acción en torno a su persona, por el bien de España. Demasiado tarde. Ha dedicado su mandato a hostigar a las fuerzas democráticas para entregarse a un acuerdo inaudito con los separatistas y populistas. Se acabó el tiempo. Game over. Este Gobierno de diletantes, esta coalición de amateurs, este Ejecutivo desbordado de sectarismo y de soberbia, no puede hacer frente a la hecatombe. Ya nos gustaría, pero se antoja una imposibilidad irrebatible.

El debate no es, como algunos pretenden, si PP y Cs apoyarán los presupuestos de Sánchez. La única salida razonable pasa por enviar a su casa a esta amalgama de pancarta y eslogan que tenemos por Gobierno, incapaz de afrontar estos tiempos del cólera y pactar una salida de emergencia democrática, con el respaldo de técnicos y expertos. Una coalición PSOE, PP y Cs. Lo que debió concretarse antes de la investidura.

Bien venido sea, aunque tardío, el estado de alarma. Y lo que haga falta. Hay que mirarle al monstruo a la cara y combatirlo sin piedad. Este ha de ser un empeño de todos, toda una nación unida en un esfuerzo de patriótica supervivencias. Sánchez no es la persona para liderar esta batalla. Está entregado a los pánicos e las tinieblas y al miedo ante la conciencia de su propia ineptitud. Ojalá nos equivoquemos.

Reunión de perdedores
Nota del Editor 14 Marzo 2020

Ahora resulta que la solución está en el PSOE. Pues vaya esperanza. Están espeñados en seguir igual para empeorar más. Tenemos que quitarnos de encima a los culpables de habernos empujado a este desastre. Es inadmisible que nos traten como ciudadanos de sexta clase. Es inadmisible que con nuestro dinero compren votos para seguir esquilmándonos. Vox ha cometido el error de no haber cancelado su concentración y de no haber explicado a Ortega que cuando se tose no se tapa con la mano si no con el codo, pero son nuestra última esperanza.

Lo que no se cuenta del coronavirus
Marcello republica 14 Marzo 2020

La transparencia en la crisis del coronavirus deja mucho que desear, desde que comenzó el problema español. Y recientemente lo hemos visto con motivo de las manifestaciones feministas que el Gobierno de Sánchez no quiso prohibir, cuando la vicepresidenta Carmen Calvo y la ministra Irene Montero (ahora contagiada) se disputaban el liderazgo feminista dentro del Ejecutivo.

Es muy probable que el contagio de Irene Montero partió de la manifestación. Y es seguro que la gran subida de contagios en Madrid y en otras ciudades de España también se originó en las concentraciones feministas.

Pero, para permitir esas manifestaciones y no crear alarma a los que fueron a ellas, el Gobierno retrasó una semana las medidas más urgentes en contra de la expansión del virus, y todo ello ha redundado en el empeoramiento del caso del coronavirus español.

De todo esto se habla muy poco pero es así. Como también es cierto que los primeros dirigentes de Vox fueron unos irresponsables al celebrar el pasado día 8 su mitin de Vistalegre contra el feminismo, el lugar donde también se detectaron numerosos contagios.

En los que, sin duda, tuvo una grave responsabilidad el secretario general del partido, Ortega Smith. El que, como Montero, también está contagiado, y que días atrás había estado en dos centros importantes de contagio como fueron sus viajes a Milán y Vitoria lo que aumenta su responsabilidad.

Está claro que el Gobierno de Sánchez llegó tarde para frenar el contagio en España, y con paños calientes por causa de su estrategia equivocada de la ‘respuesta proporcional’ en lugar de la respuesta de choque frontal.

Y ahora se empieza a descubrir, y ello es muy grave, que el Gobierno de España carece de material sanitario suficiente para afrontar la crisis y de especial manera de material de protección de médicos y enfermeras que son los guardianes de las vidas españolas. Como tampoco hay mascarillas y se han reducido las donaciones de sangre, que hacen falta en España.

De todo esto se habla poco, por extraña prudencia y para evitar alarmas, pero todo esto es así y por lo tanto muy preocupante porque demuestra que los gobernantes españoles no han estado al nivel que las circunstancias les exigían.

Y ahora reconoce Sánchez que vienen unas ‘semanas difíciles’. Pero no solo por el esperado aumento de contagios, sobre todo en Madrid, sino también por la escasez de medios para ofrecer la respuesta sanitaria que se debería producir.

Y si en los próximos días suben en Madrid los contagios, las muertes y falla la esperada respuesta sanitaria por falta de las UCI, de protección para los médicos y las enfermeras, por ausencia de medicamentos y de suficientes camas de hospitales (se está hablando de utilizar hoteles para ello) entonces se abrirá en España una batalla política entre el Gobierno y la Oposición.

Una batalla sobre la gestión de la crisis del coronavirus y eso será un nuevo problema añadido a los que ya tenemos que afrontar.

Duelo de histriones
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 14 Marzo 2020

Sanchistas y pablistas no son ni izquierdistas ni progresistas. Estos rótulos solo les sirvan de coartada para perpetrar sus abusos.

Temo que los politólogos se equivoquen cuando, en el trance de enjuiciar a los capos del entramado sanchista-comunista y a los rufianes de la banda chantajista antiespañola que lo sustenta, atribuyen sus tropelías, por un lado, y sus desencuentros, por otro, a motivaciones ideológicas dispares descriptas en una nutrida bibliografía. Esta es la base sobre la que construimos nuestros razonamientos cuando los desenmascaramos, pero precisamente porque la base es equivocada terminamos induciendo a error a quienes nos hacen caso.

Pudren lo que tocan
Si tomamos distancia respecto de lo que ocurre y lo abordamos con objetividad, comprobamos que la casquería ideológica con que aderezan sus discursos solo encubre su indigencia de recursos para hacer frente a los problemas de la sociedad. En lo que deberíamos poner énfasis es en algo que está a la vista de todos y que, sin embargo, pocos denuncian como la causa de nuestras desgracias: estamos asistiendo a un duelo solapado entre histriones inescrupulosos que, desprovistos de principios éticos y obsesionados por el apetito de poder, pudren todo lo que tocan.

La putrefacción se manifiesta, por arriba, en los enfrentamientos tabernarios entre los engañabobos del sanchismo y los demagogos del pablismo. Ambos son igualmente enemigos del Estado de Derecho, de la Monarquía parlamentaria y de la convivencia entre ciudadanos libres e iguales, pero colisionan entre sí a la hora de aplicar sus tácticas de rapiña. Sanchistas y pablistas no son ni izquierdistas ni progresistas. Fingen serlo, a cuál más, para engatusar a sus gobernados -que para ellos son sus súbditos- pero estos rótulos solo les sirvan de coartada para perpetrar sus abusos contra el bienestar general.

Contubernio esquizofrénico
Los choques entre las facciones que pretenden apropiarse de la autoría del anteproyecto de la todavía en gestación ley de Libertad Sexual reflejan hasta qué extremo puede llegar la degradación de un contubernio esquizofrénico. Mientras la ministra consorte Irene Montero deja trascender un borrador infumable redactado por sus amanuenses diplomados en una feria de masters espurios, la vicepresidenta Carmen Calvo moviliza a sus cortesanos jurisconsultos para convertirla en la hazmerreír de la platea. Un guiñol que culmina cuando los dos Pablos -Iglesias y Echenique- cofrades de Montero, aplican el viejo eslogan peronista "Alpargatas sí, libros no", y sentencian con su chabacanería congénita que quienes corrigen tantas incongruencias con el aval de sus estudios de derecho y gramática son, necesariamente, "machistas frustrados" y "machotes".

La contienda de histriones baja del Consejo de Ministros y Ministras a la calle cuando se organiza el carnaval feminista del 8-M. No solo porque sanchistas y pablistas se encolumnan detrás de sus respectivas lideresas y enarbolan pancartas diferentes, sino porque, una vez más, inflan reivindicaciones sectarias para explicar por qué se sientan en distintas mesas para satisfacer sus apetitos voraces. Unas sostienen que son sus vaginas las que las convierten en mujeres, y las otras pretenden incorporarse a la femineidad con los órganos masculinos intactos. Y ya las tenemos tirándose los géneros y la biología a la cabeza: transfóbicas contra transexuales. ¿No les basta? Pues aboquémonos a la guerra entre las puritanas que exigen abolir la prostitución y las realistas que se conforman con proteger a quienes la ejercen mediante leyes de asistencia social y libre agremiación. ¿Quieren más? Las radicales abominan de la maternidad subrogada y las enroladas en el colectivo LGTBI la reclaman perentoriamente.

Lo que las une es el odio a las portadoras de valores que les inspiran más miedo que el coronavirus: la libertad de pensamiento y la racionalidad. Por eso no toleraron la presencia de las dirigentes y militantes de un partido liberal como Ciudadanos, que asistieron despistadas al aquelarre, y las expulsaron con la violencia típica de todos los movimientos totalitarios de izquierda y de derecha.

Una ópera bufa
Proliferan los histriones. No están solo en la Moncloa y sus apéndices. Una troupe de ellos se sienta frente a otra de la misma calaña para negociar cómo se repartirán el pastel llamado España. Con una peculiaridad: los emisarios de los histriones de Madrid componen un solo bloque colocado de espaldas a la Constitución, predispuesto a entregar todo lo que le pidan los golpistas -desde el título de nación hasta las pseudoembajadas difamadoras-, en tanto que quienes se sientan enfrente se dividen en dos equipos de histriones étnicos enzarzados en su propio duelo por el botín. Unos, acaudillados por el monje trapacero (no trapense) Junqueras, recién exclaustrado de su celda, ya están conchabados con el Gran Felón doctor Sánchez, que administra el reparto, y los otros siembran cizaña para coger el mango de la sartén obedeciendo las instrucciones del matón Puigdemont, prófugo de la justicia.

No nos equivoquemos. Es un error interpretar lo que sucede como un episodio de alta política. Es una ópera bufa con el escenario poblado de histriones a los que debemos tratar con el desprecio que se merecen los buitres carroñeros. Nada de disquisiciones académicas que les entran por un oído y les salen por el otro, igual que a la masa de sus fieles abducidos por un sentimiento acrítico similar a la fe religiosa.

Ha llegado la hora de que los partidos políticos constitucionalistas y la sociedad civil sana expulsen a los payasos del tinglado de la antigua farsa que evocó don Jacinto Benavente, entre abucheos y una lluvia de hortalizas para castigar las burlas con que estos sinvergüenzas agraviaron y continúan agraviando a los ciudadanos.

Los expertos concluyen que aislar tres años al Gobierno frenará al coronavirus
El Pato Cojo esdiario 14 Marzo 2020

El coronavirus tiene remedio, según un estudio internacional de tres doctores, si el Ejecutivo respeta la "distancia social" con toda España hasta las próximas Elecciones.

Los principales expertos del mundo creen haber encontrado una manera eficaz y rápida de frenar el avance del coronavirus en España. Y que no requiere ni de encontrar un antivírico o una vacuna en tiempo récord. Su teoría es mucho más sencilla: bastará con aislar al Gobierno de Pedro Sánchez entero durante un periodo de entre un mes y tres años y medio, cuando volverá a haber Elecciones Generales.

Un estudio de los doctores Chin Lú, de la Universidad de Pekín; Francesco Rona de la de Milán y Eva Cuna de la de Alcalá de Henares ha descubierto ese antídoto tras constatar que, con la reclusión por enfermedad de Irene Montero y las comparecencias por plasma de Pedro Sánchez, se ha mitigado la curva ascendente de la pandemia.

"Si la vicepresidenta Carmen Calvo se somete también a una larga cuarentena voluntaria, estamos seguros de que los buenos resultados llegarán en breve", afirma el informe de los tres especialistas al que ha accedido en exclusiva El Pato Cojo.

Los doctores estiman que la "distancia social" de Sánchez y su Ejecutivo debe durar al menos tres años

Los expertos han analizado el impacto en distintas materias de las decisiones, medidas y actitudes del Gobierno, para llegar a la conclusión de que, cuando están quietos o callados, todo mejora. "El paro ha subido cada vez que Sánchez ha anunciado novedades legislativas", indica el estudio. "Y cuando Carmen Calvo se ha empeñado en redactar la Constitución con lenguaje inclusivo, se han disparado los desgraciados crímenes machistas", sostiene.

Sánchez conoció el "boom" del coronavirus diez días antes y prefirió no hacer nada

La palma se la lleva Irene Montero, responsable potencial del contagio de coronavirus a miles de mujeres a las que animó a ir unas concentraciones masivas sin respetar los dos metros de distancia de seguridad que ahora impone el presidente Sánchez para el estado de alarma en toda España.

"Quizá la unidad métrica en Podemos y el PSOE sea distinta y dos metros sean para ellos dos centímetros, pero en el mundo real dos metros siguen siendo 200 centímetros", recogen los doctores, que tildan al Ejecutivo español de "factor de riesgo" y de "paciente cero" en distintos pasajes de su estudio.

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