AGLI Recortes de Prensa   Martes 17  Marzo  2020

El peor Gobierno posible en el peor momento imaginable
EDITORIAL Libertad Digital 17 Marzo 2020

Tal y como hemos desvelado en Libertad Digital, la mujer del presidente del Gobierno dio positivo en el test del coronavirus el pasado miércoles, tres días después de asistir rodeada de ministras a la manifestación feminista de Madrid.

A Begoña Gómez se le practicaron los análisis el mismo día que a Irene Montero y con idéntico resultado; sin embargo, el Gobierno hizo público el estado de salud de la pareja de Pablo Iglesias (y, en consecuencia, del líder comunista), pero se cuidó mucho de informar de que también la mujer de Pedro Sánchez estaba en esa situación.

El resultado es que dos personas con alto riesgo de contagio, Sánchez e Iglesias, acudieron a una reunión del Consejo de Ministros con otras 23 personas sanas, contraviniendo las más elementales normas de profilaxis y el propio mandato del Gobierno, que ordena el confinamiento domiciliario de todas las personas que hubieran estado en contacto con positivos en coronavirus. No es de extrañar que este par de sociópatas acudieran a dicha cita, puesto que ambos sabían que no iban a tener contacto con nadie con un nivel más alto de riesgo que ellos mismos.

La ocultación de información y las filtraciones intoxicadoras de unos y otros ponen de manifiesto nuevamente la guerra intestina en el Gobierno social-comunista, que convirtió el último Consejo de Ministros en escenario de una bronca interminable entre las pretensiones de Iglesias de imponer en España la agenda chavista y las amenazas de dimisión de varios ministros socialistas.

El caos interno de la banda de Sánchez es tan solo una de las imágenes escandalosas del momento. Su principal socio en Cataluña, Quim Torra, golpista en ejercicio inhabilitado judicialmente, se atreve a dictar el cierre del Principado pasando por encima del estado de alarma dictado por el Gobierno en aplicación de la Constitución. No puede resultar extraño que delincuentes conspicuos del mundo separatista como Clara Ponsatí se revuelquen en su propia inmundicia haciendo bromas macabras sobre los contagiados por coronavirus en Madrid.

Como ha señalado Rosa Díez, tenemos el peor Gobierno posible en las peores condiciones imaginables. Pedro Sánchez es un sujeto sin escrúpulos tremendamente incapaz e irresponsable. Es un auténtico peligro público. No puede ser parte de la solución porque lo es, y crucial, del problema.

El coste para la economía española del despilfarro de las CCAA
José María Rotellar Libertad Digital 17 Marzo 2020

Entre 2015 y 2019, las autonomías han multiplicado el gasto de manera importantísima.

Con la terrible crisis del año 2007, quedó puesto de manifiesto que el gasto en España se había disparado de manera importante. El Gobierno de la nación, presidido por el presidente Rodríguez Zapatero lo había elevado de manera exponencial y las regiones habían hecho lo mismo, todo ello sobre la base de unos ingresos que crecían de manera acelerada, pero debido a la coyuntura económica. Cuando se produjeron los primeros síntomas de la crisis, el Gobierno central intentó anestesiar la situación con un incremento del gasto terrible -el famoso cheque de los 400 euros, el cheque bebé y los planes E- que sólo condujo a un déficit del 11% en el año 2009.

Las regiones vieron, a su vez, cómo caían sus ingresos de manera brusca, pues son muy sensibles al ciclo económico, como puede ser Transmisiones Patrimoniales o AJD. De hecho, en alguna región en los momentos álgidos del ciclo económico se llegó a recaudar más por Transmisiones y AJD que por IVA. Por eso, cuando se hundieron, las CCAA se quedaron sin cobertura para una gran parte de sus gastos, incurriendo, también, en déficit.

Esa espiral de incremento de gasto era perniciosa, pues crecía sobre la base de unos ingresos que evolucionaban al alza sólo por el ciclo económico, mientras que los gastos eran de carácter estructural. Por eso, al caer los ingresos quedó el gasto y se produjo un nivel de déficit excesivo y de alto crecimiento de la deuda.

Entonces hubo que hacer muchos ajustes, en ocasiones muy duros, pero necesarios. La Comunidad de Madrid, entre junio de 2008 y mayo de 2015 redujo en 3.000 millones el presupuesto, priorizando los servicios y bajando los impuestos, pero se enfrentó a una gran contestación social, que resistió, pero que fue complicada. Sin embargo, eso sirvió para mostrar el camino que debían seguir tanto el Gobierno central como las CCAA: un gasto eficiente y reducido, que pueda ser sostenido con los ingresos estructurales, es decir, con los que proceden del crecimiento potencial de la economía española. De ahí que se diseñase la regla de gasto para ajustarse gasto e ingreso en su parte estructural, para evitar nuevas sorpresas en el futuro.

Sin embargo, en la legislatura siguiente a la mencionada, es decir, a partir de mediados de junio de 2015 y mientras duró (hasta mayo de 2019), la espiral del gasto descontrolado volvió a aparecer en todas las CCAA: el dinero se recaudaba sin problema, debido a la recuperación económica, y muchos políticos aprovecharon para tratar de parecer más amables incrementando un gasto sufragado con esa recaudación coyuntural. Gasto que volvía a ser estructural, reproduciendo el problema que se había solucionado.

De esa forma, podemos observar cómo el gasto no financiero del conjunto de las CCAA creció en la legislatura anterior un 16,93%, es decir, ni más ni menos que 23.562,40 millones de euros.
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Ese incremento de gasto estructural comenzó de forma moderada, incrementándose en 2015 sobre 2014 (último año completo de la legislatura austera) en un 1,6%, mientras que en 2019 (último año presupuestado por la administración de la legislatura de expansión del gasto) creció sobre 2018 un 3,4%. Es decir, en el último año de la legislatura expansiva en el gasto, la que reprodujo todos los problemas de gasto, éste crecía un 112,5% más que lo que crecía en el primer año de esa expansión.

¿A qué condujo esto? A que entre 2019 y 2014 las CCAA incrementasen su gasto no financiero un 16,93%. Todas lo incrementaron por encima del 5% y ocho lo hicieron por encima de la media.

Al mirar esos datos, observamos con tristeza cómo todo el esfuerzo de los años previos ha quedado volado por los aires. Especialmente triste es en alguna región, como Baleares o Valencia, donde tantos esfuerzos se hicieron, y que, entre 2015 y 2019, han multiplicado el gasto de manera importantísima.

¿Qué supone esto? Que, de nuevo, tenemos un gasto estructural consolidado, que ha crecido sobre los ingresos coyunturales, pero que ante la situación actual de desaceleración y probable agravamiento del entorno económico irán cayendo mientras el gasto permanece. Eso hará que, nuevamente, haya que volver a realizar ajustes importantes si no quieren incurrir en déficit público excesivo y más endeudamiento. Es una ardua tarea, pero que todas las CCAA tendrán que hacer, y cuanto antes lo hagan, mejor.

Tertuliano de En Casa de Herrero.

Se debe velar por el interés nacional
José María Rotellar okdiario  17 Marzo 2020

En estos momentos que atravesamos, donde ha sido necesario proclamar el estado de alarma para poder recuperar el tiempo perdido y los recursos distraídos en otras cuestiones por el propio Gobierno, no es tiempo de realizar el análisis de lo mal que ha hecho las cosas el Ejecutivo, cuando podría haber contenido mejor, escalonadamente, la propagación del virus con una actuación temprana y con mejor información, dando una señal de firmeza, con un plan trazado, que transmitiese confianza y tranquilidad, a la vez que incentivase la prudencia de todos. Eso no ha pasado y momento habrá de analizarlo. Ahora, todos debemos poner de nuestra parte para que esta situación pase lo antes posible de la mejor manera que sea factible.

Para eso, hace falta un Gobierno que vele por el interés nacional. Sin embargo, con el esperpento de Consejo de Ministros del sábado aparecen muchas dudas de que una parte del mismo lo haga: la parte podemita. Una cosa es que el estado de alarma le confiera al Gobierno la coordinación y utilización temporal de todos los recursos, públicos y privados, que precise, y otra el intento de los comunistas, según las informaciones periodísticas publicadas, de nacionalizar las eléctricas y los medios de comunicación. El estado de alarma es un instrumento para que el Gobierno pueda coordinar y utilizar todos los recursos mientras dure dicho estado de alarma, no para nacionalizar nada.

Por otra parte, también según las mismas informaciones periodísticas parece que los podemitas querían que Cataluña y País Vasco no quedasen bajo la coordinación del Gobierno de la nación, porque era atentar contra su autonomía. Es irritante que esa parte del Gobierno no pueda dejar, ni por un instante, su obsesión política. Una enfermedad, máxime si se considera pandemia, afecta a todos por igual, sin distinguir fronteras, acentos o colores políticos. Por ello, lo mejor que puede hacerse es una acción coordinada que persiga eficiencias en el empleo de los recursos y permita, así, avanzar más en la superación de esta complicada circunstancia. Eso es lo que permite el estado de alarma.

Estas dos cuestiones que, según los medios de comunicación, se dieron en el consejo de ministros del sábado, ponen de manifiesto, por si quedaba alguna duda, que Podemos no es una organización política que esté a la altura de la responsabilidad de sentarse en el banco azul. Sánchez debería aparcar, al menos por este duro período, su dogmatismo, destituir a todos los ministros de Podemos, romper con dicho partido y para siempre con los independentistas -que también se ocupaban de reclamar el domingo que el Gobierno no los coordinase en lugar de ocuparse en lo que debería ser su preocupación, salvar enfermos y minimizar el impacto en la economía, por este orden- y formar un Gobierno de unidad nacional con los partidos constitucionalistas o, al menos, con el principal partido de la oposición, pero si puede ser con todos los constitucionalistas, todavía mejor.

No es admisible que por el problema generado por Podemos se aplazase la adopción de medidas económicas de cortísimo plazo para evitar la asfixia de las pymes y autónomos, ni que se diese esa imagen de descoordinación en lugar de transmitir una señal de seguridad, firmeza y dominio de la situación, que emanasen confianza, que es la parte estructural necesaria para que se destruya lo menos posible el tejido productivo y sirvan de algo las medidas de cortísimo plazo. El Gobierno debe velar por el interés nacional, y si una parte de sus miembros se preocupa de otras cosas antes que de esos intereses nacionales, debe ser destituido

Hay que cerrar ya el país, cerrarlo de verdad y cerrarlo sin más demoras
ESdiario 17 Marzo 2020

Sánchez ha perdido semanas, cuando no meses, en tomar medidas que va a tener que adoptar: no hay alternativas y no existen ya las medidas tintas.

España tiene que cerrar, de verdad, con las excepciones elementales en servicios y suministros, y cerrar rápido. No tiene otra opción, y si se demora esa evidencia, se llegará igualmente a la clausura del país pero a un precio mucho mayor en términos de salud pública y vidas humanas.

No existe alternativa, y ya hemos perdido un tiempo precioso, fruto del irresponsable desprecio del Gobierno a las enseñanzas que venían de China e Italia, de los consejos de la Organización Mundial de la Salud y de las evidencias que iba ofreciendo la propia crisis sanitaria local.

Habrá tiempo de hacer ese balance y de exigir responsabilidades, que deben ser muchas y precisas, pero ahora toca concentrarse en la respuesta a la emergencia. Y aprender, una vez más, de la evolución que han experimentado otros países donde se han aplicado unas medidas u otras.

Hungría, Croacia, Rusia o hasta Alemania han sido eficaces en términos de contagio al aplicar medidas contundentes del cierre total de sus fronteras desde hace tiempo, algo que España ha tardado en decidir y limitó, ayer, al transporte terrestre.

Y China y Corea han reducido a la mínima expresión la transmisión del virus, al aplicar un confinamiento total combinado con pruebas masivas de detección de la enfermedad, para aislar a los infectados y cortar la cadena de transmisión: en el país de origen ayer solo se detectaron cuatro nuevos enfermos, lo que unido a la cifra de que 80.000 de los 175.000 enfermos detectados en todo el mundo ya han sanado.

España ya llega tarde a buena parte de eso, que podría y debería haber aplicado de disponer de un Gobierno con los ojos abiertos, valiente y unido. Y no esta orquesta desafinada que ha estado más pendiente de cómo afecta todo a Pedro Sánchez o cuáles son los equilibrios de poder interno que de situar una agenda sanitaria realista como única brújula.

Pero sí se está a tiempo de minimizar los daños humanos y de evitar el colapso sanitario, auténtico peligro para la salud colectiva y el tratamiento adecuado a los afectados. Y para eso, Sánchez debe dejar de espaciar las medidas y aplicarlas todas, a la vez, y sin excepción.

Las sanitarias, las económicas y las sociales. El panorama será tétrico, pero temporal: su alternativa es más funesta, más profunda y más difícil de recuperar. No existe un Plan B que permita reconducir la alerta sin adoptar medidas traumáticas.

Ellos nos han fallado; nosotros no fallaremos
Rosa Díez okdiario 17 Marzo 2020

Ni es el momento para saldar cuentas ni lo es para relajarnos. Tras una vergonzosa reunión que se prolongó hasta bien entrada la tarde el Gobierno de España tomó finalmente la decisión de declarar el estado de alarma. Pero esta decisión es sólo el inicio de lo que hemos de hacer para contener y superar la emergencia sanitaria y el drama económico y social que nos espera. Y por eso es necesario que sigamos poniendo deberes a nuestros gobernantes además de cumplir con los nuestros como ciudadanos.

Si en este momento de unidad cabe hacer este reproche es únicamente porque el objetivo es que no nos vuelvan a fallar. Nos han fallado porque minimizaron el riesgo y no tomaron a tiempo las medidas necesarias. Nos han fallado porque incluso cuando no pudieron seguir autoengañándose dedicaron unas horas preciosas a resolver sus disputas internas de protagonismo y se olvidaron del drama que vivían millones de sus conciudadanos, que esperaban expectantes a que el Gobierno de su país tomara decisiones en las que nos iba, literalmente, la vida. Nos han fallado porque anunciaron el estado de alarma y pospusieron su concreción hasta la reunión del Consejo de Ministros del día siguiente; nos han fallado porque reunieron el Consejo de Ministros sin haber cumplido con su obligación de acordar previamente el alcance del Decreto y demoraron interminables horas la decisión final; nos han fallado porque no dieron ejemplo y permitieron que el Vicepresidente Iglesias se sentara en la reunión a pesar de estar en cuarentena; nos han fallado porque pospusieron cuatro días la adopción de las medidas económicas que deben acompañar a una decisión de estas características. Nos han fallado porque hay millones de españoles que a la preocupación por su salud y la de los suyos une la incertidumbre sobre aspectos esenciales de su vida: qué pasará con su hipoteca, con su solicitud de desempleo, con su cuota de autónomos, con las ayudas para atender a los niños en casa si el tele trabajo en imposible, con el aplazamiento o no del pago de sus prestamos… Millones de españoles no tienen en este momento ningún tipo de certeza sobre cómo llegarán a final de mes, sobre si le aplazarán en su banco el pago de la hipoteca o sus prestamos personales, sobre si se tramitará a tiempo para pagar el alquiler el subsidio de desempleo. ¿Acaso las medidas que en otros países se han venido tomando no podían estar ya implementadas en España? ¿Tanto nos diferenciamos de Francia, o de Alemania, o de Italia en este sentido?

La situación en la que se toman las decisiones resulta clave porque las mismas medidas tienen éxito o sirven para poco según en el momento en el que se adopten e implementen. No hace falta ser un científico para llegar a la conclusión de que si hubiéramos adoptado medidas restrictivas en materia sanitaria cuando vimos lo que estaba ocurriendo en Italia, que está a la vuelta de la esquina, hoy estaríamos mucho mejor. Ya se que hay opiniones para todos los gustos y que mientras había miembros de la comunidad científica que alertaban sobre la necesidad de adoptar medidas drásticas otros argumentaban que lo contrario. Por eso de que gobernar es decidir nuestro Gobierno optó por hacer caso a quienes pronosticaban que no iba a pasar nada grave, que apenas si veríamos algún caso, como llegó a decir el responsable científico que actuó como portavoz del Gobierno durante semanas. Y así hemos llegado a donde estábamos: tarde en lo sanitario y tarde en lo económico también.

Vaya por delante que no creo en la mala fe del Gobierno. Creo en su incompetencia, en su nulo sentido de Estado, en su incapacidad para superar el infantilismo y populismo con el que se formó. Sánchez formó un gobierno para ganar la batalla de la propaganda y le han tocado tiempos en los que hay que gobernar. Formó un gobierno para partir a España por la mitad, entre derechas e izquierdas, entre buenos y malos españoles; y le ha tocado un momento en el que solo desde la unidad, a la que ahora apela, se puede enfrentar la crisis. No, no creo en la mala fe de Sánchez; simplemente es que no está a la altura de las circunstancias. Lo cual no resulta nada tranquilizador porque, como escribió Carlo M. Cipolla en Allegro ma non troppo, no hay nada en la vida que resulte más peligroso que un estúpido con poder.

Pero este es el Gobierno que tenemos, el que está al timón, el que tiene los instrumentos, el que controla el BOE y a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Con estos bueyes hay que arar. Y como ahora mismo no es posible cambiar de bueyes hay que empujar el arado con todas nuestras fuerzas.

Que no hicieron lo que debieron a tiempo es algo que no se atreve a negar nadie, por mucho que algunos pretendan minimizar la responsabilidad de quien no tomó las decisiones correctas. Y quiero insistir en ello porque aun quedan muchas decisiones que tomar. Y no podemos permitir que el Gobierno vuelva a errar, sea porque toma las decisiones incorrectas o porque dilata las correctas.

Antes citaba a Italia como ejemplo de país cercano que podía habernos servido como ejemplo tanto por sus aciertos en la toma de decisiones, aquellas que fueron efectivas, como por las que se quedaron cortas y por las consecuencias del conjunto. No hicimos caso, no vimos los síntomas, no tomamos conciencia de que éramos el siguiente. Pero tampoco hicimos caso al ejemplo de Corea, un país muy parecido en población y estructura social a España, que enfrentó el virus de manera radicalmente distinta a como lo hemos hecho nosotros y que hoy es un ejemplo de éxito en el mundo. Cuando Corea sumaba medio centenar de casos, el alcalde de Daegu, la ciudad en la que se estaba concentrando el principal foco, alertó sobre la gravedad de la situación y llamó a todos los ciudadanos a quedarse en sus casas. Estamos hablando del 20 de febrero. En el caso de España, el primer llamamiento (de Madrid, y al margen de lo que decía el Gobierno de España) llegó cuando ya teníamos 1000 infectados. Corea ha hecho una media de 15.000 test diarios para evitar que los asintomáticos puedan contagiar a la comunidad; según el Ministro Illa en España se han hecho 30.000 test hasta ayer.

Corea ha preferido prevenir anticipándose y creyendo la peor de las versiones posibles sobre la evolución de la enfermedad. E incluso decidieron tomar medidas impopulares, como geolocalizar a través del móvil la presencia de infectados (no identificados, naturalmente), cerrar bibliotecas y centros sociales o aplazar el inicio del curso escolar cuando la población aún no tenia sensación de riesgo. Todas esas medidas han tenido como consecuencia que su tasa de mortalidad sea del 0,8% mientras que en España es del 3%.

Esta comparación ha de servirnos para pedir al Gobierno que tome las medidas necesarias sin que le tiemble el pulso y sin pensar en las repercusiones electorales de las mismas. Pero ha de servirnos también como llamada de atención hacia nosotros mismos de forma que nosotros, los ciudadanos, no le fallemos al país. En Corea no hizo falta toque de queda ni aislar ciudades pues a partir de las primeras llamadas de las autoridades y cuando apenas había medio centenar de infectados en el país las calles se quedaron vacías. En España la inmensa mayoría de los ciudadanos ha respondido de forma ejemplar, aunque haya habido algún impresentable dando la nota. Pero esto acaba de empezar y va a ser largo y tedioso. Vamos a tardar al menos una semana en ver los primeros datos positivos del aislamiento y eso va a desesperanzar a mucha gente, lo que unido a la perdida de credibilidad de las personas que nos van a seguir marcando las pautas puede tener consecuencias muy negativas.

No podemos caer en la desesperanza ni rendirnos. Ellos no estuvieron a la altura; nosotros, el conjunto de los españoles, debemos compensarlo con nuestra acción individual y ciudadana. El país nos necesita; nuestro vecino, nuestro colega, nuestros hijos, nuestros mayores… nos necesitan. No podemos fallar al país porque sería fallarnos a nosotros mismos. Tenemos una misión que cumplir: frenar la extensión del contagio y provocar con nuestra responsabilidad que baje la curva y podamos empezar a dar buenas noticias. No fallaremos.

El virus y las mentiras de Torra
Pablo Planas Libertad Digital 17 Marzo 2020

El individuo que preside la Generalidad catalana a falta de que se haga efectiva su inhabilitación pretende hacer creer a la población que las autoridades autonómicas de la región han ido por delante de todos los Gobiernos autonómicos y del Gobierno de España en la adopción de medidas frente al coronavirus. Es falso, como cabía esperar de la procedencia de tal especie. En Cataluña, como en el resto de España, las autoridades sanitarias fallaron en el pronóstico de manera clamorosa.

El secretario de Salud Pública de la Generalidad, Joan Guix (el equivalente catalán al doctor Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Gobierno), manifestaba el pasado 24 de febrero que un escenario como el de Italia era "poco factible" en Cataluña y ponderaba el sistema sanitario catalán en términos ditirámbicos, el colmo de la prevención, la detección y la protección.

Días más tarde, el 9 de marzo, insistía en tan feliz y optimista tesis y en una entrevista en la emisora oficial de la Generalidad aseguraba que carecía de sentido aplicar en Cataluña las medidas de Madrid, Vitoria e Italia porque en Cataluña se mantenía el control de la trazabilidad de los contagios. Preguntado sobre si había que cerrar guarderías, escuelas y universidades, respondía que "en absoluto" porque "la situación es bastante diferente". A mayor abundamiento, afirmaba que "nos sigue preocupando más la gripe que el coronavirus", aunque concedía respecto al Covid-19 que "no lo hemos de banalizar". Sin embargo, aportaba el dato de que la gripe ya había matado a "45 o 46 personas en Cataluña en lo que llevamos de temporada y más de quinientas personas ingresadas graves". Ese día, Guix insistía en que en Cataluña no se iba a producir el colapso hospitalario de Italia "a no ser que nos estemos equivocando mucho". "No prevemos tensiones en el sistema, no prevemos un desbordamiento del sistema", reiteraba el alto cargo.

El día 11, el consejero de Enseñanza, Josep Bargalló, se tomaba a broma la posibilidad de cerrar los centros educativos. "No hay ningún motivo para proceder al cierre global de las escuelas", afirmaba en rueda de prensa. El 12 admitía lo inevitable. Primero hablaba de que las guarderías cerrarían el lunes 16 marzo. Al poco incluía las escuelas para más tarde añadir institutos y centros universitarios. Y al cabo, rectificaba respecto a la fecha de clausura y la adelantaba al viernes 13.

El mismo jueves 12 por la noche, la Generalidad ordenaba el confinamiento de la ciudad de Igualada y su área de influencia ante la aparición de un brote en el hospital con medio centenar de contagios y tres víctimas mortales. Fue el viernes por la noche cuando Torra exigió al Gobierno el confinamiento de toda Cataluña con el cierre de puertos, aeropuertos y estaciones de tren. En un alarmante mensaje aseguraba que estaba en riesgo ese sistema sanitario que hasta pocos días era la envidia del mundo civilizado.

A partir de esa instante, el todavía presidente de la Generalidad ha tratado de sacar ventaja política de la crisis sanitaria, que utiliza como palanca para la independencia siguiendo el modelo empleado por los separatistas cuando los atentados islamistas del 17 de agosto de 2017 para vender la tesis de que Cataluña ya era un Estado perfectamente viable. El objetivo es actuar al margen del resto de España, aparentar que Cataluña es un Estado independiente que funciona mucho mejor que el español, que en la propaganda separatista es lento, pesado, caduco y actúa como un lastre que limita las infinitas posibilidades de los ciudadanos de Cataluña en la república de tipos como Torra, Puigdemont y esa señora resentida (Ponsatí) que se ríe de los muertos en Madrid.

Es difícil ser más miserable, pero desde aquel infausto agosto de 2017 no cabe esperar de los nacionalistas nada más que reacciones a la altura de su mezquindad. Y cuanto más grave sea la ocasión, más inmoralidad y bajeza.

Treguas
Aplácense enfrentamientos sin renunciar a la crítica, sin la que no funcionan ni la ciencia
Juan Carlos Girauta ABC 17 Marzo 2020

Una tregua política puede ser razonable siempre que no nos engañemos: algunos no la admiten porque jamás la conceden; es sabido que los estúpidos lo son todo el tiempo. Ahí estableceríamos la diferencia entre el trato que cabe dispensar al Gobierno y el que merece el manicomio nacionalista catalán (los nacionalistas vascos gobernantes serán muy cucos, pero no están locos).

Aplácense enfrentamientos, por tanto, sin renunciar a la crítica, sin la que no funcionan ni la ciencia, como sabemos desde Popper, ni la mínima libertad. Fíjense que Podemos, según se filtró, quería intervenir los medios de comunicación. ¿Qué sociedad sería esa? La única intervención aceptable en los medios es la que ya está en vigor, y que obliga a insertar anuncios relacionados con la crisis sanitaria.

La tregua política, hechos estos matices, debería durar tanto como el estado de alarma, que ciertamente se prorrogará, si es que no vamos al de excepción. Es posible atemperar el clima porque la parte asilvestrada del ejecutivo no tiene en este impasse ningún poder. Las cinco personas que gobiernan de modo efectivo, más allá del lío que tres de ellos se hicieron en su primera comparecencia en común, son por fin conscientes de la gravedad de la situación. La respuesta a la crisis sanitaria, aunque tardía, está estructurada en normas que nos obligan a todos.

Hoy podremos juzgar el lado económico. El desafío es brutal. La crisis de oferta ya se ha solapado con la de demanda y las políticas planificadas antes de la pandemia no sirven. El proyecto de presupuestos pactado con Podemos y los separatistas es pasado, y el realismo impone otro. Uno de crisis.

Los que ya eran vulnerables precisan especiales medidas de protección. Inmediatas. ¿Cuántos de los ciudadanos confinados en sus casas viven solos? ¿Por qué no está desarrollándose con urgencia para toda España la aplicación de la que pronto dispondrán los madrileños gracias a la previsión de Isabel Díaz Ayuso?

Muchos que no lo eran se van a convertir en vulnerables en cuestión de días. Y si el gobierno merece una tregua, el contribuyente aún más: una fiscal. Si no se le concede, las consecuencias perjudiciales nos salpicarán a todos. En cuanto a las empresas, ¿cuántas van a poder sobrevivir a la paralización de la actividad sin una urgente puesta en marcha de préstamos ventajosos a medio y largo plazo, y con un generoso período de carencia? Atinar en este punto es esencial para que el previsible incremento del paro no se desboque. En cuanto a los millones de autónomos, el anuncio de la suspensión de sus cotizaciones ya tendría que haber llegado.

Todo esto requiere un marco muy flexible en la compra de deuda soberana por el BCE, mecanismos internos inmediatos para avalar a las empresas grandes, medianas y pequeñas, además de los autónomos, y, por supuesto, la excepcionalidad, ya anunciada a medias, como nueva norma para el déficit. En la guerra como en la guerra.

Actuar ya para evitar el colapso por el coronavirus
Editorial El Mundo 17 Marzo 2020

El Gobierno debe garantizar la viabilidad de la economía con un plan de calado que dote de certidumbre al tejido productivo

El mundo contiene la respiración a la espera de que las autoridades sanitarias -empezando por las europeas- sean capaces de frenar la expansión del coronavirus. Preservar la salud pública resulta vital, pero salvar la economía mundial también se ha convertido en una prioridad. La pandemia, originada en China, amenaza con colapsar la actividad económica y con hundir en una larga crisis no solo a la eurozona sino al conjunto de la economía global. De ahí la necesidad de operar con la suficiente rapidez y contundencia como para evitar el colapso. Después de que los mercados bursátiles volvieran a hundirse pese a la acción concertada de los principales bancos centrales, un Eurogrupo dividido debatió ayer la aplicación de planes de estímulo.

Urge que la UE actúe con eficacia y con el suficiente liderazgo político. No solo porque está en juego la estabilidad económica, sino porque se dirime la propia supervivencia del proyecto comunitario. La crisis será un caldo de cultivo para el repliegue nacionalista. Y la descoordinación e incluso la insolidaridad -a través, por ejemplo, de la prohibición de exportar material sanitario a otros Estados miembros- alientan la eurofobia en una coyuntura que puede marcar un punto de inflexión en la geopolítica global. También en el cierre de fronteras cada país ha ido por su cuenta. El Gobierno secundó ayer esta medida a rebufo de otros Estados, como Alemania, que tomó esta decisión con un número menor de contagios. Pero en todo caso bienvenida sea esta firmeza, imprescindible para contener la pandemia.

En el plano económico, Sánchez no detalló ninguna medida de calado tras activar la alarma. El Consejo de Ministros de hoy debe aprobar un programa económico ambicioso y solvente capaz de garantizar la viabilidad de la economía. El primer día laborable despues del decreto del estado de alarma se saldó ayer con una avalancha de EREs y ERTEs presentados por empreas afectadas por el desplome del consumo y la demanda. La CEOE y la banca han pedido un "aval ilimitado estatal" para evitar el desplome del tejido productivo. Confirmada la disposición de Bruselas a flexibilizar el déficit, el Gobierno debe evitar a toda costa una crisis de deuda y facilitar a las empresas la aplicación de expedientes de reducción temporal de empleo. A ello debería sumarse una moratoria en los pagos de primera necesidad, incentivos fiscales inmediatos, proteger las rentas salariales y la Seguridad Social -a cargo del Estado, no del empleador- y aplazar el pago de impuestos. Si ayer se registraron aglomeraciones puntuales en hora punta se debe a la falta de aplicación del teletrabajo y a la incapacidad del Gobierno para ofrecer un marco de certidumbre jurídica y fiscal a las empresas bajo presión. Sánchez debe reaccionar ya. De lo contrario expone a la economía española no a su congelación hasta superar la crisis, sino a su hundimiento.


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Presidente: pida perdón y rectifique
Cayetano González Libertad Digital 17 Marzo 2020

Soy consciente de que pedir al presidente del Gobierno que reconozca sus errores y pida perdón por ellos a la ciudadanía puede tener más de ejercicio voluntarista que de otra cosa. Pero, al menos, hay que intentarlo y, desde luego, denunciar el comportamiento de quien en estos momentos está en el Palacio de la Moncloa. No me apuntaré a esa corriente de lo políticamente correcto que consiste en decir que ahora no es el momento de hacer críticas o exigir responsabilidades.

Cuando Sánchez, en su comparecencia del sábado por la noche –aplazada siete horas por el guirigay que se produjo en el seno del Consejo de Ministros–, apeló a la unidad de los españoles, al patriotismo, a la fortaleza de España, eso sonó bien, pero había un problema no menor: él está en la Moncloa gracias al apoyo de quienes quieren que España deje de ser España. Sánchez buscó y consiguió el voto o la abstención de partidos como ERC, PNV, Bildu, BNG o Compromís, y no tuvo los de Juntos por Cataluña por el enfrentamiento que los del prófugo Puigdemont mantienen con los de Junqueras.

Es decir, que cuando vienen mal dadas el inquilino de la Moncloa se envuelve en la bandera nacional y hace llamamientos patrios, pero antes, para llegar a la Presidencia del Gobierno, no tiene ningún reparo en pactar con aquellos a los que España les importa una higa. Por ello, Sánchez tiene que pedir perdón.

Cuando el presidente del Gobierno decide, con enorme retraso, tomar medidas muy drásticas que afectan a la movilidad, al día a día de los ciudadanos, uno no puede olvidar que, seis días antes de anunciar el estado de alarma, permitió, consintió y alentó, junto con sus terminales mediáticas –con La Sexta de Ferreras a la cabeza–, la asistencia a las manifestaciones feministas que tuvieron lugar en distintas ciudades de España. En la cabecera de la celebrada en Madrid se pudo ver, sonrientes y alegres, a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo; a la ministra de Igualdad, Irene Montero; a la de Educación, Isabel Celaá; a la de Administración Territorial, Carolina Darias; al ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, e incluso a la propia esposa del presidente.

Tamaña irresponsabilidad –de las personas citadas, de momento hay tres que han dado positivo en el test del coronavirus, y no se sabe el número de asistentes a la manifestación que fueron infectados en la misma– sería ya motivo para la dimisión inmediata de, al menos, los miembros del Gobierno que acudieron. Por todo ello, Sánchez debería pedir perdón. Al menos los de Vox, que también cometieron un grave error celebrando ese mismo día un acto en Vistalegre al que acudieron 9.000 personas, lo reconocieron y pidieron perdón por ello.

Sánchez también debería pedir perdón a la ciudadanía por consentir que su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, se saltara la cuarentena a la que estaba sometido por mor del positivo de su mujer y se presentara el sábado en el Consejo de Ministros. ¿Qué ejemplo se da a los ciudadanos, a los que se les pide que permanezcan encerrados en sus casas, mientras Iglesias hace de su capa un sayo y el presidente se lo permite?

El Gobierno, con su presidente a la cabeza, es el menos indicado para hacer frente a una grave crisis sanitaria que aparejará otra de tipo económico, porque lo que ahora se necesita es unidad, fortaleza y un liderazgo institucional y político que se ponga al frente de la ciudadanía. Este Gobierno, con sus apoyos independentistas, estaba concebido para hacer todo lo contrario a lo que ahora se necesita. Lo sensato sería que, una vez superada la pandemia, Sánchez rectificara, rompiendo sus lazos con Podemos y con los independentistas, para a continuación buscar un gran pacto con los partidos constitucionalistas o convocar elecciones. Me temo que no hará una cosa ni la otra.

Las 20 lecciones que el separatismo debería extraer del positivo por coronavirus de Torra
La infección de Torra desmantela la tesis que acusa de la expansión del virus a Madrid y evidencia los peligros del quijotismo separatista.
Cristian Campos elespanol 17 Marzo 2020

Los separatistas presentan el coronavirus como algo de Madrid y de Igualada, pero Aragonès da positivo
Cataluña mantiene las salidas de los presos del 'procés' pese a anular los vis a vis y otros permisos

1. Los positivos por coronavirus del presidente y el vicepresidente de la Generalidad han demostrado la endeblez de esa tesis nacionalista que habla de una epidemia descontrolada por la inoperancia de Madrid.

2. La respuesta primaria a los positivos de Quim Torra y Pere Aragonès sería poner al nacionalismo frente al espejo de sus propios insultos. Sólo unas horas antes, la prófuga Clara Ponsatí se había burlado de los muertos de Madrid con el mensaje "de Madrid al cielo".

3. Pero, ¿quién querría descender voluntariamente hasta los abismos morales en los que mora ese nacionalismo que se alegra de las muertes que considera "ajenas"?

4. Sólo Torra, de entre todos los presidentes autonómicos, ha intentado aprovechar la epidemia políticamente, como si se tratara de un acto electoral más de la campaña de JxCAT para las futuras elecciones autonómicas catalanas. Iñigo Urkullu, tras una leve protesta, se ha sometido a la autoridad del Gobierno sin mayores aspavientos.

5. La insistencia del nacionalismo catalán en afear al Estado el incremento del número de infectados se compadece mal con sus propias cifras. Ayer, el número de infectados en Cataluña se incrementó en 491 casos. Seis personas murieron en Cataluña, para un total de 18 desde el comienzo de la crisis.

6. La realidad es mucho más sencilla de lo que pretende el nacionalismo. El coronavirus no hace distingos entre "razas superiores" y "bestias taradas", como ha recordado Albert Rivera en su cuenta de Twitter.

7. Torra ni siquiera puede esgrimir como prueba de sus tesis la irresponsabilidad del Gobierno llamando a manifestarse el 8M. En primer lugar, porque también su Gobierno, e incluso Carles Puigdemont, llamaron a manifestarse ese día.

8. En segundo lugar, porque él mismo participó en el evento masivo de Perpiñán en el que miles de separatistas se congregaron para recibir a Carles Puigdemont el pasado 29 de febrero.

9. Ese mismo día, a las 17:00 de la tarde, el Gobierno francés prohibió las concentraciones de más de 5.000 personas en todo el territorio nacional. En Perpiñán se habían reunido, si hemos de hacer caso a las propias cifras del nacionalismo, 100.000 independentistas.

10. Ahora, Quim Torra pide medidas más duras que las adoptadas por el Gobierno español y un confinamiento total de los españoles en sus domicilios. Al mismo tiempo, critica por excesiva la toma de control de todos los resortes de la administración regional por parte del Gobierno. La sensación es que Torra criticaría cualquier medida y su contraria para reforzar su discurso de "España contra Cataluña".

11. El 10 de marzo, dos días después de las marchas del 8M, el secretario del departamento de Salud Pública de la Generalidad, Joan Guix, afirmaba que en Cataluña no hacía falta cerrar escuelas y universidades, como ya había hecho Madrid, porque la "situación" catalana era "bastante diferente" a la del resto del país. ¿Cuál era la diferencia de la que hablaba Guix? Nadie lo sabe.

12. Las exigencias del nacionalismo se compadecen también mal con la escasa transparencia del Gobierno autonómico catalán. Ayer lunes, la consejera de Presidencia, Meritxell Budó, el consejero de Interior, Miquel Buch, y la consejera de Salud, Alba Vergès, se negaron a concretar los datos de infectados en Cataluña.

12. Según informa Libertad Digital, los Mossos d'Esquadra controlaban ayer en la estación de Sants de Barcelona a los viajeros que llegaban desde Madrid. Tres de ellos fueron "derivados" al servicio de emergencias porque, a juicio de los agentes, presentaban "signos" de coronavirus. Según Libertad Digital, los Mossos inspeccionaron a 181 pasajeros en total.

13. Los Mossos d'Esquadra llevan varios días realizando ese tipo de controles en las carreteras catalanas, que no parecen derivar de la literalidad del decreto de alarma del Gobierno. ¿Quién controla a día de hoy a los Mossos? ¿Torra o Marlaska?

14. Pese a su positivo, y recluido en la Casa dels Canonges, la residencia oficial de los presidentes de la Generalidad, Torra ha enviado al Gobierno un "plan de confinamiento" contra el coronavirus diferente al establecido por este en su decreto del estado de alarma.

15. Parece obvio que la obsesión de Torra es demostrar frente a los ciudadanos catalanes que la autoridad competente en la lucha contra el coronavirus en Cataluña es la Generalidad y no el Gobierno.

16. Su frase "la Constitución no es un fármaco contra el virus" no es sólo absurda sino que también demuestra que la mente del presidente no está donde debería estar. Torra está en su lucha imaginaria contra los molinos de la España imperial. Los ciudadanos catalanes están en lucha contra el virus.

17. "Si hay algún responsable público que hace un planteamiento político de esta situación, lo digo con respeto y preocupación, no merece ser llamado responsable político" dijo la ministra de Defensa Margarita Robles el pasado domingo. El condicional sobraba. Torra ha hecho, efectivamente, un planteamiento político de la epidemia.

18. Cataluña no puede ir por libre en la lucha contra la epidemia. Es irresponsable, es arriesgado y es inmoral. También es ilegal.

19. Si Torra es incapaz, incluso en un momento como el actual, de aparcar por quince días sus objetivos políticos en aras del bien mayor de la vida de sus ciudadanos, ¿qué cabe esperar de él durante los meses futuros en esa mesa de diálogo que él insistía hace apenas unos días en mantener a toda costa, aunque fuera telemáticamente, como si el Gobierno no tuviera otra cosa en la que pensar que el referéndum de autodeterminación y la libertad de los presos del procés?

20. El coronavirus no es una pieza más del tablero político que mover a conveniencia de parte. Es una enfermedad potencialmente mortal que ha acabado ya con la vida de 309 ciudadanos españoles. Es una enfermedad que ha obligado a los españoles a enclaustrarse en sus casas para evitar la extensión del contagio. Paradójicamente, debería ser también la enfermedad que obligara a Torra a salir de su enclaustramiento ideológico para actuar con una mirada limpia, con lealtad y con racionalidad, a las órdenes del Gobierno.

 


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