AGLI Recortes de Prensa   Viernes 20 Marzo  2020

Pablo Iglesias es un peligro público
OKDIARIO 20 Marzo 2020

El vicepresidente segundo del Gobierno y secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, está -o debería de estar- en cuarentena, desde que su pareja, la ministra de Igualdad, Irene Montero, dio positivo en el test del coronavirus el pasado 12 de marzo. La situación le obligaría a estar aislado, por razones obvias. Sin embargo, ya han sido tres las comparecencias de Iglesias, que parece no entender que su presencia pública constituye un riesgo evidente. Que se quede en casa, por su bien y el nuestro, porque su intervención-mitin de este jueves era perfectamente prescindible.

La cuarentena es una obligación para todos aquellas personas que han estado en contacto con contagiados y cumplirla no es una opción, por mucho que sea vicepresidente del Gobierno de España. Más aún, por serlo, Pablo Iglesias debería ser aún más estricto en su cumplimiento. ¿Qué ocurriría si todos los españoles hiciéramos lo mismo que el líder de Podemos? ¿Tiene bula o una dispensa especial por ostentar un puesto político relevante? Si miles de españoles han sido multados por saltarse las normas contempladas en el decreto del estado de alarma, ¿cuál es la razón para que Iglesias pueda moverse libremente teniendo en cuenta que se encuentra en situación de cuarentena?

El vicepresidente segundo del Gobierno es una amenaza para el conjunto de la sociedad, pero, en el colmo del sarcasmo, este jueves acompañó al ministro de Sanidad, máximo responsable en la lucha contra el coronavirus, en una rueda de prensa que convirtió en un acto de propaganda masiva. La ejemplaridad en estos momentos es una obligación inexcusable para la clase política. Pablo Iglesias no es que no sea ejemplar, es que se ha convertido en un peligro público.

Al presidente del Gobierno corresponde instar a su vicepresidente segundo a cumplir los protocolos de actuación. Y tiene que hacerlo con carácter de urgencia y con la máxima firmeza. Iglesias no es ningún escudo social, sino un irresponsable insolidario que se ha colocado fuera de la norma y el sentido común

Iglesias, lo importante es salvar vidas
Editorial larazon 20 Marzo 2020

La mayor parte de la opinión pública asiste entre estupefacta y asombrada a la batalla digna de mejor causa que libra el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, para conseguir protagonismo político en la gestión de la crisis sanitaria, tras unos comienzos poco airosos, en los que se vio superado por los acontecimientos y, todo hay que decirlo, por las consecuencias fatales de las movilizaciones del 8 de marzo, que habían sido jaleadas intensamente por Unidas Podemos.

El último episodio de esta pugna interna por hacerse con el futuro relato de la mayor emergencia ciudadana vivida por los españoles desde que hay memoria, tuvo lugar ayer, cuando Iglesias, sin papel en el equipo de crisis organizado por el Gobierno, se hizo invitar a la habitual rueda de prensa del ministro de Sanidad, Salvador Illa, en La Moncloa, lo que se tradujo en una desmesurada, también por lo extensa, intervención del líder de la extrema izquierda que, por momentos, se asemejaba a un mitin electoral y con la que pretendió apropiarse del «giro social» del paquete de medidas económicas de emergencia. Hasta aquí, nada que debiera inquietar demasiado a los ciudadanos, conscientes de que nos hallamos ante un avezado propagandista de lo suyo.

Sin embargo, en la campaña de Unidas Podemos por hacerse con ese relato al que nos referíamos, hay dos líneas de acción de las que es preciso guardarse. Si la primera, instalar en el imaginario público que los problemas del sistema sanitario se deben a los «recortes» del PP, en una técnica clásica de foto fija, no tiene demasiado recorrido, puesto que todo el mundo es consciente del esfuerzo extraordinario al que está sometida en estos momentos la sanidad pública; la segunda línea de acción toca directamente a la estabilidad institucional.

En efecto, Unidas Podemos, y su líder, Iglesias, lo reconoció ayer implícitamente, está detrás de la campaña pública contra el Rey Don Juan Carlos y contra la Jefatura del Estado, en oportuna concomitancia con los partidos independentistas catalanes, que buscan el desgaste de las Instituciones desde una demagogia burda, si se quiere, pero que incide en un momento de zozobra social y de máxima inquietud, mientras que, a medida que no acercamos al pico de los contagios, sobre los ciudadanos cae el goteo de nuevas infecciones y las noticias del aumento inexorable de víctimas mortales del coronavirus, En estas circunstancias, tratar de explotar aquello que puede separar a los ciudadanos y que alimenta la confrontación ideológica, aunque está dentro del manual del buen marxista, es, simplemente, deleznable y acabará por pasar factura a sus responsables. Confirma, además, la extendida percepción de que no hay una unidad de propósito en el seno del Gobierno de la nación, sino dos facciones con objetivos políticos divergentes y, al menos una de ellas, dispuesta a todo por ganar ventaja con la vista puesta en el día después de la epidemia.

Pero, a pesar de las palabras gastadas, de lo que se trata es de salvar el mayor número de vidas posible y, para ello, es imprescindible ese cierre de filas, esa unidad y ese espíritu de decisión y energía que reclamaba Su Majestad en su alocución del pasado miércoles. El comportamiento de la sociedad española está siendo encomiable y mucho más cercano a la línea de actuación que nos marcó el Rey y que vemos reflejado en el respaldo de los partidos de la oposición a la labor del Ejecutivo, que a la explotación de la discordia que buscan otros. Y, ahora, cuando se avecinan días y semanas de mayor temor, porque dada la dinámica de la epidemia las cifras de contagios se multiplicarán, es cuando debemos reafirmarnos en que España acabará por superar la crisis sanitaria y, entonces, tocará trabajar y esforzarse por reconstruir social y económicamente el país. Mejor, sin sectarios.

Un Gobierno a la espera de su crisis
Editorial ABC 20 Marzo 2020

Cuando todo el país se está sumando a iniciativas positivas, que unen y animan, Iglesias pidió un poco de plasma para lanzar dos «importantes» mensajes: avalar la cacerolada al Rey y que él es tan importante que se salta la cuarentena

Cuando se supere la crisis del Covid-19, Pedro Sánchez tendrá que replantearse su coalición de gobierno y su legislatura. Es inviable, política y moralmente, mantener a Pablo Iglesias y a su equipo en el Ejecutivo. Iglesias demostró ayer en su comparecencia que está presente en el Gobierno solo para satisfacer determinadas ambiciones de poder y de ideología, pero no de gobierno. Su estancamiento en discursos rancios de lucha de clases es tan patético como su ausencia de virtudes para ser vicepresidente de un país en guerra sanitaria contra una pandemia de extrema gravedad. La misma pandemia que él, su ministra Irene Montero y su partido banalizaron para no perder los fastos del 8-M, por los que, sin duda, habrá que pedir responsabilidades políticas, también al PSOE. La prioridad de Iglesias es otra. Cuando todo el país se está sumando a iniciativas positivas, que unen y animan, que nos cohesionan como nación, el desleal vicepresidente de Sánchez avala una cacerolada contra la Corona, bajo la excusa de la situación del Rey Juan Carlos.

Iglesias buscó ayer su cuarto de hora de gloria en la gestión de la crisis, pero la imagen que transmitió es que no pinta nada en la dirección política del estado de alarma. Las medidas sociales a las que se refirió ya estaban tomadas por el Gobierno y muchas de ellas corresponden a gobiernos autonómicos. Pidió un poco de plasma y lo tuvo para repetir ese mensaje cansino de la izquierda caduca, que todo lo explica con los mismos argumentos, fallidos y totalitarios, de hace más de un siglo. Habría hecho mejor en guardar la cuarentena, que por segunda vez se ha saltado, por el positivo que dio su pareja, la ministra Irene Montero. No solo es políticamente inane, sino además un mal ejemplo para la ciudadanía. Otras voces, como la del inefable Pablo Echenique, solo confirman que los de Unidas Podemos simplemente están fuera de la realidad.

El problema de Sánchez no se acaba con su socio Iglesias, porque también tiene a la otra parte del Gobierno, la socialista, hecha trizas. No tiene mucho sentido que la coordinadora de los ministerios como vicepresidenta primera, Carmen Calvo, no forme parte del equipo responsable del estado de alarma. Es una postergación muy llamativa, con la que Sánchez va fisurando su Ejeutivo, a duras penas cosido por la generosidad de la oposición y la sociedad española, que ahora dan prioridad a la derrota del Covid-19. Una derrota que llegará, pero con unos costes aún por determinar, superiores, eso sí, a los que habría que haber hecho frente si el Gobierno hubiera actuado antes, como se sabía que había que actuar.

Falta de mascarillas: negligencia mortal
OKDIARIO 20 Marzo 2020

No se puede ir a la guerra -la lucha contra el coronavirus lo es- sin medios. Mientras la Comunidad de Madrid demanda al Gobierno que desbloquee la entrega de material sanitario, especialmente 13 millones de mascarillas, los proveedores especializados en material sanitario denuncian que Sanidad bloquea la llegada a España de más de 1,5 millones de mascarillas, procedentes de China y que podrían ser entregadas en un plazo de 72 horas, con el argumento de que falta una autorización que, en condiciones normales, tarda 6 meses en tramitarse.

¿Cómo es posible que Sanidad no agilice los trámites? Desde la declaración del estado de alarma, y hasta la fecha, el Ejecutivo de Sánchez no ha cursado nuevos pedidos. Desde que China abrió las exportaciones de material sanitario para suministrar a Occidente, una vez superada su propia crisis sanitaria, no se ha registrado ningún pedido oficial de las instituciones españolas. De ahí que el Gobierno haya decretado la expropiación, en aduana, de todos los envíos de mascarillas y guantes que sí habían anticipado las administraciones regionales o que pertenezcan a grupos hospitalarios privados y distribuidoras farmacéuticas.

La producción en China se sitúa en este momento en cerca de 1 millón de mascarillas diarias listas para su distribución internacional y cerca de 5 millones de unidades en proceso de fabricación para atender a pedidos ya formalizados. Como el Gobierno no ha solicitado aún el envío de mascarillas, tendrá que esperar, cuando lo haga, a las siguientes remesas, lo que implica un retraso de, al menos 10 días.

Expertos del sector aseguran a OKDIARIO que «hemos ofrecido nuestro stock -en este momento de cerca de 300.000 unidades – para su entrega inmediata a varias administraciones regionales y todas nos dicen lo mismo: el Gobierno se está apropiando de toda la producción y todos los pedidos, pero lo cierto es que el material no está llegando a ningún sitio. Es una situación lamentable».

Tan lamentable que podemos estar ante una negligencia mortal, porque la inacción o descontrol del Gobierno en un asunto vital para hacer frente al coronavirus se está cobrando muchas vidas. Y cada día que pasa, la situación adquiere dimensiones más trágicas.

El peligroso juego de Iglesias
Editorial El Mundo 20 Marzo 2020

Esta dramática pandemia se ha convertido en la enésima ocasión para dar la razón a aquel Sánchez que decía que no podría dormir con Podemos en el Gobierno. Hasta la fecha, la influencia de la formación morada -exceptuando a la ministra de Trabajo, que fue desautorizada por anticiparse y distribuir una guía de recomendaciones contra el virus- se ha revelado como una seria rémora para el combate contra el coronavirus. Su irresponsabilidad va desde el empeño en liderar la fatal manifestación del 8-M en Madrid -cuatro días después supimos del contagio de Irene Montero- hasta la tensa reunión del Consejo de Ministros del sábado, cuando Pablo Iglesias llevó su maximalismo ideológico al límite de la crisis de Gobierno, demorando así unas medidas económicas muy necesarias para impedir el colapso.

Sánchez trazó entonces un cordón sanitario en torno a los de Iglesias, que aspiraba a integrarse en el comité de crisis compuesto por cuatro ministros del PSOE. A cambio, le concedió una bochornosa cláusula, colada de matute en el decreto económico contra la pandemia, para blindarle en la comisión de control del CNI. Y ahora le permite no solo saltarse la cuarentena a voluntad sino pronunciar mítines políticos bajo máscara institucional a la mañana siguiente de que su partido promoviera en las redes sociales un boicot explícito a la Monarquía. Podemos se resiste a aceptar que no se puede ejercer el poder público y la oposición callejera a la vez. No se puede arremeter contra Amancio Ortega en campaña y pasar a aceptar su ayuda sin que medie autocrítica. No se pueden imponer medidas de seguridad y convertirse al mismo tiempo en la excepción a la norma que rige para la gente, esa gente que él dice representar aún. Pero sobre todo, no es admisible la desfachatez de cargar contra el jefe del Estado mientras se coloniza ese mismo Estado con colocaciones de afines que alcanzan el ámbito más doméstico. Estos pendulazos diarios que van rebotando de la oficialidad al agit-prop resultan obscenos. Los españoles confinados no se merecen un vicepresidente que interpreta los traumas colectivos como oportunidades para protagonizar tentativas rupturistas, como ya hizo con la anterior recesión. Y tampoco se merecen un presidente que se lo tolera.

"No imaginaba que la primera preocupación de la ministra de Defensa fueran las personas sin hogar", afirmó en su comparecencia todo un vicepresidente segundo del Gobierno. Alguno podría apostillar que no imaginaba que la primera preocupación del enemigo de la casta fuera auparse a ella. Pero esto no va solo de incongruencias biográficas sino de responsabilidad institucional en un momento crítico del país. Si Iglesias acaricia el estado de alarma como trampolín de fantasías bolivarianas, el presidente del Gobierno debería empezar a considerar seriamente la conveniencia de cesarle.

"No se podía saber"
Cristian Campos elespanol 20 Marzo 2020

"No se podía saber" dicen hoy los que hasta hace apenas diez días sabían con total seguridad que el Covid-19 era "sólo una gripe" y que no habría "más allá de unos pocos contagios". Visto lo visto, preferiría ser un esclavo romano que un periodista de la brunete mediática socialista. Como dice Nassim Nicholas Taleb, al menos los primeros no estaban obligados a alabar a su amo.

"Infantiles" llamó Iñaki Gabilondo a los ciudadanos preocupados por la posibilidad de que el caos italiano, del que llegaba puntual información diaria a nuestro país, se repitiera en España.

Ahora, Gabilondo alaba con retórica de hagiografía por encargo los discursos parlamentarios de Pedro Sánchez: "Ante un Parlamento fantasmal, Sánchez no se limitó a explicar sus actuaciones en los últimos días. Hizo algo más: trazó el rumbo de navegación para el tiempo venidero".

Risto Mejide se reía en televisión de "la histeria" por el Covid-19. Sus colaboradores, y entre ellos Marta Flich, llamaban "la gripe nueva" al coronavirus y voceaban "vamos a morir todos jajajajaja" mientras en el plató sonaban bocinazos circenses de alarma.

Ahora, Mejide llama "miserables" a quienes se lo recuerdan en las redes sociales.

Carmen Calvo llamó a las mujeres a manifestarse el 8-M "porque les va la vida en ello" mientras el Gobierno del que forma parte ocultaba las cifras de contagios de ese fin de semana.

Nadie sabe por dónde para ahora Carmen Calvo, caída en desgracia por órdenes de Pablo Iglesias tras haber osado disputarle el trono de hembra alfa del feminismo a su pareja Irene Montero. Vistas las consecuencias letales de las manifestaciones del pasado 8-M, es probable que ese trono no sea, a día de hoy, tan atractivo como hace apenas diez días.

"Listillos retrospectivos" llaman las televisiones del PSOE, que son todas, a quienes hace dos semanas hicieron una simple resta para la que no hace falta, desde luego, una licenciatura en el CEU San Pablo o haber pasado por el máster de periodismo de El País.

Pandemia mundial – Gobierno de PSOE y de Unidas politicemos el dolor Podemos = Caos, irresponsabilidad y epidemia descontrolada.

La suma es sencilla, pero resulta imposible resolverla con éxito si allí donde el sentido común recomienda escribir el signo de la resta tu sectarismo ideológico te impulsa a escribir el signo de la suma.

Pandemia mundial + Gobierno de PSOE y de Unidas Venezuela es el camino Podemos = Unidad, sentido de Estado, "no se podía saber", ratoncito Pérez, cacerolas.

Un ciudadano español es un tipo que sólo está esperando una excusa, por insignificante que sea, para volver a votar al PSOE, y un periodista de la caverna es un tipo que sólo está esperando una excusa, por leve que sea, para sacar a relucir su sentido de Estado y apoyar al Gobierno en trances como el actual.

A diferencia del primer caso, para el que la propaganda siempre es capaz de diseñar una nueva excusa, el periodista de la caverna se ve una y otra vez chocando con el muro de hielo de los hechos. Ayer, el Gobierno –porque Unidas Podemos es Gobierno– llamó a una protesta contra el jefe del Estado mientras se conocía que los muertos superaban ya los seiscientos.

Hoy, en el momento de escribir este texto, los muertos son ya 767 y la sospecha es que la cifra es en realidad mucho mayor.

Periodistas catalanes describen cómo se amenaza a los ciudadanos catalanes con no permitirles velar a sus familiares fallecidos –por teórico riesgo de contagio– si insisten en realizarles la prueba del Covid-19 y esta da positivo. El resultado es la renuncia a la prueba y la contabilización de esa muerte como un fallecimiento convencional por neumonía. Es decir, cifras de fallecidos falseadas.

Mientras tanto, el diputado del PNV Aitor Esteban, con dos trabajadores sepultados desde hace cuarenta días bajo la basura tóxica del vertedero de Zaldibar, con el foco de Álava descontrolado, con los hospitales de la región al borde del colapso, con sus sanitarios reclamando a gritos material de protección contra el Covid-19, dedicaba su tiempo a pedir comisiones de investigación contra el Rey.

Y esa era toda la urgencia del PNV ayer.

"No se podía saber", dicen. "Unidad y sentido de Estado", claman los que no tuvieron reparos en romperla, literalmente, por un perro. Los que se aprovecharon de los muertos del 11-M para acceder al poder. Los que siguen sin ofrecer al PP un Gobierno de concentración que margine a Podemos y nacionalistas y los relegue al lugar que merecen, el del pintoresquismo político marginal.

Sentido de Estado y unidad de la Nación española, piden ahora los que no creen ni en el Estado ni en la Nación española ni tienen el más mínimo sentido de la unidad. Me pregunto qué es lo que fingen creer que están salvando. Sus cargos, sí. Pero… ¿algo más?

China nos salvará
Emilio Campmany Libertad Digital 20 Marzo 2020

Pablo Iglesias nos enseñará que, si queremos ser tan eficientes y vigorosos como ellos, tenemos que ser también tan comunistas como ellos. Esto es lo que viene.

El enorme aparato de propaganda chino se ha puesto en marcha. En Italia se sienten, con razón, abandonados por la Unión Europea y agradecen la ayuda que les está brindando el país asiático, convenientemente amplificada por los medios de comunicación italianos. Aquí, Pedro Sánchez, primero, y Pablo Iglesias, después, saltándose la cuarentena ambos, elogian lo público y denigran lo privado explicando las carencias que nuestro sistema sanitario va desvelando por la excesiva privatización del mismo. China lleva dos días sin detectar nuevos casos, salvo los importados, los que corresponden a personas que vienen de fuera. El éxito transmite la idea de que lo ideal para combatir una pandemia como la que padecemos es disfrutar de un régimen comunista que pueda, como le habría gustado hacer a Pablo Iglesias, imponer las medidas más salvajes, necesarias o no, hasta erradicar el virus. Hasta qué punto los medios de comunicación españoles colaboran con la difusión de esta idea por ingenuidad o interés, no se sabe. Lo que se sabe es que se trata de una operación de propaganda que oculta varias verdades.

La primera y más importante es que el culpable de esta pandemia es el régimen chino. No hace falta acogerse a ninguna teoría de la conspiración para señalarlo. Era archisabido que los mercados de animales salvajes vivos chinos constituyen un peligro de epidemia gravísimo. Y el severísimo régimen comunista de la república popular, que todo lo controla por el bienestar de los ciudadanos, ha sido incapaz de cerrarlos. Cuando surgieron los primeros casos, el eficientísimo Partido Comunista tardó una eternidad en reaccionar y dedicó sus muchísimos recursos tan sólo a ocultar la verdad. Cuando ya no pudo esconder lo que pasaba, intervino de manera brutal, y sólo de esa forma ha conseguido atajar la epidemia, no sin antes dar lugar por su negligencia a que el virus se esparciera por todo el mundo.

La segunda es que no es necesaria la bestialidad comunista para combatir eficazmente el virus. Se pueden lograr resultados infinitamente mejores con inteligencia capitalista, como ha demostrado Corea del Sur, que, habiendo sido mucho más capaz que China, no se dedica a pagar artículos en Occidente en los que se diga lo listos que son. Hace días que este país ha demostrado lo valioso que puede ser realizar test masivos. Ese es por ahora el mejor camino, y lo increíble es lo mucho que han tardado los italianos y los españoles en darse cuenta. Sin embargo, esa tardanza no es consecuencia de no estar bendecidos con sendos regímenes comunistas, sino de estar gobernados por incompetentes que, encima en nuestro caso, son eso, socialistas y comunistas.

China quiere aprovechar esta calamidad para arrebatar el liderazgo global a Estados Unidos. Será el país comunista el que nos fabrique las medicinas más enérgicas para combatir el virus. Descubrirá antes que nadie la vacuna y la distribuirá por todo el mundo en tiempo récord. Comprará nuestros activos e invertirá en nuestros países para rescatar nuestras economías. En definitiva, nos salvará. Y Pablo Iglesias nos enseñará que, si queremos ser tan eficientes y vigorosos como ellos, tenemos que ser también tan comunistas como ellos. Esto es lo que viene.

La conciencia asocial
Juan Fernández-Miranda ABC 20 Marzo 2020

Ayer en La Moncloa se celebró una rueda de prensa con preguntas filtradas, la de Salvador Illa, y un sermón mitinero, el de Pablo Iglesias. El primero ofreció información, el segundo escupió consignas. Fue un bochorno ver a todo un vicepresidente segundo chapotear en las aguas de lo que Joaquín Leguina define como el sentimentalismo tóxico: la expresión de las emociones sin el filtro de la razón con un objetivo partidista. Y hacerlo además sin mascarilla cuando él mismo anunció lo que sigue el día 13 en Twitter: «Por delante me quedan 14 días de cuarentena cuidando a mi familia y trabajando por medios telemáticos». Más sentimentalismo, y más mentiras.

Sorprenderse, como hizo ayer Iglesias, porque la href=/tmp/espana/abci-iglesias-ampara-protestas-contra-corona-desde-moncloa-como-lider-podemos-posicion-conocida-202003191450_noticia.html target='_self' >ministra de Defensa tenga entre sus prioridades a las personas sin hogar revela una necedad impropia del cargo de vicepresidente del Gobierno. ¿Tal es la ceguera de Podemos? ¿Tal el sectarismo?

Vamos a ver, señor Iglesias, la derecha no es lo que la izquierda dice que es la derecha. La conciencia social no es patrimonio de nadie, sino de quienes la tienen y la ejercen siempre en la medida de sus posibilidades, llámenlo caridad, solidaridad o, como toda la vida, amor al prójimo. Ninguna ideología, a pesar de lo que predica el vicepresidente segundo del Gobierno de España, puede apropiarse de esa cualidad. Pero eso usted no lo entiende, como tampoco entiende que un vicepresidente del Gobierno que se viste por los pies debe defender las instituciones, y no alentar caceroladas. Es una cuestión de lealtad institucional, pero claro, señor Iglesias, la lealtad –como la conciencia social–, o se tiene o no se tiene, y tampoco depende de ideologías.

Pero claro, el vicepresidente necesita cámara y micrófono porque no tiene recursos que gestionar. Ya dijimos aquí que sus cinco ministerios son como un añadido garrapatil al Gobierno del PSOE, cuerpos parásitos sin competencias y consumidores de recursos. Por eso ayer Iglesias necesitaba chupar cámara. Al final, de los 200.000 millones de euros movilizados (40% privados, por cierto), ¿saben a cuántos hizo ayer referencia Iglesias? A 300. Esa es su capacidad de gestión. Políticamente irrelevante.

Necesitamos un Gobierno responsable

José Manuel Maza okdiario 20 Marzo 2020

Desconozco, por no ser experto en la materia, si el confinamiento general de la ciudadanía es la medida más oportuna para luchar contra la pandemia del coronavirus (parece que lo es) o si, por el contrario, sería preferible haber optado por la denominada inmunidad de grupo. Sin embargo, sobre lo que no tengo ninguna duda es que, si optamos por el confinamiento, el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, es insuficiente y, en concreto, el artículo 7 (“Limitación de la libertad de circulación de las personas”) apartado c) (“Desplazamiento al lugar de trabajo para efectuar su prestación laboral, profesional o empresaria”). Me explico. Si se opta por el confinamiento general, éste debe realizarse de manera total, pero si dentro de las excepciones a las limitaciones de libertad de movimiento se incluye, como se ha hecho, que los ciudadanos podamos acudir a nuestro centro de trabajo con carácter general, se está autorizando el principal motivo por el que nos desplazamos cada día, mermando en gran medida la efectividad de las medidas.

Desgraciadamente, no todos los trabajadores tienen la suerte de poder trabajar desde sus casas y, sin embargo, todos tienen que pagar hipotecas, alquileres, luz, agua, IBIs y, por tanto, no se pueden arriesgar a perder la principal fuente de ingresos, anteponiendo esta circunstancia a la propia salud (no digo que esto deba ser así, simplemente constato que lo es). Por tanto, el Real Decreto hace aguas autorizando que los españoles puedan acudir a sus lugares de trabajo, debiendo haberse realizado una prohibición generalizada de movimiento, estableciendo el propio Real Decreto las pertinentes excepciones para aquellos profesionales que se desempeñan en sectores estratégicos (como el personal sanitario, cadena alimentaria, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Fuerzas Armadas, etc.). Como es lógico, esta prohibición absoluta a la libre circulación de las personas debiera ir acompañada de medidas excepcionales de carácter económico. En este sentido, el tiempo dirá si las incluidas en el Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19, son suficientes o no.

Además de lo anterior, se debe llamar la atención sobre el uso torticero que ha hecho este Gobierno de la figura del Decreto-ley al incluir, en su Disposición Final Segunda, la composición de la Comisión Delegada del Gobierno para el CNI en orden a asegurar la presencia de Sr. Iglesias en la misma. Este hecho, además de ser contrario a los principios más elementales de la técnica legislativa, plantea serias dudas en cuanto a su constitucionalidad. Y, cuestión no menos importante, pone de manifiesto que estamos ante un Gobierno que no deja pasar ninguna oportunidad en su afán por controlar todos los resortes de las principales instituciones del Estado, ni si quiera cuando la nación está viviendo un momento de emergencia nacional de tal calibre que los de mi generación no recordamos otro equivalente.

Tenemos un Gobierno sobrepasado por los acontecimientos, cuya principal preocupación debiera ser, además de controlar la expansión del virus, dotar a todos los profesionales sanitarios de los instrumentos mínimos que necesitan para realizar su labor de manera segura. Y, según las últimas noticias, no está a la altura de las circunstancias. Pero, en cualquier caso, ¿de qué nos sorprendemos cuando hace escasos días el Gobierno llamaba de manera irresponsable a la movilización masiva de los ciudadanos con motivo del 8M bajo la soflama de que nos iba la vida en ello? Y quizá lo más grave es que todavía estamos esperando que nos pidan disculpas, lo que, tras la comparecencia del Presidente este miércoles en el Congreso, parece tan poco probable como que el Estado de Alarma dure (solo) quince días.

En fin, creo sinceramente que, desde la tribuna política, no es momento de reproches, sino de sentido de Estado y, fundamentalmente, buena gestión pública para, entre todos, salir de esta situación lo antes posible. Ahora bien, junto con lo anterior, la oposición no debe olvidar todo lo que se ha hecho mal y pedir las oportunas responsabilidades en el momento oportuno.

El modelo Sánchez fracasa: los países con test de coronavirus masivos tiene una décima parte de muertes
Carlos Cuesta okdiario 20 Marzo 2020

España decidió restringir los test de coronavirus. Corea del Sur o Singapur optaron por la vía contraria: realizar test masivos, justo lo que ha pedido la Organización Mundial de la Salud. Hoy España supera los 800 muertos. Y los otros dos países, con una población conjunta claramente superior a la española, suman 84 muertes en el momento de escribir este artículo.

El Ministerio de Sanidad ya ha anunciado que trabaja a contrarreloj en un proyecto para hacer test rápidos de diagnóstico del Covid-19, de forma que se puedan realizar las pruebas de detección a un porcentaje de la población más generalizado, incluidas aquellas personas que permanezcan en régimen domiciliario y que muestren ya sintomatología. Se trata de todo un reconocimiento del error en el modelo de gestión de la enfermedad elegido por el Gobierno. Un error, por cierto, provocado por la falta de previsión en las compras de material médico, que ha llevado a España a no disponer de tests de la enfermedad suficientes como para efectuar un control general.

Pero la prueba del incorrecto mecanismo de combate a la enfermedad queda a la vista con los datos estadísticos. España, en estos momentos, supera ya las 800 muertes y ronda los 18.000 casos de contagio. Todo ello con una población total de 46,6 millones de habitantes. Y todo ello, con el modelo, mantenido hasta el momento de restringir los tests del COVID-19.

El caso opuesto son Corea del Sur, Singapur o Hong Kong. En los tres territorios se han implantado los test a discreción con el fin de detectar los casos e incrementar los controles sobre los focos de contagio efectivos, de forma que la atención se pueda enfocar a esos objetivos y lograr una gestión más eficaz de los recursos disponibles. Y los datos de los tres avalan su eficacia, frente al descontrol de la gestión española.

Corea del Sur ha registrado 84 víctimas mortales (con 51,6 millones de habitantes); Singapur, 0 víctimas mortales (con 5,6 millones habitantes); y Hong Kong, 4 muertes (con 7,4 millones habitantes).

El modelo más significativo es el coreano. En ese país, todos los ciudadanos se encuentran en estos momentos geolocalizados, a través del móvil, de forma que, en cuanto se produce un caso de cruce o acercamiento de un ciudadano con un contagiado, se comunica a través de una app al móvil del nuevo posible contagiado su obligación de someterse al test y de mantenerse bajo control y aislamiento hasta comprobar si efectivamente es ya un positivo en coronavirus.

De ese modo, se ha podido aislar los focos y gestionarlos minimizando los contagios y las víctimas mortales.

Pablo Iglesias ya utiliza el drama sanitario para hacer propaganda de Podemos
ESdiario  20 Marzo 2020

Podemos pone en entredicho el apoyo global al Gobierno, que incluye aplazar los reproches a sus graves errores, con una indigna campaña ideológica de autopromoción.

El líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, ha iniciado una injustificable campaña de propaganda sobre sí mismo y su partido que, amén de un despropósito, constituye una intolerable agresión al espíritu de consenso que su Gobierno está teniendo de casi todas las fuerzas políticas y de la sociedad en su conjunto, no sin esfuerzo.

Iglesias compareció ayer, lo que en su estado de cuarentena ya es como mínimo discutible e irresponsable, para arrogarse las medidas más sociales del plan de choque económico contra el coronavirus, como si el dinero lo pusieran él y su partido y no el conjunto del Estado: que no es más, por cierto, que la organización de los recursos públicos que ponen los propios ciudadanos.

Pero además de ese ejercicio de impudor, el secretario general del partido populista aprovechó la coyuntura para hacer proselitismo de su ideología, un neocomunismo populista de infaustas consecuencias allá donde se ha aplicado: convertir los recursos públicos en una especie de propiedad del poder y denigrar la iniciativa privada como hizo, es sencillamente inaceptable.

Desde Amancio Ortega hasta la sanidad privada, los hoteles y decenas de empresas de todo tipo, están dando un ejemplo de solidaridad que comienza con su contribución fiscal y laboral habitual al sostenimiento de la sociedad y culmina con sus desinteresadas aportaciones en tiempos tan difíciles como los presentes.

Todo el sector privado, en fin, es imprescindible para que existan y mejores los servicios públicos, y establecer una diferencia en estos momentos no solo es una monumental falacia, sino que además resta energías y recursos a la sociedad en el momento en el que los necesita.

Para rematar la aciaga jornada, el vicepresidente del Gobierno toleró la difusión en los canales de Podemos de un repugnante vídeo en el que, en esa misma campaña infame de autopromoción, se utilizaban imágenes del drama del 11M o de la catástrofe del Prestige al objeto de comparar la supuesta eficacia de su Gobierno y de su partido con la de otros Ejecutivos precedentes.

Romper el consenso

Que eso coincida con el pleno respaldo de Casado a Sánchez, discutible si incluye mirar para otro lado ante los errores pero necesario para lanzar un mensaje de ánimo a la sociedad, hace aún más abyecta las manipulación de Podemos.

Y que que lo diga o haga el dirigente de un partido que ha estado semanas negando la gravedad de la epidemia y que ha estado confinado en casa por el riesgo de contagio de la irresponsable pareja que tiene, esa ministra de Igualdad que echó a las calles a miles de mujeres en plena pandemia, es una desfachatez. Pero que lo afirme un representante cualificado del Gobierno, es un escándalo.

Mal, Iglesias, muy mal
Predicar ideología desde el Gobierno aprovechando una enfermedad fue una vileza
Luis Ventoso ABC 20 Marzo 2020

La nueva generación de políticos españoles ha logrado destacar... por su discutible calidad. Muchos de ellos son a la política de Estado lo que la mortadela al jabugo. La mayoría son apparatchiks de partido, que no han rascado pelota en una empresa. Deambulan por los platós profiriendo latiguillos populistas y carecen de experiencia de gestión. Pasar vergüenza ajena se ha convertido en lo habitual. Pero aún así, el mitin de ayer de Iglesias en la rueda de prensa sobre la epidemia fue inusualmente vergonzoso. Es una vileza que un mandatario con título de vicepresidente aproveche una enfermedad para lanzar una arenga ideológica desde la plataforma del Gobierno. Todo sirve para el adoctrinamiento.

Madrid perdió mucho patrimonio arquitectónico durante el desarrollismo; por ejemplo, valiosos palacetes de La Castellana. Antes, a finales de los cuarenta, la piqueta se ventiló el palacio de Xifré, frente al Museo del Prado, una joya neomozárabe. Para ocupar el solar se organizó un concurso, que ganaron los arquitectos Asís Cabrero y Rafael Aburto. El resultado fue el estupendo edificio moderno de ladrillo, inaugurado en 1955 como La Casa Sindical. Tradicionalmente era la sede del Ministerio de Sanidad. Hoy se apelotonan allí tres ministerios: Sanidad, Consumo y la vicepresidencia florero de Iglesias Turrión, que atiende asuntos que en realidad están transferidos. Illa, Iglesias y Garzón se apretujan en perfecta metáfora de lo que ha ocurrido: Sánchez diseñó un Gobierno para facilitar la coalición, no al servicio del público. Pero daba igual, porque el Gobierno en realidad no gobernaba. Carecía de presupuestos propios y dedicaba su tiempo a pelotillear a los separatistas para mantener a Sánchez y a la ingeniería social. Pero ahora -ay- ha surgido un problema de verdad, y además abrumador. Así que la rama adolescente -los podemitas- y los socialistas muy torpones -Calvo- han sido apartados para que gestionen la crisis los que tiene un dedo de frente y algo de caché (tipo Margarita Robles).

La crisis del coronavirus había dejado Iglesias fuera de juego. Además, debería estar en cuarentena, porque su mujer se ha contagiado y lo que se nos exige a los ciudadanos comunes ha de ser obligatorio también para los gobernantes. Pero el divo necesitaba su dosis de cámara y ayer convirtió una rueda de prensa en un mitin. Comenzó con un forzado saludo políticamente correcto en cuatro idiomas y siguió con una pullita tontorrona al discurso del Rey («decir que este virus lo paramos unidos es una declaración vacía»). Continuó poniendo verdes las políticas de contención del déficit, esas que Iglesias desprecia y que permiten a Alemania afrontar el tsunami económico con garantías. Convirtió el coronavirus en un capítulo más de la lucha de clases. Vendió como propia la gestión de unos dineros que irán directos a las comunidades. Y remató con nueva bofetada al Rey, defendiendo unas caceroladas contra la Corona instigadas por el podemismo (¡un partido de Gobierno contra el jefe del Estado!). En fin, a la altura de su categoría. La humana y la política.

Más servidores, menos rufianes
La respuesta del Estado
Álvaro Martínez ABC 20 Marzo 2020

De los cuatro ministros comparecientes solo Margarita Robles fue capaz de contestar el otro día a la irresponsable renuencia de Torra a aceptar los términos del decreto de alarma. Los otros tres (Grande-Marlaska, Illa y Ábalos), quizá por no molestar al socio finalista de su Gobierno, hundieron el mentón en el atril y pusieron cara de «¡madre mía, Margarita!» mientras la titular de Defensa cantaba las cuarenta y sacaba los colores al separatista, inhabilitado por la Justicia y perdido para la causa del sentido común. Por aquella respuesta es coherente esperar que las unidades de las Fuerzas Armadas movilizadas para asistir a los españoles en esta crisis se desplieguen también en Cataluña y el País Vasco, que son la segunda y la tercera comunidad donde más duramente está golpeando este virus canalla. Los militares que allí acudan lo harán en defensa de los catalanes y los vascos, porque así lo tienen encomendando por ley, porque así les nace de su inextinguible vocación de servicio y porque siempre ha ocurrido así cuando los españoles de aquellas regiones pasaban un mal trago. Ya saben, «todo por la patria». El estado de alarma alcanza a todo el territorio nacional y antes que el enojo de cuatro políticos fanáticos está la seguridad de millones de catalanes y vascos a los que nuestros militares también se deben como protectores del Estado... de todo el Estado.

Daba pena escuchar ayer a Rufián estableciendo en las Cortes sus fórmulas alternativas para atajar el virus en Cataluña: recortar un 40 por ciento el presupuesto de Defensa, replegar a la Guardia Civil y aislar casa por casa a los catalanes, endureciendo los controles. ¿Y quién vigila portal a portal, lumbrera? ¿Acaso los CDR? ¿O, mejor, los encapuchados que destrozaban Barcelona el pasado octubre tras la sentencia del 1-O? Por eso, teniendo en cuenta la fábrica de disparates que distingue a la «banda del lazo», es necesario que las Fuerzas Armadas, que no son de nadie sino de «todos» los españoles, acudan a ayudar a los catalanes, tan asustados y necesitados de apoyo como el resto. Lo harán con la competencia, entrega y solidaridad que caracteriza a nuestros militares, que están a una distancia sideral de las presuntas potencias de esas almas mezquinas que, con toda España en alarma, solo informan de los infectados y muertos en Cataluña. Hay gente tan carcomida por el sectarismo que aunque parezca viva ya está muerta por dentro.

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El separatismo y su galería de miserables
Sergio Fidalgo okdiario 20 Marzo 2020

El secesionismo catalán es un mal que no se detiene ante nada. Al contrario, cuanto peor está la sociedad catalana, mejor para esta ideología excluyente y totalitaria. Lo hemos visto estos días, usando a los muertos en Madrid para reírse de ellos, o azuzando a la población catalana contra la Guardia Civil o el Ejército. No es que los partidos separatistas sean desleales, es algo mucho más siniestro, son inmorales, porque aprovechan cualquier situación, por trágica que sea, para intentar sacar ventaja.

Si alguien es culpable de esparcir el coronavirus en Cataluña ese es Carles Puigdemont. Fue él quien convocó, en plena crisis sanitaria mundial, a una multitud de más de cien mil personas que se apiñaron en Perpiñán para escuchar su discurso y el de Clara Ponsatí. Sí, la misma del tuit “de Madrid al cielo”, la eurodiputada prófuga de la Justicia que va de graciosa y que cuando le dicen lo miserable que es, entonces se justifica diciendo que “no la han entendido bien”. Es lo bueno de ser nacionalista, que nunca te equivocas, dado que la culpa siempre es de los demás, sea ‘Madrit’, el Rey, la Unión Europea, los catalanes constitucionalistas o Darth Vader.

Pero Puigdemont no se da por aludido. La culpa de la extensión del coronavirus por toda España es de “Madrit”, porque los partidos que malgobiernan la Generalitat no son responsables de nada. No importa que los hospitales catalanes estén desbordados, que no tengan material de protección por la falta de previsión de los responsables de la ‘conselleria’ de Salud, que no sepamos las cifras reales de infectados porque no hay ninguna posibilidad de hacer el test del virus. La solución mágica de Torra y de sus aliados de ERC es confinar Madrid. Como si por toda Cataluña no estuvieran los infectados por haberse juntado a miles en Perpiñán.

Dos sindicatos de funcionarios penitenciarios han denunciado que mientras la Generalitat vende a Italia mascarillas especiales y de calidad, fabricadas por reclusos en talleres de reinserción tutelados por el Govern, se les ha negado a los funcionarios de las prisiones catalanas. Mientras, líderes secesionistas como el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell, o la ex diputada de la CUP en el Parlament Mireia Boya se han dedicado a difundir en las redes sociales el bulo que el Ejército estaba requisando en Cataluña material de protección sanitario. Lo de siempre, según parte del separatismo no hay mascarillas en Cataluña por el ‘invasor militar español’ mientras sus colegas ideológicos de la Generalitat las venden a otro país.

Torra, desde el primer momento, no ha intentado coordinar una respuesta con el Gobierno de España. Ha querido aprovechar para vender a los catalanes que el Govern es un “Estat” y ha pretendido ir por libre. Y cuando Pedro Sánchez ha tomado medidas para todo el país, el inhabilitado ‘president’ de la Generalitat se ha dedicado a poner palos en las ruedas y a quejarse de que le habían aplicado un “155 encubierto”. Justo la misma estrategia que han seguido los ‘nacionalistas responsables’ del PNV. Y es que todos los secesionistas son idénticos, vivan en Barcelona o Bilbao.

Cuando los separatistas dicen que Cataluña es “diferente” al resto de España aciertan en algunos aspectos. Como a la hora de tomar medidas tan rastreras como que el teléfono de atención para dudas del coronavirus sea de pago. El 061 lo era, se armó el escándalo, el eurodiputado Jordi Cañas llevó el tema a la eurocámara y el Govern reculó y lo convirtió en gratuito. Días después, ante el colapso del 061 habilitaron el 012, que sigue siendo de pago. También es “diferente” a la hora de tener concejales tan “graciosos” como Joan Coma, de la CUP, que incitó a sus seguidores en twitter a “toser a la cara” a los soldados españoles si se desplegaban por Cataluña para “que se vayan y no vuelvan más”. O teniendo presentadores de TV3 como Jair Domínguez, que aprovechando que hacía teletrabajo aprovechó para mostrar en antena, violando la neutralidad exigible a una televisión pública, un parche con una estelada y la expresión “Catalunya lliure”.

O profesores gerundenses como un tal “Jordi”, que presumía como los clientes de la cadena de supermercados ‘separatista friendly’ Bonpreu hacían una “cola civilizada” mientras los clientes “garrulos” de Mercadona gritaban y corrían. Por supuesto, en su perfil de twitter no faltaba el lazo amarillo de la superioridad mental. Porque muchos secesionistas se creen más listos, más preparados, más civilizados que el resto de España, a la que consideran un país atrasado e indigno de convivir con gente tan guay como ellos. El problema real es que la parte más desagradable del secesionismo no es un sector minoritario. Sus miembros ocupan los principales cargos institucionales y de la sociedad civil en Cataluña. Y, día a día, van aumentando su particular galería de miserables.
 


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