AGLI Recortes de Prensa   Sábado 21  Marzo  2020

Un Gobierno incompetente, vanidoso y petulante
OKDIARIO 21 Marzo 2020

No hace ni un mes -el 24 de febrero- que el Ministerio de Sanidad admitía en un documento oficial que OKDIARIO ofrece a sus lectores que el riesgo de que España sufriera un brote del COVID-19 como el que en esas fechas ya azotaba a Italia era «moderado-alto». La previsión del Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez se ha dado de bruces contra la realidad, porque tristemente nuestro país sigue la estela italiana con un incremento de casos y de víctimas mortales que hace prever que la situación alcance dimensiones catastróficas. La situación actual ha cogido con el pie cambiado al Ejecutivo socialcomunista, sobrepasado por un escenario en el que las Unidades de Cuidados Intensivos bordean el colapso, sin medios ni material sanitario suficiente para hacer frente a una crisis sanitaria y económica que ha desnudado por completo a un Ejecutivo que actuó tarde, mal y es incapaz de embridar la tragedia sanitaria.

La situación que describen los profesionales en Madrid y en otros puntos de España igualmente afectados por el COVID-19 dista mucho del optimismo que mostraba el Gobierno de Sánchez y el Ministerio de Sanidad el pasado 24 de febrero. En un informe titulado «Evaluación de riesgo para España», el Ministerio de Sanidad asumía que el sistema sanitario nacional disponía de todos los recursos suficientes para hacer frente a una pandemia de estas características. «Si esto ocurriera en España», decía refiriéndose a la situación italiana, «tenemos mecanismos suficientes de contención, que incluyen protocolos clínicos, una red asistencial y de salud pública coordinada y capacidad suficiente para el diagnóstico y tratamiento de los casos».

Que el lector saque sus propias conclusiones. El Gobierno socialcomunista se pavoneaba de tener todos los medios a su alcance para hacer frente a un avance de la pandemia similar al que se registraba en Italia. Un mes después, el coronavirus ha destrozado las previsiones de un Ejecutivo que, además de incompetente, presumía de poder doblegar a la enfermedad. El escenario es desolador. Lo tenían todo controlado y ahora, sino fuera por el papel del personal sanitario y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que se están dejando la vida, estaría todo fuera de control.

Bloqueo socialcomunista al Congreso
OKDIARIO 21 Marzo 2020

En un momento en que la crisis sanitaria y económica desatada a consecuencia del coronavirus ha obligado al Gobierno a decretar el estado de alarma, más que nunca se debería ser especialmente cuidadoso con lo que representa la democracia. Pero el Ejecutivo, lejos de guardar las formas y dotar de normalidad a las instituciones, dentro de las circunstancias excepcionales que atraviesa España, ha aprovechado el momento para perpetrar el bloqueo a la función de control al Gobierno que hace la oposición en el Congreso de los Diputados.

La Mesa de la Cámara Baja, controlada por PSOE y Podemos, ha acordado delegar en la presidenta socialista, Meritxell Batet, la organización de todos los Plenos que haya durante el periodo de alarma y paralizar las iniciativas parlamentarias ya en marcha, muchas de ellas relativas a la gestión del Gobierno en esta crisis sanitaria. Estamos ante una medida gravísima que representa un ataque a la esencia misma de la democracia, justo en el momento en que la democracia, pese a la situación de excepcionalidad que vivimos, debería emerger con más fuerza que nunca.

De esta forma, Batet asume plena potestad en programar los Plenos de la Cámara y en calificar los escritos que los grupos parlamentarios presenten al respecto. Y además, todas las iniciativas parlamentarias —también las de control al Gobierno— ahora en tramitación quedan en suspenso a partir del 19 de marzo. El estado de alarma no implica poner también en cuarentena el control parlamentario al Gobierno; al contrario, por razones obvias, debería, más que nunca, potenciarse. Interrumpir el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del Estado es una cacicada más propia de regímenes bolivarianos que de una democracia asentada.

Con más motivos que nunca, el Ejecutivo socialcomunista tiene que dar ahora respuesta a las cuestiones que le plantee la oposición. Utilizar el estado de alarma para pervertir una de las piedras angulares de la democracia es reflejo de la actitud totalitaria de un Ejecutivo que, ante las crecientes muestras de incapacidad que está dando, ha decidido silenciar a la oposición.

En tu conciencia va, Pablo Iglesias

Segundo Sanz okdiario 21 Marzo 2020

En tu conciencia va, Pablo Iglesias, aprovechar una crisis sanitaria con más de 1.000 muertos para tratar de sacar rédito político a favor de tu formación en plena tragedia. Porque esto es lo que preocupa al Vendeobreros de Villa Tinaja, que Podemos no sea sobrepasado por el PSOE en la respuesta gubernamental a la epidemia. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, haberte dedicado a insultar al ministro de Justicia llamándole «machista frustrado» cuando ya tenías que haber estado tomando medidas de prevención para las residencias de ancianos. Cuando el coronavirus ya causaba en España 153 contagios confirmados y un fallecido (en Italia, 2.036 infectados y 52 muertes entonces). En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que te emplearas a fondo aquellos días en defender el polémico anteproyecto de ley sexual de tu pareja, con errores jurídicos de bulto y faltas ortográficas de parvulario, en lugar de hacer acopio de mascarillas y geles desinfectantes para esas residencias de tu negociado.

En tu conciencia va, Pablo Iglesias, haber alentado la manifestación ideológica del 8M, desatendiendo como vicepresidente segundo del Gobierno la alerta que mandó Bruselas seis días antes. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que esta marcha instigada y jaleada por tu partido contribuyera a la expansión del virus, como han demostrado las cifras oficiales de contagios analizando los días previos de incubación. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que después de aquella marcha feminista que tanto promocionaste y que reunió sólo en Madrid a 120.000 personas disparara los contagios en esta región a más de 2.000 casos el viernes 13 de marzo. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que arengaras a tus fieles con «Nos queremos libres, vivas y sin miedo» y ahora sea la muerte la que acecha tras semejante irresponsabilidad.

En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que infectada tu pareja, te hayas saltado hasta en cuatro ocasiones la cuarentena que te marcaste. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que no respetaras el protocolo sanitario para plantarte sin guantes ni mascarilla en La Moncloa a exigir la intervención de empresas privadas y mayor flexibilidad en las restricciones para tus amigos nacionalistas y separatistas. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que con estas acciones al margen de las debidas precauciones y buscando el mero interés partidista hayas dado todo un mal ejemplo de comportamiento a millones de españoles que están confinados en sus casas y teletrabajan desde ellas.

En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que te hayas colado en la Comisión del Gobierno que controla el CNI a través de uno de los decretos dictados contra el coronavirus. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que tu partido haga propaganda ahora, en este cuasi-estado de guerra, mezclando la fatal epidemia con el Prestige o el 11-M. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que no serás aquí uno de los primeros, como fuiste, en difundir el Pásalo del 13-M contra las sedes del PP, pero sí serás para siempre el vicepresidente de un Gobierno que reaccionó muy tarde, demasiado, a la hora de salvar vidas. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, tanto dolor de ese que a ti te gusta politizar. En tu conciencia va, Pablo Iglesias, que la historia reciente más negra de España tras la Guerra Civil ya pesa sobre tus hombros oprimidos de culpa.

Crisis del coronavirus: lecciones de Alemania a España
Jorge Mestre okdiario 21 Marzo 2020

El pasado 25 de febrero, Sánchez compareció para pedir a los españoles confianza y tranquilidad ante la crisis del coronavirus. Cuatro días después y una semana antes de las manifestaciones del 8M, los medios próximos al Gobierno se encargaron en moldear a la opinión pública española con la consigna de que existía preocupación, pero ni mucho menos alarma. Sin embargo, la alarma en la población llegó diez días después y la alarma de derecho, quince días más tarde.

En aquella fecha de finales de febrero, España registró la misma cifra de fallecidos con coronavirus por millón de habitantes que la provincia china de Hubei el 23 de enero cuando las autoridades ordenaron cerrar a cal y canto su capital Wuhan y resto de la región.

Con los mismos datos que Sánchez, irresponsable y negligentemente, venía a decirnos que aquí no pasaba nada, su colega Angela Merkel hablaba claro a sus conciudadanos y les advertía del riesgo que la pandemia suponía por su previsible contagio del 70% de la población. Los datos aportados por la canciller alemana estaban extraídos de los estudios que el Instituto Robert Koch había elaborado.

Sin embargo, el responsable aquí en España de la gestión de la pandemia, Fernando Simón, puso en duda la credibilidad de dicho informe. Incluso este viernes no era capaz de explicar por qué el país germano cuenta con medio centenar de fallecidos y nosotros más de un millar. La respuesta sí que la dan todos los expertos. Actualmente, Alemania realiza 160.000 test masivos de coronavirus a la semana, frente a los poco más de 30.000 que se han hecho al conjunto de la población en España, desoyendo los consejos y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud quien ha pedido en sucesivas ocasiones buscar activamente los casos no detectados. Por ello, los casos de Alemania son un reflejo mucho más fiel a la realidad que los 20.000 de España el 20 de marzo.

La crisis del coronavirus en España ha provocado desde el inicio del confinamiento el mismo número de víctimas por millón de habitantes que la provincia de Hubei en China, epicentro de la crisis y con una población de 59 millones de habitantes, alcanzó a los 20 días del confinamiento. De hecho, a los 14 días desde que registró la víctima número siete, China pasó a tener 70 fallecidos.

En el mismo transcurso de tiempo, España ha conocido un millar de muertos, y diferentes estadísticas realizadas apuntan a que España podría llegar a la cifra de los 3.000 fallecidos en la primera mitad de la semana que viene. Cuando la provincia de Hubei en China decretó el estado de alarma entre su población, el pasado 23 de enero, acumulaba medio millar de casos y menos de un ciudadano fallecido por millón de habitantes. En España, la medida adoptada el pasado domingo se produjo cuando el ratio era de seis muertos por millón de habitantes y desde entonces prácticamente se ha triplicado a la cifra. En Italia, el cierre total del país se llevó a cabo en un momento en el que había 7 fallecidos por millón de habitantes.

Como ya ha adelantado OKDiario, la realidad española es más dramática que la de Italia. En el período de los 14 días mencionados, Italia llegó a 869 fallecidos frente a los 1.000 de España. Este viernes España también superó a Irán y ya es el tercer país del mundo en número de casos detectados de coronavirus. Una muestra más de que el gobierno de Pedro Sánchez llegó tarde a la toma de medidas para evitar el contagio de los españoles y negando las pruebas diagnósticas masivas.

El gobierno de Angela Merkel supo anticiparse a los hechos y no desoyó las recomendaciones ni de la Organización Mundial de la Salud ni de todos los expertos en epidemias que aconsejaban una política de contención. Alemania decretó el cierre de los colegios, bares, restaurantes, gimnasios y centros comerciales de todo el país cuando todavía había menos de un fallecido por millón de habitantes.

La situación ha desbordado al Gobierno y lo peor está todavía por llegar. Aunque el nivel máximo de la crisis no llegará previsiblemente hasta el 8-10 de abril la pendiente descendente de la curva todavía prolongará el aislamiento de la población por un período que tendrá consecuencias muy dramáticas para los españoles y para la economía del país.

Un plan realista contra la recesión
Daniel Lacalle elespanol 21 Marzo 2020

"It can happen to everyone eventually." Jon Anderson, Trevor Rabin.

Antes de analizar el plan de choque que necesita España debemos recordar que, como en el pasado, la prudencia y la responsabilidad de la sociedad civil y las empresas nos van a ayudar a salir de esta crisis.

España es mucho más grande que sus problemas y saldremos adelante, como siempre lo hemos hecho. Pos eso tenemos que ser realistas, responsables y cautos.

La lealtad y el patriotismo no implican adhesiones incondicionales y es nuestro deber alertar de los riesgos de caer en un optimismo irresponsable, precisamente, para que salgamos antes y mejor de esta crisis.

¿Qué recuperación habrá?
Las estimaciones de crecimiento económico se están desplomando a velocidad de vértigo. El cierre, aunque sea temporal de la actividad económica, el transporte y el comercio, va a suponer una recesión inevitable. Se estima una caída del Producto Interior Bruto (PIB) mínima del 1,2% en 2020.

Desde Capital Economics a Goldman Sachs o JP Morgan se calculan auténticos desplomes del PIB en el primer y segundo trimestre que difícilmente van a compensarse con la tan repetida "recuperación en V".

Las economías líderes tienen mucha capacidad para enfrentarse a un shock como éste. No es el caso de España. Los cálculos para Estados Unidos indican que el paro se disparará a un 6,5%, en el caso de Reino Unido a un 7% y en Alemania al 6%.

En España nos enfrentamos a un cierre total de la economía con un paro de casi el 13%. Mucho más importante es recordar que la mayoría de las empresas españolas ya estaban en pérdidas en el último año registrado por la Agencia Tributaria (AEAT) y que la desaceleración en el ritmo de creación de empleo era muy evidente.

El plan Sánchez
El plan que ha presentado el Gobierno parte de tres fallos importantes. Ignora que ya estábamos en recesión, asume un paréntesis de bajo impacto y estima una recuperación rápida y exponencial que no tendrá impacto real en el empleo ni en las cuentas públicas y privadas.

Recordemos que el PIB del cuarto trimestre ya reflejaba una importante desaceleración. Si no hubiera sido por el aumento de gasto público y un sorprendente +53% en "productos de propiedad intelectual", el crecimiento fue negativo en casi todos los puntos, especialmente la inversión (-2,5%) y la demanda nacional (-0,2%).

Este plan incluye medidas que no son tales o ya estaban presupuestadas. Además, parte de un diagnóstico equivocado: que el problema al que nos enfrentamos es de demanda y acceso al crédito y no de desplome de ventas y acumulación de impuestos y costes fijos.

Los plazos
Hablamos de un plan que solo tiene 30 días de duración, y deja de tener efecto -a menos que se prolongue- una vez pasado ese mes. Incluye toda una serie de medidas para mitigar los impactos a familias y trabajadores que, en cualquier caso, ya están en su inmensa mayoría reflejados en la protección que ya estaba vigente.

También es importante entender que, antes de que nada de lo que se ha prometido en el plan se lleve a cabo, se dispararán los estabilizadores automáticos (gasto por desempleo, etc) a la vez que se hunden los ingresos fiscales por el efecto de la desaceleración previa.

No olvidemos que la recaudación por impuesto de sociedades ya estaba cayendo en noviembre de 2019 y que, desde entonces, IVA e IRPF van a sufrir graves caídas. De hecho, es posible que solo los estabilizadores automáticos absorban todo el espacio fiscal que se busca utilizar.

El plan del Gobierno parte de tres fallos. Ignora que estábamos en recesión, asume un paréntesis de bajo impacto y estima una recuperación rápida

Las dos medidas estrella para comunidades autónomas y Sanidad ya estaban en el cuadro presupuestario. La primera es simplemente dar a las comunidades pagos a cuenta (2.800 millones), y la segunda, 1.000 millones de euros para Sanidad, está ya en los presupuestos y es obligado por Ley.

Es de agradecer que el Gobierno haya rectificado con respecto a los autónomos, que ya podrán solicitar la prestación por cese de actividad. Se han flexibilizado las condiciones de acceso y se corregirán todas las lagunas el próximo martes en Consejo de Ministros, aunque no hacía falta esperar, bastaba con clarificarse en una instrucción de la Seguridad Social. Sin embargo, los autónomos no pasan a vivir tranquilos cuando cese la actividad. Van al paro por desaparición de sus ingresos.

Es de agradecer también que se haya flexibilizado la legislación con respecto a los ERTE (expediente de regulación temporal de empleo), que ayudará a las empresas a pasar un socavón y luego continuar adelante.

¿Dónde está la trampa?
El problema del plan del Gobierno Sánchez (pero también de otros Ejecutivos) es que no nos enfrentamos a una crisis de corto plazo por credit crunch (falta de acceso a crédito), sino a un desplome de la actividad por cierre sanitario, de fronteras y empresas que crece exponencialmente.

Nadie va a negar que es necesario tomar medidas de cierre de espacio aéreo y de ciudades, pero en esa misma comprensión, deberían orientar las soluciones a los problemas reales. Para cuando el plan del Gobierno haya cumplido su mes de aplicación, empezarán a cerrarse ciudades y espacios aéreos en todo el mundo que hoy parece que siguen su actividad sin problemas.

Un país que exporta el 33% de su PIB debería ser consciente que el desplome de actividad mundial que hoy afecta, sobre todo, a China y Europa, se va a extender a México, que ha tomado la imprudente decisión de no cancelar eventos y decirle a su población que no pasa nada, Brasil, India, etc.

Ojo a las estimaciones
Por supuesto que se va a encontrar una vacuna, ya hay excelentes noticias desde Seattle, por ejemplo, pero se tardará unos meses en aprobarla y, lo más importante, se tardarán muchos meses en poder fabricar vacunas a escala global. Ese coste, privado y público, no lo estamos estimando.

El impacto económico en la recuperación tampoco se tiene en cuenta. Por eso es tan importante que el Ejecutivo piense en una recuperación en L, lenta aunque esperanzadora, pero no un rápido crecimiento. Si yo me equivoco y es una recuperación rápida, nuestra economía saldrá más fuerte que nunca, si no me equivoco, y vamos a varios meses de lento rebote, no caeremos en una crisis.

La inmensa mayoría de empresas no se enfrenta a un problema de acceso a crédito (hay oferta de crédito a demanda solvente y a tipos muy bajos), se enfrenta al cierre y despidos por cese de actividad. Cero ingresos, pero costes fijos e impuestos acumulados. Muchos negocios se van a encontrar que periodificar sus gastos no soluciona nada. No olvidemos que todavía tenemos unas 80.000 empresas menos que antes de la crisis.

El problema fundamental está en las palabras "movilizar" y "hasta". Movilizar no significa inyectar a la economía, sino abrir un proceso de solicitudes de crédito y de ahí el cálculo de "hasta 100.000 millones". Se puede quedar en nada. Porque el problema no es de avales, sino de la imposibilidad de pedir un préstamo, que es lo que subyace en todo el plan. No estamos en una crisis por falta de acceso a crédito, sino una crisis por desaparición de actividad.

La aportación privada
Asume el plan también 83.000 millones de euros del sector privado, pero nadie sabe cómo y de dónde se van a sacar. Si atendemos a los resultados empresariales del cuarto trimestre de 2019, las empresas españolas -salvo contadas excepciones- presentaron un entorno de beneficios muy débil y con importantes retos.

Adicionalmente, nuestras grandes empresas ya se encuentran con niveles de endeudamiento alto, aunque se haya reducido admirablemente en los últimos años. La estimación de deuda sobre Ebitda para las compañías no financieras es de más de dos veces para 2020 antes de que se revisen a la baja las estimaciones de ventas y beneficios, que van a ser, en España y a nivel global, enormes.

Sea como sea, esos 83.000 millones no están ni especificados ni van a fortalecer a un sector privado aún muy endeudado y unos bancos con una rentabilidad sobre activos tangible bajísima, y que además tiene un porcentaje importante de préstamos de difícil cobro.

El problema bancario
Además, la banca se va a enfrentar a un aumento de la morosidad en los activos ya existentes tanto en España como en el extranjero. Los bancos pueden enfrentarse a esta situación y lo han hecho de manera admirable, pero no van a poder aumentar riesgo en decenas de miles de millones mientras ayudan a sus clientes actuales a salir del escollo. El plan asume una fortaleza de balance en los agentes privados que ni es evidente en las grandes empresas ni es asumible en las pymes.

La recuperación se dará, pero no podemos pensar que hostelería, automóvil agricultura, industria de maquinaria y componentes y autónomos van a ver sus ventas recuperarse milagrosamente tras el paréntesis. Desafortunadamente, muchas empresas ya están recibiendo cancelaciones de pedidos para noviembre, diciembre y enero. Los efectos de este estimado paréntesis, incluso si es así, van a ser muy importantes.

Las medidas de crédito, liquidez y ayuda son adecuadas para los que ya hubieran podido sobrevivir antes de este paquete de medidas. La liquidez era inmensa, los tipos bajísimos y los bancos hacían todo lo posible por prestar. Nos estamos olvidando, precisamente, de los que han hecho sus deberes y viven mes a mes, sin grandes activos que usar para cubrir un préstamo y sin músculo para enfrentarse a meses de caída de ingresos. Porque esos, los que más van a sufrir estos meses, ya estaban ahogados a impuestos el año pasado.

Mis propuestas
Algunos miembros de los partidos del Gobierno han mencionado el concepto "economía de guerra". Y creo que es una estimación correcta. Para una economía de guerra no puede haber una administración de bonanza.

Lo primero que debería anunciar el Gobierno ante este reto que se presenta es una reducción drástica a cero de todas las partidas no esenciales de los Presupuestos, subvenciones innecesarias, gastos duplicados y una reducción de ministerios y altos cargos acorde al momento.

Lo segundo es una exoneración completa de impuestos durante el periodo de crisis a las empresas y autónomos. Cero ingresos, cero impuestos. Esto permitirá que, unido a unas líneas de liquidez sin coste durante 12 meses -no avales en préstamos, líneas de liquidez- permita sobrevivir al desastre de aumento de capital circulante que muchos van a sufrir.

El Estado ya va a consumir todo el espacio fiscal que conceda la Unión Europea y más gastando. La idea es que esa enorme liquidez a tipo real negativo que le llega al Estado sirva para algo eficaz, no para aumentar desequilibrios estructurales en gasto corriente.

Esto no es pedir al Estado que intervenga, es pedir al Gobierno que deje de intervenir tanto, no expolie durante un cataclismo empresarial sin precedentes, y se una en la responsabilidad y austeridad a los que están luchando cada día por sobrevivir.

¿Por qué? Si el Gobierno se empeña en mantener los pocos ingresos fiscales que pueda rascar de la inflexibilidad anunciada por el Ministerio de Hacienda, va a poner en peligro los ingresos de 2020 y los de 2021 y 2022, porque va a cercenar las bases imponibles por recaudar un poco este año.

El dominó de las quiebras
Si, por recaudar un poco más de lo que queda, y a pesar de tener liquidez ilimitada del BCE y flexibilidad absoluta de la Comisión, el Gobierno se empeña en mantener unos impuestos que no se van a poder pagar porque no hay ingresos ni beneficios, genera un doble negativo. El dominó de quiebras de empresas y caída de empleo tardará años en recuperarse y, con ello, las bases imponibles y los ingresos.

Además, el crecimiento potencial se cercena porque mantenemos una fiscalidad normativa desproporcionadamente alta, como recuerdan la CEOE y el Círculo de Empresarios, y no atraemos la poca inversión que podría llegar tras la recuperación. No puedes hacer economía de guerra considerando que todos tienen margen menos la enorme estructura administrativa.

Crítica constructiva
Desde la crítica más leal y la responsabilidad, les ruego que eviten los sesgos ideológicos, escuchen el drama de autónomos, pequeños y medianos empresarios, y recuerden el error que supuso intentar solucionar el problema económico de España con avales y aumentando déficit vía gasto. Los avales del ICO de 2009-2011 reflejaban un 83% de morosidad… y eso que se daban basados en criterios de solvencia y sostenibilidad del negocio.

Un enorme shock de cierre económico no se soluciona con más deuda, y usando para esa deuda y enorme aumento de riesgo el balance del sector privado, sino con medidas urgentes de oferta que respondan a la realidad de las empresas de España y, con ellas, de sus trabajadores.

España saldrá adelante. Como lo hemos hecho siempre. El Gobierno, lo que tiene que hacer, es permitir que lo hagamos. Porque el Estado somos los ciudadanos y los contribuyentes. El Estado no es el Gobierno. El Gobierno está para facilitar, no elegir ganadores y perdedores.

Falta eficacia en la acción del Gobierno
Escasean los materiales de protección imprescindibles para garantizar la seguridad de nuestros médicos, enfermeras y auxiliares, que siempre están a punto de llegar, pero no llegan,
Editorial larazon 21 Marzo 2020

La expresión «en los próximos días» se ha convertido en la respuesta comodín de los responsables gubernamentales cada vez que se les inquiere por la llegada de los materiales de protección que necesitan perentoriamente nuestros médicos, enfermeras y auxiliares que luchan en primera línea de batalla contra la epidemia de coronavirus.

Pero los «días próximos» han ido transcurriendo y la escasez de esos medios se agudiza, sin otra solución, al parecer, que la de debilitar los protocolos de seguridad para poder reutilizar o alargar la vida de máscaras, guantes, delantales y uniformes especiales de trabajo. Asimismo, faltan respiradores y ventiladores, amén de otros elementos imprescindibles para aumentar las camas de UCI, por no hablar de los kits de análisis.

Que haya profesionales que divulguen por las redes sociales tutoriales para hacerse con medios de fortuna, a partir de papel de cocina o bolsas de basura, llena de perplejidad y temor a una opinión pública a la que se trata, al mismo tiempo, de preparar psicológicamente para la llegada del «pico» epidémico. Tanto el ministro de Sanidad, Salvador Illa, como su coordinador de alertas y urgencias sanitarias, Fernando Simón, insistían hasta ahora en la necesidad de centralizar las compras para proceder a un reparto equitativo de los materiales a las distintas comunidades autónomas, de acuerdo a cómo se fueran presentando las mayores necesidades, pero, ayer, ante las denuncias de ineficacia de algunos presidentes autonómicos, cambiaron el discurso y dieron luz verde a las iniciativas de compras de las comunidades.

Cuando menos, la actuación de los citados responsables del departamento de Sanidad llama a la confusión, más cuando parece confirmarse que se han retenido en Aduanas partidas de materiales ya encargadas por la Comunidad de Madrid antes de que entrara en vigor el estado de alarma, o cuando, simplemente, se ha procedido a la incautación de mascarillas a uno de los proveedores habituales de la Junta de Andalucía, actuación vendida en su momento a los medios de comunicación como si el afectado trabajara para el mercado negro. Es un hecho, que la emergencia social no debe ocultar, que el Gobierno que preside Pedro Sánchez ha actuado con retraso frente a la extensión de la epidemia. Aun así, una vez puesto en marcha el Gabinete de crisis, podía esperarse que tomara las riendas de la situación y recuperar el tiempo perdido. Comprendemos las dificultades, entendemos la magnitud del desafío, respaldamos el sacrificio que se pide al conjunto de la sociedad española, pero, por lo mismo, exigimos al Ejecutivo firmeza y coherencia en su labor.

No es posible que se repita el error del 8 de marzo, cuando desde las máximas instancias sanitarias se enviaron mensajes ambiguos, exculpando, como se hizo ayer, el inaceptable comportamiento del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, saltándose sin razón válida alguna –puesto que su rueda de prensa no aportó a la ciudadanía más que su habitual combustible partidista– la cuarentena a la que está obligado. Mañana, el Gobierno va a mantener una reunión, telemática, con todos los presidentes de las comunidades autónomas para relanzar la batalla contra el coronavirus y plantear, esperemos, unas bases más sólidas de coordinación. Con la expectación de siempre, estamos seguros de que el Ejecutivo hallará la máxima disposición entre sus interlocutores, pero, también, que le serán reclamadas medidas de apoyo más eficaces. El Estado tiene recursos suficientes pero hay que saber ponerlos en marcha. El acuerdo entre la Comunidad de Madrid y el Ejército para habilitar un gran hospital de campaña en la sede de IFEMA, puede de servir de ejemplo. Porque las semanas que se avecinan van a ser decisivas.

La improvisación cuesta vidas
OKDIARIO 21 Marzo 2020

Sobrepasado en su impericia y ahogado por su incapacidad para gestionar que los medios sanitarios -mascarillas, guantes, test de coronavirus- lleguen a las Comunidades Autónomas para evitar los contagios y combatir el virus, el Ejecutivo ha decidido ahora, después de que el 10 de marzo acordara e impusiera la centralización de todas las compras por decreto, permitir que los Gobiernos autonómicos puedan gestionar las compras. Con más de 1.000 muertos, el Ministerio de Sanidad, en una demostración supina de impotencia, admite que su papel de liderazgo no ha funcionado y descarga todo el peso de la gestión de las compras en las mismas Autonomías a las que hace diez días les quitó el control.

El Gobierno aprobó el pasado martes el Real Decreto por el que se modifica la ley de Salud Pública. El resultado fue la compra centralizada de productos sanitarios, una medida que se ha demostrado catastrófica hasta el punto de que el Departamento que dirige Salvador Illa -menudo papelón el suyo- ha autorizado ahora que los proveedores con capacidad y autorización para importar ese material de protección frente al coronavirus puedan recibir órdenes de las Comunidades Autónomas. Se ha perdido un tiempo precioso, porque los proveedores sanitarios han estado con las manos atadas. O sea, que estaban con capacidad de hacer efectivos los suministros, pero el Gobierno socialcomunista no estaba registrando todas las órdenes de compra necesarias pese a poder hacerlo.

Han tenido que ser los médicos, enfermeros, celadores, policías, guardias civiles y demás actores principales frente al coronavirus los que, a base de denunciar públicamente la falta alarmante de material sanitario de primera necesidad, han obligado al Gobierno a rectificar. Lo malo es que los días perdidos no podrán recuperarse. Ni las vidas de muchos. La falta de rigor del Ejecutivo en el manejo de una crisis que no admite improvisaciones ha provocado un daño evidente. Ahora, el Ministerio de Sanidad, sobrepasado, le pasa la patata caliente a las Autonomías. Impotencia y negligencia a raudales.

Situación dramática y ausencia de mando único sanitario
Pablo Sebastián REP 21 Marzo 2020

Estamos en una situación límite en la lucha contra el coronavirus y al borde del colapso sanitario. Hasta el punto que, ante la escasez de las UCI en los hospitales, los médicos darán prioridad a los enfermos con más esperanza de vida por delante de los que están en fase terminal. Está claro que no hay UCI para todos y ello da una idea de la gravedad de la situación.

Y de la escasez no prevista ni prevenida de medios sanitarios como las UCI, camas de hospitales, respiradores, trajes protectores, mascarillas y también de los llamados ‘tests rápidos’ de prueba del contagio.

Los que el Gobierno no tiene y por ello no está en condiciones de anunciar cuando se podrán hacer esos tests masivos de detección de contaminados, lo que se está anunciando una y otra vez pero sin precisar. Aunque llama la atención que en Galicia algunos hospitales ya están activando esos ‘tests’.

Lo que confirma el descontrol nacional del problema sanitario y la ausencia de un mando único nacional que coordine todas las actuaciones así como la estrategia a seguir.

Y de especial manera todo lo relativo a la producción y la compra, dentro y fuera de España, de ese material sanitario tan importante y cuya escasez y su mala distribución está empeorando el riesgo de acabar en un colapso sanitario nacional.

No puede ser que, en estas circunstancias, no exista aún un centro único de compras de dicho material sanitario dentro y fuera de España, y que luego el Gobierno requise en las aduanas el material que han comprado organismos de las Comunidades Autónomas, como lo ha denunciado la Comunidad de Madrid.

La ausencia del mando único sanitario nacional, que debe de centralizarse en el Ministerio de Sanidad, cuyo titular, Salvador Illa, parece desbordado, es un enorme error. Y transmite una imagen de confusión y descontrol a la que se suma otro problema importante: el exceso de portavoces oficiales del Gobierno que comparecen a lo largo del día, hasta siete u ocho.

Y en muchos casos, como en el de los llamados ‘tests rápidos’ que no se están llevando a cabo, ofreciendo el Gobierno una imagen de desconcierto o de premeditada ocultación de la verdad.

Porque existe la sospecha de que el Ministerio de Sanidad no quiere hacer esos ‘tests rápidos’ a los enfermos que permanecen en sus casas por temor a que emerja una masa de contagiados graves, que duplique las más de 20.000 personas contagiadas en pleno colapso sanitario, entre otras cosas por falta de hospitales (se están improvisando los ‘hospitales de campaña’ y acondicionando hoteles) lo que puede crear una situación de pánico general.

Y a lo que tenemos que añadir otro problema logístico porque el despliegue nacional del Ejército y las Fuerzas de Seguridad exige dotar esos cuerpos del Estado de material sanitario de protección. Y si no hay suficiente para para el personal sanitario, como se denuncia en los hospitales, menos aún habrá si, como parece lógico, hay que proteger también a los militares, los guardias civiles, policías nacionales y autonómicos que tengan que actuar en zonas y situaciones de riesgo.

Este Gobierno ha llegado tarde y mal a esta crisis sanitaria y no actúa con la unidad de acción, transparencia y eficacia que requiere la situación. Y nos parece muy grave el que no exista un mando único sanitario nacional y un centro de coordinación de estrategias a nivel nacional, y de compras y de producción de material sanitario.

Y sobre todo urge una explicación clara del por qué no se hacen de una vez los tests de confirmación del contagio a los miles de personas enfermas que están refugiadas en sus casas y con el claro riesgo de ampliar el contagio a personas de su entorno familiar y vecinal.

Golpe bolivariano: PSOE y Podemos bloquean el Congreso para silenciar a la oposición
La Mesa de la Cámara delega en Batet la organización de los Plenos y paraliza las iniciativas de control al Gobierno
Segundo Sanz okdiario 21 Marzo 2020

Los partidos que sostienen al Gobierno socialcomunista han aprovechado el decreto de estado de alarma ante el coronavirus para bloquear la función de control al Ejecutivo que hace la oposición en el Congreso de los Diputados. Así, la Mesa de la Cámara baja, controlada por PSOE y Podemos, ha acordado delegar en la presidenta socialista, Meritxell Batet, la organización de todos los Plenos que haya durante la alarma y paralizar las iniciativas parlamentarias ya en marcha, muchas de ellas relativas a la gestión del Gobierno en esta crisis sanitaria.

De esta forma, Batet asume plena potestad en programar los Plenos de la Cámara y en calificar los escritos que los grupos parlamentarios presenten al respecto. Y además, todas las iniciativas parlamentarias —también las de control al Gobierno— ahora en tramitación quedan en suspenso a partir de este 19 de marzo. Si bien desde la secretaría de Estado de Relaciones con las Cortes esgrimen que los ministros a pesar de estar centrados en hacer frente al coronavirus intentarán dar respuesta a las preguntas escritas de los grupos, lo cierto es que desde este momento ya no tendrían obligación alguna de hacerlo conforme a lo acordado por la Mesa, según la resolución a la que ha tenido acceso OKDIARIO.

Desde el Partido Popular, su portavoz en la Cámara baja, Cayetana Álvarez de Toledo, ha denunciado que socialistas y podemitas están «ocultando su responsabilidad en la catástrofe», al tiempo que «anulan el control parlamentario».

Por su parte, desde Vox, tercera fuerza de la Cámara, su presidente, Santiago Abascal ya avisó este jueves de que si PSOE y Podemos perpetraban este «golpe institucional», lo llevarían al Tribunal Constitucional y exigirían la suspensión cautelar de estos acuerdos.

En contra de la ley
De igual modo, la secretaria general del Grupo Parlamentario de Vox, Macarena Olona, subrayó que esta decisión va «en contra de lo que dispone el artículo 1.4 de la Ley orgánica 4/1981, reguladora de los estados de alarma, excepción y sitio», según la cual «la declaración de los estados de alarma, excepción y sitio no interrumpe el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del Estado».

En el caso de Vox, Olona afirmó que desde que se declaró el estado de alarma el pasado sábado 14 de marzo, su grupo «está registrando una media de 88 preguntas escritas de control al Gobierno y siete proposiciones no de ley, cada día. Según el Registro del Congreso, el 90% de la actividad diaria», indicó. En los últimos días, Vox ha registrado una batería de preguntas sobre la disponibilidad de mascarillas.

La pesadilla de Sánchez: acabar ante la Justicia por negligente como en Francia
Ana Isabel Martín esdiario 21 Marzo 2020

El presidente español mira al país vecino con preocupación: allí un grupo de médicos ha emprendido acciones penales contra el Gobierno por no haber querido ver el peligro del coronavirus.

¿No vio o no quiso ver el Gobierno de Pedro Sánchez el peligro de permitir y alentar las manifestaciones multitudinarias del 8 de marzo? Ya fuera por exceso de confianza, ingenuidad o negligencia, cada vez más informaciones apuntan a que estaban avisados.

La última, la revelación que ha hecho Juan Martínez Hernández, experto en Salud Pública de la Organización Médica Colegial. El 30 de enero, en una reunión en el Ministerio, alertó de que el virus no era un agente del grupo II, sino del IV.

El Gobierno sabía desde el 30 de enero la letalidad del coronavirus y no hizo nada

En España de momento la emergencia sanitaria, que se ha cobrado ya más de un millar de víctimas mortales, ha extendido un tupido velo sobre las responsabilidades del Ejecutivo en esta crisis. El PSOE ha rechazado, incluso, crear una comisión de seguimiento del coronavirus en el Congreso, como pedía el PP. Dice el presidente que ya habrá tiempo de explicaciones, y que ahora es el momento de estar unidos... en torno a él.

Pero en la vecina Francia la tregua política ha acabado más pronto que tarde. Y no en el Parlamento, sino en los tribunales. Tres médicos del colectivo sanitario C19 emprendieron este jueves acciones penales contra el primer ministro, Édouard Philippe, y contra la exministra de Salud, Agnès Buzyn, por negligencia, no tomar medidas "voluntariamente", conscientes de que estaban poniendo en peligro la salud pública.

Se llaman Philippe Naccache, Emmanuel Sarrazin y Ludovic Toro y han recurrido a la Corte de Justicia de la República, que es el tribunal que se encarga en Francia de juzgar a los miembros del Ejecutivo en el ejercicio de sus funciones (por ejemplo la CJR condenó en diciembre de 2016 a la ahora presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, por negligencia).

Si en España la polémica gira en torno a las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer, en Francia lo hace en torno a la primera vuelta de las elecciones municipales, que se celebró el pasado domingo 15 de marzo con todas las luces de alarma ya encendidas. Un día después, Emmanuel Macron tuvo que anunciar que se suspendía la segunda vuelta.

El detonante de las acciones judiciales está en una entrevista que la exministra de Sanidad concedió a Le Monde el martes. Ella, Agnès Buzyn, dimitió a mediados de febrero para presentarse a la Alcaldía de París, dejando el Ministerio empantanado ante la que se venía.

En esa entrevista, la exministra contó que a finales de enero alertó al primer ministro de que se avecinaba un "tsunami" con el coronavirus y le propuso suspender las elecciones. "Se habría tenido que parar todo, era una mascarada. La última semana fue una pesadilla. Yo tenía miedo en cada mitin. He vivido esta campaña de manera disociada", narró.

Sus declaraciones han producido tal terremoto en Francia que han ella y Philippe han acabado en los tribunales. En España de momento todo el Gobierno ha cerrado filas con Sánchez, incluida la ministra de Yolanda Díaz, que según ha trascendido fue la primera y tal vez la única ministra en desaconsejar el 8M.

No obstante sí hay expertos que están empezando a perder el miedo a decir que ellos ya lo avisaron. Juan Martínez Hernández el último, antes que él el infectólogo Oriol Mitjà.

¿Puede terminar también el Gobierno de coalición en los tribunales, como en Francia? Tal vez, pero no al menos mientras dure el estado de alarma. Básicamente porque el CGPJ ha decidido que, en este tiempo, la actividad judicial queda limitada a "exclusivamente actuaciones procesales declaradas urgentes e inaplazables".

Pablo Iglesias se ahoga
No hay que descartar que, en su momento, no ahora, Pablo Iglesias, se marche del Gobierno, rompa la baraja. Su función es irrelevante en el Gabinete
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 21 Marzo 2020

A Pablo Iglesias le resulta insoportable estar en las bambalinas del Gobierno. Quiere protagonismo. Y lo quiere de manera perentoria, urgente, inmediata. Tanto que por dos veces —y las que hagan falta— se ha saltado despóticamente la cuarentena a la que debía estar sometido por la infección de Irene Montero y ha comparecido, tan campante, en el Consejo de Ministros del pasado sábado y en la rueda de prensa del jueves con el ministro de Sanidad Salvador Illa.

Necesita estar, aparecer, hacerse notar. Solo se justifica a sí mismo si lanza discursos ideológicos cuando lo que tocan son intervenciones de gestión. Pero hay que comprenderle: Pablo Iglesias se está ahogando políticamente. En el Gobierno no es nadie; no tiene una función estratégica; ni maneja competencias con incisión en la vida de los ciudadanos; sus facultades carecen de sustancia, son meramente especulativas, de preparación, de discurso, de presencia. Su figura como ministro y como vicepresidente es perfectamente prescindible.

Por esa razón tiene que romper la cuarentena; por esa razón tiene que llamar "machista frustrado" al ministro de Justicia (hay que paliar la ineptitud técnica de Irene Montero en la precipitada reforma de Código Penal); por esa razón tiene que argumentar engañosas esperanzas de que los alquileres podrían ser aplazados o suspendidos; por esa razón tiene que comunicar campanudas reuniones con sus pares internacionales y autonómicos.

La realidad es que Pablo Iglesias no está en el cuarteto de ministros delegados para la gestión del estado de alarma (Defensa, Interior, Sanidad y Transportes); la realidad es que no logró colocar a ningún titular de UP en el cuarteto, ni siquiera a Yolanda Díaz, la ministra de Trabajo. La realidad es que en esta crisis carece de rol, de función, de papel. La realidad es que, desde el principio, Pablo Iglesias fue un eslabón formal, no material, para encadenar a Sánchez en la Moncloa. Nada más.

El Gobierno de coalición ha decaído. En realidad todo ha decaído. El Covid-19 no ha dejado nada en pie: ni los Presupuestos, ni la "mesa de diálogo", ni la reforma del Código Penal, ni la "agenda social". La legislatura ha quedado arrasada y Pablo Iglesias es consciente de que, o pelea por sacar la cabeza entre la multitud de ministros innominados y abundantísimos, o su propósito se viene abajo, su plan falla y Pedro Sánchez capitaliza la tragedia que vivimos y ellos, los de UP, quedan como parte del acompañamiento. Y entrar en el Gobierno podría haberse convertido en el mayor error de todos los posibles.

Sánchez es razonablemente comprensivo. Le deja aparecer. Y hasta hace la trampa —¡que gesto más feo!— de utilizar el decreto ley de medidas económicas para garantizarle un puesto en la Comisión Delegada de Asuntos de Inteligencia que controla el CNI. El presidente le cede espacio, aunque la que corta el bacalao es, por una parte, la única vicepresidenta que no lo es protocolariamente (Carmen Calvo) y, por otra, la que dispone de facultades ministeriales potentes (Nadia Calviño). La primera es presidenta del Consejo General de Secretarios de Estado y Subsecretarios; tiene funciones de coordinación interministerial; lleva la agenda legislativa del Gobierno y es secretaria del Consejo de Ministros. La segunda, con María Jesús Montero, de Hacienda, modula las medidas económico-financieras, interactúa con sus colegas europeos, está presente en los órganos de la Unión y marca la agenda de los hitos macroeconómicos.

Sin cuestión catalana que resolver (queda aplazada 'ad calendas graecas'), sin mesa de diálogo en la que sentarse con un Joaquim Torra que ha enloquecido en su sectarismo, sin Presupuestos que negociar este año porque los que se tramitarán serán los de 2021 y lo serán de "reconstrucción". Sin margen para "agendas sociales" a las que Podemos se aferraba como su gran fortaleza programática, ¿qué le queda a Pablo Iglesias? Abrirse paso a codazos, aparecer en las comparecencias televisivas, recitar intervenciones remitiéndose a la crisis de 2008 como si de aquello trajese causa lo que ahora nos ocurre, impostar una competencia técnica de la que carece (no la tiene porque no es un profesional y porque, además, no acumula experiencia política, compárese con el oficio de Salvador Illa).

No hay que descartar que, en su momento, no ahora, Pablo Iglesias, se marche del Gobierno, rompa la baraja. Todo dependerá del balance de daños que realice de su estancia en el poder. Muchas veces, ocupar los sillones del Consejo de Ministros es la manera más segura de enfilar hacia la irrelevancia electoral. Porque, de siempre, el pez grande se ha comido al chico y la pedrada de David a Goliat es la excepción bíblica que confirma la regla. Y la regla es que Sánchez tiene una memoria paquidérmica y dijo lo que dijo: que se fiaba de Iglesias exactamente tanto como Iglesias de él. O sea, nada. Este no era un gobierno de coalición para imprevistos. Y no ha habido mayor imprevisto que la tragedia del coronavirus. Que Iglesias se salte la cuarentena es todo un símbolo de la falta de idoneidad del secretario general de Podemos para desempeñar las (escasas) responsabilidades que ha asumido. Pero es comprensible: le falta el oxígeno y saca la cabeza. Si no lo hace, se ahoga.

El herpes de España
Con las defensas bajas por el coronavirus han aparecido los oportunistas que van contra el libre mercado y contra el Rey
Alberto García Reyes ABC 21 Marzo 2020

La insoportable contradicción de Iglesias saltándose la cuarentena en el Consejo de Ministros que la decretó para el resto de españoles y en la rueda de prensa de exhibición de poderío que dio el jueves es un retrato hiperrealista de su condición mezquina: la ideología comunista siempre está por encima de las personas. El fin lo justifica todo. Por eso su cuadro clínico de valores es tan infeccioso para este país como el coronavirus. Porque es nepotista y, por tanto, nocivo. No voy a hacer ninguna consideración sobre la gestión de la crisis sanitaria por parte del Gobierno porque en estos momentos lo que toca es ayudar. Nos estamos jugando el futuro y no es tiempo de enzarzarse en trifulcas secundarias. Ya hablaremos de la comunicación funeraria de Pedro Sánchez o de la decisión de declarar el estado de alarma después de la manifestación feminista del 8-M. Pero hay cuestiones que no se pueden dilatar apelando al espíritu de unión porque hay quien lo está aprovechando para sacar tajada. Es la hora de los saqueadores políticos y el Estado tiene que dormir estos días con un ojo abierto para evitar que los populistas lo dejen en los huesos mientras todos los esfuerzos comunes se centran en frenar la pandemia. Lo voy a decir sin rodeos: Iglesias, Torra y compañía son el herpes de España. Su enfermedad oportunista. Ahora que el país está inmunodeprimido y trata de abroquelarse contra el virus tomando medidas históricas, casi de tiempos de guerra, para ponerle dique a la plaga, estos personajes se han metido en las entrañas de nuestra democracia para ahorcarla con su culebrina.

De Torra ya lo sabíamos todo y su deriva majadera para no perder el ripio independentista en plena clausura del territorio nacional no puede sorprendernos. Los chiflados siempre se retratan en los escenarios más críticos. Pero hasta ahora sólo habíamos podido intuir lo de Iglesias a través de sus autodesmentidos: fin de la limitación de sueldo cuando empieza a perjudicarle a él, se acabó el plazo máximo de poder en el partido cuando él ya lo ha cumplido... Todo en su vida política es un timo. Los españoles le importamos un... En fin, me callo. Por encima de cualquiera de nosotros, de nuestra salud o de nuestro porvenir económico está su causa ideológica, que él cree superior incluso que el género humano. Por eso es vital que nos defendamos de estos iluminados que padecen, sin excepción, una distorsión mental llamada uromanía, variedad psiquiátrica del delirio de grandeza cuyas víctimas preconizan su origen celestial y, por lo tanto, se anuncian como la solución de todos los males del universo. Ese heliocentrismo patológico es el que ha llevado a Pablo Iglesias a saltarse la cuarentena estando su mujer infectada. Los españoles son criaturas frágiles y pueden morir. Él es un «ironman» invencible. Tiene un proyecto para la salvación del mundo y está llamado sólo a dar órdenes, no a cumplirlas. En la mesa que decretó el estado de alarma tenía una oportunidad histórica de acabar con el libre mercado nacionalizando la sanidad, las eléctricas y hasta los medios de comunicación. No podía faltar a esa cita porque no volverá a disfrutar de una coyuntura mejor para desbaratar España. Con inmunodepresión, los patógenos oportunistas siempre triunfan. Y encima el destino ha querido que su otro enemigo, la Monarquía, también tenga fiebre actualmente. ¿Cómo desaprovechar la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro? No olvidemos esto nunca: Iglesias, que es el Gobierno, ha convocado una cacerolada contra el Jefe del Estado. Y si postergamos esta denuncia para cuando hayamos vencido al coronavirus, ya nos habrá devorado el herpes bolivariano.

¿Aprueba el Gobierno?
Hay que estar unidos yapoyar, pero también hayque decir la verdad
Luis Ventoso ABC 21 Marzo 2020

El saber popular castellano nos recuerda que «a hechos vistos, todos listos» (Sánchez, más pedantuelo, lo llama «sesgo restrospectivo»). Sí, a toro pasado es fácil impartir lecciones magistrales sobre el coronavirus. También es verdad que la crisis ha cobrado tales dimensiones que el más genial estadista sudaría tinta frente al doble envite de la epidemia y el descalabro económico. Por último, ante una conmoción así todos los partidos y ciudadanos debemos colaborar con lo que nos pida el Gobierno. Pero todo ello no puede poner en cuarentena el derecho inalienable de oposición y prensa a ejercer la crítica cuando el Ejecutivo no sirva bien al público. Resulta necesario recordar algunas verdades:

-España había llevado tan lejos las transferencias que el Ministerio de Sanidad era una cáscara casi vacía. Todo lo gestionaban las comunidades. Para los sucesivos presidentes se trataba de una cartera maría, donde se solía colocar a leales del partido legos en la materia. Sánchez eligió al sensato Salvador Illa, que estudió Filosofía y no había pasado de la política municipal. Pero no lo seleccionó para la gestión sanitaria, sino para que con su talante amable y su origen catalán engrasase la relación con los separatistas que lo mantienen. Illa es educado y voluntarioso, pero basta escucharlo para ver que improvisa.

-La descentralización se ha llevado tan lejos que ante una crisis que demanda un mando único estatal muy fuerte, al Estado le cuesta llegar y coordinar. La estructura necesaria para esa tarea se había desmontado.

-Un periodista alemán, donde sufren solo 55 muertos con 19.711 infectados, frente a los más de mil de España con 20.400, preguntó ayer al doctor Simón por los españoles con síntomas a los que no ven los médicos y la falta de test y respiradores. Su única respuesta fue: «No se puede generalizar». Sobre la diferencia de fallecimientos: «No lo puedo explicar».

-Los test son una herramienta clave contra la epidemia, como bien ha demostrado Corea del Sur. En España se están haciendo a cuentagotas, solo en casos serios y a gente con cargos. Preguntado el martes por ello, el doctor Simón anunció test masivos «en uno o dos días». Era falso. Ayer Illa respondió a una pregunta al respecto explicando que «estamos trabajando intensamente para adquirirlos».

-Ha habido errores de juicio (permitir y alentar lo del 8-M). De previsión (Italia, país muy similar, ya estaba en cuarentena y en una batalla terrible y aquí seguíamos con la adulación a ERC y la ingeniería social). Errores de coordinación (como permitir que las comunidades cerrasen los colegios antes de establecerse el confinamiento general, lo que provocó una estampida de familias a lugares de recreo que expandió la epidemia). Y errores de previsión (pese al ejemplo de China en enero e Italia en febrero, nuestras autoridades no buscaron test, mascarillas y respiradores).

Tenemos que mejorar. Todos. También los periodistas que al principio, ignorando lo visto en China, comulgamos con el lugar común de que esto era como una gripe, incluso «menos mortal y contagiosa».

Cuestión de competencia(s)
«¿Dónde está la estructura nacional de salud pública? Sanidad ha asumido competencias que no sabe gestionar»
Ignacio Camacho ABC 21 Marzo 2020

«Quién nos iba a decir que el mando único de la sanidad iba a funcionar peor, o al menos no mejor, que las autonomías por separado». Es mediodía y las campanas de la Giralda llaman, como las de otras catedrales de España, a rezar por los enfermos de la pandemia y los profesionales que la combaten. El teléfono trae un mensaje de alguien con muchos trienios en epidemiología y en la Administración sanitaria regional y nacional. Su voz suena escandalizada, casi desesperada. «No quiero hacer una crítica política, entiendo la enorme dificultad del trabajo porque lo he vivido en otros momentos; hablo de cuestiones técnicas imprescindibles y tengo que decirlo porque observo un caos letal en la toma de decisiones.

La medida de concentrar el control en el Ministerio es acertada pero sólo sirve si se hacen las cosas con criterio, no a tientas y cambiando de protocolos sobre la marcha en medio de una sensación de desorden».

«¿Dónde está la estructura nacional de salud pública? Los comités científicos... Al menos el Gobierno inglés ha publicado los informes y modelos que está usando. No tenemos siquiera un mapa pormenorizado del contagio. Qué digo un mapa, un maldito Excel. Y no lo hay porque faltan PCRs, los test rápidos, para localizar focos de infección sobre los que priorizar actuaciones. El ministro los prometió para ayer pero ha pasado algo que no explican. Sé que algunos presidentes autonómicos los han pedido y no se los han podido dar, porque no existen, claro. Y lo mismo con los equipos de protección, las mascarillas, las gafas, los trajes. ¿Sabes? Andalucía consume 250.000 mascarillas por semana en una crisis como ésta. Sólo en La Paz de Madrid se necesitan 30.000 al día. Algunas comunidades más previsoras habían comprado y se los han requisado sin que exista un mecanismo de distribución eficaz. El Ministerio ha asumido competencias, como las compras centralizadas, que no sabe gestionar. Tampoco es capaz de elaborar un criterio estadístico fiable, modifica los procedimientos; sin pruebas masivas de detección no sabemos cuánta gente hay realmente infectada y así es imposible planificar el esfuerzo con una mínima precisión. Claro que en Cataluña ni te cuento, hacen puro maquillaje de cifras; a los muertos con síntomas pero sin test no los contabilizan».

«¿Que cuándo veremos una esperanza? De cinco a siete semanas para empezar a notar una inflexión positiva en la curva de contagio. Ahora estamos aún pagando los errores previos: el miércoles 25 puede haber una hecatombe en Madrid, y eso sí lo sabe el Gobierno. El pico alto hay que pasarlo y va a ser duro, la cuestión es organizar bien la tarea para iniciar pronto la rampa de descenso. Y te repito, me duele que el Ministerio no mejore a las autonomías. Pero no es un problema de competencias sino de competencia… ¿me entiendes?».

Abascal pasa al ataque contra un Gobierno "superado, caótico y sectario"
El presidente de Vox acusa a Sánchez e Iglesias de "romper la unidad" y "crear un escudo para blindarse" ante los españoles.
Maite Loureiro Libertad Digital 21 Marzo 2020

Se acabó la tregua. Cuando se cumple una semana desde que el Gobierno declarara el estado de alarma, Vox ha endurecido el tono de su crítica contra el PSOE y Podemos a la vista de la gestión que están llevando a cabo sobre la crisis del coronavirus.

Después de que el vicepresidente, Pablo Iglesias, se saltara la cuarentena hasta en dos ocasiones para asistir al Consejo de Ministros y ofrecer una rueda de prensa, o de la cacerolada contra el Rey, la saturación en varios hospitales españoles o la retención de material sanitario, tal y como denunció Isabel Díaz Ayuso en esRadio, Vox ha pasado directamente al ataque.

En un videocomunicado emitido unos días después de anunciar que ha superado el coronavirus, Santiago Abascal acusa al Ejecutivo de estar "superado" por los acontecimientos y actuar de forma "caótica y sectaria", rompiendo "la unidad". "Están más preocupado por su agenda ideológica que por los españoles", remata reprochando al Gobierno no haber hecho todavía ninguna autocrítica.

Un cambio de discurso que contrasta con el que hace apenas unos días empleó el portavoz parlamentario de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, durante el pleno en el que Pedro Sánchez compareció para explicar el decreto sobre el estado de alarma. En ese momento, el partido optó por hacer frente común junto a PP y Cs para mostrar su apoyo al Gobierno en esta crisis. Un apoyo al que no renuncia y que mantiene pero desde una posición crítica.

Abascal asegura que la gestión del Ejecutivo está provocando que España sea "el país del mundo donde el virus está siendo más letal". "Con todo el poder que han acumulado Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Carmen Calvo, se dedican a protegerse a sí mismos", asegura.

El líder de Vox recuerda que han aprovechado la aprobación del decreto sobre el estado de alarma para blindar a Pablo Iglesias en la comisión del CNI. "Un chavista con la información más sensible del Estado", lamenta.

Una cacerolada "criminal" y un Parlamento "amordazado"
Después de que Podemos promoviera una cacerolada contra el Rey, que renunció a la herencia de su padre, Juan Carlos, y le retiró la asignación económica de la Casa Real por tener dinero en paraísos fiscales, Abascal acusa al Gobierno de "enfrentar a los vecinos que hasta entonces aplaudían juntos a sanitarios y políticas". "Es criminal que hayan roto la emocionante unidad del pueblo", critica con dureza.

"El Gobierno está creando un escudo para blindarse y aislarse del pueblo español", afirma recordando que este mismos viernes PSOE y Podemos han acordado suspender el control parlamentario de la oposición mientras dure la crisis.

"Este Gobierno incapaz nos lleva a horas muy duras, a momentos muy trágicos", advierte el líder de Vox sin emplear paños calientes para alertar de que sus decisiones "están poniendo en peligro nuestra salud y nuestra supervivencia económica".

Por todo ello, Vox insiste en reclamar el cese inmediato de Pablo Iglesias y Carmen Calvo, especialmente del primero por intentar aprovechar el estado de alarma para implantar un "cambio de régimen".

Por último, Abascal intenta enviar un mensaje de ánimo y esperanza, apelando a todos los cargos públicos del partido para que colaboren con los sanitarios y policías a desarrollar su trabajo. "Tengamos fuerza para soportarlo y ánimo para reconstruir nuestra nación", remata su mensaje, enviando también su pésame a las familias de los fallecidos y a los enfermos por el coronavirus.

No podemos esperar "días" al material sanitario
Editorial El Mundo 21 Marzo 2020

Nos encontramos ante el segundo fin de semana bajo estado de alarma y va a ser especialmente duro porque los expertos subrayan que, desde hoy y durante varios días, se incrementarán de forma notable los casos de contagios por coronavirus en nuestro país, antes de llegar al pico a partir del cual cabe esperar una reducción de la curva. Lo peor está por venir, como alertan las autoridades competentes sin paños calientes, y ello exige extremar la responsabilidad por parte de cada ciudadano y no rebajar un ápice la tensión por el confinamiento.

Ante cifras tan altas resulta inquietante la escasez de material sanitario que se está padeciendo ya en muchos centros hospitalarios, residencias y otras dependencias de atención y detección de posibles infectados. Garantizar el suministro de mascarillas quirúrgicas, guantes protectores, respiradores, tests y toda clase de material sanitario de primerísima necesidad es la gran urgencia que hoy tiene España. En su comparecencia, el ministro del ramo, Salvador Illa, aseguró ayer, consciente de la situación tan crítica en tantos hospitales, que "en los próximos días" llegará más material de protección, tanto a través de compras en el exterior como de fabricación nacional. Somos conscientes de la extraordinaria dificultad que entraña el asunto, pero no podemos resignarnos a esperar y confiar "en los próximos días". Es una emergencia a la que hay que dar respuesta hoy mismo... y todos los días sucesivos.

Para empezar, resulta imprescindible mejorar de inmediato los protocolos de logística, que a todas luces se han demostrado insuficientes. Estamos hablando de lo más básico para contener la epidemia, para evitar todos los nuevos contagios posibles y, sobre todo, para salvar vidas. Nada es tan importante ni merece más esfuerzos por parte de las administraciones y de todos los agentes privados que pueden contribuir mucho. Que el Gobierno de la Nación asumiera el mando único de la crisis era tan lógico como imprescindible. Pero quizá en algunos aspectos la total centralización del suministro de material de protección y la orden de confiscación estén siendo contraproducentes. Hemos visto durante toda la semana cómo distintas comunidades autónomas, como Andalucía, Cataluña o Madrid, criticaban que la rigidez estaba contribuyendo al desabastecimiento. Lo último que nos podemos permitir es descoordinación. Hasta ayer mismo, la presidenta del Ejecutivo regional madrileño insistía en que el Gobierno bloqueaba en las aduanas la llegada de material sanitario que había sido encargado antes de que entraran en vigor las normas del estado de alarma. Moncloa tiene que flexibilizar y actualizar continuamente sus protocolos para impedir que eso ocurra y para fomentar que desde el sector privado se contribuya al máximo al suministro de material. Como ejemplo, en las últimas horas Amancio Ortega ha prometido 150.000 mascarillas quirúrgicas y usará toda su red de factorías para ser enlace con China y abastecer de lo que pueda a nuestro país.

La propia presidenta Ayuso resaltó un cambio de actitud cualitativo con la orden de Defensa para instalar de inmediato hospitales de campaña en distintas ciudades, con gran capacidad, como el que va a acoger Ifema, en Madrid. Del mismo modo, desde Industria y otros ministerios ya van tarde para desarrollar planes urgentes de fabricación masiva que involucren a los agentes públicos y privados necesarios.

No es posible acallar la voz del periodismo
Editorial ABC 21 Marzo 2020

La decisión de la Secretaría de Estado de Comunicación en La Moncloa de reducir o aunar el cúmulo de preguntas periodísticas a distancia que se producen en estos días puede tener su lógica. Lo que no tiene lógica es que el «filtrado» termine por omitir preguntas al presidente del Gobierno, o a los miembros designados de su gabinete de crisis, en función del daño de imagen que pueda ocasionarles. La Moncloa, como el Congreso y algunos partidos, han decidido restringir drásticamente el acceso de los periodistas a sus instalaciones alegando razones de seguridad. Razones que, en cambio, no parecen ser las mismas para dirigentes como Iglesias, quien debería estar en cuarentena y aislamiento por motivos objetivos, y que La Moncloa no cumple.

El acceso de los periodistas con las razonables medidas de seguridad sanitaria no debería estar vetado. Pero es que además ocurre que al final las preguntas incómodas para el Gobierno no se formulan. Hay un filtro sectario que impide que Iglesias conteste, por ejemplo, a sus motivos para eludir el aislamiento, comparecer sin mascarilla y asumir el riesgo de contagio a otras personas mientras el Gobierno impone un aislamiento masivo en España.

Si a La Moncloa acceden dirigentes, y si al Congreso de los Diputados acceden políticos, también deberían hacerlo los periodistas con las garantías necesarias de autoprotección. Una cosa es no fomentar alarmismo ciudadano, y otra aprovechar el coronavirus para que los políticos no sean sometidos al escrutinio de la opinión pública. En la medida en que del total de preguntas que se formulan a los políticos solo les llega una mínima parte «redirigida», el sesgo ideológico es evidente.

España está en estado de alarma, pero no sometida a una ley mordaza de la izquierda. El periodismo no deja de ser responsable por informar u opinar porque es una obligación social y un derecho constitucional, y no es antipatriótico poder preguntar a Iglesias o a Pedro Sánchez por sus muchas incoherencias informativas. Al contrario.

Pandemia de postverdad
Santiago Navajas Libertad Digital 21 Marzo 2020

Cuando la plaga vírica sea solo un mal sueño, la plaga de la postverdad continuará entre nosotros envenenando las mentes y empozoñando los corazones.

Cuando nos despertemos de la pesadilla del virus, Irene Montero, Cristina Almeida, Carmen Calvo, Lorenzo Milá, Juan Marín, Carmelo Encinas, Risto Mejide y tantos otros políticos y periodistas que propagaron mentiras, medias verdades y estadísticas sobre la pandemia seguirán aquí. Cuando la plaga vírica sea solo un mal sueño, la plaga de la postverdad continuará entre nosotros envenenando las mentes y empozoñando los corazones.

El 7 de marzo –un día antes del fraude ideológico de la manifestación pseudofeminista del 8-M, en la que fueron atacadas las representantes de Ciudadanos con la complicidad de las socialistas que habían pretendido monopolizar el feminismo–, el técnico que había sido nombrado portavoz de la alarma sanitaria, Fernando Simón, echaba balones fuera a la pregunta sobre qué le recomendaba hacer a su hijo si quisiera ir a la manifestación, a la que seguramente ya acudieron infectadas Irene Montero y la esposa de Pedro Sánchez. En esas fechas resultaba evidente que cualquier evento multitudinario era un peligro para la salud pública y el Gobierno tenía la responsabilidad de cancelarlo o, al menos, dar recomendaciones serias de higiene, como llevar mascarillas y guantes, para minimizar cualquier riesgo de contagio. Otros también fueron irresponsables, como los de Vox organizando un mitin multitudinario, pero era el Gobierno el que contaba con la mejor información y tenía toda la maquinaria mediática de los servicios públicos de información para hacer llegar a la gente un mensaje de prudencia, cuidado y, sobre todo, aislamiento social y distanciamiento físico entre las personas.

Si malo es el coronavirus, peor es la postverdad, el viejo pero renovado intento deliberado de hacer pasar las falsedades por certezas, multiplicado por la moderna facilidad tecnológica para modificar las imágenes –convirtiéndolas en simulacros– y por la viralidad intrínseca a las redes sociales. En la República, Platón defendió que los gobernantes usaran falsedades para preservar la armonía, la seguridad y la estabilidad social. Las llamó "mentiras nobles". Maquiavelo, no tan ingenuo o cínico, nos advirtió en El Príncipe: "Los hombres son tan simples, y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar". Tuvo el valor de mencionar a Alejandro VI como mentiroso entre los mentirosos. Hoy mencionaría a Pedro Sánchez antes que a Trump como ejemplo de falaz al cuadrado, porque el político norteamericano es tan transparente en sus engaños como Sánchez taimado en los suyos, capaz de defender que lo blanco es negro con la seguridad de quien afirma una suma trivial y la entonación de quien se cree Kennedy redivivo.

Si los socialistas hubiesen cancelado la manifestación, los partidos de fútbol, los mítines políticos, las misas y cualquier evento multitudinario el 8-M, nos hubiésemos ahorrado cientos de infectados y algunos muertos. Pedro Sánchez, si tiene un átomo de conciencia, habrá pasado del insomnio por tener a los populistas en el Gobierno a las pesadillas por su propia culpable incompetencia. Y es que se han unido dos plagas en esta crisis. Por un lado, la causa natural: el virus. Por otro, el constructo social de la postverdad: la manipulación mediática, el adoctrinamiento político y el intento de convertir la mentira en realidad.

Ahora se excusan los políticos en que fue un "exceso de confianza", sumando todavía más desvergüenza a la abyección, tratando de convertir en virtud (confianza) lo que fue un intento maligno de satisfacer su narcisismo y su interés sectario. También algunos periodistas (Mónica Carrillo, Susanna Griso) se escudan en que no hicieron sino repetir lo que les decían desde el Ministerio de Sanidad, como si fueran unos simples papagayos del poder, cuando deberían ser los más implacables críticos del Gobierno: en lugar de ser un cortafuegos de las mentiras gubernamentales se convirtieron en un acelerante de su propaganda.

El emperador y filósofo Marco Aurelio combatió una terrible peste del s. II d.C. En sus Meditaciones escribió:
La corrupción del alma es una peste mucho más perniciosa que la insalubridad del aire. Esto es una epidemia para el animal, únicamente como animal, en tanto que la otra (mentira, disimulo, ostentación, molicie) es la epidemia del hombre como hombre.

La cuestión para el futuro: ¿saldremos al fin vacunados contra la peor de la epidemias, la de la manipulación mediática? Seguramente, no. Pero hemos encontrado un antídoto contra la manipulación político-mediática: las redes sociales y los medios alternativos. Gracias a Luis del Pino o Juan Ramón Rallo en Twitter, a Libertad Digital y a Disidentia (en inglés, sigan a Quillette y a Aeon), el guión y el formato que pretendían imponer los medios tradicionales no han sido vencidos –su poder y su influencia son todavía inmensos entre los analfabetos de Internet–, aunque sí es cierto que al menos la postverdad ha encontrado su acelerante pero también su contramedida en la civilización digital. Apúntese a esta guerra cultural porque como liberales sabemos que la verdad nos hace libres y que la libertad es el único camino a la verdad.

Liquidación final
Jesús Laínz Libertad Digital 21 Marzo 2020

Los canallas, sinvergüenzas, desalmados que se asientan en la Moncloa, aterrados ante las consecuencias mortales de sus gravísimos errores, llevan varios días desviando la atención del incauto pueblo español señalando con el dedo a la Monarquía como si fuese la culpable de todos nuestros males. Menos mal que por esta vez el culpable no es Franco. Bueno, al menos directamente, porque indirectamente también.

La primera medida que tendría que tomar el líder supremo del partido que acaba de jalear la cacerolada contra la Monarquía ¿no tendría que ser dimitir del cargo de vicepresidente de un Gobierno de la Monarquía? Cuando Niceto Alcalá-Zamora, ministro de la Monarquía, fue llamado por Primo de Rivera en 1928 a ocupar un puesto de consejero de Estado, renunció a ello públicamente y aprovechó para recomendarle su dimisión. Aquella renuncia, aparte de dotarle del prestigio que tanto le serviría para acabar siendo designado jefe del nuevo régimen republicano, le permitió afear al PSOE su oportunismo por no haber tenido inconveniente en gozar durante la dictadura del doble privilegio de haber sido el único partido tolerado y de que Largo Caballero hubiese ocupado un puesto en el Consejo de Estado.

¿Por qué no sigue Iglesias el ejemplo de Alcalá-Zamora? Porque éste fue un hombre honrado, coherente y con vergüenza. Y porque concibió la actividad política como un servicio a la patria, no como un medio de medro personal y de materialización de su resentimiento.

Evidentemente, ya que Iglesias jamás tomará esa decisión, corresponde a Sánchez tomarla en su lugar destituyéndole. No tomarla implica complicidad en el ataque a la Monarquía.

La izquierda es experta en explotar el dolor y las desgracias, cuando no en provocarlas, para sus fines partidistas. "Debemos politizar el dolor, que el dolor se convierta en propuestas para cambiar la realidad": son palabras de Pablo Iglesias. Y así, en este momento de dolor, la izquierda intoxica la opinión pública deduciendo de los chanchullos fiscales privados de Juan Carlos I la necesidad de liquidar la Monarquía. ¡Magnífica manera de razonar, vive Dios! Habrá que deducir, pues, que los chanchullos diamantíferos de Giscard d’Estaing y malversadores de Jacques Chirac exigen, con mayor razón aún por tratarse de caudales públicos, la liquidación de la República francesa. Aunque también podrían haber adelantado nuestros vecinos franceses liquidándola ya en 1887, cuando su presidente Jules Grévy tuvo que dimitir al descubrirse que su yerno, con cómplices en el Alto Estado Mayor y en burdeles finos, usaba el palacio del Elíseo para vender la Legión de Honor y otras condecoraciones. Por no hablar de una República italiana manchada hasta en sus más altas instancias, desde hace décadas, por numerosos delitos dinerarios y mafiosos. Liquidémosla también.

Pero, regresando a España y a Pablo Iglesias, habrá que empezar liquidando Podemos, ese partido oscuramente financiado por iraníes y venezolanos. Y habrá que continuar liquidando el partido de los cien años de honradez, el partido de Filesa, Flick, Juan Guerra, Roldán, AVE, cursos de formación, ERE y mil latrocionios más, cuyo botín multiplica en muchos ceros los chanchullos fiscales privados de Juan Carlos I. Efectivamente, lo mismo puede achacarse al PP de las mil corrupciones, pero en esta ocasión los protagonistas son los partidos gobernantes por haber puesto en su diana a la Monarquía.

Y no olvidemos, por supuesto, a sus socios separatistas, empezando por el Molt Honorable ladrón supremo, Jordi Pujol, y por la Generalidad del 3%. ¿Para cuándo la cacerolada promovida desde el Gobierno para exigir la liquidación de la comunidad autónoma catalana?

Y de paso, para exigir la liquidación del conjunto del Estado de las Autonomías, esa gran cloaca de despilfarros identitarios, traiciones y corrupciones por la que se ha ido una cantidad desesperantemente grande de riqueza nacional que tanto necesitaríamos ahora en forma de hospitales y otros medios para el bien de todos los ciudadanos.

Con su asedio a la Monarquía, la izquierda, que ya rompió la baraja en los tiempos de la memoria histórica zapateril, está abriendo con inmensa irresponsabilidad la caja de Pandora. Luego vendrán los llantos.

200.000 millones como el doctorado de Pedro Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital 21 Marzo 2020

El fraudulento doctor Sánchez ha disparado una cifra como si fuera una salva; y, como una salva, sólo va a dejar humo.

Pedro Sánchez se ha sacado de la manga nada menos que 200.000 millones de euros con la pretendida intención de hacer frente al desplome económico y empresarial que se cierne sobre el horizonte. Tras el Consejo de Ministros del martes, el presidente del Gobierno alardeaba de haber logrado "la mayor movilización de recursos económicos de la historia reciente de España". Sin vergüenza. Enseguida, los que no quieren hacer el juego a este Gobierno que no gobierna y que es no sólo pavorosamente incompetente sino una auténtica amenaza para la salud, la prosperidad y las libertades de la ciudadanía se preguntaron: y esa cantidad disparatada de dinero, ¿de dónde va a salir?

El capo ¡doctor en Economía! habló como si se tratara de dinero contante y sonante que su heroico Ejecutivo –nunca peor dicho– iba a inyectar sobre la traumatizada economía nacional.

Pero, cómo fiarse de este Gobierno, nada más lejos de la realidad.

La farsa se vino abajo en cuanto el propio Sánchez empezó a dar detalles. Sus referencias a "avales", "aplazamientos" y "prórrogas" dejaban claro el indignante engaño. El plan milagroso consistía más que nada en créditos avalados por el Estado, moratorias en el abono de impuestos y facturas –gas, hipotecas...– y algunas partidas de gasto directas, que empezarán a computar de inmediato en los Presupuestos pero apenas ascienden a 5.000 millones y sólo servirán para lidiar con el tsunami de empresas en situación de ERTE que está a punto de pulverizar al Servicio Estatal de Empleo (SEPE)... durante un mes. Porque esa es otra: el magno plan tiene la irrisoria validez de 30 días.

El Gobierno letalmente incompetente del socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias no va a movilizar 200.000 millones para la lucha contra el coronavirus. Sencillamente, no puede. Con su soberbia insensatez habitual, y probablemente marioneteado por el infame Iván Redondo, el fraudulento doctor Sánchez ha disparado una cifra como si fuera una salva; y, como una salva, sólo va a dejar humo.

Lo que necesita el angustiado sector productivo y el aterrado contribuyente es justo lo que no quieren hacer PSOE y Podemos: que se eliminen trabas burocráticas y se bajen impuestos. Por algo son socialistas y comunistas. Si alguien tenía un atisbo de esperanza, volvió a darse de bruces con la realidad tras la publicación del plan sanchista en el BOE. Sólo se elimina la cuota a los autónomos que echen el cierre, así como las cotizaciones a algunas empresas que recurran a un ERTE. Es más, los social-comunistas penalizarán a los trabajadores por cuenta propia cuyos ingresos no hayan caído más del 75%, porque no quedarán exonerados de la cuota mensual ni podrán recibir la prestación por cese de actividad.

La puñalada de Sánchez a este colectivo proverbialmente maltratado por Hacienda abocará a muchos de sus integrantes a suspender su actividad para, al menos, beneficiarse de las migajas que les ofrece el Gobierno, que, cómo sorprenderse, fomenta el parasitismo y penaliza el esfuerzo.

España necesita más que nunca un Gobierno que no mienta ni ponga en formidable peligro sanitario a la ciudadanía. Un Gobierno capaz que deje de lado el sectarismo ideológico y que combata no a los líderes que le están dejando en evidencia –Isabel Díaz Ayuso en primerísimo lugar– sino al coronavirus, durante tanto tiempo imperdonablemente minusvalorado.

¡Por algo es el Partido Comunista!
Marcel Gascón Barberá Libertad Digital 21 Marzo 2020

Un Gobierno del PSOE podemizado que tenemos desde Zapatero con Unidas Podemos es una amenaza inédita para España y su sistema democrático de libertades.

Vivo en Rumanía, donde el Gobierno ha decretado el estado de emergencia pero aún no obliga a quedarse en casa. Pese a ello, por precaución, porque mi trabajo de periodista remoto me lo permite y atendiendo a lo que vemos en Italia y España, procuro quedarme todo lo que puedo en casa.

Solo salgo por la mañana a hacer la compra y a medianoche a dar un paseo. Algunas tardes también me reúno en un parque con amigos. Uno lleva mascarilla y otro va en pijama, y aunque solo llevamos una semana aislados hemos desarrollado ciertos códigos que ya respetamos a rajatabla.

Nos saludamos chocando el pie derecho y paseamos muy separados. Cuando nos cansamos nos sentamos, dos en cada banco, y hablamos de lo que puede depararnos la pandemia y de la inconsciencia con que Europa reaccionó a esta plaga.

El miércoles al volver del parque entré a ver en tuiter qué se decía del discurso del rey. Una ola de indignación con la infame cacerolada podémica recorría de arriba abajo mi timeline. Un tuit en la cuenta oficial de Podemos me encendió a mí también:

En momentos de crisis y combate se toma conciencia del valor de lo común, de lo público, de la res publica. Emociona escuchar las cacerolas que dicen #CoronaCiao

Le di al botón de "retuitear con comentario" y me quedé unos minutos sin saber muy bien qué comentar. ¿Qué adjetivo se ajustaba a tamaña mezquindad? ¿Cómo podía expresar el enfado, el disgusto casi fisiológico de ver a un partido de gobierno aprovechándose del estado de alarma para hacer campaña por el cambio de régimen?

Cuando estaba a punto de descartar el retuit di con un frase que se acercaba bastante a lo que sentía: "Una agenda ideológica de odio que no se detiene ante NADA". No me quedó mal, sobre todo por ese NADA en mayúsculas que remite poderosamente (creo) a la magnitud de la debacle que el podemío no tiene vergüenza en explotar para su proyecto de división y enfrentamiento.

Mientras veía subir el número de retuits (bastantes para un tuitero como yo, esporádico y de predicamento modesto), pensaba en la gravedad de lo que estamos viviendo.

Ya nos habíamos acostumbrado al uso de lo público como arma arrojadiza contra una oposición ejemplar estos días en su contención, como coletilla para excluir al enemigo de cualquier impulso de emoción fraterna (aplausos a la sanidad pública, exclusión del empresario de una empresa de solidaridad colectiva a la que ellos nunca aportan nada).

¿Pero cómo era posible que alguien estuviera lanzando su ofensiva sectaria en el momento de mayor debilidad general, con el país parado para evitar contagios, volcado en cuidar a los enfermos y enterrar a los muertos? ¿Cómo era posible que millones de españoles apoyen y se identifiquen con ese discurso tan poco disimulado del odio?

Deslizándome por mi timeline antes de acostarme, un tuit de Mauricio Rojas me hizo ver que estaba incurriendo en un adanismo ridículo, y que el comportamiento de Podemos no tenía nada de nuevo ni de sorprendente.

Respondiendo a un tuitero que se rasgaba las vestiduras ante "el nivel de demagogia e irresponsabilidad" de un comunista chileno, Rojas escribió:

Tenía toda la razón Rojas. Podemos no hace más que ser Podemos e intentar medrar en el único terreno que le es propicio: el del conflicto social y la hostilidad entre mujeres y hombres, entre pobres y ricos; entre españoles. ¡Por algo es el Partido Comunista!

¿Qué podemos hacer, entonces?

Un Gobierno del PSOE podemizado que tenemos desde Zapatero con Unidas Podemos es una amenaza inédita para España y su sistema democrático de libertades.

Nuestra gran esperanza es que su recurso sistemático a la polarización también en los momentos de extrema zozobra que ha traído el coronavirus abra los ojos a muchos españoles.

Quienes ya vemos el peligro que suponen tenemos la obligación de denunciarlo y señalar sin descanso, y pese a todas las presiones para que callemos, la enorme superioridad de la alternativa de centro-derecha.

Para darse cuenta basta comparar el discurso de esperanza y unidad de sus dos representantes con más alta responsabilidad de mando, Ayuso y Almeida, con la cizaña que cada día siembran los partidos de Moncloa.

Ni unidad ni solidaridad

Pío Moa  gaceta.es 21 Marzo 2020

¿Por qué hay mucha más plaga en Madrid que en las demás regiones? Es difícil decirlo, pero lo más probable es que se deba a las concentraciones, reuniones y la gran manifestación del Día de la Tiorra, en que han convertido el día de la mujer, al cachondeo musical de los feministas con el coronavirus y al cachondeo oficial, todo lo cual hizo perder quince días que los expertos consideran de la mayor importancia. Para la pandilla gubernamental, la demagogia tiorreña iba por delante de todo, a pesar de las advertencias. Posiblemente influyera también el mitin de VOX, aunque no llegó a las 9.000 personas. En la manifestación de las tiorras dicen que fueron 120.000, bien arremolinadas, con mucho abrazo y mucho griterío y las salivillas correspondientes.

Desde entonces, la gestión del gobierno apenas ha mejorado. Se ha inventado unos 200.000 millones de euros (sobre un billón del PIB lastrado por otro billón de deuda) y ha hecho pasar por medidas especiales las que por ley tiene obligación de cumplir al margen del coronavirus, y su control sanitario está provocando retrasos en la provisión de medios a los hospitales de ciertas comunidades, que estos estafadores intentan justificar que lo hacen “para evitar subidas de precios y abusos”.

Al mismo tiempo el Doctor invoca la unidad y la solidaridad, palabras que en boca de socialistas no significan nada. Recuérdense sus campañas contra el gobierno del PP cuando el ébola, que no mató a nadie, o la del Prestige, en la que el gobierno hacía lo más o menos correcto. Y ahora es lo mismo. Como no veo la televisión y me retuerce el estómago escuchar cómo el Doctor y su pandilla disfrazan sus fechorías con verborrea biensonante, un amigo más paciente me ha comentado unas palabras del estafador en su declaración sobre la plaga, advirtiendo que cuando esta concluya, habrá un “estudio” sobre el comportamiento de la sanidad durante el período. ¿Qué significa esto? Un reportaje de la TVE1 en el hospital de la Paz (construido por el franquismo), hacía hablar, no al director, sino a un enfermero podemita que señalaba la falta de medios e insinuaba su causa en los recortes presupuestarios del PP. Creía mi amigo que esto prepara un segundo Prestige en su momento. Le indiqué que la campaña “explicativa” ya estaba en marcha en las redes: los recortes del PP eran los culpables.

Hay que darse cuenta de que tenemos un gobierno de auténticos delincuentes que están destrozando todo el marco institucional; que el asunto del coronavirus está conmocionando profundamente a la sociedad, como ningún otro; y que por ello tiene máximo alcance político. La cuestión de las culpas y responsabilidades va a tener la mayor importancia, la está teniendo ya. Más arriba mencioné las culpas más visibles de este gobierno, cosa que viene calando en la opinión pública por la denuncia de algunos medios y la de VOX. La pandilla del Doctor tiene que reaccionar y ya lo está haciendo. Son capaces de montar un núremberg contra el PP, cuyo tontín líder se le ha ofrecido incondicionalmente, “El señor Sánchez no está solo”, creo que ha dicho el pepero. Recuerda otra frase de Rajoy cuando estaba en la oposición y se ofrecía de paño de lágrimas a ZP para cuando otros “le abandonasen” o algo así. El PP no aspira a otra cosa que a congraciarse con el PSOE y los separatistas y volver a la situación anterior. No tiene otro horizonte. Si el PSOE, por sus intereses particulares, consigue hundir a ese partido de cabestros, no será mala noticia.

Otro hecho pintoresco de nuestros analistas y políticos de derecha es su insistencia en que el Doctor prescinda del Coletas. Creen que algunas posibles discrepancias entre ellos tienen calado suficiente ante el hecho de que los dos son, políticamente, lo mismo. Los dos aspiran a completar la tarea de cambio de régimen de ZP, liquidando la monarquía y lo que reste de democracia, incluso de unidad nacional. Eso no parece preocupar mucho a la mayoría de los analistas: la cuestión es que el Coletas salga del gobierno.

Ante una crisis como la actual, todo el mundo preferiría que los partidos dejaran de lado sus intereses particulares y se unieran para resolverla. El distinguido físico Julio A. Gonzalo ha propuesto un gobierno de concentración PSOE-PP-VOX-C´s. Por intentarlo que no quede, ojalá fuera adelante, pero me parece una idea utópica. Podría pasar si el PSOE fuera algo distinto de Podemas, pero está claro que no lo es, y que no persigue resolver la crisis sino sacar tajada de ella para avanzar en su programa liberticida e hispanicida. Como si cuando la república se empeñasen a ver en el PSOE algo distinto del PCE. Eran distintos en el sentido de que el PSOE tenía los intereses mayores y más consolidados y a veces se peleaban, pero su orientación política general era casi idéntica, incluso más radical la del PSOE, que constituía el peligro mayor. El cambio de régimen impuesto por ZP con la colaboración del PP está llevando a una descomposición política general, como hizo el Frente Popular, del que se consideran herederos la izquierda, los separatistas y, en los hechos, el PP. Solo VOX ofrece una esperanza. Si la esperanza se cumplirá o no, es una incógnita, pero de los demás no hay ya nada que esperar.
************
Historia criminal del PSOE: Los socialistas incendian Oviedo: https://youtu.be/_L5awz95gyc


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Los vándalos descansan
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 21 Marzo 2020

¿Dónde están ahora estos gamberros portadores de esteladas y lazos amarillos, cuando ha llegado la hora de enfrentarse con la pandemia del coronavirus?

Estaban siempre listos. Bastaba que un energúmeno usurpador de la Generalitat les ordenara apretar para que se lanzaran al asalto del Parlamento de Cataluña, asediaran la Jefatura Superior de Policía, arrancaran las baldosas de las aceras para arrojarlas a las fuerzas del orden, dispararan bengalas contra los helicópteros de la Policía, embadurnaran con excrementos la fachada de los tribunales de justicia, montaran barricadas con neumáticos y contenedores incendiados, escracharan a jueces y ciudadanos constitucionalistas, quemaran fotos del Rey, acosaran en las escuelas a los hijos de guardias civiles y a los padres que reclamaban la enseñanza bilingüe, ocuparan aeropuertos, sabotearan vías férreas, hostigaran a los turistas y perpetraran otras mil y una perrerías. Eran los vándalos de CDR, Arran, ANC, Tsunami y otras siglas encolumnadas en la tropa de la sedición.

¿Dónde están ahora?
¿Dónde están ahora estos gamberros portadores de esteladas y lazos amarillos, cuando ha llegado la hora de enfrentarse con la pandemia del coronavirus? Solo los estimulan las apelaciones al odio étnico y telúrico, vertido en movilizaciones de masas aborregadas en pos de pancartas sectarias. Les repugna, en cambio, la idea de trabajar solidariamente con personas cuyo origen e ideología desconocen, pensando únicamente en el bien común. Acostumbrados a valerse únicamente de la demagogia, estos descerebrados son impotentes ante un enemigo impersonal, al que no se puede combatir con arengas cainitas ni con discursos identitarios y falacias históricas. El arma a emplear es la ciencia, incompatible con la irracionalidad de estos parásitos.

Esta es la razón por la cual los vándalos no aparecen para poner el hombro en la tarea compartida por todo el personal sanitario y los millones de ciudadanos que colaboran, por activa o por pasiva, con los responsables de la prevención, la terapia y la profilaxis. Es ensordecedor el silencio de Elisenda Paluzie, tan locuaz cuando recluta acólitos para su cruzada antiespañola. Su Assemblea Nacional Catalana ha anunciado que baja la persiana hasta que pase la peste, como si regentara una tienda de todo a cien. Solo se activa y asoma la cabeza precavidamente de debajo de la estelada para sumarse a caceroladas patógenas contra la Monarquía constitucional.

Rufián preocupado
Quim Torra ya no convoca a apretar, sino a aislar Cataluña de España para aumentar la indefensión de los siete millones y medio de víctimas de su satrapía. Carles Puigdemont desahoga bilis desde su búnker belga. Y Gabriel Rufián… ¡Ah, el Rufián de la pragmática ERC está preocupado por la presencia del Ejército en Cataluña y pide reducir un 40% el presupuesto militar!

Los mandamases de Cataluña tienen una obsesión enfermiza con las Fuerzas Armadas, aunque los habitantes de la ciudad leridana de Talarn se ponen muy nerviosos cada vez que se habla de mudar de allí la rentable Academia de Suboficiales del Ejército. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, da rienda suelta a su fobia cuando se opone a la presencia del stand del Ejército en el Salón de la Enseñanza, donde es uno de los más visitados. Quim Torra interpreta la por fin concretada participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el virus en Cataluña como una intromisión recentralizadora, lo que llevó a la ministra de Defensa, Margarita Robles, a decir que "no merece ser llamado responsable político (…) queda fuera de la vida pública".

Cumplen con su deber
Es curioso, en este contexto, que La Vanguardia incurra en una torpe discriminación entre españoles al especificar reiteradamente que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general del Aire Miguel Ángel Villarroya, es catalán. Son, hasta ahora, 2.600 los efectivos del Ejército de Tierra y de la Infantería de Marina de la Armada que participan en la guerra contra la pandemia. La misión de los soldados consiste fundamentalmente en llevar a cabo labores de reconocimiento, presencia y desinfección en infraestructuras críticas como estaciones, autobuses, puertos, hospitales, edificios oficiales, áreas comerciales y vías principales.

No hacen más que cumplir con su deber mientras los vándalos descansan esperando el momento de volver a atacar el país que otros, con tanto sacrificio y riesgo para sus vidas, tratan de salvar. El nacionalismo disociador es un virus mutante con recaídas que solo unidos sin fisuras podremos extirpar.

Sánchez, un torero irrepetible
Jimmy Giménez-Arnau okdiario

Tras la primera lidia de resentidos en Moncloa quedó patente que el presidente Sánchez sabe torear a quien le pongan delante. Despachó al morlaco Torra, de la ganadería de los mercaderes, con sumo arte y le juró cuanto no iba a cumplir. Le paseó por los jardines de palacio, permitiéndole oler los cerezos en flor, terminando su faena con un prodigioso pase de pecho, antes de acabar con la bestia, que venía a decir: “o apoyas los presupuestos o ya puedes irte a tomar por saco”. La poca casta del bicho, tragó baúles, regaló bolígrafos con el hierro – lazo amarillo – de la Generalidad y volvió por donde vino. Soñando que pronto, cosa de un mes, sería lidiado de nuevo en Moncloa para pactar, antes de ser devuelto a los corrales, menudencias tales como la amnistía de sus compinches golpistas y la autodeterminación de su provincia. Anhelos vanos que un buen torero se quita de en medio con un par de chicuelinas de aquí te espero.

Cada día que pasa, siendo todos los días siguientes, la frialdad de la que Sánchez hace gala en el ruedo nos demuestra, que este lidiador de cuadrúpedos políticos, es un genio digno que merece ser inscrito en los anales de la tauromaquia. Le basta con no decir ni una sola verdad, pues miente más que habla, para siempre salir a hombros. A todos nos asombra su arte en el manejo del engaño. Le da lo mismo torear a una cabra que a un cabrón. Su capote es mágico y su muleta, letal. Hace faenas a los separatistas, a los proetarras y no digamos las que le saca a ese manso y nuevo rico de Podemos, a quien lleva por la calle de la amargura, de feria en feria. Le dijo que iba a ser vicepresidente y lo ha convertido en su mozo de espadas, ni siquiera en su banderillero. El fascinante mundo de los toros, cotiza al alza, ha nacido una estrella. Pedro cisne Sánchez está en los carteles.

¡Cómo torea este artista! ¡Qué impávida elegancia derrama tan joven maestro… sobre la arena! ¡Es un auténtico dios del engaño! ¡Burla a cualquier animal que le echen! Primero lo marea con arte y luego, ya embriagado, lo liquida con sangre fría. Le vitorean las masas, no hay tarde en que no corte orejas y rabo. Ha devuelto a España el fervor a la lidia como Dios exige, siendo ateo. ¡Viva Pedro, viva Sánchez, el inmaculado cisne! Estamos en las mejores manos, apuesten por él, pues solo un diestro de semejante categoría, puede llevarnos más allá de la tolerancia. Créanme, es un crack. ¿Quién no daría su vida a cambio de obtener un plagio de su autógrafo? La verdad no existe, lo sabemos la mayoría de los españoles.

La extensión de los derechos iguales, que garantizan la democracia facilitan, indudablemente, según profetizó Nietzsche, la violación de los derechos por igual. Lo digo para todos aquellos que desconozcan el programa político del cisne, torero irrepetible.

Torra, mentiroso y desleal
Editorial ABC 21 Marzo 2020

Los españoles tienen muchas obligaciones sobre sus espaldas en estos días, pero entre ellas no está la de soportar a un separatista que ofende a España

El Gobierno central debería requerir al presidente catalán, Joaquim Torra, que deje de usar su condición de máxima autoridad del Estado en Cataluña para hacer daño a España con sus mentiras. Torra declaró a la emisora pública británica BBC que el Gobierno español no permite el confinamiento de Cataluña. Ni Cataluña, ni Madrid, ni ninguna comunidad autónoma está confinada, por lo que no hay ninguna premeditación específica con la sociedad catalana. Lo están los españoles. Hay una respuesta, mejor o peor administrada, cuya eficacia depende de que sea nacional. Las fronteras que quiere Torra son las que ha cerrado el Gobierno con Francia, Portugal y Marruecos, pero esas no existen dentro de España. Una vez más, Joaquim Torra desvela su naturaleza torpe y falaz, la de un mentiroso compulsivo que no es capaz siquiera de moderar sus fobias en una crisis pandémica que tiene encogido el corazón a toda España, incluida Cataluña. La reacción de la ministra Margarita Robles criticando al presidente catalán ha sido muy encomiable, pero no es suficiente para despojar a Torra y al separatismo catalán de la influencia que Sánchez les ha entregado. Será necesario un punto final a la asociación entre el PSOE y los nacionalistas, porque las palabras de Torra son una condena ética inapelable, que Sánchez compartirá con él si no prescinde de él.

El estado de alarma está restringiendo derechos fundamentales, como la libertad de movimiento y de reunión, y derechos como el trabajo. ¿Acaso Torra tiene derecho ilimitado a mentir? Torra no critica, que sería legítimo; difama y nadie tiene derecho a difamar a un país que está movilizado para superar una crisis de consecuencias impredecibles. El Gobierno debe exigir al menos lealtad al inhabilitado por la Justicia Torra, porque también la lealtad es necesaria para combatir el Covid-19 y porque en realidad ya no debería estar al frente del Ejecutivo catalán. Y si persiste en su deslealtad contra España, hágase una interpretación extensiva del artículo 10 de la Ley de 1981 de estados de alarma, excepción y sitio, y cese el Gobierno de España a Torra en la Presidencia de la Generalitat, donde sigue en buena medida porque Sánchez le ha dado oxígeno con el tinglado de la mesa de negociación. Los españoles tienen muchas obligaciones sobre sus espaldas en estos días, pero entre ellas no está la de soportar a un separatista que ofende a España.

Liquidación final
Jesús Laínz Libertad Digital 21 Marzo 2020

Los canallas, sinvergüenzas, desalmados que se asientan en la Moncloa, aterrados ante las consecuencias mortales de sus gravísimos errores, llevan varios días desviando la atención del incauto pueblo español señalando con el dedo a la Monarquía como si fuese la culpable de todos nuestros males. Menos mal que por esta vez el culpable no es Franco. Bueno, al menos directamente, porque indirectamente también.

La primera medida que tendría que tomar el líder supremo del partido que acaba de jalear la cacerolada contra la Monarquía ¿no tendría que ser dimitir del cargo de vicepresidente de un Gobierno de la Monarquía? Cuando Niceto Alcalá-Zamora, ministro de la Monarquía, fue llamado por Primo de Rivera en 1928 a ocupar un puesto de consejero de Estado, renunció a ello públicamente y aprovechó para recomendarle su dimisión. Aquella renuncia, aparte de dotarle del prestigio que tanto le serviría para acabar siendo designado jefe del nuevo régimen republicano, le permitió afear al PSOE su oportunismo por no haber tenido inconveniente en gozar durante la dictadura del doble privilegio de haber sido el único partido tolerado y de que Largo Caballero hubiese ocupado un puesto en el Consejo de Estado.

¿Por qué no sigue Iglesias el ejemplo de Alcalá-Zamora? Porque éste fue un hombre honrado, coherente y con vergüenza. Y porque concibió la actividad política como un servicio a la patria, no como un medio de medro personal y de materialización de su resentimiento.

Evidentemente, ya que Iglesias jamás tomará esa decisión, corresponde a Sánchez tomarla en su lugar destituyéndole. No tomarla implica complicidad en el ataque a la Monarquía.

La izquierda es experta en explotar el dolor y las desgracias, cuando no en provocarlas, para sus fines partidistas. "Debemos politizar el dolor, que el dolor se convierta en propuestas para cambiar la realidad": son palabras de Pablo Iglesias. Y así, en este momento de dolor, la izquierda intoxica la opinión pública deduciendo de los chanchullos fiscales privados de Juan Carlos I la necesidad de liquidar la Monarquía. ¡Magnífica manera de razonar, vive Dios! Habrá que deducir, pues, que los chanchullos diamantíferos de Giscard d’Estaing y malversadores de Jacques Chirac exigen, con mayor razón aún por tratarse de caudales públicos, la liquidación de la República francesa. Aunque también podrían haber adelantado nuestros vecinos franceses liquidándola ya en 1887, cuando su presidente Jules Grévy tuvo que dimitir al descubrirse que su yerno, con cómplices en el Alto Estado Mayor y en burdeles finos, usaba el palacio del Elíseo para vender la Legión de Honor y otras condecoraciones. Por no hablar de una República italiana manchada hasta en sus más altas instancias, desde hace décadas, por numerosos delitos dinerarios y mafiosos. Liquidémosla también.

Pero, regresando a España y a Pablo Iglesias, habrá que empezar liquidando Podemos, ese partido oscuramente financiado por iraníes y venezolanos. Y habrá que continuar liquidando el partido de los cien años de honradez, el partido de Filesa, Flick, Juan Guerra, Roldán, AVE, cursos de formación, ERE y mil latrocionios más, cuyo botín multiplica en muchos ceros los chanchullos fiscales privados de Juan Carlos I. Efectivamente, lo mismo puede achacarse al PP de las mil corrupciones, pero en esta ocasión los protagonistas son los partidos gobernantes por haber puesto en su diana a la Monarquía.

Y no olvidemos, por supuesto, a sus socios separatistas, empezando por el Molt Honorable ladrón supremo, Jordi Pujol, y por la Generalidad del 3%. ¿Para cuándo la cacerolada promovida desde el Gobierno para exigir la liquidación de la comunidad autónoma catalana?

Y de paso, para exigir la liquidación del conjunto del Estado de las Autonomías, esa gran cloaca de despilfarros identitarios, traiciones y corrupciones por la que se ha ido una cantidad desesperantemente grande de riqueza nacional que tanto necesitaríamos ahora en forma de hospitales y otros medios para el bien de todos los ciudadanos.

Con su asedio a la Monarquía, la izquierda, que ya rompió la baraja en los tiempos de la memoria histórica zapateril, está abriendo con inmensa irresponsabilidad la caja de Pandora. Luego vendrán los llantos.

Ideología de género y nacionalismo contra el virus
La política de hoy vuelve a un elemento tan relevante como lo es la utilidad, que tantas veces queda opacada por brillos sin servicio público, pero de mayor entretenimiento social
Javier de Andrés elconfidencial 21 Marzo 2020

No hay nada como una crisis para decantar lo importante de lo accesorio, lo primordial de lo irrelevante, lo útil de lo inútil. Eficaz colador de grumos e impurezas. No cabe duda de que la primera víctima ideológica que se ha llevado por delante el coronavirus ha sido el estéril debate en torno a la ideología de género, que venía ocupando el espacio político de una forma expansiva desde hacía ya muchos meses y que había llegado a la cima del protagonismo con la Ley de la ministra Montero y la convocatoria de la manifestación del 8 de marzo, que se puso por delante de la alerta sanitaria aun cuando ya se habían suspendido otras concentraciones multitudinarias. Fue por eso por lo que se recabó la opinión de líderes políticas cuyas declaraciones han quedado registradas con elocuentes preferencias para la concentración feminista sobre el aislamiento sanitario.

Ese debate, que tan relevante se le figuraba a Carmen Calvo, ha quedado tan olvidado como la propia vicepresidenta, que, por cierto, dirigía el Comité de Coordinación Interministerial contra el coronavirus. Ambos, el debate de la ideología de género y la vicepresidenta, parecen resultar ineficaces ante la nueva agenda política, que ha tomado nuevos temas de interés y nuevos protagonistas.

La sociedad quiere resultados. La política de hoy vuelve a un elemento tan relevante como lo es la utilidad, que tantas veces queda opacada por brillos sin servicio público, pero de mayor entretenimiento social. La demanda de la sociedad hacia la gestión política se calcula estas semanas en términos de utilidad y no de postureo.

Y lo es a todos los efectos. No solo del Gobierno, también de la oposición. De nada sirve una oposición que se distraiga en discusiones de forma o en estrategias de desgaste que no favorecen la resolución de un problema real. Los españoles no estamos ahora para escuchar "pleitos para ricos", como una amiga mía mexicana llama a los debates que se escuchan habitualmente en nuestras tribunas públicas. Parece que así lo han entendido los partidos de la oposición parlamentaria.

Pero, asombrosamente, hay espacios que quedan aún inasequibles a la emergencia sanitaria. El tres de marzo, el Gobierno vasco publicaba una oferta de empleo dirigida a cubrir las bajas laborales causadas por los contagios entre el personal sanitario. Entre los elementos que se habrían de valorar en las solicitudes estaba, como siempre, el conocimiento del euskera. Competencia discutida en el País Vasco por la limitación que representa y que en esta ocasión pareció una impertinencia a muchos ciudadanos, que ya veían la necesidad de evitar barreras añadidas en un contexto de urgencia para la salud pública.

Sin embargo, no ha sido la última de las expresiones ideológicas que se han mantenido en este momento de alarma sanitaria.

El martes 17 de marzo llegó a Vitoria la Unidad Militar de Emergencias con el propósito de fumigar el aeropuerto de Bilbao y, posiblemente, el de la capital alavesa, foco este último de numerosos contagios, ya que la ciudad tenía vuelo con Bérgamo, lo que la ha convertido en centro de la crisis en el País Vasco y aun de España, ya que es el lugar con más casos porcentuales de todo el país.

Pero la UME, tal como vino, se fue. Ninguno de los aeropuertos fue fumigados por la UME ni por ningún otro servicio de eliminación de plagas. El trabajo se quedó sin hacer porque alguien no quiso que esa unidad militar interviniera en el País Vasco y tampoco se buscaron alternativas. Flaco servicio a la ciudadanía y responsabilidad indudable de quienes tomaron la decisión de retirar los efectivos. Si hubo una llamada del Gobierno vasco al Ministerio de Defensa o no la hubo puede tener interés para todos nosotros, pero independientemente de las presiones que se pudieran recibir, la responsabilidad recae, finalmente, sobre el mando único que ha asumido el Gobierno de España.

Pero no ha sido la única oportunidad escogida para hacer prevalecer la ideología sobre la utilidad en una crisis que se está cobrando centenares de muertos. Con unos hospitales desbordados, el Servicio Vasco de Salud está habilitando los ambulatorios como centros hospitalarios y eso que aún no se ha llegado al pico de contagios que presagia la epidemia.

En esta situación, la ministra Margarita Robles dijo el miércoles que el Ejército estaba en condiciones de instalar un hospital militar de campaña en la base de Araca, en el término municipal de Vitoria. Sin embargo, el 'lehendakari' Urkullu ha desestimado esta posibilidad asegurando que "no hay previsión de que esta medida sea necesaria". Al mismo tiempo, profesionales del Servicio Vasco de Salud estudian nuevos emplazamientos como podría ser un viejo seminario diocesano. Se hace efectivo el pronóstico de Andoni Ortuzar: "No veo al ejército por aquí. Podemos hacerlo nosotros mismos".

El mando único que asumió el Gobierno de España se estableció para un uso más eficiente de los recursos de los que dispone el país. Así lo ha hecho con contundencia al requisar mascarillas que estaban encargadas por la Sanidad andaluza. Y también tiene sentido ese mando único para aportar sensatez ante las prioridades ideológicas y las obsesiones que dirigentes territoriales ponen por delante de la utilidad pública y el interés general.

Ni la ideología de género ni el nacionalismo son herramientas útiles para la lucha contra el coronavirus. Por el contrario, pueden y están perjudicando su combate por obsesiones políticas para las que el Gobierno de España tiene que asumir con rigor su responsabilidad. Parece haberlo hecho en Cataluña con medidas que han irritado a los independentistas, la misma seriedad debiera aplicarse en otros lugares de nuestro país donde otros líderes de cara más amable priorizan su ideología sobre los criterios de utilidad.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial