AGLI Recortes de Prensa   Domingo 22  Marzo  2020

El decreto de estado de alarma o cómo pasar del coronavirus a un régimen comunista
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Marzo 2020

Mientras la Oposición no pelee con la izquierda en la propaganda, es imposible que la Izquierda pague sus errores y hasta sus crímenes.

Desde que el gobierno social-comunista decretó el estado de alarma contra el coronavirus, crisis que él tanto ha contribuido a desatar, nuestro país se ha ido deslizando hacia una forma de dictadura camuflada y que cuenta con la herramienta legal para liquidar el sistema constitucional: el decreto del estado de alarma en toda España, acogido con gran alivio por muchos sectores que renunciaron hace tiempo a la aburrida costumbre de leer. De haberlo hecho y sacado las necesarias consecuencias no habrían dejado pasar el artículo 13, que reza -o encadena, esputa y blasfema- así:

"Medidas para el aseguramiento del suministro de bienes y servicios necesarios para la protección de la salud pública. El Ministro de Sanidad podrá: (…) c) Practicar requisas temporales de todo tipo de bienes e imponer prestaciones personales obligatorias en aquellos casos en que resulte necesario para la adecuada protección de la salud pública, en el contexto de esta crisis sanitaria."

Sin propiedad, adiós abastecimiento sanitario
Un informe de Libre Mercado el 19 de Marzo, "La confiscación decretada por Sánchez deja sin material sanitario a España en el peor momento" mostraba con casos fehacientes y sangrantes, como el robo de 150.000 mascarillas a una empresa privada que abastecía a la Junta de Andalucía, a la que además injuriaron minuciosamente en la TVE del Gobierno y en el Duopolio Televisivo, al que se hace una ley especial para que no sean opados por empresas extranjeras (¡Berlusconi y D´Agostini!).

Todo lo que ha hecho este Gobierno que se burla en público de esa cuarentena que impone a los demás -Pablenín primero, Falconetti también- desde que se promulgó el Estado de Alarma es confiscar el material que ya estaba en marcha y no saber ni lo que tiene ni adónde lo manda. Y la clave de este desastre no es sólo su incapacidad para gestionar nada, típico del colectivismo comunista -que roba todo a todos, y a todos mata de hambre-, sino la propia redacción del decreto que no ofrece garantía alguna para la propiedad y ni siquiera establece un justiprecio para cualquier requisa. El resultado ha sido que las empresas privadas nacionales se han parado y las extranjeras nos dejan de abastecer porque el Estado no compra. La requisa es típicamente comunista: se queda con todo y no sabe qué hacer con nada.

Del 11M al Prestige y al Coronavirus
Que una oposición que denuncia habitualmente los desmanes de sociatas y comunistas haya sido incapaz de ver la terrorífica herramienta que este estado de alarma suponía para la propiedad y la libertad de los ciudadanos, además de asegurar su ineficacia por romper las bases de un tratamiento serio de la crisis, sólo puede deberse a dos cosas: no leyeron siquiera el decreto o están tan aterrorizados ante la campaña del Gobierno para culparlos si no lo respaldan, que han preferido no leerlo y apoyarlo.

La razón de esa ceguera voluntaria es que la Derecha nunca ha olvidado las campañas contra la guerra de Irak y el Prestige, y el cerco a las sedes del PP, criminalizando al Gobierno Aznar por el 11M. Aquella atroz manipulación mediática, con el bulo de Ferreras en la SER de "terroristas suicidas islamistas con tres capas de calzoncillos", ha dejado una huella terrible en el sistema democrático español. Tanta, que no se ha repuesto.

Porque, además de corromper el sistema judicial hasta el tuétano con la sentencia, las radio, televisiones y periódicos enfeudados al Gobierno ZP y sus socios nacionalistas perpetraron una caza de brujas al modo de Stalin, contra los pocos medios -tres: El Mundo, la COPE y LD- que nos negamos a tragar las groseras mentiras y la siembra de pruebas falsas por las cloacas policiales del Gobierno Zapatero y sus secuaces. Aquella campaña llevó al PP a abandonarnos públicamente en el juicio de Gallardón contra mí, tarea de vasallaje completada por Rajoy purgando al PP en el congreso búlgaro de Valencia. En "El linchamiento" cuento lo que me hicieron a mí para que todos escarmentaran. Y el escarmiento funcionó. Sigue funcionando ahora.

Podemos, que es la verdadera dirección política del Gobierno Felón, ha captado perfectamente este miedo de la Oposición y ha perpetrado un vídeo en el que mezcla el 11M, el Prestige con la crisis del coronavirus. Y hasta ahora los gabinetes de comunicación del PP, Vox y C´s no han sido capaces de responder. Y mira que es fácil, con el rastro de responsabilidad criminal que comunistas, socialistas, catanazis y su escoria mediática han dejado desde comienzos de año hasta ahora, especialmente en torno al 8M.

Mientras la Oposición no pelee con la izquierda en la propaganda, es imposible que la Izquierda pague sus errores y hasta sus crímenes. Siempre repiten lo mismo: "si esto lo hace el PP…". Pero siguen mudos y aterrados.

La única Oposición, Madrid
Menos mal que, representando a aquel Casado que prometió acabar con el maricomplejinismo del PP, quedaron en Madrid la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde, José Luis Martínez Almeida. Ellos han sido la única oposición de verdad, con hechos y con palabras, al continuo disparate, al permanente atropello, a los dislates cotidianos de lo que actúa como un gobierno bolivariano, con Iglesias como gran estrella. Porque Sánchez está demostrando que lo suyo es presidir, pero no hacer política. Ésta -entendida como propaganda, odio y amenaza, le faltan las checas- es cosa del vicepresidente afincado en la mansión de Galapagar.

La campaña de la horda podemita, incluido el hijo pródigo Errejín, apunta a tres blancos: Madrid, el PP del pasado y el Rey del presente. Otra vez Sánchez se ha negado a defender a Felipe VI de las injurias de sus socios. Otra vez el catanazi Torra ha usado los medios extranjeros como la abyecta y embustera BBC para arremeter contra España imputándole trolas. Otra vez ha seguido silente Falconetti ante su huésped del churro amarillo. Peor aún: al amparo de ese cajón de sastre desastroso que es el decreto del Estado de Alarma, ha facultado la entrada de Iglesias al CNI, indultos al golpismo catalán y, rematando todo el proceso, ha cerrado el Parlamento.

Todo esto es propio del régimen de Hugo Chávez, con el estado de alarma como burladero legal y el terror de la Oposición al qué dirán las televisiones del Poder, incluida Telemadrid, bastión republicano protegido por el vicepresidente Aguado, tan enemigo de Arrimadas como de Ayuso. Pues qué van a decir, acémilas: que fuisteis, sois y seréis unos criminales.

Con lo que no contaban es con que Ayuso y Almeida plantaran cara a la parálisis y a la desinformación, que tomarían las iniciativas que es incapaz de tomar un Gobierno infecto e infectado, y que no callarían ante los ataques de la jauría política y mediática, que son idénticas. La entrevista de Ayuso en esRadio marcó el comienzo de una reconquista: la del espacio público como responsabilidad personal y política de los representantes de los ciudadanos. Y la actividad desplegada por los líderes del PP de Madrid, con el respaldo expreso de Villacís y la aquiescencia de Rocío Monasterio, está dejando, por su agilidad, en evidencia al Gobierno social-comunista.

Sólo se salva Defensa
Sólo un ministerio, para ser justos, se libra de este fracaso absoluto de un Ejecutivo que nació ejecutado por el comunismo y el separatismo: el de Defensa, que, con Margarita Robles al frente, está poniendo la enorme capacidad operativa del Ejército al servicio de sus ciudadanos más débiles. Lo que en dos días ha montado en Ifema, coordinándose con la Comunidad y el Ayuntamiento, es realmente admirable. Y también lo está siendo la tantas veces añorada sociedad civil, aquella "España de los balcones", que no apoya las miserables caceroladas de Podemos contra el Rey y aplaude cada noche a los heroicos trabajadores de todo tipo en los centros de salud.

Pero la clave es que la Oposición se caiga del guindo. Podemos está haciendo lo que manda el leninismo de manual: aprovechar una ocasión excepcional para crear, en ese escenario de excepcionalidad que, según el propio Iglesias -véase Memoria del Comunismo-, es en el único que puede prosperar el comunismo y el fascismo, convertirse en alternativa de Poder. Lo está haciendo. Groseramente, saltándose la cuarentena y lo que haga falta, arrastrando de paso al grotesco Simón a decir que "hay que hacer excepciones" con sus amos, no ha hecho otra cosa desde hace dos meses, pero lo hace. Y seguirá su vía al comunismo si la Oposición no lo para.

Lo patríótico no es apoyar el Mal sino combatirlo
Hay algunos signos esperanzadores y, sobre todo, hay una situación que permite que la Oposición recupere todo el terreno perdido. Parece que Abascal ya puede empezar a salir en pantalla; a Casado le basta defender en serio a su fiel infantería madrileña; y a Inés, pegarse a Begoña Villacís y advertir a Aguado que, si sigue protegiendo las fechorías republicanas de Telemadrid, lo echa. Vamos, que le monta una gestora que lo desmonta.

Juntos deben denunciar patrióticamente esta inacción con la que, al socaire de un decreto tiránico, negación comunista del Estado de Derecho, Sanchinflas y sus socios están abandonando a los españoles a su suerte. A la mala suerte de estar en la peor situación y bajo el peor de los gobiernos.

Hacia un régimen de partido único
EDUARDO INDA okdiario 22 Marzo 2020

En el ecuador de los 80 y los 90 el entrañable Txiki Benegas lanzó una frase lapidaria que demostraba la potencia de un partido, el PSOE, que contaba sus tres primeros mandatos por mayorías absolutas:

—El sucesor de Felipe González en la derecha está todavía en COU—, apuntó el histórico secretario de Organización de Ferraz, desaparecido hace cinco años.

Los socialistas se hacían auténticas pajas mentales soñando con imitar a su añorado PRI mexicano, que acumulaba décadas de poder sin apenas oposición o, mejor dicho, con una oposición amaestrada cuando no directamente comprada. Creían que eran invulnerables. Inmortales. Insustituibles. Eso sí: España era entonces una democracia más fuerte que ahora, el sistema de contrapesos funcionó y el 3 de marzo de 1996 Felipe González era ya historia.

Lo mismo sucede a Pedro Sánchez y sus cuates, empezando por ese Pablo Iglesias que continúa chuleándose de los enfermos de coronavirus vulnerando la cuarentena una y otra vez. La diferencia es que Felipe González, mejor gobernante que el robatesis de aquí a Sebastopol, tuvo 202, 184 y 175 diputados en sus tres primeras legislaturas y el actual inquilino de Moncloa se quedó en 120, menos que ningún otro presidente en democracia. Lo cual no quita para que esta banda se vaya jactando poco menos de lo mismo que se enorgullecía Benegas pero con una sutil diferencia: éstos son unos chulos indocumentados y el vasco de Caracas tenía gracia, talento y visión política para dar y tomar. El equipo de mi pueblo o Cristiano Ronaldo. Un seiscientos o un Rolls Royce. La luna o el sol.

El Gobierno socialpodemita se las da también de eterno con un silogismo que parte de una premisa falsa o al menos cuestionable, “vamos a estar 12 años en el poder”, y prosigue con otra certísima, “gracias a la división de la derecha”. Fantoches o no, lo cierto es que la suicida división de la mayoría natural de este país es queroseno para el Frente Popular que desgobierna España. Sea como fuere, tengan razón o no, se los lleve por delante su dolosa gestión de esta crisis elefantiásica del coronavirus o no, lo cierto es que sus mentes son autocráticas.

El modelo a seguir de esta banda no es un PRI mexicano cuya hegemonía ha caído en desgracia de 20 años a esta parte. El espejo en el que se miran es, sobra puntualizarlo, Hugo Chávez Frías, el narcoasesino que tras ganar democráticamente las elecciones de 1998 fue desmantelando la democracia en Venezuela para convertir el país hermano en una autocracia primero y en una dictadura de facto de la mano de ese malvado infinito que es Nicolás Maduro. Se apropiaron de la Justicia, más tarde robaron —que no expropiaron— los medios y después cerraron la Asamblea Nacional y se cepillaron la Constitución. De manual.

Algo de eso está sucediendo silenciosamente ya en España desde mayo de 2018. Desde que se prefabricó la sentencia de Gürtel, con la irresponsable actuación de Rajoy negándose a dimitir, la sucesión de acontecimientos está siendo más propia de la Turquía de Erdogan o la Rusia de Putin que de un país de la Unión Europea. La curiosa sentencia del 1-O, la designación de Dolores Delgado como fiscal general, la grosera intervención de los medios (dominan el 80% con una destreza que ni el Felipe de los 202 diputados) y el apagón mediático y ahora legislativo de la oposición se desarrollan en esa línea.

Van a por todas. Apariencia de democracia y medidas claramente totalitarias. El Gobierno socialcomunista está aprovechando de manera ruin el caos del coronavirus para colar de matute medidas que tienen poco de democráticas y mucho de autocráticas. Empezando por ese “todos unidos” que tiene todo el sentido del mundo en el apartado sociosanitario pero que estos desahogados quiere emplear para silenciar a la oposición y amordazar a los medios. Los hombres y mujeres de nuestra sanidad, que no lo olvidemos es una competencia transferida, sí tendrán todo nuestro respeto y respaldo permanentes ya que se están dejando la vida para salvar la de los demás. Cuenta igualmente con nuestra confianza un ministro, Salvador Illa, que transmite confianza porque no se adorna y tira de sobriedad en un asunto en el que cualquier precaución comunicativa es poca.

Hay que seguir los consejos de los que saben con disciplina germánica, como un solo hombre. Sólo faltaba. El común de los mortales no somos médicos ni epidemiólogos. Pero que no cuente el Gobierno con nosotros para que ese “todos unidos” se emplee como un cheque en blanco para silenciar sus desmanes, olvidar su incapacidad y perdonar su politización del dolor. Por ese aro no vamos a pasar ni debemos pasar por razones éticas. Se lo debemos a las víctimas de esta pandemia. Recordaremos hasta la saciedad que actuaron tarde y mal, 6.400 enfermos, 100 muertos y 45 días después, que antepusieron el 8-M a la salud de sus conciudadanos multiplicando ad infinitum el número de casos en Madrid y que la recentralización ralentizó hasta la exasperación el suministro de mascarillas y respiradores a nuestros hospitales. Pero nos tendrán que cerrar, que es lo que quieren, o eliminarnos físicamente para que dejemos de cantar y contar que su gestión no ha causado una pandemia inevitable pero sí ha disparado el número de contagios y, consecuentemente, de muertes. Por cierto, los que ahora reclaman unidad frente a la megacrisis son los mismos que el 13 y 14 de marzo de 2004 escracharon las sedes del PP tras los atentados del 11-M en Madrid que dejaron 192 víctimas mortales

Dos medidas asustan en términos institucionales y democráticos. La decisión de paralizar el Congreso por decreto ley, mientras el Ejecutivo celebra dos ruedas de prensa al día con hasta ocho personas, es chavismo puro amén de ilegal. “Órdenes de Moncloa”, se excusan Meritxell Batet y su entorno admitiendo su rol de títere. Dejar en manos de la presidenta qué iniciativas se admiten y cuáles no es tanto como anular la capacidad de control de la oposición. Por no hablar de esa resurrección por las bravas de los indultos que vaya usted a saber qué intenciones tiene. Espero que no sea para hacer el favorcete definitivo a sus socios golpistas. Hay otra de la que nadie habla y es la velada amenaza a los medios que quedarán tocados por el bajonazo económico. Entre líneas, se les hace una oferta siciliana de ésas que no se pueden rechazar: “O bajas el pistón o tú sabrás”. La actuación de TVE es de chupa de dómine. El epítome del control bolivariano del ente público tuvo lugar el sábado del Consejo de Ministros extraordinario cuando, con un par, juraron y perjuraron que Iglesias había acudido “con una mascarilla”. En las imágenes institucionales se certificaba, más allá de toda duda razonable, que ni mascarillas ni gaitas, que incluso estornudó a campo abierto.

No nos callarán. No nos dejaremos engañar. Seguiremos desentrañando sus mentiras. Su demagogia. Su incompetencia. Y esa negligencia dolosa que ha agravado exponencialmente el drama humano de un virus que estaba en China y se fue a Italia mientras nuestro Gobierno se cruzaba de brazos y se dedicaba a jalear ese 8-M que pasará a la historia como la madre de todas las irresponsabilidades. Ahora sólo nos queda continuar destapando la verdad, echando una mano a nuestros médicos y sanitarios, difundiendo las recomendaciones de nuestros científicos e invitando a la gente a actuar con la responsabilidad de la que carecen un presidente y un vicepresidente que se pasan la cuarentena por el arco del triunfo. Sabemos que eso nos costará caro. Tal vez muy caro. Porque vamos a un régimen de partido único, modelo Frente Popular o en versión PSOE en solitario tras tirar por la borda al compañero de Irena Montera. Claro que también Benegas se las prometía muy felices allá por 1990 y menos de seis años después estaban haciendo las maletas.

Las seis mentiras de Sánchez con el coronavirus
Sánchez da un lacrimógeno mitin de una hora echando a los demás la culpa de una epidemia que causa ya 1.326 muertos
La consigna del Gobierno para tapar su nefasta gestión: «Somos el país que ha tomado medidas más drásticas»
Joan Guirado okdiario 22 Marzo 2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido este sábado en La Moncloa para hacer un balance de la situación del coronavirus en España. En la hora que ha durado su comparecencia, Sánchez ha vertido seis mentiras:

Seguimos a la OMS
El Gobierno se jacta de seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud mientras niega la prueba del Covid-19 a profesionales sanitarios con síntomas o familiares de personas que han dado positivo. La OMS dice que para parar al virus no basta sólo con evitar el contacto social sino que, además, es necesario detectar el máximo de casos para aislar a los infectados, algo que no ocurre en España a día de hoy.

Usamos test Covid-19
Esta afirmación es falsa. Los test del Covid-19 encargados por el Ministerio de Sanidad, un total de 64.000, todavía no han llegado a España. Estos test permiten obtener los resultados en un tiempo aproximado de 15 a 20 minutos. Somos, según estudios oficiales, el duodécimo país en número de pruebas por detrás de la China, Corea del Sur, Italia, Alemania, Rusia, Australia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Noruega y Francia.

Se actúa con celeridad
Según las autoridades sanitarias, España registró su primer muerto con coronavirus el 13 de febrero en Valencia. La causa de la muerte no se conoció hasta el 4 de marzo cuando ya se conocían 150 casos de contagio en nuestro país. No fue hasta días más tarde cuando se empezaron a tomar las primeras medidas sin los elementos ni el material suficiente, según los profesionales sanitarios, para atender la avalancha de enfermos. Apunta que «estamos tratando de anticiparnos a los nuevos problemas» con «contundencia y con la mayor celeridad».

Estamos a la vanguardia con las medidas más duras
España decretó el Estado de Alarma el pasado sábado, una semana después de que los casos empezaran a crecer en nuestro país, con 5.736 casos activos de contagios y 136 fallecidos a primera hora de la mañana. Con esas cifras Italia había ordenado el confinamiento de toda la Lombardía y China había cerrado la zona de Wuhan. Otros países como Dinamarca, con menos casos, cerraron sus fronteras. Ahora el presidente se felicita de haber tomado «las medidas, créanme, más drásticas y estrictas en Europa y en el mundo».

Niega que España e Italia están peor
Pese a convertirnos ya en el tercer país en número de contagiados, por detrás de China e Italia, y con la curva en ascenso comparándonos con el país asiático o Irán -ya por detrás en número de contagios-, Sánchez asegura que nuestro país, como el transalpino, esté peor que ellos. Cuando sólo se contaban un par de casos el Gobierno decía que «España no tendría más que algunos casos» y afirmaba tener la situación «bajo control».

Mejor que otros países: nos compara sólo con Reino Unido
Sánchez se ha vanagloriado de estar mejor que otros países cercanos comparándonos únicamente con Reino Unido. El presidente del Gobierno ha destacado que «España dispone de más kilómetros de fibra óptica que la suma del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia juntos». Según él, gracias a eso «puede decirse sobre nuestros suministros energéticos se han mantenido con un nivel de eficiencia, yo diría, sobresaliente».

El desastre del plan Sánchez: realiza 625 test de coronavirus por millón de habitantes frente a los 4.000 de Alemania
Carlos Cuesta okdiario 22 Marzo 2020

España supera ya los 1.300 muertos por coronavirus, con 46,6 millones de habitantes y rondando los 25.000 contagios. Alemania apenas supera los 50 muertos con no muchos menos contagios que España, cerca de 20.000, y con una población de casi el doble que la española -83 millones de habitantes-. Traducido: Alemania tiene 26 veces menos muertes que España. Y hay un dato que vuelve a demostrar el desastre propiciado por la gestión del coronavirus por Pedro Sánchez: el país germano realiza 4.000 test de detección por cada millón de habitantes; España sólo 625 a causa de la escasez de test detectores de la enfermedad por la falta de previsión y escasez de aprovisionamiento de material sanitario.

Como dijo la Organización Mundial de la Salud y España desoyó, la clave de la defensa frente al coronavirus está en realizar de forma masiva test detectores para poder proteger eficazmente a los colectivos más vulnerables.

Los datos de Alemania, confirmados por el Instituto Robert Koch, el centro que lidera el control de enfermedades en ese país, son reveladores. El país germano tiene capacidad para hacer 160.000 test por semana. De hecho, sus datos avalan que está realizando cerca de 4.000 pruebas por cada millón de personas. Mientras, España se contenta con 6 veces menos pruebas de detección de la enfermedad: 625 por millón que ha hecho España.

El resultado es visible: 26 veces menos muertes en Alemania, gracias a que el país germano ha podido aislar mejor los focos de contagio y, sobre todo, ha podido proteger mejor a los colectivos mayores de edad y con patologías que les convierten en vulnerables al coronavirus.

El problema es que el modelo español ni siquiera ha sido tal. Simplemente ha sido la única posibilidad que ha quedado por la improvisación del Gobierno de Pedro Sánchez. Una falta de previsión que ha generado la falta de stock de material sanitario -mascarillas, guantes, test de coronavirus- para evitar los contagios y combatir el virus.

Compra de material
De hecho, el Gobierno ha decidido de urgencia abrir ahora la mano y permitir la compra de material médico anticoronavirus por parte de las comunidades autónomas ante el desastre en la compra centralizada y la falta de abastecimiento de productos básicos como los test o las mascarillas.

El 10 de marzo, el Gobierno acordó e impuso la centralización de las compras de este material por decreto. Pero, lo cierto es que, desde el primer día que surgió el coronavirus se mantuvo un principio de lealtad por parte de los Ejecutivos regionales para ir coordinados todos por el Gobierno de Sánchez y dar los pasos de forma conjunta guiados por el Ministerio de Sanidad, tal y como confirman a OKDIARIO varias comunidades autónomas.

El resultado de esa falta de previsión ha sido la llegada al día actual sin test de la enfermedad, sin mascarillas, sin gel de manos para evitar el contagio, etc. Este viernes, cuando se superaba la cifra de 1.000 muertes, el Gobierno decidió que ya no quería llevar el peso de la responsabilidad de ese colapso en solitario y abrió las compras a las comunidades autónomas. Todo ello, en plena carestía de los productos más básicos para evitar el contagio de la enfermedad.

Carmena se fundió un 60% del 'colchón' que ahora necesita el Ayuntamiento de Madrid contra el coronavirus
Además, si Sánchez no aprueba medidas urgentes, Madrid solo podrá movilizar 20 de los 420 millones que tiene disponibles.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 22 Marzo 2020

El equipo de gobierno de Manuela Carmena dejó en herencia a José Luis Martínez Almeida un abultado incumplimiento de la Regla de Gasto, valorado en 406 millones de euros. Así se desprende del Informe Anual de Liquidación Presupuestaria que acaba de hacer público el consistorio de la Villa y Corte y que pone cifras concretas a un incumplimiento que ya adelantó Libre Mercado el pasado mes de octubre.

Sobre el papel, Carmena ya había elaborado unos presupuestos incompatibles con la Ley de Estabilidad Presupuestaria y la Regla de Gasto. En el momento en que fueron presentados, el desvío ascendía a 130 millones de euros. Sin embargo, al concluir el primer trimestre de 2019, el diferencial negativo alcanzaba ya los citados 406 millones de euros. Carmena y su equipo llegaban "dopados" a las elecciones, tras haber inflado el gasto público durante todo el cuatrimestre anterior a la celebración de los comicios.

De acuerdo con el Informe Anual de Liquidación Presupuestaria, el equipo de Almeida y su vicealcaldesa, Begoña Villacís, ha tomado diversas medidas de ajuste que han permitido reducir el alcance del incumplimiento. Frente a los 406 millones de euros de incumplimiento que se vislumbraban a mediados de 2019, el dato definitivo para el cierre del año arroja un desfase de 254 millones de euros.

Esta situación pone al gobierno de PP y Cs, apoyado en el Pleno por Vox, en la situación de tener que aprobar un Plan Económico-Financiero en los tres próximos meses, planteando diversos recortes que permitan ajustar los gastos del consistorio de acuerdo con las metas de estabilidad presupuestaria. El área de Hacienda ya ha manifestado el "firme compromiso" del Ayuntamiento con estas obligaciones.

El colchón contra el COVID-19, mermado
El crecimiento desbocado del gasto en los años de gobierno de Manuela Carmena ha mermado la capacidad de Cibeles para tomar medidas contra el COVID-19. En 2015, el último año con presupuestos elaborados por la ex alcaldesa popular Ana Botella, el remanente positivo del consistorio ascendía a 1.387 millones de euros. Sin embargo, el superávit definitivo para 2019 acreditado por el Informe Anual de Liquidación Presupuestaria ascendió a apenas 549 millones de euros, un 60% menos.

Esta evolución del saldo fiscal se convierte ahora en una noticia especialmente negativa, puesto que el consistorio verá mermada su capacidad de actuación contra el coronavirus en el caso de que el gobierno central acceda a la petición del alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, y su vicealcaldesa, Begoña Villacís, quienes han solicitado a Moncloa una modificación de urgencia de la Ley de Estabilidad que permita dedicar buena parte del superávit del Ayuntamiento a la lucha contra la pandemia y no a la amortización anticipada de deuda, como indica el marco ordinario de control del gasto.

Ahora mismo, tal y como está redactada la norma, Madrid podría emplear 20 millones de euros para tomar medidas contra la pandemia, a pesar de que el consistorio maneja 420 millones en concepto de recursos propios. Estas cifras serían mucho mayores si el anterior gobierno municipal, dirigido por Manuela Carmena, hubiese mantenido el superávit que heredó del gabinete de Ana Botella.

El coronavirus será la nueva excusa de Sánchez para subir impuestos
Diego Barceló Larran Libertad Digital 22 Marzo 2020

El debate fiscal ya no va a ser el mismo; la necesidad de dotar a nuestros servicios públicos de los medios necesarios para alcanzar la excelencia, después de esta pandemia, es una evidencia tan absoluta que espero quede fuera del debate político. Nos concierte a todos aprender la primera gran lección, que es indiscutible: debemos reforzar el estado del bienestar y nuestro sistema nacional de salud

Tales frases fueron pronunciadas por Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, el pasado 18 de marzo. La idea es clara: quiere aprovechar la crisis por la irrupción del coronavirus (cuyas consecuencias están magnificadas por la negligencia del gobierno y por la irresponsabilidad de haber malgastado recursos que ahora se necesitan) para subir los impuestos y aumentar el gasto público. Es decir, para aumentar el poder del Estado, cosa que siempre reduce la libertad de las personas.

No nos equivoquemos: medidas extremas para proteger la salud de terceros inocentes, son necesarias y no las critico. Aprovechar la incertidumbre para tapar los propios errores e incluso avanzar en una agenda ajena a los intereses de los ciudadanos es, como mínimo, moralmente muy bajo.

Tampoco puede sorprendernos demasiado. El socio principal del gobierno, el vicepresidente Pablo Iglesias, no conforme con saltarse dos veces la cuarentena que el Gobierno exige a los ciudadanos, ha alentado protestas contra el Jefe del Estado y propuesto la nacionalización de las empresas de energía. Es decir, aprovecha la crisis para avanzar en su agenda radical y antisistema.

No hay falta de recursos; sobra el malgasto y la improvisación. Entre los miles de ejemplos de derroche del dinero de los contribuyentes (televisiones autonómicas deficitarias, subvenciones a sindicatos, partidos y todo tipo de organizaciones, duplicación de actividades en distintos niveles de gobierno, etc.), daré solo uno: España tiene un ayuntamiento cada 5.700 habitantes; Alemania, uno cada 6.900, e Italia, uno cada 7.500 personas. Para situarnos en la media de ambos países, deberíamos suprimir más de 1.600 ayuntamientos (con sus alcaldes, concejales, asesores, etc.).

Uno de los peores enemigos de la sociedad es un gobernante diciendo "algo hay que hacer". Eso lleva demasiadas veces a hacer cosas innecesarias e, incluso, contraproducentes. Un ejemplo es la posibilidad de requisar material sanitario que decretó el gobierno. Si la intención era garantizar la disponibilidad de mascarillas, el efecto está siendo el contrario. La incertidumbre creada ha casi paralizado la importación de ese tipo de material, al punto que el Ministerio de Sanidad tuvo que emitir una "nota interpretativa" para aclarar que no se ha "previsto actividad de incautación alguna". Como era de esperar, ahora la escasez de mascarillas se ha agudizado.

¿Alguien cree que alguno de esos problemas se podría solucionar subiendo los impuestos? De ninguna manera. Aumentar los impuestos solo transferiría más recursos desde el sector privado al Estado, con lo que este postergaría (otra vez) el esfuerzo de gastar mejor los recursos disponibles. Si una familia tiene un gasto inesperado, revisa sus prioridades: deja de gastar en unas cosas para poder financiar el nuevo gasto. ¿Por qué el Gobierno no puede hacer lo mismo?

En este caso, además, quien inventa un nuevo argumento para subir los impuestos es la misma persona que, antes de las últimas elecciones, dijo que "no podría dormir" si pactaba con Podemos y prometió reinstaurar el delito por convocatoria ilegal de referéndums. Si tras las elecciones hizo exactamente lo opuesto, ¿qué garantía podemos tener de que un eventual aumento de impuestos se utilice para gasto sanitario?

Que tengamos que navegar esta tormenta con el peor piloto, es algo que no podemos remediar. Pero no olvidemos el refrán que dice que otro vendrá que bueno te hará. Aceptar los argumentos de Sánchez para agrandar aún más el Estado, solo nos dejaría en peor situación el día en que el destino nos ponga en el gobierno a un personaje de similar o peor nivel.

Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)

Naderías frente a la tragedia
Editorial ABC 22 Marzo 2020

Pedro Sánchez se dirigió anoche a los españoles durante más de 45 minutos con un monólogo reiterativo y convertido en un cúmulo de naderías que no tranquilizan a la sociedad. Sánchez demostró que el afán propagandístico de La Moncloa no tiene límite ni siquiera ante la más dura desgracia que nos está golpeando. El aprovechamiento político que hizo de su monopolio mediático para proteger su imagen obliga a preguntarse si su gestión de esta pandemia, con España confinada, es solo negligente, o si también lo es temeraria. No en vano, ya hay ministros que admiten que el Ejecutivo tomó conciencia de la gravedad el 2 de febrero, y hasta hoy no se ha escuchado ni una sola autocrítica de Sánchez, ni una sola disculpa, ni un mínimo reconocimiento de un error. Toda su comparecencia quedó reducida a una serie de coartadas y justificaciones para sostener que el Gobierno no ha llegado tarde. Pero por desgracia, hoy tenemos la certeza de que así ha sido. Por momentos, Sánchez quiso emular al general Charles de Gaulle, cuando en los años sesenta se presentaba ante los franceses cada sábado para imprimir moral patriótica. Pero de aquello han transcurrido seis décadas, y desde luego Sánchez no es De Gaulle.

Lo más grave de ayer no fue la utilización de todos los medios públicos a su alcance para justificar su fracaso en la gestión, sino la sistemática exculpación de cualquier responsabilidad por el mero hecho de que se ha limitado a seguir las recomendaciones de los «expertos» y de la OMS. Sánchez, fiel a su costumbre, no asume ninguna responsabilidad política y se desmarca de cualquier problema que pueda salpicarle con excusas carentes de argumentos. No parece haber tomado conciencia aún de que es el jefe del Gobierno, y no hay una manera más errónea de ejercer el liderazgo que la sociedad le demanda. No es necesario que Sánchez prolongue artificialmente sus discursos para que los españoles nos sintamos orgullosos de nuestros sanitarios, policías, militares o de todos aquellos que sostienen los servicios básicos y el abastecimiento de un país cerrado. Los españoles ya lo estamos. Lo imprescindible es que Sánchez no pretenda competir con la jefatura del Estado para recuperar la iniciativa política, social y económica perdida. Si vendió a los españoles un «escudo social» frente a esta crisis, anoche solo se ocupó de poner un «escudo político» para no desprestigiar más su imagen en pleno colapso hospitalario y de medios materiales. Pero fue absurdo porque la competencia de este Gobierno está en entredicho. La OCDE exige un «plan Marshall» a nivel planetario, Merkel anuncia en Alemania un rescate de 600.000 millones para una «economía de guerra», Italia multiplica su drama entre peticiones desesperadas de ayuda... y Sánchez se enorgullece de la caída del consumo de queroseno. Para decir lo que dijo anoche, pudo hacerlo antes. O ahorrárselo.

Un proyecto caducado
El coronavirus ha irrumpido como un tornado en la vida de la nación y exige cambios inmediatos de modelo. Sánchez ha de entender que desde la epidemia nada es como antes, ni va a volver a serlo. El sacrificio general de una suspensión de derechos exige la contrapartida de un acuerdo nacional de alcance estratégico
Ignacio Camacho ABC 22 Marzo 2020

La cuarentena rige para todos los españoles menos para uno que se llama Pablo Iglesias. El vicepresidente, que no soporta verse al margen del minigabinete de emergencia -aunque haya conseguido apartar de él a Carmen Calvo-, volvió a saltarse esta semana las reglas que obligan al resto de los ciudadanos para desempeñar una tarea tan esencial y urgente como dar una rueda de prensa. Preso del síndrome de abstinencia, necesitaba una dosis de protagonismo con la que marcar énfasis ideológico y aparentar una demostración de fuerza. Su pulso con el resto del Gobierno se ha convertido para él en una cuestión de supervivencia; siente que el estado de alarma constituye una oportunidad perfecta para desarrollar su programa de nacionalización económica encubierta pero no acaba de encontrar el modo de abrir hueco a su propia agenda. Llega hasta donde Sánchez le tolera, que según algunos miembros del Gabinete es bastante más de la cuenta, y está intentando torcer el brazo de las ministras que percibe políticamente más débiles: las de Economía y Defensa. Ese pulso significa mucho más que una pugna interna; es la clave de que el Ejecutivo pueda o no afrontar la crisis de la manera correcta.

Porque no se trata de que el líder de Podemos no encuentre chalé ni palacio ministerial en el que quepa su ego, sino de que el presidente del Gobierno alcance a comprender que después de la epidemia nada es como antes, ni va a volver a serlo. El coronavirus ha irrumpido como un tornado en la vida de la nación y exige cambios inmediatos de modelo. El país ha aceptado con enorme espíritu solidario una suspensión general de derechos, y ese sacrificio requiere contrapartidas de comportamiento en el ejercicio de un poder que debe ser consciente de su limitado crédito. Las prioridades anteriores se han derrumbado con estrépito; a partir de ahora urge recuperar el consenso y abordar el futuro desde otro prisma, con una perspectiva que vaya mucho más allá del alcance de los próximos presupuestos. Es la hora indeclinable de grandes pactos estratégicos.

Iglesias no cambiará; ni puede ni sabe abandonar su naturaleza autoritaria, su estilo áspero y su molde dogmático. Es Sánchez quien ha de darse cuenta de que en sólo dos meses ha caducado el proyecto sobre el que diseñó su mandato: la concertación con el nacionalismo, que sigue mostrándose saboteador e insolidario, las leyes de ingeniería social, el arrinconamiento del centro-derecha bajo la resurrección artificial de Franco. Incluso es inviable una coalición en la que el socio se está mostrando desleal no ya al presidente sino al Estado, cuyas debilidades pretende explotar en un momento especialmente dramático. La cacerolada organizada contra el Rey inhabilita a Podemos y a los separatistas como aliados; un Gabinete constitucional no puede depender de quienes se comportan como adversarios del símbolo de la unidad de los ciudadanos. Está ocurriendo todo lo que el mismo presidente anunció cuando decía rechazar el pacto que terminó firmando.

Ninguno de sus apoyos merece confianza. Los independentistas -qué lejano y pequeño parece el conflicto catalán- han recuperado el discurso de «España nos roba» aplicándolo a los recursos de la gestión sanitaria y organizan en el extranjero campañas denigratorias de agitación y propaganda. Todo su empeño en las actuales circunstancias se moviliza en el intento de mantener a Cataluña segregada de los efectos generales del decreto de alarma. El bloque de investidura se ha resquebrajado: no tiene grietas sino zanjas. El único respaldo fiable del Ejecutivo es la oposición, que ha aparcado las críticas para brindar una colaboración solidaria. Cualquier dirigente con luces largas encontraría en estas horas penosas la ocasión inopinada para construir una alianza de concertación en torno a una mayoría transversal estable, contundente y clara. Pero eso implica una rectificación diametral y el abandono recíproco de actitudes sectarias. Supone renunciar al frentismo y a las políticas radicales, buscar espacios de encuentro en posiciones razonables y asumir el riesgo de cambiar de compañeros de viaje. Comporta la necesidad de aceptar que nadie puede pensar ya en réditos electorales sino en hacer lo que sea necesario -«lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta» (sic)- para sacar adelante a un país que va a atravesar gravísimas dificultades. Las que ahora mismo hay planteadas y las que sobrevendrán cuando la epidemia acabe.

Es improbable que Sánchez acceda; le faltan condiciones para un verdadero liderazgo. Ha mejorado en la última semana, adoptando decisiones sensatas -aunque insuficientes- de cobertura social y financiera para evitar el colapso, pero continúa sin entender que ya no sirven los mensajes de laboratorio ni la política del relato. Su propuesta de «presupuestos de reconstrucción» no significa, como los optimistas han interpretado, un mensaje de reposicionamiento y de mano tendida al diálogo sino una llamada a que la oposición apruebe sin objeciones un programa de avalancha de gasto. Su talante fullero ha vuelto a brillar al colar en el recién promulgado decreto de medidas económicas un infumable encargo para atornillar a Iglesias en la comisión del CNI, capricho reclamado por el vicepresidente para darse pisto fatuo con su teórico acceso a los secretos de Estado. La estrategia gubernamental pasa en este momento por revertir, a base de gestos de autoridad, el error de haber autorizado la marcha del 8 de marzo. Y el objetivo final consiste en sacar pecho de un desenlace positivo: presentarse al final como artífice exclusivo de la victoria contra el virus y capitalizar el alivio de una población extenuada por la duración y la intensidad de su sacrificio.

Falta mucho, en todo caso, para consolidar avances. Espera, sobre todo a los ciudadanos, aunque también a las instituciones, una larga etapa de desgaste. El Gobierno camina a tientas, con una gestión titubeante que vuelve más complicado el combate. Habrá medidas de endurecimiento de la inmovilidad y es probable que sigan subiendo las estadísticas fatales. La peor crisis del último siglo ha pillado al país con la clase dirigente más inexperta e ineficaz, desprovista de capacidades institucionales, técnicas y políticas para salir de la parálisis. Y no es de la respuesta de los españoles, llamados a resistir en medio de medidas excepcionales, de lo que pueda quejarse.

Santiago Abascal compara la comparecencia de Sánchez con el ‘Aló presidente’ de Hugo Chávez
OKDIARIO 22 Marzo 2020

Santiago Abascal ha comparado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el dictador venezolano Hugo Chávez tras su comparecencia televisiva para darse autobombo sin presentar una sola medida adicional. Abascal asegura que el Ejecutivo no hace autocrítica y le acusa de haber ocultado «datos clave» en los inicios de la pandemia del coronavirus.

Así lo ha expuesto Abascal en un comentario de Twitter nada más terminar la rueda de prensa que ha ofrecido Sánchez en el Palacio de la Moncloa cuando se cumple una semana de la aprobación del decreto que regula el estado de alarma por el covid-19.

El presidente de Vox ha retuiteado una publicación de su partido en la que se puede leer ‘Aló presidente’, en referencia al programa de televisión que tenía Chávez en Venezuela. A su vez, Abascal afea a Sánchez que pida «unidad» mientras el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, «promueve caceroladas contra la monarquía».

«Sigue sin hacer autocrítica, sin reconocer que nos ocultaron datos claves. Sigue siendo responsable, por muchas horas que aparezca en las televisiones», ha apuntado Abascal.

Sánchez culpa a otros de la pandemia
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció este sábado para autojustificarse ante la epidemia de coronavirus que deja ya en España 24.926 infectados y 1.326 muertos. El mensaje, en resumen, es que la culpa es de los demás. Un discurso en el que el socialista se mueve cómodo y persevera desde que comenzó la crisis.

Sánchez ha avanzado un panorama desolador. Se ha referido a la pandemia como una «catástrofe». Ha advertido que «los casos diagnosticados y fallecidos van a aumentar en los próximos días», que «llegan días muy duros» y que «tenemos que llegar al final de la próxima semana muy fuertes». Incluso ha destacado que «esta situación es la más grave que ha vivido España desde la Guerra Civil».

Sin embargo, el jefe del Gobierno que durante semanas ignoró la magnitud de una crisis que se veía venir ha rechazado cualquier ejercicio de autocrítica. Se ha remitido insistentemente a las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de expertos, de asesores. Este sábado, por cierto, ese mismo Ejecutivo desdeñó las advertencias de casi 70 expertos que le avisan del colapso del sistema sanitario si no se adopta el confinamiento total de la población.

Responsable gestión vs populismo
Editorial El Mundo 22 Marzo 2020

En tiempos de crisis, hay gobernantes que se descubren como gestores eficaces y responsables y otros que, ante la gravedad de la coyuntura, desnudan su pequeñez. Esta pandemia nos está dejando ya ejemplos de todo ello. Hace una semana, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, anunció su positivo por coronavirus. De inmediato, como es exigible a todo ciudadano, se aplicó un protocolo y se aisló en un apartahotel, desde donde ha continuado trabajando, con tesón, para afrontar la crisis en colaboración con el mando único del Gobierno, respetando su obligado confinamiento. La cooperación ha servido en las últimas horas para la instalación del ejército de 5.500 camas hospitalarias en los pabellones de Ifema. Contrasta la de la líder regional con la actitud exhibida por otros, como el vicepresidente Pablo Iglesias, que no ha dudado en romper la cuarentena a la que le obligaba el positivo de su pareja para no perderse su minuto de gloria mediático, cuando ni siquiera integra el comité ministerial del mando único para el estado de alarma.

Y, más allá de gestos irresponsables, vemos estos días a políticos encubrir su incompetencia con pura agitación ideológica; ahí está la regidora Ada Colau, dedicada a promover caceroladas sectarias. Capítulo aparte merece el fanatismo independentista catalán, pretendiendo sacar tajada política de la mayor crisis sanitaria en nuestra historia reciente. Torra azuza más si cabe su ofensiva contra el Estado con embustes indecentes. Seguro que el ciudadano no olvidará quién ha estado trabajando por el bien común.

Proteger la salud, defender la libertad
Jesús Cacho. vozpopuli.es 22 Marzo 2020

Calles desiertas, cielo nublado y el canto de un mirlo en el que antes no habíamos reparado. Como en un mal sueño, es el regreso a un pasado que nunca existió, el exilio en la torre de un castillo amenazado por un ejército tan imaginario como temible, dispuesto a asaltar los muros de nuestra salud y a poner en peligro nuestra vida. Silencio. Nos hemos olvidado ya de que esto era “una simple gripe”. Hace tiempo que dejamos de tomárnoslo a broma y optamos por arpillar nuestra casa para impedir la entrada en ella del mortal invasor. Encerrados, de grado o por fuerza. Nos comportamos en grupo, nos defendemos en grupo, nos aislamos en grupo. El rebelde que algunos llevamos dentro ha quedado colgado de una percha en el armario del miedo. Obligados a acatar órdenes, admitir consignas, asumir compromisos que juzgamos buenos para el colectivo, “bueno para todos”, el individualismo ha sido la primera víctima de esta guerra, el primer muerto en el combate contra ese asesino imaginario que no vemos pero intuimos. El triunfo de lo colectivo. La victoria será así o no será.

Una prueba de resistencia para la que esta sociedad muelle, confiada, reacia al sacrificio, no estaba preparada. Sociedad cuarteada por el virus del sectarismo que ha vuelto a dividir a los españoles en dos grandes bloques, como en los viejos tiempos, el garrote vil y la navaja barbera, las pinturas negras de Goya, la media España enfrentada a garrotazos con la otra media. El rencor alimentado por la desconfianza, el resentimiento y la inquina. Tirios y troyanos, rojos y azules, se han refugiado tras la empalizada de sus casas porque ante ellos ha aparecido un enemigo que no repara en ideologías. Se trata de una epidemia cuyo control exige el parón de la actividad, la muerte de la Economía. Para una gran mayoría, este maratón de aislamiento será una durísima prueba de la que pocos saben cómo saldrán, cómo saldremos. ¿Cuatro semanas entre cuatro paredes? Nadie conoce lo que hay detrás de la alcazaba del miedo, pero todo el mundo intuye que el futuro, si tal existe, será distinto a lo que hemos conocido, porque el horizonte de algodón que entre sueños consumistas habíamos avizorado a lo largo de nuestra vida ha dejado de existir. Algo que marcará nuestra existencia para siempre.

Una prueba que tensará a fondo nuestro tejido social. Mal que bien, hemos sido capaces de festejar los grandes triunfos deportivos y unirnos con ocasión de catástrofes colectivas o atentados terroristas, pero, ¿cómo reaccionaremos ante tamaña prueba? ¿Cómo saldremos de este atolladero? ¿Qué clase de cohesión seremos capaces de mantener con esos millones de trabajadores enviados de repente al paro? ¿Qué consuelo dispensaremos a las familias que han perdido, que van a perder, a algún ser querido, esos mayores abandonados a su suerte en una cama en planta, sedados, hasta que el cuerpo aguante, porque las UCIs de nuestros hospitales están colapsadas? Eutanasia pasiva o el derecho a vivir de los más fuertes. Darwinismo puro. Más que nunca, el país hubiera agradecido la existencia de un liderazgo político claro, sincero y honesto, de una reconocible dimensión moral. Alguien en quien confiar. “En tiempos de crisis, la figura del presidente de la República sigue siendo un punto de referencia esencial para la continuidad de la nación. Ahora también ha cristalizado esa unidad en torno al Jefe de Estado”, escribía este miércoles el editorialista de Le Figaro. Nada de eso ocurre en España.

Coyuntura tan dramática como la actual pone en evidencia la desgracia que para este país supone la existencia de un Gobierno como el de Pedro & Pablo. La comparecencia del primero el miércoles, en un Congreso casi vacío, fue todo un monumento a la soplapollez, un canto a la zafiedad intelectual y humana más pavorosa. “Vamos a reconstruir juntos la dimensión de lo público y la naturaleza del debate político de un debate de destrucción a uno de reconstrucción” (…) “Mi objetivo es la reconstrucción del Estado del Bienestar, el sistema público y la protección de la sociedad y la economía” (…) “Vamos a presentar unos Presupuestos de reconstrucción social y económica cuando termine la crisis; unos Presupuestos extrasociales” (…) “Sí existe la sociedad, está ahí, la tenemos ahí fuera, recluida, reclamando la fortaleza de lo público”, y así hasta cien ejemplos de la diarrea de un personaje que, cabeza gacha farfullando lo que no entiende, enhebra una tras otra frases ampulosas carentes de sentido (a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing de Macbeth) sentencias que orzan la idiocia, sapos que sus escribas le hacen vomitar en público y que él trasiega sin el menor empacho mientras el país tiembla de espanto.

La gravedad de la pandemia
Naturalmente tuvo buen cuidado en apuntar a la oposición por haber desmantelado ese Estado del Bienestar que él quiere “reconstruir”, como si Zapatero y el PSOE no hubieran tenido nada que ver en la crisis de 2008. También de disculpar su imprevisión (“la pandemia del coronavirus ha desbordado las previsiones de todo el mundo”), sus errores de gestión y la criminal responsabilidad de haber permitido y alentado iniciativas como la marcha feminista del “chocho de marzo”, un episodio por el que en el futuro debería sentarse en el banquillo de los acusados. Sánchez Castejón (“La presidencia más oscura y más opaca de la democracia”, en palabras de Javier Marías) desenterró a Franco y ahora está enterrando a los cientos de españoles infectados por culpa de un aquelarre que el sectarismo social comunista quiso desempolvar por las calles de Madrid, casi 40 días después, finales de enero, de que el Ministerio de Sanidad y el propio Gobierno tuvieran constancia de la gravedad de la pandemia que se cernía sobre España. Este sábado mismo volvió a intentar lavar su imagen. Sin ningún escrúpulo. Aló presidente.

Primero la salud, después la economía. Frenar la mortandad para, de inmediato, tratar de salvar el tejido empresarial del desastre, cosa que no va a lograr su comunista vicepresidente tirando del gasto público

Mitin fue también el que Iglesias protagonizó en Moncloa al día siguiente, jueves 19, tras saltarse la obligada cuarentena. El capo de Podemos repartía soluciones económicas, maestro Ciruela, para afrontar el momento: “España ha decidido dejar atrás los dogmas de la austeridad fiscal que ya fracasaron en la anterior crisis y, por eso, debemos emprender un camino diferente”. El camino del gasto público. Ignora el penene de Políticas que la caída de la demanda no tiene un componente económico, en tanto en cuanto los consumidores no salen a la calle a comprar por miedo a contraer la enfermedad, de donde se colige que las medidas monetarias expansivas y el aumento del gasto no tienen efectividad alguna, incapaces como son en estas circunstancias de estimular consumo e inversión. El BCE debería limitarse a actuar como prestamista de última instancia para evitar el colapso del crédito, mientras que la política presupuestaria debería concentrar sus esfuerzos en los programas sanitarios destinados a combatir la pandemia. Primero la salud, señor Sánchez, primero ese avituallamiento de urgencia que necesitan nuestros hospitales y que usted no ha previsto, las camas UCI perfectamente equipadas, razón por la que está muriendo tanta pobre gente abandonada a su suerte. Más de 1.400 españoles a última hora de este sábado.

Primero la salud, después la economía. Frenar la mortandad para, de inmediato, tratar de salvar el tejido empresarial del desastre, cosa que no va a lograr su comunista vicepresidente tirando del gasto público como pendón verbenero en club de alterne. Cualquier medida eficaz deberá concentrarse por el lado de la oferta, lo que equivale a decir que se trata de reducir las cargas regulatorias, sociales y fiscales que soportan las empresas para permitirles ajustar plantilla sin coste a la mayor celeridad posible y proteger su tesorería, porque, evitando la desaparición de una gran parte de nuestra urdimbre empresarial, sentaremos las bases para una rápida vuelta al crecimiento y a la recuperación de los puestos de trabajo.

Siempre la libertad
Primero la salud, después la economía y siempre la libertad. Mientras el presidente pedía unidad (“Una unidad que nos apela a todos, al margen de siglas”), su vicepresidente convocaba una cacerolada fallida contra el rey Felipe VI. Sabemos que el objetivo de los socios de Sánchez, lo sabemos bien desde que el gañán se unció al yugo de comunistas y separatistas en la moción de censura, no es otro que acabar con la España constitucional y el régimen del 78. Erosionar la figura del Rey hasta lograr descabalgarlo, aprovechando el rastro de corrupción dejado por su padre, y provocar un cambio de régimen. Que nadie dude de que a poco que las circunstancias acompañen, y el horizonte ahora mismo no puede ser más sombrío -ciudadanos recluidos, miedo generalizado, oposición anestesiada-, comunistas y separatistas intentarán aprovechar la oportunidad para dar la vuelta como a un calcetín a la España que hemos conocido en los últimos 45 años, lograr la independencia, unos, y hacer realidad, otros, la España bolivariana a la que aspiran nuestros Ceaucescu, un proyecto al que Sánchez no haría ascos siempre y cuando le garantizaran la primogenitura.

El cierre del Congreso urdido de manera torticera por la presidenta Batet apunta en esa dirección. Como las prisas por otorgar el indulto a los golpistas en plena pandemia. Cuidar la salud, proteger la economía y oponerse a las pulsiones autoritarias de una izquierda enemiga de la democracia liberal (“La libertad rara vez vuelve a la marca de agua de que disfrutaba antes de cualquier gran crisis”, Tom Harwood en The Telegraph este jueves). Tal es la triple tarea a la que los demócratas españoles están convocados. Y a fe que habrá que salir a la calle a defenderla, flor exquisita para la que no existe seguro en el mundo, si no queremos volver a vivir algunas de las páginas más negras de nuestra historia. De modo que la tragedia del coronavirus, que al final del túnel debería servir para poner a prueba nuestra capacidad de resistencia como pueblo y sacar a relucir nuestra mejor reserva de solidaridad (“todos somos responsables de todos”, escribió Saint-Exupéry), se va a convertir al final en una prueba del amor de los españoles por esa libertad tantas veces negada. Movilizarse por la libertad, como en los peores tiempos del franquismo.

Los peores tiempos del franquismo
Nota del Editor 22 Marzo 2020

Que manía de remover el franquismo. Lo importante es saber porqué España se está dejando convertir en Españazuela.
Quienes siguen tan llenos de odio levantando frentes de la guerra civil. Porque hay tantos interesados en que nada cambie para que todo siga empeorando.
Que hay que hacer para que esto termine y no puedan repetir los mismos disparates.

Aló presidente: el discurso más tramposo de Pedro Sánchez
Rubén Arranz. vozpopuli  22 Marzo 2020

Dijo Pedro Sánchez hace unos días que para esta semana se alcanzarían los 10.000 contagiados por coronavirus en España. Hoy son muchos más: 25.000. El martes, tras la larga reunión del Consejo de Ministros, anunció la “movilización” de 200.000 millones de euros para frenar el impacto económico que generará la infección. Puro artificio, pues tan sólo una pequeña parte de esos recursos saldrá de las arcas del Estado. Volvió a alejarse de la verdad.

Las mentiras piadosas suelen servir de ansiolítico en tiempos de crisis, en especial, cuando los ciudadanos desconocen si al término de las hostilidades tendrán que seguir poniendo el mismo número de platos sobre la mesa en la que cenan. El problema es que la estrategia que ha seguido el Gobierno en estos últimos días ha sido distinta, pues las falsedades y mediasverdades que ha incluido su discurso no han ido encaminadas a tranquilizar a los españoles, sino a ocultar sus fallos de gestión.

Es cierto que la dimensión de la amenaza era difícil de predecir, pero también lo es que el Ejecutivo ha actuado de forma negligente. Ante esa evidencia, no sólo miente para maquillarla, sino que trata de adueñarse de la verdad. El pecado es doble.

Esta actitud la escenifica de forma sibilina cuando pide a los españoles “recurran a canales de comunicación fiables” y eviten leer “noticias engañosas, que provocan alarma y pánico” durante estas semanas. Básicamente, porque una de las grandes fuentes de información inexacta han sido las propias autoridades. Las que apelaron a los españoles a que se movilizaran en las marchas feministas del 8-M, con algunas decenas de muertos sobre la mesa. Las que exigieron a los españoles que permanecieran en sus casas ante el menor síntoma de infección, pero ellas mismas burlan la cuarentena, como en el caso de PabloIglesias. O, peor, las que tratan de ocultar su falta de diligencia con anuncios grandilocuentes.

Ahora van a las residencias de ancianos
Porque llama la atención que Sánchez haya adelantado este sábado -con 1.300 fallecidos y 25.000 contagiados- su intención de enviar al Ejército a las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid para desinfectarlas. O que anuncie el establecimiento de un plan nacional para la fabricación de mascarillas. Es evidente que ambas cosas debieron hacerse antes y no fue así. Por eso hay decenas de muertos en los hogares de la tercera edad y desabastecimiento de 'cubrebocas'. Los fallos de gestión y previsión son evidentes.

Estos son sólo dos ejemplos de las medias verdades que escondía el discurso de PedroSánchez de este sábado, que no estaba tan vacío de contenido como parecía, pues ha sido una enorme maniobra de justificación y ocultación del Gobierno ante los españoles. Es decir, ante personas que pueden llegar a sentir durante estos días que todo lo que han construido durante los últimos años se desmenuza como un terrón de arena.

Son tiempos complejos los que vive el país, pero, sin duda, la tormenta amainará tarde o temprano, las restricciones del estado de alarma se levantarán y la vida volverá a la normalidad. Entonces, el Gobierno deberá ofrecer explicaciones sobre imprudencias como la del 8-M o por la escasa previsión que ha demostrado a la hora de abastecer y escuchar a los diferentes eslabones del sector sanitario. La única preocupación de Moncloa debería ser ahora mismo la de controlar la pandemia. Eso implica contener el entusiasmo y la ambición de sus más conocidos propagandistas, los que alicatan los discursos y han realizado tantos intentos de imponer medias verdades y falsedades.

Sánchez está desbordado por la crisis y sus errores
Pablo Sebastián republica 22 Marzo 2020

Como nos temíamos España está a punto de sufrir una gran embestida del coranovirus en los próximos días o semanas que este Gobierno es incapaz de hacer frente porque no se ha preparado para esa eventualidad y no tiene medios sanitarios para ello por culpa de su ineficacia y falta de previsión, lo que ha sido la constante del Gobierno de Sánchez desde que estalló la crisis del coranovirus en China e Italia y este Gobierno no actuó como debió.

Ayer Pedro Sánchez, primer responsable de todo este descontrol público, reconoció que está por llegar ‘la ola más dura y más dañina’ del contagio del coranovirus en España. Y añadió que ‘necesita tiempo para preparar el sistema sanitario’, para hacer frente a esa ‘avalancha’ de muertes y de miles de nuevos enfermos y evitar el inminente colapso sanitario, que ya se atisba en Madrid,

De lo que se deduce que el Gobierno ha fracasado en la organización de la Sanidad y la preparación de las defensas sanitarias y del material necesario.

Y de lo que se deduce también que el Gobierno no ha dicho la verdad sobre la situación sanitaria del país, porque ha manipulado los datos frenando la puesta en marcha de los ‘tests rápidos’ de detección del virus porque sabían que iban a aparecer miles de contagiados y no tenían medios ni tampoco preparada la respuesta del sistema sanitario.

Y si ahora, por fin, se van a iniciar esos test rápidos, con gran celeridad, es porque el Gobierno ha descubierto que los miles de contagiados que están encerrados en sus casas están extendiendo el contagio en la vida familiar y vecinal por lo que el problema se agranda y no sabemos hasta donde ni hasta cuando.

Este Gobierno, desde el inicio de la crisis, ha actuado tarde y mal y aún se sigue equivocando. Y la única salida que vemos a esta situación consiste en la formación de un gobierno de ‘unidad nacional’ PSOE-PP (a ser posible sin Sánchez) para hacer frente a la crisis sanitaria, económica, social y también institucional que todo esto conlleva.

El Gobierno de Sánchez y de Iglesias lo ha hecho mal, ha fracasado y está dividido en su interior. Y este país necesita una alternativa cuando antes.

Porque en los próximos días España puede alcanzar la cifra de los 40.000 contagiados y superar la barrera de los 2.000 fallecidos, mientras la Sanidad se acerca al colapso y crece sin control el paro y el cierre de las empresas.

Además el Gobierno actual está dividido en su interior, y La Corona tocada y desde Cataluña continua el ataque y el desafío a España, por boca de Torra.

Y mientras el Gobierno de Sánchez parece desarbolado en todos estos frentes Sánchez e Iglesias utilizan el Decreto del ‘estado de alarma’ de la lucha contra el virus para lograr acceso a la información secreta del CNI, e incluso para poder conceder indultos a los golpistas catalanes en pleno ‘estado de alarma’.

Y no nos vamos a cansar de repetirlo por más que Pedro Sánchez, que no para de anunciar que ‘lo peor, la ola más dañina, está por llegar’ no quiera, por ahora, admitir el fracaso de su Gobierno. A día de hoy solo esa ‘gran coalición PSOE-PP puede dar respuesta firme a esta situación.

Este no es un momento propicio para la batalla política e ideológica porque no hay, como pretende Iglesias, dos puertas de salida de la crisis: bien por la izquierda -como él pregona- o por la derecha. Solo hay una puerta grande que es la del interés general de España por encima y delante de lo demás.

¿Cuál podría ser el proceso de unidad y actuación?

-Dirigentes del PSOE y del PP se reúnen en privado y tras lograr el pacto del Gobierno de ‘unidad nacional’ PSOE-PP lo llevan al Congreso de los Diputados para su tramitación y la formación del nuevo Gobierno.

-Se constituye un Gobierno de coalición de PSOE y PP, bajo la presidencia del PSOE, a ser posible sin Pedro Sánchez, y con un vicepresidente del PP nombrado por Pablo Casado (los dos no deben de estar en el Gabinete para evitar la ‘bicefalia’ ocurrida con Sánchez e Iglesias). Y con ministros de muy alta cualificación política y técnica.

-Se fijan como objetivos prioritarios: la lucha en España contra la pandemia del coranovirus, la recuperación económica y social del país y la cohesión nacional, institucional y constitucional del Estado. Para reforzar la unidad de acción, la estabilidad política y la imagen de España en el mundo.

-Se abren negociaciones urgentes entre PSOE y PP para acordar y aprobar los Presupuestos Generales del Estado con objetivos de moderación que busque un equilibrio entre el imprescindible apoyo a los ciudadanos más dañados y desfavorecidos en la crisis, y el necesario relanzamiento de la actividad empresarial. Y todo consensuado con las autoridades de la UE.

-Se anuncia un calendario del pacto de coalición por dos años, hasta finales de 2021 y prorrogable por otros dos en caso necesario. Pero si no hubiera prórroga el presidente disolvería las Cortes en enero de 2022 y convocaría elecciones generales.

-Asimismo, durante los dos primeros años de la coalición nacional se deberá proceder a una profunda y proporcional reforma de la Ley Electoral.

-En el plano institucional, se acordarán medidas para renovar los cargos del Consejo General del Poder General, el Tribunal Constitucional, la Abogacía del Estado, el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Estado y el Defensor del Pueblo. Y todo ello con criterios de cualificación y experiencia profesional.

-Y lo mismo deberá hacerse con la renovación de otras instituciones como el Banco de España, la CNMV, la Competencia, las principales Embajadas de España en el mundo y la SEPI.

La consecuencia de todo ello incluirá un horizonte de estabilidad y la buena imagen de nuestro país en la escena internacional (para la recuperación de las inversiones extranjeras y el turismo) y en el territorio nacional para la recuperación de la confianza y la cohesión nacional entre los españoles.

Confiar en PSOE y PP: ni con coronavirus.
Nota del Editor 22 Marzo 2020

Pretender que nos fiemos de quienes son culplables de la gravísima situación política de Españazuela es el colmo de la tomadura de pelo. Tenemos que quitarnos de encima a los causantes del desastre, de los que por absoluta idocia, permitienron que todo siguiera igual y los bolivarianos estén mas cerca de convertirnos en españazuela

El peligro de la autodestrucción
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  22 Marzo 2020

Sólo queda aprestarse a la batalla democrática de fondo con la conciencia tranquila del que no la ha provocado

La escena encogía el alma. En la tribuna del Congreso, Pablo Casado, muy puesto en su papel de responsable líder de la oposición, manifestaba su apoyo a la declaración de Alarma Nacional decretada por el Gobierno, ofrecía su sincera colaboración, ponía sordina a la crítica a los flagrantes errores del Ejecutivo en los días iniciales de la crisis y se mostraba, tanto en su actitud como en sus palabras, como un político sensato, constructivo y leal, que sabía poner el interés superior de los españoles por encima de cualquier tentación partidista o electoral. Pedro Sánchez, por su parte, ni le miraba ni le ofrecía gesto alguno que se pudiera considerar conciliador o agradecido por lo que estaba oyendo porque escuchar, lo que se dice escuchar, era imposible deducir que lo estuviera haciendo. Impasible, hierático, absorto en sus notas o en su móvil, su lenguaje corporal contrastaba con la deferente disposición del orador y demostraba con su gélida indiferencia rayana en el desdén que las cálidas expresiones de su oponente no le hacían mella alguna ni perforaban su armadura de aislamiento sectario.

Desgarro interno
Esta imagen descorazonadora refleja a la perfección un proceso plagado de amenazas existenciales que se desarrolla en España desde 2004 y que ha alcanzado a partir de 2015 una fase aguda que prefigura el peor resultado. Por desgracia, no es la primera vez en nuestra historia que el espectro del desgarro interno sobrevuela nuestra venerable y gran Nación dividiéndola dolorosamente en las célebres dos Españas, aparentemente condenadas a destrozarse mutuamente, cada una clavada en el barro blandiendo la quijada de Caín como en la tremenda pintura goyesca.

El infausto reinado de Fernando VII, las crueles guerras carlistas, la caótica I República, la turbulenta II República, la sangrienta contienda civil, ocasiones todas en las que una parte de nuestra sociedad se enfrentó irreconciliable con otra hasta que, ahítas de destrucción y exhaustas del combate, volvían a una tensa coexistencia hasta el próximo estallido fratricida del afán autodestructivo. Durante unos años esperanzados, pareció que la Transición quebraba esta oscura trayectoria para abrir un tiempo distinto impregnado de paz, reconciliación, orden civil, prosperidad y sustitución de la violencia irracional por el debate plural y civilizado. Acontecimientos posteriores han demostrado que se trataba para nuestro infortunio de un espejismo vano y que las subterráneas corrientes corrosivas del odio y la intransigencia estaban prestar a emerger de nuevo.

Esta resurrección de nuestros peores demonios se hizo patente durante las dos legislaturas en las que ocupó La Moncloa Rodríguez Zapatero. Su reapertura de las heridas causadas por el nefasto período 1931-1939 y las cuatro décadas de régimen totalitario posterior, así como su revanchista porfía por encerrar a la oposición liberal-conservadora dentro de un cerco sanitario identificándola absurdamente con el franquismo, traicionó el espíritu del gran pacto de 1978 y abrió de nuevo una sima entre dos bandos que habían quedado muy difuminados y que él se empeñó malvada y estúpidamente en volver a enconar. Su notorio fracaso de gestión, lógico teniendo en cuenta su falta de preparación, su superficialidad y su ignorancia, dio al PP la oportunidad de oro de rectificar este rumbo de colisión al poner las urnas en sus manos el inmenso poder representado por las dos Cámaras, trece Comunidades Autónomas y cuarenta capitales de provincia. Semejante capital político que, en manos de un estadista inteligente y patriota, hubiera sido aprovechado para enderezar el país, fue imperdonablemente desperdiciado por la indolencia, la pusilanimidad y la pasividad de Rajoy y su estérilmente laboriosa oficial mayor, que contemplaron impertérritos como la semilla venenosa plantada por Zapatero germinaba y daba sus tóxicos frutos. Pedro Sánchez es un producto de aquella siembra siniestra.

Como era de esperar, los españoles se escindieron en banderías irreconciliables y surgieron nuevos partidos escorados hacia los extremos. Ahora bien, hay un factor constante que esta vuelta a la fragmentación rencorosa ha reiterado: siempre son la izquierda y el separatismo los que rechazan las ofertas de convivencia armoniosa y, lejos de sumarse a las posibilidades de sentar bases de encuentro cuando se presentan, no cejan en su empeño de liquidar al adversario para imponer su hegemonía liberticida y excluyente. La constatación de que ni siquiera en las trágicas circunstancias que nos afligen, con una pandemia galopante que exige la máxima unidad de todos, es capaz el actual jefe de filas socialista de soltar el lastre del comunismo bolivariano y del secesionismo golpista para formar, como haría un hombre de Estado, un Gobierno de concentración nacional con las fuerzas constitucionalistas, nos empuja a la conclusión de que nada se puede esperar de los que se niegan sistemáticamente a aceptar la mano del adversario, incluso cuando nos jugamos la vida y el bienestar de nuestros conciudadanos. Sólo queda, pues, aprestarse a la batalla democrática de fondo con la conciencia tranquila del que no la ha provocado y ha hecho lo posible por evitarla.

Sánchez culpa a Madrid de forma velada y justifica sus errores: "Ahora sabemos que el virus es más dañino"
Isabel Díaz Ayuso carga a través de las redes contra la intervención del jefe del Ejecutivo por sus alusiones a la Comunidad: "No acepto que la señale como la apestada en su mitin televisivo"
Diego Molpeceres vozpopuli.es 22 Marzo 2020

Pedro Sánchez volvió a insistir este sábado en que el "deber" de todos los responsables públicos ahora es "mantener la unidad" para hacer frente a la expansión del coronavirus. En una comparecencia de una hora desde el Palacio de La Moncloa, el presidente del Gobierno dijo que ningún integrante de su Ejecutivo entrará en polémicas con responsables de otras Administraciones o de otros partidos, en alusión a las críticas de Gobiernos regionales como el de Madrid por la falta de material sanitario de protección o el de la Generalitat de Cataluña.

Tras hacer balance de la primera semana bajo el estado de alarma con el que el Gobierno ha asumido la dirección de las competencias sanitarias regionales, Sánchez pidió no "dividir" ni "flagelarse con reproches" en estos momentos por la posible falta de coordinación entre las distintas administraciones. Ante todo hay que centrarse en la búsqueda de "soluciones", sostuvo. "Si alguien polemiza, no les quepa duda, nosotros conciliaremos. Si alguien elude su responsabilidad, nosotros la asumiremos", insistió también en velada referencia al líder del Ejecutivo catalán, Quim Torra, por asegurar en la BBC que el Ejecutivo central impedía el confinamiento de los ciudadanos.

El presidente del Gobierno remarcó que en las últimas semanas el Ministerio de Sanidad ha repartido "un millón y medio de mascarillas" entre las Comunidades y dijo que en las próximas horas se llegará hasta los 2,8 millones. "El Gobierno está en no gastar un segundo en el reproche a nadie", reiteró.

En cambio, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, sí cargó de forma enérgica a través de las redes sociales contra el jefe del Ejecutivo mientras éste proseguía su intervención. "No ha dicho ni propuesto absolutamente nada que no se esté haciendo en Madrid", reprochó la líder regional. "Así que no acepto que la señale como la apestada en su mitin televisivo", añadió la dirigente del PP.

"Hemos logrado que la expansión no sea uniforme en todo el territorio español. Es en Madrid donde mayores tensiones existen para soportar la avalancha que sufre el sistema sanitario", había expuesto minutos antes el jefe del Ejecutivo. La región madrileña contabiliza ya 804 muertes de pacientes por coronavirus, lo que supone un incremento de 176 con respecto a la jornada de este viernes. Las cifras representan más del 60% de los 1.326 fallecimientos de todo el país a causa del coronavirus.

"Van a llegar días muy duros"
Sánchez también quiso subrayar que España está aumentando el número de test de diagnóstico rápido para permitir que los casos positivos puedan ser correctamente aislados. Sanidad ha adquirido ya 640.000 test de este tipo que arrojan resultados en apenas 15 minutos y que se entregarán a los centros en los próximos días. Para entonces, dijo el líder socialista, los diagnosticados y los fallecidos seguirán aumentando.

Sánchez se volvió a escudar en el criterio de los expertos científicos nacionales e internacionales y en el de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para justificar el nivel de las medidas adoptadas hasta ahora y sus tiempos de aplicación.

"En la medida en que conocemos mejor al virus, cambiamos nuestra estrategia para combatirlo", dijo tras manifestar que se ha "buscado el equilibrio en cada fase" del contagio. Pero "ahora sabemos que el virus es más dañino", prosiguió remarcando particularidades como la velocidad de propagación o una tasa de letalidad más elevada que diferencian al coronavirus de la gripe común.

Tras reconocer que se han confirmado los "peores pronósticos", el jefe del Ejecutivo señaló que el objetivo primordial de las medidas adoptadas hasta ahora es "conseguir el tiempo necesario" para evitar un colapso del sistema sanitario y contener la expansión hasta que "la ciencia encuentre tratamientos eficaces y vacunas".
"Economía de guerra"

Para hacer frente a la escasez de material sanitario de protección, Sánchez anunció que los ministerios de Sanidad e Industria están organizando la "producción nacional" de estos materiales "a contra reloj para garantizar el suministro". Así, llegó a decir que España se encuentra en una especie de "economía de guerra". "Estamos hablando con la industria manufacturera para la producción de mascarillas y material de protección que no solo lo vamos a necesitar hoy, sino cuando recuperemos el día a día", detalló.

Según Sánchez, "lo peor está por llegar". "Pondrá al límite todas nuestras capacidades materiales y morales. Y también el temple de nuestra sociedad", mantuvo tras señalar que España es uno de los países europeos más afectados. "Nos debemos preparar psicológica y emocionalmente para llegar al final de la próxima semana muy fuertes", remató.

Además de elogiar el trabajo de las Fuerzas Armadas y del personal de los servicios sanitarios y de la Administración Pública, Sánchez puso en valor la respuesta de la ciudadanía que, a su juicio, está siendo "modélica". En este sentido, pidió a los españoles que se mantengan en sus casas cumpliendo las que ha definido como unas de las "más duras" medidas de protección a nivel no solo europeo sino mundial.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Agentes que nos protegen desprotegidos
Editorial El Mundo 22 Marzo 2020

Policías y guardias civiles, con dos muertos ya, actúan sin apenas medidas de seguridad.

Son días de reconocimiento a tantos profesionales que se están dejando la piel por todos nosotros en la lucha contra el coronavirus. Los ciudadanos aplauden cada tarde a los sanitarios por su heroísmo, el mismo que demuestran otros esforzados trabajadores como los miembros de las fuerzas de Seguridad. Lo grave es que desempeñan su imprescindible labor sin prácticamente medidas de protección, a pesar del peligro que soportan y que les convierte, como al personal sanitario, en profesionales con alto riesgo de poder ser contagiados. Se entiende, por tanto, el fuerte malestar en el seno de las distintas policías con el Ministerio del Interior, que no parece haber desarrollado ningún protocolo ni haber previsto estas semanas atrás semejante situación de desprotección.

En las últimas horas, hay que lamentar la muerte por coronavirus de dos miembros de la Guardia Civil. Que se sepa, no tenían patologías previas y se trata de dos hombres jóvenes, fuertes y en buena forma física. Esto último conviene destacarlo para subrayar la virulencia de esta pandemia, lo que exige a toda la población, también la más joven y sana, no bajar un ápice la tensión en las medidas de confinamiento. Hay también contabilizados ya unos 160 guardias civiles y policías infectados. Uno de los fallecidos ejercía labores de traslado de presos. Precisamente, los agentes y funcionarios de prisiones encaran una situación extraordinariamente complicada, que se va a agravar mucho, como ha ocurrido por ejemplo en Italia. En las cárceles, las condiciones de salubridad no son las óptimas ante una epidemia así y los trabajadores tienen que lidiar con contagios entre los reclusos y con condiciones de enorme estrés añadido, a veces por las condiciones de salud mental de algunos reclusos. De ahí que sea tan urgente la toma de decisiones por parte del equipo de Marlaska. En medio de tantas dificultades, reconfortan gestos tan emocionantes como el homenaje de la Ertzaintza a guardias civiles en Vitoria por los dos fallecidos.

Así se ha aprovechado el nacionalismo del Covid-19 para intensificar su guerra contra España
Ni siquiera la pandemia ha frenado la propaganda del nacionalismo catalán contra España o las burlas hacia los fallecidos en Madrid.
Cristian Campos elespanol 22 Marzo 2020

1.Mentiras en la BBC
La BBC entrevista a Quim Torra, con el exótico criterio periodístico habitual en los medios anglosajones a la hora de informar sobre España, y este vocea una de las mentiras más ruines de todas las que se han podido escuchar durante las últimas semanas: España no ha ordenado el confinamiento de los ciudadanos en sus casas, como a él le gustaría.

La BBC no contrasta el dato, puesto que este encaja a la perfección en sus prejuicios, y el resultado es un clavo más en el ataúd del prestigio internacional de España por cortesía de ese nacionalismo catalán con el que Pedro Sánchez volverá a negociar en la mesa de diálogo cuando todo esto pase.

2. De Madrid al cielo
La exconsejera fugada de la Justicia Clara Ponsatí se burla de los cientos de fallecidos de Madrid con la frase "de Madrid al cielo" y a las pocas horas rectifica para asegurar que la habíamos entendido mal. Ni que hiciera falta un master en semiótica para entender el chiste.

3. Con el odio por bandera
Andreu Barnils, tertuliano de TV3 y colaborador de diarios nacionalista como Ara y Vilaweb, sigue la senda trazada por Clara Ponsatí y se burla de los muertos madrileños con la frase "madrileños muriendo a ritmo de récord" y la etiqueta "el virus sí entiende de territorios". Dada la ideología de Barnils, muchos en las redes sociales todavía siguen preguntándose a día de hoy si el mensaje era un dato estadístico descontextualizado con mala intención o más bien un grito de euforia.

4. No hay dos sin tres
Y como no hay dos sin tres, esta vez es el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, el separatista Joan Canadell, el que se burla de los fallecidos de Madrid con la frase "la España vaciada".

5. Llamando al delito
Mireia Boya, exdiputada de la CUP, se apodera de la centenaria bandera de la insolidaridad nacionalista y carga contra los españoles sugiriendo a los "empresarios con material de protección sanitario" que lo escondan de la Guardia Civil y lo hagan llegar a los hospitales catalanes. Algo que a día de hoy no sólo es delito, sino también ruin.

6. Caceroladas contra el virus
En medio de la peor crisis sanitaria en décadas, con los hospitales saturados y la economía en grave riesgo de desplome, la principal preocupación de la alcaldesa de Barcelona era convocar una cacerolada contra la Corona. Colau tuvo su cacerola, tal y como deseaba, y al día siguiente el virus siguió su camino, aparentemente inmune a las hondas convicciones republicanas de la alcaldesa, por las calles y los hospitales de Barcelona.

Se sospecha que la próxima idea de la alcaldesa de Barcelona para luchar contra el virus pudiera ser la de convocar una cacerolada contra el capitalismo. Y si esa contundente medida también falla, Colau siempre podría esgrimir el arma definitiva contra el Covid-19. Convocar una nueva manifestación feminista como la del 8M.

7. "Antes infectada que rota"
Eso decía el prófugo de la Justicia Carles Puigdemont desde su refugio en Bélgica. "Su concepción del federalismo es '¡virus para todos!" decía el huido en referencia al Gobierno de Pedro Sánchez, aunque sin que llegara a quedar muy clara la relación entre federalismo y pandemia. "¡Antes infectada que rota!", añadía luego.

8. Tosiendo en la cara de los soldados españoles
El concejal de la CUP en el Ayuntamiento de Vic Joan Coma i Roura animó a los catalanes a toser en la cara a los soldados del Ejército español enviados a Cataluña para ayudar en las tareas contra el virus. La ocurrencia se califica sola.

9. "Ignorancia de la ciencia"
La consejera de Presidencia y portavoz del Gobierno autonómico catalán, Meritxell Budó, afirmó durante una entrevista en RAC1 que "Pedro Sánchez ignora la ciencia y la evidencia". "Sánchez fue más contundente hacia las autonomías que hacia el virus" añadió luego, para finalmente arremeter contra "el foco de Madrid", que se ha convertido ya en la obsesión por antonomasia del nacionalismo catalán durante las dos últimas semanas.

10. Las amenazas de Toni Albà
El colaborador de TV3 Toni Albà no es el catalán más sosegado que hayan visto los siglos, pero hasta para sus estándares habituales lo de amenazar con denunciar al Periódico de Cataluña por una foto del metro de Barcelona supera todos los parámetros. La foto, por cierto, era real y se correspondía con la información proporcionada por el diario.

11. Llamadas en español
Que el Hospital de Bellvitge, en Hospitalet de Llobregat, España, lance avisos llamando a los vecinos a quedarse en sus casas en español es considerado por algunos catalanes como un atentado a no se sabe bien qué. "¿Alguien sabe quién lo organiza y por qué han escogido esta lengua?" dice un aspirante a comisario, seguramente desconocedor de que "esta lengua" es el idioma propio y de identificación de una amplia mayoría de los catalanes, a mucha distancia del catalán.

Pero no acaba ahí la cosa. Porque no tarda en aparecer por el barro el fotógrafo Jordi Galderic para deducir el motivo de la afrenta. Si los avisos se emiten en español es porque los catalanes, que por lo visto no son españoles sino japoneses, ya están en sus casas "como seres inteligentes" que son.

La Cataluña nacionalista está ahí, resumida en esos dos mensajes de odio hacia el español y los españoles.

12. "Los garrulos del Mercadona"
En la Cataluña nacionalista los ciudadanos hacen cola ordenadamente frente a la puerta de la cadena de supermercados autóctona Bonpreu. Mientras, en la España profunda, los "garrulos" corren por los pasillos como monos, se chocan los unos con los otros y braman de forma amenazadora junto al palé del papel higiénico.

13. 155
¿Es posible relacionar el artículo 155 de la Constitución con la epidemia de Covid-19? No para una inteligencia convencional. Sí en la cabeza de Jordi Puigneró, consejero de Políticas Digitales del Gobierno regional, que es capaz de eso y mucho más.

14. Dinero para los líderes del procés
Nunca es mal momento para pedirle más y más dinero a los catalanes para la caja de solidaridad, el fondo con el que los líderes del procés financian sus pleitos con la Justicia. En plena epidemia, no han sido pocos los políticos y líderes civiles nacionalistas catalanes que han dedicado parte de su tiempo a pedir más y más donaciones. Entre ellos, la diputada en el Congreso de los Diputados Marta Rosique y la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie.

Es de suponer, dado lo inoportuno de la petición, que la mencionada caja debe de estar bajo mínimos y las finanzas de alguno de los líderes del procés, en las últimas.

15. Y mucho más

El tuitero Jordi Salazar ha dedicado parte de su tiempo durante los últimos días a recopilar los mensajes "más miserables" del independentismo a raíz de la epidemia de Covid-19.

"Soy español, ¿de qué quieres que te infecte?" dice una habitual de las redes sociales.

"De Madrid al infierno" dice otro.

"Ahora que el Ejército español está asesinando catalanes" brama un tercero.

Carod-Rovira, el de la reunión con ETA en Perpiñán, se lanza al conspiracionismo y ve gigantes allí donde sólo hay molinos.

Lluís Llach acusa al Gobierno de dar un golpe de Estado.

El fotógrafo Jordi Borràs acusa al Ejército de querer blanquear su imagen desinfectando Cataluña. Imagen que, por cierto, han ensuciado él y otros muchos como él.

Josep M. Mainat aprovecha para pedir que se declare la independencia. Qué otro momento mejor que este, desde luego.

Neus Matamala, hija del conocido empresario amigo de Puigdemont, le dice a la socialista Eva Granados que su partido tiene "las manos manchadas de sangre".

Otros no tan conocidos desean, más ambiciosos que los anteriores, que se mueran todos los españoles.

El hilo es aterrador. Síganlo para saber lo que es el catalanismo.


Recortes de Prensa   Página Inicial