AGLI Recortes de Prensa   Lunes 23  Marzo  2020

Sánchez, sonado
EDITORIAL Libertad Digital 23 Marzo 2020

Buena prueba de que el Gobierno es un hatajo de advenedizos arrasados por las circunstancias es la comparecencia sabatina de Pedro Sánchez para no decir absolutamente nada de interés. En pleno estado de alarma, consumió treinta y cinco interminables minutos para no ofrecer el menor dato relevante ni anunciar medida de fuste alguna. Su intervención se centró en menospreciar la ingente labor de la Comunidad de Madrid y trasladar su propia responsabilidad al conjunto de la sociedad, a la que animó a luchar contra la pandemia como si el Gobierno no fuera el máximo responsable de su inaudita expansión.

Sánchez llegó al bochornoso ridículo de presentar como éxitos la disminución de delitos callejeros o el aumento del uso de internet, cuando toda España se encuentra sometida a confinamiento, lo que da una idea de la utilidad del Aló Sánchez que Iván Redondo se habrá sacado de la manga para tratar de detener una oleada de críticas que amenazar tornarse en tsunami.

Las acusaciones del incompetente Sánchez al Ejecutivo madrileño, al que está privando de los medios más elementales para luchar contra el coronavirus, fueron una bajeza infame que indignó con toda justicia a Isabel Díaz Ayuso y su equipo, máxime cuando Sánchez reclama cada día el apoyo de todos los Gobiernos autonómicos y todas las fuerzas políticas, en un patético intento de acallar las merecidísimas críticas que está recibiendo su Ejecutivo. Un Ejecutivo cuyo vicepresidente, en lugar de trabajar para poner remedio a las gravísimas consecuencias de sus calamitosas decisiones, incita a la participación en repulsivas caceroladas contra la Monarquía.

El descrédito es de tal calibre que Sánchez infligió a la ciudadanía una nueva comparecencia televisiva en la tarde del domingo, para tratar contener la hemorragia de credibilidad de su Gobierno. De nuevo, una comparecencia inane.

Sánchez está sonado. Sánchez ni sabe qué hacer ni tiene un equipo gubernamental y técnico que le permita sobreponerse. Sánchez es un problema que la España confinada de los 1.700 muertos (y subiendo) no se puede permitir. Estamos en las peores manos en el peor de los momentos.

Qué poca vergüenza
Javier Somalo Libertad Digital 23 Marzo 2020

Deseo por encima de todo que lleguen señales de menos muertes, de avances en la vacuna, de respiro en las heroicas UCI. Pero no puedo evitar la crítica hacia los que no están colaborando o están confundiendo la realidad.

Good morning, Vietnam:
Muy por encima de la crítica al Gobierno deseo que se frene esta endemoniada pandemia. Pero me resulta imposible no politizarla después de ver y escuchar al presidente del Gobierno de España en una comparecencia que ha superado todos los límites de la incompetencia, la estulticia y hasta la crueldad. Por más esfuerzo que he hecho, no puedo renunciar a la crítica. Dejo para el final algunas de las palabras de Pedro Sánchez porque si las reflejo antes corro el riesgo de disuadir de la lectura.

No estábamos preparados para esto porque hemos anulado al individuo. Y con él, a la idea, al impulso decidido, a la genialidad, al esfuerzo en solitario que siempre acaba en beneficio colectivo. Lo que hace el individuo fuera del rebaño, aunque sea para su bien, es considerado sospechoso y más aún desde que campa por el poder ese virus político con formas humanas que es el comunismo. En nuestro caso, Pablo Iglesias, marqués de finca con pingües privilegios sobre su clase obrera, pero también su mutación amorfa –de izquierdas o derechas– que, en Cataluña, aprovecha hasta una tragedia como la que nos ha tocado vivir para culminar su basurienta misión. Todo ese mal nos lo ha traído Pedro Sánchez y, en ocasiones, cunde demasiado el mal ejemplo.

Si ayuda Amancio Ortega, los medios le sacan de inmediato que planifica un ERTE. Ya antes le sacaron las tripas por donar millones de euros para tecnología hospitalaria contra el cáncer. No permiten que el individuo destaque sobre la tribu aunque sea beneficioso porque –piensan– algún motivo oculto tendrá… que aplaque mi envidia. Pues la Historia de la Humanidad está repleta de gestas capitaneadas por individuos. También de desastres. Paradójicamente, sucumbimos a los caudillos y a muchos imbéciles iluminados pero solemos ajusticiar implacablemente a los filántropos.

Las radios y televisiones comerciales, las privadas, piden ayudas públicas al Gobierno aunque los hospitales estén sin mascarillas, batas o guantes. Esta casa también necesita ayuda pero se la está pidiendo a los oyentes que libremente la escuchan y leen y que libremente deciden si quieren ayudar –¡gracias!– como lo están haciendo. Lo mismo que nuestros colaboradores, que arriman el hombro al extraordinario trabajo de todos. La crisis económica de 2008 nos arrojó a una realidad distinta en la que hubo que recalcular nuestras posibilidades. La crisis que padecemos hoy, se lo está recordando a los nunca han querido notarlo en sus negocios porque el Estado siempre impedía sus tropiezos. No hay ayuda pública posible si no es para destinarla, en este momento, a detener la muerte y después, a levantar el país. Y nuestro presidente del Gobierno apenas sabe cómo empezar.

Mil batallas en Madrid
Quedan todavía algunos metros de vía para frenar: están en Madrid aunque sea la capital con más tragedias. Hay buenas ideas, decisiones firmes y colaboración entre lo público y lo privado en busca de todo aquello que sea útil. Todo es posible y necesario. IFEMA, el recinto ferial que siempre se asocia a eventos empresariales, exposiciones y ocio es ahora un hospital de campaña por iniciativa de la Comunidad de Madrid con el apoyo del Ejército: 1.396 camas para empezar, pero con la intención clara de llegar a la 3.000 y la posibilidad de alcanzar las 5.000 si la situación lo requiere. Los enfermos con sintomatología más leve podrán ser derivados de inmediato de otros hospitales para aliviar la carga. Pero también se habilitarán muchos puestos de UCI. ¿Les llevaremos al menos mascarillas, guantes y batas o seguiremos dando palos al aire desde un atril tratando de asomar una lágrima que no brota ni por autocompasión? Madrid instó a cerrar las peluquerías y se rectificó. Madrid eliminó el aparcamiento regulado en las cercanías de hospitales. Madrid se sirvió de establecimientos privados para que no se pierdan las becas de comedor de los colegios. Madrid ha montado un hospital de campaña… Se hacen cosas y no se pierde tiempo ni para anunciarlas. Habrá una tragedia pero también hay alguien haciendo algo.

Los modelos matemáticos –en ningún caso son previsiones– que se usan para crear escenarios de posible colapso en hospitales sitúan el pico de la epidemia más allá de mediado el mes de abril. Esos modelos, útiles para adelantarse a los acontecimientos, no tienen en cuenta variables humanas de comportamiento ni golpes decididos encima de la mesa como el que ha dado Madrid. El confinamiento y la higiene concienzuda son una barrera contra el virus, nuestra mejor muralla defensiva para proteger a los que saben cómo acabar con él en primera línea. Pedro Sánchez no esté entre ellos y no me alegra.

Necesitamos a las personas en sus puestos y en todos los frentes. Desde casa, siempre, todo aquel que pueda; fuera de ella, los justos y necesarios y siempre bien protegidos para sí y para los demás. La prioridad son los hospitales.

Hoy, más que nunca, estamos viendo lo necesarios que somos todos, cada individuo, cada idea, cada decisión. Y lo urgente que es que al frente del Estado haya un líder de verdad, capaz de dar salida al ingenio, a la heroicidad, a la generosidad. Uno que, al menos, sea puntual en sus comparecencias y tenga algo que anunciar.

La comparecencia de la vergüenza
Como siempre, llegó tarde sobre el anuncio aunque no tuviera nada que decir. Quizá esa tardanza sea necesaria para filtrar las preguntas de la prensa y lanzar sólo las que no molestan demasiado y sean acordes al vacío presidencial. No hubo respuestas y faltaron preguntas: ¿Se prorrogará el confinamiento al que estamos todos dispuestos?, ¿se va a ampliar algún hospital?, ¿qué hay de los test, de los equipos necesarios para el personal sanitario?, ¿hay prevista alguna medida especial sobre movilidad en Madrid? ¡Qué, cómo, cuándo, dónde! Nada.

"Hay que conseguir tiempo, ganar tiempo", dijo varias veces el presidente que siempre llega tarde a todo. "Somos el tiempo que respiramos", acertó a leer, como hacía Zapatero cuando parecía poseído. No encuentro palabras para describir la enorme frustración que me produjo escuchar a un presidente que no hizo un solo anuncio, que nos metió más miedo en el cuerpo del que necesitamos y que llegó a presumir de su gestión intentando sin éxito que le temblara la barbilla.

Sánchez dice haber aprendido cosas como que el gasto en Defensa "no es un gasto superfluo", quizá porque le están sacando muchas castañas del fuego con la profesionalidad de siempre. Pero no nos engañemos, ni eso ha aprendido. Un militar jamás demostraría la debilidad de un presidente que, dirigiéndose a la nación, se limita a pedir "que nos preparemos psicológicamente y emocionalmente" porque "lo peor está por llegar". Si se refiere a él, lo estamos. Porque hay que estar muy preparado para escuchar a un presidente decir que hará "todo lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta" sin saber qué, cuándo, dónde y cómo. Tuvo hasta la desfachatez de apuntarse como propio el hospital de campaña de IFEMA.

Al no poder ofrecer un solo anuncio, Sánchez leyó datos –con un grado de detalle que provocaba arcadas– sobre "entretenimiento" y consumo de ancho de banda en internet. Según parece, somos líderes en eso y significa que la gente está en casa. Si lo somos, tampoco es gracias a él. Hasta nos dijo que "hay menos delitos". Le faltó añadir que la gente ya no abuchea a los árbitros en los estadios.

Mi paciencia se agotó cuando aludió a la "indisciplina" de los que "rompen con las normas de confinamiento o fabrican bulos o acaparan bienes y productos frenéticamente". Lo dice Sánchez, el presidente que esconde su cuarentena y se ve obligado a consentir la violación también a su vicepresidente por el mismo motivo. El que animó a ir a una manifestación sabiendo que el virus ya estaba aquí. Lo dice un señor que vive en el Palacio de la Moncloa y no hace cola en el supermercado con una mascarilla vieja de bricolaje o unos guantes de gasolinera, para volver con la compra a un piso de 60 metros con dos o tres hijos, sin perro y con el paro –y el virus– saludándole cada mañana.

Antes de que las náuseas me impidieran tomar más notas acerté a escuchar otra frase: "Cuando todo pase, que pasará, y volvamos la vista atrás sabremos si fuimos generosos y valientes".

Yo ya sé quién no lo fue, no tendré que mirar atrás.

Son casi las diez y media de la noche del sábado 21 de marzo. Fin de la vergonzosa comparecencia.

Good night, Vietnam.

Del CoronaSánchez y otros virus
Rafael L. Bardají Libertad Digital 23 Marzo 2020

Del Covid-19 (aunque nosotros debiéramos llamarlo Covid-8M), acabaremos saliendo; tocados, pero no hundidos. Del CoronaSánchez nos va a costar algo más.

Como sociólogo, sé que no hay causa directa y efecto, pero como fotógrafo lo que veo es que ha sido llegar al poder el socialcomunismo y en España hemos pasado a tener colas ante los supermercados, se nos restringe la libertad y se nos promete enfermedad y muerte. Es como si hubiéramos importado Venezuela aceleradamente. Pero no, ni en sus mejores sueños Pedro (Sánchez) y Pablo (Iglesias) lo hubieran logrado por sí mismos. No son tan listos ni tan hábiles, a pesar de su maldad. De hecho, si España está donde está ahora mismo, encerrada en casa y muriendo en los hospitales, se debe más a su estupidez e irresponsabilidad que a un plan maestro. Pero no por ello son menos culpables. Y, desde luego, si la oposición no espabila, hará que esta crisis les beneficie y acaben culminando el cambio de régimen que tanto codician.

Doctores de la muerte
Libre de control parlamentario, con las llamadas a la unidad nacional y la condena de toda crítica, Pedro Sánchez ha convertido la televisión pública en la versión monclovita del vergonzoso Aló Presidente bolivariano. Pero antes de sus tediosas y vacuas comparecencias de este fin de semana el Gobierno, último responsable de la gestión política de una nación, se ha escudado en unos supuestos técnicos, en cuyos supuestos juicios ha basado su también supuesta estrategia, y en cuyas manos ha abandonado su responsabilidad de informar debidamente a los españoles. Fernando Simón y su afirmación del 31 de enero de que "España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado" pasarán al Guinness de los Récords de la estulticia, lo cual no tendría más relevancia si no fuera por la grave irresponsabilidad de que él era –y sigue siendo– el director del Centro de Coordinación y Alertas Sanitarias. Esto es, quien tenía que estar llamando la atención de los gobernantes y de la población en general. Quien quiera justificar su desconocimiento, debería chequear sus apariciones públicas, pues todavía el 23 de febrero afirmaba con rotundidad: "En España ni hay virus ni se está transmitiendo la enfermedad". No sólo era el mismo día en que Italia bloqueaba diez ciudades de la Lombardía, sino que ya había habido un fallecido en Valencia (13 de febrero). Pero el Gobierno y los máximos responsables de Sanidad no lo sabían.

Mientras en Italia avanzaban hacia el confinamiento de cada vez más zonas del norte del país, aquí Sanidad decía que las personas que hubieran estado en zonas de riesgo y no tuvieran síntomas siguieran con su vida normal. Y eso que ya se conocía que el virus tardaba en incubarse de 2 a 14 días y que los contagiados asintomáticos podían perfectamente infectar a los demás. Por eso no es de sorprender que Simón, el 28 de febrero, ya con 41 contagiados en España, dijera: "El riesgo está perfectamente delimitado, no es un riesgo poblacional". Claro que el ministro de Sanidad, Illa, había declarado a España zona libre de virus tras el alta, unos días antes, de dos positivos (un alemán en La Gomera y el miembro de una familia británica de vacaciones en Mallorca).

En fin, trágico fue ver a la subdirectora general de epidemiología reconocer que no tenía ni idea de que el Valencia había viajado a la zona de contagio en Italia… porque no le gusta el fútbol. Mientras, el 112 valenciano no dejaba de sonar con personas que presentaban síntomas del coronavirus.

Pero nuestros doctores de la muerte, esos que ostentan cargos que dependen del Gobierno, siguieron erre que erre. Mientras el confinamiento en China parecía ir dando resultados y en Italia se cerraban colegios, aquí nuestros especialistas gubernamentales decían cosas como que "cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría" (Simón, 4 de marzo), en lo que se podía interpretar como una crítica a la Comunidad de Madrid, que ya había anunciado dicha medida.

El colmo llegaría el 7 de marzo, cuando Simón, preguntado sobre la asistencia a las concentraciones feministas del día siguiente, contestó impasible: "Si mi hijo me pregunta si puede ir a la manifestación del 8-M, le diré que haga lo que quiera". LA OMS, a la que tanto recurren ahora para justificar su inacción, ya estaba preparando la declaración de pandemia mundial y pedido que no se permitieran actos de masas. Como también lo había reclamado el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades una semana antes.

Políticos enterradores
Feministas como la ministra Carmen Calvo, quien decía el 7 de marzo que a las mujeres "les iba la vida" en la manifestaciones del 8-M, nunca se pudieron imaginar lo literal de sus palabras. Seguramente, para los miembros del Gobierno, cuya obsesión había pasado de la exhumación de Franco a la declaración del estado de emergencia climática (sí, hay que recordarlo: el Consejo de Ministros del Reino de España declaró el 21 de enero la emergencia climática y ambiental, muestra de sus preocupaciones y prioridades), el bichito ese del pangolín chino no era nada. Pero hay que ver hoy las fotos de la cabecera de aquella manifestación de Madrid y empezar a contar los contagiados, desde la pareja del vicepresidente Iglesias a la mujer del presidente, pasando por alguna otra ministra e incluso la propia madre de Sánchez…

Ahora que sus voceros dicen que Sánchez hizo lo que estaba haciendo Trump porque poco tienen donde agarrarse, cabe recordar que el presidente americano había cerrado las fronteras de EEUU a los chinos el 31 de enero, y el 11 de marzo, justo tres días después del 8-M, hacía lo propio con los países del Espacio Schengen. Lo sé bien porque tuve que improvisar una ruta alternativa para poder llegar a EEUU sin problema, por causa mayor y sabiendo que era negativo, eso sí. Israel, al que luego volveré, también había adoptado la misma medida. Pero aquí, a pesar de que Roma no permitía vuelos a Milán, se dejó que miles de italianos llegaran a nuestro territorio y que los españoles continuaran viajando a la Bota sin control alguno ni a la llegada ni a la salida. Aún peor: cuando por fin se interrumpieron los vuelos con el norte de Italia, no se hizo nada para frenar la picaresca, y soy testigo de cómo un grupo de mejicanos llegados a duras penas a París desde Italia embarcaban en un avión rumbo a Madrid sin que nadie dijera o hiciera nada. Supongo que a eso es a lo que se refiere Pedro Sánchez cuando canta eso de que "el virus no conoce de fronteras".

Paréntesis israelí
A comienzos de febrero, por razones profesionales, hube de desplazarme a Israel. Tuve que demostrar que no había estado en China en las dos semanas previas. Israel ya había prohibido los vuelos con China, para disgusto del Gobierno de Pekín y a pesar de la fuerte relación económica entre los dos países. Días después, Jerusalén impondría una cuarentena obligatoria para los españoles que llegaran a su territorio.

Pero no cuento esto por relatar mi vida viajera. Lo digo porque allí fui testigo del despliegue de varias iniciativas privadas, pero alentadas desde el Gobierno, para enfrentar una epidemia cuyo único imaginario parece la película World War Z. Lo que aprendí, algo muy básico, podría haber evitado muchos de los males que nos aquejan hoy, desde fallecimientos masivos a confinamientos nacionales.

Mientras que aquí se negaba el valor de los tests (en contra de las recomendaciones de la OMS y de la mera lógica), en Israel se veían como una pieza clave para cualquier estrategia de contención. El Gobierno español ha usado el concepto estrategia de contención como sustitutivo de política de información, y que ésta básicamente se ha reducido a decirle a la ciudadanía: "Vigílate". Pues bien, en Israel detectar a un portador, sintomático o asintomático, se veía como la primera pieza para poder rastrear el virus. Una vez conocidos los portadores, y con quiénes habían interaccionado, se podría aislar a las potenciales nuevas víctimas. Como bien dice el doctor Gregory House, todos los pacientes mienten, así que, en vez de recabar información sobre los movimientos de los portadores, los israelíes trabajaban para obtener una información totalmente fiable vía geolocalización, esto es, reconstruyendo los movimientos de los mismos a través de sus teléfonos móviles. Es más, con las tecnologías actuales, se podía localizar todos los teléfonos que hubieran estado a una determinada distancia de los infectados. Si se actuaba pronto y rápido, se podría aislar a los enfermos sin tener que poner en cuarentena a toda la población y poner en peligro la economía nacional.

El 26 de febrero, el Ministerio de Sanidad israelí empezó a probar del sistema. El mismo día, mis amigos me ofrecieron llevar el sistema a España. Al día siguiente lo comuniqué a responsables de Sanidad de distintas comunidades autónomas, pero aún estoy esperando contestación. Soy consciente de los problemas con la férrea ley de protección de datos que un sistema así conlleva, pero ¿se trata de una emergencia nacional o no?

Ahora que padecemos una pandemia absolutamente descontrolada, quizá ya no sea significativo, pero puede que un sistema así pueda prevenir repuntes una vez que, dentro de nadie sabe cuánto, reduzcamos las urgencias.

El virus antidemocrático
No conozco ningún otro país donde un vicepresidente se la salte a la torera una cuarentena para asistir a un Consejo de Ministros, con la idea de imponer medidas de corte comunista, como amplias nacionalizaciones y censura generalizada. Aún más grave: retrasó durante horas vitales la adopción de medidas que podrían haber paliado la arribada de enfermos a los hospitales. Podemos se ha lanzado en tromba a criticar lo privado para imponer su agenda estatalista, negando la evidencia: si no fuera por personas generosas como Amancio Ortega o Juan Roig (y muchos otros anónimos), España habría colapsado hace días. Ya lo ha escrito aquí Federico Jiménez Losantos sobre esa acción comunista por naturaleza que es la requisa: "Se queda con todo y no sabe qué hacer con nada". El ataque constante a la sanidad privada es inmoral y raya lo delictivo. Pero eso no les inmuta. Cierran el Parlamento arbitrariamente; aprovechan el decreto de emergencia para colocar a Iglesias en la comisión de control del CNI; y mientras la Agencia Tributaria nos recuerda que no podemos saltarnos los plazos del pago de impuestos so pena de multazo, son capaces de conceder a los separatistas condenados un indulto encubierto a causa del coronavirus.

Los adalides de la transparencia, falsos como en todo, son incapaces de mostrarnos los estudios científico-técnicos sobre los que dicen estar basando sus decisiones. Ni siquiera plagiados. Hasta para eso son inútiles. Si alguien quiere saber algo sobre la epidemia, tiene que recurrir a la información que sí ofrecen otros Gobiernos. De lo que solo sabe hablar este Gobierno irresponsable es de que no se le debe criticar. Mucho me temo que, si los partidos constitucionalistas que quedan no espabilan, pronto llegaremos al punto en que no podamos criticarlo.

El coronavirus es una desgracia, amplificada por la ineptitud, la irresponsabilidad y –sí, también– la maldad de quienes nos gobiernan. Del Covid-19 (aunque nosotros debiéramos llamarlo Covid-8M), acabaremos saliendo; tocados, pero no hundidos. Del CoronaSánchez nos va a costar algo más.

Un ministro nefasto
Sergio Alonso larazon 23 Marzo 2020

El Ministerio de Sanidad ha jugado un papel nefasto en esta crisis. Cierto es que nunca antes en los últimos cien años España había afrontado una pandemia como la de de ahora, pero también lo es que nunca antes tampoco, ni siquiera durante la crisis de la colza o la desatada con ocasión de las «vacas locas», un departamento clave como éste había obrado de forma tan errónea en la mayor parte de las actuaciones desplegadas.

Por mucho menos, a Celia Villalobos se la crucificó. El cúmulo de desatinos es de tal magnitud y la respuesta tan tardía, que resulta sorprendente que la cúpula del Ministerio, con Salvador Illa a la cabeza, permanezca en el cargo. La cadena de indecisiones y decisiones erróneas arranca a finales de enero, cuando el coronavirus golpeaba con fuerza a China y había saltado ya al viejo continente, con la primera infección confirmada en ciernes en nuestro país.

El director del Centro de Coordinación de Alertas del Ministerio, Fernando Simón, aseguraba entonces que España no iba a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Todo ello, a pesar de los preocupantes datos que llegaban de Asia y de la alerta de algunos especialistas del Instituto de Salud Carlos III, que empezaban a mostrar su inquietud en pequeños círculos. Ayer, el parte de esta guerra infravalorada por el Gobierno en sus orígenes arrojaba un saldo que superaba los 28.500 infectados y los 1.720 muertos. Y lo peor está por venir.

¿Qué credibilidad le queda a Simón? Ninguna. La política de restar importancia a una crisis, errónea siempre en Salud Pública, no se detuvo entonces, sino que siguió. El Gobierno cuestionaba la suspensión del Mobile mientras las compañías huían despavoridas ante lo que se avecinaba. La emergencia existía, pero para el Ejecutivo era la climática, no la sanitaria. En febrero, las alarmantes informaciones llegadas del exterior empujaron al Centro de Alertas a elaborar un documento técnico que sirve de guía para gestores y facultativos.

Pese a la gravedad de la enfermedad y al nutrido grupo de expertos con que cuenta el Carlos III, el Centro avaló la participación de cinco residentes en su elaboración y actualización. ¿No hubiera sido mejor contar con especialistas de máximo nivel? Algo así debió de parecerle al Ministerio, porque en la segunda actualización, ya de mediados de marzo, los autores no salían. A principios de dicho mes, Sanidad ordena centralizar la compra de posibles materiales necesarios en el Ingesa, un cementerio de elefantes que actuó al principio al ralentí.

Desde luego, no al ritmo que se necesitaba, como demuestra hoy la falta de equipos en toda España. Equipos que salvan vidas, no se olvide. El sumun de la negligencia fue autorizar la celebración de partidos como el Madrid-Barcelona y, sobre todo, las concentraciones feministas del 8 de marzo. Apenas tres días antes, el 5 de marzo, con tres muertos y 282 casos, Pedro Sánchez anima a llenar las calles y el día 7, Simón también lo hace, ante el silencio de Salvador Illa, que ya sabía entonces que los organismos de salud europeos y la OMS desaconsejaban las agrupaciones de personas.

Francia lo hizo. España, todavía no. ¿Resultado? el virus se expandió el 8-M, con miles de personas en las calles. El 9, Illa dice que la situación ha empeorado y cuatro días después, se decreta el confinamiento con peluquerías abiertas. ¿Cuántas muertes se habrían evitado si este confinamiento se hubiera dictado 20 días antes? Muchas, que nadie lo ponga en duda.

Es necesario hacer relevos en Sanidad
Editorial larazon 23 Marzo 2020

Estamos preparados para lo peor. Ayer, Pedro Sánchez volvió a insistir en el mismo mensaje: lo peor está por llegar. La sociedad es consciente de ello. Sólo basta asomarse a la ventana para saber que el país está confinado, la economía paralizada y sólo los servicios sanitarios siguen en pleno funcionamiento, además de otros imprescindibles. El presidente del Gobierno anunció ayer que se prolongará por quince días más el estado de Alarma, con las medidas de intervención pública que supone. Sin embargo, pese a la grave situación en la que nos encontramos, cabe preguntarse si realmente las autoridades sanitarias al frente de esta crisis están haciendo todo lo que está en sus manos. Llevamos dos semanas asumiendo que «lo peor está por llegar», pero a la opinión pública no nos llegan ningún otro mensaje. Hemos perdido 45 días minusvarolando la situación.

Los hechos están corroborando que el Gobierno va por detrás de los acontecimientos, que cuando anuncia el aumento de casos, éstos han sobrepasado las previsiones. Cuando se dijo que las UCI quedarían colapsadas, algo que por lo visto todo el mundo sabía, no se puso remedio alguno. La UME fue movilizada a destiempo y la Sanidad Militar todavía no ha tomado posición, a pesar de la celeridad con la que se han montado hospitales de campaña en Madrid de manera especial por la virulencia de la epidemia, o la intervención en control de calles o tareas de desinfección en espacios públicos. Asumimos que el asesor científico del Gobierno, Fernando Simón, era la persona indicada por su experiencia para afrontar la tarea de comunicación. Sin duda, transmitió tranquilidad; otra cosa es que su eficacia comunicativa se correspondiese con la realidad. Habíamos asumido que la progresión de la epidemia era imparable y que, por lo tanto, cualquier mal podía ser aceptado como irremediable, de manera que cuando se estaban anunciando que había 10.000 casos, el día después se habían multiplicado el doble.

Desgraciadamente, en lo peor ya estamos, por lo que cuesta entender que todavía no se hayan centralizado las demandas de material para los hospitales que en primera línea están atendiendo a los enfermos. Somos conscientes de la situación de extrema gravedad que vive el país y que no es el momento de dirimir las responsabilidades en la gestión, pero es necesario reforzar los equipos que están al frente en el Ministerio de Sanidad, aunque suponga ceses. Y deberían ser cuanto antes, mejor. Ya no se trata de tranquilizar al país, sino de poner los medios adecuados. Puede que Sánchez no quiera salir dañado de esta crisis, pero eso es algo que parece imposible porque el desperfecto va a ser colectivo, pero sobran alocuciones sobreactuadas como la del sábado por la noche –que acabó siendo confusa de tan larga– y hace falta una gestión más eficaz. En la conferencia de presidentes autonómicos de ayer se pusieron encima de la mesa las carencias de material en cada comunidad, lo que parece extraño es que haya que esperar a una cumbre de este tipo para exponer cuestiones que deberían haberse resuelto en otros escalones de la Administración.

Que un presidente autonómico pida respiradores o test rápidos –como hizo García-Page– no es muy operativo: debería haberse gestionado antes. El Gobierno ya debería saber hace días que Madrid necesita 2.000 sanitarios de refuerzo, como expuso la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso. Que Núñez Feijóo tenga que ocuparse de que Galicia sólo ha recibido 10.000 mascarillas sólo incide en que es necesario que Sánchez se ponga al frente del Gobierno de la nación con todo el poder que supone. La lealtad es unánime –excepto el comportamiento vergonzoso de Joaquim Torra–, pero hay que exigir a Sánchez más. Mucho más. No es el momento, como decíamos, pero está claro que este Gobierno, salvando excepciones, no tiene capacidad operativa y es un puro apaño para sostenerse en La Moncloa. El país, desgraciadamente, pide mucho más.

Sánchez troca liderazgo en autobombo
Editorial El Mundo 23 Marzo 2020

La intervención de Sánchez del sábado parecía un lavado de imagen por las críticas recibidas en los últimos días.

Es cierto, como subrayó Pedro Sánchez, que España atraviesa la situación más grave desde la Guerra Civil. Luchamos contra un peligrosísimo enemigo invisible que amenaza con llevarse muchas vidas por delante y con dañar seriamente nuestro modelo económico y de bienestar social. En este contexto excepcional, qué duda cabe de que como comunidad nos hace falta liderazgo político, que le corresponde ejercerlo al presidente del Gobierno. Entre sus responsabilidades básicas estos días está la de informar con absoluta transparencia a la opinión pública, así como ejercer un rol de guía para una nación profundamente angustiada que necesita sentirse protegida por el Estado. Dicho esto, hay que distinguir muy bien entre el liderazgo y la propaganda o el ejercicio populista del poder; no cabe enmascarar la gestión, con sus errores y aciertos, en follajes mediáticos.

Y esto último es precisamente lo que hizo Sánchez el sábado con una intervención que solo parecía un lavado de imagen por las críticas recibidas en los últimos días por tantos desaciertos del Gobierno, sobre todo por su inacción hasta las irresponsables manifestaciones del 8-M, y que fue un ejercicio fatuo de engorde de culto al líder. Teniendo en cuenta que el presidente tenía intención de ofrecer ayer una rueda de prensa tras su reunión virtual con los presidentes autonómicos, en la que dio cuenta de algunas medidas y anunció que solicitará al Congreso la prórroga del estado de alarma al menos otros 15 días más, no se entiende a qué vino la larguísima intervención televisada del sábado por la noche en la que no anunció absolutamente nada y se dedicó a vanagloriarse de algunas de sus decisiones, a repasar un sinfín de datos conocidos por todos de sobra y a reiterar mensajes que incluso pierden fuerza cuando suenan demasiado manidos en boca de un dirigente político.

Sánchez sabe que hay mucha indignación en buena parte de la población. Porque, como bien explicábamos ayer en EL MUNDO, la gestión de la crisis del Covid-19 durante los primeros 45 días fue muy errática. La imprevisión y el tancredismo han permitido que el zarpazo del virus sea mucho mayor. Tiempo habrá para la depuración de responsabilidades, que no cabrá pasar por alto. Pero ahora la prioridad es la que es. Por ello, Moncloa no puede pretender con un ventajismo insoportable librar una batalla de propaganda. Sánchez debe dirigirse a la Nación cuando toca, no aprovecharse del cargo para dedicarse a sí mismo espacios de más de 70 minutos como el del sábado, sin contenido alguno, en horario de máxima audiencia -arrancó un cuarto de hora después de lo anunciado para que no coincidiera con la cacerolada contra Iglesias y él-, disfrazando de liderazgo lo que es autobombo.

El error de sacar rédito de la «guerra»
Editorial ABC 23 Marzo 2020

El presidente del Gobierno comunicó ayer que solicitará al Congreso autorización para prorrogar el estado de alarma hasta el 11 de abril. Lamentablemente, la medida no era inesperada. Muy al contrario, es prudente, necesaria y acertada, y el Congreso la aprobará sin dificultad. Pedro Sánchez pudo haberlo anunciado anteanoche, durante su interminable monólogo para simular que está al frente de la crisis, pero prefirió hacerlo ayer para volver a acaparar su diaria cuota de pantalla. Realmente resulta llamativo su afán por obtener un aprovechamiento político de esta crisis ocupando casi tres horas de comparecencia pública en menos de un día. Sánchez ya ha recurrido a la vía emocional, a la cercanía y a la sincera exigencia de responsabilidad cívica para lograr la comprensión de los ciudadanos. Y no es reprochable, en la medida en que no hay un solo español que no sea consciente de que es la crisis más compleja que jamás haya manejado un gobierno. Sin embargo, Sánchez sobreactúa. Todos los ciudadanos tienen las emociones a flor de piel desde su encierro forzoso. Todos sufren por miedos propios y por dramas ajenos. En España se ha contagiado más solidaridad que carga vírica, y conviene ponerlo de manifiesto con generosidad, amplitud de miras y comprensión, incluso con el propio Ejecutivo. España está compungida, y Sánchez tiene derecho a estarlo también. Pero en el caso del Gobierno, eso no basta porque le es exigible un plus de eficacia. A fin de cuentas, es Sánchez quien resultó elegido por la mayoría parlamentaria surgida de las urnas. El resto de españoles no ha sido elegido para esa función y tiene total legitimidad para expresar su malestar con su modo de actuar o su manierismo mediático. Sánchez está en el momento más delicado de su vida política, y aun así trata de sacarle partido, pero tanto tacticismo resulta incomprensible, y por eso sus explicaciones son insuficientes.

De sus discursos se concluye que Sánchez, quien en su día apeló a la desaparición del Ministerio de Defensa, ha descubierto ahora para qué sirve el Ejército y por qué debe estar suficientemente dotado presupuestariamente. También se ha apropiado de la digitalización de España a través de una potente red de fibra óptica, que si existe es gracias a la inversión de potentes compañías privadas. Parece que Sánchez acabara de descubrir el país en el que siempre vivió, pero eso es un atavismo exclusivo de la izquierda: pensar que nada existía antes de su llegada a La Moncloa. Sánchez no puede olvidar que el 8 de marzo echó a España a la calle para rentabilizar su obra de ingeniería ideológica, y que unas horas después se cerraron todos los centros de enseñanza. Si Europa está «en guerra», la inmensa desgracia es que su Gobierno, nuestro Gobierno, se haya enterado tan tarde.

Yo acuso
Han agravado la negligencia sumando a la imprudenciael sectarismo
Isabel San Sebastián ABC 23 Marzo 2020

A riesgo de quebrantar la consigna oficial que nos insta a permanecer silentes ante la inepcia culposa que está demostrando el Gobierno en la gestión de esta pandemia, yo acuso.

Acuso al presidente y sus ministros de faltar estrepitosamente a su deber de tomar en cuenta lo que estaba ocurriendo en China e Italia y hacer acopio del material sanitario indispensable para hacer frente a la catástrofe.

Acuso al presidente y sus ministros de agravar esta negligencia al sumar el sectarismo izquierdista a la imprudencia y empeorar las cosas anunciando y practicando requisas indiscriminadas que han alarmado, con razón, a los proveedores de dicho material e impiden que llegue a los hospitales y demás centros necesitados con la urgencia que demanda la emergencia que nos aflige.

Acuso al presidente y sus ministros de poner en serio peligro la salud de nuestros sanitarios, así como la de otros trabajadores expuestos al virus, al forzar con esta incuria unas condiciones laborales que no garantizan la protección adecuada.

Acuso al presidente y sus ministros de actuar con una insensatez clamorosa al alentar las manifestaciones del 8-M cuando ya disponían de información sobrada para saber el riesgo que suponían dichas concentraciones.

Acuso al presidente y sus ministros, en especial a Pablo Iglesias, de constituirse en ejemplo de conducta insolidaria al romper ostensiblemente la cuarentena preceptiva en su situación.

Acuso al presidente y sus ministros de malgastar sus comparecencias dedicando horas de televisión a justificar su actuación y tratar de desviar la culpa hacia otras administraciones, a la cabeza de las cuales se sitúa la Comunidad de Madrid, cuyas autoridades están volcándose para paliar en lo posible la negligencia del Ejecutivo central.

Acuso al presidente y sus ministros de manipular los mensajes que trasladan a la opinión pública con el fin de eludir la responsabilidad que les compete en la elevadísima cifra de muertos y contagiados que arroja cada día la estadística: Primero negaron que el Covid-19 supusiese una amenaza apreciable para España, porque era indispensable incitar a la gente a llenar las calles el 8-M. Después, ante el estallido de la enfermedad, escurrieron el bulto alegando que era imposible prever la virulencia de su ataque. Y ahora se defienden asegurando (Pedro Duque en RTVE) que ya en enero, en cuanto se conoció la patología, nuestros científicos se pusieron a trabajar intensamente. ¿En qué quedamos? ¿Conocían o no conocían el peligro al que nos enfrentábamos?

Acuso al presidente y sus ministros de aprovechar esta situación de alarma para colar de tapadillo en el BOE del 20 de marzo una resolución del Ministerio de Justicia por la que «se acuerda la reanudación del procedimiento para solicitar y conceder la gracia del Indulto». ¿Están pensando en abrir la puerta de atrás a los sediciosos independentistas ahora que todos tenemos la cabeza en otra parte?

Acuso al presidente y sus ministros, con la única excepción de Margarita Robles, titular de Defensa, de callar ante las injurias proferidas contra España en un medio británico antaño prestigioso por el miserable que detenta, pese a estar inhabilitado, la representación de los catalanes.

Acuso al presidente y sus ministros de ofender a nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad al asegurar textualmente el sábado que «ahora las percibimos como imprescindibles y no como un gasto superfluo».

Podría seguir, pero me quedo sin espacio. Cuando todo esto pase, habrá que pedir cuentas donde corresponda. De momento, callar sería otorgar y yo me niego a comportarme como si lo que estamos sufriendo fuera una plaga divina y no el fruto de la soberbia aliada a la incapacidad.

Pedro Sánchez, el líder desfasado
Ya lo dice el general Sun Tzu en 'El arte de la guerra': "Un líder lidera con el ejemplo, no por la fuerza. El gobernante iluminado es atento y el buen general está lleno de cautela"
Javier Caraballo elconfidencial 23 Marzo 2020

Pedro Sánchez pretende ser el líder de un tiempo perdido, perdido por él mismo, y no se da cuenta de que, además de imposible, lo único que provoca es indignación y desconfianza. Cuando sale en la tele, en una de sus intervenciones a la nación en este estado de alarma, y le cuenta a la gente, como novedad, que ha aprendido que este coronavirus no es como una gripe normal, que se contagia a más velocidad, el personal en vez de tranquilizarse se asusta, porque lo que contempla ante sus ojos es a un líder desfasado.

¿Hay algo peor que un general desnortado cuando se va a una guerra? Este fin de semana lo ha dicho así, literal: “Vamos conociendo más cosas del virus, la primera es que su propagación es mayor que la de una gripe normal”. O esta otra, con el mismo latiguillo inicial: “Ya sabemos cosas del virus que antes no sabíamos, como que hay personas en las que resulta asintomático y, sin embargo, pueden propagarlo. Por eso, cada vez que nos reunimos con amigos ponemos en peligro la vida de los demás”. ¿Perdona? ¿Ahora se ha enterado el presidente, si es lo primero que conocemos del Covid-19? Decir todo eso a finales de enero, incluso a mediados de febrero, cuando se conoció, hubiese tenido un enorme valor, pero ahora produce el efecto contrario. Sobre todo, si lo cuenta como un descubrimiento, no como una insistencia necesaria.

“¡Necesitamos ganar tiempo!, ¡necesitamos ganar tiempo!”, repite ahora Pedro Sánchez, pero, en una situación como esta, el tiempo perdido solo se recupera para engordar los remordimientos, lo que se pudo haber hecho y no se hizo. El cuestionamiento del Gobierno de coalición en esta crisis sanitaria no se produce por las medidas de confinamiento que ha adoptado a partir del pasado domingo, 14 de marzo, sino por los días precedentes y lo que simbolizan.

La pregunta sin respuesta que siempre quedará en el aire, y que abrasará durante mucho tiempo cualquier explicación de este Gobierno, es por qué no se suspendieron mucho antes las grandes concentraciones de público en España, no solo las manifestaciones del Día de la Mujer el 8 de marzo, aunque para muchos esa es la explicación y el porqué de todo lo sucedido. Sea cual sea la razón, es imposible razonar ahora que, de golpe, se impuso el confinamiento de 47 millones de personas cuando, unos días antes, destacados miembros del Gobierno frivolizaban sobre la importancia real de esta pandemia. Ese abismo de sinrazón, el que lleva desde el domingo 8 de marzo de partidos de fútbol, mítines y manifestaciones a la suspensión de la actividad académica en Madrid el 9 de marzo, siempre caerá sobre este Gobierno como una losa.

Sucede, además, que la inexplicable tardanza en adoptar las primeras medidas desacredita la propia versión de los hechos que esgrime el presidente Pedro Sánchez. Según nos ha explicado en sus dos últimas intervenciones televisivas, el Gobierno se ha planteado su actuación frente al coronavirus en tres etapas distintas. Una primera etapa de contención: medidas preventivas, de seguimiento de los contagios y recomendaciones de higiene. Una segunda etapa de contención reforzada: suspensión de actividad escolar y académica y prohibición de concentraciones humanas. Y, por último, una tercera etapa de mitigación: estado de alarma, por primera vez en la historia, “en concordancia con lo que nos decían las principales instituciones europeas en el conjunto del continente.

Si volvemos al fin de semana del 8-M, se observará la debilidad de ese planteamiento, porque en realidad el Gobierno ha pasado del seguimiento de los contagios, sin adoptar ninguna medida más allá de aconsejar higiene personal, al decreto de alarma que se prolongará hasta el Sábado Santo. Si es relevante reseñar esto es porque lo más grave de la actuación de este Gobierno es la absoluta inactividad ante la crisis sanitaria que, desde finales de enero, se sabía que podía contagiar al resto de países del mundo.

La reserva nacional de mascarillas, la distribución masiva de test de detección de la enfermedad y la dotación suficiente de respiradores en los hospitales son las tres medidas que ya se habían demostrado eficaces en los países que habían sufrido el contagio muchas semanas antes que España. Si no existió ninguna actuación del Gobierno en la ‘etapa de contención’, como la llama el presidente, todo lo que viene después arrastrará ese gravísimo defecto de origen, como estamos viendo.

"Tenemos que proveer a la ciudadanía de forma masiva de este tipo de material. Tenemos la infraestructura para hacerlo y hemos encontrado la complicidad de las industrias", dice el presidente ahora, cuando la carencia de respiradores, sobre todo en Madrid, ha llevado a muchas personas a la desesperación, a la desolación, al olvido… A la muerte. Sostiene Pedro Sánchez que España “está a la vanguardia” en la lucha contra el coronavirus, pero esa vanagloria les va a sonar a insulto a quienes han padecido, y padecen, la falta de recursos médicos por culpa de un Gobierno desbordado por los acontecimientos, urgido por las necesidades.

La cualidad fundamental de un líder es la de saber anticiparse a los acontecimientos para poder afrontarlos con más fortaleza y garantías de éxito. La confianza de un pueblo en su líder, como la de un ejército en su general en un estado de guerra como el que padecemos, se fundamenta precisamente en esa capacidad de anticiparse a los acontecimientos y saber plantear la estrategia adecuada. Ya lo dice el legendario general Sun Tzu en ‘El arte de la guerra’: “Un líder lidera con el ejemplo, no por la fuerza. El gobernante iluminado es atento y el buen general está lleno de cautela”. El presidente Sánchez es un líder desfasado, un general que se ha quedado dormido y corre ahora detrás de sus tropas arengándolas con soflamas caducas. Hace bien el presidente en comparecer, en explicarse, en dar la cara, en hablar a los españoles, aun con la aureola de descrédito que le ha crecido alrededor. La gestión del Gobierno en el origen de esta crisis gigantesca no ha podido ser peor, pero quedan muchas semanas todavía para dictar una sentencia política. Veremos…

Del CNI a los contratos públicos: la tretas de Sánchez para cambiar la ley por la puerta de atrás
Tras las críticas por el uso de los decretos cuando no contaba con mayoría parlamentaria, el nuevo Ejecutivo vuelve a usar esta figura excepcional para introducir cambios en el ordenamiento
Diego Molpeceres vozpopuli.es 23 Marzo 2020

Era septiembre de 2018. Pedro Sánchez apenas llevaba unos meses instalado en La Moncloa. Pero el PP seguía ostentando mayoría absoluta en el Senado. Gracias a una reforma impulsada por los propios populares en 2012, la Cámara alta tenía capacidad de vetar la propuesta de techo de gasto de los socialistas, el paso previo y necesario para tramitar los Presupuestos Generales del Estado (PGE).

Sabedor de que los populares tumbarían su previsión -como así hicieron más tarde-, el PSOE trataba de enmendar el artículo 15 de la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera para arrebatar la capacidad de veto al Senado. Pero la ley que presentaron por el trámite ordinario se topó con el muro que por entonces formaban el PP y Ciudadanos en la Mesa del Congreso. Ambas fuerzas impidieron tramitar el cambio por la vía de urgencia y de lectura única como pedían los socialistas para acortar los plazos.

Así que estos últimos optaron por acudir a una argucia legal empleada también por los populares en el pasado. Incluyeron una enmienda dentro de una Ley que se estaba tramitando en esos momentos para dotar a los jueces de formación en violencia de género. El intento de suprimir la capacidad de veto de la Cámara alta provocó un conflicto de atribuciones entre los órganos de la Cámara baja y una bronca política que se alargó durante días. Todo en vano, porque la reforma aún sigue pendiente aunque el Congreso dio el primer paso hace un mes para acabar con el veto de la Cámara alta.

Después de las críticas al jefe del Ejecutivo por el uso que hizo de los Reales Decretos para impulsar sus reformas cuando no contaba con mayoría en la Cámara Baja y que extendió incluso al período preelectoral, la realidad ha cambiado por completo. Pero ahora socialistas y morados vuelven a introducir reformas en el ordenamiento por la 'puerta de atrás' con la herramienta legal que la Constitución reserva para "casos de extraordinaria y urgente necesidad" y que después deber ser convalidada por el Congreso.

La última ha sido emplear el decreto de medidas económicas por el coronavirus para hacer que el director de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo pueda participar en la comisión del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y para blindar la presencia del vicepresidente Pablo Iglesias. A través de una disposición final que no se mencionó en rueda de prensa, el Ejecutivo de coalición cambia la Ley de 2002 que regula el funcionamiento de los servicios secretos en España y que hasta ahora establecía la presencia de un solo vicepresidente en este órgano. Por eso Vox había recurrido ante el Tribunal Supremo el acceso del líder morado a este órgano.

Ley de Contratos Públicos
Hace un mes y medio, el Ejecutivo aprovechaba una disposición adicional del Real Decreto-ley 3/2020 -por el que se incorporabn a nuestro ordenamiento varias directivas comunitarias- para modificar el artículo 118 de la Ley de Contratos del Sector Público (LCSP), que entró en vigor en 2018.

El Gobierno esgrimió "razones de seguridad jurídica" para modificar la norma que buscaba reducir las prácticas relacionadas con la corrupción, como el fraccionamiento de los contratos para poder realizar adjudicaciones 'a dedo'. Desde sus inicios, el punto suprimido había provocado una gran disparidad interpretativa por parte de los órganos de contratación y de las Juntas Consultivas de las diferentes administraciones.

Pero en lugar de intentar darle una redacción más precisa, los socialistas trataron de suprimirlo a través del proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2019 (PGE) que no consiguieron aprobar. Hasta la reciente reforma, el expediente debía justificar que no se estaba "alterando el objeto del contrato para evitar la aplicación de las reglas generales de contratación".

El cambio introducido, al que no se dio ninguna publicidad en rueda de prensa, suprimió el requisito de justificar que "el contratista no ha suscrito más contratos menores que, individual o conjuntamente superen" los márgenes por los que el contrato se considera menor: 15.000 euros cuando se trate de contratos de suministro o de servicios y 40.000, cuando se trate de contratos de obras.

Cinco errores que pagaremos muy caro
La crisis del coronavirus es global, pero lamentablemente en España está teniendo una incidencia mayor que en otros países. ¿Por qué? En gran medida, por las negligencias cometidas
Álvaro Nieto vozpopuli.es 23 Marzo 2020

Se ha levantado este fin de semana un movimiento, sobre todo a través de las redes sociales, según el cual en tiempos de crisis hay que cerrar filas con el Gobierno para salir cuanto antes del atolladero. Para los defensores de esa teoría, los medios de comunicación deberíamos limitarnos a aplaudir cada nueva intervención de Pedro Sánchez y a subrayar lo bien que España entera, incluido por supuesto el personal sanitario, se enfrenta al coronavirus.

Quizás eso pueda valer para sociedades como la china o la cubana, pero en las democracias occidentales la prensa cumple un papel muy importante como fiscalizador de la acción política, y en ningún sitio está escrito que en mitad de un estado de alarma haya que prescindir de esa función. Es más, quizás sea más necesaria que nunca para evitar que se cometan atropellos aprovechando que las circunstancias son excepcionales.

Si queremos medios sumisos con el poder, planteemos abiertamente volver a la España de los años 50. De lo contrario, tendremos que admitir que, aún en circunstancias duras como las de ahora, los periódicos están para señalar lo que se está haciendo mal, porque así ayudamos a que los políticos se pongan las pilas y no se duerman en los laureles.

Fe de errores
De hecho, hay que comenzar reconociendo que los medios españoles, y 'Vozpópuli' el primero, hemos fracasado por completo a la hora de calibrar la importancia del asunto. No supimos ver la gravedad de este virus... y ese error fue determinante para que nuestros políticos siguieran a lo suyo durante los meses de enero y febrero. Si hubiéramos dado la voz de alarma, seguramente alguien habría actuado antes.

España es un gran país, y quererlo no es incompatible con decir que en esta crisis se han cometido errores graves que se pagarán muy caro. Veamos cinco de ellos:

1.- Falta de previsión. Los políticos, estatales pero también autonómicos, porque la sanidad está transferida a las regiones, fueron incapaces de prepararnos para lo que se avecinaba. El coronavirus fue detectado en Wuhan el 31 de diciembre y apareció en Europa a mediados de febrero. Desde entonces, se ha perdido mucho tiempo: para informarse, para comprar los equipos sanitarios pertinentes, para preparar nuestros hospitales... Cuando el caso era sólo chino, nos sonaba muy lejano. Cuando se desbordó en Italia, pensábamos que todo era culpa del tradicional caos de los italianos y que a nosotros nunca nos pasaría eso.

De hecho, Fernando Simón, ese experto al que Sánchez dice hacerle caso en todo, nos dijo varias veces durante el mes de febrero que esto no tendría ninguna incidencia en España. "No hay razón para alarmarse con el coronavirus [...] es una enfermedad con muy bajo nivel de transmisión", aseguró en una entrevista que no tiene desperdicio publicada en el Heraldo de Aragón el 9 de febrero. "España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado", llegó a decir en una de sus comparecencias más comentadas. Obviamente, Simón se ha equivocado, como muchos en esta historia. No conviene hacer sangre con él, porque a él no le hemos votado, pero tampoco es tolerable convertirle en nuestro gurú de cabecera cuando es evidente que ha patinado como el que más.

Los auténticos responsables son los políticos, de uno u otro signo, y empezando por los de la Unión Europea, que no supieron reaccionar ni a tiempo ni conjuntamente para evitar la catástrofe. "Ahora sabemos que el virus es mucho más dañino", ha asegurado Sánchez este fin de semana. Pues muy mal: su obligación era estar informado, prever, anticipar, evitar... "Necesitamos ganar tiempo para preparar nuestro sistema sanitario", ha añadido este sábado el presidente en un clarísimo reconocimiento de que hemos perdido dos meses.

2.-Un fin de semana para olvidar. España tardó mucho en ser consciente del problema, pero a comienzos de marzo, con Italia ya ardiendo por los cuatro costados, con medidas excepcionales y muchos muertos encima de la mesa, nuestros políticos ya sabían perfectamente de la gravedad del brote, pero no quisieron actuar. Justo antes del 8-M, en España ya había 300 casos detectados y varios muertos, pero se celebraron 72 manifestaciones, un congreso de Vox, decenas de partidos de fútbol, las fiestas de las prefallas... Todo siguió como si nada, pero casi todos teníamos la sospecha de que el lunes cambiaría la historia. Y así fue. El Gobierno alteró bruscamente su discurso y fuimos conscientes de la magnitud del problema. ¿Por qué no lo hizo antes? Nunca sabremos la verdad, pero lo único cierto es que aquel fin de semana nos ha traído de regalo la peor curva del coronavirus de todo el planeta. Nuestra evolución es incluso peor que la de Italia.

3.-No cerrar Madrid a tiempo. El lunes 9 de marzo el gran foco de infectados estaba en la Comunidad de Madrid, y por eso la presidenta de la región, Isabel Díaz Ayuso, anunció esa misma noche el cierre de guarderías, colegios, institutos y universidades durante 15 días. La decisión unilateral de Ayuso tuvo una primera consecuencia: todos los universitarios que estudian en la capital que son originarios de otros lugares cogieron sus petates y se marcharon a sus pueblos para disfrutar de esas 'vacaciones'. Si ya tenían el virus, lo expandieron por toda España. Para colmo, tras esa decisión estuvo circulando el bulo de que el Gobierno tenía previsto cerrar a cal y canto Madrid, lo que provocó más salidas de madrileños. Aún hoy, Sánchez sigue diciendo que Madrid es la comunidad más afectada, pero sigue sin cerrarla... lo que la ha dejado completamente vacía, como si fuera un mes de agosto. Si teníamos el foco localizado, hemos hecho justo todo lo contrario de lo que debíamos: esparcirlo.

4.-Estado de alarma: tarde y mal. El sábado 14 el Gobierno decretó el estado de alarma en todo el país, con supresión de los colegios y limitación de la circulación de personas. El problema, aparte de que llegó con varios días de retraso, fue que se anunciaron las medidas un viernes pero no se aprobaron hasta el sábado por la tarde, por lo que dio tiempo de nuevo a que todos los españoles que quisieran, y particularmente los madrileños, cogieran sus vehículos y se fueran a sus segundas residencias. Puestos a pasar dos semanas encerrados, mejor en una casa con jardín o frente a la playa, pensaron. La consecuencia: atascos en la M-30 y más expansión del virus por toda la Península.

5.- Cierre total. Y así llegamos a este último fin de semana, donde Sánchez nos ha anunciado nuevas medidas, todas ellas muy interesantes, pero ninguna tan extraordinaria como para que no se hubiera podido aprobar dos meses antes: la creación de un comité científico para asesorar al Gobierno, la compra de mascarillas, la creación de una reserva estratégica de material sanitario... Eso era justo todo lo que había que haber hecho en enero y en febrero. Ahora resulta que nos falta de todo, que estamos desbordados y el virus descontrolado. Varios presidentes autonómicos y algunos científicos están pidiendo al Gobierno que cierre todo el país, es decir, que prohíba la realización de cualquier trabajo que no sea esencial, como se ha hecho en Italia. De momento Sánchez se resiste a ello, pero da la impresión de que estamos ante el mismo escenario que con el estado de alarma... acabará tomando la decisión, pero más adelante. Ese retraso será su último gran error antes de que la cifra de muertos se dispare.

¿Quién tiene la culpa?
¿Es Sánchez el responsable de todas las muertes que se produzcan? Evidentemente, no. Pero sus errores, unidos a los de sus homólogos europeos y autonómicos, nos han generado un problema mayor. Sus actuaciones han sido claramente negligentes, como también lo fueron las de aquellos que en el pasado no cuidaron debidamente nuestro sistema sanitario para que estuviera preparado para estos casos.

Se preguntaba este fin de semana mucha gente por qué Alemania y España, teniendo casi el mismo número de afectados, presentan cifras tan dispares en el número de muertos. Le hicieron la pregunta al gurú de Sánchez, el amigo Simón, y no supo contestarla. En los periódicos también se han visto explicaciones para todos los gustos e incluso sesudos amantes de las estadísticas han elaborado varias hipótesis al respecto.

Dos de los países que mejor han combatido el coronavirus están entre los que más camas de hospital tienen del mundo
Sin embargo, la cosa podría tener una explicación mucho más sencilla. Si miramos por ejemplo el número de camas de hospital por cada mil habitantes en todo el mundo (véase aquí el CIA World Factbook), descubriremos que Japón y Corea del Sur, dos de los países señalados como ejemplo frente al coronavirus, ocupan los puestos dos y cuatro del ránking. Alemania está en el octavo lugar. Italia, sin embargo, se encuentra en el 67 y España, en el 73. Es decir, que se podría concluir que las posibilidades de supervivencia mejoran si te atienden correctamente en una cama. Lo cual es obvio, por otra parte.

El mito de la sanidad
Como muestran las imágenes que estamos viendo estos días, es evidente que la sanidad española, por mucho que siempre digamos que es muy buena, tiene sus carencias, y una de ellas es la falta de camas. De lo contrario, no veríamos gente durmiendo en el suelo o sentada en los pasillos de los hospitales.

Tenemos un sistema sanitario estupendo, sobre todo porque es universal y 'gratuito', y seguramente con un personal de primer nivel, pero, con las cifras en la mano, no parece que esté justificado seguir extendiendo ese mantra de que nuestra sanidad es la mejor del mundo, porque parece que no es así.

En un curioso alarde de patriotismo, Sánchez ha recalcado varias veces este fin de semana que "España está a la vanguardia en la lucha contra el coronavirus". Viendo las diferentes curvas de incidencia de la enfermedad, lo único evidente es que España está en la vanguardia, sí, pero lamentablemente por número de infectados y de muertos, y más que lo va a estar por ese cúmulo de despropósitos antes mencionados. Y criticarlos y denunciarlos no te hace ser peor ciudadano que Sánchez.

Carta a un médico podemita
Pío Moa gaceta.es 23 Marzo 2020

Carta a D. Marciano Sánchez Bayle
Estimado D. Marciano Sánchez,

He leído su carta a la señora Díez Ayuso en la que expresa usted una loable preocupación por la sanidad pública, cuyas deficiencias, debidas según usted a una política que califica de nefasta, serían la causa del desbordamiento ante la actual crisis del coronavirus en Madrid. Como ciudadano corriente y moliente comparto, desde luego, su preocupación, pero creo que en su argumento olvida usted algunos aspectos importantes.

Madrid sufre, por ahora, la peor crisis del coronavirus en España, y sin embargo su sistema sanitario, que combina lo público y lo privado, no es inferior al de otras comunidades autónomas sino de los mejores, incluso posiblemente el mejor. Por lo tanto me inclino a pensar en otras causas, sobre todo dos, que no entiendo por qué usted no cita.

En primer lugar la infección ha llegado a través de los aeropuertos, y Madrid tiene el mayor tráfico internacional de España. La alerta, en especial sobre los vuelos de China e Italia, había sido dada a tiempo, pero los vuelos permanecieron incontrolados durante unas semanas cruciales, que los expertos han criticado mucho.

En segundo lugar, y cuando ya las alertas eran máximas, el gobierno no solo no evitó sino que propulsó manifestaciones masivas en el llamado Día de la Mujer, que el gobierno ha transformado en Día del Feminismo, que es como hacer de los separatistas representantes de los catalanes, o de los comunistas representantes de los obreros. Hubo serias advertencias al respecto, pero el gobierno prefirió ignorarlas animando a una campaña de concentraciones, reuniones y la gran manifestación de más de 100.000 personas en Madrid, entre abrazos y gritos por los que se expulsaba y contagiaba el virus.

Quisiera recordarle que esas actitudes absolutamente irresponsables, en las que entraba todo un folclore de consignas burlonas hacia el coronavirus, tienen mucha relación, indudablemente, con tantos muertos y con el desbordamiento de la sanidad pública y privada que tanto usted como yo deploramos. Con más previsión, o simplemente más atención a las advertencias de los expertos, no se habría llegado tan lejos.

Usted habla en nombre de una Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública, y yo me pregunto ¿es que la sanidad pública está amenazada? Yo no veo la amenaza. Como muchas personas, pago la privada directamente y la pública a través de impuestos, y encuentro ambas de excelente calidad. Quizá, no estoy seguro, quieran ustedes acabar con la privada pero en cualquier caso ustedes no pueden dictarnos a los españoles corrientes lo que debemos hacer al respecto. Espero que tampoco lo pretendan. La sanidad en España, que combina la pública y la privada como en otros países avanzados, está considerada una de las mejores del mundo, lo que se refleja en datos como que, desde los años 60, España está entre los tres o cuatro países con mayor esperanza de vida al nacer.

Quisiera recordarle también que la sanidad, en general, es de peor calidad en las comunidades, como Andalucía, donde con más empeño han «defendido» la pública. O en países como Venezuela o Cuba. Sin olvidar que la plaga actual viene de China, un país que combina extrañamente un sistema capitalista bastante despiadado con un régimen comunista. Le hago estas observaciones porque siempre queda la impresión de que ustedes van por esa vía. Espero que no, pero no estaría de más que lo aclarasen, dado el actual confusionismo político.
También le agradecería que no hablase usted en nombre de «la ciudadanía». Como usted sabe, en la ciudadanía hay muchas opiniones, y somos muchos los que no coincidimos con las de su Asociación.

La Comunidad Valenciana mantiene sin usar máquinas multitest de coronavirus en plena escasez de pruebas
El desastre del plan Sánchez: realiza 625 test de coronavirus por millón de habitantes frente a los 4.000 de Alemania
La OMS avisó a España el 30 de enero: «El coronavirus se puede frenar si se aplican medidas»
Carlos Cuesta okdiario 23 Marzo 2020

Los hospitales de la Comunidad Valenciana fueron dotados en la etapa del Gobierno del PP con autoanalizadores preparados para realizar la prueba de detección del coronavirus. Pero, en estos momentos se encuentran parados, sin usar, en plena escasez de tests que detecten la enfermedad y ayuden a frenar su expansión.

Estos autoanalizadores tienen una capacidad de respuesta diferente: existen unos capaces de realizar 90 pruebas cada tres horas y otros que pueden realizar hasta 900 pruebas cada ocho horas. Pero, sea como sea, pueden ayudar en gran medida a elevar el número de pruebas y detectar los focos de contagio con coronavirus. Estas máquinas se encuentran en el Hospital Arnau de Vilanova y en el Hospital General de Alicante.

Pero, pese a contar con las máquinas, los test no se están realizando. En los hospitales aseguran que se está esperando la autorización del organismo competente para su puesta en marcha, y es que desde INGESA (Instituto Nacional de Gestión Sanitaria), no han facilitado la autorización de los pedidos de un elemento necesario para realizar cada uno de los test. Un elemento que, ni se ha aprovisionado, ni se ha pedido en estos momentos: el reactivo especifico que detecta este virus concreto.

Estos reactivos tienen un coste de 6 euros, frente a los PCR que se están utilizando para el diagnóstico, que tienen un coste de 18 euros.

Es decir, que no sólo se podrían hacer más test, sino hasta claramente más baratos, más rápidos y en los propios centros hospitalarios.

El PP va a pedir a la Consejería que desbloquee esta situación y que exija al Ministerio de Sanidad la inmediata utilización de los aparatos.

La Comunidad Valenciana tiene la capacidad de realizar, en total, más de 7.000 test al día. Esta región cuenta con estos equipos autoanalizadores que hacen test de diagnóstico para diversas enfermedades (como la gripe), efectivamente, a un ritmo de 90 cada 3 horas o 900 cada 8 horas dependiendo del equipo y del centro hospitalario en el que se encuentre.

Estos equipos autoanalizadores estarían preparados para realizar la PCR del virus Covid-19 de inmediato. Para ello sólo necesitarían que la Consejería de Sanidad del Gobierno de Ximo Puig comprase el reactivo químico necesario para llevarlo a cabo. Esta posibilidad permitiría acabar, casi en tiempo real, con la incertidumbre que viven profesionales sanitarios y posibles afectados con un coste tres veces inferior al del test que se utiliza actualmente.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ni olvidamos ni perdonaremos
Pedro de Tena Libertad Digital 23 Marzo 2020

Lo que se ha hecho y se está haciendo con España es imperdonable.

Es tal el grado de propaganda negra –que es la que se difunde con el propósito de que la mentira triunfe– que hay que recurrir a los hechos de primera mano, a las cosas mismas experimentadas. El sábado fui a la farmacia de un pequeño pueblo de la sierra sevillana en el que estoy confinado desde hace nueve días. Pedí mascarillas y guantes porque había tenido que embozarme tras un protector contra el desbroce de hierbas que conservaba, y la respuesta fue que no, que no había. Ni se los esperaba. Por la calle, algunos vecinos que iban a la compra las llevaban y la mayoría no.

He preguntado en Jerez, en cuya residencia sanitaria trabaja un familiar directo, para comprobar lo de las mascarillas y los guantes. Sólo se tienen los que se tenían. No han llegado nuevos envíos. En las farmacias tampoco hay. Y se me confirma que los conocidos como 'test rápidos' no habían llegado a las 10:35 del domingo, aunque se espera que lo largo de la semana vayan llegando. Pero ni se sabe cuántos ni se sabe cuándo.

Por la noche, me dispuse a escuchar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que largó un discurso estilo Fidel Castro por lo extenso y por lo vacío, todo atiborrado de datos de futuro. Que si los test rápidos iban a llegar, que iban a distribuirse hasta un millón de mascarillas, que si los expertos, que nadie conocía antes la envergadura de la crisis sanitaria, que si Madrid es el infierno, que si viva lo público, que si patatín, que si patatán. Pero con lo que ya sabemos de verdad, sin mezcla alguna de propaganda negra, no hubo respuesta para las cuestiones siguientes:

1) ¿Por qué no hay mascarillas ni guantes en las farmacias españolas y escasean o faltan en muchos hospitales públicos y privados?

2) ¿Por qué, de ser cierto lo que ha dicho el ministro Pedro Duque (que ya desde el 2 de febrero se articularon cambios legales que culminaron en el decreto-ley del estado de alarma y que desde mediados de enero se conocía la gravedad del virus), el Gobierno no se aprovisionó del material necesario para afrontar tan grave situación y se permitieron actos públicos irresponsables?

3) ¿Por qué no eligió en su momento la vía (sur)coreana, que consiste en realizar cuantos más test rápidos, mejor, para impedir la formación de núcleos infecciosos de mayor envergadura, lo que ha llevado en Corea a reducir contagios y mantener un número de muertes reducido? ¿Cómo es que no hubo previsión sobre la provisión de test rápidos?

4) ¿Por qué Alemania, teniendo un número de infectados reconocidos parecido, en estos momentos superior, al español, presenta cifras de fallecimientos muy inferiores? Sólo lamenta 95, mientras España llora ya a 1.381.

Y una coda: ¿cómo es que la Unión Europea no ha dispuesto de un plan compartido y coordinado para la crisis?

Tras el discurso vacío de respuestas para lo importante, y sin aclarar casi nada, vino el cachondeo de unas preguntas seleccionadas, preconocidas y preparadas. Ni ABC, ni El Mundo, ni la COPE, ni siquiera la SER ni otros muchos pudieron preguntar nada. De Libertad Digital y esRadio ni hablamos, claro. Pero sí pudieron El País, RNE, Diario 16 (que apenas existe en realidad), Avui… Nada de respeto alguno por las mínimas formas de neutralidad.

Así que concluí que muy mal tendrán que ir las cosas en las encuestas que se seguirán haciendo, como siguen su curso los indultos a los condenados separatistas por golpistas, para que Sánchez nos largara ese tocho de nadas para tratar de justificar lo que ni ahora ni luego tendrá justificación. Lo que se ha hecho y se está haciendo con España es imperdonable.

Ahora toca resistir, pelear, sobrevivir. Pero si algunos creen que lo que ha pasado y pasa se va a diluir en propagandas negras, vacías y deformantes, se equivocan. Ni olvidamos ni perdonaremos.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial