AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 25  Marzo  2020

Apoyar al Gobierno de Sánchez es traicionar a los españoles
Rafael L. Bardají Libertad Digital 25 Marzo 2020

Si la oposición da de nuevo su apoyo al Gobierno, se estará haciendo cómplice de un error histórico y trágico.

Sánchez pide unidad y sus voceros demandan que no se critique al Gobierno en plena crisis, pero hay sobradas razones de peso para no apoyar a un Gobierno que se ha equivocado desde el principio y que sigue sin corregir un curso que nos ha colocado en la lamentable posición de ser el tercer país con más fallecidos por coronavirus y el segundo en muertos por millón de habitantes. Los españoles no se merecen más a este Gobierno irresponsable.

En primer lugar, porque un presidente que, por ignorancia, irresponsabilidad o un cálculo de riesgo equivocado, deja que su propia familia se contagie y fomenta que una buena parte de sus ministros enferme no es una persona en la que los españoles puedan depositar su confianza para mantenerse a salvo del coronavirus. De hecho, sanitarios, cuerpos de seguridad del Estado, militares, farmacéuticos, transportistas, vendedores de supermercado y todos aquellos que tienen aún contacto directo con el público, sano, asintomático o enfermo, ya saben que este Gobierno les ha dejado vendidos frente al virus, al ser incapaz de encontrar los medios de protección necesarios para que sigan desempeñando sus tareas sin riesgos innecesarios. De hecho, España es el país con más personal sanitario contagiado.

En segundo lugar, un Gobierno que busca obtener réditos políticos con esta emergencia sanitaria, a cualquier coste e incluso poniendo en riesgo más vidas, no se merece ningún apoyo. No es ya que Sánchez se aprovechara torticeramente del real decreto de la alerta para colar a su vicepresidente en la comisión de control del CNI, o que permita calladamente que los indultos a los separatistas catalanes puedan seguir su curso para que acaben en la calle antes de que se venza a esta pandemia, o que el ministerio en el que manda y ordena Pablo Iglesias saque una guía sobre el virus cuya columna vertebral son las críticas al PP: es el asedio a los Gobiernos regionales que no son de su partido, el ataque permanente a la presidenta de Madrid y al alcalde de la capital, las constantes alusiones deslegitimadoras a la empresa privada –incluidas las sanitarias que eligen sus allegados para curarse– y la falta de reconocimiento a la generosidad de personas como Amancio Ortega y todos esos otros anónimos que se han puesto a combatir con sus propios medios la escasez de recursos destinados a nuestros sanitarios. No hemos visto a nadie en el PSOE o en Podemos, ni en la farándula ni en cientos de ONG que viven de nuestro dinero, ponerse a coser mascarillas. A las carmelitas descalzas de Badajoz sí, por poner un solo ejemplo. Mientras los españoles se vuelcan para dominar la enfermedad, el vicepresidente Iglesias, con la inacción del presidente, se dedica a asaltar nuestra democracia. Ahí está la cacerolada contra Su Majestad Felipe VI y sus propuestas del fatídico Consejo de Ministros en que quería nacionalizar todo, y que sólo sirvió para retrasar unas medidas que ya llegaban tarde.

En tercer lugar, un Gobierno que nos miente permanentemente no puede esperar que lo apoyemos. Tras ignorar el nivel de amenaza y negarse a oír a quienes pedíamos medidas más férreas, como el cierre de fronteras –primero con China y luego con Italia–, el Gobierno decidió recurrir a un lenguaje mentiroso. Hablaba de "estrategia de contención" para que los españoles creyeren que estaba haciendo algo, cuando lo único que hacía era pedir que, si no se tenían síntomas, aun cuando se hubiera estado en zonas de riesgo, se prosiguiera con la vida normal. Lo siguiente, la "contención reforzada", apenas tuvo vida, porque ya Italia cerraba su espacio aéreo; eso sí, ese refuerzo no impidió que miles de italianos llegaran a Barajas a través de nuestras aerolíneas que sí seguían volando al país transalpino. Mucho peor: ahora se excusan por la falta de equipamiento diciendo que todo el mundo lo está demandando y que el mercado se ha puesto muy competitivo. Mentira. Hay fabricantes de respiradores, mascarillas, viseras, batas y demás elementos de protección que están listos a enviarlos en menos de una semana; pero el Gobierno, que es mal pagador, no quiere gastarse el dinero como se lo están gastando nuestros vecinos: pagando sin demora. Nuestra Administración, como cualquier suministrador sabe, paga tarde, muy tarde, y mal. Y eso es lo que nos echa del mercado mundial ahora, no la falta de producción. Y si el Gobierno es tan ignorante de no saber encontrar a esos proveedores, que me pregunte, que le regalo unas cuantas direcciones. Ahora dicen también que han seguido a rajatabla las recomendaciones de la OMS, cuando sabemos perfectamente que no, que no escucharon a esa organización, ni a los técnicos de la UE. Los desoyeron con tal de no cancelar las manifestaciones del 8-M. Esa es la única verdad. En el mejor de los casos, creerían que se trataba de una gripe más fuerte; en el más desalmado, que sólo afectaba a los mayores y ellos eran jóvenes.

En cuarto lugar, un Gobierno que ha agravado la crisis y que sigue sin saber cómo lidiar con ella no puede ser la solución a la misma, y por eso se merece ser condenado, no apoyado. El Gobierno no se tomó en serio la gravedad de la pandemia y ha estado dando tumbos desde el primer momento. Escondido tras sus supuestos expertos y científicos, nos dijo que las mascarillas no servían para nada, pero ya sabemos que sí son de utilidad; también nos dijo que los tests no eran necesarios y ahora quieren hacernos creer que están realizándolos a mansalva, aunque la realidad es que nunca acaban de llegar. Aún peor, el Gobierno no tiene ni idea de cómo lidiar con la enfermedad. Los tests, nos dice el máximo experto gubernamental, Fernando Simón, se realizarán solamente a quienes presenten un cuadro clínico de infección respiratoria aguda, lo que es un grave desperdicio y una irresponsabilidad más. Es como si el Gobierno se hubiera rendido al virus y lo único que esperase es que acaben los fallecimientos cuanto antes, sean los que sean.

El Gobierno ha optado por que nos contagiemos todos los españoles, pero lentamente. Y eso es una grave dejación de funciones. Nos quiere convencer de que no hay otro curso de acción y que lo mejor que se puede hacer es aplanar la dichosa curva. Pero no es verdad. Hay alternativas. Y si la oposición se pliega a sus designios será porque no tiene una sola idea y será cómplice de los errores del Gobierno y corresponsable de todas las muertes que se produzcan en nuestro país. No lo olvidemos. La lealtad institucional no se puede mantener con alguien que nos lleva al precipicio sanitario y económico. El número de enfermos se dobla cada tres días (cuando en China era cada 6) y nuestra riqueza se hunde cada hora que pasa.

Hay alternativas, claro que las hay. Teóricamente, a fecha de hoy, son 40.000 los contagiados, en un país con 45 millones de habitantes. Supongamos, cosa que no cuenta el Gobierno, que por cada caso detectado hay 20 no detectados, en línea con lo que sucedió en China; eso nos da 800.000. Menos de un millón. Si los tests se dedicaran a identificar a todos los portadores, sintomáticos y asintomáticos, se podría saber con precisión cuánta gente necesita una cuarentena. Digamos que ese millón de personas ha estado en contacto con otros 10 millones susceptibles de contagiarse. Once millones no son los 45 del total. Bastante menos.

Hoy, en pleno siglo XXI, hay tecnologías que permiten rastrear con total fiabilidad los movimientos de las personas. Seamos conscientes o no, todos llevamos encima elementos de geolocalización. Las torres repetidoras de las compañías telefónicas saben perfectamente quién está en su radio de acción en cada momento. Lo que otras naciones han aplicado con éxito en la lucha antiterrorista se puede –y se debe– aplicar para vencer la pandemia. El objetivo no es el que se plantea este Gobierno (saber cuántos enfermos hay), sino identificar a los portadores y fragmentar la sociedad por grupos de riesgo, de tal forma que se proteja a los más débiles frente a la enfermedad pero el resto pueda seguir con sus tareas, con unas mínimas medidas de seguridad que en ningún caso colapsarían nuestra economía, que es lo que va a conseguir la estrategia equivocada de Sánchez y sus socios.

La política del Gobierno nos ha dejado a merced del virus. De seguir por el mismo camino, sólo nos queda esperar a que, más pronto o más tarde, enfermemos. Pero todavía estamos a tiempo de cambiarla. No hemos llegado ni de lejos al punto de no retorno. Pero este Gobierno no va a rectificar porque más de la mitad de sus miembros están más interesados en cambiar el régimen del 78 y traernos una república bolivariana que en curarnos.

Si la oposición da de nuevo su apoyo al Gobierno, se estará haciendo cómplice de un error histórico y trágico. A los generales que cometen acciones irresponsables en el campo de batalla y que llevan gratuitamente a sus hombres a la muerte se les lleva ante una corte marcial. Si un presidente está empeñado en mantener un curso de acción equivocado y peligroso, con miles de muertos inocentes como consecuencia, sólo debería tener una salida, camino de un tribunal. ¿De verdad que hay que ser cómplice de ello? Los españoles no nos merecemos este Gobierno de desalmados; pero si la oposición no reacciona, mucho me temo que tampoco nos merecemos unos cobardes que no se atreven a plantar cara al virus político que está matando a nuestra democracia.

Imprevisión y caos logístico
Editorial ABC 25 Marzo 2020

Con España cerca del pico más alto de mortalidad por coronavirus, y con la esperanza colectiva puesta en una pronta reversión del drama, lo cierto es que ya se pueden sacar conclusiones incuestionables sobre la gestión política de esta crisis. La principal, sin lugar a dudas, es la imprevisión. Nadie, ningún poder público en Europa, supo intuir la magnitud de esta catástrofe ni en términos de infección y mortalidad, ni en el cálculo de consecuencias económicas. No es cierto, como sostienen ahora algunos ministros, que ya a finales de enero Pedro Sánchez asumió la envergadura de la tragedia. Son muchos los testimonios que la hemeroteca conserva para delatar el negligente grado de descuido público que hubo hasta la imposición del estado de alarma. A raíz de esa indolencia, las comunidades autónomas no contaron con información fiable del Gobierno para adelantarse a posibles soluciones y reaccionar con más diligencia. Aun así, autonomías y ayuntamientos como Madrid empezaron a tomar sus propias decisiones -cierre de colegios y control de los transportes- hasta la llegada del mando único de gestión creado por Sánchez.

El Gobierno debió haber reaccionado mucho antes en lugar de fomentar manifestaciones masivas de modo irresponsable. Trató de aleccionar ideológicamente al ciudadano en lugar de exigirle prudencia. Ya en ese momento, algunos países formalizaban la compra de suministros médicos esenciales, equipos de protección sanitaria y medicamentos. Hoy España sufre trágicas carencias, y la consecuencia es que ya el 13% de los infectados son personal sanitario. Incluso empieza a haber plantes en algunos hospitales por la indefensión. El Gobierno ha ido a rebufo de los acontecimientos. Y los medios de comunicación, imbuidos de la irrelevancia que concedía Sánchez al virus, también debemos hacer una reflexión crítica. España necesita un reparto de culpas equitativo, pero es el Gobierno quien nos fuerza a todos a sufrir ahora las consecuencias de una lucha vital en peores condiciones que países mucho más precavidos.

Además, las incomprensibles trabas administrativas están impidiendo más eficacia en el reparto de material imprescindible, que lamentablemente está siendo comprado a última hora y a un precio más caro. Pero sobre todo, esa imprevisión es inversamente proporcional a la cautela que tuvieron muchas multinacionales y empresas españolas, que sí se dotaron a tiempo de medios para mitigar la crisis. Hoy es el sector privado el que solidariamente ha puesto encima de la mesa instalaciones, donaciones, material sanitario y equipos de protección de modo altruista. De momento, por valor de casi mil millones de euros en global. Que sea ahora el propio Gobierno quien reconozca su caos logístico y la carestía de medios de protección revela hasta qué punto hubo una inicial frivolidad que ahora cuesta vidas.

Aplauso y cacerolazo
Liberal Enfurruñada okdiario 25 Marzo 2020

“Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles”, advierte don Quijote a Sancho en la monumental novela de Cervantes. Tenemos un Gobierno que en este sentido se parece a Sancho Panza, está formado por ineptos con una fuerte carga ideológica pero nula experiencia en la gestión de dificultades. Así, como la Sanidad estaba transferida a las Comunidades Autónomas, a Pedro Sánchez le pareció buena idea poner al frente de ese Ministerio casi sin competencias a Salvador Illa, un político catalán, delfín de Iceta, que posee estudios de Filosofía y tiene la experiencia de haber sido alcalde del pueblo de 10.000 habitantes en el que nació, La Roca del Vallés (Barcelona). Y la gestión de las residencias de ancianos, también descentralizada, se la dio a su vicepresidente Pablo Iglesias, que como todos sabemos estudió Políticas y ha gestionado muy bien su casoplón de Galapagar y nada más. Y a estos hachas se les vino encima la crisis del coronavirus y se quedaron con la boca abierta, balbuceando y sin saber qué hacer. ¡CACEROLAZO!

Todos los días a las 8 de la tarde los españoles nos asomamos a nuestros balcones y terrazas para expresar de la mejor forma que podemos el agradecimiento que sentimos hacia esos quijotes que sí saben enfrentarse a las dificultades y superarlas con su fantástica formación, su amplia experiencia, su magnífico esfuerzo y un espíritu de sacrificio que merece nuestro mayor respeto y admiración. Cada día nos emocionamos al darles las gracias de la única forma que podemos, mediante nuestros más fuertes y sinceros aplausos que nos saben a poco. Aplausos que dirigimos sobre todo a los sanitarios, farmacéuticos, fuerzas del orden y militares que en primera línea se juegan la vida contra el bicho. Pero también a los barrenderos, empleados de supermercados y tiendas de alimentación, conductores de autobuses, taxistas, repartidores y todos esos pequeños héroes de la empresa pública o privada que nos permiten a los demás quedarnos en casa y permanecer a salvo. ¡APLAUSO!

Y desde casa todavía hay muchos que quieren hacer más que aplaudir, como esas monjas que se han puesto a coser mascarillas o todos esos manitas que, con una simple impresora 3D, están fabricando máscaras de protección y hasta respiradores, que son de tanta ayuda en esta emergencia sanitaria. El señor don Amancio Ortega e Inditex, el Corte Inglés, el Banco de Santander, Ikea y tantas otras empresas y profesionales que han puesto su dinero y sobre todo sus conocimientos sobre importaciones y fabricación y unos medios logísticos que son ahora tan bien venidos como necesarios. Para todos ellos, ¡APLAUSO!

Muchos piensan que este es el momento de estar unidos y que ya habrá tiempo para exigir responsabilidades cuando pase esta crisis y podamos empezar a recomponer todo lo que se haya llevado por delante. Desconozco si tienen o no razón. Sólo sé que cada día, cuando dan las 9 de la noche, no puedo evitar agarrar una cuchara y una cacerola para expresar, del único modo que me dejan, el enfado y la frustración que siento contra los ineptos gobernantes que nos están causando tanto dolor. Y también así me uno a mis vecinos que protestan como yo contra este Gobierno que ha tomado tan tarde todas sus decisiones, que se negaron a reconocer el peligro hasta que se celebró la manifestación comunista del 8M, que no avisaron sobre lo que estaba pasando en otros países, que se rieron y tacharon de alarmistas a quienes les avisaban de lo que era evidente que iba a ocurrir, que ignoraron las advertencias de la Organización Mundial de la Salud y de la Unión Europea, que perdieron la oportunidad de haber comprado a tiempo todo el material sanitario que ahora no tenemos, que están poniendo en peligro la vida de nuestros sanitarios y policías por su imprevisión. Y que al mismo tiempo que nos reclaman unidad, se aprovechan del virus para cerrar nuestro Parlamento, impidiendo así toda crítica y oposición como estos hacen en todas las dictaduras chavistas en las que gobiernan. Contra todos ellos, ¡CACEROLAZO!

El Gobierno se queda corto con sus medidas y pone en peligro el tejido productivo del país
José María Rotellar Libertad Digital 25 Marzo 2020

El Gobierno no termina de comprender que la situación económica es verdaderamente grave y parece dispuesto a actuar con la misma diligencia que lo hizo ante la crisis sanitaria, es decir, tarde y mal, que es lo que ha obligado a adoptar tan duras medidas ahora, que han puesto a la economía contra las cuerdas. No obstante, ya hemos reiterado que no es el momento ahora de dedicar tiempo y esfuerzo a analizar el motivo que nos ha traído a esta situación tan extremadamente grave, tanto sanitaria como económicamente, sino que ahora, cada uno, en la medida de nuestras posibilidades, tenemos que arrimar el hombro para conseguir superar esta situación. Tiempo habrá de examinar en profundidad las causas de la desgraciada evolución de los acontecimientos.

Y en eso, más que ninguno, debería estar el Gobierno. Aquí debe concienciarse de que no se trata de ganar o perder votos -puede que, aunque no lo sepa, ya haya perdido muchos entre el electorado- ni de empalagar con frases hechas tratando de apelar a la sensibilidad de los ciudadanos, ni diciendo, una y otra vez que juntos vamos a superar esta situación.

Por supuesto que juntos es como hemos de superarla, pero eso sólo será posible si cada uno cumple con su obligación, y la del Gobierno es no dejar morir al tejido productivo, al cual ha parado en seco por decreto. No es cuestión de dilucidar si esa medida ha sido acertada o no -probablemente, en el tardío momento en el que se tomó, tras celebrarse las manifestaciones del domingo ocho de marzo, no quedase ya más remedio-, sino de que al igual que ha intervenido todo el sector productivo con un decreto, es su obligación deshacer el quebranto con otra intervención que provea de la liquidez necesaria a las empresas, especialmente a pymes y autónomos.

Francia pone sobre la mesa 300.000 millones de euros, y el Reino Unido moviliza 330.000 millones de libras, pero aclarando que proveerá toda la liquidez que exceda de ese importe si fuere preciso. Aquí, sin embargo, habla de 100.000 millones de euros en avales que, además, son de riesgo compartido con las entidades bancarias, porque no cubre el 100% de la financiación, penaliza las operaciones de refinanciación, que son las más urgentes ahora, y pretende cobrar por el aval que presta, cuando se trata de una situación de emergencia, no de una actuación corriente. De momento, Sánchez sólo ha puesto sobre la mesa avales por 20.000 millones.

Al igual que se precisan respiradores, mascarillas y material sanitario de protección, cuidado y recuperación -que gracias a Amancio Ortega y a tantas empresas españolas se va consiguiendo, para que luego los socios podemitas que se sientan en el consejo de ministros los odien y critiquen tanto-, el tejido productivo necesita con urgencia aire financiero con el que combatir la asfixia de liquidez que van a empezar a sufrir. Una gran multitud de pymes y de autónomos no tienen manera de soportar más allá de un mes de cierre total como el que se ven obligados por razones de fuerza mayor. Como son causas ajenas al mercado y a sus decisiones las que los han llevado hasta dicho lugar, hay que sostenerlos en el cortísimo plazo con medidas que no les obliguen a echar el cierre para siempre. Junto a ello, una condonación de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social mientras duren las restricciones son imprescindibles para su supervivencia.

Son necesarias más medidas
Esas medidas habrán de ser acompañadas por otras de carácter estructural, como retornar a una política económica ortodoxa, que abandone el populismo podemita. La vicepresidenta Calviño sabe que no se puede llevar a cabo la subida de impuestos que el Gobierno pretendía, porque sería aplicar una política fiscal contractiva, que perjudicaría aún más a la economía y al empleo. Es más, es tiempo de bajar impuestos para atraer financiación y generar actividad económica y empleo.

Johnson ha sido ambicioso en las medidas económicas que ha presentado, especialmente desde la transmisión de una señal de confianza económica a través de una liquidez ilimitada. Trump también, que ha visto claramente el riesgo letal que puede tener una gran recesión. Merkel y Macron también están actuando con la dotación de ingentes importes de liquidez. España no puede seguir viviendo sólo de alocuciones, de sentimientos y de almíbar. Es preciso que pase a la acción.

El mayor de los problemas que puede tener la economía española no es que en esta primera parte del año caiga con intensidad, sino que su estructura productiva se dañe y no se recupere después, que se pierda para siempre. Si eso sucede, el ritmo de la economía languidecerá y se estancará, con la pérdida de crecimiento potencial y la no recuperación de cientos de miles de puestos de trabajo durante mucho tiempo.

Hace unos días, comentábamos la posibilidad de que la economía española se moviese entre cuatro escenarios. Goldman incluso es más pesimista y llega a hablar de una caída de un 9,7% para España en 2020 -aunque creo que le da más peso al comportamiento del primer semestre que al del segundo semestre, que muestra como un rebote rápido según sus propios números-. Esas cifras manejadas por Goldman creo que todavía podrían evitarse, como dijimos hace unos días, pero para ello el Gobierno debería dejar de pensar en la foto para la prensa y pensar en la liquidez para las pymes, para los autónomos y para todas las empresas. Si no lo hace, avanzaremos hacia un desastre que puede causar también daños irreparables.

Destituir a Iglesias
Emilio Campmany Libertad Digital 25 Marzo 2020

Es evidente que lo que más le preocupa a Pedro Sánchez es sobrevivir políticamente a la crisis. Y cree que su supervivencia depende de que la coalición que le condujo a la Moncloa subsista tras ella. Se equivoca. La gravedad de la situación es tal que, para poder seguir siendo presidente del Gobierno, lo que necesita no es que sus socios le sigan respaldando, sino una gestión eficaz de la emergencia en la que estamos inmersos. Si fracasa, nadie, ni siquiera su propio partido, le apoyará. Debería recordar lo que le pasó a Zapatero tras la debacle de 2008. Si triunfa, serán tantos los muertos y los reveses económicos que le será muy difícil seguir residiendo en la Moncloa, pero al menos tendrá una oportunidad. Y para poder dar la imagen de ser quien nos sacó del duro trance en el que estamos necesita agilidad, asesorarse de los mejores técnicos que haya en España, sopesar las consecuencias de cualquier decisión que esté sobre la mesa y actuar con resolución. Para eso, un Gabinete de veintitantas personas, un Gobierno de coalición con un vicepresidente fría y brutalmente decidido a sacar rédito político de esta calamidad, unos interminables Consejos de Ministros de más de siete horas en los que todo se acuerda de forma consensuada son garantía de descalabro.

Sánchez necesita, por el bien de la nación que gobierna y, si eso no le importa, por el bien de su futuro político, un Gabinete ágil de no más de ocho personas de su confianza que le ayuden a decidir las difíciles medidas que va a ser necesario adoptar. Encima, por si este argumento no bastara, está la circunstancia de la hospitalización de la vicepresidenta primera, que hace que, en caso de enfermar Sánchez, la presidencia en funciones caiga en manos de un comunista doctrinario que no desaprovechará la ocasión para intentar transformarnos en una dictadura. En un estado de alarma, el presidente del Gobierno, como debe ser, acumula muchísimo más poder del que habitualmente tiene. Por muy en funciones que estuviera Pablo Iglesias, tal rosario de competencias en manos de este sujeto constituye un peligro seguro para nuestras libertades. Y aunque Sánchez no cayera enfermo, que no es en absoluto descartable tras haberse contagiado su mujer y su madre, lo cierto es que se ve obligado a pechar con un número dos decidido a imponer sus recetas totalitarias.

En consecuencia, el primer consejo que debería recibir Sánchez de Iván Redondo es el de destituir a todos los ministros de Podemos y a unos cuantos más, aunque sean del PSOE, hasta quedarse con un Gabinete que pueda enfrentar la emergencia con la necesaria rapidez. No hace falta ni siquiera reformar la estructura orgánica del Gobierno. Basta que las competencias de los destituidos las asuman los ministros que sigan siéndolo. Ahora lo esencial es salir de ésta con los menos muertos posibles y con la economía dañada no más de lo inevitable. Sánchez ya no puede evitar que, cuando esto acabe, el juicio de su gestión sea severo. Pero todavía tiene la oportunidad de remontar si, a partir de hoy, hace lo que hay que hacer. Y lo primero es, sin duda, destituir a Iglesias.

Ejemplar compromiso de las empresas
Editorial El Mundo 25 Marzo 2020

En un momento en el que España afronta una crisis sanitaria sin precedentes, lo que está llevando al sistema público de salud al límite de sus capacidades, resulta gratificante el compromiso social acreditado por las empresas españolas a la hora de prestar auxilio en la lucha contra la pandemia. Como bien afirmó ayer José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, "todo ofrecimiento será bienvenido y será aceptado". Esta actitud contrasta con la de una parte de la izquierda, que se empeña en cargar contra empresarios como Amancio Ortega, al que Podemos ya le afeó en su día sus donaciones a la sanidad pública y al que ahora también se le critica por poner la capacidad productiva de su grupo al servicio del Estado. Solo desde el sectarismo se pueden censurar el esfuerzo solidario de nuestra clase empresarial en un contexto tan delicado y angustioso.

Las propias empresas y algunos dirigentes autonómicos, como la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, han ido dando cuenta en las últimas horas de la cascada de donaciones. Las grandes empresas del Ibex 35, desde BBVA a Santander pasando por Iberdrola, Inditex y Telefónica, se han puesto en contacto entre ellas, a iniciativa propia, para coordinarse en la donación de material de primera necesidad. Cada compañía está mirando cómo puede ser más útil aportando proveedores y recursos. El esfuerzo millonario de estas compañías se complementa con otras donaciones de vital importancia. Inditex ha donado cientos de miles de mascarillas y ha ofrecido su capacidad logística, incluidos los canales abiertos desde China. A ello se suman los aportes realizados por otras empresas como El Corte Inglés, Ikea o Mango. También el Real Madrid ha formalizado su contribución a la Comunidad de Madrid, mientras el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y Seat han ofrecido su tecnología de impresión 3D para fabricar mascarillas o respiradores. Todo ello contrasta con la imprevisión del Gobierno y con la inoperancia de Sanidad para acceder en el mercado a suministros imprescindibles.

Teniendo en cuenta la virulencia de la pandemia y las necesidades de equipamiento y equipos de protección entre los profesionales sanitarios, resulta inexplicable que una parte de la izquierda porfíe en sus críticas a las donaciones altruistas que reciben las administraciones públicas. La ayuda prestada por empresas, particulares y fundaciones constituye un espaldarazo clave en la lucha contra el Covid-19. Las grandes empresas españolas, pese al panorama de incertidumbre que se cierne sobre la economía, están demostrando su solidaridad y su firme compromiso social. Solo a través de la colaboración público-privada podrá España superar esta emergencia nacional.

España es mucho mejor que su Gobierno
Carmelo Jordá Libertad Digital 25 Marzo 2020

Siempre digo que España es un país maravilloso para vivir, y, como es obvio, no podría serlo si los españoles no fuesen, en general, buena gente. Es cierto que determinados ámbitos de nuestra sociedad –pienso en los medios de comunicación y en las redes sociales, por ejemplo– parecen copados por aquellos que, precisamente, quieren hacer de este un lugar en el que la vida sea un horror: los rencorosos, los envidiosos, los sectarios… Sí, seguro que también están ustedes pensando que algo parecido ocurre en la política, y no seré yo el que lo niegue.

Pero cuando vienen mal dadas, cuando la cosa se pone seria, surge la España que yo creo que es el sustrato básico de esta nación: la que sale a los balcones a aplaudir y monta pequeñas fiestas de una parte de la calle a otra; la que es solidaria, la que se sacrifica y hasta se juega la vida por los demás; la que trabaja sin descanso…

Sectores enteros de la sociedad española están comportándose heroicamente en estos días tan complicados y duros: el sanitario, por supuesto, pero también la Policía, la Guardia Civil o las policías locales; el Ejército, siempre tan maltratado por los presupuestos y la demagogia, pero capaz de montar un hospital en menos de dos días –¡y nos maravillábamos de los hospitales creados en China en diez!–; los camioneros, que siguen llenando los supermercados en unas condiciones dificilísimas, sin sitios en los que descansar, comer o asearse; los propios responsables de esos supermercados, sus reponedores y sus cajeros; los profesores que siguen dando trabajo y ánimos a sus alumnos para que ni en estas circunstancias pierdan el curso…

Mención especial merecen, creo yo, las empresas. Una ola de solidaridad inmensa recorre desde la multinacional gigantesca al pequeño taller de una ciudad de provincias: donaciones multimillonarias, firmas que dejan de fabricar sus productos habituales y se ponen a hacer mascarillas por miles, los hoteles que enseguida se pusieron al servicio de la sanidad… Los ejemplos son tantos que si hiciese una lista completa excedería con mucho la longitud que debe tener esta columna.

En el otro lado de la balanza está, como casi siempre, una clase periodística que en su mayoría ha sido absolutamente irresponsable y a la que el coronavirus le ha estallado en la cara mientras se dedicaba a cantar las glorias feministas del Gobierno, desinformando a la población y haciéndola asumir riesgos que ya sabíamos eran importantes y que hemos comprobado que fueron gravísimos.

Y sobre todo está un Ejecutivo que dejó pasar el tiempo por su interés propagandístico; que minimizó la epidemia cuando ya había estallado en Italia y teníamos cientos de casos en España; que oculta datos y miente; que ha intentado e intenta usar la crisis para hacer propaganda y obtener rédito político, peroratas televisivas mediante; y que, y esto al cabo es lo más importante, día tras día deja claro que no es capaz de gestionar la crisis sanitaria en la que estamos ni la pavorosa crisis económica que se nos viene encima…

Ya, ya sé que al fin y al cabo le hemos votado –aunque eso es relativo, al menos en esta ocasión–, pero una vez más se está demostrando que España es mucho mejor que su Gobierno. Y esto, al fin y al cabo, no deja de ser una buena noticia.

El Gobierno ‘de izquierdas’, desautorizado y desbordado
Pablo Sebastián republica 25 Marzo 2020

La mentira se ha instalado en la lista inagotable de portavoces de mañana, tarde y noche de este Gobierno, que se dice de izquierdas. Y al que se les mueren abandonados e infectados de coranovirus decenas de ancianos de residencias de la tercera edad, y algunos de ellos -como denunciaron la UME y la ministra Robles- en unas condiciones de soledad y espanto, junto a otros ancianos vivos y puede que también enfermos y contagiados.

El asunto es tan grave que el Gobierno -a pesar de que estos muertos los encontró la UME cuando iba a desinfectar residencias- dice, mintiendo sin pudor, que no sabe cuántos son a pesar de las reiteradas preguntas de los medios. Lo que da una idea de la gravedad de lo ocurrido, que Sánchez e Iglesias han decidido ocultar para evitar otra ola, y esta de indignación y de furia nacional.

Y esto ocurre en España con un Gobierno que se dice ‘de izquierdas’, en el que están representados los socialistas del PSOE, los populistas radicales de UP y los comunistas de IU. Y sin que nadie dimita -por ejemplo Pablo Iglesias que es el vicepresidente de Asuntos Sociales- o sea cesado por el Presidente como podría ser el caso del ministro de Sanidad, Salvador Illa, que no sabe nada de Sanidad y no puede con el cargo y la responsabilidad.

El Gobierno de Sánchez e Iglesias, de muy escaso nivel y muy mal avenido entre ellos, está desbordado, miente sin cesar. Y no se atreve a poner en marcha los ‘tests rápidos’ de detección del coranovirus -que dice tener en su poder lo que está por ver- por temor a la avalancha, la ola o más bien el tsunami de los miles contagiados que podrían emerger de los domicilios donde probablemente están confinada una legión de enfermos contagiados y contagiosos.

Los que podrían duplicar, en cuestión de días o semanas, los cifras que se han publicado ayer y que hoy superarán con creces los 40.000 contagiados y los 3.000 fallecidos. Entre otras cosas porque el personal sanitario -que ya sufre 5.400 contagiados, entre médicos, enfermeras y auxiliares- carece del material sanitario que los pueda proteger, y no estaría en condiciones de hacer frente a la nueva oleada de enfermos.

Lo que, de seguir esto así, nos conduce a un horizonte tenebroso que nos ha de llevar a mediados de abril a superar los 100.000 enfermos y los 10.000 fallecidos, mientras el contagio del personal sanitario crece sin cesar. Todo un panorama dantesco al que ahora se aproxima Italia donde no acaban de ver la cima o ‘el pico’ del contagio para comenzar a bajar y mejorar.

Y ¿qué cuota de responsabilidad tiene el Gobierno en todo esto? En lo de los ancianos muertos y abandonados toda por no haber enviado, ante los primeros indicios, una fuerza de choque sanitaria. Y en la estrategia global de la batalla sanitaria, mucha, porque el Ministro de Sanidad carece de una importante experiencia política y no sabe nada de Sanidad. Y porque este Gobierno ha llegado tarde a todo -como también ocurre en otros países- y carece de nivel político, cohesión interna y de una mayoría parlamentaria estable y ajena al continuo chantaje del soberanismo vasco y catalán.

¿Existe alguna solución o alternativa política a esta situación? Parece difícil pero no imposible, para ello sería necesario otro Gobierno de muy alto nivel en experiencia de gestión política, con técnicos de reconocido prestigio en la Sanidad y con una amplia mayoría parlamentaria que ofrezca tiempo y la necesaria estabilidad. Y eso ¿cómo se hace? Con un pacto PSOE-PP, un poco de audacia y buena voluntad.

Cuarenta años de tomadura de pelo con el pacto PSOE-PP
Nota del editor 25 Marzo 2020

Tras cuarenta años de tomadura de pelo con el pacto PSOE-PP, hay gente empeñada en que volvamos a la casilla de salida para repetir otros cuarenta años de camino a la desaparición. Si unos cuantos más hubieran apoyado a VOX, no habríamos llegado a esta situación. Españazuela bolivariana sigue su desastroso destino por no haber reaccionado a tiempo.


Hay que subir el gasto en sanidad... sin subir el gasto público
EDITORIAL Libertad Digital 25 Marzo 2020

Una cosa es que la pandemia del coronavirus exija un mayor gasto público en sanidad y otra, muy distinta, que el Estado no tenga por ello que apretarse el cinturón en otros ámbitos y se piense que tiene barra libre para disparar el déficit y la deuda públicos. En una familia, y en cualquier empresa, si aparece la necesidad de un desembolso inesperado e inaplazable se recorta de donde se puede para abordar el imprevisto y recurrir lo menos posible al endeudamiento. Sin embargo, ante esta pandemia que mantiene paralizada y confinada en el hogar a la mayor parte de la población, no parece que haya ningún político que abogue, no ya por una reducción del gasto del sector público –que reduzca los ya de por sí asfixiantes niveles de presión fiscal y endeudamiento–, sino que reclame siquiera una reorientación del mismo para atender las necesidades sanitarias recortando de otras partidas. Como si en el gasto total del Estado, cercano al 50% del PIB, no se pudiera rebajar ningún rubro para incrementar el desembolso en sanidad, que supone el 8,9% del PIB.

A este respecto, cabe recordar al Adam Smtih que advertía: "Lo que es prudencia en el gobierno de una familia particular, raras veces deja de serlo en el gobierno de un gran reino". La clase política, sin embargo, considera que lo mejor es seguir gastando el dinero presente y futuro de los contribuyentes, como si la deuda acumulada de gastar lo que no se tiene fuera a desaparecer el mismo día en que se ponga fin a la pandemia. Que la salida de la crisis sea rápida –en forma de V, como popular y gráficamente se dice– o lenta –en forma de L– dependerá decisivamente del grado de endeudamiento acumulado. ¿De verdad nadie está pensando en esto?

La irresponsable reluctancia de la clase política a acometer el menor ejercicio de austeridad resulta especialmente injusta si se repara en la división entre los trabajadores que viven de los impuestos, y cuyo empleo no corre peligro en esta monumental crisis de oferta y de demanda, por un lado, y, por otro, los que no dependen de los (es)forzados contribuyentes sino de una libre y volátil clientela, cuyos puestos de trabajo de hecho ya han empezado a menguar. Especialmente dramática es la situación de las pymes y de los autónomos, que tienen que ver cómo el Gobierno no les quita ni reduce un solo impuesto, sino que sólo les avala para que se endeuden y paguen a sus acreedores y a Hacienda.

En este punto, no cabe sino lamentar que el Gobierno rechace como un "bulo" la rebaja del sueldo a los funcionarios y empleados públicos, cuando una medida de este tipo, aunque fuese temporal y no incluyera, lógicamente, al heroico personal sanitario ni a los igualmente admirables Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, sería una muestra de responsabilidad, de sentido de Estado –en el mejor sentido de esta prostituida expresión– y de esa cacareada solidaridad entre españoles que debe ir mucho más allá que el confinamiento doméstico como forma de contener el contagio.

Pero está visto que este deplorable Gobierno no entiende por "sentido de Estado" otra cosa que la censura de toda crítica a su forma de afrontar la pandemia y las consecuencias económicas de la misma. Mientras, confía en que la máquina de imprimir billetes del Banco Central Europeo haga sostenible su adicción al gasto y al endeudamiento, por lo que se ve mucho más irrefrenable que el propio coronavirus. Lo peor es que la oposición y buena parte de la prensa parecen haber comprado al Ejecutivo su letal mercancía averiada.

Coronavirus: Los médicos acuden ya al juzgado y exigen material de protección en 24 horas
Olivia Moya Libertad Digital 25 Marzo 2020

La Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS), el sindicato médico de la Comunidad de Madrid, ha presentado una demanda ante el Juzgado de lo Social contra la consejería que dirige Enrique Ruiz Escudero.

Desde AMYTS exigen a la administración que provea con carácter urgente e inmediato, en el plazo de 24 horas, en todos los centros hospitalarios, asistenciales de Atención Primaria, SUMMA 112, SAR, centros con pacientes institucionalizados así como todos los demás centros asistenciales de la Comunidad de Madrid, ya sean públicos o privados y cualesquiera otras dependencias habilitadas para uso sanitario: batas impermeables; mascarillas FPP2 y FPP3; gafas de protección y contenedores grandes de residuos.

Por su parte, desde la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) – confederación de la que AMYTS forma parte como sindicato confederado por Madrid- se ha presentado la misma demanda, solicitando medidas cautelarísimas "inaudita parte" contra el Ministerio de Sanidad.

En el texto ambas recuerdan que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Sanidad son claras en orden a la necesidad de que ha de proveerse a los profesionales sanitarios de todo un conjunto de medidas y elementos necesarios para que puedan realizar su trabajo en condiciones mínimas de seguridad y no verse así contagiados por los pacientes o aumentar el riesgo que los mismos sufren, y evitar la propagación de la enfermedad.

Esta medida se ha tomado después de que todos los sindicatos autonómicos estén denunciando falta de material para sus profesionales, que se enfrentan a su labor diaria sin los equipos adecuados para ello pese a que las administraciones anuncian que están trabajando para solventarlo.

Fuentes de AMYTS explican a Libertad Digital que, a pesar del estado de alarma, el empleador de los médicos madrileños sigue siendo la Comunidad de Madrid. "No queremos que esto se entienda como algo político, es protección al trabajador" que depende del Gobierno regional. De ahí también que la denuncia sea en todos los niveles: nacional, a través de CESM, y regional, vía AMYTS, que es donde la asociación madrileña tiene competencias.

5.400 sanitarios infectados
Este mismo martes el director del Centro de Emergencias y Alertas Sanitarias, Fernando Simón, ha admitido que el contagio de los profesionales sanitarios, que presentan mayor tasa que otros países afectados, se puede deber "en parte" a la escasez de equipos de protección.

En rueda de prensa, Simón ha explicado que desde el primer momento hubo dos o tres brotes nosocomiales que afectaron a la transmisión entre el personal sanitario, lo que influyó por "una parte" en el número de afectados, que hasta la fecha son 5.400. Ha asegurado que "no se puede negar" que el acceso a los equipos de protección personal, aunque está resultando "suficiente", en "algunos puntos puede haber momentos críticos en la capacidad" de éstos.

Y lo ha justificado en "un problema de acceso al mercado", ya que esos equipos "han sido durante mucho tiempo muy escasos" a nivel global. Aunque ha indicado que se está en proceso de solucionar estos problemas, ha reconocido que "no hay disponibilidad global fácil" de los equipos, lo que tiene "puede tener una parte" de implicación en el incremento de los contagios entre el personal sanitario.

No obstante, ha dicho que, por otra parte, además de estos profesionales que se han podido infectar en su práctica diaria, también algunos de ellos se han infectado en la comunidad, "una opción que también existe". Todos estos son aspectos que hay que valorar, por lo que ahora mismo "no se puede hacer una interpretación más detallada", ha afirmado Simón.

El desastre Sánchez: España tiene 27 veces más muertes por coronavirus con respecto a su población

Carlos Cuesta okdiario 25 Marzo 2020

El desgobierno de Pedro Sánchez está batiendo todos los récords negativos en la pandemia del coronavirus. España ha pasado del “no somos Italia” y “a lo sumo habrá algún caso aislado” de contagio, a sorprender al mundo por el desastre de la gestión de la pandemia. La comparativa mundial da una idea del descontrol generado. En el momento de escribir esta información, las muertes en todo el mundo por el coronavirus rondaban las 17.200 repartidas entre 185 países. Sólo las víctimas mortales españolas sumaban ya 2.800. La población española representa el 0,6% de la de todo el mundo. Pero, sin embargo, nuestra cifra de muertes por el virus representa el 16,27% de todas las cosechadas. Es decir, que tenemos un peso en la mortalidad mundial por el coronavirus 27 veces superior al que nos corresponde según el volumen de nuestra población.

España, efectivamente, no era Italia. Pero eso era cuando los contagios no saltaron a territorio español. Porque pronto fuimos Italia y uno de los pocos países donde el número de muertes crece a razón de más de 500 víctimas mortales por día: más de la mitad de todas las reconocidas hasta el momento por un país muy parecido a España como es Francia.

Hoy por hoy, resulta difícil creer lo que ocurre en un país que alardea de tener uno de los mejores sistemas sanitarios de todo el mundo, una sanidad universal y un personal sanitario absoluta y totalmente profesionalizado. Cuestiones todas ellas ciertas. Motivos, más que de peso, para tener que reconocer que, por lo tanto, la explicación al desastre no puede proceder de esos factores y sí de la falta de previsión frente a la pandemia.

En todo el mundo, en el momento de redactar este artículo, las víctimas mortales ascendían a la cifra de 17.200. En España sumaban 2.800. Eso significa que nuestro peso en la cifra de muertes totales se eleva al 16,27%.

Pero, sin embargo, ese no es nuestro peso en materia de población ni por lo más remoto. España, con 46,6 millones de habitantes representa el 0,6% de la población mundial.

Si lo medimos en términos de contagios, el descontrol español también es más que llamativo, aunque algo menos. De los 400.000 casos de contagio en todo el mundo, España sumaba al escribir esta información 40.000. Lo que supone que el país gobernado por Pedro Sánchez aporta el 10% de los contagios. De nuevo, claramente por encima del peso de nuestra población en el conjunto de todo el planeta.

De este modo, nuestras víctimas mortales representan 27 veces las que nos corresponden por el peso de nuestra población en el conjunto del planeta. Y nuestros casos de contagio, 16 veces. Datos, todos ellos, desoladores. Y eso implica que, evidentemente, el argumento de Pedro Sánchez de que lo que ocurre en España, ocurre en todas partes, no es verdad.

Por el camino han quedado denuncias de falta de abastecimiento de material necesario para evitar el contagio del coronavirus, carencia de tests de detección de la enfermedad, saturación hospitalaria y falta de reacción y alerta a la hora de frenar las movilizaciones multitudinarias, y dilaciones injustificadas a la hora de adquirir material sanitario en el mercado internacional.

Si Moncloa no sabe proteger a los sanitarios, ¿cómo va a saber proteger a nadie?
ESdiario 25 Marzo 2020

España no solo tiene ya el mayor número de fallecidos por coronavirus en relación a su población, sino que además la enfermedad tiene un índice de penetración entre los profesionales sanitarios sin parangón en el mundo: más de 5.400 médicos y enfermeros han contraído la enfermedad mientras atendían y salvaban vidas, excediendo de manera escandalosa los baremos habituales en tan delicada tarea.

No se contagian en ese grado por la heroica exposición al coronavirus, sino por las deplorables condiciones en las que lo hacen: sin trajes adecuados, con pocas mascarillas y en un entorno de hacinamiento y falta de recursos elementales sencillamente inadmisible y reflejo, a su vez, de la capacidad del sistema para atender a los propios enfermos.

La decisión del Gobierno de centralizar toda la gestión de la pandemia está detrás de la sonrojante lentitud en la adquisición de material para los sanitarios y, por extensión, para los enfermos: unos se enfrentan al mal sin protección suficiente; otros a la curación sin todos los respiradores necesarios, en un cuadro conjunto desasosegante que el Ministerio de Sanidad ha sido incapaz de atender, más pendiente de intervenir a las Comunidades Autónomas que de atender la emergencia.

Sánchez ignoró hasta tres alertas científicas sobre la gravedad del coronavirus

La dejadez ante los sanitarios pone además en tela de juicio la capacidad real del Gobierno de atender una alerta sanitaria que primero despreció, pese a la insistencia en lo que venía de los especialistas y el ejemplo obvio de otros países, y después no ha tenido una capacidad de respuesta mínimamente eficaz.

Que España tenga ya un 10% de todos los infectados registrados del mundo y que el 14% de ellos sean sanitarios lo dice todo del impacto nacional de esa cadena de errores y torpezas, diluidas hasta ahora con el argumento de que le estaba pasando a todo el mundo. Y sí, la epidemia es global, pero el impacto local está dependiendo de la destreza de cada Estado ante un fenómeno similar.

El Gobierno, en cuadro
El caso de los sanitarios, que tienen el respaldo y el agradecimiento que la sociedad expresada cada día aplaudiendo masivamente desde los balcones, refleja un mal mayor que también se resume en el propio Gobierno: un presidente en una especie de cuarentena con media familia contagiada; el complejo de La Moncloa necesitado de desinfección; dos vicepresidentes amenazados por la enfermedad u hospitalizados y otras dos ministras al menos quejadas por el coronavirus.

Sánchez no es culpable de que el COVD-19 exista, pero sí es responsable de cómo se gestiona, con qué anticipación y con qué recursos. Y en ambos frentes está fallando con estrépito, dejando las escandalosas cifras de enfermos y muertos y el abandono a su suerte de los sanitarios como cruel testimonio de su inoperancia, ante la cual los presidentes autonómicos no pueden mirar hacia otro lado. Ellos también tienen respuestas y urge que las apliquen.

Mientes y lo sabes, Pedro Sánchez
OKDIARIO 25 Marzo 2020

El Gobierno sigue empeñado en culpar del colapso sanitario al PP para tapar sus vergüenzas y desvergüenzas. Es una mentira que se desmonta fácilmente, pues como informa OKDIARIO los datos del Ministerio de Sanidad son concluyentes: ni a escala nacional, ni menos aún a escala de la Comunidad de Madrid, se produjeron recortes. El gasto heredado por Pedro Sánchez en 2018 –presupuestado por el Gobierno del PP– fue el mayor de la historia del gasto sanitario español tras haber crecido en más de 5.000 millones de euros en los últimos cuatro ejercicios. En la Comunidad de Madrid, la patraña es aún mayor. Entre 2008 y 2019, el gasto público sanitario del conjunto de las regiones españolas creció un 9,84%, mientras en Madrid fue del 16,6%.
Un ejemplo claro de la desvergüenza socialista es que en Andalucía, feudo socialista hasta finales de 2018- el crecimiento fue sólo del 2,6%. O sea, que la Comunidad de Madrid ha venido incrementado su gasto público en Sanidad desde el inicio de la crisis de 2008 a un ritmo de casi el doble del resto de autonomías. Y casi ocho veces que el aumento de gasto mostrado por la Junta socialista de Andalucía.

El gasto sanitario no dejó de subir con el PP hasta llegar al récord heredado por Pedro Sánchez en 2018 -año que fue presupuestado por el PP-. Entre 2015 y 2018, ese gasto llegó hasta los 75.435 millones de euros. Las cifras no engañan, pero el Gobierno socialcomunista, sí. Y lo hace aún a sabiendas de que está faltando clamorosamente a la verdad. Todas las cifras que desvela OKDIARIO están en el Ministerio de Sanidad y revelan el grado de hipocresía de un Ejecutivo incapaz de hacer frente a la crisis del coronavirus. Consciente de que la situación se le ha ido de las manos, el Gobierno trata a la desesperada de echarle la culpa al PP, especialmente a la Comunidad de Madrid. Precisamente, el territorio nacional donde el gasto sanitario se ha incrementado más. Otra ignominia más.

Díaz Ayuso hace de la necesidad virtud
OKDIARIO 25 Marzo 2020

Apenas llevaba seis meses en el cargo, cuando la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, tuvo que hacer frente a la mayor crisis de la historia de la Comunidad, un reto sin precedentes que ha obligado a una descomunal tarea. Y habrá que convenir que su gestión está a la altura de las circunstancias, todo un ejemplo de entrega y movilización de recursos que contrasta con la ineficacia e ineptitud de un Gobierno socialcomunista que, además, ha puesto todos los impedimentos del mundo a la labor del Gobierno regional madrileño.

Isabel Díaz Ayuso llegó al cargo sin haber ocupado puestos de primera línea de gestión, pero ha sabido hacer de la necesidad virtud para plantar cara políticamente a una crisis sanitaria que se ha cebado con la Comunidad de Madrid y obligado a sus responsables a una titánica labor que es de justicia reconocer. Díaz Ayuso se adelantó al Ejecutivo socialista en la toma de decisiones, como el cierre de colegios y universidades, una medida a la que era reacio Pedro Sánchez, y también ordenó hace semanas restricciones en las residencias de ancianos. Cierto es que le ha tocado lidiar con los efectos letales de la manifestación feminista del 8-M, un acto de irresponsabilidad del Gobierno socialcomunista que supone toda una negligencia mortal. En cualquier democracia asentada esa decisión del Ejecutivo de Pedro Sánchez tendría consecuencias penales.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, en colaboración con el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida -cuya gestión está siendo también todo un ejemplo de eficacia-, está dando respuesta al mayor desafío al que puede enfrentarse un gobernante. Y lo está haciendo pese a que el Ejecutivo no está colaborando lo más mínimo. La inoperancia del Ejecutivo y también -por qué no decirlo- su mala fe no han facilitado para nada la gestión de esta mujer que llegó al cargo sin demasiada experiencia y ya es uno de los activos más sólidos del PP. Pese a ello, su gestión frente al coronavirus es todo un ejemplo que desnuda la incapacidad manifiesta del socialcomunismo que nos malgobierna.

La inoperancia de Sánchez pone en jaque a centenares de miles de autónomos en España
Calixto Rivero okdiario 25 Marzo 2020

Los autónomos españoles se están movilizando de forma activa frente a lo que consideran un atropello del Gobierno en plena de la crisis del coronavirus. Acusan al Gobierno de mentir al decir, en palabras del ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, que «todos los autónomos obligados a cerrar por el estado de alarma o con una caída de ingresos del 75% ya tienen derecho a una prestación» y que «estarán exentos de pagar cotizaciones a la Seguridad Social». Lo cierto es que, salvo que cambie la legislación, el pago de finales de mes tendrán que abonarlo. La duda es: ¿Con qué ingresos?

La realidad en la siguiente: centenares de miles autónomos no tienen liquidez, tienen las cuentas negativo y las pólizas de crédito excedidas. Con las normas actuales, muchos no podrán pagar las cuotas y los impuestos o, para hacerlo, tendrán que ir al banco a endeudarse. En el caso de que no se pueda pagar la cuota de marzo -que es la que asociaciones como ATA están pidiendo suprimir, junto a la de abril-, se podrían acumularían deudas, recargos… Esto les impediría pedir prestaciones futuras por no estar al corriente con las obligaciones con el Fisco. La pescadilla que se muerde la cola, avisa el colectivo.

A esto se suma que, según el plan del Gobierno, en los impuestos tampoco se va a aplazar su presentación, lo que llevará irremediablemente a un peregrinaje de autónomos a las asesorías en pleno estado de alarma y con el consiguiente riesgo sanitario. Mientras tanto, en países como Francia o Italia sí han suspendido cotizaciones e impuestos a autónomos y pymes. Lo mismo ha ocurrido en Estados Unidos, que ha paralizado todos los impuestos federales a las pymes y a los autónomos. España está a la cola de Europa en las ayudas a este colectivo.

Lagunas en la legislación
ATA ha analizado el Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo de medidas extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del coronavirus, que prevé en su artículo 17 la prestación extraordinaria por cese de actividad para los trabajadores por cuenta propia o autónomos afectados por la declaración de estado de alarma y exonera de pagar las cuotas de Seguridad Social, así como, tras el análisis del Criterio 5/2020 de la Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social para la aplicación del mencionado artículo.

En primer lugar, los autónomos explican que el plazo para la solicitud para la prestación extraordinaria es desde el 15 de marzo hasta el próximo 14 de abril, y al haberse prorrogado el estado de alarma hasta el 12 de abril, el plazo de solicitud se ampliaría hasta el 29 de abril.

Sin embargo, el criterio de aplicación de la Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social (DGOSS), donde se concreta el procedimiento para su solicitud y la documentación acreditativa a acompañar con la misma, a 23 de marzo aún no se ha difundido. «Ello supone que, por un lado, puede haber errores formales en las solicitudes presentadas hasta ahora y que, por tanto, éstas sean denegadas. Y, por otro lado, que habrá una avalancha de solicitudes en función del criterio de la DGOSS una vez se difunda el criterio de aplicación», explica ATA.

Es decir, que los trabajadores autónomos y sus gestores tendrán menos de 9 días naturales y 7 hábiles, para recopilar la documentación acreditativa, presentar la solicitud ante sus mutuas, y que éstas resuelvan antes del 31 de marzo, día en el que se pagan las cuotas correspondientes al mes de marzo.

De la misma forma, y dada la prórroga del estado de alarma, el plazo de solicitud de la prestación se amplía hasta el 29 de abril, sólo un día antes de que se carguen las cuotas de autónomos de abril.

Todo ello, cuando los autónomos y colaboradores sociales están en una situación de aislamiento, con negocios cerrados donde tienen la documentación, con movilidad limitada y muchos en situación de teletrabajo. Además, a esto hay que sumar la situación de operatividad limitada de las mutuas en estos momentos.

Según ATA, todo ello supone que el próximo 31 de marzo y el 30 de abril todos los autónomos, menos aquellos que hayan visto resueltas sus solicitudes, pagarán sus cuotas a la Seguridad Social, si no se suspende su cobro.

Para más inri, la Seguridad Social no descarta que en el caso de que se pague la cotización sea el autónomo el que tenga que solicitar la devolución posteriormente. «Es decir, se pagarán las cuotas de autónomos y luego habrá que solicitar su devolución en un nuevo trámite», explica la organización que preside Lorenzo Amor. La solicitud de devolución deberá acompañar la solicitud de la prestación, así como la documentación acreditativa del pago, excluyendo a todos aquellos que la hayan presentado antes del 31 de marzo y el 30 de abril, día en que se descuentan las cuotas.

Según los autónomos, la devolución de oficio tampoco es la solución porque las cuentas de los autónomos no tienen liquidez y, de cargarse las cuotas, muchos recibos serán devueltos y generarán el consecuente recargo. «Aún estamos a tiempo de suspender la remesa de las cuotas de marzo y abril», avisa ATA. El planteamiento de Amor es que a aquellos autónomos que no tengan derecho a recibir la prestación o no la hayan solicitado, se regularice la situación en julio o en agosto, cuando ya la crisis del coronavirus disminuya.

De esta forma, según ATA, se respondería a la situación real de los autónomos y no se generará frustración y malestar en el colectivo al ver que se giran las cuotas de las que supuestamente estarían exonerados. Sin embargo, el Gobierno sigue haciendo caso omiso, por el momento, a estas reclamaciones de los trabajadores por cuenta propia, que son cerca de tres millones en España.

Que el Gobierno responda en el Congreso
Editorial larazon 25 Marzo 2020

La lealtad de la oposición en la crisis abierta por la pandemia del coronavius es absoluta. Así lo expresó en sede parlamentaria Pablo Casado el pasado miércoles 18: «Señor Sánchez, no está solo en la batalla contra el coronavirus. Tendrá el apoyo del PP». No se puede decir lo mismo de los grupos que apoyan al Gobierno, desde el que forma parte de la coalición, Unidas Podemos, a los que lo sostienen parlamentariamente, en el especial el bloque independentista catalán, que sigue sumido en su paranoia particular. Ahora es: el virus español nos mata. Añadió el líder del PP en la misma sesión: «Encontrará más lealtad en nosotros que en sus socios de investidura». Eso es así, y se está demostrado en el día a día en la gestión que se está haciendo en las comunidades autónomas y otras administraciones gestionadas por los populares, especialmente en Madrid, en la capital y en la Comunidad, por Martínez Almeida y Díaz Ayuso, respectivamente, por ser el territorio en el que con más fuerza está golpeando el virus. Ahora bien, la lealtad que se está demostrado no debe impedir el control parlamentario.

Una cosa es que las Cortes dispongan de las medidas de prevención sanitaria y aislamiento como cualquier otro centro de trabajo y otra muy distinta es que se solape su función primordial: controlar al Gobierno y legislar. Si en estados de guerra no debe suceder, con menos motivos, ahora. Hoy debe aprobarse la prórroga por quince días más del estado de Alarma, hasta el 11 de abril, que contará con el apoyo de la oposición, PP y Cs, pero no con el de ERC, que se abstendrá alegando que debe haber un «confinamiento total», en la línea de la propuesta de Joaquim Torra de aislar Cataluña del resto de España. Confunden, como siempre, los objetivos operativos y prácticos con la doctrina nacionalista del «nosotros solos». Pero hoy es también la sesión de control en la que Pedro Sánchez y sus ministros responsables deberán responder a más de cuarenta preguntas que ya fueron presentadas, aunque no han merecido la atención del Ejecutivo. Hay razones de sobra para que se pueda debatir con luz y taquígrafo sobre la situación, se exponga el panorama real, las carencias, los problemas de material médico o el desarrollo y perspectiva de la pandemia. España llega a los 3.000 fallecidos (2.634 el martes), casi 600 más que el lunes –un 24% más– y roza los 40.000 contagiados. Datos suficientemente preocupantes como para que se informe con claridad a los grupos parlamentarios. Sánchez está en su derecho dirigirse al país en alocuciones de más de una hora, pero debería saber a estas alturas que la comunicación no es su fuerte y que prolongar sus apariciones sólo produce la confusión en la ciudadanía porque no se transmite nada concreto, sólo un cúmulo de dudas, como cuando el domingo aceptó que no todo está en manos de los políticos.

Es en el Congreso donde se debe dar cuenta de todas las medidas y responder a incógnitas que todavía no se saben. Es necesario saber por qué no se atendió a la alarma sanitaria que parecía evidente, por qué no se tuvo en cuenta el informe del CSIC que advertía de la gravedad de la pandemia, por qué se retiraron de las farmacias mascarillas, o sobre si el organigrama y equipos del Ministerio de Sanidad son los más correctos para afrontar esta crisis. Efectivamente, hay mucho ruido informativo, como es propio de una sociedad hiperestimulada desde las redes sociales, pero es tarea del Gobierno difundir una información clara. No basta con decir que «lo peor está por llegar», sino cómo se va afrontar la situación. El Gobierno cuenta con la lealtad de la oposición, que ahora representaría una amplia mayoría del país, pero es necesario que Sánchez dé cuenta precisa de la situación, de lo que nos queda y de los medios que se van a emplear y evitar apariciones televisivas cuyo resultado es precisamente lo contrario de lo que busca: qué el Gobierno de España está sobrepasado por la situación.

Más de 4.000 policías y guardias civiles están confinados por síntomas de coronavirus
Carlos Cuesta okdiario 25 Marzo 2020

La Policía lleva avisando desde hace semanas de la situación de indefensión que sufre frente a la enfermedad por culpa de la falta de mascarillas y guantes. La Guardia Civil exactamente igual: ha tenido que operar sin las más mínimas medidas de protección frente al coronavirus. La triste consecuencia se ha materializado: fuentes policiales han confirmado a OKDIARIO que «más de 4.000 agentes de ambos cuerpos se encuentran en estos momentos en confinamiento por padecer síntomas del coronavirus».

Las mismas fuentes señalan que ni tan siquiera pueden saber cuántos de esos casos se corresponden en realidad con positivos en coronavirus «porque no nos están haciendo los test, con lo que no podemos certificar los casos totales de contagio real».

“Se ha tomado la decisión de mandar a sus casas confinados a todos los que tienen los síntomas. Porque, en caso contrario, el riesgo de contagio es aún más grave”, señalan las mismas fuentes.

Pero ellos mismos advierten de un grave problema: “Si sigue así la situación y continúan sin darnos medios de protección generalizados, va a acabar habiendo una falta de efectivos con los que poder hacer cumplir las medidas de confinamiento del estado de alarma”.

Lo cierto es que las cifras de bajas del personal absolutamente necesario para mantener los servicios mínimos en un momento de pandemia empiezan a ser preocupantes.

Este mismo martes por la mañana, el Gobierno confirmaba que el número de sanitarios contagiados por el virus se elevaba a 5.400, un 14% de todos los casos de contagio nacionales. Y a ese colectivo se suma ahora el de los policías y guardias civiles, igualmente rodeados por las bajas.

Sin material protector
En España, el número total de agentes de la Policía se eleva a 65.000. Y el de guardias civiles, a 84.000. El volumen es importante, “pero hay que tener en cuenta que las funciones no se limitan exclusivamente a patrullar las calles, que se opera respetando unos turnos y que, de seguir el ritmo de contagio, la cifra puede llegar a un volumen muy significativo del total de efectivos de los cuerpos”, señala una fuente de la Policía. Y lo cierto es que, en un estado de alarma, la función policial se convierte en absolutamente necesaria para mantener las restricciones y el orden público.

Todo esto, además, ocurre mientras el Gobierno asegura que ya no hay escasez de material protector, en contra de la evidencia y en contra de las quejas de la Policía, que no deja de dar muestras de que el Ministerio del Interior sólo les ha ido proporcionando mascarillas de protección frente al coronavirus para operaciones muy concretas y muy limitadas.

Una de las situaciones más paradójicas se produjo, de hecho, hace unas semanas, cuando el Ministerio de Fernando Grande-Marlaska remitió las indicaciones internas para que los agentes se defendieran del contagio del virus. Lo hizo por medio de una guía que exigía, de forma absolutamente generalizada, el uso de mascarillas: las mismas mascarillas que Interior no le proporciona a la Policía.

Fuentes policiales calificaron ya entonces la situación de “locura”. Y la misma situación se ha dado en la Guardia Civil, donde, no contentos con esa falta de material, han empezado las restricciones exigiendo incluso la identificación detallada del uso, nombre del guardia y motivo por el que se usan las mascarillas, guantes o botes de gel contra el virus. Una situación que está ya cosechando todo tipo de quejas de las asociaciones y sindicatos profesionales ante la indefensión de los dos cuerpos frente a la enfermedad.

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Menos mesas con golpistas y más trabajar
OKDIARIO 25 Marzo 2020

No se puede ser más irresponsable: los españoles confinados en sus casas, sanitarios y policías luchando a brazo partido, y Pedro Sánchez designando representantes para la Comisión bilateral Estado-Generalitat. Cuando todos los esfuerzos del Ejecutivo socialcomunista deberían estar centrados en la lucha contra el coronavirus, el Consejo de Ministros ha designado la delegación que se sentará con los golpistas catalanes.

La delegación del Estado la encabeza la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, de baja por positivo en Covid-19; la Delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, y los secretarios de Estado de Política Territorial, Hacienda y Relaciones con las Cortes y Asuntos Constitucionales. O sea, que el Consejo de Ministros le ha dedicado tiempo a un asunto que, dadas las actuales circunstancias de excepcionalidad que atraviesa España, no merecería ninguna. Ni los efectos devastadores del coronavirus ni la conmoción que sufren millones de españoles han servido para que Pedro Sánchez se olvide de seguir apuntalando puentes, por la vía de claudicar ante el separatismo, para continuar aferrado al poder.

Resulta indecente que el Gobierno haya perdido tiempo en un asunto que, salvo a los golpistas y a la coalición socialcomunista, no le interesa a nadie. Es más, provoca una irritación generalizada, porque es intolerable que a estas alturas de la crisis sanitaria y económica, creciendo el número de contagios y de muertos de manera exponencial y con millones de españoles preocupados por su futuro, Pedro Sánchez atienda las exigencias de Quim Torra, un delincuente que se resiste a dejar la presidencia de la Generalitat pese a ser condenado por desobediencia. En estas circunstancias, nombrar representantes del Estado para reunirse con un grupo de sediciosos es una ofensa en toda regla a España y los españoles.

Según acordaron Sánchez y Torra en la reunión que mantuvieron hace semanas en el Palau de la Generalitat, la bilateral Estado-Generalitat se tenía que reunir a lo largo de este mes de marzo. La presidencia recae en esta ocasión en el Gobierno catalán y, en consecuencia, debe ser Bernat Solé quien la convoque. Eso después de Quim Torra haya dado muestras de su vileza rompiendo el consenso nacional para combatir la pandemia.

A Sánchez parece preocuparle más su permanencia en La Moncloa que hacer frente a la tragedia desatada por la expansión del virus. Ni eso le ha logrado cambiar.
 


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