AGLI Recortes de Prensa   Sábado 28  Marzo  2020

Ni test, ni mascarillas, ni tampoco fármacos
OKDIARIO  28 Marzo 2020

OKDIARIO ha accedido a la información que reciben los hospitales a través de sus sistema de farmacia interna. Se trata de un sistema que les permite adquirir, en conexión con el Ministerio de Sanidad, los productos farmacéuticos que requieran en cada momento para tratar a los pacientes. Este periódico reproduce las pantallas que reciben quienes demandan información: cuando se trata de productos básicos empleados para combatir el coronavirus, lo que aparece es un cartel con el lema «no disponible». Productos como Kaletra, Lopionavir/Ritonavir, Plaquenil 200 ó Roactemra via aparecen con el lema no disponible o stock agotado. Se trata de fármacos que la propia Agencia Española del Medicamento, dependiente del Ministerio de Sanidad, asegura que son indicados para luchar contra el coronavirus.

Su carencia es reveladora de las mentiras del Gobierno. OKDIARIO ofrece las pruebas de que el Ejecutivo socialcomunista falta impúdicamente a la verdad cuando asegura que ya tiene solventado el problema de falta de material preventivo y de medicamentos. Basta detenerse en las imágenes para comprobar que Pedro Sánchez no tiene la situación bajo control, como presume, sino que a la falta de material sanitario de protección contra el virus y a la insuficiencia palmaria de test se une también la ausencia de los fármacos necesarios para suministrar a los enfermos hospitalizados.

El Gobierno socialcomunista, sobrepasado por la crisis sanitaria, ha decidido parapetarse tras la mentira y trasladar la idea falaz de que la falta de suministros sanitarios ha sido un problema temporal. Miente y lo sabe, porque los médicos y personal sanitario siguen trabajando sin medios y desprotegidos -el 15 por ciento de los contagiados es personal sanitario, el porcentaje más alto de entre todas las naciones que luchan contra la pandemia, por encima de Italia y China-y porque los test que llegan lo hacen a cuentagotas y cuando llegan resulta que no son eficaces.

Y ahora, OKDIARIO demuestra que tampoco hay fármacos contra la enfermedad. Sánchez y su Gobierno insisten en que es una cuestión puntual, pero las imágenes no engañan. «No disponible».

Hospitales al límite: 1.100 muertos por coronavirus en Madrid no fueron ingresados en la UCI
Luz Sela okdiario  28 Marzo 2020

La saturación que se vive en los hospitales, y especialmente en las unidades de cuidados intensivos, lleva días siendo una realidad por el imparable avance de la epidemia de coronavirus. La situación especialmente grave en Madrid tiene su reflejo en UCI colapsadas, a la espera aún del pico de la pandemia, que no se corresponderá aún con el pico de estas unidades. Se estima que el peor escenario en cuidados críticos se produzca aún una vez finalizado el estado de alarma. De las cifras actualizadas que cada día ofrece el Ministerio de Sanidad destaca un dato: en la Comunidad de Madrid, hasta 1.100 fallecidos no pasaron por las UCI.

En los hospitales madrileños se temía el umbral del millar de pacientes con necesidad de cuidados intensivos, los más graves, por desarrollar neumonía, y que precisan de una atención constante y respiración. Esa cifra se alcanzó ya este martes, con 1.050 ingresados en estas unidades. Los centros se han visto obligados a ampliar la capacidad a contrarreloj, pero han surgido muchas necesidades: algunas tan primarias como la falta de personal suficientemente cualificado para vigilar a pacientes muy delicados. O la propia falta de respiradores. Los puntos críticos de la pandemia que ha puesto a prueba la resistencia de nuestro sistema sanitario.

Durante esta semana, el número de pacientes en estado muy grave se ha incrementado por la evolución lógica de la propia enfermedad. Según los cálculos de Sanidad, el periodo que transcurre entre que el paciente nota los primeros síntomas y se confirma su diagnóstico es de entre 7 y 10 días. A ello hay que sumar los 5 días de media que ocupa la incubación. Y a esto, los días que pasan desde que se confirma ese positivo hasta que la enfermedad se agrava. Ello supone que la tensión para las unidades de críticos se vea reflejada aún dentro de unas semanas, aún cuando se haya alcanzado el ansiado pico de contagios y la curva vaya en descenso.

El propio Fernando Simón, portavoz de Sanidad para el coronavirus, admitió que lo preocupante ahora no es tanto la curva de contagios, que podría empezar a suavizarse en los próximos días, como la hospitalización y, especialmente, la saturación de las UCI. Y también, por lógica, el número de fallecimientos.

Según el último dato disponible al cierre de esta información, sólo en la Comunidad de Madrid se contabilizaban 2.412 fallecidos, pero el dato de quienes habían ingresado en intensivos era de 1.312.

Un dia antes, el jueves, eran 2.090 las defunciones por coronavirus. Sin embargo, el número de casos con UCI era de 1.221. En toda España, el número de muertes asciende a 4.089, y el de intensivos a 3.679.

«Esperanza de vida»
Hace días, y en previsión del colapso, los profesionales de cuidados intensivos ya emitieron un protocolo en el que se indicaba que, ante dos pacientes similares, se debería «priorizar la mayor esperanza de vida con calidad».

El plan fue elaborado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) con el título ‘Recomendaciones éticas para la toma de decisiones en la situación excepcional de crisis por pandemia Covid-19 en las unidades de cuidados intensivos’. Y en él se dan las pautas para discriminar la admisión en unidades de críticos, para lo que «se debe tener en cuenta la supervivencia libre de discapacidad por encima de la supervivencia aislada».

«Ante pacientes críticos con otras patologías críticas que no puedan estar en otras áreas asistenciales, como reanimación o semicríticos, diferentes a la infección respiratoria por COVID-19, se debe valorar ingresar prioritariamente a quien más se beneficie o tenga mayor expectativa de vida, en el momento del ingreso», se indica. Añaden que hay que «priorizar la mayor esperanza de vida con calidad». «En personas mayores se debe tener en cuenta la supervivencia libre de discapacidad por encima de la supervivencia aislada», recomiendan.

Sánchez da positivo en el test de la incompetencia
OKDIARIO  28 Marzo 2020

Ni 8.000 ni 58.000. Suma y sigue. Serán, por ahora, 640.000 test rápidos los que el Gobierno socialcomunista devolverá por no contar con los estándares de fiabilidad y calidad. El timo es estratosférico, un fiasco descomunal que prueba la incapacidad supina del Ejecutivo para gestionar una crisis sanitaria sin precedentes que está permitiendo comprobar en directo la incompetencia de Pedro Sánchez y su equipo. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha reconocido el fracaso, pero a toda prisa se ha comprometido a adquirir hasta 5 millones de nuevos test a través de varias operaciones que están abiertas. Crucemos los dedos, porque conociendo los antecedentes todo puede pasar.

En el prospecto de los test defectuosos ya se advertía de su escasa eficacia, pero nadie en el Ministerio de Sanidad tuvo a bien comprobar las características del producto. Y eso que el Gobierno chino había advertido al Gobierno de que no todas las empresas estaban en condiciones de suministrar test rápidos en condiciones. Hasta le facilitó un listado con los nombres de las más fiables, pero el Ministerio de Sanidad tiró por la calle del medio y se los encargó a una que no estaba homologada. El por qué es un misterio que Salvador Illa no se ha atrevido a desvelar.

El ministro ha asegurado que los nuevos test rápidos llegarán «en los próximos días», lo que en boca del máximo responsable político en la lucha contra la pandemia no es muy tranquilizador. Lo más irritante es que Pedro Sánchez presumió el pasado fin de semana de haber adquirido «test fiables y homologados». Qué es más fiable, los test o el Gobierno de Sánchez? Es la pregunta del millón. A medida que pasan los días, la incompetencia del Ejecutivo alcanza cotas más altas. Es una exhibición tan burda y grosera de ineptitud que entra de lleno en el terreno de la negligencia mortal. Cuando todo esto pase, el Ejecutivo de España tendrá que responder ante los tribunales de Justicia, porque su gestión puede acarrear consecuencias penales.

Moncloa, centro infectocontagioso de España
Carlos Dávila okdiario  28 Marzo 2020

Podría atribuirse esta condición, de forma claramente eufemística, a la permanente intoxicación o manipulación que el circulo de hierro (o de hojalata más bien) que rodea a Pedro Sánchez está efectuando de la realidad patógena y política del maldito Covid-19. Los Redondo y, en menor medida de responsabilidad, el ex-periodista, hoy fontanero del agitprop, Miguel Oliver, y la cuadrilla de peones de brega, han ingeniado una fórmula, inédita hasta ahora: comunicar a un político con la Prensa gracias un método que restablece la “papela” del franquismo, que convierte al protagonista en un vocero incontestable, que disfraza a los periodistas que se prestan al apaño, de conmilitones de esta basurera oficina de desinformación.

Pero con ser indecente esta conducta, es banderillera, sólo cómplice, de la circunstancia brutal que está disimulándose, ocultando desde la Moncloa, y que no es otra cosa que la situación sanitaria casi desesperada que padece nuestro país. El último bastión de este comportamiento es un descubrimiento realmente miserable: miles y miles de test (ya se apunta a 70.000) de detección del coranovirus adquiridos por el Gobierno de la Nación, no eran científicamente tales, se trataba de artilugios falsos como la cara del mismísimo Judas, sin homologación alguna y fabricados, a mayor abundamiento y para general desgracia, por una empresa pirata exenta de cualquier crédito y experiencia en el sector del aparataje sanitario. Pedro Sánchez, en una de sus kilométricas peroratas destinadas a presentarse como un personaje a medias entre la Madre Teresa y Cantinflas, empeñó su palabra con esta proclamación: “Se trata de test fiables y homologados. Y es muy importante la homologación porque debe contar con todas las garantías sanitarias”. Mentira.

Desvestido el pastel, conscientes los sanitarios del enorme fraude técnico que encierra esta canallada, el Gobierno se ha llamado andanas. Los citados fontaneros no pueden (aunque son capaces de cualquier cosa) atribuir por ejemplo a los consabidos recortes de Rajoy, la culpabilidad de este energuménico timo, de esta estafa para la que este cronista sólo encuentra un precedente: el de la colza de comienzos de los ochenta. En uno como en otro se ha jugado con la salud de las personas. Del sujeto que preparó las fantasías chulescas de Sánchez no hay noticia que haya dimitido por decencia. “¿Por qué -se preguntará- me tengo que marchar yo, sirviendo a un tipo que ha hecho de la falacia pertinaz la falsilla de su vida?”

Ahora mismo el recinto amurallado de La Moncloa es el centro infectocontagioso de España. Son innumerables las personas que se convirtieron en los agentes tóxicos de la enfermedad el mismo día en que, espoleados por Sánchez y por su tribu de feministas “enragés”, acudieron a la manifestación del día 8, fecha en que empezó el “Primer Congreso del Coranovirus Español”. Como dice un colega nada proclive a simpatías conservadoras: “El coranovirus ocupó la primera fila de aquella concentración”. Ahora la simpar ministra Montero larga heces sobre la cabeza de su compañero de Gabinete, el pobre filósofo Illa. MI colega, hombre prudente donde los haya, no se atreve a recordar el letal esputo lanzado por la señora, hoy enferma, de Pedro Sánchez: “Madrid será la tumba del fascismo”. Pues, fíjense por dónde, Madrid es hoy la tumba de más de cuatro mil personas, muchas de las cuales, con certeza, acudieron a la cita infectocontagiosa.

La Moncloa se ha cerrado a cal y canto y, amparándose en un derecho a la intimidad de plastilina, y en la protección de datos mucho más que discutible, se impide que el país conozca cuántos miembros de su Gobierno están infectados o cuántos de ellos guardan cuarentena. Es más; el ciudadano tiene un enfado sideral, confinado en su casa, mientras el vicepresidente aparece y reaparece no vaya a ser que se vaya a Galapagar y pierda su sillón. La Moncloa es así el centro del contagio nacional. Y del desprestigio universal porque hay que ver, sin ir más lejos, el aprecio que merece a los principales periódicos del mundo, el susodicho Sánchez. Él no se va, él no tiene la menor intención de favorecer un Gobierno de emergencia nacional que, ¡ojo para los imbéciles!, nada tiene que ver con estúpidos golpes de Estado. Este reclamo es cosa seria; es ver al frente del Gobierno de Estado a una persona seria, capaz, responsable, veraz, digna y honrada. O sea, el antónimo de Sánchez

El colapso crece: fármacos anticoronavirus ya figuran en los archivos hospitalarios como «no disponible»
OKDIARIO accede a la información que reciben los hospitales españoles a través de sus sistemas de farmacia interna para adquirir los medicamentos que necesitan en cada momento
Carlos Cuesta okdiario  28 Marzo 2020

Mientras Pedro Sánchez afirma que ya ha solventado los problemas de desabastecimiento de test y mascarillas, el colapso crece en los hospitales españoles. OKDIARIO ha accedido a la información que reciben los centros hospitalarios españoles a través de sus sistemas de farmacia interna, aquellos que les permiten adquirir, en conexión con el Ministerio de Sanidad, los fármacos que necesitan en cada momento para tratar a sus pacientes ingresados. Y las pantallas que pueden ver sus responsables son las que hoy reproduce este diario: pantallas donde se empiezan a colgar los carteles de «no disponible» de forma demasiado habitual en productos básicos anticoronavirus.

La imágenes que hoy reproduce este diario prueban la falsedad de las informaciones del Gobierno, que afirma que ya tiene solventado el problema de falta de material preventivo –cuestión igualmente falsa– pero que, además, lejos de haberse solventado, se complementa ahora con la falta de medicamentos clave para tratar a los pacientes en los centros en los que están ingresados. Productos anticoronavirus como Kaletra o Lopinavir/Ritonavir figuran en esas pantallas entre los medicamentos con el cartel de «no disponible».

La propia Agencia Española del Medicamento, dependiente de Sanidad, destaca que se trata de productos indicados para luchar contra el coronavirus; por eso los incluye en la ficha de protocolo contra el Covid-19: «El Ministerio de Sanidad ha elaborado un protocolo para el manejo y tratamiento de los pacientes con infección por SARS-CoV-2 que se actualiza permanentemente. Este documento complementa este protocolo y actualiza los medicamentos disponibles para la infección por SARS-CoV-2».

Y justo ahí, la Agencia del Medicamento relata la importancia del fármaco Lopinavir/Ritonavir con la siguiente ficha: «Es un inhibidor de la proteasa del VIH indicado en combinación con otros agentes antierretrovirales para el tratamiento del VIH en adultos y en población pediátrica desde los 14 días de edad. Es un medicamento comercializado con las siguientes presentaciones disponibles:

LOPINAVIR/RITONAVIR ACCORD 200/50 mg comprimidos recubiertos con película EFG, 120 comprimidos.
KALETRA 200/50 mg comprimidos recubiertos con película, 120 comprimidos.
KALETRA 80/20 mg solución oral, frascos de 60 ml.”

La ficha añade la siguiente y muy importante frase: «Ha sido el tratamiento recomendado por las autoridades sanitarias chinas durante la crisis en este país.»

El fármaco Plaquenil 200 o Roactemra vial 10 ML también figuran ya en esos listados de compra de medicamentos en los hospitales como «no disponibles» o «stock agotado» pese a ser principios anticoronavirus.

El colapso crece: fármacos anticoronavirus ya figuran en los archivos hospitalarios como «no disponible»

Pero mientras, Pedro Sánchez sigue insistiendo en que tiene la situación bajo control. La improvisación del Gobierno de Pedro Sánchez ha tenido ya una primera consecuencia: la falta de stock de material sanitario preventivo -mascarillas, guantes, test de coronavirus- para evitar los contagios y combatir el virus.

El 10 de marzo, el Gobierno acordó e impuso la centralización de las compras de este material por decreto, pese a que desde el primer día del avance del coronavirus, se hizo la compra centralizada de facto por pacto con las autonomías. Y ha tenido que acabar volviendo a compartir esa vía de compra de material con los Gobiernos autonómicos, ante el colapso provocado por su falta de diligencia.

Ahora se descubre que el problema de haber minusvaloraddel coronavirus avanza ya hacia los medicamentos. Todo ello, mientras el Ejecutivo de Sánchez sigue negándolo.

Un modelo matemático confirma que el virus estaba 137 veces más disparado cuando el Gobierno lo negaba
El profesor Antonio Durán estima que posiblemente en España ya había el 6 de marzo miles de infectados reales por más que los detectados fueran 400.
Luz Sela okdiario  28 Marzo 2020

La disparidad entre los datos de casos de coronavirus confirmados que diariamente aporta el Ministerio de Sanidad y los contagios reales es la gran incógnita de la pandemia de coronavirus. Se trata de un dato esencial para, entre otras cosas, determinar el poder que el virus tiene para infectar y, por tanto, evaluar las medidas para hacerle frente. Sin embargo, Sanidad sigue sin disponer de ese marco, como confirman fuentes del Ministerio. La aproximación la aportan los investigadores que actualmente trabajan en precisar el alcance de la epidemia. Un modelo matemático de la Universidad de Sevilla aporta ya un dato valioso: los contagiados en las fechas en que el Gobierno despreciaba al coronavirus multiplicaban con creces los datos aportados oficialmente por Sanidad, la única referencia disponible para los ciudadanos.

El estudio lo realiza el profesor Antonio Durán, del Instituto de Matemáticas de Sevilla y toma como base los casos en Andalucía. Según sus cálculos, el 8 de marzo -día en que el Ejecutivo socialcomunista azuzó las manifestaciones ideológicas en todo el país- habría en esta comunidad hasta 2.890 infectados reales. Ese día, Sanidad no ofreció cifras, algo que sí venía haciendo en las jornadas anteriores. Pero si se toman los casos confirmados el día 6, cuando el Gobierno aún negaba los riesgos del nuevo coronavirus, apenas eran 21 los confirmados en esta comunidad. Es decir, los contagiados reales serían 137 veces más. La cifra total de infectados en España era, según el balance de Sanidad, de 365. 5 personas habían fallecido ya a consecuencia de la enfermedad.

El modelo permite deducir que, por entonces, el coronavirus ya estaba descontrolado.»Decisiones como suspender las manifestaciones del 8 de marzo se tomaron con cifras de infectados detectados de unos cientos de personas (en torno a 400 infectados detectados se habían acumulado el 6 de marzo). Si comparamos con lo ocurrido en Hubei, el 23 de enero se detectaron unos 400 nuevos infectados, cuando la cifra real rondaba los 2.500 nuevos infectados ese día. Posiblemente en España, ya había el 6 de marzo miles de infectados reales, por más que los detectados fueran 400. Por las razones que se dieron en España para no suspender las manifestaciones, uno tiende a pensar que pesó más la cifra de infectados detectados que las estimaciones que pudiera tener el Gobierno sobre los infectados reales», señala el autor.

Aunque avisa que hay que ser prudentes con las cifras, indica también que a fecha de 22 de marzo, las cifras de contagiados en esa misma comunidad oscilarían entre los 7.627 y los 13.825. Sanidad sólo confirmaba 1.725.

Medio millón de infectados
«Por las razones explicadas al inicio de esta entrada, las estimaciones de infectados reales son mucho mayores que las de infectados detectados», concluye el investigador, que señala que «si las estimaciones son correctas» habría actualmente «entre 4 y 8 veces más infectados reales que detectados». Extrapolándolo a toda España supondría hasta medio millón de infectados.

«Ésta es una de las razones por las que es necesario tomarse muy en serio las medidas de confinamiento, porque previsiblemente hay varios miles de infectados que todavía no saben que lo están, y si hiciéramos vida normal los afectados crecerían exponencialmente colapsando en poco tiempo el sistema sanitario», advierte.

Conocer el número real de contagiados resulta fundamental para la toma de decisiones sanitarias, basadas hasta el momento en meras especulaciones. El Ministerio de Sanidad no dispone de esos datos. Preguntado este viernes por el número real de casos, el portavoz Fernando Simón admitió que «eso es difícil» y reveló que el departamento, tres meses después de que se conociese el primer caso, no cuenta con esa información. «Vamos a hacer estudios en breve para poder valorar el impacto real de la epidemia», especialmente «en transmisión comunitaria, porque hay casos asintomáticos o con síntomas muy leves», explicó Simón. Casos que son la clave de que el coronavirus, un virus silencioso, haya tenido una penetración tan excepcional en la población.

Sin datos
El objetivo de Sanidad es disponer de un «cuadro claro» de la «transmisión real» en España que permita, entre otras cosas, valorar el posible nivel de inmunidad a raíz de la pandemia, lo que, según el portavoz técnico de Sanidad, «permitirá valorar qué puede pasar en futuras olas que puedan venir el invierno que viene. Si vienen».

El autor del mencionado estudio avisa que «la toma de decisiones epidemiológicas y políticas durante el desarrollo de una pandemia depende mucho de la información que se tenga sobre la evolución del número de infectados reales cada día». Y llama la atención sobre la diferencia entre el número de infectados reales y el de detectados, el que aparece en las estadísticas diarias.

«Pero el número de infectados detectados puede diferir bastante del dato realmente importante, el número de infectados reales» y «las razones de esa diferencia son múltiples».

En primer lugar, señala, un persona puede no mostrar síntomas hasta varios días después. En segundo lugar, tarda aún en acudir a los servicios sanitarios. En tercero, el diagnóstico puede llevar varios días. Sanidad calcula que entre una cosa y otra transcurren entre 7 y 10 días.

Sánchez toca fondo: desbordado, el ministro Illa quemado, y el Supremo al acecho
Javier Ruiz de Vergara esdiario  28 Marzo 2020

Al Gobierno, en su semana más díficil, se le han abierto tres frentes. El primero interno, el segundo judicial, y el tercero político. La oposición va a mover ficha ante el caos.

Muchos dirigentes del PSOE llevan toda la semana confesando a quien quiere escucharles: "esto va muy mal". La semana más horrenda en la batalla contra el coronavirus han dejado al Gobierno al borde de la ruina total. Y no solamente por los terroríficos datos del balance del Covid 19, imparable, sino por los frentes que se le han abierto a Pedro Sánchez tras su caótica gestión.

El primero, sin duda, es bien preocupante. El núcleo duro del Ejecutivo que batalla día a día en la gestión del estado de alarma tiene aluminosis. La viga maestra de la lucha, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, está absolutamente desbordado. Achicharrado. "Él no estaba ahí para eso, era el enviado de Iceta a Madrid para representarle en la mesa de negociación con Torra", reconocen fuentes socialistas.

Tras el fiasco de la compra de los test defectuosos, a Illa le ha arrebatado parte de sus funciones la titular de Hacienda, María Jesús Montero. Por si fuera poco, la vicepresidenta Carmen Calvo -responsable del engrase del Consejo de Ministros- ha caído víctima del virus y ha tenido que colocar de forma urgente a la titular de Exteriores, Arancha González, al frente de una de las comisiones de subsecretarios. Para cerrar el paso a la gran amenaza interna de Sánchez: el propio Pablo Iglesias.

El ministro Illa se ve forzado a admitir el gigantesco fiasco: los 9.000 test "fake" eran 650.000

Al desmoronamiento del Gobierno se ha sumado ademas un nuevo frente, el judicial. En el Tribunal Supremo hay ya una denuncia contra Pedro Sánchez por prevaricación por el 8-M.

Además, en otro juzgado de Madrid hay abierta otra investigación contra el delegado del Gobierno en la capital, José Manuel Franco, por autorizar las marchas masivas cuando ya se conocía el descontrol del coronavirus. Y ya son cuatro juzgados más que han emitidos autos ordenando a distintos ministerios que suministren material de protección a personal dependiente de sus áreas.

Pero la caótica gestión de estos últimos días, ha abierto un tercer frente: el político. El PP ha decidido subir un escalón en su labor de oposición -garantizada por Pablo Casado la lealtad obligada por la gravedad de la situación- y va exigir a Sánchez que se someta a un escrutinio parlamentario mucho más exhaustivo.

Casado pone a Sánchez ante el espejo de su ineficacia en el momento más trágico

Al margen de exigir toda la documentación existente sobre el fiasco de la compra de los 650.000 test defectuosos a China, este viernes ha anunciado que solicitará que Sánchez comparezca semanalmente en una comisión específica sobre el Covid 19. Para que sus ruedas de prensa con preguntas filtradas y sus mítines en prime time -como el del pasado sábado- dejen paso al obligado control parlamentario.

Tres frentes que van a obligar a La Moncloa a ponerse las pilas. El famoso "pico" no parece llegar y son ya muchas las pruebas que se acumulan de que el Gobierno no sabe cómo encarar una crisis que le ha superado por todos los flancos.

Un SOS a la UE sin los deberes hechos
Editorial El Mundo  28 Marzo 2020

Se equivocarán gravemente los gobiernos instigados por el holandés si no se dan cuenta rápido de que esta es una crisis nunca vista.

La Unión Europea también se juega su ser o no ser en la crisis del coronavirus que, paulatinamente, va afectando a todos los países del continente. La más que tibia capacidad de liderazgo demostrada hasta ahora por la Comisión y la absoluta falta de coordinación de los Veintisiete para afrontar la pandemia, asunto reducido a política interna de cada estado miembro, vuelven a sacar los colores a la organización comunitaria, paralizada desde hace varios años. Y, sin embargo, la paradoja es que la salida de la crisis exige al bloque europeo unidad de acción si se pretende al menos que las economías de los distintos socios no caigan en un estado de coma como el que provocó la recesión mundial de 2008. No cabe el sálvese quien pueda, porque entonces lo más probable es que no se salve nadie.

De ahí que resulte tan dramático como exasperante el fracaso de la bronca cumbre telemática de jefes de Estado y de Gobierno de la UE para intentar acordar un plan de choque económico ante la demoledora pandemia. Una vez más, Europa vuelve a dividirse en dos bloques, norte y sur. España, Italia, Francia o Portugal, entre otros, reclaman una especie de plan Marshall de reactivación urgente que pasa, fundamentalmente, por la aprobación de los llamados coronabonos -esto es, la mutualización de todo aumento de la deuda pública asociado a la crisis del Covid-19-. A ello se oponen países con cuentas tan saneadas como Países Bajos, Austria o Alemania, que vuelven a sermonear a sus molestos socios con la moraleja de la fábula de la cigarra y la hormiga.

Otros 15 días -que ante la devastadora evolución del coronavirus y sus consecuencias económicas y sociales parece una eternidad- se han dado los líderes de los Veintisiete para alcanzar algún punto de equilibrio. Se equivocarán profundamente los gobiernos instigados por el holandés si no se dan cuenta rápido de que esta es una crisis muy distinta a las sufridas en el sector financiero, es una crisis global y de naturaleza sanitaria. Apuntalar las economías del euro con el instrumento que sea es vital para evitar que ningún país, en plena debilidad, caiga ante ataques especulativos y arrastre al resto. Los países más fuertes necesitan también que ningún estado de la UE entre en recesión crónica; la recuperación será más fácil y sólida si la Eurozona en su conjunto resiste. No se trata de salvar a ninguna nación en concreto, sino de que todos nos salvemos a todos.

Pero, con ser cierto lo anterior, qué duda cabe de que los españoles, por hablar de nosotros mismos, afrontamos este trance con un Gobierno muy mermado de autoridad en Bruselas por la insolvente política económica que se ha venido aplicando, lo que deja a Sánchez bastante desarmado para reclamar ahora la ayuda necesaria. Nuestro país arrastra 12 años de déficit público. Y, desde 2014, con un crecimiento sostenido del PIB, acumulamos un descuadre de 260.000 millones de euros en las cuentas públicas mientras Países Bajos, por ejemplo, ha encadenado cuatro años de superávit. El mismo Banco de España ha recriminado al Ejecutivo que no se aprovechara la recuperación para crear un colchón presupuestario. Al contrario, antes de que estallara esta crisis, el Gobierno de Sánchez e Iglesias presentó en el Congreso su hoja de ruta que elevaba el techo de gasto y alargaba el problema del déficit, por no hablar de que nuestra deuda es de casi el 100% del PIB anual, una cifra que nos deja sin margen ninguno de maniobra cuando vienen mal dadas. El SOS a la UE quizá tuviera más eco si Moncloa pudiera garantizar una enmienda a la totalidad a su política económica manirrota.

El Gobierno de las mentiras
Editorial ABC  28 Marzo 2020

En otro tiempo, el PSOE hizo suya la máxima de que «España no se merece un Gobierno que le mienta»

Si hay una cosa injustificable en la gestión de una crisis de salud pública como la que vive el planeta es la mentira. En estas circunstancias, el fraude no solo es inmoral, sino una ofensa a lo más esencial de la democracia y un desprecio a la generosidad de cientos de miles de españoles. El Gobierno de Pedro Sánchez ha mentido para protegerse de su pésima gestión, y lo menos relevante es si lo ha hecho en comparecencias ante la prensa o en la misma sede de la soberanía nacional. Lo verdaderamente alarmante es haber mentido en el momento más crítico de nuestra historia reciente, cuando España afronta la pérdida de un ser humano cada minuto que pasa. O haber mentido sobre el suministro de medios materiales, como afirma la presidenta de la Comunidad de Madrid, cuando casi 10.000 sanitarios están contagiados por el coronavirus. O mentir cuando se afirma en medios de comunicación internacionales que en España no cesan de aterrizar aviones con ayuda sanitaria esencial. Propaganda pura y dura, y además falsa. No es comprensible la mala fe del Gobierno cuando se oculta a los españoles que eran 640.000, y no 9.000, los tests inútiles adquiridos para la detección rápida del virus. Es una indecencia no asumir errores evidentes, recurrir a la opacidad, primar el tacticismo o los juegos de tronos en un Gobierno desbordado, y ni siquiera pedir disculpas por ello.

En otro tiempo, el PSOE hizo suya la máxima de que «España no se merece un Gobierno que le mienta». Por eso la mentira representa un doble desvalor para Sánchez. Para combatir su impotencia, el Ejecutivo nunca debería recurrir a la ideologización del virus. Es una lucha inédita y difícil, sí. Pero una cosa es actuar a la desesperada y otra incurrir en un engaño masivo. Mentir para ocultar chapuzas políticas debería avergonzar a quien lo hace, cuando además dice proteger la salud pública.

Cuántos murieron en 11 horas
Javier Somalo Libertad Digital  28 Marzo 2020

¿Cuántas personas murieron al otro lado de los muros del Congreso en las once horas que nuestros políticos necesitaron para aprobar una prórroga del estado de alarma que ya estaba acordada? Probablemente unas doscientas.

¿Cuántas camas faltaron en ese tiempo? ¿Cuántos test "homologados"?

Once horas de discursos, réplicas, dúplicas, contrarréplicas, whatsapps, tuits, titulares, críticas, reproches. Once horas con ujieres, taquígrafos, conductores, escoltas, policías, limpiadores… periodistas, cámaras. ¿Cuántas vidas se salvaron en once horas? ¿Cuántos nuevos diagnósticos positivos se dieron? ¿Y negativos "concluyentes"? ¿Qué se hizo fuera del Congreso en esas once horas contra el virus que nos mata?

Nadie renunció a su turno, nadie pidió abreviar el innecesario ritual, nadie quiso saber qué pasaba fuera. Me encanta la política, casi desde adolescente, pero el miércoles la odié, me avergonzó y me asqueó por lo inútil del espectáculo. Todos sabíamos que al día siguiente, el jueves, llegaríamos a los 4.000 muertos en España y que Estados Unidos estaría ya a punto de estallar. Pero se refugiaron en la política como si aquello fuera un debate sobre el estado de la nación de cualquier año pasado. Y los de la cuarentena violada, presidente y vicepresidente de cónyuges feministas manifestantes, allí sentados, que son grandes hombres de Estado sin los que no es posible vencer. Valientes inútiles. No saben ni comprar. Les engañan, les timan y dejan al ministro Salvador Illa salir a decir que el mercado "está loco" y claro, qué iba a hacer el pobre. De momento, dimitir y dejar paso a alguien que sepa hacer su trabajo bajo presión y con autoridad.

Decathlon convierte máscaras de buceo en respiradores. Leroy Merlin transforma las caretas de soldador en pantallas antisalpicaduras para médicos. Arehucas deja el ron y DYC deja el whisky para que hagan geles desinfectantes con su alcohol. Hyundai cede su flota al personal sanitario para desplazamientos. Inditex trae mascarillas y otros materiales necesarios para el día a día en la trinchera. IFEMA es un hospital, el Bernabéu; un almacén, el Atleti dona y promueve la donación. Son sólo algunos ejemplos. "Es que si no lo hacen tienen que cerrar", dirá algún Errejón de turno. Claro, mejor que echen la persiana los capitalistas y que encierren al "mercado loco" en un frenopático… Pero resulta que la sociedad ha entendido la producción en una economía de guerra sabiendo que la infantería va de verde y blanco, a veces con mascarilla, y que no puede guardar la distancia de seguridad. Todos podemos estar un día en sus manos y tendremos que preguntarnos si hicimos algo por ellos, o sea, por nosotros mismos.

Vemos remedios a diario, buenas improvisaciones cada minuto, ideas geniales de continuo. Pero sus señorías necesitaron once horas para argumentarse las vergüenzas.

A Sánchez y a su cuadrilla de inútiles y mentirosos no quiero ni verlos. Pero prefiero ver a Pablo Casado hablando con la prensa sin censura o avalando y defendiendo la decidida labor de los gobiernos de Madrid y Andalucía. Prefiero a Vox y Ciudadanos apoyando cualquier iniciativa útil para defender la muralla de la vida con piedras y palos hasta que lleguen las balas. Adoro la política pero no necesito once horas de lucimientos o fracasos personales mientras en los hospitales se corre por los pasillos con la vida y la muerte entre las manos.

Es necesaria la oposición y es urgente contestar cada día a personajes como Irene Montero o el propio Sánchez. Cada estupidez, cada temeridad y cada delito deben tener su reproche, su denuncia y lo más contundente posible. Pero sin encerrarse en los lucimientos parlamentarios. Sin tracks de popularidad. Sin gilipolleces.

Este Gobierno de coalición debe romperse, echar a los inútiles que inundan ministerios y direcciones generales, reforzar a los que llevan ahí dentro mucho tiempo y conocen las máquinas y dar entrada a profesionales de la presión que saben rodearse de equipos eficientes. Los hay y los vemos cada día.

Las próximas once horas, a ver si salvamos más vidas que en las once anteriores.

De mal en peor: el Gobierno del 8-M se pone chavista
EDITORIAL Libertad Digital 28 Marzo 2020

Este Gobierno es una maldición, una calamidad, una amenaza que no hace más que agravar una tragedia para la que hizo de funesto fulminante.

La pandemia del Covid-19, que está colapsando el sistema sanitario nacional, amenaza con provocar la mayor crisis económica de nuestra historia reciente. El FMI ha advertido de que el descalabro puede ser peor que el de 2008, y entidades como Goldman Sachs vaticinan un batacazo de nuestro PIB de hasta el 9%. Terrorífico.

En estos momentos, la prioridad debe ser atajar la expansión del coronavirus y reducir el número de contagios y fallecimientos; pero si no se activa ya un plan económico de emergencia sensato, las consecuencias pueden ser devastadoras. En el plano sanitario, el Gobierno de Sánchez ha pasado de la inacción negligente a la mentira descarada. En el económico el panorama no parece más promisorio, con al menos la mitad del Gobierno deseando con gran infamia aprovechar la ocasión para aplicar medidas muy queridas por socialistas y comunistas pero que podrían tener efectos catastróficos.

En un primer momento, el imposible doctor en Economía Pedro Sánchez presumió de poner encima de la mesa nada menos que 200.000 millones de euros para hacer frente a los estragos de la pandemia, pero esa fastuosa cifra nunca llegará a la economía real. Tampoco supondrá un colchón o un balón de oxígeno para el contribuyente y el sector productivo, como suplican los más afectados. Sencillamente, ese dinero no existe.

El fraudulento plan social-comunista consiste en una serie de avales bancarios garantizados por el Estado y unos aplazamientos tributarios muy concretos que resultan más escandalosos cuanto más se va conociendo de ellos. Así, el Consejo de Ministros del martes dio luz verde a la primera línea de avales por valor de… 20.000 millones de euros; pues bien: no han pasado dos semanas y el Gobierno intoxicador ya le ha quitado un cero a su magno plan de choque.

Por supuesto que no acaban ahí los desafueros. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, quiso explicar a las empresas en qué iban a poder gastar los créditos que tienen que pedir a los bancos para sobrevivir. Poniendo en evidencia hasta dónde llega su voracidad recaudatoria, la inverosímil ministra Montero habló de pagar facturas y salarios… y de atender a las "obligaciones tributarias". Increíble pero cierto: en momentos de tremenda aprensión e incertidumbre, a los empresarios a los que se les viene el mundo encima mientras tienen forzosamente paralizada la actividad laboral, Montero quiso recordarles que no deben olvidarse de los impuestos. Hacienda no sólo se niega a levantarles el cepo, es que pretende prestarles dinero para que paguen impuestos.

Por otro lado, en el Gobierno social-comunista que habla y no para de lo crucial que es dotar a la sanidad de los recursos que merece sólo va a destinar al gasto autonómico en este rubro un irrisorio 0,15% de aquellos increíbles 200.000 millones voceados. Apenas 300 millones de euros tendrán las CCAA para curar a sus enfermos. Las autonomías son las que controlan la mayor parte del presupuesto sanitario del país, con más de 62.000 millones de euros, y el Gobierno no les va a ampliar esa partida ni un 1%. Huelgan comentarios.

Y para rematar la fiesta, este viernes aparece la ministra de Trabajo, la bolivariana Yolanda Díaz, para prohibir en plan chavista los despidos y tener la desvergüenza de pedir "ejemplaridad" a los empresarios. Habla de "ejemplaridad" el Gobierno del 8-M, el Gobierno de la ocultación y la desinformación permanentes. Repulsivo pero cierto.

Es imposible dejar de insistir: en el peor de los momentos, estamos en las peores manos. Este Gobierno es una maldición, una calamidad, una amenaza que no hace más que agravar una tragedia para la que hizo de funesto fulminante.

Un castigo añadido a las empresas
Editorial ABC 28 Marzo 2020

No hacen falta muchas más pruebas para concluir que el Gobierno está absolutamente desbordado y dividido sobre el modo de afrontar la respuesta a la crisis del coronavirus. Desde el punto de vista sanitario, la imprevisión es más que elocuente. Sobran las señales. Pero desde el punto de vista económico y sociolaboral, también es evidente que el Ejecutivo no había ni siquiera intuido la magnitud de la catástrofe que se avecinaba, con casi dos millones de españoles que habrán perdido su empleo en marzo. La formalización de expedientes temporales de regulación de empleo ha pillado desprevenido al Gobierno, que no da abasto a su tramitación jurídico-legal. Los autónomos permanecen en una confusión absoluta y con la percepción generalizada de haber sido engañados con la propaganda gubernamental. Y ahora, miles de empresas verán penalizados su presente y futuro con una decisión carente de sentido y demagógica, como es la de prohibir temporalmente los despidos mientras dure la tragedia. Sostener que el empresario despide a sus empleados por diversión, o con la única coartada de lograr más beneficios a costa de la estabilidad laboral y los derechos de los trabajadores, es un clásico en el discurso populista de Podemos. Pero nada está más alejado de la realidad. Siempre fue absurda la criminalización de los empresarios, pero finalmente Pedro Sánchez ha sucumbido a las tesis de Podemos en el Consejo de Ministros. Y todo, para tratar de revertir la desastrosa imagen que está dando durante la gestión de esta crisis. De nuevo, La Moncloa no recurre a la lógica y a la necesaria adaptación a las circunstancias, sino a una retórica neomarxista que va a hipotecar la supervivencia de buena parte de nuestro tejido empresarial.

Recurrir ahora al populismo ideológico es una decisión errónea que acarreará graves consecuencias a largo plazo. La medida aprobada por el Consejo de Ministros no solo va a generar más incertidumbre laboral, sino que añade un plus de inseguridad jurídica al drama social que vive España. No es legítimo que el Gobierno ponga en duda sistemática la ética de la práctica empresarial, la lógica de la globalización y la sociedad de libre mercado. Es tanto como olvidar que las empresas y los autónomos son los únicos entes reales capaces de crear empleo solvente. Es, en definitiva, un paso más en el proceso de estatalización de las relaciones laborales por la vía de la intervención directa de un Gobierno sin rumbo y en constante improvisación. De algún modo, se decreta el hundimiento forzoso de miles de empresas, que se verán abocadas a un cierre definitivo por cese de actividad en lugar de tener la opción de proteger sus empleos a futuro, aunque sea a costa de que el virus nos fuerce a todos a una temporal merma de nuestra capacidad laboral.

Sánchez desafía a Europa con marketing socialista e hipoteca a los españoles
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital 28 Marzo 2020

La semana que finaliza será recordada como la que acabó de sepultar las pocas posibilidades de nuestro país de evitar una crisis bancaria, cuando pase la que ya estamos pasando. Cada paso que ha dado el gobierno de España durante estos últimos días ha sido un movimiento más hacia el descrédito internacional, la improvisación y la evidencia de que está afrontando esta batalla con pistolas de agua.

Comenzábamos la semana con una portada en el Financial Times: "España apuesta por un nuevo Plan Marshall para toda la Eurozona con el que liderar la recuperación". Como si los 3 billones inyectados en la economía europea no hubieran sido suficientes para que muchos países del Viejo Continente, especialmente los más comprometidos con la estabilidad presupuestaria, no se hayan dado cuenta de que las políticas de estímulo están acabadas.

Europa vuelve a ser el eslabón débil de la geopolítica mundial ante una situación de crisis internacional, que amenaza con ser la peor de todos los tiempos. Esto, a pesar de que desde 2008 hemos abordado:

Dicho de otra manera: Europa ya lleva inmersa en un enorme Plan Marshall correspondiente al 25% de su PIB de forma ininterrumpida en la última década, cuyos resultados ya eran evidentemente fallidos antes de la irrupción de la crisis por el coronavirus.

Merece la pena recordar en este punto que el Plan Marshall original supuso una partida correspondiente al 20% del PIB europeo orientada, exclusivamente, a la reconstrucción física del continente tras la II Guerra Mundial. Ahora, nuestro presidente se ha echado a Europa a pedir un plan similar sin ningún objetivo concreto más allá de luchar contra la crisis del coronavirus.

Los países europeos fiscalmente responsable le han dicho, como no puede ser de otra manera, que cada palo aguante su vela. Mientras él hacía campaña por un Plan Marshall Verde (escondido bajo otras siglas, como no puede ser de otra manera) y llamaba a la "justicia social" países como Alemania acumulaban 5 años consecutivos de superávit público. Como consecuencia, ahora el gigante teutón ha presentado un plan de 750.000 millones de euros, el 22% del PIB, pagado íntegramente con el sobrante acumulado de los últimos años.

Los coronabonos, los nuevos eurobonos
Algo similar ha ocurrido con los eurobonos, ahora denominados coronabonos en la interminable campaña de marketing del socialismo español. Unos productos financieros con los que pretenden empaquetar deuda de la máxima calidad, garantizada por países que se aseguran de mantener a salvo sus finanzas públicas, con la de países como España, Francia o Italia, que se muestran adictos al déficit y son incapaces de cumplir con el Tratado de Maastricht. La consecuencia es evidente: los primeros se muestran reacios a que los segundos, que no han realizado el esfuerzo presupuestario necesario para contar con una buena salud financiera, se aprovechen de su acceso a los mercados.

España llegó a la crisis de 2008 con enormes desequilibrios estructurales pero, al menos, contaba con una buena salud de sus finanzas públicas. Nos salvamos del rescate por muy poco, pero conseguimos salir adelante. Ahora, 10 años después y con 6 años de crecimiento ininterrumpido, parece que seguimos sin aprender la lección.

La casa se arregla con el buen tiempo. Es cierto que los eurobonos es un paso adelante en la construcción de una Europa incompleta, pero no podemos acudir a ellos cada vez que tenemos problemas financieros. Para que la unión bancaria y fiscal salgan adelante, primero tenemos que definir unos criterios de convergencia y después cumplirlos. Exactamente igual que ocurrió en Maastricht.

Apelar a la Unión Europea sólo cuando tenemos la soga al cuello es una excelente manera de acabar con la única razón por la que España no es Argentina: el euro y las garantías y posibilidades que conlleva. O, dicho de otra manera, es una manera muy sutil de apelar al euroescepticismo y a la aparición de populismos en Europa, que es exactamente lo que está ocurriendo. ¿Eurobonos? Sí, pero cuando todos nos comprometamos a cumplir una serie de normas presupuestarias… y las cumplamos.

La buena noticia es que el BCE, aunque con la pólvora mojada, sí que conserva la firmeza en la defensa del proyecto europeo. Ante la barra libre de liquidez de la FED, Christine Lagarde ha eliminado las restricciones autoimpuestas para la compra de deuda pública de un determinado país como parte del programa de 750.000 millones de euros inyectados en el Viejo Continente.

Esto significa que países como España o Italia mantienen asegurado el acceso al crédito a través del BCE, a riesgo de que éste sea no el último (que es lo que debería ser por estatutos) sino el único comprador de deuda pública de países que podrían asomarse, una vez más, a unos mercados financieros cerrados por riesgo de impago. Las primas de riesgo y los CDS ya han comenzado a asomar la patita, y volverán a hacerlo próximamente.

Recesión y paro
Las perspectivas económicas son muy negativas. Europa se enfrenta a una recesión severa, y países como España está a la cola, con caídas de hasta el 10% para el PIB ya en 2020.

Podemos estar a las puertas, en definitiva, de una caída del 10%, de un déficit del 10% y de una tasa de paro que se podría disparar hasta el 20% en un escenario que no es el más pesimista para 2020.

El gobierno de España no sólo no está a la altura, sino que está echando balones fuera. El Banco de España ha sido claro en su informe trimestral: el plan de choque ha llegado tarde y es insuficiente a todas luces. Los medios se pierden en titulares sobre el Plan Marshall mientras el Consejo de Ministros aprueba la sentencia de muerte de muchas empresas españolas. La imposibilidad de despedir a trabajadores va a suponer un ajuste más severo del empleo vía oleada de quiebras y, por consiguiente, la imposibilidad de que dichos asalariados vuelvan a ser contratados.

Mucho me temo que el último movimiento de Sánchez será un nuevo Plan E con cargo a la deuda del BCE y a la flexibilidad presupuestaria que permite Europa. Un nuevo plan de estímulo, que volverá a dejar un agujero notable en las arcas públicas, en lugar de hacer lo que están haciendo los países líderes: exenciones de impuestos e inyección directa de liquidez en las empresas. Ya hay 225.000 ERTE que afectan a 1,7 millones de personas, en un país que tras años de crecimiento económico mantiene a 3,2 millones en las listas del paro.

Estados Unidos, Canadá o Noruega han pulverizado sus máximos históricos en términos de peticiones de subsidios por desempleo. España no va a ser menos. Y Europa claro que es la solución, pero no bajo el prisma de un gobierno autoritario que sólo pretende seguir aumentando sus redes clientelares. Lo pagarán los pocos españoles que queden trabajando, como en 2008.

Calígula Iglesias
Jesús Laínz Libertad Digital 28 Marzo 2020

¿Habrá algún español que no recuerde las áureas palabras de Pablo Iglesias ridiculizando que Ana Botella hubiera llegado a alcaldesa de Madrid por el único mérito, según él, de ser la esposa de José María Aznar? El hecho de que eso hubiera sucedido siete años después de que éste hubiera dejado de ser presidente no debió de ser relevante para el meritocrático comunista.

¿Habrá algún español que no recuerde las justicieras palabras de Pablo Iglesias criticando a los representantes de eso a lo que llamaba "casta" por ganar sueldos abundantes y vivir en casas lujosas, mientras él se enorgullecía de vivir en un barrio obrero al que jamás renunciaría? El hecho de que ahora tanto él como su esposa ganen los mismos sueldazos, y de que haya reculado en su demagógica propuesta de renunciar a lo que sobrepase del triple del salario mínimo, y de que se hayan mudado a una lujosa urbanización burguesa, no parece haber hecho efecto en los millones de votantes de los que se han burlado.

¿Habrá algún español que no recuerde a Pablo Iglesias emocionándose ante las agresiones a policías, esos mismos policías que ahora protegen su privilegiado chalé de millonario –como decía la canción de su camarada Sabina– y a los cuales manda desde su sillón monclovita?

¿Habrá algún español que no recuerde las virulentas proclamas de Pablo Iglesias, y las de su santa esposa, contra la monarquía?

– "Creo que un país moderno, feminista, no se merece que a la Jefatura del Estado se acceda por fecundación sino por elecciones".

– "Frente a la corrupción, nosotros no decimos ¡Viva el rey! Nosotros decimos ¡Viva la República!".

–"Felipe, no serás rey".

–"Felipe, hueles demasiado a Franco, a Thatcher, a Friedman y a Chicago Boy, ¡y contra vosotros aquí no se rinde nadie, carajo!".

–"Todos los Borbones, a los tiburones".

–"Felipe, que vienen nuestros recortes y serán con guillotina".

Ahora, por lo visto, tocan las sonrisas, el compadreo, los abracitos y los besitos. ¡Sorprendente, el poder que sobre las conciencias puede ejercer un chalé con piscina!

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Porque, en esta España valleinclanesca que nos ha tocado sufrir gracias a la voluntad del pueblo soberano, Pablo Iglesias el comunista, el revolucionario, el igualitario, el justiciero, el guillotinador, el hombre del pueblo, el defensor de los humildes, el azote de los poderosos, se ha atrevido a lo que jamás llegaron a atreverse ni Keops, ni Nabucodonosor, ni Midas, ni Príamo, ni Jerjes, ni Salomón, ni Octavio Augusto, ni Carlomagno, ni Saladino, ni Abderramán, ni Eric Hacha Sangrienta, ni Gengis Kan, ni Tamerlán, ni Enrique VIII, ni Carlos V, ni Iván el Terrible, ni el Rey Sol, ni Robespierre, ni Napoleón, ni Fernando VII, ni el káiser Guillermo, ni el zar Nicolás, ni Hitler, ni Mussolini, ni Hiro Hito, ni Franco, ni Lenin, ni Stalin, ni Tito, ni Trujillo, ni Batista, ni Haile Selassie, ni Mao, ni Castro, ni Pinochet, ni Videla, ni el Sha de Persia, ni Pol Pot, ni Idi Amín, ni Bokassa, ni Papá Doc, ni Kim Jong-un, ni Tirano Banderas: enchufar de ministra a su churri portavoza.

El único antecedente al que se podría agarrar el Amigo del Pueblo en busca de justificación histórica es precisamente el de sus camaradas Nicolae Ceaucescu y su esposa viceprimera ministra. Si bien es verdad que aquella linda historia de amor no acabó del todo bien. Aunque también es cierto que Iglesias no ha alcanzado aún las alturas del divino Calígula nombrando cónsul a su caballo. Todo se andará.

No parece que a los españoles se les caiga la cara de vergüenza ante este espectáculo. Y menos que a nadie, al Narciso Supremo que goza de la presencia de los marqueses de Galapagar en el Consejo de Ministros. Pero del mismo modo que otros periodos de la historia de España han pasado a los anales con un adjetivo que los identifica –Trienio Liberal, Década Ominosa, Sexenio Revolucionario–, no será difícil que nuestros días acaben siendo recordados como el Gobierno Infame.

El gramito de Sánchez
Karina Sainz Borgo. vozpopuli  28 Marzo 2020

La unidad de medida del presidente de Gobierno no completa ni siquiera el gramo que le costaría defenderse. Cada vez que habla, Sánchez nos tose, nos desahucia, nos abandona y nos miente

Qué distinta era la vida de Pedro Sánchez cuando repartía su agenda en las dos cosas que más le gustaba hacer: mirarse al espejo y viajar en el Falcon. Lo terrible es descubrir que eso era lo único que sabía hacer. ¡Ah, y lavarse las manos, claro! La madrugada del jueves, Pedro Sánchez ofreció en el Congreso una imagen menguante, un hombre al que ni está ni se le espera y al que sus socios traicionan absteniéndose al momento de prorrogar el estado de alarma.

A medida que pasan los días, el presidente de Gobierno va a menos y hasta cabe preguntarse si no estará él contagiado también. Tras sus febriles alocuciones del fin de semana, Sánchez vuelve a tartamudear y a colgarse las medallas de la obviedad. Anuncia medidas que aún no implementa, compra test pirateados y abusa de la propaganda, acaso porque se cree aún en campaña o porque su vanidad no le deja ver que se le muere un país.

Pidió tiempo Pedro Sánchez, el mismo del que no pudieron disponer los más de cuatro mil fallecidos en España. Resucitado como jefe de la oposición, Pablo Casado le recriminó su inacción y Sánchez, amputado de toda autocrítica, se atrincheró en su silabario de primero de pandemia y aseguró que no emplearía un gramo de su energía en defenderse. Lógico, si no ha logrado hacerlo con la nación que dirige, a duras penas podrá hacerlo consigo mismo.

Dice que no se defenderá, pero si ni siquiera puede hacerlo con la nación

La unidad de medida de Sánchez es tan exigua que no llega al gramo. Se revela más bien como un peso pluma en un combate que pierde en nuestro nombre. Caído en la lona y paralizado por las circunstancias, Sánchez, aquel Julian Sorel de Ferraz, no supera la etapa anal: es incapaz de controlar o contener nada, ni siquiera a la mitad de su Gobierno que aún no se ha contagiado.

La semana aún no termina y al momento de escribir las líneas de esta Polaroid, comienza una a preguntarse si no se habrá velado el carrete, porque al presidente no se le ve por ningún lado. Quizá esa sea su verdadera naturaleza: la invisibilidad, la levedad y la insignificancia. Para haber escrito un Manual de resistencia, es bien poca la que tiene. Cada vez que habla, Sánchez nos tose, nos desahucia, nos abandona y nos miente.

Globalización y coronavirus
Santiago Navajas Libertad Digital  28 Marzo 2020

La pandemia será usada por la extrema derecha y la extrema izquierda para cargar contra la globalización. Pero del mismo modo que la sociedad abierta ha hecho que la epidemia sea más rápida, también hará que la respuesta sea más contundente. Que el parón social no lleve a sociedades cerradas. Va a ser tiempo de los profetas agoreros del apocalipsis. Nos venderán que se presenta ante nosotros el peor de los mundos posibles, lo que llevaría necesariamente al comunismo posmoderno y a reducir las libertades en nombre de la salud pública y la seguridad. Atención a los nuevos Robespierre.

Políticos como Orban exigen poderes absolutos y filósofos como Zizek piden implantar el comunismo urbi et orbi. Tras el Covid-19 vienen los tres jinetes del apocalipsis ideológico: sociedades cerradas, planificación económica y linchamiento social. En España, mientras, tenemos un Gobierno que sigue manifestando su obvia incompetencia, un sistema autonómico que revela su ineficacia y un sector del periodismo más preocupado de respaldar al Gobierno que de cuestionarlo. El virus de la postverdad es el más peligroso.

La globalización es sobre todo un estado de la mente. Es la disposición a mirar más lejos tanto en el tiempo como en el espacio, considerando toda el planeta como nuestro horizonte de pensamiento en el que llevar a cabo transacciones económicas, viajes culturales, experiencias vitales diferentes y también soluciones alternativas a problemas enquistados. En este caso, de Italia y de Suecia nos llegan dos planteamientos para que la pandemia no se convierta en una enfermedad social que derrumbe nuestro sistema económico y nuestra forma de vida.

Varios economistas italianos plantean medidas que no son draconianas para combatir la enfermedad sin tener que parar la actividad económica y social. Para equilibrar el balance sugieren que los menores de cincuenta años se incorporen voluntariamente al trabajo, al tiempo que se separan de los ancianos, se les monitorea con tests y aplicaciones de móvil, además de proveer de incentivos y preferencia sanitaria para ellos. Como me decía un viejo profesor, es mejor morir que perder la vida. Y hay un coste oculto de vidas en el parón social que tiene que ser tenido en cuenta en estos momentos en los que el contador de muertos por la pandemia se hace tan presente ante nuestros ojos.

En países latinos como España e Italia tenemos el problema añadido de que somos muy afectuosos en el trato, lo que ha tenido como efecto colateral un incremento en la propagación del virus. Por el contrario, la frialdad relativa en el trato cotidiano es una de las razones que esgrime el filósofo y economista liberal Johan Norberg para que en Suecia las medidas sociales de cuarentena no hayan llevado a cerrar el país. Además, sostiene Norberg, la población obedece con disciplina las indicaciones gubernamentales para mantener un todavía mayor distanciamiento social.

Sin embargo, tanto en Italia como en España la cuarentena durante este mes habrá hecho concienciar a la mayor parte de la población de la necesidad de medidas como llevar mascarillas y guantes, así como la de evitar una proximidad personal a prueba de virus. Por lo que las medidas propuestas por los economistas italianos podrían llevarse a la práctica para evitar que la lucha contra la pandemia se lleve por delante también nuestra economía. Como nos advertía el Espartero, muy castigado por los toros, "más cornás da el hambre".

Hay que reiniciar el sistema
Igor Marín Ochoa. vozpopuli  28 Marzo 2020

Es imprescindible hacer algo urgente, de calado y con el bienestar de las personas en el centro de la acción

A estas alturas de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19, todos tenemos claro que se han hecho muchas cosas mal. El socavón económico que está produciendo va a traer unas consecuencias sociales y geopolíticas sin parangón. Muchas personas se van a quedar en las cunetas de la economía, sin apenas recursos para sobrevivir. Y no solo las que ya llegan a esta nueva crisis trastabilladas desde el agujero negro de 2008. También colectivos de personas que, disfrutando de la clase media, van a verse arrastradas a unas condiciones mucho peores por la desaparición de sus empresas y, por ende, de sus puestos de trabajo. Y sin trabajo, tampoco podrán disfrutar de un Estado del bienestar que, tras años de recortes y austericidios, va a ser rematado por esta pandemia. A estas alturas de película, con millones de empleados en ERTEs sin saber por cuánto tiempo y cientos de miles directamente en el paro, pensar que en unos meses se volverá al escenario de 2019 es terriblemente ingenuo.

En este escenario, solo las instituciones comunes pueden hacer algo por aliviar la situación. Claro, que cuando durante años se ha criticado, reducido y aminorado los servicios que estas daban, no se encuentran en el mejor momento para exhibir músculo y proteger a la ciudadanía. Sirva solo como ejemplo que en Madrid, Navarra, Canarias y Baleares han desaparecido, según la Organización Médica Colegial, cerca del 30% de las camas hospitalarias durante la última década a pesar de que la población se ha incrementado en todas estas comunidades.

Ponernos ahora a discutir si hechos puntuales como la celebración de eventos deportivos, congresos políticos o manifestaciones feministas la semana previa al confinamiento fue un acierto o un error, que lo fue y mayúsculo, es señalar a la luna y mirar al dedo. Sirven para llenar Twitter de ‘me gusta’ y retuits de los propios y para desgastar al contrario. Pero para nada más. Y, desde luego, no para solucionar los problemas graves a los que ahora se enfrenta y se va a enfrentar la sociedad española.

Este momento, sin que por ello haya que dejar la crítica política ni abandonar las labores de oposición siempre que sea leal y constructiva, requiere demedidas audaces, unidad, liderazgo -que puede perfectamente ser compartido- y coraje para reformar todo aquello que no funciona y dotar a nuestras instituciones de una función útil de protección a la ciudadanía, impulso a la economía y generación de oportunidades en especial para quienes más difícil acceso tienen a las mismas.

En un país sin proyecto como España, que lleva entre dimes y diretes buena parte del siglo XXI, es ahora más necesario que nunca plantear entre todos, o al menos una gran mayoría, un escenario de futuro. Reiniciar el sistema para orientarlo a acabar con las desigualdades; generar oportunidades de riqueza y empleo a los emprendedores y empresarios; y dotar de las herramientas necesarias a través de la sanidad, la educación y las prestaciones sociales a los vectores más desprotegidos de la sociedad.

Es una tarea necesaria, tener un plan de futuro, un horizonte común que nos una como sociedad y dé sentido a la pertenencia a un país. La filósofa Adela Cortina, catedrática de la Universidad de Valencia, lo definía así en una entrevista publicada esta misma semana en la Agencia Efe: “Tenemos que sacar todos nuestros arrestos éticos y morales y enfrentarnos al futuro con gallardía, porque si no mucha gente va a quedar sufriendo por el camino, y a eso no hay derecho”. Y añadía que ese reto hay que decidir entre hacerlo en una sociedad unida para que la gente esté mejor o ahondar en la separación y el ir “unos contra otros”

Hay que sentarse y dialogar para acordar qué hacemos con una España de 17 comunidades. Acabar con el ‘emetreintismo’ madrileño y aceptar que en este país caben otras miradas, otras formas de sentirse español, vasco, catalán o andaluz tan válidas como las de los ‘agitabanderas’. Pero también terminar con la sinrazón de tener 17 teléfonos distintos para los afectados por el coronavirus. O 17 autonomías compitiendo entre ellas para comprar material médico que, por supuesto, no compartirán con el vecino hasta que hayan atendido al último de ‘los suyos’. Las autonomías primero miran el DNI del enfermo.

Hay que analizar si es necesario el café para todos o hay que hacer desarrollos diferentes, que garanticen la igualdad de oportunidades, para distintas autonomías. Y hacerlo ya, sin miedos ni complejos. Lo que parece claro es que tener 17 leyes orgánicas reconocidas por la Constitución, que son los estatutos de autonomía, que no se cumplen, generan fricción permanente, que separan y no solucionan sino que complican la vida de los ciudadanos es un desgaste social, político y económico tan absurdo como inasumible.

Pero si hacia dentro de nuestras fronteras tenemos mucho que hacer, no se quedan atrás las instituciones comunes europeas. La incapacidad de dar una respuesta conjunta a la crisis del Covid-19 de la UE hace plantearse para qué sirve la Unión. Ahora mismo, Europa es un conjunto de países con una moneda común que vive pendiente, incluso acogotado, de las decisiones del Banco Central Europeo. Pero carece de una estructura política, militar o fiscal que lidere, que oriente o sirva de contrapeso a unas decisiones monetarias que ya apostaron por salvar a la banca, sus clientes, y se olvidaron de las personas hace ahora unos diez años. Europa tiene que dar pasos que demuestren su verdadera utilidad, que la tiene, o casos como el Brexit dejarán de ser anecdóticos. Ver a países negar la venta de material sanitario a sus conciudadanos europeos da tanta vergüenza como miedo de lo que nos depara el futuro de la Unión.

Es imposible resumir en un artículo todo lo que habría que reiniciar. Cada uno de los párrafos escritos da pie a miles de matices, posibilidades y opiniones. Pero si algo nos deja claro esta crisis que se posa sobre las cenizas de la anterior es que hay que hacer algo urgente, de calado y con el bienestar de las personas en el centro de la acción. Todo lo que no sea eso es dar pasos hacia atrás en el progreso que tanto nos ha costado conseguir.

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El peor ministro en el peor momento
Segundo Sanz okdiario  28 Marzo 2020

Cuando nombras un Consejo de Ministros no para gobernar, sino de cara a la galería, buscando contentar a populistas, nacionalistas y separatistas y a base de cuotas, como ocurre en el caso del ministro de Sanidad, elegido realmente para hacer de enlace con el independentismo ponsatí y satisfacer al indultor Iceta, corres el riesgo de que la realidad atropelle tal designación, como está ocurriendo con el ministro Pesad-Illa, que tiene ya un pie fuera del gabinete sanchista por su nefasta gestión frente al coronavirus.

Que el filósofo pscista está grogui y sobrepasado por esta funesta tormenta ante la que reaccionó tarde y mal, lo evidenció el jueves en el Congreso diciendo que el Gobierno no pudo suspender el 8M porque no tenía competencia. Una mentira como una catedral. ¿Y para qué está el delegado del Gobierno en Madrid? ¿Por qué Illa no le reportó al socialista Franco que el día 3 marzo —cinco jornadas antes de la marcha femiprogre— su ministerio ya había confirmado la “transmisión comunitaria” del Covid-19 en España?

No obstante, la responsabilidad principal recae aquí sobre Pedronono por confiar la cartera de Sanidad al primero que pasaba en su campaña de deshielo con los golpistas. «El que digui el Salvador (Lo que diga Salvador)», contestaba Iceta en campaña electoral delegando así en su secretario de Organización, cuyo problema radica precisamente en ello, en que accedió al ministerio no por su manejo en las altas esferas de la Administración, sino por su perfil de hombre de partido dispuesto a allanar la negociación con los secesionistas.

Y claro, cuando tu hoja de servicios, la de gestor de la cosa pública, son diez años como alcalde de tu pueblo, La Roca del Vallès, de diez mil y pico habitantes, junto a dos estancias breves en el Ayuntamiento de Barcelona y en el Govern, ya no una pandemia mundial, sino tu propio país, se te queda demasiado grande. Que Illa no es médico como las ex ministras Ana Pastor o Carmen Montón, ni científico como Bernat Soria, ya lo sabíamos, pero su desconocimiento del sistema autonómico, al que ha desabastecido negligentemente en la lucha contra el bicho, ha evidenciado su incompetencia. A la ministra Mato le cogió la crisis del Ébola también sin haberse puesto una bata, pero Moncloa supo reaccionar a tiempo y colocó a la vicepresidenta Santamaría al frente de la coordinación de las comunidades.

Sin embargo, el Doctor Cum Fraude ha dejado aquí a Illa que se abrase, encadenando errores de bulto. El fiasco de los 640.000 test defectuosos adquiridos a una empresa china sin licencia es ya el primer trazo de su epitafio político —las compras ya las lleva Hacienda— como ministro de Sanidad. Podemos no quiso la «caseta del perro» (así le llamó a esta cartera con las competencias transferidas) y Sánchez entregó la hoy Autoridad Competente a un filosoberanista para que le acompañara en la mesa de la traición con Torra. El peor ministro en el peor momento.

Sánchez, desbordado por la cifra de muertos, se echa en brazos del sector más radical del Gobierno
Frente al Gobierno de concentración, el presidente opta por una salida de la crisis fiscalizada por el populismo y el nacionalismo.
Cristian Campos elespanol  28 Marzo 2020

La prohibición del despido por "causas económicas, de producción, de organización o de fuerza mayor" y la agresividad de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la rueda de prensa en la que anunció este viernes la medida han sido recibidas por los empresarios como una declaración de guerra del Gobierno.

Políticamente, la decisión de Sánchez sólo puede interpretarse como una victoria del sector más radical del Gobierno frente al sector tecnocrático encabezado por Nadia Calviño. La decisión de prohibir todo despido no cubierto por los expedientes temporales de regulación de empleo (ERTE) supone en la práctica una enmienda a la totalidad de las tesis defendidas por la ministra de Economía.

"Son medidas bolivarianas", afirmaron fuentes empresariales tras conocerse la decisión de un Gobierno socialista abrumado por una sangría de despidos que amenazaba con disparar la tasa de paro hasta niveles no vistos desde la crisis de 2008.

Según los empresarios, la epidemia de Covid-19 es sólo la excusa utilizada por el Gobierno de PSOE y Podemos para "acabar con el modelo de libre empresa". La medida fue, sin embargo, bien recibida por UGT. "Los empresarios deben entender que estamos en emergencia y que no se puede despedir", dijo su líder Pepe Álvarez.

Tampoco ha sentado bien entre un sector empresarial ya muy golpeado por la crisis la agresividad con la que se expresó la ministra de Trabajo, de Podemos, que llegó a insinuar la idea de que los empresarios están aprovechando la epidemia para despedir trabajadores. "Nadie puede aprovecharse de la crisis sanitaria. No se puede utilizar el covid-19 para despedir", dijo la ministra.

Situación crítica
El anuncio de la prohibición del despido mientras dure la crisis no parece casual. Porque la posición del Gobierno, muy frágil desde el comienzo de la epidemia, se había convertido en insostenible ayer.

El fiasco de la compra de 640.000 tests; los 64.059 infectados y 4.934 muertos; las persistentes quejas por la falta de material sanitario de protección, de respiradores y de medicamentos esenciales; los contagios y las muertes de médicos y agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; y la noticia de que Irene Montero ocultó su contagio a los funcionarios de su Ministerio, situaron en una posición muy delicada al presidente del Gobierno.

Las tensiones entre los ministros de PSOE y de Podemos son habituales desde el comienzo de la crisis. Podemos ha acusado repetidamente de "hostilidad" a Nadia Calviño y Carmen Calvo. Los de Iglesias acusan también a Calviño y Calvo de las filtraciones que han dejado al descubierto, y en manos de la prensa, esas discrepancias.

Pero a esa guerra no es ajeno Podemos. Los ministros de Iglesias también han presionado con insistencia a Pedro Sánchez para que adopte unas medidas económicas –el famoso "escudo social"– que parecen más en sintonía con el programa electoral del partido morado que con el del partido socialista.

El principal detractor de esas medidas es el sector más tecnocrático, o socialdemócrata, del Gobierno. Un sector encabezado por Nadia Calviño y del que también forma parte Carmen Calvo, aunque por razones muy distintas a las de la ministra de Economía.

Huída hacia delante
La respuesta de Sánchez frente a esas tensiones internas ha sido lanzarse a los brazos del sector más radical del Gobierno, el de Podemos. En la práctica, una huida hacia delante que conduce al país por un camino muy diferente al del resto de la UE.

La decisión resulta chocante a la vista de la lealtad y el sentido de Estado con el que PP, Ciudadanos e incluso Vox han reaccionado a esta crisis. Y la sesión del pasado miércoles en el Congreso de los Diputados fue una prueba de ello.

Durante esa sesión, el apoyo de PP, Ciudadanos y Vox a la prórroga del estado de alarma y la abstención de Bildu y JxCAT, pero sobre todo de ERC, situaron al presidente del Gobierno frente a una evidente disyuntiva.

¿Debe continuar Pedro Sánchez apoyándose en esos socios de investidura –y de moción de censura– que evitaron votar a favor de la prórroga del estado de alarma?

¿O debe librarse Pedro Sánchez de la soga que le ata a sus socios actuales y aliarse con esos partidos de la oposición –PP y Ciudadanos– que este miércoles apoyaron la prórroga del estado de alarma? Partidos que, en una situación de emergencia como la actual, no pondrían peros a un Gobierno de concentración nacional junto al PSOE.

Incógnita resuelta
Las medidas anunciadas ayer por la ministra de Trabajo parecen haber resuelto la incógnita. Frente al Gobierno de concentración de PSOE, PP y Ciudadanos que tantos sectores políticos y empresariales han suplicado al Gobierno durante los últimos días, Sánchez ha optado por la radicalización de un Gobierno ya de por sí volcado hacia la extrema izquierda.

La decisión de Sánchez de apoyarse en Podemos en vez de en los partidos del centroderecha no le garantiza el futuro apoyo de los partidos nacionalistas, cuya lógica política discurre por libre. Pero lo facilita. Una ruptura del PSOE y de Podemos, y una consiguiente alianza con PP y Ciudadanos, le supondría perder los apoyos de ERC y muy posiblemente del PNV.

Apostando por Podemos, Sánchez ha optado por una salida de la crisis fiscalizada por el populismo de extrema izquierda y el nacionalismo.

La decisión es arriesgada. Porque Sánchez no tiene ninguna garantía a día de hoy de que sus actuales socios, conscientes de la debilidad parlamentaria del PSOE, no sientan la tentación, una vez superados los peores momentos de la crisis, de tensar la cuerda para exigir unas medidas y unas concesiones que serían incapaces de conseguir en condiciones de normalidad. Si lo han hecho en plena epidemia, ¿qué no harán cuando esta amaine y Sánchez esté más débil que nunca?

La negligencia y sectarismo del Gobierno se paga con muertes
“Mare verborum, gutta rerum” Expresión latina
Miguel Massanet diariosigloxxi  28 Marzo 2020

Si tuviéramos que expresar de alguna manera el comportamiento del ejecutivo del gobierno, presidido por el señor Pedro Sánchez, con relación a la pandemia del coronavirus en nuestra nación, puede que la forma más breve, concisa e ilustrativa que tuviéramos que usar para hacerlo sería la expresión latina “un mar de palabras y una gota de ideas”. Por mucho que intenten desviar la atención del pueblo hacia otros presuntos responsables, por muchas excusas que pretendan sacarse de la manga o por mucho que busquen paliativos a los fallos garrafales que se han cometido, tanto en la detección como en la valoración, prevención y respuesta para luchar contra esta enfermedad que, hoy en día, está siendo la causa del fallecimiento de miles de personas en nuestro país. La evidencia no puede ser negada y la dura realidad de que nos encontramos poco menos que inermes ante la epidemia que asuela nuestra patria, sin que por grande que sea el esfuerzo de los miembros del Gobierno que con sus declaraciones, charlas, promesas y sucesivas rectificaciones pretendan calmar los ánimos de una población que se ha mostrado, en líneas generales, disciplinada y colaborativa, pero que ya tiene la mosca detrás de la oreja viendo como, a medida que transcurre el tiempo, se sigue sin dominar la situación, que el prometido momento en que el contagio entraría en crisis y empezaría la curva del descenso de casos, todavía no hay ni rastro de ello en un horizonte cercano y que, entre tanto, el número de muertos experimenta, cada día que pasa, proporciones dantescas que sobrepasan cualquier previsión que los más pesimistas hubieran podido hacer y ya no hablemos de aquellas que nos han estado proporcionando las autoridades sanitarias, en sus frecuentes apariciones ante los medios de información públicos y privados.

Ya no se habla de días ni de semanas porque ya no hay nadie, ni científicos, ni médicos ni expertos en esta clase de pandemias, que se atreva a dar una fecha a partir de la cual el virus del Covid19 empezará a dar señales de debilitarse. Esta mañana hemos escuchado una charla de uno de los científicos que está trabajando en encontrar un medicamento o conjunto de medicamentos que, ya no se habla de acabar con el virus, pero sí que sirviera al menos para evitar o disminuir el contagio de la enfermedad, lo que sería un gran logro para acotar la duración de la pandemia.

Cuando parecía que, por fin, se habían tomado algunas medidas encaminadas a paliar la grave situación del país y se nos anuncia a bombo y platillo, por el señor ministro de Sanidad, que se van a comprar a China una serie de artículos de protección, respiradores, mascarillas, pantallas y test para detectar el corona virus. En este contexto resulta que una partida, comprada a una empresa china, la Shenzhen Bioeasy Biotechnology, de estos test que han llegado a nuestros hospitales no son efectivos y que según ha resultado de los primeros análisis, sólo un 30% de las pruebas llevadas a cabo ofrece un resultado positivo, en contraste con el 84% de positivos que dan los análisis con la técnica que se viene utilizando conocida como PCR, más lenta pero más eficaz. Según los técnicos en la materia la sensibilidad de los test, adquiridos por el Gobierno, es muy baja. Resulta que, según dicen en la embajada china, la citada compañía farmacéutica “no ha conseguido todavía la licencia oficial de la Administración Nacional de Productos Médicos de China para vender sus productos”, aunque parece ser que sí ha obtenido el sello CE requerido para exportar su material a Europa.

Por otra parte la Embajada China ha aclarado que, el pedido de 5.5 millones de test para el coronavirus, anunciado por el señor Illa el miércoles pasado “está en curso pero los materiales adquiridos por España no han salido de China todavía”, precisando que el Ministerio de Comercio de China presentó a España una lista de proveedores clasificados en la que, por supuesto no estaba incluida la Shenzhen Bioeasy Biotechnology La sociedad española SEIMC publicó un informa aconsejar no usar este test rápido y que, si se hace, sólo debe ser complementaria a la RTPCR. Parece ser que el ministerio de Sanidad ya ha admitido el fallo y anuncia la devolución de 9.000 de estos test.

Pero no crean ustedes que mientras el coronavirus está acaparando la información nacional, la izquierda española se está quieta, permanece aletargada o se olvida de ir conspirando para conseguir sus objetivos de mantenerse en el poder, procurar presentar a la derecha como la verdadera culpable de que el coronavirus nos esté masacrando; intentando seguir manteniendo buenas relaciones con los separatistas del señor Torra pese a que, este mandatario, ha dado claras muestras de su disgusto por el hecho de que se haya implantado el estado de Alarma en Cataluña, una decisión del gobierno central que, para el presidente de la Generalitat catalana, presuntamente inhabilitado para ocupar el cargo, viola las competencias de la comunidad autónomas catalana.

Lo cierto es que el resabiado, amargado y rencoroso señor Echenique sigue empecinado en sus intentos de acabar con la oposición, para lo cual no le duelen prendas si ha de hacer las propuestas más acadabrantes, inadecuadas, inoportunas y, por supuesto ilegales. Aprovechando que el Pisuerga político pasa por el Valladolid del desconcierto nacional, está presionando a Sánchez para que recorte, todavía más, las libertades de movimientos y ¡Ojo al parche! “de opinión” en el país. Es evidente que, para el gobierno socialista y comunista, actualmente en el poder, esta epidemia les ha venido como pedrada en un ojo, precisamente cuando se estaban relamiendo de su mayoría y a punto de consumar la mayor traición a España, llegando a acuerdos con el separatismo catalán y vasco para que siguieran apoyando durante toda la legislatura al gobierno, todo ello a cambio de, vayan ustedes a saber qué tipos de contraprestaciones, por otra parte, fácilmente previsibles conociendo el percal de ambos negociadores. De aquí que no nos podamos permitir tregua alguna, aunque la nación esté hoy en día atenazada, estresada y acobardada por una de las epidemias más graves que nunca se hayan visto en nuestras tierras hispanas.

Los que puedan pensar que el señor Sánchez no va a hacer todo lo posible e imposible para intentar darle la vuelta al descrédito que, indudablemente, le va a reportar a él y su gobierno el cómo han enfocado la llegada de esta pandemia, tarde, dubitativamente, con falta de decisión y lentos en valorar los acontecimientos que, como es obvio, los han venido superando desde antes de que, oficialmente, declararan la epidemia hasta estos momentos en los que el caos sanitario se ha convertido en algo evidente para cualquier ciudadano que quiera valorar la situación de una forma objetiva. Tienen una losa política que los está aplastando y que, en el momento en que todo este estado de excepción finalice, no sabemos cuándo pero, indudablemente, algún día deberá terminar, van a tener que afrontar. Por vez primera el feminismo recalcitrante, las comunistas radicales y toda esta pléyade de mujeres que han preferido renunciar a su condición de madres, esposas, responsables de sus hijos y de sus hogares para lanzarse a las calles para defender el aborto, la independencia, la libertad sexual y su supuesta dependencia del sexo contrario, en un alarde de inmadurez, extremismo, revanchismo y, por encima de todo, un afán de suplantar al hombre, en la creencia de que siempre ha salido favorecido en su rol respecto al que se les asignaba a ellas. ¡Explíquenselo a aquellos que ha muerto a millones en la innumerables guerras que han tenido lugar a lo largo de la historia!

La conjunción del interés del Gobierno, presionado por el feminismo de la señora Montero, la esposa o compañera del señor Iglesias, dio por resultado que, aunque ya estaban en manos del ejecutivo los informes de los científicos respeto a la peligrosidad del coronavirus, que ya estaba haciendo estragos en Italia, y la presión de las entidades feministas especialmente agresivas durante los últimos meses, interesadas en darle el máximo de publicidad a las manifestaciones previstas para el 8M, como un medio de seguir su política de lucha en contra de lo que, para ellas, es “machismo”, cualquiera que sea el significado que a esta calificación le quieran dar, que habitualmente es empleado por las feministas para cualquier reacción templada o destemplada, justa o injusta, provocada o espontánea, apropiada o inapropiada, intencionada o impremeditada en las disputas que se puedan dar entre ambos sexos, siempre en perjuicio de los varones, esto sí, siempre barriendo para ellas. Por mucho que ahora, a toro pasado, pretendan justificarse, lo cierto es que para la mayoría del pueblo español el que se autorizara aquellas manifestaciones, fue uno de los errores imperdonables en los que incurrió el Gobierno, una imprudencia que, por mucho que intenten justificarla va a ser motivo de las justas quejas a las que van a tener que enfrentarse los actuales gobernantes y, muy posiblemente, van a ser muchas las actuaciones judiciales que se van a poner en marcha ante los juzgados de este país, para reclamarles responsabilidad por su incapacidad para hacer frente, en tiempo, forma y antes de que fuera tarde, la llegada del Covid19.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, en la situación de enclaustramiento a la que, forzosamente, nos hemos visto obligados a situarnos, seguimos pensando que la postura de aislamiento en la que se ha situado el gobierno socialista y comunista, que actualmente es el responsable de la lucha contra la pandemia del virus, que nos ha llegado desde China, prescindiendo de los partidos de la oposición en unos momentos en lo que lo que hubiera sido lo razonable y, sin duda, lo más conveniente para el país hubiera sido aparcar la política y proceder a formar un gobierno de coalición o salvación nacional enteramente entregado, de una forma prácticamente exclusiva, a la lucha contra el virus asesino y, también, en tomar las medidas económicas, sociales y fiscales complementarias en defensa del mantenimiento de la actividad industrial, mejorar la fiscalidad en favor de empresas y ciudadanos y arbitrar medidas especiales para evitar que la nueva crisis económica, que parece inevitable que tengamos que afrontar, sea lo menos gravosa para nuestra nación y los españoles en general.


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