AGLI Recortes de Prensa   Lunes 30  Marzo  2020

La desesperanza y la necesidad de una reacción democrática nacional
Pedro de Tena Libertad Digital 30 Marzo 2020

Si alguien quiere una demostración palmaria de que el virus guerracivilista que cultivan las izquierdas y los separatismos es más peligroso para la nación que el coronavirus sólo tiene que atender a unos hechos comprobables. En su versión vasca, su virus de plomo separatista mató a casi 1.000 españoles y desalmó a centenares de miles de vascos y de otras regiones españolas, forzándolas a ocultar, despreciar o maldecir sus raíces. En su versión catalana, con menor número de muertos infectados de plomo, pero con una corrupción desatada, un golpe de Estado y una incidencia virulenta máxima en la pérdida de autoconciencia de los centenares de miles de inmigrantes que se fueron a trabajar a Cataluña desde la década de los 50, la epidemia causó estragos.

Que el virus guerracivilista ha sido impulsado por la izquierda socialista es algo demostrable. Tras el comportamiento del Partido Comunista durante la Transición, pareció que nadie más volvería a inocular el virus del odio civil que condujo a la guerra. Nos equivocamos todos. Cuando el PSOE de Felipe González entrevió que podía perder el poder en las elecciones de 1993, revivió la ponzoña que había incubado a sus anchas en Andalucía desde 1982. Luego vinieron el dóberman, la abominable manipulación del mayor atentado terrorista de Europa (11-M), la selecta memoria histórica que sólo ve lo que necesita ver, Podemos y así sucesivamente. Hasta la crisis del ébola, una crisis que tuvo sólo dos muertos, fue utilizada por Pedro Sánchez de manera infame contra el Gobierno del PP

Ayer mismo, tras comprobar con indignación el tuit del PSOE de Madrid, área de Igualdad, culpando a la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, de la muerte de 1.150 mayores en las residencias de la capital y la región, la desesperanza se ha hecho mayúscula e inevitable. Tras todo el espectáculo que hemos sufrido de imprevisión, de invitación al contagio, de prevaricación moral, de falta de eficacia e incluso de ridículo internacional en la actuación del Gobierno de Pedro Sánchez (aún no sabemos el nombre de la empresa que facilitó 650.000 tests rápidos inservibles que han dañado la salud de los miles de contagiados y ya veremos por qué), la culpa la van a tener todos los demás menos la banda, que esto no es un Gobierno, de Pedro Sánchez.

En medio de una crisis sin precedentes parecidos, ahora sanitaria, después socioeconómica y en el futuro moral, las izquierdas que dominan hoy el Gobierno muestran una vez más que no hay voluntad de reconciliación posible con quienes no se identifican con sus postulados. Por tanto, en España la democracia no puede ser posible porque sus normas, sus reglas, su espíritu fundacional liberal, sólo son instrumentos para que esta izquierda infectada de guerracivilismo conquiste el poder, a ser posible, todo el poder. La socialdemocracia no existe y el sociocomunismo se está imponiendo sin que parezca importarles demasiado el sufrimiento de enfermos, trabajadores ERTEados, empresas desaparecidas o congeladas, ciudadanos confinados ni de nadie. El coronavirus, más que una tragedia nacional y humanitaria, es para sus dirigentes una oportunidad propicia para lograr más y más poder.

Ante esta evidencia, los demócratas españoles debemos despertar del sueño romántico de esperar que alguna vez las izquierdas respeten los fundamentos de un régimen constitucional en el que no creen. Nunca han creído en una España común ni en la competencia política leal de gobierno y oposición para ver quién procura más libertad y prosperidad a unos ciudadanos inteligentes. Siguen obsesionados con atribuir a los adversarios el pecado de la maldad. De gente así no puede esperarse más que una epidemia general de guerracivilismo incluso en medio de una pandemia como la que vivimos.

Los que consideramos deleznable un porvenir como el que ansían, tenemos que reaccionar desde ahora mismo, aunque suframos las consecuencias de una catástrofe. La necesidad de la unidad de los defensores de una nación libre y democrática es urgente y su expresión política, que debe concretarse como tabla de salvación nacional, deberá concurrir a las próximas elecciones, si es que las hay, para que evitemos el naufragio de la desesperanza y definamos un rumbo claro de libertad y tolerancia recíproca para España.

Destruirán la economía para tapar su incompetencia y oprimir a la ciudadanía
EDITORIAL Libertad Digital 30 Marzo 2020

Con la improvisación y torpeza que suele exhibir, el sobrepasado e incompetente Pedro Sánchez decidió el sábado dar una nueva vuelta de tuerca a la restricción de la actividad económica, en un nuevo intento de paliar las consecuencias de su inacción cuando estaba a tiempo de luchar de manera eficaz contra el coronavirus. Fiel a su estilo, Sánchez no aclaró qué entiende el Gobierno por actividad no esencial, que es la que se pretende paralizar para evitar nuevos contagios; pero de lo que no cabe duda es de que el impacto en la economía va a ser brutal.

Quince días después de que se declarara el estado de alarma, el sistema sanitario está desbordado a causa del aumento espectacular de los contagios, sin que el personal que lo integra cuente con las más elementales medidas de protección. Superado por las dimensiones de la crisis que su Gobierno ha cebado, Sánchez ha decidido entregarse a sus socios comunistas y dictar la paralización de gran parte del sistema productivo. La decisión va acompañada de una batería de medidas ineficientes y liberticidas en el mercado laboral, de tal manera que los empresarios afectados no podrán producir, pero tampoco adaptar sus plantillas a una situación tremebunda, de la que el Gobierno del 8-M tiene tanta y tan imperdonable responsabilidad. Muchas pequeñas empresas se verán abocadas a la desaparición, lo que provocará una muy grave crisis económica.

Que los ciudadanos dependan del Gobierno para subsistir es el escenario soñado por el infame Pablo Iglesias y sus secuaces. Ese es el modelo que los líderes podemitas ayudaron a implantar en Venezuela, país devastado por el socialismo del s. XXI y subyugado por un hatajo de narcocriminales de la peor especie.

Tanto la oposición como la sociedad civil deben reaccionar y activar todas las señales de alarma. Este Gobierno no es de fiar, mucho menos en circunstancias tan excepcionales como las propias de un estado de alarma, donde sujetos como el leninista Pablo Iglesias, adictos al 'cuanto peor, mejor', pueden provocar auténticos estragos en el régimen constitucional.

Un Gobierno que perjudica seriamente la salud
OKDIARIO 30 Marzo 2020

Por si faltaban pruebas de que el Gobierno socialcomunista sabía en los días previos a la manifestación del 8-M que su celebración implicaba un tremendo riesgo sanitario, OKDIARIO ofrece a sus lectores el documento enviado, el 6 de marzo, por la directora general de Salud Pública, Pilar Azcárraga, a los organizadores del Congreso Evangélico que iba a celebrarse en la Caja Mágica de Madrid entre el 19 y el 21 de marzo y que tenía previsto congregar a 4.000 personas. La alto cargo del Ministerio de Sanidad recomienda su aplazamiento o suspensión «hasta que se haya verificado por la autoridad sanitaria el control de la transmisión de la enfermedad y del riesgo asociado».

La carta fue enviada un día después de que el Ministerio de Sanidad emitiera un oficio, con fecha de 3 de marzo de 2020, en el que se aseguraba literamente que «los eventos multitudinarios de cualquier tipo, con amplia presencia de personas procedentes de cualquiera de las zonas del mundo en que se ha constatado transmisión del virus SARS-CoV-2, se consideran evento de riesgo para la transmisión de este patógeno y suponen un riesgo para la salud de la población».

Sin embargo, el Gobierno jaleó, alentó y hasta puede decirse que organizó la manifestación del 8-M en Madrid, una cita a la que acudieron 120.000 personas, con el Ejecutivo socialcomunista en primera fila de la manifestación. Esa concentración, sin embargo, no fue considerada de riesgo, y hasta el mismísimo coordinador del centro de alertas sanitarias, Fernando Simón, preguntado al efecto dijo que «si mi hijo me pide mi opinión sobre si asistir o no le diré que haga lo que quiera».

Quiere decirse que mientras instaban a los organizadores del Congreso Evangélico a suspender el mismo en cumplimiento del oficio emitido por el Ministerio, en el que se alertaba sobre la necesidad de evitar los eventos multitudinarios de cualquier tipo a causa del coronavirus, el Gobierno se ponía ese fin de semana al frente de la manifestación feminista. O sea, una prevaricación en toda regla que ha causado miles de contagios y provocado efectos demoledores entre la población. Una negligencia mortal.

Las intolerables y dañinas improvisaciones y chapuzas del Gobierno de Sánchez
ESdiario 30 Marzo 2020

El espectáculo dado de nuevo con el BOE y la parálisis total de España es inaceptable, especialmente por el intento de Iglesias de aprovecharlo para aplicar su agenda chavista.

Millones de españoles se han levantado esta mañana sin saber si tenían que ir a trabajar o no, después de que Sánchez anunciara este fin de semana la paralización casi total de la actividad empresarial, industrial y laboral del país.

Pero la publicación en el BOE del Real Decreto que debía precisas esa medida no se ejecutó hasta casi la medianoche, evidenciando una vez más el grado de improvisación con que opera el Ejecutivo desde el comienzo de la crisis.

Por resumirlo en pocas palabras, Sánchez anunció una medida traumática en fin de semana, sin consultarla ni negociarla con nadie, sin precisar todos sus detalles, sin dar tiempo para su aplicación, sin tenerla cerrada y debidamente consignada legalmente y, a lo que parece, sin contar con Podemos, su socio de Gobierno.

Las imposiciones de Iglesias parecen explicar otro infumable episodio, a añadir a casi todos los que han jalonado la gestión sanitaria y económica de la crisis, marcados por la tardanza, la inconcreción, las lagunas y la ineficacia.

¿Chavismo ahora?
Que en este caso añaden una inquietante dosis ideológica con la firma de Podemos, la incluir en la letra de medidas necesariamente provisionales un burdo intento estructural de intervenir la riqueza privada del país con la excusa de subordinarla a un supuesto interés general que, al parecer, representa un partido muy proclive al funesto intervencionismo chavista.

Con ese panorama, es de lo más razonable que la oposición en bloque haya puesto el grito en el cielo y empiece a plantearse si el consenso en torno al Gobierno es de verdad positivo para el país o, por contra, solo para que los excesos y lagunas de Sánchez queden impunes y puedan ampliarse. Preguntarse si a un presidente ineficaz en la gestión y sectario en lo ideológico hay que extenderle un cheque en blanco empieza a ser de lo más oportuno.

Estado de inseguridad jurídica
Guadalupe Sánchez. vozpopuli  30 Marzo 2020

Una de las cualidades que deben predicarse de cualquier Estado democrático y de Derecho es la confiabilidad del ordenamiento jurídico. Para que los ciudadanos puedan desarrollarse libremente tanto económica como socialmente, necesitan poder predecir cómo actuarán los poderes públicos en la aplicación de la norma. La seguridad jurídica va indisolublemente unida a la libertad y a la igualdad ante la ley. Su némesis es la arbitrariedad. Porque el poder sin cortapisas y sin control es, por definición, injusto y arbitrario.

Que ante una situación excepcional el Gobierno de la nación decrete el Estado de Alarma es algo que los españoles podemos prever, pues es uno de los mecanismos que contempla nuestra Constitución para defenderse a sí misma y al conjunto de la ciudadanía. También podemos representarnos con meridiana claridad que, durante la vigencia del escenario de excepcionalidad, el Ejecutivo concentrará en torno a sí mismo poderes y facultades que le legitimarán para suspender algunos derechos y libertades. Asumimos también que la finalidad de esta previsión normativa es dotar de capacidad de respuesta a nuestros gobernantes para poner fin a una grave alteración la normalidad, como puede ser una crisis sanitaria. Todo por mor de la seguridad jurídica.

Sólo en dos ocasiones se ha decretado el Estado de Alarma. Las dos, bajo el mandato de un gobierno socialista. Pero mientras que la primera, la de los controladores aéreos, se solventó de forma relativamente ágil con una actuación contundente del Ejecutivo, en esta crisis sanitaria generada por el coronavirus, el gobierno de coalición anda como pollo sin cabeza. Toda su actuación está marcada por la ausencia de previsión, la irresponsabilidad, la propaganda ideológica, la improvisación y la mentira.

Pero las desgracias nunca vienen solas, y todo el cóctel anterior encuentra cumplido reflejo en el BOE. En una situación en la que los ciudadanos hemos entregado nuestras libertades al poder y le hemos dejado disponer de nuestro día a día a cambio de salud y certezas, éste nos lo paga con inseguridad jurídica, eslóganes baratos y ruedas de prensas adulteradas. La pandemia sanitaria ha puesto al descubierto las carencias formativas y de gestión del gobierno liderado por Su Persona y su enorme culto a la desinformación y el relato como encubridor de la falsedad.

Para muestra, el espectáculo político representado este fin de semana. Primero, anunciando que el Gobierno había prohibido el despido. Se conoce que como los malvados empresarios siguen enriqueciéndose a pesar de que por ley se les prohíbe desarrollar su actividad, hay que evitar que dejen a sus trabajadores en la calle aprovechando lo del coronavirus como excusa. Ni que decir tiene que no prohibieron despedir, sino que limitaron las causas de despido y, en consecuencia, encarecerlo. Como no puede ser de otra forma, el efecto que tendrá esta norma será el contrario al anunciado: no sólo no va a evitar despidos, sino que será causa de un mayor número de ellos como consecuencia del cierre de muchas empresas ante la imposibilidad de extinguir los contratos de solo parte de la plantilla.

Otro gran hito del despropósito lo encontramos en el anuncio de Pedro Sánchez de reducir la movilidad creando un permiso retribuido recuperable para los trabajadores que no presten servicios esenciales. El sábado por la tarde, Sánchez compareció frente al teleprónter y ante el pueblo español para anunciar que el objetivo del gobierno era endurecer el confinamiento, limitando las actividades económicas y laborales autorizadas. Dijo Sánchez que la medida entraba en vigor el mismo lunes y se remitió al listado de actividades consideradas esenciales contenidas en la norma.

A la mañana siguiente, el domingo, se anuncia que se ha aprobado el Real Decreto que contiene esta medida por el Consejo de Ministros, pero ni rastro de la misma en el BOE. Millones de ciudadanos pendientes de saber si el lunes 30 de marzo tienen obligación de acudir al trabajo o no. No es hasta que apenas faltan 20 minutos para la entrada en vigor de la norma que ésta aparece publicada. Al parecer, había desavenencias en el seno del Gobierno respecto a un texto que se supone que habían aprobado horas antes . Pero lo más lamentable de todo es que, ni tras darle publicidad, se pone coto al desconcierto y a la inseguridad. Al contrario: ésta se agrava dado que la norma no incluye en su ámbito subjetivo de aplicación a los trabajadores por cuenta propia, a los autónomos.

Es evidente que un autónomo no se iba a retribuir a sí mismo el permiso, ni tampoco a recuperarlo porque no tenemos horario. Pero qué menos que tenerlos en cuenta en una norma que detalla qué servicios se consideran esenciales y cuales no, aunque sea a los efectos de saber si podrán acudir a su puesto de trabajo en una situación tan grave como la que atravesamos. Más aún cuando cabe la posibilidad cierta de que el trabajador se enfrente a importantes sanciones económicas en caso de incumplirla. Porque el autónomo no trabaja por cuenta ajena, pero es un trabajador.

Al estado de alarma generado por el virus, se suma un estado de inseguridad jurídica del que es único responsable el Gobierno. Ni recortes del PP, ni el neoliberalismo, ni las autoridades científicas, ni la UE: única y exclusivamente el Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez

El esperpento es tal que, en algunos momentos, podría pensarse que se trata de la escenificación de un show al que los ciudadanos asistimos no como público, sino como principales perjudicados. Mientras el Gobierno perpetra su actuación, determinada prensa servil nos intenta convencer para que aplaudamos las hazañas del Presidente en su épica batalla para protegernos del virus. Pero no hay campaña de peloteo, por muy institucional que ésta sea, que aguante la imagen de Sánchez como un Cid Campeador. Porque si el coronavirus se ha revelado como un enemigo para nuestra salud, este gobierno está demostrando ser un auténtico peligro para nuestros trabajos y nuestros bolsillos. Que no les quepa duda que cuando la pandemia sanitaria acabe, comenzará la batalla contra la pandemia económica y política inoculada en nuestra sociedad por este nefasto gobierno de coalición.

Dentro de la tormenta
Luis Herrero Libertad Digital 30 Marzo 2020

Volvió a pasar. El sábado por la tarde, estando imbuido en la lectura de La Línea de sombra, de Joseph Conrad, una alerta del móvil me arrebató el mar azul, sembrado de arrecifes, por el que navegaba el barco de mi imaginación y me obligó a poner pie a tierra. "El presidente del Gobierno comparecerá en rueda de prensa a las 18:30 de la tarde". Cerré el libro, no de muy buen grado, y me dispuse a escuchar la perorata del capitán que ocupa el puente de mando del país.

Mi hija Irene, que sigue con vivo interés la actualidad política a pesar de tener que lidiar el confinamiento de sus cuatro hijos —o tal vez por ello—, me preguntó por whatsapp: "¿Y qué diablos nos quiere anunciar, otra vez nada?". Era una pregunta pertinente. La semana pasada habíamos comentado la absurda comparecencia sabatina de Sánchez: cuarenta minutos de verborrea bolivariana sin otro motivo aparente que el de vender su imagen de esforzado gobernante.

El arranque no fue nada prometedor. Parecía que venía con un mensaje de esperanza debajo del brazo dispuesto a levantar la moral de los españoles confinados por el virus. Luego pasó a mayores. "La Unión Europea —dijo mientras los huesos de la mandíbula le asomaban a la mejilla— nació para evitar la tercera guerra mundial". "Ostras, qué lejos quedan los eufemismos de la simple gripe", pensé. El espíritu de Churchill brillaba en sus ojos: "Debemos librar unidos, los 27 países de la Unión, esta guerra contra un enemigo común. Europa no puede defraudar, como hizo en 2008. Es la hora de la contundencia y la solidaridad. Si Europa quiere, puede". Esa parte del discurso me rayó un poco. Nada de lo que decía era incierto, pero sonaba a excusa de mal pagador. "Ahí tienen al culpable de nuestras desdichas —creí entender que estaba diciendo—. Si el primo de Zumosol no nos protege, démonos por jodidos".

Y entonces llegó el anuncio. Medida excepcional: "Todos los trabajadores de actividades no esenciales deberán quedarse en casa hasta el 9 de abril." Bueno, me dije, al menos esta vez ha salido para anunciar algo. Sí, ¿pero, qué? Poco a poco, sus explicaciones se iban haciendo más oscuras. Entendí algo de adelantar la Semana Santa, de recuperar después los días no trabajados, de que si hacemos sus cuentas la restricción solo afectaba a 8 días laborables, de que el salario de este parón no corre peligro. Sí, vale. ¿Pero a quiénes le afecta?

"Los trabajos no esenciales son los que fija el decreto del Estado de Alarma", responde Sánchez en el turno de preguntas, sesgadas una vez más por el filtro protector de su jefe de prensa. Su voz titubea. Parece que no sabe explicar muy bien el alcance concreto de las decisiones que toma. Si los servicios esenciales ya estaban fijados y sus trabajadores ya podían circular por la calle durante el confinamiento, ¿en qué cambia la situación? Mi hija Irene me envía un mensaje: "¿Papá, va a aclarar lo que es no esencial?". ¡Albricias! No soy yo el único obtuso, suspiro aliviado. Tuvimos que esperar a la rueda de prensa de la portavoz, el domingo por la tarde, para salir de dudas. Y menos mal. La alternativa hubiera sido otra comparecencia de Sánchez.

Que el Gobierno lo está haciendo tirando a muy mal parece una opinión bastante generalizada. Pero seamos justos: ¿estamos seguros de que otros, en su pellejo, lo estarían haciendo mejor? Tampoco el PP parece seguir criterios demasiado claros. Tan pronto habla de "oposición de Estado" como se lanza a la yugular. En el gobierno de Madrid, la gestión de la crisis no es un dechado de ejemplaridad. Aún estamos esperando el avión de China cargado de material sanitario que Díaz Ayuso prometió hace más de una semana. No nos lo cuentan, pero el pacto de coalición con Ciudadanos echa humo. Las grietas entre los socios se agrandan cada día.

Durante la comparecencia de Sánchez no paraba de darle vueltas a esta idea para impedir que mi juicio a su discurso resultara injusto. Sin embargo, ni aun así era capaz de salir de mi asombro. ¿Pero por qué se explica tan mal?, me preguntaba. "¿Por qué no pide perdón por los errores cometidos? ¿Por qué se empeña en parecer un lobo de mar en medio de una galerna si su aspecto, y su lenguaje corporal, es el de un asustado y voluntarioso timonel a merced de la tormenta?

De puertas adentro, en los susurros off the récord, algunos de los ayudantes de campo que bajan al cuartel general del estado de alarma —conocida como zona cero— reconocen que hay cosas que se han hecho mal. Fue una estupidez, reconocen, dejar la gestión de la crisis en manos de Sanidad. Es un ministerio raquítico y sin experiencia en compras. Fue otra barbaridad, reconocen también, dilatar 24 horas la entrada en vigor de la orden de confinamiento después de haberla anunciado. Se hubiera evitado la diáspora a las segundas residencias y la extensión del contagio se habría contenido mejor.

Otro error más, reconocido en la penumbra: haber decretado la centralización de las compras y no haber acudido de inmediato a un mercado salvaje donde impera la ley del mejor postor. Ahora, las Comunidades Autónomas, vista la ineptitud de Illa, tienen que sobrepujar, sin recursos suficientes, las ofertas de países mucho más solventes. Y eso, claro, sin hablar del 8-M. ¿Por qué no reconoce Sánchez en público lo que reconocen sus próximos en privado? Los ciudadanos nos sentiríamos más seguros al saber que el piloto al mando es consciente de lo que está funcionando mal. Si un motor está en llamas y el comandante dice que son reflejos del sol en el fuselaje, el pánico, antes o después, será inevitable.

“Al servicio de los sindicatos”
Todo el mundo quiere ser muy responsable, pero la coalición social-comunista lo pone, sinceramente, muy difícil.
Francisco Marhuenda larazon 30 Marzo 2020

El Gobierno va a remolque de los acontecimientos y ha dado la espalda a la economía, porque sus conocimientos en esta materia son perfectamente descriptibles. Es el problema de caer en manos de una mezcla formada por aficionados de izquierdas que no superaron la condición de profesores asociados y los euroburocratas adinerados con la pensión de oro asegurada. No hay que sorprenderse ante la protesta de los empresarios por las esperpénticas medidas adoptadas. Todo el mundo quiere ser muy responsable, pero la coalición social-comunista lo pone, sinceramente, muy difícil. Nada me resultaría más grato que apoyarles, pero me sitúo al lado de los empresarios, los autónomos, los abogados, los graduados sociales, los gestores y una larga lista de profesionales que están asombrados por una deriva intervencionista que solo puede conducir a que se agrave la crisis y que la salida sea más lenta y difícil. En el Ministerio de Trabajo se ha instalado la visión de los abogados laboralistas de izquierdas que consideran que el empresario, por definición, es el enemigo y, dicho llanamente, que se fastidie. No hay más que ver las medidas que adoptan y el lenguaje que utilizan.

El viejo concepto decimonónico de la lucha de clases, asombroso en el siglo XXI en el marco de la UE, es el hilo conductor de las decisiones gubernamentales. Estos jóvenes airados surgidos de la clase media y que han tenido una vida muy confortable afrontan esa crisis sanitaria y económica como si estuvieran cambiando el mundo en el bar de la facultad minutos antes de entrar en una de esas cansinas y estériles asambleas estudiantiles. Con el lema de que paguen los empresarios, como si fueran un pozo de petróleo inagotable, no conseguiremos salir del atolladero. Es más, conseguirán generar una mayor desconfianza, ahuyentar las inversiones y asustar a los siempre asustadizos países del centro y el norte de Europa. El problema es que los «sufridos» ministros y los altos cargos seguirán cobrando a final de mes al igual que los liberados sindicales, los funcionarios y tantos otros que viven de los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno debería preocuparse de hablar más con los empresarios, grandes, pequeños y medianos, y los autónomos para salir de la crisis en lugar convertirse en una marioneta de los sindicatos, los fracasados intelectuales progres y los revolucionarios de salón.

Un informe de la UE revela que alertó en 10 ocasiones a España del peligro del coronavirus antes del 8-M
Carlos Cuesta okdiario 30 Marzo 2020

No sólo la OMS alertó al Gobierno de Pedro Sánchez de la gravedad del coronavirus y de la necesidad de adoptar medidas para contener su contagio. También el Consejo de la Unión Europea alertó a España y al resto de Estados miembros hasta en 10 ocasiones de la necesidad de prevenir la embestida del Covid-19. Por lo tanto, las 10 advertencias, por supuesto, se produjeron antes del 8-M en el que el PSOE y Podemos impulsaron las concentraciones masivas en las principales plazas españolas en defensa del feminismo y en contra de todas las recomendaciones.

El documento que hoy muestra OKDIARIO fue fechado por el Consejo de la Unión Europea el 2 de marzo. Dos días después Italia anunciaba el cierre de colegios y universidades. En el documento, remitido por la Secretaría General del Consejo al Comité de Representantes Permanentes/Consejo, se anunciaba el ‘Asunto: Preparación de la sesión del Consejo de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores del 6 de marzo de 2020. COVID-19’. De nuevo, ese otro plazo también era previo al 8-M.

El texto del documento enumera todos los trabajos, reuniones y advertencias lanzadas por la UE a los Estados miembros. Y en él se detallan todas las fechas en las que se lanzaron esas alertas por Europa. A partir de ahí, unos países decidieron hacer caso -la mayoría-. Otro no.

“El 30 de enero de 2020, la OMS declaró que el brote de Covid-19 constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional. Aconsejó a todos los países que se prepararan para adoptar medidas de contención, como la vigilancia activa, la detección temprana, el aislamiento y el manejo de los casos, el seguimiento de contactos y la prevención de la propagación”, señala el documento.

En la UE, el Comité de Seguridad Sanitaria, en colaboración con la Comisión, “coordina la comunicación de riesgos y crisis y las respuestas de los Estados miembros a las amenazas transfronterizas graves para la salud. Hasta el 2 de marzo de 2020, se habían convocado 10 reuniones de dicho Comité en respuesta a la Covid-19”, señala con detalle el texto del informe.

El 7 de febrero de 2020, de hecho, “la Presidencia convocó una videoconferencia de alto nivel en la que los Estados miembros, junto con los representantes de la Comisión y del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), tuvieron la oportunidad de examinar la situación y debatir cuestiones importantes desde el punto de vista de la salud pública en relación con el brote de Covid-19. Los Estados miembros intercambiaron información sobre las medidas y las actividades desarrolladas. Asimismo, intercambiaron y compararon experiencias sobre la activación de los sistemas nacionales para responder a las emergencias de salud pública. El cambio de impresiones puso de manifiesto que el nivel de activación de los sistemas nacionales difería entre los Estados miembros, en función de la situación epidemiológica”.

Más alertas
También en febrero y con tiempo para haber reaccionado se promovieron más alertas: “El 13 de febrero de 2020, la Presidencia croata convocó una sesión extraordinaria del Consejo EPSCO en la que los ministros de Sanidad cambiaron impresiones sobre las medidas adoptadas y debatieron los medios y las posibilidades de un planteamiento coordinado para proteger la salud pública en la UE. Los ministros reflexionaron además sobre las repercusiones de situaciones inesperadas en terceros países en la provisión de medicamentos y productos sanitarios en la UE y han convenido en que es necesario realizar un análisis exhaustivo de la situación”. España, en esas fechas, seguía sin provisionar el material preventivo necesario que ahora busca en los mercados internacionales exponiéndose a timos como el recién sufrido con los test de detección del coronavirus.

“En esa sesión [13 de febrero], el Consejo adoptó unas Conclusiones sobre la Covid-19 en las que acoge con satisfacción la eficaz respuesta de la UE a los desafíos que plantea el brote de dicha enfermedad e insta a los Estados Miembros a tomar las medidas necesarias para intensificar su cooperación”. España no fue de los Estados que dieron ejemplo, como se puede ver ahora.

También ese 13 de febrero “pide asimismo a la Comisión que examine las formas de facilitar el acceso de los Estados miembros a los equipos de protección individual y evalúe las consecuencias que las amenazas para la salud mundiales tienen en la disponibilidad de medicamentos en la UE y la seguridad de las cadenas de suministro”.

Desde el 21 de febrero de 2020, el Consejo constata ya que “se ha registrado un aumento significativo de los casos de Covid-19 en Italia, y en otros Estados miembros también ha comenzado a registrarse un aumento de los casos, lo que indica que la enfermedad se está contagiando actualmente dentro de la UE y no se limita, como antes, a casos importados”, destaca. Pero el Gobierno de Pedro Sánchez decidió durante aquellos días defender que “España no era Italia” y enviar a sus supuestos técnicos, como Fernando Simón a asegurar que “a lo sumo, tendremos algún caso aislado”.

Aún antes de ese 2 de marzo, el Consejo constataba que “el hecho de que en muchos Estados miembros la inmensa mayoría de los casos se deba a contagios en el propio país, implica que se modifiquen los medios para luchar contra la enfermedad. A medida que empeora la situación epidemiológica de la infección por el coronavirus, es necesario seguir reflexionando sobre la manera de lograr que las medidas de contención y prevención tengan el máximo efecto, además de evaluar el nivel de preparación y la necesidad de responder de forma coordinada a escala de la UE”.

En consonancia con lo anterior, “la Presidencia ha decidido pasar al modo de activación plena del Dispositivo de Respuesta Política Integrada a las Crisis y convocar otra sesión extraordinaria del Consejo de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores el 6 de marzo de 2020, en la que los ministros de Sanidad tendrán la oportunidad de hacer balance de la situación actual y de las medidas ya adoptadas, con el fin de encontrar el mejor enfoque para dar una respuesta coordinada a la propagación actual de la COVID-19 en la UE”, tal y como concluía ese informe.

Dos días después de ese 6 de marzo, el Gobierno llamaba a incumplir todas las precauciones manifestándose de forma multitudinaria por las mismas calles que hoy permanecen desiertas en pleno estado de alarma.

Aplausitos y cuentos chinos
Hay que salir a los balcones para gritar que unos gobernantes están poniendo en jaque la vida de nuestros compatriotas
Juan Manuel de Prada ABC 30 Marzo 2020

Sé bien que me ha tocado vivir en una época aciaga, en que ingentes masas son cretinizadas por medios de propaganda sistémica que ni siquiera se tropiezan con el escollo de la conciencia personal, arrasada por las ideologías y el emotivismo. Pero la crisis del coronavirus está propiciando fenómenos en verdad nauseabundos.

Es nauseabundo, por ejemplo, que la propaganda sistémica siga afirmando machaconamente que las víctimas de la plaga son inferiores en China que en España o Italia. Sin entrar ahora en cuestiones sobrenaturales que tal vez expliquen la tragedia del pueblo chino, conviene recordar que se trata de un pueblo secularmente sometido a las formas de despotismo más atroces. Por ceñirnos a las más recientes, conviene recordar que, hace menos de un siglo, la revolución acaudillada por Mao exterminó a muchos millones de chinos; y, más recientemente, muchos millones de mujeres chinas han sido obligadas a abortar, mientras el comunismo reinante se hibridaba de turbocapitalismo (y no debemos olvidar que, para el gran Castellani, la amalgama de comunismo y capitalismo, dos aberraciones que «coinciden en su núcleo místico», sería la «hazaña del Anticristo»). Es nauseabundo que la propaganda sistémica acepte los datos divulgados por una banda de genocidas herméticos que, probablemente, estén ocultando al mundo una mortandad inabarcable (y en marcha) de cientos de miles de chinos. Y que, en el dudoso caso de que estuviesen diciendo la verdad, es porque detectaron la presencia del virus en el aire un segundo después de producirse; lo cual es todavía más amedrentador, pues esta hipótesis nos obligaría a aceptar que la plaga es consecuencia de una fuga en algún laboratorio biológico que los chinos están ocultando al mundo. Y más nauseabundo todavía es que España, en lugar de contribuir al aislamiento y a la ruina de esta nación criminal, le compre remesas de material sanitario fraudulento, en circunstancias barulleras que deberían esclarecerse cuanto antes (pues apestan a corruptela). Buscar remedio a nuestras calamidades en quienes las han causado es propio de traidores dimisionarios e ineptos. Y de políticos miserables que vendieron la primogenitura de España por un plato de lentejas europeístas, desmantelando toda nuestra industria, que ahora es incapaz de fabricar nada.

Y si nauseabunda es la actitud lacayuna y crédula que mantenemos con unos genocidas que estan diezmando a la Humanidad después de diezmar a su propio pueblo, todavía más nauseabundo es el emotivismo delicuescente que paraliza a la sociedad española. Una sociedad incapaz de rebelarse contra un Gobierno que está empujando a nuestros médicos y asistentes sanitarios a un contagio cierto y a una muerte probable, por no dotarlos de ropas y materiales profilácticos que les permitan afrontar la cura y el cuidado de los enfermos en condiciones seguras. Esos aplausitos en los que prorrumpen cada día los españoles encerrados en sus casas son un lastimoso acto antipolítico, que transforma en emotivismo fofo e inane lo que tendría que ser lúcida e indignada rabia ante un Gobierno de criminales; pues así deben ser calificados quienes, a sabiendas de su indefensión, exponen a médicos y asistentes sanitarios a un peligro cierto, envíandolos armados de una simple mascarilla quirúrgica a enfrentarse con un virus letal, que es como mandar soldados armados de tirachinas a enfrentarse con una division Panzer. No hay que salir a los balcones para prorrumpir en aplausitos emotivistas, sino para gritar que unos gobernantes criminales están poniendo alevosamente en jaque la vida de nuestros compatriotas. ¡Basta ya de aplausitos y cuentos chinos!

Sánchez se endeuda con España
Editorial ABC 30 Marzo 2020

El Gobierno está hipotecando España, sin consensuar medidas ni alternativas con la oposición y sin mirar al futuro de una nación en quiebra técnica

La situación en España ha llegado a un punto dramático. El Gobierno ha optado por imponer un estado excepcional en el marco jurídico de un estado de alarma, y España desde hoy queda paralizada salvo en sus servicios esenciales. Con casi 7.000 fallecimientos, que la estadística lamentablemente confirmará hoy, España aún desconoce durante cuánto tiempo tendrá que mantener un estado de luto emocional desesperante. Y junto a él, una incertidumbre política, social y económica de estricta supervivencia. No es ocioso sostener que estamos ante una situación propia de un estado de guerra. Sin embargo, la parálisis socio-sanitaria del país nos condena a una economía de restricciones salvajes. El futuro ya no es incierto, sino tremendamente inquietante. Las medidas drásticas adoptadas por el Gobierno van a condenar al paro a más de cuatro millones de personas en los próximos meses porque no se ha calibrado con exactitud el alcance de bloqueo de cualquier actividad empresarial y societaria. Pretender que la UE compense la tragedia que vive el sur del continente, especialmente España e Italia, no deja de ser una utopía. Injusta, pero utopía. Pero estamos ante unas circunstancias de estricta supervivencia, y el Ejecutivo de Sánchez ha obviado la voz del tejido empresarial, el único capaz de sostener con cierta eficacia un estatus de estabilidad económica. El Gobierno oscila sobre sí mismo y rectifica continuamente. Ejecuta lo que no iba a ejecutar y asume con desesperación la percepción de absoluta ineficacia frente a la crisis. Actúa unilateralmente, vencido a las exigencias de Podemos para imponer una dictadura del gasto público y el endeudamiento que no parecen sostenibles. Sánchez está hipotecando España, sin consensuar medidas ni alternativas con la oposición, sin plantearse un gobierno de concentración nacional y sin mirar a un futuro de una España en quiebra técnica mientras fabrica coartadas demagógicas. Como si los españoles no supieran calibrar ya la irrelevancia ejecutiva del Gobierno que padecemos.

Hoy España empieza una prolongación drástica de su confinamiento. Las autoridades sanitarias así lo recomiendan y debe ser la prioridad. Sin embargo, llegará el día en que toda esta excepcionalidad pase factura al Gobierno. Por sus mentiras a las comunidades autónomas, por ocultar información a sus socios de Gobierno -con el PNV especialmente indignado-, por los engaños de que ha sido objeto la sociedad, y por su manera insostenible de dirigirse a la ciudadanía. Pero, sobre todo, por la falta de criterio político y económico para hacer frente a una crisis que nos aboca a un rescate económico indudable. Europa no va a regalar nada a Sánchez, lo que es sinónimo de no regalar nada a los españoles. No llegan meses duros. Llegan meses dramáticos porque Sánchez no actuó con la diligencia que debía.

Sánchez, o la incompetencia letal
Encaramado a su soberbia, conduce a España a una crisis sanitaria y económica de magnitud colosal
Isabel San Sebastián ABC 30 Marzo 2020

No ha reconocido ni un error, ni una deficiencia en su negligente gestión, ni el más mínimo tropiezo o falta, siendo su actuación lamentable en todos los frentes desde el principio de esta catástrofe. Encaramado a su indestructible soberbia, últimamente trufada de gestos patéticos destinados a infundir lástima, Pedro Sánchez conduce a España hacia una crisis sanitaria y económica de magnitud colosal, demostrando cada día que pasa su incapacidad para hacer frente a una pandemia que se ceba con especial crudeza en nosotros porque hemos llegado tarde a cada uno de los cortafuegos que habrían podido frenarla. Ni una sola vez ha salido de su boca la palabra «perdón», a pesar de haberse convertido en un telepredicador habitual que parece
gozar brindándonos interminables homilías cuyo único propósito es justificarse. Ni una sola vez ha pedido ayuda a un PP con acreditada experiencia de gestión, más allá de instarle a bendecir con su silencio las barbaridades que hace La Moncloa. Él se basta y se sobra para dirigir la nave, aunque resulte evidente que la nave va a la deriva, directa al abismo. La culpa oficial de esta tragedia varía en su discurso en función de las circunstancias, sin aflorarle siquiera, por supuesto. La última señalada es Europa, en quien pretende volcar la responsabilidad de resolver los efectos de sus erráticas decisiones; desde la de jalear las marchas del 8-M, en las que sabe Dios cuántos millares de personas se contagiaron, hasta la de cerrar a cal y canto la producción nacional, tal como llevaban tiempo exigiendo sus socios separatistas y podemitas, sin consultar tal medida con las empresas o los autónomos. Para estos colectivos, gravísimamente damnificados, la fórmula impuesta es pagar a tocateja suelos, impuestos y cotizaciones sin ingresar un solo euro, a costa de endeudarse aún más. Si vamos todos a la ruina después de haber enterrado a decenas de miles de víctimas, los «malos» serán los países del norte europeo por no hundirse con nosotros. El Gobierno, nos dirá Sánchez, sigue escrupulosamente el consejo de los expertos.

No sólo es incompetente, arrogante y vanidoso, hasta el punto de intentar imitar a Churchill, sino embustero. Porque lejos de acatar, como asegura, las recomendaciones de los expertos, sus ministros las han ignorado con consecuencias desastrosas. Valga como muestra este botón, por si no bastara el caso omiso que se hizo el 8-M a la consigna de la OMS de evitar las concentraciones masivas. A finales de enero, José Antonio Nieto González, médico especializado en medicina del trabajo y responsable del servicio de prevención de riesgos laborales de la Policía Nacional, alertó en un informe interno de lo que estaba por llegar y recomendó la adquisición de material sanitario de protección en grandes cantidades. El asunto se filtró a varios medios de comunicación, lo que molestó sobremanera a sus superiores políticos, que le ordenaron callar para no «crear alarma». Como no lo hiciera, el 14 de marzo, faltando tres meses para su jubilación, fue cesado por Marlaska.

España emboca, disciplinada, la tercera semana de confinamiento, entre la desconfianza absoluta en un Ejecutivo desbordado, que compra tests inservibles ofrecidos como «gangas» (ministra de Exteriores dixit), y la esperanza agradecida en un sistema de salud que aguanta gracias al esfuerzo titánico de sus profesionales. Mujeres y hombres encomiables, de los cuales unos diez mil han sucumbido ya al ataque del virus asesino porque los envían al combate sin la protección necesaria. Más que héroes, chivos expiatorios de la incompetencia letal de este Gobierno.

Hibernación que puede ser letal
Editorial  El Mundo 30 Marzo 2020

España está desde hoy prácticamente paralizada. La orden del Gobierno del cese de todas las actividades no esenciales es la más drástica medida que se podía tomar para afrontar la crisis del coronavirus y a la que se llega por el descontrol absoluto. Estamos ante una desesperada huida hacia adelante del Ejecutivo que puede costarnos demasiado cara a los españoles. En el terreno sanitario, si no se reduce así considerablemente la propagación del Covid-19 -expertos en todo el mundo dudan de la efectividad de una orden tan drástica ante una pandemia-, al desbordamiento de los hospitales se añadirá el desánimo de una población sometida a un grado de tensión máximo. Y, en el económico, con la "hibernación de la economía", en expresión de la ministra Montero, nos deslizamos hacia una profundísima crisis, superpuesta a la sanitaria, de la que será muy difícil salir.

Ojalá acierte el Gobierno con su última bala. Toda vez que la orden está dada, conjurémonos en que haya suerte. Pero no pueden pedir Sánchez y los suyos confianza ciega ni que cierren filas tras ellos después del desastre de gestión al que asistimos. Cuando en una circunstancia tan excepcional se tienen poderes casi plenos es obligado que estos se administren con absoluta eficacia. Justo lo contrario de lo que está ocurriendo. Moncloa alude continuamente a las recomendaciones de "los expertos", sin que a estas alturas sepamos ni quiénes son ni qué estrategia siguen. Lo único que se percibe es que Sánchez va a salto de mata, cambia continuamente de parecer y decreta medidas justificadas en explicaciones muy adornadas que a las pocas horas dejan de tener validez. Respecto al muy preocupante cierre de la actividad, hasta el sábado el presidente se negaba argumentando que sería letal para la economía, lo que impediría incluso hacer frente a la crisis sanitaria, ya que, no se olvide, el Estado necesita ingentes recursos para actuar. Nada es gratis, tampoco la adquisición del material de protección o la masiva contratación de personal en los hospitales ahora urgentes. Y por ello se rechazaba la petición de cierre total que le hacían presidentes autonómicos como el de Murcia. Ahora se da el volantazo, pero no se explica por qué. Haber aislado regiones concretas y no todo el país a la vez, controlando los focos de epidemia sin asfixiar la economía de España entera podía haber sido eficaz. Todo lo que hace el Gobierno parece improvisación, como si pudiéramos permitírnosla.

El estado de alarma no es un cheque en blanco para que Sánchez nos lleve al precipicio. Ante algo tan delicado, debiera haber pedido apoyo a la oposición -ni su socio Urkullu está de acuerdo- y haber atendido propuestas como la de Feijóo de estudiar un cierre empresarial ordenado. No todo se arregla con decretos como el de ordenar un "permiso retribuido" que a ver cómo van a poder pagar tantos empresarios. Al drama se une una gestión dramática.

La ganga y la vergüenza
Puede que el virus no sepa de naciones ni gobiernos, pero hay gobiernos que saben enfrentarse al virus
Gabriel Albiac ABC 30 Marzo 2020

Me viene el ruido desde la pantalla. Entre perverso y lerdo: ruido de un presidente que entona frases hechas, con verosimilitud trenzadas por un experto en eslóganes publicitarios. Los mismos en cada comparecencia. Podridos ya de tanto repetirlos. No los escucho. Más que a ráfagas lejanas. Su retórica ofende a quienes con sobriedad afrontan la bofetada del dolor. Entre ese ruido fatuo y yo, pongo un parapeto: Marco Aurelio. Y su monumento moral de inteligencia libre: Meditaciones. Que, hace casi dos mil años, retrató nuestro presente: «Siempre que tropieces con la desvergüenza de alguien, pregúntate: ¿puede realmente dejar de haber desvergonzados en el mundo? No es posible. No pidas, pues, imposibles». Pero yo no tengo el fuste anímico del emperador filósofo. No pido imposibles, no. La rabia, eso sí, me puede.

Una pregunta, inesperadamente, salva el filtro de la censura presidencial y retiene mi atención. Interroga sobre la ministra que perpetró el timo de los 650.000 test de pega sin que el alma le reventara. «El chino», dijo luego, «es un mercado que nos es un poquitín desconocido… Nos ofrecen gangas y luego evidentemente resulta que no lo son». Evidentemente. La gente muere a cientos cada día. Y una ministra rastrea «gangas» con su «poquito» de ignorancia. Y no le estalló el alma de vergüenza, porque aquí, de eso, no le estalla el alma a nadie. Ni dimitió. Ni fue destituida. Ni ningún juez le ha pedido cuentas por su conjugación de negligencia e insulto. Ni ha citado a ningún comisionista.

Con seis mil ciudadanos muertos, con decenas de miles enfermos, una ministra regatea gangas chinas. Y la estafan. Lo sabíamos ya. Pero no es ésa la obscenidad de esta noche. Hoy toca la respuesta del presidente a la pregunta. «¿Responsabilidades?». Silencio abisal. Que quiere decir: no, ninguna. Por supuesto. Saldrá gratis. A la ministra, claro. A Gobierno y presunto comisionista. A nosotros no: nosotros siempre pagamos, porque para pagar están los ciudadanos. Últimamente, pagan con la vida. No es verdad que las cifras de muertos sean inexorables. Compárense nuestras tasas con las de Alemania, Corea del Sur, Israel, Japón… Miente quien atribuya al destino esta desdicha nuestra. Puede que el virus no sepa de naciones ni gobiernos, como nos pontifica el presidente. Pero hay gobiernos que saben enfrentarse al virus. Otros no.

Algunos nunca olvidaremos lo que estamos viendo: políticos con acceso inmediato a pruebas médicas inaccesibles a la gran mayoría de los españoles. La indignidad en su estado puro. Faltan medios para todos. Nunca para los que arrastran gloria y púrpura. Sí, algunos no olvidaremos jamás esto. Es una lección moral en la cual cabe el paradigma español de la razón de Estado. El ruido presidencial sigue: repite, repite, repite… Lo borro. Me empecino en leer a Marco Aurelio: «Es terrible que la ignorancia y la excesiva complacencia sean más poderosos que la sabiduría». Es terrible nuestro presente.

En la muerte de Gabriel Moris
Francisco José Alcaraz Libertad Digital 30 Marzo 2020

Lo siento por quienes no hayan conocido a Gabriel Moris, no han tenido el privilegio de compartir amistad con una gran persona. Nacimos y nos criamos muy cerca, él en Guarromán y yo en Torredonjimeno, ambos en la provincia de Jaén; pero el lamentable destino hizo que nos conociéramos en unos de los momentos más desoladores de nuestra democracia: el 11 marzo de 2004.

Con tan sólo 32 años, Juan Pablo, hijo de Gabriel y de Pilar, fue asesinado en aquel fatídico 11-M. Tiempo después, yo presidia la AVT y le pedí a Gabriel que fuese mi vicepresidente. No tuve la menor duda: bastaba hablar con él cinco minutos para saber que personas como Gabriel hay muy pocas.

Convicción, generosidad y optimismo a pesar de su dolor de padre al que le han asesinado un hijo. Su fe en Dios le ayudó a sobrellevar la pérdida y, años después, a superar una terrible y larga enfermedad que le dejó en sillas de ruedas.

Licenciado en Ciencias Químicas, Gabriel asumió la responsabilidad de ser unos de los peritos en la investigación del 11-M. Sus conocimientos le llevaron a desvelar y denunciar que los españoles no sabíamos la verdad, y ante la farsa que supusieron la instrucción acuñó la frase que todos tendríamos que tener presente: "No olvidar lo inolvidable".

Luchó por la memoria, la dignidad y la Justicia debida a cualquier víctima del terrorismo, ya fuera de ETA, del Grapo o del 11-M. Muchas veces me comentaba: José, no te preocupes, si no hay justicia ahora, encontrarán la Justicia divina.

Su optimismo era casi igual al de nuestro amigo Luis del Pino, siempre veía una salida para cualquiera de los problemas que encontrábamos frente a la traición de Zapatero.

Las últimas conversaciones las tuvimos por teléfono, y, a pesar de las dificultades, no perdía el sentido de humor que tenemos en el Sur. Hablar con Gabriel daba paz.

Amigo Gabriel: te vas con Juan Pablo y nos dejas un vacío, esencialmente a tu familia; pero también nos dejas tus recuerdos y consejos, y a mí, el premio que me dio la vida de conocer a un gran persona. Junto con tus sobrinos de Jaén, no dejaré de evocarte.

Y, por supuesto, nunca olvidaré lo inolvidable.
Te quiero, amigo.

Muere Gabriel Moris: no olvidaremos lo inolvidable
Tras perder a uno de sus hijos en los atentados del 11-M, Moris dedicó toda su vida a buscar la verdad y a exigir justicia.
Libertad Digital 30 Marzo 2020

El exvicepresidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Gabriel Moris, ha fallecido este sábado a la edad de 80 años. Moris, colaborador de Libertad Digital, perdió a uno de sus tres hijos en los atentados del 11-M. También participó en el juicio de la causa como perito de parte en la pericial de explosivos ordenada por el juez Gómez Bermúdez.

Desde aquel trágico momento dedicó su vida a exigir justicia y a reclamar incansablemente "no olvidar lo inolvidable". A principios de este mismo mes publicaba su último artículo en Libertad Digital con motivo del aniversario de la masacre: "Juro que nada me gustaría más que dejar de escribir sobre este asunto".

Su búsqueda de la verdad le llevó a iniciar una petición de firmas en change.org para exigir al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia la investigación del 11-M para hacer justicia, regenerar las instituciones y prevenir otro crimen de lesa humanidad como ese. Su iniciativa recibió el respaldo de más de 50.000 españoles deseosos, como él, de saber qué ocurrió realmente.

El reconocimiento a su incansable labor también le llegó a través de premios, como el Premio Ayuda 11-M de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M que recibió el pasado noviembre de 2017 junto a Federico Jiménez Losantos.

Todos aquellos que le conocieron han destacado su bondad y han lamentado su pérdida.

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Del «España nos roba» al «España nos mata»
El secesionismo catalán aprovecha la crisis sanitaria y fija su nueva estrategia
Daniel Tercero ABC 30 Marzo 2020

Se dice que en los tiempos de crisis, de alerta o de tensión social máxima, como es el caso de España actualmente, que vive bajo el estado de alarma, sale lo mejor y lo peor de cada persona. Hay consenso en la opinión publicada sobre la reacción positiva de la ciudadanía española, que, como ejemplo, cada día cuando queda atrás la tarde y encara la noche sale a sus balcones para agradecer el trabajo incansable de sanitarios, proveedores de alimentación y, entre otros, fuerzas de seguridad y Ejército. Aplausos.

Toda España deja a un lado el partidismo (unos segundos) para unir sus fuerzas y volcar su optimismo en los que están dejándose (literalmente) la vida por el resto de compatriotas. ¿Toda España? No, adaptando una de las introducciones más famosas de los cómics, popularizada por el recientemente fallecido Albert Uderzo, padre de Astérix, hay una parte de una pequeña aldea que vive ensimismada en su obsesión identitaria contra todo lo que suena a España. También en época de pandemia.

No ha llovido tanto desde 2016, aunque lo parezca, cuando la Assemblea Nacional Catalana (ANC) puso en marcha una de sus campañas, para arrastrar hacia el secesionismo a ciudadanos que no se consideran nacionalistas, utilizando argumentos sanitarios. «El Estado español pone en riesgo la salud de todos los ciudadanos de Cataluña, independentistas o no. ¿Estás dispuesto a aceptarlo?», rezaba uno de los lemas de la entidad presidida por Jordi Sànchez tras suceder en el cargo a Carme Forcadell, presidenta del Parlamento de Cataluña entre 2015 y 2017. Ambos fueron condenados por el Tribunal Supremo por su participación en el procés que culminó en 2017. El mensaje era claro: fuera de España, los catalanes tendrían una salud más fuerte, más robusta. Se llegó a decir, incluso, que en el nuevo hipotético país sus ciudadanos padecerían menos casos de cáncer.

Con esta impúdica base ideológica, a muy pocos extrañó que hace solo dos meses -el mismo día que se confirmó el primer positivo de Covid-19 en España, el 1 de febrero- el presidente de la Generalitat catalana, Quim Torra, diera por bueno desde su cuenta de Twitter un informe que, además de defender que «sin independencia no es posible una sanidad (catalana) bien financiada», indicaba, palabra por palabra, que: «España (el Estado) no sólo nos roba, sino que también nos mata».

A partir de aquí, ya con el estado de alarma decretado por el Gobierno de España, desde la Generalitat se ha mantenido una posición política y de gestión de la crisis sanitaria al margen del resto de los gobiernos autonómicos, con sugerencias en público (como la de requisar mascarillas o imposibilitar la adquisición de material), que rozan la acusación directa de negligencia o criminalidad contra el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez.

Así lo dejó caer Torra en una entrevista para la BBC (19 de marzo): «Los expertos y los científicos que nos aconsejan dicen que la mejor manera de frenar el coronavirus es con el confinamiento domiciliario, pero el Gobierno español dice que no hace falta». Una opinión alejada de la realidad, pues el Gabinete del PSOE y Unidas Podemos recomendó desde el primer minuto del estado de alarma el «confinamiento» para toda la ciudadanía, menos para los trabajadores de servicios esenciales. Un confinamiento que, por otro lado, hoy se pone en marcha de forma legal después de que el Gobierno de España votase en contra en el Congreso la semana pasada .

Las palabras del presidente autonómico catalán activaron a los independentistas más ultras. Todo vale. Sale lo peor de cada uno. Joan Coma es uno de los cuatro concejales de la CUP en Vic (Barcelona). Al saber que el Ejército iniciaba tareas de apoyo logístico y de desinfección para luchar contra el coronavirus en Cataluña, Coma escribió en Twitter: «Si veis al Ejército, abrazadlos fuerte y tosedles a la cara. Igual así se van y no vuelven». A Mark Serra, un activista independentista cercano al PDECat y que se define con orgullo como «unilateralista» con «antecedentes penales» por el 1-O, también recomendó a sus seguidores expectorar a diestro y siniestro: «Si me contagio iré a escupir a la cara a los colonos catalanes y traidores a los que tengo ganas desde hace tiempo y son tan culpables de esta situación como España. No me quedará saliva». Serra es un insultador casi profesional.
"Los del PSC tenéis muertos en las espaldas"

Hay decenas de ejemplos similares a los de Coma y Serra. No solo de cuentas anónimas o sin representación en las redes sociales de internet. Un habitual en estas lides es el humorista Toni Albà, un protegido de TV3 y su dirección. El 25 de marzo escribió esto en su Twitter: «Los del PSC tendréis que vivir confinados y protegidos el resto de vuestra vida. Tenéis muertos en las espaldas. Algunos lo habéis hecho de palabra; otros, de obra y otros más por omisión... Sois Milosevic». Más allá del «De Madrid al cielo» de Clara Ponsatí, respaldado por Carles Puigdemont, otros políticos como Núria de Gispert, Josep Lluís Carod-Rovira y Ramon Tremosa, y dirigentes empresariales, como Joan Canadell, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, no han perdido la ocasión para intentar sacar rédito político de las muertes derivadas de esta crisis.

También ha aparecido ETA. Diana Coromines, exempleada para los temas de exteriores de la Generalitat, comparó los asesinatos con los muertos por la pandemia. Inteligencia que da de comer al alma secesionista. Como el columnista de El Nacional Jordi Galves, quien dejó escrito que el Gobierno no «cerraba» Madrid y Cataluña no fuera a ser que los catalanes vencieran al Covid-19 antes que los de «la capital imperial». Del «España nos roba» al «España nos mata».


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