AGLI Recortes de Prensa   Jueves 2  Abril  2020

Una trampa mortal
OKDIARIO 2 Abril 2020

Los registros que a diario ofrece el Ministerio de Sanidad sólo recogen las muertes con coronavirus confirmado, es decir, aquellos enfermos a los que se les ha realizado una prueba diagnóstica. Desde hace meses abundan los certificados de defunción en que se atribuye la muerte a una neumonía, apuntando a un «posible» Covid-19, pero ese fallecido no cuenta para Sanidad. Desde la Asociación Española de Profesionales de los Servicios Funerarios tienen claro que las estadísticas oficiales no reflejan el número de muertos real a consecuencia de la enfermedad y, según sus cálculos, hay un 40% más de fallecidos.

«En la Comunidad de Madrid por ejemplo, había (la noche del martes) 3.603 fallecidos oficiales, y, sin embargo, nosotros contabilizamos 5.850. En Aragón, 138 oficiales y los compañeros sumaron 195». La diferencia es notable y obedece al hecho -trampa mortal, cabría decir- de que las instrucciones de los Ministerios de Sanidad y Justicia sobre la certificación de las muertes por coronavirus determinan que se deben registrar como «Covid-19 no confirmado» todos aquellos casos que no cuenten con «confirmación analítica». A ello se suma que las autopsias se han eliminado, que los test son muy limitados y que la saturación sanitaria impide la capacidad analítica.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha asumido que no conocemos cuántos muertos está dejando el coronavirus, pero defendió que el cómputo se realiza «conforme a los protocolos». Evidentemente, pero un protocolo ordenado por su Departamento que rebaja sustancialmente el número de fallecidos. «Toda persona que ha sido diagnosticada como coronavirus y fallece es contabilizada como una persona fallecida por causa del coronavirus». Faltaría más, ministro, pero el problema está en que todos aquellos que no han sido diagnosticados como enfermos de coronavirus y desgraciadamente mueren, no computan.» Esa es la trampa mortal.

Los protocolos del Gobierno impiden conocer el número real de fallecidos y alimentan las sospechas de que los criterios del Ejecutivo socialcomunista buscan aligerar la estadística de muertos a causa de la enfermedad. Es la forma que tiene Pedro Sánchez de descargar de víctimas mortales los registros oficiales. Patético.

¡Peligro!: Gobierno suelto
OKDIARIO 2 Abril 2020

Tras el fracaso de los primeros Bioeasy -640.000 test rápidos que resultaron fallidos por su bajísima eficacia-, la segunda partida de kits también ha sido un fiasco, con una sensibilidad inferior al 50%. A falta de confirmar el número, la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica ha confirmado que no son válidos, de manera que llueve sobre mojado y el Ministerio de Sanidad ha vuelto a tropezar en la misma piedra. La nueva partida, también de Bioeasy, no vale.

El mercado es complejo, la competencia es grande y la situación extremadamente difícil, pero el ministro de Sanidad, dadas las circunstancias, se ha mostrado incapaz de gestionar un asunto que demuestra la incompetencia de un Ejecutivo que no aprende de los errores y es contumaz, hasta la desesperación, en sus errores.

Ya basta. No puede ser que el Gobierno de España esté causando tanto daño con su negligente inoperancia; ¿pero no es posible comprobar la eficacia de los test rápidos antes de que se proceda a su envío?, ¿en qué cabeza cabe no testar el producto, sabiendo, además, que los antecedentes obligaban a un examen previo?

España y los españoles no pueden estar gobernados por quien está dando muestras sobradas, un día sí y otro también, de tamaña incompetencia. Pedro Sánchez y su Ejecutivo se han convertido en un peligro público. Un riesgo para el conjunto de la sociedad. Este Ejecutivo perjudica seriamente la salud y constituye una amenaza en momentos críticos como los que está atravesando el país.

Mientras la sociedad española está dando muestras de un arrojo y una solidaridad extraordinarios, el Ejecutivo socialcomunista está poniendo a prueba la paciencia de una nación que, asiste, estupefacta a los fiascos encadenados de un Gobierno sobrepasado por las circunstancias. Cabe esperar que a la tercera sea la vencida, aunque el tiempo corre en contra impulsado por un equipo de aprendices que no acierta ni cuando rectifica.

¡Basta de silencio cómplice!
La oposición no puede avalar la maniobra de Podemos para establecer un régimen totalitario
Isabel San Sebastián ABC 2 Abril 2020

Llegados a este punto de la catástrofe, con más de nueve mil fallecidos y cien mil contagiados oficiales, que en realidad deben de ser entre cinco y diez veces más, callar es hacerse cómplice de la negligencia de este Gobierno. Avalar su desastrosa gestión. Participar en la maniobra asquerosa con la que pretende aprovechar esta pandemia para llevar a cabo el proyecto totalitario de Podemos, cuyo fin último es convertir España en una réplica de Venezuela o Cuba donde ellos puedan perpetuarse a costa de nuestra miseria. Callar es contribuir a que la tragedia sanitaria derive en una hecatombe económica. Ni PP, ni Ciudadanos, ni Vox o cualquier otro partido serio pueden invocar la lealtad o la responsabilidad para seguir
respaldando en el Congreso las medidas contraproducentes que está tomando el Ejecutivo. A estas alturas del caos, lo único sensato que puede hacer la oposición es plantar cara unida, aunque solo sea para devolver la esperanza a una ciudadanía que se siente huérfana cuando más necesita un liderazgo fiable y sólido.

¿Alguien se imagina lo que estarían haciendo y diciendo ahora mismo los gobernantes que piden adhesión, si quien estuviera al mando de esta crisis fuese Pablo Casado? Miren la repugnante campaña lanzada contra Díaz Ayuso y la Comunidad de Madrid por RTVE y otras televisiones afines; multipliquen por cien mil el escándalo que formaron con motivo del ébola, y se acercarán al acoso que estaría sufriendo un dirigente popular. La actitud del PP, Ciudadanos y Vox ha sido hasta la fecha ejemplarmente democrática e infinitamente paciente, pero ¡basta ya!. A partir de este momento, callar es otorgar y esta banda de incompetentes trufada de infiltrados con intenciones aviesas no merece otra cosa que rechazo. Rechazo y coraje para hacerle frente con todas las herramientas que pone en nuestra mano el Estado de Derecho, antes de que se valgan del inmenso poder que han acumulado para destruir las libertades que todavía nos amparan.

La sintomatología que muestra el sistema social y político no es menos alarmante que la provocada por el virus asesino en los enfermos. Si todo sigue como hasta ahora, de aquí a pocas semanas millones de autónomos abandonados a su suerte no tendrán qué llevarse a la boca, otros tantos trabajadores se habrán ido al paro ante el cierre de sus empresas, abocadas al cerrojazo por la paralización de la producción sumada a la prohibición de despedir, y no habrá dinero con el que cubrir los efectos de semejante desplome generalizado. Quienes hayan sobrevivido al Covid-19, pese a la incapacidad del Ministerio de Sanidad para proporcionar el material sanitario y las pruebas diagnósticas indispensables en el empeño de frenar su avance, se encontrarán con un escenario de película de terror, propicio al establecimiento de un régimen dictatorial como el que sueña Pablo Iglesias desde que jugaba a ser Lenin en la Facultad de Ciencias Políticas. Nunca lo ha tenido tan al alcance de la mano como ahora, cuando un Pedro Sánchez impotente cede a sus exigencias en lugar de hacer lo que haría cualquier persona dotada de un mínimo sentido común: llamar a la oposición, formar un gran gobierno de concentración nacional, solicitar la colaboración de los mejores expertos en cada materia (por ejemplo, la de Amancio Ortega en todo lo relativo a la logística y las compras de productos en China) y buscar todos juntos soluciones en lugar de señalar culpables allende nuestras fronteras o establecer la censura en sus comparecencias ante los medios. No lo hará voluntariamente. Es demasiado soberbio y demasiado débil. Por eso es preciso obligarle, retirándole cualquier apoyo.

Voracidad intervencionista
Editorial El Mundo 2 Abril 2020

Empieza a resultar preocupante la voracidad intervencionista del Gobierno. Ni siquiera el estado de alarma justifica determinadas actuaciones que delatan ya una muy inquietante confusión entre responsabilidad e ideología, entre reacción contundente a la crisis y pretexto para desplegar sin obstáculos las propias obsesiones políticas. El Ejecutivo de Sánchez e Iglesias ha decidido asumir las competencias de las políticas activas de empleo arrebatándoselas a las comunidades autónomas, que no se han privado de manifestar su enfado. Nadie entiende la necesidad de centralizar unos fondos de 2.414 millones -muchos de esos recursos ya estaban comprometidos por los gobiernos autonómicos-, una gota entre los 22.000 millones con los que cuenta el Servicio Público de Empleo Estatal. Los modos unilaterales que está exhibiendo este Gobierno lo están conduciendo a una creciente soledad, y eso es malo, pero lo peor es que lo conduzca a un creciente despotismo.

Cabe recordar que las políticas activas de empleo, por su naturaleza paternalista y potencial propagandístico, fueron la última reivindicación a la desesperada -en plena sesión de investidura- con la que Iglesias trató de salvar su ambicionada coalición con el PSOE antes de que este forzara la repetición electoral. Iglesias reclamó esa competencia a sugerencia de Zapatero, en la confianza de que atribuirse las ayudas a los parados genera una dependencia política muy atractiva para todo populista. El estado de alarma ha venido a materializar esa fantasía de Podemos, cuya influencia ideológica sobre la acción de gobierno es cada vez más evidente pese a los esfuerzos de Calviño: se impone el obsceno clientelismo.

Sin embargo, en una economía de mercado el empleo no lo crea el Estado sino el sector productivo privado. Hoy tendremos un traumático recordatorio de esta obviedad, cuando se conozcan unas cifras del paro que se prevén catastróficas. Y lo peor está por venir. Ante un horizonte de recesión que golpeará con una dureza sin precedentes al tejido productivo español, dependiente como ningún otro del sector servicios y del turismo en especial, Moncloa no se abre de una vez a negociar medidas de concentración nacional con la oposición, sino que da otra vuelta de tuerca a su intervencionismo por la vía de los hechos mientras bate marcas de cinismo en sus apelaciones retóricas a la unidad. ¿Cuántas líneas competenciales más planea atravesar Sánchez? ¿De cuántas atribuciones más querrá investirse con la excusa del coronavirus para acrecer su poder sin rendir cuentas de él? Con el déficit notablemente desviado por culpa de la agenda electoralista de 2019, lo último que necesita España es repetir los errores de Zapatero y aumentar el gasto público y el limosneo estatista hasta dejar la deuda en números inasumibles para los mercados y las cuentas al borde del rescate. La historia nos resulta conocida.

Secuencia de una tardanza letal
Editorial ABC 2 Abril 2020

La secuencia que ABC revela hoy para la adquisición en el extranjero de material sanitario en la lucha contra el coronavirus acredita hasta qué punto ha existido una imprevisión casi dolosa por parte del Gobierno. Es la secuencia de un desbarajuste administrativo y de una alarmante negligencia, basada en el exceso de confianza que nunca debió tener ante esta crisis. Si, como ha sostenido Pedro Sánchez, el Ejecutivo tomó conciencia de la gravedad de la epidemia en enero, no tiene sentido que la concatenación de errores en los intentos de compra de material a países como China, India o Japón haya fracasado tan estrepitosamente durante semanas. Más bien, la realidad demuestra que jamás, hasta la primera semana de marzo, el Gobierno se tomó en serio la posibilidad de un contagio masivo. Y ahí lleva su mancha. Hoy ABC retrata el sospechoso desconocimiento de algunos trámites burocráticos esenciales por parte de las estructuras del Gobierno especializadas en comercio exterior. Y retrata también la crudeza con la que se comportan algunos fabricantes internacionales de equipos de protección, respiradores o tests rápidos, capaces de anteponer la rapiña inmoral al comercio justo. Pero con esas reglas de juego se desenvuelve el planeta, y el Gobierno debió proteger nuestros intereses en juego, por la sencilla razón de que esos intereses son vidas humanas.

Sánchez no debió ser ingenuo ni indolente, pero se dio cuenta tarde y mal de la pandemia. Y cuando hemos tenido que abastecernos de material sanitario, hemos descubierto que algunos mercados no son fiables. Huyen de las trabas burocráticas y quieren cobrar de inmediato. Desde esta perspectiva, el mando único contra la crisis se ha visto desbordado, e incluso desautorizado oficialmente por gobiernos como el chino. Precisamente ayer se supo que Pekín no autorizará exportaciones si la mercancía no cuenta con una licencia oficial de ese Estado, una decisión adoptada precisamente por el conflicto que ha creado nuestro Ejecutivo y para protegerse de las acusaciones de haber pervertido el mercado. Pero España no había previsto nada. Carecíamos de fondos y de una estructura comercial oficial más solvente, lo cual no tiene lógica, y de eso Sánchez sí es responsable. No es de recibo que multinacionales españolas con acreditada experiencia en el mercado chino, especialistas en la fabricación y traslado de mercancías y con un perfecto conocimiento del know how de su Administración, no tengan dificultades con Pekín, y el Ejecutivo español, sí. Las explicaciones que ha dado el Gobierno han generando incertidumbre, inseguridad jurídica y confusión con muchos proveedores. De ningún otro modo puede explicarse que España, con 47 millones de habitantes en un planeta de 7.000, sea el segundo país con más muertes y más indefenso.

El Gobierno censura y la oposición calla
Resulta perturbador el perfil bajo que está mostrando la oposición ante un Gobierno tan incompetente como peligroso.
EDITORIAL Libertad Digital 2 Abril 2020

Tras haber denunciado y criticado editorialmente los inadmisibles filtros que el Gobierno impone a las preguntas de los medios en las ruedas de prensa en las que supuestamente informa sobre las crisis del Covid-19, Libertad Digital no puede más que respaldar el manifiesto firmado por medio millar de periodistas que denuncia esa "censura previa" que de forma tan descarada vulnera un artículo tan esencial de la Constitución como el que consagra el derecho "a comunicar o recibir libremente información veraz" (art. 20.1.d), o el que advierte de que el ejercicio del mismo "no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa" (20.2).

Pues bien, el tan incompetente como liberticida Ejecutivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no sólo no ha eliminado esos filtros infames, sino que los ha endurecido hasta el punto de censurar absolutamente todas las preguntas que han formulado los promotores del manifiesto.

Semejante actitud se debe no sólo a su indisimulado desprecio a la libertad de prensa, sino a la servil, acobardada y acomplejada actitud de los principales partidos de la oposición, que en ningún momento han hecho suya la denuncia contra ese amordazamiento de la profesión periodística. Como dice el mencionado manifiesto, en cualquier otro país democrático "se realizan ruedas de prensa telemáticas", en las que los periodistas "formulan las preguntas directamente", sin intermediarios que, como el infame Miguel Ángel Oliver, ejercen con tremenda desvergüenza de censores políticos. "Del mismo modo", añaden los profesionales amordazados, "tienen la posibilidad de repreguntar. Es así, y sólo así, como las personas que dan la rueda de prensa no pueden responder con evasivas, tal y como ha sucedido reiteradamente en las ruedas de prensa organizadas en el Palacio de la Moncloa".

En cualquier otro país democrático, la oposición habría puesto el grito en el cielo si al Gobierno se le hubiera ocurrido vulnerar la libertad de preguntar como ha hecho el Ejecutivo de Sánchez e Iglesias. El PP y Cs guardan en este punto un silencio inadmisible, igual que ante las millonarias subvenciones que el Gobierno va a destinar al duopolio que tan bien le sirve, el que detentan Mediset y Atresmedia en el sector de la televisión en abierto.

A este respecto, conviene recordar cómo el PP apeló temerosa y arteramente a la libertad de expresión de La Sexta para, en realidad, acallar el derecho a la crítica y la libertad de expresión de su propia portavoz, Cayetana Álvarez de Toledo, quien había denunciado el sectarismo de esa cadena, a la que ahora le llueven millones de euros en subvenciones.

Con este acobardado silencio, a costa de quien evitó in extremis al PP el incomparable ridículo de participar en la ominosa manifestación feminista del 8-M, los de Casado quizá crean que se ganan el favor de la banda de Ferreras, cuando en realidad no hacen sino envalentonarla; como han envalentonado al Gobierno en sus filtros contra las preguntas criticas.

Esta tibieza se suma a la anuencia con que la oposición ha asumido el confinamiento de la actividad parlamentaria y a la falta de una crítica mucho más severa de la draconiana paralización del sector productivo, que asombrosamente sólo parece recibir críticas del empresariado.

En unos momentos en los que tantos ciudadanos se plantean si el desastre hacia el que nos conduce el Gobierno obedece a mera incompetencia o, por el contrario, a una estrategia revolucionaria y totalitaria de toma del poder –no son incompatibles–, resulta absolutamente desorientadora esta oposición de perfil bajo. La vida, también en la arena política, implica la asunción de riesgos. E ignorarlo es tanto una temeridad como una cobardía.

Sombras sobre la democracia
Editorial ABC 2 Abril 2020

En La Moncloa se ha instalada el peligroso hábito de convertir la crisis sanitaria en una excusa para degradar los hábitos democráticos de la transparencia y la información sobre los asuntos públicos. Los dos pilares del control democrático sobre la acción del Gobierno, el Parlamento y la opinión pública, sufren las consecuencias de una política de opacidad y cerrojazo desde el Ejecutivo. El Congreso se está transformado en la sala de espera de las normas aprobadas por el Consejo de Ministros, pero ha sido privado de cualquier mecanismo de fiscalización de las decisiones del Ejecutivo. La crisis del coronavirus puede justificar muchas de las limitaciones impuestas a la vida institucional, pero no es la coartada para que el Gobierno vista de autoritarismo sus formas políticas. Decíamos en estas páginas que España se juega su identidad como democracia parlamentaria y Estado de Derecho y este riesgo se confirma con el arrinconamiento de las Cortes, apenas sacudido por el éxito del PP en el Senado al lograr que se convoque la Comisión de Comunidades para tratar la pandemia. El peligro de estos hábitos es que se consoliden y degraden la vida democrática de manera irreversible. Además, tanto tiempo clamando la izquierda contra la «ley mordaza» del PP y ahora La Moncloa se ha convertido en el símbolo de silenciamiento de la prensa con la vergonzosa táctica de filtrar preguntas de los medios a los técnicos y ministros que comparecen, un método servil de neutralizar la libertad de información. En lo que no falla el Gobierno es en su política de intoxicación contra la oposición, que pide información y consenso para apoyar sus medidas. La factoría de insidias de la izquierda vuelve a su especialidad, arrojar muertos a la cara de la derecha y descalificarla por no ser sumisa a un Gobierno cercado por su negligencia. Hay que empezar a preocuparse por la democracia.

Estado de suspensión
El Gobierno usa el estado de alarma para aplicar el programa de Podemos en medio de una suspensión general de derechos
Ignacio Camacho ABC 2 Abril 2020

Desde la falsa sensación de seguridad que ante la amenaza nos da el estar recluidos en casa tendemos a olvidar que el encierro incluye en realidad una suspensión de derechos. Pero esa suspensión, concedida en el Congreso por razón de fuerza mayor y ahora ampliada en el tiempo, no faculta al Gobierno para usar sus poderes excepcionales al servicio de un modelo ideológico concreto -el suyo, el de la coalición de izquierdas- adoptando medidas de emergencia cuyo fuerte sesgo las sitúa al margen de cualquier consenso. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo: que la autorización del estado de alarma por el Parlamento se ha convertido en la herramienta con la que Podemos aplica su programa de nacionalizaciones encubiertas por decreto, ante la pasividad de un presidente que otorga su visto bueno a decisiones con la que varios de sus propios ministros están en desacuerdo.

La idea de dejar que Iglesias «venda algo» -saltándose por cierto, y con reiteración, una cuarentena a la que el resto de los españoles está obligado- puede dejar el tejido económico y productivo del país en colapso. Del laboratorio podemita sólo salen iniciativas de corte bolivariano que consisten en trasladar a las empresas y a los contribuyentes el coste de la cobertura social que no puede asumir el Estado. Aparte de la consabida demonización de los empresarios y de la revocación de facto de una reforma laboral que jurídicamente nadie ha derogado, el paquete anticrisis va a provocar a medio plazo una cascada de quiebras y un incremento exponencial del paro. Pero más allá de eso, las amenazas confiscatorias sugeridas por el líder morado revelan la tentación oportunista, como de leninismo barato, de aprovechar el caos para acelerar su proyecto totalitario. Si al frente del Ejecutivo estuviese un político serio y de confianza, ese sueño chavista no sería más que una fantasía iluminada. El problema es que Sánchez es un gobernante fantasma, sin nada que se parezca a un pensamiento estratégico, sin luces largas, atento sólo a la conservación de su imagen y a la impostura publicitaria. Y su socio tiene intuición sobrada para detectar esa falta de solidez y explotarla. De momento, ya se ha merendado a las vicepresidentas que aún defienden, siquiera de manera vaga, los conceptos más o menos ortodoxos de la socialdemocracia.

Volvamos un momento a la restricción de derechos fundamentales. Desde hace dos semanas la población está confinada, el Parlamento cerrado, las vida institucional suspendida, las Fuerzas de Seguridad desplegadas y el Ejército en la calle. Las condiciones objetivas de un golpe para cualquier aprendiz de Malaparte. Por fortuna la España de hoy nada tiene que temer de los militares, ejemplo de compromiso con sus responsabilidades. Pero en la sociedad posmoderna los saltos cualitativos siempre parten de la renuncia de los ciudadanos a su condición de tales.

El miedo ha cambiado de bando
Cristina Seguí okdiario 2 Abril 2020

Debería bastarnos con ver al vicepresidente de la cuota bolivariana pidiendo “el confinamiento poblacional como la mejor medida salvavidas contra el Coronavirus” para clamar contra las medidas de Estado de Excepción impuestas y prolongadas por este Gobierno.

Cada rueda de prensa de Iglesias es, por lúgubre, negligente y sádica, la presentación de un nuevo tomo de Ensayos para la Muerte.

El comunista volvió a pasarse ayer la cuarentena por el forro para subirse al atril de Moncloa frente a los voceros seleccionados y pedir encierro para los demás. Con su enjuta figura, disociada de la americana robada a algún mascachapas de Vallecas, se subió al púlpito para apaciguar a la población en sus casas el mismo tipo que, con sed de sangre de clase, repetía hasta 2016 eso de que “el miedo va a morir de bando” con los caninos apretados de un heredero del FRAP. Cuatro años después, con 9.000 muertos en España víctimas del COVID-19, aquel revisionista es vicepresidente del Gobierno de España y ha adoptado el aura de retor, pero sigue siendo el mismo acomplejado que sabe que el miedo a morir es el motor primario de la humanidad.

“El mecanismo más eficaz para salvar vidas ha demostrado ser el confinamiento, ha dicho el prestigioso Think Tank británico, el Imperial College”, nos repetía el antiimperialista, ahora converso lameojetes de la Pérfida Albiol mientras, a pocos kilómetros, Iván Redondo y Olivé activaban el ciclo de la ingeniería socialista repartiendo maletas con 15 millones de euros públicos en las oficinas del duopolio informativo con el fin de convertir a las cadenas en el No-Do del régimen y a sus presentadores en los palmeros que, si amen de perder sus trabajos, han frenar las imágenes virales de treintañeros y cuarentones denunciando que sus padres han muerto porque no hay respiradores en las UCIS de los hospitales, de médicos y enfermeros tratando de evitar el contagio con bolsas de basura en la cara, y de pacientes con caretas de buceo del Decathlon.

Le faltó decir a Iglesias “quédense en casa y pongan la tele” para completar la puntualmente lobotomía estalinista a la que se lleva sometiendo a la población desde que el Gobierno la recluyera en su casa el pasado 14 de marzo. Quédense en casa para observar como Sánchez e Iglesias, escondidos tras las DAO de la Policía Nacional y la Guardia Civil, les presentan a ustedes diariamente y con la diligencia chavista ordenada por el vicepresidente, las cifras y las anécdotas de ciudadanos detenidos. Este Gobierno está usando el prime time para fabricar delincuentes que permitan a Sánchez, Montero, Clavo e Iglesias transmutar de mentirosos, y máximos responsables penales, en “víctimas” de la irresponsabilidad de sus gobernados, quienes mediatizados continúan saliendo al balcón para rodar con su móvil el nuevo corto de Tim Burton con detenciones de runners y linchamientos vecinales de los sospechosos de ser una bomba química sin pretensiones de tirar la basura para hacerle el trabajo sucio a este Gobierno de Pilatos. Ellos saben que, mientras estemos en casa, el encierro hará crecer las pulsiones menos cristianas que nos animen a grabar al “cabrón” del vecino ante la sospecha de que nos va a matar por salir a estirar la piernas mientras impiden que vayamos a recoger el testimonio de las víctimas.

La tarea gubernamental más primordial es la de ganar la batalla de la propaganda para salvarse del banquillo y legitimar un golpe de Estado comunista aprovechando que “el miedo ha cambiado, por fin, de bando”. Con el encierro y sin la posibilidad de la reactividad ciudadana atenazada por el miedo, se va implantando la coacción, el proteccionismo y la decadencia de quienes siempre pretendieron un cambio de régimen. Parafraseando a aquellos paletos que inspiraban a Iglesias en la construcción de su estrategia del miedo: “Siguen sangrando las venas del pueblo, siguen cerrando colegios. Han convertido estar explotado en un privilegio

¿El precio? Tu dignidad no lo dudes.

La gravedad se torna frágil aquí en el trapecio. Multitudes violadas pro-patrañas censura. La marca España es un padre de familia buscando en la basura comunista.

Otro fiasco del Gobierno: los nuevos test rápidos sólo tienen una fiabilidad del 50%
Así lo advierte en un informe la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica
Segundo Sanz okdiario 2 Abril 2020

La segunda variedad de test que el Gobierno compró a la empresa china Shenzhen Bioeasy Biotechnology tampoco tiene una alta sensibilidad, por lo que no resultarían lo suficientemente fiables en el diagnóstico masivo de coronavirus. Tras el fiasco del primer tipo de test, que era similar a uno de embarazo, el nuevo modelo, que sigue un método de fluorescencia, presenta una sensibilidad inferior al 50%, según un informe realizado por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc).

En dicho documento, la Seimc señala que «hasta la actualidad las pruebas que se han realizado en España con estos kits de detección de antígeno basados en la inmunocromatografía (lateral-flow) presentan una sensibilidad inferior a un 50%». Esta misma sociedad ya alertó en un anterior informe de que el primer tipo de test rápido, como el exportado por Shenzhen Bioeasy Biotechnology, tenía una sensibilidad inferior al 30%. Para los expertos de la Seimc, una sensibilidad aceptable es aquella superior a un 70%.

En concreto, el nuevo modelo comprado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez a la empresa china sin licencia local se denomina «Bioeasy 2019-nCoV Ag Fluorescence Test» (Fluorescence Immunochromatographic Assay), mientras que el primero tipo de test rápido que devolvió el Ejecutivo por su falta de fiabilidad se llama «Bioeasy 2019-nCoV Ag GICA Rapid Test».

Pese a que una cantidad importante de los 640.000 nuevos tests comprados a Bioeasy —por medio de un proveedor nacional— llegó a España el pasado lunes procedente de China en un avión militar del Ejército del Aire, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, mantuvo este miércoles en rueda de prensa que el producto todavía está siendo evaluado por el Centro Nacional de Epidemiología y el Instituto de Salud Carlos III.

A la espera de conocerse los resultados de tales pruebas, desde la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) ya advierten de que este tipo de test fluorescentes tienen una sensibilidad inferior al 50%.

De momento, en España se están realizando entre 15.000 y 20.000 test al día, pero son fundamentalmente tipo PCR. Los test rápidos que servirían para frenar antes la curva de contagios no se están haciendo de forma masiva.

Los 40 días sin actuar de Sánchez exigen explicación y no pueden quedar impunes
ESdiario 2 Abril 2020

Hay que saber las causas de por qué España sufre más que casi nadie la pandemia y la responsabilidad del Gobierno en esa virulencia específica, que cada día parece más evidente.

Este periódico ha reconstruido en las últimas horas, con documentación oficial siempre, la mezcla de incompetencia y negligencia que ha marcado la gestión del Gobierno desde que fue consciente de la gravedad del coronavirus hasta que adoptó las primeras medidas para intentar frenarlo.

La conclusión es demoledora: desde que recibió las alertas formales al respecto de lo que nos venía encima hasta que se tomó en serio tomar decisiones, pasaron cuarenta días al menos de inacción que probablemente expliquen un hito lamentable: España es, junto a Italia, el país que más desproporción muestra entre sus números de enfermos y fallecidos y su población total.

Aunque existen dudas al respecto de los datos de China, España duplica lo del país de origen del virus pese a tener cuarenta veces menos habitantes. Y duplica los de Francia. O tiene once veces más que Alemania, el país donde seguramente se detectó el primer caso en Europa, una empleada china de una empresa de automoción que había acudido a Wuhan a visitar a sus padres a finales de enero.

Si los efectos están claros, y se resumen en una virulencia especial y extraña solo en España, Italia al margen por ser la primera en Europa y no tener a quién mirar para aprender de su experiencia, ¿cómo no va a ser necesario saber las causas?

Especialmente cuando el Gobierno se empeña en hacer un relato que adjudica al infortunio la mayor contundencia del COVID-19 en España, comparándolo sin decirlo con un terremoto o cualquier otro fenómeno de la naturaleza que sí suele ser imprevisible.

O cuando completa ese discurso falaz con la ocultación de la segunda de sus grandes negligencias: si la primera fue desoír las múltiples advertencias de la OMS, la OMC o Europa; la otra fue la de hacer lo contrario a lo recomendable en esas fechas clave para extender el contagio.

Porque, mientras al Gobierno le constaban los avisos, lejos de reaccionar se dedicó a restarle importancia -"Como mucho tendremos casos aislados", decía Fernando Simón, hoy enfermo él mismo- y a permitir de manera temeraria incontables eventos de masas en un fin de semana, el del 8 de marzo, a partir del cual se dispararon los casos.

Utilizar la excusa de que, toda crítica obedece a denigrar las causa feminista o esgrimir que hubo muchos más acontecimientos con afluencias masivas, resulta grosero e indignante. Porque que en aquellos momentos se permitieran partidos de fútbol, carreras populares, conciertos o hasta mítines de VOX no es un atenuante, sino una forma de agravar la negligencia.

Un Gobierno temerario
Fuera porque el Gobierno fuese de temerario con todo o porque lo fue para no tener que ampliar a las manifestaciones feministas la prohibición de todo lo demás; el resultado es el mismo: multiplicó los riesgos de manera irresponsable. Y lo hizo a sabiendas, con documentación y advertencias formales que sistemáticamente despreció.

Todo esto no puede quedar impune, en el ámbito político, mediático, social y quién sabe si hasta judicial. Porque los 9.000 muertos que lleva España se merecen, por respeto y dignidad, una respuesta concreta que delimite las responsabilidades y aclare en qué medida una parte de estos estragos podía haberse evitado. Otros países, desde luego, lo han logrado.

La izquierda radical mata el empleo
Editorial larazon 2 Abril 2020

Una de las evidencias que mejor explican la situación de grave emergencia por la que atraviesa la economía española es ni siquiera el servicio nacional de Empleo (SEPE) es capaz de calcular a ciencia cierta el número de trabajadores a los que habrá que asistir, bien por haber ido directamente al paro, bien por su inclusión en los Ertes por fuerza mayor admitidos por el Ministerio de Trabajo. Ayer, las fuentes del propio SEPE consultadas por LA RAZÓN facilitaban la cifra de 1.400.000 nuevos beneficiarios del subsidio de desempleo, aunque con la advertencia de la provisionalidad de los datos, ya que muchos de los expedientes no se habían podido tramitar antes del final de marzo a causa de la saturación administrativa y de los fallos técnicos del «teletrabajo».

De cualquier forma, la previsión de que se alcancen los cinco millones de parados parece ser, desafortunadamente, bastante plausible, lo que nos acerca a las peores cifras de la crisis financiera de 2008, incluso confiando en que la mayoría de los nueve millones de españoles afectados por la «hibernación» de la economía, por usar el eufemismo del Gobierno, no pierdan sus actuales trabajos por la quiebra inducida de empresas. El pronóstico para nuestro mercado laboral, al menos en el futuro inmediato, es, pues, muy malo y no lo mejora, precisamente, la actuación de un Ejecutivo como el actual, que encadena reales decretos de medidas paliativas y asistenciales sin orden ni concierto y, sobre todo, sin el acompañamiento de las correspondientes memorias económicas que especifiquen de dónde va a salir el dinero para hacer frente al gasto añadido.

Porque las primeras decisiones de orden presupuestario, como incautarse de los fondos para formación de trabajadores asignados a las comunidades autónomas no pasan de ser una improvisación de corto alcance que no augura nada bueno. Una vez más, se pone de manifiesto no sólo el exceso de improvisación del Gabinete, en la que mucho tiene que ver la falta de un criterio unificado, sino la arrogancia de quienes, en una situación como la actual, han considerado que no necesitaban contar con nadie para afrontarla, mucho menos, claro, con una oposición política a la que se pretende maniatada por un mal entendido concepto de lealtad y de la que, sin embargo, se espera que dé su aprobación parlamentaria a la hipoteca, lisa y llanamente, del futuro de España.

Por no hablar del trato dado al sector empresarial en su conjunto, sobre el que se hace recaer la carga mayor de la crisis del coronavirus sin contrapartida fiscal alguna y con imposiciones en el marco de las relaciones laborales, regladas por una Ley orgánica, de complicado anclaje constitucional. Con todo, lo peor es la sensación que se está instalando en la opinión pública de que el Gobierno que preside Pedro Sánchez plantea su estrategia sobre dos premisas, cuando menos, dudosas: que la recuperación económica tras la pandemia será rápida y que la Unión Europea acabará por salir al rescate, ya sea por medio de los «coronabonos», de ayudas al desempleo –se negocia un paquete de 100.000 millones, a pagar entre los ejecutivos nacionales y los fondos de la Comisión– , o de mayores facilidades al endeudamiento público. Sin embargo, las previsiones de una recuperación acelerada chocan con la realidad de la dependencia del Turismo de la economía española y con el hecho de que nuestros socios también se están viendo gravemente afectados por las consecuencias de la epidemia y, lógicamente, se verán obligados a reducir sus importaciones de bienes y servicios. Pero, al parecer, nada de esto hace mella en el ánimo del Gobierno de coalición, mucho más condicionado por las servidumbres de su ideología de lo que sería conveniente para el bienestar de los españoles.

Sánchez vuelve a timar a los autónomos: les cobrará intereses por aplazar las cuotas de la Seguridad Social
La Orden Ministerial podrá poner aún más trabas pero ya se sabe que el aplazamiento será con cobro para el Estado.
Carlos Cuesta okdiario 2 Abril 2020

Pedro Sánchez ha vuelto a timar a otro colectivo. En esta ocasión, el de los autónomos. En la anterior entrega de ayudas por el coronavirus incluyó un cobro de intereses de un 3,75% a partir del cuarto mes para las empresas que aplazaran el pago de impuestos. Ahora ha incluido un pago del 0,5% en intereses desde el primer día para los autónomos que aplacen el pago de las cuotas mensuales de la Seguridad Social.

El texto, que ha terminado de poner en pie de guerra a la inmensa mayoría de autónomos y asociaciones que los representan, señala que «se habilita a la Tesorería General de la Seguridad Social a la concesión de forma excepcional de moratorias en el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social atendiendo a excepcionales circunstancias, en los casos y condiciones que se determinen mediante Orden Ministerial».

La Orden Ministerial, por lo tanto, podrá poner aún más trabas pero, por el momento, ya se sabe que el aplazamiento será con cobro para el Estado. «El periodo de devengo en el caso de empresas sería el comprendido entre abril y junio de 2020, mientras que en el caso de los autónomos sería el comprendido entre mayo y julio de 2020«, señala el texto. Más allá de julio -en el caso de los autónomos- se acabó el aplazamiento, aunque la crisis perdure. Además, no es condonación -perdón- de la deuda con la Seguridad Social. Tan sólo es aplazamiento.

«En este ámbito, se permite que las empresas y autónomos que no tengan en vigor aplazamientos de pago de deudas con la Seguridad Social puedan solicitar el aplazamiento del pago de sus deudas con la Seguridad Social, que deban ingresar entre los meses de abril y junio de 2020, con una rebaja sustancial del tipo de interés exigido que se fija en el 0,5%», regula el texto.

Traducido: ese aplazamiento de las cuotas de la Seguridad Social nunca saldrá gratis. Será siempre bajo pago de intereses: de un 0,5%. Es más, como recuerda ese párrafo, sólo en el caso de que no se tengan en vigor aplazamientos previos de las cuotas a la Seguridad Social se podrá pedir este aplazamiento.

No se trata de la primera vez que la usura del Gobierno sale a relucir en esta crisis. El primer paquete de medidas presentado por Pedro Sánchez para combatir la crisis del coronavirus ya incluía este truco. Ese paquete, al igual que el actual, no sólo no recogía rebajas de impuestos, sino que hasta los aplazamientos de los pagos tributarios prometidos se convirtieron en un camino de obstáculos y de cobro para el Estado. Tanto, que las pymes que hubiesen querido aprovecharse de esos aplazamientos fiscales habrán visto ya que acabarán pagando intereses a Hacienda por osar hacer uso de la supuesta mejora anticoronavirus: el Estado les cobrará un 3,75% en intereses a partir del cuarto mes. Todo un negocio, pero para Hacienda.

Los policías y guardias civiles obligados a trabajar con mascarillas que Sanidad reconoció ineficaces
Las mascarillas quirúrgicas con las que están saliendo a patrullar los policías y guardias civiles.
R. Tejero y P. Barro okdiario 2 Abril 2020

Los agentes de Policía Nacional y la Guardia Civil se han visto obligados a trabajar con mascarillas quirúrgicas a pesar de que el propio Ministerio de Sanidad ha admitido que son ineficaces a la hora de proteger ante posibles contagios del coronavirus.

La situación a la que se enfrentan los agentes, tal y como denuncian desde hace semanas, es de una exposición constante al virus en las calles. Un patógeno que ya ha dejado más de 9.000 muertos en España. A pesar de este grave riesgo, los policías y guardias civiles no cuentan aún con los materiales de protección necesarios.

Tal y como han informado a OKDIARIO fuentes internas de ambos cuerpos, el material está llegando con cuentagotas y, en el mejor de los casos, los agentes cuentan con un traje EPI por coche de patrulla. Esto obliga a que los trabajadores deban compartir el traje durante los distintos turnos y que sea usado por varios compañeros. Mientras, Sanidad considera que el trabajo de policías y guardias civiles conlleva «bajas probabilidades de exposición» frente al virus, a pesar de que los agentes contagiados ya se cuentan por millares.

Mascarillas ineficaces
La situación «es inaguantable», denuncian, y la sensación de desprotección apenas ha mejorado con el paso de los días. «Ahora se están poniendo más las pilas, pero aún así tenemos que trabajar con mascarillas quirúrgicas que no sabemos ni de dónde provienen», se quejan las mismas fuentes.

La portavoz del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, la doctora María José Sierra (sustituta de Fernando Simón tras su positivo por coronavirus), advirtió el pasado lunes que las mascarillas de tipo quirúrgico no están indicadas para evitar contagios.

«La mascarilla quirúrgica tiene un papel muy importante en las personas que puedan estar excretando virus. Por eso siempre decimos que cuando una persona inicia síntomas, se le debe poner una mascarilla quirúrgica. Es una barrera para que los virus no puedan trasmitirse a los demás«, aseguró la doctora Sierra. Sin embargo, a continuación explicó que esas mascarillas no están diseñadas para proteger frente a la amenaza del virus, y que para que realmente protegen del coronavirus deben ser del tipo FFP2 o FFP3.

Diferencia entre mascarillas
Las mascarillas quirúrgicas son las más sencillas de todas, y están especialmente diseñadas y fabricadas para filtrar las partículas que se emiten al respirar. Por lo tanto, son mascarillas que funcionan para evitar que una persona enferma contagie al resto, pero no tanto para evitar contagiarse uno mismo.

Por su parte, las de protección respiratoria son las más seguras y están divididas en tres categorías. Las mascarillas FPP1 presentan un 78% de eficacia de filtración mínima, de modo que el porcentaje de fuga hacia el exterior asciende al 22%.

Para el coronavirus los expertos recomiendan utilizar como mínimo mascarillas FFP2, con una eficacia de filtración mínima del 92%. En este caso, la fuga hacia el exterior es de sólo un 8%. Impide la inhalación de polvo, humos y aerosoles. Y, por último, las mascarillas FFP3, con un 98% de eficacia de filtración mínima y apenas un 2% de fuga hacia el exterior.

No saben de dónde vienen
Las comisarías desconocen en gran parte de los casos el origen de las mascarillas. Algunas son donaciones de empresas o particulares y otras las envía en Ministerio de Interior de Fernando Grande-Marlaska.

OKDIARIO ha preguntado a un portavoz oficial de la Policía si tiene conocimiento de que en muchas de las comisarías de España se está recurriendo a este material donado ante la falta de material oficial, aunque al cierre de esta edición no había obtenido una respuesta oficial.

Primer policía fallecido
La Guardia Civil lamenta ya seis fallecidos entre sus agentes. La Policía Nacional ha registrado este miércoles su primer muerte por coronavirus. El agente pertenecía a la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Barcelona y su nombre era José Luis.

Se trata del primer agente en activo que fallece por estas causas dentro de la Policía Nacional.

Las víctimas del coronavirus se organizan para exigir indemnizaciones colectivas al Gobierno
"Nadie puede negar que el Ejecutivo central nos pretendió mostrar una imagen de completa normalidad cuando ya se estaban emitiendo mensajes y alertas claras", aseguran los abogados de la Asociación de Afectados por el Covid-19
El estado de alarma trajo consigo "la limitación de nuestros movimientos.
María Jamardo okdiario 2 Abril 2020

Las víctimas del coronavirus preparan una demanda colectiva contra el Gobierno para exigirle responsabilidades por su «deficiente actuación» durante la crisis sanitaria. La Asociación de Afectados por el COVID-19 exigirá al Ejecutivo que indemnice a los perjudicados tras contagiarse «injustificadamente», puesto «que se les ha enviado a luchar la guerra contra el virus sin armas» -en el caso del personal sanitario- y hay miles de familias «que han perdido a sus seres queridos, en condiciones muy dudosas por la ausencia de información y medios técnicos, profilácticos y materiales».

La plataforma, creada el pasado día 27 de marzo, recopila pruebas antes de iniciar las acciones legales necesarias para que los poderes públicos asuman sus responsabilidades, tanto civiles como penales, frente a «todas aquellas personas y colectivos que se han visto directamente perjudicados por la enfermedad y sus consecuencias, como resultado de la gestión del Gobierno, tanto a nivel de prevención, como de contención y adopción de las medidas adecuadas para hacer frente a la expansión y paliar, en su caso, las consecuencias de la misma», confirman sus asesores jurídicos a OKDIARIO.

Y añaden: «En estos momentos parece ya bastante evidente y resulta público y notorio, que el Gobierno ha reaccionado tarde y mal ante la existencia y expansión de la epidemia del coronavirus».

«Nadie puede negar que por parte del Ejecutivo central, se nos pretendía mostrar una imagen de completa normalidad, y sensación de entera inexistencia de riesgo de contagio y de gravedad de la enfermedad, cuando ya meses y semanas antes se estaban emitiendo por parte de otros países afectados mensajes y alertas claras«, subrayan los abogados que se encargarán de representar a la plataforma de afectados ante los tribunales.

Informes de riesgo
La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó, el 28 de febrero, el riesgo de expansión global del coronavirus de alto a muy alto y el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades había desaconsejado en varias comunicaciones, desde el 2 de marzo, la celebración de actos multitudinarios.

Sin embargo, el Gobierno hizo que «pasásemos de un escenario de completa normalidad en el que se daba a entender que estábamos poco más que ante una gripe estacional, alentando incluso a participar en manifestaciones y actos multitudinarios (conciertos, mascletás, marchas del 8-M, …) a otra bien distinta, en la que cinco días después se declaró el estado de alarma», subrayan desde la Asociación de Afectados por el COVID-19.

El estado de alarma trajo consigo «la limitación de nuestros movimientos y el confinamiento férreo en nuestros domicilios. Además de toda una batería de medidas, maniobras y protocolos que se han manifestado completamente insuficientes y erráticos hasta el punto de que la situación se ha tornado insostenible, fruto de la nefasta gestión de la crisis, agravando y multiplicando de manera incontrolada los contagios en sectores como el sanitario, las Fuerzas Armadas o los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Estado».

Los letrados encargados de redactar las demandas de los afectados actuarán en consecuencia y si es necesario «caso por caso» para tratar de que el Gobierno asuma su «completa ausencia de previsión, falta de liderazgo y de efectividad y completa carencia de capacidad de reacción», resarciendo a todos los perjudicados, como mínimo, en términos económicos.

Las acciones que se están preparando «dependerán del colectivo o particular afectado» y se extenderán «desde querellas por prevaricación, lesiones imprudentes o delitos contra los derechos de los trabajadores», hasta reclamaciones «por incumplimiento de las medidas de prevención de riesgos laborales» y «responsabilidades civiles directas de la Administración por sus actuaciones u omisiones».

«Se trata de evitar que unos hechos como los sucedidos queden impunes», concluyen.

Así instruye Podemos a sus guerrillas en las redes para no cargar con la culpa de los 9.053 muertos
Monedero dirige la guerra sucia de Podemos bajo el coronavirus: ataques al Rey, a Ayuso y a Amancio Ortega
Fernán González okdiario 2 Abril 2020

Podemos mantiene una estructura de ciber guerrilleros para hacer campañas contra la oposición. A través de grupos en la aplicación de móvil Telegram el partido de los círculos tiene una red para influir en la opinión pública.

Aunque estos días Podemos se queja de que recibe críticas de PP, Vox y Ciudadanos durante la crisis del coronavirus, ellos mismos orquestan calculadas campañas para cargar contra estos partidos de la oposición.

Tal como ha podido comprobar OKDIARIO, desde el 2018 está en funcionamiento, entre otros, el grupo ‘Guerrilla’ que cada semana organiza varias ofensivas en las redes sociales para conseguir Trending Topics, es decir, que sus planteamientos sean los más comentados en particular en Twitter. Aunque también funcionan en Facebook, WhatsApp y otras plataformas.

Durante meses han organizado los ‘Miércoles Republicanos’ para tratar de tumbar la Monarquía. Ahora también están llevando a cabo los ‘Martes Podemos’ en el que se dedican a desprestigiar a la oposición y ha defender a Podemos. Estos días están usando como lemas principales: «Oposición desleal» y «Para qué sirve la derecha» junto con imágenes y vídeos para ridiculizar a los líderes opositores.

Para conseguir el éxito de estas iniciativas, este «canal no oficial de Unidas Podemos» envía elaborados manuales de acción a sus hordas. En estos documentos coordinan la acción y el objetivo. Establecen una hora de comienzo para que los ataques sean más efectivos y advierten: «Importante: no empecéis ni un minuto antes de las 20:00″.

Así instruye Podemos a sus guerrillas en las redes para no cargar con la culpa de los 9.053 muertos
Grupo en Telegram vinculado a Podemos del que forman parte 2.300 ciberguerrilleros.

Igualmente, aleccionan a su ejército tuitero con una serie de normas: «Poned un tuit cada 7 minutos aproximadamente y entre tuit y tuit no hagáis más de 5 retuits para que no os penalicen. Si sólo vais a retuits, es importante espaciarlos para que no os bloqueen la cuenta. No pongáis muchas veces el HT al principio del tuit (…)».

Tuits predefinidos
Para que su tropa no tenga que pensar este grupo y el resto similares que existen en la órbita morada distribuyen listas de mensaje precocinados listos para lanzar. Eso sí, piden que se retoquen y adapten un poco para no ser pillados y no «ser penalizados por Twitter». «No copiéis y peguéis tweets. Es mucho mejor que subáis tuits propios o hagáis variaciones», ordenan.

Además de tuits prefabricados, los administradores de esta cuenta que permanecen en el completo anonimato facilitan una biblioteca de vídeos y memes para atacar a las formaciones del centro derecha español. En una carpeta de material subido a la nube listo para ser publicado encontramos intervenciones de periodistas y cómicos afines o de líderes morados como Irene Montero, Rafa Mayoral, Alberto Rodríguez o Yolanda Díaz.

Esta guerra sucia se suma a la que organizó Neurona Consulting, la empresa mexicana que, tras recibir cientos de miles de euros a dedo del régimen de Evo Morales, llegó a España para trabajar gratis en las últimas campañas electorales de Podemos. Esta consultora se promociona precisamente asegurando que con «ciber guerrillas» es capaz de influir en el voto de la ciudadanía.

Entre totalitarios, cobardes e imbéciles
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Abril 2020

La apariencia de Gobierno, la desesperación intelectual y la jindama de las fuerzas liberales nos llevan al abismo. Hacerse cargo de esos tres asuntos es prioritario para organizar colectivamente la concordia, la fuerza nacional, que se enfrente a la pandemia del coronavirus con entereza, firmeza y cuajo moral. Reconozcámonos con dignidad e inteligencia en esas tres claves de la tragedia para arrostrarla. España no tiene Gobierno; esta realidad es tan indiscutible como que las mentes más preclaras de este país demandan urgentemente la formación de un Gobierno de Unidad Nacional. Pero esta última petición, un grito desesperado, contra la tragedia será acallada, suavizada y oscurecida por unas fuerzas liberales atribuladas, que mostrarán pronto su rostro más feo, el de la cobardía; una vez más, como en el 31, el 34 y el 36 del siglo pasado, harán ostentación pública de que son incapaces de organizar una reacción colectiva, decisiva y enérgica frente a lo evidente: la apariencia del Gobierno de España, apariencia, sí, sombra terrible de un Gobierno, porque solo se preocupa de mantenerse en el poder.

El Gobierno de España ha sido sustituido por un conglomerado de intereses partidistas con un único objetivo: mantenerse en el poder contra la Nación, es decir, matando la concordia en España. El asesinato de la unión, de la paz social entre los ciudadanos, se lleva a cabo con una perfecta organización intelectual del odio entre los españoles. La discordia es atizada sin límite alguno. Todos los aparatos ideológicos del Estado, junto con las grandes cadenas de televisión privadas y casi todos los medios de comunicación, no tienen otro objetivo que romper la unidad de los españoles bajo el cínico titular de que no es la hora de la crítica al Gobierno. Pasado este trágala por los estómagos de la oposición, todo vale para salvar al conglomerado de socialistas y comunistas en la Moncloa. Culpabilizar de todos los males de España, empezando por la pandemia del Covid-19, a la oposición es la prioridad de los partidos en el poder.

Por esos derroteros, muy pronto, comenzará a ser una obviedad de que las fuerzas liberales españolas no sólo no tienen cuajo moral para reaccionar colectivamente contra la tragedia, sino que son ellas las culpables indirectas o directas de la pandemia. La propaganda totalitaria de Sánchez-Iglesias ha empezado a calar en la población. Quiere acabar por la vía rápida con la oposición. De hecho, el Congreso de los Diputados, centro clave de la vida política, está bajo mínimos, salvo para votar decretos de corte totalitario. Y lo grave es que esa temible organización colectiva del odio está calando más rápidamente de lo que algunos creen en el ovejuno pueblo español. Éste empieza a olvidarse de las manifestaciones del 8-M, las responsabilidades criminales de todos los ministros y la ocultación de información decisiva para defendernos de la pandemia.

La gente olvida rápidamente en un ambiente de propaganda de guerra las tropelías más graves del Gobierno: el último acto de violencia contra la población borra el anterior, y así sucesivamente… Por brutales e irracionales que sean las medidas de este Ejecutivo, la mayoría de la población mirará para otro lado, o peor, serán justificadas por los votantes del amasijo de partidos que conforman el Gobierno. Así somos los españoles. No creo que los millones de votantes de esa amalgama separatista-socialista-comunista, sin otro oficio que vivir del poder, hayan cambiado su intención de voto ante tanta tropelía gubernamental. Al contrario, están aplaudiendo que sus líderes transformen el dolor humano en un asunto clave para mantenerse en el poder. Sus votantes son cómplices de la politización, utilización e instrumentación a que este Gobierno ha sometido el dolor, el sufrimiento y la muerte de miles de españoles. Sí, serán millones los individuos que se servirán de esa "organización", repito, "colectiva del odio" para justificar su lealtad a los partidos que votaron hace unos meses para liquidar España. El dato de la encuesta de GAD3 para ABC es demoledor: el 53% de los votantes socialistas y el 57% de los de Podemos consideran que el Gobierno no oculta información sobre la pandemia. Aquí nadie es inocente. No veo salida.

Me hubiera gustado escribir sobre la viabilidad de un Gobierno de unidad nacional para empezar a salir de esta ruina, pero renuncié al instante, porque es un sinsentido, una ilusión, un engaño, un placebo que inventamos algunos intelectuales españoles para darnos ánimos ante la inevitable muerte de la inteligencia en España. El pueblo español y, lo que es peor, sus elites científicas están al mismo subnivel, o mejor, subsuelo que sus políticos. Los millones de individuos que han votado a Sánchez son como él; y, peor aún, nuestros científicos, nuestros sabios, que están tan calladitos como los periodistas que comen de la olla de Sánchez-Iglesias, son mucho peor que los monstruos de la Moncloa. Por desgracia, el dolor de mundo, la España en duelo de hoy no será acicate futuro para construir un país con menos criminales, cobardes y tontos.

La pandemia populista
Guadalupe Sánchez. vozpopuli  2 Abril 2020

Algunos ya habíamos advertido sobre lo nefasto que sería para el país este Gobierno homeopático cuya principal misión es la de la autopromoción institucional. Pero una vez más afloró esa mentalidad española que abraza al que promete un arcoíris perpetuo y gratuito, mientras expulsa al que advierte de los sacrificios para salir de la ciénaga. Nos hemos convertido en un país con una población envejecida, pero con una mentalidad infantil, que sólo acepta las malas noticias cuando su portador viene con una solución simplista bajo el brazo. Caso contrario, matamos al mensajero. Somos el caldo de cultivo perfecto para que aflore el populismo y se asiente en el poder por esa preferencia nuestra de primar el relato frente al dato.

Pero ni siquiera el populismo sanchista ha resistido los envites de la pandemia. El virus importado de China ha evidenciado que el Gobierno de “Su Persona” está desnudo, dejando sus vergüenzas a la vista de todos. La ineptitud y la escasa formación de muchos de sus ministros ya no sólo para prevenir, sino para afrontar esta situación de crisis, no es opinable. Lo demuestran día sí y día también en cada una sus intervenciones públicas pese a que el gabinete de prensa de La Moncloa les filtra las preguntas. Pero, lo que es peor, lo dejan patente en el BOE.

Nuestro boletín oficial se ha convertido en un intento de panfleto propagandístico de la gestión gubernamental de la crisis con el que camuflar un arma de destrucción masiva de empleo.

En un momento de confinamiento poblacional y desasosiego, en el que la situación requiere que las medidas adoptadas conlleven la menor proactividad posible por parte de los ciudadanos, el Gobierno se ha dedicado a parir normas de difícil comprensión que generan un enorme lastre burocrático. Algo que no debería sorprendernos viniendo de quienes conciben lo público como una coartada para aglutinar poder, y no como una herramienta para garantizar de formar efectiva y eficaz la igualdad ante la ley y la libertad. La burocracia es una correa de transmisión del poder hacia la sociedad, su particular manera de hacernos dependientes y someternos al decisionismo político. O dicho con otras palabras: de crear una ciudadanía mendicante.

El fin de semana anunciaron una prohibición del despido que no fue tal. Comunicaron un parón económico cuyas medidas se especificarían en un Real Decreto Ley (RDL) que se acabó concretando en una chapuza jurídica infame, con numerosas lagunas, errores e imprecisiones, y que se publicó escasos minutos antes de su entrada en vigor sumando en el desconcierto a ciudadanos y empresas.

Para no desmerecer todo este bochorno, inauguran la semana con la publicación de otro RDL con medidas urgentes en el ámbito social y económico. La lamentable técnica jurídica de la norma no puede ocultar su profundo trasfondo ideológico, en el que se vislumbra claramente la mano de Podemos. Decisiones enfocadas a satisfacer, aunque sea superficialmente, a su potencial bolsa de votantes mientras menosprecian a los autónomos y empresarios de nuestro país. Al fin y a la postre, ellos odian el libre comercio, porque el emprendimiento empresarial genera formas de sustento al margen del poder, y bien es sabido que los estómagos agradecidos están en la base del pensamiento cautivo.

La norma crea un entramado de trámites y papeleo ininteligible, que por momentos te teletransporta a la genial película de René Goscinny y Albert Uderzo “Las doce pruebas de Astérix”. Concretamente al momento en el que los romanos exigen al galo y a su compañero Obélix que se enfrenten a la burocracia romana para conseguir un formulario administrativo. Algo que lleva a estos héroes de ficción al borde de la locura.

En el RDL se contemplan moratorias o aplazamientos para el pago de alquileres, hipotecas y cuotas de la Seguridad Social. Les intentaría hacer un resumen claro de los requisitos para acceder a cada una de estas “ayudas”, pero me lo impide la verborrea legislativa empleada: les confieso que hay trabalenguas que no me siento capaz de desentrañar en el espacio limitado de una columna de opinión.

Lo que sí que les puedo confirmar es que, en lo que a autónomos y empresas se refiere, el adjetivo “urgente” de la denominación es incierto. No es más que parte de una enorme muestra de los fuegos artificiales autocomplacientes y mitineros a los que, tristemente, nos tienen ya acostumbrados. Muestra de ello es que la norma no contempla los requisitos para que los autónomos puedan acceder a la moratoria en el pago de las cuotas de la Seguridad Social. No, no estoy de broma: habrá que esperar a que se publique la orden ministerial correspondiente que los regule. Medidas urgentes, pero para mañana.

A falta de urgencia, lo que sí que tenemos es imprecisión, inflexibilidad e ineficacia. Los autónomos sólo podrán aplazar las cuotas de mayo y junio, a pesar de que la vicepresidenta Nadia Calviño aseguró que la moratoria abarcaría la de marzo. No es que improvisen, es que mienten. Porque lo que les queda en la retina a aquellos a quienes no afecta la medida es el anuncio. Y a los autónomos ya se nos pasará.

Quienes soliciten la moratoria del pago del alquiler o de la hipoteca tendrán que cumplir, sin excepción, una larga lista de requisitos que dejan fuera a buena parte de la clase media trabajadora española. Por ejemplo, para el aplazamiento del alquiler ninguna de las personas que integran la unidad familiar podrá tener más de una vivienda en propiedad o usufructo. Da igual que se trate de una vivienda heredada en régimen de copropiedad, que de esos otros inmuebles no se obtenga ingreso alguno o incluso que sean generadores de un gasto (hipoteca). Es más: si ese otro inmueble esté alquilado pero el arrendatario no satisface el alquiler, se aumentan las trabas legales para desahuciarlo. Un totum revolutum absurdo que sólo cobra sentido cuando se examina desde el prisma del odio ideológico hacia la clase burguesa propietarista por parte de quienes predican a la clase obrera desde su chaletazo en Galapagar.

De lo que sí que no se han olvidado nuestros legisladores pandémicos es de comprar la complicidad y los silencios informativos de los medios de comunicación afines. Bajo el empalagoso y pomposo encabezado de “compensación temporal de determinados gastos de cobertura poblacional obligatoria del servicio de televisión digital terrestre de ámbito estatal”, ocultan una subvención de quince millones de euros a sus súbditos mediáticos. Porque son conscientes de que en esos medios recae la tarea de anestesiar nuestro espíritu crítico como ciudadanos, de embadurnar con la melaza de la unidad la cruda realidad, de que sigamos prefiriendo el arcoíris y los unicornios al conocimiento y a la verdad. Que lo consigan o no, ahora más que nunca, es nuestra responsabilidad.

El tiempo que se pierde en recurrir a una mentira y sostenerla es proporcional al que se deja de invertir en la necesaria transformación de la realidad.

El Politburó decide cuándo se acaba la epidemia
Cristina Losada 2 Abril 2020

Ya es difícil hacer frente a la epidemia con datos incompletos; con datos manipulados, mucho más.

Hace unos días entrevistaron a Sebastian Heilmann en Die Zeit. Heilmann es politólogo y sinólogo. Fue director del Mercator Institute for China Studies (Merics) en Berlín. Le preguntaron si le parecía verosímil que en China no hubiera nuevos contagios que no fueran importados, y respondió:

El Politburó [del Partido Comunista Chino] ha decidido que la epidemia ha pasado. Naturalmente, el virus no ha desaparecido, pero ahora ya no puede haber malas noticias. Tenemos indicios de que se ha conseguido contener la epidemia. Pero hay informaciones no oficiales según las cuales todavía hay casos en el sudoeste de China que podrían ser de Covid-19. El riesgo de una nueva oleada de infecciones en China sigue existiendo. Lo que estamos viendo ahora es, sobre todo, una actuación política. Todas las informaciones incómodas se suprimen y el aparato de propaganda difunde el principal relato: se ha vencido a la epidemia gracias a la superioridad del sistema chino.

Heilmann no es epidemiólogo. Pero conoce el sistema chino y, por ello, observa y advierte. Los dirigentes chinos han tomado una decisión política respecto a la epidemia y esa decisión es que ha acabado. El politólogo alemán tampoco tendrá muchos más datos sobre la extensión que ha podido alcanzar la epidemia en China y la situación actual que los que tenemos nosotros: los oficiales. Y es lógico ponerlos en duda, por la falta de transparencia del régimen y su acendrada costumbre de suprimir información no sancionada por las autoridades. Desde hace días, se cuestiona el dato oficial de mortalidad. Imposible conocerlo con certeza.

La ausencia total o parcial de datos fiables sobre el impacto de la epidemia no se limita, sin embargo, al ámbito de un régimen autoritario que se ha dedicado con particular eficacia a controlar la información, es decir, a eliminarla. Por unas u otras razones, también faltan datos en otros países. Una causa es que no se han podido hacer aún suficientes estudios. Se investiga, por ejemplo, cuál es el porcentaje de personas que tienen el virus y pueden contagiarlo pero no desarrollan síntomas. Un análisis del curso de la epidemia en el crucero Diamond Princess ha mostrado que un 18 por ciento de infectados no los tuvieron en ningún momento. Por su lado, un equipo de la Universidad de Hong Kong ha calculado que entre el 20 y el 40 por ciento de los contagios producidos en China ocurrieron antes de la aparición de síntomas.

Por esas y otras estimaciones, los CDC (Centros de Control y Prevención de Enfermedades) de Estados Unidos se están replanteando sus directrices, hasta ahora restrictivas, sobre el uso de mascarillas. En nuestro país se recomienda que, aparte del personal sanitario, no las lleve nadie, salvo los infectados, que, en teoría, no pueden salir de sus casas ni de los hospitales. ¿Pero es porque son innecesarias, como sostiene contra viento y marea la OMS, o porque no tenemos suficientes? Si es lo segundo, estamos en lo del Politburó: "El Politburó decide que las mascarillas no hacen falta". En lugar de reconocer que son útiles pero, ¡vaya por Dios!, ya no quedan y sólo de milagro llegan algunas para los médicos, de modo que usted no va a poder usarla, se predica que son inútiles. Sería una nueva y grave irresponsabilidad. Porque antes del escudo social, ese lema juego-de-tronos de los podemitas, necesitamos escudos frente al virus. El lavado de manos y la distancia de seguridad son dos, pero la mascarilla es otro: imperfecto, sí, pero mejor que nada.

Hay datos que no tenemos sencillamente porque no se recogen. El número real de contagiados no será nunca el que dan las autoridades sanitarias, sino superior, cuando no se hacen tests suficientes. Resulta que no se pueden hacer. Pero luego entramos en los dominios del Politburó: ¿y si hay datos que no se recogen para no darlos? El departamento de Salud de la Generalidad catalana, por ejemplo, ha decidido instruir a los servicios sanitarios para que convenzan a la gente de que es mejor que los mayores se mueran en casa. ¿Los testarán antes o tampoco? Es indudable que si no los ingresan ni los testan, los datos oficiales de mortalidad por el virus serán menores que los reales. ¿Será posible que lo hagan? Ya es difícil hacer frente a la epidemia con datos incompletos; con datos manipulados, mucho más. La cuestión es si hay capacidad de control para evitar que se manipulen con la finalidad de ocultar su magnitud. La pregunta es quién controla a los Politburós. Aquí.

1 de abril de 1939: Ganaron los buenos / La «anormalidad» de España
Pío Moa gaceta.es 2 Abril 2020

Ganaron los buenos
Hace 81 años el célebre y sobrio parte de Franco dio por terminada la guerra civil. ¿Qué puede decirse de ella a estas alturas? Por lo menos lo siguiente:

1. Que la contienda enfrentó por una parte a quienes querían implantar en España un régimen soviético y/o disgregarla en estaditos manejables por otras potencias, y por otra a quienes no estaban dispuestos a consentirlo.

2. Que en ella no se jugó la democracia sino la unidad de la nación, la cultura y familia cristianas, la libertad personal y la propiedad privada, defendidas por los nacionales y atacadas por el Frente Popular, pacto de totalitarios y separatistas.

3. Que la democracia quedaba fuera de cuestión. En el Frente Popular, unos, los más fuertes, aspiraban a implantar un régimen de tipo soviético; otros, despotismos separatistas; y unos terceros les hacían el juego voluntaria o involuntariamente. Los nacionales, después del caos republicano y las elecciones fraudulentas del 36, no creían que la democracia pudiera contener el alud revolucionario-separatista, y buscaron otras salidas. En 1930, Franco todavía recomendaba la democracia y se resistió a rebelarse mientras hubiera esperanza de reconducir un régimen cada vez más epiléptico.

4. El Frente Popular se presentó como defensor de la república, cuya legalidad había asaltado en 1934, planeando la guerra civil, y había acabado de destruir desde las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, aplastando sangrienta y tiránicamente la libertad. La falsedad de la reivindicación izquierdo-separatista, masivamente difundida, es la causa de que aún hoy la guerra civil siga sin ser asimilada por la sociedad española. Es también la causa por la que he escrito recientemente Por qué el Frente Popular perdió la guerra.

5. La guerra fue un suceso doloroso, pero en ella ganó la causa más justa. Que volvió a justificarse al ganar también la paz, reconstruyendo la nación frente a mil dificultades y hostilidades exteriores, manifiestas en un aislamiento criminal; y dejando una herencia de reconciliación y prosperidad, con una sociedad muy superior en todos los sentidos a la de miserias y odios republicanos causantes de la guerra. Esta es su doble legitimidad, de origen y de ejercicio. Precisamente el Frente Popular desacreditó la idea de la democracia para muchos años. Y no es casual que los partidos que se consideran herederos de él, nuevamente totalitarios y separatistas, estén destruyendo la democracia decidida en 1976 a partir de la legitimidad del franquismo.

6. La mentira sobre la guerra y el franquismo, sostenida por los herederos del Frente Popular con el auxilio de una derecha abyecta y sin ideas, capaz de identificar democracia con antifranquismo, es la causa profunda de que la sociedad no logre aprender de la experiencia y tienda repetir lo peor de su pasado, como decía Santayana de los pueblos que olvidan su historia.

7. En este aniversario es preciso que todos recordemos qué fue realmente aquella contienda, quiénes la planearon y provocaron, por qué la perdieron, por qué el pueblo decidió una democratización en orden partiendo de la herencia franquista, y por qué esa decisión ha venido siendo saboteada utilizando la falsedad histórica para transformar el régimen, introduciendo leyes totalitarias como las de «memoria histórica», de género y similares.

8. Como dirigente máximo en la guerra y la paz –que dura aun hoy, cada vez más amenazada por golpismos y leyes liberticidas–, y por la categoría de sus logros, el general Franco entra en la historia de España con la talla del mayor estadista que ha producido el país en varios siglos. La reciente profanación de su tumba por los delincuentes que hoy gobiernan la nación deberá ser revertida en su momento. Una sociedad incapaz de respetar a quienes la liberaron de la tiranía y la disgregación se condenaría a sí misma. Restablecer la verdad es una necesidad absoluta para garantizar la permanencia de España y curar una democracia hoy enferma y en gran parte fallida.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilUNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k
************
La «anormalidad» de España.

Usted descarta el carlismo como solución general en España. Sin embargo fue uno de los ingredientes fundamentales del franquismo y en la guerra civil
Sí, fue uno de ellos pero ni de lejos el principal. El franquismo no fue un régimen de partido único, sino de cuatro partidos o «familias», y en general poco tuvo que ver con el carlismo; y la evolución posterior de este ratificó su incapacidad como alternativa a la democracia liberal. Es difícil definir con precisión ese movimiento. Por una parte quería volver a la sociedad estamental y de privilegios, regida por la nobleza y el clero con un rey sacralizado, cosa que interpretaba como el orden social querido por Dios. Querían mantener el antiguo régimen, que en España imitaba a la monarquía absolutista francesa desde comienzos del XVIII, es decir, no era demasiado tradicional español. Y por otra parte parecía querer ir más allá, a la época de la Reconquista, con los viejos fueros y demás. Por ello detestaban al liberalismo, que preconizaba la unión nacional bajo las mismas leyes, con igualdad ante la ley y abolición de los privilegios. A pesar de que les ayudaba la mediocridad, corrupción y crímenes de los liberales, no eran una alternativa, desde luego. Y perdieron las guerras en buena medida por la ineptitud e intrigas de la corte del «sacro» pretendiente. Esto también lo explico en Nueva historia de España, perdone que insista.

Pero el liberalismo ha fracasado a su vez. En el XIX trajo inestabilidad, los pronunciamientos militares, en el XX fue incapaz de contener las tendencias revolucionarias, contribuyó, usted mismo lo dice, al caos republicano y a la guerra civil. Ahora mismo, muchos políticos que han ayudado al proceso de descomposición política actual se consideran liberales. Los democristianos también lo son…
Tal como han ido las cosas, son dos movimientos fracasados en España, el carlismo en el siglo XIX y el liberalismo en el XX. Sin embargo del liberalismo hay elementos irrenunciables como la unidad nacional, los derechos políticos, la igualdad ante la ley. Tanto es así que nadie se atreve a declararse en contra, hasta Torrente Ballester cuando era ideólogo de la Falange. Bueno, excepto en lo de la unidad nacional, contra la que parecen estar casi todos, herencia del regeneracionismo.

¿El regeneracionismo estaba contra la unidad nacional?
No estaba contra la unidad, pero favorecía de los factores que podían destruirla, empezando por su denigración de la historia. La idea de que España tenía una historia «anormal» implica, naturalmente, que otros países la tendrían «normal». En concreto la tendría normal «Europa», mientras que España, ya en la Reconquista habría mostrado síntomas de enfermedad, que en gran parte de manifestarían en una «tendencia congénita a la guerra civil», al «cainismo», a la «persecución del pensamiento libre», luego materializada en la Inquisición, etc. En contraste supuesto con «Europa», es decir, con la Europa occidental, o más propiamente Francia e Inglaterra, que constituían el horizonte fundamental de los europeístas, y sobre las cuales demostraban no conocer más que tópicos ni tener deseos de ir más allá. Era una doble ignorancia o más bien distorsión: de España y de Europa. No se puede construir sobre arenas tan movedizas. Era la aceptación de la leyenda negra combinada con un patriotismo a su modo: como españoles, los regeneracionistas se sentían ultrajados por el atraso de España con respecto a Francia e Inglaterra. Lo malo es que creían poder superar ese atraso rápidamente con fórmulas mágicas, básicamente con la destrucción del régimen liberal de la Restauración. ¡El caso es que casi todos se proclamaban liberales! En Por qué el Frente Popular perdió la guerra examino esta peculiaridad del liberalismo español, siempre enfrentado internamente a muerte, o casi. Los liberales como enemigos del liberalismo, podríamos decir, exagerando no demasiado.

Aun así, las líneas generales eran correctas: querían una democracia de libertades.
Algunos querían un dictador, un «cirujano de hierro». Paradójicamente, España fue probablemente el país o uno de los países internamente más estables de Europa durante más de tres siglos y el que mantiene unas fronteras más estables; y constructor de un imperio también más pacífico, estable y duradero que cualquier otro europeo; y la Inquisición fue un tribunal mucho más garantista que cualquier otro europeo, mucho menos sanguinario que las diversas inquisiciones protestantes, y coincidió con la época cultural e intelectualmente más importante de la historia de España.

Las guerras civiles, el «cainismo» y el estancamiento intelectual han sido en España, más bien, una herencia de la Revolución francesa a través de la invasión napoleónica. Recordar y examinar estas cosas, a contracorriente de la mayor parte de la historiografía al uso, es parte de lo que he hecho en Nueva historia de España.

Pero usted tampoco ofrece una alternativa.
Eso tienen que hacerlo los políticos. Pero cualquier alternativa pasa por el saneamiento, digámoslo así, del pasado. En Nueva historia he expuesto cómo en todas las sociedades existen tendencias integradoras y disgregadoras en difícil equilibrio. Ahora bien, si partimos de la idea de un pasado negativo de España, las tendencias disgregadoras prevalecerán, como está ocurriendo. Hay dos puntos sobre los que incidir: la gran época de España, siglos XVI-XVII, y el franquismo. Más allá de clarificarlos en lo posible, ¿podemos extraer de ellos ideas que nos sirvan para el presente? Lo primero es, precisamente, restablecer la verdad o acercarnos lo más posible a ella desde la consciencia de que lo que hoy prevalece es la falsedad, y de que esta nos está causando grandes males.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Si gobernara la derecha...
Pablo Planas Libertad Digital 2 Abril 2020


Como no gobierna la derecha, pues el Gobierno no tiene la culpa, Iglesias es un muchacho excelente, Pedrito un buen tipo y los évoles, buenafuentes y ferreras, unos pedazos de periodistas.

Con más de cien mil contagiados y ya nueve mil muertos por coronavirus, la izquierda chavista que sustenta el Gobierno de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez trata de eludir responsabilidades con campañas informativas en las que se sobreentiende que la culpa de todo es de la derecha y menos mal que no gobierna la derecha, pues en ese caso la gente se desplomaría muerta por las calles.

Resulta francamente admirable la capacidad propagandística de esa izquierda que copa los principales medios del país y es hegemónica en las dos grandes cadenas de televisión privadas. El personal sanitario carece de los elementos más básicos para luchar contra la enfermedad, revientan las costuras de los hospitales, las funerarias no dan abasto, los portavoces del Gobierno mienten como bellacos, el consejo de ministros es un muladar, se avecina una crisis modelo Gran Depresión acentuada por las medidas podemitas y el tema es qué pasaría si gobernara Rajoy. La paletada de millones que les han soltado a las teles privadas es un precio baratísimo, vista la eficacia de la propaganda.

Si la memoria de este país no fuera tan corta, un repaso a la reciente historia de España nos daría pistas muy fundamentadas de lo que ocurriría si con el coronavirus mandara la derecha. Por ejemplo, las puertas de las urgencias de los hospitales se llenarían de voluntarios para la galería con pancartas tipo "Nunca Mais", como cuando el hundimiento del Prestige. Y ardería Troya con miles de ciudadanos soliviantados agolpados ante las sedes del partido en el poder exigiendo las cabezas de los asediados, tipo 11-M.

Además, familiares de víctimas aportarían testimonios en las televisiones en contra del Gobierno y en esas mismas televisiones aparecerían los líderes de la oposición diciendo algo así como que "merecemos un Gobierno que no nos mienta". Al tiempo, renombrados artistas clamarían por las esquinas que el estado de alarma es en realidad un golpe de Estado y las principales ONG llevarían al Ejecutivo ante los tribunales internacionales por rescatar televisiones con beneficios multimillonarios mientras sangran a los autónomos y médicos y enfermeras luchan contra la pandemia ataviados con bolsas de basura y máscaras de soldador. Los kamikazes del coronavirus les llaman en el New York Times.

Pero como no gobierna la derecha, pues el Gobierno no tiene la culpa, Iglesias es un muchacho excelente, Pedrito un buen tipo y los évoles, buenafuentes y ferreras, unos pedazos de periodistas.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial