AGLI Recortes de Prensa   Viernes 3  Abril  2020

Sánchez, la insensatez de un necio
OKDIARIO 3 Abril 2020

Hechos probados: Pedro Sánchez desoyó las exigencias de la OMS realizadas a partir del 30 de enero en las que instaba a realizar test rápidos de forma masiva y sigue perseverando en el error. Ahora, con más de 10.000 muertes por coronavirus, no se dispone, por la imprevisión del Ejecutivo socialista, de suficientes test de detección.

La OMS determina los colectivos de “vigilancia” e incluye entre ellos a todo “paciente con alguna enfermedad respiratoria aguda y que haya estado en contacto con un caso COVID-19 confirmado o probable en los 14 días previos al inicio de los síntomas”, tal y como recoge el documento de la Organización fechado el pasado 20 de marzo. El Ministerio de Sanidad, sin embargo, restringe claramente ese colectivo con respecto a lo pedido por la OMS. Según el Gobierno español, de ese grupo, sólo se harán test a los que pertenezcan “a alguno de los siguientes grupos: (a) personal sanitario y sociosanitario, (b) otros servicios esenciales”. El resto de la población se queda fuera. Y así nos va.

Resumiendo: el Gobierno demostró absoluta imprevisión y ahora está atado de pies y manos por la falta de material de diagnóstico y prevención. Es lo que tiene dejar pasar el tiempo y centrarse exclusivamente en cuestiones meramente ideológicas, como la manifestación feminista. Todas sus energías estaban puestas en la ideología de género y en tender puentes con un puñado de golpistas. Semanas atizando la llama del 8-M y olvidando la salud pública, desoyendo los consejos que le llegaban desde dentro y desde fuera.

Eran días en los que Sánchez negociaba con el independentismo con indisimulado interés. Todo por seguir abrazado al poder. Mientras, Iglesias abría las puertas de los organismos oficiales a riadas de feministas radicales que ultimaban los preparativos para la gran marcha de aquel 8 de marzo que se convirtió en un pavoroso foco de contagio. ¿Test, para qué?, respondió el Gobierno, mientras se minusvaloraban los efectos de la epidemia que ya estaba en plena expansión en China.

Sánchez se pasó las recomendaciones de la OMS por el arco del triunfo y ahora deambula a la deriva en mitad de un paisaje desolador. Nunca nadie en tan poco tiempo ha hecho tanto daño a una nación.

¿La "mejor Sanidad del mundo" no da para proteger a mayores y tener material?
ESdiario 3 Abril 2020

Es inaceptable que el colapso sanitario y la falta de respiradores y material básico sea más grave que el propio virus y constituya el mayor peligro para nuestros padres y abuelos.

Ha pasado demasiado desapercibido uno de los episodios más crueles, insoportables e indignantes de la crisis del coronavirus, que cada día ofrece un capítulo para la desesperanza. Pero éste resulta especialmente sangrante: la constatación, al menos en la asistencia sanitaria de Cataluña, de que está previsto renunciar a salvar a mayores de 80 años si su estado de salud está muy deteriorado y se prioriza a otros pacientes para utilizar con ellos el escaso número de respiradores existente.

Es decir, se deja abandonados a quienes más lo necesitan, porque su edad al parecer hace menos grave su muerte, lo que en sí mismo resulta inhumano, repugnante y denunciable. Por muchos eufemismos que se quiera utilizar, el resultado es ése y no puede ser más inquietante, pues acepta la posibilidad de que un número indeterminado de seres humanos no sobreviva al coronavirus por la escasez de recursos, y no solo por la gravedad de su estado.

Y la sensación de que, con ésas u otras palabras, se puede aplicar el mismo precepto -típico de periodo de guerras- en toda la red sanitaria española, resulta simplemente insoportable: todas las vidas valen lo mismo, y la única razón para no salvar una debe ser la imposibilidad médica, no la falta de medios para atender a nadie.

Viendo la impresentable carencia de recursos básicos para los sanitarios, que a estas alturas aún carecen de mascarillas y trajes suficientes, el pavor se dispara y las sospechas se confirman: la supuesta "mejor sanidad del mundo" no estaba preparada para atender pandemias, ciertamente inhabituales, con los mínimos recursos necesarios para alarmas masivas.

Porque tal vez sea comprensible no disponer de de herramientas específicas para virus tan inéditos como el Covd-19, pero lo que hemos descubierto es que no lo estamos ni siquiera en lo esencial, válido para cualquier emergencia sanitaria y no solo para ésta: los guantes o el gel desinfectante no pueden incluirse, en fin, en el capítulo de material sofisticado ni especializado.

En las dos últimas semanas han pasado por las UCIS de toda la red hospitalaria española algo menos de 6.000 pacientes, una cifra desde luego considerable pero ni mucho menos desbordante de haber estado preparados.

Una reflexión urgente
Lo que incrementa la letalidad del virus y la sensación de pánico en la sociedad es más, aunque no sea consciente de ello, el colapso sanitario que la amenaza médica de un virus cuya mortandad solo se dispara, desde el 0.5% hasta el 23%, en edades avanzadas con dolencias paralelas.

En un país con decenas de defensores del pueblo autonómicos, incontables observatorios e institutos públicos, facultades de más y una maraña general de dependencias públicas innecesarias; que se apele a la falta de recursos sanitarios para prever lo que sea es inaceptable. Cuando pase la emergencia, España tendrá que reflexionar muy a fondo, sin medias tintas, sobre las prioridades que tiene en su gasto público. Caiga quien caiga.

El día más negro en pleno desgobierno de Sánchez y de Iglesias
OKDIARIO 3 Abril 2020

Este jueves, 2 de abril, pasará a los anales de la historia de España por solaparse dos datos derivados de una misma tragedia. La sanitaria, con más de 10.000 muertos a causa del coronavirus, y la económica, con 1.900.000 empleos menos (833.000 cotizantes perdidos en la Seguridad Social, 620.000 trabajadores afectados por los ERTEs y 500.000 autónomos obligados a solicitar el cese de la actividad de sus negocios). El panorama es desolador.

Frente al coronavirus, España y los españoles están dando lo mejor de sí. Toda una demostración de solidaridad, resistencia y arrojo ante la adversidad. Una conmovedora respuesta propia de naciones grandes, como es España. Emociona comprobar cómo la sociedad está plantando cara a una situación sin precedentes. Es una de las grandes lecciones que cabe extraer de esta tragedia. Por si alguien tenía dudas, España ha vuelto demostrar que es un país formidable.

Desgraciadamente, no cabe decir lo mismo del Gobierno de España. Cierto es que tiempo habrá de exigir y de hacer purgar sus responsabilidades en la gestión de esta descomunal crisis, pero es un hecho objetivo que el Ejecutivo no ha sabido asumir el liderazgo que demanda una situación como esta. Todo lo contrario, la crisis sanitaria y económica ha evidenciado con toda crudeza la nula altura de un Ejecutivo que ha demostrado imprevisión, nula capacidad de gestión y deficiencia en la respuesta. Es lo que tiene gobernar agarrado permanentemente a los mantras ideológicos, que cuando vienen tiempos duros, afloran de cuajo todas las carencias técnicas.

La respuesta a la crisis sanitaria se ha convertido en una grosera exhibición de incompetencia: tras alentar las manifestaciones feministas del 8-M en plena expansión del coronavirus, lo que ha venido después roza la negligencia. Los sanitarios se juegan la vida sin medios, el material no llega y el Ejecutivo da muestras de estar absolutamente desbordado. Su respuesta a la crisis económica ha sido tardía e insuficiente, dejando literalmente tiradas a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos, parte sustancial del tejido empresarial. El balance no puede ser más desolador y se resume en una frase: qué España más grande para un Gobierno tan pequeño.

Improvisación y sacrificio
Editorial larazon 3 Abril 2020

Todavía ayer tuvimos que oír en el Congreso que «vienen semanas muy duras». Lo sabemos, la sociedad española es consciente de ello, tanto porque no es ajena al hecho de que superamos los 10.000 fallecidos, como por el hecho de que cada vez es más común conocer a una persona cercana en esa terrible lista. La estadística es un material de estudio que debe ser interpretada correctamente, pero lo que se le está reclamando al Gobierno es que actúe para que nadie, y sobre todo el personal sanitario, carezca de medios de protección. En esas estamos todavía. Debemos congratularnos de que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, asegurase ayer que hay cerrado un acuerdo con una empresa españoles –de Móstoles, Madrid– para la fabricación de 400 equipos de respiración invasiva –un centenar diarios–, un equipo básico que están reclamando hospitales de toda España. Esto sí, esta iniciativa se produce casi a un mes de que el Gobierno admitiese que existía un problema de salud pública real. El 9 de marzo se contabilizaban 30 fallecimientos y 1.200 casos. Entonces nos encontrábamos en el escenario de «contención reforzada». Desde estas páginas ya hemos llamado la atención sobre la incapacidad para diagnosticar que el Covid-19 tendría un avance imparable –como nos estaba demostrando Italia– si no se ponía remedio de la manera más eficaz, pero habrá que insistir porque en la Comisión de Sanidad en el Congreso de ayer volvió a quedar claro que llevamos un retraso considerable en la aplicación de uno los métodos que ha resultado más eficaces en la contención del virus: los test rápidos.

No estamos diciendo nada que no se sepa: la OMS ya había advertido de que cuántos más pruebas, mejor, porque es la única manera de saber la expansión real de la pandemia y los medios que habrá que aplicar. La prueba de esta urgencia es que, según el ministro Illa, el 15 de marzo en España se habían realizado 30.000 test y el 30, 350.000, lo que supondría más que en Corea del Sur (320.000 el 20 de marzo), aunque el departamento de Sanidad no hace público este dato. Debemos darlos por buenos, aunque el lunes llegaron un millón de test rápidos en un avión del Ejército desde China, señal de que es necesario continuar la campaña. Este nuevo material solo detecta la infección desde el quinto o sexto día, ya que se realiza por una prueba a través de la sangre, donde se miden los anticuerpos creados contra el virus. Es decir, no podrá superar la eficacia de la PCR, la más fiable, pero que requiere una técnica con especialistas que la realicen. Además, se esperan los 640.000 test que resultaron un fiasco por su escasa fiabilidad. Y es aquí donde aparece un segundo problema: según los especialistas, se están ofreciendo unas cifras de contagiados –ayer eran 110.238– muy por debajo del medio millón que estiman. Con esta perspectiva, los 52.000 sanitarios que Illa se comprometió el pasado 19 de marzo a movilizar son vitales, aunque no se ha vuelto a hablar, ni siquiera porque este personal está más o menos bajo control de sistema público: 7.633 son residentes y 31.200, estudiantes del último año, además de más de 600 jubilados. Las comunidades, que eran quienes debían contratarlos, se han desentendido, lo que evidencia un serio problema de coordinación, posiblemente uno de los mayores inconvenientes en la gestión de esta crisis.

Sin duda hay datos para la esperanza, como que, a pesar de los 950 fallecidos del martes, el incremento respecto al día anterior haya sido del 10%, mientras que hace una semana fue del 19%. Pero no hay que negar que el sacrificio –ya no contamos con el esfuerzo social y económico, por supuesto–, sobre todo en vidas humanas, está siendo más alto de lo que hace poco menos de un mes se estaba anunciando con demasiado optimismo.

La postración de Sánchez ante Iglesias dispara la tensión con los ministros y sectores clásicos del PSOE
Carlos Cuesta okdiario 3 Abril 2020

Nadia Calviño se pelea en solitario contra un Pablo Iglesias en auge para intentar evitar un desastre aún mayor en los planes económicos. Carmen Calvo, antes de enfermar del coronavirus, se peleaba en solitario con Irene Montero por evitar que el liderazgo en las normas feministas sea de Podemos. Y José Luis Escribá se derrite ante el empuje comunista de las exigencias de la formación morada.

Es la radiografía de un Gobierno en el que ninguno de los citados miembros del Ejecutivo por parte del PSOE, ni otros ministros como José Luis Ábalos o Margarita Robles, observan con tranquilidad el auge de los comunistas. Todo, porque Pedro Sánchez intenta evitar una ruptura de las alianzas con sus socios estrella: socios, y rivales por el voto.

Las tensiones no dejan de reproducirse. Cuando no lo son por el feminismo y el 8-M, lo son por motivos económicos. Y cuando no, por planteamientos de defensa de los planteamientos más radicales del separatismo.

Pero esa situación ya se la esperaba el sector menos podemita del Gobierno. Lo que no se esperaba el citado sector, más ligado a un PSOE clásico, es el grado de postración de Pedro Sánchez ante las embestidas de Pablo Iglesias.

Iglesias ha exigido el blindaje de su silla en la Comisión Delegada del CNI en plena crisis del coronavirus: y la ha logrado; ha exigido el fichaje de uno de sus alfiles –Juan Antonio Delgado– como asesor estrella del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dos días después de declarar el estado de alarma: y lo ha logrado; ha exigido dejar sin ayuda ni respaldo real a ninguna empresa -incluidos los autónomos-. Y lo ha logrado, porque lo cierto es que quiere que las reservas presupuestarias estén a disposición de sus dádivas asistenciales y sociales, y no de la subsistencia del tejido empresarial; además, ha exigido -personalmente- aparecer físicamente en los consejos y ruedas de prensa oficiales rompiendo su periodo de cuarentena al convivir con una persona contagiada de coronavirus. Una vez más, lo ha conseguido.

Porque a todo cede Sánchez con tal de que Podemos no le deje solo en esta crisis humanitaria y económica.

A todo ha cedido, menos a avances descaradamente interventores en las empresas privadas al más puro estilo venezolano, y sólo por el momento y gracias a la amenaza de dimisión de la vicepresidenta Nadia Calviño. Esta última pelea entre Calviño e Iglesias, de hecho, quedó clara tras publicar el vicepresidente social en redes su famoso tuit reclamando un supuesto poder expropiador en base a la Constitución Española.

Y lo que no entienden los sectores clásicos del PSOE es que Sánchez se esté quedando atrapado en Iglesias. Que busque las tablas de un partido -Podemos- que, evidentemente, busca la muerte del PSOE.

Con más de 10.000 muertos por coronavirus
Sánchez prohíbe los test en los casos «probables» incumpliendo de nuevo las directrices de la OMS
Sólo se harán a quienes pertenezcan al grupo de personal sanitario sociosanitario y al de servicios esenciales
Carlos Cuesta okdiario 3 Abril 2020

Pedro Sánchez desoyó las exigencias de la OMS realizadas a partir del 30 de enero. Y ahora, con más de 10.000 muertes por coronavirus, vuelve a hacerlo por la imprevisión de no haber comprado a tiempo los test de detección. La OMS determina los colectivos de «vigilancia» e incluye entre ellos a todo «paciente con alguna enfermedad respiratoria aguda y que haya estado en contacto con un caso Covid-19 confirmado o probable en los 14 días previos al inicio de los síntomas», tal y como recoge el documento de la organización fechado el pasado 20 de marzo.

El Ministerio de Sanidad acaba de actualizar el 31 de marzo sus requisitos para realizar los tests y restringe claramente ese colectivo con respecto a lo pedido por la OMS. Según el Gobierno español, de ese grupo, sólo se harán test a los que pertenezcan «a alguno de los siguientes grupos:
(a) personal sanitario y sociosanitario,
(b) otros servicios esenciales”.
El resto de la población se queda fuera.

Nuestro problema inicial fue la falta de test masivos para aislar los focos de contagio. Lo fue por no dar importancia al coronavirus, tal y como alertaba la OMS. Y, ahora, volvemos a incumplir las recomendaciones de la OMS por la falta de material de diagnóstico y prevención.

El Ministerio de Sanidad ha actualizado sus protocolos contra el Covid-19 el pasado 31 de marzo. Allí recoge sus «Indicaciones para la realización del test diagnóstico para la detección del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2)».

En primer lugar, el Gobierno reconoce ahí que estamos en «un escenario de transmisión comunitaria sostenida generalizada». Y señala que, en ese contexto, «se debe realizar la detección de infección por SARS-CoV-2 en las siguientes situaciones».

En primer lugar a toda «persona con un cuadro clínico de infección respiratoria aguda que se encuentre hospitalizada o que cumpla criterios de ingreso hospitalario. Y, en segundo lugar, a toda «persona con un cuadro clínico de infección respiratoria aguda de cualquier gravedad que pertenezca a alguno de los siguientes grupos:
(a) personal sanitario y sociosanitario,
(b) otros servicios esenciales”.

Es decir, no para todos los incluidos en este segundo grupo. Es más, a lo sumo, «se podrá considerar la realización del test diagnóstico en personas especialmente vulnerables o residentes en instituciones cerradas que presenten un cuadro clínico de infección respiratoria aguda independientemente de su gravedad, tras una valoración clínica individualizada», porque, como señala de forma expresa y rotunda, «no se realizará el test diagnóstico de rutina a aquellas personas que presenten infección respiratoria aguda leve no incluidas en los supuestos anteriores».

Recomendación
Esa recomendación no es la de la OMS. La Organización Mundial de la Salud amplía este segundo colectivo. Lo hace en su documento «Vigilancia global de Covid-19 causada por infección humana con el virus COVID-19» emitido el 20 de marzo.

Ese documento de la OMS, junto con «la guía de la OMS sobre preparación y respuesta recomienda encarecidamente la búsqueda activa de casos y las pruebas, así como el seguimiento de contactos en todos los escenarios de transmisión».

Pero, además, aclara de forma expresa que «los objetivos de la vigilancia global son […]: 2. Detectar rápidamente nuevos casos en países donde el virus no está circulando, y monitorizar los casos en países donde el virus ha comenzado a circular. 3. Proporcionar información epidemiológica para realizar evaluaciones de riesgos a nivel nacional, regional y global».

Con ese fin, establece los «casos de vigilancia», entre los que incluye a los pacientes «con alguna enfermedad respiratoria aguda y que hayan estado en contacto con un caso Covid-19 confirmado o probable en los últimos 14 días antes del inicio de los síntomas», sean del colectivo profesional que sean.

La definición de contacto para la OMS incluye toda persona que haya estado «cara a cara con un caso probable o confirmado en un espacio de un metro por más de 15 minutos», o que haya tenido «contacto físico directo con un caso probable o confirmado”, o que haya atendido a un paciente «con enfermedad covid-19 probable o confirmada sin usar la protección personal adecuada».

Pero, eso sí, la OMS, asume situaciones como la de España: la de que no haya material. La de la falta de aprovisionamiento de test. Por eso señala expresamente que «es posible que los países necesiten adaptar las definiciones de casos en función de su situación epidemiológica local y otros factores». Factores como, por ejemplo, no haber comprado tests a tiempo.

La laboralista y el cambiaformas
Francisco Marhuenda larazon 3 Abril 2020

No tengo personalmente nada en contra de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, salvo profundas discrepancias ideológicas. He coincidido con ella en tertulias y es de trato muy agradable, me cae bien, lo único es que es comunista, sindicalista y laboralista. Por tanto, el enemigo siempre será el empresario y el libre mercado. Sus ideas resultan catastróficas para España en cualquier circunstancia. El comunismo siempre ha traído una mayor desigualdad, injusticia y totalitarismo. No existe ningún caso de éxito en algún país donde haya gobernado. Su dirigismo en la economía ha sido desastroso como se ha podido comprobar en la extinta URSS y sus países satélites, y en Cuba, Camboya, Corea del Norte, etc. Es cierto que siempre culpan al capitalismo y al liberalismo, así como a la socialdemocracia, en este caso por estar sometida al capital y formar parte del sistema. Aunque llevan décadas escondidos tras nuevas definiciones siguen siendo comunistas y esperan su oportunidad.

Con respecto al ministro que tiene el título tan cursi como largo de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, tengo peor opinión porque es un auténtico migrante ideológico, ya que pasó del entorno del PP al PSOE en el momento que le ofrecieron ser ministro. Un tipo de firmes convicciones. Esta peculiar raza de cambiaformas políticos no me despiertan ninguna simpatía. Los dos ofrecieron un sketch digno de una película de los hermanos Marx en su presentación de los catastróficos datos de empleo. La conclusión es que lo suyo es la confusión y me preocupa que Escrivá sea experto en econometría que es una forma fina de decir que se dedica a las predicciones, aunque no sé si leyendo la mano, lanzando las cartas o con alguna otra forma más original que las matemáticas. Este tipo de economistas son mis favoritos, porque se equivocan casi siempre, pero tienen una explicación. ¡Qué tiempos aquellos en que se dedicaban a la economía los juristas, los historiadores y los filósofos! Ahora les ha dado por ser «científicos», aunque su grado de fiabilidad es descriptible. Por fin tenemos, desgraciadamente, los datos del paro y espero que se dejen de decir chorradas sobre el alcance de la crisis, porque hace pocas semanas estos listos nos criticaban a los que decíamos que era una crisis y no una contracción de la economía y que era peor que la de 2008. Tanto listo nacional me abruma.

El ‘fantasma’ de La Moncloa: Sánchez se queda solo en la ‘zona cero’ del coronavirus
De las más de 2.000 personas que a diario trabajan en el complejo presidencial ahora hay poco más de un centenar incluyendo al presidente y su familia
Joan Guirado okdiario 3 Abril 2020

El coronavirus ha dejado vacío el Palacio de La Moncloa. Ya desde antes de la paralización no esencial. «El silencio en los pasillos es fantasmagórico» relata a OKDIARIO una de las personas que aún acuden a diario. El complejo presidencial se ha convertido en tal foco de contagio del Covid-19 que hay temor entre los miles de trabajadores de acudir a su puesto de trabajo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está prácticamente solo en La Moncloa. Él, su familia, el ministro de Sanidad Salvador Illa -que ha fijado allí su residencia de forma temporal- y unas pocas decenas de personas más. Ni secretarias, ni funcionarios, ni camareros -más allá del personal al servicio de la familia Sánchez que sí acude- ni una parte del equipo de seguridad van a trabajar por riesgo de contagiarse en la ‘zona cero’ del coronavirus en la política española.

Hace tres semanas se empezó restringiendo el acceso a la prensa y desde entonces las bajas laborales por contagio no han hecho más que crecer. La primera usuaria diaria del complejo de La Moncloa que dio positivo en coronavirus fue Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, días después de la manifestación del 8 de marzo. Algunas jornadas más tarde, tras notar los primeros síntomas, Carmen Calvo, se restringió el acceso a todas las dependencias de la Vicepresidencia primera. Calvo también dio positivo. Con dos de las personas más cercanas al jefe del Ejecutivo contagiadas se le realizaron las pruebas a Sánchez, quien, según Moncloa, dio negativo.

A Gómez y Calvo, con los días, se han ido sumando a la lista de infectados el director del equipo médico y doctor personal del presidente o dos de los escoltas que protegen al jefe del ejecutivo. En los que hacen vida cada día en Moncloa también hay contagiados funcionarios, técnicos y asesores. Asimismo, hay positivos entre los usuarios puntuales, tal como las ministras Irene Montero y Carolina Darias o tres de los miembros del comité técnico, Fernando Simón y los DAO de la Guardia Civil y la Policía.

La soledad de Sánchez
La soledad física que el coronavirus está sometiendo a Sánchez en la sede de la Presidencia, un complejo por el que cada día pasan más de 2.000 personas y el ritmo es frenético, es similar a la soledad psicológica en la que se encuentra el jefe del ejecutivo. Fuentes cercanas a Pedro Sánchez reconocen que está «devastado y sobrepasado». Las cifras de la peor crisis sanitaria y humanitaria que ha vivido nuestro país y las tensiones internas que su gestión está provocando ponen al presidente contra las cuerdas.

¿Quiebra o rescate? España avanza hacia una nueva crisis de deuda pública
M. Llamas Libertad Digital 3 Abril 2020

La crisis del coronavirus se traducirá en un déficit de dos dígitos y una deuda de entre el 110% y el 140% del PIB a cierre de 2020.

España se enfrenta a la mayor crisis económica desde la Guerra Civil con uno de los peores saldos públicos de toda la UE. El fuerte incremento del gasto público que comportará la crisis del coronavirus, tanto a nivel sanitario como social (prestaciones, préstamos, etc.), junto con el desplome de la recaudación, disparará el déficit público en 2020, sin descartar que alcance de nuevo los dos dígitos, tal y como sucedió entre 2009 y 2012.

El problema es que ahora el Estado parte de una situación presupuestaria mucho peor que entonces, de modo que su solvencia quedará de nuevo en entredicho. El conjunto de las administraciones públicas registró un déficit de 32.882 millones de euros en 2019, lo que equivale al 2,6% del PIB y supone una décima más que el año anterior (2,5%), según anunció el Ministerio de Hacienda el pasado martes. Se trata del primer aumento que experimenta el déficit desde 2012. Además, esta cifra duplica el objetivo del 1,3% que sigue vigente y se desvía seis décimas de la meta que se fijó el propio Gobierno de PSOE y Podemos de forma unilateral.

Y ello, a pesar de que los ingresos públicos subieron un 3,8% interanual. La clave, por tanto, es que el Estado aumentó el gasto en un 4,1% interanual, tras los famosos "viernes sociales" anunciados en plena campaña electoral, así como la elevación de las pensiones, los sueldos públicos (+5%), los consumos intermedios (+3,5%) y las prestaciones sociales de distinta naturaleza (+6,3%).

Por otro lado, la deuda pública cerró el pasado ejercicio en el 95,5% del PIB, 2,1 puntos menos que en 2018, pero marcando un nuevo máximo histórico en términos absolutos al rondar los 1,19 billones de euros. Este balance contrasta con el que, por ejemplo, presenta Alemania, con superávit y una deuda situada en el 59,8% del PIB en 2019, tras bajar por séptimo año consecutivo, después de que en 2012 rondara el 81%. Así pues, Alemania cumplió el máximo del 60% de endeudamiento que establece el Tratado de Maastricht.

Pese a ello, las autoridades germanas advierten de que la deuda estatal crecerá de forma muy sustancial durante el presente ejercicio tras las medidas puestas en marcha tanto para frenar el coronavirus como para amortiguar el impacto del parón económico, por un importe próximo a 1,2 billones de euros, donde se incluyen 156.000 millones de endeudamiento nuevo, fondos de liquidez para empresas grandes por 600.000 millones y garantías del Estado para préstamos del Banco alemán de Crédito para la Reconstrucción y el Desarrollo (KfW) por 450.000 millones de euros.

La gran diferencia entre España y Alemania, por tanto, es que el Gobierno de Pedro Sánchez no tiene margen para endeudarse sin comprometer la solvencia del Estado, a diferencia de la canciller Ángela Merkel, cuya senda de austeridad y equilibrio presupuestario le otorga una capacidad mucho mayor. La irresponsabilidad fiscal de España e Italia durante los últimos años de recuperación, no la supuesta insolidaridad de la UE, es lo que explica, en realidad, las grandes reticencias que presentan algunos países del norte, como Alemania, Holanda o Finlandia, a la hora de prestar ayuda incondicional a los estados del sur.

El Banco Central Europeo (BCE) ya ha anunciado un nuevo programa de liquidez y compra de activos por valor de 750.000 millones de euros, al tiempo que el fondo de rescate europeo (MEDE) cuenta con unos 500.000 millones para auxiliar a países miembros en apuros, si bien este programa exige una serie de condiciones en materia de reformas y ajustes presupuestarios que, por el momento, el Gobierno de Sánchez no está dispuesto a admitir.

El impacto de la crisis
Ahora bien, llegados a este punto, ¿podrá España soportar el impacto de la crisis del coronavirus sin recibir, una vez más, asistencia financiera por parte de Europa? Todo apunta a que no. De ahí, precisamente, la insistencia de Sánchez en reclamar ayuda a la UE.

La razón de tal amenaza es doble: por un lado, las medidas que ha puesto en marcha el Ejecutivo para afrontar la crisis del coronavirus en su doble vertiente, sanitaria y económica, cuya primera estimación ronda el 1,4% del PIB, unos 15.000 millones de euros, según el Banco de España; y, en segundo término, el fuerte impacto que tendrá la cuarentena sobre la actividad empresarial, el paro y la recaudación fiscal.

Y es que, tras el confinamiento estricto decretado el pasado domingo, la mayoría de expertos y firmas de análisis estiman que la caída del PIB podría oscilar entre el -5% y el -13% en 2020, la mayor recesión desde la posguerra. No en vano, la consultora McKinsey avanza una contracción del 4,4% en la zona euro en su escenario más optimista.

Pero llega al -9,7% en uno algo más pesimista, partiendo de la base de que no se logra controlar completamente la infección a corto y medio plazo.

Quiebra o rescate
Las consecuencias presupuestarias de dicha caída, sumadas a las medidas de estímulo fiscal, dan como resultado un histórico incremento del déficit y la deuda pública, hasta el punto de poner en riesgo la solvencia de varios estados. Así, según las estimaciones del think tank europeo Bruegel, presidido por el expresidenre del BCE Jean-Claude Trichet, la deuda española podría alcanzar el 139% del PIB a finales de 2020 en el peor escenario, tras una caída del PIB del 20%, y el 119% en caso de que la recesión sea del 10%, mientras que el déficit cerraría el ejercicio con dos dígitos. En el caso de Italia, la deuda se podría disparar hasta el 189%, mientras que en Francia rondaría el 147%.

"Los inversores, que hasta ahora están satisfechos con la política de expansión cuantitativa del Banco Central Europeo, podrían darse cuenta de que incluso las compras totales de activos del BCE en 2020 equivaldrían a menos de un tercio de la nueva deuda emitida por los países de la zona euro", añade dicha entidad. De este modo, se podría desencadenar una nueva crisis de deuda en el seno de la Unión Monetaria.

Ante tal situación, la entidad advierte de que o bien el BCE aumenta su capacidad para comprar deuda o bien el MEDE amplía sus fondos para evitar la quiebra de países, entre ellos España, al situarse entre los más endeudados. Y "si ni el BCE ni el MEDE son capaces de calmar los mercados, entonces surgirá una cruda elección: permitir una crisis masiva de deuda soberana después de la crisis pandémica […] o mutualizar parte del coste económico de la pandemia" mediante los famosos coronabonos. La alternativa al rescate soberano sería, una vez más, la quiebra y/o la posible salida del euro.

Entrevista a Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis y secretaro de Economía del PP
«Vamos hacia el colapso y hay que alzar la voz para advertirlo»
Daniel Lacalle (PP) critica que la línea de avales «nace muerta» y pide al Gobierno que rectifique sus errores
María Cuesta ABC 3 Abril 2020

Daniel Lacalle (1967) es, además de economista jefe de Tressis, secretario de Economía del PP. Pero en esta entrevista va por libre. Quizá por ello ofrezca una visión tan clara y sin tapujos de una crisis sin precedentes.

¿Cómo evalúa los datos del paro?
-Son muy negativos. No solo son malos los datos derivados de la situación excepcional que vivimos, también los previos. Las cifras muestran que antes de la declaración de emergencia ya vivíamos una desaceleración que ahora complica la salida de la crisis.

-¿Qué escenario macro maneja?
-En base a las previsiones de expertos independientes valoramos una caída del PIB para 2020 del -8%, con un aumento fuerte del paro que tendrá un pico del 35% y se estabilizará en torno al 20%, incluyendo los ERTE. Para 2021, el PIB se movería entre el 0% y el 2%, dependiendo de la velocidad con que se active la economía.

-¿Y para las pymes?
-Actualmente hay unas 900.000 empresas en riesgo de cierre de actividad o de una crisis muy profunda porque se les están disparando las necesidades de circulante a la vez que los ingresos se les están poniendo a cero.

-¿Qué le parecen los avales?
-Son totalmente inefectivos porque simplemente ayudan a endeudarse, no dan liquidez. La línea de avales nace muerta porque las empresas que pueden beneficiarse de ella ya tenían acceso al crédito. Y esta crisis no se produce por falta de crédito, sino por la desaparición, por orden gubernamental, de todas las ventas. Y no en un sector, sino en la mayoría. La severidad del impacto es tan importante que no se puede esperar que sea un paréntesis y menos aún que no vaya a tener efectos colaterales a medio y largo plazo.

Soluciones y errores
-¿Por dónde pasa la solución?
-Lo primero es aprovechar el enorme espacio fiscal que va a tener el Gobierno -con el permiso de la CE- para preservar el tejido productivo. No hay que plantear avales sino líneas de liquidez sin recurso, como ya ha hecho Alemania. Después reducir todas las partidas presupuestarias que son innecesarias en un escenario de crisis como el actual. Revisar subvenciones, gastos en administración, altos cargos... También liberar del pago de impuestos al trabajo y la actividad económica a todo el tejido productivo. Y por último dar protocolos y equipos a las empresas para proteger la salud común y las condiciones de trabajo y que puedan gestionar la cadena de suministros.

-¿Es un error cerrar la economía?
-En el mundo hay muchos países que se han enfrentado a la pandemia y solo dos, Italia y España, han tomado la decisión de cerrar la economía totalmente y va a tener unos efectos a largo plazo importantísimos. Creo que países como Alemania, Dinamarca o Corea del Sur lo que demuestran es que el Gobierno tiene que trabajar para contener la emergencia sanitaria pero también debe preservar el tejido productivo.

-¿Podría haberse evitado el cierre si se hubiera actuado antes?
-Es incuestionable que el Gobierno español no tomó las medidas necesarias a tiempo. Hay países que están mucho más cerca geográficamente de Italia y que han gestionado mucho mejor la pandemia.

-¿Queda margen de reacción?
-Tenemos muchísimo aún. Sobre el tejido productivo ha impactado un tsunami, pero todavía se le puede atender. Y por eso es tan importante que se escuchen las estimaciones de casas independientes. El Gobierno debe reconocer los errores que ha cometido y revertirlos.

-Tiempos revueltos, ¿tiempos de revoluciones?
-Me temo que la capacidad de los populismos y totalitarismos de aprovecharse de estas situaciones no es poca.

-¿Qué le parece que Pablo Iglesias apunte a las nacionalizaciones?
-No solo son irresponsables e intolerables, sino que además son profundamente dañinas para la recuperación de España. Además, el señor Iglesias olvida que la Constitución reconoce la propiedad privada y el derecho a ser indemnizado por una expropiación. Se debe creer que expropiar es gratis. Y no. Debería leerse mejor la Constitución que tanto predica. El interés general no tiene absolutamente nada que ver con los intereses de los dirigentes de Podemos.

-¿Se están defendiendo los empresarios lo suficiente?
-Los empresarios están siendo exquisitamente prudentes. Pero a veces la prudencia es peligrosa. Se nos está intentando vender el mensaje de que tenemos que remar todos en el mismo sentido. Pero cuando el sentido es hacia el colapso lo que hay que hacer es alertar de ello. Es esencial que en estos tiempos en los que el totalitarismo quiere aprovecharse para introducir medidas en contra de la libertad, todos sus defensores alcemos la voz.

-¿Intenta el Gobierno silenciar voces que se alejan del escenario queellos ofrecen?
-Se están frenando colaboraciones en algunas televisiones por cuestiones más que sorprendentes

El desempleo arrasa al Gobierno
Editorial ABC 3 Abril 2020

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, protagonizó ayer un bochornoso ejercicio de falseamiento de la realidad, que sintetiza el empeño del Gobierno en convencer a los ciudadanos de que la realidad no es la que ven, sino la que describe su propaganda. Los datos del mercado de trabajo y de la afiliación a la Seguridad Social en marzo son, como era previsible, desastrosos. Podrá debatirse si los números rojos del empleo en España tienen, en mucho o en poco, parte de su origen en la indolente inacción del Ejecutivo cuando conoció las primeras alarmas fiables sobre la pandemia del Covid-19, antes del ya señalado por la historia 8-M de 2020. Tiempo habrá de fijar estas y otras responsabilidades del Gobierno. Pero lo que resulta intolerable es que la respuesta política inmediata de la ministra de Trabajo fuera tratar como analfabetos a los periodistas que preguntaban por el efecto de los expedientes de regulación temporal de empleo en los datos que estaba ofreciendo.

Yolanda Díaz, con esa desfachatez de la que hacen gala los miembros comunistas del Gobierno de Pedro Sánchez, todavía convencidos de su superioridad moral en materia social, pretendió convencer a los medios de que los trabajadores afectados por los ERTE no deben computarse como desempleados. La contabilidad creativa ha llegado a los datos del paro de la mano de una ministra comunista, pero el intento de engaño es burdo. Los afectados por un ERTE están sin empleo, no cobran salario y no tienen vacaciones. Su contrato está vigente, pero suspendido, lo cual no significa nada en las condiciones actuales porque su empresa puede desaparecer en horas o días, sobre todo si es pequeña o mediana. Por eso, a los 833.000 españoles que han perdido su empleo claro que hay que sumar los 620.000 implicados en los ERTE, cifra esta que los sindicatos multiplican por tres.

Decir la verdad siempre es más rentable que esconderla, porque acaba desbordando la capacidad del mentiroso para taparla. El paro registrado ha aumentado en marzo en 302.365 personas y la población activa ha bajado a menos de 18 millones y medio de trabajadores. El problema de la ministra de Trabajo no es que, como reprochó a los medios, no le entendieran, sino que se le entendió perfectamente lo que quería hacer con sus juegos malabares con las cifras. En todo caso, bueno es saber que una ministra comunista hizo ayer un uso intensivo de la reforma laboral del PP, porque fue esta reforma en la que se incluyó el mecanismo del expediente de regulación temporal de empleo. Una incongruencia más de un Gobierno noqueado, descapitalizado políticamente y con su crédito social en caída libre. Ayer era inevitable que el presidente del Gobierno diera la cara en el día del peor dato de empleo de toda la democracia. Y no lo hizo.

Ataque a la democracia
Ramón Pérez-Maura ABC 3 Abril 2020

El pasado miércoles se difundió un manifiesto en el que centenares de periodistas mostramos nuestra preocupación por la falta de libertad de prensa que estamos viviendo en estos momentos. Quienes están angustiados por la enfermedad de un hijo o un padre quizá no se preocupen especialmente por ello. Lo entiendo y en su caso yo probablemente me sentiría igual. Pero lo que estamos viviendo es un ataque a la democracia sin parangón desde el 23-F. El Gobierno ha decretado un estado de alarma que se justifica por la pandemia que padecemos. La oposición lo ha respaldado y ha hecho muy bien. El problema es que a partir de ahí el Gobierno se ha puesto a legislar caóticamente sin un Parlamento que le pida cuentas de sus actos y sin una prensa que le pueda preguntar libremente.

La escena grotesca que vivimos a diario es la de varias comparecencias de miembros del Gobierno y de su «equipo de expertos» que comparecen ante las cámaras de televisión y las preguntas del secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, que incluso se atreve a orientar algunas respuestas de los comparecientes. Ni en las dictaduras bananeras en las ruedas de prensa las preguntas las hace un miembro del Gobierno. Esto es la antítesis del equilibrio de poderes.

Hay muchos ejemplos que el estado de alarma por una pandemia no justifica. La transparencia informativa no impide luchar contra la enfermedad. La pregunta de Nuria Ramírez, jefa de Sociedad de ABC, sobre por qué se había vuelto a encargar los test a la misma empresa que nos vendió los que no funcionaban se ha vuelto viral. La no respuesta de la compareciente y la falta de insistencia del secretario de Estado son el perfecto ejemplo de la oscuridad en la que vivimos. Éste es un caso muy grave. Porque el Gobierno se niega a decir qué empresa española fue la que encargó aquellos test a una empresa china que el Gobierno de Pekín dice que no cumplía los requisitos para fabricarlos. Yo entiendo que en estas circunstancias no se podía hacer un concurso público para la compra de los test, por supuesto. Pero como estoy seguro de que cada test cuesta más de un euro -a mí, en la sanidad privada me pidieron un depósito de 400 por hacerme el test- multipliquemos por 640.000 y convendremos que la cifra resultante exige la máxima transparencia con la ley en la mano. Pero el Gobierno se niega a decir quién fue el beneficiario de la operación, saltándose la ley. ¿Por qué será? ¿Qué nombre ocultan? Y para ello se benefician de que los periodistas no le podemos hacer esta pregunta.

Su política es llenar horas de televisión con comparecientes uniformados o desastrados que no responden a nada pero que repiten una y mil veces lo buenos que somos los españoles, lo poco que nos queda para llegar al pico desde el que todo empezará a mejorar y lo bien que lo está haciendo el Ejecutivo mientras el Gobierno de Madrid es responsable de la muerte de miles de personas cada día. Una cosa matizada. Pero como no hay preguntas libres, no se puede pedir cuentas de cómo pueden estar haciéndolo bien si el 1 de abril se publicó un real decreto ley que modifica 17 artículos del decreto ley del 17 de marzo sobre medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del Covid-19 de 17 de marzo. Que la legislación cambie así en 16 días sólo puede demostrar incompetencia. La última vez que Europa Occidental -la de las democracias- vio tal poder en un jefe de Gobierno fue en 1958, cuando se nombró presidente del consejo de Ministros de la IV República Francesa al general De Gaulle y ante la crisis de Argelia se le permitió gobernar por decreto ley durante seis meses sin ningún control parlamentario. Pedro Sánchez, España, año de Gracia de 2020.

#IglesiasSacrifícateTú
Javier Somalo Libertad Digital 3 Abril 2020

Nada conviene más al comunismo que el caos y la excepcionalidad. Más aún si es mundial. Aunque sea una premisa bien conocida, no está de más recordarla como, por cierto, hace habitualmente el propio Pablo Iglesias.

Yo no creo que en circunstancias normales, ordinarias, la izquierda se vaya a comer una mierda electoralmente. La gente normal vota al partido popular o al partido socialista.

(En la presentación del libro Maquiavelo frente a la gran pantalla. Año 2013)

Si alguien piensa que la doctrina no puede encontrar aplicación práctica en crisis como la que estamos viviendo, veamos lo que ronda por la cabeza del vicepresidente en cuanto al orden que ahora sí podría imponer. ¿Su inspiración? Lenin, los bolcheviques:

No sólo son capaces de alentar una insurrección. Además son capaces de producir orden. Esto tiene muchísimas expresiones históricas, de esa capacidad de lectura de las puertas que abre la historia. El genio bolchevique es esa llave que abre puertas que parecían cerradas.

El genio bolchevique es el mejor legado que hemos recibido de la Revolución para trabajar en favor de las mayorías, de los de abajo.

Lo dijo en junio de 2017, durante un debate con el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, con motivo de la presentación del libro 1917: La revolución rusa cien años después, de Juan Andrade y Fernando Hernández Sánchez, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Decir exprópiese es decir democracia. Ser demócrata es expropiar, aunque os duela.
…espetó en otra de sus múltiples tertulias el inocente Iglesias, ese chico rebelde, el polémico universitario que llevaban de plató en plató como caricatura inofensiva del mal.

Estas y otras muchas sincerísimas barbaridades están recogidas en Memoria del Comunismo, de Federico Jiménez Losantos. Y las que habrá que añadir… porque está claro que la tragedia mundial del coronavirus no nos permite vivir "en circunstancias normales, ordinarias" y –ya lo advirtió Iglesias– tal es el caldo de cultivo propicio para ese otro virus letal, el de los Cien Millones, el comunismo.

No nos extrañe entonces que, siendo vicepresidente del Gobierno de España, Iglesias quiera decretar sus ideas. Si alguien alberga dudas sobre si Sánchez pasa o no pasa por el aro del comunismo, que lea la información publicada en Libertad Digital por Elena Berberana. Aquel "¡Exprópiese!" de Hugo Chávez –siempre referencia de Iglesias– no nos queda ya al otro lado del Atlántico sino en las fábricas españolas de hidrogel, compuesto enormemente útil en la higienización de manos y superficies contra este otro maldito virus biológico que tantas vidas, trabajos e ilusiones se está llevando por delante.

Sentado sobre un escritorio y con fondo de banderas –¡cuántas veces lo habrá soñado!– el vicepresidente del Gobierno dijo este jueves:
La Constitución cuando se saca es para aplicarla y el artículo 128 que nos dejaron los padres y las madres [sic] de la Constitución sirve para definir el patriotismo. El patriotismo es poner lo general por delante de lo particular. ¿Qué significa eso? Que a veces el Gobierno puede tener que decirle a una empresa farmacéutica que fabrique determinados medicamentos para curar a la gente, o tiene que decirle a una fábrica de automóviles que fabrique respiradores para salvar a muchos compatriotas que los necesitan para vivir.

Las primeras, es lo que han hecho siempre; las segundas, es lo que están haciendo. Pero no están nacionalizadas en sus manos y ese es el detalle que falta en su esquema, en la materialización de esas ideas suyas que hemos leído sobre Lenin, el genio de los bolcheviques, las expropiaciones o las "circunstancias normales".

Pablo Iglesias quiere hoy, mañana pedirá y acabará exigiendo lo que él llama "sacrificios por la patria". ¿Y qué más significa para Iglesias el "patriotismo"? Nos lo dijo también este jueves:
…que el Gobierno puede pedir sacrificios a algunos particulares para que el interés general del país, el interés general de la patria, funcione. Y ojalá todas las fuerzas políticas estemos con la Constitución que contiene muchos artículos pensados para situaciones extraordinarias (…) Insisto, la Constitución si se saca no es para enseñarla, es para aplicarla.

La salvación ha de llegar entonces por mecanismos colectivos no espontáneos. Todos trabajando y uno en el poder, ni siquiera un partido. No es alarma, es excepción. Por eso a Iglesias le gustan las rentas básicas, porque cree que "la gente" sólo merece eso, sin horizonte alguno de progreso. Los "proyectos de familia" entre encinas están reservados para esos pocos que "son capaces de producir orden" y que sólo exigirán el sacrificio si es ajeno.

Ojalá llegue pronto la vacuna contra el coronavirus. A la otra, por increíble que parezca, le siguen negando la patente.

El empleo se desploma: alerta roja
El coronavirus ha provocado un descalabro del empleo que, de reproducirse en los meses venideros, y sumado a la pavorosa incompetencia del Gobierno, puede volar en pedazos al tejido productivo del país.
EDITORIAL Libertad Digital

Si hay expertos en maquillar la miseria, esos son los socialistas. Joaquín Almunia, Jesús Caldera, Pedro Solbes, Celestino Corbacho: a ninguno de estos pésimos ministros económicos del PSOE le tembló la mano a la hora de manipular las estadísticas, sobre todo las relativas al principal problema de España: el paro. Si Almunia se sacó de la manga una larga serie supuestos para borrar de las listas del INEM a legiones de parados, Caldera acabó de rematar la farsa con el despropósito de los Demandantes de Empleo No Ocupados (Denos), donde incluyó a los desempleados que se habían apuntado a algún cursillo o a los que se beneficiaban del PER y la mayor parte del año no trabajaban.

Caldera pergeñó esa desfachatez contable en el año 2008, justo cuando el paro empezaba a desbocarse como consecuencia de la Gran Recesión. Pero ni aun así consiguieron que la España del funesto José Luis Rodríguez Zapatero se hundiera en la miseria con más de 5 millones de parados.

Ahora, el coronavirus ha provocado un descalabro del empleo en marzo que, de reproducirse en los meses venideros, y sumado a la pavorosa incompetencia del Gobierno, puede volar en pedazos al tejido productivo del país.

El Gobierno social-comunista ha dado a conocer este jueves las cifras del tercer mes del año y, aunque se preveía que fueran malas, lo cierto es que han resultado escalofriantes. Ningún mes del registro histórico había arrojado la dramática cifra de 302.365 desempleados. Ni en enero 2009, en lo peor de la crisis Gran Recesión, hubo un dato así; entonces el inaudito aumento fue de sólo 200.000.

Por el lado de las cotizaciones a la Seguridad Social, el panorama es igual de pavoroso: sólo en marzo se perdieron 833.979 afiliados, también una sangría jamás vista.

Ante tal calamidad, la ministra de Trabajo, la comunista Yolanda Díaz, y el ministro de Seguridad Social, el socialista José Luis Escrivá, han tenido que salir a dar la cara. En una comparecencia que ha provocado indignada consternación por la intolerable puerilidad de Díaz, que no conseguía hilar tres frases seguidas pero aun así parecía preocupada no por su solvencia intelectual sino por la de los periodistas que estaban padeciendo sus penosas explicaciones, han intentado enmascarar la tragedia hablando de la "excepcionalidad" de la situación... y olvidándose de un elemento determinante: los ERTE. Los trabajadores que están incursos en un ERTE "no son parados, están activos", han dicho, sin asomo de vergüenza. Por eso, no figuran en sus estadísticas de empleo… ni en ninguna.

La comunista achaca la falta de datos a lo "desbordado" que está el Servicio Estatal de Empleo (SEPE). De momento, el Gobierno sólo tiene constancia de 620.000 personas afectadas por un ERTE en todo el territorio nacional. Todas están en sus casas porque sus empresas han cerrado; todas reciben una prestación del SEPE. Aún así, la cifra de Trabajo es irrisoria comparada con los entre 2 y 3 millones de trabajadores que calculan patronal, sindicatos y ETT. Díaz no los llamará "parados" ahora, pero su Gobierno está haciendo todo lo posible para que lo sean definitivamente mucho más pronto que tarde.

¿Eso es lo que encontraba tan gracioso este jueves? ¿Lo que tanto le costaba explicar?

Contra el confinamiento obligatorio
Cristina Losada Libertad Digital 3 Abril 2020

Buena parte de la sociedad está “desinformada, aterrorizada y sin datos fiables en que apoyarse”, y por ello predispuesta a aceptar y apoyar medidas draconianas como las impuestas.

Hay un manifiesto. Otro más. Pero éste es distinto. Lo firman Juan José R. Calaza, Andrés Fernández Díaz, Joaquín Leguina y Guillermo de la Dehesa, de profesión economistas, matemáticos y estadísticos. El asunto de urgencia se condensa en el título: Contra el confinamiento de la población. No buscan firmas o adhesiones. Y no es necesario adherirse a todo lo que dicen para reconocer que sus razones son sólidas, que deberían meditarse y que es verdadera una de sus premisas principales: se están tomando decisiones de un alcance sin precedentes, que pueden tener impactos devastadores en la economía y otros muchos ámbitos, sin disponer de datos fiables.

La principal laguna es que no sabemos cuántas personas han sido infectadas hasta hoy por el coronavirus. Ni en España ni en ningún otro país del mundo tenemos, hoy por hoy, ese dato. Y es un dato esencial para estimar la tasa de letalidad. "Sin información fiable es arriesgado tomar decisiones, difícil corregir el impacto de la pandemia y probable cometer monumentales dislates", advierten los autores. Citan, a ese respecto, el importante artículo del científico John P.A. Ioannidis A fiasco in the making? As the coronavirus pandemic takes hold, we are making decisions without reliable data.

El ejemplo canónico de dislate es, para los firmantes, el estado de alarma impuesto en España. Contraponen nuestro estado de excepción de facto a lo que están haciendo países "que confían más en la autonomía y responsabilidad personal". Consideran el confinamiento obligatorio "ineficaz, humillante, traumatizante y destructivo". Ineficaz, entre otras cosas, porque no garantiza "la disipación estacional de la pandemia ni evita su vuelta, el próximo otoño". Frente a esa medida, que equiparan a un arresto domiciliario y ven de dudosa legalidad, proponen otras. Dos esencialmente: el confinamiento voluntario de aquellas personas con riesgo y la obligatoriedad de mascarillas y guantes fuera del hogar. La gran diferencia en el número de fallecidos en España y Corea del Sur, dicen, radica en la utilización de mascarillas, que fueron "inmediatamente obligatorias en Corea del Sur en los primeros focos".

La ya famosa idea de "aplanar la curva" la reducen a puro mito. "Es un mito que el aplanamiento de la curva epidémica por confinamiento de la población salve muchas vidas. Y las pocas que relativamente pudiese salvar, en el corto plazo, sería a costa de multiplicar los fallecimientos en el medio y largo plazo". Aunque puede evitar tropeles en urgencias, "no frena los contagios en medio y largo plazo". Aquello que sí salva vidas, insisten, es la prevención y utilización masiva de mascarillas cuando aún no se ha alcanzado un umbral crítico de contagio, y la protección, desde un principio, de ancianos que no pueden protegerse por sí mismos. Tachan de "vergonzoso, casi criminal, el desamparo de personas mayores residenciadas" que se ha dado en nuestro país.

Tanto la idea de aplanar la curva como el "dilema entre mitigar y suprimir" son triturados por los autores, dejándolos al nivel de meras "pamplinas, dado el desconocimiento general de la verdadera tasa de letalidad del virus". Tampoco excluyen de su crítica al "intimidatorio modelo matemático" del Imperial College de Londres. Resulta que anticipa el número de muertos en ausencia de medidas de distanciamiento social –sin conocer, de nuevo, la tasa real de letalidad–, pero evita estimar los fallecimientos si se aplican esas medidas. No se sostiene en datos sólidos, "de ahí que dispare en todas las direcciones esperando acertar en alguna".

La otra gran preocupación del manifiesto es el impacto económico de las medidas adoptadas en España. Su recomendación es relanzar la actividad de inmediato para evitar las consecuencias de la voladura del entramado económico. Entre otras razones de peso, porque"un Estado endeudado por el desmoronamiento económico carecerá de medios para mantener un sistema de salud eficiente capaz de salvar vidas en el futuro". Después de estimar que el número de infectados reales será entre 12 y 15 veces superior al reportado por el Gobierno, pronostican: "Con esos datos no sorprendería que el sacrificio económico resultara inútil al ser inevitable el contagio de gran parte de la población". Y proponen:

Salvemos, al menos, la economía y el futuro de los jóvenes.

Este manifiesto no va a gustar. No en unos instantes en que, como calibran acertadamente los autores, buena parte de la sociedad está "desinformada, aterrorizada y sin datos fiables en que apoyarse", y por ello predispuesta a aceptar y apoyar medidas draconianas como las impuestas. Pero conviene oír a los que disienten precisamente cuando se instala, casi de forma natural, un pensamiento único. Aunque no se instala sólo por miedo y desinformación. Ni espontáneamente. También es inducido. Los autores señalan cómo hay partidos anticonstitucionales e independentistas que piden medidas aún más extremas, "descontando una crisis peor que la del 2008, en aras de abonar el terreno a sus nefastas y no ocultadas pretensiones". España, advierten, no podrá encajar dos crisis seguidas: primero epidémica; después económica. Concluyen:

Ya que no fueron capaces de evitar la primera crisis, evitemos la segunda.

¿Fondos buitres o los buitres comunistas de Podemos, señor Iglesias?
“La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”. Edmond Thiaudière
Miguel Massanet diariosigloxxi 3 Abril 2020

La forma arbitrariamente utilizada por el señor Pablo Iglesias, intentando compaginar su condición de vicepresidente del Gobierno con su adscripción al partido comunista bolivariano de Podemos del que es, por añadidura, su secretario general, podríamos decir que, al menos, resulta insólita, contradictoria, poco ejemplarizante y, en la mayoría de casos en los que aparece en público, incompatible con lo que debería ser su cualidad de miembro del Gobierno de la nación y su obligación de gobernar equitativamente para todos y en beneficio de toda la ciudadanía, independientemente de sus ideologías políticas y, por otra parte, sus creencias particulares, sus resabios comunistas, sus irreprimibles deseos particulares o sus irrefrenables intentos, a la menor ocasión que se le presenta, de introducir en sus discursos sus resabios comunistas, sus ideologías totalitarias y su rechazo frontal a todo lo que suene a libertad, economía libre, propiedad, libre mercado o promoción de la iniciativa privada como motor de la economía y garantía del bienestar de una nación; algo que para él, de acuerdo con su ideología bolchevique, suele ser simplemente un ejemplo de capitalismo puro y duro; no porque esté convencido de ello en su fuero interno, sino porque sabe que, desde el punto de vista propagandístico y proselitista, es lo que mejor rendimiento le va a proporcionar.

Que, con la pandemia desatada por el coronavirus, el señor Pablo Iglesias se siente como pez en el agua, basta ver cómo se mueve, lo que dice, las diatribas con la que trata a la derecha, en un intento baldío de trasladar las responsabilidades la epidemia a las comunidades del PP y a gobiernos pasados, acusándolos de supuestos recortes en la sanidad, ignorando que cada situación tiene su contexto particular y que, cuando fue necesario que se arbitraran medidas excepcionales, debido a la desastrosa política del gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero durante los inicios de la crisis del 2008, se recortaron por el PP gastos de todos los ministerios precisamente en unos momentos en los que el ministerio de Sanidad no era precisamente el que necesitaba una especial atención. Pero la expresión del filósofo Francis Bacon de “Calumniad con audacia; siempre quedará algo”, es una muestra de que, el señor Iglesias, ha interiorizado la frase como uno de sus métodos favoritos para utilizar contra sus adversarios políticos que, para él, no son tales sino enemigos a los que hay que destrozar y borrar del mapa. Y es que, para esta izquierda que padecemos en España la palabra mentir o lo que para los católicos sería el octavo mandamiento “No darás falso testimonio ni mentirás”, no existe, no le dan la menor importancia porque, para ellos, lo que sí vale es aquella otra expresión que Napoleón Bonaparte escribió en la última página de El Príncipe de Maquiavelo: “El fin justifica los medios”.

El periódico ABC ha incluido entre sus críticas al Gobierno la siguiente expresión: “se han impuesto el adoctrinamiento marxista de Podemos”. En efecto, un atribulado Sánchez, sobrepasado por las circunstancias por las que atraviesa el país, emperrado en no pactar nada con la oposición de centro y derechas, para intentar dar la sensación de que es él el que domina la situación y el que, en realidad, se atribuirá el ¿mérito?, de que, cuando pase la epidemia (si es que algún día conseguimos erradicarla) afirmarse como el artífice de haber vencido al coronavirus. Parece que ha decidido pasar “los trastos de matar”, como se dice en el argot taurino, a su vicepresidente comunista que es el que parece que impone su ley en las decisiones del consejo de ministros, si es que debemos guiarnos por algunas de las disposiciones, atentatorias la mayoría de ellas al derecho de propiedad, seguramente abundando en las ideas de la señora ministra de Trabajo respeto a lo que es “el interés general” de los españoles. Veremos cuando la economía se dé el gran batacazo, en virtud de la precipitadas de cisiones de este Gobierno y el paro alcance cifras de escándalo, cuál va a ser la justificación de ambos políticos en su descargo. Lo malo será que, entonces, ya no habrá remedio que valga para salvar la situación.

Evidentemente que el vicepresidente, señor Iglesias, con su lenguaje transgresor, demagógico populachero y con su desparpajo habitual y su incapacidad para medir el sentido de las palabras antes de pronunciarlas, metió la pata hasta el corvejón cuando, para designar a unos fondos especulativos, los fondos distressed o holdouts, que son fondos de capital riesgo que compran deuda de economías en problemas y que, en el momento de la venta, en un periodo a corto o medio plazo, se venda a otros inversores para conseguir altas rentabilidades; utilizó el calificativo de “fondos buitres”, como vulgarmente son conocidos en el argot popular. Conviene aclarar que los inversores en este tipo de fondos de capital riesgo (también pueden fallar las expectativas y perder el dinero invertido) son ahorradores, pequeños y grandes, que buscan rentabilizar sus recursos conseguidos a lo largo de una vida de trabajo que, en la mayoría de los casos, tienen por fin servir de complemento a las pensiones que puedan venir percibiendo o que esperen a percibir cuando se retiren, por parte del Estado, en los casos en los que desgraciadamente su cuantía no es suficiente para cubrir sus necesidades.

Al respecto, convendría aclarar que, cuando la famosa especulación inmobiliaria que precedió a la crisis del 2008, fueron muchos miles de ciudadanos, incluso millones de ellos, los que aprovechándose de que el IPC no paraba de subir y los precios de las viviendas se fueron disparando de mes en mes, compraban inmuebles ( en la mayoría de casos utilizando la financiación de las hipotecas ) para volver a revender la vivienda unos meses más tarde, especulando con el aumento de los precios ¿Qué diferencia hay entre unos y otros? Pues, simplemente, que para los comunistas unos son capitalistas y los otros que, intentaban convertirse en capitalista, “honrados ciudadanos” que querían salir de la pobreza sin importarles si, aquella especulación, era bien entendida por los comunistas o no. Esto fue la causa de que, cuando llegó la crisis, muchos de los que pretendían enriquecerse especulando y endeudándose, se arruinaran cuando los precios de las viviendas se hundieron y no pudieron hacer frente a sus deudas y al pago de sus hipotecas.

En todo caso, lo único cierto es que estamos ante un evidente intento de politizar la crisis del Covid19 por el actual Gobierno. Los unos, los del PSOE, derivando hacia lo que se podría calificar como extrema izquierda, ante la evidencia del desgaste que están sufriendo dentro del socialismo moderado, que no alcanza a entender como su partido, por culpa de los graves errores gubernamentales, está conduciendo al país a una situación todavía más grave que la que afectaba a la nación cuando, el señor Rodríguez Zapatero perdió las elecciones a finales del año 2011 y, los otros, comandados por el señor Iglesias y seguramente con el beneplácito de una parte de los ministros socialistas, que lo que están intentando es sacar provecho del disgusto generalizado de la ciudadanía por el retraso, desconcierto y falta de efectividad con el que el actual ejecutivo está manejando la pandemia, intentando ocultar que ellos también forman parte del Gobierno y llevando a cabo una campaña vergonzosa y partidista, por medido de la cual lo que se pretende, aparte de lanzar falsas acusaciones contra el papel de la Derecha en esta crisis, es aparentar constituirse en los defensores de la implantación de un régimen comunista; intentando imponerse al gobierno socialista que hoy ostenta la mayoría, desacreditando a aquellos que se oponen frontalmente a ellos y acaparando aquellos puestos clave (P.Iglesias ya ha conseguido estar en el CIS) como es el ministerio de Trabajo, en manos de una de estas ministras totalitarias, la señora Díaz, que de la mano del Podemos, ha empezado a imponer sus doctrinas comunistas pretendiendo confundir a las empresas, incluso asumiendo potestades que no le corresponden como es la de “prohibir” los despidos”, algo que sería función del Legislativo si es que pretendiera cambiar la legislación laboral vigente.

No se trata de desviar la atención del preocupante coronavirus y sus dramáticas consecuencias pero sí de llamar la atención del hecho evidente de que los hay que pretenden pescar en aguas revueltas y del grave peligro de que, absortos en la pandemia que nos puede afectar a todos, permitamos que algunos aprovechados, desaprensivos de la política y buitres carroñeros de las desgracias que actualmente afectan gravemente al pueblo español, intenten, una vez más, confundir a las personas de buena voluntad, apelando a sus instintos más bajos, a la superficialidad de los análisis de café, hurtando la verdad para arrimar la sardina de la opinión pública a la brasa de sus intereses espurios, detrás de los cuales sólo hay algo que comparten con los separatistas catalanes y vascos: el intento de acabar con la nación Española para, una vez conseguido el enfrentamiento entre españoles, hundida la economía de la nación y creado el ambiente propicio para una revolución proletaria, presentarse ellos, los comunistas como los verdaderos salvadores de la patria o de lo que quedase de ella una vez satisfechas las aspiraciones separatistas de catalanes y vascos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el grave presentimiento de que, lo que nos va a traer esta pandemia que estamos padeciendo y a la que todavía parece que nadie se atreve a pronosticar cuál será su final; además del reguero de muertes que nos va a dejar y de las consecuencias económicas a las que vamos a tener que enfrentarnos, existe la posibilidad, si nadie se toma en serio al señor Pablo Iglesias y sus colaboradores, de que España entre en una involución que nos lleve a lo que, por desgracia, ocurrió en la España de los años 30 del siglo pasado. Entonces logramos libramos de la condena a la que nos conducía el gobierno del Frente Popular hoy, sin embargo, no estamos seguros de que la reacción de los patriotas españoles fuera capaz de contrarrestar el pasotismo, conformismo y acomodamiento de una sociedad que no ha conocido las consecuencias trágicas de una posguerra, sus servidumbres y los evidentes resultados desestabilizadores de lo que representa un enfrentamiento entre ciudadanos de diversas ideas políticas, cuando los ánimos están exaltados y los bolsillos afectados. Parece ser que la suerte está echada y no estamos convencidos de lo que va a salir de ello.

Cuando la sociedad civil va cien pasos por delante de su Gobierno
El autor denuncia falta de previsión y de comunicación por parte de las autoridades sanitarias en la crisis del coronavirus, que ha obligado a los profesionales a buscar soluciones por su cuenta.
Mariano Provencio elespanol 3 Abril 2020

Contemplo estos días con alarmante estupor como la Administración que nos debía proteger no ha tenido previsión de mascarillas, EPIS, test o medidas de contingencia ante la pandemia del Covid-19.

Mientras esto ocurría, y el caos se instalaba, miles y miles de sanitarios en toda España hacíamos frente común: reorganizábamos equipos, doblábamos turnos, preparábamos protocolos de actuación en tiempo récord y nos convertíamos en una piña para proteger y cuidar, con lo que teníamos a mano, a nuestros pacientes.

Y digo, con lo que teníamos a mano, porque ante la falta de protocolos unificados y equipos de protección, en cada ciudad y en cada hospital hemos hecho, a la carrera, lo que como profesionales creíamos que era más acertado. Y, por el camino, y en el fragor de la batalla, muchos de nosotros nos hemos infectado por este virus.

Pero la falta de previsión no sólo se ha visto en las medidas de protección para todos aquellos que estábamos luchando en este frente. Tampoco ha habido comunicación, tan importante cuando se trata de un patógeno nuevo, del que no tenemos datos ni literatura en Europa.

No ha habido contacto con los diversos profesionales implicados, ni comunicación directa con el Comité de Expertos del Ministerio, que en teoría manejó los riesgos, cuando China primero e Italia después se desangraban. Nadie nos compartió esa información.

Hemos sido los sanitarios los que hemos ido organizando la información dentro del caos
Sólo cuando tuvimos en nuestras manos las publicaciones científicas, nos dimos cuenta de la magnitud del proceso, pero no por nuestras autoridades sanitarias encargadas de ello. Y una vez más, hemos sido los sanitarios los que hemos ido compartiendo información unos con otros, utilizando las Redes Sociales como plataforma para comunicar dudas y conocimiento. Adelantándonos de nuevo y organizando la información dentro del caos.
En materia de investigación, la situación no ha sido diferente. No ha habido por parte del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) el necesario y deseable liderazgo. Hay una gran variedad de tratamientos diversos por hospital y nos manejamos con publicaciones de pequeñas series chinas y francesas, alguna de ellas con dudoso rigor metodológico.

Nuevamente, hubiera sido la oportunidad de crear grandes ensayos clínicos nacionales, aleatorizados y con garantías para avanzar en el conocimiento, que se promovieran desde la Administración, buscando aunar esfuerzos a nivel estatal.

Frente a eso se ha optado por sacar una convocatoria donde los mismos profesionales, saturados, deben preparar proyectos para la investigación del problema. Aquí, también, se han adelantado hospitales e iniciativas privadas antes de que de forma estatal se promovieran ensayos clínicos para el Covid-19. Aquí, también, se ha perdido una oportunidad de vertebrar la investigación en el ámbito del Sistema Nacional de Salud, como aparece entre sus misiones.

Y de nuevo, la sociedad civil ha estado más a la altura que la Administración que la dirige. Son numerosos los centros de investigación y grupos cooperativos que nos hemos movilizado y dado un paso al frente para obtener datos de esta epidemia.

De nuevo, la sociedad civil ha estado más a la altura que la Administración que la dirige
Es el caso del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) conformado por 500 especialistas en esta patología de todo el país. En nuestro grupo de investigación hemos puesto en marcha de manera independiente un Registro para saber cuántos pacientes de cáncer de pulmón se han visto afectados por Covid-19.

Ya están incluyendo datos hospitales de toda España. Y no sólo eso, también analizaremos otros aspectos importantes como evolución de la patología, percepción del paciente y sus familiares u organización asistencial.

El objetivo de este Registro es, ante la ausencia de datos, identificar y estudiar estos casos para sacar conclusiones que ayuden a los especialistas en futuras situaciones similares. Sin duda, los pacientes oncológicos son un colectivo fuertemente vulnerable en esta crisis y, aquellos con afectación en sus bronquios y pulmones, todavía más si cabe.

Es importante saber qué ha pasado con estos pacientes, qué tratamientos pueden predisponer, o cuales no, qué quimioterapia podemos demorar o no, o cómo realizar la detección precoz para evitar más riesgos. Hay que destacar que ningún grupo clínico de investigación independiente tiene cabida en el actual diseño de investigación del ISCIII.

En definitiva, los ciudadanos vamos cien pasos por delante del Gobierno. Y no sólo nosotros, los sanitarios, sino también empresas, universidades, científicos, matemáticos, transportistas… padres que llevan más de quince días sin salir de casa con sus hijos, y un sinfín de ejemplos que nos demuestran que, como sociedad, hemos estado a la altura de la grave crisis que vivimos.

*** Mariano Provencio es oncólogo y presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Pulmón (GECP).


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Un 11-M cada seis horas

Cristian Campos elespanol 3 Abril 2020

Un 11-M cada seis horas. O lo que es lo mismo, cuatro 11-M al día.
Ese es el balance de la epidemia de Covid-19 en España. "Una muerte es una tragedia, pero miles son una estadística", cuentan que dijo Stalin. Y es posible que no lo dijera. O que no lo dijera con esas palabras exactas. Pero la frase aplica en cualquier caso a la España de hoy, tan filosóficamente estalinista.

Una epidemia no es un atentado terrorista. Pero la muerte sólo llega en un formato y el resto, a partir de determinada magnitud, son sólo circunstancias. Así que imaginen los cuatro titulares siguientes en un solo día, en un solo diario, en una sola portada.

"Matanza de ETA en Madrid. 200 muertos y 3.000 heridos en cuatro atentados en trenes de cercanías".

"Un atentado terrorista de Al Qaeda en la Plaza de España de Sevilla mata a 200 personas y deja a 1.500 heridas".

"Más de 300 muertos y 2.000 heridos en la mayor masacre terrorista de la historia de España. Una cadena de ataques de Terra Lliure en el centro de Barcelona provoca una matanza sin precedentes en nuestro país".

"Masacre en Valencia. 200 muertos y más de 2.000 heridos tras un atentado de autoría desconocida en el Corte Inglés de Pintor Sorolla".

Y ahora imaginen esos cuatro titulares el lunes. Y cuatro muy similares el martes. Y otros cuatro el miércoles. Y otros cuatro el jueves. Y otros cuatro el viernes.

Y ahora añadan los siguientes titulares, en el rincón de la portada del diario que aún quede libre, si es que eso es posible:
"La Seguridad Social pierde 833.979 afiliados, el peor dato de su historia".

"La segunda tanda de test rápidos tampoco funciona: sólo un 50% de sensibilidad".

"Estamos ya en un estado de excepción de facto".

"Un proveedor denuncia el pelotazo de una empresa catalana con los test".

Los cuatro titulares anteriores corresponden a un sólo día de epidemia, el de ayer jueves. El miércoles hubo otros cuatro titulares. Hoy viernes habrá otros cuatro titulares. Mañana, otros cuatro.

Eso es la actual epidemia de Covid-19 en España.
Y lo que vemos mientras tanto en las televisiones españolas es un estado de alarma que parece diseñado por los publicistas de Estrella Damm.
Lo que vemos es un estado de alarma protagonizado por ciudadanos que pasean al perro por ciudades convertidas en un remanso de bucólica paz.

O por enfermeros que bailan en sus hospitales el Covid-19-Shake frente a una puerta detrás de la cual hay un anciano en cuidados paliativos por falta de respiradores.

O por ciudadanos que aplauden sonrientes desde sus ventanas, henchidos de esperanza en un futuro mejor bajo la guía del Gobierno más social de la historia de la democracia.

O por cuatro cantautores de gasolinera, relamidos como una perdiz con ligas bailando al son de la música de los caballitos, matando el aburrimiento con unos vídeos "regalados" que no sólo no alivian la incertidumbre de los ciudadanos, sino que añaden el insulto de la falta de talento a la injuria del encierro.

O por unos cuantos liberados sindicales de Podemos, en realidad siempre los mismos, que cantan los parabienes de la actuación del Gobierno mientras cargan contra la de Isabel Díaz Ayuso. Una Isabel Díaz Ayuso que es sólo la presidenta de una comunidad autónoma, pero a la que se le exigen las responsabilidades que le corresponden al presidente del Gobierno.

O por la ministra que convocó el 8-M y que ha aprovechado la epidemia para pedir el fin del capitalismo. Una ministra cuya pareja, casualmente vicepresidente tercero del Gobierno, se salta la cuarentena aproximadamente cada 48 horas para exigir a los españoles que no se salten la cuarentena.

No parece que los españoles seamos todavía muy conscientes, en fin, de lo que está ocurriendo en nuestro país. De cuánto abultan 10.000 ataúdes.

De la gravedad de que sean precisamente aquellos que han cotizado durante 40 o 50 años a la Seguridad Social los que están viendo cómo se niega su derecho a un miserable respirador.

Lo han logrado. Han conseguido que ese kilómetro emocional que hace que, en circunstancias de normalidad, nos afecte más un muerto en Salamanca que una docena de muertos en Yakarta, haya acabado aplicándose también a nuestros compatriotas. "¿Cuántos muertos hoy? ¿900? Bueno, a ver si mañana bajamos a 850. ¡Eso sí que serían buenas noticias!".

Ni uno solo de los 10.000 muertos de esta pandemia ha merecido ni una milésima parte de la compasión, por no decir de la atención mediática, que despertó el perro Excalibur en 2014. Hay que repetirlo. Un perro. 10.000 muertos.

Cuando una sociedad llora más a un perro sacrificado por la derecha que a 10.000 sacrificados en el altar de la incompetencia de la izquierda es que esa sociedad está ya madura. Para qué, en concreto, lo dejo a su imaginación.

En ERC han demostrado que son unos miserables
Sergio Fidalgo okdiario 3 Abril 2020

Los dirigentes de Esquerra Republicana, a los que parte de la izquierda española han querido vender como los independentistas “sensatos” frente a los “radicales” de Carles Puigdemont, han demostrado durante la pandemia del coronavirus que son unos miserables. Han seguido la estela de Quim Torra, que ha utilizado la crisis sanitaria para intentar sembrar mal rollo entre los catalanes y el resto de españoles, y no han respetado ni a los enfermos, ni a los muertos.

¿Recuerdan cuándo Gabriel Rufián intentó dar lecciones de ‘sensatez’ en el Congreso a PSOE y Podemos durante la primera investidura fallida de Pedro Sánchez? Sus correligionarios, o mejor dicho sus “jefes”, porque el chico de la impresora no pinta nada en Esquerra salvo el llevar los cafés, han demostrado la ‘sensatez’ que campa en sus filas. La consejera de Salud de la Generalitat, Alba Vergés, ha despreciado durante semanas la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias para desinfectar residencias de ancianos, o montar hospitales de campaña.

Que Cataluña sea uno de los focos más importantes de la epidemia a nivel mundial no ha servido para que esta fanática separatista aceptara de buen grado la ayuda del Ejército. Como en ERC, y en JxCAT, se piensan que Cataluña es “suya” no les ha importado perjudicar a toda la población de esta comunidad autónoma, sean secesionistas o constitucionalistas. Esta es la misma consejera que ha paralizado la puesta en marcha de un hospital de campaña en la localidad barcelonesa de Sabadell porque le parecía “demasiado militar”. Que los afectados por el covid-19 de esta población agradecerían tenerlo acabado cuanto antes le debe importar un carajo.

El consejero de Trabajo y Asuntos Sociales, Chakir El Homrani, también de ERC, ha dado durante días con cuentagotas los permisos a la UME para que desinfectara y dieran apoyo a las residencias de ancianos. A este departamento le importó un bledo que docenas de directores de estos centros hubieran pedido ayuda a los militares ante la rápida extensión de la pandemia entre los más mayores. El Govern, y no solo esta consejería, no fue diligente en ayudarlos, tenía cosas más importantes que hacer, como maquillar las cifras de muertos e infectados y echar la culpa a “Madrid” de la infección. Y al Gobierno de España, por supuesto.

Eso sí, los abuelos caían como moscas mientras el personal sanitario que atendía estos centros se infectaban a docenas por no tener el equipamiento de protección adecuado. El dinero para estos fines el Govern se lo gastaba en “embajadas” y en TV3. El grupo municipal de Esquerra en Sabadell protestó airadamente porque la UME desinfectó una residencia de ancianos en esta localidad, a instancias de la alcaldesa. Y el portavoz republicano en la localidad barcelonesa de Mollet, Oriol López, comparó en un tuit la presencia de la UME en la ciudad para tareas de desinfección con las tropas de Franco: “El 1 de abril de 1939 este comunicado del fin de la guerra de Franco. El 1 de abril de 2020 tenemos el ejército paseándose por Mollet para demostrar que todavía están allí. Lamentable”.

Oriol Junqueras ha intentado aprovechar la epidemia para abandonar la prisión y pasar el confinamiento en su domicilio. Mientras miles de presos, que habían cometido delitos menos graves y con menos pena de prisión, han de pasar la epidemia en sus celdas, el líder de ERC, gracias a que la consejera de Justicia, Ester Capella, es de su partido, ha intentado escaparse a su condena. Si el Tribunal Supremo no se hubiera plantado, y hubiera amenazado con acusar de prevaricación a los funcionarios que se prestaran a esta siniestra operación, Junqueras ya estaría en su casa. Y con él, el resto de políticos y dirigentes secesionistas. Por supuesto, Esquerra y sus satélites han puesto a parir al Alto Tribunal. De su miseria moral por intentar usar una emergencia sanitaria para burlar la justicia, no han dicho nada.

Estos son los ‘socios’ de gobernabilidad de Pedro Sánchez. Si el PSOE quiere conservar un mínimo de dignidad debería mandarles a paseo ya mismo. No se puede pactar, ni negociar, con los que usan los féretros de españoles muertos en una epidemia para conseguir sus fines de ruptura del país.

 


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