AGLI Recortes de Prensa   Sábado 4  Abril  2020

 Sánchez claudica e Iglesias preside
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 4 Abril 2020

El presidente está completamente sonado: solo piensa en sí mismo y pasa de España. Muchos neuropatólogos advierten que es incapaz de tomar decisiones o medidas adecuadas contra el virus. Por eso cede y traga las locuras que le vende su vicepresidente, la hiena marxista, que ha convertido el escaso cerebro de cisne en una rifa bolivariana. La misión de Iglesias es clara, arruinar la economía – en homenaje a Trotski -, acabar con nuestro futuro y con la prensa libre, controlar el pensamiento único y devolvernos a los macabros días donde brotó el comunismo. Y Sánchez, que no da más de sí, se rinde. E Iglesias, se aprovecha del lerdo, gobernando a sus anchas. Los hijos del lumpen han tomado el poder. Al ganso apenas le queda la vía de transformar la legislatura en su estanque privado. No rige, está grogui.

Sánchez ya no razona, se niega a dimitir ni apuesta por un gobierno de concentración, que sería lo lógico en estos dramáticos momentos. Desoye a los barones del PSOE, quienes le instan a deshacerse de Iglesias, el muy falso patriota que denigra a filántropos. empresarios, fuerzas del orden, autónomos y la banca, que nos mantienen vivos. ¿Por qué tan blando cisne no manda, de una vez por todas, a dicha puta hiena a mamar lo que los fenicios ordeñaban a sus cabras? El ganso, tras haberse plegado a todos los disparates que le propuso la fiera, podría admitir que su mandato ha tocado a su fin. Ahora, más que un presidente, parece un pato de feria. El bicho se ha comido sus cojones y hace de él, lo que se le antoja. Hoy en día dependemos de un tarado y un nuevo rico que vive con su mujer contaminada. Pedro cisne Sánchez no cuenta, es un cero a la izquierda en la zona cero.

No confundamos las dos clases de igualdad, la aberrante, que esos esbirros de Iglesias pretenden imponernos, y la legal, que defienden los partidos de la oposición. Los comunistas nos llevarán a la ruina y los demócratas nos sacarán de la tragedia. Sánchez ha de elegir entre un naufragio seguro, o seguir navegando con marineros que creen en vientos de bonanza. La hiena, de ser algo, es gafe. Así que el cisne, cuanto antes mejor, debería sacársela de encima para seguir tomando indecisiones, porque decisiones no toma ninguna. Los dos juntos, un ganso melifluo más un depredador desquiciado integran un gobierno de risa. Y así nos va. Y nos irá, con semejante par de infradotados al mando de nuestra Nación.

Que “Abril es el mes más cruel” lo sabemos desde que T. S. Eliot, poeta británico del siglo XX, escribió un verso inmortal. La historia se repite, pero no se parece. Ahora abril, es infinitamente más cruel. Basta contar los miles de vidas que el Covid-19 ha trasladado al tanatorio, debido a las ineficaces y truculentas medidas, por no decir mafiosas, que el cisne y la hiena han inventado para detener el virus que nos mata. El social-comunismo de Sánchez e Iglesias, visto su fracaso, tendría que dimitir, de quedarles algo de vergüenza. Pero como ambos prosperan, a costa de la desgracia que nos asola, no abandonarán el poder. Para ellos, la pandemia es un negocio más.

11.000 muertos
Sí, es cierto que no se puede culpar al Gobierno de una epidemia como esta, pero por desgracia sí se le puede culpar de todo lo demás.
EDITORIAL Libertad Digital 4 Abril 2020

En este momento ya han muerto más de 11.000 personas en España por la epidemia de coronavirus. Es lo que admiten las cifras oficiales que probablemente tengan algunas lagunas, pero que aún así resultan terribles, absolutamente demoledoras.

Y por supuesto, el problema no es de cifras. El verdadero drama es que detrás de cada uno de esos números fríos hay una historia personal extremadamente dolorosa, no sólo por las muertes, sino por cómo se han producido en la mayoría de los casos: en soledad, sin la compañía de una familia que tampoco ha podido compartir su dolor o hacer un duelo apropiado, porque la situación es tan excepcional que ni siquiera se puede enterrar a un ser querido con la dignidad que todos y cada uno de los muertos merecería.

Pero además, si lo anterior no fuese suficiente el drama médico y humano que nos aflige en este momento trae consigo una crisis económica brutal, que va a llevar a muchísimos españoles al paro y a todo el país a un empobrecimiento notable.

Sí, es cierto que no se puede culpar al Gobierno de una epidemia como esta, pero por desgracia sí se le puede culpar de todo lo demás. Primero fue imprevisor no sólo cuando las noticias que llegaban de China invitaban a la preocupación, sino incluso también después cuando las que llegaron de Italia directamente llevaban directamente a la alarma.

Y más tarde, ya con la epidemia entre nosotros, toda su gestión de la crisis ha sido desastrosa: dudas, confrontaciones, bandazos, errores, enormes meteduras de pata… Así, aunque el Gobierno no sea culpable de la epidemia, a estas alturas es más que evidente que sí lo es de que su impacto y sus consecuencias estén siendo muchísimo peores de lo que podrían haber sido, extraordinariamente más graves que en otros países.

Los ejemplos de la responsabilidad criminal de esta banda que nos desgobierna son múltiples: la inacción antes del 8-M para poder sacar tajada partidista del aquelarre feminista; los consejos sanitarios completamente equivocados que han ido cambiando con el tiempo, como indicar a las personas que venían de zonas de riesgo que podían hacer vida normal o, quizá más llamativo aún, haber negado hasta este viernes que usar mascarillas es útil para prevenir el contagio; el acaparamiento de competencias que no han sabido gestionar; y, por supuesto, de las medidas económicas completamente disparatadas que parecen destinadas más a hundir el tejido productivo que a salvarlo.

Pero a pesar de la magnitud de la tragedia, de las cifras aterradoras de muertos, del desplome económico y de los datos también abrumadores de parados, no sólo no hemos visto una dimisión, es que ni tan siquiera una petición de disculpas o una admisión concreta y sincera de los errores cometidos.

Al contrario, cada día el Gobierno y sus diferentes facciones se han comportado de una forma más arrogante; cada día han dejado más claro que lo que de verdad les importa es la posición política en la que todo esto les dejará; cada día resulta más evidente que cuando piden lealtad en realidad están reclamando impunidad y, sobre todo, que pretenden aprovecharse de la crisis para hacer lo que sea con tal de mantenerse en el poder.

11.000 muertos ya y por desgracia sólo serán una parte de un total aún mayor. Por mucho que el Gobierno manipule, aunque compre con nuestro dinero a televisiones inmorales, no puede salirle gratis y no le saldrá gratis.

Cavilaciones para después de la batalla
Amando de Miguel Libertad Digital 4 Abril 2020

Es evidente la analogía entre la pandemia del virus de China y una batalla, una situación bélica. El único fallo de la metáfora es que en las guerras la dirección de las operaciones la llevan a cabo las Fuerzas Armadas, ahora puramente subalternas. Así nos va; los civiles no están preparados para enfrentarse a una situación catastrófica como la actual.

La comparación bélica no se establece por la cantidad de víctimas mortales que ocasiona la pandemia, que son solo una pequeña proporción de todos los fallecidos. La pandemia va a reproducir los efectos de una gran guerra mundial por la profunda alteración de la vida toda. Es posible que la repercusión económica supere la de las anteriores crisis mundiales: 1918, 1929, 1939, 1973 y 2008, como las más conspicuas.

El primer efecto político de la pandemia tendría que ser en España la defenestración del Gobierno Sánchez-Iglesias. Debería acordarse un Gobierno provisional hasta tanto no fuera aprobada una nueva Constitución. El proceso completo implica la necesidad de una serie de grandes reformas perentorias. Por ejemplo, 1) prohibición de los partidos políticos de índole local o regional, los que proponen la secesión de alguna comunidad autónoma o son contrarios a la economía de mercado; 2) reducción de los ocho mil municipios españoles a unos ochocientos, más o menos, según las regiones y la estructura demográfica; 3) reformulación del sistema autonómico con más competencias para el Estado central y para los nuevos municipios; 4) revisión de la ley electoral para acercarla más a la representación proporcional.

Sea cual fuere el nuevo Gobierno que se derivara del nuevo Estado, se impone la discusión de una serie de reformas de acción política. Por ejemplo, a) refuerzo de las grandes empresas con capital español en todos los sectores de la economía; b) reorganización del sistema educativo, basado en el mayor esfuerzo de los alumnos y de los profesores; c) desarrollo a fondo de la investigación científica, adscrita a las universidades; d) fomento de la natalidad; e) contención de las corrientes inmigratorias ilegales; f) simplificación del funcionariado y aumento de la productividad en el sector público.

Hay más capítulos necesitados de reformas, pero basta con los indicados para empezar a pensar. Aunque pueda parecer extraño, la gigantesca crisis económica que se nos avecina puede convertirse en el mejor estímulo para impulsar el necesario espíritu de cambio que se nos impone. En una situación normal, ningún Gobierno se atrevería en España a plantear las reformas dichas (u otras parecidas), por necesarias que ahora puedan parecer. Pero el revulsivo de la pandemia y de la consiguiente desorganización social puede precipitar las voluntades para enfrentarse a los cambios radicales que se avecinan. Es el esquema del challege-response, que se ha aplicado a la caída y surgimiento de las civilizaciones. Es una especie de mentalidad deportiva a lo grande. El proceso funciona, simplificado, a escala individual. Es el clásico estirón que pegan los adolescentes después de una enfermedad larga, o también los nuevos ímpetus que se dan en la biografía de uno después de fuertes reveses.

En contra del triunfalismo oficial, la dichosa pandemia se halla todavía en sus comienzos en casi todo el mundo. También en España, donde nos encontramos a la cabeza de todos los países (con Italia) por la incidencia del número de fallecidos por millón de habitantes.

Las especulaciones sobre el momento en que la curva de los afectados por la enfermedad llega su cenit (no la "punta", como dicen gobernantes y expertos) no sirven de mucho. Suponiendo que estuviéramos cerca de ese cenit, queda el área de la curva hasta que llegue a su nadir (el momento más bajo). Es decir, se va a seguir acumulando bastante tiempo la cifra de fallecidos por el virus chino. No digamos cuando se compruebe que, junto a los efectos letales de la pandemia, aumentan las muertes por otras causas.

Las muertes son tristes, especialmente cuando se habrían podido evitar con una mejor organización social preparada para las catástrofes. Pero luego vienen los desastrosos efectos de la crisis económica. Habrá que prepararse en España para mantener a todo un ejército de millones de parados. Habrá que reintegrar a muchos de ellos en el sistema educativo, como se hizo con los excombatientes después de la II Guerra Mundial.

A la nueva generación de españoles le esperan grandes días.

El viraje y el psicodrama de Iglesias
Carlos Dávila okdiario 4 Abril 2020

Los críticos, pocos, la verdad, que quedan alojados aún en Podemos, sugieren que todo el afán de protagonismo de Pablo Iglesias, lo de robar pantallas de televisión, es sólo una forma de escapar, o de disfrazar, lo que ellos llaman el psicodrama personal (éste parece que todavía incógnito) y político del aún vicepresidente. Dicen cosas como éstas: ”Que nadie se engañe; no le está ganando la partida a Sánchez, éste ya se mueve en otros objetivos que no son otros que la resurrección de un remedo de los Pactos de la Moncloa”. Esto es lo que, según estas fuentes de Podemos, rumia a su banderillero de confianza, José Luis Abalos, y que éste intenta expandir aquí, acá y acullá. Sánchez, aseguran, está paralizado ante el espectáculo de cadáveres llenando espacios antes dedicados al ocio, y, en consecuencia, está a la búsqueda de nuevos escenarios, visto que el suyo actual, el del Frente Popular, difícilmente se sostendrá cuando el virus maldito quede doblegado. La Moncloa filtra esta nueva estrategia de Sánchez a la que ya se ha encontrado un título: El viraje.

Naturalmente que para este nuevo ejercicio de funanbulismo político le molesta Iglesias y su asalto a los palacios de la Moncloa, primero, y de la Zarzuela después. Es curioso: los escasos críticos de Iglesias, quizá los que no se están comiendo ninguna mamandurria en las cercanías de la Administración, coinciden con el hasta ahora socio preferente, en que, tras la catástrofe humanicida que nos va a dejar el COVID 19, la experiencia del Frente Popular se irá a hacer gárgaras. Por ahora la situación es ésta: Sánchez deja que su aún vicepresidente haga proclamaciones leninistas mientras él se dedica a hallar complicidades para, entre otras cosas, aprobar los decretos que tiene pendientes el Parlamento. Dicho castizamente: “Tú lárgate manifiestos y amenazas como si fueras el mismo Lenin, que yo me voy a dedicar a componer otras opciones”. O sea, el viraje.

El presidente se siente, en su egolatría, con fuerzas para remodelar su política y volver a encamarse con aliados antiguos, tipo PNV y hasta Ciudadanos. El PNV, como la yenka, va a un paso adelante el lunes y uno atrás el martes. Es su pragmatismo de siempre: hoy te apoyo, mañana Dios dirá. Ahora se ha encontrado con que el gran empresariado vasco ha mostrado su enorme preocupación ante las propuestas de Iglesias, la última ésta de exigir “sacrificios” a los poderosos. Como los empresarios vascos -que siempre han apoyado el PNV como si fuera su propia madre- saben perfectamente lo que amaga Iglesias, se han puesto de los mismos nervios, porque las eufemísticas propuestas de Iglesias no son otra cosa que la intención de meter mano a los ricos, empobrecer a las clases medias para que le necesiten y, eso sí, pasar la mano por el lomo a los llamados pobres. Este es su fin y la amenaza que ha hecho que Confebask le diga a Urkullu y su cuadrilla: ”¡Ojo!, que vienen a por nosotros!”

De aquí que el PNV le haya pegado un sustito al PSOE en el Senado y que siga advirtiéndole con volarle los decretos. Sánchez precisa al PNV y éste, otra vez más, va a vender caro su apoyo. Bien es cierto que ahora la sempiterna voracidad nacionalista nos viene bien a todos en general porque va a impedir que Sánchez siga refugiado en los brazos comunistas de Podemos y se disponga a convertir a España en un clon mediterráneo de la Venezuela de Maduro. Sánchez y su peón de confianza, el banderillero Abalos, han empezado a urdir “acercamientos” a la odiada derecha por ver si ésta, en la tesitura dramática en que nos encontramos, consiente en copiar unos pactos de la Moncloa como aquellos que organizó Suárez en plena apoteosis de su popularidad y de su jerarquía política. Pero nadie en la oposición (y cuando escribo nadie es nadie) se prestará a conceder a Sánchez la primogenitura de una idea como una redivida Moncloa. Sánchez es a Suárez a, pongamos por ejemplo y sin ningún afán hilarante, lo que un cardenal es a ese cura que ahora han descubierto las teles afines, predicando bondades y ataviado incluso con un pendiente progresista. Por eso el viraje de Sánchez cuenta con pocas posibilidades de éxito. Por no decir que ninguna. Lo suyo es seguir apadrinando los exabruptos comunistas de Iglesias y su cuadrilla al tiempo que intenta asentar lo único que le importa verdaderamente: seguir de presidente. El viraje es solo un desideratum. Los festejos cerebrales de un tipo roto, mentiroso e incapaz para retardar el asalto comunista al Reino de España.

España, en un laberinto socio-laboral
Editorial ABC 4 Abril 2020

Las salvíficas medidas aprobadas por el Gobierno para hacer frente a la avalancha de expedientes de regulación temporal de empleos y de cierres empresariales también está chocando con una imprevisión absoluta, y con un muro burocrático que solo añade confusión a la tragedia sanitaria y laboral que vive España. Las asesorías jurídicas están desbordadas con cientos de miles de ERTE en marcha y se ha convertido en una misión imposible que muchos miles de trabajadores puedan empezar a cobrar sus emolumentos el 10 de abril. Las mutuas tampoco han aceptado los ceses de actividad hasta el 1 de abril y la confusión de los decretos aprobados por el Gobierno está generando tal inseguridad jurídica y tal incertidumbre social, que el modelo se ha convertido en un laberinto inviable. Los plazos para la tramitación de expedientes varían de unas autonomías a otras, y también las prestaciones por cese de actividad se han atascado en la Seguridad Social porque no ha podido trasladar aún a las mutuas la lista de actividades concretas que están en suspenso tras el estado de alarma. Hasta el 1 de abril nadie podía demostrar que sus ingresos han caído un 75 por ciento para tener derecho a acceder a las ayudas públicas, y a día de hoy los autónomos han tenido que sufragar el coste de su cuota con sus comercios cerrados durante la mayor parte de marzo. Propaganda del Gobierno aparte, el escenario no puede ser más desalentador. Y si al galimatías jurídico-legal que está dejando en la indefensión a cientos de miles de trabajadores se unen las estrambóticas explicaciones en rueda de prensa de la ministra de Trabajo y del titular de Seguridad Social entre risas inexplicables, el panorama resulta más que doloroso.

Es lógico dejar cierto margen de reacción a cualquier Gobierno ante una tragedia como la causada por el coronavirus en el mundo. Pero en España, ya es una evidencia cómo el Gobierno hizo oídos sordos a las recomendaciones preventivas y de acopio de material sanitario elemental para hacer frente a la pandemia. El 8 de marzo España estaba de fiesta y se ocultó la verdad a los españoles. El Gobierno infravaloró la emergencia, y de aquellos polvos llegan estos lodos en forma de muertes por miles en los hospitales y residencias. Pero incluso en estas circunstancias de insolvencia gubernamental, el Ejecutivo ha tenido margen para hacer mejor las cosas, al menos en sus previsiones económico-laborales. Ni eso. Solo ha presentado una retahíla de medidas bienintencionadas pero carentes de la base jurídico-legal necesaria para ponerlas en marcha con solvencia. La indefensión del ciudadano ante estas secuelas secundarias, pero también vitales, del virus, es notoria. Y, sencillamente, no es comprensible. Desde una perspectiva política, la gestión socio-laboral de esta crisis tampoco está en manos profesionales.

España resiste, pero sin líder
Editorial larazon 4 Abril 2020

El Gobierno que preside Pedro Sánchez, al menos la parte socialista del Gabinete, comienza a ser consciente de que entre la opinión pública se está instalando una sensación de desconfianza sobre su eficacia en la conducción de la lucha contra la pandemia, que, sin embargo, no debería condicionar el proceso de toma de decisiones. Nos permitimos esta advertencia ante la más que probable prolongación del estado de alarma y, por lo tanto, del confinamiento domiciliario de la población, medida cuyas tremendas consecuencias económicas, sociales y, aún, morales no es posible dulcificar y que debería ser adoptada tras llegar a la convicción, basada exclusivamente en los hechos, de que no queda otra opción que seguir exigiendo mayores sacrificios a una ciudadanía a la que se insiste en que la situación –el famoso «pico»– está mejorando, pero que observa como aumentan el número de contagios y de víctimas mortales sin solución de continuidad.

Por supuesto, somos conscientes de que el actual nivel de los conocimientos científicos sobre la etiología del Covid-19 no permite certeza alguna sobre la evolución de la pandemia y de que hay indicios muy inquietantes que provienen de China, Corea del Sur y Japón sobre el recrudecimiento de la infección a poco que se suavizan las medidas preventivas, que deberían inclinar a las autoridades sanitarias a ampararse bajo el principio de precaución.

Dicho esto, la decisión que tome el presidente del Gobierno, que es sobre quien recae en último término la responsabilidad, vendrá condicionada, de acuerdo a nuestro ordenamiento constitucional, al respaldo del Parlamento, lo que nos plantea algunas consideraciones y no, precisamente, menores. La primera, y más evidente, es si Pedro Sánchez está políticamente legitimado para exigir a la oposición un asentimiento sin condiciones y, la segunda, si esa misma oposición puede consentir que su papel quede relegado al de mero refrendario de un trámite, mucho más, cuando lo que está en juego es la viabilidad económica de la nación.

Porque, más allá del lugar común de que no es tiempo de exigencia de responsabilidades, lo cierto es que, al calor del estado de alarma, el Gobierno ha actuado desde la más absoluta unilateralidad, decretando la paralización de la producción e interviniendo directamente sobre las relaciones económicas y laborales, con desprecio de la seguridad jurídica, con las consecuencias que los datos del mercado de trabajo han hecho patentes. En estas circunstancias, se nos antoja difícil pedir a la oposición parlamentaria, especialmente el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, que se resigne a aprobar lo que el Ejecutivo le ponga por delante sin exigir, al menos, que la emergencia sanitaria no sirva para introducir de rondón retazos del programa de sus socios comunistas.

Es preciso, imperativo, un acuerdo político amplio, que aparte de la sociedad española la mera insinuación de que se la está tomando como rehén de una estrategia partidista, la que sea, en un momento tan grave. Y es, asimismo, imperativo, que desde el Gobierno se acepte que la lealtad es una vía de doble dirección que obliga a todos. La sola idea de que la epidemia de coronavirus pueda obligar a los ciudadanos a permanecer en su encierro hasta el 26 de abril, incluso, hasta la primera semana de mayo, es tan perturbadora, lleva implícita tales consecuencias para el futuro de España, que no es posible aceptar que el Gobierno rechace la colaboración y el entendimiento entre los dos grandes partidos de la democracia española. Es una actitud por la que, no hay que dudarlo, la sociedad española pedirá cuentas cuando todo esto acabe, que acabará. Pedro Sánchez tiene la oportunidad de rectificar los errores, aunque le suponga algún desencuentro más con sus socios radicales.

El Gobierno deja tirados a miles de afectados por los ERTE
OKDIARIO 4 Abril 2020

Las empresas ya han presentado al Servicio Público de Empleo Estatal ERTEs que afectan por el momento a 620.000 personas, si bien asociaciones como ATA o Cepyme elevan a entre 1,6 y 3 millones el número de empleados afectados. Pasarán a cobrar una prestación del 70% de la base reguladora de su salario durante los primeros seis meses. El problema está en que la saturación en las oficinas del SEPE es de tal magnitud que un gran número de ellos no recibirá cantidad alguna hasta el próximo 10 de mayo.

El 31 de marzo se cerraron las «nóminas» y todos aquellos expedientes que no hayan sido tramitados -y que se cuentan por decenas de miles- tendrán que esperar hasta ese día para recibir su prestación. Eso si tienen la fortuna de ser tramitados antes del 30 de abril. El aluvión de expedientes ha provocado el colapso administrativo y, en consecuencia, muchos empleados que ahoran permanecen en sus domicilios confinados habrán de esperar casi mes y medio para cobrar.

Desde la Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF) han demandado en numerosas ocasiones la necesidad de incorporar más personal a las oficinas de empleo, y han denunciado que estas se encuentran «diezmadas, debido a las dispensas que se han producido por distintas casuísticas, todas ellas relacionadas con esta pandemia». El SEPE está integrado por 7.900 trabajadores, de los cuales sólo alrededor de 5.000 están cubriendo de manera directa o indirecta (teletrabajo) la enorme carga de trabajo a la que se enfrenta el servicio en estos días como consecuencia de la pandemia.

O sea, que centenares de miles de trabajadores viven estos días la incertidumbre de no saber cuándo van a cobrar, una situación de indefensión a la que el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez no parece dispuesto a dar respuesta. Unos tirarán de ahorros y los que no los tengan tendrán que buscarse la vida. Este Ejecutivo que presume de no dejar a nadie tirado no ofrece más solución que esperar. Ya se sabe: la habitual eficacia de la izquierda.

Que alguien me lo explique
Jesús Laínz Libertad Digital 4 Abril 2020

¿Será que la reclusión está recalentándome las meninges? Porque nunca he prestado atención a ninguna teoría conspirativa, convencido como estoy de que en los hechos humanos suele pesar mucho más la estupidez que la maldad: Ernst Stavro Blofeld y Fu Manchú se los dejo a las películas, pero ZP, por poner un ejemplo eminente, es de carne y hueso. O quizá sea que, por ser de letras, mi ignorancia científica es mucho mayor de lo que suponía, pero el caso es que en este espanto del coronavirus hay demasiadas cosas que no comprendo. Por eso ruego desde aquí que alguna voz autorizada arroje un poco de luz sobre mi oscuridad.

Hace exactamente un siglo la gripe española –de tan erróneo nombre– mató a cincuenta millones de personas de toda edad y condición en todo el mundo, pero éste no se paró. En España fueron 200.000. De momento (31 de marzo), el coronavirus ha provocado 43.000 muertos en todo el mundo, 9.000 de ellos en España. El 0,08% de la gripe de 1918. Pero el mundo se ha parado. ¿Cambiarían mucho estas cifras en el caso de que no se hubiese recluido en sus casas a casi todo el planeta? ¿Estaríamos en la senda de llegar a esos cincuenta millones? Es cierto que aquella pandemia duró dos años, frente a los tres meses que lleva la actual, pero aun así la transposición de aquellos datos implicaría que en estos tres meses tendrían que haber muerto seis millones de personas. Evidentemente, los números no alivian el dolor de los afectados ni la saturación de los hospitales, pero sí reflejan la extensión y gravedad de los problemas, aunque solamente sea desde la gélida perspectiva de la estadística. Lo que sí parece claro es que en estos últimos cien años la Humanidad se ha acostumbrado a los hospitales, los antibióticos y las vacunas, y olvidado que los cataclismos, los accidentes, la enfermedad y la muerte son inevitables. La vida es una cosa muy peligrosa: está continuamente intentando matarnos. Y siempre acaba saliéndose con la suya.

Continuando con cifras, y dando por supuesto que el virus no entiende de fronteras, gobiernos, naciones ni razas, hay demasiados hechos desconcertantes. Por ejemplo, el de que en China, con 1.400 millones de habitantes, haya habido muchos menos muertos que en Italia o España, con 60 y 47 millones respectivamente. ¿Cómo es posible que en Pekín, ciudad de 22 millones de habitantes, haya habido solamente 580 casos y ocho muertos? ¿Y en Shanghái, de 23 millones, 516 casos y seis muertos? ¿Cómo es posible que en la provincia de Madrid, con seis millones y medio de habitantes, hayan muerto por el momento 3.800 personas, más que en toda China? ¿Será que la sanidad española es pésima y que los españoles hemos desobedecido la orden de confinamiento? Todos sabemos que no es así. ¿Cómo es posible que en USA, país de 326 millones de habitantes, menos de la cuarta parte de China, se hayan declarado más del doble de casos y estén aumentando a gran velocidad? Una posible explicación sería la densidad: cuanta más concentración de personas, más posibilidades de contagio. Pero aquí también los hechos apuntan a lo contrario: la densidad china es cuatro veces mayor que la estadounidense: 140 hab./km2 frente a 33. ¿Qué pasa, entonces? ¿Será que la higiene privada y pública de los americanos es muy inferior a la de los chinos? ¿Será que escupen más, se lavan menos y se tosen más los unos a los otros? ¿O acaso habrá que prestar atención a las pocas voces que, saltando a duras penas la censura china, denuncian que, vista la cantidad de ataúdes y urnas funerarias que han circulado y siguen circulando por Wuhan, los 2.480 muertos reconocidos en el epicentro de la epidemia deberían multiplicarse al menos por veinte? Por no hablar de Corea del Norte, cuyo paralelo 38 parece haberse demostrado infranqueable hasta para los virus. Y, saltando la frontera, ahí está una India cuyos 1.370 millones de habitantes están demostrándose singularmente inmunes: 1.600 contagiados y 45 muertos, menos que cualquier provincia pequeña española. ¿Será que la India, cuya densidad, por cierto, es casi el triple que la china, disfruta de un sistema hospitalario y unas condiciones higiénicas muy superiores a las de Europa? En cuanto a África, ¿cómo es posible que el virus parezca no haber pasado por allí? ¿Será que los amarillos y los negros se contagian menos que los blancos? ¿Y cómo es posible que China se haya estabilizado en los 82.000 contagiados desde hace semanas? Podría comprenderse si siguieran encerrados 1.400 millones de personas, pero es evidente que no es así y que hasta la muy confinada Wuhan está comenzando a volver a la normalidad. Hay demasiadas cosas que no encajan.

Y las incógnitas numéricas continúan en suelo europeo. ¿Cómo es posible que Rusia, con sus 146 millones de habitantes, solamente haya sufrido 2.700 casos y 24 muertes? ¿Tan desconectada está del resto del mundo? ¿Tan eficaz y previsor ha sido su aislamiento? Y, sobre todo, ¿cómo es posible la baja mortalidad alemana? Con el 70% de los casos de Italia, sólo han sufrido el 5% de fallecimientos. Con el triple de casos que Gran Bretaña, sus fallecidos son un tercio de los británicos. ¿De dónde viene diferencia tan incomprensible? ¿De la sanidad? ¿De la sociedad? ¿De la contabilidad?

Pero abandonemos los números y vengámonos a los efectos de la pandemia, aparte de que estos números habrán quedado obsoletos en tres o cuatro días, aumentando todavía más estos contrastes inexplicables. Habría que empezar por reflexionar sobre su origen en la ciudad china donde se ubica un importante instituto de virología que ya tuvo que lidiar con extraños virus hace pocos años. ¿Casualidad o causalidad? Aunque tampoco hace falta obcecarse con una conspiración, ya que una fuga accidental o un error humano serían suficientes.

Lo más importante, sin embargo, son las consecuencias, puesto que la situación actual no se puede prolongar demasiado, salvo que todos los habitantes de este planeta nos pongamos de acuerdo en evitar morir de neumonía para morirnos de hambre. Por otro lado, ni siquiera está claro que el virus vaya a remitir con el verano, pues no todos los virus son iguales y éste no tiene por qué comportarse como el de la gripe. ¿Seguiremos encerrados durante meses o años? Además, si el virus se contagia tan fácilmente, quizá sea tan solo cuestión de meses, o a lo sumo de unos pocos años, que todos los terrícolas entremos en contacto con él. No se le pueden poner puertas al campo. Un nuevo virus ha saltado a los humanos y en los humanos se va a quedar hasta el fin de los tiempos, como todos los demás. Ya lo avisó Pasteur: "Los microbios tendrán la última palabra".

Está claro, y nadie en su sano juicio lo puede discutir, que lo urgente es frenar el contagio masivo para evitar el colapso de los sistemas sanitarios de todo el mundo, con las terribles consecuencias que ello implicaría y que ya han empezado a sufrirse. Pero, una vez parado el primer embate y ganado tiempo para aumentar los medios sanitarios y para intentar conseguir la vacuna que impida la enfermedad o los antivirales que la atenúen, el mundo entero tiene que regresar a la normalidad aunque ello implique afrontar riesgos. No cabe otra opción. Y cuanto antes, mejor.

La guerra de la propaganda
Emilio Campmany Libertad Digital 4 Abril 2020

El alcance de la catástrofe es de tal magnitud, el frío número de fallecidos es tan abultado, que el Gobierno se ha dado cuenta de que no es posible ya excusar su responsabilidad en unos innominados expertos. No sólo, sino que, aunque fuera verdad que las "autoridades sanitarias" aconsejaron no hacer nada, cosa que es falsa, la gestión posterior ha sido tan torpe, la unificación del mando tan ineficaz, las medidas económicas tan ideologizadas, que el ajuste de cuentas para cuando todo esto termine se antoja inevitable. La carencia de tests rápidos fiables tras dos semanas y media de confinamiento; el tener que admitir que el Gobierno ha sido timado en dos ocasiones por el mismo embaucador, que hace falta ser primo; la probabilidad, dado que se oculta su nombre, de que el conseguidor sea alguien con contactos políticos y de que hayan sido precisamente esos contactos los que hicieron que se acudiera a él en dos ocasiones hace que no basten la falsificación de la estadística, las burdas mentiras, las arteras medias verdades, la ocultación de datos, las ruedas de prensa amañadas, las lágrimas de cocodrilo, las apelaciones al patriotismo o los disfraces de estadista. Las violaciones legales y constitucionales son tan groseras, el aluvión de demandas, querellas y denuncias que se avecina es de tal dimensión, que no basta ya redactar apresuradamente obtusos decretos que incluyen indisimuladas requisas, incautaciones y apropiaciones. La inepcia y los atropellos consiguientes son de tales proporciones y las consecuencias tan graves que parece imposible que el Gobierno pueda sobrevivir a esta calamidad.

Y, sin embargo, lo va a intentar. Con todas sus fuerzas. ¿Qué futuro le cabe si no a Pedro Sánchez? Naturalmente, es imposible salir vivo con la verdad por lo que tendrá que hacerlo con la mentira. La estrategia ya no es el "nadie me dijo nada". Eso ya no cuela. Y, aunque colara, no bastaría. Hay que echarle la culpa a alguien. Y ese alguien no puede ser otro que la derecha. Cuando pasa algo malo mientras gobierna ésta, la culpa es de quien gobierna. Pero si pasa cuando gobiernan los socialistas es por culpa de que alguna vez gobernó la derecha. El plan consiste ahora en responsabilizar a los inexistentes recortes de la época del PP, al neoconservadurismo, al ultraliberalismo, aunque se cuiden mucho, por ahora, de nombrar a la muy socialdemócrata Unión Europea, responsable última de la supuesta austeridad que en su día se impuso. Como si la España que Sánchez heredó fuera el paraíso del capitalismo y no el infierno socialdemócrata que es desde que Felipe González llegó al poder en 1982 y que se implantó durante los veintitantos años de Gobierno del PSOE, sin que el PP quisiera o supiera desmontarlo durante los quince que ocupó la Moncloa.

Sánchez achacará la culpa de los miles de muertos que por desgracia se va a llevar la guadaña del virus a Rajoy. El gallego es responsable de muchas cosas. Entre otras, lo es de que los socialistas tengan en sus puños el noventa por ciento de los medios de comunicación, lo que les permitirá emprender la terrible campaña de propaganda que nos espera. Pero, en lo del virus, Rajoy no tiene ninguna culpa. Del desastre añadido que para España está siendo esta pandemia mundial sólo hay un causante y se llama Pedro Sánchez Pérez-Castejón. A ver qué tele lo dice.

Muertos de segunda
Segundo Sanz okdiario 4 Abril 2020

Hemos tenido que llegar a los 10.000 muertos por coronavirus y a más de 100.000 contagios confirmados para ver en las televisiones y en la prensa un atisbo de la dimensión real de la tragedia. La imagen de hileras de féretros en un parking subterráneo de Collserola (Barcelona) convertido en un tanatorio de campaña llegó a las redacciones por un bragado fotoperiodista de la agencia Efe que retrató para el mundo entero la sacudida de esta tragedia sanitaria en España. «Impresiona y entristece, a la vez», comentó.

Sin embargo, este ejercicio de libertad de información, dramático, pero realista, ha sido una excepción desde que el maldito virus empezó a segar vidas masivamente hace ya algunas semanas. Las imágenes que nos ha metido hasta la sopa han sido las de calles vacías, puertas de hospitales, dispositivos de fuerzas de seguridad y del Ejército, hospitales de campaña, balcones de caceroladas y mucho primer plano de un Pedro Sánchez de extenuantes comparecencias con tal de salvar su cabellera política. Aunque las encuestas ya revelan cómo su imagen está cayendo en picado. En cambio y a diferencia de lo ocurrido en Italia, de las negligencias en residencias de ancianos, de las UCI saturadas, de los héroes sanitarios en plena trinchera, de las improvisadas morgues de hielo y de los entierros en soledad, no nos han mostrado la más cruda y triste página de la España moderna tras la Guerra Civil. No es morbosidad sacar a la luz esas duras imágenes, sino duelo, respeto, condolencias, concepción del alcance de una enfermedad infecciosa que puede golpearnos si no cumplimos las normas. ¿Por qué no podemos llorar juntos? ¿Por qué no podemos llorar a nuestros mayores? ¿Acaso son muertos de segunda?

La cuestión está en que este Gobierno de pasarela se está aprovechando de la terrible circunstancia por la que atraviesa el país para imponer una mordaza que abra paso a su ideario socialcomunista. Mientras mueren cerca de 1.000 personas al día, que nos relatan más como cifras que como difuntos, y mientras se dispara el paro, el Doctor Cum Fraude —algún día sabremos si tapó su posible positivo— va dejando a los populistas de Iglesias desplegar su agenda bolivariana. Ya se lo dijo Rajoy al Vendeobreros de Galapagar. Los pablenin campan a sus anchas en el «cuanto peor, mejor». Y es ahí, en un escenario de falta de libertades, suspendidas por el estado de alarma, donde la extrema izquierda, el sanchismo y sus terminales mediáticas se afanan en que la crudeza de tantas almas perdidas no sea visible. No vaya a ser que el chiringuito se les venga abajo. Los mismos que gestaron aquel Pásalo del 13-M son hoy cómplices de las mentiras y la ocultación. Nos están robando el luto.

España está de luto y no para las fiestas de Sánchez
OKDIARIO 4 Abril 2020

Es posiblemente el presidente de Gobierno más vanidoso y petulante de la historia de España. Ni en una circunstancia excepcional como la que atraviesa España, con casi once mil muertos, Pedro Sánchez deja de aprovechar cualquier oportunidad para la propaganda. Los españoles, en cuarentena y confinados en casa, y el jefe del Ejecutivo -que por razones obvias debería permanecer aislado- haciéndose fotos en una fábrica de respiradores, pese a que en su entorno hay un importante brote de contagio que afecta a varios escoltas y a su médico personal. Sólo le acompañaron los cámaras de su equipo en Moncloa, pues el resto de los medios privados y públicos fueron vetados.

Para que Sánchez pudiera hacerse la foto, lo que ha obligado a la empresa a alterar su rutina habitual durante una hora afectando a la producción de respiradores, se movilizaron una veintena de personas entre escoltas, médicos y asesores del jefe del Ejecutivo. Toda una corte deambulando por las instalaciones de una fábrica buscando el mejor lugar para inmortalizar el momento en que el jefe del Ejecutivo tuviera a bien mostrarse ante las cámaras. Impresentable.

España no está para los actos propagandísticos de Pedro Sánchez, que parece carecer de la más mínima sensibilidad para entender que no es momento para estrategias de marketing electoral. Menos fiestas y más trabajar. Y con mayor eficacia, porque hasta el momento la gestión del Gobierno socialcomunista es un canto a la incompetencia. España está de luto, hay miles de familias rotas por el dolor, mientras la sociedad está dando un ejemplo de arrojo y solidaridad ante la adversidad. Y Pedro Sánchez comportándose como un fatuo. Corriendo a hacerse una foto con su equipo, sin periodistas, sin nadie que pudiera reprocharle su actitud.

Si Sánchez piensa que con actos propagandísticos como este va a ganarse la confianza de la sociedad española, se equivoca. Lo que España demanda en estas horas críticas es capacidad y liderazgo. Lo que no ha demostrado Pedro Sánchez. Más bien todo lo contrario. La incompetencia del Gobierno socialcomunista no se arregla con visitas publicitarias.

Hay ausencias que matan
OKDIARIO 4 Abril 2020

La información que publica OKDIARIO resume a la perfección el estado del Gobierno socialcomunista. El equipo de Pedro Sánchez está tan perdido que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, no estuvo presente en la cumbre que la OMS celebró durante la segunda semana del mes de febrero para abordar la adopción de medidas para hacer frente al coronavirus a nivel mundial. A ella acudieron 400 autoridades y expertos de todo el mundo. La excusa es que estaba en España, precisamente a causa del coronavirus, pero su agenda revela que el 11 y el 12 de febrero, primer y segundo días de la cumbre, se encontraba en el Congreso de los Diputados. Ese día viajó por la tarde a visitar el Clinic de Barcelona.

Durante esos dos días el foro del coronavirus debatió diferentes áreas de investigación, como la identificación del origen del virus o el intercambio de muestras biológicas y de datos sobre secuencias genéticas. De la reunión salió un programa mundial de investigación sobre el Covid-19 en el que se fijaron prioridades y marcos de actuación. Illa no estuvo y, en consecuencia, no pudo enterarse de que el coronavirus fue calificado como «una amenaza muy grave para todo el mundo» cuya «vacuna se tardarán 18 meses en desarrollar».

La ausencia de Illa es la metáfora perfecta del descontrol que exhibe el Ejecutivo socialcomunista. Ahora se entiende todo: la OMS organiza un foro mundial para establecer los criterios para combatir la pandemia y el ministro de Sanidad del Gobierno de España excusa su presencia. Es una muestra más del grado de incapacidad de un gabinete que llegó tarde y cuando lo hizo se ha mostrado superado por los acontecimientos. Lo de Illa roza el esperpento, aunque sería injusto descargar sobre sus hombros toda la responsabilidad. El culpable es Pedro Sánchez, que mientras el mundo se preparaba para hacer frente al coronavirus se dedicaba a darse arrumacos con el golpismo catalán y a preparar la gran fiesta del feminismo. Ese 8-M que se convirtió en un gigantesco foco de contagio.

El Gobierno de las prohibiciones y del desastre
Ignacio del Río republica 4 Abril 2020

No hay nada mas cierto que la aritmética. España en su día 32,5 contabiliza 117.710 casos de coronavirus. Italia en su día 33, sumaba 80.589. Por tanto, España lleva una velocidad de contagios que crece a un ritmo de mas del 45% que el crecimiento de los italianos. Y si computamos los fallecidos por el virus en España el mismo día 32,5 hemos alcanzado la cifra de 10.935 cuando en Italia a la misma fecha estaban en 8.215 muertos con un diferencial de un 34% mas en nuestro negro casillero. Números fríos y datos que puede consultar en el diario El País.

Detrás de cada uno de ellos hay nombres e historias de la vida, familias y amigos, amores y recuerdos.

¡Como este país nuestro puede tener el veinte por ciento de los muertos en todo el mundo y el veinticinco por ciento de los fallecidos en Europa, con una población de 47 millones de habitantes que no llega al 6,5% de la población de Europa!

Y todavía oímos a la sustituta de Fernando Simón en la diaria rueda de prensa -que ahora nos recomienda mascarillas- que no hay un recuento correcto de los ingresos en las UCI ya que la Comunidad de Madrid da uno datos acumulados.

Algunos pronosticaban hace algunas semanas que llegaríamos a los 15.000 fallecidos, una cifra que causaba espanto. Desgraciadamente a este ritmo nos aproximaremos a los 25.000.

Imprevisión, incompetencia, desinformación, desorganización y manifiesta incapacidad para dirigir este país del gobierno con mas vicepresidentes y mas ministros de nuestra democracia que se ufanaba de que todo había cambiado desde su llegada. El gobierno de la liga de las estrellas, retomando la senda y la herencia que dejo Zapatero que un día de mayo de 2010, abrumado por la realidad, hizo fú y desapareció.

¿Será que este país nuestro, sufrido y estoico tiene una maldición que se repite en forma de Gobierno que no sitúa cada diez años al borde del precipicio que nos asoma a la sima del desastre?

Y en nuestra arquitectura constitucional, los derechos y libertades prohibidos, restringidos o simplemente anulados. Con el Congreso de los Diputados sustituido por las ruedas de prensa con preguntas previamente amañadas para desarrollar el guion de las comparecencias del presidente del Gobierno.

Se ha sustituido el control democrático por la propaganda gubernamental que nos regala diariamente el parte de TVE que cierra su edición con la noticia de los aplausos a una enferma extubada y con una actuación musical para subir la moral al pueblo, de igual manera que en la dictadura se cerraba con los coros y danzas.

Un estado da alarma que está regulado por la Ley 4/1981 y que en sus artículos 6, 8 y 11 delimita su aplicación y efectos, siempre vinculado a la protección de personas, bienes y lugares.

La autorización de prorroga que otorga el Congreso de los Diputados puede establecer el alcance y las condiciones vigentes durante la prórroga. Y así debe hacerlo la oposición. Por tanto, no es un cheque en blanco para el Gobierno que lo está utilizando como una habilitación genérica para suspender derechos y libertades constitucionales y dejar en suspenso los demás poderes del Estado.

El Gobierno tiene ademas la obligación de dar al Congreso la información que le requiera, lo que no está haciendo al amparo de los reales decreto ley -vamos por el número 11 en tres meses- que está aprobando en Consejo de Ministros.

Y el estado de alarma tiene un contenido propio que recoge su artículo 11 que le permite limitar, no suprimir, intervenir transitoriamente, no con vocación de permanencia y en definitiva actuar con proporcionalidad y sin desbordar el fin y el contenido propio, como está haciendo el Gobierno en una deriva hacia el estado de excepción.

Es significativo que las dos veces que se ha declarado el estado de alarma en la España constitucional lo ha sido por el PSOE, en septiembre de 2010 por la huelga de los controladores -recuerdan a Pepiño Blanco- y ahora el 13 de marzo por la epidemia del coronavirus.

¿Se imaginan lo que hubiera dicho la izquierda política y mediática si el Partido Popular hubiera declarado el estado de alarma durante alguno de sus gobiernos?

Al Gobierno progresista se le nota cómodo con el estado de alarma, gobernando por Decreto ley y con el país atemorizado con las ruedas de prensa del doctor Frankestein Illa y de su asistente Igor Simón.

Lo último el control de los móviles. Cuidado que así empiezan las dictaduras.

Las TV privadas se dejan comprar. La prensa libre, amordazada
Miguel Massanet diariosigloxxi 4 Abril 2020

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”. George Owell

La prueba de que estamos a las puertas de una involución hacia prácticas políticas de tipo totalitario y antidemocrático, la estamos empezado a tener en las últimas actuaciones del Gobierno, en las que se evidencia la influencia de Podemos, los comunistas bolivarianos, en lo que a dogmatismo y absolutismo se refiere, evidenciado en los obstáculos, impedimentos, intentos de silenciar la verdad, chantajes, censuras etc., que por parte de los poderes públicos se está ejerciendo contra la libertad de la prensa a informar, sin cortapisas, de todo lo que está sucediendo en el país, aunque lo que se denuncie sea del poco agrado de los que nos gobiernan.

Una cosa es predicar y la otra dar trigo dice el refrán y, sobre este tema, seguro que los que nos gobiernan nos podrían dar lecciones. Utilizan la técnica de bombardearnos a todas horas, por todos los medios a su alcance, invadiendo las pantallas de las TV y utilizando la mayoría de medios de comunicación a los que han venido subvencionando, para machacarnos con adoctrinamientos, falsas noticias, verdades fabricadas, estadísticas inventadas, informaciones amañadas y propaganda subversiva, todo ello con el propósito de ocultarnos a los ciudadanos todas aquellas cuestiones relacionadas con la epidemia del coronavirus y sus gravísimas consecuencias y, todo ello, con la intención manifiesta de evadir sus responsabilidades, que son muchas y graves, camuflar su tardanza en reaccionar, a pesar de las serias advertencias que el gobierno recibió tanto de los partidos de la oposición como desde la comunidad científica de toda Europa; aunque hubiera bastado, para encender la alarma, ver lo que ha estado sucediendo en Italia y las consecuencias desastrosas que, para aquella nación, ha tenido el no estar preparados convenientemente para enfrentarse a la pandemia.

Saben que la mala gestión, la improvisación, el retardo, los intentos absurdos de retrasar las informaciones y la alerta a los ciudadanos, intentando evitar la consiguiente alarma, les van a reportar un grave desgaste. Son muchos miles de muertos, por encima de los 9.000 (y los que van a venir) y los contagiados (por encima de los 100.000) para que, en la memoria de los ciudadanos no quede almacenada la idea de que, el gobierno de los socialistas y comunistas, ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias. Sin duda alguna, van a apelar a todos los medios, trucos, mentiras, falsedades y cuantos argumentos les puedan favorecer para que, cuando se consiga detener la epidemia que nos azota, venderles a los españoles, como ya lo vienen haciendo con la crisis del 2008 (durante la cual estuvieron gobernando los socialistas) los recortes que el PP, cuando asumió el gobierno de la nación, tuvo que hacer para evitar tener que ser rescatados por Europa. Pero por mucho que lo intenten son demasiados los damnificados, los que han perdido a algún amigo o familiar, los que han tenido que pasar por la vergüenza de tener que estar echados en los pasillos de los hospitales mientras desde la TV se nos decía que todo estaba controlado, para que, llegado el momento no se les pida cuentas a los principales responsables de este caos sanitario.

Resulta que, según el Gobierno, no se puede ayudar a los autónomos condonándoles el pago de los impuestos que gravan su actividad, por razones de prioridad de las ayudas y, incomprensiblemente, en el momento más inoportuno y pese a que seguimos siendo azotados con todo intensidad por el Covid19, el Gobierno tiene un gesto de magnanimidad con las TV privadas, aquellas que le vienen siendo fieles ocultando sus fracasos, no sólo para ofrecerles una subvención, sino pidiéndoles que sean sus propios gestores los que hagan un cálculo de lo que precisan para salir del aprieto que les causa sus pérdidas millonarias en anunciantes ¡vaya, aquello de firmarles un cheque en blanco! Y, a la vista de la cuantía de la subvención que han sacado, no hay duda que han sabido cubrirse la espalda a costa del dinero de los españoles. Una subvención de 15.000.000 de euros, sin duda hubiera podido solucionar los problemas de muchas familias en situación precaria o hubieran dado para contratar a médicos y enfermeras de países vecinos para que vinieran a ayudar a nuestros hospitales saturados. Pero no, era preciso tapar bocas, en este caso redacciones y columnistas, para que no acusaran al Gobierno de desidia e ineptitud para afrontar la crisis sanitaria.

Pero, como suele suceder cuando un Gobierno está superado, empieza a hacer aguas por los cuatro costados y le crecen los enanos, hasta sus más fieles aliados, aquellas personas que se habían creído que, con la llegada de los socialistas, España iría mucho mejor, no pensaban que el señor Pedro Sánchez iba a traicionar a sus propios votantes aliándose con los comunistas de Podemos, introduciendo en la casa de ladrillo del cerdito sabio al propio lobo feroz, en este caso representado por el señor Iglesias que, como ya se podía esperar de una persona de sus ideas y antecedentes, no ha sido precisamente un cero a la izquierda como, seguramente, había pensado el señor Sánchez y, cuando ha tenido la oportunidad, ha fijado sus reglas con tal energía que ha conseguido eclipsar a la perla de la economía del PSOE, la señora Calviño, vicepresidenta tercera del gobierno, que ha tenido que tragar sapos mientras se veía desautorizada por su propio jefe de filas, que vendería a sus padres cuando se trata de conservar el poder.

Y han sido aquellos que han defendido al Gobierno en muchas ocasiones los que se han rebelado en contra del intento, o mejor dicho, la imposición manu militari de la censura a todos los periodistas que acudían a los actos públicos en los que, ministros y científicos, daban cuenta de la situación y los efectos de la pandemia de coronavirus, que está asolando España. Se obligaba a los periodistas a que tuvieran que presentar, previamente, las preguntas que se les hacían a los comparecientes para que fueran revisadas y censuradas por el señor Miguel Ángel Oliver, Secretario de Estado de Comunicación, quien decidía si la pregunta era oportuna o debía ser rechazada. En ningún caso se daba la oportunidad de repreguntar, aún en la circunstancia de que las autoridades a las que se les formulaba, como ha venido sucediendo regularmente, esquivasen la contestación, respondiendo lo que les daba la gana, incluso sin ceñirse al tema sobre el que habían sido inquiridos. La profesión periodística ha reaccionado indignada ante esta arbitrariedad mediante un manifiesto en el que se reclamaba el derecho a la libertad de información y a poder ejercer su profesión sin ninguna clase de censura. El efecto inmediato ha sido que no se han facilitado informaciones a todos aquellos medios que protestaron contra la censura gubernamental.

En todo caso, como ya hemos comentado en más de una ocasión, las izquierdas en este país son las que tienen copada la información, ya que un alto porcentaje de los medios de comunicación visuales, hablados y escritos, están dominados por personas, directivos, locutores y magnates pertenecientes a las izquierdas o a los separatistas, lo que apenas les deja a las derechas unos pocos medios, eso sí, importantes y manejados por excelentes periodistas de gran prestigio, que se las ven y se las desean para intentar contrarrestar el cúmulo de propaganda izquierdista y los bulos y fake news que copa el 90% de la información que se da en nuestro país.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos constatando que las reacciones que esperábamos de los partidos de la oposición no son lo suficientemente serias y agresivas para hacer mella en este gobierno de socialistas y comunistas que, por desgracia, da la sensación de que están consiguiendo ganar esta batalla en la que, se quiera aceptar o no, lo que va a suceder, si se sigue permitiendo al señor Iglesias que vaya avanzando en su programa comunista, será que, poco a poco, vamos a ir perdiendo libertades, la censura se va a hacer más estricta, el control de la vida de los ciudadanos más intenso y la intervención del Estado en la economía más directa, exclusiva y excluyente, restando a la iniciativa privada la libertad que le proporciona una economía de mercado libre regida por las leyes de la oferta y la demanda. Un ejemplo del caos al que nos pueden conducir estos señores que nos mandan, lo tenemos en el fracaso del ministerio de Sanidad en las compras que, sin experiencia ni conocimiento, hicieron a empresas de la nación China que, ni siquiera, estaban homologadas en su propia nación. Y es que, señores, “para muestra basta un botón, los demás a la camisa”.

¿Se arrepiente Sánchez de haber asumido la responsabilidad de gobernar?
“Nadie es capaz de hacerle frente a un trabajo si no se siente competente; sin embargo, muchos piensan que son capaces de controlar el más difícil de los trabajos: el gobierno” Sócrates
Miguel Massanet diariosigloxxi 4 Abril 2020

Muchos nos tememos que a estas alturas de la legislatura, inmersos en plena crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus y entrando en lo que se podría calificar como una situación ruinosa en el aspecto económico y social, debida a las consecuencias colaterales de la epidemia que nos viene azotando desde hace unos meses; la euforia con la que el señor Pedro Sánchez, después del encaje de bolillos que tuvo que hacer para conseguir la investidura como presidente del gobierno, debe haberse transformado en angustia, preocupación, arrepentimiento y desolación ante el hecho evidente de que su gobierno está haciendo aguas y que se siente inerme e incapaz de bregar con una situación que, si para cualquier buen gobernante sería difícil, para él, un simple advenedizo con ínfulas de autócrata, cuyo único y principal recurso es el engaño, la mentira, el desacreditar a sus adversarios políticos y el usar todo el poder que le da el tener al 90% de la prensa del país que lo apoya, para hacer una propaganda de tipo totalitario y subversivo en favor de un gobierno de izquierdas que, para más INRI, está condicionado y manipulado por el comunismo radical de Podemos, el partido del vicepresidente señor Pablo Iglesias, es evidentemente un imposible.

Ciertamente ni él ni nadie podrían haber previsto lo que el Destino le tenía preparado. Una epidemia como la que estamos padeciendo, que tuvo sus orígenes en la lejana república China y que, contra pronóstico, ha acabado por convertirse en una pandemia global que está azotando a medio mundo y que no hay quien se pueda atrever a pronosticar cuánto tiempo durará ni cuántos muertos le va a costar a la humanidad el tributo a pagar por ella, se sabe cuándo llega pero se ignora cuál será su expansión y su punto final. Pero, cuando una persona se postula para un puesto de tanta responsabilidad y exigencia como es el de dirigir una nación como España, se ha de esperar que tiene la capacidad, la preparación, la energía, la sangre fría y los conocimientos necesarios para poder afrontar, sin perderse en divagaciones, cualquier incidencia, por grave e inesperada que sea, con la serenidad, solvencia, valentía y energía que se precisan para poder conducir a una nación en la adversidad, luchando para conseguir el menor número de víctimas y conseguir las mejores condiciones para que la recuperación, que necesariamente se deberá emprender, sea lo menos gravosa para la nación y el pueblo español.

Ya en tiempos de Zapatero, cuando la crisis del año 2008, originada por el fraude de las hipotecas subprime en los EE.UU, llevó a toda Europa a una situación que muchas de las naciones no pudieron superar, el que ostentaba la presidencia del gobierno en España, en lugar de admitir, inmediatamente que se inició la crisis, lo peligrosa que era y tomar las medidas que, posteriormente, se hubieron de implantar; se limitó a fanfarronear diciendo que no afectaría a España y que nuestra economía estaba más boyante que la italiana, añadiendo, con una sonrisa de suficiencia, que no tardaríamos en superar a la economía francesa. Los resultados son conocidos de todos y tuvo que ser el PP, con el señor Rajoy, el que aplicó el torniquete de la contención del gasto y la limitación de beneficios sociales, para evitar que el país tuviera que acudir al rescate europeo.

Pero, desgraciadamente, los españoles somos personas de poca memoria para estas cosas y nos sentimos más proclives a hacer caso a lo que unos cuantos agitadores nos explican, lo que los derrotistas nos quieren hacer creer o lo que el rencor y el afán de revancha de muchos de los que fueron perjudicados por su militancia comunista o socialista cuando perdieron la Guerra Civil; en lugar de usar la razón, buscar la verdad, olvidarse de controversias pasadas ( han pasado más de 80 años desde que finalizó aquella contienda) y contemplar el panorama mundial y cotejando los resultados verdaderamente espeluznantes de aquellas naciones en las que el comunismo ha ejercido sobre ellas su poder omnímodo y ver los nefastos resultados que, para sus ciudadanos, se produjeron como consecuencias del tiempo que estuvieron dominados por ellos; comparado con los progresos, el mejor nivel de vida y los avances científicos de aquellas naciones democráticas que premian a sus ciudadanos por sus iniciativas, sus inventos, sus esfuerzos y conocimientos, sus logros científicos y por los resultados de una economía de libre mercado fruto de las libertades ciudadanas y del papel secundario del Estado, reducido a aquellos campos en los que la iniciativa privada no pueda llegar, nunca como un sustitutivo de ella.

Cuando escuchamos a la señora ministra de Trabajo, señora Díaz, emplear un tono de superioridad, su autobombo y actitud de condescendencia, en el transcurso de una rueda de prensa, adoptando una postura de catedrática que alecciona a sus alumnos, intentando explicar que los señores que dejan de trabajar a consecuencia de los expedientes de ERTE, como si esta figura fuera una invención suya, no se pueden considerar como parados. Lo que no fue capaz de explicar cuáles son los argumentos para diferenciar a alguien que no trabaja por los motivos que fueran no es un parado y proporcionarlos la denominación que ella estima correcto aplicar en estos casos. Lo cierto es que nos cogen ganas de bajarle los humos, de hacerle entender que España y sus leyes existían antes de que ella apareciera y que, muchos de nosotros, muchos años de que ella naciera, ya estábamos cansados de tramitar expedientes de suspensión de empleo o de despidos masivos por causas de fuerza mayor o por los problemas económicos de las empresas. Ni tantas risitas de suficiencia ni tanto desprecio por la inteligencia de los ciudadanos señora ministra están justificados. Y es que, los seres humanos, nacen, se reproducen ( si es que lo deciden así) envejecen y se mueren y, en el caso de los señores ministros puede que, con suerte, sigan en sus puestos unos pocos años y, cuando son cesados vuelven a la categoría de ciudadanos corrientes, lo que, cuando se trata de personas sensatas, honestas, conocedoras de sus limitaciones y deseosas de servir lo mejor posible a los ciudadanos, se les nota en su modestia al expresarse, su continencia en el verbo, su simplicidad en el momento de exponer sus argumentos y en la forma escueta y clara con la que se adaptan al lenguaje del pueblo, sin apabullantes tecnicismos ni excesivas citas científicas. La señora ministra debiera aplicarse a sí misma el refrán español tan conocido de “torres más altas cayeron” como una cura deseable y necesaria de humildad.

A veces, lo que sucede es que muchos personajes no saben asimilar, con modestia y llaneza, el hecho de escalar a puestos importante de la Administración, demostrando que, por muchos títulos que se tengan, hay una asignatura que no se enseña en la universidad y que no todo el mundo es capaz de aprenderla, se trata, simplemente, del savoire fair, como dicen los franceses. Es cuestión de haberlo mamado y no de haberlo aprendido.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, lo que estamos viendo que sucede en estos momentos en los que no se ve, por ninguna parte, que este virus que nos está acosando presente señales de estarse debilitando, pese a la machaconería de quienes se empeñan en ver avances en meros detalles sin importancia, es que el Ejecutivo no se está dando cuenta o, al menos, intenta aparentar de que no se entera, de que España ha entrado en barrena, en una caída libre, sin que se vea un final cercano en esta pandemia que nos acosa, cuando es evidente que siguen aumentando los contagios, siguen produciéndose muertes en cantidades preocupantes y es muy posible que haya momentos en los que, los medios para defendernos de la pandemia, sean insuficientes ante la avalancha de contagios y bajas subsiguientes, que lleguen a producir el colapso de nuestros hospitales.

Y ante una situación tan evidente y un momento en el que, desde el punto de vista sanitario, corremos el peligro de no poder atender al número de pacientes que se vayan produciendo y también, desde el punto de vista social y económico (estamos hablando de millones de parados, pese a que nuestra ministra no considera parados a los que no trabajan por estar afectados por EREs o por ERTEs), la eminente llegada de una nueva recesión económica de proporciones mayores que la que padecimos desde el 2008, parece que pese a los placebos que las autoridades pretenden colarnos, nos encontraremos ante algo inevitable. El Gobierno no tiene más que una solución, si es que quiere que España y los españoles podamos sobrevivir a la situación, extremadamente grave, por la que estamos pasando, se trata de recurrir a un pacto con la oposición, con el PP, Ciudadanos y, cómo no, con los señores de VOX para, dejándose de rivalidades políticas y de consideraciones fuera de lugar, de intereses electorales o de posturas partidistas, excluyendo al señor Iglesias y su partido de todo acuerdo e intentando agrupar voluntades, mirar por el interés de España y de los ciudadanos, y acordar aquellas medidas urgentes que mejor nos puedan conducir a garantizar el retorno a la normalidad en el menor tiempo posible. Si nos empeñamos en seguir utilizando la pandemia para fines egoístas y políticos es muy posible que el resultado final para la nación y los españoles sea catastrófico.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos cómo van pasando los días y los meses, sin que lo que se nos dice, lo que se nos avanza o lo que viene ocurriendo tenga el más mínimo parecido con lo que se nos intenta hacer creer. Puede que quienes mandan piensen que podrán engatusar al pueblo durante mucho tiempo más, pero estamos convencidos de que, en estos momentos, toda la nación está instalada sobre un volcán de descontento que amenaza con erupcionar en cualquier momento. Las consecuencias de que, el desagrado de la sociedad, llegue a un punto en el que decida no seguir aguantando, sólo tiene un beneficiario nato, el señor Pablo Iglesias y sus comunistas bolivarianos. Muchos españoles se deberían hacer la siguiente reflexión, ante una situación tan extrema como es la que estamos pasando: o se forma un gobierno de coalición del PSOE y el resto de los partidos de la oposición o se deja que la situación se vaya deteriorando hasta que el frente popular que encabeza Iglesias consiga que los descontentos exploten y nos vuelva a llevar a una situación similar a aquella en la que España se lanzó al infierno bélico. No es una broma ni un anuncio desatinado de un apocalipsis nacional, estamos ante hechos que amenazan en convertirse en futuras y graves calamidades nacionales..

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Medidas eficaces frente a propaganda nociva
José María Rotellar okdiario 4 Abril 2020

Cuando llegamos al cumplimiento de la tercera semana en la que impera el estado de alarma, con las restricciones durísimas que están vigentes, agravadas en la prórroga de dicho estado, ya se filtra de manera insistente que esto no acabará el once de abril, fecha en la que expira la ampliación concedida por el Congreso, sino que irá mucho más lejos, por lo menos otros quince días y quién sabe si no más allá.

Estas decisiones se han tomado tras no haber reaccionado rápido, en enero, ante la situación, protegiendo a los grupos de riesgo, que hubiese permitido mitigar la rapidez de los contagios y posiblemente salvar muchas vidas, especialmente de los mencionados grupos de riesgo, al tiempo que no habría que haber adoptado después unas medidas tan extremas, como prohibir la producción a una buena parte del entramado empresarial para luego incrementar la dureza y prohibir todo trabajo que no sea considerado como esencial.

Y esas decisiones, tan duras, que limitan libertades fundamentales, no terminan de explicarse técnicamente. Siempre oímos decir que un comité de expertos las propone, pero no nos han presentado estudios de dicho comité que analice el caso español y nos muestre pruebas de una correlación clara que nos diga que estas medidas permiten que la situación vaya a mejorar. Si no se hubiesen producido los contagios masivos por las manifestaciones multitudinarias permitidas, e incluso incentivadas, desde el poder ejecutivo, no se habrían saturado los servicios sanitarios y se habría podido actuar de otra manera.

¿Qué sucede ahora? Que tras sus fallos iniciales, no parece que el Gobierno vaya a atreverse a reducir las restricciones con el número de contagiados y fallecidos actuales. En lugar de tratar de conseguir realizar test rápidos masivos, para poder evitar contagios sin frenar la actividad económica, el Gobierno parece que ha tirado la toalla, tras los episodios tragicómicos de la compra de “gangas” -como dijo algún miembro del Gobierno- que resultaron inservibles, y confía todo al confinamiento. Sí, habrá menos contactos, desde luego, pero eso no garantiza que se supere la enfermedad, ni siquiera que el contagio no se extienda.

La economía no puede seguir parada mucho más tiempo, porque se desangra. Con estas medidas, se está condenando a la ruina a cientos de miles de empresas y autónomos que no tienen forma de subsistir un período largo sin ingresar y teniendo que pagar todo. Con ello, se está enviando también a la miseria a cientos de miles, incluso millones, de trabajadores por cuenta ajena, porque si estas empresas no subsisten y no vuelven a abrir nunca por haberse asfixiado económicamente, esos empleos desaparecerán para siempre.

Conmocionada como está, lógicamente, por la acumulación rapidísima de fallecimientos a causa del coronavirus, la sociedad española no es capaz de ver que si se sigue sin hacer nada vendrá una crisis económica que será incluso peor que la sanitaria, porque si el tejido productivo queda maltrecho, se producirá ese aumento atroz del desempleo. Con ello, una caída de recaudación en Sociedades, IRPF, IVA y Cotizaciones a la Seguridad Social, y un aumento del gasto por prestaciones por desempleo. Las pensiones serán sostenidas cada vez por menos cotizantes, con lo que el riesgo de su colapso se podría anticipar. Así, con la presión del gasto de prestaciones por desempleo y la caída de ingresos, si no hay recuperación rápida habrá que bajar el gasto en el resto de partidas, incluida la de sanidad.

Tendremos entonces, ojalá que no se cumpla, el drama social de millones de desempleados sin ahorros para resistir, porque los gastaron en la anterior crisis económica, y una sanidad que no podrá mantener el nivel de excelencia actual, porque no nos lo podremos permitir ante el empobrecimiento que se vislumbra y, con ello, se podrá atender peor, que puede traducirse en un incremento de la tasa de mortalidad por todo tipo de enfermedades.

Por eso, como bien decía en una entrevista el Dr. Antoni Trilla, jefe de epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, hay que medir mucho las decisiones que se toman, porque la recesión puede tener peores consecuencias sociales que la epidemia.

El Gobierno debería estudiar, sin prejuicios, fórmulas más efectivas y eficientes para combatir la pandemia y lograr mantener la actividad productiva. Sé perfectamente, porque lo he vivido, que un alto cargo de una administración tiene que tomar decisiones muy complicadas, cuyas alternativas no son de fácil elección, y que vive la soledad de la última decisión o de elevar esa última decisión. Es duro, pero va en el cargo, que debe ser de servicio público. El Gobierno no puede seguir enrocado en posiciones que no consiguen resultados y que nos llevan a la ruina, por mucho que cada semana, a cada instante, nos lo envuelvan con palabras de ánimo, de resistencia conjunta, de almíbar. No, esta doble crisis se resuelve con determinación y firmeza, con explicaciones y medidas que permitan combatir ambas derivas de la enfermedad -la sanitaria y la económica-. Para ello, debe realizar pruebas que permitan aislar la enfermedad de una vez por todas, y, al tiempo, que permitan reabrir la economía, dotando, paralelamente, de liquidez real e ilimitada, no de fuegos de artificio para venta política, a las empresas, pymes y autónomos, a los que además debe condonarles impuestos y cotizaciones mientras duren las restricciones. Nos jugamos la economía y la sociedad, y no es momento, por tanto, de que nadie haga política, sino de que se adopten actuaciones que den resultado y eviten también la ruina, cosa no lograda hasta ahora. Todavía estamos a tiempo de conseguirlo.

Las Fuerzas Armadas en su sitio
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 4 Abril 2020

Ahora los ayuntamientos abandonados por la Generalitat, incluidos muchos con alcaldes secesionistas, les imploran ayuda y las reciben con los brazos abiertos.

La Generalitat de Cataluña publica regularmente anuncios de una página en La Vanguardia con consignas y consejos que buscan cohesionar y aleccionar a la población para la prevención del Covid-19. Estos anuncios, presuntamente dirigidos a "7,5 millons de futurs", están redactados, incluso en la edición en lengua española del diario, únicamente en catalán. Los cabecillas de la satrapía tribal practican la discriminación virulenta de la mayoría castellanohablante de la región hasta el extremo de negarle el derecho a compartir la información dispensada a sus vecinos para la preservación de la salud y la vida. Como si su fin último consistiera en compincharse con el virus para barrer del territorio mediante un contagio selectivo a quienes Quim Torra tildó de "bestias con forma humana".

Confinamiento lingüístico
Guiados por sus instintos irracionales de matriz racista, estos neandertales no entienden que en nuestra sociedad plural, multiétnica y cosmopolita es imposible crear una casta de privilegiados inmunes y otra de parias aislados de sus congéneres. El contagio selectivo no existe. Por eso la pedagogía sanitaria debe impartirse en la lengua mayoritaria o, mejor dicho, en la lengua común, que es también la que entienden, conocen y saben hablar los renegados de su nacionalidad de origen. Y la Plataforma per la Llengua no hace más que dar una prueba de la estulticia de los hispanófobos cuando eleva su voz de protesta porque España desarrolla su campaña de divulgación contra el coronavirus… ¡en español!

El confinamiento lingüístico de la campaña publicitaria de la Generalitat –que imitan, servilmente, la Diputación y el Ayuntamiento de Barcelona– es una muestra en miniatura de lo que los timadores supremacistas catalanes han convertido en su nuevo banderín de enganche para incautos. Su sueño húmedo (burda pero ilustrativa traducción del inglés wet dream, polución nocturna) consiste en levantar fronteras y clausurar puertos, aeropuertos y estaciones de ferrocarril, no para neutralizar el virus, sino para evitar que entre lo que ellos consideran la contaminación civilizadora, y así poder seguir disfrutando de la hegemonía feudal.

Llegó la realidad
Hasta que llegó la realidad y mandó parar. La olla podrida de la sedición hierve a fuego lento en la trastienda mientras sus cocineros buscan ingredientes locales o foráneos para futuros menjunjes venenosos. Los vándalos que arrasaban Cataluña ya no son dueños de las calles: ni siquiera las pisan porque salir de la caverna para ir a colaborar como voluntarios en hospitales y residencias de ancianos es más peligroso que incendiar contenedores o escrachar jueces o políticos. Y los parásitos que despilfarran los fondos hurtados a la sanidad pública en embajadas apócrifas repartidas por el mundo se limitan a retransmitir los mensajes de odio contra España que les envían sus patrones.

Quienes están en las calles son el personal sanitario que se juega la vida en la guerra contra la pandemia y los profesionales y trabajadores que afrontan los riesgos del contagio para que los motores de la sociedad sigan funcionando. Y las Fuerzas Armadas y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que cumplen con el deber que les encomienda el artículo 8.2 de la Constitución:

Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Aquí están las Fuerzas Armadas
Ah, las Fuerzas Armadas. Ada Colau no quería verlas en el Salón de la Enseñanza y el Rufián de Esquerra Republicana despegaba del estercolero de su paleoencéfalo los exabruptos con que las bombardeaba. No había espacio para ellas en la repúblika mostrenca de los sediciosos ni en el mosaico plurinacional del sanchismo-comunismo.

Ahora los ayuntamientos abandonados por la Generalitat, incluidos muchos con alcaldes secesionistas, les imploran ayuda y las reciben con los brazos abiertos cuando llegan para desinfectar hospitales, residencias de ancianos y lugares de uso público. Lo que ocupan las estigmatizadas "fuerzas de ocupación" no es una repúblika de pacotilla, sino puestos de trabajo para construir hospitales de campaña en la Fira de Barcelona y Sabadell (donde los bárbaros de la Generalitat obligaron a desmontarlo con pretextos estéticos), porque las huestes de salvapatrias están ausentes, mirándose el ombligo en la segunda residencia de sus padres. Y los listillos que se burlaban del Piolín amarrado en el puerto de Barcelona para alojar a los policías encargados de sofocar el golpe del 1-O tendrán que dar muestras de gratitud si ahora fondea uno de los cinco barcos que la Armada ha destinado a tareas sanitarias.

Aquí están las Fuerzas Armadas. Pilar Díez puso negro sobre blanco (LD, 31/3) lo que muchos pensábamos e insinuábamos pero no nos atrevíamos a escribir sin tapujos:
Solo nos quedan el Rey y el Ejército para devolver la democracia a España. Es su deber constitucional.

¿Generalitat asesina?
María Jesús Hernández Elvira cronicaglobal 4 Abril 2020

Estos días hemos podido leer el “manifiesto” de “recomendaciones” que hacía la Generalitat de Cataluña a los sanitarios. Recomendaciones --en sus propias palabras-- para el soporte de las decisiones de limitación de esfuerzos terapéuticos (LET), para pacientes con sospecha de COVID-19 e insuficiencia respiratoria aguda. ¿Y adivine qué recomiendan? ¿Que se les asista y se les ofrezca el mejor tratamiento para salvar su vida? No. Sólo que se les proporcione asistencia a aquellos pacientes que más se puedan beneficiar, por su edad, y, por supuesto, evitar el ingreso de pacientes que tengan patologías respiratorias por el COVID-19 u otras que condicionen su estado y evitar “el fenómeno que el primero que llega primero ingresa”, eso sí, no sin antes plantearle al paciente los beneficios de quedarse en casa y ocultarle que no hay medicamentos para todos, pues al parecer no los hay.

Lamentablemente el inhabilitado President Torra está tan familiarizado con el delito que parece buscar constantemente instalarse en el mismo; ya sea desobedeciendo a las resoluciones de los Tribunales, de la JUR, cortando autopistas, exhortando a los radicales o induciendo a los sanitarios a que cometan delitos. Quizás porque lleva a la extenuación aquel dicho de que “la familia que delinque unida, permanece unida” ¿O era la que come unida?

En todo caso, President, olvida, o no, que el Código Penal prevé en su artículo 195 el llamado delito de omisión del deber de socorro. Delito que se produce cuando alguien observa que otra persona está ante una situación de peligro y, o bien no la auxilia, o bien no solicita ayuda de un tercero que pueda hacerlo, si el que lo presencia no está en disposición de ello. Se trata de un delito que se comente por omisión, es decir, por mera inactividad, en este caso, el dejar de ayudar y que puede ser cometido por cualquier persona, si bien el art 196 del mismo texto legal, contiene una previsión expresa para los profesionales obligados a prestar asistencia sanitaria que merece, como no puede ser de otra forma, un mayor reproche penal.

Las conductas descritas conllevan importantes multas e inhabilitación profesional, amén de la preceptiva responsabilidad civil, y eso es lo que a la Generalitat de Catalunya se le ha ocurrido pedir a nuestros sanitarios: ¡que cometan delitos! Por suerte nuestros sanitarios están actuando de espaldas a los políticos y están haciendo aquello para lo que por vocación están preparados, y es que admirable e incansablemente se están dejando la piel por atendernos a todos nosotros, sea cual fuere nuestra edad y esperanza de vida, como debe ser, pues todos vemos en las noticias con enorme satisfacción como hasta gente de avanzada edad, si es debidamente tratada, supera el coronavirus.

Por su parte, la Generalitat de Catalunya, pese a tener trasferida la competencia de sanidad desde el año 1981, a la luz de los casos de China y de Italia, no ha actuado como sería deseable siendo previsora e invirtiendo en medios, prefiriendo inducir a la comisión de delitos. Recordemos que los recortes en materia de sanidad han sido denunciados desde hace tiempo por los sanitarios de Cataluña, sin que se les haga caso alguno. Hecho que no ha impedido al President y sus acompañantes de gobierno, destinar una nada desdeñable partida presupuestaria -de todos los catalanes- a la mansión de Waterloo, la apertura y mantenimiento de embajadas catalanas y otros despropósitos similares.

Todos tenemos todavía en la retina las primeras declaraciones de la Sra Vergés, Consejera de Sanidad de la Generalitat, cuando el 14 de febrero decía que “en ningún caso estábamos ni estamos en ninguna alarma sanitaria. Y menos aquí. No tenemos ningún riesgo”. Volvemos a las andadas, a la técnica de la desinformación deliberada y sesgada.

Pero la realidad es tozuda, y esto les pasará factura, porque lo cierto es que, a día de hoy, la Comunidad Autónoma de Cataluña supera a la Comunidad Autónoma de Madrid en incremento porcentual de casos diagnosticados, fallecidos y déficit de UCIs, y los miembros de la Generalitat de Catalunya con el President Torra al frente son los principales responsables de lo que está sucediendo en nuestra Comunidad que es un lamentable incremento de fallecidos por coronavirus a raíz de una imperdonable dejación de responsabilidad.
Amén.


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