AGLI Recortes de Prensa   Domingo 5  Abril  2020

Un Estado de Alarma permanente, una Oposición permanentemente asustada
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  5 Abril 2020

En su última comparecencia soviética, que ha motivado el plantón de los medios de comunicación menos deudores o menos identificados con el Poder socialcomunista, el copresidente coronavírico Sánchez -el político es Iglesias- anunció ayer un Estado de Alarma permanente, podría decirse en funciones, como cuando prometió en la moción de censura que convocaría elecciones en un plazo máximo de tres meses, se tiró casi un año y, si no se carga los Presupuestos ERC, aún seguiría en funciones okupando el Falcon.

Y esto ya no es una dictadura zarrapastrosa, es un golpe de Estado a plazos que aprovecha la terrible situación que el Gobierno ha creado con su criminal acción y su cerril incompetencia. Con 11.000 muertos, seguimos esperando que este Gobierno infame y sus infames socios pidan perdón a los ciudadanos y nos comuniquen la fecha, no en que acaba el Estado de Alarma, sino su estancia en el Poder y su paso a la protección judicial a que tienen derecho todos los imputados, por atroces que sean sus crímenes.

Una situación ilegal y ruinosa
Sin embargo, ni siquiera con la ayuda de un Poder Judicial que se empieza a oponer a este ataque permanente a la Constitución que usa como Estado de Excepción el supuesto Estado de Alarma, actuando ilegalmente en los dos ámbitos por continua chapucería, es capaz de que la Oposición se indigne un poco o lo finja y se oponga un poquitín, aunque no lo haga.

Después de diez días sin llamarlo por teléfono, El Felón comunicó al Jefe de la Oposición que seguirá desgobernando España como hasta ahora: sin plan, sin criterio y fuera de la Ley. Y Casado, que había asegurado que no votaría la prórroga del Estado de Alarma si no cambiaban los términos del cerrojazo económico que ya ha provocado dos millones de parados, se apresuró vía twitter a asegurarle su apoyo. Y en términos sonrojantes: "He recibido la llamada de Pedro Sánchez para informarme que (sic) solicitará al Congreso la prórroga del Estado de Alarma. Le he vuelto a transmitir el apoyo del Partido Popular para las medidas de contención contra el coronavirus. La lealtad y la unidad exigen eficacia y transparencia"

El verbo informar exige la preposición de, no basta que. Si hasta un gran orador como Casado no usa bien el idioma, o le escriben los tuits o está en un estado lamentable, y no sólo en lo gramatical sino en lo político. ¿De qué lealtad habla Casado? No se pude ser leal a un desleal. ¿De qué unidad, si ni siquiera la Oposición está unida y menos aún el Gobierno y sus socios, cuyo sector más abiertamente golpista acaba de presentar una moción para legalizar toda injuria al Rey, España y las Fuerzas Armadas? ¿Piensa el presidente del PP que se puede hacer Oposición sin oponerse? El Estado de Alarma incluye, como denunciamos aquí hace dos semanas, ese artículo 13 /c que permite expropiar todo a todos sin indemnizar a nadie. ¿Cómo pude aceptarse la prórroga sine die de semejante alarde comunista?

Ciudadanos, al pairo
Lo dicho para Casado vale para Arrimadas: ¿cómo puede decirse que esta crisis coge a España con un Estado mastodóntico e ineficaz, y dar a ese Estado apropiado por el Gobierno la capacidad legal de expropiar a todos? ¿Hay que hacerse la foto de una unanimidad inexistente para demostrar que se desea su existencia, en vez de combatir a un Gobierno que la desprecia? Temo que tanto el PP como C´s han decidido que la tarea de oposición ya la hacen los dirigentes que en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid se enfrentan al desastre del Gobierno (Villacís; Aguado es una calamidad).

No acaban de entender que un día que pierde la Oposición es un día que les aleja del Gobierno. No se dan cuenta de que el PSOE y Podemos ya han empezado la batalla de la propaganda culpando a todas las derechas, de la inmensa mortandad causada por su sectarismo y su incompetencia. Esa campaña es ya tan obscena como evidente, pero en el PP triunfa el estilo de Rajoy: hacerse el muerto y sentarse a esperar el fallo del contrario. Pero el contrario podría ir a la cárcel por homicidio culposo si pierde el Poder, así que harán cualquier cosa, la que sea, para conservarlo. Parece mentira que no hayan aprendido la lección del 11M. Sólo el miedo que todavía les da.

Abascal debe explicarse
Tampoco Vox ha querido explicar a sus votantes y simpatizantes el acto de fervorín y culto al Líder, sólo para militantes, en Vista Triste. No basta decir que se equivocaron sin decir quién lo hizo. Es como cuando la Izquierda dice que "asume la responsabilidad" de una fechoría, pero no dimite ningún responsable. Ya sabemos que lo es siempre el Jefe, pero al partido le ayudaría saber quiénes pueden tomar o apoyar esas decisiones que incapacitan durante un tiempo precioso para hacer la dura oposición que merece Sánchez y que Vox puede permitirse más que cualquier otro. Conocemos ahora el núcleo duro de C´s que volvió sordo y ciego a Rivera. Le vendría muy bien a Abascal identificar a los incondicionales para evitar una suerte parecida, porque a Casado le están salvando Ayuso y Almeida, pero a él, después de tontear hasta el 20 de agosto para mantener Madrid, no le salvan Ortega Smith ni Monasterio, milagrosamente salvada del virus. Eso sí: no ponerse al teléfono tras la llamada del Felón estuvo requetebién.

Oposición, sí; Inhibición, no.
Sobre todo, echa uno en falta una acción concertada de la Oposición en su conjunto, porque eso demuestra que sigue actuando sólo con criterios de partido y electoralistas, ni de Estado, ni nacionales, ni democráticos. Y no basta con criticar ese confinamiento que nos confina a todos a la ruina, hay que proponer una alternativa de mínimos, económica y social. Nada de Pactos de la Moncloa, que la mayoría no saben ni lo que fueron ni lo que significaron. Entre otras cosas malas, el poder que se dio a los sindicatos.

Lo que falta es una alternativa de Gobierno en los contenidos, que ya vendrá, si viene, el continente, es decir, la composición del Gobierno. Pero si siguen dejando que la oposición al despotismo de Sánchez la hagan los pocos medios de comunicación que el PP de Soraya y Rajoy dejaron vivos, están políticamente muertos. Cuando Pedro I El Enterrador termine su tarea emprenderá la demolición de la Oposición que no supo oponerse a tiempo. Lo malo de esto es que, más allá de que estamos viviendo una experiencia inédita y terrible, conocemos esta inhibición por parte de la Oposición y sus terribles resultados. Lo hemos vivido tantas veces que deberían verlo venir. Hay mansos que, por cobardear en tablas, no ven a Florito con la puntilla.

Director de Es la Mañana de Federico.

¿Un Gobierno de salvación para salvar a Sánchez? ¡Venga ya!
EDUARDO INDA okdiario  5 Abril 2020

A Pedro Sánchez le importa más mantener la poltrona y el Falcon que resolver la pandemia del coronavirus. Y por ello hace de la obvia necesidad de acabar con esta pesadilla, virtud. Si fuera un estadista implementaría ya los consejos de Felipe González, que de política sabe entre 70 y 80 veces más que él. El candidato más votado de nuestra democracia le instó hace cinco días a suprimir la Pasarela Cibeles en que ha convertido esas ruedas de prensa diarias en las que faltan tan sólo los bedeles de los ministerios y a ser “más austero” a la hora de trasladar personalmente los mensajes. “La comunicación tiene que ser lo más directa, lo más breve y lo más empática posible”, resumió el hombre que presidió el Gobierno de España de 1982 a 1996.

Mucho caso no le ha hecho el sucesor, del sucesor, del sucesor de su sucesor. Porque, además de la Pasarela Cibeles en la que participan desde ministros hasta directores generales pasando por todo tipo de presuntos expertos, Pedro Sánchez se dedica a dar conferencias de prensa interminables coincidiendo con los telediarios y colapsándolos con la evidente intención de hacer desaparecer a la oposición modelo Juan Tamariz. Siempre en prime time. Breve, lo que se dice breve, no es muy breve. La de hace dos sábados duró exactamente una hora y diez minutos. Directo, por tanto, no lo es, porque da vueltas al mismo asunto de mil y una maneras aderezándolas con esas lágrimas de cocodrilo que no le harán ganar el Oscar de Hollywood al mejor actor. Se antoja más un remedo de ese Aló presidente del tiranozuelo ladronazo de Hugo Chávez o de los que protagoniza el narcoterrorista Nicolás Maduro. No llega a las siete horas que se tiraba el asesino Fidel Castro platicando y, desde luego, está a años luz en moderación gestual, transparencia comunicativa y austeridad formal de la infinitamente más creíble Angela Merkel.

El Este virus lo paramos unidos que contiene ciertas concomitancias con el “Unidas Podemos” de Pabla e Irena es otra vileza del personaje. Se trata, en resumidas cuentas, de utilizar el drama que vivimos en términos sanitarios, económicos y sociales para apelar a la unidad. Pero lo que en realidad quiere el responsable de que España sea el segundo país con más muertos del mundo es que nadie ose criticar su gestión so pena de ser tachado de “miserable”, “antipatriota” o, en el mejor de los casos, “irresponsable”. Se debe pensar el robatesis que el resto de los españoles somos tontos, que nos va a anestesiar o que los medios nos vamos a autocensurar.

Va dado. Porque al menos desde OKDIARIO continuaremos recordando que omitió las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en enero le instaban a hacer acopio de material sanitario. Que pasó de los avisos a navegantes del Csic, que datan también de hace tres meses. Que no sólo desoyeron al gran experto en materia biológica de la Policía sino que lo destituyeron. Y que, en el colmo del despropósito, el propio Salvador Illa plantó a la cumbre celebrada en febrero por la OMS para consensuar medidas a nivel mundial cara a la catástrofe que se avecinaba como esos tsunamis que sabes horas o días antes que acabarán sí o sí en tu playa. Y, por supuesto, no pararemos hasta que pague por haber forzado la máquina para llegar a ese 8-M que disparó exponencialmente el número de contagios y consecuentemente de óbitos. Porque haber autorizado las concentraciones de cientos de miles de personas desconociendo el nivel de expansión que alcanzaba ya el virus no es punible, pero otorgar el nihil obstat conociéndolo como lo conocía está tipificado en el Código Penal.

El desastre de Sánchez: China desvela que el 78% de los contagiados son asintomáticos pero España no les hace test
Carlos Cuesta okdiario  5 Abril 2020

Un informe oficial del sistema sanitario chino ha desvelado la clave del desastre de la gestión de Pedro Sánchez en el coronavirus: el 78% de los casos de contagio con el virus son asintomáticos, según las investigaciones del país asiático. Y España ha prohibido hacer test de detección de la enfermedad a todos ellos, por lo que controlar el avance de los focos de contagio es imposible.

Se trata de los resultados del último estudio llevado a cabo por las autoridades chinas. Una investigación que revela que 130 de las 166 infecciones estudiadas, el 78%, han tenido una evolución plenamente asintomática.

Es decir, que si se mantiene el criterio de no realizar test más que a los casos sintomáticos agudos -como hace España-, es imposible hacer un seguimiento de los focos de contagio. Y, por consiguiente, es imposible aislar esos focos, básicamente, porque no se conocen y pueden estar dentro de las casas o entre los profesionales que siguen trabajando con movilidad por formar parte de los denominados servicios esenciales.

El estudio, de la Comisión Nacional de Salud de China, añade que los 36 pacientes restantes analizados que sí mostraron algún síntoma procedían del extranjero. Precisamente por ese estudio, las autoridades locales chinas están controlando de forma rigurosa la entrada de extranjeros al país para evitar la importación de focos de contagio.

Pedro Sánchez, por el contrario, desoyó la petición de inicial de la OMS de extender los test de forma generalizada. Y ahora vuelve a hacerlo.

La OMS determina los colectivos de «vigilancia» a los que se les debe hacer seguimiento e incluye entre ellos a todo «paciente con alguna enfermedad respiratoria aguda y que haya estado en contacto con un caso Covid-19 confirmado o probable en los 14 días previos al inicio de los síntomas», tal y como recoge el documento de la organización fechado el pasado 20 de marzo.

El Ministerio de Sanidad, por el contrario, acaba de actualizar el 31 de marzo sus requisitos para realizar los tests y restringe claramente ese colectivo con respecto a lo pedido por la OMS. Según el Gobierno español, sólo se harán test a los que pertenezcan «a alguno de los siguientes grupos:
(a) personal sanitario y sociosanitario,
 (b) otros servicios esenciales».
 El resto de la población se queda fuera.

Nuestro problema inicial fue la falta de test masivos para aislar los focos de contagio. Lo fue por no dar importancia al coronavirus, tal y como alertaba la OMS. Y, ahora, volvemos a incumplir sus recomendaciones por la falta de material de diagnóstico y prevención.

Coronavirus: Las diez razones por las que Abascal se niega a hablar con Sánchez
Libertad Digital  5 Abril 2020

Abascal pide la dimisión de Sánchez y acusa al Gobierno de ser responsable de los más de 11.000 muertos a causa del Covid-19.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha rechazado este sábado mantener una conversación telefónica con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre la prórroga del estado de alarma con motivo del coronavirus.

En un comunicado difundido por Vox a través de Twitter, Abascal expone diez motivos por los que ha declinado la llamada de Sánchez mediante un texto dirigido al Palacio de La Moncloa en el que también pide su dimisión, acusa a miembros del Gobierno de ser "responsables" de los más de 11.000 muertos a causa del Covid-19 y anuncia que recurrirán al Constitucional la ilegalidad de los términos del estado de alarma.

Los diez motivos de Vox
En primer lugar, porque "unilateralmente el señor Sánchez a cambiado las condiciones del estado de alarma que recibió el apoyo de Vox para hacerlo al gusto de lo que pedían separatistas y extrema izquierda".

El segundo motivo, que "en la anterior conversación el señor Sánchez le trasladó información errónea o directamente manipulada".

En tercer lugar, denuncia que "el Gobierno sigue empeñado en amenazar la salud, la vida y el bienestar económico de los españoles. Y que lo hace tratando de silenciar y demonizar a la oposición, amordazando al Congreso y comprando a los medios de comunicación".

Cómo cuarto motivo para rechazar la conversación telefónica con Sánchez, Abascal recuerda que "el Gobierno mantiene en sus puestos a personas que han demostrado su negligencia absoluta en la gestión de la crisis, responsables de más de 11.000 muertos. Y que, lejos de rectificar, sigue dando poder a un vicepresidente empeñado solo en debilitar las instituciones como la Monarquía, el Congreso incluso derechos fundamentales como la libertad de opinión".

En quinto lugar, el gobierno "en vez de detener y poner a disposición judicial sigue tratando como aliados a separatistas que han boicoteado la acción del Ejército, poniendo en peligro la vida de miles de personas".

Sexto motivo: "la información que proporciona el gobierno es escasa, poco transparente y poco creíble".

Además, y en séptimo lugar, "el diálogo con el presidente debe realizarse en el Congreso de los Diputados qué es la institución encargada de controlar la acción del gobierno, y mucho más cuando el gobierno tiene poderes excepcionales".

Octavo motivo: "el grupo parlamentario Vox recurrirá al Constitucional la ilegalidad de los términos del estado de alarma que creemos tiene consecuencias jurídicas graves".

En noveno lugar, Santiago Abascal recuerda que "la única comunicación que esperamos del gobierno es su dimisión, dando paso a un gobierno de emergencia nacional, que si sea capaz de afrontar la amenaza y proteger la vida y el bienestar económico de los españoles".

Y, en décimo lugar, Vox pide al Gobierno que, "antes de dimitir aprueba un decreto pagando las nóminas de todos los españoles a los que se impide trabajar, y a los autónomos una media de sus ingresos. Además de un bonus a quiénes trabajan en servicios esenciales, ya sean sanitarios, fuerzas de seguridad, empleados de tiendas de comestibles o el sector primario". "Esta medida es urgente y nos haría ganar tiempo y vidas en la lucha contra el virus de Wuhan y contra la ruina a la que la gestión actual nos encamina".

Coronavirus, la epidemia económica: ¿hay alguna forma de evitar el colapso?
D. Soriano Libertad Digital  5 Abril 2020

Casi todos los modelos apuntan a la necesidad de alargar el confinamiento al menos dos meses. La pregunta es si podemos permitírnoslo.

Una de las peores noticias de la semana ha pasado casi desapercibida. Este viernes, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, anunciaba que su país impondrá restricciones de movimiento: la ciudad-estado asiática cierra sus colegios y los trabajos no esenciales durante un mes; no hay un confinamiento total de la población, pero sí un endurecimiento muy importante de las medidas tomadas hasta ahora.

Habrá quien piense que no es más que otro país que tiene que asumir la nueva realidad que impone el Coronavirus. Pero es que Singapur no es otro país. Hablamos de uno de los lugares que se ponía de ejemplo de cómo tenían que hacerse las cosas: fue de los primeros (o el primero, en realidad) que impuso restricciones a los viajeros que llegaban de China, sobre todo de las zonas más afectadas; también ha sido uno de los países que mejor ha aplicado la política de rastreo-testeo-aislamiento de los afectados y de sus contactos. El resultado ha sido un número de contagios en relación a su población mucho menor que en otros lugares, pocas muertes y la posibilidad de mantener una vida económica y social relativamente normal durante estas semanas.

Pues bien, ya no. Es cierto que la eficacia de la que hablamos les ha permitido tomar estas medidas con un número muy bajo de contagiados (algo más de 1.000 casos para una población de unos 5,6 millones de habitantes) y fallecidos (5). Y también es verdad que su objetivo es, precisamente, contener la expansión del virus para no tener un escenario a la europea. Por eso, hace unos días ya se había decretado el cierre de bares, restaurantes y otros lugares de ocio; ahora, llega el turno de las escuelas y los trabajos no esenciales.

Pero lo que nos dice el caso de Singapur es que la salida a esta crisis, tanto en el aspecto sanitario como en el económico, será muy complicada. Hablamos de un país pequeño, con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, que comenzó muy pronto a tomar medidas contra la epidemia y que ha sabido aplicar bien esas medidas. Pues bien, incluso así, tres meses después de los primeros casos, tiene que endurecer las restricciones porque ha detectado un incremento de los contagiados, sobre todo por parte de personas que lo han importado desde el exterior. Y, por cierto, con temperaturas que rondan, en esta época del año, los 30-32°C.

En resumen, lo que esta noticia nos indica (de lo que nos alerta, en realidad) es que hasta que se encuentre una cura o una vacuna para el Coronavirus, va a ser complicado volver a la normalidad. Cualquier relajación en las medidas, nos devolverá un nuevo repunte de contagiados. E incluso las regiones que sean más exitosas en el control de la enfermedad, se verán obligadas a mantener estrictos protocolos para con los viajeros que lleguen de otros lugares del mundo para que no se reproduzcan los focos. Desde el punto de vista económico, esto será un drama en cualquier lugar del planeta. Pero mucho más en España, el país, junto con Italia, más afectado por la pandemia y que, además, tiene en el turismo su principal fuente de ingresos.

¿Economía o salud?
En este punto, lo primero que hay que recordar es que en las últimas semanas se ha planteado un debate que es bastante falso, aquel que contrapone economía y salud. Y decimos que es falso en las dos direcciones: por un lado, porque esto no va de elegir entre crecimiento o salvar vidas como si fueran alternativas excluyentes. Entre otras cosas, porque un menor crecimiento también tendrá consecuencias sanitarias. Es decir, un planteamiento del tipo "estoy dispuesto a renunciar al 10% del PIB a cambio de reducir el número de muertes que provoque el Covid-19" tiene un problema. Y es que olvida el número de muertes que causará esa reducción del 10% del PIB: muertes indirectas, si se quiere, pero igual de reales que las derivadas de la pandemia (desde los fallecidos en accidente en una carretera, que no se reparó porque no había dinero, a los que enfermen por una mala alimentación o los que no puedan ser tratados de su enfermedad porque no había presupuesto para ello).

Eso sí, cuando decimos que el debate economía-salud es falso, también lo hacemos porque no tiene sentido decir "sigamos con nuestra vida como si nada pasara": porque pasa y porque la actividad económica se verá muy tocada, con o sin aislamiento obligatorio, mientras el consumidor intuya que salir a tomar una cerveza puede tener como consecuencia que se vea contagiado de la enfermedad. El colapso económico llega en parte de las medidas de los gobiernos, que decretan que nos quedemos en casa; pero sin esas medidas, muchos lo haríamos igual (o parecido) por miedo o precaución.

Por eso, lo que se necesita es un debate sereno, de pros y contras de cada opción. En este sentido, hace unos días conocíamos el manifiesto "Contra el confinamiento de la población", impulsado por Juan José R. Calaza (economista y matemático), Andrés Fernández Díaz (catedrático emérito de Política Económica de la UAM), Joaquín Leguina (estadístico superior del Estado) y Guillermo de la Dehesa (economista del Estado) (aquí el Manifiesto y aquí la columna que Cristina Losada le dedicó en Libertad Digital). Es una iniciativa interesante porque se hace preguntas incómodas y ofrece respuestas a contracorriente. Los autores se plantean si tienen sentido las actuales medidas cuando no está nada claro que se pueda poner fin a las mismas sin que se reproduzcan los contagios. O, lo que es lo mismo: ¿es lógico paralizar el país dos meses para evitar que la enfermedad se extienda… cuando eso mismo ocurrirá cuando, por pura necesidad, tengas que levantar la cuarentena? ¿Estamos haciendo un enorme daño a la economía del país sin tener datos fiables de contagiados, letalidad, personas asintomáticas, etc.?

Cuidado, esto no significa no hacer nada. Es cierto que las medidas de distanciamiento social se han demostrado eficaces a la hora de contener la propagación de la epidemia. Y la cuarentena empieza a dar señales de que funciona en Italia (el primer país europeo que la impuso de forma masiva). Esto es una evidencia: si encierras a la gente en casa, reduces la tasa de expansión del virus. La clave es durante cuánto tiempo, a qué coste y con qué estrategia de salida para cuando termine esa cuarentena.

Porque aquí podría plantearse una estrategia intermedia, que salve la economía, aunque se combine con restricciones a muy corto plazo:

1. Cierre total (o casi) de la economía durante unas semanas. Con fecha de inicio y fin muy acotadas y conocidas por todos (no este continuo alargamiento de quince en quince días que estamos viviendo en España). Por ejemplo, anunciar que la cuarentena durará del 15 de marzo al 15 de abril (como ya vamos tarde, quizás ahora sería más bien para todo el mes que ahora comenzamos).

2. Dedicar todos los recursos del Estado a ampliar su capacidad de respuesta sanitaria y ensanchar los cuellos de botella del sistema: camas UCI, respiradores, personal, equipos de protección, mascarillas y guantes para todos los ciudadanos, etc… (aquí, Daoiz Velarde explica con detalle cuáles serían las necesidades más acuciantes al respecto y hace un cálculo aproximado del coste para las arcas públicas).

Por supuesto, entre esos recursos del Estado debería estar en los primeros puestos la colaboración con las empresas privadas, que tienen el conocimiento y la experiencia para hacer muchas de las tareas que ahora son tan necesarias: desde la logística (comprar y traer material del extranjero) a los procesos productivos (transformar una planta de componentes automovilísticos en una fábrica de piezas de ventiladores). También aquí se echa en falta más imaginación por parte de muchos gobiernos y una mirada menos sectaria sobre el papel de los empresarios.

3. Una vez superada esa fase de aislamiento-preparación, vuelta a la normalidad en todo aquello que sea posible. Quizás con límites para los grupos de población de más riesgo, a los que habría que ayudar a mantener ese confinamiento. Pero sin que eso suponga confinar al 90% de los trabajadores en sus casas.

Y sí, lo lógico es que mascarillas y guantes pasen a ser parte de nuestra vida cotidiana. Pero una cosa es que vayamos todos por la calle con la cara tapada y otra que la actividad económica se paralice. Aquí, de nuevo, sería muy interesante un análisis de costes-beneficios realista y también se echa en falta más información y explicaciones claras a los ciudadanos.

Además, en lo que hace referencia a mascarillas, guantes y otras medidas de protección de la población, hablamos de otro tema en el que el Gobierno ha estado mandando mensajes contradictorios y en el que ahora parece que acepta las predicciones de aquellos que antes alertaron de la crisis y a los que se llamaba catastrofistas hasta hace dos días. Y también es un aspecto del problema en el que España da la sensación de que llega tarde: ni hay suficientes mascarillas ni se están ofreciendo pautas claras a la población sobre su uso, si es posible su reutilización, si las mascarillas que muchos ciudadanos se están haciendo en sus casas tienen unas mínimas garantías, etc…

La estadística y los modelos
Por todo lo dicho hasta ahora, en cualquier estrategia que se decida, uno de los primeros puestos de la lista de necesidades debería ocuparlo la estadística. Tenemos que saber cuál es el número real de contagiados-asintomáticos-ingresados-ingresados UCI-fallecidos. Sin eso, es imposible diseñar ninguna política, ni sanitaria ni económica, que merezca tal nombre. Y se está haciendo muy poco al respecto. Por ejemplo, si entre el 5 y el 10% de los afectados por la enfermedad necesitan respiración asistida: en España, con una población de 47 millones, hablaríamos de 2,3-4,7 millones de personas. No todos se van a poner enfermos a la vez, pero con que lo haga un pequeño porcentaje, la capacidad del sistema se lleva al límite. Eso es lo que estamos viendo en las últimas semanas y por eso es tan importante resolver esos cuellos de botella. El problema es que conseguir, a base de cuarentenas, que el número de enfermos graves (que requieren hospitalización y respiración asistida) se sitúe en niveles más manejables y acordes a la capacidad de nuestro sistema hospitalario nos obligaría a estar encerrados durante meses (incluso años, como apunta aquí Juan Ramón Rallo). Algo insostenible para cualquier economía.

Es cierto que hablamos de modelos y suposiciones. Y que, además, muchos de ellos parten de datos muy poco fiables: desde el número de asintomáticos a la capacidad de estos de transmitir la enfermedad. Pero casi todos son muy alarmistas en las consecuencias económicas. Por ejemplo, aquí un informe del American Enterprise Institute mide cuánto tendrían que durar las medidas de aislamiento en EEUU: el cálculo se realiza en función de la eficacia de estas medidas a la hora de reducir el R0 (el ya famoso número reproductivo básico, que indica cuántos casos nuevos genera cada contagiado).

Según estos cálculos, si las medidas logran reducir el R0 a 1, sería necesario mantenerlas en vigor de 7 a 8 meses (30-34 semanas) para conseguir que el número de nuevos casos fuera controlable para las autoridades sanitarias (es decir, que pudieran tratarse esos nuevos casos pero también trazarse, para evitar que hubiera nuevos focos fuera de control); si hablamos de un R0 de 0,7, se reduce mucho el tiempo de aplicación de las medidas, pero incluso así hablaríamos de 11-12 semanas; si el R0 que se consigue es de 0,5 (muy optimista), entonces sería necesario mantenerlas en vigor unas 7-8 semanas. Además, este informe asegura que cualquier relajación de las medidas antes de seis semanas no serviría de nada y la enfermedad volvería a expandirse con las mismas tasas que en la actualidad. ¿Podemos permitírnoslo? ¿Cuánto costaría? ¿Cómo de efectivas son las medidas actuales? Éstas son las preguntas clave y casi nadie, al menos en el Gobierno, parece que se las está haciendo (o no lo están explicando a la opinión pública).

Las lecciones de Say
En cualquier caso, sea cual sea el modelo sobre la epidemia y su propagación, lo que sí debemos tener claro es que hace ya más de dos siglos que Jean-Baptiste Say nos explicó que "un producto terminado ofrece, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos por todo el monto de su valor". En ocasiones se ha resumido con ese latiguillo que nos dice que la "oferta crea su propia demanda" (una frase muy incomprendida). Al economista francés le faltó en su genial intuición una mirada al futuro (es decir, no es sólo la oferta presente la que genera su demanda, sino también la capacidad de producir bienes en un futuro previsible lo que te permite consumir ahora mismo), pero en el fondo su razonamiento era tan cierto a comienzos del siglo XIX como lo es ahora: si queremos consumir, es necesario que produzcamos bienes que los demás demanden. Y cuando decimos "consumir", nos referimos a todo tipo de bienes: desde el material que necesitan nuestros médicos para curarnos a las comodidades de las que disfrutamos en nuestros hogares. Nada de eso ha caído o caerá del cielo: dependerá de nuestra capacidad de generar riqueza.

Más allá del debate sobre hasta dónde deben alcanzar las ayudas del Gobierno o el empujón de gasto keynesiano que muchos economistas piden como solución a la crisis, hay que asumir que éste no deja de ser un recurso limitado y con fecha de caducidad. La capacidad de gasto y endeudamiento de los países también dependerá de si son capaces de salir de esta crisis salvando, en la medida de lo posible, su estructura productiva: nadie prestará a un Estado que no tenga empresas y trabajadores que sean capaces de generar riqueza (entre otras cosas, porque esa riqueza será la que generará impuestos que pagarán esa deuda).

Dicho todo esto, terminamos con un apunte de optimismo (quizás inconsciente, pero… quizás en estos momentos la esperanza y la confianza en el ser humano sean lo mejor a lo que agarrarnos): el Covid-19 llegó de forma inesperada, pero también podría marcharse por la puerta de la misma manera. No será sencillo, eso es cierto. Pero imaginemos que mañana uno de esos cientos de laboratorios que están buscando una cura para la enfermedad anuncia que ha encontrado una combinación de medicamentos que eliminan el virus del organismo en una semana para el 95% de los contagiados (y de ese 5%, sólo un 10-15% necesita hospitalización). De un plumazo, todos estos cálculos, análisis y predicciones dejarían de ser útiles. A lo mejor, hasta nos podríamos olvidar de las mascarillas. A partir de ese momento, el objetivo principal pasaría a ser la producción masiva de esos medicamentos y optimizar la respuesta para ese 5% que necesita un tratamiento extra. ¿Imposible? Hasta que no se descubra, lo parecerá. Y quizás no se logre y tengamos que esperar los 10-12 meses que, como mínimo, nos dicen que durará el desarrollo de una vacuna. La clave reside en saber cómo estaremos, con cuántas heridas en el tejido productivo, cuando eso ocurra. La posición de España, también en este campo, no es especialmente alentadora.

Naufragio
Gregorio Morán. vozpopuli   5 Abril 2020

Lo más peligroso en una catástrofe es el descubrimiento de que el capitán es un impostor temerario y que los mandos de la tripulación son irresponsables. Entonces sucede lo más peligroso: el miedo se hace pánico. Estamos acercándonos a 1.000 muertos diarios, pero echan mano del saco de las 'fantasmadas' y tratan de engañarnos con no sé qué historias de picos que se mueven, curvas que no acaban nunca y juegos gramaticales para analfabetos sobre la diferencia entre la estabilización de hoy y la ralentización de pasado mañana. Nos tratan como a párvulos intimidados ante el peso de “científicos” y “expertos” a los que ellos no atendieron nunca.

¿De dónde se sacarán esos científicos y expertos anónimos? ¿No serán un camelo más del departamento de bulos y motos que se esfuerza en achicarnos la capacidad mental? Esto es una catástrofe, y la primera obligación de los capitanes es la de no mentir, porque cuando se miente se está descubriendo toda la responsabilidad de la improvisación y la incompetencia. Es cierto, nadie está preparado para lo peor, pero es más cierto aún que una vez se declara la emergencia ya no caben trampas de trilero. Es el barco el que se hunde y es la tripulación la que pierde la vida, y es sabido que el último en abandonar debe ser el capitán. Pero como estamos en una situación excepcional y con un personal zafio y de apabullante mediocridad, lo primero que intentan es salvar su culo.

El aparato de propaganda se ha concentrado. Ya no se trata de defender al Partido y su futuro; ni siquiera al Gobierno y a sus ministros; hay que protegerle a él. 15 millones de euros acaban de ser destinados para las televisiones afines. Nadie sabe a ciencia cierta las condiciones de esta ayuda salvo una cosa: que se concentrarán para que el canal entre la voz del presidente y los abocados al naufragio sea directa y eficaz para el mando, poco más o menos siguiendo la pauta que marcan el nuevo estilo de las ruedas de prensa; se selecciona, luego se tamiza y por fin discursea él.

Nada que le haga sombra: ni los temerarios improvisadores de Podemos, que cada día que pasa se hunden más en el fango de sus ambiciones, ni tampoco esa troupe de aliados que cual abrigo prendido con alfileres están al albur de las ocurrencias del Máximo Líder. En su ignorancia supina el Supremo no sabía que la propuesta de desmantelar las metalúrgicas del País Vasco había sido causa mayor entre el Gobierno de la II República en las últimas y un Gobierno del PNV que se preparaba para la larga noche… La industria vasca no se toca.

El portavoz oficioso del presidente, Carlos (Elordi) Cué intoxica a la opinión desde su oficina en El País sobre un nuevo Pacto de la Moncloa. ¿De qué va a hablar Sánchez con sus aliados si no es capaz de conciliar al menos una llamada, una sencilla llamada, con el líder de la oposición? Detrás del desdén del presidente del gobierno hacia Casado y Arrimadas hay la convicción de que puede gobernar solo, que no los necesita para nada y que ocuparían un espacio en el espejo de Narciso. Y también ahí se equivoca: Casado es importante para él aunque sólo sea porque le servirá para atenuar la inminente revuelta social que se avecina. Estamos rodeados de genios recién salidos de la botella. La ministra de Trabajo alega falta de tiempo para hacer llegar sus decretos a los aliados. Luego resulta que estaban hechos con los pies y que la prisa era lo de menos, lo “de más”: la improvisación y la aspiración al estrellato.

Los barnizadores de la realidad concentrados en los medios de comunicación garantizan mentiras para hoy y mañana. Ya fueron soltando muchas y aún quedan las manchas de tantos vertidos fétidos. Hay quien sigue con lo de “la mejor sanidad del mundo” y no se le cae la cara de vergüenza. Los viejos del lugar no recordamos mentiras tan escandalosas desde los tiempos de la Dictadura, cuando su España era modelo de tantas cosas que daba hasta rubor citar. Los nuevos plumillas que no vivieron aquello repiten como cotorras las orientaciones que les da el poder; lo que nunca creí es que los de ahora iban a parecerse tanto a los de antaño. Aquellos, como éstos, decían escribir su bazofia para que la gente no se desanimara, como si fuera una manifestación patriótica.

Usted mira La Sexta y tiene casi la misma impresión que ver TV3; sólo cambia el que las sustenta. Eso sí, se llenan la boca con la libertad de expresión, con la objetividad y con el compromiso del periodismo con la verdad. Les ocurre como en tiempos pasados; se niegan a reconocer la evidencia del papel que juegan. Si el gobierno de Sánchez y sus frágiles apoyos se ligan con aliados de plastilina, ellos hacen lo mismo en base a proporciones: ocho a favor, un disidente y un marmolillo. Varía el tanto por ciento, no las tendencias. El objetivo no es engañar, sólo enmascarar la realidad para diluir las responsabilidades.

Detrás de las majaderías sobre el pico, la curva, la estabilización o la ralentización se esconde eximir de sus errores a quienes pagan para que nadie exponga al público su incompetencia. No es que viviésemos en un mundo de fantasía, es que ellos se habían montado ese ensueño para que la gente avalase sus mentiras. Nuestro naufragio resume un fallo multiorgánico donde se va al traste el ligero tejido industrial del país; en primer lugar, porque era tan ligero que no resistió la fuerza del envite. Luego la urdimbre institucional se resquebrajó de puro podrida; el rey emérito se mostró en su verdadera faz, desnudo e impresentable. Cataluña se convirtió en un cáncer en el que la tumoración devino letal. Y así hasta que llegamos al presidente Sánchez, hacedor de un gobierno sostenido con imperdibles, que no matan, pero hacen daño.

En ese momento poco feliz llegó la catástrofe y el naufragio convirtió al barco en chalupa. La opción favorita de un aventurero sin escrúpulos consiste en mantenerse mientras el cuerpo aguante. Estamos en el grado de inclinación que anuncia el naufragio, por eso nos echarán la culpa de haber dicho ¡Sálvese quien pueda! Conscientes de que ni nosotros ni los pacientes ni los sanitarios sobreviviremos sin grandes destrozos. A él y a los suyos siempre les quedará calificarnos de pájaros de mal agüero, cuando en verdad apenas si alcanzamos al papel de gaviotas entre los restos del naufragio.

En deuda con los héroes de bata blanca
Editorial larazon  5 Abril 2020

Cuando todo esto acabe, cuando la epidemia sea sólo un mal recuerdo y los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, técnicos de mantenimiento, conductores de ambulancia vuelvan a su rutina, si es que en esta profesión se puede emplear tal término, serán acreedores de una enorme deuda con la sociedad española a la que sirvieron y protegieron en las peores circunstancias, con medios escasos, a veces de fortuna, arrostrando sin vacilar el riesgo del contagio, no sólo para ellos, sino, lo que es más duro, para sus familias. Porque todos lo hemos visto, todos somos testigos de cómo se han enfrentado a una de las emergencias sanitarias más graves que ha conocido la humanidad en tiempos recientes. Incluso cuando algunos de ellos, indignados por la falta de medidas de protección, salían a las puertas de los centros hospitalarios a denunciar una situación imposible, volvían a continuación, con sus batas de bolsas de basura y las mascarillas de un solo uso diez veces reutilizadas, a la primera línea de batalla.

Ellos supieron de primera mano, trágicamente en algunos casos, de la virulencia del virus al que combatían, de la esterilidad de los esfuerzos cuando el Covid-19 se revelaba como un patógeno brutal en el sistema respiratorio de según qué pacientes. Aprendieron sobre la marcha nuevas técnicas y ensayaron con todo el arsenal terapéutico a su alcance, porque ellos, los sanitarios, no se rinden nunca. La escasez de medios, desde respiradores a sedantes, porque no fue posible prevenir lo que se nos venía encima, les ha obligado, algunas veces, a tomar decisiones morales, a elecciones terribles, a las que nadie debería verse abocado en la vida. Y, sin embargo, han curado lo posible y lo improbable, –ahí están las cifras de recuperados de ayer, 34.219–, han salvado la vida de millares de ancianos, sí, devueltos como de milagro a sus familias, reduciendo día a día la tasa de letalidad entre los mayores.

Los españoles tenemos, pues, una deuda de gratitud con ellos y, sin duda, la mejor forma de saldarla es aprender de la dura experiencia. Juramentarnos como sociedad, con independencia del color político del gobierno de turno, para que nunca más nuestro sistema sanitario pueda verse sorprendido en pañales por una emergencia de tal magnitud. Para que nunca más nuestros médicos y enfermeras tengan que aguardar por unas mascarillas cosidas en sus casas por la buena voluntad de las gentes. Por supuesto, no se trata de almacenar recursos, viviendo en una continua paranoia de emergencia, en absoluto. De lo que hablamos es de recuperar el tejido productivo, la capacidad industrial farmacéutica que hemos cedido a China y a la India, de donde nos llegan ahora la mayoría de los materiales de protección y de los principios activos de los medicamentos, porque occidente ya no podía competir con sus bajos precios. Habrá, también, que repensar si las plantillas actuales son suficientes y si hay que complementar la formación de los profesionales para mejorar la polivalencia en casos de crisis, y, por supuesto, si sus retribuciones son razonables en todas las escalas.

Porque si, ciertamente, dentro de la enorme magnitud de la catástrofe, la Sanidad española está respondiendo por encima de sus capacidades, triplicando servicios, camas de UCI e, incluso, con la ayuda de muchos otros profesionales, levantando macro hospitales de la nada, no es aceptable ni posible abandonarse al voluntarismo para cuando vengan mal dadas. Y si bien el Gobierno no supo o no pudo calibrar el alcance de la amenaza y cometió errores que están en la mente de todos, ahora se trata de mirar al futuro y poner los medios para que nada igual pueda suceder. Se lo debemos a los profesionales sanitarios de esta nación, que son uno de sus orgullos.

Los datos de la OMS desenmascaran al Gobierno: faltan 100.000 contagiados en los cálculos de España
Pelayo Barro okdiario  5 Abril 2020

En España hay más contagiados por coronavirus de los que figuran en las estadísticas oficiales. Es un hecho cada vez más extendido entre los principales sectores relacionados con la crisis sanitaria del COVID-19. De hecho, la alta tasa de mortalidad que muestra España respecto a la media mundial de la Organización Mundial de la Salud (un 9,2% frente a un 5%) indica que en el balance oficial del Gobierno faltan contagiados. Al menos alrededor de unos 100.000.

No se realizan test porque hay escasez de estos. La prueba diagnóstica se le niega por sistema al personal sanitario incluso aunque muestre síntomas. Los ‘casos probables en seguimiento domiciliario’ quedan fuera de las estadísticas oficiales. Los condicionantes que establecen los protocolos de Sanidad dejan entrever que los casos reales de contagios por coronavirus son significativamente mayores de los que muestran las estadísticas oficiales.

Sin embargo, sí existe un indicador relativamente objetivo que permite vislumbrar el verdadero alcance de la pandemia en España: la tasa de letalidad, el número de personas que ha fallecido por el coronavirus del conjunto total de población contagiada. Hoy, viernes 3 de abril, el índice nacional es del 9,2%. Es decir, que de cada 100 contagiados, han terminado falleciendo 9.

La cifra, señalan los expertos, no puede reflejar la realidad ya que es muy alta según todos los estudios epidemiológicos realizados hasta hoy sobre la enfermedad. Esa tasa no es real y refleja que los contagios, a la fuerza, deben ser mucho mayores a los 117.000 declarados por el Gobierno de Pedro Sánchez.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que lleva recogiendo datos de contagios y fallecidos de forma independiente en todos los países del mundo, lleva contabilizados un total de 896.450 casos y 45.525 defunciones. Esa cifra permite conoce la tasa media de letalidad que la OMS calcula sobre la pandemia en números mundiales: un 5,0%. De cada 100 personas contagiadas, mueren 5.

Para que las cifras de contagios declarados en España y las de muertes certificadas encajasen en ese 5,0% de letalidad, a las estadísticas españolas habría que sumar por lo menos 100.000 casos más de infección. Añadiendo esa cifra, los 217.000 contagiados resultantes sí reflejarían la tasa media de letalidad que maneja la OMS a día de hoy.

Este indicador varía considerablemente según el país. Aquellos que han realizado muchos test mantienen la tasa en niveles bajos, como por ejemplo Corea del Sur (1,6%) o Estados Unidos (2%). Sin embargo, aquellos más afectados por la pandemia y que muestran una mayor saturación del sistema sanitario ofrecen cifras superiores a esa media OMS: Italia registra un 12%, Francia 7,1%, Reino Unido 8,5%, Irán 6,3%.

La tasa se triplica en España
Desde el comienzo de la crisis sanitaria, este indicador ha ido creciendo en España hasta alcanzar el 9,2%. Hace tres semanas, el 14 de marzo, la tasa se situaba en el 3,0%. Se ha triplicado.

Sin embargo, también a la hora de calcular esa cifra existen dificultades. Sobre las estadísticas oficiales de fallecidos también planean dudas. El sector de las funerarias, como desveló OKDIARIO, calcula que los muertos por la pandemia serían en realidad un 40% superiores a lo declarado.

Las voces de alarma se extienden cada vez más, como la del sacerdote de la ‘zona cero’ de Tomelloso, un pueblo de Ciudad Real azotado por la mortalidad del coronavirus. Mientras las cifras oficiales apuntan al centenar de muertos, los curas han oficiado ya cerca de 200 exequias fúnebres. Desde esta misma semana, el Gobierno ha dado orden de no registrar como fallecido por coronavirus a aquellos pacientes no diagnosticados por COVID-19 en vida.

Las caceroladas contra el Gobierno se extienden por toda España para protestar por la gestión del coronavirus
OKDIARIO  5 Abril 2020

A las ocho de la tarde aplausos a los sanitarios que están salvando la vida a miles de enfermos de coronavirus… y a las nueve cacerolada para exigir la dimisión del Gobierno de Pedro Sánchez y su vicepresidente Pablo Iglesias.

Esta es la consigna que se está extendiendo de las redes sociales. Miles de ciudadanos, desde rincones de toda España, han salido esta noche al balcón, a las 21 horas, para mostrar su malestar por la falta de previsión y las erráticas decisiones tomadas por el Gobierno del PSOE y de Podemos, que han provocado que España roce ya los 12.000 muertos por cornavirus. Los impulsores de esta iniciativa espontánea piden que la protesta se repita todos los días, a las 21 horas.

Política y darwinismo
Las duras leyes de la supervivencia no sólo rigen en el salvaje mercado internacional de respiradores y mascarillas. La soledad de Calviño y la desorientación de Illa deberían hacer pensar a Sánchez sobre las contradicciones y servidumbres políticas que Iglesias impone en este Gobierno a la deriva
Ignacio Camacho ABC  5 Abril 2020

Si un virus se propaga a través de gotículas respiratorias expulsadas por la nariz y la boca no parece aventurado suponer que cualquier protección facial será de utilidad para contener el contagio, en la doble vertiente de la salvaguarda personal y de evitar que un portador de la enfermedad contamine a un individuo sano. De hecho, la adecuada dotación de mascarillas (cubrebocas o barbijos, como se dice en los países hispanoamericanos) y otros equipos de autopreservación ha sido en los momentos álgidos de la emergencia la reclamación más candente de los profesionales sanitarios, conscientes del peligro al que los somete el permanente contacto con pacientes infectados. La escasez de existencias en un mercado regido más que nunca por premisas de supervivencia propias de un tratado darwiniano ha impelido a las autoridades a desaconsejar su empleo generalizado, habitual incluso en tiempos de normalidad en las sociedades del Este asiático; sin embargo ningún gobierno -y menos el español, cuyas gestiones de compra han resultado un clamoroso fracaso- ha sabido explicar con claridad suficiente la necesidad de priorizar el consumo hospitalario. De ahí la perplejidad que la repentina recomendación de su uso ha causado en los ciudadanos, conocedores de la imposibilidad práctica de encontrar ese material agotado, apenas disponible en la venta on line a precios abusivamente caros.

Es de justicia admitir que este inesperado giro no es imputable sólo a la contrastada desorientación del Ejecutivo, que se ha limitado a seguir antes y ahora las sugerencias de una OMS a la que reiteradamente ha desoído en sus previsiones y avisos para frenar la diseminación del coronavirus. Pero la enésima rectificación abunda en el desorden de una Administración bajo mínimos, sumida en el caos que provocan sus volantazos continuos y la alarmante manifestación de rumbo indeciso patente en las cada vez más abiertas discrepancias entre ministros. Si en la gestión de salud pública es un clamor la ausencia de criterios científicos, en la económica se está abriendo un proceso de mero aventurerismo en el que el presidente ha concedido a Pablo Iglesias un poder decisivo, hasta el punto de que esta semana se filtró en Madrid un amago de dimisión de la sensata vicepresidenta Nadia Calviño. Abordar el desastre de la paralización productiva desde la fórmula bolivariana y confiscatoria del estatalismo constituye mucho más que un garrafal error político: es una suicida declaración de principios que conduce a la nación entera al abismo.

De todos los miembros del Gabinete, Iglesias es el único que tiene una estrategia. Pero no es económica sino política, y consiste en la demolición del sistema, tarea sobre la que su olfato leninista ventea una oportunidad de aceleración en el vacío de reglas subyacente bajo la suspensión de derechos que acarrea la vigencia prolongada del estado de alerta. Su programa de «escudo social», asumido por Sánchez, consiste en esencia en trasladar el coste de la crisis a las empresas, convirtiéndolas en paganas de un modelo subvencional a través de una cascada de impuestos y nacionalizaciones encubiertas que acabarán paralizando la creación de empleo, desencadenando una oleada de cierres y quiebras y arrastrando finalmente al Estado a un insoluble problema de déficit y deuda. El necesario paquete de ayudas de urgencia, implementado con una jerga jurídica ininteligible en su letra pequeña, ha dispuesto medidas de proteccionismo laboral inmediato que autónomos y pymes sólo podrían afrontar mediante la disposición rápida de créditos que no llegan, y en la práctica deja fuera de cobertura a más de la mitad de la clase media. Se trata en su mayoría de disposiciones dirigidas a la bolsa electoral de Podemos, según un sesgo fuertemente ideologizado que promete ante la recesión una «salida de izquierdas».

Así las cosas, la idea de unos nuevos Pactos de la Moncloa que Sánchez deslizó en su comparecencia del sábado -otra de esas reiteradas y cargantes homilías de impostado tono empático que suplantan las explicaciones en un Congreso cerrado- parece condenada de antemano a no pasar del consabido artefacto publicitario. En teoría es una iniciativa idónea pero su recorrido será escaso mientras el responsable de ejercer el liderazgo no se desprenda de la influencia del caudillo del partido morado. Ni PP ni Cs, ni mucho menos Vox y difícilmente el PNV, pueden suscribir ningún consenso sobre el patrón antiliberal que rige ahora mismo la hoja de ruta del Gobierno, cuyos socios ofrecen además un grado de lealtad muy poco fiable a la hora de un acuerdo. Los dirigentes que firmaron con Suárez aquel primer pacto tenían en común su voluntad de cumplimiento mientras los actuales, empezando por el presidente, no se caracterizan precisamente por su madurez de criterio. Si el jefe del Ejecutivo aspira a un compromiso serio, a una alianza de reconstrucción nacional que implique a la oposición incluso a la hora de abordar un eventual rescate europeo -ay, la inevitable sombra ominosa de los «hombres de negro»-, no tendrá más remedio que aceptar que el Covid ha trastocado su inicial proyecto y, en consecuencia, soltarse del brazo de Podemos. Es improbable que se atreva a hacerlo, aun cuando corra el riesgo de que sea Iglesias el que lo deje a él compuesto y sin coalición en el peor momento.

Por mucho que se haya acostumbrado a vivir en medio de una perpetua anomalía, no va poder sostenerse mucho más tiempo en el alambre de funambulista y deberá enfrentarse a la imposibilidad de cuadrar sus contradicciones políticas. La soledad desalentada de Calviño y la desolación desbordada de Illa deberían hacerle reflexionar sobre las posibilidades reales de este Gabinete a la deriva que además arrastra, por sus negligencias más o menos intencionadas en las actuaciones preventivas, la ira represada de buena parte de la población recluida. Las duras leyes de la subsistencia darwinista no sólo rigen en el salvaje mercado internacional de respiradores y mascarillas; más pronto que tarde habrá de ir a pedir auxilio en Bruselas o en Francfort y le harán falta buenas compañías. Y el estado de alarma que le concede poderes excepcionales más que discutibles en una democracia garantista no lo puede, aunque tal vez le gustaría, prolongar de manera indefinida.

Inaceptable anormalidad democrática
Editorial El Mundo  5 Abril 2020

Alargar el estado de alarma 'sine die', como pretende Pedro Sánchez, supondría un escándalo sin precedentes

Pedro Sánchez colonizó ayer la hora del Telediario de TVE para anunciar que el estado de alarma no solo se prorrogará hasta el 26 de abril, sino que irá más allá. Lo que verbalizó el presidente del Gobierno, tuteando a los ciudadanos y con tono mitinesco, es una suerte de alarma sucesiva esgrimiendo como subterfugio la lucha contra la pandemia. . Primero, por el dudoso encaje jurídico de la interpretación que pretende hacer Sánchez de las previsiones constitucionales. Y, segundo, porque supondría instalar a España en una anormalidad democrática permanente. Desde que entró en vigor la alarma, las Cortes se encuentran casi paralizadas, La Moncloa cercena la labor de los medios y la oposición se está viendo ninguneada pese a la lealtad demostrada por PP y Cs, que han respaldado otorgar a Sánchez unos poderes excepcionales a cambio de que el Gobierno asuma con eficacia de la responsabilidad de superar la emergencia.

Pese al desprecio mostrado hacia el principal partido de la oposición -ayer llamó a Pablo Casado tras más de 10 días de incomunicación- y pese a la falta de diálogo a la hora de imponer la hibernación de la economía, Sánchez exigió "unidad" y blandió la posibilidad de armar una reedición de los Pactos de la Moncloa. Causa bochorno y estupor que el mismo dirigente que ha hecho de la división su bandera personal, hasta el punto de gobernar de la mano de la izquierda radical y los autores del golpe separatista del 1-O, ahora apele al consenso para impulsar la reconstrucción del tejido productivo. EL MUNDO siempre ha defendido la necesidad de concertación nacional en un momento de grave incertidumbre, pero Sánchez predica lo contrario de lo que ha hecho desde que empezó su carrera política. El presidente del Gobierno, que siempre optó por el frentismo, se ha quedado solo a raíz de la nefasta y negligente gestión de la crisis del coronavirus. Durante los últimos días ni siquiera ha tenido el decoro de consultar sus decisiones, no ya con sus adversarios, sino con los agentes sociales y sus socios parlamentarios. Esta soledad es lo que le lleva ahora a agitar la articulación de unos pactos como los forjados durante la Transición. Lo que le preocupa es retener el poder, aunque sea a costa de una inaceptable tentación autoritaria.

Preguntas filtradas, con ABC, no
Editorial ABC  5 Abril 2020

ABC ha decidido no participar más en las farsas de rueda de prensa que organiza La Moncloa con Pedro Sánchez y sus ministros. No queremos que el prestigio y la historia de nuestra cabecera convaliden una táctica perversa de comunicación que está socavando la dignidad de la función periodística y el valor de la opinión pública en la democracia. Cada medio de comunicación es muy libre de abordar la organización de estas falsas ruedas de prensa como crea oportuno, peroABC no ha sido protagonista de la historia de España, desde hace más de un siglo, en el que ha sufrido cierres, persecuciones y censuras, para ser cómplice de trampas al ciudadano. En esta crisis trágica de la pandemia, cada cual debe sacar lo mejor de sí mismo y demostrar cuáles son sus compromisos con España. El nuestro es la libertad de información, puesta al servicio del ciudadano y del interés general, con respeto a la identidad editorial del periódico. Cientos de ciudadanos están muriendo cada día, millones de españoles están perdiendo sus empleos, confinados en sus hogares, muchos de ellos en condiciones muy penosas. No es el momento de participar en una parodia de transparencia informativa, sino de dejar claro que no aspiramos a la palmadita del poder, sino a conservar la confianza de nuestros lectores.

La Moncloa ha desoído el clamor de la profesión periodística, sin distinción de medios e ideologías, que en un manifiesto promovido por profesionales de ABC pidió cambiar el modelo de rueda de prensa en la Presidencia del Gobierno. Ha decidido mantener una aduana en el móvil del Secretario de Estado de Comunicación -¡qué sarcasmo!- que obliga a aguantar las evasivas de los comparecientes y sus versiones burlescas de la realidad, descartando preguntas incómodas e impidiendo repreguntar por la verdad. Pues bien, que no cuenten con ABC en esta representación antidemocrática y que no teman nuestros lectores, pues la información veraz y contrastada seguirá llegando a las páginas de este periódico sin necesidad de pasar por el aro de La Moncloa.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sánchez exige apoyo a quienes desprecia
Editorial ABC  5 Abril 2020

Su apelación a los pactos de la Transición es solo marketing político tras ignorar a la oposición en esta crisis y someter a las Cortes a un cierre a cal y canto que le permita eludir las explicaciones sobre su deficiente gestión

El presidente del Gobierno anunció ayer que solicitará al Congreso la autorización para prorrogar el estado de alarma hasta el 26 de abril en idénticas condiciones de restricción de libertades a las hoy vigentes. Y dio por seguro que también se prolongará en semanas sucesivas, aunque con una buena noticia: si la evolución del coronavirus decrece en sus demoledores efectos, ese estado de alarma se verá «modulado», de modo que poco a poco se abrirá la mano a reactivar la actividad productiva y comercial del país. Por fin Sánchez toma conciencia del drama que se cierne sobre la economía y asume que nuestra nación no puede permanecer cerrada. España debe continuar en estado de alarma, confinada y asumiendo todas las prevenciones posibles, porque así lo exige la salud pública. Pero en cierto modo el presidente ha empezado a rectificar, consciente de que el apagón económico no es sostenible.

Sin embargo, lo cargante de Sánchez un sábado más no es que tenga razón ampliando el estado de alarma. Lo cargante vuelve a ser ese tono de falsa humildad tuteando a los ciudadanos, apelando a un patriotismo del que siempre renegó por rancio, cribando las preguntas de los periodistas, y sosteniendo que reconoce cada error sin realmente asumirlos. Su gestión está siendo nefasta, errática e improvisada, y recurrir a frases históricas de Kennedy, o apropiarse ahora de los Pactos de La Moncloa de Adolfo Suárez, tiene mucho de cinismo. Sánchez ofreció ayer a la oposición una reedición de esos pactos de la Transición con una declaración vaporosa y carente de contenido. No explicó ni con quién, ni con qué propósito. No explicó si está dispuesto a rectificar algunas medidas nocivas para el sostenimiento económico de España. Y tampoco dio cuenta de por qué ha pasado trece días sin hablar con el principal líder de la oposición, Pablo Casado. Todo suena a una nueva operación de marketing político. Esos pactos son imprescindibles, por supuesto, pero Sánchez pretende que la oposición le rinda pleitesía y silencie sus disparates mientras desprecia a sus líderes. Por eso apela al drama para conseguir una rendición de la oposición que le afiance en el poder sin opción de someterse a crítica alguna. Por eso mantiene cerrado el Parlamento a cal y canto, y por eso no rompe con sus socios comunistas y separatistas. Su apelación a una suerte de pacto nacional es artificial y poco creíble. No en vano, resulta indignante que al mismo tiempo que invoca la generosidad de esos pactos, permita a sus socios de Gobierno y a Bildu tramitar iniciativas parlamentarias para despenalizar las injurias al Rey. A Sánchez le sobra soberbia y le faltan autocrítica y credibilidad, sobre todo cuando consiente a Podemos, ERC y Bildu seguir socavando nuestro estado de libertades.
 


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