AGLI Recortes de Prensa   Lunes 6  Abril  2020

Los muertos bajan por una única, terrible y cruel razón que no dice Sánchez
ESdiario 6 Abril 2020

España tiene la mayor letalidad proporcional del mundo, una verdad insoportable que exige explicaciones y responsabilidades cuando la lucha contra el virus termine.

Por primera vez en dos semanas, la cifra de muertos diarios en España se ha reducido, aunque sigue en unos parámetros insoportables que, por elemental respeto a las víctimas, a sus seres queridos y a la sociedad en general, descartan todo entusiasmo.

Otras 674 personas han perdido la vida, elevando a 12.418 el número de muertos en España, un desproporcionado 20% del total mundial. Siendo España el 0.6% de la población total del planeta, asumir ese coste es, en sí mismo, demostrativo de que algo no se ha hecho bien. Y reclama que, cuando la batalla al coronavirus se gane, y se ganará, el Gobierno tendrá que dar muchas explicaciones y asumir unas cuantas responsabilidades.

No hay que engañarse, pues, sobre cómo se ha logrado esa "mejora". La verdadera razón, cruel y dolorosa, es que se han ido muriendo ya los pacientes más expuestos, los sectores más vulnerables, los que se contagiaron, en definitiva, en el momento en el que España tenía la guardia más baja.

Las pruebas de que el Gobierno conoció e ignoró las alarmas por coronavirus
Por los plazos de incubación y convalecencia conocidos de la enfermedad; es evidente que las víctimas mortales y la mayor parte de los enfermos que contabilizamos ahora se contagiaron entre finales de febrero y principios de marzo. Y no se puede decir ni que nos pillara por sorpresa ni que no pudieron adoptar medidas paliativas.

Todo lo contrario, y quizá aquí resida la explicación a la especial virulencia del COVID-19 en España, el país con más muertos por millón de habitantes del mundo: en aquellas fechas el Gobierno ya había recibido las alertas científicas e institucionales oportunas; tenía los ejemplos temibles de China e Italia y ya padecíamos, por centenares, casos locales.

Pero lejos de actuar, como lo hizo Corea por ejemplo, el Ejecutivo miró para otro lado e incluso potenció los riesgos, al permitir de manera irresponsable cientos de eventos de masas, probablemente para no tener que incluir en la prohibición las manifestaciones feministas del 8M. E incluso, rechazó las advertencias y consejos de adquirir material sanitario básico que ahora, con tanto retraso y dolor causado, intenta comprar.

La reducción del impacto del coronavirus es consecuencia, en fin, de que los mayores estragos de la infección inicial ya se han cobrado un altísimo precio, sin parangón en ningún país, ni siquiera en los que ocuparon desde enero la crónica más negra, ofreciendo un ejemplo al resto que España ignoró con infinita frivolidad. Y esto, algún día, se tendrá que depurar. Por respeto a las víctimas y por dignidad de país.

La adicción de España al déficit aleja a Sánchez de los coronabonos
Francisco Nunes Libertad Digital 6 Abril 2020

Los coronabonos son teóricos títulos de deuda pública que el Consejo Europeo está barajando emitir para mutualizar los costes económicos de la pandemia del coronavirus. Éstos, en vez de ser títulos de deuda de una nación, serían títulos de la eurozona en común con tipos de interés más bajos que los emitidos por un sólo estado miembro. España e Italia los ansían. Sin embargo, Holanda, Alemania y los países nórdicos se oponen a ellos. ¿A qué se debe su oposición?

Exigencia de responsabilidades
Desde la gran recesión, de la cual hace más de una década, España ha tenido déficit público, es decir, unos gastos del estado superiores a sus ingresos. Podría haberse reducido el gasto cuando comenzó el crecimiento, en 2014, pero no se hizo.

Así pues, España es, ante los ojos de las naciones mencionadas, un país irresponsable que no ha puesto orden cuando ha podido y ve ahora las consecuencias de no haber actuado cuando pudo. En la siguiente gráfica se pueden apreciar los cambios en el crecimiento del PIB y la deuda española como porcentaje del mismo desde 2007, siendo 2005 el año base (100).

Además, aunque en 2019 aumentaron los ingresos del estado, fue el primer año de crecimiento del déficit desde la recuperación debido al aumento de gasto del gobierno, en aquel entonces del PSOE. El aumento fue de 2.728 millones de euros.

El déficit público en España
España ha sido un país dado al déficit público en estos últimos años, pero, ¿ha sido siempre así?

Según las Estadísticas Históricas de España de la Fundación BBVA, en el período 1850-2000, el 80% de los años hubo déficit.

Esta situación no parece haber mejorado desde el año 2000 hasta la actualidad, teniendo un 84% de años con déficit.

La alternativa: los préstamos del MEDE
En caso de no salir adelante los polémicos coronabonos, los estados miembros tendrían la opción de optar a un préstamo del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) de un máximo del 2% del PIB del estado miembro y cuyo umbral podría ajustarse en función de la gravedad de la situación. Esta medida tendría que ser aprobada, al igual que la anterior, por el Consejo Europeo y Alemania y Austria ya han afirmado que, a pesar de su oposición a la primera, considera esta segunda medida la adecuada para abordar los cambios por venir debido al Covid-19. "Tiene todos los instrumentos con los que podemos trabajar", señaló el portavoz del Ejecutivo alemán, Steffen Seibert. Por su parte, el canciller austriaco, Sebastian Kurz, califica el MEDE como "un instrumento muy bueno" del que todo país que lo necesite puede recibir ayuda.

España no redujo el déficit cuando pudo. Alemania, Holanda y los países nórdicos se escudan en este hecho para negarse a mutualizar la deuda mediante coronabonos. Otra opción sería recurrir a los préstamos del MEDE, pero la primera opción es la preferida por países como España e Italia, entre otros. No parece que la idea de mutualizar la deuda en la eurozona vaya a salir adelante, pero debemos pensar en los argumentos de sus oponentes y tenerlos en cuenta para, cuando podamos, tomar esta vez el camino correcto.

Sánchez, el peor valorado de Europa
Editorial ABC 6 Abril 2020

El sondeo que hoy publica ABC demuestra que el apoyo de los españoles a la gestión del Gobierno en la crisis por el coronavirus sigue cayendo en picado, porque su percepción es francamente negativa. Solo uno de cada cuatro españoles, el 27,7 por ciento, piensan que el Gobierno está actuando con eficacia, lo que contrasta con el apoyo que obtienen otros líderes europeos a la hora de afrontar la tragedia. La comparativa con otros líderes mediante los datos aportados por los corresponsales de ABC es muy esclarecedora. En Italia, el 71 por ciento apoyan la gestión de Giuseppe Conte, y en Alemania, el 63% respaldan a Angela Merkel. Incluso en Francia, Emmanuel Macron mejora la percepción de sus ciudadanos, al que apoyan un discreto 39 por ciento, pero en cualquier caso por encima del raquítico apoyo a Sánchez. Por el contrario, según la encuesta de GAD3, el personal sanitario se lleva un elogio unánime, con el 98 por ciento de agradecimiento por su trabajo, una cifra casi idéntica al apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y al Ejército (92%). Más aún, la ciudadanía se da a sí misma un amplísimo notable por su disciplina ante el estado de alarma: tres de cada cuatro encuestados creen que actuamos con responsabilidad.

Es innegable que Sánchez ha hecho una gestión desastrosa. Ha despreciado el apoyo de la oposición, ha clausurado el Congreso, ha hecho caso omiso de las recomendaciones del mundo económico y su política de comunicación es netamente propagandística. Solo el 15 por ciento de los españoles creen que Sánchez está actuando de forma más eficiente que sus homólogos europeos, y tres de cada cuatro están convencidos de que las medidas para evitar a posteriori una profunda recesión son insuficientes. Con este diagnóstico, nunca un gobierno deterioró tanto su imagen en menos tiempo. Es cierto que se trata de una pandemia mundial con un recorrido inédito. Pero ningún gobierno en ningún otro país ha generado tanta desconfianza y desánimo ciudadanos. Más aún, casi el 83 por ciento de los consultados por GAD3 argumentan que el Ejecutivo de Sánchez improvisa constantemente. Bajo estas premisas, sostener que Sánchez pretende reinstaurar una nueva versión de los Pactos de La Moncloa es sibilinamente falso. Solo busca coartadas políticas para revertir esa creciente pérdida de credibilidad. Tras la crisis sanitaria, surgirán una crisis económica sin parangón y una desafección política notable, pero hoy Sánchez sigue sin renegar de sus socios separatistas, y su inclinación hacia el comunismo anacrónico de Podemos es tan sintomática como catastrófica. No solo reaccionó tarde y mal a los ojos de una parte sustancial de la ciudadanía, sino que ahora pretende mantener el andamiaje de una mentira. Él y su Gobierno pudieron hacer mucho más. Y las familias de más de 12.400 muertos lo saben.

El elevado coste de la imprevisión del Gobierno
Editorial El Mundo 6 Abril 2020

Pedro Sánchez aprovechó ayer otra videoconferencia con los presidentes autonómicos para anunciar que, una vez se ha confirmado la desaceleración en el número de contagios y después de haberse estabilizado la presión en las urgencias, la lucha contra el coronavirus pasa a una nueva fase: el aislamiento de los positivos asintomáticos. Ya era hora de que el presidente asumiera una estrategia que ha funcionado con éxito en otros países, como Corea del Sur. El Gobierno ha solicitado a las comunidades que le proporcionen un listado de infraestructuras donde alojar a las personas que son portadoras del Covid-19 pero no sufren síntomas. La detección precoz constituye un método eficaz para frenar la transmisión del patógeno. El hecho de que asuma la necesidad de implementar esta estrategia demuestra la imprevisión y la negligencia de un Ejecutivo que rechazó cinco alertas de la OMS desde el 30 de enero, cuando Sanidad se hace cargo de las competencias de vigilancia de salud pública. "Tenemos material suficiente" fue la arrogante respuesta de Salvador Illa a la advertencia del organismo multilateral del riesgo de desabastecimiento. Esta irresponsabilidad la está pagando España de forma cruel. Ya es el segundo país del mundo -solo por detrás de EEUU- con mayor número de contagiados y el que tiene más médicos (14.000) infectados.

Tanto la OMS como la Unión Europea, tal como reveló EL MUNDO, alertaron antes del 8-M de la potencial letalidad de la pandemia y de la urgente necesidad de hacer acopio de material sanitario. Sánchez ignoró ambas cosas. Y, anteponiendo la ideología a la gestión, mantuvo el calendario para preservar aquella manifestación. Perder tanto tiempo en el combate contra la pandemia es lo que luego ha provocado la alarmante escasez de equipos de protección para los sanitarios. El Gobierno se abre ahora a aislar a los asintomáticos, lo que supone una rectificación tardía. Sin embargo, la llegada inminente de un millón de test anunciados por Illa es insuficiente. Se requiere la práctica de test masivos a la población. Una técnica, tal como subrayó Pablo Casado en la entrevista que publicamos ayer, que no precisa del cierre de la actividad económica. Además, habría que acelerar el regreso de jóvenes e inmunizados a sus puestos de trabajo.

Pese a las extensas alocuciones de Sánchez en TVE y su descarada voluntad de extender sine die las atribuciones que le confiere el estado de alarma, el Gobierno sigue ofreciendo señales de estar desbordado por la magnitud de la emergencia sanitaria, social y económica. El sacrificio de los ciudadanos en el confinamiento debe ser correspondido con una gestión eficaz de la crisis y no con el caos de un mando único desbordado.

Cinco razones por las que la economía española será una de las más afectadas por el Covid-19
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital  6 Abril 2020

Lo único que sigue creciendo, tanto con respecto al tercer trimestre del 2019 como en términos interanuales, es el consumo de las administraciones públicas.

España está en el epicentro del coronavirus. No sólo por su lucha salvaje en materia sanitaria, que ya está despertando halagos desde los organismos más importantes a nivel internacional- como los de la OMS por el hospital en IFEMA-, sino también porque será una de las economías más afectadas ya en 2020.

Las estimaciones más optimistas señalan hacia caídas del 4% del PIB y subidas del 6% de déficit público, aunque también existen analistas que rebajan sus estimaciones hasta cifras de doble dígito, tanto para el crecimiento económico como para el desequilibrio presupuestario. Los datos que vamos conociendo señalan, en cualquier caso, un panorama desolador:

Pérdida de casi 900.000 puestos de trabajo desde el confinamiento, lo cual supone 70.000 empleos cada día,
Incremento del paro en el mes de marzo, que dobla el mayor registrado en 2008.

Datos los anteriores que no tienen en cuenta a los 3 millones de trabajadores que se calcula que están inmersos en un ERTE, de los cuales sólo están aceptados 620.000, según la ministra Yolanda Díaz.

Pérdida de 122.000 empresas con empleados a su cargo registradas en la Seguridad Social, un descenso del 8%. Esto es, gráficamente, todo lo que habíamos avanzado desde la crisis de 2009.

Existen fundamentalmente cinco razones para pensar que estas estimaciones son ciertas, y que el escenario más probable se situará entre los más pesimistas:

1- Modelo Económico
España es un país altamente dependiente de sectores que se están viendo afectados por esta pandemia, como es el turismo, la hostelería y el sector servicios en general. Antes de esta pandemia el sector turístico, y especialmente el aeronáutico, ya vivía una situación de clara debilidad, con operadores como Thomas Cook o Air Italy quebrados entre finales del año pasado y principios de este. En estos momentos, el parón está concentrado en él, e incluso, ya se están planteando operaciones de rescate, como los 2.000 millones que prepara el gobierno alemán para TUI.

Los datos de afiliación a la Seguridad Social certifican este impacto vía modelo productivo: casi 800.000 puestos de trabajo destruidos en el sector servicios y construcción desde el pasado 12 de marzo. Dos sectores que, conjuntamente, suponen casi el 75% de nuestro PIB.

2- Crecimiento con esteroides
Esta semana han pasado desapercibidas las cifras de contabilidad nacional ofrecidas por el INE. Una publicación, junto con la de déficit público, que sitúa a España en la horquilla más baja de todos los escenarios posibles: crecimiento del 1,8% interanual en el cuarto trimestre del año pasado y un déficit público del 2,6%.

Sobre el déficit, es necesario hacer una parada para analizar con detenimiento la radiografía del crecimiento económico en nuestro país.

La demanda doméstica está gripada. Tanto es así, que por primera vez desde 2013, la demanda nacional presenta un dato de crecimiento trimestral negativo (-0,1%). Y las perspectivas, por los suelos: La formación bruta de capital registra datos negativos, tanto para empresas (formación bruta de capital fijo) como para familias (en materia, fundamentalmente, de vivienda.

Lo único que sigue creciendo, tanto con respecto al tercer trimestre del 2019 como en términos interanuales, es el consumo de las administraciones públicas: crecimiento trimestral del 0,7% e interanual del 2,4%.

Dicho de otra manera, el bote salvavidas al que se agarra el gobierno de España, tanto en campaña como para justificar la (falsa) paridad de condiciones para afrontar los Eurobonos es, en realidad, un modelo de crecimiento basado en gasto público, incluso una vez pasadas las sucesivas campañas electorales del 2019.

3- Irresponsabilidad fiscal
Esta semana también hemos conocido los datos definitivos del déficit para el año 2019: 2,6% del PIB. Una consecuencia directa de lo comentado anteriormente, con un agravante: los ingresos públicos han vuelto a crecer, registrando un máximo histórico, aunque es cierto que con una evolución a la baja.

Hay cuatro lecturas subyacentes a este dato:

La primera es que el gobierno de Mariano Rajoy tenía comprometido con Bruselas un déficit del 1,3% para 2019. Cuando Pedro Sánchez fue nombrado presidente del Gobierno en 2018, renegoció esta cifra hasta el 2% del PIB. El incumplimiento, por consiguiente, asciende a 1,3 puntos porcentuales.

Lo segundo es la situación de déficit crónico en la que parece estar inmersa España. Con este ya van a ser 12 años consecutivos de necesidades de financiación de la economía española, con una deuda pública que continúa sin visos de alejarse del 100% del PIB.

Lo tercero es la pérdida de credibilidad internacional que supone este dato, en un año de crecimiento económico. Ni la negociación por los Eurobonos ni un eventual memorándum de entendimiento, en caso de que España finalmente atraviese problemas financieros de la índole de 2011, serán sencillos con estos antecedentes.

Ahora, España está sin margen fiscal para afrontar la que muy probablemente será la peor crisis de toda su historia contemporánea, y lo pagaremos durante años. El escenario se acerca cada vez más a la colección de errores que llevó a cabo el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero: inacción inicial, shock económico, sobrerreacción a través de fallidas políticas de demanda (Plan E) y un nuevo shock económico, esta vez autoinducido.

4- Inacción gubernamental
Como consecuencia de lo anterior, el gobierno de España está actuando tarde y de forma claramente insuficiente. Los sucesivos planes presentados no sólo no solucionan los problemas reales a los que se enfrenta la economía española, sino que están generando una inseguridad jurídica de la que será difícil recuperarnos ante los continuos ataques a los que se ven sometidos los empresarios.

Más allá de eslóganes políticos y de grandes cifras, España está a la cola en materia de apoyo gubernamental cuando será uno de los países más afectados (sino el que más) de esta crisis en todo el mundo. Veamos algunas de las políticas aprobadas en el plan de 1,1 billones de euros alemán:

Avales y créditos con intereses bonificados por valor de hasta 460.000 millones, pudiendo llegar hasta los 550.000, destinados tanto a nuevas operaciones como a las existentes.

Fondo de rescate de 50.000 millones de euros para pymes y autónomos vía créditos al 0%.

Reactivación del Fondo de Estabilización de grandes empresas. Un mecanismo creado en la crisis financiera capaz de movilizar 600.000 millones: 400.000 millones podrían ir destinados a garantizar deudas y pasivos (avales); 100.000 millones para recapitalización, adquisición de participaciones o nacionalización temporal de empresas afectadas; y 100.000 millones más para préstamos públicos.

Moratorias en el pago de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social.

Fondo de 50.000 millones de euros destinados a apoyos para autónomos y PyMEs de menos de 10 empleados recibirán de hasta 15.000 euros durante tres meses a través de exenciones fiscales.

Como ella, 22 países de la Unión Europea han aprobado exenciones o moratorias fiscales. España, sin embargo, continúa fiando su recuperación a un plan de avales de 100.000 millones de euros, de los cuales sólo han aprobado 20.000, mientras atenta contra la propiedad privada y pone en jaque el libre mercado, siguiendo directrices del propio vicepresidente del gobierno.

5- Descrédito internacional
Todo lo señalado anteriormente dibuja un cóctel explosivo que se traduce en una situación de elevada vulnerabilidad a nivel internacional, y muy especialmente entre nuestros socios europeos. La desconfianza quedó patente en la última reunión de los ministros de economía, de la que salieron notables divergencias sobre el modelo con el que afrontar esta crisis económica. Europa está siendo incapaz de articular soluciones comunes o, al menos coordinadas, por la enorme diferencia entre la evolución económica de unos países y de otros. Por supuesto que el coronavirus no entiende de fronteras, pero las respuestas sí, y la realidad es que los que siempre estamos en el vagón de cola somos incapaces de asumir la responsabilidad individual que tenemos con nuestros conciudadanos de hacer más y mejor Europa. Un punto de encuentro solidario y justo, con el que competir en los verdaderos desafíos a los que nos enfrentamos a nivel global.

Cuando esta debilidad se haga patente, quienes la han creado no dudarán en señalar al enemigo externo para justificar sus propios errores y seguir manteniéndose en el poder. Entonces, tendremos que sacar lo mejor de nosotros mismos para conservar el único contrapeso que permite que una minoría irresponsable no convierta nuestra España rica en Argentina.

Balance de urgencia
Gabriel Albiac ABC 6 Abril 2020

El balance es desolador: el de una tragedia que no tiene precedente salvo en tiempo de guerra. Es ahora difícil mantener la cabeza fría. La muerte sigue ahí. Al acecho. Pero, en los tiempos más duros, mantener la cabeza fría es obligación moral. Nada va a borrar nuestras emociones ni nuestros desgarros. Nuestro resentimiento, tampoco. Pero es hora de que la razón hable. Sólo. El Gobierno español se ha ido a pique en una loca amalgama de sectarismo e incompetencia. Cataloguemos sus derivas.

Sectarismo ideológico, por un lado. Fue primero lo del 8 de marzo. Los organismos internacionales llamaban, desde final de febrero, a evitar concentraciones masivas. Era hora de iniciar los aislamientos. El Gobierno no lo hizo. Tenía sus motivos para no cerrar estadios, cines, teatros, conciertos, bares, restaurantes, centros de culto antes de empezar marzo. Era la única coartada posible para mantener la convocatoria de unas manifestaciones que PSOE y Podemos juzgaban fuente clientelar de votos. De aquellas manifestaciones, pero también de los lugares públicos que para enmascararlas se mantuvieron abiertos durante dos locas semanas, vino la espiral que hace hoy a España el tercer país más contagiado del mundo. Vinieron las medidas económicas, luego: infantiles arbitrios populistas. De ellas, vendrá la quiebra. Añadir miseria a una plaga no es muy inteligente: pero, ¿qué puede contar la inteligencia para un discípulo de Nicolás Maduro? Y hasta Maduro habrá envidiado la censura ejercida en las ruedas de prensa del amigo Sánchez. Y también Kim Jong-un.

Incompetencia aplastante, simultáneamente. Se empezó con el sarcasmo de las mascarillas. Cruciales para contener el virus en China. El Ministerio de Sanidad no las había acumulado. Y decidió mentir: el Gobierno proclamó que aquellas feas cosas no servían para nada, hizo irrisión de los estúpidos ciudadanos que las usaban; hoy, toda Europa asume que hubieran sido esenciales. Pero el momento suicida fue el de los test. Sin ellos, no hay posibilidad alguna de salir del marasmo. Sólo el rastreo masivo de los contagiados reales permitirá un aislamiento selectivo, sin el cual no habrá retorno al trabajo. El Gobierno compró alucinantemente tarde. Compró criminalmente mal y fue estafado. Vino después el robo turco del material comprado… Y todo esto ni siquiera nos asombra. En el mayor cataclismo del último medio siglo, un gobierno de párvulos perversos tiene su nombre propio: tragedia.

Nada nos resarcirá de los doce mil quinientos muertos. Nada evitará la ruina que va a llevarse por delante nuestro país. Habrá que pedir, en su día, cuentas judiciales al Gobierno que desplegó tales dosis de negligencia. Con verosimilitud, culposa; no sé en qué grado criminal. Mas toca ahora apelar al instinto de supervivencia. De todos. Sólo un gobierno adulto -sin más, adulto sólo- puede cerrar la tragedia y mitigar los costes. Un gobierno que concentre a todos los partidos constitucionales. Y que excluya sólo a los delirantes.

El poder casi absoluto de Sánchez gracias al coronavirus
Nacho Cardero elconfidencial 6 Abril 2020

Esto del coronavirus debería ir de salvar vidas y solo de eso, pero en puridad va de mucho más. Se está utilizando la excepcionalidad de la situación para sustraer derechos y libertades a los ciudadanos con decisiones extrajurídicas, en algún caso, y directamente antijurídicas, en otros. Un asalto al sistema de garantías que en un momento podría resultar legítimo con el objeto de frenar la pandemia, pero que en puntos concretos se está convirtiendo en abuso de poder. “Donde acaba la ley”, decía John Locke, “empieza la tiranía”.

Lo más preocupante no es el confinamiento de la población —a todas luces necesario, vista la reducción del número de muertos e infectados—, sino el confinamiento de la legalidad.

Un secuestro del que están siendo víctimas el Congreso de los Diputados, hasta hoy orillado en la toma de decisiones; los ciudadanos, exponiéndose a la geolocalización de sus móviles para saber de la trazabilidad del virus, sin que haya mecanismo prefijado de desactivación y coincidiendo justo con la entrada de Pablo Iglesias en el CNI, y las empresas, a las que los últimos reales decretos ‘expropian’ sus rentas, haciéndoles asumir un coste que correspondería al sector público.

De estos abusos tampoco han quedado exentos los periodistas, a los que Moncloa ha querido aplicar la misma unilateralidad que a la oposición, teniendo que rectificar posteriormente ante la presión de la opinión pública. A partir de ahora, en las ruedas de prensa del Gobierno se permitirán las preguntas en directo y por videoconferencia.

Con la excusa del confinamiento, el Ejecutivo ha minusvalorado el artículo 20 de la Constitución, que consagra el derecho de los ciudadanos a una información veraz, y ha desplegado toda su parafernalia a mayor gloria del presidente con el uso propagandístico de las ruedas de prensa, la adulteración de las preguntas y respuestas, la emocionalidad prefabricada de teleprónter, el plagio a JFK y la solemnidad impostada.

De igual modo, ha eludido los detalles más relevantes de la crisis, no ha dado información precisa sobre cómo nos encontramos, ni dice dónde nos vamos a encontrar dentro de un mes. Tampoco lanza un mensaje verídico, cuantificable, sobre la crisis económica que nos está arrasando como un tsunami, ni se planta ante la Unión Europea con una exigencia valiente, ni pide disculpas por el timo chino o el quilombo turco.

Los modales con los que el Ejecutivo ha tratado de gestionar la pandemia del Covid-19, y que ahora intenta enmendar con un mayor consenso parlamentario y con la modificación de las ruedas de prensa, han hecho mella en la imagen del Gobierno. A comienzos de la crisis, según datos de Metroscopia, la actuación de Pedro Sánchez obtenía el rechazo de solo un 24% de la población. Ahora, este porcentaje se ha disparado al 51%.

“Somos muchos los juristas que pensamos que la actual situación de estado de alarma no está cubierta por la Constitución —art. 55 y 116— de acuerdo con lo que dispone la Ley Orgánica 4/1981. No es una situación banal la que se está produciendo. No hace falta mucho esfuerzo para imaginar si fuera un Gobierno de distinta ideología cómo se le estaría calificando. En una democracia, el instrumento jurídico con el que se adoptan medidas restrictivas de los derechos fundamentales es vital”, escribía un lector ilustrado en correo electrónico.

No es el único que piensa así. Otras voces como las de José Antonio Zarzalejos en este mismo periódico ("El Gobierno, fuera de control") o Juan Luis Cebrián en 'El País' ("Un cataclismo previsto") se han referido a la situación derivada de la crisis en términos similares.

Los juristas dudan de igual modo de la legalidad de la última medida anunciada por Sánchez, la de aislar a los asintomáticos o contagiados con síntomas leves, por equivaler prácticamente a un encarcelamiento, y el socialista Joaquín Leguina y economistas como Guillermo de la Dehesa, Juan José R. Calaza o Andrés Fernández Díaz se quejan, en un polémico manifiesto, de que el confinamiento es "una medida fascista, ineficaz, humillante, traumatizante y destructiva, que supone más problemas que soluciones".

Los avisos a navegantes se suceden dentro y fuera de nuestras fronteras. 'The New York Times' señalaba en su edición del pasado 30 de marzo cómo el coronavirus era la oportunidad perfecta para algunos políticos de hacerse con más poder de lo que, en situaciones normales, una democracia puede permitirse, y Yuval Harari advierte: "Si no tomamos la decisión correcta, quizá nos encontremos renunciando a nuestras más preciadas libertades, convencidos de que esa es la única manera de salvaguardar nuestra salud".

Ya lo dice Saadi, el poeta persa ahora citado por Sánchez: “Un hombre tirano no puede ser rey / Ni tampoco un lobo puede ser pastor / Y es que un rey que instaura una tiranía / Zapa la muralla de su propio reino”

Casado y los abusos de Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital 6 Abril 2020

Como viene sucediendo desde que estalló la crisis sanitaria del Covid-19, Pedro Sánchez asestó este fin de semana a la ciudadanía un nuevo mitin televisado para tratar de disimular las gravísimas responsabilidades de su Gobierno y poner de su lado a la opinión pública.

Pero con ser grave esta utilización partidista de la televisión pública, con unas intervenciones sentimentaloides y mitineras que no aportan nada de interés, lo más preocupante de la última edición de Aló Sánchez fue el anuncio de que el estado de alarma se prolongará... el tiempo que el presidente de este Gobierno social-comunista estime oportuno.

Sánchez pretende torcer el espíritu de la Constitución con su particular interpretación de la excepcionalidad para mantener indefinidamente cerrado el Parlamento, paralizada la economía y confinada en sus domicilios a la población. Sin embargo, los poderes excepcionales entregados al Gobierno con motivo del estado de alarma están tasados en las leyes y no pueden ser un cheque en blanco para que Sánchez actúe de forma dictatorial por tiempo indefinido.

Las pretensiones de Sánchez, que desbordan las previsiones establecidas en el artículo 116 de la Constitución, tienen mucho más que ver con su cálculo político que con las necesidades reales de una población que lleva confinada tres semanas por la incompetencia del peor Gobierno concebible.

Sánchez, que ha basado su carrera en la división y el juego sucio, no puede reclamar a la oposición una lealtad que él no ha mostrado nunca salvo hacia sí mismo y sus intereses personales. Por todo ello resulta incomprensible que Pablo Casado haya dado nuevamente su apoyo a la manera abusiva en que Sánchez está gestionando el actual estado de alarma. De hecho, ya va siendo hora de que el PP se plante ante una deriva que socava gravemente el orden constitucional.

Casado tiene un deber de lealtad para con los españoles, no para con un Gobierno felón integrado por neocomunistas y apoyado por separatistas, que pretende abusar indefinidamente de sus poderes para tapar su tremenda responsabilidad en la expansión de la terrible pandemia.

El fracaso de una nación
Álvaro Nieto vozpopuli.es 6 Abril 2020

Insiste el presidente del Gobierno estos días, apoyado por su amplio coro de palmeros, en que estamos ante una crisis global. Y es verdad, el coronavirus tiene paralizado más de medio mundo, pero eso no puede servir de excusa para esquivar las responsabilidades en la gestión de esta pandemia.

España, como muchos otros países de nuestro entorno, está siendo azotada por una enfermedad de la que, obviamente, no tiene ninguna culpa Pedro Sánchez. Sin embargo, él y el resto de políticos que nos dirigen sí son responsables del modo en que se está afrontando este desafío.

Que a estas alturas del partido España sea el segundo país del mundo en número de muertos por la Covid-19 es una situación completamente anormal, se mire por donde se mire. Al ritmo que van las cifras, y aunque por fortuna va descendiendo el registro diario de muertos, en apenas unos días estaremos por encima de Italia y liderando la clasificación en Europa.

Y cuando ello se produzca no vale aferrarse a lo que suceda en Estados Unidos, como empiezan a hacer ya algunos imbéciles. La cifra de muertos allí acabará superando más pronto que tarde la de España, faltaría más. Lo que hay que mirar son las cifras de muertos en relación a la población de cada país, y ahí España tiene unos registros nefastos.

En un extraordinario trabajo publicado en 'Vozpópuli' el sábado pasado, la periodista Diana Fresno demostraba con números cómo, a pesar de que la epidemia tiene escala mundial, la mortalidad varía enormemente según los países. Si nos centramos en Europa, resulta espectacular que en España hayamos superado ampliamente los dos fallecidos por cada 10.000 habitantes, mientras que en países de nuestro entorno ni siquiera se alcanza la cifra de un fallecido. Por no hablar de Alemania, donde la tasa de mortalidad por cada 10.000 habitantes está en el 0,12, o de Portugal, que tiene el 0,29 después de haber registrado 295 muertes hasta ahora. Sí, lo han leído bien, Portugal apenas tiene 295 muertos. Y si pinchan aquí entenderán por qué.

Ante la contundencia de estas cifras hay dos opciones. O seguir aplaudiendo como si nada estuviera pasando porque, ay qué mala suerte, esta crisis es global. O preguntarse qué estamos haciendo mal... o al menos qué hemos hecho mal para que muramos en mucha mayor proporción que en otros países europeos.

Preparación y anticipación
Hay gente que se pregunta estos días si no estaremos entrando en una nueva fase en la que nuestras vidas ya nunca volverán a ser como antes. Esas mismas personas, llevadas quizás por el pesimismo, barruntan que después de la Covid-19 vendrá la Covid-20. Y puede que tengan razón, pero el ser humano ha demostrado a lo largo de la historia que aprende de sus errores y, por tanto, cuando en próximos años lleguen virus similares, sus consecuencias serán mucho menores porque estaremos mejor preparados y, sobre todo, reaccionaremos antes.

El último discurso de Sánchez a la nación, el pasado sábado, ya incluyó algo de esto por primera vez. En una frase un tanto confusa, el presidente dejó caer que trabajará para que aquellos que le sucedan puedan "responder más eficazmente en el futuro" a situaciones parecidas. Es lo más cerca que Sánchez ha estado hasta ahora de hacer autocrítica, pero al menos admite que habrá que cambiar cosas, que habrá que sacar aprendizajes... ergo, que algo hemos hecho mal.

El problema con Sánchez es que, escuchando sus mensajes, no queda claro qué es lo que considera que hay que cambiar para mejorar en el futuro. Él apunta directamente a la Unión Europea por no haber sabido responder a esta crisis de manera conjunta, y en eso tiene razón, si bien naufraga cuando pretende pasarle la factura de sus propios errores a nuestros socios europeos.

Pero, de igual forma que a escala europea es evidente que se debería haber reaccionado de otra manera, también conviene ser conscientes cuanto antes, porque nos va la vida en ello, de que nuestro estado autonómico, donde cada región tiene cedidas las competencias sanitarias, no es el sistema más eficaz para afrontar una emergencia de estas características.

La descoordinación con la que las diferentes autonomías han hecho frente a esta epidemia, el caos institucional, los celos entre administraciones y, lo que es peor, la constatación de que hay españoles que tienen mejores servicios sanitarios que otros dependiendo de dónde vivan, son motivos más que suficientes para plantearse seriamente una recentralización de las competencias sanitarias.

Si el futuro que nos aguarda está lleno de coronavirus, necesitamos un mando único que esté preparado para reaccionar a las primeras de cambio, que tome decisiones para el conjunto de España y que pueda contar con todos los recursos disponibles para ponerlos a disposición de inmediato de aquellos lugares o ciudadanos que en cada momento los puedan necesitar.

Un Ministerio de verdad
Ahora bien, un mando único y una recentralización de las competencias, para acabar de una vez por todas con ese bochorno de tener 17 números de teléfono o 17 tarjetas sanitarias diferentes, no puede suponer entregarle el poder sin más a los actuales responsables del Ministerio de Sanidad. Habrá que construir un verdadero organismo que actúe con profesionalidad y disponga de personal competente.

No podemos tolerar espectáculos tan lamentables como los vividos durante esta crisis con la compra de test defectuosos a una empresa sin licencia o el caso del director del centro de emergencias, Fernando Simón, que hace dos meses auguraba que no habría muertos en España porque la Covid-19 era "una enfermedad con muy bajo nivel de transmisión" y que, inexplicablemente, sigue todavía en el puesto.

Si el mayor experto de España en estos asuntos es el señor Simón, tenemos un problema. Y para apreciar su magnitud, recomiendo la lectura de cualquier entrevista a este epidemiólogo en los meses de enero y febrero. Hay una que es particularmente hilarante si no fuera dramático todo lo que ha pasado después. Se publicó el 9 de febrero en el Heraldo de Aragón, y allí dijo la frase anteriormente citada y esta otra que iba en el titular: "No hay razón para alarmarse con el coronavirus". Es el mismo experto que el 26 de febrero nos argumentaba que no tenía sentido que las personas sanas usaran mascarilla y que ahora, como si no tuviéramos memoria o nos tomara por imbéciles, defiende exactamente lo contrario.

La ciencia se supone que se basa en hechos, para pegar volantazos ya tenemos a los políticos, y semejantes errores son impropios de alguien a quien le pagamos el sueldo por dirigir nuestro centro de emergencias sanitarias. Sus patinazos sobre esta enfermedad seguramente expliquen por qué el Gobierno reaccionó tan tarde y tan mal, pero Sánchez no puede esquivar con ello las responsabilidades políticas derivadas de la gestión de esta crisis... empezando por haber sido incapaz de sustituir a ese experto a pesar de su evidente incompetencia.

Aquí ha fallado todo, nos guste o no. España ha hecho aguas. Su Gobierno, sus comunidades autónomas, su sistema sanitario, sus expertos... Cuanto antes seamos conscientes de ello, antes podremos aprender de lo sucedido y estaremos en disposición de evitar que ocurra lo mismo si algún día viene un Covid-20.

El autócrata Sánchez a sus anchas y sin oposición
Pablo Sebastián republica 6 Abril 2020

Como en la película de Charles Chaplin de ‘El Gran Dictador’ podríamos imaginar a Pedro Sánchez en su despacho de La Moncloa dando patadas a un globo pintado con el mapa de España, porque Sánchez ostenta, bajo el ‘Estado de Alarma’, un inmenso poder como nadie tuvo en España desde el inicio de la transición.

Un poder sobrevenido por la crisis sanitaria y económica del coranovirus que Sánchez ejerce con inusitada intensidad y sus habituales autocráticas maneras de despreciar a la oposición y a los medios para evitar obstáculos en la practica de su función.

Y ahora con mayor motivo por el miedo imperante, ni más ni menos que a la muerte, en la población que lleva casi un mes confinada -o ‘secuestrada’- en sus casas, mientras las patrullas de las Fuerzas Armadas y de la Seguridad vigilan el confinamiento general ciudadano.

Y, mientras tanto, decreto viene y decreto va, se interviene la economía, las empresas y la propiedad privada, y mientras el lugarteniente del autócrata, Pablo Iglesias, pide también la intervención de la Banca, las Eléctricas y la Construcción.

Y por supuesto el Parlamento medio cerrado y a media luz y los medios de comunicación a la orden del autócrata que ha puesto en ruedas de prensa filtro a las preguntas indiscretas de esos periodistas insaciables que están empeñados en conocer la verdad. Mientras TVE y La Sexta TV se llenan de elogios a tan egregio patrón.

Y los ciudadanos, entre la enfermedad, la muerte de seres queridos, o de conocidos, y la incertidumbre profesional, económica y laboral metidos en sus casas de donde apenas se les permite salir a comprar el pan.

O a las ventanas y balcones a aplaudir al personal sanitario o a zurrar las cacerolas cada vez que Sánchez, ‘El Gran Autócrata’ español, nos lee en televisión sus discursos bolivarianos sobre lo mal que está todo, los buenos que son los españoles y lo bien que lo están haciendo él y su Gobierno. Y además nos dice muy paternal eso de ‘no os mováis que es peor’.

Y ahí está Pedro Sánchez como el dueño y absoluto señor de España, y como autócrata hacedor de lo que le viene en gana y ello ‘por nuestro bien’. Y por supuesto con el beneplácito del PP de Pablo Casado, el pretendido líder de la Oposición que a nada se opone, y que debería denunciar esta farsa autocrática, bloqueando la aprobación de decretos y proponiendo un gobierno de ‘unidad nacional’. Y como poco exigiendo el control compartido de los verdaderos datos de la sanidad, la protección de empresas y de la propiedad privada y garantías para los medios de comunicación.

Pero si el objetivo de Sánchez es presentarse ante los españoles como el gran ‘conductor’ en la crisis, da la impresión de que para Casado su objetivo es el de no ofrecer resistencia a Sánchez confiado en su desgaste y en que ello le beneficiará.

El uno al mando con el disfrute absoluto del poder y el otro a la espera del deterioro y los errores del contrario para que su alternativa pueda progresar. Y al fondo de todo ello los españoles en la incertidumbre y en la inquietud y sin apreciar una imagen de cohesión política nacional.

Un informe de jueces y catedráticos abre la puerta a que Sánchez responda con su patrimonio por el coronavirus
María Jamardo okdiario 6 Abril 2020

Que respondan con su patrimonio. Un informe de jueces decanos y catedráticos de derecho civil y constitucional de las Universidades de Valencia y Castellón abre la vía para la demanda que preparan varios despachos de abogados españoles ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), para exigir a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias responsabilidades directas y personales por los daños causados en la salud de los ciudadanos, tras su gestión de la crisis sanitaria del coronavirus.

En el documento al que ha tenido acceso OKDIARIO, los expertos consideran que hay base legal para que los miembros del Consejo de Ministros respondan individualmente y con su propio patrimonio por las «acciones u omisiones de las Administraciones públicas implicadas en la gestión de esta crisis» que hayan provocado «daños que éstas tengan la obligación de resarcir con arreglo a lo establecido en nuestro ordenamiento jurídico».

El Estado, como tal, «puede quedar obligado a compensar algunos daños» en forma de «ayudas de carácter asistencial» o subvenciones «para las víctimas». Varias leyes «regulan específicamente la obligación de las Administraciones públicas de resarcir los daños ocasionados por la adopción de medidas en situaciones de crisis sanitarias como la que ahora estamos viviendo», durante el tiempo en el que se prolongue la alarma, consideran los expertos.

Pero ello no impide, a su juicio, que al igual que los consejeros de una empresa, responden directamente de las consecuencias de sus decisiones al frente de la misma, los miembros del Ejecutivo puedan tener que asumir sus presuntas negligencias en la gestión del COVID-19 y los perjuicios causados en el derecho fundamental a la salud de los ciudadanos, protegido expresamente en el artículo 49 de la Constitución Española.

Negligencia
«No hay razón alguna que permita pensar que la responsabilidad por culpa, tenga que considerarse una excepción en el caso que estamos considerando», sostiene el informe. «Los daños sufridos por los ciudadanos con ocasión de la crisis del COVID-19 que las Administraciones hubieran podido prevenir adoptando ciertas medidas de precaución» podrán ser indemnizables «si la omisión de éstas supone una infracción del deber de cuidado exigible«. Algo que, en opinión de los expertos, se da en la gestión de la epidemia del coronavirus por parte del Gobierno español.

De acuerdo con la jurisprudencia actual esta responsabilidad personal de los miembros del Gobierno «podría aplicarse en los casos en los que la negligencia cometida incrementó significativamente la probabilidad de que la víctima sufriera el daño que finalmente se materializó», aún cuando «no pueda saberse a ciencia cierta si este se hubiera producido igualmente de haber actua­do la Administración con el cuidado exigible».

Fuerza mayor
Este es el primero de los muchos obstáculos que los perjudica­dos por la crisis del COVID-19 van a tener que superar si pretenden que los Tribunales nacionales o europeos condenen al Estado a resarcirles los daños sufridos.

«La ley vigente» -apuntan los expertos- «excluye la responsabilidad patrimonial de las Administraciones públicas por los perjuicios causados por el funcionamiento de los servicios públicos en los casos de fuerza mayor». Entendiendo por fuerza mayor, de acuerdo con una consolidada jurisprudencia, «un suceso imprevisible o irresistible, provocado por una causa que escapa de la esfera de actuación del agente en cuestión». En palabras del propio Tribunal Supremo «absolutamente inevitable aún en el supuesto de que hubiera podido ser prevista».

Y la norma general es que en estas circunstancias «no serán indemnizables los daños que se deriven de hechos o circunstancias que no se hubiesen podido prever o evitar según el estado de los conocimientos de la ciencia o de la técnica existentes en el momento de producción de aquellos, todo ello sin perjuicio de las pres­taciones asistenciales o económicas que las leyes puedan establecer para estos casos», matizan los autores del informe. Habida cuenta de que el Gobierno disponía de hasta 10 informes diferentes advirtiendo de los riesgos del escenario epidemiológico en España, tal y como ha publicado OKDIARIO.

Ahora bien, «no creemos que la concurrencia de fuerza mayor permita excluir totalmente la posibilidad de que las Administraciones públicas respondan patrimonialmente por los daños sufridos por los ciudadanos en el marco de esta crisis», apuntan los juristas que firman el primer informe que avala una eventual demanda indemnizatoria y colectiva ante el TJUE. Una responsabilidad económica que no sería justo, en su opinión, que a su vez recayese sobre las arcas públicas que financian esos mismos ciudadanos perjudicados.

Los perjuicios provocados por esta pandemia «seguramente eran inevitables hasta cierto punto, pero las Administraciones públicas españolas, con sus acciones y omisiones, han podido agravarlos o mitigarlos«. «El diferente impacto que esta pandemia ha tenido en países similares, en función de las distintas precauciones adoptadas por sus respectivas autoridades, así lo indica», añaden.

Juan Calaza, impulsor del manifiesto contra el confinamiento: "No va a arreglar nada"
Diego Molpeceres vozpopuli.es 6 Abril 2020

El economista y matemático Juan José R. Calaza ha impulsado un manifiesto contra las medidas de confinamiento dictadas por el Gobierno para frenar la expansión del coronavirus. Junto a Andrés Fernández Díaz, catedrático emérito de Política Económica de la UAM; Joaquín Leguina, estadístico superior del Estado; y Guillermo de la Dehesa, economista del Estado, sostiene que paralizar el país no servirá para evitar los contagios y sólo supondrá el hundimiento de la economía. A todos ellos, mayores de setenta años, les une una relación académica con varios artículos publicados en revistas.

Calaza ahonda en conversación con Vozpópuli desde París en las tesis expuestas en su manifiesto que nada a contracorriente de la estrategia de muchos gobiernos para frenar una pandemia que se ha cobrado ya la vida de 67.260 personas en todo el mundo. Partidario de la herd inmmunity (inmunidad de grupo) para personas sin patologías, dice que sus propios cálculos ofrecen una tasa de letalidad del coronavirus mucho menor a la expuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Imperial College de Londres.

- El confinamiento reduce el número de contactos diarios de una persona y hace disminuir el número reproductivo del virus... La tesis de su manifiesto es que, como puede volver a reproducirse exponencialmente una vez que se levanten las restricciones, mejor no hacerlo para no destruir la economía, ¿no?
Todo confinamiento reduce los contactos. Pero el hecho de reducir los contactos sociales no quiere decir que disminuya el número de contagios. Y el problema del virus no es su letalidad, que es muy baja, sino que es bastante alta cuando toca a personas con patologías crónicas, que suelen concentrarse en hombres de más de ochenta años y, en menor medida, en las mujeres. El hecho de que se confine a la población no va a arreglar absolutamente nada. Tardará más, pero se va a contagiar igual.

- Ustedes califican de 'mito' que el aplanamiento de la curva epidémica gracias el confinamiento salve muchas vidas. ¿Por qué?
Una persona que no sepa nadar se ahoga igual en una piscina de dos metros que en medio del océano Pacífico. Si el sistema de urgencias sólo admite 1.000 personas y se presentan 1.100, da igual que se presenten 1.100 o que se presenten 50.000; queda desbordado. Lo que se está haciendo con el aplanamiento es que, en lugar de que el pico se produzca de una vez por todas, se extiendan en el tiempo las plétoras en urgencias. Si todo tenía que haber acabado en 15 días, va a acabar mucho más tarde. Y a quien perjudica esto es a los mayores de 80 años.

- ¿Entonces no se debería proteger a la sociedad?
Sólo el 3,5% de los fallecidos eran menores de 60 años, por lo que las medidas de confinamiento no se hacen para ellos. De los 11.000 muertos, más del 60% tenían más de ochenta años. Es a estos a quienes teníamos que haber confinado y protegido, en lugar de dejarlos morir en residencias o en los servicios de urgencias, donde la consigna es salvar a la gente con esperanza de vida. Y para estar seguros de que prácticamente quedaba blindada la población de riesgo habría que llegar a un orden de vacunación del 66% o dejar que la población se infecte hasta llegar a ese nivel y ya constituirían un muro de protección respecto a la población más frágil. Cualquiera de los dos serviría igual. Pero como no hay vacuna, la herd immunity (inmunidad de grupo) que pretendía [Boris] Johnson en Gran Bretaña, en mi opinión era la mejor opción para la gente sin patologías.

- Pero ahora vemos los servicios funerarios ya desbordados. ¿No cree que sin las medidas de confinamiento nos estaríamos dejando a mucha más gente por el camino y habría una situación inasumible a las puertas de los hospitales?
Pero si están desbordados, están desbordados. Ese es el problema de la curva epidémica. Con el aplanamiento de la curva puede ser peor el remedio que la enfermedad, ya que vamos a extender las plétoras en el tiempo y, al final, se va a contagiar el mismo número de personas que si hubiéramos permitido un contagio libre, aunque aislando a aquellos con riesgo y a los de más de ochenta años con patologías.

- ¿Y por qué el Reino Unido decidió cambiar de estrategia?
El Imperial College tenía un modelo matemático de proyección. Pero para este tipo de enfermedades esos modelos son un completo dislate. En su día proyectaron 200.000 muertos con las vacas locas en Francia y murieron 200 personas. El Imperial College, totalmente entregado al Partido Laborista, hizo unas proyecciones de 600.000 muertos, aplicando una tasa de letalidad fantasiosa. Y Johnson dijo, si esto al final es verdad, a mí me matan. Así que optó por una especie de confinamiento dulce, sin llegar a las medidas extremas de España.

- El presidente Sánchez habla ya de un plan de vuelta progresiva a la normalidad, pero parece que los expertos contemplan escenarios en los que pueda haber nuevos brotes...
Si esto para un poco -que lo hará- por supuesto que se van a reproducir los brotes. Toda curva de infección exponencial tiende a aplanarse convirtiéndose en una función logística de Verhulst. Cuanto más rápido sea el contagio, más rápidamente se consigue. Con diez millones de infectados –que son los que debe haber en este momento en España contando desde el principio de la epidemia- se crea un muro de diez millones de personas inmunes que están protegiendo al resto. No obstante, quedarán núcleos que generarán nuevos brotes. ¿Volverán a confinar a la población?

Según declaraciones del ministro Marlaska, España ha tomado las medidas más draconianas, lo cual es cierto. Pero en España hay más muertos que en Italia. O sea, que esas medidas no han servido absolutamente para nada. Con el confinamiento, el Gobierno se va a colgar las medallas por haber reducido poco a poco el número de muertos gracias al aplanamiento de la curva epidémica y la disminución de contagios. Pero lo hubiera conseguido igual, sin destrozar la economía, con mascarillas y confinando y protegiendo sobre todo a personas mayores de 80 años con patologías.

Yo creo que el cálculo hay que hacerlo sobre dos períodos y no como lo estamos haciendo en España. Hay que hacerlo como hacen en Suecia, en cierta medida en Inglaterra, en Holanda, en Alemania o en Japón. Que la enfermedad venga en dos períodos y no sólo en uno cambia totalmente los cálculos. No se puede confinar a la población durante dos inviernos seguidos. Yo no veo otra alternativa, porque la crisis económica que se avecina va a endeudar al Estado y eso se va a repercutir forzosamente sobre el sistema de salud. Al golpearlo, habrá más muertos porque se atenderán peor.

- Ha mencionado usted el uso de mascarillas. ¿Por qué cree que no se obligó a ello desde el principio?
En China, Corea y Japón van siempre con mascarillas, a diferencia de Europa. En Corea las aplicaron desde el primer día y eso fue lo que lo frenó, más que la utilización de las aplicaciones con geolocalización. Aquí, creo que los cogió muy desbordados y se dedicaron a copiar en primer lugar el modelo italiano que tenían al lado. Pero ese modelo era un desastre absoluto, porque lo copiaron del chino. Aunque no fue una copia óptima, ya que China no aisló a toda la población, sino al 10%. 900 millones de habitantes seguían trabajando para la región que estaba confinada.

Pero Italia, al confinar a todo el país, se quedó a cero. Ahora tendrá una crisis económica y sufrirá el impacto. El problema que surge con los eurobonos que se piden ahora a Europa es que holandeses y alemanes ahora dicen sin decirlo a Italia y a España: No, no, vosotros habéis arruinado el país porque habéis parado la economía. Nosotros no la hemos parado, nos hemos arriesgado y no hemos seguido la histeria alarmista. Por tanto, vosotros pagáis la ruina total de España. Y no digamos si esto se prolonga...


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Liquidez y reapertura de la economía: las dos medidas imprescindibles para evitar que el paro de marzo sea sólo avanzadilla de la crisis
José María Rotellar Libertad Digital 6 Abril 2020

No podemos resistir dos crisis seguidas, la sanitaria y la económica, y no tenemos capacidad para afrontar una nueva crisis económica de estas dimensiones.

El mes de marzo ha puesto de manifiesto el grave quebranto que está produciendo en muchas empresas, y, a través de ellas, a sus trabajadores, pues la ruina económica a la que muchos empresarios se están viendo abocados ha comenzado a generar estragos en sus cuentas, en sus ahorros, en sus negocios y, por extensión, en sus trabajadores, puesto que han tenido que empezar a prescindir de muchos de ellos al no poder soportar tanto coste sin poder ingresar ni un céntimo y no ser, además, exonerados del pago de impuestos y cotizaciones mediante una condonación mientras dure la restricción.

Ese frenazo en seco de la economía productiva nos puede llevar a una circunstancia de amplia destrucción del sistema productivo. Hay que sopesar muy bien el equilibrio entre las medidas sanitarias y las económicas, y que realmente haya una correlación causa-efecto que haga que merezcan la pena, porque, de lo contrario, se estaría engordando una posterior crisis económica, cuya avanzadilla ya se ha sufrido en marzo, y de qué manera, que puede tener dimensiones mucho peores.

Como decía el Doctor Antoni Trilla, jefe de epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, hay que medirlo bien, porque la recesión puede tener peores consecuencias sociales que la crisis sanitaria. Sin economía, no se podrá mantener nada a los niveles actuales, ni siquiera la sanidad, con lo que la calidad bajará y puede incrementarse la tasa de mortalidad por el conjunto de enfermedades si tenemos menos recursos en una economía sumamente empobrecida como la que podemos sufrir. Y ni que decir tiene que se aceleraría el peligro de colapso del sistema público de pensiones. Las consecuencias pueden ser gravísimas y no parece que se esté valorando ese problema suficientemente.

Los datos que muestran sólo la parte superficial de lo que puede ser la crisis económica son los de marzo de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social, y son los siguientes.

Paro registrado
El paro registrado ha subido en 302.265 personas en marzo (un 9,31% de incremento).
De manera desestacionalizada todavía sube más, al no aplicar los efectos del momento temporal del año: sube en 311.037 personas.
El número de parados se sitúa en 3.548.312.
El incremento interanual es de 293.228 personas, un 9,01% de incremento.

Es el peor mes de marzo de la serie ofrecida (desde 2009), mayor que dicho marzo de 2009, el año de la mayor recesión de España de las últimas décadas. Esto muestra la profundidad de esta crisis económica, que será más profunda que la sanitaria como no se tomen medidas para evitar que se destruya el tejido productivo.

Si no se logra mantener en pie el tejido productivo, la destrucción de empresas provocará que todas las personas afectas por los ERTE engrosen el paro registrado.

Y esa peor evolución del dato nacional se constata en cada uno de los sectores económicos:
Agricultura: 6.520 parados más.
Industria: 25.194 parados más.
Construcción: 59.551 parados más.
Servicios: 206.016 parados más.

Sube el paro por sexos:
Masculino: 178.967.
Femenino: 123.298.

Sube el paro por grupos de edad:
Menos de veinticinco años: 26.112.
Mayores de veinticinco años: 276.153.

Bajan los contratos:
Un 26,51% interanual en el mes.
Un 10,17% interanual en el trimestre.

Además, los contratos indefinidos caen un 19,15% interanual en el mes.

Seguridad Social
La afiliación a la Seguridad Social bajó en marzo en 243.469 personas (empleo destruido). No se contabilizan los ERTE, porque al ser suspensión de empleo siguen dados de alta en la Seguridad Social. Si no se salva al tejido productivo, con mayor liquidez y reabriendo la economía tras Semana Santa, esos afectados por ERTE’s verán destruido su empleo.

Ahora bien, eso es la afiliación media, porque la afiliación a último día de mes muestra 851.440 afiliados menos, y si se contabiliza desde el doce de marzo llega a casi 900.000 empleos perdidos.

Se pierden 5.380 autónomos en el mes (muchos todavía resisten estos días, pero con mayor prolongación del cierre productivo y sin medidas de liquidez, pueden cerrar).
Cae la afiliación en la hostelería en 60.229 personas.
En la construcción cae en 39.818 personas.
En actividades administrativas cae en 39.568 personas.
En comercio cae en 30.989 personas.

Es el peor mes de marzo desde 2008 (inicio de la serie ofrecida). Cae 4,5 veces más que en el año de la gran recesión de 2009, y casi 16 veces más que el dato de 2009 si tomamos la cifra del último día de mes.

Esto sólo es el principio de esta crisis. O se dota de liquidez a las empresas y se reabre la economía y se salva, así, el tejido productivo y, con ello, los empleos, o podemos adentrarnos casi en una depresión de consecuencias sociales extremadamente dramáticas. Estamos todavía a tiempo de evitarlo. No podemos resistir dos crisis seguidas, la sanitaria y la económica, y no tenemos capacidad para afrontar una nueva crisis económica de estas dimensiones después de habernos dejado la crisis económica anterior exhaustos y a familias y empresas sin ahorros para poder atravesar un largo período de contracción económica. Nos enfrentamos a una potencial crisis económica que puede no tener precedentes. Póngase remedio ahora que todavía estamos en condiciones de tratar que la economía se recupere lo antes y lo más fuerte posible, pero si se sigue como hasta ahora, el panorama será tremendamente preocupante.

 


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