AGLI Recortes de Prensa   Martes 7  Abril  2020

Organizan la primera manifestación virtual el 8 de abril para pedir #GobiernoDimisión
OKDIARIO 7 Abril 2020

El próximo 8 de abril tendrá lugar la primera manifestación virtual en España para protestar contra la gestión del Gobierno socialcomunista en la crisis del coronavirus bajo el lema ‘GobiernoDimisión’.

Bajo el hashtag «#GobiernoDimisión» los organizadores van a protestar contra las «mentiras» del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la crisis del coronavirus. Como ya ha contado OKDIARIO, el Gobierno tenía información de antemano de que el virus procedente de Wuhan (China) ya estaba en las calles pese a lo que mantuvo la manifestación del Día de la Mujer del 8 de marzo.

Precisamente el 8-M resultaron contagiadas la mujer y la madre de Pedro Sánchez, así como la vicepresidenta Carmen Calvo y las ministras Irene Montero y Carolina Darias. El objetivo no era otro que evitar el fracaso. A pesar de la movilización promovida por Podemos y el PSOE, la manifestación contó con 120.000 personas, una cifra inferior a la del año anterior pero que, a la vista de los resultados, se convirtió en una verdadera bomba biológica.

Los convocantes de la primera manifestación virtual de la historia de España también acusan al Ejecutivo socialcomunista de provocar que seamos «el país con mayor número de muertos por número de habitantes». La gestión de la crisis también ha sido un desastre en cuanto a la reacción y la obtención de material sanitario para hacer frente a la pandemia. Ni mascarillas, ni respiradores, ni los test que reclaman los sanitarios que se están jugando la vida han llegado a tiempo ante la inoperancia del Gobierno.

La manifestación también pretende recordar y dar ánimo a los profesionales a los que Sánchez ha convertido en «kamikazes». Sanitarios, policías, guardias civiles, militares y todos aquellos que se enfrentan en primera línea al Covid-19. España es el país con más número de sanitarios contagiados por el coronavirus.

Otro de los puntos clave para convocar esta protesta es la pésima gestión económica que Sánchez e Iglesias están realizando en pleno estado de alarma «dejando desamparados a nuestros trabajadores y autónomos», los que más sufren en sus carnes el cierre del país por culpa de la mala gestión del PSOE y Podemos.

«El pueblo español se organiza de forma cívica y apartidista para manifestarse desde sus casas exigiendo que se eche a los responsables de la peor gestión del mundo contra el Coronavirus», afirman también los convocantes de esta iniciativa.

Qué hacer pasa sumarse a la manifestación #GobiernoDimisión:

¿Cuándo? El 8 de abril a las 19:00 horas.

¿Dónde? En directo en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=gtBgvEWDUcA

¿Qué? Intervendrán personas que te contaron la verdad cuando el Gobierno y las televisiones te mentían

El plan de Iglesias quebrará España
Editorial larazon 7 Abril 2020

Todo indica que el sector del Gobierno que capitanea Pablo Iglesias está presionando sin desmayo para implantar, podría decirse que a la carrera, una de las ofertas estrella de su programa electoral, la llamada renta mínima vital, cuyos primeros esbozos podrían estudiarse en los dos próximos Consejos de Ministros. Aunque desde el sector socialista se alzan voces que piden prudencia ante una medida de gran calado, que exigiría, en su formato más comedido, una inversión pública superior a los 3.500 millones de euros anuales y que, además, tendría que negociarse con las comunidades autónomas, desde Unidas Podemos se insiste en que la actual situación de emergencia sanitaria, que augura una fuerte contracción económica, no permite dilatar su aprobación, aunque fuera de manera temporal, como parte de las medidas extraordinarias tomadas por el Ejecutivo.

No somos tan ingenuos como para no adivinar lo tentadora que puede resultar para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tal propuesta, aunque sólo fuera porque ayudaría a desviar la atención sobre la falta de previsión gubernamental en la presente tragedia y sobre las carencias que ha puesto de manifiesto su gestión. Sin embargo, por muy efectista que pueda resultar el asunto, se trata de una cuestión de enorme calado político que no puede despacharse sin que haya mediado un sólido análisis de los pros y los contras de ese tipo de «salario social», tan caro a los presupuestos ideológicos de esta nueva izquierda comunista, y, sobre todo, sin el acompañamiento de la correspondiente memoria económica que calcule el coste y explique de dónde va a salir el dinero para sufragarlo.

La experiencia previa de los gobiernos de Felipe González, que tuvieron que afrontar el ajuste de las prestaciones por desempleo tras la crisis de los años noventa del pasado siglo, debería ejercer de aviso a navegantes sobre la adquisición de compromisos de gasto público que luego resultan presupuestariamente insostenibles. Pero es que, además, no parece que nos hallemos en el momento más oportuno, con la actividad parlamentaria en mínimos y la atención de la opinión pública centrada en la lucha contra la pandemia y horrorizada por el insoportable número de muertes que se están produciendo, para abordar esa cuestión.

Ni los tiempos de España son, necesariamente, los de Pablo Iglesias, ni el PSOE tiene que aceptar como buena cualquier ocurrencia de Unidas Podemos, por mucha vitola «social» en las que se envuelva. Porque lo menos que se puede decir de este tipo de medidas asistenciales es que, quizás, ayuden a paliar las necesidades básicas de una parte de la población, pero, a la larga, fomentan la desigualdad. Cronificar la dependencia de las ayudas del Estado, como en Puerto Rico, desincentiva la búsqueda del empleo y reduce las oportunidades de superación personal. Y la fórmula alternativa de emplear el salario mínimo vital como un complemento de los ingresos laborales, que se ha experimentado en Finlandia, ha resultado todo lo contrario, puesto que la mayoría de los perceptores acabaron por excluirse del mercado de trabajo.

Con todo, lo que más preocupación debería causar a los ciudadanos es la pretensión de legislar programas, cuando menos, sujetos a la controversia y acreedores de un amplio debate social, en medio de una situación de emergencia como la actual, que proporciona al Gobierno instrumentos ejecutivos extraordinarios. Si ya la batería de reales decretos de medidas de emergencia económica ha provocado el rechazo de empresas y trabajadores autónomos por su evidente falta de operatividad, mejor sería que el Gobierno tratara de acordar con los sectores sociales y con la oposición una proyecto de fondo que propicie una rápida recuperación.

Encierro y parón: incertidumbre vs certidumbre
José María Rotellar okdiario 7 Abril 2020

Sánchez compareció el sábado para dedicarnos uno de esos discursos a los que les está cogiendo gusto para aleccionarnos a los españoles desde cómo tenemos que lavarnos las manos a que nos preguntemos -citando la frase de Kennedy pero sin mencionarlo a él como autor de la misma- qué podemos hacer nosotros por nuestro país. En dicha intervención, sin preguntas directas de la prensa ni posible nueva pregunta ante la respuesta dada, filtradas por el secretario de Estado de Comunicación, nos anunció que propondrá al Congreso prorrogar otros quince días el estado de alarma, pero que no será la última prórroga, manteniendo la indefinición sobre la duración de tan excepcional medida, sobre todo si eso conlleva la suspensión de derechos y libertades que sólo puede llevarse a cabo mediante el estado de excepción, tal y como marca el artículo 55 de la Constitución. La Ley Orgánica que regula los estados de alarma, sitio y excepción indica que el de alarma puede limitar la movilidad de las personas, pero no impedirla, pues es un derecho y libertad de las mismas. Imagino que el Gobierno habrá encontrado el resquicio legal para aplicarlo con el estado de alarma, pero, cuando menos, resulta algo muy interpretable y, en caso de duda, la prelación jurídica coloca a la Constitución por encima de una Ley Orgánica, aunque sea la que desarrolle la aplicación de dichos estados. Como digo, el Gobierno lo habrá analizado bien, pero no deja de ser, cuando menos, chocante.

Junto a ello, insistió el presidente Sánchez en que la economía debía relanzarse con un fortalecimiento del sector público, y que convocaría a los distintos partidos políticos para firmar unos nuevos Pactos de La Moncloa, al tiempo que anunciaba que permitiría que volviesen a su puesto de trabajo aquellas personas que no trabajaban en lo que se considera como servicios esenciales.

Todo esto nos deja completamente desorientados ante la forma en la que el Gobierno está enfocando esta doble crisis, sanitaria y económica. Como he dicho reiteradamente, tiempo habrá de analizar cómo hemos llegado hasta aquí por no haber sido el Gobierno diligente antes. Ahora bien, lo que no se puede aplazar es el análisis de las medidas que va adoptando, porque éstas sí se pueden rectificar si son erróneas, con lo que hay que analizarlas. Y aquí nos encontramos con resultados inciertos y ciertos.

Los resultados inciertos son las medidas que el Gobierno adopta para tratar de controlar y erradicar la enfermedad. El encierro confinando a las personas en su domicilio no está demostrado que vaya a tener una gran efectividad en la lucha contra la epidemia. Quizás a corto plazo se logre evitar algo la propagación, pero no resuelve la situación. El presidente Sánchez menciona una y otra vez al grupo de científicos y técnicos que le recomiendan las medidas que adopta, pero no nos ha presentado ningún estudio de correlación al respecto para ver la efectividad esperada de dichas medidas, ni cómo piensan con ellas solucionar el problema una vez que se levante la prohibición a la libertad de movimientos. Sólo sabemos que Sánchez dice que su comité de científicos lo propone, y no hemos de ponerlo en duda, como no hemos de poner en duda el constante cambio de criterio de los mismos, desde lo que sería un contagio insignificante en España -y ya vemos la situación que tenemos- a desdecirse acerca del uso de mascarillas, que ahora parecen querer recomendar. Por tanto, de lo que sí podemos dudar es de la fiabilidad de dichas indicaciones. Lo que realmente sería útil contra el contagio de la enfermedad es realizar test a todos los ciudadanos para tratar o aislar durante una cuarentena, según sus necesidades, a los infectados, permitiendo retomar la actividad normal de la economía y de la vida al resto, ya que se acotaría el contagio a los afectados y la economía seguiría plenamente en marcha. Por tanto, resultado incierto el del encierro confinados.

Y como resultados ciertos tenemos tres: que dicho encierro suspende libertades; que atenta contra la economía al pararla por decreto; y que, por último, las medidas económicas anunciadas o son nocivas, como la prohibición de despedir o la condonación de parte de los pagos por alquiler, o no son efectivas, como la liquidez insuficiente que el Gobierno propone -y que si está llegando es por la labor de anticipo que está haciendo la banca, cuando tuvo que pasar toda la semana pasada para que el ICO resolviese burocráticamente la puesta en marcha de las líneas de avales-.

Si realmente el resultado en materia sanitaria del encierro fuese totalmente concluyente para impedir el contagio y erradicar la enfermedad, entonces podría pensarse que el sacrificio de los tres resultados ciertos merecería la pena. Ahora, si no es concluyente y, muy probablemente, sólo cortoplacista en su alcance, entonces el Gobierno debe buscar fórmulas eficaces de acabar con la enfermedad -como los test masivos- y poder mantener abierta, al mismo tiempo, la economía y coartando la libertad de las personas lo mínimo posible.

Si no se hace así, podemos entrar en una crisis de tal calibre que la recesión de 2009 puede parecer un tiempo de bonanza, porque podría caminarse hacia algo desconocido, hacia algo parecido a una depresión, y eso tiene consecuencias sociales mucho más terribles todavía que el virus. No es elegir entre sanidad o economía; es que sin economía no habrá sanidad, y si eso llega a suceder provocará más muertes que la pandemia.

Por otra parte, para una recuperación rápida no sólo hay que revertir las medidas económicas perjudiciales tomadas, procurar liquidez ilimitada a las empresas y condonar impuestos y cotizaciones al tejido productivo durante la restricción, sino que hay que ser rigurosos en las medidas estructurales. Esos Pactos de La Moncloa que propone Sánchez, mucho me temo que con interés propagandístico más que efectivo, así como para que le pueda servir para diluir su desgaste o repartirlo entre todos los partidos, sólo serían efectivos con Podemos fuera del Gobierno, pues es incompatible con un plan económico ortodoxo, al que habrá de volverse para atraer inversiones, generar confianza y hacer crecer de nuevo a nuestra economía y, con ello, al empleo. Todo lo demás, no será útil en el mejor de los casos, y en el peor intensificará nuestra desgracia.

Vigilancia extrema
EDITORIAL Libertad Digital 7 Abril 2020

Si nunca hay que dar un cheque en blanco al poderoso, menos aún hay que hacerlo cuando el poderoso es alguien como Sánchez o Iglesias.

Acorralado por su gravísima responsabilidad en la expansión del coronavirus, e incapaz de gestionar la crisis con un mínimo de templanza, competencia y rigor, Pedro Sánchez se ha sacado de la manga una oferta para reeditar los Pactos de la Moncloa de 1977 con el único fin de mantenerse en el poder.

El social-oportunista Pedro Sánchez, que ha excluido y demonizado a la oposición sin descanso ni vergüenza, pretende ahora que ésta le permita seguir asumiendo en solitario y con su funesta arbitrariedad los poderes extraordinarios inherentes al estado de alarma; para, paradójicamente, utilizar el Parlamento al que desprecia como disolvente de sus responsabilidades en la gestión de esta tragedia que se ha cobrado ya más de 13.000 vidas.

Por eso acierta Pablo Casado al advertir de que no aceptará el trágala sanchista, pues no cabe descartar que este Gobierno social-comunista, cordialmente liberticida, aproveche la ocasión para promover el cambio de régimen que la izquierda podemarra y sus aliados separatistas buscan con ahínco desde hace tiempo.

De hecho, Casado debería ir más allá y no validar la prórroga del estado de alarma en el Parlamento si el Gobierno sigue atentando contra la más elemental transparencia, sobrepasándose en sus atribuciones y jugando con escenarios de actuación impropios de una democracia liberal y muy del gusto de regímenes criminales como el de la China comunista o el de la Venezuela chavista.

Casado, además, debería buscar un entendimiento con Vox y Ciudadanos para aunar esfuerzos en el Parlamento. La formación de Santiago Abascal ya ha exigido la dimisión en bloque del Gobierno (algo que, evidentemente, no va a suceder), mientras que Arrimadas puede cometer el tremendo error de confundir la lealtad institucional con el entreguismo ante un personaje tan tóxico como Sánchez.

El estado de alarma debe mantenerse el mínimo tiempo imprescindible, y la clase política ha de volcarse en devolver el país a la normalidad en cuanto sea posible. PP, Vox y Ciudadanos deben extremar la vigilancia ante un Gobierno que genera una tremenda incertidumbre e inseguridad y que parece querer abusar de lo excepcional del momento para no someterse al menor control. Y ahí hay que plantarle cara con total decisión: si nunca hay que dar un cheque en blanco al poderoso, menos aún hay que hacerlo cuando el poderoso es alguien como el socialista Pedro Sánchez o como su semejante, el vicepresidente comunista Pablo Iglesias.

¿No hay test ni para los sanitarios pero quieren confinar a los asintomáticos?
ESdiario 7 Abril 2020

El Gobierno está más centrado en borrar la huella de sus insoportables errores previos que en aportar soluciones reales a una pandemia que España sufre como nadie.

Aún a día de hoy, ni los propios sanitarios han podido someterse a los test de detección del coronavirus y no disponen, en suficiente medida, de material elemental para desarrollar su trabajo sin exponerse a más riesgos de los inherentes a su impagable función.

Eso explica que tengamos el porcentaje de médicos y enfermeros contagiados más amplio del mundo y que supere, en números absolutos, al de la población total de pacientes de países como Corea. Una cifra insoportable, sin duda, pero también injustificable y que tendrá que ser explicada y depurada en su momento.

En ese contexto, que el Gobierno hable de hacer test masivos en los hogares, de usar las mascarillas que no existen de manera general o de confinar en espacios públicos o privados como hoteles y polideportivos a pacientes asintomáticos, portadores del COVID-19 pero sin desarrollar la enfermedad; resulta una osadía, cuando no una desfachatez inmensa.

Todo ello compone un paisaje en el que el Gobierno parece más concentrado en borrar la huella de sus mayúsculos errores de imprevisión de todo tipo, claves en la extensión virulenta del virus en España como en casi ningún lugar del mundo; y en la presentación de medidas paliativas que no está en condiciones de aplicar; que en la ejecución real de soluciones concretas, claras y con calendario.

El despropósito que ha supuesto escucharle al ministro de Sanidad anunciar el confinamiento en masa de pacientes asintomáticos y al de Justicia aclarar que no saben la fórmula legal para aplicarla y que, hasta ahora, esa medida forma parte de un mero "debate interno en el Gobierno".

Todo ello, unido a la insólita vocación de la práctica totalidad de las televisiones de vender de repente un entusiasmo improcedente con imágenes de celebraciones en los hospitales, refleja el comienzo de una basta operación de propaganda que atiende más a las necesidades políticas de Pedro Sánchez que a los intereses del conjunto de los españoles y a la realidad objetiva de la tétrica situación social, sanitaria y económica de España.

Lo cierto es que el Gobierno rechazó, de manera reiterada y sistemática, las advertencias internacionales sobre el virus que le remitieron en enero, febrero y hasta marzo. Lo cierto es que ignoró de manera expresa la compra de material sanitario imprescindible cuando a principios de marzo se lo sugirieron.

La terrible cadena de errores
Lo cierto es que, además de obviar todas esas alertas y consejos, negó de manera pública y contundente el riesgo sanitario y animó las concentraciones masivas en las fechas en que, pese que Europa le inquirió a suspenderlos, se produjo el gran contagio que hoy explica los 13.000 muertos contabilizados. Y lo cierto, entre otros desastres, es que desaconsejó el uso de mascarillas que ahora intenta imponer en un país donde ni siquiera es sencillo acceder a un simple gel de manos desinfectante.

Ése es el panorama real de un país paralizado, que sufre como ningún otro al coronavirus por esa cadena de despropósitos y que, además, plantea limitar aún más las libertades individuales para simular una acción que no fue capaz de demostrar cuando era imprescindible. Si algo más hay que confinar en estos momentos, es el poder plenipotenciario de un presidente descontrolado que tiene las cámaras congeladas, a la ciudadanía recluida y a todos los contrapesos democráticos en cuarentena.

Sanidad pide a los médicos asignar respiradores a pacientes con más “expectativas objetivas de recuperación”
Tendrán prioridad los enfermos sin patologías graves y que, en caso de igualdad frente a otro paciente, hayan sigo ingresados previamente en los hospitales.
Carlos Cuesta okdiario 7 Abril 2020

El Ministerio de Sanidad acaba de fijar en un documento los criterios sobre «prioridades en la admisión y tratamiento de pacientes y sospechosos» del coronavirus. Traducido: las pautas a seguir para que, en plena escasez de respiradores y camas de UCI, los médicos sepan a quién asignarle los medios y a quién no. El Ministerio fija cinco criterios basados esencialmente en un punto prioritario: las «expectativas objetivas de recuperación» del paciente. Así de duro y así de rotundo.

El documento oficial del Ministerio de Sanidad se titula ‘Informe del Ministerio de Sanidad sobre los aspectos éticos en situaciones de pandemia: El SARS-CoV-2′. Y el texto no escatima en la descripción de la dureza de la situación a la que se ha llegado.

El apartado número tres, titulado ‘Prioridades en la admisión y tratamiento de pacientes sospechosos de ser portadores’, comienza reconociendo que «el llamado deber de asistencia que incumbe a los profesionales en su actividad asistencial es una proyección del derecho constitucional (no fundamental) a la protección de la salud (art. 43 CE) que tenemos todos los españoles y los ciudadanos extranjeros residentes en el territorio nacional». Añade que «dada la demanda masiva existente y la escasez de recursos para atenderla, aunque pueda ser transitoria, comporta una reducción del disfrute efectivo de ese derecho y plantea la priorización de los individuos potencialmente más expuestos al contagio o ya infectados», tal y como admite sin paliativos.

«Rango de prioridades»
El escrito se refiere a las UCI pero también a los respiradores y sostiene que «en efecto, en una abrumadora emergencia de salud pública, muchos pacientes podrían requerir el uso de los aparatos de ventilación mecánica disponibles, pero en un desastre del tamaño de una pandemia como la del SARS-CoV-2 pueden no ser suficientes para satisfacer las necesidades existentes, tal vez incluso aunque se organicen centros asistenciales dotados de estas prestaciones».

Por consiguiente, el Ministerio adopta el paso de establecer «un rango de prioridades» en el acceso a esos medios y fija los «criterios de admisión de pacientes con síntomas graves en unidades de cuidados intensivos y aplicación de ventilación mecánica asistida».

Sanidad reconoce que «los profesionales sanitarios […] se enfrentan a conflictos que les añaden una extraordinaria tensión a la que genera ya por sí sola la sobrecarga de trabajo en situaciones de extrema gravedad y de insuficiencia de recursos vitales. En estos supuestos el conflicto de intereses no se plantea de forma primaria entre la salud pública y los derechos fundamentales, sino entre la salud y, más probablemente, la vida de los diversos pacientes que esperan ser sometidos al tratamiento vital».

«Por ello, constituye un imperativo moral proporcionar unos criterios orientadores claros y sencillos, que al mismo tiempo no se conviertan en una trampa para quienes deban tomar las decisiones», añade el Ministerio.

Recuperación
Como criterios generales aplicables consideran en primer lugar: «No discriminación por ningún motivo ajeno a la situación patológica del paciente y a las expectativas objetivas de supervivencia». Es decir, que la existencia de patologías y las esperanzas reales de vida serán los factores determinantes a la hora de asignar o no respiradores y otros medios escasos. El segundo criterio es «el principio de máximo beneficio en la recuperación de vidas humanas, que debe compatibilizarse con la continuación de la asistencia iniciada de forma individual de cada paciente».

Sanidad pide a los médicos asignar respiradores a pacientes con más “expectativas objetivas de recuperación”El tercer criterio es el de la «gravedad del estado de enfermedad del paciente que evidencie la necesidad de cuidados intensivos (asistencia en unidades de cuidados intensivos y acceso a ventiladores mecánicos o, en su defecto, acceso en todo caso a estos últimos)».

El criterio número cuatro es «expectativas objetivas de recuperación del paciente en el corto plazo a su estado previo de salud, teniendo en cuenta la concurrencia o no de patologías graves acompañantes que evidencien un pronóstico fatal (enfermos terminales con pronóstico de irreversibilidad, estado de coma irreversible, etc.), aunque pueda comportar una atención clínica añadida».

Por último, el quinto criterio es el de «orden temporal de entrada en contacto con el sistema de salud, consistente en este caso en la data de ingreso en el centro, con el fin de objetivar el punto de partida de los pacientes de los que se responsabiliza el sistema. Sin embargo, este criterio nunca debe anteponerse a los anteriores, pues podría provocar la preferencia de pacientes de menor urgencia, atendiendo a la gravedad de su situación, o de pacientes sin ningún pronóstico favorable sobre su recuperación».

Es decir, que oficialmente tienen prioridad en situaciones de escasez los pacientes con mayores «expectativas objetivas de recuperación del paciente en el corto plazo a su estado previo de salud», sin patologías graves y que, en caso de igualdad frente a otro paciente, hayan sigo ingresados previamente en los hospitales.

La OMS avisó el 2-M al Gobierno de la prioridad de hacer test a los sanitarios: ya hay 20.000 contagiados
Los profesionales se muestran en contra la orden de Sanidad de trabajar a los 7 días si no tienen síntomas: «Es una temeridad»
Pelayo Barro okdiario 7 Abril 2020

En España hay 19.400 sanitarios que han resultado infectados por coronavirus. Algunos de ellos incluso han fallecido en las últimas semanas a consecuencia del COVID-19. La Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo desde principios de marzo en un documento interno que era necesario dar prioridad absoluta a la realización de test a sanitarios para «proteger su salud». Sin embargo, como denuncian los propios profesionales, el Gobierno no escuchó esta advertencia.

Lo avisó claramente el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España el pasado 19 de marzo: es «urgente» que se realicen test del coronavirus al personal médico que trabaja en los hospitales cara a cara con el patógeno. «La seguridad de los profesionales es esencial para poder seguir combatiendo esta pandemia», recalcaron los representantes del gremio.

Esta advertencia iba en sintonía con las lanzadas desde la OMS a principios de marzo. Lo hizo a través del documento de consumo interno titulado ‘Laboratory testing strategy recommendations for COVID-19’ (Recomendaciones para la estrategia de test en laboratorio frente al Covid-19), del que se han difundido varias actualizaciones con diversos títulos desde el pasado 2 de marzo. La versión más reciente del documento tiene fecha del día 21 marzo.

En dicha guía se especifica cómo deben actuar los países ante la más que previsible saturación de los laboratorios y sistemas de diagnóstico del coronavirus. Y la conclusión es clara: ‘prioridad máxima’ a los test a sanitarios ante una situación de desabastecimiento.

‘Escenario 4’
Las instrucciones de la OMS describen las actuaciones recomendadas en cuanto a la política de realización de test en los cuatro escenarios posibles de la pandemia. Van desde el número 1, países sin casos, hasta el número 4, países con «grandes brotes sostenidos y transmisión local penetrante». España está, desde hace semanas, en la fase más grave de ese escenario 4.

La guía de la OMS vaticina que los países que se encuentren en ese ‘escenario 4’ van a enfrentarse a graves problemas técnicos y logísticos a la hora de poder realizar tests de forma masiva a la población. Ante la falta de tests, advertía, será necesario «priorizar» a ciertos colectivos.

«La priorización deberá enfocarse en la identificación temprana (del Covid-19) y protección de pacientes vulnerables y trabajadores del sistema sanitario», indican las instrucciones. Realizar estos test «será muy importante para minimizar la progresión» del virus.

Sanitarios sin test
Sin embargo, desde las primeras semanas de la pandemia en España Sanidad impuso severas restricciones a la realización de test entre los profesionales sanitarios. Se les exigía haber mantenido un «contacto estrecho» sin protección (pese a que la OMS no hace distinción de «contactos») y comenzar a mostrar los síntomas de la infección. De hecho, recomienda Sanidad, como norma general se evitará la realización de test y se enviará al persona a su domicilio para una cuarentena reducida de 7 días, tras la cual «se valorará» la realización de un test. Si no tienen síntomas, vuelta al trabajo. «Una temeridad», como han denunciado los propios sanitarios.

El pasado domingo se conoció el fallecimiento de un médico del SUMMA de Madrid afectado por coronavirus. El primer sanitario fallecido a consecuencia del Covid-19 en Madrid. Su hija, a través de una carta, denunciaba que a su padre le realizaron el test «tras nueve días de fiebre», mientras que a algunos políticos se le han realizado varias de estas pruebas pese a mostrarse asintomáticos, como el caso de Irene Montero.

Según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, en España hay un total de 19.400 profesionales sanitarios que han resultado infectados por el coronavirus. De ellos, unos 16.000 permanecen aún de baja y en aislamiento domiciliario. El sindicato de enfermería SATSE incluso ha denunciado la situación ante la ONU.

El fracaso de una nación
Álvaro Nieto vozpopuli.es 7 Abril 2020

Insiste el presidente del Gobierno estos días, apoyado por su amplio coro de palmeros, en que estamos ante una crisis global. Y es verdad, el coronavirus tiene paralizado más de medio mundo, pero eso no puede servir de excusa para esquivar las responsabilidades en la gestión de esta pandemia.

España, como muchos otros países de nuestro entorno, está siendo azotada por una enfermedad de la que, obviamente, no tiene ninguna culpa Pedro Sánchez. Sin embargo, él y el resto de políticos que nos dirigen sí son responsables del modo en que se está afrontando este desafío.

Que a estas alturas del partido España sea el segundo país del mundo en número de muertos por la Covid-19 es una situación completamente anormal, se mire por donde se mire. Al ritmo que van las cifras, y aunque por fortuna va descendiendo el registro diario de muertos, en apenas unos días estaremos por encima de Italia y liderando la clasificación en Europa.

Y cuando ello se produzca no vale aferrarse a lo que suceda en Estados Unidos, como empiezan a hacer ya algunos imbéciles. La cifra de muertos allí acabará superando más pronto que tarde la de España, faltaría más. Lo que hay que mirar son las cifras de muertos en relación a la población de cada país, y ahí España tiene unos registros nefastos.

En un extraordinario trabajo publicado en 'Vozpópuli' el sábado pasado, la periodista Diana Fresno demostraba con números cómo, a pesar de que la epidemia tiene escala mundial, la mortalidad varía enormemente según los países. Si nos centramos en Europa, resulta espectacular que en España hayamos superado ampliamente los dos fallecidos por cada 10.000 habitantes, mientras que en países de nuestro entorno ni siquiera se alcanza la cifra de un fallecido. Por no hablar de Alemania, donde la tasa de mortalidad por cada 10.000 habitantes está en el 0,12, o de Portugal, que tiene el 0,29 después de haber registrado 295 muertes hasta ahora. Sí, lo han leído bien, Portugal apenas tiene 295 muertos. Y si pinchan aquí entenderán por qué.

Ante la contundencia de estas cifras hay dos opciones. O seguir aplaudiendo como si nada estuviera pasando porque, ay qué mala suerte, esta crisis es global. O preguntarse qué estamos haciendo mal... o al menos qué hemos hecho mal para que muramos en mucha mayor proporción que en otros países europeos.

Preparación y anticipación
Hay gente que se pregunta estos días si no estaremos entrando en una nueva fase en la que nuestras vidas ya nunca volverán a ser como antes. Esas mismas personas, llevadas quizás por el pesimismo, barruntan que después de la Covid-19 vendrá la Covid-20. Y puede que tengan razón, pero el ser humano ha demostrado a lo largo de la historia que aprende de sus errores y, por tanto, cuando en próximos años lleguen virus similares, sus consecuencias serán mucho menores porque estaremos mejor preparados y, sobre todo, reaccionaremos antes.

El último discurso de Sánchez a la nación, el pasado sábado, ya incluyó algo de esto por primera vez. En una frase un tanto confusa, el presidente dejó caer que trabajará para que aquellos que le sucedan puedan "responder más eficazmente en el futuro" a situaciones parecidas. Es lo más cerca que Sánchez ha estado hasta ahora de hacer autocrítica, pero al menos admite que habrá que cambiar cosas, que habrá que sacar aprendizajes... ergo, que algo hemos hecho mal.

El problema con Sánchez es que, escuchando sus mensajes, no queda claro qué es lo que considera que hay que cambiar para mejorar en el futuro. Él apunta directamente a la Unión Europea por no haber sabido responder a esta crisis de manera conjunta, y en eso tiene razón, si bien naufraga cuando pretende pasarle la factura de sus propios errores a nuestros socios europeos.

Pero, de igual forma que a escala europea es evidente que se debería haber reaccionado de otra manera, también conviene ser conscientes cuanto antes, porque nos va la vida en ello, de que nuestro estado autonómico, donde cada región tiene cedidas las competencias sanitarias, no es el sistema más eficaz para afrontar una emergencia de estas características.

La descoordinación con la que las diferentes autonomías han hecho frente a esta epidemia, el caos institucional, los celos entre administraciones y, lo que es peor, la constatación de que hay españoles que tienen mejores servicios sanitarios que otros dependiendo de dónde vivan, son motivos más que suficientes para plantearse seriamente una recentralización de las competencias sanitarias.

Si el futuro que nos aguarda está lleno de coronavirus, necesitamos un mando único que esté preparado para reaccionar a las primeras de cambio, que tome decisiones para el conjunto de España y que pueda contar con todos los recursos disponibles para ponerlos a disposición de inmediato de aquellos lugares o ciudadanos que en cada momento los puedan necesitar.

Un Ministerio de verdad
Ahora bien, un mando único y una recentralización de las competencias, para acabar de una vez por todas con ese bochorno de tener 17 números de teléfono o 17 tarjetas sanitarias diferentes, no puede suponer entregarle el poder sin más a los actuales responsables del Ministerio de Sanidad. Habrá que construir un verdadero organismo que actúe con profesionalidad y disponga de personal competente.

No podemos tolerar espectáculos tan lamentables como los vividos durante esta crisis con la compra de test defectuosos a una empresa sin licencia o el caso del director del centro de emergencias, Fernando Simón, que hace dos meses auguraba que no habría muertos en España porque la Covid-19 era "una enfermedad con muy bajo nivel de transmisión" y que, inexplicablemente, sigue todavía en el puesto.

Si el mayor experto de España en estos asuntos es el señor Simón, tenemos un problema. Y para apreciar su magnitud, recomiendo la lectura de cualquier entrevista a este epidemiólogo en los meses de enero y febrero. Hay una que es particularmente hilarante si no fuera dramático todo lo que ha pasado después. Se publicó el 9 de febrero en el Heraldo de Aragón, y allí dijo la frase anteriormente citada y esta otra que iba en el titular: "No hay razón para alarmarse con el coronavirus". Es el mismo experto que el 26 de febrero nos argumentaba que no tenía sentido que las personas sanas usaran mascarilla y que ahora, como si no tuviéramos memoria o nos tomara por imbéciles, defiende exactamente lo contrario.

La ciencia se supone que se basa en hechos, para pegar volantazos ya tenemos a los políticos, y semejantes errores son impropios de alguien a quien le pagamos el sueldo por dirigir nuestro centro de emergencias sanitarias. Sus patinazos sobre esta enfermedad seguramente expliquen por qué el Gobierno reaccionó tan tarde y tan mal, pero Sánchez no puede esquivar con ello las responsabilidades políticas derivadas de la gestión de esta crisis... empezando por haber sido incapaz de sustituir a ese experto a pesar de su evidente incompetencia.

Aquí ha fallado todo, nos guste o no. España ha hecho aguas. Su Gobierno, sus comunidades autónomas, su sistema sanitario, sus expertos... Cuanto antes seamos conscientes de ello, antes podremos aprender de lo sucedido y estaremos en disposición de evitar que ocurra lo mismo si algún día viene un Covid-20.

La manipulación estadística de la epidemia
Amando de Miguel Libertad Digital 7 Abril 2020

La epidemia del virus de China (por su origen y por su beneficiario final) es de alcance mundial; por eso se dice "pandemia". Pero, ante todo, es una lección de humildad para el mundo presuntamente científico en el que creemos habitar. Los supuestos expertos no nos saben decir por qué el dichoso virus ataca más a unas edades que a otras, a unos territorios más que a otros. No nos podemos creer que el oportuno tratamiento de la epidemia, y no digamos la vacuna, se va a generar en España. Fuera de nuestro país, tampoco es que la comunidad científica internacional nos haya dado mucha confianza. A las autoridades sanitarias de los distintos países no se les ocurre otro remedio para luchar contra la epidemia que el confinamiento en los domicilios de la mayor parte de la población. Era lo que se hacía en los tiempos precientíficos. No podemos esperar que China nos proporcione el dato esencial de cómo se gestó la epidemia. Sí sabemos que ese país se alza como el principal proveedor de artículos protectores para combatir la enfermedad.

Las autoridades sanitarias españolas, manifiestamente incompetentes, nos confunden de modo deliberado y torpe con la divulgación de los datos sobre la epidemia. Los suelen dar en números absolutos o estableciendo proporciones espurias (fallecidos por cada cien infectados). El despliegue de estadísticas con números absolutos es un caso de la técnica fraudulenta de la precisión fuera de lugar o irrelevante; sirve para confundir. Hacen comparaciones entre regiones o países sin atender a la población censada en cada uno de los territorios. El resultado es un bien pensado enmascaramiento estadístico para confundir a la sufrida población. Destaca sobre todo el disimulo de la cifra de fallecidos, que es lo más relevante. En efecto, se verá que en las teles nunca aparecen imágenes mortuorias, enterramientos, funerales o actos de despedida y homenaje a los muertos. En su lugar menudean los plácemes a las personas que se curan, las noticias estimulantes con los casos de solidaridad. Es una burda reproducción del tipo de noticias que se suelen hacer circular en las guerras. En el caso actual se trata de una artera manipulación de la realidad, una escandalosa propaganda que me atrevería a calificar de criminal. El número de fallecidos por la epidemia en España supera con creces a todos los muertos por todo tipo de catástrofes, violencias y actos terroristas durante los 40 años de democracia. Y eso que la maldita epidemia se halla solo en sus comienzos.

Se oculta cuidadosamente el cálculo del dato relevante sobre la epidemia. A saber, la relación entre el número de fallecidos en un lapso (día, semana o mes) y el número de habitantes censados para la unidad territorial de que se trate. Esa es la auténtica tasa de mortalidad. Más precisiones. En el numerador de la cantidad de fallecidos convendría distinguir las causas de la muerte. Para simplificar: fallecidos en los que se ha detectado el virus chino y todos los demás. Si se levantaran bien los cálculos dichos, se llegaría a esta terrible conclusión: la tasa de mortalidad en España por el virus chino, a finales de marzo, era ya la más alta del mundo. Desde que empezó la epidemia en enero, la tasa de mortalidad por el virus chino en España sigue una tendencia creciente. La inflexión reciente acaso se deba a que las cifras de fallecidos no son válidas. No se avizora la tendencia a la ralentización o el aplanamiento de la curva de incidencia de la epidemia que pregona insidiosamente la propaganda oficial. Al tiempo que se pregona oficialmente que "disminuye la proporción de afectados", se anota el hecho triunfalista de que los hospitales se saturan y se abren "hoteles medicalizados" y "hospitales de campaña". En el entretanto, los hospitales se han convertido en lazaretos, al estar excluidos de ellos los enfermos de males no contagiosos. Las residencias de ancianos han vuelto a ser los asilos de antaño. Resuena en mi memoria el estribillo de una cancioncilla infantil: "No hay novedad, señora baronesa, no hay novedad, no hay novedad". Resulta que el palacio de la señora baronesa había sido incendiado y se habían destruido todas sus pertenencias.

Hay más. Se sospecha que la tasa de mortalidad española, descontada la epidemia, en marzo de 2020, era muy superior a la del mismo mes del año anterior. Tal anomalía requiere una doble explicación:

1) la dedicación exclusiva a la lucha contra la epidemia ha dejado preterida la atención a los enfermos de otras patologías, que han ido falleciendo inmisericordemente. Esa sí que han sido las víctimas mortales silenciadas;

2) se han producido muchos casos de fallecimiento por el virus chino que no han sido certificados de esa forma. Es muy posible que ese mismo doble proceso se siga produciendo en el mes de abril y en los siguientes. El ocultamiento se debe a que no se han hecho las pruebas del virus chino a muchas personas fallecidas. Ambos supuestos no son excluyentes y revelan una desidia administrativa que no se corresponde con el triunfalismo de que "en España tenemos el mejor sistema sanitario del mundo".

Hay que añadir otros dos datos escandalosos: la mortalidad tan elevada de las personas internas en residencias de ancianos y la proporción tan alta de afectados por el virus chino por parte del personal sanitario. En ambos casos la culpa se debe a la desidia en proveer a los sanitarios de las medidas de protección necesarias para su cometido. El sistema que nos hemos dado en la España del ‘Estado de las Autonomías’ ha sido una rémora para organizar ben la adquisición del material clínico necesario. Aunque se habla oficialmente de un "mando único" en la lucha contra la epidemia, la impresión que queda es la de una completa descoordinación por parte de las autoridades sanitarias.

La tristísima conclusión es que nos encontramos ante una gigantesca estafa por parte de las llamadas "autoridades sanitarias", que quizá no sean propiamente ninguna de las dos cosas. La población española, confinada en sus domicilios sine die, asiste pasiva a este confuso espectáculo de la lucha contra la epidemia. Al tiempo se incuba una situación de crisis económica sin precedentes en la historia. Habrá que volver sobre ello de manera detenida.

De momento, el Gobierno debería ser destituido y luego procesado por su manifiesta incapacidad para gestionar la lucha contra la epidemia. Nunca hubo poderosos tan impotentes.

Reírse de los muertos
Pablo Planas Libertad Digital 7 Abril 2020

Trece mil cincuenta y cinco muertos después, según el recuento del Gobierno, el Gobierno se acuerda de mostrar sus condolencias de manera oficial e individualizada por una de las víctimas del coronavirus. Semejante honor ha recaído en el ciudadano de origen sirio Riay Tatary Bakry, a la sazón presidente de la "Comisión Islámica de España". Tanto la vicepresidencia del gobierno de Carmen Calvo como el ministerio de Justicia de Juan Carlos Campo, que son los que se ocupan de los asuntos religiosos, se han apresurado a dar el pésame a la comunidad islámica a través de sus cuentas en las redes sociales.

La ágil y rápida respuesta contrasta con el silencio administrativo ante el resto de los muertos por la pandemia, con la ocultación de sus nombres, rostros y circunstancias. Muertos que sólo son números, curva o pico y que en el mejor de los casos son objeto de una somera cita de carril en los mensajes televisados de los políticos al mando, muertos a los que su familia ni siquiera puede acompañar en el momento del tránsito, muertos que por no tener no tienen ni funeral, muertos que molestan a un Gobierno cuyos miembros no están dispuestos a reconocer ningún error y mucho menos responsabilidad alguna.

Dicen estos señorines del Gobierno que están concentrados en salvar vidas. Así son de engreídos y así de lejos están de la realidad. Como si lucharan contra la enfermedad a los pies de las camas de los pacientes, ellos, que son incapaces de comprar mascarillas, guantes, batas y no digamos ya respiradores sin que les estafen. Menudo Gobierno. Si todo el tiempo que pasan sus miembros dando la brasa por televisión lo dedicaran a trabajar... Aunque bien pensado, mejor que no trabajen y sigan con sus comparecencias. Es tiempo que no molestan y entorpecen a quienes de verdad luchan a brazo partido en esta emergencia.

A este Gobierno sólo le preocupa su imagen, maquillar las cifras, escurrir el bulto y manipular a la ciudadanía con el abyecto concurso de las televisiones del régimen, en las que todo cuela. No hay más que ver la última iniciativa de TVE, una comedia, los Diarios de la cuarentena. "Risas garantizadas" según la propaganda del llamado ente público. Trece mil cincuenta y cinco muertos y novecientos mil parados oficialmente y la televisión pública se dedica a las chanzas, las bromas, los chistes y los gags sobre la tragedia. Qué gracia, oye. Las personas que están de luto y los desempleados seguro que no se lo pierden. Es todo lo que el Gobierno va a hacer por ellos, reírse a su costa y con su dinero.

Sánchez, váyase a casa
Rosa Díez okdiario 7 Abril 2020

Ahora que se hacen tutoriales para todo, alguien debiera aprovechar la última comparecencia de Sánchez para hacer un tutorial sobre cómo evitar hacer el ridículo durante cuarenta y cinco minutos de discurso en prime time.

La impostura habitual, la gesticulación ensayada, la recuperación del mantra “vosotras y vosotros”, “trabajadoras y trabajadores”…, la ausencia de contenido concreto, la fraseología hueca habitual en todas las soflamas de Sánchez desde que decidió reconocer una crisis que se ha mostrado incapaz de doblegar, llegó el sábado día cuatro de abril acompañada por una retahíla de frases entresacadas de discursos de lideres políticos de verdad a los que él parafraseaba sin citarles, no se si pretendiendo hacer pasar por suyas todas y cada una de las palabras que en el pasado salieron de la boca de personas que tenían algo dentro de la cabeza. Aunque quizá, con el atrevimiento que caracteriza la ignorancia, creyó que las citas eran originales de Redondo y, por tanto, pasarían a ser suyas, que para eso le paga…

Lo peor que le puede ocurrir a una persona que habla en público es hacer el ridículo. Justo eso es lo que ha terminado por pasarle a Sánchez, un personaje borracho de soberbia, un tipo que lo más cerca de leer un libro que ha estado es leyendo la contraportada de alguno; un personaje que ni siquiera leyó las “memorias” que le escribió su negra de entonces, un tipo sin cultura ni preparación, incapaz de aprender de quienes saben, tan sobrado de si mismo que parafrasea a Kennedy sin nombrarlo, tan ridículo que se pone a explicar el significado de la arenga “sacrificio”, “resistencia”, “moral de victoria”…, como si se le hubiera ocurrido a él.

Desde que empezó a lanzar soflamas bolivarianas Sánchez ha venido construyendo sus discursos con frases tomadas de lideres políticos de verdad, desde George W. Bush hasta W. Churchill para acabar, de momento, en F.J. Kennedy. Todo el mundo tiene derecho a recoger reflexiones de otros –citando al autor- e incorporarlas al discurso propio; el problema es cuando el discurso “propio” es un copy paste de los discursos de otros, cuando se ignora el contexto de los mismos y, lo que es peor, cuando se llega a pensar que como son producto de la factoría Redondo, esas palabras le meterán en la historia… Ahí es cuando aparece retratado en su inmensa ridiculez.

Los españoles tenemos un problema de una enorme envergadura. En medio de la peor crisis que ha conocido la democracia española estamos gobernados por una pareja tóxica formada por Sánchez e Iglesias, unos tipos que toman decisiones supeditadas a su sectarismo, que actúan con una total falta de humildad y con una gran soberbia. Cuando dentro de un par de generaciones alguien lea la historia de este momento de España, -porque se escribirá le pese a quien le pese- la gente se preguntará como fue posible que, habiendo tanto talento en nuestro país, en un momento tan crucial estuviéramos gobernados por gente tan tonta… Porque no solo es que sean incapaces de articular un discurso autónomo, propio: es que son incapaces de hacer nada bien. Y mira que es la única vez en la que nadie le hubiéramos echado en cara a Sánchez que copiara lo que otros países habían hecho, que copiara de los mejores y que copiara bien. Pues ni eso.

No puedo creer que no haya nadie en el entorno de la pareja tóxica capaz de decirle a Sánchez alguna verdad, por incomoda que pueda parecer. No me cabe en la cabeza que entre los centenares de asesores a los que paga no haya nadie que le pueda explicar por qué las palabras de Kennedy o de Churchill fueron catárticas para norteamericanos y británicos cuando ellos las pronunciaron y suenan ridículas en su boca. ¿Nadie puede explicarle que no se puede impostar el liderazgo, que si sobreactúa durante tanto tiempo acaban pillándole por mucha propaganda que le hagan todos los canales y terminales mediáticas a las que engrasas con el dinero de todos los españoles? ¿Nadie puede explicarle que Churchill y Kennedy eran creíbles porque hablaban con el corazón y con la cabeza, porque habían elaborado un pensamiento propio, porque sabían lo que querían decir a su pueblo, porque habían forjado el liderazgo con la acción y no en una factoría de marketing, porque además de hablar actuaban y se ponían por delante de la gente para afrontar los retos del momento, porque no utilizaban las palabras para justificarse o esconderse sino para dirigir a sus pueblos? Las palabras de Bush, Kennedy o Churchill suenan ridículas en boca de Sánchez porque reflejan impostura, suenan a copia barata, a estratagema de marketing, a cálculo electoral, a intento de zafar su responsabilidad, a pretensión de aparecer como lo que no es. Es una verdadera lástima tener al frente el Gobierno a un personaje con la cabeza tan vacía como las estanterías de las farmacias en las que debiera de haber guantes, mascarillas, geles, alcohol…

Finaliza la semana con más de 12.000 muertos. Muchas vidas arrebatas que podían haberse salvado si quien dirige la acción del Gobierno hubiera hecho lo que debía, si hubiera actuado a tiempo, si hubiera puesto en marcha los mecanismos de prevención y protección que otros países han movilizado. No pueden escudarse en el “no lo sabíamos”; porque lo sabían y decidieron actuar como si no pasara nada. Nos mintieron todo el tiempo y sobre todo; improvisaron e improvisan; se contradicen a cada paso (no a geles, mascarillas y guantes… hasta que de repente son imprescindibles aunque no haya stocks porque no se han preparado ni siquiera para eso); dejan que les birlen en un aeropuerto las compras imprescindibles para nuestros hospitales; se pavonean de sus propias errores y mentiras (fuimos los primeros en establecer confinamientos, como si fuera un logro y no la lamentable consecuencia de no haber actuado a tiempo para evitarlo, como Alemania, como Corea….); seguimos sin saber cuantos millones de españoles estamos contagiados o hemos superado en nuestra casa el COVID-19 porque aún no hay test; mienten cuando afirman que todos los sanitarios están protegidos y han provocado que todos los colectivos sanitarios unidos hayan salido a exigir verdad y eficacia; mienten cuando afirman que las fuerzas del orden público tienen todos la debida protección… Mienten todo el rato, a todos y sobre todo.

Y con este panorama va Sánchez y se atreve a parafrasear a Kennedy y a pedirnos que pensemos en lo que podemos hacer cada uno de nosotros por nuestro país. Mire, Sr. Sánchez, cada uno de los españoles, desde el que se queda confinado en casa para no contagiar ni contagiarse hasta el que nos trae la compra, el que trabaja en el campo, el que cuida a los enfermos, el que protege nuestra seguridad, el que transporta alimentos y medios imprescindibles, el que nos atiende en la farmacia… todos y cada uno de los españoles ya están haciendo lo que es mejor para su país. Los únicos que han priorizado sus intereses personales e ideológicos sobre los intereses del país son ustedes, señores y señoras del Gobierno de España. Así que aplíquese el cuento, actúe en consecuencia y váyase a casa. Sr. Sánchez, deje el Gobierno en manos de un grupo de personas con capacidad de liderazgo y con conocimiento contrastado para tomar buenas decisiones. Haga algo bueno para el país: váyase a casa, Sr. Sánchez.

Los conversos tardíos
Nota del Editor 7 Abril 2020

Si hemos llegado hasta esta desgraciada situación es porque muchos, durante muchos años han apoyado a los social comunistas frentepopulares y sus compañeros de viaje separatistas y les han dado un halo de legitimidad cuando son una basura absoluta legítimamente despreciable. Un poco tarde para corregir, pero algo es algo.

El Gobierno envía 60.000 mascarillas chinas ‘fake’ a Madrid: no son las de mayor protección (FFP2)
Carlos Cuesta okdiario 7 Abril 2020

Madrid acaba de recibir 60.000 mascarillas contra el coronavirus enviadas por el Gobierno de España y procedentes de China. La fecha del albarán, tal y como muestra la documentación que hoy reproduce OKDIARIO: 6 de abril. Las cajas reflejan claramente que el producto remitido por el Ministerio de Sanidad a la comunidad madrileña debía corresponderse con mascarillas FFP2, como se puede comprobar en las fotos.

Pero cuando los responsables de la Sanidad de Madrid han abierto los paquetes se han encontrado con que lo que había dentro no eran esas mascarillas -mucho más eficaces-, sino simplemente máscaras de las denominadas quirúrgicas, las más leves y de menor protección de toda la escala.

Se trata de un nuevo timo. El enésimo capítulo después del famoso episodio de los test rápidos comprados por el Gobierno de Pedro Sánchez que no tenían las mínimas garantías de fiabilidad para poder usarse en la detección del coronavirus. La historia se repite. Y ahora con las mascarillas.

El envío consistía en 60.000 unidades, que ya no podrán destinarse a los fines de las FFP2, mucho más eficaces en la prevención de la enfermedad. Y es que la mascarillas quirúrgicas tan sólo se están recomendando como último recurso.

Según el reglamento de la Unión Europea, hay tres tipos de mascarillas respiratorias en el mercado: FFP1, FFP2 y FFP3. Las siglas corresponden a la expresión Filtering Face Piece.

Las mascarillas quirúrgicas, por su parte, ni siquiera entran en esta clasificación: son las que se utilizan por los profesionales en los quirófanos, y están diseñadas para filtrar el aire que se exhala a través de la respiración hacia terceras personas.

Sin embargo, dentro de las cajas hay mascarillas quirúrgicas, mucho menos seguras.

Las de mayor protección son las mascarillas de protección respiratoria, que filtran el aire que se inhala del exterior. Estas mascarillas -las FFP- sí retienen agentes, partículas, bacterias o virus que provienen del entorno. Y están homologadas para distintas capacidades de filtrado.

Las FFP2, en concreto, tienen un 92% de eficacia de filtración mínima y 8% de fuga hacia el exterior. Protege frente a elementos fibrogénicos. Ese envío de mascarillas por parte del Gobierno ha resultado ser un timo. Uno más.

Hay que recordar que primero llegó Sanidsade los 9.000 test al Gobierno. El Ministerio de Sanidad acabó admitiendo que tuvo que devolverlos a China por carecer de eficacia.

Pero la noticia no quedó ahí: Fernando Simón mintió en su comparecencia porque, en realidad, los test defectuosos que tuvo que devolver el Gobierno fueron muchos más. España compró a China otros 50.000 tests del mismo fabricante que se retiraron sin haber sido siquiera distribuidos.

Y tampoco ese fue el capítulo final de las peripecias con los test comprados por el Gobierno de Pedro Sánchez. La segunda variedad de test que el Gobierno compró a la empresa china Shenzhen Bioeasy Biotechnology tampoco tenía una alta sensibilidad: inferior al 50%.

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La Generalitat invisible
Valentí Puig okdiario 7 Abril 2020

La Generalitat, en manos del independentismo más centrífugo, ha entrado en la fase previa a la autodestrucción, al aislamiento y la anomia. Solo con el liderato de una sociedad “start up” se podría confiar en un futuro creativo. Recuperar la credibilidad institucional en Cataluña- ahora en manos de ayuntamientos que sí saben lo que hacer con el Coronavirus- va a requerir una voluntad constructiva de la que carece esa Generalitat a la vez invisible y opaca, involutiva y cerrada. La célebre sociedad civil –tan ausente en los momentos críticos- tiene hoy una gran tarea que cumplir. Hay razones para la incertidumbre porque el Coronavirus y su impacto económico, si no se ha perdido todo sentido común, son algo de mucho mayor volumen que los agravios simbólicos del nacionalismo, más de escenificación que de calado. La Generalitat pretende dividir lo que la respuesta al virus, por un efecto natural, ha unido. A los CDRs que incendiaron Urquinaona no se les ha visto como voluntariado sanitario ni a los “consellers” de la Generalitat donando sangre.

Entretanto, el PdeCAT ha desaparecido, Puigdemont desvaría incluso más, de ERC no se sabe por dónde anda, el PSC está en La Moncloa y el constitucionalismo no se ensancha. De nuevo sólo se manifiestan satélites enloquecidos como una Assemblea Nacional que acusa a Madrid de propagar el virus y pide la retirada del ejército imperial cuando resulta que en la calle se aplauden la actuación de unidades militares como la UME. De cada vez más acorde con la televisión de Ceaucescu, TV3 persiste en dislocar la sociedad catalana. En realidad, decir que existen dos sociedades catalanas no es exacto porque en estos momentos, salvo núcleos del activismo independentista, solo hay una, plural, desasosegada y muy alejada de los pronunciamientos de Quim Torra desde una Generalitat por completo disfuncional y con un gobierno autonómico que ni tan siquiera logra disimular sus relevantes incompetencias. Todo aquello que, en los momentos estables de Cataluña ha representado la Generalitat, como ocurrió con Tarradellas, puede quedar en nada cuando se frene la pandemia y se tengan que concertar las formas de salir lo antes posible de la crisis económica.

Pero no es cierta la división de Cataluña en dos bandos enfrentados porque cuando las cosas se ponen tan difíciles la mayoría ciudadana sabe que lo que es malo para España es malo para Cataluña y al revés. Cuando la Generalitat reclama las competencias que por ley pueden ser gestionadas de modo centralizado, como así está ocurriendo, ¿le importa eso a alguien en la Cataluña real? Mientras las contradicciones y deslealtades de la Generalitat no cesan, la ciudadanía está, y de forma admirable, siguiendo las normas y objetivos del estado de alarma, como en toda España y, prácticamente, en todo el mundo. Por eso hay quien se pregunta si es mejor una Generalitat del todo invisible o visiblemente disfuncional.

El separatismo juega con vidas ajenas
Editorial ABC 7 Abril 2020

Ni viviendo la peor pesadilla, con miles de muertos y una sociedad alarmada por este espantoso presente e incluso por cuál será la prosperidad a medio plazo que deje esta pandemia, el separatismo consigue apearse su sectarismo. Terriblemente irresponsable es el comportamiento de algunas residencias de ancianos de Cataluña que han impedido que los militares de la UME entren en las instalaciones para desinfectarlas y limitar así los contagios. Hablamos por tanto de un incumplimiento doloso de los presuntos responsables de unos centros que anteponen sus disparatados prejuicios a la vida de los residentes que en teoría atienden y cuidan. Los familiares tienen motivos más que suficientes para ir al juzgado más cercano a pedir cuentas penales a quienes están jugando con la vida de sus seres queridos. Nada les ayudará la Generalitat pues participa de ese boicoteo, anulando peticiones de algunos centros o mandando a empresas privadas a esa cometido. Cuadra ese comportamiento obstruccionista a la labor de las Fuerzas Armadas con el comportamiento del inhabilitado Quim Torra durante todo este proceso: desmontando las primeras instalaciones hospitalarias levantadas por el Ejército, denunciando al Tribunal Supremo ante la ONU, lanzando mentiras gigantescas en la prensa extranjera sobre España... Siempre sobrepasado y nunca a la altura de la gravedad del momento, ayer Torra levantó el perímetro de aislamiento de Igualada después de tres semanas exigiendo su aplicación en toda Cataluña. Cuando esto termine, el separatismo tendrá que rendir cuentas a los catalanes, puede que hasta en los juzgados, por su irresponsable comportamiento y su gestión de la crisis, orientada siempre al pulso con el Estado y el ataque a sus instituciones. El coronavirus tendrá cura, su sectarismo parece no tener remedio.


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