AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 8  Abril  2020

Lacalle: "Si el Gobierno controla la cadena de suministro además de pandemia habrá hambruna"
esRadio Libertad Digital /  8 Abril 2020

Daniel Lacalle denuncia en Es la Mañana de Federico que en España "hemos multiplicado" las incompetencias de Italia con el coronavirus.

El economista Daniel Lacalle, asesor del PP en materia económica, analiza en Es la Mañana de Federico las medidas económicas aprobadas por el Gobierno social-comunista para hacer frente a la crisis del coronavirus. Unas medidas que el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, justifica citando la Constitución. "Es alucinante que Iglesias ponga un artículo de la Constitución sin pensar en el artículo 33 y haciendo una equiparación entre que la riqueza está subordinada al interés general, con que está supeditada al interés del Gobierno".

En este sentido, también recordaba que "Juan Carlos Monedero dijo que había que aprovechar esta crisis para 'democratizar la economía', que es tomar la economía en manos del Gobierno", se quejaba Lacalle, "porque esta identificación es constante por parte de Podemos, confundir el Estado con el Gobierno, y no es lo mismo".

No obstante se muestra confiado en que "a pesar de los delirios y las intenciones intervencionistas del Gobierno", al final "las instituciones funcionan en este país, y eso ya se ha demostrado muchas veces", señalaba refiriéndose a los tribunales de Justicia.

Ignoramos a los países líderes en gestión
Para Daniel Lacalle es extraordinariamente grave que "aquí hemos ignorado completamente a los países líderes en la gestión de la pandemia" y recordaba cómo "Corea del Sur", que está mucho más cerca de China que España y que "gasta menos en Sanidad que nosotros, tiene 200 fallecidos" mientras que "aquí se construye el relato de que todo esto es sobrevenido, y que ha sido un error de toda la sociedad". "Hay muchos países que están mucho más cerca de Italia que están gestionando muchísimo mejor la pandemia de España", añadía Lacalle. Para el economista, está claro que ha sido un "error del gobierno" que en las semanas anteriores se atacaba a "todo el mundo que denunciábamos lo que estaba pasando en Singapur o en Italia con datos".

Además, recuerda que aquí se hizo "un relato xenófobo contra Italia y lo que ha ocurrido en Italia son incompetencias que nosotros hemos multiplicado". En este sentido, ha lamentado que "días antes del 8-M ya se estaba pidiendo a los países que tomaran medidas urgentes para evitar contagios y aglomeraciones. ¡Y lo alucinante es que España exportó material sanitario a otros países hasta el 12 de marzo!", exclamaba.

La receta para la recuperación
Ya más centrado en el aspecto económico de la crisis del coronavirus, Daniel Lacalle ha dicho que lo primero que debe hacer el Gobierno es "olvidarse de la recuperación en V, es falso", decía justo antes de advertir de que cuando se levante el estado de alarma, el 20% del PIB seguirá paralizado.

"Lo segundo que tiene que hacer el Gobierno", seguía Lacalle, es "eliminar todo gasto innecesario de los presupuestos y del gasto anual, que es mucho. "¿No hablan de economía de guerra?", se preguntaba, "pues que la economía de la administración también sea de guerra", y se quejaba de que han aumentado un 30% los altos cargos, los ministerios y el déficit.

En tercer lugar hacía mucho hincapié en que el Gobierno debe "exonerar de impuestos a las empresas. Unas empresas que se encuentran en un estado inédito que es el cierre forzoso del 100% de las ventas por decisión gubernamental. El Gobierno debe permitir que hibernen, si tienen cero ingresos, que también tengan cero impuestos".

Y en cuarto lugar, "aunque los avales no están mal para los que pueden tomar deuda, las empresas que están abocadas al colapso son las que han hecho los deberes en los últimos años y ahora no tienen local o activos inmobiliarios y no pueden tomar deudas y todo el plan del Gobierno, todo entero, lo pone el sector privado, de bancos y empresas".

Para preservar el tejido productivo lo mas importante ahora es exonerar impuestos, porque, además "por recaudar hoy unos cientos de millones, se está poniendo en peligro la recaudación de los próximos años" por la brutal destrucción de empresas que ya se está produciendo, decía.

En este sentido, cree necesario abrir "líneas de liquidez y recursos para que las empresas puedan sobrevivir al agujero de circulante que les está acuciando". Para Lacalle, esto es fundamental y "no se trata de ideas mágicas, es lo que están haciendo Alemania, Corea del Sur... Estos países primero atienden la pandemia pero también atienden y preservan el tejido productivo". De no hacerse, dice Lacalle, "la crisis será mayor y más larga".

¿El Gobierno gestionando las cadenas de suministro?
El colmo del despropóstio para el economista es que el Gobierno de España quiera controlar y gestionar las cadenas de suministros porque si esto ocurre "si estos señores con el nivel de incompetencia que han mostrado gestionan las cadenas de suministros, además de pandemia tendremos hambruna".

Lacalle recordaba que "la manera de controlar la economía 100% por parte del Gobierno siempre es vía miseria".

No les funciona la propaganda
Eso sí, Lacalle se felicitaba de que al menos "no les está funcionando la propaganda. No hay más que leer los medios internacionales donde se detalla la cadena de errores" cometidos por el Ejecutivo español.

Un mes del error irresponsable del 8-M
Editorial ABC 8 Abril 2020

Nunca antes de esa fecha el Ejecutivo había dado la más mínima relevancia a las advertencias de expertos extranjeros y de la OMS sobre la letalidad del Covid-19

Hoy, 8 de abril, se cumple un mes de la celebración de las multitudinarias manifestaciones para conmemorar el Día de la Mujer. Y hoy puede constatarse que la apropiación ideológica que hicieron el Gobierno y la izquierda de ese día, por encima de cualquier alerta sanitaria, se convirtió en un foco esencial para la difusión de la pandemia en España. Nunca antes de esa fecha el Ejecutivo había dado la más mínima relevancia a las advertencias de expertos extranjeros y de la OMS sobre la letalidad del Covid-19. Y no fue hasta justo después de su celebración, convertida en un icono propagandístico del Gobierno y del sectario concepto de la igualdad de la izquierda, cuando tomó Sánchez conciencia de su error. A las veinticuatro horas se anunciaba la supresión de las clases en Madrid. Todo su Gobierno actuó de forma displicente o irresponsable frente a una amenaza. Incluso, empujaron a expertos y técnicos a soslayar la evidencia y a sostener que el virus en España tendría un «alcance muy limitado». A día de hoy, con casi 14.000 personas muertas, con cerca de 150.000 infectados (habrá muchos miles más no contabilizados) y con 20.000 profesionales sanitarios contagiados, Sánchez no solo no ha asumido su negligencia; ni siquiera ha pedido disculpas. El 8-M había constancia oficial de la gravedad del virus, pero se permitió -se jaleó- la salida masiva de ciudadanos a las calles porque en la izquierda era prioritario exhibir su capacidad de propaganda. Naturalmente, y como coartada, se permitieron otros actos multitudinarios en la fecha. Se desinformó y manipuló a los ciudadanos, se les mantuvo a ciegas y se pudo evitar que la tragedia fuese tan invasiva. El 8-M es el pecado original de una gestión temeraria. Asumir responsabilidades y reconocer los errores es esencial para transmitir que se está en disposición de arreglar el problema. Pero Sánchez no está por la labor.

El Gobierno ocultó una alerta previa de la OMS sobre el coronavirus realizada el 23 de enero
El jefe de Riesgos Laborales de la Policía fulminado por Marlaska también avisó de una advertencia de las autoridades chinas del 23 de enero que recomendaba "evitar las aglomeraciones"
Carlos Cuesta okdiario 8 Abril 2020

El Gobierno ha admitido recientemente que la Organización Mundial de la Salud (OMS) le alertó de la gravedad del coronavirus en una reunión del 30 de enero. Esa fecha ya era delatora de la tardanza de Pedro Sánchez en reaccionar: permitió concentraciones multitudinarias el 8-M. Pero dos documentos han revelado que ni tan siquiera fue esa la primera alerta que lanzó la OMS a España.

El problema fue que se ordenó camuflar la primera alerta. Un documento del propio Ministerio de Sanidad, al que ha tenido acceso OKDIARIO, reconoce que «las principales recomendaciones [lanzadas el día 30 de enero], no difieren de las dadas en la reunión anterior del Comité de Expertos de la OMS el 23.01.2020». Es decir, que la fecha de la primera alerta fue una semana antes.

Esas «recomendaciones» de la OMS -según el término usado por el Ministerio de Sanidad- más bien parecen alertas graves: «Tener preparada una vigilancia activa, detección precoz, aislamiento y manejo de casos, y seguimiento de contactos con el objetivo de reducir la infección humana, prevenir la transmisión secundaria y la propagación internacional».

Un día después de esa segunda reunión del Comité de Expertos de la OMS del 30 de enero fue cuando Fernando Simón declaró aquello de que «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado».

El día 30 de enero, de hecho, se celebró una reunión técnica en el Ministerio de Sanidad en la que Juan Martínez Hernández, experto en Salud Pública de la Organización Medica Colegial, contradijo a a Fernando Simón y le advirtió de que minusvaloraba el efecto demoledor del Covid-19.

Porque lo cierto es que aquella reunión era ya conocedora de que la advertencia de la OMS era reiterativa, lo que implica que la OMS estaba preocupada por la falta de reacción de las autoridades españolas.

El documento de Sanidad confirma que el jueves día 30 de enero «se celebró la segunda reunión del Comité de Emergencias del RSI (2005) convocada por el director general de la OMS sobre el brote de nuevo coronavirus 2019 (n-CoV) en la República Popular de China, con casos exportados a otros países».

Y ese es sólo uno de los documentos que confirma que las alertas de la OMS fueron más tempranas de lo reconocido inicialmente. Anteriores y plenamente desoídas. Un segundo documento fue el remitido por José Antonio Nieto González, jefe del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Policía Nacional. Nieto aludió a las primeras alertas sobre la gravedad del coronavirus el 24 de enero, precisamente a raíz de las advertencias de la OMS. Y fue fulminado del cargo por orden de Fernando Grande-Marlaska, ministro de Interior un 12 de marzo.

La responsabilidad de Nieto le salió cara en términos profesionales. Y es que él decidió trasladar un informe con sello de la Dirección General de Policía bajo el título «Informe sobre la adopción de medidas preventivas ante la exposición al coronavirus». Porque la OMS certificaba que ya había llegado a más países.

El informe de Nieto señalaba que «el nuevo virus de China (2019-nCoV), que se detectó por primera vez en diciembre de 2019 en un mercado de Wuhan, es un tipo de microorganismo diferente de cualquier otro coronavirus humano descubierto hasta ahora».

Contagios
El informe describía «los síntomas» del nuevo coronavirus y los medios de transmisión. Y en ese segundo apartado, el estudio de Nieto incluye que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró el «lunes [20 de enero] que lo más probable es que una fuente animal sea la fuente primaria de este brote de nuevo coronavirus»; «también ayer [23 de enero], la Comisión Nacional de Salud de China confirmó la transmisión entre humanos del nuevo coronavirus». Añade que «las autoridades chinas ya han confirmado que el virus puede contagiarse de persona a persona», así como una recomendación muy obvia: «Evitar las aglomeraciones». Y todo ello implicó, por desvelarlo en contra de las órdenes oficiales, que fuera fulminado del cargo el 12 de marzo.

Desde entonces, Nieto exigió «ante la información difundida por la OMS sobre posibilidad de expansión del virus» la adopción «de las siguientes medidas preventivas a los funcionarios policiales, especialmente de los puestos fronterizos ante la llegada de vuelos procedente de la zonas afectadas»: en primer lugar, la «utilización de guantes de nitrilo de un sólo uso en cacheos o inspección de equipajes y documentación». Y en segundo lugar, la «utilización de mascarillas FFPP 2 en el control de la documentación a todos los pasajeros procedentes de cualquier ciudad de China u otras zonas afectadas».

Mascarillas y mascaradas
EDITORIAL Libertad Digital 8 Abril 2020

El Gobierno trata desesperadamente de enmascarar su inoperancia, irresponsabilidad, pasividad y falta de previsión en la tragedia que estamos sufriendo.

El incompetente Gobierno de Pedro Sánchez ha tenido este martes la supina desfachatez de tratar como mera "especulación" la necesidad de aclarar a los españoles si deben usar mascarillas para evitar el contagio del covid-19. La razón para no ordenar el uso de tan evidente elemento de prevención no es ni ha sido nunca otra que la de no dejar al descubierto las contradicciones del Gobierno en este asunto –el ahora contagiado director del Centro de Emergencias Sanitarias, Fernando Simon, llegó a decir hace escasas semanas que "no tenía sentido" que los ciudadanos sanos las usaran– y su absoluta falta de iniciativa para elevar la producción o adquisición de dicho material sanitario.

Lo cierto, sin embargo, es que hasta la OMS, que se ha caracterizado por encubrir hasta donde ha podido la falta de previsión de Gobiernos como el español, así como por ocultar la exitosa estrategia de Taiwán para no desairar a la China comunista, tuvo que recular, hace ya días, y recomendar abiertamente el uso de las mascarillas. Y es que la razón por la que en su día la OMS no recomendó abiertamente su empleo es la misma por la que el Gobierno sigue sin poder hacerlo y menos aún exigirlo: el desabastecimiento.

Que el Gobierno sí considera imprescindible lo que públicamente desdeña como mera "especulación" lo demuestra el hecho de que el propio Pedro Sánchez visitara una fábrica la semana pasada pertrechado de mascarilla y guantes de látex; o, aún más clamoroso, que el Ejecutivo haya retenido este martes en las aduanas miles de mascarillas que algunos previsores supermercados habían comprado para sus trabajadores.

Por bochornoso que sea ver al Gobierno social-comunista recurrir a la rapiña por su falta de previsión, no lo es menos la mascarada con que trata de ocultar –con la complicidad de la mayor parte de los medios de comunicación y de la práctica totalidad de sus subvencionadas cadenas de televisión en abierto– que España es, en términos proporcionales, el país más sacudido por el coronavirus (dejando siempre al margen a una China comunista indigna de confianza). Para ello, el Ejecutivo y sus serviles voceros mediáticos desvían la atención del número de fallecidos para centrarla en el número de contagiados, dato absolutamente engañoso por cuanto España –también por culpa de este irresponsable Gobierno– es uno de los países en los que menos se está haciendo esta comprobación. A este respecto, conviene señalar que al tan vergonzoso como sospechoso episodio de la compra de tests defectuosos a China se suma ahora la noticia de que España estuvo exportando tests para detectar el coronavirus nada menos que hasta el 15 de marzo.

Es más: habría que poner en cuarentena –nunca mejor dicho– hasta el número de fallecidos, una vez se ha conocido que los sepelios por covid-19 en Castilla-La Mancha triplican los ya catastróficos datos oficiales. El Ministerio de Sanidad dio a todas las CCAA las mismas instrucciones para contar los muertos por el coronavirus que a Castilla-La Mancha, según las cuales sólo se habrían de tener como tales a quienes se les hubieran hecho tests de comprobación. Como ha denunciado el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, ese sistema es totalmente insuficiente; al punto de que los 13.798 fallecidos por coronavirus contabilizados hasta la fecha en toda España podrían ser en realidad entre 27.000 y 41.000.

Finalmente, hay que señalar que, mientras las cadenas de televisión ocultan la voz y las imágenes de los familiares de las víctimas españolas y se ensañan en el impacto que el virus está teniendo en Estados Unidos –infinitamente menor en términos relativos que en España–, acaba de nacer Adcovid, asociación que se ha impuesto el objetivo de "asistir y representar a todos los ciudadanos de nuestro país que, como consecuencia de la inoperancia e irresponsabilidad de este Gobierno, han perdido a familiares y seres queridos, así como para apoyar a todos aquellos que han visto truncado su futuro, sin expectativas, por la pasividad y falta de previsión de nuestros gobernantes".

Es esa inoperancia, irresponsabilidad, pasividad y falta de previsión lo que el Gobierno trata de enmascarar, mientras sigue considerando "especulativo" aclarar ni es necesario o no el uso de mascarillas.

La solución no es la intervención
Editorial ABC 8 Abril 2020

Las necesidades sociales impuestas por la pandemia del Covid19 tienen que recibir una respuesta del Estado, porque es el principal responsable de la gestión de los recursos públicos. Este protagonismo del Estado deriva de múltiples factores que tienen que ver con su existencia misma, y entre ellos destaca su potestad fiscal sobre ciudadanos y empresas, es decir, su capacidad para establecer y cobrar impuestos. Por eso, exigir al Estado eficacia en la gestión y atención generalizada a los ciudadanos no significa someterse a un visión socialista del poder estatal, sino reclamar legítimamente la contraprestación debida por el pago de nuestros impuestos. Esta apología estatalista es la táctica que la izquierda está empleando para intentar deslegitimar cualquier planteamiento liberal sobre la organización económica y política de la sociedad. Parece que quienes defienden el emprendimiento empresarial y abogan por la cooperación entre lo público y lo privado deben pedir perdón, como si las demandas al Estado en la crisis actual fueran exigencias de unos ingratos que corren a refugiarse bajo la Administración. Tiempo habrá de medir la eficiencia del Estado en los tiempos de respuesta, en el acierto de los diagnósticos, en el acopio de material sanitario y en la gestión de sus medios humanos y materiales. Lo que es inaceptable, por engañoso y fraudulento, es convertir esta pandemia en la prueba de la superioridad moral del intervencionismo socialista. Incluso una persona sensata como Borrell, alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, ha sucumbido a este súbito prurito estatalista al pronosticar que «el Estado será el primer empleador, el primer consumidor y el primer propietario». Si es así, el fracaso está garantizado. Una parte del pensamiento europeísta sigue secuestrada por el paternalismo estatal con el que los fundadores de lo que hoy es la UE, conmocionados por la postguerra a partir de 1945, querían evitar otra crisis económica que avivara de nuevo el populismo.

La izquierda sigue instalada en la fascinación por los Estados hipertrofiados, sin entrar en el debate sobre la eficiencia en la gestión de los recursos públicos. El discurso simplista del populismo de izquierda se limita a afirmar que cuanto más gasto público, más bienestar social. Pero este discurso obvia que lo fundamental es una gestión eficiente, que permita mejores resultados con menor gasto, como se ha visto en Corea del Sur con su éxito en la lucha contra el Covid-19. Además, a rebufo de estos mensajes sobre el Estado salvador se cuelan tendencias totalitarias en el gobierno político de la nación, porque quien se cree «propietario» de la economía, como sugiere Borrell, acaba creyéndose «dueño» de la libertad de las personas. En este debate ciudadano sobre la pandemia, la sociedad española debe estar alerta por sus libertades públicas. La historia lo aconseja.

Entre el horror y el esperpento
María Claver. okdiario 8 Abril 2020

De las muchas irresponsabilidades que hemos venido escuchando en los últimos meses de nuestra clase política y que explican, en una gran parte, la envergadura de la crisis del COVID-19 en nuestro país, el episodio más histriónico lo protagonizó el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, cuando espetó aquello de “tiene que venir la OMS para que se suspenda la Semana Santa y la Feria”. Aquella exhibición de chulería grotesca y grandilocuente del regidor hispalense se producía el 15 de marzo cuando ya contábamos por miles los infectados en nuestro país. Hoy, en el NODO diario con el que nos alecciona el Gobierno, la ministra de Hacienda y portavoz María Jesús Montero ha sentenciado otra de esas frases que formarán parte de la antología del disparate institucional de esta pandemia: “España va de avanzadilla en medidas innovadoras para afrontar esta crisis”. Vamos tan “de avanzadilla” que, mientras hay 29 países en el mundo con más población que el nuestro, España se sitúa en tercera posición en número de fallecidos. Eso sin considerar que el número de fallecidos acabará siendo más elevado que el aportado en la actualidad por las estadísticas oficiales.

El Gobierno no puede obligar al uso de mascarillas porque es parte responsable del actual desabastecimiento; el Gobierno prepara un estudio epidemiológico con una muestra de 60.000 personas porque la realidad es que no hay pruebas suficientes para poder testar a un porcentaje mayor de la población lo suficientemente representativo que minimice el riesgo de una reinfección; el Gobierno sigue sin reconocer errores en su gestión por temor a las consecuencias penales que se puedan derivar de sus actuaciones; el Gobierno levantará el veto a la actividad no esencial pese a no tener presumiblemente el control de la epidémica porque ha agotado su margen para seguir estrangulando la actividad económica; y, claro está, el presidente del Gobierno se parapeta tras alocuciones de cartón piedra porque no está en disposición de dar explicaciones que le comprometan en la sede de la soberanía nacional .

Todo lo que está pasando es muy grave. Mientras el Ejecutivo esconde sus responsabilidades tras las directrices de unos supuestos expertos cuyos nombres aún hoy desconocemos más allá de un puñado de cargos ministeriales nombrados a dedo, la sociedad española vive un duelo invisibilizado por los memes y los ‘resistiré’. Algunos se afanan en describirnos una sociedad profundamente egoísta e infantilizada que implora blindarse emocionalmente ante el drama que supone la pérdida de casi 15.000 vidas. Los que hace meses nos hablaban de alarmismo infundado son los mismos que hoy nos descubren lo obvio, que saldremos de ésta. Claro que vamos a salir… pero con decenas de miles de fallecidos y no con algunos casos como decían los expertos consejeros.

No son Pactos de la Moncloa sino Pactos con el Diablo
Liberal Enfurruñada okdiario 8 Abril 2020

Por diferentes motivos, Sánchez e Iglesias se han agarrado rápidamente a la propuesta que ha hecho Inés Arrimadas de llegar a unos acuerdos similares a los Pactos de la Moncloa. Propuso la presidenta de Ciudadanos que el Gobierno buscara «apoyo en la oposición y en los agentes sociales» a la hora de aplicar las medidas destinadas a reducir el impacto económico del coronavirus, tratando de evitar que la rama comunista del Gobierno impusiera su criterio. Y esta propuesta ha sonado a música celestial en los oídos de Pedro Sánchez, quien ve así abierta la posibilidad de convertir a la oposición en la culpable de todos los males que se nos avecinan, cuando se nieguen a aceptar sus inasumibles propuestas, que sólo van a tener por objetivo blanquear su deteriorada imagen. O, lo que sería aún peor, cuando se dejen engañar por él, aceptando compartir la responsabilidad por la consecuencia de todos sus errores.

Por su parte Pablo Iglesias ha visto abierta la puerta al cambio de régimen que él desea y no ha tardado ni un minuto en aclarar que esos reeditados Pactos de la Moncloa serían en realidad un “Pacto por lo Público”, amparado en lo que él denomina “constitucionalismo social”. De la Constitución española el de Podemos sólo se sabe el artículo 128.1 que dice que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”, olvidándose de que muy por encima está el artículo 33 que recoge el derecho fundamental a la propiedad privada, del que nadie puede ser privado sino por causa justificada y mediante la correspondiente indemnización. Indemnización de la que el Gobierno socialcomunista se olvidó de manera harto sospechosa al redactar el Real Decreto por el que se declaró el estado de alarma, al decir en su artículo 13.C que “el Ministro de Sanidad podrá practicar requisas temporales de todo tipo de bienes”.

Los españoles ya hemos alcanzado la suficiente experiencia como para tener la absoluta certeza de que Pedro Sánchez no le dice la verdad ni al médico. Nada se puede pactar con una persona que un día pide el apoyo de la oposición para prorrogar el estado de alarma sin restringir las actividades económicas, y al día siguiente ordena el parón total de la economía. Que anuncia unas medidas tras el Consejo de Ministros de la mañana, las rectifica por la tarde y acaba publicando otras diferentes por la noche. Hasta hoy todo lo que ha salido de la boca de Sánchez ha sido mentira, ha incumplido todas sus promesas a la oposición y hasta a sus votantes, llegando a unos acuerdos de investidura que el día antes de las elecciones aseguraba que le quitaban el sueño. Pactar con Pedro Sánchez es lo mismo que pactar con el diablo, entregarle tu alma sabiendo que él nunca cumplirá lo que promete a cambio.

La oposición ni siquiera debe votar a favor de prorrogar el estado de alarma si no se elimina ese comunista artículo 13.C y si antes de tomar cualquier nueva medida esta no ha sido previamente negociada y consensuada con ellos. La responsabilidad de que la prorroga no fuera aceptada sería en ese caso exclusivamente del Gobierno. El Partido Popular, VOX y Ciudadanos tan sólo tienen que negociar con Sánchez la fecha de las próximas elecciones generales, que deben celebrarse tan pronto como las condiciones sanitarias lo permitan. Por un lado debemos ser los votantes quienes juzguemos su actuación antes y durante esta crisis, y los que decidamos en quién confiamos para que nos saque del desastre social y económico en el que Sánchez e Iglesias nos han hundido. Y por otro deberán ser los juzgados españoles e internacionales los que sentencien cuanto antes las responsabilidades que se deriven de los daños que con su negligente y sectaria actuación nos ha causado este Gobierno del demonio.

Cuando el Gobierno presumía de tenerlo todo controlado…
OKDIARIO 8 Abril 2020

Durante su visita, el pasado 28 de enero, al Centro Nacional de Microbiología, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, que acudió acompañado del de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, pronunció una frase que, en las actuales circunstancias, adquiere una dimensión especial. Con más de 140.000 contagiados y 13.798 fallecidos, las palabras de Illa son la prueba del nuevo de la incapacidad e incompetencia de un Ejecutivo que hace poco más de dos meses se mostraba seguro de hacer frente a la pandemia. «Estamos preparados para cualquier eventualidad», presumió el ministro, quien añadió que «vamos a seguir todas las recomendaciones de los expertos».

Pues bien, ni el Gobierno socialcomunista estaba preparado ni hizo caso de las recomendaciones de los expertos. Resultado: España es el segundo país del mundo con más muertes y más casos confirmados, una tragedia de dimensiones colosales que ha puesto de manifiesto que las palabras del Illa no eran más que un mero ejercicio retórico. Pero con palabras no se hace frente a la pandemia. Por aquellas, Illa presumía de que «no se ha producido ningún caso en España». Lo que vino después ya es de sobra conocido, pero nada de lo ocurrido ha sido por casualidad, sino por la negligente actuación de un Gobierno que hizo oídos sordos a las recomendaciones que le llegaban de dentro y fuera de España.

En lo único que acertó Illa aquel 28 de enero fue en subrayar la capacidad del personal sanitario. Sin ellos, la tragedia habría sido todavía mayor, porque las previsiones del Gobierno saltaron por los aires fruto de la impericia y la temeridad de un Ejecutivo que, en plena expansión del virus, animaba a los españoles a participar en las multitudinarias manifestaciones del 8-M.

Pero el optimismo de Illa fue mucho más allá: el pasado 24 de febrero, como informó OKDIARIO, Sanidad reconocía en un documento oficial titulado «Evaluación del riesgo para España» que «si esto (un brote como el de Italia o China) ocurriera, tenemos mecanismos suficientes de contención, que incluyen protocolos clínicos, una red asistencial y de salud pública coordinada y capacidad suficiente para el diagnóstico y tratamiento de los casos».

«Mecanismos suficientes de contención», decía el Ministerio. Mes y medio después, hay 140.000 contagiados y 13.798 muertos.

Coronavirus: perspectivas
Pío Moa gaceta.es 8 Abril 2020

Estos textos y otros pueden leerse también en «Más España y más democracia», www.piomoa.es

Lo que ocurre con el coronavirus, la reclusión de cientos de millones de personas en sus casas en los países más prósperos, no tiene precedentes históricos. Ninguna peste anterior ha generado tales medidas, que, entre otras cosas, demuestran el alto grado de control, también sin precedentes, de los estados sobre los individuos. Y son muchos los que, aparte de pensar y soltar obviedades, se preguntan sobre sus consecuencias. Los efectos económicos inmediatas todo el mundo los ve, máxime cuando podrían prolongarse más de lo previsto. Ahora bien, la cuestión mayor son las consecuencias políticas: ¿cómo reaccionarán las gentes, los partidos y los gobiernos ante una crisis que muchos pronostican bastante peor y quizá más duradera que la de 2008? ¿Será eficaz el endeudamiento público para afrontar las quiebras privadas? ¿Habrá revueltas y hundimiento de gobiernos? ¿Están amenazadas la UE o la propia democracia?

De todos los países europeos, aquel en peor situación es España, donde el gobierno del Doctor y el Coletas son culpables en gran medida de la extensión de la plaga y de la vulnerabilidad económica; pero además tratan de utilizar la situación para profundizar en su programa de destrucción de cualquier resto de herencia franquista, lo que también quiere decir de la herencia democrática y nacional. Sin más oposición, por el momento, que VOX. Una de las últimas medidas del Doctor y el Coletas, que ha pasado inadvertida, es la compra política de las televisiones, anta la caída de la publicidad, regándolas con 15 millones de euros. De pronto se han vuelto optimistas sin que las responsabilidades de un gobierno delincuente aparezcan por ninguna parte.

¿Hasta qué punto pueden llegar las consecuencias? ¿Pueden acabar con todo el actual entramado internacional y provocar algo parecido a una nueva guerra mundial? Eso parece casi imposible, debido a la capacidad destructiva de los ejércitos, aunque seguramente se agravarán, lo están haciendo ya, las rivalidades existentes, sobre todo entre Usa y China, hasta generar una nueva guerra fría. En un sentido más amplio, debe recordarse que otras pandemias gigantescas, como la Antonina o la Justiniana o la Peste negra, aunque motivaron cambios sociales de cierta envergadura, no derribaron el orden político imperante entonces, y es difícil que esta lo haga en los países europeos. No se presenta ninguna alternativa viable que no sean reformas menores del mismo sistema.

La clave es el tiempo: las medidas actuales no pueden mantenerse indefinidamente. El coronavirus puede desaparecer como las gripes ocasionales, puede durar demasiado o puede aplacarse para recrudecerse poco después. Lo más probable es su desaparición a no mucho tardar, sea por la misma razón que desaparecieron otras pandemias como la gripe «española», o porque se consigan vacunas o fármacos eficaces. «Más probable» no quiere decir «seguro», sin embargo. Y como siempre ocurre en estos casos, la incertidumbre genera ansiedad e inquietud, y estas la proliferación de las explicaciones y bulos más disparatados, junto con las paranoias apocalípticas de rigor, que si algo hacen es agravar los problemas.
******************
Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil
Historia criminal del PSOE: Derrumbe de la insurrección en Asturias: https://www.youtube.com/watch?v=JATEZvIeJoQ
PSOE: Los socialistas huyen con el botín: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c

Por qué resulta primordial leer a Hayek
Juan Ramón Rallo elconfidencial 8 Abril 2020

En su reciente entrevista para 'eEldiario.es', Pablo Iglesias afirmó que “en estas horas se está leyendo mucho a Piketty y nada a Hayek”. Y aunque probablemente el vicepresidente segundo solo usara los apellidos de ambos autores a modo de sinécdoque (Piketty: intervencionismo redistribuidor; Hayek: 'laissez faire'), en las actuales circunstancias de un estado de alarma omnipotente que desea consolidarse permanentemente como tal, a quien todos deberíamos estar leyendo para proteger nuestro futuro es a Hayek.

Al cabo, una de las principales lecciones que el líder de Podemos dice haber extraído de la presente crisis sanitaria es que el Estado ha de dirigir soberanamente la economía para garantizar que esta produzca aquellos materiales sanitarios que se han demostrado imprescindibles durante la actual pandemia: “España tiene que poder fabricar sus propios equipos de protección individual cuando llegue una crisis como esta [para que] que no tenga la necesidad de entrar en un mercado que se ha convertido en absolutamente especulativo”.

Es decir, Iglesias aboga por una planificación (parcial) de la economía para así garantizar que estamos preparados frente a la próxima crisis sanitaria, natural, social o económica. ¿Pero acaso este mensaje —que el Gobierno necesita planificar la economía para prepararnos frente al próximo desastre— no es del todo incompatible con la principal excusa autoexculpatoria que ha formulado este Ejecutivo, a saber, que nadie lo podía haber previsto? Cito textualmente otras palabras de Iglesias en esa misma entrevista: “Nos hemos enfrentado a un enemigo desconocido y a una realidad desconocida, en la que no había manuales previos sobre cómo actuar (…) Insisto en que tenemos que ser humildes y que ningún Gobierno sabía a ciencia cierta a lo que se enfrentaba”.

Si el Gobierno no fue capaz de prever, con dos semanas de antelación, el desastre al que nos estábamos viendo abocados, ¿cómo pretender que pueda prever, con años de antelación, qué medios materiales específicos vamos a necesitar para hacer frente a una catástrofe que, como decimos, no ha conseguido comprender ni cuando estaba estallando delante de sus narices? ¿Cómo podemos estar seguros de que para la próxima crisis —epidemiológica o no— necesitaremos guantes, mascarillas, test 'contra el Covid-19' o respiradores y no otro tipo de material sanitario (o no sanitario) muy distinto? Obviamente, no podemos saberlo, de manera que, salvo que nos creamos que el Estado posee la capacidad de multiplicar los panes y los peces (esto es, la de producir más de absolutamente todo, obviando la inherente escasez de los recursos), la decisión política de producir más de un bien supone la paralela decisión política de producir menos de otros bienes. ¿Cómo afirmar, entonces, que dotar al Ejecutivo de mayores potestades intervencionistas para que pueda planificar la estructura económica de España no va a desprotegernos frente a futuras crisis? ¿Cómo estar seguros de que aquello que dejaremos de producir no será algo fundamental para nuestra buena vida, para nuestra capacidad de volvernos más productivos o para contrarrestar ignotas crisis futuras?

Cuando Iglesias se postula como capacitado para planificar el futuro a largo plazo de nuestra sociedad (obviando su dramática incapacidad para anticipar el futuro a semanas vista), lo que está exhibiendo no es humildad, tal como él se vanagloria, sino, por emplear la expresión con la que tituló Hayek su último libro, una 'fatal arrogancia'. La fatal arrogancia de quien se cree capaz de diseñar desde arriba la sociedad sin ser consciente de sus enormes limitaciones cognitivas. Tal como ya nos advirtió Hayek en esa obra: “El cometido particular de la Economía es demostrarles a las personas lo poco que realmente sabemos sobre aquello que se creen capacitados para diseñar”. La auténtica humildad en política pasa por la prudencia y por el escepticismo: por no creerse un superhombre omnisciente capaz de ordenar sin quebrantos ni desastres un orden tan sumamente complejo como el de una sociedad de 47 millones de individuos.

Pero es que, además, el único riesgo de la planificación soberana de la economía no es que, como evidentemente sucedería, el arrogante e incompetente soberano se equivoque en sus caprichosas decisiones y nos empobrezca a todos. No, como también supo ver perfectamente Hayek, el riesgo económico es asimismo un riesgo político: a la hora de la verdad, un Gobierno que adquiere poderes extraordinarios sobre la economía es un Gobierno que también adquiere poderes extraordinarios sobre la sociedad. En palabras del Nobel en su libro 'Camino de servidumbre': “La autoridad que dirigiera toda la actividad económica controlaría no solo aquella parte de nuestras vidas que consideramos banal: también controlaría la distribución de todos los medios escasos para satisfacer cualesquiera de nuestros fines. Aquel que controle el conjunto de la actividad económica controla cómo satisfacemos nuestros fines y, por tanto, es quien decide cuáles de nuestros fines merecen ser satisfechos y cuáles no”.

La deriva autoritaria de un Gobierno investido de los poderes excepcionales del estado de alarma ya es visible en numerosos frentes (en los últimos días, se ha llegado a defender la censura de informaciones incómodas para los gobernantes o el confinamiento obligatorio de pacientes asintomáticos en instituciones públicas) pero, cuanto más se prolongue el estado de alarma, más seguirá degenerando. No solo porque los políticos se acostumbrarán al poder omnímodo —y no querrán desprenderse de él— sino también porque los ciudadanos irán cultivando una mentalidad de siervos. Si unos se acostumbran a pastorear y los otros a ser pastoreados, la libertad individual va retrocediendo.

Hayek nos alertó hace tres cuartos de siglo sobre la senda de servidumbre a la que podían conducirnos unos políticos fatalmente arrogantes. En una coyuntura en la que la libertad se halla excepcionalmente limitada por el Estado, resulta más urgente que nunca leer al austriaco para vacunarnos frente al virus del autoritarismo.

La verdad y otras víctimas
Ignacio Camacho ABC 8 Abril 2020

Dice el tópico que la primera víctima de la guerra es la verdad. Sin embargo, en la guerra metafórica contra el coronavirus -una metáfora empachosa, saturada de retórica grandilocuente y épicas de saldo- la primera víctima en España está siendo la política, derrotada por eso que los propios politólogos llaman «el relato». El relato es la construcción artificial de un marco mental, de un argumentario que sirva para encubrir el fracaso de los liderazgos como ejercicio de responsabilidad ante los ciudadanos. El relato es una mentira de laboratorio, un truco de ilusionismo barato con el que los gabinetes de gurús y asesores tratan de rodear a sus jefes de un halo taumatúrgico de hombres de Estado. Pero cuando, como sucede en España, el mandatario no da la talla porque todos los trajes de gobernante le vienen anchos, se hace menester inventar una historia arrojadiza contra los adversarios y hacer que su potente aparato mediático la divulgue a todo trapo. Lo esencial es que sea atractiva, que tenga gancho, aunque choque con la realidad de unos datos que la mayoría no va a contrastar porque nadie se interesa por los detalles áridos. En ese sentido, el relato no deja de ser también una manera de liquidar la verdad por un método más alambicado.

La narrativa gubernamental de la crisis, elaborada en los semilleros de La Moncloa, consiste en desviar la crítica a su calamitosa gestión de la emergencia sanitaria acusando a la derecha de haber adelgazado el sistema de salud pública hasta dejarlo en las raspas. Un cuadro fácil de vender a espíritus proclives a la confrontación sectaria: a un lado, el liberalismo perverso que desprecia la vida humana; al otro, el Gobierno benéfico y progresista impotente para revertir los recortes del PP en beneficio de la gestión privada. La fuerza seductora de las tramas esquemáticas.

Pero, se olvidan, ay, del terco discurso de las cifras. En concreto, las de gasto publicados por el Ministerio de Sanidad -y recogidos por los colegas de «El Independiente»- en su última estadística. Y resulta que la comunidad que más redujo la inversión de salud entre 2008 y 2017 fue… Andalucía. La Andalucía de los ERE, la de los mandatos de Chaves, Griñán y Susana Díaz, y con María Jesús Montero al mando de la Consejería. En total, un 9,2% menos por habitante y un 5,9% a la baja (700 millones menos) en porcentaje presupuestario. ¿Y Madrid, el bastión del capitalismo desalmado? Sorpresa: pese al fortísimo ajuste inicial, logró enmendarlo hasta sumar un 4,85 y un 9,08 por ciento más, en los respectivos parámetros y entre los mismos años. A ver cómo los fabricantes de relatos atan esa mosca (cojonera) por el rabo. No lo harán; simplemente no les hace falta. Tienen la hegemonía absoluta de la comunicación y de la propaganda. Y a base de superioridad moral autoadjudicada han convertido la política en el arte de embellecer la ineficacia.

¡Es un escándalo! ¡Aquí hay bulos!
Carmelo Jordá Libertad Digital 8 Abril 2020

Vaya por delante que comunismo no es otra cosa que una inmensa mentira, un engaño descomunal construido sobre una colección de falsedades, que se basa en una realidad fake y que cierra los ojos a las verdades que la historia de los últimos cien años nos enseña con una contundencia incontestable.

Aparte de eso, si hay un partido en España que sea en sí mismo un bulo, ese es Podemos: el que iba a ser de la gente, los círculos y las asambleas y es el coto privado de un líder que tiene el mando tan amarrado como para darle a su pareja primero una portavocía y luego un ministerio; el de la juventud sin futuro que era una colección de niños bien que pasaron de no tener que trabajar como ‘hijos de’ a no tener que trabajar como diputados o ‘asesores en’; el que no iba a hacer negociaciones secretas; el que no se iba a vender; el que no iba a dejar nunca su pisito de Vallecas y ha acabado en Galapagar…

Podemos, además, nació como partido sobre todo en las redes sociales, bulos mediante, en las que llegó a pedir cuentas inactivas de Twitter para esparcir desde el anonimato y en comandita sus trolas prefabricadas, toda una "estructura criminal", según los términos que usan ahora.

¿Y qué me dicen de Pedro Sánchez? El doctor fraude que mintió sobre su tesis y mintió sobre las mentiras de su tesis; el que nunca iba a pactar con los populistas; el que no podría dormir con Pablo Iglesias de vicepresidente; el que no quería dos gobiernos en el Gobierno; el que tenía la urna ya medio llena de votos antes de empezar la votación…

Si alguien ha mentido en la historia de la política española, ha sido el actual presidente del Gobierno, cuya hemeroteca hay que repasar concienzudamente para encontrar algo que sea cierto, que no esté dispuesto a cambiar de hoy para mañana, diciendo el martes que lo que el lunes era negro siempre había sido blanco, sin inmutarse, sin mover una pestaña y con la misma voz campanuda e impostada.

Pues resulta que ese Gobierno de Sánchez e Iglesias, el mismo que lleva años hablando de los recortes en sanidad que sólo hicieron ellos o del rescate a la banca que nunca existió –por enésima vez: no se rescató a los bancos sino a las cajas que habían hundido los propios políticos–, ese es el que ahora está muy indignado porque en las redes sociales hay bulos y fake news.

Los que están día tras día mintiendo en las televisiones subvencionadas, los que mienten sobre el coronavirus como mintieron sobre Delcy, los que el día 8 de marzo empujaron a la gente a contagiarse en las calles, se escandalizan porque en Twitter, Facebook o WhatsApp no todo el mundo canta las alabanzas Pedro y Pablo. "¡Aquí hay bulos!", gritan encolerizados mientras retuitean el último rebuzno de Adriana Lastra, otro exabrupto más de Pablo Echenique o el artículo de Miguel Lacambra.

No conocen el mínimo pudor y están enloquecidos, pero eso no les hace menos peligrosos, sino más. Y cuidado, lo que está en juego no es Twitter o Facebook o los mensajes del cuñado en WhatsApp: lo que está en juego es la libertad de expresión y con ella la democracia.

El mitin de Iglesias y la gran mentira
Marcello republica 8 Abril 2020

De mentiroso e indecente se puede calificar el mitin populista que ofreció el vicepresidente Pablo Iglesias en el telediario de la primera cadena de TVE del pasado lunes (en una presunta entrevista). Con el elogio desmedido de ‘lo público’ y desprecio de todo lo privado.

Y anunciando demasiado pronto el éxito del Gobierno, que no es cierto, lo que da una idea de la ‘gran mentira’ que se está fraguando en España, en torno a la realidad y la verdad de la crisis sanitaria, y para ocultar enormes errores de gestión y corrupciones varias que están apareciendo en torno a la compra y la distribución del material sanitario, que en muchos casos (como los test) es inservible.

El mitin populista de Iglesias contrasta con últimas decisiones del Gobierno progresista de Italia de Giuseppe Conte que el lunes, también, anunció la concesión de créditos a empresas por valor de 200.000 millones de euros y otros 200.000 millones para favorecer las exportaciones, y todo ello avalado por el Estado al 90 %.

Italia, que como España cree estar saliendo de los contagios más graves de la epidemia (que ayer rebrotaron en España), se ha puesto en marcha para relanzar su economía y el empleo apoyando la iniciativa privada.

Mientras en España estamos en la propaganda de Iglesias cuando nuestro país es el primero del mundo en muertes por coranovirus. Y ello sin contar los fallecimientos que no se han anotado porque no se les hizo el test. Por lo que el número de los fallecidos por el virus en España supera fácilmente la cifra de los 15.000.

Y un alto porcentaje de ellos murieron en espantosas condiciones en las residencias de ancianos, asunto de la mayor gravedad que debió ser una prioridad de Pablo Iglesias por ser el vicepresidente de Asuntos Sociales, que no se ha dignado a visitar esas residencias y ni un solo hospital.

Iglesias está dedicado al indecente autobombo del Gobierno, al elogio de ‘lo público’ y a promocionar continuas subvenciones sociales del Estado, a las que ahora espera añadir la ‘renta básica’ nacional de costes incalculables.

Y todo ello como si la sanidad privada y las grandes empresas y entidades financieras del país no estuvieran colaborando en la lucha contra la crisis sanitaria y económica. La que ya ha provocado el cierre de más de 120.000 empresas y destruido otros tantos empleos tan solo en el mes de marzo. Lo que habrá que multiplicar por dos, o por tres, a finales de abril y mayo. Sin que el Gobierno español ofrezca como Italia un plan de choque empresarial.

La gran mentira sobre la pretendida buena gestión del Gobierno acabará estallándoles en las manos a Sánchez e Iglesias y entonces aparecerá con claridad que lo que han calificado como simples errores era algo mucho peor: incompetencia. Y en algunos casos, como ya se empieza a saber, adornada por la corrupción.

Iglesias manosea los aspectos sociales de la Constitución y desprecia los relativos a las libertades públicas, los derechos democráticos y libertades de prensa, la propiedad privada y empresarial. Y desprecia y ataca la unidad nacional de la mano de sus socios soberanistas y reniega de la UE y de la Transición. Y a pesar de todo esto se nos presenta como un patriota, pero de cartón.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sánchez, el hombre que mató a la verdad
Jorge Vilches. vozpopuli  8 Abril 2020

La mentira, gracias al éxito de Sánchez, está en el centro de la política, bien auxiliado por los medios afines y las redes sociales

El verdadero culpable de lo que está pasando en España es quien ha usado la mentira para tener éxito político. En la era de la posverdad, como escribió el periodista Matthew d’Ancona, lo relevante es que no se penaliza al cargo público que miente, sino que la gente utiliza conscientemente esa mentira que refrenda sus emociones políticas para hacer daño al enemigo.

No importa saber que se trata de una mentira porque sirve para la guerra contra el otro. Ha desaparecido el respeto a la verdad y lo hemos sustituido por el relato, esa patraña compuesta de bulos, informaciones a medias y estudiadas storytelling. Este es un juego dañino para la democracia, para la convivencia y, sobre todo, para la confianza. No olvidemos que es justamente la confianza la base de cualquier tipo de organización política.

La figura de Pedro Sánchez se ha construido sobre la posverdad: el ufanarse de mentir porque a los suyos no les importa mientras sirva para ganar a la derecha. Por eso ha escogido a Iván Redondo como gurú, como vendedor de crecepelos mágico. Forjaron una carrera política falseando su vida privada y pública.

No era doctor, o no debería, porque su tesis es un plagio, pero no importa. Publicó un libro, 'Manual de resistencia', que ni siquiera escribió él, lo cobró, y dio igual. Su hemeroteca crucificaría a cualquier líder político del Occidente contemporáneo desde 1945, pero es lo mismo. Todo esto es tan falso como su compromiso con la letra y el espíritu de la Constitución Española, o su lealtad al Rey de España. No en vano, Carmen Calvo justificaba sin vergüenza sus mentiras y contradicciones diciendo que una cosa era Pedro Sánchez y otra el Presidente del Gobierno.

Sánchez llegó a la presidencia con mentiras, y ahí sigue. Se le puede aplicar lo que decía Truman de Nixon: “Si alguna vez se sorprendiera a sí mismo diciendo la verdad, mentiría tan solo para no perder la práctica”. La moción de censura se basó en una falsedad: el PP no estaba condenado por organización criminal, y menos por una frase ambigua de un juez 'progre'. Sus aliados fueron, y son, una ristra de gente que retuerce la verdad hasta que canta mentiras: golpistas, peneuvistas, filoetarras y podemitas. Sánchez vendió aquella alianza con otra mentira: un Gobierno de progreso dentro de la Constitución. Se acostó un 10-N diciendo que era una “pesadilla” gobernar con Iglesias, y se levantó el 11 abrazado a él. Mintió, y la gente lo quiso creer. Ya decía Alexander Dugin, el filósofo del nacionalbolchevismo, esa idea que practica aquí cierta izquierda, que “la verdad es una cuestión de creencia”.

Sánchez y Redondo pensaron en construir una legislatura sobre posverdades, esas mentiras que queremos creer y que no pasan factura en las urnas porque siempre se responsabiliza a otros. Normalmente a la derecha, al PP, a Díaz Ayuso, a Aznar. Esas posverdades sanchistas son el resultado del estilo populista que adoptó Sánchez para ocupar el lugar de Unidas Podemos desde su defenestración en octubre de 2016.

Pensamiento mágico
Ambos “genios” de la Moncloa, Sánchez y Redondo, pensaban que gobernar es una cuestión de marketing, de vender una trola como si fuera una verdad, de crear un pensamiento mágico que llamara a las emociones. Una estrategia así nunca ha funcionado porque, al final, se encuentra con realidades que no puede ocultar. Le ha pasado hasta a la dictadura China, que tapó el coronavirus y las verdaderas cifras, asesinó a los médicos que alertaron, y ahora vende material sanitario y da lecciones de cómo combatir la pandemia.

El Gobierno de Sánchez e Iglesias creyó que podía mentir con el coronavirus. “Es una gripe”, decían. “No habrá más que algún infectado”, soltaba el ahora contagiado Fernando Simón. Ocultaron a los españoles que la OMS y la Unión Europea habían recomendado que no se celebraran actos multitudinarios el fin de semana del 7 y 8 de marzo. Sabían que el virus era letal.

No en vano vimos a las ministras con guantes y a la diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid gritando: “¡Que no se besa! ¡Que no se besa!”. Tenían la información y no hicieron nada porque debían celebrar su performance del 8-M, y pensaban que, como en otras ocasiones, podrían excusarse, culpar al PP por los supuestos recortes, y convertirla en una posverdad, en una mentira creíble que luego no se saldara en las urnas.
Negligencia e irresponsabilidad

Nos mintieron y ocultaron información vital sin tomar medidas preventivas para no enturbiar su posverdad, que ha provocado al día de hoy 10.000 muertos. La prevención es el primer arma de la medicina y del control de las pandemias, y este Gobierno de marketing no lo hizo. Son responsables de la extensión del coronavirus, y de la crisis socioeconómica posterior. Esta vez hay que tener memoria de su negligencia e irresponsabilidad, porque el Gobierno ha tirado la toalla en la batalla contra el Covid-19. Se están centrando en crear un nuevo Estado social que se impondrá tras la pandemia, que es el terreno político soñado por Unidas Podemos.

Esto es especialmente preocupante porque somos un pueblo susceptible de aceptar una tiranía. Hasta hace una década, los aspirantes a dictador en cualquier parte del mundo tenían que esforzarse mucho por eliminar la verdad y que la gente creyera sus mentiras. Ahora estamos abiertos a aceptar los bulos y las falsedades, ponerlas al mismo nivel que las noticias, porque la verdad es un valor a la baja. Lo relevante es tener un argumento contra el enemigo aunque sea falso. La gente quiere encontrar esa supuesta noticia que verifique su desprecio al adversario.

Es así como la mentira, gracias al éxito de Sánchez, está en el centro de la política, bien auxiliado por los medios afines y las redes sociales. El peligro es grande porque estamos llegando a aquello que escribía Orwell en 1984: “Es imposible ver la realidad salvo mirando a través de los ojos del partido”.

Por eso, la lucha contra la Covid-19 no debe ser solo contra la pandemia y para salvar vidas, sino contra las posverdades que han encumbrado a políticos incapaces, y preservar la democracia.


Recortes de Prensa   Página Inicial