AGLI Recortes de Prensa   Viernes 10  Abril  2020

El mejor aliado de Sánchez
Emilio Campmany Libertad Digital 10 Abril 2020

Hace unos días Charles Powell, desde la atalaya del Real Instituto Elcano, le predijo al corresponsal del The Economist que Pedro Sánchez saldría reforzado de esta crisis. Cabe que Powell no estuviera haciendo otra cosa que la pelota. No dejaría de ser uno más. Pero no hay que descartar que sea una genuina previsión fruto del conocimiento de lo que España es hoy. Claro que Pedro Sánchez podría beneficiarse de la crisis que tan mal está gestionando. ¿Cómo? Cuenta con una buena amiga, la televisión. El mensaje propagandístico es que saldremos de esta con aplausos, disciplina, cantando el Resistiré del Dúo Dinámico, algo que tan bien ha criticado Nuria Richart, y… enterrando en silencio, sin cámaras, sin curas, sin música, sin crespones negros, sin luto a nuestros muertos. Luego, dispone Sánchez del sectarismo de buena parte del electorado de izquierdas, pronto a creer y difundir que la culpa de todo la tienen los imaginados recortes del PP, el capitalismo salvaje, el ultraliberalismo, los bancos, los ricos, la supuesta contracción del Estado, la desigualdad y qué sé yo qué otras plagas. Tendrá también la ayuda de la torpeza de los otros líderes mundiales, que tomaron medidas tan tarde como Sánchez, y para ocultar que al menos ellos tienen mascarillas, tests y respiradores ya está la televisión. Y sobre todo cuenta con el mejor de los aliados, la oposición.

Tanto el PP como Ciudadanos ansían compartir la responsabilidad de la desastrosa gestión del Gobierno sin exigir apenas participar en sus decisiones. No sólo, sino que están dispuestos a asumir los torpedos que contra la libertad y la democracia consiga disparar Iglesias desde el submarino que capitanea bajo las aguas del Consejo de Ministros, y que van alcanzando al BOE. ¿Cómo pueden estar dispuestos a aceptar una oferta de nuevos Pactos de la Moncloa sin discutir mínimamente su contenido y dirección? ¿Cómo son capaces de avenirse a acordar nada en materia económica para hacer frente a una crisis de caballo con un Gobierno infestado de comunistas? ¿Cómo tienen el valor de mostrarse mansamente dispuestos a entrar en esa ratonera por hacerse con un trocito de queso en forma de foto de unidad en las televisiones del Gobierno?

Por Dios, llevamos quince mil muertos. Muchos de ellos son consecuencia, no sólo de la imprevisión e incapacidad del Gobierno, sino de la forma sectaria, y ya veremos si corrupta, de gestionar la crisis. Lo único que ha sabido hacer el Gobierno ha sido limitar nuestras libertades e intervenir la economía. Una intervención que, salta a la vista, tiene vocación de permanente. Pactar nada con este Gobierno significa contaminarse de todo ello. ¿Quiere la oposición dar imagen de unidad y responsabilidad trabajando codo con codo con el Gobierno? Para hacer eso con un mínimo de garantía, lo primero que hay que exigir es que los comunistas salgan del Gobierno. Mientras tanto, ni agua. No ya unos Pactos de la Moncloa: ni medio voto a favor de ninguno de sus decretos. No tienen ni idea de qué clase de sujetos son los que tienen al otro lado de la mesa.

Pedro Sánchez rompe consensos, fracasa en Europa y ofende a todo el mundo
ESdiario  10 Abril 2020

El Gobierno que más ha fracasado en Europa con la gestión sanitaria se permite, además, vejar a la oposición que le apoya y perder tres semanas preciosas con Bruselas.

Pedro Sánchez protagonizó este jueves un auténtico espectáculo que remata el despropósito que marca su gestión desde principios de marzo. Primero acudió al Congreso a solicitar el apoyo para renovar el Estado de Alerta hasta el 26 de abril, anticipando que probablemente se extienda luego hasta mayo.

Y lo logró, pero no de sus socios de investidura, sino de la oposición. A la que además vejó y humilló, utilizando a su portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, para acusarle de todos los males e intentar, como bien resumió Antonio Martín Beaumont en Espejo Público en la víspera, "mutualizar" los errores de su negligente gestión.

Que un presidente con el peor balance de muertos en el mundo por millón de habitantes se permita ofender así a todos los ciudadanos, vendiéndoles un éxito inexistente en su gestión; y a los representantes de una parte de ellos; despreciando un respaldo que ha sido ejemplar; lo dice todo de la falta hasta de humanidad que asiste a Pedro Sánchez, más preocupado por las repercusiones electorales de su desastre que por la tragedia en sí misma.

Cifras escalofriantes
Y para rematar una jornada insoportable, Europa rechazó la creación de los célebres "coronabonos", con los que Sánchez pretendía mutualizar la deuda de España y hacerle pagar a todos las consecuencias de sus errores personales, resumidos en una cifras sanitarias escalofriantes y en una hundimiento económico sin precedentes.

Por supuesto, Europa rechazó esa pretensión, aunque hizo algo relevante: liberar 500.000 millones de euros en créditos blandos que, quien los pida, deberá devolver. En unas condiciones, por cierto, bastante más favorables que la que este Gobierno ha fijado para las pymes, empresas familiares y pequeños comercios de España.

En el acuerdo con Europa se ha perdido pues, el mismo tiempo que en la respuesta sanitaria. Los préstamos ya se ofrecieron desde el comienzo del Estado de Alerta; como las advertencias sanitarias se cursaron en enero, febrero y marzo.

A todo ello este presidente hizo oídos sordos o aplicó las recetas opuestas, favoreciendo un contagio masivo desde finales de febrero o agudizando los efectos económicos con sus decisiones. Que además humille a quienes le han respaldado como él jamás hizo en situaciones mucho menos delicadas, cuando no ficticias caso del Ébola, perfila a un dirigente sin capacidad, sin principios y casi sin sentimientos.

La hecatombe
Amando de Miguel Libertad Digital 10 Abril 2020

Se nos acaban las etiquetas para clasificar la senda de infortunio económico que hemos emprendido los españoles. Se dijo crisis, depresión, desaceleración, ralentización, recesión, parón, retroceso. Realmente esto es un desastre, un descuajeringue, una catástrofe, o más propiamente una hecatombe. En griego clásico (y luego en latín) significaba "sacrificio de cien bueyes". No era literal, el monto de cien significaba una gran cantidad, algo exagerado, extraordinario o indefinido. Lo hemos heredado en la expresión "ciento y la madre" o "con cien cañones por banda".

Decimos la hecatombe porque las crisis anteriores no fueron tan graves, con serlo: la de 1929 (el desplome de la Bolsa de Nueva York), la de 1973 (la crisis del petróleo), la de 2007 (el pánico financiero). Curiosamente, después de cada una de esas fechas en España ha habido un cambio drástico de Gobierno o de régimen. Cuidado con las coincidencias históricas, que no son azarosas.

Una vez más, y ahora de forma desmesurada, la hecatombe de 2020 es mundial. La causa inmediata ha sido la epidemia mal gestionada del virus de China. En España se ha alcanzado la tasa de mortalidad más alta del mundo; ya es un triste récord. Al final, después de dos meses de epidemia, en España se ha adoptado la solución tradicional del confinamiento, que es la misma a la que se recurría en los tiempos históricos de pestes y epidemias. Ahora es una solución más drástica, pues la economía se basa en la intensa movilidad de personas y mercancías.

La pregunta que nos hacemos los españoles es: si el confinamiento ha sido una medida necesaria, ¿por qué se tardó tanto en adoptarla? Más. Si las medidas de protección clínica (guantes, batas impermeables, mascarillas, etc.) son tan efectivas, ¿por qué no se empezaron a fabricar en masa hace dos meses? Si la curva de la incidencia del virus se está aplanando desde hace un mes, ¿por qué se siguen instalando lazaretos? Todo apunta a una colosal incompetencia de las llamadas ‘autoridades sanitarias’. Por cierto, se nos oculta cuidadosamente la identidad de los expertos que aconsejan a tales autoridades. Convendría saber quiénes son, más que nada, porque habrá que pedirles responsabilidades políticas y aun penales. No se puede dejar pasar, así como así, la tasa de mortalidad más alta del mundo a causa de la pandemia.

Se ha dicho que las consecuencias del confinamiento de la población equivalen a una situación bélica. No es así del todo. En las guerras la actividad económica se desenvuelve al máximo, incluso de manera forzada o extrema, solo que orientada a la producción militar; el consumo se restringe a través de las medidas de racionamiento. Ahora no hay nada de eso. El consumo se hace máximo (especialmente el del papel higiénico o el de cerveza, entre otros artículos) y la actividad fabril y de servicios se reduce a la nada. Al final, lo que se produce es un desmoronamiento de las actividades productivas, especialmente las relacionadas con el turismo y el comercio internacional. Pero resulta que esos dos rubros constituyen la base de la reciente prosperidad económica de los españoles. Así que la ruina resulta inevitable. No la hemos conocido nunca de tal magnitud en la España contemporánea, ni siquiera como consecuencia de la guerra civil de 1936, empalmada con la segunda guerra mundial.

Lo peor es que el suceso nos ha pillado por sorpresa, dirigidos, además, los españoles por un Gobierno que es el epítome de la incompetencia. El dato más impresionante no va a ser solo el ejército de los seis millones de parados que vamos a tener que mantener en unos meses, millón arriba o abajo. La quiebra más sonora va a ser el millón de empresas, también más o menos, que van a declararse en quiebra. Va a ser inútil replantear la ley de presupuestos del Estado y no digamos la ley de eutanasia. Es evidente que el Estado no va a poder satisfacer el monto de las pensiones o de los subsidios de paro. Se acabó el ‘Estado de Bienestar’, si es que el ese sueño alguna vez se cumplió. Me temo que pronto se va a cumplir la maldición que tanto se niega: el desabastecimiento de artículos de alimentación en las tiendas. Volveremos a los mercadillos, el estraperlo y en algunos casos las hambrunas. Creíamos que todo eso había desaparecido de nuestra historia contemporánea. Será una lección de humildad. No hay que descartar una cierta vuelta de la población a las actividades agrarias y pesqueras. Parece una pesadilla y ojalá me equivoque. Por suerte, yo no acertaré a ver el resultado más probable. Pero otros seguirán en la inacabable posesión de las generaciones.

Como es natural, los peores presagios se podrían enderezar si llegáramos a contar con un Gobierno eficiente y responsable. Mas ese no es el caso por el momento. Antes bien, el Gobierno que tenemos padece de una grave asomatognosia, esto es, de incapacidad para saber dónde está, qué lugar ocupa en el espacio y en el tiempo. El presidente del Gobierno manifiesta una inusitada locuacidad, una facundia cantinflesca en sus admoniciones sabatinas, en sus conferencias de prensa, que no son ninguna de las dos cosas. Aunque sea el primer jefe de Gobierno español con un doctorado en Economía, es notoria la ausencia de razonamientos económicos en sus evanescentes homilías. A veces nos tutea y nos tacha de "compatriotas".

Total, que se impone una especie de GUN (Gobierno de Urgencia Nacional), ahora que tanto se prodigan los acrónimos. Lo integrarían los cinco partidos nacionales bajo la dirección del socialista, hasta tanto no se produzcan nuevas elecciones. Es así porque no se trata de un golpe de Estado. Pero, por favor, que no repitan carteras los ministros actuales, manifiestamente incompetentes. Debe ser un Gobierno de gestión, austero, técnico. Su misión inmediata tendría que ser convencernos de que los contribuyentes todos nos hemos de apretar el cinturón, pero con la premisa de una exquisita equidad. Habrán de concluir las generosas ayudas y subvenciones que ahora se dispensan con alegría a toda suerte de chiringuitos ideológicos, incluidos los sindicatos, las patronales y algunos medios de comunicación. El presupuesto del gasto público debe ser sumamente restringido, literalmente de guerra, solo que la campaña bélica es ahora la reconstrucción de la red económica. El panorama mundial va a experimentar una alteración drástica: se inaugura la era del imperio de China. Pero ese es otro cantar.

Un mundo peor
Zoé Valdés Libertad Digital 10 Abril 2020

¿Algo peor que el terrorismo islamista? El terrorismo comunista chino. ¿No se lo esperaban? Yo sí. Ya a mediados de los años ochenta Fidel Castro avisaba de lo letales que podrían ser si ellos, los comunistas, usaran la guerra bacteriológica. Bastante tardaron, a mi juicio. Como han tardado los países occidentales que jamás han padecido el comunismo en advertir el espanto que se nos avecinaba, y que ya estamos viviendo. Recuerden aquel lema escolar pioneril en la Cuba de los Castro: "Lentos, pero aplastantes". Así han sido, así continúan. Con una lentitud letal.

Lentitud para algunas cosas, las más mortíferas, y para otras, las que tienen que ver con los negocios, menos: encargué unas mascarillas francesas (no me daba la gana que fueran chinas; por cierto, ¿decir "mascarillas chinas" resulta racista?), y bien, al parecer llegarán para la próxima pandemia, cuando el bicho haya mutado sepetecientas veces y regresen los dinosaurios a poblar este timorato planeta. Lo increíble es que si las mismas mascarillas se encargaran con los chinos tardarían bastante poco. Pues de la misma manera llegó el bicho a Europa y a USA, con idéntica sino-rapidez, enviado por AliEso o AliCualquierCosa. Como jamás se expandió por zonas más cercanas a Wuhan, dentro de la misma China. ¿Extraño? ¿Qué de extraño puede haber cuando el objetivo es dañar a Occidente y tumbar su economía en menos de una quincena?

Unos tres meses atrás discutía con un amigo, me decía que no podía imaginar un mundo peor al que ya estábamos viviendo. Yo le contradecía. Él seguía en sus trece. Pues aquí lo tiene, sin contar que podríamos caer más bajo. Todo dependerá de lo que se haga después de que pase esta plaga, y con relación única y específicamente al comunismo mundial y a sus representantes. Se escondan detrás de las caretas y los disfraces partidistas que se escondan.

"Pero ¿cómo se puede hacer un programa televisivo de risa y jodedera cuando estamos con los 14 mil muertos encima?", se preguntaba alguien ayer en Facebook. Pues lo han hecho (forma parte del plan de borrar la memoria in situ, típico de ya saben quiénes), nada más y nada menos que los socialistas, y la adocenada prensa izquierdosa lo aprueba sin crítica de ningún tipo, más bien aplauden a matarse.

Aplauden las puercas de siempre, las que les da la pataleta cuando las expulsan de su columna en El País, y después cuando las devuelven no pueden ser más arrastradas y babosas. Nada de tan mal gusto como un programa con pretensiones cómicas en medio del drama que estamos viviendo, nada peor que esas puercas, ratas viejas y guataconas. Bien pagadas, eso sí. Cobrar, siempre cobran, y tanto como comprarse sus guccis, sus armanis, sus chalets y demás féferes.

"Quítate, que ahora me toca a mí", me soltó una de esas puercas, una noche, en una de aquellas fiestas interplanetarias de Planeta, en aquella azotea lujosa de esa Barcelona que tanto amé. Como siempre he sido más educada que zoqueta, le cedí el sitio y me largué. Allí la dejé empalagosa, soltaba su baba venenosa de putóloga socialista catalana, mientras se regodeaba contando cómo le habían matado a un "compañero" en "Latinoamérica". Ni siquiera para corregirla por "Sudamérica", ni para explicarle que a mí me habían matado a más personas que a ella, me quedé a oírla. Sin embargo, ahí estaba yo, en medio de esos que brindaban con cava y que no conocían del infierno ni la mitad, aunque alejada ahora de la letanía sifilítica y menopáusica de la rata-puerca de turno.

Nada será igual, no, nada será mejor cuando esto termine, porque esencialmente el mundo está dominado por esta plaga de vagos, de bien puestos, de puestos a dedo, de acuñados como biempensantes de la izquierda, de ratas-puercas. Nada será mejor, no lo duden. Al contrario, ya pinta peor, mucho peor.

La China comunista habrá ganado la Tercera Guerra Mundial. Y ni siquiera se habrán enterado los Casado, Arrimadas, tampoco los Abascal y compañía. No es el fin, aunque se le parece bastante.

La derecha mata, ese es el pacto
Javier Somalo Libertad Digital 10 Abril 2020

Los Pactos de la Pandemia consisten en admitir que el PP es el culpable de todas las muertes, las del 11-M, las del ébola y las del coronavirus. Porque la derecha mata desde 1936 y así seguirá haciéndolo hasta que la confinen. Tal es la regla de este PSOE que nos ha tocado en (mala) suerte. El PSOE de un inepto, agravado por la maldad de personajes como Adriana Lastra que se llevará de todo esto el dudoso honor de haber empeorado la ignominia.

Ni Wuhan, ni el pangolín, ni la sopa de murciélagos, ni las mutaciones, ni los extraterrestres ni nada de nada. El virus es la derecha, fundamentalmente el PP, y la vacuna que buscan –hace mucho tiempo– es para eso. Pero ofrecen un pacto y fingen que tendría la misma dimensión que aquellos de la Transición, en los que hubo muchos errores que no había más remedio que soportar por el afán superior de salir unidos tras cuarenta años de dictadura. No es el caso. Lo que se propone es que el Parlamento reciba al Gobierno bajo palio y que la derecha asuma crímenes sin rechistar, pues es su condición y aquí están de prestado.

Duele escribir sobre lo que dicen en una tribuna unos señores que no renuncian a sus dietas mientras los muertos empiezan a amontonarse en meras cifras que hasta oscilan por errores de criterio. Hoy, 200 "menos"; mañana, 100 "más"… y nos sobrecogieron aquellos 800 –¡en total!– que nos asomaron por primera vez al abismo. Quizá nos hayan equivocado del todo y ya no sepamos ni sumar las desgracias en este maldito baile de muertos. Es desolador. No se pueden juntar más de tres familiares para un entierro –si es que encuentran al que se fue– pero hay que escuchar a mucho imbécil junto o visitar una fábrica exhibiendo el mal uso de una mascarilla porque, según el doctor que no veía tanto riesgo en esto, parece que es "esencial".

Duele mucho escribir de política con tantos muertos, sí. Pero también es más necesario que antes hacerlo porque el poder político no puede escaparse cuando lo hace mal, por inepcia y por mala intención, por mucha desgracia particular que nos rodee o precisamente por eso.

Arancha González Laya, siempre de levita maoísta, presume en la BBC –Bulos Británicos Corporation– del uso masivo de mascarillas y de haber realizado muchos, muchísimos test siguiendo el ejemplo de Corea del Sur. Pues es mentira, no hace falta decir mucho más porque ha quedado groseramente a la vista. Adriana Lastra –como portavoz del resto– achaca el desastre a que el PP fue el que más recortó en Sanidad. Pues es mentira también, fue la Junta Socialista de Andalucía y a manos de la actual ministra María Jesús Montero. Y el propio Sánchez, el caudillo con mascarilla, sacude a Isabel Díaz Ayuso en la cara de Pablo Casado por intentar ser más útil que el presidente del Gobierno y por desvelar, con hechos, sus mentiras diarias. Hasta Felipe González las ve.

Cunde, sin embargo, la especie de que la derecha paga para difundir bulos. No entiendo casi nada de redes sociales y menos de bots –tampoco tienen mucha idea algunos carcas que se creen influencers o jóvenes que desconocen que la hemeroteca de toda la vida les pasará factura– pero me fío de la interpretación de Daniel Rodríguez Herrera sobre la penúltima estupidez cometida en masa por algunos izquierdistas que no tienen vergüenza ni anhelan alcanzarla. Es mejor, en caso de duda, destinar dinero público a pagar en TVE una sitcom en la que unos cuantos millonarios sin gracia, como el hermano de Javier Bardem, hacen chistes sobre abuelos y mascarillas.

En todo caso hay una izquierda que lleva muchos años pagando y cobrando por la contaminación mediática. Un breve botón de muestra nos lo ofrece uno de los órganos propagandísticos mejor pagado de la izquierda y presentado por Antonio García Ferreras. Basta ver el vídeo, tan corto como revelador, que ha publicado Libertad Digital. Aunque no hace falta acotarlo demasiado, hay explicaciones por si alguien simulara perderse.

No veo pactos bienintencionados por más que quisiera. Tendrá que haber colaboración entre administraciones, habrá que hacer un esfuerzo titánico para que la burocracia –tenga el color que tenga– sirva al prójimo, será obligatorio arrimar el hombro con el de al lado, vote lo que vote. Habrá que deshacerse de cualquier prejuicio para evitar más muertes y salvar vidas del virus, del paro y de la ruina. Pero no hay que dar ni un minuto de margen al que, incapaz de gestionar la tragedia, ose además ganar ventaja electoral entre cadáveres. Y el PSOE de Pedro Sánchez y Adriana Lastra lo está haciendo.

Ni Pactos de La Moncloa ni sirenas a Odiseo. Si lo proponen Sánchez y los suyos como algo bueno, átense al mástil, prepárense para peores tiempos y desvívanse por ser útiles a los demás. Pero ni les miren a la cara.

Mala gente

Antonio Robles Libertad Digital 10 Abril 2020

Mientras Pedro Sánchez pedía “unidad y lealtad” a la Cámara para renovar el estado de alarma, su dóberman mordía a Pablo Casado con una agresividad inusitada.

Mientras el presidente del Gobierno preguntaba con retintín a la oposición, "¿qué es mejor, la unidad o la división"?, Adriana Lastra infectaba el Hemiciclo con todo tipo de insinuaciones y acusaciones a la presidenta de Madrid. Daba la sensación de que buscaba romper todos los puentes con el PP para pasarle cuentas a Pablo Casado en la próxima memoria histórica. Mientras el presidente generalizaba responsabilidades y se indignaba sin rubor por una campaña de bulos contra él, la portavoz acusaba a Casado de esparcir mentiras y odio. Menos mal que Pedro Sánchez buscaba consenso, unidad y lealtad…

No sería extraño que Iván Redondo tuviera ya almidonado el relato de este tiempo de pandemia. No olviden que la pandemia vírica pasará. Con éste o con cualquier otro Gobierno. La cuestión es cómo sacarle rédito. En eso consiste la cosa para esta generación de políticos.

Asistiendo al espectáculo, barrunté que se habían repartido los papeles de policía bueno y policía mala. Error. En el turno de réplica, el alma negra de Pedro Sánchez supuró su ponzoña de alacrán. Escuchándole, sólo acertaba a definirlo con insultos: farsante, mentiroso, embaucador, tramposo, estafador, fulero, timador, embustero, charlatán, trilero, manipulador… ninguno me libraba del asco insuperable que me producía. Debe de ser que he estado expuesto a sus fechorías demasiado tiempo y me sobrevino una sobredosis. Hube de esperar poco para aliviarme. Acababa de escuchar con estupor cómo capitalizaba como propio el esfuerzo heroico de los trabajadores sanitarios. En un país cuyas normas de seguridad laboral multan a un obrero por el simple hecho de no llevar casco, su Gobierno manda a miles de sanitarios sin sistemas de protección contra la pandemia, y su presidente tiene el arrojo de capitalizar su esfuerzo. ¡Mala gente! Sí, mala gente. Porque hay que ser mala gente para intentar sacar rédito de quienes has mandado como corderos al matadero. Ya no es que mienta, es que usa y ensucia todo cuanto debería ser respetado.

Tenemos frente a nosotros dos pandemias, la vírica y la económica. La primera la solucionará la ciencia; la segunda, la realidad. Pero nadie nos librará de la más letal de todas, la de la posverdad. Paradójicamente, Adriana Lastra la definió en un mandoble despreciativo que le dedicó a Santiago Abascal con otra intención: "Se ha situado usted donde las palabras ya no tienen sentido". Si lo sabrá ella, si lo sabrá su jefe, si lo sabrá Iván Redondo. Viven de eso.

¿Qué más da lo que se diga, si lo dicho sólo es ruido y el ruido lo iguala todo? ¿Qué más da lo que se diga si a lo expresado no lo anima voluntad de verdad alguna? ¿Si la verdad y la mentira dependen más del poder del medio que de la cualidad del mensaje? ¿Qué más da si el receptor está saturado y es incapaz de distinguir ni jerarquizar?

Cuando se ha perdido la vergüenza, cuando la ética de los principios y la ética de la responsabilidad ya no discuten porque no hay ética alguna que las confronte, cuando la voluntad de verdad y el nihilismo ocupan la misma jerarquía… y una sociedad pagada de sí misma confunde opinión con ciencia, deseo y hecho, razón y superstición…

La democracia sin normas no es democracia, y las normas sin lealtad a los valores que la inspiraron, simple farsa. Más allá de la ideología, la democracia necesita lealtad a la verdad. Y un poco de pudor.

PS. Recibo un meme de mi amigo Antonio Jiménez Blanco en el que se lee: "Si una persona dice que llueve y otra dice que no, tu trabajo como periodista no es darle voz a ambas, es abrir la puta ventana y ver si está lloviendo".

VOX y el gobierno técnico
Pío Moa gaceta.es 10 Abril 2020

Este blog comenzó hace ocho años, en febrero de 2012. Iré poniendo los títulos de los temas abordados desde entonces, a razón de 5 por día. Aunque es un ejercicio desalentador.
16 de febrero de 2012: La historia ininteligible de Joseph Pérez (I) / Cómo salir de la crisis : http://www.piomoa.es/?p=28
20-II-12: Patriotismo lacayo /Joseph Pérez (II) ¿Era Séneca español?: http://www.piomoa.es/?p=41
21-II-12: ¿Colaboración del PP (de Rajoy) con la ETA?: http://www.piomoa.es/?p=55
23-II-12: J. Pérez (III): Reino hispanogodo y nación española: http://www.piomoa.es/?p=63
26-II: El zapaterismo permanece / Especialización, excelencia y competitividad en Porriño: http://www.piomoa.es/?p=72
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Ante la crisis de virus, VOX propone la dimisión del actual gobierno y su sustitución por otro de técnicos encabezado por algún político de cierto prestigio y que “ame a España”; y ha avanzado los nombres de Aznar, González o Rosa Díez. Sospecho que ese gobierno no se va a dar, por dos razones: porque la cuadrilla de estafadores del Doctor y el Coletas piensan que la plaga puede venirles muy bien para avanzar en su proyecto de estatalización de la economía, como acaba de decir otro de la banda, Borrell, así como de destrucción de la monarquía “franquista” (que lo es sin duda de origen); y porque su modelo es Maduro, que utilizando los resortes del poder, en la práctica el terror militar, se ha mantenido frente a gigantescas manifestaciones de protesta y el éxodo de millones de venezolanos, éxodo que les parece muy conveniente para su “socialismo del siglo XXI” (parece que a Pancho I de la Pampa también le hace gracia la idea). Son delincuentes muy endurecidos y aguantarán todo lo posible, compinchados con los separatistas, como hasta ahora. Además, pueden temer seriamente por las consecuencias judiciales de sus actos.

Sin embargo, la propuesta es útil en el sentido de que plantea una opción razonable que de un modo u otro debilitará al gobierno. Cabe dudar de que González, Aznar o Díez representen una política consistente, pero se trataría de un gobierno de transición simplemente para superar la pandemia y convocar elecciones. VOX ha visto claro que el problema no es tanto el Coletas como el Doctor, pues aun si este prescindiese del primero el programa político se mantendría. No juega, por tanto, al maquiavelismo aldeano de Casado, de tratar de convencer al Doctor de que eche al Coletas, que es el elemento menor en la jugada. Con su propuesta, VOX se demuestra nuevamente como la única alternativa seria y democrática; y por eso, probablemente, ni el PP ni los socialistas contrarios al Doctor le apoyarán, y esta es otra razón por la que esa propuesta de gobierno muy difícilmente saldrá adelante. Pero ante la opinión pública, VOX quedará como lo que es: el único partido democrático y español. Si hoy está el Doctor al frente del gobierno es porque todos querían evitar a toda costa nuevas elecciones que con la mayor probabilidad aumentarían la fuerza de VOX, incluso lo convirtieran en la primera.

Así que la opción real es: elecciones tan pronto se supere la crisis. Si no es así, sería necesario descabalgar de algún otro modo a la banda de estafadores que está acabando de destrozar la democracia y a la propia España.

Así escondía el Gobierno de Sánchez el impacto económico del coronavirus
Calviño ocultó las alertas de sus técnicos por la crisis del coronavirus: "El impacto será poco significativo"
Calviño cree que es "prematuro" estimar el impacto del coronavirus en la economía y llama a la calma
Cynthia Díaz Nobile okdiario 10 Abril 2020

El argumentario que desde el Gobierno de España se quiso trasladar al conjunto de la población era claro: el coronavirus no tendrá un impacto económico. Un argumento falso y contrario a los informes del mes de febrero del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Sendos documentos ponían a España en alerta ante la «volatilidad», «temor» e «inestabilidad» económica que se avecinaba por la llegada de la pandemia del Covid-19 sobre el tejido productivo y laboral de nuestro país. Según el Informe ‘interim’ de Previsiones económicas de la OCDE, «la epidemia del coronavirus (Covid-19) ha generado un impacto adverso en la confianza de los agentes económicos, en los mercados financieros, en el sector turístico y en las cadenas de producción, donde se han producido importantes disrupciones». Pese a estas advertencias, el Ejecutivo prefirió hacer oídos sordos.

Prueba de ello es la secuencia de las declaraciones oficiales desde marzo de los dos máximos responsables económicos en nuestro país, recogidas en el vídeo que acompaña esta información, y que deja en evidencia cómo el Gobierno ocultó el verdadero impacto económico de la pandemia.

3 de marzo
Nadia Calviño, vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital aseguró que «todos los organismos prevén que, si se puede producir un impacto, sería transitorio, de corta duración y habría una recuperación económica en los próximos meses».

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, pedía a los mercados no «sobreactuar» ante el avance imparable del virus.

4 de marzo
Los contagios por coronavirus seguían multiplicándose en nuestro país. Muchas empresas, anticipándose al Ejecutivo, decidieron facilitar la opción del teletrabajo a sus empleados. Mientras tanto, Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, pedía cautela ante la pandemia, «desde luego seamos cautas y desde aquí mando un mensaje de tranquilidad. No está pasando nada«.

En el desayuno informativo organizado por Nueva Economía Fórum en Madrid, la portavoz económica de Pedro Sánchez afirmó que «las estimaciones que de momento se están haciendo del posible impacto de la enfermedad del coronavirus en la economía de nuestro país arrojan impactos poco significativos».

9 de marzo
Después de hacer caso omiso a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en las que se pedía, además de lavarse las manos, mantener la distancia social, el Ejecutivo permitió la manifestación multitudinaria del 8M. El lunes 9 de marzo, el organismo sanitario declaró el coronavirus en España como pandemia. No obstante, eso no impidió que la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, continuase ignorando la realidad del virus. Afirmaba que «toda esta situación que es sanitaria, no provoque ninguna turbulencia en una economía que va a seguir creciendo como dicen todos los informes de los organismo económicos nacionales pero también internacionales».

Por su parte, la socialista Cristina Narbona, vicepresidenta del Senado, insistía en «no extremar las medidas, cuando no son necesarias, porque la alarma que se puede crear, innecesariamente, no ayuda en absoluto a que abordemos con serenidad esta situación».

2 de abril
Avanzamos hasta el día en el que se publican los datos de paro del mes de marzo. Un descalabro histórico en el mercado laboral a consecuencia del coronavirus. El paro creció en 302.265 personas, un 9,3% más, situando a nuestro país con 3.548.312 parados. Todo ello sin contar los 2,6 millones de afectados por los ERTE. Se trata del mayor repunte en un mes de cualquier serie histórica.

Ayuso desmonta punto por punto todos los bulos de Sánchez contra Madrid
Miguel Blasco ESdiario 10 Abril 2020

El presidente del Gobierno ha tratado este jueves de tapar su incompetencia en la gestión de la pandemia del Covid culpando a la Comunidad de Madrid. Pero esta es la realidad.

La estrategia de Pedro Sánchez nada más subir este jueves a la tribuna del Congreso estaba bien clara: endosar su responsabilidad a todos los demás. A los expertos, a los presidentes autonómicos y, en especial, a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ejemplo del liderazgo del que ha adolecido el inquilino de La Moncloa.

Así que nada más concluir el debate sobre la prórroga del estado de alarma, la dirigente madrileña ha salido al paso de los "infundios" del líder del PSOE, desmontando en un extenso y exhaustivo comunicado todas y cada unas de las mentiras vertidas por Sánchez en sede parlamentaria.

El comunicado de la presidenta madrileña comienza denunciando que es "inadmisible que el presidente del Gobierno de todos los españoles ataque en sede parlamentaria a un gobierno autonómico, el de Madrid, en un momento de crisis sanitaria sin precedente cuyo mando único corresponde al primero".

"El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha mantenido una actitud leal con el Gobierno de España y con su presidente desde el inicio de esta crisis. Así se lo transmití en la primera conferencia de presidentes autonómicos del pasado 15 de marzo, donde apoyé, sin fisuras, el Decreto de Estado de Alarma y ofrecí respaldo y colaboración al Gobierno de la nación y al resto de las CCAA. Eso sí, solicité lo que era un clamor: poner fin a la falta de material sanitario. Ni en esa reunión, ni en las siguientes, recibí una sola respuesta del presidente del Gobierno; Reuniones donde les trasladé numerosas peticiones y propuestas. Ni una respuesta", desvela Ayuso.

"La Comunidad de Madrid, como el resto de las autonomías, -prosigue- ha sufrido una evidente inoperancia del mando único del Gobierno central que decretó la centralización de compras de material sanitario, el bloqueo para que las propias CCAA adquiriésemos ese material o la falta de claridad y transparencia en el cierre de las actividades económicas".

"Además, el presidente del Gobierno aún no ha decretado luto oficial para honrar la memoria de las víctimas; y que en lugar de comparecer hoy para dar explicaciones por esas cuestiones y otras muchas más, se ha dedicado a atacar, junto a la portavoz de su partido, a los representantes de los madrileños. ¿En qué país del mundo, ante esta pandemia, su presidente ha eludido su responsabilidad atacando a sus administraciones inferiores?", se pregunta.

Ayuso denuncia que entre los infundios más graves que han vertido hoy tanto el presidente en el Congreso como su portavoz, destaca la falsedad de que Madrid no compró material con antelación.

"Es un hecho contrastable que la Comunidad de Madrid sí fue previsora y tras numerosas gestiones, formalizó su primera compra de material el 4 de marzo. Falta a la verdad el presidente obviando deliberadamente que las Comunidades Autónomas no tuvimos capacidad para hacerlo durante los días en los que se ordenó una compra centralizada por su propio Gobierno. No solo eso, sino que, es público y evidente, que el Gobierno de España vetó la venta de mascarillas".

Pero todavía hay una quinta aclaración de la Comunidad de Madrid. "Otra de las falsedades registradas hoy por el presidente y su portavoz en el Congreso son las cifras de material sanitario enviado a Madrid, que no se corresponden con la realidad. No sólo es que se ofrezcan cifras irreales, sino que parte del material enviado es, en ocasiones, defectuoso y no corresponde con la calidad señalada (mascarillas quirúrgicas por mascarillas FPP2)".

"Otro de los ataques a la Comunidad de Madrid viene por la supuesta falta de transparencia y la lógica inactividad del Parlamento autonómico, lo que supone otra injuria contra la Administración madrileña. En primer lugar, el presidente obvia mi situación personal -en cuarentena- que me impide comparecer con normalidad teniendo en cuenta que estoy enferma y confinada, algo que yo sí he hecho como responsable político que ha de dar ejemplo y seguir las indicaciones sanitarias", enfatiza Isabel Díaz Ayuso, que enumera detalladamente cada día en que ella mosma informó de su gestión al resto de portavoces parlamentarios de la Asamblea de Madrid.

Tampoco elude Ayuso una referencia a la televisión pública, ariete del Gobierno contra Madrid.
"El presidente del Gobierno ha utilizado a su antojo tanto RTVE como la sala de prensa del Palacio de la Moncloa como altavoz, irrumpiendo al unísono en todas las televisiones en las horas de máxima audiencia, haciendo gala de un poder mediático sin precedente. En la cadena pública, por cierto, se arrojan constantes y durísimas críticas, cuando no falsedades, contra la sanidad madrileña".

Y concluye el demoledor comunicado: "Por todos estos infundios, el Gobierno de la Comunidad de Madrid solicita formalmente que el presidente del Gobierno y su portavoz parlamentaria pidan la retirada en el acta de sesiones de todas las acusaciones e injurias vertidas contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid y contra su presidenta".

"Lamento que un presidente autonómico tenga que defenderse del propio presidente del Gobierno en lugar de encontrar en él el respaldo necesario en estos momentos. Le recuerdo que todos los españoles han pagado con sus impuestos una campaña en medios donde literalmente se nos obliga, sin el menor atisbo de autocrítica ni humildad, a seguir a pies juntillas todas sus decisiones, por muy erróneas que sean muchas de ellas. Y hacerlo como reza el eslogan, unidos. Justo algo que, con sus intervenciones hoy en la sede donde recae la soberanía de todos los españoles, no han buscado nuevamente ni él ni su portavoz", concluye.

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Iglesias y su 'economía de guerra anticapitalista': alerta antichavista

EDITORIAL Libertad Digital 10 Abril 2020

En 2014, Pablo Iglesias bramó con fascista retórica chavistoide en una asamblea de Podemos: "El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto". Han pasado sólo seis años, y ahora el caudillo bolivariano es vicepresidente del Gobierno del socialista Pedro Sánchez Castejón, que debe el cargo al potentado comunista tanto como a los golpistas catalanes y a los albaceas de la organización terrorista ETA.

Seis años después, con la pandemia del coronavirus –salida de madre por la letal incompetencia del Gobierno– devastando la economía nacional, el leninista Iglesias está apostando al cuanto peor, mejor y aprovechando la confusión para imponer su devastadora agenda liberticida. Sin vergüenza, el antisistema que con gran emoción perpetraba charlas en herriko tabernas anda ahora invocando cada dos por tres la Constitución que pretende dinamitar; por ejemplo, el potencialmente formidable artículo 128, que dice que "la riqueza del país está subordinada al interés general".

El chavista-leninista Iglesias pretende apoyarse en ese artículo para desatar una campaña que dé luz verde al Gobierno para confiscar a su antojo cualquier propiedad. En pleno estado de alarma, el Ejecutivo social-comunista ha dictado un alarmante real decreto que le faculta para requisar "todo tipo de bienes" por mor de la emergencia sanitaria, provocada en tan gran medida por el propio Gobierno de Sánchez e Iglesias.

Los nefastos efectos ya están causando estragos entre las empresas fabricantes de geles y mascarillas, algunas de las cuales ya han visto cómo el Gobierno les confiscaba impunemente la producción. Como no podía ser de otra forma, en LD nos hemos hecho eco de este ataque intolerable a la propiedad privada; y, como no podía ser de otra forma, TVE ha actuado como perro de presa del Gobierno y tratado, naturalmente en vano, de desacreditarnos con una verificación orwelliana infame e infecta. En la Cuba castrista y la Venezuela de Maduro estarían orgullosos de lo que están haciendo los secuaces de la comisaria Mateo.

Iglesias no tiene la menor intención de detenerse en su ataque sostenido al régimen constitucional, de ahí que pretenda también controlar los precios de todos los productos sanitarios y de higiene que se puedan comercializar libremente, lo que generará desabastecimiento y agravará la trágica situación en que nos encontramos.

La prohibición de los desahucios por impago de alquiler también se ha aprobado en plena pandemia. Como han denunciado los expertos del sector, los propietarios podrán estar todo un año sin cobrar la renta sin que la Justicia les ampare. Demoledor. Brutal. Un atropello escandaloso. A pesar de que el Gobierno no deja de cacarear que no va a dejar a nadie atrás, a los caseros –el 85% de los cuales son particulares, muchos de ellos en situaciones de tremenda precariedad– piensa dejarlos tirados. Con Iglesias, en la cuneta.

Prohibir a las grandes compañías energéticas cortar el suministro por impago, promover que el Estado respalde todos los créditos que se otorguen a las empresas –lo que les hará más dependientes y menos competitivas– y abogar por la nacionalización de empresas –lo cual secunda el irresponsable Borrell– eran planes comunistas de impensable aplicación hace sólo unos meses; hoy, son puntales del Gobierno presidido por Pedro Sánchez, el que dijo que no podría dormir tranquilo teniendo como vicepresidente a Pablo Iglesias.

El covid-19 está siendo la coartada perfecta para contagiar a España el virus del chavismo. Ha de decretarse la alerta antichavista y activar todas las defensas para preservar el orden constitucional, amenazado desde un Gobierno copado por comunistas y sostenido por golpistas y proterroristas.

Prórrogas solo con condiciones
Editorial El Mundo 10 Abril 2020

Si hay que seguir en estado de alarma hace falta un Gobierno de unidad; Sánchez no merece que la oposición le sirva de coartada.

Vivimos unas circunstancias políticas tan excepcionales como kafkianas, no ya solo por las consecuencias derivadas del estado de alarma sino también porque el Gobierno se apoya en los partidos constitucionalistas de la oposición a los que, sin embargo, insulta, mientras ve cómo le dejan en la estacada los separatistas que le llevaron a La Moncloa. La crisis provocada por la pandemia del coronavirus es de tal gravedad que, por responsabilidad, PP o Ciudadanos han tenido que dar sus votos para que el Congreso de los Diputados prorrogue otros 15 días el estado de alarma. Pero, tras lo vivido ayer en el Hemiciclo, se confirma que sería una temeridad que estos partidos sigan extendiendo cheques en blanco a un presidente sobrepasado, sin estrategia y sin voluntad real de favorecer la unidad nacional.

Tal como deslizó en su mitin televisado de cada sábado a la hora del Telediario, Sánchez anticipó que en 15 días pedirá otra ampliación más de este régimen excepcional, como si le hubiera cogido el gusto a decretarlo de forma sucesiva e indefinida. Y esto no puede ser. Antes que nada, porque esa concentración de poderes casi absolutos exige eficacia máxima, cosa que no está demostrando, sino todo lo contrario. De ahí que si Moncloa asume que la pandemia sigue sin control y hace falta preservar el estado de alarma, los socialistas deben abrirse de inmediato a un Gobierno de concentración de las fuerzas constitucionalistas para que los principales partidos participen en la toma de decisiones y puedan corresponsabilizarse de cuantas medidas sean necesarias en los próximos meses. Lo contrario es una auténtica burla por parte de PSOE y Podemos, a los que ya les han dejado tirados hasta sus socios tan poco recomendables como ERC o los proetarras de Bildu. Como dijo Casado en nuestro periódico, el PP puede apoyar a Sánchez para salvar vidas, "no para arruinar España".

El presidente volvió a reclamar ayer en el Congreso "unidad" y anunció que la próxima semana convocará a todos los partidos para intentar fraguar unos nuevos Pactos de la Moncloa. Pero la pose de mano tendida fue de inmediato acompañada por una pasmosa coreografía al alimón entre el mismo Sánchez y la portavoz socialista Adriana Lastra ensayada para arremeter duramente contra la oposición. No se ahorraron críticas a "las derechas", acusándolas de protagonizar una "estrategia dañina, indigna y desleal", descalificaciones a la presidenta madrileña Díaz Ayuso y reparto de culpas a todos mientras el Gobierno rechaza toda autocrítica, a pesar de las más de 15.000 víctimas mortales por la pandemia contabilizadas ayer. Al contrario. Sánchez volvió a sacar pecho de su gestión, cuando ya pocos dudan de que esta ha sido negligente y calamitosa. ¿A qué acuerdos se puede llegar así? Sin enmienda a la totalidad, este Gobierno no merece que la oposición le siga sirviendo de coartada.

Las seis mentiras del discurso de Lastra que dejó a Sánchez sin coartada
A.I.M. @anai_martin esdiario 10 Abril 2020

Adriana Lastra durante su intervención en el Congreso.
Los populares concluyeron, tras escuchar la intervención de la portavoz del PSOE, que sus sospechas eran ciertas: el presidente no quiere otros Pactos de la Moncloa ni los busca.

"Es increíble que ustedes se dediquen a fomentar bulos y mentiras en las redes, en los plenos y en las juntas de portavoces", le dijo una indignadísima Adriana Lastra a Pablo Casado en el pleno de este jueves en el Congreso.

La intervención de la portavoz del PSOE indignó a la bancada del PP e hizo caer a plomo el "trampantojo" -según la definición de Pablo Casado- de esos nuevos Pactos de la Moncloa que Pedro Sánchez había invocado unas horas antes en esa misma tribuna.

Lastra se quejó de los bulos y mentiras que viene padeciendo el Gobierno en esta crisis del coronavirus, cuando la realidad es que a lo largo de su vehemente discurso coló varias medias verdades que fue picoteando de titulares publicados estos días por El Plural, Eldiario.es y El País.

Lastra se quejó de los bulos y mentiras que según ella difunden el PP y Vox

La portavoz del PSOE empezó diciendo: "En España pasaron seis días desde que se conoció la primera muerte por coronavirus hasta que se suspendieron eventos públicos" cuando no fue así.

El 3 de marzo la Generalitat valenciana comunicó la primera muerte por Covid-19, descubierta al conocer los resultados de la autopsia de un hombre que en realidad había fallecido el 13 de febrero. El 10 de marzo, siete días después, el Consejo de Ministros decidió prohibir los acontecimientos deportivos, culturales y sociales en espacios cerrados con más de 1.000 asistentes, pero no en toda España sino únicamente en Madrid, Vitoria y La Rioja, las zonas más afectadas por entonces.

También sostuvo Lastra: "En España pasaron 11 días hasta el cierre de las escuelas". Tampoco fue así. Íñigo Urkullu e Isabel Díaz Ayuso fueron los primeros en decretar la suspensión de las clases, y además contra el criterio del Gobierno central, que inicialmente dudó de la conveniencia de una decisión tan drástica. Después se fueron sumando de forma progresiva más comunidades.

La portavoz socialista utilizó también el comodín al que más han recurrido su partido y Unidas Podemos para descargar la responsabilidad de su gestión. Citó datos del Observatorio Madrileño de la Salud para afirmar a continuación que entre 2010 y 2018 hay 4.151 profesionales menos del ramo en la Comunidad de Madrid.

La cifra está equivocada y además, sacada de contexto. Entre 2010 y 2018 se perdieron 3.296 trabajadores... pero la inmensa mayoría no eran médicos ni enfermeros ni auxiliares, sino personal de gestión: administrativos, cocineros...

La ensalada de números está sacada, en realidad, de un artículo que El País publicó el 10 de marzo (un día después de que el Gobierno central se enterara de que había una pandemia) titulado: Madrid se enfrenta al avance del coronavirus con una sanidad desbordada. Artículo que después tuvo que corregir.

Lastra aseguró asimismo en sede parlamentaria: "El día 10 de marzo el grupo Vox solicita que se suspendan los plenos y comisiones hasta el momento en que ellos pasen la cuarentena" para justificar por qué el Congreso se ha pasado varias en servicios mínimos.

No ocurrió así. Ese 10 de marzo se conoció el positivo del diputado de Vox Javier Ortega Smith, el primero de un político, y el partido anunció que por "responsabilidad" ninguno de sus otros 51 parlamentarios acudirían al Pleno de la semana, dado que la mayoría había tenido un contacto estrecho con él.

Fue la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, la que en vista de la ausencia de 52 diputados en una Cámara de 350 decidió suspender la actividad parlamentaria de esa semana (luego vendrían más) porque sin ellos se reducía la "legitimidad democrática".

No fue Ximo Puig quien medió en favor de la Comunidad de Madrid sino un empresario valenciano
"Que la señora Ayuso le cuente que tuvo que ser Ximo Puig quien consiguió fletar un avión de ayuda para Valencia, y para Madrid también", presumió la socialista en la tribuna, dando a entender que parte del material sanitario que llegó a Madrid lo hizo por mediación del presidente valenciano.

Tampoco esa afirmación se corresponde con la verdad. El 31 de marzo llegó al aeropuerto de Zaragoza un primer avión con un millón y medio de mascarillas para la Comunidad de Madrid. La gestión la hizo el Gobierno de Díaz Ayuso y no a través del Gobierno valenciano, sino de un empresario valenciano que habitualmente importa material sanitario de China. Lo que ocurre es que a ese mismo aeropuerto llegó horas después otro avión con un cargamento para el Ejecutivo de Puig.

Y entre los papeles que sacó la socialista figuraba una circular que la Consejería de Madrid envió el 5 de marzo. "¿Por qué mandaron una carta desde la Consejería de Sanidad de Madrid diciendo que se hiciera vida normal, que la importancia de mantener la tranquilidad, que la población general puede continuar con su actividad con toda normalidad...?", preguntó Lastra.

Pero en ese documento Sanidad también alertaba de la "capacidad de transmisión del coronavirus" e instaba a "extremar las medidas de higiene respiratoria". Y pedía a los contactos de personas que hubieran dado positivo "evitar los lugares con aglomeraciones de personas, como eventos multitudinarios o medios de transporte públicos en horas punta".

Esa parte no la leyó Lastra, que para más inri terminó su discurso con un: "Deje de mentir, señor Casado".

España no mata, Quim Torra sí tiene responsabilidad
Sergio Fidalgo okdiario 10 Abril 2020

El Govern de Quim Torra ha demostrado unos niveles de miseria moral, con motivo de la crisis del coronavirus, muy difíciles de superar. Por mucho que desde el separatismo catalán y sus mariachis hayan intentado vender que “España mata” a los catalanes, echando la culpa de los fallecidos por el coronavirus a las medidas, o a la falta de las mismas, por parte del Gobierno español, y no a su propia ineptitud, hay una verdad clara: España no mata, pero la Generalitat sí tiene responsabilidad. No vamos a defender aquí la gestión del Ministerio de Sanidad, llena de contradicciones y errores, pero la vileza de JxCAT y ERC es de otra dimensión. Recordemos el “de Madrid al cielo” de Clara Ponsatí y los sucesivos rechazos y dificultades del gobierno autonómico catalán a la acción del Ejército para ayudar en la lucha contra la pandemia.

La gestión de la Generalitat de la epidemia en las residencias de ancianos ha rozado lo criminal. Los más mayores han caído a centenares de estos centros, que fueron abandonados por el gobierno autonómico catalán, a los que no dotó de los más elementales materiales de protección. No hubo algo parecido a una planificación eficaz para contener el virus y hasta el mismo Torra ha tenido que quitarle las competencias en este campo a Chakir el Homrani, consejero de Trabajo, y las ha traspasado a la consejería de Salud. 1.123 muertos en 24 días es la triste cifra que ha asolado los centros de mayores en esta comunidad autónoma. Bajo el ‘procés’ nunca faltó el dinero para TV3 o para las “embajadas”. ¿Mata “España”? No, matan los que han desamparado a los que han cotizado toda su vida y han levantado Cataluña con su esfuerzo. Matan los políticos independentistas que no han invertido lo suficiente para protegerlos ante una epidemia mientras regaban con millones a la ‘prensa amiga’ que difundía sus consignas.

Los mayores no solo han sufrido la falta de sensibilidad de la Generalitat en las residencias. El Movimiento contra la Intolerancia ha denunciado ante la Fiscalía a la Consejería de Salud de la Generalitat por la implementación de la guía para los sanitarios de emergencias. En ella se recomendaba a los sanitarios de la sanidad catalana evitar ingresar a pacientes de más de 80 años, con síntomas de coronavirus, en los hospitales. Personal médico incluso llegó a llamar a los parientes de ancianos ingresados para avisarles de que, si empeoraban, no los ingresarían en la UCI. Una eutanasia de hecho, a la brava, ilegal y ni siquiera con la excusa ‘moral’ de la voluntad del paciente o de los familiares. ¿Mata “España”? No, mata una Generalitat que, a base de recortes, ha dejado el sistema sanitario de la comunidad bajo mínimos. Pero para los chiringuitos secesionistas nunca ha faltado dinero.

Cataluña llevaba, a fecha 8 de octubre, 3.148 muertos oficiales por la pandemia. Los reales, ni se sabe, dada la fiabilidad de las estadísticas de una Generalitat más preocupada en escurrir el bulto que en dar la cara. ¿Qué ha hecho el secesionismo radical ante esta tragedia? ¿Pedir el máximo de ayuda para intentar reducir el número de muertos? La ‘gent’ de Torra, los CDRs a los que el inhabilitado ‘president’ les instó a que “le apretaran” han convocado caceroladas contra la Unidad Militar de Emergencias que ha venido a montar hospitales de campaña y desinfectar edificios públicos y residencias de mayores y de menores tutelados, aún a riesgo de contagiarse. Han insultado a los soldados e incluso algunos han incitado “a toserles”. Han llenado las redes sociales de mensajes de odio. ¿España “mata”? Mata el odio insano que prefiere atacar a los que vienen a ayudarte, en vez de facilitarles las cosas para que salven vidas.

¿Y qué ha hecho Torra? Paralizar el hospital de campaña de Sabadell, por parecer “demasiado militar” y obligar a la UME a volver a comenzar las obras. Lo hemos dicho otras veces, pero hay que recordar estas vilezas, porque la última nos puede hacer olvidar las anteriores, y no podemos dejarnos ni una. El Govern se ha negado a utilizar el hospital de campaña que la Guardia Civil montó en Sant Andreu de la Barca porque “no cumple con las necesidades que tiene hoy el sistema de salud del municipio”. Directores de ambulatorios dependientes de la consejería de Salud se han negado a que los militares desinfectaran el interior de estos equipamientos sanitarios. El Govern ha ralentizado la entrada de la UME en residencias de ancianos para desinfectarlas a pesar de los ruegos de las direcciones de los centros y los ayuntamientos afectados. ¿España mata? No, mata el sectarismo secesionista que no ve más allá de su odio a todo lo que huela a “español”.
 


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