AGLI Recortes de Prensa   Sábado 11  Abril  2020

Dimisiones ya
Jorge Mestre okdiario 11 Abril 2020

Cada vez que Pedro Sánchez entona sus soporíferas peroratas de “copia y pega” recurre a la manida expresión de “moral de victoria”. Yo no quiero un Gobierno con moral de victoria, no. Entre otras cosas, porque no es cierto. Si existiera moral de victoria no estarían todos desaparecidos, embarrancados cual Titanic en el iceberg del coronavirus. De hecho, nadie diría que contamos con 23 ministros si no fuera por los 20 millones de euros que cuestan al año, millones que seguimos sufragando mientras la mayoría de ellos siguen sumidos en la irrelevancia. Yo, como muchos de los ciudadanos, quiero un Gobierno moral, un Gobierno de servidores públicos modelo y ejemplo para la ciudadanía. Pero ese no es el camino que Sánchez e Iglesias han elegido para salir del atolladero. Desde una arrogancia y ensorbebecimiento impropios de los cargos públicos, Sánchez e Iglesias siguen sin pedir perdón y sin depurar responsabilidades un mes después de habernos arrastrado al precipicio. El coronavirus no lo inventaron ellos, pero sí que es de ellos la cadena de negligencias, imprevisiones, errores, improvisaciones y desprotección generalizada a la población y sus sanitarios.

“El nivel de indignación social es tal que al final este señor, por vergüenza, ha tenido que retirarse, pero creo que es evidente que se cometieron negligencias y que esas negligencias son en última instancia responsabilidad de un Gobierno que tendría que haber pedido perdón a la sociedad y a las familias”. Estas palabras no son de ahora, ni corresponden con la dimisión de ningún miembro del Gobierno. Fueron pronunciadas por Pablo Iglesias para referirse a Federico Trillo y al Gobierno de Rajoy diez años después del accidente del Yak-42. Añadió, “las familias exigen justicia y dignidad y que este país tenga un Gobierno a su altura moral”. Sin embargo, como miembro actual de la ‘casta’ de la Moncloa, se arroja el valor de usar otros términos para ocultar su nivel de incompetencia. Ahora sigue la estrategia de su ‘comandante en jefe’ Sánchez, echa del argumentario de la factoría Redondo e intenta colocarse a la altura de países vecinos para decir que nadie estaba preparado para el coronavirus. Por ello, cada vez que Iglesias o cualquier miembro del Gobierno nos venga con esta clase de bulos o desinformaciones hay que rebatírselo con hechos y números: España es el país con la mayor tasa de muertos del mundo porque el Gobierno socialcomunista reaccionó tarde.

A sabiendas de sentirse perjudicado, la mejor salida que ha encontrado Pablo Iglesias ahora es promover su sueño revolucionario bolivariano en España. Menos mal que lo del ‘escrache’ a modo de cacerolada al jefe del Estado le salió mal, pero fue la primera intentona. Su opción B, pasa por crear una red clientelar de voto cautivo con lo de la renta mínima vital. Iglesias sabe que para controlar un pueblo e intentar hacerlo servil no hay mejor cosa que empobrecerlo. Es el camino seguido en los tiempos de la URSS, la Cuba de Castro o la Venezuela de Chávez. Puro manual de comunismo. Que la economía española entre en estado de hibernación y la cifra de parados alcance los 3,5 millones es algo que el líder de Podemos busca rentabilizar. Sin embargo, los contrapesos con los que se va a encontrar por el camino serán fuertes: oposición política, sociedad civil, sistema judicial y una UE que no estará nunca dispuesta a sufragar los despilfarros del Gobierno español. El dinero del rescate, porque llamémosle por su nombre a pesar de las capas de maquillaje con que los órganos de propaganda del Gobierno pintan el dinero que vendrá de Bruselas, no será asumido finalmente por todos los miembros de la UE como suele ocurrir. Nadie paga una fiesta de la que no va a participar. Y eso el gobierno español lo sabe, pero lo esconde para dentro de unos meses intentar echarle los parados y las quiebras empresariales a la cara de Bruselas. Todavía somos parte de la Europa política y deseo que por mucho tiempo, pero desde fuera como desde aquí se espera que el Gobierno haga tres cosas básicas: pedir perdón a las familias de los fallecidos y al resto de la sociedad por los errores cometidos, acometer las destituciones necesarias y abrir las ventanas de los despachos para que entre el aire regenerador que necesita España a modo de elecciones.

Salir fortalecidos de la crisis sin sufrir un rescate de la economía
Daniel Lacalle elespanol 11 Abril 2020

"Hold out, just keep on hopin' against hope that it's gonna get better". Tony Banks, Phil Collins, Mike Rutherford

España es un país que ha sido capaz de sobreponerse a crisis muy duras. Sin duda, tenemos el talento, las empresas, el tejido productivo y la sociedad civil para lograrlo. Sin embargo, no podemos conseguir recuperarnos de manera rápida y eficaz si no ponemos las bases para ello.

El gobierno nos intenta vender una falsa disyuntiva. O vidas o economía. Y es falso. Los países líderes en contención y gestión de la pandemia están trabajando desde el primer día en los dos frentes: controlar la epidemia, con prevención, tests y control y preservar el tejido productivo para que el crecimiento sea solido y se recupere lo perdido rápidamente.

Por eso mismo es por lo que nos debemos preparar para una recuperación lenta y larga. Mentalizarnos para lo peor para conseguir lo mejor.
El exceso de optimismo e irresponsabilidad no nos van a fortalecer. Y la política del avestruz de esperar que no pase nada escondiendo la cabeza tampoco. Nicholas Bloom de la Universidad de Stanford ya alerta de una crisis que durará al menos cinco años, y Jessica Hinds de Capital Economics alerta de que la recuperación española será mucho más lenta y prolongada que la de la media de la Unión Europea.

Merece la pena resaltar el estudio de Darcy Allen “The problem of ‘freezing’ an economy in a pandemic” en el que muestran el error de pensar que todo se va a recuperar de la misma manera y que el impacto va a ser como un paréntesis.

Las soluciones realistas pasan por mayor cooperación e interacción global, no por mayor proteccionismo. También hay que tomar medidas claras para fortalecer el tejido productivo en vez de políticas extractivas.

España debe enfrentarse a la realidad. El reciente acuerdo del Eurogrupo nos da acceso a unos 24.000 millones en un crédito blando, pero es un crédito. El requisito es que los fondos se utilicen para sanidad, por lo tanto, no podemos esperar que se financien con este mecanismo las decenas de medidas intervencionistas anunciadas.

Es importante entender que ninguna de las medidas económicas anunciadas viene con memoria económica. Toda la apuesta del gobierno ahora es muy similar a la de 2019, sobrepasar los compromisos fiscales y presupuestarios y esperar que nos los acepten y paguen otros. Eso no va a ocurrir.

Es muy importante empezar a alertar de que nos vemos abocados a un rescate. Los gastos se disparan -incluso excluyendo los que tienen que ver con la sanidad- y se desploman las bases imponibles que permitirían recuperar los ingresos a medio plazo.

En España se han destruido 122.000 empresas con empleados, el 8% del total, en menos de un mes, según datos de la Seguridad Social. Esto no incluye los centenares de miles de autónomos que han tenido que cesar actividad. Esto supone, siendo conservador, 12.200 millones de ingresos fiscales perdidos para al menos 2020, 2021 y 2022.

Por haberse negado a eliminar impuestos durante la crisis, el efecto en ingresos perdidos en los próximos años será mucho mayor. Haciendo un cálculo muy optimista, los 40.000 millones de euros que se perdieron de ingresos fiscales en la crisis de 2008 se duplicarían hasta 80.000 millones de euros ante la destrucción de bases imponibles, desplome de beneficios y cierre de empresas estimado.

A ello tenemos que añadir la pérdida en empleo. Los datos de marzo ya son alarmantes, pero analistas independientes estiman una caída mucho más fuerte que la de la media de Unión Europea y, lo que es peor, una recuperación más lenta y prolongada.

Con un paro que ya se ha disparado del 13,8% al 15% en un mes, y sectores que van a permanecer deprimidos durante mucho tiempo, el agujero en ingresos de la Seguridad Social y recaudación por IRPF puede ser, por lo menos, de una caída en el periodo 2020-2022 de un 15%.

Todo el plan del gobierno en términos económicos pasa por dos pilares: más gasto y más deuda.

El plan descansa en endeudar al sector privado en más de 190.000 millones (110.000 de préstamos en el balance de la banca y más de 80.000 en el balance de las empresas).

Toda esa cantidad de préstamos avalados y el desplome en beneficios empresariales va a generar un enorme problema a medio plazo tanto de endeudamiento como de ingresos fiscales por impuesto de sociedades.

Habrá también un empeoramiento de las ratios de solvencia y liquidez de la banca ante el aumento de los préstamos de difícil cobro. Los bancos pueden soportar el impacto de la crisis en sus clientes existentes y sus activos, pero difícilmente duplicar el riesgo.

El desplome de los ingresos fiscales ha llevado a muchos analistas independientes, desde CaixaBank a Goldman, a estimar un déficit fiscal en 2020 del 10% del PIB. Lo más preocupante es que, ante la destrucción de beneficios y bases imponibles, ese déficit no se reduciría de manera relevante en 2021 y 2022.

Todo eso nos llevará a una deuda sobre PIB del 120-130% en muy poco tiempo, antes de estimar el aumento de gasto por estabilizadores automáticos y gastos anunciados sin memoria económica. Estamos hablando de un aumento de gasto en 2020 que podría superar el 14% con una caída de ingresos sin precedentes.

Estas son cifras que veremos en otros países ¿Cuál es la diferencia? Otros Estados han moderado su gasto estructural, no lo han aumentado en estos años. Otros países han tomado las medidas urgentes para preservar el tejido productivo, por eso su aumento de deuda será asumible. El nuestro, no.

Recordemos que el gobierno estimaba un aumento de ingresos -completamente ficticio- por su batería de aumento de impuestos de 5.000 millones. Hoy, ningún aumento impositivo compensará el agujero fiscal que viene porque los beneficios empresariales y los empleos no van a estar ahí para cotizar.

Si a eso le añadimos que se mantendrá una fiscalidad extractiva y confiscatoria, la inversión y consumo adicional que llegue al país va a ser testimonial comparada con el daño ya infligido.

Todo esto nos llevaría, en poco tiempo, a un rescate. Un rescate que supondría reducciones de pensiones y prestaciones generalizado. Si el gobierno decidiera disparar drásticamente los impuestos, el rescate sería todavía peor porque los ingresos adicionales serían inexistentes al echar a la inversión y el empleo, y el espacio de reforma mucho menor.

Si este gobierno sigue en este camino, lleva a España a un rescate donde veríamos lo que es austeridad de verdad, y no moderación presupuestaria, que es lo que hemos vivido.

Esta es una crisis global en la que algunos países van a intentar vender el populismo y el intervencionismo como soluciones mágicas que lo que hacen es destruir lo que fingen proteger. Sin embargo, las soluciones tienen que ser globales y a la vez locales.

Es esencial que, a nivel global, implementemos lo que estamos viendo que funciona ahora, la colaboración. Lo que funciona a nivel ciudad, región y país no puede eliminarse a nivel mundial. El peligroso intento de implementar políticas intervencionistas solo destruye lo que finge proteger. No podemos esperar que el mundo financie nuestra recuperación si pretendemos limitar su actividad.

A nivel global, al acuerdo entre entidades supranacionales debe unirse la cooperación e importancia de las empresas multinacionales en la solución. Son las que van a ser capaces de reconstruir y fortalecer países que hoy, en nuestro egoísmo de países ricos, estamos olvidando. Como explico en Libertad o Igualdad, mi próximo libro en Deusto, no podemos permitir la cadena de pobreza y miseria que se genera cuando los estados que no son capaces de gestionar presupuestos equilibrados acaparan la economía.

Es por eso que, en España, tenemos que empezar a trabajar en varios frentes:

El papel del Gobierno
El Ejecutivo debe reconocer su papel facilitador, no obrador de milagros. La única manera en la que saldremos de la crisis fortalecidos es si el gobierno reduce su intervencionismo y coopera con el sector privado y los creadores de empleo para atraer todo el potencial a nuestra economía.
Un gobierno así tendrá que utilizar el lápiz rojo y cercenar de los presupuestos todo el gasto innecesario, que es mucho, porque del déficit de 2020 vamos a tener que salir preservando lo que es importante y deshaciéndonos de lo accesorio.

Es el momento de recuperar la subida de salario a las fuerzas y cuerpos de seguridad y los sanitarios haciendo hueco en los más de 30.000 millones de euros de gastos duplicados, subvenciones innecesarias y gasto excesivo.

Protocolos
Dotar a las empresas urgentemente de protocolos y equipamientos sanitarios para gestionar las cadenas de suministro. Eliminar la intervención gubernamental en la cadena de suministro para evitar que a los errores de gestión en la pandemia se añadan los de gestión de materiales. No podemos añadir a una crisis sanitaria una de desabastecimiento.

Impuestos
Eliminar los impuestos a la creación de empleo, a la inversión y a la actividad económica. El enorme espacio fiscal que nos va a permitir la Unión Europea debe usarse para preservar el tejido productivo y permitirle hibernar durante el cierre forzoso. Cero impuestos para cero ingresos.

El Estado no tiene ningún problema para financiarse y proveer los servicios sanitarios y de seguridad además de los costes de desempleo. No olvidemos que cuenta con el apoyo constante del Banco Central Europeo y de la Unión Europea. Debe utilizar el espacio fiscal para permitir sobrevivir a las empresas, porque sin empresas no hay recuperación.

La inversión
Proponer un programa intensivo de atracción de inversión para el día siguiente a la crisis, que desbloquee las enormes trabas administrativas que existen para invertir y que, además, facilite la llegada de inversión extranjera y doméstica.

Al contrario de lo que dijo Josep Borrell en una entrevista (“el Estado, que aparece no sólo como el prestamista de última instancia; ahora el Estado es el empleador de última instancia, el consumidor de última instancia, el propietario porque habrá inevitablemente que capitalizar empresas con nacionalizaciones, aunque sean transitorias, y el asegurador de última instancia”), la solución es la opuesta.

No existe ningún problema para recapitalizar la economía y sanearla desde el sector privado, lo que tenemos es un cierre forzoso de la economía por orden gubernamental. El Estado no puede cercenar las piernas de la economía y luego presentarse como la solución con una silla de ruedas pagada por los mismos a los que deja discapacitados.

La razón es bien sencilla, la salida de la crisis no puede venir de la mano de los que han creado un problema de prevención y gestión. Poner a controlar la economía a quienes no sufren pérdida cuando fallan es lo contrario a una solución.

Start-ups y emprendedores
Facilitar un programa de recapitalización de start-ups vía facilidades fiscales. En esta crisis están desapareciendo las empresas del futuro. Al ahogar sus ingresos y no tener activos mobiliarios o préstamos ellas no pueden acceder a las ayudas y avales de los gobiernos, que están orientados a empresas tradicionales.

Dotar de líneas de liquidez sin recurso para autónomos y pymes. Los avales no son más que pequeñas garantías para parte de un préstamo. La inmensa mayoría de las empresas no tienen acceso a esos préstamos porque no tienen activos mobiliarios o estaban en pérdidas en 2019.

Oportunidad cero y empleo
Plan de choque de capitalización urgente de la economía. España va a necesitar más de 150.000 millones de euros para recapitalizar los sectores más abatidos por el cierre forzoso. Eso solo se va a poder llevar a cabo con un plan de oportunidad cero que atraiga a inversores de todo el mundo dispuestos a tomar riesgo y colaborar en la recuperación de las empresas.

Plan Empleo Inmediato. España no puede tardar 24 o 36 meses en recuperar los millones de desempleados que se están creando por falta de previsión. Ni puede hacer a todo el mundo empleado público. No existe el sector público sin el privado.

Para conseguir ese objetivo es esencial eliminar todos los impuestos a la contratación y las barreras que se han erigido en los últimos meses para que el empleo se relance rápidamente. En Estados Unidos el empleo perdido en un mes se recupera entre uno y tres meses después, en España debe ser igual.

Autopista administrativa
No se puede esperar meses, incluso años, para recibir permisos para invertir en España. Hay que eliminar todas las trabas burocráticas para atraer toda la inversión que pueda llegar.

Sector público ágil
No existe la posibilidad de nacionalizar y estatalizar la economía. Los que ven esta crisis como una oportunidad para nacionalizarlo todo deberían responder a una pregunta “¿cómo financian el capital circulante, la inversión y el empleo al día siguiente?” La política de destruir al sector privado es la de la quiebra y la miseria.

Sin sector privado no hay sector público, y la desaparición de la confianza en nuestro país, añadida a la desaparición del atractivo inversor y el riesgo de la deuda nos llevarían a la quiebra.

Sólo con un sector público fiable, ágil, facilitador y fiscalmente responsable se pueden mantener los servicios esenciales que vamos a poner en peligro si tomamos la senda del intervencionismo. Si quieren saber lo que son recortes, esperen a ver lo que pasa cuando se elimina la credibilidad de un país.

La disyuntiva
España tiene dos opciones: O lanzarnos a la quiebra y el rescate con políticas intervencionistas caducas que no han funcionado nunca y sufrir mucho más que recortes, o salir de esta crisis como el país donde todo el mundo quiera invertir y crear empleo. Ustedes y yo debemos elegir la segunda.

Sánchez, con los muertos no se juega
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 11 Abril 2020

Nunca con menos, se llegó a más… Albert Camus vino al mundo en una aldea argelina y obtuvo el Nobel de Literatura. Hijo de colonos franceses, –pieds noirs-, su padre fue un recolector de anacardos y su madre una dama española que no sabía leer. Aun así, gracias a ellos, brotó un escritor maravilloso que relató a través de sus personajes en “La Peste”, la lucha que sostiene la humanidad contra el absurdo. Sorprende que los miembros de este Gobierno no hayan leído o, de hacerlo, no asimilaran la dúctil filosofía que el francés transmite como reflexión ante cualquier pandemia. Supongo que lo expuesto no servirá para que tales incultos lean a Camus, pues el ignorante nada aprecia, ya que cree saberlo todo. Por eso nos va, como nos va. Dependemos de infatuados social-comunistas, estamos en manos de mercaderes codiciosos que desconocen las soluciones inteligentes.

La novela de Camus cuenta cómo unos médicos de Orán convierten la idea de la solidaridad, en el único antídoto capaz de atajar la plaga que asolaba la ciudad argelina. “La Peste”, viene a ser un manual de supervivencia donde los protagonistas se preocupan más por hallar la dignidad y fraternidad humanas, que acabar con la epidemia en sí. Nuestros ministros prefieren otros manuales, aquellos que, además de ser plagios, sólo hablen de “su” resistencia, porque la vida de la gente no les importa. El bochornoso espectáculo en la apertura del Congreso, que recordó a un zoco de tratantes de caballos, bastó para comprobar la calidad de nuestra clase política. Unos y otros piden colaborar con un Gobierno roto, completamente desquiciado, pero a cambio exigen eliminar a terceros. Fíjense si lo están haciendo fatal, que solo Abascal e Iglesias parecen líderes dignos.

Si todos andamos angustiados cuando no sufriendo con el virus, no estorbaría tener un presidente en sus cabales que nos dijera la verdad sobre el número de muertos. Los enterradores y los tanatorios juran que las autoridades ocultan un 40% de víctimas. Camus incluyó en “La Peste” una frase inmortal: “La verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente”. Muchos críticos coinciden en asegurar que esa terrible enfermedad es una metáfora del nazismo, que usó el escritor francés para despertar en los seres humanos hondos sentimientos de amor y de fraternidad.

¿Qué necio asesor le escribe a Sánchez esos sermones bolivarianos, esas idioteces trufadas de mentiras que el presidente se limita a leer en sus alocuciones? No olviden el último disparate que le coló el negro: “Doblegar la curva, dejar atrás el pico, era el primero de los objetivos que fijamos en esta contienda contra el virus”. El torpe iletrado baraja conceptos dispares. De tener nociones básicas de geometría y de respetar la RAE, sabría que una curva es, la línea que cambia de dirección, constantemente, sin formar ángulos. Así que, ¿a qué viene el pico, ese ángulo obtuso que el negro se saca de la manga? El asesor por zopenco y el presidente por infradotado, han quedado como lo que son, dos tontos muy tontos. Con los muertos no se juega, sus familiares los reclaman para darles sepultura.

Solo Abascal e Iglesias parecen líderes dignos.
Nota del Editor 11 Abril 2020

Es un insulto a la inteligencia, a España, a los españoles que la defendemos, poner al mismo nivel ético a quien defiende España y a los españoles con quien trata de destruir España y a los españoles. Lo que hay que conseguir es la dimisión total del gobierno socialcomunista y separatista para que no puedan conseguir convertinos es Españazuela.

Colección de farsantes
Carlos Herrera ABC 11 Abril 2020

De la comparecencia de Sánchez ayer en el Congreso se desprende que el confinamiento se va a alargar, cosa que imaginábamos, y que está dispuesto a aceptar, gracias a su enorme magnanimidad, unos reinventados Pactos de Pleitesía de La Moncloa improvisados en un par de días. Entiendo que es excesivamente amable el PP cuando califica esa pretensión pactista con el término de «trampantojo»: de ese enorme embustero de Pedro Sánchez nadie en su sano juicio se puede fiar. Es, por decirlo de una forma cortés, un sediento de poder y un enfermo de la peor ambición, y ambas condiciones le inhabilitan para encabezar ningún tipo de acuerdo. Ni él ni sus socios de gobierno (que saben inteligentemente que un pacto
transversal serio les convertiría en prescindibles) quieren otra cosa que manejar ese escenario con la única intención de poder acusar a Casado y a los inocentones de Ciudadanos de no querer acuerdos por el supuesto bien de España. La propuesta del líder socialista es tan fake como cada uno de los argumentos que maneja para justificar su pavorosa ineptitud. Cada uno puede perder el tiempo de la manera que prefiera, siempre que el que pierda sea el suyo, no el de todos los españoles.

¿Quién va a querer ningún tipo de pacto pronunciando discursos o escenificando intervenciones como las de ayer de Pedro Sánchez o de esa otra mediocre calamidad llamada Adriana Lastra? El socialismo español y sus entusiastas propagandistas difunden sin ningún tipo de rubor que la causa de que España sea el país del mundo con más muertos por millón de habitantes es culpa de esa monumental ficción convertida en lugar común que son «los recortes del PP». No de la imprevisión e improvisaciones del gobierno que está al frente de la administración de los asuntos corrientes del país: la gente se muere más que en cualquier otro lugar porque en tiempos de la derechona se hurtó dinero de la sanidad pública para organizar criminalmente la financiación irregular de los populares, como diría el cómplice vergonzoso José Ricardo de Prada, juez amiguete que propició la moción de censura. Poco importa que la sanidad esté transferida hace años a la Comunidades Autónomas y que la que, de manera más incisiva, recortara en gasto sanitario fuera la Andalucía socialista de los ERE cuando era gestora de la cosa la hoy ministra portavoz. Se ha instalado en el discurso público el argumento goebblesiano de los recortes y ahí se ha quedado, repetido por todos los loros pesebristas con manejo de portales digitales o presencia en tertulias de acomodo. Ciertamente admirable la eficacia de la fábrica de propaganda, todo sea dicho.

El sistema sanitario español ha respondido con más eficacia que en muchos países, gracias entre otras cosas a la entrega hasta el desfallecimiento de los profesionales que lo integran. El problema ha estado en la gestión de la salud pública, en la avalancha que provocó cada uno de los fallos que se produjeron a la hora de prevenir la enfermedad. No en que la salud fuera gestionada de forma privada en determinados hospitales de la Comunidad de Madrid, que en tiempos de Aguirre construyó una decena larga de hospitales. En consonancia con las pretensiones de Podemos, Sánchez (¡y hasta el mismísimo Borrell, menuda decepción!) encabeza la demonización del sector privado y la peligrosa senda de la estatalización de todos los resortes de prosperidad, que siempre han llegado del lado de los creadores de riqueza, nunca de los estados intervencionistas. Un gobierno que cree que siempre lo hará mejor que el sector libre y privado de la sociedad jamás puede encabezar ningún tipo de acuerdo en el que no cree ni por asomo. Los nuevos Pactos de La Moncloa no son sino la farsa con la que la historia tiende a repetirse. Con farsantes de este calibre, ni a recoger los restos del derrumbe.

La insolvencia de un Gobierno dividido
Editorial El Mundo 11 Abril 2020

Pese a la imperiosa necesidad de afrontar con determinación la emergencia económica provocada por el coronavirus, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue ofreciendo síntomas de insolvencia e incapacidad. El Consejo de Ministros no aprobó ayer, tal como estaba previsto, la moratoria de impuestos para los autónomos y pymes. Ello supondrá un quebranto inmediato para estos colectivos teniendo en cuenta que los primeros pagos del IVA y los pagos fraccionados de IRPF e Impuesto de Sociedades deben abonarse el 20 de abril. La aprobación de un segundo tramo de avales de 20.000 millones es insuficiente y llega tarde. La ministra de Hacienda alegó que la aplicación de medidas adicionales aún están en "estudio". Lo que subyace en la escandolosa parálisis del Gobierno no sólo es su negligente falta de previsión, sino la brecha abierta entre el PSOE y Podemos. Esta división se ha puesto de manifiesto en el conflicto abierto con la patronal a cuenta de la renta mínima.

El vicepresidente de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias, anunció el jueves pasado que existía un acuerdo con sindicatos y ONGs para poner en marcha un ingreso mínimo vital puente, y que en ese consenso estarían los empresarios. Esta declaración provocó que CEOE y Cepyme dieran ayer plantón al Ejecutivo en la reunión en el Ministerio de Trabajo con los agentes sociales. En un duro comunicado, las patronales dejaron claro que no solo no se había alcanzando un pacto, sino que ni siquiera habían sido consultados. Es más, Iglesias afirmó que había estado en contacto con Antonio Garamendi, extremo que desmintió rotundamente el presidente de la CEOE. Estas maniobras dejan claro que la voluntad de Podemos pasa por perpetrar un cambio en la arquitectura política y económica de España aprovechando la devastación generada por la pandemia. En los primeros compases del estado de de alarma, Iglesias ya dejó caer la posibilidad de llevar a cabo nacionalizaciones de empresas públicas. Posteriormente, apeló de forma ambigua al artículo 128 de la Constitución, que subordina la riqueza del país al interés general. Y, finalmente, pretende instaurar una renta mínima sin que haya sido capaz hasta el momento de concretar cómo piensa financiarla en un marco previsible de profunda de recesión. Este periódico ha defendido la necesidad de articular medidas públicas para rescatar al conjunto de la economía, lo que incluye sus sectores más vulnerables. Pero una cosa es habilitar ayudas y otra erosionar la economía de mercado forzando unilateralmente el intervencionismo y atacando a la iniciativa privada. Podemos es un partido de corte populista con conexiones directas con los regímenes bolivarianos. Y entre los ministros figuran dirigentes comunistas, como Alberto Garzón, abiertamente partidarios de una economía planificada.

En consecuencia, el «Gobierno del insomnio» que Sánchez armó con Podemos constituye una amenaza para los españoles en un contexto en el que la crisis puede actuar de subterfugio para anteponer la ideología a la gestión. Resulta inexplicable, además de profundamente irresponsable, quebrar el diálogo social. Podemos busca contentar a su parroquia con medidas de cara a la galería, pero la recuperación seguirá lejos mientras el Ejecutivo se empeñe en maltratar a las empresas y los autónomos.

El doble error del Gobierno o por qué la crisis del coronavirus será mucho más dura de lo previsto
Domingo Soriano Libertad Digital 11 Abril 2020

Las medidas adoptadas son ineficaces a corto plazo y serán un lastre para la recuperación: falla el diagnóstico y el tratamiento.

Un amigo, estudioso de los temas relacionados con las ayudas sociales, me explicó en una ocasión algo que se me quedó grabado (las palabras no son literales, pero el sentido sí era éste): "En España, lo peor de la acción del Estado no es que sea poco efectiva en el largo plazo, que cronifique la trampa de la pobreza o que despilfarre los recursos con programas que no se sabe si funcionan… Los liberales protestáis mucho por todo eso. Y es cierto que algo hay. Pero lo peor es lo poco que se ayuda al que de verdad lo necesita en el corto plazo".

Por qué va la gente a Cáritas: porque allí la asistencia es inmediata, sin preguntas, sin requisitos, sin burocracia. Te plantas en la puerta de la iglesia del barrio y te dan lo que necesites, lo que sea para que puedas cubrir las necesidades más básicas. Y lo mismo ocurre con cientos de organizaciones similares. Eso sí, normalmente la ayuda de este tipo de entidades privadas está condicionada a una actitud: porque su objetivo es que dejes de necesitarles.

Enfrente, los beneficios más habituales en el sector público de nuestro país son complicados de alcanzar (tienes que demostrar a la administración de turno que cumples los requisitos que te hacen merecedor a la misma) y al mismo tiempo es demasiado fácil mantenerlos en el tiempo (esa trampa de la pobreza que tanto daño hace y que consiste en que tienes miedo de mejorar tu situación porque podrías perder la ayuda que tanto te costó conseguir). Sí, es el peor de los mundos.

No quiero aquí entrar en una discusión público vs privado. Hay otros países en los que las ayudas públicas se canalizan con criterios mucho más cercanos a los que en España practican las entidades privadas: inmediato y sin demasiadas preguntas; pero al mismo tiempo con exigencias para empujarte, con los incentivos correctos, para que no te quedes en esa situación.

En algún momento he pensado, probablemente en un ejercicio de ingenuidad por mi parte, que quizás esta crisis del Covid-19 sería la ocasión perfecta para darla la vuelta a ese modelo, tan ineficaz y dañino. Desgraciadamente, el Gobierno no sólo no ha cambiado la forma tradicional en la que actúan las administraciones españolas, sino que casi la ha agudizado.

Además, en el debate público, la discusión sobre las medidas parece que gira en torno al nombre ("renta básica", "erte", "líneas de liquidez"), sin darnos cuenta que lo que puede ser imprescindible en el corto plazo puede ser también muy dañino si se consolida como una política duradera: los plazos son clave en todas estas medidas.

El Gobierno decretó hace unas semanas un Estado de Alarma que se extenderá (más o menos; y con semanas con más restricciones y otras más permisivas) un par de meses… redondeando, del 15 de marzo al 15 de mayo.

La prioridad (la obsesión) debería ser mantener vivo el tejido productivo que estuviera en marcha el 10-15 de marzo para que pueda reiniciar la actividad dos meses después. Para lograrlo hay que canalizar un volumen de ayudas como probablemente no hemos visto en nuestra vida. Y sí, es liberal pedir al Gobierno que lo haga: porque también fue el Gobierno el que decretó el cierre de las empresas o les limitó al máximo su capacidad para seguir operando (sin entrar en si está justificado o no ese Estado de Alarma; mi opinión es que sí está justificado, pero no me pondré aquí a discutirlo).

Y cómo se logra ese objetivo: garantizando liquidez y haciéndolo sin preguntar demasiado:

ERTE: cualquier empresa que así lo decida, podrá acudir a un ERTE durante estos dos meses, a cambio de reintegrar a su plantilla en ese 15 de mayo del que hablamos (o cuando sea que vuelva la actividad). Por supuesto, a partir de ese 15 de mayo tendrá total libertad para ajustar su plantilla a la realidad de la nueva economía que nos encontraremos.

Líneas de liquidez: préstamos garantizados por el Estado (y con períodos de devolución y carencia muy generosos) que cubran dos meses de gastos de cualquier empresa. Es decir, el empresario o autónomo va al banco con las cuentas de 2019 y el banco le garantiza (con aval del Estado) liquidez por una cantidad equivalente a dos meses de los gastos totales del año (si incurrió en gastos por un total de 1,2 millones, puede acceder a una línea de liquidez de 200.000 euros). Para el 95% de las empresas, esta liquidez debería ser suficiente para llegar vivas a esa orilla del día 15 de mayo y para afrontar al menos el primer mes de vuelta a la normalidad.

Renta básica: mismo principio, garantía inmediata a todos los hogares que la soliciten a través de su ayuntamiento. Único requisito: no tener empleo, pensión o cualquier otro ingreso del Estado. Incluso, posibilidad de que el ayuntamiento firme en nombre del peticionario (por ejemplo, que certifique que alguien tenía empleo en febrero pero lo ha perdido) y aporte la garantía de que está en situación de necesidad. Éste sería el programa más susceptible de fraude, pero podría limitarse con un control a posteriori, cobro de más impuestos en 2021 a los que lo recibieron de forma indebida, vigilancia de los ayuntamientos, etc…

Suspensión del pago de todos los impuestos (voluntaria, el que quiera mantenerse al día y no acumular a futuro, también podría) mientras dure el Estado de Alarma. Y un calendario de pagos que se extienda hasta el 2021 para ponerse al día con Hacienda.

La idea parece clara: entrega de dinero-liquidez inmediata y sin demasiadas preguntas. A todos los agentes económicos. Y asumiendo que en algunos programas esto podrá generar algo de fraude, que se vigilará a posteriori (y sí, siendo muy estricto con aquellos a los que se cace tratando de aprovechar la situación). No es el único sistema: el otro día, en El País, Toni Roldán (el que fuera responsable económico de Ciudadanos) proponía un esquema de Renta Básica que podría encajar en un modelo como éste.

De los ERTE a las líneas ICO
El Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias parece que ha escogido el camino contrario. En los últimos días, he hablado con varios empresarios y trabajadores de banco: no los que hacen las notas de prensa o los ejecutivos de las grandes del Ibex. Me refiero a amigos con pymes o directores de sucursal. Entiendo que no es una encuesta, ni tengo la intención de que lo sea. Pero tampoco creo que sean casos aislados: todo lo que he leído en la prensa sobre estas medidas apunta en la misma dirección.

* ERTE: a un autónomo con dos empleados le dijeron que preparase bien la documentación, porque "se lo podían echar para atrás" si había algún error o no estaba bien justificado.

Y eso por no hablar de la obligación de mantener el empleo durante seis meses, bajo amenaza de tener que devolver las ayudas: "Es imposible que ahora sepa si en octubre voy a tener actividad para toda mi plantilla", me decía el responsable de una pyme hace unas semanas (por lo que yo conozco de su empresa, tendrá unos 20-25 empleados a su cargo).

De hecho ya hemos visto noticias de decisiones contrarias de la inspección de trabajo: aquí, por ejemplo, la negativa a aceptar el ERTE de Óptica 2000 o la Financiera de El Corte Inglés (no sé cuántas gafas creerán los responsables del Ministerio que la gente se está haciendo estas semanas).

* Líneas ICO: tres cuartos de lo mismo. Dos trabajadores de banco y uno de una gestoría me cuentan que desconocían los criterios de concesión, que entre las pymes hay muchas dudas, que el dinero lo estaban acaparando las grandes empresas o las pymes más grandes (más rápidas para pedir esa liquidez y con más medios para sortear la burocracia), que se les terminaron los fondos que tenían asignados en unas pocas horas…

* Renta básica: mientras escribo estas líneas, todavía no hay una propuesta definitiva del Gobierno, pero todo apunta a que buscan más un programa que se consolide tras la crisis que una propuesta para pasar estos dos meses. De hecho, esto último ya debería estar aprobado... Lo otro es muy discutible si hace falta realmente.

Por cierto, en esta misma línea, varios amigos afectados por ERTE ya me han dicho que no saben cuánto cobrarán el subsidio al que en teoría tienen derecho (primero hay que tramitar el ERTE, que se acepte, reconocer el derecho…)

* Impuestos: casi mejor, ni hablamos. El Gobierno todavía está pensando (y los autónomos y pymes dudando) si permitir los aplazamientos que deberían haberse decretado de forma inmediata hace 3-4 semanas. Y hay muchas dudas sobre las condiciones y los plazos de esos aplazamientos.

El doble error (¿o no?)
Pero si hasta ahora hemos hablado de la falta de flexibilidad, capacidad de reacción e iniciativa a corto plazo, lo peor no es eso: las medidas no sólo están mal diseñadas para esas 9 semanas que separan el 15 de marzo del 15 de mayo… es que, además, el planteamiento general que se intuye tras las propuestas del Gobierno destrozará la capacidad de respuesta de nuestra economía a partir de ahí. Lo que es imprescindible para el corto plazo (dar dinero a todo el mundo, sin preguntar) puede ser letal si se cronifica (los que reciben esas rentas, empresarios o particulares, no tienen ningún incentivo a cambiar su situación).

Por ejemplo, la renta básica tiene toda la pinta de que terminará siendo otro de esos programas masivos, sin condicionalidad de ningún tipo, caro, inefectivo y no controlado. Como no se haga bien (y, con Iglesias al mando, hay pocas expectativas), lo que debería ser un puente de dos meses o una puerta de entrada al mercado laboral (el impuesto negativo que planteó en su momento Ciudadanos sí era un esquema interesante), acabará degenerando en un cepo de la pobreza, a la argentina o griega, con cientos de miles de ciudadanos subsidiados y más temerosos de perder la ayuda que de salir de la misma.

Y lo mismo con las líneas de liquidez o los ERTE: mantener la estructura productiva de 15 a 15, tiene sentido. Lo que ha ocurrido ha sido tan repentino e inesperado, que ahora mismo no puedes entrar a discriminar quién sí y quién no. A todo el que te pida un préstamo, se lo das. A todo el que te proponga un ERTE, se lo concedes.

A partir del 15 de mayo, sin embargo, la economía española necesitará afrontar enormes cambios en su estructura productiva: va a haber sectores que van a sufrir una brutal caída de la demanda (turismo, restauración, etc…); también habrá otros que van a dispararse (servicios sanitarios, alimentación, servicios a domicilio, logística, tecnología…). Algunos de estos cambios durarán unos pocos meses, pero otros serán permanentes. Lo lógico es que salgamos del confinamiento con hábitos nuevos, diferentes prioridades, nuevos gustos e, incluso, aficiones que nos eran desconocidas hasta hace unas semanas.

Lo normal es que el agregado sea negativo: es decir, que el PIB caiga, y bastante, este año, y que muchas empresas tengan que cerrar de forma definitiva. Pero la mejor manera de garantizar una recuperación sólida no es aferrarse, de forma artificial, a un modelo productivo (el de diciembre de 2019) que ya no volverá, sino facilitar que los empresarios y trabajadores se adapten, de la forma más sencilla, rápida y eficiente posible al nuevo entorno. ¿Cómo? Flexibilizando al máximo la normativa y burocracia (también en el mercado laboral) y garantizando que la liquidez que llegue a las empresas a partir del 15 de mayo esté asociada a su viabilidad. Por ejemplo, para los años 2020-21, pienso en un esquema de líneas de crédito o de préstamos, en el que las entidades financieras se juegan el 75-80-85% y el Estado cubre del 15 al 25% con avales; algo así podría equilibrar el riesgo (apoyamos la estructura productiva sin tirar el dinero en proyectos con cero viabilidad).

Se podrían hacer algunos planes parciales con el objetivo de que algunas empresas sobrevivan con asistencia externa unos meses más: por ejemplo, para el sector turístico, por la importancia que tiene en España y por sus peculiaridades (desde la estacionalidad al hecho de que es el más afectado por las nuevas pautas de relación hasta que haya una vacuna o cura contra el Covid-19). Pero en la mayoría de los casos, mantener de forma indefinida empresas zombies -quebradas, sin negocio y sin otros ingresos que los del Estado- no es la solución.

Mi principal duda reside en si este doble error con los tiempos y las medidas es realmente un error. Porque para una parte del Gobierno, las consecuencias no tienen por qué ser tan negativas: sí, van a destrozar buena parte de estructura productiva y la que quede en pie dependerá del Estado; sí, veremos cómo se disparan los sectores que tienen pasar por el BOE para garantizar sus ingresos; y sí, habrá una población empobrecida, que necesitará el subsidio de turno para llegar a fin de mes. ¿Esto es un error? No, es Argentina: el modelo con el que buena parte de este Gobierno lleva soñando desde hace años. Nunca pensaron que lo tendrían tan cerca. Y ahora está al alcance de su mano. No es extraño que trabajen con todas sus fuerzas para lograrlo.

La pregunta es qué hacen ahí, mientras tanto, los Calviño, Escrivá, Duque o Maroto: los denominados "técnicos", los que en teoría se enfrentan en cada Consejo de Ministros a los radicales… Pues, hasta ahora, más bien poca cosa. En realidad, sólo están sirviendo como coartada moderada para pedir más dinero en Bruselas. Eso sí, dentro de unos años, si el país se heleniza, publicarán sus memorias (un poco a lo Solbes) explicando que ellos ya advirtieron de que el camino no era ése. Mientras tanto, ahí siguen: presumiendo de Ministerio y calladitos. Yo a Garzón, a Díaz o a Iglesias, no les pido nada. Ni saben, ni quieren, ni pueden. Para mí que los verdaderos culpables son los otros, los buenos… ellos sí que no tienen excusa, salvo la cobardía o la soberbia.

15.000 muertos
EDITORIAL Libertad Digital 11 Abril 2020

El coronavirus sigue golpeando con mucha fuerza a nuestra sociedad: ya han muerto más de 15.000 españoles y, pese a los muchos discursos sobre "el pico de la curva" que se han pronunciado en las últimas semanas, día a día está más claro que este brote de la epidemia va a seguir llevándose muchas vidas durante bastantes días en una cuenta que es cada vez más atroz y cruel.

Una cuenta a la que según va avanzando la epidemia es más obvio que habrá que añadir muchos más fallecidos que, por el momento, se están escapando a las estadísticas oficiales, ya sea por interés político o por la incapacidad política que está jalonando prácticamente todos lo relacionado con esta crisis.

A este drama que estamos viviendo habrá que añadir, una vez la emergencia sanitaria haya pasado, el impacto brutal que va a tener en nuestra economía y del que las cifras de paro de marzo sólo fueron un pequeño aperitivo. Si en cualquier país el parón económico de tantos sectores sería un mazazo, en uno que tiene en el turismo uno de sus principales valores aún va a ser mucho peor.

Y el Gobierno está enfrentándose a estas catástrofes con una gestión calamitosa de la Sanidad y, por los pasos que va dando hasta al momento, aún peor de todo lo relacionado con la economía. Así como la incapacidad de Pedro Sánchez y los suyos es sin duda una de las razones por las que España es el país del mundo con más muertos por millón de habitantes, si no hay un cambio de rumbo importante mucho nos tememos que también será el que tenga mayores cifras de parados.

Pero es que, además, mientras sufrimos el caos sanitario y vemos llegar la catástrofe económica tenemos que soportar a un Gobierno entregado a la propaganda, a la persecución de las escasas voces discrepantes y a ahondar las divisiones políticas que ya eran muy profundas en este país, precisamente por el sectarismo del que hace gala la izquierda española.

No obstante, el Ejecutivo está muy equivocado si cree que con la propaganda y con el soborno a las televisiones va a lograr que la gente olvide su tremenda responsabilidad en todo lo que está ocurriendo. Eso podría funcionar en una situación distinta, mucho menos dramática, pero será imposible en una España en la que decenas de miles de familias habrán perdido a un ser querido y millones verán como alguno de sus miembros pasan a engrosar las filas del paro.

Más bien al contrario, esta crisis y la reacción miserable de Pedro Sánchez y sus adláteres sólo servirá para dejar absolutamente claro que España sufre en este momento crucial un Gobierno que no solamente es incapaz, sino que es con mucho el más inmoral y el que menos escrúpulos ha tenido de la historia de nuestra democracia.

Y eso no hay estrella televisiva subvencionada que lo pueda parar.

Los Bulos de la Moncloa
Segundo Sanz okdiario 11 Abril 2020

La factoría Iván Jode Redondo se ha puesto a toda mecha a montar artefactos en el búnker de Moncloa para desviar la atención de la negligente gestión del Gobierno en esta crisis sanitaria. Y lo ha hecho articulando dos mecanismos de defensa: extender la mancha de las trolas wasaperas de móvil a informaciones rigurosas de la prensa más incómoda y lanzar unos nuevos Pactos de la Moncloa o de «Reconstrucción», como le han llamado los rasputines sanchistas, que son en sí mismos un bulo como un demonio. Basta con escuchar los insultos que dedicó Lastra a Casado el pasado jueves en la tribuna del Congreso.

No teniendo suficiente con silenciar a los medios no afines durante semanas, cribando sus preguntas e impidiendo sus repreguntas, los socialcomunistas se han propuesto ahora enmerdar como nunca la labor del periodismo, tratando de sembrar la sospecha sobre noticias contrastadas que están destapando las miserias, las mentiras y la sinvergonzonería de este Gobierno censor. Buscan así poner en duda la veracidad de aquellas historias que desnudan la incompetencia del bipartito, tratando de establecer una analogía macabra con esas paparruchadas dospuntocero que divierten a los más becerros durante este confinamiento.

«Blinda tus perfiles de las fake news», pregona estos días la troupe de Marlaska, el mismo que se inventó un informe policial del Orgullo contra Ciudadanos. ¡Válgame Dios!, Fernando. La mezquindad aquí parece no tener límite. Que Interior se ponga a desmentir la eficacia de «hacer gárgaras con agua salada para prevenir del coronavirus» es un cosa, pero extender la tinta del calamar sobre los titulares de piezas fundamentadas, objetivas, que retratan la inoperancia del Doctor Cum Fraude, es otra. Y precisamente a esta miserable ruleta están jugando socialistas, podemitas y su claque mediática y tuitera.

En cambio, de los embustes de este Gobierno, nadie se hace responsable. El propio Sánchez sacaba pecho el otro día en la tribuna, como jabato descamisao, de que un estudio de Oxford nos situaba con «la puntuación más alta de entre los países occidentales en cuanto al rigor en la respuesta a la pandemia». Una falacia ciclópea, señor presidente. Porque hasta ocho Estados nos superan. Y lo mismo con que su gabinete fue el primero «en tomar medidas de confinamiento en Occidente, con 120 víctimas», cuando Italia ya lo había hecho. Por no hablar de la canciller Laya en Sky News convertida en ministra coreana y hablando de test masivos en España. Y de este Ejecutivo embaucador, ¿quién nos protege? Como dijo Valeri Legásov tras el accidente de Chernóbil, «cada mentira es una deuda con la verdad, que tarde o temprano hay que pagar».

Silencio cómplice de la izquierda tras el penúltimo gran bulo de Sánchez
OKDIARIO 11 Abril 2020

Nadie del PSOE, ni de Podemos, ni por supuesto, salvo alguna excepción, los verificadores de noticias fake tan solícitos siempre a hacerle el juego al socialcomunismo, han dicho ni palabra tras el bulo clamoroso y la mentira maciza que el presidente del Gobierno lanzó en el Congreso de los Diputados cuando aseguró, sin mover una ceja, que un informe de la Universidad de Oxford situaba a España al frente de las naciones más eficaces de Occidente en la lucha contra el coronavirus. Sánchez mintió a sabiendas con la impostura cínica que le caracteriza porque dicho informe no coloca a España al frente de los países más eficaces. Es más, asegura que el 8-M, el día de las manifestaciones feministas, las acciones del Ejecutivo se encontraban entre las más ineficaces del planeta. O sea, que cuando con mayor intensidad se propagaba el contagio, el Gobierno socialcomunista de España se encontraba en el furgón de cola en la batalla contra la pandemia.

No se sabe qué entenderá Sanchez qué es Occidente, pero, según el informe, a día de hoy Italia, Francia, Austria, Eslovenia, Nueva Zelanda, Croacia, Serbia o Rumania están por delante de España. Y, por salirnos de Occidente, también Zimbabue, Botswana, o Malí aventajan a España en solvencia, rigor y eficacia contra el virus, siempre según el informe que falseó el presidente del Gobierno. De modo que Sanchez mintió en la sede de la soberanía nacional. La especialidad del jefe del Ejecutivo esa esa: pervertir y distorsionar la realidad. Lo que ocurre es que esta vez lo ha hecho de manera tan obscena que su mentira adquiere una dimensión especial.

Sánchez es un patrañero reñido con la verdad y la decencia, un inmoral de libro. Sus escrúpulos tienen el ancho de un folio y su tendencia natural al engaño debería estudiarse en los libros de psicopatología. Ya han pasado horas y el silencio en las filas socialcomunistas tras la mentira de Sánchez resuena con estrépito, mientras las terminales mediáticas de la izquierda miran para otro lado y la práctica totalidad de los verificadores de las informaciones fake están de vacaciones. No cabe mayor cinismo ni mayor ignominia. Aunque, bien mirado, de esta forma se retratan todos: el falsario Ejecutivo que nos malgobierna y toda su corte de palmeros.

Y ahora ¿de qué se queja la derecha?
Carlos Dávila okdiario 11 Abril 2020

Durante meses fue este periódico, casi en exclusiva, el que predijo lo que podría ocurrir a España, ni siquiera “en España”, si el Frente Popular, tras las elecciones generales, se constituía en coalición y se aprestaba a mandar -que no a gobernar, porque eso no lo saben hacer- en nuestro país. Avisamos de que cualquier negativa de Sánchez a reconocer lo que tan bien tenía metabolizado, era una mentira clamorosa por más que, con la mayor de las desvergüenzas, prometiera una y otra vez solemnemente que él y su partido de acólitos analfabetos tipo Lastra, nunca se aliarían con los que por entonces llamaba, también sin recato alguno, chantajistas, mamporreros de Maduro o sociópatas. Tanto era el desdén, y el presunto temor que a Sánchez le causaba la cuadrilla leninista de Iglesias, que dejó para la historia una de sus mejores frases: “Yo no podría dormir teniendo de aliado a Podemos e Iglesias”.

Nos cansamos de avisar de que estos ejercicios prelectorales eran una monserga destinada a ser arrumbada en cuanto necesitara de los comunistas para continuar en La Moncloa. Pero -así debemos reconocerlo- muy poca gente nos hizo caso, no quiso enterarse de una constancia que ya en ese momento retrataban todos los sondeos: que el centro derecha dividido, incluso enfrentado, era el mejor aval para la próxima victoria de Sánchez y su objetivo de barrenar, más pronto que tarde, toda la épica y el pragmatismo de la Transición. Por quíteme de ahí esas pajas, el electorado de la derecha radical prefirió refugiarse en el presunto regeneracionismo patriótico y moral de las proclamas de Abascal y de la ahora desaparecida Monasterio (Espinosa de los Monteros es, ya lo verán, otra cosa), el llamado centro liberal optó por aún conceder otra oportunidad al veleta Rivera, y el partido mayoritario, PP, por más que intentara convencer a los ajenos próximos de la imperiosidad de un voto no a su favor, sino en contra Sánchez, no obtuvo éxito alguno.

Y Sánchez, frotándose las manos y encendido con esa sonrisa hipócrita que ahora aleja a la gente de sus telediarios, volvió a ganar. La derecha, el centro derecha o como le quieran llamar, le ofreció su tripartita cabeza en las urnas ¿Qué separaba a los tres partidos de un acuerdo? Casi nada. Ni siquiera el egocentrismo del liderazgo. No eran cuestiones indeclinables para un debate recio: que si “nosotros (VOX) no podemos votar a un partido que no ha abolido el aborto”, que si nosotros (Ciudadanos) somos liberales y apoyamos los vientres de alquiler” o que si “nosotros (Partido Popular) no podemos ceder puestos de primogenitura a sujetos que han sido nuestros tránsfugas”. Cosas así, importantes, pero no cruciales para impedir el pacto.

Y, ¿qué resulta ahora? Pues que Sánchez y su sarta de dinamiteros anuncian una revisión a fondo y a la baja de cualquier concesión a la moral cristiana. Que Sánchez y su banda de extrema izquierda está persiguiendo a los hombres y espoleando a las mujeres para que las feministas “enragés” en manifestaciones patógenas, denuncien la maldad secular de sus enemigos de género. Y que Sánchez y su vicepresidente iraní y venezolano se han quedado con los escaños que podían haber sido en conjunto para el centro derecha. Iglesias, agazapado como un conejo, maneja la pasta y con ella se apresta a asaltar los cielos del país. Un castizo definiría así la situación: ¡Un pan como unas tortas!

Nadie es tan imbécil como para asegurar que un Gobierno distinto, de diferente cariz ideológico, hubiera evitado la pandemia del virus Covid 19. Naturalmente que no. Pero, de entrada, hubiera tenido más respeto a los muertos, a las personas que nos han abandonado sin una mano familiar a la que asirse. El tipo incluso se niega declarar el luto nacional con miles y miles de muertos a sus espaldas. De entrada, también, no estarían mintiendo clamorosamente al país ocultando, disfrazando o alterando el número de defunciones que, borbotones se están produciendo en España. De entrada, tampoco, estarían volcando sobre los demás (¡hay que escuchar despacio los fulanescos insultos de Lastra a la oposición en el último pleno!) la responsabilidad de sus horrorosos errores. De entrada, nunca hubieran sido los gobernantes de tildados de “asesinos” como Sánchez vomitó en el Ebola contra Rajoy en una epidemia que tuvo sólo dos muertos importados. Y, de entrada, finalmente, esto no ha hecho más que empezar porque el Frente Popular de estos desaprensivos ya tiene organizado un cambio de régimen en toda regla en el que van a sufrir la propiedad privada, las libertades individuales y, desde luego, el derecho a la privacidad y a la intimidad. Con ellos seremos más pobres, menos libres y más inseguros. Esto es lo que perpetran para cuando Sánchez se canse de tenernos confinados hasta Dios sabe cuándo, bajo multa y e incluso prisión, en nuestras casas.

Esto es ciertamente lo que hay y lo que habrá. No hubiera sucedido si el centro derecha en vez de mirarse sus ombligos, se hubiera aliado para que un mentiroso crónico de ultra izquierda no ganara las elecciones pasadas. Ahora ¿de qué se queja esta derecha? Mucho me temo que sólo tiene una solución: forzar a toda costa unas elecciones en cuanto el último fallecido por el repugnante virus, haya sido debidamente enterrado. O, ¿tampoco esta vez entenderemos lo que hay que hacer? Por ejemplo, rechazar la innoble martingala de los pactos del bochorno. Por ejemplo.

¿ Porqué no votasteis a Vox ?
Nota del Editor 11 Abril 2020

Hay que partir de la base de que a los "españoles" que votan a los socialcomunistas y frentepopulistas habría que ilegalizarlos lo mismo que sus correspondientes mafias bolivariano comunistas.

El PP siempre ha sido una parte importante del problema de España y la solución está en apoyar y votar a Vox. El PP nunca ha corregido los disparates de los social-comunistas-independentistas, por un plato de lentejas a vendido todos sus principios, siempre han desperdiciado los votos que muchos españoles confiaron para que repararan los errores y protegieran la democracia. Desde el centroman que hablaba catalán en la intimidad al lector del Marca, siempre de perfil, han sido el espejo de los socio-comunistas-separatistas. Tienen que desaparecer, lo mismo que le va a ocurrir al PSOE cuando los españoles adormecidos por la caja tonta despierten, y con un poco de suerte aún no seamos Españazuela.

Aplausos amargos
Jesús Laínz Libertad Digital 11 Abril 2020

Sería conveniente que esos millones de españoles que hoy se creen tan solidarios y generosos hicieran un poco de examen de conciencia.

Efectivamente, se merecen todos los aplausos. Quien haya pasado por un quirófano o haya tenido que asistir a un familiar operado lo sabe muy bien. Si la labor de los profesionales de la medicina es valiosísisima en cualquier circunstancia, mucho más lo es en estos momentos por el riesgo de contagio, por el elevado número de fallecimientos que tienen que presenciar, por la sobrecarga de trabajo y por las circunstancias en las que se ven obligados a efectuarlo.

Pero el contraste con la situación anterior a esta maldita pandemia no es precisamente para aplaudir. Porque los profesionales de la medicina llevan muchos años denunciando el aumento constante de la violencia por parte de pacientes y familiares. Las agresiones verbales y físicas se cuentan por miles cada año. Pero el asunto no termina ahí, pues continúa con la indefensión que les provoca la pasividad de la Administración. Y el problema está tan extendido que hasta da para que se celebre, como el Día del Libro o el de la Constitución, un sorprendente Día Nacional Contra las Agresiones en el Ámbito Sanitario, establecido por la Organización Médica Colegial para homenajear a los profesionales afectados desde que en 2009 fuese asesinado un médico de familia en Murcia. Y a todo ello hay que añadir unos sueldos en muchas ocasiones ridículos en comparación con la cantidad y la calidad del trabajo desarrollado. Todo esto pasa desapercibido y nunca ha merecido aplauso alguno, a diferencia de las cataratas de ellos que reciben los multimillonarios que ganan en noventa minutos dando patadas a un balón lo que los médicos, los científicos, los abogados, los pescadores o los camareros en toda su vida. Por no hablar de la legión de payasos, inútiles y parásitos que ingresan cantidades escandalosas a cambio de mostrarse en las pantallas para que millones de cotillas gocen de la mierda ajena.

Además, los aplausos, por sinceros y entusiastas que sean, no sirven más que para sentirse a gusto con uno mismo si no van acompañados de la reivindicación que los justifica. Porque el motivo de esos aplausos no es otro que las penosas circunstancias laborales e higiénicas en las que se están viendo obligados a trabajar nuestros sanitarios, campeones mundiales en contagio durante esta pandemia. ¿Y por qué son los campeones mundiales? ¿Porque son los más tontos? ¿Porque son los menos preparados? ¿Porque las instalaciones españolas son peores que las de los demás países? ¿Porque la sanidad española es la peor del mundo? ¿O porque, tres meses después de la alarma de la OMS sobre la peste que había empezado a venírsenos encima desde China, en España seguimos sin análisis, sin mascarillas, sin guantes y sin otros muchos elementos necesarios? El único culpable de ello es un Gobierno de incapaces que, en vez de dedicarse a salvar las vidas de los españoles, sigue centrado en la propaganda, en la manipulación de la información, en la transferencia de culpas a Rajoy, Franco y los Reyes Católicos, en el acallamiento de la oposición y en la burla televisiva a catorce mil fallecidos. Sin la actuación catastrófica de este Gobierno infame, ¿habría necesidad de tantos aplausos? Están muy bien los aplausos, sí, y son más que merecidos, pero se quedan en nada si no van acompañados de la denuncia a unos gobernantes responsables del caos.

También están recibiendo muchos aplausos los policías, guardias civiles y militares encargados de salvaguardar el orden, de desinfectar instalaciones y de levantar hospitales de emergencia para atender la avalancha de enfermos, a veces en localidades en las que, debido al virus separatista, hace pocos meses eran recibidos con insultos, escupitajos y pedradas. ¿Cuántos de los que hoy, ante la enfermedad y la muerte, les reciben con aplausos y lágrimas de agradecimiento fueron escupidores durante muchos años y hasta hace muy poco?

Y, echando la vista atrás, ¿cuántos aplausos recibieron los centenares de policías, guardias civiles y militares asesinados durante cuarenta años? ¿Cuántos aplausos recibieron sus padres, hermanos, viudas y huérfanos? Porque durante todo ese tiempo sólo recibieron insultos y risas por parte de los cómplices ideológicos de los terroristas, muchos de ellos vecinos, compañeros, amigos e incluso familiares. Y no aplausos, sino el más repugnante rechazo recibieron por parte de una Iglesia repleta de hijos de Satanás. Y no aplausos, sino el más desolador olvido recibieron por parte de unos gobernantes que ordenaron que sus ataúdes salieran por la puerta de atrás para no llamar la atención. Y lo mismo por parte de cuarenta millones de españoles a los que, en bloque y con poquísimas excepciones, les importó un bledo su tragedia mientras no les tocara a ellos.

Sí, los aplausos a médicos, enfermeros, policías, guardias civiles y militares son más que merecidos. Todos ellos y muchos más. Pero sería conveniente que esos millones de españoles que hoy se creen tan solidarios y generosos hicieran un poco de examen de conciencia. Y que no se olviden de ellos cuando todo esto haya pasado.

Sánchez y el tonto del 'bot'
Jose Alejandro Vara. vozpopuli 11 Abril 2020

La propaganda sanchista saca el 'bot' a pasear. Así no se habla de los muertos. Así se arrincona a la derecha. Así se dominan las redes, penúltimo reducto de libertad de expresión

Hablan de los 'bots' para no hablar de los muertos, el espanto que no cesa. De repente, el debate político se ha inundado de los malditos 'bots'. Súbitamente, 'sin avisar', como llegó a España el virus maldito, según la particular explicación de la portavoz del Gobierno. Fue Sánchez quien puso al 'bot' en danza en el debate de prórroga del estado de excepción (le dicen de alarma) en su respuesta a Abascal: "Quiero dirigirme a usted y a los millares de 'bots' que trabajan para usted en las redes sociales, que juegan con los bulos, las mentiras y la desinformación, y con el instrumento del odio". El avieso Iván Redondo colocó en la frase de su presidente las tres palabras clave: bulo y odio y desinformación.

'Bot', para perplejos inadvertidos, es la abreviatura o aféresis del término robot. Se trata de un artilugio informático al parecer con enormes virtualidades. Una de ellas, transformarse en un ejército de perfiles automáticos que multiplican y difunden determinados mensajes que se cuelgan en la red.

El 'bot' que ha alterado nuestra amordazada y cataléptica actividad política es un 'bot' bien cañí. Tanto, que ni siquiera es un 'bot'. Es un tuit ordinario que envió un individuo anónimo, un particular, con un mensaje conciso y eficaz: "GobiernoDimisión-SánchezSepulturero". Uno más de los miles que se pasean agriamente por las autopistas de la información. Con la particularidad de que éste cuajó, creció y se multiplicó con un ansia infinita. La izquierda movilizó a su ejército de las sombras al objeto de controlar la embestida y puso en marcha una campaña de 'bots' fascistas que propagan infundios y falsedades. Algunos informadores de pedigrí y reinonas de los platós picaron el anzuelo.

Sánchez sacó su 'bot' a pasear este jueves como arma arrojadiza contra Abascal. El líder de Vox, estupefacto ante el reproche, acusó al Gobierno de movilizar a su 'brigrada del amanecer mediática' para enlodar a su partido en la esfera digital. Y Echenique, gran aficionado a los tuits tóxicos, se sumó también a la trifulca cibernética para acusar a la ultraderecha de "lanzar mentiras rebosantes de odio".

¿A qué viene toda esta ceremonia de la confusión en torno a los malditos 'bots'?. La respuesta se antoja sencilla. El Gobierno, desbordado por los muertos que no quiere ver, por el coronavirus cuyo nombre ya ni pronuncia (llámalo Covid, please, que suena a mascota olímpica), por la hecatombe económica que se avecina, ha decidido cambiar de escenario y centrar el debate en el maldito bulo, una especialidad de la casa. Sánchez, el político más falsario de nuestra reciente historia, se ha erigido en el gran inquisidor de quienes difunden patrañas que alimentan el enfrentamiento y agitan la crispación. O sea, la derecha. El sumo sacerdote de la mentira le da así la vuelta al argumento y le endosa el estigma del bulo a la oposición.

Con estas escaramuzas, Sánchez, de ánimo totalitario y sin escrúpulos democráticos, se dispone a tomar el control de las redes, el último reducto de la información que por ahora se escapa a su mordaza. Podemos pastoreaba con soltura ese territorio. El encierro masivo y doméstico de la población ha modificado drásticamente los usos sociales. Miles de personas que apenas se relacionaban con las redes, se han volcado en ellas y se han convertido en los más feroces acusadores de la gestión de la crisis. Es decir, de la ineptitud casi delictiva del Gobierno. Y se han lanzado al ataque. Convocan manifestaciones digitales, caceroladas balconeras, se agrupan para presentar querellas, denuncian latrocinios, ignominias, afrentas, desgracias...Y, especialmente, se alimenta la aversión frontal hacia Sánchez y su equipo.

Disidencia virtual
La gente tiene miedo, su vida oscila entre la angustia y el terror y la única respuesta que le ofrece el presidente del Gobierno son los ataques a estos 'bots' fascistas. Habrá que silenciarlos, como en China. O como la 'república digital' de Cataluña, anticonstitucional y golpista. Un decretazo y se acabó. Cierto es que las redes van llenas de trols enfurecidos, de fanáticos activistas, de haters furibundos, de espías rusos, agentes chinos y una ruidosa caterva de singulares semovientes con intereses tan dispares como contrapuestos. Pero también es evidente que son el penúltimo último reducto de la libertad de expresión y de información en nuestro país. Sánchez domina la práctica totalidad de los medios tradicionales, en especial las televisiones, elemento clave para un Gobierno inútil en la gestión pero eficaz con la propaganda. De ahí que haya sacado de paseo al tonto del 'bot'. Primero acusa a la derechona de utilizarlo en forma nociva y traidora y luego, ¡plas!, se le enjaula. Ni Parlamento, ni oposición, ni medios libres, ni Internet. Adiós 'bot'. Adiós disidencia virtual. Adiós libertad. Bienvenidos a lo que Sánchez llama 'la nueva normalidad'.

Sánchez pretende sortear la ley presupuestaria para dar 100 millones contra la violencia de género
El Ejecutivo elabora un decreto ley en plena crisis Covid-19 para puentear el corsé financiero que fija que las comunidades autónomas solo reciban el equivalente de los fondos que saben gastar
Luca Costantini vozpopuli.es 11 Abril 2020

El Gobierno de Pedro Sánchez quiere sortear un artículo de la ley presupuestaria para asegurar que este año las comunidades autónomas reciban otros 100 millones de euros para la lucha contra la violencia de género. La ley presupuestaria obliga el Estado a entregar subvenciones en función de lo que las regiones pueden ejecutar. En el caso de las medidas contra la violencia de género, esa cifra el año pasado fue del 30% de lo entregado, según datos oficiales. El decreto del Gobierno al que ha tenido acceso Vozpópuli plantea la "urgencia" de la crisis de la Covid-19 para ignorar las normas de racionalización del gasto público.

La entrega de esos 100 millones de euros se enmarca en la estrategia lanzada hace un año por Carmen Calvo, exministra de Igualdad, para mejorar la respuesta institucional y permitir el acceso a los beneficios y derechos sociolaborales de las víctimas sin supeditarlo a la judicialización del caso. El crédito tiene que ser destinado al mantenimiento y mejora de las redes de recursos y servicios sociales de atención a las víctimas, en particular a las mujeres en situación de vulnerabilidad, campañas de sensibilización y prevención, entre otras iniciativas.

No obstante, a lo largo del año pasado, el Gobierno ha recibido datos contradictorios por parte de las comunidades autónomas. Las regiones solo ejecutaron, según la memoria del nuevo decreto ley, poco más del 30% de los 100 millones presupuestados. Al tratarse de una subvención, el dinero no ejecutado se queda en las arcas de las comunidades, y por ello la Ley presupuestaria (47/2003, en su artículo 86) establece que el año siguiente el Ejecutivo solo entregue una suma correspondiente a la ejecutada el año anterior.

Pero el Ejecutivo no está dispuesto a que esa cifra se reduzca, incluso en la situación actual de casi recesión y con duras previsiones de pérdida de empleo.

Racionalización del gasto en la crisis
La filosofía de la ley presupuestaria atañe a la racionalización del gasto público, vinculado a la capacidad efectiva de cada Comunidad de ejecutar lo que recibe por el Estado en el marco de sus finalidades. Ahora, sin embargo, el Gobierno de Sánchez habla de "urgencia" y "extraordinaria necesidad" para sortear la normativa, y evitar traicionar el espíritu feminista que ha defendido en sus campañas electorales hasta la manifestación del 8-M celebrada en plena escalada del contagio.

El decreto ley sobre la violencia de género así lo declara: “Con la finalidad de evitar tal descuento, que sería tan perjudicial para la lucha contra la violencia de género, facilitar la ejecución de los fondos transferidos en los últimos trimestres del año, y la propia necesidad de celebrar cuanto antes la Conferencia Sectorial de Igualdad en la que se formalice la distribución de los fondos para 2020, quedan suficientemente acreditadas las razones de urgente y extraordinaria necesidad que justifican la medida adoptada mediante el presente real decreto-ley”.

Según la memoria económica del decreto establece que en 2019 al menos diez Comunidades Autónomas dejaron sin ejecutar más de la mitad de los fondos recibidos. Se trata por ejemplo de Galicia, Andalucía, Madrid, Cataluña y Canarias, entre otras. La más cumplidora fue Castilla y León (100% del gasto), y aunque Castilla-La Mancha aparezca con un desembolso nulo, fuentes del gobierno de Emiliano García-Page sostienen que ejecutaron el 97% del dinero recibido pero que el Gobierno todavía no lo ha registrado.

La urgencia planteada por el Ejecutivo de Sánchez, además de evitar el cálculo moldeado sobre el gasto real de las Comunidades, no incluye menciones sobre la crisis económica derivada del parón de la economía en las más de 30 páginas del informe. Cabe señalar que cuando una Comunidad Autónoma no se gasta todo el monto recibido, al tratarse de una subvención, puede guardar su dinero en sus arcas. Es decir que entre asegurar la inyección de dinero y garantizar su eficacia, el Gobierno ha apostado por el primer criterio, incluso en la crisis del coronavirus.

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Coronavirus: el Estado está desnudo
Juan Francisco Martín Seco republica 11 Abril 2020

La del coronavirus, como toda crisis, dejará tras de sí secuelas y también enseñanzas. Pondrá al descubierto facetas de la realidad que quizás intuíamos, pero que no teníamos valor para confesarnos. Una está ya emergiendo. El Estado está desnudo. Nos estamos quedando sin Estado, se nos va de las manos. En los momentos de crisis es cuando se pone a prueba el músculo de la sociedad, de esa sociedad organizada políticamente que es el Estado. Ya en 2008 intuimos que este fallaba y era incapaz de dar solución a muchos de los problemas que se presentaban. Desde entonces, los indicios de su anemia se vienen repitiendo y esta crisis nos los está confirmando.

Habrá quien diga que lo que hace aguas no es el Estado, sino el Gobierno, los políticos. Acudir a los defectos de los políticos para explicar las cosas que van mal es siempre socorrido. El Gobierno de Zapatero en 2008 dejó muy claro que no era el más indicado para enfrentar aquella crisis, ni por supuesto el de Sánchez lo es para afrontar la de ahora. Todos los días lo comprobamos. Pero ahí no acaba todo.

Montesquieu, al describir su sistema político, lo justificaba de la siguiente manera: No se puede confiar en que los gobernantes sean buenos; si lo son mejor, qué mejor. Pero es preciso construir un sistema en el que los poderes públicos se controlen mutuamente, de modo que, aunque quieran, no puedan apartarse de las reglas y de la ley. Creo que esta aseveración continua siendo perfectamente válida en nuestros días. Nos quedaríamos en la superficie si detrás de la ineptitud de los respectivos gobiernos no vislumbrásemos un problema de mayor calado. Es más, ¿el mismo hecho de que personas tan incompetentes y mediocres hayan llegado a la cima del poder no se debe en parte a las profundas brechas que presenta nuestra organización política? En el caso del actual Gobierno la respuesta resulta incuestionable. Solo hay que examinar todos los factores que han hecho posible que Pedro Sánchez ocupe la Moncloa.

El tema es de suma envergadura y también de enorme gravedad. Se enmarca en un proceso en el que el Estado ha ido perdiendo competencias por arriba hacia la Unión Europea y por abajo hacia los entes territoriales, y en ambos casos las cesiones no han sido satisfactorias; los resultados, nefastos. Hemos ido destruyendo el Estado sin que nada ni nadie fuese capaz de sustituirlo. Ahora bien, un problema tan complejo no se puede abarcar en un artículo de un diario, por mucha amplitud que tuviese. Me limitaré por tanto a resaltar, y de forma somera, algunos hechos que se han puesto de manifiesto en esta crisis, de los que muy posiblemente casi todos nos hayamos percatado.

Las sociedades cuando atraviesan por situaciones críticas, como en las guerras, para ganar en eficacia no tienen más remedio que prescindir de grados de libertad y configurarse políticamente alrededor de un mando único y fuerte. Nuestra Constitución, a pesar de los defectos que acumula en lo tocante al ámbito territorial, reconoce tres estados de anormalidad política, estado de alarma, de excepción y de sitio, en los que los ciudadanos pierden progresivamente algunos de sus derechos y los órganos territoriales se ven forzados a devolver al gobierno central parte de sus competencias.

En los momentos actuales, todo el mundo habla de que estamos en una guerra e incluso se emplea continuamente un lenguaje bélico, por lo que no tiene nada de extraña la declaración, al menos del estado de alarma, y que el gobierno central haya asumido el control y la dirección en todo lo referente a la crisis. Es más, a la vista de lo que ha ocurrido después, no hay demasiadas dudas de que la declaración se pospuso indebidamente. Se estuvo mareando la perdiz con la coordinación, el buen talante y lo bien que se llevaban todos, gobierno central y autonómicos, pero, por lo que se ve, tal comportamiento resultó totalmente ineficaz.

El estado de alarma debería haberse declarado mucho antes, porque una crisis como esta no se podía gestionar desde 17 Comunidades Autónomas cada una de ellas actuando por su cuenta. Ello no quiere decir que hubiese habido que adelantar también el confinamiento, al menos con idéntico rigor con el que se ha establecido. Si se han unido ambas realidades es porque la primera se decretó con mucho retraso. Lo normal es que con anterioridad al aislamiento se hubieran planificado todas las actuaciones de forma centralizada y se hubiese efectuado el aprovisionamiento de todo el material y de los equipos que previsiblemente se iban a necesitar. Desde luego, la situación que se avecinaba no era para que cada administración actuase por su cuenta.

Poca duda cabe de que el motivo del retraso hay que buscarlo en la pretensión del Gobierno de no enemistarse con sus socios, los secesionistas catalanes y vascos. No obstante, a pesar de la dilación, reaccionaron indignados afirmando que se trataba de un 155 encubierto. Pero, mirando una vez más al fondo de la cuestión y prescindiendo de la bondad o maldad de los políticos, la causa última se encuentra en la debilidad de un Estado que permite que su Gobierno pueda deber la investidura y el mantenerse en el poder a un partido que está claramente a favor de dar un golpe contra el propio Estado.

En la moción de censura de 2018, Aitor Esteban inició su intervención mofándose del gran Estado español cuyo Gobierno estaba pendiente de los cinco diputados del PNV. El comentario era tremendamente humillante, pero cierto. Y no solo era respecto de los cinco diputados del PNV, sino también de los diputados del PDC y de los de Esquerra, que acababan de sublevarse en Cataluña. Además, esta situación insólita se volvió a repetir en enero de este año cuando Pedro Sánchez fue elegido presidente del gobierno con los votos de los independentistas y los golpistas. Habrá quien afirme que la responsabilidad es de Pedro Sánchez, que ha aceptado gobernar de esa manera. No diré que no, sin duda su culpabilidad es grande. Pero retornando a lo que se decía al principio del artículo sobre Montesquieu, el origen hay que situarlo en la indigencia política de un Estado cuya estructura legal lo permite.

Tal vez el descubrimiento más relevante, pero también el más lamentable, se haya producido después de decretar el estado de alarma, pues al anunciar que se centralizaba todo el poder en el Gobierno, y más concretamente en el Ministerio de Sanidad, nos hemos quedado absurdamente sorprendidos (absurdamente, porque debíamos de haber sido conscientes de ello antes) al constatar que el Ministerio de Sanidad no existía, que el rey estaba desnudo. Después de transferir Aznar, hace 25 años, toda la sanidad a las Comunidades Autónomas, el Ministerio es un cascarón sin contenido y, lo que es peor, sin instrumentos ni estructura para asumir el papel que en este momento se le asigna. Al mismo tiempo, el ministro de Sanidad, al que se nombra general con mando en plaza, es un profesor de Filosofía del PSC, amigo de ICETA, al que se había colocado en ese ministerio sin competencias únicamente para que estuviese en el Gobierno y pudiese participar en la famosa mesa de diálogo con la Generalitat.

Los errores, las ineptitudes, los fallos, se han multiplicado por doquier, sobre todo en algo tan básico y al mismo tiempo tan necesario como la adquisición y el aprovisionamiento del material sanitario. Se han sucedido anécdotas propias de un vodevil, pero que se convertían inmediatamente en trágicas por los desenlaces lúgubres o las situaciones dramáticas que las rodean. Cuando pase todo y se haga balance, se conocerá en qué grado de desconcierto nos hemos movido.

Al final, el resultado ha sido que en gran medida cada Comunidad ha debido apañarse por sí misma, lo que nos puede dar idea de las consecuencias. Diecisiete pequeñas Comunidades (en este orden todas son pequeñas) compitiendo incluso entre sí y contra su propio Gobierno en un mercado totalmente tensionado, en el que también participan las primeras potencias mundiales. Además, se ha perdido un tiempo precioso porque el mercado se va enrareciendo cada vez más, especialmente ahora que entra en liza EE. UU.

La carencia de medios, de estructura y de experiencia práctica en el Ministerio ha forzado a que cada Comunidad haga la guerra por su cuenta, no solo en materia de aprovisionamiento, sino en casi todos los aspectos, creándose una situación un poco caótica. Incluso hemos escuchado al ministro de Sanidad pedir la solidaridad de unas Comunidades respecto a otras, en lugar de usar la autoridad y el mando único del que estaba investido para distribuir adecuadamente el material.

No deja de ser significativo que haya sido el ejército la institución que se ha comportado sin fisuras, vertebrando todo el territorio nacional, dando una inmensa sensación de eficacia, y no es por casualidad que, como es sabido, esta área estatal haya permanecido al margen de cualquier transferencia a las Comunidades Autónomas. Incluso el mismo Torra, después de que en un principio la Generalitat hubiera rechazado con petulancia y desdén la colaboración del ejército, se ha tragado su orgullo y le ha tenido que pedir ayuda para desinfectar todas las residencias de mayores en Cataluña. ¿Qué dice ahora ese portento de alcaldesa que hay en Barcelona, cuando hará unos dos años, al acercarse unos militares a saludarla cortésmente, les espetó con su mala educación que no eran bien venidos?

El hecho de que en esta crisis destaque el buen papel que está haciendo el ejército nos remite a otra crisis, la del golpe de Estado perpetrado en Cataluña, y a otra institución, la de la justicia, que hoy por hoy tampoco está transferida a las Autonomías. En esa crisis también se mostraron las profundas carencias y goteras de nuestro Estado, creándose las situaciones más esperpénticas. Continúan gobernando en Cataluña los mismos partidos que emplearon el enorme poder que les concedía el control de la Generalitat para dar un golpe de Estado del que no se retractan. Todo lo contrario, afirman rotundamente que volverán a intentarlo. Y si no lo hacen, es precisamente por miedo a la justicia.

No es el diálogo de Sánchez el que tiene paralizados sus propósitos, sino el Tribunal Supremo. Incluso en plena pandemia cuando desde la Generalitat una vez más se pretende dar un trato privilegiado a los golpistas permitiéndoles pasar el confinamiento en sus casas, la simple advertencia del alto tribunal ha frenado en seco sus intenciones. Podríamos preguntarnos qué hubiera pasado con el golpe de Estado en Cataluña si la competencia de justicia, al igual que la de prisiones, estuviese transferida, según llevan reclaman los independentistas.

Desde las instancias sanchistas, para disculpar la nefasta gestión que está haciendo el Gobierno, sitúan el origen de los problemas en los supuestos recortes de Rajoy. No seré yo el que niegue la insuficiencia del gasto en sanidad. Solo hay que constatar las largas listas de espera, en mayor o menor medida, en todos los hospitales y Autonomías, pero esta limitación presupuestaria no es privativa de la sanidad, sino que afecta a la mayoría de los capítulos del gasto. No podría ser de otra manera cuando en España, la presión fiscal es seis puntos inferior a la media europea e inferior en cinco puntos el porcentaje del gasto público sobre el PIB.

El reducido tamaño del sector público, dividido además en diecisiete Comunidades Autónomas, es una señal más de la precariedad de nuestro Estado. Pero estas carencias se remontan bastante más allá del Gobierno de Rajoy. Hunden sus raíces al menos en la firma del Tratado de Maastricht, en los criterios de convergencia y en la política de austeridad implantada en toda la Unión Europea. Ciertamente la crisis del 2008 y la pertenencia a la Unión Monetaria obligaron a precarizar aun más el sector público. Pero la culpa no fue en exclusiva de Rajoy, ni siquiera le corresponde la mayor parte. En 2011 la diferencia de presión fiscal con la media europea era de ocho puntos. Mayor responsabilidad tuvieron Aznar y Zapatero, en cuyos gobiernos hay que situar el origen. En economía, los efectos se dilatan mucho respecto a las causas.

Pero acudamos una vez más a Montesquieu y, prescindiendo de los respectivos gobiernos, hemos de considerar que el origen último de esta depauperación de nuestro Estado se encuentra en el hecho de haber renunciado a múltiples competencias (principalmente el control de nuestra moneda) para entregarlas a instituciones con profundos déficits democráticos y carentes de toda visión social y de cohesión al menos entre regiones. Algo de esto he tratado en el artículo de la semana anterior y más profusamente en mi libro “Contra el euro”, en Editorial Península. En cualquier caso, esta problemática supera con mucho el alcance de este artículo. Si me he referido a ella es porque sus consecuencias se están haciendo presentes también en la crisis actual y se harán aún más visibles en la recesión económica que se avecina.

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Abascal: «Sánchez debe dar paso a un Gobierno de emergencia nacional, entre 3 partidos sumamos 260 diputados»
Sigue en directo la última hora del coronavirus y del estado de alarma en España
Carlos Cuesta okdiario  11 Abril 2020

Santiago Abascal pide que Pedro Sánchez dimita y dé paso a un «Gobierno de emergencia nacional». Lo solicita en su entrevista con OKDIARIO. Y lo hace tras afirmar que el Ejecutivo «ha ocultado todo lo que han dicho y se ha inventado un montón de mentiras, a la vez que acusa a la oposición de propagar bulos». Porque para el líder de Vox, «el principal bulo, por desgracia, de esta crisis, va a ser el número de muertos».

PREGUNTA.- La última sesión en el pleno del Congreso ha sido dura. La labor crítica ha existido y la labor argumental por parte del Gobierno se ha basado en afirmaciones que no encajan con el relato de los hechos. Pedro Sánchez asegura que España se puso a prepararse y a dotarse de material al mismo tiempo que todos los demás, cosa que no encaja con el desastre que está siendo el aprovisionamiento de productos de prevención y fármacos. Él asegura que el problema es de las sanidades autonómicas –lanzó un ataque directo a la Comunidad de Madrid– cuando tiene la compra centralizada y tiene el estado de alarma que centraliza los poderes. ¿Está atrapado en esta situación Pedro Sánchez? ¿Puede llegar a caer fruto de esta crisis?
RESPUESTA.- El Gobierno está atrapado en la mentira y en las contradicciones. Por eso debemos denunciar en la tribuna del Congreso afirmaciones que son completamente falsas pero que repiten una y otra vez para convertirlas en realidad. Y, en ese sentido, el Gobierno se encuentra atrapado con poca capacidad de movimiento, sin credibilidad ante los españoles en un momento gravísimo. Todos los responsables de la crisis: el ministro de Sanidad, Fernando Simón, la vicepresidenta del Gobierno, el presidente del Gobierno por extensión… Todos los que por su imprevisión y su negligencia nos han llevado a estas circunstancias siguen al frente de la crisis, con lo cual los españoles ya no tienen por qué dar ningún crédito al Gobierno. Creo que es muy preocupante. Por eso nosotros pedimos que dimita y dé paso a un Gobierno de emergencia nacional.

P.- ¿Cómo se compondría ese Gobierno de emergencia nacional?
R.- Pues no hemos querido hablar de cómo se debe componer y quiénes deben ser las personas porque entendemos que de alguna manera dificultaría o lastraría una idea que creemos que es la adecuada, que creemos que es la buena en estos momentos. No creo que sea adecuado que a mí me corresponda ahora decir un nombre, hacer una propuesta concreta, porque se debatiría sobre las personas y no sobre la idea de que este Gobierno debe ser sustituido por personas que no tengan ambiciones políticas en estos momentos, que no estén pensando en las siguientes elecciones, sino en salir de esta crisis de la mejor manera posible.

P.- Pero entiendo que, desde luego, ese Gobierno de emergencia nacional no podría contar con los actuales aliados del Partido Socialista. O sea, Bildu, ERC, etc. Imagino que esos tendrían que quedarse fuera.
R.- Bueno, ten en cuenta que nosotros pensamos que deben estar fuera del Parlamento, que algunos partidos deberían ser ilegalizados. Esas formaciones separatistas que ahora vemos cómo se permiten atacar al Ejército todos los días en la tribuna del Parlamento. Como Bildu, que se dedica este mismo viernes a perseguir a un coche de la Policía Local que tenía puesta una bandera de España y que dice que lo van a identificar. Ahora ya no pegan tiros en la nuca, pero cuando te dicen que te van a identificar los que pegaban tiros en la nuca es como para que uno esté preocupado. Esos no pueden ser los aliados de ningún Gobierno de España.

Tampoco pueden ser el aliado del Gobierno de España los comunistas que han aprovechado la pandemia para colarse en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para orquestar una campaña rompiendo la unidad de los españoles en los balcones contra su Majestad el Rey. Por lo tanto, creemos que hay que buscar mayorías alternativas entre los tres grandes partidos de España. En estos momentos hay mucho más de 200 diputados entre esas tres formaciones. Habría una mayoría amplísima, el 75% de la Cámara, para poder buscar una alternativa para salir de la crisis. Pero desde luego, Sánchez tiene que estar al margen de esa alternativa.

P.- ¿Habría sido distinta la situación frente al coronavirus si el Partido Socialista o el Gobierno hubiesen empezado a hacer compras preventivas, hubiesen dado la razón, por ejemplo, a ese responsable de la salud de los policías que emitió un informe el 24 de enero advirtiendo de todo lo que estaba ocurriendo?
R.- No tengo ninguna duda de que habría sido distinto y habría sido también distinto el comportamiento de la oposición con el Gobierno. Pero hay que tener en cuenta que el ministro de Sanidad el día 13 de febrero dijo que no había ningún problema con el abastecimiento de material de protección. Este jueves se lo recordé en la tribuna del Parlamento. Han ocultado todo lo que han dicho y se han inventado un montón de mentiras, a la vez que acusan a la oposición de propagar bulos. Y creemos que el principal bulo, por desgracia, de esta crisis, va a ser el número de muertos.

P.- Macarena Olona ha hablado también de la destrucción de las bases del sistema democrático con motivo del estado de alarma. En concreto, limitando muchísimo la capacidad de Parlamento para controlar al Gobierno. ¿Están aprovechando el Partido Socialista, Podemos y sus socios para implantar un sistema totalitario, para aniquilar los sistemas de control al Gobierno?
R.- Son muchos los juristas que creen que las decisiones del Gobierno en el estado de alarma son mucho más cercanas a las que permitiría un estado de excepción. Y sobre todo eso, también va a tener que pronunciarse el Tribunal Constitucional, no tengo ninguna duda.

P. – ¿Ese planteamiento ha tenido que ver en la postura de Vox?
R.- Claro. La postura de Vox tiene que ver con la preocupación por la falta de control parlamentario, que era una clara intención del Gobierno, por el hecho de que estuviese aprovechando la crisis para hacer avanzar su agenda ideológica, para que Pablo Iglesias tuviera ese control del CNI. La verdad es que nosotros no podíamos seguir apoyando a este Gobierno. No podíamos dar más poder a un Gobierno que ha demostrado que con el poder que tiene es el primer responsable, el primer culpable de la situación a la que hemos llegado. Por eso decía que cuanto más poder tenga el incompetente, más dañino resultará.

P.- ¿Cuándo crees que salimos de esta? Es la pregunta que la gente, en sus casas, se repite sistemáticamente. ¿Cuántas veces nos van a seguir ampliando excepcionalidades?
R.- Pues cometería una imprudencia si me me atrevo a hacer un pronóstico de esa naturaleza. Realmente, no lo sé. Lo que sí puedo decir es que yo tengo una confianza extraordinaria en la sociedad española, en el pueblo español. No tanto en la reacción que en muchas ocasiones han tenido las instituciones, especialmente los gobiernos. Pero creo que los españoles saldremos adelante a pesar del Gobierno.

Los malos aires que afloran en Cataluña
Manel Manchón cronicaglobal 11 Abril 2020

Han sido muchos años. El relato se había instalado de tal manera en las conversaciones cotidianas, en las bromas periódicas, en los comentarios de los medios de comunicación, en las charlas familiares, que ahora no se podían dejar de lado: lo que viene de España es sospechoso. La seriedad, el análisis sosegado y frío, la asunción de la realidad han quedado, de nuevo, desbordados por el prejuicio, la inquina y la falsedad. La crisis por la pandemia del coronavirus ha destapado en Cataluña un mundo paralelo que, esta vez, sí puede quedar superado por la urgente necesidad de lo que Ortega y Gasset recomendó a los argentinos: “¡Argentinos! ¡A las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental, secuestradas por los complejos de lo personal”.

Hay en esas palabras algunas lecciones que son aplicables al conjunto de los catalanes pero, principalmente, a los nacionalistas. En un momento tan complicado en toda España, se ha rechazado el apoyo del Ejército, simplemente porque se ha insistido durante todos estos años en reflejar una imagen que ya no es cierta, que ya no existe. ¿Es la UME, la Unidad de Emergencias del Ejército, un pelotón de militares invasores españoles? Sólo ese ejemplo, ese rechazo que se ha producido por intentar levantar hospitales de campaña en Sabadell o en Sant Andreu de la Barca, con el conocimiento y la complicidad de las autoridades locales, ilustra hasta qué punto los malos aires se habían instalado en Cataluña.

Con una reivindicación permanente sobre la necesidad de dotar de competencias reales al Govern de la Generalitat, con la queja de que se vulneraban por parte del Gobierno central, se ha dejado de gobernar Cataluña. Sencillamente no hay gobierno. Ha sido un proceso progresivo, un desgaste continuo, que ha tenido su cénit con los Ejecutivos de Mas, Puigdemont y Torra. Se vive del relato, del prejuicio frente a una España que dejó de existir hace décadas --es un Estado democrático tan válido, con virtudes o carencias, como lo pueda ser en estos momentos Francia, Reino Unido o Italia, por poner tres países con distintas dificultades--, de la inercia de una administración que en su día tuvo vigor, pero que ahora es incapaz de gestionar las residencias de ancianos.

La responsabilidad es de los dirigentes políticos, claro, de esa lucha infame entre los que bebieron de las fuentes del nacionalismo conservador de Convergència i Unió y los que desde las comarcas catalanas se sintieron perjudicados y abrazan una fuerza tan heterodoxa como Esquerra Republicana. Pero es también y, principalmente, de los gurús nacionalistas, de profesores y periodistas, de escritores, artistas y actores, que han vivido de forma confortable gracias a un sistema de prebendas. Muchos de ellos han ido reforzando un relato que se basa en una premisa a prueba de fuego: lo que viene de España es premoderno, los españoles no saben hacer las cosas --las que decía Ortega--, son brutos, no son europeos. Y ante todo eso habría que aislarse --el famoso confinamiento total que defiende Quim Torra es una buena imagen--, independizarse, buscar el apoyo de potencias europeas, como Alemania o... Israel, el pueblo elegido.

Han sido muchas las pruebas que en estas semanas han surgido para corroborar esta interpretación. Desde el rechazo total a los planes que pueda elaborar el Gobierno de Pedro Sánchez, que tiene como estandarte al catalán Salvador Illa, ministro de Sanidad, hasta ponerse al lado de Holanda, porque cómo se va ayudar a España, un país que despilfarra y que puso en marcha el primer AVE ¡de Madrid a Sevilla!

Los rufianes proscriptos
Eduardo Goligorsky Libertad Digital

Urge concertar un Pacto de Salvación Nacional que reúna a todos los partidos políticos y agentes sociales comprometidos con la defensa y el fortalecimiento del régimen constitucional encarnado en la Monarquía parlamentaria, garante, a su vez, de la soberanía y la integridad de España y del bienestar de sus ciudadanos, libres e iguales. Un frente del que están proscriptos los rufianes, con mayúscula y minúscula, cuya ideología atrabiliaria los sitúa en las antípodas de dicho régimen constitucional y los mueve a denigrarlo y sepultarlo.

Precisamente la fraudulenta invocación de los Pactos de la Moncloa como talismán unificador debe recordarnos que estos no incluyeron ni a la franquista Fuerza Nueva, ni a la anarquista CNT-FAI ni a las facciones de ultraizquierda cuya continuadora recauchutada es Unidas Podemos. Un totum revolutum totalitario aglutinado por la hostilidad a la transición hacia la democracia.

Vieja estrategia bolchevique
Lo que está tramando el doctor Sánchez en connivencia con los leninistas de UP no es una actualización de los pactos de 1977 sino un contubernio con los enemigos de España que lo auparon a la presidencia del Gobierno. La búsqueda del aval condescendiente del Partido Popular y Ciudadanos forma parte de la vieja estrategia bolchevique para conquistar gradualmente la hegemonía total mediante alianzas tácticas con la burguesía biempensante. Lenin soportó el interregno del liberal Aleksándr Kerenski hasta que consiguió implantar la dictadura necrófila del Politburó, y los comunistas checos se coaligaron con los demócratas Edvard Benes y Jan Masarik para luego ayudarlos a morir ipso facto –uno por causas aparentemente naturales y el otro por un suicidio burdamente fraguado– apenas los sustituyeron en la jefatura del Gobierno en 1948.

Que la puesta en marcha del Pacto de Salvación Nacional es indispensable no hay quien lo niegue. El problema consiste en que quienes hoy disfrutan del poder para hacerlo funcionar están conjurados para sabotearlo. Pedro Sánchez, el capo de la operación, es un megalómano sin escrúpulos, que no oculta su desprecio por el partido que lo aceptó –a regañadientes– como líder, y por los millones de ingenuos –cada vez menos– que lo votaron, y se ha conchabado con la hez de la política anticonstitucional y antiespañola.

Pablo Iglesias, el compinche sobrevenido de este mamarracho, se ha jactado en la cátedra, en la tribuna, en los medios de comunicación y en las redes sociales de su voluntad de importar a España los modelos de las satrapías latinoamericanas y antioccidentales, incluso con el patrocinio de la dictadura chavista, el quilombo peronista y la teocracia iraní. Ahora, desde la vicepresidencia segunda del Gobierno, ha conseguido infiltrarse en nuestros servicios de inteligencia, con el consiguiente peligro para los secretos de las fuerzas de seguridad españolas y de la OTAN. Y ha embarcado a su partido en la campaña contra la Monarquía parlamentaria, con no menor riesgo para el orden constitucional. Todas estas felonías figurarán como proezas del espionaje y el quintacolumnismo en los manuales de la subversión anticapitalista

Focos de corrupción
La diferencia con los Pactos de la Moncloa no acaba aquí. Los otros socios de la cofradía tóxica ni siquiera son españoles, sino renegados de su nacionalidad de origen que pretenden amputar cuatro provincias del Reino de España para fundar una repúblika étnicamente pura. Este territorio lo gobiernan circunstancialmente dos grupos enfrentados entre sí por su vocación depredadora, pero igualmente ajenos a los intereses de España y al bienestar físico, social y económico de sus ciudadanos. Son los rufianes que están proscriptos en cualquier pacto entre gente civilizada.

Si faltaban pruebas de que estos renegados viven de espaldas a la sociedad y atentos exclusivamente a sus propios intereses y a sus manías supremacistas, las encontramos en plena crisis del Covid-19. Mientras los caciques del procés encabezados por el monigote Artur Mas se dedicaban a recortar la parte del presupuesto destinada a la sanidad pública, los insaciables parásitos de las embajadas apócrifas de la Generalitat –el tenebroso Diplocat– chupaban de ese mismo presupuesto, según las cifras desveladas por el Tribunal de Cuentas, un botín de 417 millones de euros entre el 2011 y el 2017.

Los detalles que aportó El Confidencial (23/7/2019) son espeluznantes. A los gastos astronómicos en sueldos, alquileres y sobornos a políticos, periodistas y mediadores extranjeros, hay que sumarles los fondos despilfarrados en banquetes pantagruélicos como el que agasajó a los 24 miembros del Consejo Consultivo del Diplocat, entre los que se contaban desde la monja sor Lucía Caram hasta la cocinera Carme Ruscalleda, pasando por el dúctil filósofo Josep Ramoneda. Estos focos de corrupción disfrazados de diplomacia siguen difamando impunemente a España, subvencionados con el dinero que los sediciosos sustraen de nuestros bolsillos.

Discurso siempre esclarecedor
La verdad es que las primeras víctimas de la guerra que el energúmeno Torra y sus huestes libran contra España son los sufridos habitantes de Cataluña. Los neandertales prohíben que el Ejército desinfecte el hospital de Bellvitge y las residencias de ancianos donde han muerto más de 1.000 internados, e impiden que la Guardia Civil monte un hospital de campaña en Sant Andreu de La Barca. Visto lo cual, la presidenta de la diputación de Barcelona y alcaldesa de L’Hospitalet, Núria Marín, clama: "Lo de la Generalitat no hay por dónde cogerlo, porque encima los dos partidos que gobiernan la Generalitat están peleados y no se hablan entre ellos". Denuncia que honraría a la socialista Marín si no cogobernara con uno de esos dos partidos: JxCat, el que más obstáculos pone a la ayuda de las Fuerzas Armadas.

Lo dicho: estos rufianes están proscriptos. El Pacto de Salvación Nacional lo deben concertar los partidos políticos y los agentes sociales fieles a la Constitución y al Estado de Derecho, atentos al discurso siempre esclarecedor del Monarca ilustrado.

Del 'Cara al Sol' a la España plurinacional

El comunista Pablo Iglesias, en deuda con un letrista del himno de la Falange.
Cristina Losada Libertad Digital 11 Abril 2020

La Guerra Fría tuvo muchos frentes. Uno de ellos fue el cultural. Los Estados Unidos articularon una réplica cultural e ideológica a la Unión Soviética que tuvo presencia en España, ejerció influencia sobre una parte de la oposición antifranquista y llegó a dejar su impronta en la Constitución de 1978. Esta sería, muy condensada, la historia que relata Iván Vélez en su recién publicado libro Nuestro hombre en la CIA. Guerra Fría, Antifranquismo y federalismo (Encuentro, 2020). Una historia que empieza en 1950 en el Palacio Titania de Berlín, donde se hizo público el Manifiesto a los hombres libres, que fue la presentación al mundo del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC). El manifiesto lo leería en público el destacado excomunista Arthur Koestler.

A aquel acto inaugural asistieron dos españoles: una aristócrata relacionada con el PNV –y también con un jefe de la CIA– y un clérigo católico igualmente en la órbita del nacionalismo vasco. Pero la presencia española, y el interés por España en la iniciativa, se apreciaba asimismo al más alto nivel: Salvador de Madariaga iba a ser unos de los presidentes de honor del CLC. Pronto se verá, en el libro de Iván Vélez, cómo hay fundaciones norteamericanas, como la Ford, que facilitan la empresa político-cultural en cuestión, y sus contactos con instituciones financieras españolas, como el Banco Urquijo, plataforma del liberalismo económico que se fue abriendo paso en la dictadura, en especial a partir del Plan de Estabilización de 1959. Los hechos que narra el autor tuvieron lugar, precisamente, una vez cerrado el período que suele denominarse ‘autárquico’, cuando, aprobado aquel Plan, España atrajo inversión extranjera y entró en el FMI y otros organismos económicos internacionales y europeos.

Es una apasionante historia la que se va perfilando a través de la abundante documentación sobre las actividades impulsadas desde Estados Unidos para agrupar e impulsar a figuras que configuraran algo parecido a una oposición liberal al franquismo, y en todo caso no comunista o anticomunista, así como para ayudarlas mediante becas, publicaciones, coloquios y viajes. De hecho, el CLC, a través de un Comité español, que tutelaba desde Francia el poeta Pierre Emmanuel, tuvo en su órbita prácticamente a todas las figuras prominentes de la cultura y las letras de nuestro país en aquellas décadas de los 60 y los 70, aunque también de la economía y las incipientes ciencias sociales. La mayoría de ellas continuaría cooperando, bajo otras fórmulas, incluso después de que a mediados de los sesenta se descubriera el nexo entre el CLC y la CIA. Conexión en la que tuvieron papel destacado algunos dirigentes trotskistas, como Julián Gorkin, decididos a hacer frente a la influencia del comunismo de obediencia soviética en nuestro país.

Entre todas las facetas interesantes de esta historia destaca la relacionada con el impulso de una visión federal de España. La concepción de una España con "comunidades diferenciadas" y la promoción de las identidades y lenguas regionales es uno de los rasgos que aparece tempranamente en las actividades promovidas por el CLC. Uno de los momentos clave es el Coloquio Cataluña-Castilla que se celebró en la mansión del financiero catalán Felix Millet Maristany en la localidad de Ametlla del Vallès en 1964. Allí, por la parte castellana, asistieron, entre otros, Aranguren, Caro Baroja, Maravall, Martí Zaro y Dionisio Ridruejo, habiendo excusado su asistencia Laín Entralgo, Marías, Chueca Goitia o Ruiz Giménez, todos ellos habituales en actos promovidos por el CLC. Entre los catalanes, destaquemos a Benet, Castellet y Carbonell, los más jóvenes y exaltados, dice el autor, aunque todos los asistentes, incluidos los de la parte castellana, asumían la mayoría de los postulados catalanistas.

La posición que allí manifestó Dionisio Ridruejo, figura importante en aquella constelación, da idea de hasta qué punto las bases del credo catalanista y del nacionalismo disgregador en general tenían predicamento en la élite intelectual española de la época. Después de haber sido destacado dirigente de Falange, jefe de la Delegación Nacional de Propaganda y combatiente de la División Azul, Ridruejo se desvinculó de su filiación política y pasó a la oposición al régimen franquista. En aquel coloquio en la mansión de Millet, el antiguo falangista, autor de dos versos de la letra del Cara al Sol, que luego fundaría un partido socialdemócrata, explicó su evolución ideológica, recordó cómo había conocido el hecho diferencial catalán, se mostró preocupado por la presencia en la Universidad de Barcelona de profesores "de habla no catalana" y estableció sin ambages "la pluralidad nacional del Estado español".

La reunión de L’Ametlla, dice Iván Vélez, "sirvió para consolidar un proyecto cuya meta era la constitución de una España federal, es decir, una suerte de fractal a escala nacional del modelo que los Estados Unidos pretendían para Europa. (...) la lectura que se hizo por parte del colectivo anticomunista y a la vez divergente con el franquismo tenía como elementos de la federación a unas regiones en las cuales había arraigado un nacionalismo de fuerte impregnación católica, rasgo que nos lleva a oponer al manido término nacionalcatolicismo, con el que suele definirse al franquismo, el concepto de federalcatolicismo, nutrido por tales grupos". La utilidad estratégica de ese federalismo era, desde la óptica de la Guerra Fría, debilitar la futura fuerza en España de un Partido Comunista que, en aquel entonces, era el principal agente activo de oposición a la dictadura.

La influencia de aquella estrategia llegaría hasta la misma redacción de la Constitución. Su Préambulo, que plantea "proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones", fue redactado por Tierno Galván, otra de las figuras que estuvieron, aun con diferencias, en el ámbito del CLC. El texto, señala Iván Vélez, tiene similitud con un documento de 1977 de la Conferencia Episcopal en el que pedía que la Constitución recogiera "la salvaguarda legal de las identidades propias de los pueblos de España que por su cultura, historia y conciencia colectiva son en su diverso grado diferenciadas entre sí".

No se podrá atribuir el impulso a la federalización de España y, en definitiva, la opción por el Estado de las Autonomías únicamente a ese influjo del CLC y a los objetivos estratégicos de Estados Unidos. El autor tampoco lo pretende. Pero cuando hoy dirigentes políticos como Pablo Iglesias o el propio presidente del Gobierno lanzan, como novedosa, la idea de una España plurinacional, es interesante saber que ese extraño concepto ya estaba ahí hace varias décadas, bajo la dictadura, en coloquios y encuentros que se mantenían bajo los auspicios del CLC, por tanto, de la CIA, y que respondían a una estrategia norteamericana para evitar que aquí se hiciera fuerte un partido comunista. Quizá Iglesias se sorprenda, si es que llega a conocer esta investigación, que su España plurinacional lo sitúa junto a Dionisio Ridruejo. Mejor dicho, el falangista reconvertido se anticipó. Iglesias, con su plurinacionalidad, está en compañía de Ridruejo y, sobre todo, en deuda con el letrista del Cara al Sol.


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