AGLI Recortes de Prensa   Domingo 12  Abril  2020

“El intervencionismo comunista”
Francisco Marhuenda larazon 12 Abril 2020

Uno de los fenómenos más interesantes en la Historia de las Ideas es el blanqueamiento del comunismo, que es una de las mayores monstruosidades de la Historia de la Humanidad. En el fundamento de ello se encuentra su capacidad a la hora de fascinar a intelectuales y periodistas, la gran mayoría de ambos grupos son de izquierdas, que no son capaces de aceptar o entender que su fracaso es una realidad constatable y que la mayor parte de ellos serían depurados por tener ideas burguesas. En cierta ocasión, un profesor de Economía me hizo leer un libro pintoresco, que todavía guardo, que tiene por título «El imperio socialista de los incas». Es un despropósito voluntarista y se inscribe en esa corriente destinada a buscar fundamentos del marxismo, el comunismo y el socialismo en la Historia de la Humanidad. No es el único libro que reivindica una economía comunista en la sociedad incaica, así como unas raíces propias del marxismo en América del Sur. Cualquier historiador riguroso sabe que es una solemne tontería sin base científica y que la Historia hay que analizarla con la mentalidad de la época sin intentar trasladar chapuceramente unas ideas preconcebidas para lograr el resultado buscado.

Hay muchos ejemplos de esa «arqueología» simplona propia de algunos historiadores que son en realidad politólogos marxistas, desgraciadamente no de Groucho Marx, que con ánimo provocador siempre me gusta decir que es más divertido e interesante. En este sentido están también los que quieren encontrar en la economía del pueblo prerromano de los vacceos un precedente primitivo del comunismo y la socialización agraria. Cada año aprovecho las clases del primer cuatrimestre para desmontar semejante despropósito. Al igual que los incas tenían estratos sociales claramente diferenciados, así como una casta o grupo dominante. El problema es que los comunistas siempre vuelven y las crisis para intentar poner en marcha su agenda intervencionista que nos ha de salvar de los males del capitalismo y el liberalismo. Ahora emergen con algunas ideas inquietantes como son poner la economía al servicio de la sociedad, las nacionalizaciones, la renta básica y el control de la información y la opinión. Es otra verdad constatable que el concepto de poner la economía al servicio de la sociedad expresa el concepto intervencionista de inexpertos economistas comunistas que no han aprendido de los errores del pasado. Es una interpretación pintoresca y sesgada del artículo 128 de la Constitución sobre la función pública de la riqueza y su subordinación al interés general. En esa línea se inscribe el deseo de nacionalizar sectores claves, elevar los impuestos de las denominadas clases medias y altas y establecer el ansiado mecanismo de la renta básica. No hay nada más útil para el comunismo que tener una sociedad subsidiada, controlar los mecanismos de producción y amordazar a la opinión pública. Afortunadamente estamos en la UE y no podrán llevarlo a término, aunque no tengo ninguna duda de que lo intentarán. Hay que aclarar que este tipo de rentas, que son desincentivadoras para el crecimiento económico y pueden favorecer a los sectores menos preparados, no es algo que haya inventado el comunismo.

La construcción de las pirámides y otros monumentos fascinantes respondían al interés de los faraones por conseguir dos objetivos. El primero era expresar la grandeza del imperio egipcio y garantizar como su camino al más allá, pero el otro y no por ello menos importante era que la población tuviera ingresos durante los meses que no se dedicaba a los cultivos de las ricas tierras regadas por el Nilo. La moderna historiografía ha demostrado que las pirámides se construyeron fundamentalmente por campesinos libres que completaban sus ingresos trabajando en las obras públicas. No hay nada como tener los estómagos agradecidos para impedir las revueltas sociales. Es algo que aplicó también Trajano, al igual que otros emperadores, dando dinero a los revoltosos habitantes de la ciudad de Roma. Todo el mundo conoce la frase «Pan y Circo», que los comunistas traducirían como «renta básica y fútbol». La sociedad romana estaba muy subsidiada desde los años de la República y disfrutaba, además, de las fiestas en honor de los dioses que permitían que el calendario tuviera un número enorme de ellas. Al final del Imperio, la decadencia se expresó, entre otros mecanismos, con la adscripción forzosa y hereditaria de las gentes a sus oficios y profesiones. Cualquier mecanismo que impida la libertad económica y el desarrollo profesional, como gusta a los comunistas, conduce a la decadencia. Por ello, el intervencionismo y las rentas básicas permanentes serían un desastre.

¿Por qué España?
Álvaro Vargas Llosa ABC 12 Abril 2020

Algún día los historiadores (o los climatólogos, o los zoólogos o los frenólogos) estudiarán por qué, entre La Raya y los Pirineos, el siglo XXI produjo la izquierda más estrafalaria de Europa. Y corresponderá a otras ramas del saber o del pseudosaber desentrañar por qué España tuvo la temeridad de hacer coincidir dos hecatombes mundiales, la financiera y económica hace más de una década y la sanitaria hoy, con responsables políticos que parecen salidos de «Mr. Bean» y de «Yes, Minister», las inolvidables comedias inglesas que protagonizaron Rowan Atkinson y Paul Eddington cuando hacer el ridículo era una forma de hacer televisión, no de gobernar.

¿Por qué diablos no le tocó a España, en esta crisis, una izquierda como la del portugués António Conte, la danesa Mette Frederiksen, la finlandesa Sanna Mirella Marin o el sueco Stefan Löfven, ninguno de los cuales se ha excedido demasiado en las medidas restrictivas y a ninguno de los cuales se le ha ocurrido destruir el tejido empresarial y aprovechar el drama para majaderías ideológicas de barbudo setentero? ¿Por qué no pudieron tocarle a España socios de coalición como los Verdes austriacos, que hoy cogobiernan con los conservadores de Sebastian Kurz, o los socialdemócratas lituanos, que lo hacen con los agrarios, o los Verdes suecos, o los socialistas belgas, todos los cuales sostienen gobiernos que no han convertido sus países en un experimento de regimentación social como el que pretenden las autoridades españolas? Unas autoridades que amenazan con medidas aún más autoritarias e intervencionistas a pesar de ya practicar las más restrictivas de Europa, incluyendo las italianas. Uno sospecha, viendo actuar a estos émulos de «Mr. Bean» y de «Yes, Minister», que no sólo han decretado una cuarentena extrema porque no han sido capaces de lograr -tampoco de permitir- un sistema eficaz de pruebas, identificación y confinamiento parcial, sino también porque en el interior del Gobierno hay cabezas calientes que quisieran explotar la crisis para arrastrar a España al peronismo (otro esperpento digno de sátira inglesa).

Los socialistas, socialdemócratas y verdes de varios países europeos entienden las consecuencias trágicas de mantener encerrada a la gente indefinidamente y de destruir el orden económico y social más o menos liberal. Por eso se oponen, por ejemplo, a los «coronabonos» (excepto el portugués, que acierta en mucho, pero no en esto), una forma de arruinar a los que han hecho las cosas mejor con el pretexto de resolverles a otros el problema derivado de haberlas hecho tan mal. Y por eso han limitado la política de distanciamiento social de forma razonable, y ahora se aprestan a relajar gradualmente las medidas para permitir que las familias y las empresas, sin imprudencias, retomen la normalidad.

¿Por qué le tocó a España esta izquierda estrambótica, descolgada de otra era, caída entre La Raya y los Pirineos como una peste medieval?

Sánchez o el virus de la división y el odio
Jesús Cacho. vozpopuli  12 Abril 2020

Se dice que las grandes catástrofes suelen actuar como un potente catalizador capaz de unir voluntades y esfuerzos en pro de la aminoración de daños y la ayuda a los afectados. Ocurre también en las guerras. La energía, la inteligencia y la férrea voluntad de vencer de Winston Churchill lograron unir a los británicos en la gran empresa común de salvar sus libertades amenazas por el nazismo. No todo el mundo pensaba igual que Churchill, y de hecho algunos ilustres de la política británica seguían pensando en la conveniencia de un acuerdo de paz, una rendición piadosa, cuando la maquinaria de la Wehrmacht ya hollaba suelo belga y francés. Pero Sir Winston supo embarcarlos en una gran alianza patriótica con algo de lo que carece el alfeñique que aquí tenemos por presidente: generosidad. “Vengan, pues, avancemos juntos aunando nuestras fuerzas”, proclamó el 13 de mayo de 1940 en los Comunes, pidiendo la ayuda de todos los grupos políticos. Churchill jamás se atribuyó en solitario el éxito de la victoria, antes al contrario, compartió la gloria con quienes le ayudaron a lograrla. “Estaba seguro de que todos los ministros estaban dispuestos a morir y a perder sus familias y sus bienes antes que rendirse”.

Tragedia es la que está causando la Covid-19 con su secuencia de muerte, una terrible sangría que ha dejado moralmente desnuda a una sociedad capaz de algo tan indecente como abandonar a sus mayores en semejante trance. Pero, a diferencia de lo ocurrido en Gran Bretaña con ocasión de la II Guerra Mundial, este drama no ha logrado unir a la sociedad española en un empeño común, un anhelo colectivo, sino al contrario, la ha dividido más profundamente de lo que nunca estuviera desde la Guerra Civil, haciendo más profundo el abismo que separa a media España de la otra media y volando los frágiles puentes del diálogo que hacen posible la convivencia. Es el gran logro de Pedro Sánchez Pérez-Castejón y su Gobierno, como el jueves quedó claro en el Congreso. En lugar de hacernos mejor como sociedad, el virus del populismo la está volviendo más crispada, más proclive a la trinchera, más rota que nunca. Sánchez o el virus de la división y el odio.

La polarización en dos grandes bloques se ha consolidado. Con una oposición dispuesta a apoyar sin reservas el confinamiento decretado por el estado de alarma y el resto de medidas, está claro que la responsabilidad, siempre compartida, corresponde en mayor medida a un presidente del Gobierno que, falto de toda empatía, se niega a tenderle la mano aún en las peores circunstancias. Sánchez y su indudable talento para crispar. El resultado es que la España de las clases medias urbanas se ha puesto en guardia tras percatarse de la intención de Pedro & Pablo de aprovechar el confinamiento para tratar de imponer la agenda social-comunista de la coalición en pleno fragor de la pandemia, con la gente recluida en sus casas, aterrorizada ante la posibilidad de contagio, asustada ante el miedo a una muerte a traición. Imponer la agenda y dar la puntilla al régimen del 78. Un cambio de régimen construido sobre el arbotante del miedo a morir.

Sánchez da muestras de sentirse muy cómodo con la prolongación del periodo de confinamiento, al punto de que esta semana hemos sabido de su intención de plantear una nueva prórroga hasta el 11 de mayo. Mientras tanto, las panzerdivisionen de Podemos avanzan imparables sobre la tierra quemada de un país inerme, una quilla sin cuadernas, una sociedad civil anestesiada por el martilleo inmisericorde de la propaganda “amiga”. Con el Parlamento en horas bajas, el comandante Iglesias tiene muchas posibilidades de poner en marcha buena parte de su agenda rupturista antes de que volvamos a salir a la calle. El Gobierno quiere introducir ya una “renta puente”, hasta la aprobación definitiva del llamado ingreso mínimo vital, de 500 euros/mes, no se sabe si a sumar o no a las rentas de inserción (425) ya existentes en las comunidades autónomas. Una agenda que no es de Pablo, sino de Pedro, porque las diferencias ideológicas entre ambos se han difuminado o se han atenuado hasta casi desaparecer.

Comprar el silencio
La unidad de acción, esa cohesión espiritual que hubiera sido tan necesaria para, después de enterrar a los muertos, abordar la hecatombe económica que se viene encima con cerca de 5 millones de parados y buena parte del tejido productivo destruido, ha saltado por los aires. De modo que Pedro & Pablo pretenden acallar el rumor de fondo del inmenso cabreo ciudadano, el eco de su incapacidad radical para gestionar un envite como este, con una lluvia de dinero. Con una previsión de caída del PIB para 2020 del -10,5% (escenario suave) y del -15% (escenario duro), el Ejecutivo no pierde la oportunidad de repartir alpiste entre toda clase de lobbies, naturalmente de izquierdas, en un intento de acallar la oposición social comprando su silencio. Ayer mismo Luca Costantini informaba aquí de la intención de entregar otros 100 millones a las comunidades autónomas para luchar contra la violencia de género. Regar con el dinero que no tienes y luego acudir a Bruselas a pedir a tus socios que paguen la cuenta de una orgía populista tan inaceptable que solo cabe la sospecha de que, en efecto, Pedro & Pablo han decidido arruinar definitivamente las cuentas públicas para poner en marcha su cambio de régimen.

Dinero y propaganda, parte esencial de un proyecto totalitario obligado a renunciar a la concordia entre españoles para imponer su diktat. “Desconvocado el #ApagónCultural para dar 'un voto de confianza al Ejecutivo' tras el anuncio de que el ministro Uribes y la titular de Hacienda se reunirán con el sector cultural para estudiar sus demandas” (El País del viernes). Los titiriteros creen llegado el momento de pasar la gorra para cobrarse su apoyo a la causa liberticida. También habrá subvenciones, hablan de otros 100 millones, para los grandes grupos mediáticos tras el regalo de 15 millones al duopolio televisivo. Grupos participados y sostenidos en su mayoría por lo más granado del crony capitalismo patrio, otra de las singularidades españolas: el alegre caminar del gran dinero del brazo de un Gobierno dispuesto a arramblar con la Constitución, o la corrupción moral de una clase dirigente que se ha situado de espaldas a los intereses ciudadanos.

Todo podría explotar por culpa de la bola de nieve de una deuda pública que puede dispararse más allá del 120% del PIB, lo que obligará a un rescate que este Gobierno intentará disfrazar como el premio gordo de la lotería del Euromillón. El rescate y la pobreza llamando a la puerta de millones de hogares, naturalmente de esas clases medias convertidas en chivo expiatorio de un Gobierno decidido a fundir a impuestos a todo aquel que aparente tener algo en propiedad. Ayer mismo el BOE nos sorprendió con la “nueva” de que las comunidades autónomas podrán ocupar viviendas privadas para víctimas de violencia de género, personas sin hogar, desahuciadas o en situación de necesidad. Falta un cuarto de hora para que Pablo & Pedro decreten el final de la propiedad privada en España, de modo que no es que este Gobierno esté descuidando “el exacto cumplimiento de la Constitución”, como dice finamente el emérito del Constitucional Manuel Aragón, sino que está incumpliendo sistemáticamente la Constitución.

Libertad o servidumbre
Muerte y miseria, miseria y muerte, no harán de España un país mejor, más solidario, más libre y más justo. Mejor educado. Una sociedad más abierta. Tiene razón Dani Rodrik, profesor de Economía Política en Harvard, cuando afirma que “La crisis parece haber puesto aún más de relieve las características dominantes de la política de cada país. En efecto, los países se han convertido en versiones exageradas de sí mismos, lo que sugiere que tal vez no sea el punto de inflexión global que muchos auguraban tanto en lo político como en lo económico”. Esta brutal crisis, en efecto, ha venido a poner de relieve nuestras señas de identidad, realzando quizá lo peor de nosotros mismos. Una versión exagerada de nuestros demonios familiares. El virus, por eso, no va a unir y mejorar, sino a romper y emponzoñar. Ninguno, sin embargo, tan potencialmente maligno como el del Gobierno de Pedro & Pablo. Ningún gobernante, desde Fernando VII a esta parte, con tanta capacidad para confrontar y destruir. Con tan alto grado de incompetencia.

Cuesta imaginar, con todo, que lleguen a salirse con la suya, porque su triunfo significaría la ruina económica de la mayoría y la pérdida de la libertad de casi todos. Causarán mucho destrozo, sí, material y moral. Habrá que movilizarse para defender las libertades, nunca garantizadas, y derrotarlos en las urnas. “Después de conocer a los comunistas, ulteriores experiencias con los burócratas me hicieron intuir, aún antes de la llegada del fascismo, que el creciente poder de la maquinaria del Estado constituye el peligro supremo para la libertad personal y que, por tanto, tenemos que mantenernos en combate contra ella”, cuenta Popper en su “Contra las grandes palabras”. La de España es ya una batalla contra la estatización de la economía, la muerte de la iniciativa privada, la manipulación informativa, el control de la Justicia, la censura y ese ejército de ovejas amaestradas que Iván Redondo, recién nombrado jefe de un tal “grupo de desconfinamiento progresivo” encargado del plan de salida de los corderos del estado de alarma, alimenta con dinero público. Es de nuevo la vieja disyuntiva tantas veces presente en la historia de España: libertad o servidumbre.

Recuperación y pactos
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 12 Abril 2020

Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno menos amigo de la verdad de la historia contemporánea de España, ha convocado a todas las fuerzas políticas a una nueva edición de los legendarios Pactos de La Moncloa que en 1977 marcaron el arranque del tránsito pacífico y acordado del régimen autoritario del general Franco a una democracia homologable con las del resto del mundo occidental. Habida cuenta de los antecedentes del personaje, la suposición de que su intención al lanzar esta iniciativa es el bien de la Nación y la preparación de una salida viable a la pavorosa crisis económica y social que nos legará la pandemia, sería de una ingenuidad suicida.

El propósito de cualquier acción de Pedro Sánchez -y esto no es un juicio arbitrario, sino la constatación de una experiencia- es la gloria de Pedro Sánchez y su perpetuación en la poltrona presidencial. Esta es su permanente y absorbente prioridad y no hay nada, incluida la salud de su propia familia como se vio el 8-M, que le pueda desviar de su egolátrica cosmovisión. Por consiguiente, el PP, Vox y Ciudadanos, han de enfocar su estrategia ante la trampa que les tiende Iván Redondo partiendo de esta cruda realidad. No son llamados a colaborar en una noble causa nacional, son atraídos hacia un señuelo que pretende exclusivamente su descrédito y el triunfo del que les invita a sentarse a la mesa.

En este descorazonador contexto, la primera pregunta que han de hacerse los partidos de la oposición es si deben acudir o no a tan diabólica cita. La respuesta es afirmativa, han de participar en la comedia porque si se niegan aparecerán como insolidarios y antipatriotas y Sánchez ya habrá ganado el encuentro sin ni siquiera tocar el balón. Una vez esto claro, la siguiente cuestión es cómo y con qué planteamientos han de tratar con un interlocutor de semejante jaez. Es obvio que reunirse con el doctorado en plagios para escuchar lo que tenga a bien comunicarles y responder a lo que proponga representaría un error garrafal. Las fuerzas constitucionalistas han de llevar perfectamente preparado y previamente publicitado el plan que a su juicio ha de acometer España para emerger lo antes posible y con las más altas posibilidades de éxito del hoyo en el que va a sumirla el coronavirus. Dicho de otra forma, lejos de dejar la iniciativa al falsario profesional hoy en el poder, han de obligarle a sentar posición ante el diseño que ellos presenten y que los ciudadanos han de conocer con antelación.

Los fines que persigue el equipo monclovita y que ha urdido, como todo lo que hace y dice Sánchez, su gurú en comunicación, son el enmascaramiento de su tremenda responsabilidad en la tasa de mortalidad más alta del mundo por la infección de Covid-19, la construcción de una imagen de líder fuerte y resolutivo que afronta las dificultades con eficacia y coraje y el avance en la agenda social-comunista que sus socios de Podemos le imponen. Es evidente que cooperar mansamente a la realización de este siniestro programa transformaría a Casado, Abascal y Arrimadas en tontos útiles de calibre internacional. De ahí que han de ser conscientes de la naturaleza de este juego y actuar en consecuencia.

Si la posición que toman ante Sánchez es en orden disperso, se los merendará uno a uno. Han de articular, por tanto, un número muy pequeño de puntos comunes fácilmente entendibles por la opinión pública y que sitúen el debate en su terreno y no en el del Gobierno. Hay dos medidas concretas que encajan perfectamente en las necesidades del país en esta hora difícil y que mostrarán la verdadera cara de la coalición socialista-bolivariana.

La primera es la elaboración de un presupuesto base cero por parte de la Administración central, las Comunidades Autónomas y los grandes municipios. La justificación es obvia: el Estado debe movilizar ingentes recursos para satisfacer tres prioridades básicas, la salvación del tejido productivo, esencialmente PYMES y autónomos, la protección de los desempleados y de los sometidos a ERTES y el pago de las pensiones. Frente a estas tres necesidades perentorias todo lo demás es secundario y puede y debe ser sacrificado, empezando lógicamente por el gasto ”político” prescindible de carácter clientelar, ideológico o partidista. Cada línea del presupuesto ha de ser examinada con criterios estrictos de creación de valor añadido y aquellas que no redunden en un efecto positivo directo, tangible y objetivo en las actuales circunstancias han de ser eliminadas.

La segunda es la configuración de un Ejecutivo de concentración formado por los partidos comprometidos con la Constitución, la unidad nacional y la economía de mercado. Un desafío de la magnitud del que se avecina y que exigirá terribles sacrificios al conjunto de la sociedad no es posible sin el concurso activo de los grupos parlamentarios centrales con exclusión de los que aspiran a liquidar a España como proyecto histórico reconocible y de los que propugnan un modelo económico incompatible con el marco europeo y que nos condenaría al reparto de la miseria.

Si Sánchez no acepta ninguna de estas dos operaciones, tan sensatas como convenientes en la dramática coyuntura que atravesamos, y persiste en imponer a los españoles un programa de destrucción de la matriz nacional unificadora y de colectivismo liberticida y empobrecedor, quedará en evidencia y los votantes tomarán buena nota de que no está ofreciendo un pacto, sino un embudo hacia el desastre.

El Gobierno admite ante la Justicia que conocía el peligro de la “epidemia” mes y medio antes del 8-M
Carlos Cuesta okdiario 12 Abril 2020

Los equipos jurídicos del Estado han declarado en sede judicial que el Gobierno sabía desde el 24 de enero que España se enfrentaba a una “epidemia” con alto riesgo de contagio. Lo han hecho ante la Audiencia Nacional en la Sala de lo Social. Y allí, los representantes legales del Estado no han tenido reparo en admitir que mes y medio antes del 8-M de la manifestación feminista, efectivamente, el Gobierno había empezado a comprar material por la evidencia de la entrada de la enfermedad en España.

Las declaraciones se han plasmado en un auto judicial del 6 de abril. Allí, los equipos jurídicos del Estado no sólo narran las fechas, sino que aportan todo tipo de detalles sobre las compras de material que se encargaron con destino a la protección de los agentes de la Policía Nacional. El único problema no fue, por lo tanto, que no estuviera avisado el Gobierno. Sino que las compras tuvieron una dimensión ridícula para la magnitud de la epidemia -más tarde pandemia-. Y es que era la época, tal y como han denunciado ya distintos sindicatos policiales, en la que sus mandos les trasladaban la orden política de reducir el uso de ese material de protección para no provocar “alarmismo” en la población. Traducido: para que nadie se diera por enterado de la gravedad de la epidemia.

El texto del auto refleja como los abogados del Gobierno apuntan que “el día 24-1-2.020 por el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Dirección General de la Policía se emitió un comunicado […] de fecha 24-01-2020, alertando sobre los riesgos de contagio en España. Desde ese momento por la por la División ECONÓMICA Y TÉCNICA de la Secretaría General de Logística de dicha Dirección General se iniciaron una serie de actuaciones encaminadas a conseguir los medios de protección necesarios para hacer frente a la epidemia”.

El documento no habla de algún posible caso de contagio, ni de algún caso o foco aislado, como defendería el 31 de enero Fernando Simón: el texto habla de “epidemia”.

Los equipos jurídicos narran la compra de “Dichos EPI, (equipos individuales de protección)”, que “consisten, fundamentalmente, en lo siguiente: – Mascarillas de protección, de todo tipo (quirúrgicas o FFP1, FFP2, FFP3, KN-95) – Guantes de Nitrilo. – Gafas de protección. – Buzos de protección. – Gel hidro-alcohólico desinfectante”. El auto narra como “las primeras medidas fueron atender las demandas que iban llegando procedentes de los órganos centrales y territoriales, Código Seguro de Verificación E04799402-AN:iTYx-RpJi-aczw-DwNY-H […]; para lo que se utilizaron las reservas de dicho material que se encontraban en los almacenes de la División”.

Es más, el documento específica que rápidamente se dieron cuente del agotamiento del material: “Ante la insuficiencia del estocaje existente, se iniciaron ya desde el día 25-01-2020 los primeros contactos con empresas suministradoras de dichos materiales, pidiéndoles presupuestos para adquisiciones masivas de EPIs. El 28-01-2020 se recibieron los primeros presupuestos, y el día 30-01-2020 se tramitaron las primeras compras, conforme a las previsiones de la Ley de Contratos del Sector Público”. Sin embargo, “inmediatamente se empezaron a recibir indicaciones de proveedores y suministradoras en el sentido de que no había material disponible, y el que existía, sólo podía adquirirse a precios que llegaban a doblar el inicialmente presupuestado”, porque ya en esa época el Gobierno sabía que el resto de países se les estaban adelantando en las compras de material.

No faltaron ya entonces chapuzas: “Hubo incluso que llegar a devolver un lote de 94 cajas de mascarillas recepcionadas el 30-01-2020, por encontrarse caducadas. Por esa razón, y porque además la demanda de EPI,s se incrementaba exponencialmente cada día que pasaba, y los mecanismos ordinarios de la Ley de Contratos del Sector Público no permitían atender dicha demanda con la agilidad y eficiencia necesarias, el 27-02-2020 se adoptaron las siguientes medidas: – Se ordenó a las Cajas Pagadoras provinciales de todo el territorio nacional, que con cargo a su anticipo de caja fija, gestionaran las compras de material EPI para atender las demandas de sus respectivas plantillas. – Se inició la tramitación por parte de la Dirección General de la Policía de un expediente para declarar de Emergencia la contratación de la compra de suministros de Equipos de Protección Individual dedicados a combatir el CoVid-19, por un importe inicial de 300.000 €». Y todo ello ocurrió antes del 8-M de la manifestación feminista, pese a lo que el Gobierno la mantuvo, permitió y divulgó.

Coronavirus: La redacción de la orden ministerial de Ábalos es "una chapuza que legitima la ocupación de viviendas"
Miguel Ángel Pérez Libertad Digital 12 Abril 2020

Según fuentes jurídicas consultadas por Libertad Digital, "la técnica normativa es pésima, confusa y crea inseguridad jurídica".

La redacción de la orden del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana de José Luis Ábalos sobre el 'Programa de ayudas para contribuir a minimizar el impacto económico y social del COVID-19 en los alquileres de vivienda habitual' es "una chapuza que legitima la ocupación de viviendas".

Este sábado, el BOE publicaba la orden ministerial que desarrolla en el Plan Estatal de Vivienda la nueva ayuda para el pago del alquiler de vivienda habitual a arrendatarios vulnerables sobrevenidos por el coronavirus. La norma incluye un programa de ayudas directas a las víctimas de violencia doméstica, personas objeto de desahucio, sin hogar y especialmente vulnerables para facilitarles una "solución habitacional inmediata" mediante una ayuda económica.

La orden establece que los Gobiernos autonómicos "pondrán a disposición de la persona beneficiaria una vivienda de titularidad pública, o que haya sido cedida para su uso a una administración pública aunque mantenga la titularidad privada" que tenga las condiciones adecuadas, "para ser ocupada en régimen de alquiler, de cesión de uso, o en cualquier régimen de ocupación temporal admitido en derecho".

"Cuando no se disponga de este tipo de vivienda", añade, "la ayuda podrá aplicarse sobre una vivienda adecuada, de titularidad privada o sobre cualquier alojamiento o dotación residencial susceptible de ser ocupada por las personas beneficiarias, en los mismos regímenes".

Tras su publicación, se levantaban las sospechas. La orden ministerial guarda similitudes con las ocupaciones temporales que aprobó Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona y recordaba al famoso "exprópiese" del fallecido dictador venezolano Hugo Chávez. En el año 2010, Chávez expropió tres edificios en menos de cinco minutos en la manzana que rodea la plaza Bolívar de Caracas. "¿Y a quién pertenece el edificio que está allá?", preguntaba Chávez al alcalde del municipio Libertador. El regidor respondía que estaba en manos privadas y Chávez ordenaba "exprópiese".

Ante la alarma suscitada, la Secretaría General de Vivienda negaba que la orden ministerial se tratase de una expropiación: "No se faculta la expropiación, se permite que la ayuda del plan se pueda destinar a pagar una vivienda dentro de cualquier régimen admitido en derecho. En ningún caso se está amparando ningún tipo de ilegalidad, el texto es perfectamente legal y constitucional".

"Técnica normativa pésima, confusa y crea inseguridad"
Según fuentes jurídicas consultadas por Libertad Digital, "la técnica normativa es pésima, confusa y crea inseguridad jurídica. No se establece cómo debe arbitrarse el alquiler con un particular, no se detallan plazos o consentimientos". "La redacción de la orden ministerial está legitimando, aunque no sea su intención, la expropiación. Esta norma debe ser impugnada ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo para que no ampare ninguna expropiación", añaden.

"La confusa redacción del texto de la orden pudiera dar lugar a interpretar que las CC.AA. pueden poner las viviendas privadas a disposición de los colectivos vulnerables sin que medie la voluntad de sus propietarios o de quienes tengan otro título legítimo sobre ellas", afirman.

En este contexto, el artículo 3.1 del Código Civil establece que "las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas".

Otras fuentes consultadas apuntan que "si el Gobierno quisiera expropiar viviendas para fines de interés social como el que contempla esa norma, podría hacerlo sin ningún problema y sin necesidad de dictar ninguna norma nueva, porque la Ley de Expropiación Forzosa de 1954 lo permite".

El Código Penal y la Constitución frente a la "expropiación"
El artículo 541 del Código Penal establece que "la autoridad o funcionario público que expropie a una persona de sus bienes fuera de los casos permitidos y sin cumplir los requisitos legales, incurrirá en las penas de inhabilitación especial para empleo o cargo público de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses".

Además, según el artículo 33 de la Constitución Española "se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia, la función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes; y nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes".

Ducha fría
Nota del Editor 12 Abril 2020

Algunos españoles están recibiendo duchas frías y siguen dormidos. Esta última ya no es fría, es congeladora. A ver si con tantos millones de españoles con segunda vivienda o alguna otra propiedad inmobiliaria para alquilar votan de una vez a Vox y conseguimos seguir en España y no en Españazuela.

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El Gobierno busca convertir la indignación en simplemente emoción
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  12 Abril 2020

Hace bien poco habríamos creído imposible atentar de forma tan escandalosa contra el régimen constitucional y encontrar una oposición parlamentaria tan blandita como la que está disfrutando el Gobierno social-comunista. Sin la experiencia del 11M habríamos creído imposible que un cúmulo de arbitrariedades tan atroces como las perpetradas por el Poder pudiera contar con tan criminal complicidad mediática. Incluso tras vivir el 13M, no habríamos creído posible que, con más de 15.000 muertos, que son realmente el doble, quince veces más que las víctimas de la masacre de Atocha, la opinión que entonces buscó responsables donde no los había, parezca no buscarlos ahora donde los hay. Por exceso o por defecto, me temo que solos o guiados somos víctimas de un exceso de emotividad.

Ciudad de muertos, no de valientes
No hace falta que sea Semana Santa para ver con extrañeza que toda una nación confinada en sus hogares, no se haya entregado a compartir el Réquiem de Mozart y otras sublimes artes funerales. De hecho, lo que al principio fue un acto de resistencia a la crueldad del destino y a la falta de apoyo de todo el sector sanitaria, con el himno popular Resistiré, ha ido convirtiéndose en una especie de ¡Viva la Gente!, donde ya nadie muere y todos viven, nadie con nombres y apellidos está sin enterrar y los vivos se afanan en reconocerse supervivientes, donde cada noche a las ocho los españoles aplauden a los que los cuidan, con riesgo de sus vidas, donde Madrid, la ciudad con más muertos, se proclama "Ciudad de valientes". El vídeo del Ayuntamiento representa la claudicación ante el sentimentalismo que es, precisamente, lo que quiere este Gobierno para desviar sus culpas.

Miguel Ángel Blanco y los alardes de buenos sentimientos
Como sucedió con las inmensas movilizaciones tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hay políticos capaces de desviar cualquier emoción y, tras convertirla en gran exhibición sentimental colectiva, traicionarla. Y en aquel timo a millones de españoles participaron, al menos pasivamente, muchos que querían sobre todo sentirse bien consigo mismos y conjurar el miedo a los terroristas acompañados por una inmensa mayoría emocionada, antes que exigir explicaciones racionales y el castigo de los responsables.

Mientras, activísimamente, el PNV se apresuró a abrazarse a la ETA para evitar su destrucción y Pujol corrió a respaldar al PNV. Y triunfaron porque la exhibición de manos blancas mostraba la indefensión del que se identifica con el asesinado, más que con la necesidad de hacer justicia a sus asesinos. El lema "No son vascos, son asesinos" absolvía de antemano a todos los vascos, a los nacionalistas en general y a sus socios de izquierdas de su complicidad histórica con los etarras. Ahí está ahora Bildu, junto al PNV, faltaría más, ERC y el separatismo catalán o de cualquier otro rincón sin Constitución, apoyando al Gobierno para demostrar que los alardes emotivos, si son pasajeros, pueden llegar a ser hasta contraproducentes. La emoción en sí no tiene valor cuando falta inteligencia para encauzar de forma racional la acción contra la injusticia que provocó ese sentimiento.

La propiedad asediada, la libertad condenada
Al tomar posesión el "Gobierno bonito" de Sánchez, yo escribí aquí un domingo que eso no era un Gobierno, era un anuncio. Electoral, claro está. Desde que sus planes se hundieron y los náufragos Sánchez e Iglesias formaron un nuevo Gobierno, todo ha empeorado vertiginosamente, hasta la explosión, entre vírica y apocalíptica, que ha demostrado su absoluta incompetencia en la gestión y nuestra pavorosa indefensión ciudadana.

El jueves se volvió a votar un Estado de Alarma que es claramente totalitario, padre de cualquier arbitrariedad, como hijo legítimo de ese monstruo al que algunos llaman sanchismo-leninismo. Todos los días se ataca ferozmente el derecho de propiedad, el último, legalizando la ocupación de cualquier vivienda, a gusto del necesitado. Y todos los días los partidos de oposición censuran esos abusos. Pero, con la salvedad de Vox, siguen respaldándolo en el Parlamento, "aunque no lo merezca", según dice Casado. ¿Y merecen los españoles que cada día se achique su libertad y se asegure su ruina? ¿En qué cabeza cabe que los ataques a la propiedad privada no sean fatalmente los verdugos de nuestra libertad?

Un paisaje funeral
De creer la publicidad de esta maligna panda que nos desgobierna, parece que el virus sea una maldición ante la que nada cabía hacer, salvo mostrar valor. Es como si su inmensa mortandad no fuera responsabilidad de un Gobierno que empezó negando su gravedad, continuó favoreciendo su propagación, desembocó en el caos absoluto en materia de gestión, prosiguió achacando a las comunidades autónomas del PP el desastre fruto de su propia incompetencia, salvo en el caso de Cataluña, cuyo caos se oculta tanto en Barcelona como en Madrid. Y finalmente, está utilizando todas las armas de la propaganda para asegurarse su supervivencia política.

Es desolador ver a nuestra nación debatiéndose, con el extraño amor a la vida que muestra en las peores circunstancias, pero también con esa rara capacidad de convertir en afirmación de sentimientos una fuerza que es fácilmente manipulable, hasta cambiar su sentido y darle la vuelta a lo que, sin una dirección política seria, implacable, volverá a ser la demostración de la omnipotencia de la Izquierda, y la difícil derrota de su proyecto letal, para la Nación y para la Constitución. ¿Qué necesitan todos los partidos de Oposición, digo todos, para no concederle a este Gobierno maldito ni una sola oportunidad de sobrevivir? ¿Siguen creyendo que heredarán su tumba?

Trampa de Sánchez a la oposición
Editorial ABC 12 Abril 2020

Pedro Sánchez ha diseñado una trampa saducea a la oposición con su falsa oferta para convocar unos nuevos Pactos de La Moncloa. Lamentablemente, los españoles ya no deberían esperar nada de Sánchez porque ninguna de sus iniciativas parte de la sinceridad que debería ser exigible a un jefe de Gobierno cuando una catástrofe afecta a la nación. Ninguna idea de Sánchez se sustenta en la lealtad institucional, y nada en él es creíble por su frívola concepción de la política. Aun en las circunstancias más dolorosas vividas por España en todo un siglo, es abiertamente incapaz de concitar un auténtico pacto de Estado. Por eso, el presidente del PP, Pablo Casado, hace bien en dudar de las intenciones de Sánchez. El presidente del Gobierno solo aspira a tener una foto en La Moncloa emulando a Adolfo Suárez en 1977, pero es evidente que no pretende pactar políticas razonables que permitan a España salir cuanto antes del marasmo causado por el coronavirus. Sánchez miente con su oferta. De lo contrario, no habría insultado a la oposición en el Congreso y sí habría roto con sus socios de Gobierno: con Podemos, por tratar de imponer un comunismo rancio que solo aboca a la miseria, y con ERC o el PNV, porque están aprovechando esta crisis para realzar su perfil soberanista con la entelequia de que si Cataluña o el País Vasco fueran estados independientes, estarían a salvo de la enfermedad. Sánchez solo pretende subordinación institucional y humillación política del PP, y eso no es posible. Es un chantaje inasumible. Sánchez solo pretende crear la coartada sentimental necesaria para que el fracaso de su cínica oferta solo sea achacable a un PP insolidario y antipatriota.

Casado acudirá a La Moncloa a decirle a Sánchez que en estas condiciones, y por razones obvias, no puede contar con el PP. Primero porque todo es mentira, y por eso Sánchez sigue sin desautorizar los abusos del separatismo catalán o de Bildu. Y segundo, porque Sánchez se ha apropiado de nuestra democracia secuestrando al Congreso, burlando durante semanas el control al Gobierno, imponiendo un estado de excepción de facto, y despreciando a los empresarios y autónomos frente a un drama colectivo. Acuda o no a La Moncloa, no es la cortesía de Casado lo que está en entredicho, sino la obscena conducta de Sánchez basada en una soberbia y una prepotencia nunca conocidas en democracia. Sánchez no es España. Sánchez no es «el país». España es el conjunto de millones de españoles, y Sánchez no es nadie para conceder credenciales de moralidad, ni para retratar como amigo de la decencia a quien lo apoye, o como enemigo de la patria a quien no lo haga. Su compulsión hacia la mentira es de sobra conocida y por esos sus «pactos» son una patraña.

Responsable es Iglesias, pero sobre todo es Sánchez
Pablo Sebastián republica 12 Abril 2020

Quien iba a decir hace seis años a Pablo Iglesias -cuando fundó Podemos- que en abril de 2020 iba a ser el vicepresidente de un Gobierno que prohíbe el despido en las empresas y los desahucios en los alquileres, que amenaza con nacionalizar empresas o entidades financieras ‘en dificultad’, que va a imponer una ‘renta básica’ del Estado, o que puede confiscar propiedades, mientras se recorta el derecho a la información y se utilizan fondos públicos para controlar todos los canales de televisión.

Un Gobierno de coalición con el PSOE que, además, gobierna por decreto, tiene confinados en sus casas a la gran mayoría de los españoles y cuenta para su estabilidad parlamentaria con el apoyo de partidos como los de ERC, implicado el el fallido golpe catalán de 2017, y con EH Bildu, el que fuera brazo político de ETA.

Quien le iba a decir a Pablo Iglesias que se encontraría en una situación así, gracias al liderazgo de Pedro Sánchez y del PSOE y como consecuencia de una epidemia nacional como esta del coranovirus que está asolando el país y sumergiéndolo en un río revuelto del que se desprende el ‘secuestro’ de la vida democrática.

El programa máximo político y económico de Podemos está en marcha y no de una manera transitoria o ‘temporal’, como se dice desde el Palacio de La Moncloa, sino para prorrogarse en el tiempo y ya veremos hasta cuando.

Pero si Pablo Iglesias es el inductor el autor no es otro que Pedro Sánchez quien a su vez cuenta con el apoyo férreo del PSOE, partido que abandonó las clases medias y tiene como máximos dirigentes a personaje de tan ligero equipaje político e intelectual como son José Luís Ábalos y Adriana Lastra.

Un PSOE que, contaminado con por un PSC pro soberanista, aceptó abrir en Cataluña con el independentismo nacionalista una negociación para celebrar una consulta de autodeterminación y para pactar indultos a los responsables -juzgados, condenados y presos- de la citada intentona del golpe catalán de 2017.

Nada de este vendaval, al que abrió la puerta el inefable José Luis Rodríguez Zapatero, hubiera sido imaginable con los Gobiernos de Felipe González o bajo el liderazgo de dirigentes políticos como Alfredo Pérez Rubalcaba o del propio Enrique Múgica, persona que acaba de morir víctima del fatal y letal coranovirus.

Y probablemente nada de todo esto habría sido posible si no fuera por la más que inquietante complicidad del Grupo PRISA con Sánchez e Iglesias. Sin imaginar, hace tan solo unos meses, que el El País (y la Cadena SER) iban abandonar su función de guardián de la izquierda democrática y su compromiso editorial socialdemócrata ajeno al comunismo y al populismo.

Lo que ahora brilla por su ausencia en las páginas de El País e imaginamos que como consecuencia de su debilidad económica y financiera de PRISA, lo que lo coloca al diario en línea directa con el ‘sanchismo’.

El que El País denunció y vio venir en el otoño de 2016, como lo profetizó Rubalcaba denunciando la operación del ‘Gobierno Frankenstein que ahora está en el poder tras el regreso de Sánchez, ‘el rojo’, a la secretaría general del PSOE y a La Moncloa tras la moción de censura a Mariano Rajoy y con dos victorias electorales (aunque minoritarias) que le han dado a Podemos su trozo de tarta en el poder español.

Naturalmente en todo esto tienen su parte de responsabilidad Rajoy, Rivera y los actuales dirigentes del PP y Cs por acción u omisión. Pero ese es otro cantar del que ya tendremos ocasión de comentar. Aunque la mayor de las responsabilidades está en el PSOE y en su aparato directivo nacional.

La raya del uniforme
El Gobierno sólo es diligente en la construcción de una narrativa que maquille sus fracasos, su falta de eficacia, sus negligencias y errores de cálculo. La idea de unos nuevos Pactos de La Moncloa es el más reciente de los artefactos con que el presidente trata de impostar una estrategia de Estado
Ignacio Camacho ABC 12 Abril 2020

Si el Gobierno dedicase a combatir la pandemia la mitad de la atención, energía y hasta talento que pone en la construcción de una narrativa política, tal vez hubiese logrado más avances en la lucha contra el virus y desde luego prestaría mucho mejor servicio a los ciudadanos. Pero como no está diseñado para eso sino para la propaganda sólo sabe aplicar a la crisis una «terapia de relato» que encubra su ineficacia contra el virus con un enorme esfuerzo publicitario. La gestión sanitaria y económica de la emergencia está resultando un clamoroso fracaso: un racimo de rectificaciones, palos de ciego, medidas desordenadas y contradictorias, pasos en falso. Dejando aparte sus negligencias y errores de cálculo en el período crucial de finales de febrero y principios de marzo, el Ejecutivo no ha logrado todavía -y pese a los poderes excepcionales que tiene en la mano- una provisión razonable de test de detección ni de material sanitario, ni siquiera un cómputo de fallecidos mínimamente exacto. Un manejo incompetente que contrasta con la diligencia en la confección de argumentos amañados que presentan al presidente como una especie de paladín kennedyano, comprometido con la responsabilidad del liderazgo mientras la oposición lo hostiga con egoísmo oportunista y sectario. Ante la evidencia de que nada de eso basta para calmar a una opinión pública alarmada por los continuos bandazos, los gurús de la Presidencia han elaborado un nuevo artefacto con el que simular una estrategia de Estado: los pactos.

La misma idea de unos nuevos Pactos de La Moncloa lleva en su formulación su carácter de señuelo al evocar el mito fundacional de la Transición y la democracia: el consenso. Justo el concepto que el sanchismo y sus aliados se aplicaron hace tiempo a demoler -«no es no»- con notable éxito. Sánchez es bien consciente de que no habrá acuerdo porque él es el primero que, a la vez que lo propone, se cuida de entorpecerlo tratando a los partidos de la derecha con una mezcla de hostilidad y desprecio, como quedó patente en la sesión del Jueves Santo en el Congreso. Su condición de partida es inviable toda vez que no está dispuesto a soltarse del brazo de Podemos, formación que a su vez sabotea cualquier acercamiento porque ha visto en la crisis del coronavirus una oportunidad de consolidar su proyecto. También los separatistas enseñan los dientes ante una negociación de amplio espectro que, por su propia naturaleza, frenaría en seco sus aspiraciones de sacar adelante un procés 3.0. Si el planteamiento presidencial fuera sincero, y no una treta para neutralizar a la oposición, tendría que empezar aceptando que en este momento no existe ningún vínculo común que pueda unir al arco parlamentario entero, y por tanto mostrarse abierto a la posibilidad de modificar los apoyos del Gobierno.

El único concierto posible implica un cambio de mayoría. Un Gabinete de salvación nacional respaldado por hasta 224 diputados con un programa reformista que diese estabilidad al sistema para abordar una etapa decisiva en la que habrá que atravesar circunstancias profundamente críticas, entre ellas acaso un rescate europeo con fuertes contrapartidas. Esa iniciativa es incompatible de salida con la agenda del populismo y desde luego con el proceso de diálogo con los independentistas. Tendría el peligro de dejar en manos de los extremos -Podemos, el secesionismo y Vox- la capitalización del descontento, pero hay trances de la Historia en los que la ética weberiana del compromiso requiere decisiones de riesgo y, por supuesto, una mínima autoconfianza en las probabilidades de éxito. El acuerdo transversal sería la mejor compensación moral para los españoles tras este largo confinamiento: la unidad de dos terceras partes del Parlamento en el empeño de atravesar la coyuntura más problemática de los últimos tiempos.

Pero no es eso lo que hay detrás de esta abstracta propuesta. Sánchez no tiene intención alguna de renunciar a su frente de izquierdas; busca una tregua para reconstruir un bloque de investidura en el que la catástrofe sanitaria ha abierto claras grietas. Se trata de ganar tiempo para volver a aislar al centro y la derecha presentándolos como desleales obstruccionistas que se aprovechan de la epidemia. Una maniobra de distracción con la que acumular fuerzas para enfrentarse al inevitable ajuste de cuentas que el Gobierno sabe que le espera, y que va a convertir el panorama político en una reyerta irrespirable de la que el jueves vimos una muestra.

Desde el principio, en La Moncloa no existe otra estrategia que la de la comunicación, el discurso, los marcos mentales, la puesta en escena que maquille la falta de acierto en las respuestas. Dominada la televisión, el equipo asesor del presidente libra una auténtica batalla en las redes sociales para cortocircuitar las protestas mientras lanza bulos oficiales -el de 355.000 test, por ejemplo- y estigmatiza por decreto la disidencia. El Ministerio de la Verdad, replicado a través de miles de activistas físicos y robóticos, ha movilizado todo su arsenal de guerra; es el único departamento que funciona con eficiencia plena. Incluso ha decidido nombrar a la enfermedad con su denominación médica, Covid-19, para evitar la connotación adversa que la palabra coronavirus produce entre una población a la que no está tratando como ciudadanía sino como audiencia.

La cuestión no consiste en que no haya -que no la hay- voluntad de pacto, ni en que Pedro Sánchez no albergue ningún propósito de cambio de los ejes sobre los que estructuró su mandato. Es que toda la actuación de este Gobierno -salvo la de Pablo Iglesias, coherente con su modelo de estatalismo autoritario- se rige bajo la estricta pauta de la impostura y el simulacro, el ejercicio de prestidigitación política y técnica electoral para el que fue proyectado. La famosa tesis del presidente era un presagio del permanente fake en que sustenta sus equilibrios de funámbulo. No hay otra prioridad que la apariencia, la imagen, la fachada, el porte. En medio una tormenta sanitaria, económica y social de efectos demoledores, navegando de noche con el radar averiado, a la deriva y sin una sola luz en el horizonte, con la tripulación en desbandada y el pasaje diezmado y recluido a la fuerza en sus camarotes, el capitán del barco de la nación española sólo parece atento a la pulcritud de la raya de su uniforme.

El extremo de Vox es el centro de España
Nota del Editor 12 Abril 2020

El único grupo que defiende a los españoles, a España, los principios constitucionales es Vox. Y hay gente empeñada en seguir apoyando a partidos que han desperdiciado todas las ocasiones para defender España y seguir otros cuarenta años mareando la perdiz mientras los malos nos convierten en Españazuela.

Del PSOE de Estado de Múgica al PSOE sectario de Adriana Lastra
Editorial El Mundo 12 Abril 2020

Contaba Enrique Múgica tras asumir en el año 2000 como Defensor del Pueblo que las quejas de los mayores de 65 años ante problemas como la falta de centros geriátricos o la escasa especialización sanitaria en los mismos era una de sus máximas preocupaciones. Cobran actualidad aquellas palabras a la luz de la virulencia con la que el coronavirus se está cebando en este colectivo. La misma pandemia que también ha segado la vida de Múgica, un gran político, incansable defensor de la democracia y figura muy representativa de un socialismo en el que militó durante décadas que, por desgracia, nada tiene que ver con el que hoy encarnan Pedro Sánchez o su portavoz en el Congreso. Cómo no sentir añoranza por aquel partido coprotagonista de la mejor página de nuestra historia reciente, la Transición, si mientras las redes se llenaban ayer de mensajes de homenaje a Múgica, un auténtico luchador por las libertades, Adriana Lastra demostraba que no cree ni en un derecho tan fundamental como el de información y agitaba la mordaza con tuits contra "la brunete mediática". Con cobardía, no mencionaba a ningún medio, lo que es tanto como señalar a todas las cabeceras independientes que no se pliegan al argumentario gubernamental. Nuestra responsabilidad, también en esta crisis tan grave, consiste en fiscalizar los errores del poder.

Lastra ya demostró en sus intervenciones en el Hemiciclo el jueves que Sánchez la ha colocado donde está para erigirse en ariete que dinamite toda posibilidad de un gran acuerdo político nacional con las fuerzas constitucionalistas, por más que de boquilla el presidente pregone lo contrario. La portavoz, tan insidiosa con la oposición como genuflexa con los independentistas, se ha mimetizado tanto con éstos que ya usa hasta lo de "brunete mediática" contra la prensa, expresión que con la misma intención popularizaron hace dos décadas Anasagasti y Arzalluz, cuando los postulados del viejo peneuvista eran difícilmente distinguibles de los de cualquier dirigente proetarra de entonces. Precisamente, Múgica se caracterizó por su férreo combate del nacionalismo totalitario -el látigo contra ETA, que asesinó a su hermano Fernando, le alejó de algunos melifluos socialistas cuando empezaron las componendas de Zapatero-, y por la capacidad que hoy no tienen los dirigentes del PSOE de muñir acuerdos de Estado con partidos rivales por el interés general.

Múgica, que como opositor al franquismo dio con sus huesos en la cárcel casi dos años, fue uno de los protagonistas de la refundación del socialismo en Suresnes, en 1974. El marxismo, el anticapitalismo, el republicanismo o el antimilitarismo fueron etiquetas de las que, sucesivamente, una dirigencia ya comprometida con la España constitucional se fue despojando al abrazar el principio de realidad, sustituyendo el sectarismo por la concordia. Múgica, que fue ministro de Justicia, entre otros cargos, se sentía orgulloso de una Constitución -participó activamente en su redacción- que ha permitido ya más de cuatro décadas de prosperidad. Como hombre de Estado que era comprendía que la política es transacción entre quienes no piensan igual. Y él mismo personificó uno de los últimos grandes pactos entre PSOE y PP cuando fue designado Defensor del Pueblo con el Gobierno de Aznar, quien le rinde tributo hoy en nuestras páginas. Yes que hubo un tiempo en el que los principales partidos podían llegar a un punto en común. Hoy el Gobierno de Sánchez aboga también por unos nuevos Pactos de la Moncloa, pero invita a sumarse al líder de la oposición no sin antes cubrirle de insultos. Este es otro PSOE, sí, qué lástima.

PSOE de poder, corrupción, indoctrinación
Nota del Editor 12 Abril 2020

Hace ya muchísimos años que dejé de leer El País, porque sus editoriales eran infumables, puro PSOE indoctrinador, y ahí siguen pero en peor, ahora además tenemos comunistas y separatistas. Hemos llegado al inicio del desastre por su culpa (PSOE) y por la dejación y traición del PP. Así que ambos partidos tienen que desaparecer, Zapatero y Sánchez se han preocupado de ello, pero no han tenido en cuenta los efectos colaterales, gravísimos, y por el otro lado Aznar con los separatistas y Rajoy con el Marca y su abandono de los principios éticos, constitucionales y sentido común. Cualquier defensa del PSOE está fuera de lugar. Lo único que han hecho algunas gentes "buenas" del socialismo es dotar a los malos de un halo de honestidad y dignidad que les ha permitido que estemos en camino de Españazuela.

La (auto) destrucción del PSOE
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 12 Abril 2020

Está sucediendo en el PSOE lo que en octubre de 2016 supusieron ocurriría muchos dirigentes socialistas que forzaron la renuncia de Pedro Sánchez a la secretaría general del partido: que si el socialismo —como deseaba su entonces líder— formaba Gobierno con Podemos y con el apoyo de los independentistas, la formación podría entrar en un proceso autodestructivo.

Cuando esta crisis sanitaria, económica, social y política que padecemos, de características tan imprevistas como dramáticas, está desatando sus consecuencias, el Gobierno de coalición erosiona a los socialistas de un modo lento pero constante. Todos los temores de Pedro Sánchez expresados entre los meses de abril y noviembre de 2019 se están cumpliendo: su rechazo a los "dos gobiernos", su recelo invencible hacia Pablo Iglesias y su negativa a depender de los independentistas.

En vez de aplicar lo que parecían criterios razonables, Sánchez se desdijo de su estrategia y el 12 de noviembre se entregó, atado de pies y manos, a los adversarios más insomnes del socialismo español. La única compensación consistió en que él retuvo el poder a costa de perder toda su credibilidad, un déficit que ahora está pagando con creces. La palabra del presidente del Gobierno ofrece bajo índice de fiabilidad.

El propósito de Pablo Iglesias y de Podemos siempre ha sido el de sobrepasar al PSOE. Primero, según los planes del actual vicepresidente segundo, desde fuera. Luego, y ante sus sucesivos fracasos electorales, desde dentro. Sánchez terminó franqueándole la puerta del Consejo de Ministros. Desde que en él se sentó el líder morado y cuatro ministros más de su grupo, Pedro Sánchez tiene una oposición latente en la Moncloa. Una oposición supuestamente amiga que desconoce la "lealtad" porque su objetivo político, incluso su razón de ser, difiere radicalmente de la del socialismo y busca reventar el sistema de 1978.

A este caballo de Troya en el Gobierno se suma que su seguridad parlamentaria depende de los humores de ERC y EH Bildu. Mientras hubo capacidad de transacción —antes de la pandemia— existió margen para atenerse al acuerdo que Sánchez firmó con los republicanos. Cuando el Covid-19 cambió el panorama de manera radical, Gabriel Rufián ha reiterado el discurso de la disidencia y abandonado al Ejecutivo en decisiones cruciales: el apoyo a las prórrogas del estado de alarma (25 de marzo y 9 de abril) y a varios decretos leyes con medidas de choque contra los efectos del coronavirus. La situación actual, según el portavoz secesionista, es de "recentralización" y "militarización". Mientras tanto, el secretario general del PSOE pedía a la derecha "unidad y lealtad". Sarcástico.

Por supuesto, tampoco concurrirán los separatistas a la convocatoria para negociar pactos de Estado en los que no cree, con plena seguridad, Pablo Iglesias, y, apenas, el propio Sánchez. Pero será indicativo conocer qué grupos políticos acuden a su convocatoria. La torpeza parlamentaria del presidente y, sobre todo, de Adriana Lastra, portavoz socialista en el Congreso, "volaron los puentes" el pasado jueves con el PP según expresión de un Pablo Casado que sí respaldó la prórroga del estado de alarma.

Mientras que Sánchez y su portavoz arremetían contra el líder del PP y contra la gestión de las autonomías gobernadas por los populares (Madrid, en especial), el jefe del Ejecutivo se expresaba obsequioso con sus pretendidos socios separatistas: ni una crítica, ni un reparo, ni una apostilla a la penosa gestión de la crisis en Cataluña. Nadia Calviño, por su parte, defendía la convalidación de los decretos leyes en la Cámara baja, en tanto que Iglesias aprovechaba para reventar las relaciones del Gobierno con las dos grandes patronales españolas (CEOE y Cepyme) al anunciar de forma improvisada y unilateral la supuesta aprobación de una renta básica puente que ni ha sido negociada con los empresarios ni debatida aún en el Consejo de Ministros. Al mismo tiempo, otros grupos de interés que han orbitado en torno al PSOE, dejaban de hacerlo: el mundo de la cultura volvía la espalda a la Moncloa.

La nomenclatura de ministros del Ejecutivo, por otra parte, no registra en la mayoría de los casos una trazabilidad ideológica socialista ni siquiera en su versión más posmoderna. Muchos son conversos fidelizados por la pedrea del cargo. Junto a este dato de valor explicativo, debe constatarse otro: los titulares de varias carteras son personas ayunas de experiencia en la gestión de los asuntos públicos y faltas de capacitación técnica.

Por fin, el propio partido: el PSOE como estructura es solo un organigrama. Se ha convertido en una plataforma caudillista para sostener el liderazgo de Sánchez. Ni la ejecutiva de la organización ni su comité federal dan pruebas de vida, mientras la relación de la Moncloa con las autonomías socialistas es la mínima imprescindible y sus presidentes incluso detestados por la política gubernamental.

El Gobierno, además, recaba adhesiones norcoreanas a su gestión de los muchos medios de comunicación que zozobran en la tempestad de su miseria financiera. Prensa y propaganda. Y en el colmo de la desestructuración administrativa y gestora, Iván Redondo, director del Gabinete del presidente será el responsable del restablecimiento de la libertad de circulación de los españoles que ha sido inconstitucionalmente suspendida (artículo 19 de la CE) mediante un estado de alarma cuando procedía el de excepción previamente autorizado y sucesivamente fiscalizado por el Congreso.

Y he aquí el último eslabón de la cadena autodestructiva: en un momento crucial, este PSOE, este presidente, este Gobierno, no han sabido resolver la ecuación entre la emergencia y la vigencia del sistema de garantías constitucionales en los términos que este viernes lo denunciaba Manuel Aragón Reyes en 'El País', catedrático emérito de Derecho Constitucional y exmagistrado del TC. Es cuestión de tiempo que la historia entregue la razón al socialismo dirigente que en octubre de 2016 intuyó que Sánchez no era el líder que necesitaba. Pero quizá sea ya tarde para el PSOE.


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