AGLI Recortes de Prensa   Martes 14  Abril  2020

Socialcomunistas, la nueva casta
OKDIARIO  14 Abril 2020

Resulta indecente que el Gobierno se haya gastado 28.000 euros de dinero público -es decir, de todos los españoles- en blindar 200 coches oficiales con mamparas protectoras frente al coronavirus. Y lo es no tanto por el dinero gastado, sino por el hecho de que a día de hoy aún se cuentan por millares los sanitarios o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que no cuentan con el suficiente material de protección frente a la pandemia.

A la primera línea de combate frente al virus se la obliga a librar una batalla desigual -casi 30.000 sanitarios se han visto contagiados-y los guardias civiles y policías no son considerados un grupo de riesgo, pese a que su exposición al coronavirus está fuera de toda duda. Sin embargo, sí existen medios para proteger a los altos cargos del Ejecutivo con mamparas.

La ejemplaridad no es una virtud que caracterice al Gobierno socialcomunista, más bien todo lo contrario. En situaciones como las que atraviesa España es más necesario que nunca que los poderes públicos prediquen con el ejemplo y no den muestra alguna de que se encuentran en situación de privilegio. Por una cuestión elemental de ética y dignidad.

Es intolerable que quienes predicaban contra la casta política se hayan erigido ahora en el más rancio paradigma de los intocables, mientras los sanitarios, especialmente, y los policías se enfrentan cada día a una situación de altísimo riesgo con evidente peligro para sus vidas. Las mamparas de los coches oficiales son la demostración más palmaria de que este Gobierno que presume de igualdad rezuma insolidaridad por los cuatro costados.

No parece ético, ni justo, ni igualitario que quienes asumen más riesgo de contagio carezcan del material sanitario para protegerse durante su abnegado trabajo y los altos cargos de la Administración socialista disfruten de una protección extra. Al socialcomunismo se le ha caído definitivamente la careta.

¿El Gobierno en casa y millones de personas trabajando sin protección ni test?
ESdiario  14 Abril 2020

Lanzar a millones de personas al trabajo sin protección y sin test previos es una lotería y pone en entredicho el confinamiento global.

Millones de personas, hasta cuatro, se han vuelto a incorporar a sus puestos de trabajo tras tres semanas de confinamiento en sus casas. Y lo han hecho en las mismas o parecidas condiciones de cuando se recluyó: sin someterse a test de detección del coronavirus y sin la protección elemental necesaria para compartir espacios en el transporte público o en su empresa de destino.

La contradicción existente entre ver esa imagen y la del Congreso y el Senado cerrados, con diputados y senadores trabajando telemáticamente y el Gobierno recluido en casa con varios de sus ministros infectados; resulta sorprendente.

¿Por qué sí pueden trabajar los albañiles, por ejemplo, y no sus señorías o los deportistas de élite? La pregunta no es baladí, pues demuestra la falta de criterio de una medida que contradice el mensaje de que la salud está por delante de la economía.

Porque, una de dos, o es seguro para todos reincorporarse al trabajo o no lo es. Si se trata de la primera opción, se entiende muy mal que el Gobierno siga recluido y las Cámaras cerradas, como símbolo del confinamiento de la propia democracia que vivismos. Y si no lo es, no debe serlo para nadie.

La sensación de prueba se impone, pues: parece un experimento para constatar si existe una fórmula de hacer compatible la protección de la salud pública con la reactivación de la economía, sin la cual a la pandemia sanitaria se le añadirá una hecatombe financiera del país.

También parece detectarse, en esa desescalada del encierro total, un reconocimiento de el pico de enfermos y muertos procede del contagio masivo de principios de marzo: los efectos de ahora son consecuencia de aquellas fechas, y su especial dimensión con respecto a casi todo el mundo de las medidas que no se adoptaron pese a las reiteradas advertencias de las instituciones internacionales.

Es decir, si la reducción del pico explica la vuelta al trabajo, en esa medida va implícito el reconocimiento de que la bomba virológica cayó en España en los mismos instantes en que unos países adoptaron medidas y otros, como el nuestro, hicieron lo contrario: potenciar el riesgo permitiendo o impulsando acontecimientos de masas o admitiendo vuelos a Italia hasta el 10 de maro.

La OMS envió 40 señales de alarma antes del 8M y el Gobierno ignoró todas

Y si es controvertida la vuelta a la oficina, las condiciones en que se ha hecho resume la mezcla de improvisación y dislate que ha marcado toda la gestión de la crisis sanitaria: primero no se previo pese a los indicios y avisos; pero luego se ha atacado cargando en los ciudadanos y la economía un sacrificio extremo por la falta de recursos elementales para enfrentarse al COVID-19 sin generar un estropicio laboral y social sin precedentes.

Un mes después de declararse el Estado de Alerta, España sigue sin hacer test masivos, no hay mascarillas de acceso fácil y los propios sanitarios carecen de elementos de protección. Es bien coherente con esa desgracia haber abierto la mano a la vuelta al trabajo sin las mínimas condiciones de seguridad: nadie sabe si puede contagiar o contagiarse y la única medida de prevención es la que cada uno pueda dotarse a sí mismo. Lamentable, una vez más.

El desestabilizador Iglesias
Valentí Puig okdiario  14 Abril 2020

Algo se malogró a fondo en nuestra vida pública cuando Pedro Sánchez retomó el poder en el PSOE para acabar, con reparos, dejándole la puerta abierta a Pablo Iglesias. Toda la labor de arraigo y moderación llevada a cabo por ese hombre tal cabal que es el asturiano Javier Fernández respaldado por el socialismo “senior”, se descompuso con el retorno azaroso de Sánchez en unas primarias pintorescas y oscuras, con pésimos resultados en dos elecciones generales. Sánchez ganó la guerra de clanes y el PSOE extravió su brújula. Las primarias express fueron la voladura de un ya muy frágil “statu quo”. Y así, años después, va el nuevo PSOE y así va la cohabitación en La Moncloa. El fuego cruzado de la oposición desconcierta al electorado que desearía grandes pactos pero lo más determinante es que, a pesar de toda la reticencia de Sánchez, desde la noche aciaga de octubre de 2016 la conjunción PSOE-Podemos iba a ser inevitable, por ese efecto podemita de la muralla china que impide razonar y actuar en la cancha de los consensos de verdad.

Tangencialmente, no ayuda la desafortunada comparación con la España que urdió los pactos de la Moncloa. Casi nada hay en común entre la actualidad y aquel momento salvo que en ambos casos era imprescindible dar estabilidad a la política económica y a un cierto pactismo institucional que hoy el partido de Pablo Iglesias hace impracticable. Con nuevos actores en la evolución política de España, como Podemos y el independentismo en Cataluña, el paralelismo con aquellos pactos de La Moncloa, y en general, todo acuerdo efectivo, no tiene sentido. Ahora mismo, lo que queda del partido comunista –aquiescente en los acuerdos de 1977- está en Podemos, bajo el liderato de un personaje político como Pablo Iglesias, capaz de creerse hombre de Estado y alabar al Ejército sin renegar de su razón de ser: un cambio de régimen y la quiebra de la economía de mercado. Pablo Iglesias es el gran desestabilizador, esa izquierda imposible que sigue postulando empobrecer a los ricos para enriquecer a los pobres o rechazando elípticamente el sistema de la Unión Europea como José Bove puso en pie de guerra el antisistema para aniquilar la Europa de los mercaderes, la gran banca, el FMI, la iniciativa privada y aquella Venezuela próspera y estable que Chaves ha dejado sin aspirinas en las farmacias, sin anestesia en los hospitales, sin Estado de derecho.

Apesadumbran las dosis de irresponsabilidad con que el PSOE fue a parar a manos de Pedro Sánchez y a partir de ahí la ruleta se puso a girar. Tras el ajedrez de la Transición la política se retrotraía al todo o nada de sus momentos más confusos y perjudiciales. Así ocurre con la actual pandemia, sin respuestas concertadas, con partidismos infantiles y líderes que parecen puestos ahí para improvisar y no para construir. Una vez más constatamos que con deslealtad institucional la capacidad de gobierno del PSOE se ve mermada. Son las tensiones internas que va orquestando la batuta de Iglesias. Dos gobiernos, un “impasse”. El gran error de aquella noche en Ferraz se ha convertido en una pesadilla que imposibilita consensos, aleja a España de la centralidad europea y radicaliza a no pocos votantes.

Renta por votos
Jose Maria Rotellar García okdiario  14 Abril 2020

Podemos ya anunció en Twitter, el pasado veintisiete de marzo, cuál es su verbo preferido en esta crisis: “aprovechar”, tal y como se desprende de lo que la formación comunista escribió ese día en su cuenta de la mencionada red social: “El Gobierno de coalición prohíbe los despidos aprovechando el #coronavirus”.

Y no sólo los despidos, sino que sobre la cabeza de Iglesias y sus ministros no deja de planear la idea de conseguir una nacionalización importante de la economía, que le permitiese al sector público tener un control de sectores estratégicos. Eso es lo que se vislumbraba aquel 14 de marzo en el que empezó nuestro encierro y el hundimiento económico por el cierre productivo decretado por el Gobierno por no haber tomado medidas antes: muchos medios de comunicación dijeron que el vicepresidente segundo se empeñaba en nacionalizar empresas energéticas y medios de comunicación, algo que, afortunadamente, no se produjo.

Siguen por esa vía: por decreto se ha parado el tejido productivo, provocando una crisis de oferta, y en lugar de sujetarla con liquidez ilimitada, la trocean y desperdician recursos en medidas de demanda que no sirven para paliar la situación, porque si el tejido productivo se salva, la recuperación será más fuerte y rápida y se podrán recuperar casi todos los empleos perdidos, pero si se deja que muera, entonces la crisis será larga, pues a la crisis de oferta seguirá una demanda, que intensificará la de oferta, que volverá a acrecentar la de demanda, y así sucesivamente, en forma de un círculo pernicioso, destructivo de la actividad y de los puestos de trabajo. Lo preocupante es que ya no sólo Iglesias, sino también Sánchez, dicen que hay que reforzar el sector público, es decir, más gasto inasumible. Hay que movilizar recursos contra esta situación, pero una vez puesto en marcha todo de nuevo, hay que volver a la ortodoxia, incompatible con el mencionado refuerzo público.

Ahora, Iglesias quiere implantar, cuanto antes, una renta mínima que beneficie a cinco o diez millones de personas, con unos 500 euros al mes, que pueden llegar a ser 1.000. De momento, dice que será temporal -ya veremos, porque lo provisional es, muchas veces, lo que más perdura-, hasta que se apruebe la renta mínima vital permanente que estudia el ministro Escrivá, quien considera que beneficiará a un millón de personas.

No podemos permitirnos ni una ni otra. La permanente generaría un agujero todavía más grande que el actual en las cuentas de la Seguridad Social, pero es que la de Iglesias haría que ese agujero fuese un profundo socavón, imposible de sostener. Si la Seguridad Social atraviesa dificultades y el sistema público de pensiones necesita de reformas para garantizar su viabilidad, el incorporar una renta mínima vital aceleraría el colapso del sistema.

Podemos tiene muy claro cuál es su programa. No gobierna para todos los españoles, cosa que ha de hacer el Gobierno, aunque tenga un matiz más liberal-conservador o más socialdemócrata, según el color del Ejecutivo, pero nunca se puede aplicar una medida de un programa que ponga en riesgo a la economía y que vaya dirigida, única y exclusivamente, a un grupo social muy concreto perjudicando al conjunto o a otro grupo, como perjudicaría a los pensionistas al poner en riesgo la Seguridad Social.

De las crisis se sale con sacrificio, trabajo, mucho trabajo, esfuerzo y voluntad de superación, no con subvenciones múltiples que desincentivan la economía, la productividad y el empleo y que no nos podemos permitir. No se puede hacer electoralismo con la gestión. No se puede pretender captar votos a través de ello. La teoría de la elección pública deja claro que el político busca maximizar sus votos. Una cosa es eso y otra articular para tratar de conseguirlo una medida que pondría en una situación insostenible, en primer lugar, a la Seguridad Social y, con ello, a las pensiones, y, en segundo lugar, a toda la economía. El dinero no crece en los árboles. Si de verdad les importan los españoles, las empresas y los trabajadores, deben concentrar los esfuerzos en salvar el tejido productivo, y con ello se salvarán el empleo y la prosperidad de todos. Todo lo demás será inútil y perjudicial.

Pactar qué y con quién
Si de verdad quisiera un pacto útil y creíble, Sánchez debería romper con sus socios de gobierno
Juan Carlos Girauta ABC

Lo que Sánchez busca es que la oposición se calle. La quiere silente y mansa. Así no se verá retratado a diario por las consecuencias de su imprevisión. Ni por la opacidad de tardías y desastrosas adquisiciones públicas de material sanitario. Ni por la intolerable negativa a identificar a sus intermediarios, escamoteo que autoriza a sospechar la existencia de responsabilidades que cruzan la línea de lo culposo para entrar en lo doloso.

Batet, desde la presidencia del Congreso, ha interrumpido cuanto ha podido el funcionamiento de la Cámara, en flagrante vulneración de lo que la Constitución establece para el estado de alarma. También para los de excepción y sitio, por cierto. Está por ver si no se han vulnerado los
derechos de los diputados, y, con ellos, los del pueblo español al que representan, al impedir durante semanas el ejercicio del control al Gobierno.

Cuando el control ha asomado por fin, ni el fondo ni las formas de la portavoz del Grupo Socialista guardan la menor relación con una voluntad de pacto. Ni siquiera de tácito consenso ante una gravísima crisis. Por el contrario, Lastra ha recrudecido los ataques a la oposición. Fiscalizar, inquirir, exigir explicaciones al Ejecutivo, tareas inherentes a cualquier oposición en democracia, se interpretan como brutal deslealtad, ahondando en una demonización del adversario sin la cual el PSOE y Podemos simplemente no respiran políticamente.

Parece broma que, en medio de arbitrariedades sin cuento, y mientras se amaña la selección de preguntas en las ruedas de prensa tras el plantón de los medios por su política de no comunicación, Sánchez se ponga la máscara del gobernante sin aristas, dispuesto a no verter crítica alguna en sus largas y vacuas comparecencias. Yerran quienes atribuyen a sesgos ideológicos la crítica a tales escenificaciones de presidencialismo paternalista y sentimental, de inspiración castrista o chavista. Las escuetas intervenciones de Trudeau en Canadá o Johnson en el Reino Unido dicen mil veces más que una hora de narcisismo sanchista.

El único pacto que persiguen es el del silencio. Se trata de consagrar como estadista al único que, consideran, debe hablar. Así el gran negligente elude toda responsabilidad y esconde sin sonrojo el lío monumental de una centralización de decisiones que, por fortuna, no ha existido. Sus primeras confiscaciones de material sanitario, además de colocar en el disparadero a honrados empresarios linchados por los medios, frenaron en seco las compraventas ante el temor de los proveedores a no cobrar. De no ser por la iniciativa de algunos presidentes autonómicos -con especial mención a Díaz Ayuso- el desabastecimiento sería aún mayor.

Si de verdad quisiera un pacto amplio, útil y creíble, Sánchez debería romper con sus socios de gobierno, que son un lastre en Europa, y renunciar al apoyo de los separatistas. ¿Ha dado alguna muestra de ir a hacer tal cosa?

Pactar con el diablo
Nota del Editor  14 Abril 2020

Hay que conseguir que la hidra de mil cabezas, una por cada mentira, dimita y se lleve su desgobierno a cualquier país bolivariano socialcomunista. Proponer pactar con el diablo es un disparate, sería el suicidio de España, un harakiri rodeados ya, terrible desgracia,  de decenas de miles ataúdes.

Sin propuesta no hay pacto posible
Editorial El Mundo  14 Abril 2020

Cuando apela al espíritu de la Transición que alumbró los Pactos de La Moncloa, nos preguntamos si Pedro Sánchez es consciente de lo que aquellos acuerdos significaron: la renuncia a los maximalismos ideológicos y la apuesta transversal por el pragmatismo económico desde el respeto profundo al adversario. Los precedentes no nos inducen a pensar que será capaz de liderar algo parecido: no podemos ocultar a nuestros lectores la naturaleza divisiva y la subordinación al marketing que ha caracterizado hasta la fecha su trayectoria.

A Sánchez le corresponde la iniciativa. Dada su precariedad parlamentaria y la deslealtad congénita de sus socios separatistas que él eligió, ahora es él quien debe granjearse activamente los apoyos a la política económica que considera útil para que España afronte con alguna garantía la brutal recesión que se avecina. Para ello debe en primer lugar abandonar el doble juego del orador de mano tendida y la portavoz parlamentaria de retórica dinamitera. Pero sobre todo debe desprenderse de una vez de la pueril obsesión por la imagen y la propaganda y poner encima de la mesa un documento. Una propuesta detallada, con reformas y memoria económica, que ofrecer al escrutinio de la oposición, de las comunidades autónomas y de los agentes sociales. El tiempo de la búsqueda compulsiva de los gestos electorales y los relatos maniqueos ya pasó: ahora es el tiempo de la gestión. Sin cordones sanitarios ni filtraciones interesadas ni visiones cortoplacistas. Sánchez no puede aspirar a que los partidos se tomen en serio su llamamiento a la unidad sin proponerles una hoja de ruta. Una vez con ella sobre la mesa y conocida por todos, procede convocar las reuniones para debatir y corregir. No se llama a la oposición para la foto, y menos para ceremonias de la confusión que socialicen el desgaste de una gestión desastrosa. Ya que no se escarmentó en cabeza italiana, al menos que Sánchez imite ahora a Conte en la búsqueda de la eficiencia gestora, que en Italia le ha sido encargada a Vittorio Colao. Un perfil técnico y contrastado de alto ejecutivo, ajeno a tentaciones doctrinarias, a quien se encomienda la responsabilidad de acometer la reconstrucción de su país. España debe contar también con sus mejores gestores del sector privado para salir de esta. La patronal y la oposición deben ser tan decisivos como el Gobierno y los sindicatos.

Solo sobre la base de un documento que explique pormenorizadamente el plan de gastos e ingresos y la batería de medidas de reactivación, el PP puede abrirse a poner sus escaños y experiencia al servicio de una gran tarea de Estado. Por la oposición no ha de quedar, siempre que la oferta de pacto sea honesta. Algo inverosímil tratándose de Sánchez, que no tiene derecho a exigir trágalas o adhesiones a unos Presupuestos de partido vendiéndolos como unas cuentas de reconstrucción nacional. Basta de juegos.

Pactos sí, pero con Pablo Iglesias fuera
Félix Madero. vozpopuli   14 Abril 2020

Está esperando uno las noticias y aparece el hombre hecho a sí mismo noticia. Y entonces dudo. Empezamos a comer o escuchamos al general que dice mandar en esta batalla. Habla a trompicones, como si el telepronter en el que lee con el tono propio del muecín marchara a tirones. Mira a la cámara con un gesto de entre miedo y cariño, entre lástima y valentía. Y arrogancia. Se nota demasiado la impostura. Es un fake, un verdadero fake, pero las televisiones compran la mercancía a sabiendas de que cada vez que sale es como si hubieran pescado un pez muerto. Echan cuentas. Es una hora de producción gratis. Eso que se ahorran.

Iván Redondo le ha dicho a Pedro Sánchez que los liderazgos, cuando no se tienen de forma natural, te lo dan las televisiones. Eso explica su insistencia a la hora de comer y de cenar. Eso justifica el dineral que ha dado a las televisiones privadas, esas que ya ganaban millones y millones antes del coronavirus. Si no lo es lo parece. Se llama prevaricación.

La gran pregunta
Como siempre su discurso es ampuloso. Sale de un párrafo arenoso y entra en otro bien confuso. Pura monotonía. Pronto, gemebundo y cansino se torna en provocación, justo cuando lleva cinco minutos hablando. Alguien dice: va a estar hablando una hora y al final no explicará lo único que estamos esperando, ¿por qué España tiene mas de 17.000 muertos por el virus chino y, pongamos un ejemplo bien cercano, Portugal 500? Y Grecia 100. Y Alemania 3.000. Más sencillo aún, ¿por qué mueren en Extremadura muchas más personas que en Alentejo si están tan cerca?

Tiene que haber alguna razón. Por siniestra o extraña que sea ha de haberla. Pero el Gobierno o no la conoce o sabe que si la cuenta el laboratorio marquetiniano que dirige Redondo explota en un segundo. En fin…, antes de apagar la televisión recuerdo un verso de Franz Grillparzer: "Soy alguien que camina vivo detrás de mi propio cadáver".

Habla como un general en la batalla
Puesto que el presidente Sánchez se expresa como si fuera el general jefe en una guerra, aceptemos a regañadientes su lenguaje, pero con una condición: los miles de muertos no están lejos sino muy cerca. Tan cerca como lo vimos en la portada de El Mundo en esa fotografía en las que nos mostraron decenas y decenas de ataúdes. Nunca fueron tan necesarios entre nosotros funerarios y sepultureros.

Si fuera una guerra, que diga por qué aquí mueren más soldados que en otros países. ¿O mueren solos? ¿O es que les tocaba? ¿O es que aquí nos besamos y abrazamos mucho? Vamos por 17.000 muertos y el Gobierno está en fase de intercambio de ideas, si es que hay que hacer caso al ministro Escrivá. ¿A esta alturas estamos de intercambio de ideas? Oigan, piensen un poco lo que dicen, por favor, que hay muchas familias llorando a sus muertos mientras intercambian las ideas. Las que tengan.

Sánchez no tiene ningún reparo en decirnos por la tele que no podemos deponer las armas, que tenemos que seguir combatiendo contra un enemigo que se cobra vidas por millares. Nos lo dice a nosotros, que somos soldados bien mandados, cumplidores y previsibles como niños que aceptan sin rechistar una orden.

No se fían de Sánchez
Pero el general en jefe que es Sánchez tiene una camarilla de oficiales a la que dice consultar. Esos coroneles se juegan el tipo en la batalla de sus territorios. El de Murcia se llama López Miras y le pide transparencia en la forma en que se combate. El de el País Vasco, Urkullu, le echa en cara la desorientación que se vive en el frente. El de Andalucía, Moreno Bonilla, le dice que las órdenes son poco claras. En Madrid, Díaz Ayuso le afea la enorme desinformación que hay en tiempos de guerra con las mascarillas (en algunas las boticas a 4 euros la mala, a 12 la buena) y el de Castilla La Mancha le demanda coordinación. Y Cataluña le advierte de que están a punto de tomar sus propias decisiones. Todo lo que les digo lo he recogido de declaraciones que Sánchez escuchó en la última conferencia de presidentes. La pregunta es, ¿podemos ganar así la guerra de la que habla Pedro Sánchez?

Ante la insultante ausencia de respuestas vayamos a lo que no admite dudas. Aquí mueren más soldados que en ningún sitio. Y el presidente saca pecho por la tele a la hora de la paella dominical, mientras en España sigue la confusión jurídica y sanitaria. Y las mascarillas, si las encuentras, por la nubes en las farmacias pero él habla de un reparto masivo. ¿Dónde las darán?

Y en el desconcierto aparece la ministra de Igualdad que literalmente pide una salida feminista y antifascista del coronavirus. Esto es lo que tenemos. Imposible no sentir vergüenza.

Un poco de contención con el lenguaje nos vendría bien en este momento. Fascismo, comunismo, Segunda Guerra Mundial, Plan Marshall. Hablamos de la última Guerra Mundial pero no recordamos que se llevó por delante a cuarenta millones de personas y quince tuvieron que dejar sus países y hogares. Lo único que podemos aceptar de esta machacona retórica belicista es que la guerra se hace con tácticas y estrategias que ignoramos dónde están.

Sánchez necesita los pactos
Y ahora Pablo Casado tiene que mover ficha. O acepta el pacto o lo rechaza. Puede que se equivoque haga lo que haga. Cualquier cosa menos quedarse parado. Para empezar que Adriana Lastra, a la que desde la COPE llaman la tanqueta de Rivadesella, recoja velas y pida perdón por los insultos que dedica al PP y a los españoles, a los que trata de idiotas. Y si no lo pretende, entonces es que la señora da lo que da. Por eso viene a cuento esa broma que quizá haya recibido estos días por WhatsApp: La OMS advierte que en España volverán a la normalidad solamente aquellos que eran normales anteriormente.

Casado ya debe saber con quién se la está jugando. Si los Pactos que propone Sánchez son para que el Gobierno del insomnio siga adelante, mal. Si es para que Pablo Iglesias sea la brújula del presidente, mal. Si es para que Sánchez se sostenga ante la retirada de sus socios separatistas, mal. Si es para que salgan adelante unos Presupuestos que eviten que el general en jefe explique por qué morimos aquí más que en ningún sitio, mal. Si es para que tenga un relato de su gestión, mal. Si es para que sigan las arrogantes charlas presidenciales, mal. Si es para que la señora Montero siga cobrando un sueldo de ministra que pagamos todos, y todas, mal. Si es para que la de Trabajo enseñe por televisión a los niños, y niñas, lo que es un ERTE, mal. Si es para que los empresarios tengan la culpa de lo que no la tienen, mal. Si es para gobernar metiendo la mano en el BOE a última hora del domingo, mal.

Sánchez sabe que el pacto es imposible porque sabe también que la única manera de llegar a él es con Pablo Iglesias fuera del Gobierno. Por eso se ofrece “de corazón”. La única salida de Casado es la de no ponerlo fácil. Y tampoco gratis o terminará siendo, sin quererlo, el socio que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias necesitarán el día que hayamos ganado la guerra. Con perdón.

Sólo quieren al PP para el día que haya que enfrentarse a la enorme crisis económica que viene y a la fabulosa destrucción de empleo que vamos a vivir. Si aún así Casado pone su firma en ese hipotético pacto, ese día estará muy lejos, pero mucho, de ser alguna vez presidente del Gobierno de este país. Y, como dicen los memes de Julio Iglesias: Y él lo sabe.

Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid. Leído en El Mundo: “Muchas familias deben sentir vergüenza ajena de los políticos”. No se me ocurre mejor final. Les deseo la mejor semana. Y tengan cuidado al poner la tele.

Insultos para rebajar la crispación
Jorge Vilches. vozpopuli   14 Abril 2020

Sánchez e Iglesias, tanto monta, idearon un ingenioso plan. Habían perdido la batalla contra el coronavirus, pero no contra el neoliberalismo

Sánchez necesitaba a los independentistas para consolidar su Gobierno, aprobar unos Presupuestos mágicos, y arrinconar a la derecha. No en vano, por aquellos días, Calvo, Lastra y demás masa gris del PSOE decían que el PP no era democrático y que no aceptaba el veredicto de las urnas, que no era otro que abrir vías para la resolución del “conflicto político” catalán. Enchufaron la yogurtera de cursiladas y parieron el eslogan: la “Agenda para el Reencuentro”.

La lírica debía acompañar la resolución de aquel problema, crear un relato sobre la necesidad de salir del inmovilismo que suponía defender el Estado constitucional de Derecho, y atender a los golpistas. Dos pueblos enfrentados, y Sánchez como mediador, como relator de una crisis entre terceros. Mesa bilateral. Tratamiento de Jefe de Estado a Torra. Era la épica del diálogo en beneficio de Sánchez.

Llegó el virus y se acabó la poesía. Tras unos días de confusión gubernamental, quizá solo de azoramiento vista la arrogancia del presidente, se deslizó el argumentario. Todo se había hecho bien, en su momento, con seriedad, siguiendo el consejo de los expertos. Por cierto, escribía Hannah Arendt que el discurso totalitario es retórica emocional que dice apoyarse en datos científicos, ya sean biológicos o socialistas, que dependen de la credulidad del auditorio.

A continuación señalaron a los culpables. Primero tenía que ser el PP, claro, autor del “austericidio”, de los recortes y la privatización que se habían llevado vidas por delante. El causante de las muertes no era un virus sin vacuna y descontrolado al que el Gobierno trató de “gripecilla” para permitir su performance del 8-M. No, qué va. El culpable era el modelo neoliberal que (una vez más, pero ahora definitivamente), demostraba su injusticia, su imposibilidad como fórmula para un mundo feliz.

Como dijo Monedero: “Si no eres comunista, no eres buena persona”. Y la derecha está llena de malas personas que no piensan en las bondades de un Leviatán sin límites puesto en manos de los visionarios de la Historia, esos audaces portavoces de “la mayoría social”. “La propiedad es un robo”, sentenciaba Proudhon, y había llegado la crisis como una oportunidad para desmantelar el capitalismo liberal.

Algunos se contentaron con desempolvar a Keynes. Otros fueron más ambiciosos y plantearon un “ecosocialismo democrático”, el paraíso de lo verde y colectivo, aunque ya alguna feminista soltó: “Mejor ecofeminismo socialista”. Claro que poner a un marxista a reflotar una economía es como obligar a un físico a explicar que la Tierra es plana.

Sánchez e Iglesias, tanto monta, idearon un ingenioso plan. Habían perdido la batalla contra el coronavirus, pero no contra el neoliberalismo. Así pensaron en un nuevo Estado Social con mucho gasto público y con más impuestos. Pero, ¿de dónde sacar sin actividad económica por el estado de alarma? ¿A quién pondrían más tasas para “repartir la riqueza” y hacer “justicia social”? Era necesaria una fuente de financiación del paraíso: la Unión Europea. Pero no coló.

La Factoría Redondo sacó entonces un anzuelo: unos nuevos Pactos de La Moncloa. ¿Cómo iba el PP a renunciar a emular a Adolfo Suárez y a la Transición, a esa figura y ese momento que tanto había citado este partido para defender la democracia? Apelar al patriotismo del Partido Popular iba a ser infalible, pensaron. No en vano, Redondo se había forjado en sus filas y conocía el alma del partido.

Los insultos de Lastra
No obstante, el Gobierno sabía que era una maniobra efímera, que pronto se descubriría su imposibilidad porque Unidas Podemos y los independentistas de todo rincón se negaban a aceptar dicho pacto. Era cuestión de tiempo que se dieran cuenta del ardid. No podían, en consecuencia, abandonar la primera vía: culpar al PP de todo. Lanzaron entonces a Adriana Lastra, seguida de los palmeros mediáticos, para acusar a los populares de desleales, fuleros, mentirosos, y, cómo no, culparlos de las muertes por el coronavirus. Al poco, Sánchez, compungido, metido en su papel de presidente de telenovela, volvió a salir en TVE para pedir una “desescalada de la tensión política”.

La esquizofrenia de los socialistas era sorprendente. ¿Cómo pedían responsabilidad a los mismos que insultaban? La respuesta estaba ahí. En realidad, los socialcomunistas querían que el PP hiciera como Ciudadanos: rubricar las medidas económicas y sociales del Gobierno, incluidos los Presupuestos Generales del Estado con unas pequeñas modificaciones, a cambio de poner la falsa vitola de “patriota”.

Porque, como sabe cualquiera que haya leído a estos populistas, la patria la definen ellos, y usan la legislación para “reconstruir” el país a su imagen y semejanza. Lo llaman “patriotismo constructivo”; es decir, legislar en tiempo de crisis social para edificar una nueva patria, ajustar cuentas, eliminar lo que perjudica a la gente, y levantar un Estado que, a la postre, siempre es autoritario. “Mi patria es la gente”, que dijo Pablo Iglesias en 2016, y Unidas Podemos “es el partido de la gente”. Más claro, agua.

Grandes preguntas
El país donde empezó todo debe al mundo ciertas explicaciones
Luis Ventoso ABC  14 Abril 2020

Niall Ferguson, historiador escocés afincado en Estados Unidos, me ganó en 2011 con su libro «Civilización» y desde entonces le sigo. Allí explicaba con clarividencia cómo los europeos, un atajo de brutos en el Medievo comparados con civilizaciones como la china, se erigieron contra pronóstico en señores del mundo a partir de 1500. Ferguson atribuía su triunfo a lo que parafraseando el lenguaje informático llama «cinco aplicaciones letales»: la competencia entre los estados-nación, germen del capitalismo; el imperio de la ley, la ciencia, la medicina, el consumo y la ética de trabajo. Europa empieza a pagar el haber olvidado dos de esas herramientas: la inventiva y la laboriosidad.

A Ferguson le anda hoy en la cabeza el rol del régimen chino ante el Covid-19. No se anda con pasteleos: «China ha causado este desastre, pero ahora quiere llevarse el mérito de salvarnos exportando test, muchos de los cuales no funcionan, y mascarillas». Recuerda la campaña de desinformación del Ministerio de Exteriores chino, que aseguró que soldados estadounidenses fueron quienes llevaron el virus a Wuhan. El historiador lanza varias preguntas interesantes al Gobierno chino, que por supuesto jamás serán respondidas. La primera es qué pasó exactamente en Wuhan. Si todo se generó en un mercado de alimentación insalubre, como dicen, las autoridades fallaron al no cerrarlo en hora; pero si el virus se fugó del imponente laboratorio de virología sito en la metrópoli, peor. La segunda pregunta es por qué con 104 casos y 15 muertos entre el 12 de diciembre y finales de ese mes, el día 31 el Gobierno chino afirmó que no había «una clara evidencia de transmisión entre humanos», tesis que mantuvo hasta el 20 de enero. Tras expandirse el virus desde Wuhan a toda Hubei, las autoridades aislaron la provincia del resto de China, ¿por qué no aislaron también a Hubei del resto del mundo? Ferguson recuerda que en enero, y en algunos casos todavía en febrero, seguían despegando vuelos directos desde Wuhan a Londres, París, Roma, Nueva York... Pero ahora China prohíbe la entrada a extranjeros para protegerse. ¿Por qué ese cambio de enfoque? Por último, pregunta por el paradero de dos críticos que se han volatilizado: el importante empresario Ren Zhi Quiang, que afeó la gestión de Xi, y la doctora Ai Fen, facultativa en Wuhan, que alertó tempranamente del virus.

China debe respuestas al mundo y también una contabilidad sincera de contagios y muertos, pues sus cifras resultan inverosímiles para un país de 1.400 millones de habitantes que fue el primero enfrentarse a un nuevo virus. Faltan además aclaraciones sobre la exportación de material defectuoso, que no solo ha ocurrido en España. Holanda ha devuelto mascarillas y la República Checa asegura que el 80% de sus test chinos no funcionan. Pero este debate no existe para la izquierda española. El problema es Trump, y no la mayor dictadura del planeta.

China fabrica la mitad de los coches del mundo, el 80% de los ordenadores, el 90% de los teléfonos y pronto estará en las tripas de nuestra seguridad a través del 5G. Si quiere seguir pintando algo, Europa tendría que plantearse muchas cosas.

Por qué España puede fracasar en su estrategia de desconfinamiento
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital  14 Abril 2020

Las medidas del gobierno para recuperar la normalidad se están quedando muy lejos de los estándares internacionales.

La respuesta del gobierno español a la pandemia del coronavirus ha estado marcada por dos graves errores. En primer lugar, el Ejecutivo no movió ficha ante las distintas alertas que emitieron organismos como Organización Mundial de la Salud o entidades como la Comisión Europea. En segundo lugar, las medidas de confinamiento se adoptaron en España con casi 8.000 infectados, frente a los 800 positivos con los que Portugal hizo lo propio o los 600 casos con los que Grecia introdujo medidas de aislamiento.

Partiendo de esa base, no es de sorprender que España se haya convertido en el país que peor ha gestionado la emergencia sanitaria. La cifra de fallecidos ascendía a primera hora de ayer lunes 13 de abril a 368 personas por millón de habitantes, lo que nos sitúa por encima de Italia (329), a pesar de que nuestros socios transalpinos sufrieron el zarpazo de la pandemia de forma más abrupta y adelantada. La comparativa aún es más alarmante si se comparan los datos de España con Portugal o Grecia, que registran 49 y 9 fallecidos por cada millón de habitantes, unos registros que se sitúan muy por debajo de España

La emergencia sanitaria ya se ha traducido en una fuerte crisis económica. La mayoría de las primeras estimaciones disponibles hablan de entre un 5% y un 10% de caída en la producción, con cálculos que incluso hablan de un 15%. Si se suman los datos de paro y el alcance de los ERTEs, vemos que la desocupación alcanza ya el 30%. Si se analiza la situación mercantil, vemos que 122.000 empresas se dieron de baja en la Seguridad Social el pasado mes de marzo, lo que supone una merma del 8% en la actividad societaria. Y si se centra el tiro en los autónomos, encontramos que 360.000 trabajadores por cuenta propia han solicitado ya el cese de actividad extraordinario.

Ante semejante panorama, la perspectiva para quienes abogan por plantear una salida escalonada del confinamiento se antoja, sin duda, complicada. No obstante, tanto los datos de contagios y de fallecidos como los modelos epidemiológicos sugieren que la propagación de la enfermedad ya habría tocado techo, de modo que la conversación debería empezar a girar en torno a todo tipo de propuestas que nos permitan volver a la normalidad lo antes posible. Sin embargo, el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no solo reaccionó tarde y mal ante el brote, sino que ahora está fracasando a la hora de establecer un plan de salida del confinamiento.

Entrando en la Fase II
Para empezar a ver la luz, generar confianza en la sociedad y en la economía o avanzar hacia el repliegue progresivo de las medidas de aislamiento, el gobierno español debería trabajar sobre dos frentes: medir y reabrir. El primero debería estar más o menos resuelto tras casi un mes de "cerrojazo", pero lamentablemente seguimos muy lejos de tener información clara y transparente sobre el alcance de los contagios.

Como ha explicado Libre Mercado, no sabemos con exactitud cuántas personas pueden estar infectadas. De hecho, ni siquiera se puede establecer con claridad el número de fallecidos. Solucionar lo segundo debería ser relativamente sencillo, puesto que la resolución de esta problemática pasa simplemente por complementar la estadística que se ha compartido hasta la fecha con otro tipo de fuentes oficiales, tales como las licencias de enterramiento o las estadísticas de mortalidad. Lo primero, sin embargo, es algo más complicado, puesto que 650.000 test comprados por el gobierno de España no tienen utilidad, de modo que el rastreo de la cifra real de contagiados se antoja complicado.

La respuesta a la falta de información sobre la incidencia real de los contagios pasa por desplegar una gran capacidad de examen, centrada en el más corto plazo en los grupos de riesgo (familiares de contagiados, personal sanitario…) pero aplicada también al conjunto de la población con la mayor rapidez posible. El empleo de aplicaciones móviles es fundamental para que el grueso de la ciudadanía comunique su situación sanitaria y para hacer un seguimiento de la evolución de ese 80% de infectados que no requiere hospitalización y que, en muchos casos, pueden ser asintomáticos que contribuyen a propagar silenciosamente el virus. Dicho de otro modo: la clave sigue siendo aplicar la misma fórmula coreana que propuso Libre Mercado hace un mes.

Pero no solo se trata de medir: también hay que reabrir. La economía española está operando un 45% por debajo de su capacidad, según KPMG, lo que explica el fuerte colapso del empleo y la producción anticipado en todos los informes disponibles y resumido en párrafos anteriores. Descartada la "crisis en V", España se debate ya entre recuperar en 2021 los niveles de producción esperados para 2020 ("crisis en U") o experimentar una nueva depresión económica ("crisis en L").

Austria es, de momento, el primer país europeo que ha planteado un "desconfinamiento". El calendario planteado empieza a aplicarse a mediados de abril y, con plazos de 1-2 semanas, levanta restricciones de manera progresiva, con la esperanza de normalizar la situación a comienzos de julio. Mientras tanto, el gobierno ha aprobado todo tipo de aplazamientos tributarios y planes de apoyo a las empresas. Otros gobiernos europeos están ya en estas tesis, que inevitablemente nos lleva de la Fase I (contención) a la Fase II (prevención y reapertura).

España ante el "desconfinamiento"
¿Puede hacer España algo así en una situación tan delicada? Desde luego, si se pretende una "desescalada", la primera condición es que se achique cuanto antes la brecha en materia de medición. Un ejemplo de la precariedad vigente en dicho campo lo tenemos en el reparto de mascarillas del 13 de abril: solo se produjo en grandes núcleos de población (por ejemplo, en el Metro de Madrid), se hizo un reparto de un stock muy limitado y los materiales entregados no responden a los estándares de protección recomendados (FFP2/FFP3).

Por lo tanto, la primera condición es asegurar material sanitario básico en abundancia. El Ejecutivo tiene que asegurarse de que todos los ciudadanos pueden salir a la calle con mascarillas homologadas y guantes de protección. Para ello, debe decretar una vacación fiscal que exima de impuestos a las empresas que generan dicho material. Además, para incentivar dicha producción y subsanar el incomprensible déficit que están sufriendo los sanitarios, la Administración puede sacar lotes de contratos que incentiven más aún tal producción masiva.

El segundo eje en el que se debe trabajar es el del transporte. Las autoridades encargadas de coordinar el funcionamiento de los principales mecanismos públicos de movilidad deben asegurar que exista el debido distanciamiento entre los usuarios. Esto exige limitar el aforo de vagones o autobuses. Sin embargo, apenas se han dado pasos en esta dirección.

La reapertura al público de los negocios cerrados debe ser el tercer punto del plan de "desconfinamiento". Asumiendo que se cumplen las medidas sanitarias básicas (protección de empleados con mascarillas y guantes, limitación de aforo para garantizar distanciamiento social…), los comercios y negocios que atienden al público deberían reabrir de forma paulatina.

Pero, además, en todos estos ámbitos es fundamental tomar medidas de forma segmentada. Esto implica aplicar un tratamiento diferenciando, para ajustar el calendario general de reapertura a criterios como la situación sanitaria de cada área geográfica (avances más rápidos o lentos dependiendo del cuadro sanitario de ciudades, provincias o comunidades autónomas) y a las características demográficas de la población (con un "desconfinamiento" más acelerado entre la población menor de 60 años, cuyo riesgo de mortalidad es marcadamente inferior).

El Gobierno estafa a los autónomos
EDITORIAL Libertad Digital  14 Abril 2020

El apoyo financiero a los trabajadores por cuenta propia es otra de las mentiras que conforman la vasta operación de propaganda desplegada por el socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias para tratar de tapar su catastrófica gestión de la pandemia del coronavirus.

Sánchez ha anunciado repetidamente en sus mítines televisados un amplio programa de ayudas a los autónomos, como muestra de las intenciones de su Gobierno de no dejar a nadie atrás en esta crisis pavorosa. Sin embargo, como ocurre con todas las promesas social-comunista, la realidad es muy distinta.

El tan cacareado apoyo a los autónomos se ha traducido finalmente en una convocatoria de ayudas para una prestación extraordinaria por cese de actividad, con unas exigencias tan leoninas que solo beneficiará a tres de cada diez trabajadores incluidos en dicho régimen laboral. Así lo ha denunciado la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), principal representante del sector, después de comprobar con casos concretos quiénes van a poder acogerse finalmente a esos subsidios creados ad hoc.

En lugar de suprimir temporalmente las cotizaciones sociales, principal coste sociolaboral que soportan como una losa los autónomos, sea cual sea su nivel de actividad, Sánchez prefiere seguir esquilmando a estos pequeños empresarios a cambio de repartirles unas indignas migajas. Así pues, el Gobierno confisca por un lado a todos los emprendedores sus cuotas mensuales a la Seguridad Social, pese a impedirles trabajar, mientras por el otro hace publicidad de unas ayudas irrisorias que, además, van a tener un número irrisorio de beneficiarios.

El trato a los autónomos es el ejemplo perfecto de cómo está gestionando el socialista Sánchez esta crisis de la que es tan terriblemente responsable. Su respuesta consiste en la adopción de medidas gravosas, ineficaces y discriminatorias, muy en línea con todo lo que hace desde que sus aliados comunistas, proetarras y golpistas lo empotraron en la Moncloa.

Los científicos españoles desnudan las mentiras del Gobierno
OKDIARIO  14 Abril 2020

El Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez ha venido manteniendo el mantra de que durante la crisis sanitaria ha seguido las recomendaciones de científicos, médicos y expertos. Lo ha repetido una y mil veces, hasta que, precisamente, ha llegado el desmentido de científicos, médicos y expertos.

En un comunicado sin precedentes, la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), Crue Universidades Españolas y la Alianza de Centros Severo Ochoa y Unidades María de Maeztu (SOMMa) reprochan al Gobierno la «falta de sintonía» con los científicos, lo que a su juicio puede haber «perjudicado la idoneidad de las medidas adoptadas, al no estar suficientemente sustentadas en las evidencias disponibles». En este sentido, aseguran que en la gestión de la crisis sanitaria «se ha percibido en diversas ocasiones, especialmente al inicio de la propagación, cierta tensión entre la información aportada e interpretada por los científicos expertos y las decisiones políticas tomadas a continuación por las autoridades».

A nadie se le oculta que tras el cuidado en las formas del comunicado se esconde una crítica a la actuación del Ejecutivo socialista. Un ejemplo es el párrafo en el que se afirma que los «obstáculos» detectados en el flujo de información entre científicos y autoridades han puesto de manifiesto la dificultad que conlleva tener que proporcionar evidencia científica a quien la requiere y en el momento preciso, «cuando las redes y mecanismos de asesoramiento o bien no existían, o no se habían desarrollado debidamente».

El comunicado del mundo científico español deja en evidencia el mensaje del Gobierno de Pedro Sánchez, quien ha defendido que todas las medidas adoptadas se hicieron en el momento que marcaron los expertos. Ya ha quedado claro que no y que, especialmente en momentos críticos como el 8-M, el Ejecutivo socialista adoptó medidas por criterios ideológicos permitiendo manifestaciones que se convirtieron en multitudinarios focos de contagios.

En suma, la Ciencia española desnuda las mentiras de un Gobierno que es incapaz de decir una sola verdad.

El Supremo exige a Sánchez los informes de los expertos con los que justificó el estado de alarma
La Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Alto Tribunal ha admitido un recurso contra el Gobierno por declarar el estado de alarma basándose en meras "presunciones" técnicas sin justificar hasta la fecha.
María Jamardo okdiario  14 Abril 2020

Hoy termina el plazo y aquí no caben prórrogas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene que entregar al Supremo los informes de los expertos con los que justificó la declaración del estado de alarma. La Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo emitió el pasado 2 de abril una diligencia dirigida al Ministerio de la Presidencia, relaciones con las Cortes y memoria democrática para que facilitase al Alto Tribunal todos los documentos, informes y testimonios que motivaron los decretos-ley, decretos legislativos y órdenes ministeriales con los que el Gobierno ha justificado la alerta sanitaria, el confinamiento de la población y las demás medidas adoptadas para paliar la pandemia del coronavirus.

La decisión del Supremo, a la que ha tenido acceso en exclusiva OKDIARIO, obedece a la petición presentada ante el Supremo por el abogado Luis de Miguel Ortega el pasado 16 de marzo en representación de la Asociación ACUS de Consumidores, tras alegar que las decisiones del Consejo de Ministros se basaron sólo en «presunciones» con las que el Gobierno justificó la cancelación de derechos fundamentales a los españoles.

Según el escrito admitido a trámite por el Alto Tribunal, la afirmación hecha por el Ejecutivo en el propio decreto de alerta de que las medidas adoptadas «no suponen la suspensión de ningún derecho fundamental» es «falsa porque se ha limitado la libertad de circulación, la actividad comercial, el libre ejercicio laboral y profesional, la economía de libre mercado, las actividades recreativas y deportivas, la libertad de culto, las ceremonias civiles y religiosas, la actividad educativa presencial -cuando es un derecho establecido en el artículo 27 de la Constitución que cuenta con un rango de especial protección- y hasta se ha dejado en suspenso la tutela judicial efectiva al establecerse la suspensión de los plazos procesales y administrativos». Y todo ello cuando «no consta en la norma ni la más mínima justificación jurídica, técnica o sanitaria», asegura el recurso.

Además, el Supremo admite resolver si se ha roto «el principio de autonomía de las diferentes regiones y administraciones sanitarias y órganos de gestión sin argumentar la necesidad de hacerlo», tal y como se pide en el recurso cuya ponencia corresponde al magistrado Pablo Lucas Murillo de la Cueva .

El Supremo insta ahora a Sánchez para que facilite el expediente administrativo íntegro y «previo a la redacción del real decreto» de alerta con todos los informes que lo justificaron. Además, el Gobierno deberá proporcionar la composición del Comité de Situación previsto en la disposición adicional primera de la Ley 36/2015, de 28 de septiembre, de Seguridad Nacional -al que el presidente no ha consultado, en cambio, para levantar el confinamiento a ciertos trabajadores no esenciales- y los demás dictámenes complementarios.

Meras presunciones
El Supremo admitió la demanda presentada para estudiar si las medidas adoptadas por el Gobierno tenían una base técnica como Sánchez ha asegurado en sus diferentes comparecencias públicas.

El Alto Tribunal requirió al Ministerio de Presidencia para que, en el plazo de cinco días que finaliza este lunes, presentase todos los documentos utilizados por el Ejecutivo para decretar la cuarentena y sus prórrogas posteriores. Entre ellos, los informes de los expertos que justifican las distintas acciones ministeriales y que el propio Pablo Casado anunció en sede parlamentaria que exigirá a Sánchez, una vez superada la pandemia.

La Sala Tercera del Supremo, una vez recibida la respuesta del Gobierno, tendrá que determinar si «las medidas dirigidas a reforzar el Sistema Nacional de Salud en todo el territorio nacional, las aprobadas para el aseguramiento del suministro de bienes y servicios necesarios para la protección de la Salud pública, las dictadas en materia de transportes, las adoptadas para garantizar el abastecimiento alimentario o la justificación de la suspensión de plazos procesales y administrativos» se tomaron basándose en «meras presunciones».

Tensión en TVE: Macarena Olona se enfrenta a Fortes por su manipulación sobre el coronavirus

La secretaria general del grupo Vox en el Congreso, Macarena Olona, ha hablado, en directo, de la manipulación en los medios.
 Libertad Digital  14 Abril 2020

La secretaria general del grupo Vox en el Congreso, Macarena Olona, ha protagonizado un tenso enfrentamiento con el presentador de los Desayunos de TVE, Xavier Fortes, a cuenta de la manipulación y ocultación por parte de algunos medios de comunicación. Entre ellos, la cadena pública que, recientemente, ha atacado a un medio privado como Libertad Digital a través del denominado Verifica RTVE que supuestamente persigue bulos.

Cuando estaba siendo entrevistada, la diputada de Vox ha aprovechado para denunciar que TVE está “coadyuvando al adoctrinamiento, a silenciar el dolor y a la deshumanización de la muerte”. Algo que considera una “auténtica vergüenza” que se está llevando a cabo “con el dinero de todos los españoles”. En este sentido ha criticado duramente le programa de humor emitido por la cadena sobre el confinamiento.

El presentador ha intentado defender a la cadena pública y le ha reclamado que dijera en qué mentían o manipulaban, a lo que Olona ha respondido acusándoles de “ocultar la gran desgracia de España” al mostrar ataúdes en EEUU pero no los de nuestro país y ha recordado a fotografía publicada por Fernando Lázaro en El Mundo del Palacio de Hielo, convertido en morgue.

“Parece que si no informan de ello, el dolor no existe pero va a ser muy difícil ocultar el dolor de millones de españoles”, le ha advertido Olona. “Están intentando vender e imponer una realidad”, ha asegurado en directo la diputada de Vox en un enfrentamiento que se ha prolongado durante más de siete minutos.

En los últimos días TVE ha sido también criticada por diferentes motivos, entre ellos, la persecución a la sanidad de la Comunidad de Madrid y a la gestión de Isabel Díaz Ayuso a través del canal 24 Horas de RTVE asegurando que Isabel Díaz Ayuso no iba a asistir a la reunión con presidentes autonómicos que Pedro Sánchez ha mantenido este sábado. En la conexión en directo, la reportera de televisión atribuía a "fuentes socialistas" la noticia de que "por primera vez un presidente autonómico no está presente" en el encuentro, "sería la primera vez", insistía.

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La oposición mema y la que no existe
Pablo Planas Libertad Digital  14 Abril 2020

En la España del coronavirus hay dos maneras de hacer oposición: hacerla mal o no hacerla. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene la ocurrencia de proponer unos nuevos Pactos de la Moncloa y ahí está Pablo Casado para hacerle el caldo gordo. Unos pactos. Ahí es nada. Lo mismo podía haber dicho Sánchez una comisión parlamentaria, pero prefirió recurrir a la imagen mucho más potente del pacto. Se trataba de lanzar una cortina de humo, y nada mejor que unos pactos. ¿Quién puede estar en contra de un pacto? ¿A quién no le gustan los cachorros de San Bernardo?

En el actual contexto, y con un Gobierno en el que mandan los de Unidas Pandemias, más que de Pactos de la Moncloa cabría hablar de un Pacto Molotov. Pero si no han pasado ni tres meses desde que Sánchez eligiera como socios de legislatura a los proetarras de Bildu, los golpistas de ERC y los comunistas de Pablo Iglesias. Y ahora, con decenas de miles de contagiados y muertos, se acuerda el bello Pedro del PP y de Ciudadanos y hasta de Vox si le apuran. Tela.

Tela y trampa porque convocar a la oposición en estas circunstancias sólo persigue dos objetivos. El primero, que se hundan todos los partidos, no sólo los responsables de este desastre. Y el segundo, echar la culpa del hundimiento a PP, Ciudadanos y Vox. ¿Pero qué propósito de reconstruir nada puede tener Sánchez cuando sus colegas en el Gobierno son unos tíos que lo primero que hicieron nada más decretarse el estado de alarma fue montar una cacerolada contra el Rey? Por no hablar de los insultos e infundios contra el PP de Adriana Lastra, la portavoz del PSOE que si se muerde la lengua se envenena. ¿Con esa señora hay que llegar a unos nuevos Pactos de la Moncloa? Pero hombre, a quién se le puede pasar por la cabeza semejante disparate de posibilidad.

Contemplar siquiera un acuerdo en estas circunstancias es hacer oposición rematadamente mal, pero aún hay un estadio más bajo, que es lo que ocurre en Cataluña. En la pintoresca región del noreste de España, el Ejecutivo de coalición entre Junts per Puigdemont y la Esquerra de Rufián no ha podido incurrir en más errores en menos tiempo. Ha dejado tirados a miles de ancianos en las residencias, dicta órdenes menguelianas para no atender a los mayores de ochenta años y que se mueran en sus casas o en los asilos, pone trabas a la ayuda del Ejército y la Guardia Civil y un día dice que va a regalar mascarillas de máxima protección a la ciudadanía y al siguiente reconoce que va a ser que no y que ha mentido. Y todo ello sin que el PP de Cataluña y Ciudadanos, que fue el partido más votado en las últimas elecciones autonómicas, hayan dicho ni una palabra. ¿Pero dónde están Lorena Roldán y Alejandro Fernández?

Todavía se espera que digan algo, que pregunten algo o que, ya en el colmo de la osadía, hagan algo. Pero no, han desaparecido, no están ni se les espera. El Parlamento regional está cerrado y ellos ni siquiera han protestado. Por no hablar de pedir dimisiones. Para hacerse una idea del desastre político no hay más que contemplar el hecho de que los de Puigdemont son más duros con ERC, que tiene las competencias de sanidad y atención a los mayores, que los citados PP y Ciudadanos.

Arrimadas desconoce el alcance de los Pactos de La Moncloa
Pablo Sebastián republica  14 Abril 2020

Estamos de acuerdo con las críticas al Gobierno de la líder de Cs, Inés Arrimada, cuando acusa a Pedro Sánchez de ‘improvisación’ y actuar de manera ‘unilateral’ provocando ‘incertidumbre’ en la crisis sanitaria. O cuando acusa al Ejecutivo de haber relanzado la actividad económica sin articular previamente medidas sanitarias preventivas para garantizar sin riesgos de contagio el regreso al trabajo.

Con lo que no estamos de acuerdo con Arrimadas y su partido es con su empeño en unos nuevos ‘Pactos de La Moncloa’, que dicen ser iniciativa de su partido, sin entender que la interpretación que Sánchez da a esos pactos es la imponer su liderazgo y gestión de la crisis como un triunfo personal. Y que en la trastienda de esos pactos se incluyen los nuevos Presupuestos Generales del Estado del Gobierno de Sánchez e Iglesias, que incluyen una la intervención de la vida económica española y la estabilidad del Ejecutivo de Sánchez durante dos años.

Como desconoce Arrimadas que los ‘Pactos de La Moncloa’ del tiempo de Adolfo Suárez (cuando ella no había nacido) llegaron en un momento crucial del inicio de la Transición y cuando España no estaba en la UE ni el Euro. Lo que son hechos importantes porque las decisiones de la UE tienen ahora un impacto directo en las políticas económicas y sociales de España, máxime cuando Sánchez está a punto de pedir el rescate financiero del país.

Pero si todo esto es importante lo es todavía más un asunto que sí que les importa a Arrimadas y Cs y del que ha prescindido en esta ocasión como es que, en este momento de emergencia nacional, no se puede articular en La Moncloa, ni en ninguna otra parte, un pacto de Estado donde no se incluya la prevalencia indiscutible de la Constitución, del Estado de Derecho y de la cohesión y la unidad indiscutible nacional y territorial de España.

Es decir todo eso que conculca Sánchez en compañía de sus socios de Podemos, ERC, Bildu y PNV, y que figura en la Mesa de Diálogo paritaria de este Gobierno con el Gobierno de la Generalitat. Y mientras esto continúe en vigor y no conozcamos rectificación alguna de Pedro Sánchez, el ofrecerle a Sánchez el liderazgo de un gran pacto de Estado sería tanto como darle un cheque en blanco para todo lo demás.

A Ciudadanos se le llena con facilidad la boca con ‘los pactos de Estado’, sobre las más diversas materias y ocurrencias. Pero cuando llegó su hora de pactar, tras las elecciones del 28 de abril de 2019, un gobierno de coalición con el PSOE en beneficio del interés general de España y dejando fuera de juego a Podemos y ERC, entonces Albert Rivera y Cs lo rechazaron, desde la ceguera que le provocaron el destello de sus 57 escaños del 28-A con los que creyeron que derrotarían al PP y que Cs se convertiría en líder del centro derecha español.

Semejante y enorme error político, e histórico para este país, le costó a Rivera su dimisión y su salida ‘intempestiva’ de la política, tras su fracaso electoral en los comicios del 10-N (donde Cs sólo obtuvo 10 escaños) y sin articular un relevo urgente en el liderazgo del partido que ha durado ¡seis meses! Lo que ha sido otro desastre añadido para Cs.

Y ahora Arrimadas, después de acercarse al PP para las elecciones -ahora aplazadas- de Galicia, País Vasco y Cataluña, se entrega a Pedro Sánchez sin exigirle condiciones constitucionales previas y entrando a ciegas en el juego de los Pactos de La Moncloa.

Una mesa de negociación temeraria en cuya cabecera estarán Sánchez e Iglesias y bajo la que se esconden Junqueras, Ortuzar, Otegui y Puigdemont.

Predique con el ejemplo, presidente
¿Qué tal si hace un poco de autocrítica y admite en público algunos de los múltiples errores que han cometido él y su Gobierno en estas semanas?
Cayetano González Libertad Digital  14 Abril 2020

En su comparecencia televisiva de este domingo, larga y tediosa como casi todas, Pedro Sánchez acuñó un nuevo concepto: el de la "desescalada política", dentro de esa batalla por la imagen, por las palabras, que tanto preocupa y ocupa al inquilino de la Moncloa.

Confieso que he tenido dudas a la hora de titular esta columna. El cuerpo me pedía encabezarla con algo como "Su credibilidad está agotada, presidente", pero luego he pensado que, como estamos en tiempo de Pascua, hay que ser positivo y dar una oportunidad a todo el mundo, incluso a quien, a ojos de muchos ciudadanos, tiene su credibilidad, efectivamente, bajo mínimos.

Si el llamamiento a la unidad que hace el presidente del Gobierno es sincero, lo tiene fácil: que empiece por aparcar el proyecto político e ideológico que viene liderando desde que ganó las primarias dentro de su partido y encauzó cuando se juntó con lo mejor de cada casa para sacar adelante, en junio de 2018, una moción de censura contra Mariano Rajoy, aunque hay que reconocer que para que saliera adelante contó también con la torpeza y la falta de generosidad del exlíder del PP.

La investidura de Sánchez hace cuatro meses, gracias al apoyo de comunistas, independentistas catalanes, nacionalistas vascos y gallegos, herederos de ETA y el inefable diputado de Teruel Existe, seguida de la formación del Gobierno de coalición con Podemos, es todo lo contrario de lo que España necesita en estos momentos. Ese Gobierno, y el programa político que pactó con Pablo Iglesias, es todo menos un Gobierno para la unidad de los españoles que reclama ahora con tanto ahínco. Es el peor Gobierno para el peor momento que vive España desde hace mucho tiempo.

Por eso, si quiere ser creíble, Sánchez debería empezar por lo que puede hacer en su condición de presidente: modificar la composición del Consejo de Ministros y sacar del mismo a quienes, de forma burda y torticera, no han tenido reparos en empezar a aplicar, aprovechando la tragedia del coronavirus, su programa radical y sectario para intentar instaurar un nuevo orden social y económico. Sánchez debe buscar sus apoyos parlamentarios en otras aguas, menos turbulentas y menos sospechosas de querer servirse de esta situación para sus objetivos políticos. El problema del Presidente es que se encuentra mucho más cómodo pactando con Podemos, negociando con Torra o recibiendo el apoyo de Bildu, que buscando el acuerdo con el PP y con Ciudadanos, y no digamos nada con Vox.

Al mismo tiempo, dentro de ese ejercicio de desescalada política que ha pedido en su fervorín dominical, convendría que comenzara a aplicar el cuento a sí mismo y a los suyos: ¿qué tal si hace un poco de autocrítica y admite en público algunos de los múltiples errores que han cometido él y su Gobierno en estas semanas, empezando por el de haber alentado y no prohibido las manifestaciones feministas del 8-M y otros eventos masivos que hubo ese fin de semana?

¿Qué tal si manda durante un tiempo al rincón de pensar a su portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, en castigo por la infumable intervención que tuvo la pasada semana desde la tribuna del Congreso, insultando al PP y a Vox? Por cierto, es de suponer que Lastra no se hubiera atrevido a decir lo que dijo sin el conocimiento y consentimiento de su jefe. Es lo que tiene carecer de peso específico propio.

En las próximas semanas se va a poner de manifiesto si el llamamiento a la unidad hecho por Sánchez es sincero. Los precedentes, respecto al grado de fiabilidad de su palabra, juegan en su contra. Muchos españoles tienen grabado en su memoria aquello de "Tanto a mí como al 95% de los españoles les quitaría el sueño la posibilidad de un Gobierno con Podemos", o aquella otra de "Nunca pactaré con Bildu". Son solo dos ejemplos, pero bastante demoledores. Ojalá el presidente sufra una mutación y se comporte como el responsable político que España necesita al frente del Gobierno en estos momentos tan dramáticos.
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