AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 15  Abril  2020

La oposición debe combatir a este Gobierno incompetente y rapaz
EDITORIAL Libertad Digital 15 Abril 2020

La gestión del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias del confinamiento general está resultando tan deplorable como lo fue en su día su falta de previsión y reacción ante la irrupción del covid-19; de haberse procedido en un primer momento de otra manera, se habría evitado tan draconiana hibernación del tejido productivo, de la que, lamentablemente, tantos autónomos y empresas no podrán despertar.

Buen ejemplo de lo primero es la estupefaciente incapacidad del Gobierno para conseguir material sanitario básico –fundamentalmente mascarillas y tests de detección del virus–, sin el cual la tan esperada como acuciante reactivación del sector productivo puede suponer un repunte en el número de contagios. Si hace escasamente una semana el Ejecutivo social-comunista de Sánchez e Iglesias aún desdeñaba como mera "especulación" la necesidad de aclarar a la ciudadanía si había que usar mascarillas para evitar el contagio, esta semana, en la que ya admite la imperiosa utilización de las mismas, así como la realización masiva de análisis para averiguar el número real de contagiados y el grado de inmunidad comunitaria alcanzada, está quedando escandalosamente clara su incapacidad en el ámbito del aprovisionamiento de productos esenciales.

Tras haber permitido que hasta el 15 de marzo se estuvieran exportando tests, el Gobierno sigue sin aclarar quién fue el intermediario en la compra de los 650.000 defectuosos que se adquirieron en China. El Gobierno ha tenido que retrasar los 60.000 análisis que por fin se había comprometido a llevar a cabo esta semana alegando "problemas logísticos", que no pueden sino derivarse de su inepta incapacidad para adquirir tests. Por otro lado, las mascarillas que se están distribuyendo son pocas y de mala calidad, y para colmo se ha sabido que el Ejecutivo había encomendado la adquisición de otros 8 millones de unidades a una empresa sin experiencia en el sector y de la que no consta actividad alguna desde el año 2017.

El Gobierno trata de suplir con indigna rapacidad su incompetencia a la hora de dotarse de dicho material sanitario básico siguiendo los cauces legítimos Así, este martes se ha sabido que va a intervenir y fijar precios a los laboratorios privados que sí estaban logrando suministrar tests a sus clientes, y que ha confiscado un lote de tests destinados a los 4.000 trabajadores de Siemens-Gamesa. Cabe además recordar las mascarillas que interceptó la semana pasada en las aduanas, que habían sido legítima y eficazmente adquiridas por varios supermercados para proteger a sus trabajadores. Esta contraproducente rapiña del Ejecutivo social-comunista arrancó con una confiscación perpetrada en una fábrica de mascarillas de Jaén que dejó desabastecida a la sanidad andaluza.

No hace falta reproducir las lógicas advertencias que han hecho públicas los laboratorios sobre la letal amenaza que para su actividad supone este demagógico y miope control de precios para hacerse una idea de lo contraproducente y destructivo que resulta la confiscación de productos o la arbitraria fijación estatal de precios de cara a estimular el deseable incremento de la oferta por parte del sector privado ante un fuerte incremento de la demanda.

Dado este desolador panorama, resulta aún más deprimente contemplar la falta de un claro y firme compromiso por parte del principal partido de la oposición de combatir por todos los medios a su alcance a este Gobierno tan sumamente desleal con la Constitución y tan peligroso para la salud de los españoles, y que, lejos de formar parte de la solución, lo es decisivamente del problema.

Ya resulta decepcionante el hecho de que Inés Arrimadas esté dispuesta a dar la puntilla a su partido acudiendo a la grotesca mascarada de este jueves, con la que Pedro Sánchez trata de eludir sus responsabilidades y dar el abrazo del oso a la oposición. Pero que el PP aún se plantee la posibilidad de acudir en auxilio del Gobierno de la Vergüenza, a pesar de sus más que probables responsabilidades penales en la expansión del coronavirus, ya son ganas de ceder a Vox el papel de principal referencia opositora.

Lo mejor que pueden hacer
Nota del Editor 15 Abril 2020

Tienen que dejar paso a Vox, y ayudarles en la moción de censura contra los socialcomunistas, que bajo ninguna posibilidad estan dispuestos a dimitir y sentarse en el banquillo para ser juzgados, políticamente ya lo han sido, y condenados por absoluta ignomiosidad.

Coronavirus: daños colaterales
Pío Moa gaceta.es 15 Abril 2020

Los daños colaterales del coronavirus
Se dice que la peste actual cae en España con el gobierno más inepto, pero no es del todo cierto. Descontando su negligencia criminal y lo poco que pueden importarle, salvo por cuestiones de imagen, unos miles de muertos más o menos, la pandilla gobernante ha captado en el coronavirus una oportunidad política. Oportunidad para debilitar la economía libre, la propiedad privada y ampliar la directamente dominada por el estado, que en la práctica significa dominada por el gobierno; el suyo, claro. Con ello aumentaría su clientela política para mantenerse en el poder. Muchos lo creen imposible, pero es porque infravaloran dos factores: la ínfima calidad y amplia venalidad de los grandes medios de difusión y el embrutecimiento de grandes masas del pueblo español debido a decenios de falsedad organizada por la conjunción de PP, PSOE y separatistas.

Claro que no lo tendrán fácil, y necesitan también otro elemento: dinero sólido, es decir, amparado por la UE. Ese dinero les serviría para su plan de mayor estatalización y totalitarismo y con él podrían terminar apareciendo como los salvadores del país. Y de hecho, con eurobonos o de otra manera, ya están recibiendo o van a recibir muy pronto ese dinero. Por su parte, los separatistas también han percibido su oportunidad en las inepcias y negligencias de “España” para intensificar sus programas.

La plaga ha llegado a España en el peor momento, dicen, por la ineptitud del gobierno. Es el peor momento por otra razón: porque España vive en golpe de estado permanente, que tratan de profundizar sin prácticamente otra oposición que VOX, un partido aún minoritario. Porque el PP, hay que repetirlo hasta la saciedad, no solo fue auxiliar del PSOE en el cambio de régimen de Zapatero, sino que aspira a seguir siéndolo en las políticas del Doctor, al que brinda su “lealtad exigente”.

Pero si el coronavirus ofrece oportunidades a la banda del Doctor y el Coletas y a sus aliados separatistas, también las ofrece a VOX. Es de esperar que sabrá aprovecharlas para debilitar y si es posible hundir el maldito tinglado de la farsa que lleva viviendo el país tantos años, y sanear la nación y la democracia.

Un mes perdido
Liberal Enfurruñada okdiario 15 Abril 2020

Ya ha transcurrido un mes desde que el pasado 15 de marzo entrase en vigor el estado de alarma decretado por Pedro Sánchez. Aquel día se declararon en España 2.000 nuevos casos y oficialmente fallecieron 152 personas. Hoy 14 de abril, tras un mes en el que nos han tenido a todos encerrados en casa, se han declarado 3.045 nuevos casos y 567 nuevos fallecidos oficiales; aunque todos sabemos con certeza que esta cifra es sólo una minúscula parte de la dantesca realidad que nos rodea. Igual que sucedía cuando se decretó el estado de alarma, las farmacias siguen desabastecidas; no tenemos mascarillas ni siquiera de esas quirúrgicas que no nos protegen adecuadamente, no hay guantes, sigue escaseando el gel desinfectante y no tenemos test diagnósticos un mes después de que el Gobierno socialcomunista haya asumido en exclusiva la responsabilidad de proveernos de todo ello, atribuyéndose la facultad de incautar cualquiera de estos materiales. Y la cifra oficial de muertos diarios se ha multiplicado por cuatro.

Los informativos de nuestras subvencionadas cadenas de televisión nos ocultan las imágenes de cómo se están hacinando los más de 18.000 cadáveres de víctimas oficiales de esta pandemia, que se suman a ni se sabe cuántas decenas de miles más que no se cuentan oficialmente. Pedro Sánchez ni ha decretado el luto oficial, ni usa una corbata negra como muestra de respeto, reconocimiento y recuerdo de tantas decenas de miles de compatriotas fallecidos por su culpa. Tan sólo aparece en nuestras televisiones en horarios de máxima audiencia y se marca unos monólogos interminables, plagados de bulos y mentiras que pretenden hacer creer a la población más desinformada que su gestión está siendo acertada y que está dando unos frutos que se encuentran en el extremo contrario a la realidad.

Porque la única verdad no la muestran las televisiones públicas o subvencionadas. La realidad es que si ya actuó de forma negligente, retrasando la adopción de medidas de protección adecuadas contra una pandemia de la que todos los organismos internacionales le estaban advirtiendo, y lo hizo por motivos sectarios e ideológicos, para no impedir la celebración del aquelarre comunista del 8M; aún mucho más culposa y negligente ha sido la actuación de su Gobierno de incompetentes a partir del día siguiente de que se celebraran aquellas manifestaciones neofeministas. El número de fallecidos oficiales, sin contar los que se nos pretenden ocultar, sitúan a España como líder mundial indiscutible en tasa de muertes por habitantes y esa vergonzosa posición se afianza cada día. La gestión unificada de las residencias de ancianos, en manos de su vicepresidente Pablo Iglesias, las ha convertido en morideros donde se practica sin pudor la eutanasia. Y los más de 20.000 sanitarios infectados también nos convierten en líderes mundiales en este otro vergonzoso ranking.

A las 8 de la tarde salimos a nuestras terrazas y balcones a expresar nuestro agradecimiento a todos esos héroes que conscientemente están arriesgando sus vidas, porque Pedro Sánchez les hace luchar sin medios contra la enfermedad. Sanitarios, farmacéuticos, bomberos, militares, miembros de las FFCCSS del Estado, empleados de pequeños y grandes comercios de alimentación… todos aprietan los dientes y siguen luchando porque ese es su deber y su vocación. Pero aplaudirles ya no es suficiente. Llevamos un mes aplaudiendo y la situación no ha mejorado. La cifra de muertos e infectados no es infinitamente más alta sólo porque estamos todos encerrados, que es lo único que ha sabido hacer Sánchez. Debía haber aprovechado este mes para dotarnos de los equipamientos y las infraestructuras necesarias para volver a reactivar la economía sin riesgos, para que el remedio de tenernos encerrados no se convierta en algo peor que la enfermedad de la que nos protegemos. Para que la economía de España no se destruya. Un mes ha sido suficiente tiempo para demostrar que no sabe o no quiere hacerlo, no debe tener más oportunidades, ahora el Gobierno sólo debe dimitir.

Un virus para la posverdad (V)
Carlos García-Mateo okdiario 15 Abril 2020

En la gestión de la pandemia, este Gobierno ha colocado a España en cotas de leyenda negra. Lo cual, digamos, ahonda en una funesta tradición -inventada o no, exagerada por ciertos intereses patrios y extranjeros, alimentada durante el Franquismo- que el país había conseguido quitarse de encima en las últimas décadas, amén de la modernización iniciada por unos ya lejanos tecnócratas y consolidada en democracia.

Embarrado por un atropello de tardías y pésimas decisiones y una abultadísima cifra de fallecidos, el actual caso político nos desprestigia nacional e internacional con el que se deberá cargar en los próximos y decisivos tiempos. Un estado de melancolía con importantes pretendientes a su rescate y los riesgos derivados. La corrupción del vigente gabinete de inútiles (no se aclaran ni al redactar un decreto) está en su concepción del ejercicio político, y tiene dos manantiales: el de un populista bolivariano y el de un lúbrico mediático. El primero aguarda la oportunidad para, desde el Estado, subvertir el constitucionalismo en otra cosa, partisana, nacionalizadora, de espíritu anticapitalista (en la CEOE lo tienen claro y así lo han manifestado públicamente).

El segundo es un animal político, no parece seguir ningún ideario, excepto el que hoy pueda instrumentalizar para perpetuarse mañana en Moncloa. Ambos personajes convergen en una perversión gigantesca, la del poder que tiene a la mentira (la posverdad) como principal herramienta de uso, sin ningún tipo de sonrojo ni precaución. El resultado es una democracia en horas bajas, merced a una oposición (hay gratas excepciones, como el sorpresivo Almeida) que carga todavía con complejos de inferioridad, aplanada por una época de valores blandos y referentes idiotas. Panorama poco halagüeño, los medios afines trabajan denodadamente para que cualquier atisbo de crítica sea denigrado, por cuenta de las exitosas etiquetas (caverna, ultraderecha). Luego está la reina televisión (la web no la mató), abono diario de la estulticia por vía del entretenimiento político (ahorren ingenuidades del tipo “ofrecemos un servicio público”, somos enanos pero viejos). Incluso, y excusen esta vía de escape argumental, los humoristas y demás farándula, siervos de la izquierda, nos proponen sus infectas ocurrencias; lo hacen para retener algo del botín público. Es quizás éste el sector menos dado a la coherencia entre lo que proclama y lo que en realidad ha hecho siempre y sigue haciendo.

Todas las toneladas de demagogia se vierten sobre el español medio, una gruesa bolsa humana que, antes, estaba rendida a la institución familiar, con sus entrañables sistemas de verificación, como los problemas de papá en el trabajo, derivados de un jefe envidioso, o las croquetas de mamá, insuperables. Pero “aquellas familias ya no existen, en su lugar se ha instalado la web, un espacio que permite hacer conjeturas sobre lo que se quiera. Y todo ello para satisfacer la más grande esperanza que pueda motivar a un ser humano: la de ser reconocido por sus semejantes, aunque sea solo por un like”, escribe Ferraris.

Respecto al juego de la política, en una nación abotargada, empachada de eslóganes y debates estériles, el cuerpo electoral sanciona lo que sanciona. Inyectada la plebe en burdos conceptos ideológicos, en la casi imposible comprobación de la veracidad del relato (al que habría que comenzar a denominar, por salud mental, ‘cuento chino’), los líderes deben brindar ufanos, conocedores de una circunstancia tan benévola a su maraña de posverdad.

España necesita otro gobierno
Ignacio Camuñas Solís ABC 15 Abril 2020

Si ya desde un principio la composición del actual Gobierno constituyó un disparate político que no respondía más que a las ansias de Pedro Sánchez de asegurarse su estancia en La Moncloa, transcurridos solo unos meses, lo que entonces muchos habíamos previsto, hoy se ha visto confirmado definitivamente. España no tiene el gobierno que se merece y que las actuales circunstancias exigen. La participación y colaboración de Podemos en el Gobierno de coalición no ha servido hasta ahora más que para atribuir unos golosos puestos a algunos miembros de ese partido cuya aportación profesional no ha supuesto ninguna ventaja apreciable para la buena gobernación del país. Constituyen una rémora en el plano internacional por su descarada connivencia con la narcodictadura bolivariana de Venezuela. Son absolutamente incompetentes en el plano económico. En cuestiones sociales se apuntan siempre a las soluciones más populistas pensando únicamente en su posible rédito electoral en un inmediato futuro. A estos señores Pedro Sánchez les ha regalado unas buenas poltronas ministeriales y hasta una mismísima Vicepresidencia del Gobierno a cambio de sus votos y sus enredos y compromisos con el independentismo radical que se lucra, a su vez, con absoluto desprecio y permanente abuso de los apoyos tácticos que presta.

La epidemia del coronavirus que padecemos ha puesto en almoneda al actual gabinete que como cabía suponer está demostrando una profunda impericia -González dixit- y una nula preparación para hacer frente a una situación ciertamente endiablada como la que tenemos que afrontar. Por eso creemos imprescindible que el país cambie de rumbo y lleve a cabo una profunda rectificación. Veníamos ya, desde hace un tiempo, dando tumbos pero hasta ahora los continuos y reiterados errores de Sánchez y sus aliados políticos no habían costado vidas humanas. Los españoles que en estos momentos tan difíciles están dando muestras de un valeroso e impecable comportamiento cívico, demandan, con toda razón, una respuesta del Gobierno, a la altura de las circunstancias.

En su momento constituyó un error de bulto por parte de Albert Rivera no acceder a formar un gobierno de coalición con el PSOE, circunstancia que abriría la puerta a la confección del gobierno social-comunista que padecemos pero eso es ya parte de la historia que no podemos más que lamentar.

Hoy tenemos que operar de manera urgente con los datos reales de la hora actual. Tiene toda la razón Santiago Abascal en su alegato de censura al actual Gobierno pero no puede concluir su vigorosa intervención pidiendo lisa y llanamente que el Gobierno dimita en bloque sabiendo que Sánchez nunca lo va a aceptar.

Está, sin embargo, más medido en su papel Pablo Casado, que aprueba y respalda lo irremediable, pero no se aviene a secundar al Gobierno en sus continuos desvaríos y vacilaciones, aunque al final creo honradamente que tampoco da una salida política a la preocupante situación en que nos encontramos. Es por eso que el propio presidente del Gobierno, alentado por su gurú de cámara y otros varios analistas y comentaristas políticos, ha lanzado recientemente la propuesta de unos nuevos Pactos de La Moncloa en recuerdo a los suscritos en la Transición, aunque lo que se requiere en estos momentos, a mi juicio, es algo más profundo y estable que dure y dé consistencia al país para un futuro que se prevé muy incierto y problemático. Unos Pactos de La Moncloa manteniendo a Podemos en el Gobierno y con la amenaza siempre latente de los separatistas pudiera suponer una camuflada trampa a la oposición y una manera de encubrir los errores de un gobierno a todas luces fallido.

Creo por ello que la fórmula de un gobierno de coalición que agrupe a las fuerzas que representan a un amplio centro de nuestro país sería en el momento presente la solución más deseable. Por poco apetecible que le pueda parecer a Pablo Casado compartir gobierno con Pedro Sánchez, las circunstancias me parece a mí que le deberían forzar a hacerlo. Es cierto que Sánchez en sí no merece que se le apoye, pero España sí merece que el Partido Popular arrime el hombro en momentos tan críticos como los actuales. El apoyo de Casado no sería pues al propio Sánchez sino en realidad al Partido Socialista y al fin y a la postre al propio país, que se vería aliviado por ello.

A mi parecer, Pablo Casado debería hacer una oferta pública y formal desde el Parlamento a Pedro Sánchez para formar un gobierno de coalición al que debería ser invitado Ciudadanos con el objeto de llegar a tener el ejecutivo más sólido de la democracia superando con creces los 200 diputados. Este gobierno representaría un verdadero compromiso histórico poniendo fin, al permanente enfrentamiento, cada vez más bronco y peligroso entre la derecha y la izquierda que tan malos presagios augura para el porvenir de nuestro país. Además estoy seguro de que este gobierno que propugno sería recibido en Europa con alivio y satisfacción.

Vox y Podemos deberían quedar al margen porque no tendría sentido que estas dos fuerzas formaran parte de la coalición ya que mantienen posiciones diametralmente opuestas en temas de gran calado, lo cual dificultaría la operatividad política que el momento exige.

En caso de que Pedro Sánchez rechazara la mencionada oferta, Casado y el PP no tendrían nada que perder y habrían dado muestras de indudable altura política dejando a un lado por el momento legítimos intereses y apetencias personales para atender al interés superior de la nación. Sánchez quedaría así prisionero de sus propios errores y fatuas ambiciones, no teniendo ya autoridad alguna para pedir socorro y ayuda ante lo que se le va a venir encima en poco tiempo con toda seguridad.

Creo representar el sentimiento y deseo de una gran parte de la sociedad civil, que vería con enorme esperanza la recomposición política que acabo de describir. Sería conveniente por ello que entre todos ejerzamos la debida persuasión y presión democráticas para hacerlo posible.

Es ante circunstancias cruciales cuando se comprueba el coraje y patriotismo de los verdaderos líderes políticos.
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Ignacio Camuñas Solís fue ministro adjunto para las relaciones con las Cortes

Tropezar con la misma piedra
Nota del Editor 15 Abril 2020

Todos los partidos sociocomunistas, separatistas y el PP han demostrado que son capaces de destruir España con dos velocidades, rápida y muy rápida, así que solo queda Vox para conseguir que dimita el desgobierno del Dr Cum Fraude, acompañado de quates bolivarianos, y todos ellos se sienten en el banquillo para que la justicia les imponga las penas acordes con todas sus miserables, perniciosas, dañinas, asesinas (por omisión de acciones sensatas) acciones.

El pacto de la estampita
Carmelo Jordá Libertad Digital 15 Abril 2020

Creo que todos deberíamos tener muy claro que es imposible llegar a ningún tipo de pacto de Estado con este Gobierno: el más tramposo, el más mentiroso y el más falto de escrúpulos de la historia de nuestra democracia, y me atrevería a decir que de todo Occidente. Y si lo anterior no fuese suficiente, también es el más sectario que hemos sufrido en estos lares, ni siquiera el Zapatero del "nos conviene que haya tensión" estaba tan centrado en la criminalización del adversario y en su eliminación, por ahora sólo política, pero con los chavistas en el poder, a saber dónde acabamos.

Por otro lado, aunque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de verdad buscasen sinceramente un pacto, incluso en el hipotético caso de que realmente quisiesen sacarnos de la que se nos viene encima y no aprovechar la debacle para perpetuarse en el poder, hasta en esas circunstancias casi idílicas, la reedición de los Pactos de la Moncloa es imposible.

Este mismo martes la ministra portacoz decía que lo importante no son las "diferencias" que hay entre los partidos, sino lo que puedan tener en común. No es cierto: lo fue en el año 77, cuando, efectivamente, todas las formaciones tenían en común el programa esencial de llevar el país hacia la democracia y, sobre todo, cuando la izquierda era mejor –comparar a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias con Felipe González y Santiago Carrillo es directamente insultante, y no estoy defendiendo a los segundos– y, detalle importante, estaba en la oposición.

Pero ahora los partidos llamados a pactar no comparten ni un mínimo esencial que haga posible siquiera plantear una negociación: algunos ni siquiera creen estar en el mismo país que los demás; otros quieren demoler el régimen del 78, pues tienen la seguridad de poder hacerse con el poder en el caos resultante; están los que desean que España se convierta en una falsa federación de taifas prácticamente independientes y los que aspiran a recentralizar competencias en un Estado más fuerte; los hay partidarios de estatalizar la economía y abolir toda propiedad privada que no sea el chalé de Galapagar, y hasta los hay tibiamente liberales… Dicho de otro modo: ¿qué pueden pactar ERC y Ciudadanos? ¿A qué acuerdos llegarían el PNV y Vox? ¿Qué medidas económicas firmarían en un mismo papel Unidas Podemos y el PP?

Por supuesto, esto lo saben Pedro Sánchez, Pablo Iglesias e Iván Redondo, y si de algo no podemos acusar al presidente, a sus aliados y sus asesores es de inocencia idealista, así que detrás de esta propuesta no hay ni más ni menos que lo evidente: una burda trampa para obligar a la oposición a ligar su destino al de un Gobierno absolutamente desastroso o para culparla de los gigantescos errores de gestión cometidos durante la crisis. No hay más, no puede haber más y no va haber más: este gesto grandilocuente es exactamente lo que parece: una engañifa, otro fraude, una estafa que deja al timo de la estampita en un honesto intercambio comercial. Al lado de Sánchez e Iglesias, los trileros son honrados hombres de bien que sólo entretienen a niños y mayores.

Lo malo de esto es que la derecha española es especialista en caer en las trampas más burdas y evidentes, y lo peor es que un centro desorientado y presa de la necesidad de diferenciarse es el cliente más propicio del mundo para un timador sin escrúpulos como Sánchez. Pero el pacto que ofrece Sánchez es tan fake y sus mentiras son bulos de tal magnitud que esperemos que la oposición, por una vez, no participe alborozada en la excavación de su propia tumba.

El oxígeno revolucionario
Juan Van-Halen ABC 15 Abril 2020

Para quien haya leído los libros de Pablo Iglesias, lanzado al estrellato por una televisión que él considerará ahora de extrema derecha, no le sorprenderá su estrategia actual. Del actual vicepresidente segundo del Gobierno podrá decirse lo que se quiera, según las simpatías políticas, pero no que haya ocultado sus pretensiones ni su idea de cómo conseguirlas.

Los dos puntales del asalto a los cielos de Iglesias han sido socialistas: Zapatero y Sánchez. Descarto referirme a la aportación relevante de sus compañeros y amigos de la Universidad; algunos se han quedado por el camino. Su equipaje académico es denso y nula su experiencia de gestión.

De las apetencias de Iglesias y la forma de cumplirlas se sabe casi todo. Son decenas las grabaciones de intervenciones suyas ante grupos reducidos o amplios en las que no calla nada. Es uno de esos políticos que no suelen cortarse ante sus auditorios, aunque a veces no ha resultado consecuente entre lo que proclama y lo que hace. Así cuando asegura que permanecerá en su barrio de siempre, que «hay que vivir okupando», que nunca será de la casta del poder, que no pronunciará el nombre de España ni aceptará la bandera nacional y menos la Monarquía, considera a la Guardia Civil esa «institución burguesa que protege los intereses de los poderosos», o se declara emocionado si un manifestante apalea a un policía. Sabemos lo que opina de «un Parlamento burgués de mierda que representa los intereses de la clase dominante», y no ignoramos su idea sobre la democracia formal como comúnmente se entiende.

Ya no vive en Vallecas, su residencia campestre es custodiada por la Guardia Civil, prometió lealtad al Rey, pertenece a la denostada casta, es vicepresidente del Gobierno del Reino de España y produce sus comparecencias institucionales ante una bandera nacional. Acaso es fiel a aquello de «el fin justifica los medios», que no es de Maquiavelo, aunque se le atribuya, y cuya idea empleó ya Gracián en el siglo XVII.

El primer impulsor del asalto a los cielos de Iglesias fue Zapatero. Con su olfato político habitual consideró una chiquillada la ocupación de la Puerta del Sol varias semanas, y el asedio al Congreso, que anunciaron mantener «hasta la dimisión del Gobierno». A los indignados de hoy ni se les ocurriría; el centro-derecha es más cívico o más ciego. Aquellos que se autoproclamaban «indignados» pedían «democracia real» y «separación de poderes». Quién lo diría en nuestra realidad de hoy. Zapatero con su radicalismo y su rescate guerracivilista dio paso a lo demás.

El segundo padre de ese asalto a los cielos ha sido Sánchez, tabla de salvación de Iglesias, con graves disidencias internas tras su estrepitosa pérdida de votos en las últimas elecciones, y cuando nadie daba un ochavo por él. Para tapar sus vergüenzas electorales, Sánchez gestionó un gobierno mastodóntico en menos de veinticuatro horas para hacer todo lo contrario de lo que prometió durante la campaña electoral. Parece que ya no perdería el sueño contando con Podemos. Aunque probablemente aquella decisión le haya desvelado alguna vez.

El grave problema que padecemos, y más que se agravará, es que mientras Sánchez tiene una ideología moldeable o ideología chicle, Iglesias sabe perfectamente lo que quiere y cómo lo quiere. En uno de sus libros aclara que hay que aprovechar las crisis, los momentos de excepcionalidad: «La crisis hace saltar los conceptos existentes, los significados básicos». Los votantes suelen padecer amnesia y sopesan mal los riesgos que esconden quienes prometen paraísos. Churchill perdió las elecciones tras ganar la guerra. No se esperan concreciones ni programas realistas; se remueve el sentimiento, tantas veces confundidor.

Un liderazgo socialista débil, plagado de contradicciones internas, que asume respuestas radicales de su socio de Gobierno que muchos no entienden en su propio partido, es el oxígeno revolucionario que Iglesias necesita. Una vicepresidencia menor, diluida entre cuatro, y unos ministerios que en gobiernos anteriores habían sido meras direcciones generales, han alcanzado una dimensión inesperada por la debilidad de Sánchez y la crisis. El objetivo de estos nuevos leninistas es sustituir al socialismo como referencia de la izquierda acercándolo a la irrelevancia. No son socios fiables.

Para Iglesias y los suyos el Derecho «no es más que la voluntad política racionalizadora de los vencedores» y «la ética debe adaptarse a la necesidad de la victoria». Ocurre, y acaso se le escapa a Iglesias, que la crisis que padecemos no es sólo sanitaria y económica. Existe una profunda abrasión humana y social por los miles de muertos. Y nadie ignora, aunque se intente una y otra vez, cómo creció esta crisis en España, sus circunstancias ideológicas, y su gestión en el día a día. La factura política, y en su caso penal, de las responsabilidades será muy costosa. No descarto que el oxígeno que busca Iglesias para su revolución sea desplazado, al cabo, por otro. Ese oxígeno vital de las UCI que nunca olvidaremos.
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Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la de historia y de bellas artes de San Fernando

Iglesias impregna de ideología la crisis del virus: el plan que Sánchez no frena
Antonio Martín Beaumont esdiario 15 Abril 2020

La división en el Gobierno, en tiempos de crisis sanitaria, es mayor que nunca: Iglesias aprieta y Sánchez cede. Pero el presidente tiene un plan: es éste.

El caos reinante en el Gobierno, letal políticamente para algunos de sus miembros, se antoja “anárquico” en estos días cruciales para el país. Las fuentes consultadas coinciden en que el Ejecutivo es un equipo sin orden ni concierto, con ministros que toman decisiones por su cuenta y camarillas que persiguen imponer sus tesis.

“En La Moncloa”, me asegura una persona con despacho en el complejo, “lo más cómodo es maquillar la realidad”. Tirar del juego de las ilusiones es una característica de los ocupantes del palacio presidencial.

También del socio de coalición, Pablo Iglesias, cuyo reto ante la pandemia viene siendo, según admiten personas conocedoras del tema, “aprovechar todas las ventanas de oportunidad” e imponer su “salida” a la página más negra de la historia reciente de España.

Ya es norma en el Gobierno que las decisiones del Consejo de Ministros, lejos de aprobarse en la cita del órgano colegiado, sigan abiertas a modificaciones, incluso vía whatsapp, en medio de tiras y aflojas entre bandos de ministros.

Así ocurrió con el “permiso retribuido recuperable” para reducir la actividad productiva no esencial, que vuelve ahora tras dos semanas de hibernación. Los choques empezaron el 12 de marzo en aquel Consejo de Ministros de siete horas que decretó el estado de alarma. Desde entonces, a decir de algún miembro del gabinete, las reuniones del Gobierno “en su mayoría han sido una pesadilla".

Tanto como para disparar los rumores sobre amagos de dimisión de la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, abiertamente enfrentada con un Pablo Iglesias dispuesto a lanzar una ola de nacionalizaciones ante el desafío vírico. No olvidemos su tan curiosa como subjetiva interpretación de la “intervención de empresas” del artículo 128 de la Constitución. O su descarado empeño por criminalizar a los emprendedores a la mínima ocasión.

Más división
El entorno del presidente no niega victorias de la facción de Unidas Podemos. Su equipo, eso sí, deja claro que las ha permitido Sánchez: “La decisión última es siempre del jefe tras escuchar muchas voces”. “Este es un gabinete presidencialista”, gustan repetir machaconamente en el puente de mando sanchista.

En fin... La vuelta de la economía a una cierta normalidad desde este lunes ha redoblado la división interna. Para el vicepresidente segundo ha sido un trago amargo enviar a los trabajadores a su lugar de empleo, en contra de las sugerencias científicas, sin medidas suficientes de protección para todos ellos.

De hecho, sus huestes culpan de la “injusticia” a empresarios ávidos de ganar dinero e incluso al “alma socialdemócrata” del Gobierno de coalición. Cualquier cosa con tal de apartar de Unidas Podemos la responsabilidad de tomar una decisión contra los trabajadores “más explotados”, según la remasterizada versión morada de la lucha de clases.

“Mutualizar” los errores: el plan de Sánchez para esconder su fracaso sanitario

Aunque nada se les haya escuchado antes sobre colectivos como el sanitario, policías o farmacéuticos que han afrontado sin medios de protección las fechas más duras de la pandemia. Para los de Iglesias no deben ser “clase obrera”.

“Iglesias presiona permanentemente a Sánchez”, se quejan desde las sentinas del secretario general del PSOE. Según los ministros de Podemos, al igual que los acontecimientos requieren de un revolucionario cambio del rumbo económico, también puede imponérsele al presidente un importante giro político.

Se trata, a sus ojos, de pulverizar toda tentativa centrista y arrastrar al Gobierno a sus tesis más radicales. A la postre, nada será igual después de la tragedia. Pablo Iglesias se ve en la sala de operaciones del país ante una ocasión única y no quiere desperdiciarla.

El deseo de Iglesias de aprovechar el momento de emergencia para imponer su pensamiento es evidente. Ha fraguado su carrera contra el consenso de la Transición y lo que lo representa. Su teoría se sustenta en que fue una traición al movimiento obrero y cortó la posibilidad de implantar una democracia plena en España.

Para el mandatario populista, la política debe hacerse desde el enfrentamiento, jamás desde el acuerdo. De ahí que sus pasos en esta crisis busquen aprovechar la angustia para implantar su elaborada arquitectura social.

Es el manido “A río revuelto, ganancias de pescadores”: quiere inyectar sus propuestas extremistas, imposibles de financiar e inaceptables desde el contexto de la Unión Europea, para establecer una economía planificada propia de países como Cuba o Venezuela.

Naturalmente, tiene presente que las decisiones gubernamentales son colegiadas. Implican a todos por igual. Paradojas de la vida, más bien del “polvo del camino” del poder. Eso aconseja dar pasos con tiento si no quiere saltar de un Gobierno que volase por los aires por sus contradicciones.

El cambio de nombre
De ahí que, aun siendo consciente de estar sentado en un Consejo de Ministros dividido, incapaz e insolvente -así lo define gente que conoce bien a Iglesias-, ahora no tenga otro remedio que tragarse a regañadientes, por ejemplo, el sapo de los “Pactos de La Moncloa” que Sánchez dice querer estampar. Una idea cuya mera mención le aterra.

Tanto como para pedir al presidente, para hacer más soportable a la familia morada ese paso del Rubicón, cambiarle el nombre y llamarlo “Acuerdo Nacional para la Reconstrucción”. Así justificaría ante los suyos la “claudicación”, envolviéndola como “mera táctica” hasta alcanzar sus objetivos máximos.

Por más, por supuesto, que él preferiría pertenecer a un Gobierno que en un momento como el actual apretase las tuercas para impregnar de ideología de izquierda dura cualquiera de las decisiones.

Caso Neurona: desvelamos todos los contratos
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Los responsables de Neurona, vinculada a Monedero, se enfrentan hasta a ocho años de cárcel en Bolivia
Manuel Cerdán okdiario 15 Abril 2020

Pablo Iglesias apadrinó a la asesora de comunicación Neurona Consulting en un encuentro que mantuvo con Evo Morales, el 10 de noviembre de 2017, en el Palacio Quemado, sede de la Presidencia de Bolivia. La reunión en el primer Cabildo colonial en La Paz se producía unos días antes de que la consultora mexicana vinculada a Podemos comenzara a firmar con el Gobierno boliviano el primer pelotazo de su vida comercial.

Neurona Consulting ya había suscrito a lo largo de 2017 dos contratos con Morales y negociaba un tercero, pero para los amigos de Iglesias aquello era una minucia -ambos sólo sumaban 85.000 euros- comparado con lo que atesoraría después. Sólo en cinco meses, la consultora mexicana, especializada en procesos electorales, firmó cinco convenios con el Gobierno de Bolivia por un importe superior a 1,4 millones de euros. Al final por ocho contratos, entre 2017 y 2018, facturó 1,6 millones.

Pablo Iglesias, que viajó a Bolivia acompañado por Irene Montero, fue recibido por el dirigente bolivariano como si se tratara de un jefe de Estado. Además de la recepción en la Presidencia, recibió un homenaje en la Asamblea Legislativa Plurinacional, que encabezado por los presidentes de la Cámara de Senadores y de la Cámara de Diputados.

Iglesias también aprovechó la visita a La Paz para participar en un acto conmemorativo del 100 Aniversario de la Revolución Rusa. Por su parte, Montero asistió a una conferencia sobre los derechos de la mujer.

Ya el 14 de noviembre de 2017, el mismo día en que Iglesias tomaba su vuelo de regreso en el aeropuerto internacional de El Alto de La Paz, una representante del Ministerio de Educación, Nery Alejandra Ríos, firmaba para Neurona la «orden de servicio» de la contratación de «piezas comunicacionales». Incluía vídeos, postales, imágenes animadas y manual de identidad gráfica para «posicionamiento de logros de Gestión a través de plataformas digitales». Todo ello por un importe de cien mil euros.

Éste fue el primer contrato firmado por Neurona en septiembre de 2017 por 257.155,00 bolivianos lo que equivalen a 33.738 euros

Por parte de Neurona Consulting el acuerdo era firmado por Andrea Edlin López Hernández, con domicilio en Colonia Nueva Chapultepec, en Morella (Michoacán), en México.

Tras la visita de Iglesias a La Paz, todo cambió positivamente para los camaradas mexicanos: el Gobierno de Morales firmó con Neurona Consulting sus contratos más jugosos por un monto superior a 1,5 millones de euros. Esa cantidad estaba repartida en cinco acuerdos, reflejados en millones de dólares: 1,26; 0,5; 0,12; 0,16; 0,10 y 0,11. En total: 2,25 millones de «dólares americanos», como solían escribir en los contratos los funcionarios bolivianos.

Contrato de 1.265.403,7 dólares americanos (que equivalen a 1.153.864 euros), firmado el 20 de agosto de 2018.

OKDIARIO reproduce los contratos más importantes concedidos por Morales a la consultora de los amigos de Iglesias. Las cifras manejadas en 2017 y 2018 se situaban fuera de los parámetros del mercado audiovisual internacional para los trabajos adjudicados. Se asemejaban más a unos presupuestos calculados más para España o Francia que para Bolivia.

Neurona, una de los nuestros
Un año y medio después de su viaje a La Paz, Pablo Iglesias contrató a Neurona Comunidad, la filial de la mexicana Neurona Consulting. La sociedad había sido constituida en Sevilla, exclusivamente, para gestionar la campaña de Podemos en las Elecciones Generales del 28 de abril de 2019. La responsable de Neurona Comunidad, que figura en el registro mercantil de España, es la mexicana Andrea Edlin López Hernández, la misma que firmó los contratos en Bolivia con la Administración de Morales.

Según fuentes internas de Podemos, Neurona realizó varios trabajos para la coalición morada: un estudio por circunscripciones electorales para detectar los diputados en riesgo, el logo de la coalición Podemos, IU y Equo, el lema «Tú lo cambias todo» de Isabel Serra en Madrid y el de «la historia la escribes tú», que utilizó Iglesias durante sus mítines.

En España llegaron a apoyar también al candidato de Podemos en las Municipales de Alcorcón, en Madrid. Jesús Santos logró 5 concejales, pero llegó a un acuerdo con el PSOE para que se hiciera con la Alcaldía mientras él era nombrado teniente alcalde.

Los contratos firmados entre Neurona Consulting y Evo Morales en Bolivia sirvieron de altavoz de resonancia para que los mexicanos pudieran suscribir más de 200 campañas electorales de candidatos de signo bolivariano.

Quedaba claro por qué la consultora de cabecera de Podemos había inscrito en el registro mercantil la marca Neurona Consulting. Si la neurona, en términos bioquímicos, es una célula del sistema nervioso formada por un núcleo y una serie de prolongaciones, para la consultora vinculada a Podemos suponía una ramificación política para obtener dinero de sus socios bolivarianos.

Neurona Consulting es una empresa mexicana de comunicación que fue constituida en 2016 por activistas vinculados a Podemos para apoyar a los candidatos electorales de extrema izquierda. Sus promotores eran el periodista César Hernández Paredes, fundador de Revolución 3.0 y amigo de Juan Carlos Monedero, y Pabel Muñoz, que ocupó varios cargos durante los gobiernos del ex presidente de Ecuador, Rafael Correa.

Un final en los tribunales
Pablo Iglesias había conocido a Evo Morales, en septiembre de 2014, cuando mantuvo con él una entrevista en La Paz en busca de financiación para la coalición morada que acababa de fundar. En aquel viaje, el líder podemita iba acompañado por Íñigo Errejón, el personaje clave en las relaciones de Podemos con los gobiernos bolivarianos.

La aventura de Podemos y Neurona Consulting en Bolivia acabó en una investigación sobre el destino del dinero tras la llegada del nuevo Gobierno boliviano. La ex ministra de Comunicación Gisela López, la responsable directa de los contratos concedidos a dedo a la consultora podemita, se fugó del país, como hicieron el presidente Morales y el vicepresidente García Linera. Los tres solicitaron asilo en Argentina, donde residen en la actualidad.

Las investigaciones del nuevo Gobierno han descubierto que el 70% del gasto del Ministerio de Comunicación fue destinado a la financiación de las campañas electorales y de propaganda de Evo Morales, con vistas a preservar la Presidencia de Evo Morales.

Contrato de servicios audiovisuales y artes gráficas para redes sociales para la campaña "Mar para Bolivia" por 120.000,00 dólares americanos lo que equivalen a 109.422 euros.

Fernán González publicó en OKDIARIO que la empresa de cabecera de Podemos se enfrenta en Bolivia a cargos que suponen hasta ocho años de cárcel, según los delitos de los que le acusa la Fiscalía Anticorrupción de aquel país.

El periodista Esteban Urreiztieta desveló en enero pasado los pagos realizados por Evo Morales a la consultora de Podemos por un importe de hasta 1,3 millones de euros y aportó algunos de los documentos del nepotismo del Gobierno de Bolivia.

Contrato firmado en marzo de 2018 por 15.319 euros. Ese mismo mes Neurona concertó otros dos acuerdos.

El 21 de febrero de 2018, Iglesias volvía a encontrarse con Morales en Madrid en un acto de solidaridad con el presidente boliviano organizado en el auditorio de CC.OO. Al encuentro de apoyo también acudieron José Luis Rodríguez Zapatero y el coordinador de Izquierda Unida, Alberto Garzón.

El dirigente comunista, que invitó a los suramericanos que viven en España a explicar la realidad que se vive en Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil o Ecuador, concluyó: «El pueblo de Bolivia tiene en Izquierda Unida un aliado incondicional».

El 28 de noviembre de 2017 Neurona firmó un contrato con el siguiente objeto: «Servicio de producción audiovisual de documental, sobre resultados de la investigación de la Comisión Especial Mixta».

Los vínculos de Pablo Iglesias con Morales y sus colaboradores siguen vigentes después de acceder a la Vicepresidencia Segunda del Gobierno de Pedro Sánchez. El pasado 3 de marzo, el ex presidente boliviano Álvaro García Linera, exiliado en Buenos Aires, participó en un coloquio con el líder podemita en la Universidad Complutense. Las estrechas relaciones de Linera con Podemos también lo llevó a presentar un libro que había escrito a medias con el diputado Íñigo Errejón, otros de los beneficiados económicamente por el Régimen de Morales.

Con su república en pleno costalazo
Con lo que nos viene encima, Iglesias enreda con un fracaso de hace 80 años
Luis Ventoso ABC 15 Abril 2020

El expresidente Rajoy se equivocó saltándose el confinamiento para su paseíllo atlético. Una actitud nada ejemplar, porque a todos nos apetecería un garbeo. No sobrarían sus disculpas. Pero en contra del criterio de la televisión sanchista, que ha convertido la marcheta de Mariano en el acabose de la crisis del coronavirus, los problemas son otros: 1.- La carencia de medios de protección, que junto a la falta de previsión del Gobierno explican nuestra anómala cifra de muertos. 2.- El inmisericorde bofetón económico que viene, incrementado por la decisión de haber decretado un cierre completo durante doce días al dictado de Podemos y los separatistas (tiro en el pie que el Gobierno, en eufemismo tontorrón, denominó «la hibernación»).

El frente sanitario ya va mejorando. Pero ahora viene el dolor económico. Hoteles, bares y restaurantes han perdido la Semana Santa. La temporada estival, si llega a existir, será pobre y rara (¿a la playa con mascarilla?). Aena ha cerrado nueve aeropuertos y las aerolíneas preparan despidos nunca vistos. No se vende un coche y las fábricas han parado. El potente textil español ha tenido también que detener su producción, con la demanda cegada por el cierre de las tiendas. Muchos pequeños empresarios que arrancaron el año con animosas ampliaciones sopesan el cierre definitivo, porque la ola los ahoga. Los 450.000 ertes ya solicitados bloquean los servicios de empleo. Y ha llegado el pronóstico del FMI: España será uno de los tres países de la UE que peor se comporten, tras Italia y Grecia. El PIB caerá este año un -8%, lo nunca visto desde la Guerra Civil. El paro pasará del 14% al 20,8%. Eso se llamará descontento social, penurias, depresión y desesperanza.

¿Y en qué anda nuestro vicepresidente florero, Iglesias Turrión, mientras el coronavirus mata a unos quinientos españoles al día -que son más, pues se contabilizan mal- y mientras afrontamos un carajal económico nunca visto? Pues está ocupado en la exaltación sectaria de uno de los fracasos de la historia de España, la II República, régimen de hace 80 años que ni siquiera fue capaz de mantener su propia legalidad (en parte por el boicot revolucionario de los Iglesias Turrión de entonces y por la deslealtad separatista). Iglesias, que es vicepresidente del Gobierno de España, una monarquía parlamentaria, se desayunó ayer subiendo a su cuenta de Twitter una bandera republicana de aires épicos y telegrafiando mensajes en pro de ese régimen. Además, su habitual colleja al jefe del Estado, el Rey. Con todo lo que tenemos encima, nos vemos obligados a soportar a un frívolo que desde un importante cargo público arremete contra nuestros pilares constitucionales, que ocupa su agenda vacía intrigando contra los empresarios, que trata de aprovechar la crisis para estatalizar compañías privadas (es decir, ponerlas bajo la férula de Podemos y el PSOE). No hay nación de nuestra categoría donde se vea algo así. ¿Un «pacto de país» con Pedro y Pablo? ¿Para qué? ¿Para la república, las nacionalizaciones, la persecución de los empresarios y las ofrendas a Torra y Junqueras?

Ni Orwell ni Huxley: los dos

Juan Ángel Soto okdiario 15 Abril 2020

El estado de alarma decretado y prolongado por la crisis del Covid-19 ha otorgado extraordinarios poderes a un Ejecutivo que parece estar aprovechándose de ellos con fines espurios, además de otros legítimos. Ni aun estos últimos gozan de una legitimidad intachable, dado que muchas de las suspensiones o limitaciones de derechos y libertades que hoy observamos tan solo tendrían cabida bajo un estado de excepción, que no de alarma.

Confinamiento, prohibición o no de trabajar al arbitrio de las autoridades, controles policiales, geolocalización de teléfonos móviles, transformación de medios de comunicación en plataformas propagandísticas, purga de información y usuarios de redes sociales, que las acercan cada vez más a meros editoriales en lugar de a un conjunto de opiniones personales… La lista de medidas que se están adoptando, independientemente de que así lo permita la legalidad vigente, resulta en extremo preocupante, pues ponen de manifiesto la vigilancia a la que estamos siendo sometidos; unos rasgos más propios del mundo distópico de George Orwell en 1984 que de sociedades abiertas como la nuestra. Así, muchas voces señalan, con creciente tono de alerta, que algunas de estas disposiciones nos aproximan a un panorama de estado policial moderno, similar al del Gran Hermano de la citada obra, en virtud del cual, no solo estamos controlados por las autoridades en una dimensión vertical, de arriba abajo, sino también horizontalmente, por medio de la censura y la delación entre particulares. Este último elemento reviste especial trascendencia, pues da fe de las insidias y envidias de algunos ciudadanos más que de su complicidad con el régimen. Actitudes que, sin embargo, le vienen muy a mano a este último, ya que, como señala Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, el papel de la población, con su colaboración o simplemente con su silencio, resulta crucial para acabar con la disidencia en las dictaduras.

El mundo orwelliano con el que coquetea el gobierno de coalición socialista-comunista ha de constituir motivo de alarma y denuncia. Sin embargo, ante lo evidente y descarado de este tipo de deriva (o degeneración) de una democracia liberal, conviene tener también presente que existe otra más sutil, e igualmente peligrosa. A saber, la concebida por Aldous Huxley y descrita en Un mundo feliz. Más que la censura (o, en nuestro caso, además de ella), lo que impera es la saturación y la desinformación, alimentadas por el infinito apetito de evasión del hombre. Uno que torna en auténtica voracidad informativa, a causa del confinamiento, el tedio y la apatía.

Así lo señala Huxley en su texto Propaganda en una sociedad democrática, donde dice que los primeros defensores de la prensa libre solo contemplaron, respecto a la propaganda, que esta fuera verdadera o falsa, sin prever lo que en realidad ha sucedido, sobre todo en las sociedades occidentales capitalistas. Según sus palabras, “el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante”, un fallo que achaca a que no se tuvo en cuenta “el apetito casi infinito del hombre por las distracciones”.

La España de hoy se asemeja a ese “mundo feliz”, en el que los ciudadanos hemos sacrificado voluntariamente nuestros derechos, sin apenas oponer resistencia, y perdido el interés por la información o la verdad, entregándonos a una cultura trivial e intoxicada por el placer. Antes que en un estado de alarma (que debiera alarmarnos), nos encontramos en un estado de embriaguez, del que seguramente despertemos por el hambre o la necesidad que la realidad económica impondrá más pronto que tarde. El problema se halla en que, entonces, puede que ya no podamos reaccionar. Quizá sea demasiado tarde.

Juan Ángel Soto
Director de la Fundación Civismo

Marlaska sólo hace test al 5% de los policías con síntomas de coronavirus
Carlos Cuesta okdiario 15 Abril 2020

Un total de 10.000 agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil se encuentran confinados en sus casas por síntomas de coronavirus, según fuentes policiales. Y si ese dato es ya sangrante, ante el evidente abandono que sufren por la falta de mascarillas, guantes y demás medidas de protección que siguen sin llegar de forma generalizada a ambos cuerpos, aún lo es más saber que menos de un 5% de los miembros de la Policía Nacional ha podido contar con el test necesario para certificar su contagio o no, según confirman las mismas fuentes.

La Policía lleva avisando desde hace semanas de la situación de indefensión que sufre frente a la enfermedad por culpa de la falta de mascarillas y guantes. La Guardia Civil exactamente igual: ha tenido que operar sin las mínimas medidas de protección frente al coronavirus.

La triste consecuencia se materializa día a día y de forma creciente: fuentes policiales han confirmado a OKDIARIO que «cerca de 10.000 agentes de ambos cuerpos se encuentran en estos momentos en confinamiento por padecer síntomas del coronavirus».

Las mismas fuentes señalan que ni tan siquiera pueden saber cuántos de esos casos se corresponden en realidad con positivos en coronavirus «porque no nos están haciendo los test, con lo que no podemos certificar los casos totales de contagio real». Tan sólo saben que menos de 300 han sido ya confirmados como positivos.

«Se ha tomado la decisión de mandar a sus casas confinados a todos los que tienen los síntomas. Porque, en caso contrario, el riesgo de contagio es aún más grave”, insisten las mismas fuentes.

En España, el número total de agentes de la Policía se eleva a 65.000. Y el de guardias civiles, a 84.000. El volumen es importante, pero, como indicaban las mismas fuentes hace ya semanas, «hay que tener en cuenta que las funciones no se limitan exclusivamente a patrullar las calles, que se opera respetando unos turnos y que, de seguir el ritmo de contagio, la cifra puede llegar a un volumen muy significativo del total de efectivos de los cuerpos».

Restricciones
Lo cierto es que, en un estado de alarma, la función policial se convierte en absolutamente necesaria para mantener las restricciones y el orden público.

Todo esto, además, ocurre mientras el Gobierno, y en concreto el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguran que ya no hay escasez de material protector, en contra de la evidencia y en contra de las quejas de la Policía, que no deja de dar muestras de que el Ministerio del Interior sólo les ha ido proporcionando mascarillas de protección frente al coronavirus para operaciones concretas y limitadas.

Los sindicatos de la Policía, de hecho, han puesto el grito en el cielo por el último plan de reparto de mascarillas entre la población. Y es que el Gobierno ha repartido mascarillas por medio de policías -muchos de ellos municipales- cuando los agentes no cuentan con esas mascarillas de forma generalizada.
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Involución democrática del Gobierno
ABC 15 Abril 2020 15 Abril 2020

Si en plena pandemia global y con más de 18.000 muertos en España, un vicepresidente del Gobierno aprovecha la tragedia para exigir la implantación de una república en la que el jefe del Estado «jamás tenga que vestirse de militar», es porque en nuestra nación están ocurriendo dos cosas: la primera es que, en su egolatría propagandística, el presidente del Gobierno aún no ha asumido la gravedad de la crisis y el drama socio-sanitario y económico que se cierne sobre España. Y la segunda, que hemos iniciado un proceso de involución democrática hacia un comunismo generador de miseria moral y material en nuestro sistema político. Lo que hizo ayer Iglesias invocando de nuevo la dinamitación de nuestra monarquía parlamentaria es una apelación a la destrucción de la Constitución en un momento en el que toda España llora la pérdida de miles de ciudadanos que ni siquiera su propio Gobierno se ha encargado de contabilizar correctamente. Sin embargo, la culpa no es solo de Iglesias, ese falsario que solo actúa en su propio beneficio. La culpa es de Sánchez, que dice representar a un partido socialdemócrata capaz de construir consensos, respetuoso con las instituciones y leal con el constitucionalismo. Pues bien, o Sánchez miente cuando retrata a ese PSOE o lo hace cuando justifica los excesos de Iglesias. En cualquier caso, miente, y mientras mantenga a un vicepresidente escarbando contra su propio Gobierno y ofendiendo a instituciones como la Corona, solo estará demostrando su carencia de valores democráticos.

Sánchez está destruyendo a su partido y convirtiéndolo en la coartada de ese comunismo intolerante cuyo objetivo es subvertir el régimen democrático. Son demasiados los tics autoritarios a los que asistimos estos días. Y son demasiados los abusos que está cometiendo el Gobierno con la paciencia de los españoles, con la legalidad vigente, y con el futuro de una democracia solvente. Su oferta de renovar los Pactos de la Moncloa es una estafa mientras mantenga su sumisión a Podemos, al separatismo vasco y catalán, y a Bildu. Ayer volvió a quedar en evidencia la trampa y su intención real de que esos acuerdos de Estado sean nada después de que Casado se enterara por la prensa que el jueves tiene que ir a La Moncloa. Porque Sánchez sabe que con Iglesias es imposible consenso alguno con otros partidos, visto su discurso-guía de ayer. Seguirá permitiendo que lo único que avance en España sea el proyecto bolivariano de Iglesias, con una ocupación flagrante del poder, con su desprecio al Rey o con su odio a los empresarios. La irresponsabilidad de Sánchez no parece tener límites, ha entregado a Podemos la llave de la gobernabilidad en el trance más incierto de nuestra democracia, y en un momento de fractura ideológica, emocional y social de la sociedad. Sánchez no demuestra estar del lado de España.

Las muertes del 8-M
José Félix Pérez-Orive Carceller ABC 15 Abril 2020

En el desgarramiento terrible producido por el coronavirus, habría que distinguir dos conceptos. Uno, el de su «inabarcabilidad»: todos los países se han visto sobrepasados por una patogenicidad inesperada; y el otro, el de su responsabilidad gradual: no es lo mismo que escaseen los respiradores que ser cooperadores necesarios con la expansión de la epidemia.

Sánchez accedió al Gobierno de aquella manera y con cada engaño se ha ido desvirtuando un poco más. Paradójicamente, cuánto más controla los medios, más nos traslada su agobiante certidumbre de que solo sabe resistir. En esta crisis ha protegido sus responsabilidades, a modo de coartada, compartiéndolas con la autoridad sanitaria cuando no debería ser así. Se le ha autorizado un mando único y debe ejercerlo de manera personalísima, sin portillos para exculpar sus errores.

Quizá la irresponsabilidad de Sánchez naciera antes, cuando a sabiendas de que no podría controlar a Iglesias, lo admitió en el Gobierno. Sánchez no gobierna, repite con intensidad ciclónica: «Soy el último responsable», que es como decir que hay una larga fila a la que fusilar antes que a él. Contaba desde el mes de enero con un aviso de epidemia alarmante. Y aunque el epidemiólogo del reino trató de no contrariarle, debería haber intuido que una manifestación, como la convocada por Iglesias y su pareja, era una temeridad (otros eventos se autorizarían para justificarla). En el Parlamento escurrió el bulto aduciendo que en ese momento nadie preveía lo que iba a acontecer, pero el que sus ministras llevaran guantes de goma, que los manifestantes en toda España fueran menos de la mitad que el año pasado (entonces, un millón de personas), o que la Unión Europea desaconsejara esa gran concentración, delataban lo contrario. Él lo decidió y sufrió y su error no impide que sintamos empatía por él.

El otro irresponsable es Iglesias. Tengo grabado en la retina cómo llevaba a su bebé a la manifestación. Y como farmacéutico podría mencionar efectos, algunos deletéreos, a los que en esas circunstancias estuvo expuesto. Un bebé tiene mejores sitios donde estar. Me permito opinar con la mayor ternura del bebé de Iglesias, toda vez que ellos han sido (en palabras de la inefable ministra Celaá) los primeros que han pontificado sobre los límites de la patria potestad de los demás.

El adorable hijo de Iglesias fue una víctima inocente de los mensajes epatantes de Podemos. El primero, que lo llevara el padre y no la madre, para contradecir la sabiduría convencional. El segundo, una prueba compungida de que no tenían a nadie con quien dejarlo en casa. El tercero, el refrendo de una pancarta vecina: «Más gente mata el machismo que el coronavirus». Y el cuarto, una prueba guay de normalidad y asepsia cual llevarlo al Retiro. Como Iglesias es un líder carismático, multitud de personas le siguieron por su precipicio, recordándonos a la piara bíblica de Gerasa. Con relampagueante premonición, la vicepresidenta primera del Gobierno declararía: «Nos va la vida en ello». Y claro que nos ha ido. Nada era más importante que encontrar, en esa precisa fecha, la identidad femenina perdida. ¿Qué hubiera pasado si hubiese sido el bebé el infectado en lugar de su madre? ¿Es que un menor no tiene derechos? Corolario: si estos personajes tratan con tan poco prudencia a sus familias, ¿qué harán con nosotros?

Cuando Sánchez eligió a Salvador Illa como ministro de Sanidad, un filósofo inteligente, trabajador, con clase, presencia y agrado personal, ¿por qué lo hizo? Desde luego, no pensando en que supiera medicina, tampoco porque fuera una persona con experiencia en gestión empresarial, menos aún un hombre de acción acostumbrado a tomar decisiones. Lo hizo cavilando en que era del PSC y con amigos en Esquerra con los que podría sentarse a dialogar. Razón descuidada para una elección de liderazgo sanitario, como acabamos de comprobar. Por lo demás, hay ministerios y ministerios. Por ejemplo, se puede nombrar ministro de Transporte al Inspector Clouseau para una misión secreta en Barajas a las dos de la mañana y no pasa nada. Pero hay que saber que en el Ministerio de Sanidad o en el de Economía, los riesgos por falta de idoneidad se acrecientan en momentos extremos.

A partir de aquí, y con un Gobierno bisoño, en el que mantienen el tipo Robles, Planas y a duras penas Calviño, todo han sido sorpresas, burocracia, echar balones fuera, hablar de lo que se va a hacer y negar el virus hasta que apareció en nuestro cuarto de estar, gordo como un búfalo, resoplando enloquecido contra la tormenta de citoquinas que se le venían encima. Cuando se preguntaba por mascarillas, guantes o kits de diagnóstico, la palabra que más contabilizábamos era «en breve», pero Inditex llegaba antes denunciando la naturaleza del problema. Amancio Ortega tampoco sabía de medicina, pero sí de gestión. ¿Y la culpa? Eso todavía no está decidido, pero como podría decir Wyoming: «Siempre nos quedará el PP».

Pues bien, en medio de esa crisis, Iglesias, que estaba harto de hacer el pino, como le habían exigido para entrar en el Gobierno, afloró su espíritu de bandarra y se puso a atacar al Rey -por cierto nuestro valor más sólido en todo este tormento- para, acto seguido, abrumado por brindarnos tanta estabilidad, reclamar unidad y lealtad a la oposición.

A la manifestación, en un sumatorio de Comunidades en toda España, se estima que asistieron 400.000 personas (si hiciéramos caso a lo que contabilizaron los organizadores, incluso más). Supongamos, conservadoramente, un uno por ciento de contagios y un cinco por ciento (de ese uno por ciento) de fallecidos, como al principio era habitual. En resumen: alrededor de doscientos muertos; cuantía similar a la de los atentados de Atocha.

Pues bien, deberíamos recordar a esas víctimas -quizás fueran más- y no ocultarlas en la fosa común de la pandemia, sin memoria ni monolito. Eran personas que cayeron apestadas por la pataleta caprichosa de una joven atropellada y por la renuencia de dos inconscientes a contradecirla. No podemos calificar en qué responsabilidad penal incurrieron, pero responsabilidad hubo. Y si tuvieran la decencia de no intentar transvertir el récord mundial de mortalidad en una buena gestión, deberían dimitir. No hay razón mayor para hacerlo. Todos estamos por la unidad de las instituciones, pero no por blanquear conductas desaprensivas. La euforia de la salida de la crisis no podrá hacernos olvidar que la manifestación feminista fue el gran desencadenante de la tragedia posterior, lo cuenten los subvencionados como lo cuenten. Cierto es que no hubiéramos podido evitar la catástrofe, pero sí una fracción de esos casi 20.000 fallecidos de haber estado en manos más previsoras y reflexivas.
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José Félix Pérez-Orive Carceller es abogado

¿Por qué el Gobierno está fracasando en suministrar material sanitario?
Juan Ramón Rallo elconfidencial 15 Abril 2020

La responsabilidad del Gobierno de España en su gestión de la crisis sanitaria del Covid-19 puede dividirse en dos partes. La primera, hasta el 9 de marzo, está vinculada a su pasividad negligente a la hora de tomar medidas de distanciamiento social que dificultaran la propagación del virus. La segunda, a partir del 9 de marzo, está asociada a su incapacidad de acelerar el regreso a una cierta normalidad social y económica mediante la adquisición de aquel material sanitario que permita prevenir la propagación del virus (mascarillas) y detectar precozmente a los contagiados (test). Cuanto más tardemos en disponer de un suministro amplio de estos bienes, tanto más tardaremos en poner en marcha la economía y, por consiguiente, tanto más nos empobreceremos.

Pero ¿por qué razón el Ejecutivo está fracasando estrepitosamente a la hora de abastecer el país con los test y las mascarillas que necesitamos? ¿Por qué el Gobierno tiene que aplazar 'sine die' sus cruciales 60.000 análisis aleatorios por “problemas logísticos” y por qué algunas autonomías han llegado a tener que repartir vergonzosas mascarillas de papel? ¿Por qué, en suma, después de un mes de estado de alarma todavía no disponemos de los enseres básicos?

De entrada, es cierto que los mercados globales de este tipo de material sanitario se hallan enormemente tensionados: casi todos los países del mundo han disparado simultáneamente su demanda, mientras que la oferta no es que no haya podido crecer igual de rápido, sino que en muchos casos se ha paralizado, o ralentizado, por el coronavirus. Y cuando la demanda crece muchísimo más que la oferta, los precios tienden a aumentar de manera muy considerable (dejando desabastecidos a aquellos que no pueden o no quieren pagar tales precios). Por consiguiente, es verdad que la coyuntura internacional no contribuye a facilitar un suministro amplio ni de test ni de mascarillas.

Ahora bien, las dificultades globales no explican por entero el fracaso gubernamental, pues otros países sí cuentan con disponibilidades de ambas mercancías; e incluso en España hay empresas, hospitales y laboratorios privados que sí han sido capaces de proveerse con el pertinente material sanitario. ¿Por qué entonces el Gobierno lo está haciendo tan mal a este respecto? Pues, en esencia, por dos motivos.

El primero es la falta de experiencia del Ejecutivo y del conjunto de la Administración para adquirir este tipo de material a muy gran escala: a diferencia de aquella parte del sector privado que ya dispone de sus propias redes comerciales así como de unos departamentos de gestión de compras habituados a negociar con proveedores extranjeros, el sector público carece de esa formación y de esa información, de modo que avanza dando tumbos. La propia ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, llegó a reconocerlo en una entrevista para Radio Euskadi: “No estamos necesariamente muy acostumbrados a comprar en China: es un mercado que nos es un poquito desconocido. Entonces, hay muchos intermediarios que te presentan, que nos ofrecen gangas y luego evidentemente resulta que eso no son gangas”.

Pero existe un segundo problema, acaso más profundo y más preocupante, que son los incentivos perversos de este Gobierno a anteponer su dogmatismo ideológico sobre la realidad del mercado. Tanto los miembros del PSOE como, sobre todo, los de Unidas Podemos están obsesionados con impedir que haya agentes económicos que se lucren vendiendo material sanitario a precios anormalmente altos. De ahí que el encarecimiento mundial de estos bienes —algo del todo razonable, dada la explosión de su demanda frente a una oferta a medio gas— es visto como una inaceptable trampa especulativa con la que el Gobierno no puede colaborar de ningún modo.

Por ejemplo, en su última entrevista en 'eldiario.es', Iglesias describía las actuales condiciones del mercado internacional de material sanitario como “especulación repugnante”; asimismo, Irene Montero, en una conversación con Alfredo Serrano (el asesor económico de Maduro, que sumió a Venezuela en la hiperinflación y miseria actuales), también descalificaba la presente escalada de precios como “mercado salvaje y especulación salvaje”. Pero acaso lo peor no sea que la gente de Podemos muestre una absoluta incomprensión de lo que está sucediendo en el mundo, sino que los miembros del PSOE también lo hacen. Así, en palabras de González Laya en la ya referenciada entrevista: “Especulan los intermediarios y especulan los productores: cuando hay más demanda que oferta, pues evidentemente los precios pueden subir, que es lo que está ocurriendo ahora”.

Para el Gobierno PSOE-Podemos, por consiguiente, cualquier aumento significativo del precio de las mascarillas y de los test por encima de su precio habitual merece ser considerado como “especulación”. Como es lógico, un Gobierno que, emborrachado en sus dogmas ideológicos, rechaza alimentar las “ganancias especulativas” de productores e intermediarios será un Gobierno del todo incapaz de abastecerse en las presentes condiciones internacionales: aquellos agentes económicos —incluyendo gobiernos— que no estén dispuestos a abonar los precios de mercado del escaso material sanitario a la venta se quedarán sin él (porque otros agentes sí los abonarán) y, por consiguiente, a este Ejecutivo solo le quedará buscar tramposas y peligrosas gangas —de las que hablaba González Laya—, que generalmente terminan saliendo fatal.

En definitiva, la mezcla de incompetencia y fanatismo ideológico no puede más que alumbrar una incapacidad radical en lograr por sí mismos un suministro abundante de material sanitario con el que relanzar la sociedad y la economía. Pero es que, además, esa incapacidad radical del Gobierno en abastecerse de material sanitario suficiente lo lleva a querer incautárselo desaforadamente a todas aquellas empresas o autónomos que sí han conseguido adquirirlo (porque saben dónde comprarlo y porque, además, están dispuestos a pagar precios de mercado). Y como cada vez más empresas y autónomos devienen conscientes de que, si osan importar mascarillas o test, el Gobierno puede terminar requisándoselos incluso en la misma aduana, cada vez son más los que rechazan destinar su capital a tan arriesgada operación.

Al final, pues, la incompetencia y el sectarismo del Gobierno no solo lo incapacitan a él mismo para conseguir el material sanitario que necesitamos, sino que también terminan impidiendo que los particulares lo logren por sus propios medios. El dirigismo gubernamental y los controles artificiales de precios siempre acaban provocando el desabastecimiento generalizado que presuntamente pretendían combatir: pero en la actual situación de emergencia sanitaria y económica, semejante desabastecimiento sí es, en palabras de Iglesias y Montero, una repugnante salvajada.


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