AGLI Recortes de Prensa   Martes 21  Abril  2020

¿Se deja morir a los hospitalizados de más de 80 años?
OKDIARIO 21 Abril 2020

Asegura el Gobierno socialcomunista que no se ha hecho ningún cribado por edad para asignar UCI a los enfermos hospitalizados por coronavirus, pero los documentos que aporta OKDIARIO demuestran que el Ejecutivo miente. De 17.084 personas de mayores de más de 80 años ingresadas, sólo el 1,4% accedió a una Unidad de Cuidados Intensivos, según datos del propio Ministerio de Sanidad. Se da la circunstancia de que los pacientes por coronavirus de más de 80 años representan nada menos que el 25,4 de los hospitalizados -uno de cada cuatro contagiados que han entrado en un centro hospitalario-. O sea, que de 17.084 personas hospitalizadas mayores de 80 años, sólo contaron con cuidados intensivos 241. Si esto no es un cribado, el Ejecutivo socialista tendrá que explicar cómo es posible que precisamente el colectivo hospitalizado con peor estado de salud sea el que menos tratamiento de cuidados intensivos reciba.

El estudio parte de 145.358 casos confirmados de coronavirus en España a fecha de este pasado lunes. El resto hasta los 200.000 contagios confirmados actuales no se incluyen por no contar con datos exactos y completos del resto de positivos.

Pese al desmentido del Gobierno en el sentido de que no se discriminaba a ningún paciente, OKDIARIO ya publicó un informe en el que el Ministerio de Sanidad fija cinco criterios basados esencialmente en un punto prioritario: las «expectativas objetivas de recuperación del paciente en el corto plazo a su estado previo de salud, teniendo en cuenta la concurrencia o no de patologías graves acompañantes que evidencien un pronóstico fatal (enfermos terminales con pronóstico de irreversibilidad, estado de coma irreversible, etc.), aunque pueda comportar una atención clínica añadida».

Para entendernos: el Ejecutivo socialcomunista estableció de forma clara criterios de atención que penalizaban de forma evidente a la población de más edad y, en consecuencia, de peor diagnóstico de recuperación. Los datos del Ministerio de Sanidad relativos al ingreso en las unidades de cuidados intensivos confirman la existencia de cribados. De 17.084 personas mayores de 80 años hospitalizadas, sólo entraron 241 en las UCI. Las cifras desnudan, otra vez, las mentiras del Gobierno.

Crueldad con los mayores de 80: 7.369 muertos porque sólo 241 de los 17.084 hospitalizados fue a la UCI
Carlos Cuesta okdiario 21 Abril 2020

Los mayores de 80 años han sido apeados de las UCI. Pese a que el Gobierno insiste en que no se ha hecho cribado por edad para asignar las UCI a los pacientes, lo cierto es que los datos estadísticos son reveladores. De 17.084 personas de más de 80 años que han sido hospitalizadas por coronavirus, sólo el 1,4% ha accedido a una unidad de cuidados intensivos, según los propios datos del Ministerio de Sanidad. Y, todo ello, mientras el Ministerio ha emitido por el camino un documento donde marca cinco pautas para asignar los medios escasos, como las UCI o los respiradores. Y esos cinco criterios coinciden en uno central: concentrar los recursos escasos en aquellos pacientes con más esperanzas de recuperación.

Los pacientes por coronavirus de más de 80 años representan nada menos que el 25,4% de los hospitalizados -uno de cada cuatro contagiados que han entrado en un centro hospitalario-. Suman, por ahora, 13.205 personas hospitalizadas de 80 a 89 años, y 3.879 por encima de los 90 años. En total: 17.084 pacientes contagiados.

Son, de hecho y hasta la fecha –tal y como confirma la documentación del Ministerio de Sanidad que publica OKDIARIO–, un colectivo superior en hospitalización al de los contagiados por coronavirus comprendidos entre los 70 y los 79 años: estos han sido hospitalizados en un total de 15.837 casos.

Pues bien, pese al enorme volumen de contagios y gravedad de los mayores de 80 años, lo cierto es que sólo han llegado a contar con cuidados intensivos 241 personas: un 1,4% del total hospitalizado. El dato es llamativo. Y es que el grupo de 70 a 79 años ha accedido en 1.738 casos a UCI.
Traducido: los hospitalizados de 70 a 79 han llegado a la UCI en un 10,97% de los casos, más de 10 veces por encima de los mayores de 80 años. Y eso que, evidentemente, es más grave el estado de salud de los mayores de 80 que de los mayores de 70 por regla general.

Coronavirus
Los datos de letalidad lo confirman: los de más de 80 años hospitalizados han superado el 24%. Mientras que los de más de 70 hospitalizados se sitúan en el 14,7%. Son los datos del propio Ministerio de Sanidad los que confirman esta tétrica realidad.

El estudio parte de 145.358 casos confirmados de coronavirus en España a fecha de este pasado lunes. El resto hasta los 200.000 contagios confirmados actuales no los incluye por no contar con datos exactos y completos del resto de positivos.

El estudio lo explica expresamente con una anotación: “Datos obtenidos del análisis sobre 145.354 casos notificados con información disponible de edad y sexo. Los datos del total pueden no coincidir con la suma de hombres y mujeres porque en algunos casos no se dispone de la información del sexo, sólo de la edad. Estos datos se actualizan permanentemente, pudiendo sufrir alguna modificación”.

«Expectativas objetivas de recuperación»
Hay que recordar que el Ministerio de Sanidad ha fijado en un documento -tal y como publicó OKDIARIO– los criterios sobre «prioridades en la admisión y tratamiento de pacientes y sospechosos» del coronavirus. O lo que es lo mismo, las pautas a seguir para que, en plena escasez de respiradores y camas de UCI, los médicos sepan a quién asignarle los medios y a quién no.

El Ministerio fija cinco criterios basados esencialmente en un punto prioritario: las «expectativas objetivas de recuperación» del paciente. Así de duro y así de rotundo. El documento oficial del Ministerio de Sanidad se titula Informe del Ministerio de Sanidad sobre los aspectos éticos en situaciones de pandemia: El SARS-CoV-2. Y el texto no escatima en la descripción de la dureza de la situación a la que se ha llegado para reconocer que «el llamado deber de asistencia que incumbe a los profesionales en su actividad asistencial es una proyección del derecho constitucional (no fundamental) a la protección de la salud (art. 43 CE) que tenemos todos los españoles y los ciudadanos extranjeros residentes en el territorio nacional».

Pero que «dada la demanda masiva existente y la escasez de recursos para atenderla, aunque pueda ser transitoria, comporta una reducción del disfrute efectivo de ese derecho y plantea la priorización de los individuos potencialmente más expuestos al contagio o ya infectados», tal y como admite sin paliativos.

El escrito se refiere a las UCI y a los respiradores y establece «un rango de prioridades» en el acceso a esos medios y fija los «criterios de admisión de pacientes con síntomas graves en unidades de cuidados intensivos y aplicación de ventilación mecánica asistida».

Ese documento fija en su criterio número cuatro la necesidad de evaluar ante la escasez de medios, las «expectativas objetivas de recuperación del paciente en el corto plazo a su estado previo de salud, teniendo en cuenta la concurrencia o no de patologías graves acompañantes que evidencien un pronóstico fatal (enfermos terminales con pronóstico de irreversibilidad, estado de coma irreversible, etc.), aunque pueda comportar una atención clínica añadida».

Una moción de censura
Julio Ariza. rebelionenlagranja.com 21 Abril 2020

Un estado de alarma que suspende inconstitucionalmente derechos fundamentales y libertades públicas (libertad de circulación, derechos de reunión y manifestación, libertad de culto, utilización de la censura previa en las ruedas del presidente del Gobierno, limitación de la función de control parlamentario, control gubernamental de las telecomunicaciones, limitación de la propiedad privada y del ejercicio empresarial); un Gobierno que anima a la gente a ir a manifestaciones con riesgo cierto de infección de la pandemia más grave del siglo; un Gobierno que luego oculta las muertes, falsea las cifras estadísticas de los contagios y se niega a declarar el luto nacional con más de 20.000 muertos a la espalda (que se sepa); un Gobierno que prohíbe a las familias sacar a sus mayores de las residencias, despedirse de sus personas queridas en el momento de la muerte, velar su cadáver y darle inmediata y digna sepultura y que, además, avisa que en el futuro enviará a los asintomáticos a lugares de confinamiento o de concentración; un Gobierno que aprovecha la crisis para alterar la constitución material del régimen e introducir cambios en él o provocarlos (el vicepresidente pide la República y se cuela en los servicios de inteligencia antes vetados a él); un Gobierno que quiere amordazar la crítica con la excusa de luchar contra los bulos (la triste y sempiterna cantinela de todas las dictaduras que en el mundo han sido); un Gobierno que utiliza el Centro de Investigaciones Sociológicas para inducir en la opinión pública la manera de limitar la libertad de expresión y el derecho a la información; un Gobierno que pone a la Guardia Civil a su servicio político y partidista (no al servicio del interés general) y un general de la Guardia Civil que confiesa en rueda de prensa que el Instituto trabaja ya para “minimizar” el clima contrario al gobierno (¿dónde queda el cumplimiento del artículo 103 de la Constitución que impone la objetividad y el interés general?); una avalancha chapucera y grotesca de contrataciones fake, opacas, escandalosas de materia sanitario; una desasistencia material infame de nuestros médicos, enfermeras, ATS, camilleros, celadores y demás personas sanitario; unas torpes medidas sociales que están dejando al país sin economía y sin futuro…a qué seguir.

¿Faltan razones objetivas para que toda la oposición de centro-izquierda, centro, centro- derecha y derecha tenga la valentía de unirse en una moción de censura? Ya; ya sabemos que no salen los números; pero sería un aldabonazo con el que romper la sordera de muchos medios de comunicación a cualquier crítica del gobierno y de hacer llegar la voz de los españoles al tablero internacional. Tenemos que dar la voz de alarma. Los estados democráticos europeos y occidentales tienen que saber lo que está pasando en España, que no es otra cosa que una descomposición vertiginosa de la democracia y la instalación en el oeste peninsular del continente de un régimen de corte chavista.

El artículo 116 de la Constitución española no impide que durante la declaración del estado de alarma se pueda presentar una moción de censura. La ley y orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma excepción y sitio señala, antes al contrario, en su artículo primero apartado 4 que “la declaración de los estados de alarma, excepción y sitio no interrumpe el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del Estado”. Por lo tanto, ningún inconveniente constitucional para plantearle una moción de censura a un gobierno que llegó al poder mediante otra.

El artículo 113 de la Constitución señala que el “el Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría absoluta de la moción de censura”. Esta debe ser propuesta por la décima parte de los diputados y debe incluir un candidato alternativo a la presidencia del gobierno, que no necesariamente tiene que ser diputado. Debe ser aprobada por la mayoría absoluta. El promotor no puede plantear otra en el mismo periodo de sesiones. Como la moción se diseñó en la Constitución para que no saliera fácilmente adelante, es prácticamente imposible que prospere. Pero la finalidad constitucional y política de la moción de censura, cuando es constructiva, no es solo provocar el cambio de gobierno, sino que también es una manera, la más radical si se quiere, de ejercer su control político parlamentario en un momento excepcional de la vida nacional como este.

Que España sea el peor país del mundo por millón de habitantes en número de contagios ya sería suficiente; que los sea además por la imprevisión la frivolidad, el sectarismo y la ineptitud del gobierno, también; pero lo más grave es que están suspendiendo derechos y libertades de los españoles y aprovechando la tragedia de la pandemia para mutar un régimen por otro.

El artículo 104.1 de la Constitución obliga a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bajo la dependencia del gobierno, a proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades. La mera declaración del General debería provocar la dimisión fulminante del Ministro del ramo.

Europa debe saber lo que está pasando en España. Y la manera de romper la barrera del silencio es la moción de censura.

¿Asistir y dar cobertura al gran fake político de esa enorme cortina de humo que serían unos imposibles pactos de la Moncloa? ¿Legitimar con la presencia de la oposición el mayor recorte de las libertades de los últimos cuarenta años y la mutación del régimen político?

Seamos serios. Pidamos lo imposible. Frente al engaño, debe triunfar la verdad.

Eduardo Inda: «Esto huele a golpe de Estado blando que apesta»
OKDIARIO 21 Abril 2020

Las palabras del jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, en las que aseguraba que trabajaba para «minimizar» las críticas al Gobierno en las redes sociales han escandalizado a Eduardo Inda. «La situación para la libertad en general y para la libertad de expresión en particular es, en estos momentos, terrible», afirma el director de OKDIARIO.

En su último vídeo, Inda aparece ya sin mordaza. «Se preguntarán todos ustedes por qué no llevo ya la mordaza que nos puso a todos los españoles el Gobierno la semana pasada a través del CIS», comienza Inda que responde a su propia pregunta: «Pues la respuesta es muy sencilla. Porque desde aquí y ahora le quiero transmitir al presidente Iglesias y al vicepresidente Sánchez [SIC, no es un lapsus] que se pueden meter sus mordazas donde les quepan».

El periodista afirma que estamos viviendo en una época en la que «la situación para la libertad en general y para la libertad de expresión en particular, es en estos momentos terrible. Nunca en 40 años de democracia estuvo tan amenazada la Constitución, las libertades y lo que en la jerga anglosajona se denomina los derechos civiles». Y recuerda Inda que las palabras que pronunció en la rueda de prensa el general Santiago «fueron realmente aterradoras».

Según Inda, lo peor de todo no es que dijera lo que dijo, que ya es grave, sino que «ayer el tipo no sólo no se desdijo, sino que se reafirmó» y explica que la excusa «desde luego no es como la que plantea el cínico ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que habla de lapsus», sino que «aquí hay dos posibilidades. O bien el tipo está hasta las narices de que le digan que hay que censurar a los españoles o bien está convencido de todo ello», recalca Inda. «Esta última es la peor de todas porque supondría que tenemos al frente de la Guardia Civil a una suerte de Tejero posmoderno», dice Eduardo Inda.

«A mí la primera imagen que se me vino a la memoria el domingo al escuchar sus palabras fue la de Antonio Tejero entrando a tiros en el Congreso el 23 de febrero de 1981. También me vino a la memoria esa imagen que tenemos en los libros de historia del general Pavía entrando a caballo o no, porque no se sabe si realmente entró a caballo en el Congreso los diputados, pero cierto es que disolvió las Cortes», rememora el director de OKDIARIO como ejemplos de ataque a la libertad.

«Yo espero, confío y deseo que los jueces hagan su tarea, hagan su función, que el Tribunal Constitucional se ponga las pilas porque si no, de un tiempo en adelante, yo vaticino muy malas cosas para el Estado de Derecho en España» y dice Inda que «si no se ponen las pilas los jueces, las posibilidades que tenemos de que pasemos a ser como la Rusia de Putin, como la Turquía de Erdogan, como la China de Xi Jingping o como la Venezuela de Maduro son infinitas». Por último, añade que «lo que está aconteciendo, no nos engañemos, tiene un tufo a golpe de Estado blando que apesta, sencillamente apesta».

Perfiles «falsos»: el Gobierno, el mayor propagador de bulos
OKDIARIO 21 Abril 2020

Si la Guardia Civil trabaja para combatir los bulos en las redes sociales, tiene todo un campo nuevo por explorar: miles de seguidores de procedencia falsa siguen emergiendo por millares en la página de Facebook del Ministerio de Sanidad. Si el otro día era a cuenta de un vídeo del ministro, Salvador Illa, ahora le ha tocado el turno a Fernando Simón.

En plena oleada de críticas contra la gestión del Gobierno en la crisis sanitaria, 4,2 millones de reproducciones, 48.000 reacciones, 7.717 comentarios y 9.315 veces compartida, un ejército de ‘bots’, perfiles falsos, han salido en ayuda del Ejecutivo socialista. Tienen nombres de lo más sugerente, Allie Letchew, Sheyra Ketola o Alysha Vanderwyk.

Urge investigar si este tipo de prácticas en las redes sociales se está impulsando con dinero público; es decir, si es la mano del Gobierno quien está generando de forma artificial el creciente número de cuentas con una única foto de perfil y sin ningún tipo de actividad que aparecen durante las comparecencias públicas de los responsables del Ministerio para neutralizar las críticas y viralizar los mensajes del Gobierno. Comprar ‘bots’ no es nuevo, pero hay que aclarar si estos perfiles creados hace sólo unos días y sin apenas movimientos responden a una estrategia alentada por el propio Ejecutivo, porque estaríamos ante un caso de malversación.

Fuentes de Facebook aseguran que están investigando si estamos ante un caso de cuentas falsas, pero lo ocurrido desde hace días acrecienta las sospechas de que el Ejecutivo se ha rodeado de un ingente número de seguidores generados artificialmente y que, casualmente, han dado un «me gusta»a las diferentes intervenciones del ministro de Sanidad o del director del centro de emergencias contra la pandemia.

En un momento en que desde el Ejecutivo se insta a poner coto a los bulos en las redes sociales, los perfiles falsos inundan la página oficial del Ministerio. Es ahí donde hay que investigar. Porque el mayor propagador de bulos es el Gobierno.

Sánchez y Casado en la buena dirección
Editorial larazon 21 Abril 2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Pablo Casado, orillaron ayer sus patentes diferencias políticas y personales para acordar el marco de las negociaciones que deben llevar en último extremo a la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado que den respuesta a la emergencia económica provocada por la pandemia del coronavirus. Que sea por medio de una comisión parlamentaria, como pedía el dirigente popular, garantiza la necesaria transparencia –ese clásico «luz y taquígrafos– y, al mismo tiempo, evita las pretensiones de algunos actores políticos que cuestionan el modelo económico, social y territorial de la democracia española. Como ya hemos señalado en estas mismas páginas, nada puede haber sobre la mesa que suponga alterar los fundamentos de nuestra convivencia, como, por ejemplo, los derechos a la propiedad y a la libertad de empresa, sin pasar por la vía de las urnas y de la reforma constitucional. Debemos insistir en ello porque no es posible obviar que no hay cambio alguno, no puede haberlo, en la actual aritmética parlamentaria, donde operan formaciones políticas separatistas y de extrema izquierda, lo que va a exigir a los dos grandes partidos españoles, el PSOE y el PP, voluntad de acuerdo y capacidad de transacción.

Estamos, pues, en la buena dirección y tanto Pedro Sánchez como Pablo Casado merecen un voto de confianza y sería bueno que se redujera el actual ruido de fondo de la controversia sin que ello signifique renuncia alguna a la labor de control del Ejecutivo por parte de la oposición o al ejercicio de la crítica. Pero nos parece razonable evitar el tono insultante de algunas intervenciones que, a la postre, en nada ayudan a la consecución del objetivo que a todos importa y al que todos estamos convocados. La tarea es ingente y no podía acometerse en solitario por un Ejecutivo en el que cohabitan planteamientos distintos sobre el papel de lo público y lo privado en la articulación del modelo económico y, por lo tanto, en las recetas más adecuadas para superar la crisis, pero que cuenta con la legitimidad parlamentaria y el mandato de las urnas. De ahí que resultara un error tratar de imponer al presidente del Gobierno condiciones inaceptables, como la renuncia a su acuerdo de coalición con Podemos, que reclamaban algunos sectores mediáticos y políticos. Porque, en nuestra opinión, es estéril plantear la cuestión en clave de ganadores o perdedores. Ni Sánchez ni Casado pueden, en la situación de peligro en que se encuentra la sociedad española, dirimir prestigios personales, actitud que sería no sólo mal comprendida por la opinión pública, sino que supondría un lastre, uno más, para la recuperación.

Además, el tiempo apremia. No sólo es preciso aunar esfuerzos en el frente doméstico –donde los agentes sociales, en especial el mundo empresarial, tienen mucho que aportar y donde es imperativo conseguir una coordinación eficaz entre los distintos gobiernos autonómicos, sobre los que, junto con los ayuntamientos, recaerá buena parte del esfuerzo de contención social de la crisis–, sino que España debe presentar una posición fuerte y con el mayor respaldo político posible ante una UE que no acaba de entender que sólo desde la acción conjunta de todos los estados miembros se podrá superar la grave recesión que nos acecha en el horizonte. España es víctima de una epidemia terrible como lo son otras naciones y es injusto tratar de buscar culpables. No se trata de mutualizar deudas ni de que paguen otros. Asumiremos nuestra responsabilidad, por supuesto, pero la Europa unida se juega su razón de ser. Si priman egoísmos nacionalistas, trufados de prejuicios, ante el mayor problema humano y social que ha acaecido en su historia, es que poco queda de los principios sobre los que se fundó.

Directos hacia el abismo
Nota del Editor 21 Abril 2020

El Dr Cum Fraude tiene que dimitir lo demás son empujones hacia el abismo. No se puede negociar con un desgobierno que está destrozando España y que por su culpa están muriendo decenas de miles de españoles.

La alternativa
Cayetano González Libertad Digital 21 Abril 2020

Una de las consecuencias más claras que hay que extraer, en el terreno político, de la crisis creada por la pandemia del coronavirus es que este Gobierno social-comunista –que, conviene recordar una y otra vez, es por lo que optó Pedro Sánchez– no está capacitado, ni tiene la credibilidad ni la autoridad moral para liderar la etapa post-crisis. Sus numerosos errores, chapuzas, improvisaciones, así como el intento obsceno por parte del socio principal de Sánchez, tolerado por este, de aprovechar la coyuntura para pisar el acelerador de su ideología sectaria, le inhabilitan para ello.

La cuestión es intentar contestar a la pregunta de cuál es la alternativa. Y la respuesta no es nada fácil. Pero habrá que partir de una constatación: hay una buena parte de la ciudadanía que, aunque los actuales responsables del Gobierno piensen que es tonta, está tomando buena nota de muchas cosas que están sucediendo, y es de suponer que ese descontento social creciente se pueda plasmar en un futuro próximo –cuando se recupere la tan deseada normalidad– en iniciativas concretas, lideradas no sólo por los partidos de la oposición, sino por entidades, organismos y asociaciones de la sociedad civil.

Es verdad que, ante el desastre en la gestión y en la acción política de este Gobierno PSOE-Podemos, muchos ciudadanos pueden estar mirando ya hacia otros territorios políticos y no encontrar en ellos una alternativa sólida y preparada. Y es ahí donde los partidos de la oposición tienen que ser conscientes de la gravedad de la hora que estamos viviendo, actuar en consecuencia y no defraudar a tantos compatriotas que en estos dramáticos momentos necesitan alguna luz, alguna certeza de que hay una alternativa dispuesta a coger el timón de la Nación.

Todo el mundo dice que las cosas van a ser diferentes –en el terreno social, de las relaciones humanas, no digamos nada en el campo económico– cuando vayamos saliendo poco a poco de la actual situación. Habrá que pensar que, si eso es así, también tendrá que aplicarse al terreno político. Es decir, los tres partidos que tienen que configurar esa alternativa, PP, VOX y Ciudadanos, no pueden seguir actuando como si nada hubiera pasado.

Es el momento de que los líderes de estos partidos busquen fórmulas de entendimiento, de colaboración, que tengan como objetivo prioritario desalojar, cuando lleguen las elecciones, al Gobierno social-comunista. Y tendrán que hacerlo desde la generosidad que supone anteponer los intereses generales de España y de los españoles a los particulares de unas siglas o personas.

Como es de prever que Sánchez aguante todo lo que pueda agarrado al mástil de la Moncloa e intente prolongar todo lo que le sea posible la actual legislatura, los tres partidos de la oposición deberían enfocar las aplazadas elecciones en Cataluña, País Vasco y Galicia como banco de pruebas de esa alternativa tan necesaria y urgente. Las fórmulas para el entendimiento pueden ser diversas, pero sobre todo son una urgencia nacional.

Mientras que ese momento llega –el de las elecciones generales y las autonómicas en las tres comunidades citadas–, la oposición tiene que ser implacable en su labor de control y crítica al Gobierno. Al parecer, el presidente del PP ha conseguido que Sánchez traslade su mesa-trampa de la Moncloa a una comisión parlamentaria en el Congreso. Ese logro de Casado, en línea con la postura que ha mantenido Vox de no hablar con Sánchez ni por teléfono ni por videoconferencia, sino sólo en la sede de la soberanía nacional, está muy bien; pero que ni el líder del PP, ni Abascal ni Arrimadas bajen un milímetro la guardia, porque el tándem Sanchez-Iglesias no va a renunciar tan fácilmente a su proyecto político de cambio del régimen constitucional del 78, aunque la tragedia del coronavirus, por inesperada y por su gravedad, se lo haya puesto más difícil.

Alternativa de verdad y no corriente alterna
Nota del Editor 21 Abril 2020

Llevamos sufriendo cuarenta años la tortura del cable eléctrico: corriente alterna en nuestras partes sensibles: un ciclo PSOE otro ciclo PP. Así que solo nos queda Vox.

Abascal: ‘El Gobierno está dinamitando la democracia’
Redacción. rebelionenlagranja.com 21 Abril 2020

El líder de VOX, Santiago Abascal, ha anunciado acciones legales urgentes tras el reconocimiento, por parte del Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, de que trabajan para minimizar “el clima contrario” al Gobierno por su nefasta gestión de la crisis generada ante la pandemia provocada por el Covid-19.

“Las Fuerzas de Seguridad de Estado están para perseguir los delitos y no para convertir en delito el ejercicio de la oposición ni para minimizar las críticas al gobierno. Un gobierno, en este caso, que con esta orden ilegal ha traspasado todos los límites”, ha dicho Abascal en su cuenta de Twitter, antes de manifestar que su formación interpondrá “acciones judiciales urgentes” contra los que han dado esas órdenes y contra cualquier funcionario que las acate.

“En primer lugar iniciaremos acciones legales contra el ministro y contra ese general, que ha reconocido públicamente un delito gravísimo contra la libertad de expresión que es un derecho fundamental”, ha añadido.

Cree el líder de VOX que la afirmación del general demuestra que no se habían equivocado en su análisis y que “al menos una parte del gobierno (y desde luego todos sus socios) están trabajando en destruir la democracia y arruinar a la nación para implantar una dictadura chavista”.

“Hacemos un llamamiento a todos los españoles: han dejado morir a miles de personas por su negligencia y sectarismo. Nos están arruinando. Y, mientras estamos confinados, nos están amordazando. No tienen un plan para los españoles. Su único plan es el poder sin límites. Debemos exigir juntos la dimisión de este gobierno mentiroso y despótico que ha traspasado todos los límites. El Gobierno quiere matar la libertad de expresión usando una institución querida por los españoles, la Benemérita. Están dinamitando la Constitución y la democracia”, ha finalizado.

Sánchez cede para atraer al PP
Editorial ABC 21 Abril 2020

Hace bien Sánchez en aceptar la propuesta de Casado, porque para el PP no era factible sentarse en La Moncloa junto a Bildu o ERC, que desean la destrucción de España

La conversación que mantuvieron por videoconferencia Pedro Sánchez y Pablo Casado arrojó una buena noticia y una mala. La buena es que no se ha producido una ruptura de relaciones drástica e irreversible en el momento de mayor preocupación social de nuestra historia reciente. La mala es que lo que pueda pactarse en el futuro no será ni siquiera un sucedáneo de los Pactos de La Moncloa que diseñó Adolfo Suárez en 1977. Sencillamente, ayer Sánchez se limitó a asumir que está obligado a mantener vivo un mínimo espíritu de cooperación institucional con el PP, aun siendo consciente de que ya no es un presidente fiable para el constitucionalismo, y de que su supervivencia política depende de operaciones de marketing y demagogia como esta. Ni políticamente Sánchez es Suárez, ni tácticamente puede pretender que la oposición acepte de modo sumiso una claudicación para presentarle como una suerte de estadista responsable y conciliador, porque no lo es. La gestión política de la crisis del coronavirus es desastrosa, y Sánchez no puede aspirar a que los partidos caigan en la trampa de mostrarle subordinación constante bajo el riesgo de quedar como irresponsables, insolidarios y antipatriotas si no se rinden al PSOE. Sánchez no quiere más ayuda que la de Podemos, ERC o el PNV, que es a quienes necesita para gobernar. Todo lo demás es una pantomima cosmética para que finja granjearse una imagen de hombre de Estado que no tiene.

No habrá Pactos de La Moncloa ni fotos con todos los partidos rindiendo pleitesía a Sánchez o sometidos a su obsesión por figurar en los libros de historia. De hecho, Sánchez ha tenido que aceptar la fórmula que Casado exige desde hace semanas para poder mantener su lealtad al Gobierno en unos momentos críticos. La misma lealtad, por cierto, que no le demuestran sus socios cuando rechazan la convalidación de los decretos urgentes del Gobierno. La idea de Casado de crear una comisión en el Congreso para la rehabilitación emocional y la «reconstrucción» socio-económica es oportuna y razonable, y acierta desmarcándose de Vox. Y Sánchez hace bien en aceptarla porque para el PP no era factible sentarse en La Moncloa junto a Bildu o ERC, que desean la destrucción de España. Tampoco era lógico que el PP cediese ante Sánchez cuando éste ha roto en dos a su Gobierno para entregar el mando a Pablo Iglesias. Los errores políticos de esta crisis son de Sánchez e Iglesias, y repartir culpas sería caer una trampa. Ahora bien, si realmente Moncloa quiere proponer una «reconstrucción», el PP ha demostrado estar dispuesto: en el Congreso, desde luego, y no en mesas paralelas para blanquear a Sánchez y al populismo de extrema izquierda que pretende conducir a España a la ruina económica y a la pérdida de libertades.

Las cesiones del Dr Cum Fraude
Nota del Editor 21 Abril 2020

Todos los que quieren destruir España están contra Vox. La primera condición es la dimisión del Dr Cum Fraude y quates, cualquier acuerdo esté bajo el paraguas de los que quieren destruir España es un harakiri que deberá hacerse quien no pertenezca al grupo social comunista separatista.

Franco y la democracia / Coronavirus, política y economía
Pío Moa gaceta.es 21 Abril 2020

Estos textos y otros más, pueden leerse también en «Más España y más democracia» www.piomoa.es

Franco y la democracia
En 1930 Franco escribía a su botarate hermano Ramón que lo mejor para el país era una democratización en orden. Luego pudo asistir a la creciente epilepsia de la república, a pesar de lo cual y de los perjuicios arbitrarios que sufrió, mantuvo hacia el régimen una especie de lealtad descontenta.

De hecho fue el único entre los personajes importante, políticos o militares, que no conspiró contra la república, algo que no puede decirse de Azaña, Gil Robles, los líderes republicanos, no digamos los socialistas o los separatistas. Y ayudó de forma muy significativa a defender el régimen frente al asalto socialista-separatista apoyado por los republicanos, de octubre de 1934. Esto resultará muy chocante a quien solo se guíe por la bazofia de la historiografía dominante desde hace mucho, pero fue exactamente así. Solo después de las elecciones de febrero del 36, cuyo carácter fraudulento denunció, comenzó a conspirar, buscando todavía que fuera el gobierno el que pusiera coto al empuje revolucionario. Sólo cuando el asesinato de Calvo Sotelo llegó a la conclusión de que resultaba ya totalmente inmoral servir a un gobierno y a un régimen semejante. Muy consciente de la abrumadora inferioridad con que comenzó la rebelión, exigió “fe ciega en la victoria”, y consiguió infundirla a sus seguidores.

Es evidente que Franco, después de aquella experiencia, concluyó que la democracia podría servir para otros países, pero no para los españoles, que a primera vista parecían demasiado indisciplinados y violentos. Esto fue sin duda un error, aunque no sin una base real: la democracia no funciona bien en sociedades de miseria, ignorancia y odios políticos exacerbados, como era la república. Pero la causa no estaba en “los españoles”, sino precisamente en los jefes de partidos que se decían democráticos, demagogos guiados por la ficción de que la democracia era el “poder del pueblo”, y que cada partido era el representante natural del pueblo, cuando no el pueblo mismo. Y tales élites resultaban las más ignorantes y convulsas en sus ansias de poder, con las que no respetaban ni la propia legalidad que habían impuesto ellos mismos. ¿Qué tiene eso que ver con “los españoles”? Es como los que achacan los crímenes del Frente Popular “al pueblo indignado”. El “pueblo” eran los mismos dirigentes, que envenenaban de demagogia al pueblo real.

Franco llegó a la conclusión de que los partidos eran nefastos porque anteponían sus intereses a los generales de la nación –lo que había ocurrido en la república y ya antes en la Restauración–, por lo que era precisa otra forma de gobierno, se llamase democracia orgánica, dictadura, fascismo o corporativismo. Gobiernos que por entonces se ensayaban en casi toda Europa, a menudo en respuesta a la incapacidad de las democracias para resistir la subversión comunista. Por supuesto, en todos esos regímenes seguían existiendo partidos, pues estos existen forzosamente en todo tipo de regímenes, sea en forma de camarillas en torno al poder o de corrientes de opinión. Y el franquismo, que nunca fue una ideología precisa, tenía nada menos que cuatro partidos, rebautizados ”familias”, muy difíciles de armonizar entre sí, cada una con su sector contrario a Franco. Y con ellas era preciso reconstruir el país y convertirlo en una gran potencia, una aspiración permanente del Caudillo.

Mantener el equilibrio entre esas cuatro familias, partidos u oligarquías, exigía una habilidad de estadista que no se daba en España desde hacía siglos. Un equilibrio inestable y cambiante según las circunstancias, pero en el que Franco dio más peso, que se demostraría excesivo, al grupo o familia más ligado al episcopado, lo que a la larga se demostraría su mayor error político. Con el Vaticano II, el régimen quedó sin futuro, pues ninguna de las otras tres “familias”, la falangista, la carlista o la monárquica, estaba en condiciones de heredar claramente al régimen una vez falleciera Franco. Lo cierto es el franquismo no podía continuar, y no solo porque la figura de Franco fuera irrepetible, sino porque el propio régimen, que siempre había sido ecléctico, no tenía una caracterización ideológica definida: la principal era el catolicismo, y la Iglesia le había dado la espalda. No solo le había dado la espalda, promocionaba activamente las tendencias derrotadas en 1939 y que habían estado a punto de exterminar a la propia Iglesia. Son cosas difíciles de entender, pero así fue. En todo caso Franco y el sector católico representado por figuras del Opus Dei y democristianos, se inclinaron por la monarquía que esperaban distinta de la que representaba Don Juan, y para lo que prepararon a Juan Carlos; sin demasiado éxito, como se vería; pero nadie puede predecir el futuro. Una cosa es prepararlo y otra que salga según los preparativos.

Ya a partir de la petición de entrada en el Mercado Común, en 1962, el franquismo aceptaba implícitamente una evolución – por lo demás innecesaria, entonces ya que las circunstancias eran distintas– hacia una integración en Europa occidental; lo que implicaba a plazo más o menos largo una democratización imitativa. En otro sentido, el franquismo había transformado profundamente la sociedad. en la nueva, la miseria desaparecía con rapidez, los odios republicanos estaban olvidados para la mayoría, y el analfabetismo había quedado en cifras marginales. El peligro comunista seguía siendo real (la única oposición reseñable al régimen) pero impotente, y los separatismos carecían de fuerza. La situación parecía muy razonablemente adecuada para la “democratización en orden” que Franco había querido en 1930. Y con esa perspectiva se inició la transición. El referéndum de 1976 apoyó de forma abrumadora la democracia basada en la legitimidad histórica del franquismo, frente a las pretensiones de legitimarla en el Frente Popular. Después, esa decisión sería progresivamente minada hasta llegar a la actual situación de golpe de estado permanente; pero esa es otra historia.

En la nueva situación cada una de las familias o partidos del régimen podía desenvolverse como un partido más. Ninguna lo supo hacer bien. La familia principal, más o menos democristiana, fue la que configuró a la UCD- AP- PP como un partido crecientemente vaciado de ideas, convertido en una máquina de reparto de puestos, explotando la necesidad de una masa de población, siempre traicionada, de oponerse a las derivas socialistas y separatistas. La ideología del PP se convirtió en la del “voto útil”, nunca se supo bien para qué, salvo para seguir las iniciativas socialistas y separatistas.

No tiene caso discutir si a Franco le habría gustado o no lo que pasó. Él cumplió su papel de modo casi increíblemente acertado mientras vivió. Su último servicio a España fue impedir un derrumbe como el de Portugal. En el vecino país fue el ejército el que derribó al salazarismo, abriendo una crisis próxima a la guerra civil. En España pudo ser la Iglesia la que cumpliera ese papel, minando al franquismo por dentro y fomentando a los herederos del Frente Popular. Si tal cosa no ocurrió, fue por el prestigio del propio Caudillo y por la sociedad estable, moderada, próspera y con la mejor salud social de Europa construida bajo su gobierno. Su herencia fue la posibilidad de una democracia en paz y en orden. La responsabilidad de las derivas posteriores recae plenamente en sus lamentables protagonistas.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil
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Coronavirus, política y economía

–Usted no toma partido en relación con el confinamiento por el coronavirus.
–No lo tomo porque no tengo suficientes elementos de juicio. Si la mayoría de los países sin distinción de ideologías adoptan esa medida, pese a su tremendo coste económico, tiene que ser por algo. No creo que a todos les haya entrado el pánico o que estén manejados por fuerzas invisibles. Dicho eso, me siento algo asombrado.

–Pero no todos los países toman las mismas medidas. ¿De qué se asombra?
– Ante todo de los números. Parece que más del 80% de los muertos corresponde a personas de más de 70 u 80 años. Por tanto la medida de Boris Johnson en Inglaterra, parecía correcta: el confinamiento solo para los mayores de esa edad, porque los muertos entre los más jóvenes resultan inferiores a los de una gripe común. Sin embargo ha tenido que aceptar una medida mucho más amplia, y no creo que sea por pánico. Alguien capaz de sacar a Inglaterra de la UE –que no de Europa–, demuestra tener muchas agallas. Por otra parte, los efectos de este virus son mucho más insoportables que los de una gripe, aunque no te maten. Francamente, no sé a qué carta quedarme.

–El confinamiento atenta, además, contra los derechos constitucionales más evidentes.
–Sí, pero es un caso especial y transitorio. Si te están amenazando con una pistola no te dedicas a invocar tus derechos. Es lo que está haciendo el virus. El problema principal va a ser el económico. Y en España, además, el político.

–¿Cree usted que prosperarán las querellas contra “los ministros y las ministras”?
–Aquí el gobierno es culpable de una negligencia criminal al priorizar sus demagogias políticas o ideológicas sobre una prevención de la enfermedad cuya urgencia conocía de sobra. Además no cesa de cometer fraudes y chapuzas en sus medidas. Pero lo peor es que intenta, igual que los separatistas, aprovechar la situación para profundizar en su marcha bolivariana, que no es solo el Coletas sino principalmente el Doctor. Tendrían que ir a la cárcel, porque nos amenazan a todos. Pero tenemos una justicia-basura en gran parte, así que cualquiera sabe.

– ¿Qué haría usted si estuviese a cargo del gobierno?
–Creo que tomaría medidas menos drásticas, a fin de dañar lo menos posible la economía, y limitar el confinamiento estricto a los ancianos. Claro que es hablar por hablar. Y, al margen de la política, España es especialmente vulnerable a causa del turismo y de que su nivel de endeudamiento, debido sobre todo a Rajoy, es ya gigantesco. Según algún economista, lo que ocurrirá es que se asumirá esa deuda y finalmente no se pagará, cosa que ha ocurrido algunas veces, con Alemania o con Grecia, por ejemplo. Habrá que reenfocar la economía en otra dirección, con menos turismo y menos ladrillo. El turismo ha llegado a un nivel invasivo y el ladrillo también. Pero esto son divagaciones. En mi opinión, el único partido que lo está haciendo bien es VOX. Porque es además el único partido democrático, es decir, respetuoso con los derechos, que hay en España. El único que se opone a las medidas y leyes totalitarias y a la falsificación del pasado. Porque estas cosas siguen contando, no debe quedar ocultadas por el virus.

–¿Debería entenderse VOX con el PP?
–El PP es la mayor basura política que tenemos en España. Lo he argumentado muchas veces y no voy a extenderme ahora. Mucho peor que el PSOE o los separatistas, porque siempre ha sido el mamporrero de ellos. Entenderse con él, salvo para acciones muy puntuales, sería contaminarse inevitablemente.

El virus comunista
Pedro Schwartz ABC 21 Abril 2020

Los españoles nos enfrentamos con tres virus, la pandemia, la recesión económica y la erosión de nuestras libertades. Este tercer virus es el más peligroso. Aprovechando que los españoles estamos relegados en nuestras casas y que nos sentimos amenazados por graves peligros, los pretendidos salvadores de nuestra salud y nuestra prosperidad invaden la autonomía individual dictando normas y repartiendo dádivas que serán difíciles de revocar cuando cese la alarma. La proclamación del estado de alarma en todo el territorio nacional era sin duda necesaria. Sin embargo, no debemos renunciar al examen crítico de las medidas económicas tomadas por el Gobierno al amparo del estado de alarma, sobre todo si las relacionamos con los Presupuestos Generales «progresistas» anunciados para los próximos tres años. Cuando las medidas fiscales de este Gobierno de coalición izquierdista prolonguen innecesariamente la recesión venidera, los ministros más radicales echarán la culpa al capitalismo y pedirá más impuestos y más intervención.

La parte comunista del Gobierno está queriendo aprovechar la pandemia del coronavirus para pedir «más Estado», sin aceptar que esa catástrofe sanitaria ha sorprendido al Estado sin reservas financieras y sin capacidad administrativa para enfrentarse con lo inesperado. Es el Estado español, no el libre mercado, el que ha fallado dolorosamente en su capacidad para reaccionar ante accidentes inesperados.

El vicepresidente Pablo Iglesias ha llegado a a proponer que el Gobierno nacionalizara las compañías eléctricas y los bancos para superar los efectos económicos de la pandemia. Ahora insiste en forzar la concesión de una serie de medidas sociales que, de ponerse en práctica, congelarán el mercado de trabajo, reducirán la oferta de viviendas en alquiler, y ahondarán el déficit de la Seguridad Social. Los ministros de Podemos dentro del Gobierno muestran profunda ignorancia en lo económico y temible bolivarismo en lo político. El presidente Sánchez debería atajar ese virus comunista, que le está contagiando.

Sobrevenida la epidemia del coronavirus, todos los países han de endeudarse por un tiempo. Algunos lo hacen ordenadamente, nosotros con desesperación, porque nuestra deuda ya equivale al producto español de todo un año. La prudencia aconsejaba la creación de un fondo de contingencias al estilo de nuestros vecinos del norte de Europa, que se atienen al deber de equilibrar sus cuentas públicas, incluso de conseguir un superávit. Nuestros gobiernos, en cambio, han acumulado deuda, incluso después de reanudarse el crecimiento económico a partir de 2014. Ahora, como la cigarra de la fábula, pedimos, incluso exigimos, la emisión de bonos europeos. Pedimos el socorro de quienes han sabido ahorrar a tiempo.

La cuestión crucial es el efecto de esas medidas sobre las expectativas a largo plazo, sobre todo de los inversores. El paquete de medidas sería más eficaz si, en vez de aplazar las obligaciones fiscales y aligerar temporalmente las contribuciones sociales, hubiera reducido permanentemente la carga fiscal, el peso de la Seguridad Social, y muchas líneas de gasto público ineficiente. No es tampoco lo que prometen los Presupuestos Generales. Nos amenazan con una elevación del IRPF, del impuesto de sociedades, del impuesto sobre el patrimonio, de sucesiones, de transmisiones patrimoniales, para castigar precisamente a aquellos que tengan éxito en el empeño de reanimar la producción. A ello hay que añadir los nuevos impuestos sobre transacciones en la Bolsa (la mal llamada «tasa Tobin») y sobre servicios digitales (la «tasa Google»). Justo lo que no hay que hacer en una recesión, pues no es la demanda lo que hace crecer una economía, sino la productividad del lado de la oferta. El aumentar la carga fiscal durante una recesión la profundiza y prolonga.

No basta con salvar la crisis económica. Para combatir el virus comunista debemos reafirmar los principios constitucionales de nuestra democracia liberal, que garantizan nuestra libertad y nuestra prosperidad. Me atrevo a sugerir este decálogo:

1. La figura del Rey simboliza la idea de que no todo es política en la vida.

2. El bien común en una sociedad libre consiste en acomodar de forma pacífica las variadas preferencias y actividades de sus miembros.

3. Debemos conservar y respetar la Constitución de 1978, sobre todo en cuanto se refiere a los derechos y libertades fundamentales de los españoles.

4. El Estado no debe entrometerse ni en la vida familiar, ni en las creencias religiosas, ni en la educación, ni en el trabajo y los negocios de las personas.

5. La democracia debe basarse sobre una firme división de poderes, en especial durante los estados de sitio y de alarma.

6. Habría que proponer que ni el Estado ni las autonomías poseyeran ni financiaran ningún medio de comunicación.

7. El respeto de la propiedad privada es la base de las libertades personales.

8. El libre mercado garantiza que las personas puedan gozar de un amplio espacio en el que ejercer su autonomía individual.

9. La iniciativa empresarial es la principal fuente del progreso de las sociedades civilizadas.

10. No toda necesidad es un derecho. Una reforma radical del llamado Estado de Bienestar debe llevar a que todos los ciudadanos participen en los gastos que ocasionen.
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Pedro Schwartz es académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Juego sucio
Ignacio Camacho ABC 21 Abril 2020

Sólo los niños, los borrachos… y la Guardia Civil dicen siempre la verdad. El lapsus, o lo que fuere, del general Santiago ha destapado la estrategia informativa del Gobierno, que parece más diligente en el esfuerzo por neutralizar las críticas que en el de combatir la pandemia. Cuando el director de operaciones es el jefe del aparato de propaganda parece lógico que antes de distribuir mascarillas se ocupe de imponer mordazas. Redondo (es decir, Sánchez) e Iglesias sintonizan en la misma onda, la de la política como técnica publicitaria, y se sienten cómodos ante el panorama de una ciudadanía confinada cuyo principal enlace con el exterior son unas televisiones dedicadas mayoritariamente a banalizar el drama. Pero las redes sociales y la prensa independiente escapan de las directrices de intoxicación de masas y alteran ese horizonte pastueño saltándose las consignas sectarias. Se han convertido en las moscas cojoneras de un poder que no acierta a controlarlas y que está dispuesto a encomendar a las Fuerzas de Seguridad misiones de vigilancia inaceptables en una sociedad democrática.

La táctica gubernamental sigue los manuales clásicos del totalitarismo: mentiras repetidas, estigmatización del disidente y cortinas de humo. Pretende desprestigiar al periodismo libre asimilándolo a los divulgadores de bulos, y crea brigadas de ciberlinchamiento a base de cuentas falsas y perfiles truchos que replican los mensajes oficiales y aplauden sin pudor los discursos del ministro de turno. Pero por exceso de arrogancia o de torpeza ha quedado en evidencia el truco, se ha desmoronado el trampantojo de la farsa y los impostores han aparecido en el escaparate como maniquíes desnudos. Sorprende que gente tan avezada en artimañas de juego sucio haya podido actuar con tan escaso disimulo. Ya quisieran los sanitarios y otros servidores públicos que toda la energía que el Gabinete pone en estos manejos oscuros la dedicara a proveerles de equipos de protección, test y demás imprescindibles recursos.

Es cierto que en la red circulan muchas patrañas a las que conviene poner freno. Pero también es un ejercicio socialmente higiénico sacar al descubierto los continuos embustes de un Ejecutivo que trata de aplacar a la opinión pública contándole cuentos. Los doscientos mil millones movilizados contra la crisis, por ejemplo, o el millón de pruebas de detección del virus han resultado burdos señuelos, cifras ficticias divulgadas a voleo. Todavía no hay siquiera un cálculo fiable de fallecimientos y el estado de alarma sirve de pretexto para mantener contratos en secreto o colar de matute nombramientos -como el de Iglesias en la comisión del CNI- escamoteados al control del Congreso. Y ningún Ministerio de la Verdad, ningún censor ideológico ni ningún brujo posmoderno va a conseguir camuflar esos hechos tercos con el velo autoritario de una ley del silencio.


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Bienvenidos a la "nueva normalidad"
Pablo Planas Libertad Digital 21 Abril 2020

En cada uno de sus Aló Presidente repite Pedro Sánchez el concepto nueva normalidad sin que se le pregunte o se acepten las preguntas sobre qué significa esa "nueva normalidad" y en qué consistirá. Sin embargo, cabe inferir de los discursos y hechos del Gobierno que dicha normalidad será todo lo opuesto no ya a lo que era normal antes sino a lo que se puede considerar normal en los países libres, civilizados, democráticos y occidentales. Y no hablamos de la distancia social o de tomar cañas.

Por ejemplo, en materia religiosa, y de lo visto hasta ahora, la "nueva normalidad" puede consistir en permitir los ritos islámicos al aire libre en pleno confinamiento mientras se irrumpe en la catedral de Granada porque el obispo está dando misa a veinte fieles separados entre sí por más de veinte metros. Eso sí, no escucharán a ningún obispo quejarse, y menos al que preside la Conferencia Episcopal, el pastor de la estelada Juan José Omella.

En la "nueva normalidad" encajaría que el Gobierno se niegue a mostrar el más mínimo respeto por los miles de muertos causados por el coronavirus pero exhiba sus condolencias a la comunidad musulmana por el fallecimiento de uno de sus líderes. Más "nueva normalidad": la instrucción del PSOE para que sus alcaldes eviten los duelos por los vecinos muertos, todo eso de las corbatas negras, las banderas a media asta o los lutos oficiales, como desveló el alcalde de Villarreal, el socialista José Benlloch. Es mucho mejor que mientras se suceden los muertos la gente salga a aplaudir a los balcones y a cantar el "Resistiré". Que no falten las palmas.

"Nueva normalidad" será también el adoctrinamiento de los niños y adolescentes en TVE con vídeos sobre las incoherencias lingüísticas ilustradas con declaraciones de Rajoy. O los programas infantiles con ministros y altos cargos deshuevándose de risa mientras responden supuestas preguntas sobre el Ratoncito Pérez a cargo de niños cuyos padres a lo peor se han quedado en paro. Ah, pero el Ratoncito tiene salvoconducto, dice el astronauta. Y va con mascarilla, abunda el doctor Simón. Sí, cubrebocas como los que no tienen los médicos y enfermeras. Qué gracia y qué arte.

La "nueva normalidad" es además que el Portal de la Transparencia del Gobierno haya dejado de funcionar y una de las agencias verificadoras de bulos, llamada Newtral, diga que no es que esté cerrado, sino que ha suspendido los plazos de respuesta a preguntas sobre los contratos de las mascarillas defectuosas y los tests falsos. Claro. Y esta noche no será de noche sino que se habrá puesto el sol.

Otro caso de "nueva normalidad" es que la Guardia Civil se dedique a "minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno", como dijo el general Santiago. Así es que la Benemérita es la nueva policía política del Estado policial que pergeña día a día el Gobierno socialcomunista. Y lejos de rectificar, el general y sus colegas de rueda de prensa se dedican unos elogios y un aplauso que recuerdan la famosa escena de la película de Tarantino Pulp Fiction en la que el señor Lobo (Harvey Keitel) conmina a Vincent Vega (John Travolta) y Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) a no chuparse las pirolas tras haber limpiando la sangre del coche en el que han matado por accidente a un pobre desgraciado. Sólo que aquí no hay un señor Lobo, por mucho que Simón se lo crea.

Raro, no obstante, que la Guardia Civil tenga que minimizar ese "clima contrario" al Gobierno en un país en el que el Centro de Investigaciones Sociológicas asegura que un 97,3% de la ciudadanía "respalda las medidas adoptadas por el Gobierno para frenar la crisis del covid-19".

La "nueva normalidad" consistirá sin duda en el retroceso económico hasta los niveles de la Guerra Civil y la posguerra, la miseria absoluta, la pobreza extrema, las colas en el paro y las colas de beneficencia, los mercados desabastecidos, las cartillas de racionamiento y los subsidios de la indigencia, la inseguridad jurídica, el aumento de los delitos, la censura previa y, en suma, todos los logros históricos del comunismo ruso, chino, cubano y venezolano como esto siga por estos derroteros.

Así que bienvenidos a la "nueva normalidad", gentileza de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, con la colaboración indispensable del comité técnico, del comité científico y del comité de los lapsus/bulos.

Los muertos de la Cataluña independiente
Alejandro Tercero cronicaglobal 21 Abril 2020

Dice la portavoz del Govern, Meritxell Budó, que, si Cataluña fuese un Estado independiente, se habrían producido menos muertes por la pandemia del coronavirus. Es decir, que la elevada mortalidad por Covid-19 en esta comunidad es por culpa de formar parte de España. O, lo que es lo mismo, que España nos mata.

Es cierto que nuestro país es uno de los que presenta mayor número de fallecidos por cada millón de habitantes a causa del virus, 444. Pero también lo es que nuestra comunidad --excluyendo los casos sospechosos que no han sido confirmados mediante el correspondiente test-- supera con creces esa tasa, con 565.

Desde que se decretó el estado de alarma, el Gobierno asumió la última palabra en la administración de los recursos públicos. Pero eso no significa que dejara a la Generalitat sin competencias. Y el ejercicio de estas sí puede ser evaluado y nos puede dar una idea de cómo habría actuado un Estado catalán independiente.

Este mismo lunes hemos tenido un buen ejemplo. La Generalitat se había comprometido a suministrar 1,5 millones de mascarillas gratuitas a los ciudadanos catalanes a través de las farmacias. No ha podido ser. El sistema ha colapsado. E incluso ha bloqueado la entrega de medicinas y material sanitario a los pacientes que se acercaban a las boticas con sus recetas. Además, las farmacias deberán pagar anticipadamente el material.

Hace poco más de una semana, el president Torra la volvió a liar. El jueves 9 anunció que la Generalitat distribuiría 14 millones de mascarillas a partir del martes 14. Tampoco pudo ser. La torpeza de la administración autonómica la obligó a recular y tuvo que rectificar en 24 horas: ni serían 14 millones, ni estarían en la fecha indicada.

El desbarajuste continuó unas horas más tarde. La portavoz Budó subrayó en una rueda de prensa que las mascarillas que iban a repartir eran reutilizables. No era verdad. Poco después tuvo que enmendar el patinazo mediante un tuit, confirmando que no tenía ni pajolera idea sobre lo que estaba hablando.

Para más inri, el Gobierno se adelantó y aquel mismo fin de semana puso a disposición de Cataluña 1,7 millones de mascarillas que sí se empezaron a repartir por todo el territorio el martes 14. ¿Cuál fue la respuesta del Govern? Difundió a los cuatro vientos una de las teorías conspirativas más ridículas del independentismo en los últimos tiempos. Según el conseller Buch, el envío de 1.714.000 unidades pretendía humillar al nacionalismo catalán por evocar una fecha sagrada para estos: 1714. Pero los cálculos del reparto en proporción a la población de cada comunidad dejaron en evidencia la supuesta conjura anticatalana.

Los vaivenes en la posición de la Generalitat también demuestran su ineptitud. Responsables políticos, como la consejera de Salud, Alba Vergés, el consejero de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, Chakir el Homrani, y el secretario de Salud Pública, Joan Guix, además de expertos del comité científico que asesora al Govern, como Oriol Mitjà y Antoni Trilla, minimizaron y quitaron hierro a la pandemia hasta pocos días antes de la declaración del estado de alarma, pese a que ya era calificada por la OMS como emergencia sanitaria internacional desde hacía semanas.

De hecho, Homrani decía el 6 de marzo que las familias de los ancianos en residencias debían estar tranquilos (hoy, los mayores muertos en residencias superan los 2.300). Guix aseguraba el 9 de marzo que no había que cerrar las escuelas e insistía en que le preocupaba más la gripe que el coronavirus. Y Vergés insistía el 10 de marzo que no había problema en realizar actos de mil personas.

El Gobierno decretó el estado de alarma y ordenó la reclusión el 14 de marzo, pero la Generalitat dice que lo hizo muy tarde. Budó ha señalado este lunes que “el confinamiento total lo habríamos decidido quince días antes y probablemente, habiéndonos avanzado estos quince días, los datos que tendríamos hoy serían muy diferentes”.

Sin embargo, lo cierto es que los partidos del Govern organizaron un aquelarre independentista en Perpiñán para rendir pleitesía a Puigdemont exactamente quince días antes de la declaración del estado de alarma, y animaron a decenas de miles de fanáticos a viajar hasta la localidad francesa y a agolparse ante el expresident fugado. Tampoco hubo reproche alguno del Govern a las masivas manifestaciones del 8M en Cataluña, ni a la nutrida comitiva empresarial de Igualada que viajó a Milán --entonces ya era epicentro de la pandemia en Europa-- entre el 19 y 21 de febrero.

En las últimas semanas, el ejecutivo autonómico ha exigido al Gobierno alargar el encierro pero, a la vez, su experto de cabecera, Mitjà, planteaba una desescalada a partir del 13 de abril. El presidente de la Generalitat ha reclamado que no se permita a empleados no esenciales volver a sus puestos de trabajo pero, a la vez, ha presionado para que los presos del procés salgan de la cárcel a trabajar.

Asimismo, mientras el Govern ha sido el más crítico con la flexibilización de la reclusión, también ha reivindicado con fuerza que los niños puedan salir a pasear por las calles. Y Torra ha propuesto este domingo implantar un “certificado de inmunidad” que Vergés ponía en duda 24 horas después.

Me da la sensación de que con todos estos elementos nos podemos hacer una idea bastante clara de cómo habría sido la gestión de la crisis del coronavirus en una Cataluña independiente. Y de cuántos muertos habría causado.

Un municipio barcelonés reprocha a una asociación que promueva en español ‘retos’ para el confinamiento
Raquel Tejero okdiario

Una asociación cultural del municipio barcelonés de Santa Eulalia de Ronsana, denominada Joc de Colors, ha recibido una carta del Ayuntamiento en la que se les insta a que usen el catalán para informar de sus actividades propuestas para el confinamiento. La entidad ha decidido cancelar todos los retos que había difundido previamente en español a través de sus redes sociales.

La organización propuso, a través de sus redes sociales, retos y actividades para entretener a los residentes en el municipio.

De esta manera, invitaban a cocinar una mona de pascua, grabar bailes o dar toques con el pie a rollos de papel. Actividades simples que poco o nada tienen que ver con la lengua. Los usuarios colgaban sus vídeos y la asociación publicaba a aquellos que conseguían realizarlo. A pesar de que muchas de que en los vídeos se habla en catalán, al Consistorio gobernado por el partido nacionalista Poble Unit no le ha parecido oportuno que las explicaciones escritas se hiciesen en español.

«Nos ponemos en contacto con vosotros porque han llegado varios comentarios al Ayuntamiento en relación con los retos llevados a cabo a través de la cuenta de vuestra cuenta de Instagram», comienza el comunicado del consistorio.

«Diversos vecinos y vecinas se han dirigido al equipo de Gobierno para trasladarnos su preocupación en relación a la lengua usada en sus publicaciones», continúan. A pesar de reconocer que valoran la labor de entretenimiento que está llevando a cabo la asociación durante el confinamiento, les recuerdan en la misiva que el Ayuntamiento tiene regulado el catalán como lenguaje de la administración y que, por lo tanto, deben hacer uso de ello y no del español.

Además, apuntan que al estar sujetos a una «subvención pública» el equipo de Gobierno está obligado a hacer que las actividades «en este término se hagan respetando la voluntad popular».

«Desde el Ayuntamiento comprendemos que estas actividades se proponen para pasar el confinamiento, cosa que agradecemos, pero pensamos que es cosa de todos trabajar por la preservación y el cuidado del catalán», han pedido.

Anulación de las actividades
Joc de Colors ha decidido anular todas las actividades y retos. «No creemos que el idioma debe ser motivo de conflicto en unas actividades que se realizan para proporcionar distracción y diversión en estos días», han comunicado a través de su cuenta de Facebook.

Por lo tanto, los residentes en la localidad barcelonesa ya no podrán disfrutar de las propuestas lúdicas de esta asociación durante la cuarentena.
 


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