AGLI Recortes de Prensa   Viernes 24  Abril  2020

La "desgracia" de ser español en tiempos de Sánchez e Iglesias
Francisco Rubiales www.votoenblanco.com 24 Abril 2020

Hubo un tiempo en el que ser español era un "orgullo", pero hoy es una "desgracia". Si naces español naces endeudado hasta las cejas, mal gobernado, padeciendo servicios de mala calidad, sin suficiente protección del Estado, en manos de políticos descerebrados y obligado a elegir entre la bolsa y la vida. Si eres español tienes muchas posibilidades de tener que vivir de las limosnas públicas como desempleado, de tener emigrar para encontrar un trabajo digno y de arrastrar, como un estigma, tu nacionalidad española, poco apreciada y menos prestigiada en el planeta. Te mirarán pensando que eres un cobarde porque el pueblo al que perteneces soporta la corrupción y la tiranía de sus políticos sin rechistar, mas que cualquier otro del mundo. Sospecharán de ti porque tu gobierno es comunista, seguidor de una doctrina asesina que el mundo creía derrotada pero que en algunos países desgraciados está renaciendo. Hoy te tratarían también como un peligro porque tu país es el más infectado de coronavirus del mundo y tendrás prohibida la entrada en 9 de cada diez países del planeta.
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Por ser español, un ciudadano carece de prestigio en el exterior, paga mas impuestos, padece más burocracia, abona más dinero por la luz, tiene que pagar mas multas de tráfico y es de los europeos que menos recibe del Estado a cambio de sus impuestos y sacrificios. La mayor ventaja de ser español era la alegría y el clima en las calles, pero hoy estás encerrado en tu casa porque el país está infectado de un virus terrible al que el gobierno, negligente, abrió las puertas. Hoy es por lo menos "doloroso" ser español y muchas veces también humillante y desgraciado.

Te preguntarás el por qué de esa tragedia o "mala suerte" y sólo encontrarás una respuesta: los políticos españoles nos han conducido hasta el cadalso y nos han arruinado la patria y la vida.

Hay que reconocerlo de una vez por todas, aunque los que mandan se enfurezcan: los políticos han destrozado España. El coronavirus está logrando que las mentiras del poder se diluyan y las verdades ocultas salgan a flote, reflejando una España hecha trizas por el mal gobierno. Los políticos no pueden eludir su responsabilidad porque han tenido todo el poder, más del que les corresponde en las democracias auténticas. El pueblo ni decide ni influye, lo que obliga a echar toda la culpa del desastre a los que han gobernado.

Nos han construido un país desequilibrado, con un Estado tan gigantesco que es imposible de financiar, lleno de desempleados, arrasado por la corrupción, endeudado hasta el tuétano, con más políticos a sueldo del Estado que Francia, Alemania y Gran Bretaña juntos, con más coches oficiales que el resto de Europa y Estados Unidos juntos y con más políticos aforados y privilegiados que el resto de Europa. Somo líderes en blanqueo de dinero, trata de blancas, corrupción, tráfico y consumo de drogas, prostitución, consumo de bebidas alcohólicas y muchas otros vicios. Tenemos fama mundial de despilfarradores, vagos y cobardes.

Todos esos estigmas y dramas se los debemos a nuestros políticos, que son lo peor de la sociedad española, a los que hemos permitido gobernar con más poder, privilegios e impunidad que en cualquier otro país democrático del mundo.

A todo el que llegaba a España se le prestaban servicios médicos gratuitos y hasta se les operaba gratis en los quirófanos públicos, pero cuando nuestra sanidad ha tenido que enfrentarse a una crisis, la del coronavirus, nuestros malditos políticos han dejado a los sanitarios sin equipos defensivos y los han contagiado por miles, mientras que los ancianos morían abandonados y desamparados, sin sitio en las UCIs, sin respiradores, pereciendo como chinches en residencias de mayores abandonadas por el Estado.

La España que nos han construido estos políticos de bajo nivel es la nación que peor gestiona en el mundo la tragedia del coronavirus, la que tiene más muertos por habitante y la que va a sufrir el mayor descalabro económico de toda Europa.

Y todo eso se lo debemos a esos políticos arrogantes y vacíos, llenos de poder y dinero, que salen en los telediarios luciendo su brillo y su labia, haciendo creer a los españoles que son héroes, cuando en realidad muchos de ellos son carne de presidio. Que alguien me diga un solo asunto importante que hayan solucionado los políticos españoles o que alguien señale un problema que ellos no hayan provocado o empeorado. Han alimentado el separatismo y han potenciado el fracaso escolar, el desempleo, la ruina de las empresas, el infierno fiscal y cualquier otro drama que padezcamos.

Aunque no nos guste, los españoles nacemos hoy marcados por la desgracia porque pertenecemos a un país destrozado por sus políticos, sin valores, renqueante, decadente, corrompido, desprestigiado, arruinado y con una economía próxima a la bancarrota, que necesita una ayuda exterior que cada día es más insoportable para nuestros socios europeos. La fábula de la cigarra que se divierte mientras la hormiga trabaja para acumular recursos ante una crisis es aplicable por entero a la España actual.

Con la clase política que estamos soportando desde hace décadas, privada de grandeza y de altura ética, de bajísima calidad democrática y profesionalmente pésima, España habría perecido como nación hace mucho de no haber pertenecido a la Unión Europea. Nuestro país habría sido hundido y despedazado por los corruptos con poder, por los caciques políticos, por los separatistas llenos de odio y por la legión de cobardes, pillos, canallas y esclavos que la pueblan, muchos de los cuales han logrado penetrar hasta el corazón del Estado.

No me preguntes como salvar este país del oscuro destino al que es conducido por sus políticos porque pienso que ya es imposible, salvo que ocurra el milagro casi inimaginable de una rebelión de las masas, lanzadas a la calle para expulsar del poder a la casta miserable y a forzar una regeneración que nunca podría haber surgido de sus dirigentes ni de sus instituciones.

Pero pensar en esa salida es simplemente "un sueño".

El Gobierno pudo evitar una tragedia así en España pero terminó aumentándola
ESdiario 24 Abril 2020

Si el virus ya estaba en febrero y el Gobierno tenía desde enero las advertencias internacionales, las decisiones que tomó y las que ignoró explican la virulencia única que sufrimos.

El portavoz del Gobierno en la crisis sanitaria, Fernando Simón, "confesó"este jueves que el coronavirus ya estaba en España y que, lejos de existir un paciente cero, hubo incluso quince vías de entrada. Pero lo hizo como si fuera una sorpresa, y no la constatación final de la infinita irresponsabilidad con que en España se ha gestionado la pandemia, provocando unos estragos sin parangón en el mundo.

De entrada, no debería seguir siendo Simón quien hiciera el parte médico del día. Fue él, personalmente, quien más utilizó su autoridad médica para, pese a tener información oficial internacional, minimizar los riesgos, anunciar que en España solo habría "casos aislados", rechazar el uso de mascarillas e incluso aconsejar la participación en eventos masivos.

¿Cómo alguien que aumentó de una manera tan nítida los riesgos puede seguir representando a un Gobierno, enumerando las insoportables víctimas mortales y dictando las pautas a seguir tan su estrepitoso fracaso previo? Por elemental respeto a los fallecidos, Fernando Simón debería retirarse de la escena con urgencia.

Las que deberían ser sus últimas palabras, más destinadas a maquillar al Gobierno que a informar imparcialmente a la ciudadanía, tienen un valor inmenso para determinar las razones de que el COVID-19 tengan en España una mortandad veinte veces superior a la media mundial, cuarenta a la de Grecia o seis a la de Portugal, por citar dos países cercanos con un presupuesto sanitario muy inferior al nuestro.

Porque si se reconoce que el virus ya campaba a sus anchas por España en febrero, la evidencia documental de que el Gobierno desatendió desde enero los hasta 40 avisos expresos de la OMS, la OMC y la propia Unión Europea alcanza una dimensión especialmente grave: permitió e incentivó decenas de eventos con público, mantuvo vuelos a Italia hasta el 10 e marzo e, incluso, desechó expresamente la adquisición de material sanitario indispensable.

Ya era indecente sostener que la epidemia era imprevisible, pero ahora además es insostenible: las decisiones que adoptó o ignoró este Gobierno han sido decisivas en la magnitud de esta tragedia sanitaria que ha generado un drama económico.

Si el confinamiento vigente ha reducido el contagio; haberlo anticipado quince días nos hubiera situado junto a Corea, Grecia, Portugal y Polonia en términos de letalidad y no a la cabeza de todo el mundo, incluida Italia.

Y por mucho que el Gobierno lo quiera tapar, con la complicidad de demasiados medios de comunicación complacientes, el clamor estadístico, el peso de las pruebas y la aceptación de esa realidad en el resto del mundo hace imparable ya, y cuanto antes mejor, la exigencia de responsabilidades.

Iglesias cumple su amenaza y se lanza al asalto de las instituciones
OKDIARIO 24 Abril 2020

En cualquier país normal del mundo sería impensable que un vicepresidente del Gobierno acusara a un tribunal de Justicia de falta de imparcialidad y continuara en el cargo. En cualquier país normal del mundo sería impensable que el órgano de los jueces tuviera que salir a defenderse de los ataques de un miembro del Gobierno. En España, el socialcomunismo está en proceso de triturar todo el andamiaje institucional del Estado.

Pablo Iglesias es una amenaza para el sistema democrático, porque toda su estrategia está orientada a acabar con el modelo de 78, el armazón constitucional que configura y articula nuestro Estado de Derecho. Ya lo dijo en su día: «El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto». Los enemigos de Iglesias son todos aquellos estamentos que no se pliegan a sus pretensiones totalitarias: los jueces, las empresas, los medios de comunicación y demás sectores de la sociedad civil que se han erigido en un muro frente a sus desmanes totalitarios. El modelo de Estado que anhela Iglesias es aquel en el que el poder Ejecutivo ejerza un control absoluto sobre el resto de poderes, impidiéndoles erigirse en contrapoderes del Gobierno.

Es una concepción totalitaria que se refleja en su ataque sistemático a los órganos judiciales y medios de comunicación críticos, porque la autonomía de los jueces y la libertad de información funcionan como diques de contención y se erigen, en estos momentos, en barreras que Pablo Iglesias no ha logrado destruir. Y su empeño, casi obsesivo, es destruirlas para lograr sus fines.

En un país normal, el vicepresidente Pablo Iglesias, después de cuestionar la independencia judicial, estaría en la calle, pero España, tristemente, no es una nación normal, porque el Gobierno socialcomunista se ha lanzado a una tarea de trituración progresiva de las instituciones

Pablo Iglesias es reactivo a la democracia, porque su esquema ideológico no acepta que haya instituciones que se escapen al control del poder Ejecutivo. El líder de Podemos es, en suma, un totalitario. Y cada una de sus acciones le retratan.

Dinero público para falsear la realidad y promover la censura
OKDIARIO 24 Abril 2020

Un abogado ha presentado una denuncia contra el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, por un delito de malversación de fondos públicos. El argumento del letrado es que los últimos sondeos del CIS «no reflejaban, ni lo pretendían, la realidad sociológica respecto a la intención de voto en las elecciones». Esto es, «no pretenden mostrar una tendencia sociológica, sino crearla»· El letrado expone en su escrito que la intención de Tezanos no es reflejar la opinión de los españoles, sino condicionarla. Para ello hace referencia a la última encuesta «realizada de manera excepcional y coincidiendo con un recorte de libertades a raíz del Real Decreto 463/20, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma».

Asegura el denunciante, y no le falta razón, que el cuestionario realizaba preguntas sesgadas y ‘’teledirigidas’ como, por ejemplo: “En circunstancias como las actuales, ¿cree usted que los partidos y líderes de la oposición tienen que colaborar y apoyar al Gobierno en todo lo posible, dejando sus críticas y discrepancias para otro momento, o que deben continuar criticando y oponiéndose al actual Gobierno en todo lo que consideren?”. Asimismo, el CIS inducía en sus preguntas a que los entrevistados avalaran la censura en los medios de comunicación.

Con independencia de lo que determinen los tribunales de Justicia en relación con esta denuncia concreta parece obvio que Tezanos ha pervertido las funciones del Centro de Investigaciones Sociológicas, convirtiéndolo en una maquina de propaganda socialista. Y dado que el CIS es un organismo público, que se financia con dinero de todos los españoles, el delito de malversación de fondos públicos que el abogado denunciante imputa a Tezanos cobra pleno sentido.

Además, la empresa a la que recurrió el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) para elaborar el último barómetro fue Intercampo, que también ha sido contratada en varias ocasiones por Podemos para sus sondeos electorales. Tezanos decidió recurrir a esta empresa pese a que el CIS cuenta con más de cien trabajadores, según especifica este organismo en su página web. De modo que el denunciante solicita al Juzgado el contrato firmado por esta empresa para realizar el sondeo, además de que se aporte la ficha técnica de la encuesta para someterla a examen pericial.

Mutualización: que nos lo paguen ellos
Sánchez convierte España en el mayor cementerio del planeta y pide ayuda para enterrar a los muertos
Ramón Pérez-Maura ABC 24 Abril 2020

Tenemos ya contada la infinita capacidad que tiene este Gobierno para pervertir el lenguaje. Llaman confinamiento a lo que es una reclusión -en lo que les seguimos como borregos- y hablan de desescalar los contagiados y muertos como si fueran César Pérez de Tudela descendiendo del Naranjo de Bulnes por la cara imposible. Aunque Pérez de Tudela no desescalaba nada. No necesitaba inventar verbos para sus hazañas. Primero escalaba montañas y después las descendía. Punto final. Pero eso es muy poca cosa para el Gobierno del Dr. Sánchez. Lo suyo tiene que ser siempre innovador cueste lo que cueste -total, pagamos nosotros...

Ayer participó en un Consejo Europeo telemático al que llevó la propuesta de «mutualizar la deuda». No puede sonar mejor. Es una lástima que el verbo «mutualizar» no exista en el diccionario de la Real Academia Española ni en el de Julio Casares, que son de los que dispongo. Mal asunto fundar algo tan relevante en un verbo que no existe. Pero el DRAE sí me dice que mutualidad es un «régimen de prestaciones mutuas, que sirve de base a determinadas asociaciones». Esto es muy interesante, porque el acuerdo que buscamos podría ser una mutualidad si partiese de la base de que nosotros también vamos a contribuir a pagar la deuda alemana. Pero a mí me cuesta creer que eso pueda ocurrir en mis años de vida y en los de mis hijos -carezco de nietos, porque si los tuviera los utilizaría también para justificar la amplitud de mi incredulidad-. Y si me cuesta a mí, imaginemos lo que deben de pensar los electores alemanes y en especial los miembros del partido Alternativa para Alemania, que es la tercera formación del Bundestag con 89 escaños.

Esta propuesta de «mutualizar» la deuda quiere decir, en pocas palabras, que los déficit de países como España o Italia los paguen todos los miembros de la Unión Europea. Especialmente aquellos que tienen unas cuentas saneadas. Y a nadie le gusta pagar las deudas del vecino con lo que ha ahorrado. Sumemos a eso la otra idea genial de la «deuda perpetua», promovida por el gran enemigo de la Unión Europea, George Soros: que no se devuelva lo que te han prestado, sino que sólo se paguen intereses por ello. Vayan ustedes a su banco a la vuelta de la esquina -aprovechando que no han cerrado- y díganles que quieren hacer eso con su préstamo hipotecario o personal. Ya verán cuál es la respuesta. Con razón.

Todo esto ocurre en medio de un discurso del Dr. Sánchez cada vez más antieuropeo, porque no comparte los valores en los que se fundó Europa. Sigue creyendo que Europa reparte una sopa boba a los necesitados. España disfrutó durante décadas de fondos estructurales que nos han dado una red viaria como no hay otra en Europa. Pero ahora deberíamos ser nosotros los que aportáramos a terceros. La solidaridad es un principio nuclear de Europa, pero no la caridad. Porque la caridad es una limosna. Y la construcción europea se basa en el préstamo, pero no en el donativo. Los españoles y los italianos estamos tan capacitados como los austriacos y los holandeses para gestionar nuestras naciones. Lo que nos enseña la experiencia es que cada vez que los socialistas gobiernan en España, dejan el país al borde de la bancarrota por unas razones u otras. El problema reside en que austríacos, holandeses o alemanes no quieren pagar los platos rotos porque ellos tomaron las medidas correctas y el Dr. Sánchez ha convertido España en el mayor cementerio del planeta y ahora pide ayuda para enterrar a los muertos que no fue capaz de evitar.

España nos mata
Carlos Herrera ABC 24 Abril 2020

Cuando acaeció el desmoronamiento económico de 2008, poco después de la caída imprevista de Lehman Brothers, un algo se despertó en el interior de uno de los tipos más mediocres que Cataluña ha brindado a Occidente, Artur Mas, por entonces máximo responsable de la administración del Estado en Cataluña. La pobreza que sobrevoló a medio mundo, y que en España se acrecentó por la inacción del Gobierno de aquellos años, ensimismado y enrocado en decisiones imprudentes, despertó el oportunismo nacionalista catalán al objeto de aprovechar la debilidad conjunta para obtener beneficios ilegítimos. Mas, el creador e impulsor de todo este disparate que ha hecho de la Cataluña de hogaño un marasmo de histeria y mediocridad, olisqueó su momento. Como es sabido, se plantó en La Moncloa de Rajoy para exigir lo que sabía que no le podían dar y, de ahí, recorrer un camino suicida que llevara a su terruño a las proclamas varias que podrían resumirse en uno de los eslóganes más felizmente repetidos por la masa lanar del Principado: España nos roba. Cataluña sería un manantial de leche y miel -y oro en proporción del 3%- de no ser por esos hirsutos gandules españoles a los que mantenemos con nuestro trabajo mientras ellos sestean a la sombra de las higueras. El mensaje cuajó, a la vista está. Una buena parte de los catalanes perforados por la crudeza de la crisis se acunaron en la cómoda facilidad del mensaje. «El problema son ellos». A partir de ahí, el cóctel explosivo de una población amedrentada por la fiereza de la pandemia económica más las generaciones educadas en el odio a España, generó un movimiento que ha proporcionado a Cataluña uno de sus más lamentables episodios históricos, degenerativo y absurdo, que ha concluido con el ascenso al poder de tipos tan sumamente mamertos como Torra o Puigdemont.

Mientras la población catalana padecía los rigores de una Administración sin pies ni cabeza, llegó un virus. Letal. Imprevisto, se asegura. En unos países se actuó con decisión y en otros, infelizmente el nuestro, con tardanza, lo que se ha traducido en más muertes que en cualquier otro lugar de nuestro entorno. La tentación, reconozcámoslo, era muy grande y cualquier individuo criado en el permanente lamento no podía desaprovecharla: si antes España nos robaba, ahora nos mata, ya que el caso es tener siempre un elemento exterior al que echarle las culpas. Comenzó la infeliz Clara Ponsatí bromeando con mensajes tipo «De Madrid al cielo» para bromear con los muertos de la capital de España. Siguió Joan Canadell, líder de comerciantes menores, asegurando que España es muerte y Cataluña vida. No faltó el bufón de la corte, Toni Albá, un supuesto humorista subvencionado, identificando a los que matan catalanes. Y coronó la cima la portavoz del Gobierno catalán (es un decir ambas cosas), Meritxell Budó, afirmando en opiácea comparecencia que «con una Cataluña independiente no habríamos tenido estos muertos». Como decía: España nos mata. Se supone que la España de Sánchez, al que ellos alzaron al poder. Según la pintoresca portavoz, en la Cataluña libre de manos se habría actuado dos semanas antes, cuando se da la circunstancia de que por esas fechas estaban todos los hiperventilados del independentismo en Perpiñán dándose restregones a mayor gloria del nuevo amanecer al que habría de conducirles el pastelero de Gerona.

Es una pena que la estricta observancia del socialismo patrio sobre los recurrentes recortes del PP no haya reparado en los verdaderamente asombrosos recortes de los gobiernos catalanes en materia sanitaria con tal de acaudalar fondos para su lucha histórica, para su travesía del Jordán. Que ningún miembro de esa cosa que es la plantilla dirigente española haya sido capaz de defender el nombre del país al que, teórica e insolventemente, gobiernan, lo dice todo. Así está el vertedero.

Virus centralista
Cristina Losada Libertad Digital 24 Abril 2020

Dos hechos están provocando auténticas urticarias entre la grey del nacionalismo periférico. Uno es el papel que están teniendo las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad nacionales en la contención de la epidemia. Al principio, en algunas localidades, las autoridades de partidos nacionalistas trataron de obstaculizar incluso su participación en el montaje de hospitales de campaña. Ahora aceptan a regañadientes que las fuerzas de seguridad ayuden, pero rechazan que transmitan al público lo que están haciendo. Quieren que hagan desinfecciones de hospitales y residencias o que traigan material sanitario desde China, pero les molesta enormemente la presencia de los "uniformados" –así los llaman, tono despectivo– en las ruedas de prensa del comité de seguimiento de la crisis. En suma, quieren que trabajen, pero que no se dejen ver.

El segundo asunto que les irrita es que se hayan centralizado decisiones en el denominado ‘mando único’. La remota posibilidad de que esta epidemia pueda conducir a una temible recentralización del Estado les alarma más que la epidemia misma. El Gobierno catalán ha tenido, además, el cuajo de asegurar que la independencia hubiera blindado prácticamente a la región contra el coronavirus. Es la idea loca del separatismo como vacuna. Y si hace dos semanas exigía un encierro mucho más estricto, ahora anuncia que va a aprobar su propio plan para revocar el confinamiento. Nada nuevo bajo el sol. Da igual que haya una catástrofe sin precedentes. Ya han mostrado en otras ocasiones que ellos más que nadie ven las crisis como una oportunidad.

La centralización de decisiones se puede discutir, dejando al margen el caso perdido de la Generalidad catalana. No siempre funciona mejor el mando único, y los fallos que ha habido lo demuestran. El hecho de que el impacto de la epidemia no fuera homogéneo en todo el territorio nacional, sino muy distinto en unas zonas que en otras, también reforzaba el argumento de la descentralización. Pero resulta que la epidemia se desarrolla o puede desarrollarse de tal manera que a la inicial fase de impacto heterogéneo siga una fase de homogeneización, sencillamente porque el virus se traslada de unas zonas a otras. De ahí que apostar por una respuesta descentralizada no fuera la opción más segura.

Estas semanas se pone mucho como ejemplo a Alemania. También para certificar que la descentralización es más eficaz a la hora de contener la epidemia. Pero los buenos resultados de Alemania, que ha tenido una mortalidad muy inferior a la nuestra, no se pueden atribuir a la descentralización o al federalismo, como se está diciendo. Se deben a su capacidad para producir tests, que le ha permitido realizarlos masivamente desde el principio y detectar con más rapidez a los contagiados y sus contactos. Y se deben a que el virus, inicialmente, afectó más a personas jóvenes y de mediana edad, ventaja relativa que ya está perdiendo. En Alemania no se ha impuesto un estado de alarma, pero las restricciones aprobadas se han cumplido en todo el país. Las medidas se negocian entre el Gobierno federal y los Länder. La gran diferencia con España es que Merkel puede contar con la lealtad constitucional de todos los poderes autonómicos, sean de su partido o de otros. Aquí, en cambio, hay que contar con la deslealtad de los habituales.

¿Qué ocurrirá en la siguiente etapa? El Gobierno central dice que el proceso de retirada de restricciones será asimétrico, con fases y medidas diferentes según las zonas. Como no han desvelado aún nada del plan, desconocemos cómo se va a configurar la asimetría. El mayor riesgo a evitar es que suceda lo que ocurrió en algunos países con la gripe española a principios del siglo XX, cuando una epidemia que apareció desigualmente distribuida resurgió en una segunda ola con una virulencia similar en todas las áreas del país. Si sucediera algo así, no habría sistema de salud que lo soportara. La asimetría no puede cortarse, en ningún caso, a la medida de los partidos y poderes autonómicos más desleales. Por más dependencia que tenga de ellos –o querencia por ellos– el Gobierno central.

La Humanidad en riesgo
Antonio Robles Libertad Digital 24 Abril 2020

El mundo ya no será igual después de la pandemia, aseguran todo tipo de analistas y agoreros. ¿Hay para tanto? ¿O se quedan incluso cortos?

Permítanme alguna obviedad. El coronavirus es muy contagioso, pero poco letal (ébola, 6 muertos por cada 10 infectados; covid-19, 1 por cada 100). Y muy selectivo. Se ceba con los mayores. El 95% de las muertes en España son de personas de más de 60 años.

Ese escenario psicológico de seguridad entre la mayoría de la población que no cae en la edad de riesgo genera una cómoda confianza psicológica entre esa propia mayoría, que hace de la pandemia una grave y cruel tragedia sanitaria pero no un escenario de terror ingobernable.

Una segunda obviedad. El confinamiento está provocando una crisis económica sin precedentes, cuyas consecuencias empiezan a ser cada día más inquietantes. Su incidencia sobre nuestras vidas puede llegar a ser tan letal o más que el propio virus. De no encontrarse un fármaco que erradique la enfermedad ya, y elimine de cuajo el miedo social al contagio, cualquier plan escalonado de vuelta a la actividad económica a ciegas destrozará la economía y las relaciones sociales. No deberíamos descartar, ante tal distorsión del sistema productivo, el vernos obligados a elegir entre la inseguridad sanitaria y la ruina económica. No nos indignemos por la evidencia; al fin y al cabo es a lo que ha estado abocada la Humanidad siempre. En todas las anteriores pandemias, la selección natural de los más adaptados aseguró la vida mucho más que la medicina. A veces con una crueldad infinita: la gripe llevada por los españoles a las islas del Caribe tras el descubrimiento de América acabó con la población entera de algunas islas.

Cuanto antes nos pongamos en lo peor, mejor preparados estaremos psicológicamente para enfrentarlo. No nos engañemos, o la inmunidad de rebaño nos echa una mano o damos con el fármaco que erradique la pandemia. La vacuna no nos salvará de la hecatombe cierta de hoy, aunque nos dé esperanza a medio plazo.

Una tercera obviedad. La crisis económica, que a nivel global producirá paro, inestabilidad y años de retroceso aún no mensurado, arrasará España como un tifón de dimensiones colosales. Nuestro país tiene graves desequilibrios productivos, agravados por dos circunstancias, la escasa industrialización y deslocalización de empresas desde el inicio de la globalización y el peso del turismo en el PIB (un 12%). Si la primera es coyuntural y puede ser revertida, la segunda es estructural y no tiene solución alguna a corto plazo si el confinamiento, las medidas de protección ante el virus y el cierre de fronteras se alargan al verano. Ya no digo hasta Navidad ni, aún menos, más allá de esa fecha. El desastre sería tal en determinadas regiones (islas, costas, hoteles, bares y restaurantes, tan enraizados en la cultura popular de España entera) que provocaría una debacle de dimensiones apocalípticas para nuestras vidas. Sin contar con la deuda soberana y un Gobierno cegado por ideologías letales para la propia existencia de la nación.

¿Cómo podemos enfrentarnos a ese abismo? Me temo lo peor a corto plazo, pero al menos deberíamos iniciar la reindustrializar del país, revertir la deslocalización de empresas, diversificar el modelo productivo y evitar depender de monocultivos económicos, como el turismo, que dependan de la estabilidad económica mundial. España tiene más plazas hoteleras que todo el Mediterráneo junto. El riesgo es enorme.

Todas estas obviedades, sin embargo, no son el peor escenario. La maldita eficacia letal del virus ha desvelado lo frágiles que somos como especie ante el terrorismo biológico. O ante los delirios de poder de dirigentes políticos o Estados totalitarios. No hace falta recurrir a tesis conspiranoides, solo a la prudencia ante la maldad humana. A lo largo de la historia se han utilizado todo tipo de armas biológicas. La ONU las prohibió. 137 países firmaron en 1996 la Convención de Armas Tóxicas y Biológicas. Pero ahí sigue la amenaza, un solo gramo de toxina botulínica pura puede matar a 10 millones de personas. La facilidad con que se ha propagado el virus y el caos que ha provocado nos debería prevenir contra esta tentación de Herodes.

Sánchez y su gobierno no dan una a derechas
​Miguel Massanet diariosigloxxi 24 Abril 2020

“Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente hay una cierta complicidad vergonzosa” Victor Hugo.

Alguien dijo eso de “es peligroso tener razón cuando el Gobierno está equivocado” y mucho nos tememos que los ramalazos de autoritarismo demostrados por el gobierno filocomunista de Sánchez-Iglesias estos últimos días, están dando muestras de que, aquella persona que lo dijo, tenía toda la razón. El peligro de tener un gobierno de izquierdas no es tanto el que en todo momento, en todas sus decisiones o en todas sus actividades esté condicionado a un comunista como es señor Pablo Iglesias, un personaje capaz de cualquier desafuero si, con ello, contribuye a transformar a España en un satélite aprovechado de los métodos de la URSS, en el que conseguido hundir sus garras bolivarianas como el señor Maduro, su mentor y mecenas, lo ha venido haciendo en la república venezolana. Que hay que mentir, se miente; que se ha de acusar al adversario político de algo de lo que no es responsable, se hace; que hay que defender las decisiones de un gobierno al que todo el mundo, dentro y fuera de España, acusa de haber actuado con irresponsabilidad, desidia y guiado especialmente por sus intereses electorales, pues se defiende.

Toda la actual política de estos que nos están gobernando se fija, esencialmente, en buscar una salida, la que menos les perjudique, para evadirse de este enorme maremágnum, de este totum revolutum en el que han conseguido meter a España, en el que se mezclan los efectos deletéreos de una pandemia de coronavirus que no han sabido prever a tiempo; que no han entendido lo que serían sus consecuencias mediatas e inmediatas; que ha sorprendido al actual Gobierno con el pie cambiado y que han tenido que ir improvisando y rectificando para intentar salir del paso con el menor coste posible, en especial, en el aspecto de sus perspectivas electorales, sin que los resultados de semejante política hayan servido para nada más que para crear confusión, inseguridad, desconfianza y, en definitiva, un rechazo generalizado por parte del pueblo español que, todavía, no puede comprender como hemos llegado a ser el país del mundo más perjudicado por los efectos del Covid19 en proporción al número de habitantes ni como nuestros “expertos”, no sólo nos informaron mal de lo que podría ser el coronavirus si llegaba a España, de sus consecuencias, de su peligrosidad y su duración, sino que, para más INRI, le quitaron importancia, lo devaluaron y esparcieron la idea de que íbamos a ser poco menos que inmunes hacia este virus en el “improbable” caso de que nos afectara a los españoles.

Es por eso el porqué, cuando la ministra portavoz, Mª Jesús Montero o la inefable Isabel Celaá, con toda su prosapia, engolamiento, aire de suficiencia y desprecio por la verdad, aparecen en las TV para dar explicaciones, lo primero que intentan vendernos en que todo lo que viene haciendo el actual Gobierno no es improvisar, como se dice, no es dar palos de ciego, como parece o no es fruto de un intento de manipulación de la información para calmar a la ciudadanía, sino que todo lo que hacen, deciden, ponen en práctica u organizan se hace de acuerdo con las instrucciones, opiniones, deliberaciones y opiniones del grupo de científicos y especialistas que les asesora. En primer lugar, sería muy conveniente que el ciudadano español conociera a quién o quienes se debe que el pueblo español se encuentre en la situación en la que nos han situado que, al parecer, aparte de este portavoz que se empeñan en mantener en el puesto de informador en las ruedas de prensa, el señor Fernando Simó, que no se ha caracterizado precisamente por sus aciertos, sino más bien por sus repetidas metidas de pata e informaciones erróneas, para no hablar de noticias manipuladas, acerca de los efectos del virus, su presunta duración, las medidas que se han tomado para combatir sus efectos mortales, la grave desidia con la que se viene tratando la compra de medios de defensa contra su contagio o los datos inexactos respeto a el número de contagiados, de muertos y del número de test, digo de los que funcionan y son efectivos, que se han venido aplicando y de los que se van a aplicar, si es que es cierto que disponen de un número suficiente para usarlos con garantía de que van a ser útiles.

En realidad no se entiende que, a estas alturas de la pandemia y vistas las veces en las que los responsables de la lucha contra el virus se han visto obligados a rectificar, todavía no sepamos los nombres de las personas encargadas de velar por la salud de los ciudadanos y de si es cierto que, el Gobierno, sigue a raja tabla las instrucciones que parten de ellos o más bien constituyen una especie de “cuartada” de la que se vale para justificar errores que parecen imperdonables el que los cometa cualquier gobierno de un país civilizado. A nivel de ciudadanos de a pie se tendría la impresión de que, vistos los efectos en número de muertos, en contagiados, en disponibilidad de material sanitario adecuado para los médicos y demás sanitarios y la escasez para proveer de mascarillas y guantes al resto de los ciudadanos que, si quieren protegerse contra un posible contagio, se ven obligados a pagar precios de escándalo, sin que parezca que haya quien sea capaz de hacer que una estafa semejante pueda tener lugar en un país en el que exista el Estado de derecho, como es o debería ser, la democracia española; es muy posible que ya se hubiera pensado, por parte de nuestro ejecutivo, en buscarse de entre la pléyade de científicos, especialistas, catedráticos y expertos en los temas relacionados con la pandemia, a otro equipo que pudiera sustituir, con ventaja, a este del que el gobierno se ha valido durante este tiempo en el que el Covid19 nos ha venido machacando sin compasión.

Lo cierto es que no tenemos buenas previsiones por lo que respeta al momento en el que va a llegar el famoso “aplanamiento” de la curva del Covid19, por mucho que ya hace semanas que las autoridades están hablando de ello; tampoco en lo que va a durar el enclaustramiento que, a medida que transcurren los días, semanas y meses, cada vez se está haciendo menos soportable y las tímidas medidas que se ofrecen, en el caso de los niños, además de que adolecen de falta de información, no son más que un parche para mitigar una pequeña parte del problema que deja en barbecho medidas de más largo alcance, acompañadas de poder disponer de medios preventivos para todos los ciudadanos españoles tal y como viene sucediendo en muchos otros países en los que ya se tienen resueltos problemas similares.

, entre tanto, tenemos que soportar que nos saquen los colores desde Europa por haber ocultado las verdaderas cifras del déficit público del año 2019. La agencia estadística europea, Eurostat, ha denunciado el desfase registrado. Según dicho informe el diferencial entre ingresos y gastos fue negativo en 35.195 millones de euros lo que supone un incumplimiento semejante al que se produjo en el 2017. Esta cifra indica que la cifra del déficit real español en el 2019 sobrepasó en 2.300 millones de euros al que había anunciado el Gobierno (un 2’6%) situándose en un 2’8%. Pero es que, si nos fijamos en el endeudamiento público, también nos encontramos que, en cifras absolutas, el crecimiento alcanzó los 1.188.862 millones de euros, con los que cerró el 2019; una cifra que supone un aumento en 43.765 millones con respeto al del 2017. Ya es un clamor que, desde el propio Banco de España hasta el resto de entidades financieras incluido el FMI, se viene produciendo consistente en el aviso generalizado de que nos dirigimos hacia una catástrofe económica que pudiera llegar a producir que alcanzásemos los 20 millones de desempleados y un número de percances económicos y cierre de empresas como nunca se hubiera podido pensar que ocurrirías.

El turismo, que se calcula que representa hasta un 12% de nuestro PIB, según los tour operadores, agencias de viajes y restauración ya se da por perdida la campaña de este próximo verano, hasta el punto de que el señor Juan Molas, presidente de la Mesa de Turismo, ya se ha manifestado en el sentido de que: “el sector podría perder más de 90.000 millones”. Y, en este contexto, vemos como este comunista de palabras y gestos pero no consecuente con sus ideas cuando se trata de habitar en una suntuosa morada en la sierra de Madrid y vestir trajes caros adquiridos en Zara, el señor de la coleta, Pablo Iglesias, ya está levantando suspicacias, no sólo en los partidos de la oposición, que alucinan de ver la fuerza que está adquiriendo en la coalición con el PSOE (algo que no sorprende a nadie y que ya se anunció antes de que formara parte del Gobierno); si no en instituciones como la Justicia, de modo que la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha tenido que salir al paso y rechazar las críticas realizadas por el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias respecto a unas observaciones que publicó este miércoles, en su cuenta de Twitter, en las que comentaba la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de condenar a la portavoz dirigente de Unidas Podemos, Isa Serra, a 19 meses de cárcel e inhabilitación. El texto en concreto es el siguiente: "Estas afirmaciones merecen un absoluto y rotundo rechazo, pues más allá del legítimo derecho a la crítica generan una sospecha inaceptable respecto del proceder de Juzgados y Tribunales".

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como la señora Celaá o el señor Marlaska, tan puritanos ellos, pero también tan sectarios, nos amenazan con privarnos de nuestra libertad de expresión por lo que ellos definen como “bulos” o “fake news” a lo que sólo son legítimas críticas que desde los medios, las columnas, o el resto de medios, en las que se denuncian los garrafales errores del Gobierno o sus, no menos disparatadas, denuncias en contra de los partidos de la oposición o en sus pretensiones ( esto sí es ilegal) de involucrar mediante sus martingalas, a cuerpos tan prestigiosos como es el de la Guardia Civil, encomendándoles labores de coacción para impedir que, en España, exista la libertad de expresión, reconocida por la propia Constitución que, solamente, puede ser revisada por los jueces, en el caso DE que se sobrepasen los límites que las leyes imponen, pero nunca para satisfacer a un partido político o a un Gobierno, que lo que pretendan sea practicar el absolutismo sobre su ciudadanía estableciendo un estado dictatorial y opresivo.

Podemos dirige sus ‘trolls’ contra Abascal en una campaña de desprestigio en las redes sociales
Raquel Tejero okdiario 24 Abril 2020

Podemos ha lanzado una nueva campaña en redes sociales con el objetivo de desprestigiar al líder de Vox, Santiago Abascal. La formación morada cuenta con un canal de Telegram en el que vierte contenidos para que sus ‘trolls’ los propaguen en las redes sociales. Se mueven amparados en el hashtag #PaguitaAbascal.

«Atentos. Esta tarde lanzamos dos campañas: una a las 18h y otra a las 20h», alertaron a través del canal oficial de difusión en redes sociales del partido. Tras el aviso, lanzaron la primera campaña: «Salimos hoy a las 18h con el HT #PaguitaAbascal en redes para dar difusión a la brutal respuesta de Pablo Iglesias a VOX en la Sesión de Control. Compártelo en Twitter».

Junto a la explicación, un corte de la sesión plenaria de este miércoles en el Congreso de los Diputados en el que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ataca a Santiago Abascal por haber cobrado un sueldo en una entidad pública creada por la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre.

Podemos hace uso recurrente de este tipo de campañas en redes sociales. A pesar de que su grupo ‘Difusión en Redes Podemos’ fue creado hace relativamente poco, la formación cuenta desde hace tiempo con otro canal similar. ‘Guerrilla 2.0.’ que así se llama el canal no oficial, promueve campañas masivas y semanales en redes sociales contra la oposición.

Su funcionamiento es algo más sofisticado, ya que cuentan con una guía para enseñar a los ‘trolls’ cómo burlar las normal de Twitter y no ser calificados como ‘spam’.

Dos en un día
Podemos aprovechó el tirón para promover una segunda campaña. En este caso a favor de la portavoz del partido en la Asamblea de Madrid, Isa Serra, al hacerse pública su condena a 19 meses de cárcel por un delito de atentado a la autoridad, lesiones leves y daños. Serra tendrá que pagar además una multa de 10 euros diarios a la razón de ocho meses.

La sentencia provocó una oleada de mensajes de apoyo de los miembros de Podemos. Y también otra campaña a través del canal del partido: «Esta noche salimos en contra de la injusticia y en defensa de nuestra compañera Isa Serra, que ha sido condenada injustamente por intentar impedir el desahucio de una persona discapacitada».

«No podemos permitir que personas sean juzgadas y criminalizadas por defender los derechos humanos, por luchar contra los desahucios y contra los fondos buitres, y por defender la vivienda como un derecho. Isa, no estás sola. Estamos contigo», añadieron.

En este caso decidieron incluir el hashtag #CondenaInjustaIsaSerra y lanzarlo una hora después de la campaña contra Abascal para que ambas no se solapasen.

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La Cataluña separatista sí que es paro y muerte
Sergio Fidalgo okdiario 24 Abril 2020

Estoy harto de las monsergas de los radicales que gobiernan Cataluña, pero no solo por su fanatismo ideológico, sino también por su incapacidad como gestores públicos. Ya está bien que Quim Torra, Miquel Buch, Meritxell Budó, entre otros, nos vendan, directa o indirectamente, el bulo que asegura que en una hipotética República Catalana hubiera habido menos muertos por coronavirus, porque habrían tomado antes medidas más eficaces, y habrían evitado la extensión de la pandemia. Su obsesión con culpar al resto de españoles tuvo su momento álgido en el indignante tuit ‘De Madrid al cielo’ de la prófuga Clara Ponsatí. Pero este fue solo un eslabón en la cadena.

La última barbaridad la ha difundido en redes sociales Joan Canadell, el separatista radical que preside la Cámara de Comercio de Barcelona, que ha dicho que una “Cataluña independiente hubiera salvado miles de vidas” porque “España es paro y muerte, Cataluña vida y futuro”. Lo hizo defendiendo que Quim Torra había exigido “un cierre dos semanas antes”, lo que hubiera evitado buena parte de los contagios. Lo que Canadell no cuenta es que el 14 de febrero el inhabilitado presidente de la Generalitat aseguró que el Mobile World Congress no se había cancelado por la epidemia del COVID-19 sino por «lo que conocemos como ‘infodemia’ o epidemia del miedo».

Además, estamos hablando de los mismos que en plena explosión de la pandemia juntaron el 29 de febrero a ciento cincuenta mil independentistas y se los llevaron bien juntitos de excursión a la localidad francesa de Perpiñán, para asistir al mitin multitudinario que dio Carles Puigdemont. Si eso no fue un festival para el virus, poco le faltó. ¿O es que el COVID-19 es ‘separatista friendly’ y decidió no propagarse en los centenares de autocares, bien repletos, que fueron hacia allá? ¿O es que la presencia de Quim Torra o Clara Ponsatí imponía al virus tal respeto que decidió no acercarse por el lugar en el que se celebró el acto político del prófugo ex `president’?

Estos genios de la planificación que gobiernan la Generalitat son los que han vendido desde el inicio de la epidemia que “España nos mata”, para intentar conseguir réditos políticos de una gran tragedia humana y, de paso, eludir responsabilidades. Si convencen a los catalanes que la Generalitat no tiene nada que ver con las consecuencias de la epidemia, seguirán manteniendo su maquinaria de poder intacta. Pero muchos no olvidaremos lo que han hecho. Personal sanitario han denunciado los criterios de triaje del Govern para las UCI, que excluían a los mayores de 75 años, lo que les condenaba a una muerte segura. Señor Canadell, ¿eso no es “muerte”? Porque si el gobierno autonómico se hubiera gastado más millones en respiradores y en ampliar las UCIs en vez de en TV3 o en ‘embajadas’, la sanidad catalana no hubiera tenido que aplicar unos criterios de selección tan inhumanos.

Estos genios de la planificación que gobiernan la Generalitat son los que, este lunes y parte del martes, colapsaron el sistema informático de las farmacias y consiguieron que el reparto de mascarillas entre la población fuera un caos. El de mascarillas, y el de medicamentos, porque cuando se ponen, lo hacen a fondo. Y no solo eso, los mismos que riegan con millones a los medios de comunicación secesionistas son los que ordenaron a las farmacias que adelantaran el importe de las mascarillas que iban a repartir gratuitamente, una por cartilla sanitaria. A eso se le llama ser generoso con el dinero de los demás. En esta materia el Govern saca una matrícula de honor.

Con unos radicales al frente de un gobierno, más preocupados en la agitación política que en trabajar por el bienestar de los ciudadanos, solo cabe una conclusión: en una hipotética República Catalana habría habido más muertos, porque han demostrado durante la actual crisis sanitaria su incapacidad. Y también más paro, porque el despilfarro secesionista del dinero público para promover su visión ‘patriótica’ de Cataluña no se acabará si algún día consiguen la “independencia”. Los regímenes totalitarios han de mantener siempre su maquinaria de propaganda y agitación bien engrasada. Y eso cuesta mucho dinero.


 


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