AGLI Recortes de Prensa   Domingo 26  Abril  2020

¿Y estos inútiles van a sacarnos de la crisis en la que nos han metido?
EDUARDO INDA okdiario 26 Abril 2020

Mientras tecleo compulsivamente mi ordenador para terminar esta columna antes de que comience el Aló presidente sabatino, compruebo que España está viva, que aún le queda sangre. La cacerolada que están viendo mis ojos al otro lado de la ventana y escuchando mis oídos a este lado es atronadora. De las que hacen época. Como las que le montaban a Charles de Gaulle al grito de “¡Argelia es Francia!” en los 60. Como las que le dedicaban al socialista chileno devenido en comunista Salvador Allende por el desabastecimiento a primeros de los 70 o como las que le organizaban al sangriento Pinochet a caballo de los 80 y los 90. Como las que le hacen al hijo de Satanás de Maduro en Caracas. Una costumbre que proviene de la Francia postnapoleónica y que siempre se ha empleado contra el abuso de poder y contra el absolutismo cuando la ciudadanía contempla impotente cómo el Estado de Derecho es incapaz de frenar al gobernante de turno. Mismamente, Sánchez y su jefe, Pablo Iglesias.

A la espera de ver con qué nuevo bulo se descuelga esta vez el presidente más fake de toda la historia, me pregunto qué será de nosotros el día después. Y me aterra pensar que quienes nos han metido en la espeluznante crisis económica, que no está por llegar porque ya está aquí, sean quienes nos tienen que sacar de ella. Porque como advierten en las mejores escuelas de negocios y gobernanza de los Estados Unidos, “con los mismos se hace lo mismo”. O sea, que con “esta banda”, que apostillaría Albert Rivera, tenemos más desastre asegurado.

Pasemos revista a lo que ha hecho en materia económica este inútil patológico que tenemos por presidente. Un dato lo dice todo: el hombre que robó su doctorado en Economía llegó al poder con un crecimiento de nuestro PIB del 2,8%, lo que convertía a España en el alumno aventajado del núcleo duro del euro. Engordábamos nuestra riqueza al doble de ritmo que Alemania y Reino Unido, el triple que Francia y cinco veces lo que Italia. En las semanas previas a la declaración del estado de alarma, nuestro PIB estiraba a un ritmo del 1,6%, lo cual demuestra más allá de toda duda razonable que este personaje es un peligro también en términos económicos. Vamos, que en menos de dos años de Gobierno se ha cargado la mitad de la creación de riqueza. Ni más ni menos, ni menos ni más.

Los augurios del Servicio de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI) son aterradores para el Reino de España. Habla de una caída media del PIB a nivel mundial del 3%, del 7,5% de la zona euro y de un 8% en nuestro país, la peor de las grandes economías excepción hecha de Italia —el consuelo de los tontos: hay alguien peor—. Los del Banco de España son peores aún: habla de un retracción del 6,6% en el mejor escenario y de dos dígitos, del 13% para ser más exactos, en el más desolador de todos. El banco más poderoso del mundo, Goldman Sachs, ha pasado de cifrar el desplome del PIB en el 1,3% a mediados de marzo al 9,7% del que hablaba en un informe hecho público hace tres semanas. Sea como fuere, acierten los unos, los otros o los de más allá, lo único cierto es que nos vamos a los 5 millones de parados, es decir, 1,6 millones más que en estos momentos. Una tragedia económica y, sobre todo, social, que nos retrotrae a una España peor que ésa de Zapatero de tan triste recuerdo.

Como indiqué en el día 1 del estado de alarma, hace ya seis semanas, estamos “en las peores manos en el peor momento”. Dos de las tres anteriores crisis las afrontamos con Felipe González al timón y con José María Aznar en el puente de mando. Con sus peculiaridades, con sus cosas buenas y malas, dos gigantes al lado del chisgarabís que ocupa La Moncloa en este momento y que ha hecho bueno —quién lo iba a decir— a otro que tal baila, José Luis Rodríguez Zapatero. Los vicepresidentes eran tipos de la talla de Narcís Serra, Álvarez-Cascos o Mariano Rajoy, gente sensata y extraterrestre al lado del alocado, resentido, sectario y violento Pablo Iglesias, que con 35 escaños manda más que Sánchez con 120, Casado con 91 y Abascal con 52. En Economía ahora hay una persona que sabe y mucho, Nadia Calviño, y otra que controla, María Jesús Montero, pero que están maniatadas por imposición del presidente de facto, que es ese comunista financiado por el narcodictador Nicolás Maduro.

Estos dos sujetos ni siquiera han tenido la decencia que sí ha exhibido Emmanuel Macron, que pidió perdón a los ciudadanos franceses. Y eso que en muertos desgraciadamente somos los número 1 per cápita del mundo por culpa de un Sánchez que permitió que Iglesias e Irena Montera se salieran con la suya autorizando un 8-M que todos los expertos desaconsejaban desesperadamente. Sería aconsejable, por tanto, que abandonen su letal soberbia e imiten el ejemplo italiano. El primer ministro, Giuseppe Conte, ha encargado la dirección de la fase 2, la de la desescalada, a un gestor. Al que pasa por ser seguramente el mejor ejecutivo de Italia. Un triunfador llamado Vittorio Colao, ex CEO mundial de Vodafone, antiguo gerifalte de Unilever y máximo responsable de 2004 a 2006 de RCS, empresa propietaria de El Mundo, donde tuve la suerte de conocerle. Un tipo formado en la Universidad Bocconi, la misma donde estudió el megacrack Mario Draghi, y en Harvard.

¿No sería mejor?, pregunto humildemente, ¿sopesar siquiera la posibilidad de poner al frente de la vuelta a la normalidad a un Pablo Isla, CEO de Inditex, a Florentino Pérez, a Ana Botín, a Pallete, Sánchez Galán o a Juan Roig? Por no hablar de Amancio Ortega, una autoridad moral y, obviamente, empresarial pero que dada su afición a las bambalinas seguro declinaría la oferta. Lo digo porque es gente creíble intra y extramuros, dentro de nuestras fronteras y urbi et orbi. Pero, como quiera que padecemos la vulgar partitocracia, Pedro Sánchez jamás tenderá la mano a ninguno de estos tipos que tienen setenta veces siete más talento que él y no digamos que el vulgar profesor interino de Políticas que es Pablo Iglesias. Un Pablo Iglesias que jamás permitiría que tipos que han demostrado que saben gestionar equipos y generar riqueza le den lecciones de nada, entre otras cosas, porque si algo tiene meridianamente claro el capo de Podemos es que resulta más conveniente en términos egoístamente prácticos gobernar sobre pobres subsidiados que hacerlo sobre una clase media ilustrada.

Con Los Picapiedra al frente del Titanic, que apuntó esta semana Pablo Casado en acertadísima metáfora, tenemos todos los boletos para acabar esnafrados contra el iceberg. Que el coronavirus va a cambiar nuestras vidas, es obvio. Que el sistema económico se transformará, seguro. Y que tras esta etapa de dolor vendrá otra de prosperidad no es algo que afirme un optimista patológico como yo. Lo suscribe la historia: a la peste negra, que se llevó decenas de millones de vidas, le siguió el Renacimiento casi un siglo después, y la tan mal llamada como pavorosa gripe española de 1918 tuvo una maravillosa continuación que fueron los Felices Años 20, una etapa de crecimiento económico brutal en muchísimos países, especialmente entre los ganadores de la Primera Guerra Mundial.

Con Pedro y Pablo al frente de ese trasatlántico que aún es España me temo lo peor no, lo siguiente. Porque a la etapa de apocalíptica crisis que estamos experimentando le sucederá otra de gran prosperidad a nivel mundial. Y, como siempre en la historia, habrá ganadores y perdedores. Y con estos indocumentados mucho me temo que acabaremos rescatados, intervenidos y con los hombres de negro que jamás llegaron con Rajoy ejerciendo una suerte de protectorado que nos situará a toda una generación más cerca de Marruecos que de Francia. Una situación excepcional como ésta requiere de hombres y mujeres excepcionales, no de piernas de tres al cuarto con ideas que han arruinado para décadas si no para siempre a naciones como Venezuela, teóricamente mucho más ricas que la nuestra de aquí a Sebastopol o de aquí a Caracas. Con los mismos, no haremos lo mismo, sino algo infinitamente peor, un pan con unas hostias. Y entonces no tendremos ni pañuelos con los que apaciguar nuestras lágrimas ni pastillas con las que frenar nuestra depresión.

Salvadores y funcionarios
Nota del Editor 26 Abril 2020

Eso de que los periodistas recomienden a los salvadores no está bien porque los periodistas debe informar y crear opinión si son capacez de ello, pero arrogarse como los supersalvadores que pueden recomendar a los salvadores, no por favor.

En España hay cientos de miles de funcionarios especializados en todo tipo de tareas, entre los que habrá sin duda quienes se encargan del plan de contingencia de España, como lo hay en cualquier empresa que se precie de mirar en todas direcciones. Son ellos quienen deberían haber puesto en marcha el plan y borrar del mapa a los propagandistas social comunistas y separatistas traidores e inútiles.

Okupación televisiva
Jamás en la historia de España un gobierno salió en televisión de sol a sol
Luis Ventoso ABC 26 Abril 2020

Lo de pastorear a las masas a través de los medios no es nuevo. El maestro de la propaganda más célebre fue un personaje odioso y criminal, Joseph Goebbels. Se trataba de un fanático racista, que ante la derrota del nazismo mató a sus seis hijos en el claustrofóbico búnker de Hitler y luego se suicidó con su mujer. Joseph conoció a Adolf en los primeros años veinte y se encargó de convertir a aquel oscuro, magnético y exaltado agitador austríaco en un fenómeno de masas. Los instrumentos para popularizar al líder y su repugnante ideología fueron la radio, el cine y los desfiles y discursos masivos, con unas puestas en escena casi élficas. Goebbels contrató a la cineasta Leni Riefenstahl, tan brillante con la cámara como opaca de alma, para rodar unos documentales de glorificación del nazismo tan excelsos que hasta triunfaban en los festivales de cine. Pero su auténtico ariete para taladrar la conciencia colectiva fue la radio. El Ministerio de la Propaganda instaló altavoces en fábricas, plazas y escuelas, donde tronaba el discurso del régimen. Además, encargó a los fabricantes transistores baratos para que la palabra sagrada resonase en cada hogar. Así se logró adocenar al pueblo más cultivado de Europa.

El experimento se ha repetido en muchos países, en especial en regímenes autoritarios. El culto al líder es un rasgo distintivo de los caudillismos. Hoy, sin ir más lejos, impera en China. Meter al líder con calzador en todos los hogares de sol a sol funciona. Lo sabía Fidel Castro, con sus monsergas interminables. De él lo copió Hugo Chávez, que se instaló en los hogares de los venezolanos con su «Aló Presidente», unos maratones televisivos que duraban horas.

En las democracias tampoco falta la propaganda. Sobre ella se ha construido, por ejemplo, el inexplicable triunfo en la maravillosa Cataluña de un pensamiento xenófobo y profundamente reaccionario. Pero normalmente en los sistemas abiertos y plurales todo es más sutil y contenido. Existen límites. No se abusa de la posición de poder de manera grosera para intentar adoctrinar al pueblo, como hacen las dictaduras. Por eso resulta insólito lo que está ocurriendo en España desde la declaración del estado de alarma. El Gobierno ha aprovechado estas seis semanas con la ciudadanía rehén en sus casas para sermonearla a través de la televisión de manera incansable. Cada día hay dos horas largas de ruedas de prensa matinales. A la tarde, nueva rueda de prensa con más ministros. Los martes, rueda de prensa del Consejo de Ministros (y el viernes, porque algunas semanas hay dos). El fin de semana llega Tele Sánchez, que ayer alcanzó su emisión número once (el Rey, Jefe del Estado, ha podido dirigirse a la nación siete minutos desde que empezó esta crisis). El Gobierno ha okupado la televisión para enjugar su floja gestión.

Los españoles, pueblo poco liberal y que acepta encantado el intrusismo estatal, hemos transigido con este exceso antidemocrático. Pero ayer, además de aplausos, sonaron también cacerolas contra Sánchez en los balcones. Tal vez la anestesia catódica está dejando de funcionar.

De la obsesión por el relato a la amenaza de la libertad
Editorial El Mundo 26 Abril 2020

La obsesión del Gobierno por el control del relato -es decir, la propaganda- le ha llevado a retirar a portavoces uniformados de las ruedas de prensa. Los puso allí para dar credibilidad al marco bélico con el que el Ejecutivo pretende diluir su responsabilidad en la desastrosa gestión de la pandemia y blindarse de las críticas. Pero los mandos militares o policiales no han sido entrenados para el marketing político y de ahí el lógico escándalo que suscitó la revelación del general Santiago de una estrategia para combatir el clima contrario al Gobierno, luego confirmada por la filtración de un mail. Moncloa decidió usar los galones como parapeto, sometiendo a instituciones tan valoradas como la Guardia Civil a un desgaste innecesario. Y cuando se da cuenta de que esa utilización puede resultarle contraproducente, los purga de la sala. En ambos casos delata una actitud defensiva de control de daños, contraria a la voluntad de transparencia.

Pero no extraña esa actitud a la vista de lo que hoy publicamos: el Gobierno fabricó el bulo de que España era el segundo país del mundo por número de test realizados filtrando esa falacia al Financial Times y citándolo luego como referencia. Abyecta mentira que recuerda el papel de la prensa libre frente al abuso de poder.

Nos va la vida en ello
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  26 Abril 2020

Por favor, consideremos si el o la número uno de la lista que elijamos ha demostrado previamente que es capaz de hacer algo útil en la vida más allá de brujulear por los pasillos de la sede partidaria

Hay un dato llamativo en las estadísticas nacionales sobre cifras de contagiados y fallecidos por coronavirus. Portugal y Grecia, dos países de la Unión Europea que no se sitúan entre los ricos y que fueron duramente castigados por la crisis financiera de 2008, han manejado la pandemia con mayor eficacia que otros más prósperos. Portugal registraba el pasado viernes 854 fallecidos, es decir, 83 por millón de habitantes, y Grecia 127 víctimas mortales del COVID-19, lo que representa 12 por millón de habitantes. Estos números se comparan favorablemente con los de Alemania, uno de los Estados Miembros de mayor PIB per cápita, que arroja 5575 fallecidos, que se traducen en 67 por millón de habitantes. Si pasamos a España, nos encontramos -dando por válidos los datos oficiales, que es mucho decir- con un total de 22524 muertos, lo que significa 478 por millón de habitantes. No sólo ocupamos el puesto de cabeza mundial en este fúnebre indicador, sino que nuestra tasa de mortalidad en función de la población es unas seis veces peor que la de Portugal y cuarenta veces peor que la de Grecia.

Dadas las marcadas similitudes culturales y de hábitos sociales de estos tres países de la Europa meridional, la ventaja de España respecto a los otros dos en renta per cápita y la teórica superior calidad de nuestro sistema sanitario sobre los de Portugal y Grecia, habrá que buscar una explicación plausible a estas llamativas diferencias a favor de estos dos socios que han sabido enfrentarse a la pandemia con un nivel de eficacia que nos ha de producir, además de una profunda tristeza, una considerable vergüenza.

Otra circunstancia interesante es que los Gobiernos de Portugal y Grecia son de color ideológico netamente distinto. Nuestro vecino occidental tiene un Ejecutivo socialista con apoyos puntuales de la extrema izquierda y en Grecia es la fuerza de centro-derecha Nueva Democracia la que ostenta la mayoría. Por consiguiente, no parece que la ubicación en el espectro político sea un factor relevante a la hora de exhibir una buena gestión de la crisis sanitaria que atravesamos. A la búsqueda, pues, de elementos que nos iluminen para entender este curioso fenómeno, ofrece buenas pistas una consulta a las biografías de Antonio Costas y de Kyriakos Mitsotakis, comparadas con la de Pedro Sánchez.

Lo primero que se observa es el contraste entre la solidez de los currículos académicos de los presidentes de Gobierno griego y portugués frente a la frágil y turbia formación universitaria del inquilino de La Moncloa. La segunda pista a tener en cuenta es la larga y demostrada experiencia de gestión de los mandatarios griego y portugués, más centrada en el sector público en el caso de Costas y con mayor recorrido en el privado de Mitsotakis, que hace palidecer la nula trayectoria de Sánchez en puestos destacados de responsabilidad antes de encaramarse a la Secretaría General del PSOE.

Y la tercera radica en el nivel medio de los ministros de los Gabinetes luso y heleno debidamente contrastado con el variopinto grupo de integrantes del Consejo de Ministros español que -salvando unas pocas excepciones- no impresiona precisamente por su altura intelectual ni por su manejo de la sintaxis. Con decir que la vicepresidenta primera dijo en cierta feliz ocasión que nuestra lengua abunda en “anglicanismos”, que el vicepresidente segundo afirmó tan satisfecho que la teoría de la relatividad fue formulada por Isaac Newton, que la titular de Hacienda en sus forcejeos neuronales para justificar el desliz de sinceridad del general Santiago se refirió al “marco del contexto” y que el propio presidente del Gobierno tuvo el detalle de comunicarnos que Antonio Machado nació en Soria, no queda mucho más que añadir.

En una de sus célebres aportaciones al pensamiento universal, Carmen Calvo, la de “el dinero público no es de nadie” y “Pixie y Dixie”, nos hizo saber que la asistencia a la manifestación feminista del 8-M era cuestión de vida o muerte para las mujeres. Esta dramática admonición la realizó en televisión en horario de gran audiencia tres días después de que el Gobierno recibiera el aviso del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades sobre la conveniencia de evitar acudir a actos multitudinarios y mantener el distanciamiento social. Como sería absurdo suponer que el Gobierno deseaba conscientemente enviar a miles de españoles al contagio y eventualmente a la muerte, la conclusión no puede ser otra que, por expresarlo de la manera más piadosa posible, dan de sí lo que dan y lo que dan es poco.

Alguna vez he reflexionado en esta columna dominical y en otros marcos -o contextos, pero nunca en marcos de contextos ni en contextos de marcos- en torno a las causas por las que en España, de forma creciente desde la Transición, la probabilidad de que los mejores lleguen a las cúpulas de los partidos ha ido decreciendo y la de que se aúpen los peores aumentando y, por tanto, no se trata de repetir aquí lo ya expuesto. Sin embargo, sí es esencial tener presente que a partir del drama que estamos viviendo y con vistas al futuro, en el momento de coger la papeleta de voto, sea cual sea nuestra inclinación ideológica, por favor consideremos si el o la número uno de la lista que elijamos ha demostrado previamente que es capaz de hacer algo útil en la vida más allá de brujulear por los pasillos de la sede partidaria, intrigar en los cenáculos o adular a los jefes. Fijémonos bien en su vida previa, porque nos va en ello la nuestra.

Consecuencias
Jon Juaristi ABC 26 Abril 2020

En la Navidad de 1993, unos amigos trajeron de París un libro recién aparecido de Jean-Claude Milner. El libro («L’archéologie d’un échec, 1950-1993»), publicado por Seuil, representó para algunos de nosotros la más eficaz vacuna que jamás probamos contra la peste mental de la izquierda. El autor no se cortaba un pelo: «Prohibiciones de ejercer la profesión, destierros, encarcelamientos arbitrarios, provocaciones policiales, asesinatos políticos, intimidaciones brutales... ¿quién podría sostener ahora, después de lo que hemos visto, que la izquierda parlamentaria se negaría a utilizarlos una vez se apropie del poder del Estado?».

Para todo ello, la izquierda necesita del progresismo, es decir, de una técnica de improvisar justificaciones morales para cualquier crimen en aras del interés general (o sea, del suyo). La función del progresismo es, en palabras de Milner, «volver justificable cualquier decisión que sea, con referencia a cualquier sistema de justificación que sea, a condición de que haya sido tomada por quienes detentan el poder», siempre que estos sean de izquierdas.

Cuando Sánchez Castejón anuncia que en las próximas semanas muchas de sus decisiones serán rectificadas apenas se hagan públicas, está advirtiendo a la odiosa oposición de que nada de lo que él diga o haga podrá ser utilizado en su contra, puesto que lo dirá o hará por el interés general, por prudencia, y, bueno, porque, ya a estas alturas, como diría el poeta, «inmóvil mayoría de cadáveres/ le dio el mando total del cementerio». Sánchez Castejón no tiene ya necesidad de pedagogos como la estricta gobernanta que colocó en su día, y ahí sigue, al frente del Ministerio de Educación, pero que sustituyó en las funciones de portavoz mientras dure la guerra (perdón, el confinamiento) por otra más joven y cantinflera, la del marco del contexto. Cuando comparecen Juntacadáveres y Simón el Enterrador, como Talleyrand y Fouché, el vicio del brazo del crimen, asustan mucho más que sus grupis. Como imagen artística de la Muerte, incluso Illa está un poco por encima de Celaá. No mucho, pero lo suficiente.

Ahora bien, ha estado francamente sembrada la de Bilbao cuando, para terminar con las críticas al general Santiago, advirtió que «no podemos aceptar que haya mensajes negativos, mensajes falsos en definitiva, que transmiten a la ciudadanía consecuencias que luego pueden alterar su salud». Ni Vito Corleone habría resultado más persuasivo. Qué estupenda. Qué forma tan general y democrática de hacernos una oferta que no podremos rechazar. Cuidémonos pues de esas consecuencias que alterarían nuestra salud más que el coronavirus, o sea, ojo con difundir mensajes «en contra de lo que significa (sic) los criterios científicos y la integridad de las instituciones públicas», que deben de ser la misma cosa en opinión de esta lumbrera vasca. Su paisana la Pasionaria personalizaba más sus avisos a navegantes, como en el caso del pobre Calvo-Sotelo (víctima mortal del socialismo, por cierto, no del coronavirus).

Bueno, pues en eso consiste el progresismo. En justificar los virajes criminales de la izquierda improvisando cualquier pretexto. Por ejemplo, «los criterios científicos y a la integridad de las instituciones públicas». En boca de Isabel Celaá esto es basura ideológica. Cursilerías. Lo mismo que cuando hace un año y medio sostenía, como portavoz del primer gobierno de Sánchez Castejón, que «la libertad de expresión y la libertad de prensa» eran «bastión y columna de lo que significa la democracia». Lo que no hay que tomarse a broma es lo otro, lo de las consecuencias «que luego pueden alterar su salud». No la suya: la de usted y la mía.


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Así se ha aprovechado el nacionalismo de la epidemia de Covid-19
La epidemia de Covid-19 ha alterado la hoja de ruta de los nacionalismos vasco y catalán para 2020, pero la prioridad de ambos gobiernos sigue siendo la de siempre.
Cristian Campos elespanol 26 Abril 2020

1.Que recorten ellos
El Parlamento autonómico catalán aprobó este viernes los primeros presupuestos de la Generalidad desde 2017. Los presupuestos son sin embargo inútiles puesto que fueron elaborados antes del estallido de la pandemia de Covid-19 y sus partidas de gasto nacen desfasadas.

Antes de su aprobación, Ciudadanos propuso recortar gastos relacionados con el procés –embajadas, Plataforma per la Llengua, TV3, Òmnium Cultural–, pero los partidos nacionalistas se negaron a ello. En Cataluña, la prioridad sigue siendo el procés, incluso con más de 4.000 muertos y 45.000 infectados en los cementerios y los hospitales catalanes.

2. Doblemente sepultados
Más de dos meses después del derrumbe del vertedero de Zaldibar, los cuerpos de Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán continúan sepultados bajo una montaña de basura tóxica. Son ya 80 días desde que el vertedero colapsara el pasado 6 de febrero sin que ellos pudieran ponerse a salvo. El estallido de la epidemia de Covid-19 ha permitido al gobierno vasco, formado por el PNV y el PSOE, obviar uno de los mayores escándalos de los últimos años en la región.

Sólo sus familias y algunos políticos de la oposición se siguen acordando a día de hoy de Sololuze y Beltrán, víctimas de la incapacidad del gobierno vasco para recuperar sus cuerpos y de la epidemia de Covid-19, que les ha hecho caer en el olvido.

PNV, ERC y JxCAT se han negado a utilizar el español en la Comisión General de Comunidades Autónomas que se celebrará el 30 de abril. Su berrinche obligará a desplazar hasta el Senado a siete intérpretes en plena epidemia de Covid-19. Dado el riesgo que eso supone, el socialista Manuel Cruz, el presidente de la comisión, propuso utilizar el idioma común de todos los senadores. Los partidos nacionalistas lo rechazaron con contundencia.

El hecho de que los nacionalistas jamás hayan necesitado intérprete alguno en las reuniones en las que negocian transferencias o inversiones con el Gobierno central hace pensar que su actitud en esta ocasión no es sólo irresponsable, sino también una provocación. Provocación cuyo coste correrá a cargo de los intérpretes que deberán desplazarse hasta el Senado en pleno confinamiento, con el riesgo de infección que eso conlleva.

4. Ofendido por el himno
Pocas dudas caben acerca del nulo compromiso con la democracia constitucional de los periodistas de las televisiones públicas catalanas y vascas. Pero Xabier Lapitz, presentador del programa En Jake de la EITB, llevó esta semana la confrontación hasta nuevos niveles al burlarse de la ceremonia de homenaje a los muertos que políticos del PSOE y del PP, y entre ellos Margarita Robles, José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso, celebraron en el Palacio de Hielo de Madrid.

Lapitz comparó a los presentes con una "alineación de hockey" y cuestionó el uso del himno nacional. "Fíjate lo que ha pasado en Madrid: tuvieron que habilitar una morgue especial en el Palacio de Hielo porque no les cabían los muertos en las morgues oficiales que tenían. ¿Hay que hacer un acto para clausurar la morgue de este pelo?" dijo el presentador.

5. ¿Muertos? ¿Qué muertos?
La pandemia de Covid-19 no ha desplazado al procés del primer lugar en la lista de preocupaciones del nacionalismo catalán. En el mejor de los casos, se ha limitado a colocarse en un meritorio segundo lugar. Prueba de ello es la petición que el republicano Gabriel Rufián hizo a Pedro Sánchez el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados: sin mesa de diálogo, el Gobierno ya puede irse olvidando del apoyo de ERC.

De acuerdo al nacionalismo catalán, los pactos de reconstrucción no deberían limitarse a los terrenos sanitario y económico, sino abordar también el conflicto territorial. Es decir, la secesión de Cataluña. El nacionalismo catalán ha puesto incluso una fecha limite a ese "diálogo" con el Gobierno: el próximo mes de junio, con pandemia o sin pandemia. ¿A quién le importan los muertos cuando la patria catalana está en juego?

6. Aquí mandamos nosotros
Sergi Sabrià, portavoz de ERC en el Parlamento regional catalán, ha pedido a los catalanes que obedezcan únicamente las órdenes de la Generalidad y hagan caso omiso de las del Gobierno central en relación a las salidas de los niños. "Que no sufran, que no se encontrarán a ningún guardia civil poniendo multas" dijo Sabrià.

El republicano también dijo estar convencido de que Cataluña está liderando la crisis y marcando el paso al Gobierno central. "El Consejo de Ministros, como ha pasado otras veces, va a remolque de la decisión de Cataluña. Cataluña decide y ellos se ven obligados a decidir porque no aguantan la presión del resto de comunidades autónomas" añadió Sabrià, que también habló de "una manera catalana" de enfrentarse al Covid-19.

7. En la Cataluña independiente los ciudadanos son inmortales
Según la portavoz del gobierno autonómico catalán y número dos de Torra, Meritxell Budó, en una Cataluña independiente "no hubiera habido ni tantos muertos ni tantos infectados". "No sé si nos habríamos defendido mejor o peor" añadió Budó. "Pero lo que está claro es que habríamos tomado medidas de manera diferente".

La cuestión, ya se ve, es hacer las cosas "de manera diferente" al Gobierno central aunque no se tenga la menor idea de si esa "manera diferente" habría conducido a unos mejores resultados. Nada extraño en un Gobierno catalán cuyas tesis sobre la epidemia han sido, de forma sistemática, las opuestas a las del Gobierno central.

Como en el caso de Podemos, que es al mismo tiempo Gobierno y oposición, el gobierno catalán ha aspirado durante esta crisis a defender una posición y su contraria. Cuando Sánchez desestimaba el cierre de localidades concretas, la Generalidad lo defendía. Cuando el Gobierno se resistía a dejar salir a los niños de sus casas, la Generalidad defendía la medida.

8. Promoción del valenciano
El nacionalismo no sólo ha corrompido la convivencia en Cataluña y el País Vasco. En Valencia, donde el PSOE gobierna con el apoyo de Podemos y Compromís, es decir el populismo de extrema izquierda nacionalista valenciano, la promoción del valenciano ha detraído recursos –diez millones de euros– que, en plena epidemia, habrían estado con total seguridad mejor invertidos en ayudas a las pymes y los autónomos.
 


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