AGLI Recortes de Prensa   Lunes 27  Abril  2020

Así es la gran cacerolada contra el Gobierno que se prepara en una fecha mítica
ESdiario 27 Abril 2020

La paciencia de millones de personas se ha agotado y ya se ultima una protesta masiva desde el confinamiento que estalla los oídos de Moncloa antes de comenzar.

El próximo sábado, 2 de mayo, se conmemora el 212 aniversario de la mecha que encendió el pueblo de Madrid con una revuelta callejera que dio lugar a la explosión de la inmensa mayoría de los españoles contra la invasión de las tropas napoleónicas.

Con motivo de esta efeméride, numerosos españoles indignados con la gestión que está realizando el Gobierno de Pedro Sánchez de la pandemia del coronavirus, quieren que todos los españoles confinados y cabreados con dicha gestión se hagan oír. Una hora después del tradicional aplauso a los sanitarios, han convocado una cacerolada a las 21.00 horas con el lema "Menos 'Resistiré' y más resistencia".

Las caceroladas contra Sánchez e Iglesias meten el miedo en el cuerpo en Moncloa

"Cuatro meses de catástrofe"
Entre los promotores se encuentra el eurodiputado de Vox Herman Tertsch, que se suma a esta iniciativa tras "cuatro meses de catástrofe y delirio ideológico, millones de parados y más de 30.000 muertos a sus espaldas".

"Si no quieres que hundan a España en hambre, violencia, arbitrariedad criminal y caos, reacciona y haz lo que odian: protesta y rebélate contra la mentira y el fracaso", añade Tertsch.

La convocatoria está siendo alentada en Twitter con mensajes que hacen referencia a la gesta de 1808, extrapolándola a los "invasores" de 2020, que son según los convocantes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

El Gobierno sabía desde el 30 de enero la letalidad del coronavirus y no hizo nada

Este sábado también se han celebrado caceroladas en distintos puntos de España en contra del Gobierno.

El despropósito económico de Sánchez fulmina su credibilidad en Europa
José María Rotellar Libertad Digital  27 Abril 2020

No hay momento en el que la izquierda haya gobernado en España que no haya deteriorado la situación económica con su gestión: con González quedó maltrecha la economía, con la Seguridad Social sin fondos para abonar la paga extra de diciembre de 1996 de los pensionistas, que tuvo que remediar el Gobierno de Aznar con un préstamo con la banca; y la economía ralentizada y una tasa de paro que era de casi el 25%, sin posibilidad de que, de continuar esa gestión, España entrase a tiempo en la unión monetaria europea.

Con Zapatero parecía imposible de superar una gestión tan pésima: dejó a España con gravísimos desequilibrios y dudas sobre su solvencia, sus políticas dispararon el paro a seis millones de personas y la deuda la dobló en sólo cuatro años, con la acumulación de varios ejercicios en déficit y la necesidad de ejecutar unos recortes en mayo de 2010, impuestos desde fuera, por haber dilapidado la buena herencia que recibió de Aznar.

Ahora bien, en poco tiempo, Sánchez ha demostrado que supera a su inmediato antecesor socialista en la presidencia del Gobierno, pues preside un Ejecutivo que no está pensado para gestionar, sino para la propaganda, la imagen y la nota de prensa, y eso se nota en todos los ámbitos, también en el económico. En el mejor de los casos, sólo sabe gobernar con las arcas llenas, pero de tanta propaganda y tan mala gestión, las arcas se van vaciando y, con ello, se esfuman los fuegos artificiales del Gobierno de Sánchez.

Su gestión general, especialmente económica, está desprestigiando a España, pues no es capaz de cumplir ninguno de los objetivos económicos fijados. No se trata sólo de la actual situación económica derivada de la crisis del coronavirus, sino de su planteamiento económico general, de gasto desbordado. Esa desconfianza ya se dejaba ver antes del estado de alarma, con la prima de riesgo en 116 puntos básicos frente a los 106 en los que estaba cuando Sánchez llegó al Gobierno tras la moción de censura a Rajoy. Actualmente, se encuentra en 140 puntos. Es decir, hasta mediados de marzo, con Sánchez la prima de riesgo con Alemania se elevó un 9,4% respecto a como la recibió, que asciende a un 32,1% si comparamos la llegada de Sánchez al Gobierno con el momento actual.

Adicionalmente, nada más llegar sembró dudas en la Comisión Europea al revisar los objetivos de estabilidad de España, elevando el objetivo de déficit de todos los años. De esa manera, en el año recientemente concluido, 2019, el objetivo pactado por Rajoy con la UE era del 1,3%. Sánchez lo elevó de inmediato al 1,8%, elemento que no contribuyó a generar confianza en inversores, mercados e instituciones.

Posteriormente, dejaba entrever que el déficit se situaría alrededor del 2%, mientras gastaba miles de millones de euros en cada viernes previo a las elecciones de abril de 2019. Eso elevó el déficit todavía más, hasta el 2,64%, pese a que el INE había dado un 2,7% días antes. Resulta curioso cómo se quedó la estimación del Gobierno en esa exacta centésima. De haber saltado al cinco, el decimal habría coincidido con el del INE.

Pero lo que ha supuesto una menor credibilidad es que Eurostat ha incrementado el déficit español de dicho ejercicio, ni siquiera llevándolo al 2,7%, sino elevándolo al 2,82%, con el primer incremento de déficit en seis años, que ya se había producido, en cualquier caso, sobre el dato de 2018, que fue del 2,53% después de que el Gobierno también tuviese que rectificarlo al alza, desde el 2,48%.

De todo esto, se desprenden dos conclusiones: la primera, que Sánchez y su Gobierno no son fiables, de forma que generan tensiones por la poca credibilidad que despiertan. La segunda, que el empeoramiento de la economía por la mala gestión de Sánchez ya se daba antes de la crisis del coronavirus.

Mala gestión que continúa ahora y que ya supone un auténtico despropósito para nuestra economía. Además de la nulidad para gestionar la crisis sanitaria, en la vertiente económica de dicha crisis -que será todavía peor que la sanitaria si el Ejecutivo sigue por esa línea- las decisiones del Gobierno no generan confianza, sino todo lo contrario. Lo grave no es ya el retroceso que se sufrirá en 2020, que es importante, sino su profundidad y, sobre todo, la destrucción de tejido productivo que se puede provocar por no adoptar el Gobierno las medidas adecuadas que permitiesen un repunte rápido y robusto. Por eso, el FMI considera que en 2020 vamos a caer medio punto más que la media de la zona euro y que en 2021 también vamos a crecer 4 décimas menos que la eurozona: no sólo caeremos más sino que, además, creceremos menos.

El cierre de la economía, la ausencia de liquidez y la inexistencia de una política económica clara y de una gestión sanitaria que introduzca certidumbres en todos los ámbitos, especialmente en el propio sanitario y en el económico, nos llevan a contemplar un horizonte de penuria económica, cuando se podría evitar con una gestión diferente, como puede ser la de Alemania. La comparación en tasa de paro entre ambos países no deja lugar a dudas.

Y esa destrucción del tejido productivo y del empleo generará un déficit insoportable. Sólo los estabilizadores automáticos, como la caída de la recaudación por menor actividad y el incremento del gasto por aumento del número de prestaciones por desempleo, elevarán de manera importante el déficit, pero, además, el resto de medidas que Sánchez quiere llevar a cabo terminarán de sembrar un gasto estructural difícil de deshacer con posterioridad. Así, el Banco de España prevé que el déficit en 2020 se mueva entre el 7,2% y el 11%.

Con esas credenciales, Sánchez se va a pedir deuda perpetua a la UE. Por cierto, tanto exhumar a Franco y ahora Sánchez abraza su política financiera, pues en el régimen de Franco se empleaba la deuda perpetua como método de financiación. Deuda amortizada en 1998 por el Gobierno de Aznar, por cierto.

Es lógico que holandeses y alemanes no confíen en Sánchez. No en España, sino en Sánchez. El problema no es España; el problema son Sánchez y su Gobierno populista, que siembra dudas ante cualquier variable. Sánchez se ha convertido en una pesada losa para el prestigio de España, de manera que él y su Gobierno no van a ser una solución para salir de la crisis, porque la agravan más y son parte de ella.

La manipulación pasa factura
Editorial ABC  27 Abril 2020

Un nuevo sondeo de GAD-3 para ABC refleja el enorme grado de desgaste que está sufriendo el Gobierno de Pedro Sánchez durante su gestión de la crisis del coronavirus. Siete de cada diez españoles están convencidos de que el Ejecutivo no saldrá indemne de esta tragedia ni reforzado políticamente, frente a un raquítico 16 por ciento de incondicionales ideológicos que consideran que Sánchez saldrá fortalecido cuando el virus deje de ser noticia. La gestión del Gobierno está siendo nefasta, y las cifras de fallecidos, contagiados e ingresados en las UCI respecto a otros países, incluso con menor densidad de población, son abrumadoras. La desconfianza en el Gobierno crece de manera exponencial por semanas, y su coalición con Podemos ha dejado de ser creíble. Pablo Iglesias aprovecha cada ocasión que tiene para demostrar que hay dos gobiernos en uno, y que en términos objetivos de poder Sánchez está en minoría absoluta. Por más esfuerzos de propaganda que hace, Sánchez pierde apoyo ciudadano porque su gestión no ha podido ser más tardía, más dependiente de la improvisación, más confusa y más falaz ante el ciudadano.

Su último hallazgo en términos de agitación, propaganda y demagogia ha sido culpar a las comunidades autónomas y a la oposición de todos sus errores. Sánchez ha mantenido cerrado el Parlamento durante semanas, ha tratado de acallar a la Prensa libre y crítica, ha mentido a la opinión pública, no existen los test rápidos con los que iba a elaborar un «mapa nacional» de contagios, ha permitido que su Gobierno despreciase al Poder Judicial, desconoce el número exacto de fallecidos por el virus y ahora maquilla las cifras de contagios a conveniencia. No es casual que surjan caceroladas contra la gestión de este Gobierno negligente y adoctrinador, y mucho menos aún que haya un 70 por ciento de españoles que piensen que tarde o temprano será castigado por esta gestión. Sánchez goza de horas y horas televisadas, con ministros en directo y telediarios diseñados para blanquear cualquier error de su Ejecutivo. Nunca se vivió nada igual en nuestra democracia, y nunca nadie trató de hurtar los derechos de cualquier voz crítica con tanto desparpajo.

Por otro lado, los llamamientos a la unidad política son otro ejemplo del desahogado cinismo con el que actúa Sánchez. Al presidente del Gobierno no le interesa ninguna reedición de los Pactos de La Moncloa, sino su pura supervivencia política a costa de lo que sea. Por eso no desautoriza a Pablo Iglesias cuando trata de someter al Poder Judicial, y por eso ningunea a la oposición con gestos chulescos de parlamentarismo basto y desagradecido. Sánchez sale a mitin por semana, y su Gobierno, a manipulación por día. Llegados a este punto, la mayoría de la ciudadanía ha dejado de comprar su mercancía averiada: Sánchez se ha equivocado mucho y ha mentido demasiado.

La última prórroga que Pedro Sánchez agota en el mar de los sargazos
José Morgan García * esdiario   27 Abril 2020

El liderazgo de Pedro Sánchez se va resquebrajando

Una catástrofe natural no es una guerra, tras un terremoto no hay una victoria que atribuirse y tras una catástrofe como una pandemia tampoco. El lenguaje bélico encierra siempre la búsqueda de un enemigo común frente al que unirse imposibilitando cualquier crítica o disidencia, tapando los errores cometidos.

No estamos, al menos formalmente, en un Estado de Excepción o de Sitio, estamos en un Estado de Alarma sanitaria, y lo que corresponde al mando único es gestionar con un objetivo prioritario: salvar vidas, y el objetivo adjunto de reducir al máximo el impacto económico y social.

Sánchez y su gobierno han dispuesto ya de un Estado de Alarma que se demora más de un mes y medio. En este tiempo, y sin cometer la osadía de entrar en aspectos médicos o técnicos, el mando único del Gobierno ha sido incapaz de proveer a los sanitarios de equipos de protección individual en número bastante que pudieran evitar la infección de los que están en primera línea.

En este tiempo ha sido incapaz de adquirir test suficientes al menos para poder hacer la prueba a aquellos cuerpos de funcionarios que están velando por el cumplimiento del orden público, para los que realizan tareas de desinfección o para los trabajadores esenciales, o para aquellos que sin ser calificados de esa manera están resultando indispensable para que la economía del país pueda seguir respirando.

La adquisición de test masivos como prometió en su alocución televisiva del día 24 de marzo ha resultado un fraude, sin que conozcamos hasta la fecha respuesta oficial alguna a la pregunta que desde hace días se está realizando en voz alta una mayoría de ciudadanos.

Pese a todo lo expuesto y a la ausencia de un plan de desescalada definido, el Gobierno en estas semanas no ha parado de generar propaganda, de veracidad dudosa en muchos casos, con una alarmante ausencia de autocrítica. El concepto de lealtad exhibido por el presidente Sánchez ha quedado reducido al de informo antes de reunirme contigo, véase oposición o presidentes autonómicos o incluso el propio Gobierno, de tal forma que la reunión queda limitada a efectos informativos.

Y en materia de libertades es sencillamente escandaloso que exista una instrucción por escrito en el que se les encomienda a los mandos militares monitorizar opiniones desafectas de los ciudadanos con la gestión se trata del ataque a las libertades fundamentales más obsceno vivido en España desde que tengo uso de razón.

No obstante a todo lo referido, Sánchez y su entorno son sabedores de que no controlan la situación. Sus socios de investidura hace un buen rato que le han abandonado. Intuye que Iglesias abandonará el barco cuando las cosas se pongan feas y se tengan que tomar decisiones duras. Pero incluso antes de ese momento los números dicen que tendrá complicado aprobar otra prórroga del Estado de Alarma. De hecho el líder de la oposición Pablo Casado ya se lo advirtió en el último pleno del Congreso.

Mientras se le agota la última prórroga el país se encuentra sumido en el mar de los sargazos donde la ausencia de viento de liderazgo le impide avanzar, y el problema es que esa última prórroga se está convirtiendo en un tiempo de descuento para demasiada gente, para demasiadas pequeñas empresas, para demasiadas familias, para demasiados trabajadores que viven en la incertidumbre, para una sociedad que acumula ya mucho cansancio y estrés social que no es provocado ni por supuestos bulos, ni por bots que alaban los perfiles de redes del Ministerio de Sanidad.

Si que lo genera una sobredosis de propaganda, una gestión incompetente y una falta de liderazgo total de quien acumula bajo su mando único más poder que ningún otro presidente del Gobierno y cada vez que se dirige a la nación es incapaz de esbozar ningún plan concreto para abandonar con garantías el desconfinamiento.

*Abogado.

Las mentiras del Gobierno nunca alcanzarán a la realidad
Pablo Sebastián republica  27 Abril 2020

La paradoja de Aquiles y la tortuga, a la que nunca podrá alcanzar en una carrera si ésta sale antes porque para ello siempre debía llegar al punto anterior del lento caminar del quelonio y el espacio se divide hasta el infinito, explica por qué este Gobierno, que gana tiempo con sus premeditadas mentiras, nunca podrá alcanzar la verdad y la realidad de esta crisis sanitaria y económica que ha gestionado de errática y temeraria manera.

Además, como de dice en España, ‘la mentira tiene las patas muy cortas’ -y no la velocidad del aguerrido Aquiles ‘el de los pies alados’- y las cifras de los muertos por coranovirus en España son inamovibles y en este momento están en los 35.000 fallecidos, y no en los 23.190 como lo pregonan sin el menor pudor el ministro Illa y su portavoz Simón.

Un estudio comparativo reciente afirma que entre el 1 de marzo pasado y el 10 de abril murieron en España por coranovirus 8.200 personas más de las 15.800 que en ese tiempo reconoció el Gobierno. Por lo que a 27 de abril es muy probable que el número de muertos por la epidemia no contabilizados se acerque en todo este tiempo a los 12.000, y sume en su conjunto el total dramático de los 30.000 muertos en España por coranovirus al día de hoy. Una hecatombe y récord del mundo si los comparamos por el número de habitantes con otros países.

Con los contagios, y después de dos meses de espera de test rápidos, que el Gobierno no quiere hacer de manera masiva, para no asustarse ellos y a la población, ocurre lo mismo. Y en este momento podrían estar en España por encima de los 400.000.

Por ello dice el Gobierno, mientras presume de resultados y nos anuncia una desescalada del confinamiento nacional, que los hospitales tienen que tener preparadas más UCIS por si se detectara un ‘rebrote’ de la epidemia, lo que nadie debe descartar.

Pero resulta que, paralelamente a la crisis sanitaria, tenemos la crisis de la economía donde las ‘muertes’ de empresas y empleos no cesan de crecer y están llevando la economía a una recesión ‘de caballo’. Y, a corto plazo, al Estado a una situación de ‘pre quiebra’ o de gigantesco endeudamiento si es que nos llegan los fondos de la UE, porque nuestra dependencia del euro no nos deja otra puerta de salida.

Estas son las dos verdades que la tortuga lleva escritas en su caparazón y que forma parte de nuestra penosa realidad, desastre sanitario y económico y social. Y frente a ello demostrado está que este Gobierno ni sabe ni puede reaccionar. Hace falta otro más fuerte, más alto en sus objetivos y mucho más rápido (‘Citius, Altius, Fortius’) a la hora de reaccionar. Y allá nuestros responsables políticos si no son capaces de reaccionar, el pueblo español ni a los actuales del Gobierno y de la Oposición nunca se lo perdonará.

El silencio de los corderos
Rosa Díez okdiario  27 Abril 2020

Me resulta estruendoso el silencio de las personas decentes que aún siguen teniendo el carnet del PSOE. Quizá haya quien cree que en ese partido no queda nadie decente; no es verdad, me consta que hay buena gente que sigue militando en el Partido Socialista Obrero Español; buena gente que dice no estar de acuerdo con lo que hace la dirección de su partido; buena gente que no está de acuerdo con la forma en la que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, llegó, con los compañeros que eligió para llegar a ser Presidente del Gobierno tras una moción de censura; buena gente que, a pesar de todo, justificó esa alianza contra natura democrática porque iba a ser “solo para echar a Rajoy”; buena gente que calló o habló con sordina cuando Sánchez se apalancó en el poder y no convocó elecciones tras haber sido aupado por confesos enemigos de la democracia, desde populistas a filo etarras pasando por aspirantes a golpistas; buena gente que volvió a estar en desacuerdo cuando Pedro Sánchez rompió con todos sus promesas electorales y tan solo cuarenta y ocho horas después de cerrarse las urnas anunció una coalición con Pablo Iglesias; buena gente que rechaza intelectualmente que Sánchez gobierne en coalición con los populistas chavistas y que haya buscado y cuente con el apoyo de golpistas declarados y sentenciados, filo-terroristas declarados y sentenciados y con los separatistas y rupturistas del orden constitucional de todo signo.

Me consta que hay buena gente que sigue militando en el Partido Socialista Obrero Español a pesar de no estar de acuerdo con la forma en la que Sánchez está encarando la crisis sanitaria, económica y política que sufre España; buena gente que se preocupa –y hasta se avergüenza- de que España se haya situado en el primer país del mundo en numero de muertos por cada millón de habitantes, sólo superada y en las últimas horas por Bélgica. Hay buena gente dentro del PSOE que no entiende cómo es posible que España, una potencia industrial, sea incapaz de fabricar mascarillas a millones, mientras lo hacen los países de nuestro entorno; buena gente que se escandaliza en privado de que cada día estén saliendo a la luz nuevas chapuzas del Gobierno en la compra de material sanitario, de que vayamos conociendo que las empresas encargadas de comprar el suministro tienen relación directa -política y/o familiar- con destacados miembros del Gobierno o del PSOE, que han cobrado pingües comisiones por traer a España material sanitario defectuoso cuyo uso ha podido cobrarse vidas.

Hay personas decentes en el PSOE que se avergüenzan de que España, bajo la gestión de este gobierno socialista/chavista, se haya convertido en el País del Mundo con más personal sanitario infectado por el virus, 37.103 de nuestros escudos cuando escribo este artículo. Hay buena gente en el PSOE que no entiende por qué no se estén haciendo ya los 60000 test aleatorios; buena gente que prefiere no creer la evidencia, que no se hacen porque Pedro Sánchez ha cedido a las presiones de los nacionalistas para que no los hicieran los militares que ya estaban organizados para ejecutar un plan estrictamente necesario para que podamos salir a la calle con las garantías imprescindibles.

Hay personas decentes en el PSOE que están perplejas por el hecho de que el Gobierno de España no haya dado ni un paso útil para que en nuestro país se puedan realizar los test masivos que resultan imprescindibles para volver a la actividad con conocimiento de causa y no a ciegas, como si fuéramos conejillos de Indias del Gobierno.

Hay buena gente en el PSOE que sabe que las medidas económicas anunciadas por el Gobierno, desde las de protección a parados, los ERTE, las líneas ICO de préstamos garantizados con avales del Estado hasta los anuncios de ayudas al campo… no están funcionando. Buena gente que sabe que hay muchos miles de españoles que están en paro desde mediados de marzo y aún no han cobrado la prestación; buena gente que tiene conocimiento de que hay muchos miles de pequeñas empresas y de autónomos que no pueden solicitar esos préstamos avalados porque no disponen de liquidez para hacer frente a la parte que les correspondería.

Hay buena gente en el PSOE que no comparte la decisión del Gobierno de poner en marcha una campaña para silenciar las críticas de los ciudadanos y para acabar con un derecho fundamental y sagrado de toda democracia, la libertad de expresión.

Hay personas decentes en el PSOE que no entienden que el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, salga siempre en apoyo del Vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias , cuando este insulta y trata de minar el prestigio de las instituciones del Estado, ya sea a la Jefatura del Estado o a los órganos de la Justicia.

Hay personas decentes en el PSOE que no ignoran que el objetivo del socio de gobierno de su partido, Podemos, es aprovechar la crisis para acabar con el sistema del 78. Hay buena gente que está viendo con preocupación que Sánchez asume como propia la estrategia de Iglesias en esa materia y por eso da cada día más protagonismo a Iglesias, desde su incorporación en el CNI hasta en el gabinete del gestión de la crisis donde inicialmente no estaba presente.

Conozco a algunas de esas personas a las que he llamado alternativamente “buena gente” o “personas decentes”. Son personas que han asumido responsabilidades políticas en el pasado y que han obrado en la esfera pública con rectitud y honestidad. Son todas ellas personas que no pueden alegar desconocimiento sobre lo que está ocurriendo y sobre las consecuencias que sufrirán las próximas generaciones si no se frena esta deriva anti-institucional que orienta la estrategia del Gobierno de España. Estas personas decentes y bien formadas saben que la crisis sanitaria se superará, aun con muchas pérdidas y con mucho dolor; y saben que tras ella vendrá la crudeza de la crisis económica, que también superaremos con muchísimos dramas y pérdidas económicas y humanas. Y todos ellos son conscientes de que viviremos un drama de consecuencias imprevisibles si a esa doble crisis se suma una crisis política que ponga definitivamente en riesgo el pacto democrático y de convivencia que nos dimos con la Constitución Española.

Todas esas buenas y decentes personas que no pueden alegar desconocimiento están calladas. A lo más, escriben artículos muy correctos en los que diseccionan la situación como si estuvieran analizando sobre el tablero una serie de hipótesis teóricas. Todas esas personas buenas y decentes callan como si no tuvieran obligaciones con la Nación, como si hubieran estado en política por casualidad o como consecuencia de algún título de hidalguía. Desde esta tribuna quiero apelar a su conciencia y les pregunto qué más tiene que pasar para que demuestren más lealtad a la Nación que a su partido. Ya se que aquel PSOE que tenía como bandera la libertad y la igualdad ha muerto y que el de ahora es, en palabras de uno de ellos “la empresa privada de un sicópata”. Pero, aunque así fuera, él no llegó ahí por real decreto sino porque le dejasteis pasar, porque tuvo libre el camino. Me pregunto hasta donde le vais a dejar llegar; me pregunto si no habrá entre vosotros ni siquiera una docena de personas dignas que alcen la voz con claridad y sin complejos y sean capaces de romper vuestro maldito silencio de los corderos… Aunque no sea más que para evitar que Sánchez os arrastre a la infamia a vosotros y a la ruina y la incertidumbre política a toda España.

El PSOE tiene que desaparecer
Nota del Editor 27 Abril 2020

Las personas decentes no pueden defender al PSOE causante de enorme daños a España en toda su reciente historia. Las personas decentes no pueden ser la cortina de humo que impida ver que el PSOE tiene que desaparecer, previo levantamiento de alfombras para mostrar todas sus fechorías y previs devolución de todo lo robado y despilfarrado.

Iglesias: del relato ideologizado al hiperestado
Juan Ramón Rallo elconfidencial  27 Abril 2020

Las crisis son periodos de disrupción: el orden social se ve trastocado por alguna perturbación inesperada (guerras, revoluciones, depresiones, catástrofes naturales, pandemias…) que nos fuerza a todos a replantearnos ese orden social previo: las instituciones que creíamos funcionales se revelan a lo sumo como funcionales solo bajo determinados contextos, de modo que la presión de unas nuevas condiciones nos empuja a abandonarlas y a reemplazarlas por otras. Son tiempos de reinvención y, por ende, de tolerancia hacia la experimentación política: si las normas que articulan nuestra convivencia no sirven para momentos de excepción, ¿por qué deberían valernos de ordinario? Y, al contrario, si en momentos de excepción hemos de dotarnos de un nuevo marco institucional, ¿por qué no abrazarlo también de ordinario?

En otras palabras, las crisis suelen alumbrar cambios sociales. Y, según hacia dónde se orienten esos cambios sociales—o a desarmar el Estado o a reforzar su papel—, los diversos intelectuales los abrazarán o los atacarán. Así, por ejemplo, es bien conocida la tesis de Naomi Klein de que los Estados solo han conseguido achicarse durante la era neoliberal a golpe de 'shocks' que insuflan el miedo entre la población y que la inducen a aceptar reformas desestatalizadoras que jamás habrían aceptado en tiempos normales. El problema de la tesis de Klein es que, en general, los Estados no han dejado de agrandarse en todo el planeta desde la Segunda Guerra Mundial, de modo que no parece que esos 'shocks neoliberalizadores', de haber existido, hayan sido demasiado efectivos.

En el otro lado del espectro ideológico, nos encontramos con el historiador y economista estadounidense Robert Higgs, para quien las distintas crisis que hemos vivido a lo largo del siglo XX (Primera Guerra Mundial, Depresión y Segunda Guerra Mundial) y del siglo XXI (guerra contra el terror y Gran Recesión) han contribuido a reforzar el rol del Leviatán dentro de nuestras sociedades. De acuerdo con Higgs, las crisis constituyen climas de pánico propicios para que el Estado se expanda, no solo en aquellas funciones que ya se reputaban socialmente legítimas en el periodo precrisis (por ejemplo, es lógico que el gasto militar aumente en medio de una guerra) sino también en aquellas otras funciones que previamente habrían sido consideradas ilegítimas pero que, al socaire de la crisis, son toleradas por la ciudadanía (por ejemplo, nacionalización de industrias bajo el pretexto bélico). El problema de este expansionismo estatal no es solo que se produzca en momentos de excepción, sino que tiende a perdurar cuando regresamos a la normalidad: y es que, aun cuando muchas de las prerrogativas extraordinarias que gana el Estado durante una crisis terminan desapareciendo, otras permanecen, aun en una forma aminorada. Es lo que Higgs denomina “efecto trinquete”: las crisis proporcionan al Estado ventanas de oportunidad para conquistar nuevas potestades sobre la sociedad y esas nuevas potestades, como en el caso de los trinquetes, no retroceden jamás.

La tesis de Higgs es, desde luego, mucho más compatible que la de Klein con la evolución que han experimentado prácticamente todos los Estados del planeta durante el último siglo: de actuar originalmente como Estados gendarmes encargados de velar únicamente por la seguridad de sus ciudadanos, se han acabado convirtiendo en Estados paternalistas que tratan a sus ciudadanos como menores de edad en la inmensa mayoría de aspectos de sus vidas. Pero, como el propio Higgs reconoce, no existe ninguna inevitabilidad que vincule crisis y crecimiento del Estado: ese será, en todo caso, el resultado del clima ideológico que se conforme dentro de la sociedad. Si el relato sobre la crisis que triunfa es el del Estado benefactor y salvífico, entonces es harto probable que el Estado consiga aprovechar la crisis para crecer de manera permanente; si, en cambio, el relato que se extiende es el del escepticismo sobre el rol desempeñado por el Estado, es complicado que sus competencias terminen incrementándose (en teoría, incluso podrían llegar a reducirse, aunque se trata de un escenario poco probable).

Desde Podemos, son plenamente conscientes de que la actual pandemia constituye una oportunidad única para implantar, aunque sea parcialmente, su modelo hiperestatalizado de sociedad. De ahí que su máquina de propaganda esté funcionando a pleno rendimiento durante las últimas semanas: a la postre, se nos ha bombardeado machaconamente con consignas del estilo de que la crisis ha demostrado que la columna vertebral de nuestra sociedad son los servicios públicos y que por tanto merecen ser reforzados (aun cuando otros países con provisión privada de sanidad hayan sido tan o más exitosos que nosotros a la hora de gestionar la pandemia); que necesitamos reindustrializar el país bajo la dirección del Gobierno para no volver a sufrir desabastecimientos (cuando los propios políticos se han encargado de repetir hasta la saciedad que fueron incapaces de prever la pandemia y, por tanto, tampoco habrían sido capaces de prever con suficiente antelación qué industrias deberíamos haber desarrollado para prevenir la pandemia), o que, del mismo modo en que ha de controlarse el precio de las mascarillas y los geles, también debe controlarse en tiempos normales el precio de todos los bienes esenciales (supongo que para generar un radical desabastecimiento de todos ellos).

Claramente, pues, Podemos está tratando de instrumentalizar la crisis para promover su agenda ideológica. Nada, desde luego, que deba sorprendernos: antes que un proyecto político personalista, Podemos nació como un proyecto ideológico para transformar nuestra sociedad mediante presupuestos de la izquierda radical. Lo preocupante no es tanto que quieran construir un relato que incremente todavía más los poderes extraordinarios del Estado sobre la sociedad: lo dramático es que ningún político y casi ninguna voz mediática se están tomando verdaderamente en serio la labor de desmontar ese propagandístico relato. Y cuando quieran darse cuenta, todos seremos rehenes del mismo.

Miseria judicial

Pío Moa gaceta.es 27 Abril 2020

**El CGPJ, que ha colaborado en todas las vilezas perpetradas por los gobiernos, está recibiendo su merecido de… ¡el Coletas! Tiene algo de justicia poética. También el hecho de que apoyen al Coletas jueces delincuentes como el Garzón.

**Hitos en la destrucción de la democracia: «eliminación de Montesquieu» por el PSOE. Condena del franquismo por Aznar. Leyes totalitarias con ZP. Profanación de la tumba de Franco por el Doctor. Todo ello con colaboración del PP. ¿Qué queda? Dos cosas: rematar a Montesquieu y liquidar la monarquía evidentemente franquista.

**ZP cambió el régimen desvirtuando la democracia con leyes totalitarias. La coronación simbólica de la fechoría fue la profanación de la tumba de Franco por el Doctor.

**Llamar democracia a un régimen con leyes totalitarias, corrupto y disgregador de la nación es la mayor burla que puede hacerse al concepto mismo de democracia. El país, sumido en la burla permanente.

**Pocas cosas más absurdas que centrar la crítica en el Coletas. Es el Doctor, hombre, es el Doctor, al que algunos quieren blanquear como si el culpable fuera el otro.

**También quieren blanquear algunos a una figura tan siniestra y significativa como Margarita Robles, típica bailarina entre la judicatura y la política, propia de una democracia bananera. Y promotora de cárcel y multas contra quienes discrepen de su falsaria memoria histórica. Ahora resulta que no es tan mala.

**El periodismo cutre y mendaz que sufrimos está a cada paso aplicando palabros, generalmente de origen inglés. Uno de los últimos, no sé de dónde viene, es llamar «uniformados» a los militares. Un término en sí mismo ofensivo.

A la izquierda le encanta la censura
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  27 Abril 2020

Por ahora, los socialistas y sus aliados morados no pueden cerrar los periódicos que molestan sus desayunos. Cuando en España las izquierdas han gozado de la facultad legal para hacerlo, se han quedado a gusto.

La izquierda ha sacado el censor que lleva dentro. Quiere antes declaraciones falsas que la desagradable realidad. Quien diga la verdad, provoca desafección, desmoraliza y desgasta al Gobierno más progresista, más feminista, más numerosos y más inepto que ha padecido España.

En los últimos días, hemos sabido por boca de ministros y generales que se nos vigila y que el mismo Gobierno que es incapaz de contar los muertos por el Covid19 y de suministrar mascarillas y EPIs a los sanitarios no va a consentir que nadie le critique. Lo ha dicho Isabel Celáa: "No podemos permitir que haya mensajes negativos". Otro socialista, Alfonso Gómez Celis, encima vicepresidente del Congreso, acaba de decir estas palabras: "En esta pandemia tenemos que desechar a los que señalan con el dedo los errores". ¿A qué se refiere con ‘desechar’? Conociendo el pasado del PSOE, ese verbo produce miedo.

De momento, los socialistas se están contentado con manipular las ruedas de prensa para que nadie pueda preguntar por qué ha sido España durante semanas el país del mundo con más muertos por millón de habitantes y con denunciar a quienes refutan su discurso de "Sólo era una gripe", "Todos los países europeos están igual", "El Gobierno no tiene nada de lo que arrepentirse", "Hay que arrimar el hombro". Así, el PSOE ha denunciado a Vox y a la tertuliana Cristina Seguí por ‘delito de odio’, ese nuevo crimen político que sustituye al de ‘contrarrevolucionario’ aplicado en las tiranías comunistas.

"Envenenar el ambiente" en 1931
Por ahora, los socialistas y sus aliados morados no pueden cerrar los periódicos que molestan sus desayunos. Cuando en España las izquierdas en sus distintas manifestaciones han gozado de la facultad legal para hacerlo, se han quedado a gusto. El gobernante que más periódicos ha ordenado clausurar ha sido Manuel Azaña.

Al cumplirse el mes de la huida de Alfonso XIII y la proclamación de la II República, el Gobierno Provisional había permitido el asalto a un centro monárquico, encarcelado al propietario de ABC por sospechoso de haber cometido un asesinato aunque el cadáver no aparecía, una quema de iglesias y conventos y el cierre de varios periódicos de derechas.

El ministro de Gobernación, Miguel Maura, con unos modales de cacique que su padre habría repudiado, convocó a finales de mayo a su despacho a los directores de los diarios de Madrid para pedirles que diesen la noticia de la muerte, por la Guardia Civil, de ocho miembros de la CNT que formaban parte de una columna que quería arrasar San Sebastián, a fin de demostrar a todos los españoles que él haría cumplir la ley.

"Acudieron todos, incluso aquellos cuyos diarios estaban suspendidos desde el 12 de mayo (...). Les rogaba diesen a conocer la noticia del motín en San Sebastián. Ahora bien –continué-: el diario que utilice la noticia para su campaña política, o intente envenenar el ambiente con ella, será suspendido, y suspendido quedará mientras yo esté en este Ministerio."

"Envenenar el ambiente" de Maura no se distingue mucho de "los bulos y desinformaciones que generan un gran nivel de estrés y alarma social" de la Guardia Civil sumisa al Gobierno de Sánchez.

La Ley de Defensa de la República
El 10 de agosto de 1932, se produjo la ‘sanjurjada’, el último pronunciamiento decimonónico. El mismo general que había contribuido a traer la República como director general de la Guardia Civil se sublevó en Sevilla y Madrid. El Gobierno, presidido desde octubre anterior por Azaña, conocía los planes de Sanjurjo y venció sin problemas el cuartelazo.

Azaña aprovechó la ocasión para aplicar la terrible Ley de Defensa de la República (vigente desde octubre anterior), que daba al gobierno un poder inmenso para reprimir a la oposición y perseguir a los ciudadanos que se le antojasen.

El artículo 42 de la Constitución establecía que "En ningún caso podrá el Gobierno extrañar o deportar a los españoles, ni desterrarlos a distancia superior a 250 kilómetros de su domicilio"; pero Azaña y su compañero Casares Quiroga, ministro de Gobernación, amparados en la Ley de Defensa de la República, deportaron a sospechosos a Villa Cisneros, en el Sáhara. Meses antes habían deportado a varios anarquistas a Guinea Ecuatorial.

Respecto a la prensa, el Gobierno republicano, en el que había tres ministros socialistas (Largo Caballero, Prieto y De los Ríos) y uno de ERC (Carner Romeu), ordenó el cierre de docenas de periódicos.

Casi 130 periódicos cerrados
Desde semanas antes de la ‘sanjurjada’, según el periodista Julián Cortés Cavanillas, estaban suspendidos La Correspondencia, El Imparcial, El Popular, El Mundo y Mundo Obrero, todos editados en Madrid. La lista de las publicaciones cerradas por orden gubernamental, sin que lo decidiera ningún juez, la hizo Justino Sinova (La Prensa en la Segunda República española. Historia de una libertad frustrada). En total, 127 periódicos.

La mayoría, por no decir la totalidad, de las cabeceras eran de derechas, católicas, tradicionalistas/carlistas y monárquicas. El único punto común entre ellas no era su implicación en la rebelión militar (inexistente, como se comprobó al no producirse procesamientos), sino su línea editorial desfavorable al Gobierno. Había semanarios de humor como Gracia y Justicia, revistas como Blanco y Negro dedicadas a la moda, las variedades y el cotilleo, y publicaciones de pensamiento de difusión muy reducida como Acción Española.

La suspensión, que en varios casos duró hasta meses, afectó a cabeceras que existen hoy, como ABC, Las Provincias de Valencia, El Adelantado de Segovia, El Ideal de Granada, La Verdad de Murcia, Diario de Jerez, El Día de Palencia, La Gaceta Regional de Salamanca, El Correo de Andalucía, Diario Montañés de Santander, El Pueblo Vasco de Bilbao, El Diario de Ávila y el Diario de Navarra, entre otros.

Se trató del mayor cierre de periódicos ordenado jamás por un Gobierno español. En la guerra civil cada bando cerró los periódicos que no coincidían con su ideología, pero no fueron tan numerosos. Se dieron casos como el de La Vanguardia, que pasó a publicarse entre el 22 de julio de 1936 al 25 de enero de 1939 con una línea editorial favorable al Frente Popular y la Generalidad de Companys a convertirse, después de un día de cierre para adaptarse, en partidario exaltado de Franco a partir del 27 de enero de 1939.

‘ABC’, cerrado por más de cien días
ABC, bestia negra de los republicanos por su carácter monárquico, fue suspendido el 10 de agosto por la noche y reapareció el 30 de noviembre. En el editorial de ese día, el periódico se quejó de la dureza de la medida, tomada por un Gobierno supuestamente democrático:

"La suspensión gubernativa de ABC ha durado nada menos que tres meses y medio, ¡quince semanas! Ni en los tiempos de Calomarde, ni en los de Narváez, ni en los de Primo de Rivera... Durante todos los gobiernos de seis reinados y de dos repúblicas se aplicó jamás a un periódico una sanción gubernativa tan dura sin justificación legal."

En una medida admirable, la empresa mantuvo el pago de los salarios de sus trabajadores, aunque carecía de ingresos: 837 obreros de talleres, 67 redactores y 81 empleados. El 20 de julio de 1936, el ABC fue incautado por la UGT y regresó a sus propietarios el 29 de marzo de 1939.

Las repetidas sanciones y persecuciones contra los periódicos por parte de los Gobiernos de la República, en su mayoría de izquierda, convirtieron en una burla el artículo 34 de la Constitución republicana:

"Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura. En ningún caso podrá recogerse la edición de libros y periódicos sino en virtud de mandamiento de juez competente. No podrá decretarse la suspensión de ningún periódico, sino por sentencia firme."

Quizás por la omnipotencia gubernamental y la violación de la Constitución, las izquierdas son admiradoras de los años republicanos…

Les recomendamos los episodios del podcast de Libertad Digital Desmemoria Histórica dedicados a los años previos a la Guerra Civil. Con Pedro Fernández Barbadillo, Miguel Platón y Nuria Richart. Para escucharlo pinche aquí.
https://esradio.libertaddigital.com/desmemoria-historica/?_ga=2.30547455.1575687990.1587801020-2011137388.1583311900

El Gobierno aprovecha el estado de alarma para tramitar la ley Celaá
Partidos, escuela concertada y asociaciones de personas con discapacidad, indignadas con un debate que «no toca»
Rocío Ruiz larazon  27 Abril 2020

En plena pandemia el Gobierno ha suspendido los planes administrativos y procesales, pero no los trámites parlamentarios. Y esto afecta directamente a la Ley de Educación, el primer proyecto de ley aprobado por el Gobierno, que fue remitida al Congreso de los Diputados el 4 de marzo.

El plazo para presentar enmiendas a la totalidad acabó el pasado 24 de abril, en pleno confinamiento. El PSOE no quiso ampliar el plazo, aunque habitualmente suele haber hasta dos y tres prórrogas. Y eso que el Grupo Popular y Ciudadanos lo pidieron expresamente dadas las circunstancias de excepcionales por las que atravesamos y de confinamiento. PP, Cs y Vox llegaron a tiempo, no obstante, de presentar una enmienda a la totalidad.

Mañana se discute si se amplía el plazo para la presentación de enmiendas parciales y el deseo generalizado es que se haga. Partidos, sindicatos y organizaciones que representan a la escuela concertada y a la educación especial ya se han puesto en guardia.

La portavoz de Educación de Cs en el Congreso, Marta Martín, cree que «es inconcebible que en la situación en la que estamos, en una emergencia educativa grave creada por el Covid-19, el Gobierno aproveche que estamos todos confinados y que no se puede debatir en condiciones para imponer una ley absolutamente sectaria e impertinente en estos momento». Por eso pide que «se remitan a los pactos de la reconstrucción para la solución de la emergencia educativa, que es lo que toca en estos momentos; le pido a la ministra que cambie el sectarismo por el sentido común y aplace el debate de la ley, porque ahora no toca».

La escuela concertada, que se siente especialmente amenazada por esta norma, también está dispuesta a dar la batalla y hoy está previsto que las patronales que las representan (Escuelas Católicas y CECE), asociaciones e padres (Concapa y Cofapa), además de sindicatos (FSIE y USO), emitan un comunicado conjunto en contra del modo de actuar del Gobierno. La plataforma Educación Inclusiva Sí, Especial También, integrada por personas con discapacidad, sus familias y docentes, ha criticado que el Gobierno «se valga de esta situación en la que los ciudadanos no podemos manifestarnos ni salir a la calle contra una ley que supone una tragedia para nuestros hijos; es la mejor forma de amordazarlas», aseguran.


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Podemos: un Estado dentro del Gobierno
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Abril 2020

Los comunistas avanzan a toda velocidad en la constitución de ese Estado paralelo que ha empezado, siguiendo la lógica leninista, por donde es más fácil derribar el Poder enemigo, es decir, el régimen constitucional.

Las respuestas al ataque de Podemos a la administración de Justicia y no sólo a la sentencia que condena a Isa Serra por agredir a la policía y por atacar a una agente con feroces insultos heteropatriarcales -"puta, hija de puta, zorra, cocainómana, que os folláis a los policías, si tuvieras un hijo con una pistola tendría que pegarte un tiro en la cabeza"-, demuestran que jueces, medios y partidos políticos siguen sin entender absolutamente nada sobre la naturaleza ideológica y la estrategia política de Podemos, es decir, del comunismo instalado en el Gobierno, pero no como otro Gobierno, sino como otro Estado, como un Poder paralelo que sólo reconoce su propia ley.

Es lo que desde Lenin hasta Chávez suele llamarse "poder popular". Es lo que gritaban los primeros podemitas: "¡Forjar, crear Poder Popular!", y siguen gritando los grupos que desfilan de forma paramilitar en Madrid exhibiendo banderas rojas, al modo de Sendero Luminoso o de las FARC. Lo importante es entender que, en estricto marxismo leninismo, se trata de una estrategia que actúa simultáneamente por abajo, mediante la violencia de "las masas" dirigidas por el partido, y por arriba, en las instituciones que se pueden corromper y, si no, a las que se debe implacablemente combatir.

La literalidad del tuit de Iglesias
Pero ni las asociaciones de jueces, ni el CGPJ ni siquiera los medios de comunicación han entendido que en su ya famoso tuit, Iglesias no decía nada sobre la independencia de los jueces, algo en lo que insistía su esbirro mediático Echenique, o el separatista catalán Assens, sino algo mucho más grave: el Vicepresidente mentía de forma descarada y calumniosa sobre la sentencia que ha condenado a Serra por dos delitos y una falta como hechos probados y cometidos contra el cumplimiento de una orden de desahucio, que en España, a diferencia del "Exprópiese" de Chávez, necesita esa orden judicial. Y agredir a una fuerza policial en funciones de policía judicial es atacarla dos veces: una, como fuerza del orden para imponer que se cumpla una ley; otra, como encarnación uniformada de esa ley, a la Ley misma.

Podemos, como buen partido leninista, ha sido siempre violento. Además de los elogios a Lenin, Stalin, Guevara, Chávez y demás asesinos de masas, recuérdese el "jarabe democrático" que prescribía el Doctor Iglesias Escrache a las derechas -Soraya, impidiendo que durmiera su bebé- o izquierdas -Rosa Díaz, González, a los que impedía hablar en el "soviet de la Complu", como le llamaba graciosamente Rita Maestre en La Tuerka. La obsesión genital del caudillo podemita se manifestaba en esos días elogiando al golpista y genocida Chávez como "demócrata con agallas", variante bolivariana de la "democracia orgánica" del franquismo que tan fervorosamente defendió su abuelo en muchos libros, tras evitar la condena a muerte por su actividad chequista haciendo "desaparecer" a dos personas. Si no la adjetivan, a algunos la palabra democracia les parece intolerable.

Pero ¿ha atacado realmente la independencia judicial, ha negado la separación de poderes el vicepresidente del Gobierno Iglesias Turrión? No. Ha hecho algo menos y algo más. Implícitamente ha negado las dos cosas, pero puede alegarse que se trata de una crítica como las que el Gobierno de Rajoy, Ciudadanos, el PSOE, Bildu y Podemos hicieron a la sentencia de La Manada o el Caso Juana Rivas, ese populismo punitivo que impregna la nueva "Ley contra la Libertad sexual" de Irene Montero, pareja de Iglesias.

Lo que ha dicho exactamente Iglesias en su tuit es esto:
"Las sentencias se acatan (y en este caso se recurren) pero me invade una enorme sensación de injusticia. En España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos, mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso."

No son todos independientes
El vicepresidente del Gobierno miente a sabiendas, figura clásica de la prevaricación, porque Isabel Serra no ha sido condenada por oponerse a un "desahucio vergonzoso", sino por agredir e insultar a la policía cuando trataba de ejecutar una orden judicial. Hubo dos heridos, hay grabaciones inequívocas y se consideran hechos probados los violentos que protagonizó Serra, candidata del sector de Iglesias a la presidencia de la Comunidad de Madrid y también encausada por quemar un cajero automático. Lo pasmoso es que nadie dice que Iglesias ha mentido, sino que ataca la independencia de los jueces y la separación de poderes. Yo creo que, sin pretenderlo, y tal y como decían los españoles antiguos, "ha sacado, de mentira, verdad".

Y la verdad es que la justicia en España, al máximo nivel, no es ni puede ser independiente por la politización a que ha sido sometida desde la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985, obra de González y celebrada por su vicepresidente Alfonso Guerra con la frase "Montesquieu ha muerto". Ha sido la clase política, con el PSOE y el PP a la cabeza, la que se ha repartido y se reparte los cargos en los máximos tribunales, mediante el CGPJ o directamente en el Supremo y el Constitucional. Pero eso es lo que reclaman precisamente los podemitas, que Casado permita quitar a Lesmes de en medio para que haya una mayoría social-comunista que coloque a sus jueces afines, que andan merodeando como lobos por las bardas del corral.

Lo que han dicho Iglesias y sus esbirros tuiteros es que Lesmes y el CGPJ es ilegítimo como lo es cualquier justicia "que sirva a la Derecha". No niegan que sean independientes, sino que no sean sus independientes. En cuanto a la separación de Poderes, ¿de qué Poderes hablamos, cuando la Ley de Violencia de Género, la de Memoria Histórica o la de Libertad Sexual niegan las bases mismas de cualquier Estado de Derecho, desde la presunción de inocencia, la necesidad de la prueba o la libertad de opinión?

Sacar, de mentira, verdad
Los jueces, paradójicamente, han salido a defender lo que menos defensa tiene, y no han defendido la verdad y lo justo del procedimiento en el caso de esa sentencia. Lo más grave, prueba de hasta qué punto Podemos ha invadido ya una institución tan importante como el Gobierno, es que en vez de censurar la agresión, porque lo quiere ser, de todo un Vicepresidente contra una resolución judicial, recurrible sin necesidad de ser tergiversable, el Gobierno en pleno se haya solidarizado con la condenada Isabel Serra y no con la condena, y que, como recordaba ayer Javier Gómez de Liaño, los tres jueces y ex-miembros del CGPJ que forman parte del Gobierno no se hayan atrevido a discutir la actuación de Iglesias, su Partido y su Partida.

La Partida, evidentemente, es la del prevaricador Baltasar Garzón, expulsado de la carrera judicial, miembro egregio de las cloacas judiciales y policiales, íntimo de la exministra de Justicia y ahora Fiscal General del Estado y cabecilla del Juzgado Popular Paralelo de La Sexta, junto a otros miembros de la izquierda judicial jubilada o del Rastro de rábulas togados.

El comunismo avanza rápidamente
Han hecho contra las asociaciones judiciales lo mismo que Maduro con la Asamblea Nacional: como no podía con ella, creó otra paralela a sus pies. Y no faltarán Zapateros, que a comisión o por sectarismo ideológicos, les bailen el agua. Pueden decir que hay "opiniones distintas en el mundo judicial", aunque no sean comparables ni en cantidad ni en calidad, porque el efecto es el mismo: el doble Poder, el de un orden legal opuesto al de los que administran la Ley, es decir, un Poder Popular al que se oponen ciertos poderes ancestrales, hijos de la corrupción, el privilegio… y el franquismo.

Los comunistas avanzan a toda velocidad en la constitución de ese Estado paralelo que ha empezado, siguiendo la lógica leninista, por donde es más fácil derribar el Poder enemigo, es decir, el régimen constitucional. Y el punto más débil del régimen es, precisamente, este maldito Gobierno.

Sánchez toca la lira
Luis Herrero Libertad Digital  27 Abril 2020

Hay algo, desde hace tiempo, que no me cuadra. Tal vez debería hacérmelo mirar pero sospecho que Pablo Iglesias conoce el lugar exacto en el que Sánchez enterró algún muerto de su pasado. De otro modo no se explica que le deje campar por los medios de comunicación haciendo apología de un comunismo rancio que echa para atrás o batirse a duelo, uno a uno, con los pesos pesados del consejo de ministros. Atila redivivo.

Los empresarios le escuchan con horror. La economía, si él es el aparejador de la reconstrucción, quedará asolada por la acción abrasadora de un sector público hidrocéfalo y manirroto. Los vaticinios son unánimes: la deuda se hará insostenible. El desempleo se convertirá en la nueva pandemia. La actividad económica colapsará. ¿No debería Sánchez evitarlo? Pues de momento, miradlo, ahí está como Nerón, tocando la lira en su torre de Mecenas. No hay bomberos que puedan apagar el incendio. Iglesias se ha impuesto a todos. A Calviño, a Calvo, a Ábalos, a Escrivá, a Illa, a Ribera, a Montero. Otro G-7 de ministros desamparados. El partido se lleva las manos a la cabeza, y el país, al bolsillo. La nueva normalidad de la que habla Sánchez será la de la pobreza. Saldremos del confinamiento de nuestras casas para entrar en el de un Gobierno estatalizador.

El martes negro, el día que Sanidad decidió sacar a los niños de sus casas de tres en tres para meterlos en las farmacias, los bancos y los supermercados, la techumbre de Moncloa estuvo a punto de venirse abajo. Sánchez había dicho el sábado anterior, durante su soflama televisiva habitual, que podrían salir a tomar el aire fresco. La portavoz Montero, en la rueda de prensa del Consejo, se esforzó por argumentar que no había contradicción alguna entre la promesa suscrita por Sánchez y la decisión del Gobierno: "con eso de respirar aire fresco —dijo— el presidente se refería a la capacidad de que pudieran abandonar sus domicilios. Llevan cinco semanas de confinamiento sin haber visto la luz". Las redes sociales se sublevaron. Alguien se había vuelto loco.

Podemos avizoró el tsunami y Pablo Iglesias utilizó a su grupo parlamentario para ganar la partida: o había rectificación, o la convalidación del estado de alarma que debía votarse al día siguiente estaba en peligro. Sánchez e Iglesias se reunieron por la tarde y quedó claro quién mandaba más de los dos. "Nos congratulamos de que se adopten las recomendaciones que ha venido planteando nuestra Dirección General de Derechos de la Infancia y de la Adolescencia", publicó el twiter el líder podemita nada más salir de La Moncloa.

48 horas después, embutido en un traje nuevo con tanta holgura en el cuello que parecía un sayal franciscano, el nuevo hombre fuerte de la situación salió a la palestra para entonar el sua culpa: "Comunicamos mal." Un nuevo concepto de autocrítica: pedir perdón por los errores de otros. Desde ese día, a la portavoz se la ve pasear con un rejón en la espalda y los viejos exploradores ya saben quién dirige la caravana. Es insólito. Sánchez debería saber que Iglesias es veneno para el consenso. Hasta el PNV ha puesto pies en polvorosa. Urkullu quiere elecciones en julio para que la desastrosa gestión del Gobierno que él hizo posible con su apoyo en la investidura no le acabe llevando al huerto. La cordura clama al cielo —a Lambán también se lo llevan los demonios— mientras Podemos pone a Bildu por los cuernos de la luna y mira con simpatía la exigencia de Rufián de volver a hablar de lo suyo antes de que acabe junio. ¿Con quién pactará el Gobierno la reconstrucción de España? ¿Con quienes no quieren saber nada de ella? En todo esto hay algo que no me cuadra. Si Sánchez sigue tocando la lira, mientras Iglesias culpa a la derecha de provocar el fuego, el primer cuerpo que aparezca carbonizado será el suyo. Y a continuación, los de todos nosotros.

¿Ineptitud o maldad? ¡Bruselas, sálvanos!
El Gobierno no parece tener prisa por salir del estado de alarma, pero sus socios nacionalistas y el resto de países de la UE 'obligarán' a Sánchez a moverse
Álvaro Nieto. vozpopuli.es  27 Abril 2020

Se pregunta mucha gente estos días cómo es posible que el Gobierno, que atesora gracias al estado de alarma el mayor poder ejecutivo de los últimos 40 años, esté naufragando tan estrepitosamente en el control de la epidemia del coronavirus. Y no son pocos los que empiezan a elucubrar si, en vez de una cadena de desgraciadas casualidades, no estaremos asistiendo a un perverso plan por parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Ni el presidente ni casi ninguno de los que le rodean en La Moncloa son tontos, así que de inicio habría que descartar que todo se deba a su ineptitud. Sin embargo, la lista de errores es tan extensa que es hasta cierto punto comprensible que algunos cuestionen la inteligencia de quienes nos dirigen: desde la falta de previsión hasta los escasos reflejos para tomar medidas cuando el virus ya estaba entre nosotros, pasando por los test y mascarillas defectuosos, el descontrol de las cifras ofrecidas diariamente, ese macroestudio serológico cien veces anunciado y que nunca llega, el desbarajuste gubernamental con los paseos de los niños, las instrucciones antibulos a la Guardia Civil...

El Gobierno, tan preocupado desde siempre por "la batalla del relato", de la que es especialista el gurú de cabecera del presidente, Iván Redondo, se pensaba que teniendo a la gente enclaustrada y ocupando los telediarios con kilométricas ruedas de prensa estaba todo ganado. Sin embargo, no contaban con que, cuando uno se convierte en el único actor político, todos los focos le apuntan y, por tanto, las probabilidades de meter la pata se agigantan... porque tampoco se le puede echar la culpa a la oposición, que con el Parlamento semicerrado se ha quedado casi sin altavoz.

Como en estas mismas páginas se contó hace unas semanas, sí había un plan (convertir la crisis en una oportunidad), pero lo que no se esperaba es tal cúmulo de errores. Y en esa estrategia se incluía intentar aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece el estado de alarma, que permite aprobar cualquier cosa a golpe de decreto, tenga o no que ver con la crisis sanitaria. Es lo que va a pasar dentro de unas semanas con la puesta en marcha de la renta mínima, pero también lo que ha sucedido ya con cuestiones mucho más discutibles como la reforma de las pensiones de los funcionarios o la adjudicación de los derechos de televisión de la liga de fútbol femenino, por poner sólo dos ejemplos de lo decretado la semana pasada.

Instalado en la comodidad de poder aprobar lo que quiera mientras la gente sigue más o menos tranquilita en su casa, se entiende que el Gobierno no tenga prisa en elaborar un calendario de 'desescalada'. Y ahí está como prueba el documento interno publicado por Vozpópuli el pasado sábado donde se habla sin ningún rubor de forzar el regreso de la liga de fútbol antes de que termine el confinamiento "para fortalecer el espíritu colectivo".

Cambio de planes
Pese a ello, el plan inicial del Gobierno está empezando a resquebrajarse por dos motivos: los últimos errores, que le han obligado a anunciar "medidas de alivio" para intentar contener el malestar creciente de la población, y la desesperación de sus socios nacionalistas, especialmente vascos y catalanes, que le han forzado a definir ya cómo va a ser la famosa 'desescalada'.

Íñigo Urkullu, el socio más serio que tiene el Gobierno, está que se sube por las paredes y quiere poner en marcha cuanto antes la economía vasca. Y algo por el estilo le ocurre a Junts y ERC, las dos formaciones que gobiernan en Cataluña. Por eso ya han transmitido a Sánchez que no apoyarán en el Congreso de los Diputados ni una prórroga más del estado de alarma, que en ese caso quedaría en manos de lo que decida el PP.

Consciente del problema que tiene con sus socios de investidura, Sánchez se ha sacado de la manga una "desescalada gradual, asimétrica y coordinada", algo nunca visto hasta ahora en Europa y con lo que pretende ceder la gestión del desconfinamiento a ciertos territorios sin perder el control sobre el resto. En vez de proponer un calendario detallado y por etapas, como han hecho sus homólogos europeos, Sánchez pondrá en marcha un complejo cuadro de mando con múltiples variables para controlar a su antojo todo lo que quede por venir. Es decir, máxima opacidad con apariencia de supuesta transparencia, y siempre avalada, cómo no, por esos expertos que lo mismo recomiendan llevar a los niños a la farmacia que horas después rectifican y deciden que es mejor pasearlos por la acera.

'Desescalada' a la carta
Esa 'desescalada' a la carta permitirá calmar los ánimos de los nacionalistas e independentistas, sobre todo en la medida en que puedan recuperar el control de la situación. Sin embargo, está por ver si Pablo Casado tragará con la maniobra y aprobará nuevas extensiones del estado de alarma, porque Sánchez ya le dijo ayer a los presidentes autonómicos que su intención es mantener los superpoderes al menos durante todo el mes de mayo... y luego ya veremos.

Si el PP acaba cediendo, que no es descartable, sólo nos quedará el comodín de la Unión Europea o, más concretamente, el de los países vecinos: no habrá imagen más dañina para Sánchez que la progresiva vuelta a la normalidad en Portugal, Francia e Italia. El día que los niños regresen a los colegios galos (12 de mayo), aquí seguiremos mirando el cuadro de mando a ver si pueden abrir unas horas la peluquerías de Murcia. Y entonces será inevitable que los españoles se pregunten por qué, si esto es una epidemia global, nosotros no podemos volver a la 'normalidad' a la vez que nuestros vecinos. ¿Acaso faltan tests? ¿Será porque todavía no están listos los resultados de ese estudio serológico tantas veces retrasado?

Por tanto, si Sánchez no se pone las pilas pronto, la UE nos acabará salvando por la vía de los hechos. Es verdad que el proyecto comunitario no atraviesa por su mejor momento, pero ahora mismo es lo único que nos queda.
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