AGLI Recortes de Prensa   Martes 28  Abril  2020

Un Gobierno a la deriva y la deriva del Gobierno
José María Rotellar okdiario  28 Abril 2020

Una vez iniciada la séptima semana de encierro de los ciudadanos ordenado con el estado de alarma y del cierre productivo de gran parte de la economía impuesto por decreto, no logramos ver un plan trazado por el Gobierno que nos permita tener fe en que se está combatiendo la crisis del coronavirus en su doble vertiente -sanitaria y económica- ni se vislumbra que podamos esperarlo próximamente.

El presidente Sánchez parece que sólo tiene un plan: tratar de conseguir que el virus desaparezca mientras mantiene el encierro de la población. Ante la ausencia de ideas y medidas para afrontar de frente el problema, opta por fiarlo todo al encierro de la población, pero eso sólo tiene efecto en el cortísimo plazo. Debido a la imprevisión del Gobierno, a no haber actuado a tiempo con medidas preventivas y de resguardo de los grupos de riesgo, que hubiesen evitado las durísimas medidas ordenadas el catorce de marzo e impedido la saturación de la capacidad sanitaria, nos encontramos ahora en una especie de túnel cuya salida no vemos, porque el Gobierno, con el desistimiento de sus obligaciones, alarga su longitud, sin saber si el hecho de que lleguemos a ver la luz puede ser un espejismo o una realidad.

El Gobierno está superado y se encuentra a la deriva. Si los ciudadanos tachan los días para ver cuándo pueden recuperar su libertad, su empresa y su puesto de trabajo, para comenzar a reactivar toda la actividad y la vida normal, no una “nueva normalidad”, sino la normalidad sin adjetivos, basada en nuestra Constitución, en el Estado de Derecho que conforma y en la economía de mercado, Sánchez parece que tacha los días en una cuenta que sólo significa la permanencia una jornada más en el poder. Si el Gobierno al principio no fue previsor o retrasó medidas más suaves para no impedir la manifestación política del ocho de marzo, ahora es un Ejecutivo incompetente: ni sabe comprar en el mercado, sufriendo engaños en los test o en los equipos de protección, ni se provee adecuadamente de test fiables para realizárselos masivamente a la población y poder separar a los contagiados para que pasen la cuarentena y reciban, si necesitan, tratamiento médico, mientras se deja a los no infectados que reanuden el trabajo, ni da instrucciones claras con ninguna medida que adopta.

En materia económica, más de lo mismo: realizan anuncios, como la liquidez de los 100.000 millones que llegarían a movilizar un total de 200.000 millones, pero después se quedan en nada: avales en paquetes más pequeños, que se ponen en marcha tarde, que no terminan de llegar al grueso del tejido productivo, y cuya tramitación es muy lenta, mucho más de lo que necesitan las empresas, que se mueren de liquidez al llevar ya casi mes y medio sin poder ingresar nada en muchos casos. Por otra parte, la burocracia administrativa está impidiendo que los afectados por los ERTE’s cobren su prestación, dejando a cuatro millones de personas sin ingresos durante más de treinta días, que puede llevar a muchas familias a una situación insostenible.

Ante todo esto, el presidente Sánchez sólo acierta a decir que hay horquillas muy amplias en las previsiones de caída económica, pero que el impacto será importante. Es cierto que esos intervalos son amplios, porque dependen de cómo se gestione esta crisis, de las medidas que se adopten para no dejar morir al tejido productivo y de la confianza que pueda generar dicha gestión. Sin embargo, el Gobierno va a la deriva, nos lleva a la deriva.

Y dentro de esa deriva, los miembros de Podemos, sin que Sánchez se oponga, están intentando que la deriva del Gobierno sea comunista: prohíben el despido, quieren introducir una renta mínima permanente que puede generar desincentivo al trabajo y clientelismo político, sueñan con nacionalizar empresas y pretenden asestar un golpe definitivo a la hostelería, hoteles, ocio y turismo en general manteniendo su cierre hasta diciembre, que heriría de muerte a una economía como la española, donde un tercio de su PIB depende de esas ramas de actividad económica.

El PSOE no puede permitir que esto suceda. Es un partido que, mejor o peor, ha gobernado España durante casi veinticinco años, y no puede permitir que un Gobierno a la deriva termine devorado por la deriva comunista, que empobrecería a la población española y mermaría sus libertades. Si Sánchez no reacciona -todavía podría, pero debería hacerlo inmediatamente-, el PSOE debería buscar a otra persona ahora, sin dilación, porque después puede ser demasiado tarde para todo, tanto para la prosperidad como para la libertad de los españoles.

Lo que no funciona es la Administración
Pedro García Cuartango ABC  28 Abril 2020

Pasan los días y aumenta el hartazgo sobre el confinamiento, aunque el Gobierno dará hoy luz verde al plan para volver a la normalidad de forma escalonada. Hay que reconocer, sin embargo, que la estrategia de mantener a la gente en su casa empieza a dar sus frutos. Lo que se le puede reprochar a Sánchez es la tardanza en tomar esa medida.

Eso no significa que el Ejecutivo haya gestionado bien esta crisis porque es evidente que ha cometido numerosos errores, excusables en parte porque no existía una hoja de ruta para hacer frente a la pandemia. Lo cierto es que sigue sin haber un abastecimiento suficiente de mascarillas, no se han hecho test masivos a la población, no se ha protegido al personal sanitario, no existe un recuento fiable del número de fallecidos y se han efectuado compras de material defectuoso que nadie ha explicado. El mando único ha sido un fracaso.

Se han vertido críticas implacables contra el Gobierno por estas cuestiones, lo cual es lógico en una democracia donde el poder está sometido a una permanente rendición de cuentas. Pero la focalización sobre las responsabilidades de Pedro Sánchez y sus ministros nos ha hecho perder de vista un factor esencial y determinante: el mal funcionamiento de las Administraciones Públicas, sobre todo, la estatal.

Lo que estamos viendo es la muy escasa operatividad de ministerios como Sanidad, Trabajo y Hacienda, incapaces de estar a la altura de sus obligaciones. De forma reiterada, el Gobierno anuncia medidas y ayudas que son rectificadas por su improvisación o no se ejecutan porque el aparato administrativo es incapaz de llevarlas a cabo. Ni siquiera existen los formularios para solicitar algunas de las subvenciones aprobadas a bombo y platillo hace un mes.

Esto no es una causalidad ni una maldición de los dioses. Si la Administración es ineficaz y está paralizada es por una sencilla razón: porque los sucesivos Gobiernos desde la época de Felipe González, e incluyo a todos sin excepción, se han preocupado de colocar a los amigos al frente de los puestos clave, de desmotivar a los funcionarios profesionales y de utilizar el Estado como una finca privada.

No tengo nada contra Salvador Illa, pero me parece que su nombramiento obedeció a una cuota política y no a su capacitación profesional o técnica. Pero además ha sido desmantelada la tecnoestructura del Ministerio de Sanidad, que es hoy un cascarón vacío.

De Correos a Paradores, hay en la Administración y en el sector público empresarial centenares de ejemplos de ejecutivos nombrados por puro amiguismo. Un reciente estudio de Hay Derecho ponía en evidencia la falta de cualificación y de experiencia de los gestores de las empresas estatales. Pasó desapercibido porque no le interesa a ningún partido hablar de enchufismo, puertas giratorias, tráfico de influencias e incompatibilidades. Sí, la Administración es un desastre, pero la culpa es de todos.

No es un Estado fallido, sino un Gobierno fallido
Jorge Vilches. vozpopuli   28 Abril 2020

Las comunidades autónomas han funcionado como corrección a la negligencia y retraso del Gobierno de España, ese engendro socialcomunista de Sánchez e Iglesias. Es la primera vez que nos podemos alegrar de no tener un Estado con las competencias centralizadas en un Gobierno nacional. Sin los gobiernos autonómicos hubiéramos quedado en manos en un Ejecutivo pensado para la pasarela progre y pasear del brazo de los golpistas.

Este Gobierno se formó atendiendo a criterios distintos al conocimiento técnico o a la responsabilidad. Sánchez pensó en tener unos ministros que le valieran para la negociación con los independentistas y equilibrar la ambición de Iglesias. Por eso cedió a Unidas Podemos un ministerio de propaganda y transformación social como Igualdad.

Esa fue la razón de que diera otro para corregir el capitalismo en sentido comunista y puritano, el de Consumo. Otro tanto para que dejara Universidades a un catedrático republicano y partidario de la autodeterminación bendecido por Colau. Y por indicación de Miquel Iceta metió a un licenciado en Filosofía en el ministerio que no quería Podemos, el de Sanidad, para favorecer la negociación con ERC en la “mesa bilateral”, y que eso pusiera las bases de un acuerdo de gobierno en Cataluña.

Iglesias fue ganando poder en ese Gobierno. Lógico. Es leninista. El bolchevismo ha teorizado y practicado la infiltración en las estructuras del Estado y del Gobierno, la división del enemigo y la definición del discurso y de los objetivos. Ese rápido avance podemita ha sido posible porque Pedro Sánchez ha ido adoptando el populismo de izquierdas progresivamente desde que fue defenestrado en octubre de 2016.

El resultado no podía ser otro que una deriva autoritaria descarada, encarnada en el ninguneo a las Cortes, el apartamiento de la oposición, el desprecio al poder judicial y el recorte de las libertades. Basaron todo esto en el uso de la posverdad, en mentir porque la gente no desea saber la verdad, sino tener razón. Y la verdad, como ha escrito Michiko Kakutani en “La muerte de la verdad” (2019), es una de las cosas que nos separa del autoritarismo.

El sanchismo quería ser como una religión política, llena de dogmas irrebatibles, con una iglesia de feligreses (y feligresas), con su púlpito mediático, sus cultos colectivos en manifestaciones callejeras, y un mesías que todo lo veía desde su helicóptero. Pero la nueva era quedó truncada por la llegada de las siete plagas en forma de virus, y Sánchez se quedó paralizado.

Tuvieron que ser las comunidades autónomas que no están gobernadas por el partido del Gobierno quienes le despertaran, tomaran las primeras medidas, y obligaran así a enfrentarse a la pandemia. Mientras los ministerios quedaban atolondrados y otros desaparecidos, las consejerías autonómicas se ponían a trabajar a destajo. Pero era tarde. Fue entonces cuando la izquierda política y mediática sacó los dos grandes argumentos para eludir su responsabilidad. El primero era que las competencias de sanidad están todas transferidas y que, en consecuencia, el Gobierno no podía hacer nada.

Falso. El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, sí, el que dirige Fernando Simón, pertenece al ministerio de Sanidad. Su principal función es detectar y comunicar a las autonomías las alertas sanitarias. Es más; su deber es preparar respuestas a las amenazas para la salud pública. En conclusión: la competencia para conocer y evaluar la alerta por la Covid-19 era del ministerio de Sanidad del Gobierno Sánchez.

El segundo argumento era que los recortes habían provocado el número de muertos. Esto venía a ser el culpar al PP de los fallecimientos, lo que venía a ser otra elusión de responsabilidad y un intento burdo de sacar rendimiento político a una estrategia. Sin embargo, el argumento de los recursos es también falso. La clave de una pandemia es la prevención porque disminuye el número de contagiados y, por tanto, no colapsa la sanidad pública. La atención entonces a los infectados es adecuada y se reduce el número de decesos.

El ejemplo de Grecia
Un buen ejemplo de esto es Grecia. Allí Tsipras, el otrora “hermano” de Pablo Iglesias, recortó la sanidad pública en su país entre 2015 y 2019, dejando a un tercio de sus compatriotas sin asistencia sanitaria. ¿Por qué en Grecia solo hay 132 muertos y en España la cifra puede estar en torno a los 30.000? Es sencillo. El Gobierno griego tomó medidas preventivas con rapidez, evitando así el colapso de su precario sistema sanitario.

Moralejas. Una general: son los malos Gobiernos los que profundizan las crisis, no los Estados. Aquí ha fallado el Gobierno, no el Estado. Otra particular: si en lugar de tener un gobierno de izquierdas hubiera uno de derechas, habríamos pasado del virus a las llamas. Sí. Seguro. Todavía nos acordamos de lo que pasó con la “crisis del ébola”.

El Gobierno social-comunista es una amenaza: no a la Ley Celaá
EDITORIAL Libertad Digital  28 Abril 2020

El Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias está utilizando el en sus manos muy peligroso estado de alarma para imponer de manera antidemocrática sus proyectos más tóxicos y liberticidas. Repárese si no en las prisas del ministerio de la descalificable Isabel Celaá ("Los niños no son de los padres") para tramitar de urgencia una reforma de la Ley de Educación que no ha sido consultada con los sectores más directamente afectados ni debidamente analizada por la oposición, con vistas a la elaboración de las preceptivas enmiendas.

La reforma que Sánchez e Iglesias han urdido y quieren imponer evitando deliberadamente el proceso regular que en asuntos de tal calado se sigue en las democracias pretende cercenar aún más el derecho de los padres a elegir el tipo de formación que quieren para sus hijos, derecho que la ministra indigna de serlo se atrevió a negar explícita y públicamente en fechas bien recientes.

Con el golpe educativo que se traen entre manos, los social-comunistas pretenden dar el tiro de gracia a los colegios de educación especial, que realizan una labor imprescindible pero a los que se condena a la extinción en el plazo de diez años.

Las organizaciones más vinculadas a ese sector educativo tan sensible han mostrado su más rotundo rechazo a los planes liberticidas del Gobierno, que atentan frontalmente contra el derecho a la educación y tendrán consecuencias nefastas para los niños que acuden a esos centros especializados.

El asunto es gravísimo. La oposición debe denunciar con toda la contundencia este nuevo asalto a las libertades por parte de un Gobierno con ínfulas de régimen que no merece apoyo alguno sino la mayor de las censuras. El socialista Sánchez y el comunista Iglesias no pierden ocasión de demostrar que son una amenaza para la seguridad, el bienestar y las libertades de los españoles y hay que frenarlos antes de que sea trágicamente tarde.

Nuevo objetivo, controlar a los jueces
Editorial ABC  28 Abril 2020

El decreto que el Gobierno pretende aprobar hoy para evitar que la Justicia se colapse cuando el coronavirus permita un restablecimiento normalizado de la actividad estaba plagado de buenas intenciones en su origen, pero su resultado es tan inquietante como doctrinario. Cuando el Ejecutivo dé hoy luz verde a ese decreto, habrá inaugurado la primera fase de un proceso diseñado para tratar de imponer un concepto intervencionista de la Justicia en el que la independencia de nuestros tribunales, tal y como se ha encargado de demostrar el vicepresidente Pablo Iglesias, no forma parte de su concepto de la democracia. Abordar una reforma judicial de calado en pleno estado de alarma, y además hacerlo por decreto y pasando por encima de contenidos legislativos que solo deberían ser modificados en virtud de una ley orgánica, resulta arbitrario y abusivo. Este decreto afecta a cuestiones sustanciales de la organización de nuestro Poder Judicial, al funcionamiento de nuestros tribunales, y a los derechos y deberes de los ciudadanos en su relación con la administración de Justicia. La visión totalitaria de algunos aspectos del decreto resulta preocupante, sobre todo cuando el Ejecutivo abre la puerta a arrogarse funciones de la Fiscalía como garante de la legalidad. O cuando impone a los jueces y magistrados los procedimientos a los que tendrán que dar preferencia y cómo deben hacerlo. O cuando activa sin las debidas garantías procesales diversas herramientas telemáticas sin siquiera poner al alcance de los magistrados los medios materiales para poder hacerlo. Lo mismo ocurre con los medios indispensables de protección sanitaria para poder retomar la actividad judicial sin riesgos añadidos de contagio.

El titular de Justicia llegó a la cartera ministerial con una merecida trayectoria de moderación política, conocimiento del mundo judicial -es magistrado y fue vocal del CGPJ-, capacidad negociadora, e incluso buena sintonía con el PP. Sin embargo, a día de hoy se ha contagiado de la vis más autoritaria del Gobierno, y ese es el talante de su decreto. Ningún ámbito profesional del mundo de la Justicia, absolutamente ninguno -asociaciones mayoritarias de jueces, Fiscalía, secretarios judiciales, colegios de abogados, procuradores, Abogacía del Estado, etcétera-, se ha sentido escuchado por Campo a la hora de pactar soluciones para la avalancha de asuntos judiciales que amenaza con bloquear la Justicia. Todos han propuesto soluciones y alternativas con la mejor buena fe, y con la idea de que la gestión ordinaria de su agenda no sea un problema añadido en la «desescalada» de España. No obstante, el Gobierno ya ha presentado sus credenciales de imposición, control y sometimiento del Poder Judicial. A partir de hoy, y en beneficio de la democracia y de la separación de poderes, bien harían todos los colectivos ninguneados en retratar a este Gobierno autoritario, y en no callar.

Próximo objetivo: la independencia de la Justicia
Editorial El Mundo  28 Abril 2020

Si en algo han demostrado estar plenamente de acuerdo PSOE y Unidas Podemos desde que se inició su complicidad política es en la idea de que la Justicia debe estar al servicio del Gobierno, para que sea éste, único representante legítimo del pueblo, el que decida lo que es justo y lo que es injusto. Para Sánchez e Iglesias, herederos de la concepción antiparlamentarista y antiliberal surgida en los años 20 y 30 -uno de los fundamentos sobre el que se alzaron los dos totalitarismos del siglo XX-, la potestad de juzgar ha de ser arrebatada a jueces y magistrados, acabando de esta manera con uno de los pilares del Estado de derecho: la separación de poderes y la independencia de la Justicia. Un principio básico de toda democracia moderna que defendía con pasión el actual ministro de Interior cuando era magistrado y miembro de CGPJ, pero al que ha demostrado estar dispuesto a renunciar ahora que su compañero de bancada azul, Pablo Iglesias, insulta a la Justicia y la desprecia desde la vicepresidencia del Gobierno. Entristece ver la deriva populista de Grande-Marlaska.

No hay que olvidar que Sánchez ganó la moción de censura de 2018 instrumentalizando una sentencia en la que se daba por hecho que el PP se había financiado de forma irregular, una manipulación interesada que tuvo que ser enmendada por la Audiencia Nacional. Pero para entonces, ya había nombrado a una ministra de Justicia que sería tres veces reprobada por el Congreso por sus vinculaciones con las cloacas del Estado. La misma Dolores Delgado pasaría luego sin solución de continuidad a dirigir la Fiscalía General del Estado -una institución dependiente del Gobierno, según recordó un Sánchez desafiante en una emisora de radio-, en cuyas manos quiere dejar el actual ministro del ramo la instrucción de las causas penales, arrebatando esa potestad a jueces y magistrados independientes. Ese es el objetivo de la comisión de expertos puesta en marcha el pasado día 15 por Juan Carlos Campo, como lo es el del Real Decreto que lleva hoy al Consejo de Ministros para evitar un más que seguro colapso de la Justicia tras la crisis sanitaria. Con ambos movimientos, el Gobierno de Sánchez no pretende otra cosa que saltarse la seguridad jurídica bajo la coartada del estado de alarma. Como recordó ayer Pablo Casado, que anunció que votará en contra, no se pueden modificar leyes orgánicas que requieren debate y consenso parlamentario en medio de una situación excepcional.

Sánchez e Iglesias, sin embargo, están dispuestos a aprovechar el desconcierto provocado por este horizonte de estados de alarma indefinidos a los que no se ve salida para quebrar el Estado de derecho y la independencia judicial con el apoyo de sus socios separatistas.

La fábrica de La Moncloa y el Mago de Oz
Marcello republica  28 Abril 2020

Este Gobierno de Sánchez tiene una cara que se la pisa, tan grande como el gigantesco aparato de propaganda que controlan a través de todas y cada una de las cadenas de televisiones nacionales y los medios escritos afines. Siendo La Sexta TV su lanzadera principal y el diario El País el guardián de las esencias políticas e ideológicas del ‘Sanchismo’ que se reducen al culto al líder por encima de todo y para que dure.

Para alimentar el ejército de lanzaderas mediáticas, en La Moncloa se ha instalado una gran redacción de escribas especialistas en las distintas materias y aleccionados con los mensajes de propaganda que hay que transmitir en cada momento, en discursos, declaraciones y notas para dar respuesta a posibles preguntas en ruedas de prensa, o en el Congreso de los Diputados.

Todo está atado y bien atado y así no hay margen para el error ni para la improvisación. Y si nos fijamos en cualquiera de las públicas declaraciones de los ministros del PSOE (los de Podemos van a su aire) ante los medios de Comunicación y la opinión pública enseguida veremos que todas ellas están escritas para ser leídas y mantienen la estricta unidad de mensaje político e ideológico.

Empezando por las largas e insufribles homilías que el presidente, Pedro Sánchez, lee los sábados en La Moncloa (a la hora del telediario para tener la máxima audiencia) cuando los españoles están confinados en sus casas.

Y lo mismo hacen los ministros Ábalos, Illa o, por ejemplo, la vicepresidenta Teresa Ribera -¿qué fue de Carnen Calvo?- que el pasado fin de semana compareció desde Moncloa y nos leyó un enorme panfleto de propaganda y de autobombo político, vacío de contenido y sin ningún interés.

Y todo ello planificado, escrito y leído como si los ministros no supieran hablar sin papeles ni conocieran las materias y las novedades de sus respectivos departamentos. Lo que nos lleva a la conclusión de que todo esto está teledirigido y no hay la menor espontaneidad y en consecuencia mucha propaganda y muy escasa, o nula, verdad.

Además si cotejamos los discursos de unos y otros ministros veremos que son muy parecidos e incluyen iguales elementos de la propaganda y frases, expresiones e incluso párrafos casi iguales. Por ejemplo, una constante es el continuo ataque a la oposición del PP para pedirle que apoye al Gobierno, que lo desprecia. y aparque sus diferencias políticas e ideológicas. Que fue lo que precisamente repitió ayer Ábalos, al amigo de la venezolana Delcy.

En La Moncloa se ha montado una fábrica de propaganda política como nunca habíamos visto en la Transición. Un aparato de poder mediático que funciona al unísono y de una manera centralizada y donde nada se deja fuera de control.

Lo que añadido a los poderes del ‘Estado de Alarma’, al confinamiento de la población y al Gobierno por decreto nos acerca a la idea de un régimen autoritario de poder en el que los contra poderes de cualquier sistema que sea democrático -Prensa, Justicia y Parlamento- han sido reducidos a la mínima expresión. Mientras el llamado ‘quinto poder’, el económico, está como nunca sometido el Ejecutivo sin autonomía ni capacidad de reacción.

Y a no perder de vista el espionaje -la Guardia Civil vigila a los críticos de la gestión del Gobierno- de las conversaciones y comunicaciones del que ya se habla con asiduidad y con la excusa de seguir el rastro a los contagiados de la epidemia.

Un ensayo del verdadero ‘Gran Hermano’ (1984) de George Orwell, lo que, sí abundamos en la ficción de este genio precursor, un día nos llevará a una oscura y tenebrosa aparición de Sánchez por la noche en todos los canales de televisión. Y retransmitida su voz en las emisoras de radio y por las calles y plazas del país por un ejército de drones dotados de potentes altavoces. Y entonces el ‘conductor’ del país, con su cara de palo (tenté tieso), y leyendo el último mensaje elaborado en la fábrica de La Moncloa nos hablará, con voz ronca, como si fuera el mismísimo mago de Oz, y dirá así: ‘españoles y españolas, soy Pedro Sánchez, vuestro amo, y como tal os digo y ordenó que…’

El Gobierno del bulo y la mentira
OKDIARIO  28 Abril 2020

Primero fue la manipulación grosera de un informe de la Universidad de Oxford que Pedro Sánchez falseó en el Congreso de los Diputados para presumir de que España estaba a la cabeza del mundo en la gestión de la crisis del coronavirus. Y ahora, el Gobierno socialcomunista vuelve a mentir de manera descarada -por cierto, ¿dónde están los verificadores de la verdad?- al anunciar, por tierra, mar y aire, que un informe de la OCDE coloca a España como el octavo país del mundo que más test del coronavirus ha realizado. Es mentira.

Según afirma la OCDE, los datos del informe fueron remitidos por el propio Gobierno de España, concretamente desde el Gabinete de la Presidencia del Gobierno, en manos de Iván Redondo. Los autores del estudio afirman que «la única cifra que tenemos procede de un comunicado de prensa, citando a Salvador Illa, ministro de Salud», en el que se indica que «desde el comienzo de la crisis y hasta el 13 de abril, el número total de PCR realizadas en España es de 930.230». Por cierto, el presidente de la OCDE, Ángel Gurría, debería saber que la mentira tiene las patas muy cortas y que prestarse al juego del Ejecutivo español es una indecencia. ¿Cómo es posible aceptar unas cifras servidas de forma tan grosera?

O sea, que el informe exhibido por el Gobierno como prueba del nueve de su eficacia en la realización de test se realiza en base a las cifras aportadas por el propio Gobierno y no verificadas por ningún organismo. Es más, los realizadores del estudio reprochan que «muchos países no están proporcionando cifras oficiales», «otros no lo hacen de manera regular» y en otros casos los datos «no son fáciles de encontrar porque algunos países están publicando cifras a intervalos impredecibles en ubicaciones ad-hoc», como redes sociales o ruedas de prensa.

Se da otra circunstancia que revela el grado de hipocresía del Gobierno: mientras en España los test rápidos ya no cuentan para establecer el número de contagios -sólo los realizados a través de PCR-, a la OCDE le envía el total para aumentar y deformar la realidad. No es sólo un problema de incapacidad, sino de mala fe. Porque no hay mayor generador de bulos que el socialcomunismo que nos mal gobierna.

La mano de Iván Redondo es torpe y alargada
OKDIARIO  28 Abril 2020

OKDIARIO ofrece a sus lectores la prueba del nueve de que la mano del jefe de Gabinete de la presidencia del Gobierno, Iván Redondo, es tan torpe como alargada. Alargada porque este diario desvela cómo el documento que publica cada día el Ministerio de Sanidad, con los datos y gráficos de la crisis del coronavirus, incluye una serie de imágenes cuyo origen se encuentra en el ordenador del todopoderoso Iván Redondo, mano derecha e izquierda de Pedro Sánchez, el hombre que ostenta más poder después del presidente y el gran muñidor de toda la estrategia de comunicación del Ejecutivo socialcomunista durante la pandemia.

Decíamos que la mano de Iván Sánchez era alargada y torpe, porque ha dejado sus huellas: este periódico muestras el pantallazo en el que se observa la carpeta en su ordenador dónde se guarda la imagen de los gráficos que a diario se ofrecen durante las distintas ruedas de prensa para informar de la evolución del coronavirus. Dicho de otro modo: no hay cifra ni gráfico que no pase por las manos de Iván Redondo, que es quien impone su criterio y determina qué soltar en cada momento, qué callar o esconder y qué dato o imagen mostrar. Iván Redondo decide y el Ministerio de Sanidad hace o deshace, según los designios del jefe de Gabinete de la presidencia del Gobierno.

El poder absoluto de Redondo lo determina todo. La información de la crisis sanitaria que ofrece el Gobierno se articula en función de los deseos de este personaje ante el que los responsables de Sanidad se cuadran sin recato. Pero en su inmenso poder, o tal vez por eso, ha cometido el error de dejar sus huellas impresas, como el que -salvando las distancias- va a robar a un supermercado y pierde su carné de identidad.

Por si alguien tenía dudas, aquí están las pruebas: Iván Redondo, con las prisas, ha quedado retratado. El que mucho abarca, poco aprieta.

Las comparecencias, tediosas y cargantes, de Sánchez en las TV
El presidente siguiendo la misma estela de Fidel Castro y su proverbial incontinencia verbal
Miguel Massanet diariosigloxxi  28 Abril 2020

Estamos seguros de que forma parte de la estrategia de este Rasputín que dirige la política de la Moncloa, al menos hasta ahora, este personaje que prefiere mantenerse entre bastidores, pero que tiene unas gran influencia en el gobierno de Pedro Sánchez y sus adláteres; un sujeto que hasta hace muy poco era un verdadero desconocido para la mayoría de los españoles, pero que ha ido cobrando fama a medida que el PSOE ha ido inclinándose hacia una izquierda más extrema, para congraciarse con todos aquellos que harían un pacto con el mismo Belcebú si con ello consiguieran borrar a la derecha del mapa político.

Si señores, este personajillo de apariencia inofensiva, pero que ha conseguido tener un gran predicamento sobre Pedro Sánchez, conocido como Iván Redondo, el jefe del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de P. Sánchez, capaz de pronunciar frases como esta. “El líder piensa en el futuro inmediato, pero el estadista piensa en las siguientes generaciones, tiene un proyecto claro de hacia dónde tiene que ir su país en los próximos veinte años” y, todo ello, haciendo referencia a nuestro actual presidente al que incomprensiblemente califica de gran estadista, y en su forma de enfocar la crisis del coronavirus cuando, la realidad de lo que es la forma de actuar de Sánchez, nada tiene que ver con el futuro, un futuro que sólo el señor Redondo parece ver con optimismo y que lleva aparejado, según el Banco de España, el FMI, el BCE y la prácticas mayoría de las instituciones y expertos en cuestiones económicas, una caída brutal del IBI, un aumento de la carga impositiva, un acrecentamiento brutal del paro, especialmente en España, que podríamos llegar a alcanzar los 20 millones de parados, una nueva crisis económica de incalculables consecuencias y el anuncio de que nadie se haga ilusiones de que podamos volver a un estado de bienestar como el que tuvimos hasta que, el señor Iglesias y su troupe de Podemos irrumpieron en la escena política y consiguieron que la “vieja” y “rencorosa” izquierda española los adoptara como tabla de salvación, para iniciar su plan de revancha contra Franco y su victoria contra el Frente Popular.

Seguramente el señor Redondo, el más que probable artífice del intento de retrasar el reconocimiento de la presencia del coronavirus en España, fue el que decidió que se celebrase la manifestación feminista del 9 de marzo, el que ha venido escenificando las pariciones ante las cámaras de ministros y del inefable señor Fernando Simó, diariamente, para darnos la secuencia oficial ( no real, por supuesto) de la marcha del Covid 19, de sus contagios, de sus muertos y de sus consecuencias para la ciudadanía y la economía de nuestra nación. Pero donde se ha visto la mano de este caballero de aspecto inofensivo, sin duda ha sido en este maratón de apariciones del señor Sánchez en las pantallas de todas la TV nacionales, en un despliegue colosal de la propaganda gubernamental y, a la vez, un penoso espectáculo de maniqueísmo político que podríamos situar en el mismo contexto de aquella frase de Nicolás Maquiavelo: “En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.”

Y es que el señor Sánchez , aparte de ser un maestro del engaño, de la mentira, de la descalificación y del autobombo, pretende también ser un buen actor, algo que no ha conseguido por mucho que lo intenta, debido a que sus esfuerzos en adoptar posturas de humildad, de estadista, de negociador o de estar empeñado en el bien de España y de los españoles, nunca lo consigue y, si lo hace, será únicamente para este grupo de adictos de la extrema izquierda para quienes la verdad no importa y lo único que les interesa es conseguir eliminar de España a todos aquellos que se oponen a sus intentos de trocearla y destruirla. Resultaría hasta cómico verle aparecer, cada noche, ante las pantallas de nuestros televisores, para representar su particular sainete, su especial sermón del milagro de los panes y los peces (cuando se refiere a “los grandes avances en la erradicación del coronavirus”)o sus intentos de ir colando de matute, en sus maratonianas disquisiciones, aquellos argumentos que entiende que pueden favorecerle o aquellas palabras cargadas de demagógicas intenciones que él está convencido de que van a hacer que el pueblo español se olvide de lo que ha sido su catastrófica gestión de la pandemia del Covid 19 y de sus incalculables repercusiones en el orden económico, agravadas por los intentos de las izquierdas de darle un vuelco a nuestro sistema democrático de gobierno, para implantar uno de estos regímenes políticos centrados en la estatalización de la producción, el aumento del gasto público, la nacionalización de las empresas y el control coercitivo de las libertades personales de los ciudadanos. En definitiva este sistema que todos conocemos como totalitario y dictatorial.

Resulta patético, para cualquier persona que sepa leer las intenciones de estos personajes, analizar sus expresiones o interpretar lo que esconden detrás de cada una de sus palabras, cuando éstas esconden una doble finalidad: la de resultar agradables de oír para la audiencia y a la vez, llevan una carga de argucia y engaño destinada a convencer a su auditorio de aquello que les interesa que haga mella en su cerebro. La cara de angustia (o de restreñido) que pone el señor Pedro Sánchez en sus apariciones en la TV, como si verdaderamente estuviera abrumado por una angustiosa y real preocupación a causa de los efectos dañinos de la epidemia, intentando explicar a los españoles que el Gobierno, su gobierno, en todo momento ha antepuesto los intereses del pueblo, su salud y su bienestar económico a lo que eran sus intereses personales, de partido, de orden electoral o de ideario político, algo fácilmente demostrable cuando, a pesar de que se les venía advirtiendo, a él y su gobierno, de que existía un peligro inminente de contagio, de que el virus ya había dado señales de estar presente en España desde el mes de Enero y de que se trataba de una pandemia capaz de un gran contagio y, lo que era aún más grave, que era capaz de causar un número muy elevado de fallecimientos, dado que se desconocían las vacunas para evitarlo y los remedios para impedir que matara a sus víctimas.

Sin embargo, hete aquí lo que han sido los resultados de esta abulia del ejecutivo cuando, pese a los intentos de descargarse de cualquier responsabilidad, de atribuir a la oposición su nefasta gestión, de negar que, en todo momento, han estado superados por los acontecimientos, de demostrar una falta absoluta de previsión que ha causado que los españoles y, especialmente los médicos y sanitarios, no dispusieran en su momento ( y aún siguen las carencias) de las protecciones adecuadas para protegerse del contagio del virus y, por encima de todo, su gran error, su incomprensible metedura de pata de no impedir, por razones estrictamente políticas, la gran concentración de feministas del día 9 de marzo, precisamente cuando el virus ya había dado señales de su virulencia. Las cifras son elocuentes: 207.637 contagiados, 23.190 fallecidos (en realidad pudieran ser el doble) y 92.837 recuperados (¿cuántos más podrían haber sanado de reconocer la existencia del virus desde el primer contagio, conocido en el mes de enero pasado?)

¿Alguien puede imaginarse lo que hubiera ocurrido si en lugar de gobernar socialistas y comunistas, hubieran estado en el poder el PP o cualquier otro partido de tipo conservador? Les puedo asegurar que las protestas en las calles, los ataques del sector progresista, las reacciones del separatismo catalán intentando pescar en aguas revueltas, las sesiones parlamentarias y los artículos de la prensa ( un 90% de ella apoya a la izquierda) hubieran provocado un caos en toda la nación, mientras los Iglesias, se hubieran lanzado en tromba, como lobos, a la garganta del Ejecutivo que, con toda probabilidad, ya se hubiera visto obligado a convocar elecciones o, aún más, dimitir en pleno para entregarle los bártulos a la izquierda de los señores Sánchez e Iglesias y todos aquellos que han permitido que este gobierno marioneta, incapaz de mantener la iniciativa, de pactar aceptando las opiniones de sus adversarios o, incluso, de haber intentado un gobierno de salvación nacional, a la vista del gran fracaso de su gestión durante el tiempo que vienen estando al frente del gobierno de la nación.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que denunciar, posiblemente sin otro resultado que el de no quedar callado ante semejante situación de nuestra patria España, una situación que parece que, de no remediarse lo antes posible, tiene todos los visos de conducirnos a todos, a lo que hubiéramos intentado evitar si, una parte importante de la ciudadanía española, no se sabe si ofuscada por ideas o utopías inalcanzables, por querer desagraviarse de pasadas confrontaciones, por ignorar lo que significa estar gobernados por las izquierdas del tipo de Podemos o, sencillamente, por este purito de estos que, impropiamente se consideran intelectuales, de defender unas ideas de igualdad, redistribución de la riqueza o de anarquismo bakuniano que, por desgracia para aquellos que comparten tales teorías, en todo el tiempo en que se han producido revoluciones, golpes de estado, asaltos al poder de carácter violento o matanzas de opositores; sus resultados finales no han podido ser más decepcionantes de lo que han sido, y de ello es testigo la Historia, con mayúscula, que nada que ver tiene, por supuesto, con esta tomadura de pelo que es la Ley de Memoria Histórica, esta misma, que hoy, se ha convertido en la gran estafa a la verdad histórica, perpetrada desde el mismo gobierno de la nación. Y aquí viene como anillo al dedo aquella frase de Tácito: “… a estos no les sacia ni todo el Oriente ni todo el Occidente: ellos sólo desean con igual ambición las riquezas de todos y su indigencia. Destrozan, arruinan y hacen rapiña del imperio; y cuando llenan todo de soledad, lo llaman paz”

******************* Sección "bilingüe" ***********************


 


Recortes de Prensa   Página Inicial