AGLI Recortes de Prensa   Jueves 30  Abril  2020

¿Quién pagará la cuenta del socavón que se avecina?
Jesús Cacho. vozpopuli  30 Abril 2020

El socavón que ya está aquí, como acaba de poner de manifiesto la Encuesta de Población Activa (EPA) que conocimos esta semana y que, aunque apenas un pálido reflejo de la profundidad de la crisis que se nos viene encima, muestra que en la segunda quincena de marzo la pandemia de la covid-19 destruyó 509.500 empleos, más de medio millón de personas al paro en apenas 15 días, y ello sin incluir en la estadística, como aclaró el INE, a las personas afectadas por ERTE y que en esa quincena ya superaban el millón de afectados. Se avecina un drama de grandes dimensiones para un país cuyo horizonte inmediato está formado por tres guarismos a cual más temible: un ejército de seis millones de parados (hay quien afirma que superará esa cifra), un déficit del 12% del PIB y una deuda pública del 120%. Es el drama del paro amenazando de nuevo a un Estado en situación financiera precaria, que en los años de bonanza ha necesitado seguir viviendo de prestado y al que la caída drástica de ingresos provocada por el parón de la actividad y el aumento de los gastos coloca en situación de mendigar la ayuda de unos socios muy reacios a pagar la cuenta.

Al margen de las decenas de miles de vidas que la pandemia se llevará por delante, España se encontrará a las puertas del verano con un colosal desafío social que puede llegar a poner en peligro la convivencia, porque cuando el hambre llama a la puerta no hay porras suficientes para contener la determinación de quienes han decidido entrar en el súper más cercano y arramblar con lo que pillen. Nada de esto se está contando. Nadie está advirtiendo a la población de los sacrificios que nos aguardan. Nadie está diciendo que los españoles saldremos de aquí más pobres, más endeudados colectivamente hablando, más desconfiados, más cainitas, más quemados, con menos reserva de esperanza y, por supuesto, más desiguales. Desiguales en renta y en nivel de consumo, desde luego, y es aquí donde merecerá la pena endeudarse un poco más –nunca más justificada una deuda- para evitar que las capas más humildes de la sociedad se queden en la cuneta del desamparo y la miseria, poniendo en marcha cuanto antes esa ayuda vital, llámese como se quiera, de la que podrían beneficiarse muchas familias, y que debería llegar a manos de los verdaderamente necesitados evitando la picaresca de los vividores de la subvención.

Prácticamente todas las fuerzas políticas del arco parlamentario y grupos sociales están de acuerdo en poner en marcha cuanto antes esa subvención con las cautelas debidas, una de las cuales atañe al carácter temporal de la misma, para evitar contribuir a esa “sociedad de mantenidos” tan querida por la izquierda comunista. Incluso los grandes empresarios, a través de CEOE, han hecho saber al Gobierno su disposición a cooperar en este sentido, arrebatando al señor Iglesias la bandera de una solidaridad que no debe estar reñida con la realidad de una sociedad española que en el siglo XXI y en la Unión Europea no puede ser sino abierta, competitiva y libre. Es decir, democrática. Es uno de los grandes peligros del momento. Como hoy señala la apertura de este diario, Podemos está empeñado en dilatar el estado de alarma el máximo tiempo posible con el fin de dañar el tejido productivo -el cuanto peor, mejor-, hasta el punto de hacer muy difícil una salida de la crisis en el marco de una economía de libre mercado, momento en que el apóstol de los pobres llamaría a la puerta de millones de hogares con su caja de alimentos mensual bajo el brazo y la promesa de ese bolivariano mundo feliz al que aspira el profeta de la coleta.

Tras el ¡Aló presidente! de anteayer, esa ha sido la urgencia que algunos empresarios han transmitido a Nadia Calviño y al propio Pedro Sánchez: la necesidad de acortar plazos y levantar el confinamiento para reanudar la actividad cuanto antes, huyendo de la brutal destrucción de empleo que el encierro supone, materializado en ese 1% de PIB que se va por el desagüe cada semana de confinamiento. También le han dicho al gallardo jefe del Ejecutivo que su Gobierno y él mismo tienen que empezar a decir la verdad a la población sobre las dimensiones del sacrificio que se avecina, porque no puede mantener engañada a la gente como si esto fuera una alegre cuchipanda de aplausos en los balcones de la que nos vamos a olvidar cuando en julio nos vayamos todos de vacaciones a la playa, porque, muy al contrario, nos esperan “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor", la cuádruple promesa que un gran estadista hizo al pueblo británico en los albores de la Segunda Guerra Mundial, con una quinta añadida que el inquilino de La Moncloa nunca podrá prometernos: la victoria.

Esconder la realidad
También le han dicho que los sacrificios que sea preciso afrontar en términos de déficit y deuda para ayudar a los más necesitados en este trance tienen que servir para algo, fundamentalmente para salir del socavón con más fuerza en algún momento de 2021 hacia una recuperación vigorosa de la actividad. Me temo, sin embargo, que las aguas de este Gobierno no circulan por ese cauce. Atentos al control del “relato”, su discurso se orienta a minimizar la profundidad de la sima en la que nos vamos a precipitar y en blanquear sus consecuencias. A esconder que nos espera un recorte generalizado de nuestro nivel de vida. Toda las referencias televisivas de Sánchez desprenden el aroma del aquí no pasa nada, porque Europa, de una forma u otra, antes o después, vendrá en nuestra ayuda con fondos suficientes, gratis total, para salir del trance, sin condicionalidad alguna, sin compromisos de austeridad de ninguna clase, sin hombres de negro que valgan.

A nadie con dos dedos de frente se le puede ocurrir pensar que eso vaya a ser así. Pedro & Pablo disponen de lo que resta de año para hacer de su capa un sayo, aprovechando que los socios de la UE están todos y cada uno empeñados en poner orden en sus respectivas casas por culpa del coronavirus, ergo no están para prestar mucha atención al desvarío de las variables macro españolas. Eso va a permitir a la pareja gastar lo que no tienen, prometer ayudas a más y mejor a sabiendas de que no podrán cumplir. La gente quiere gasto y el Gobierno le complace sin preocuparse del mañana. No lo tiene un Tesoro sin ingresos y una Seguridad Social al borde de la quiebra, de modo que hacia fin de año, cuando la Europa del norte empiece a salir del hoyo y mire en derredor, unos y otros asistirán asombrados al espectáculo de dos países varados en el arroyo: España e Italia, que requerirán de un rescate urgente para salvaguardar el euro.

Un rescate con duras condiciones, como no puede ser de otra manera, porque nadie da duros a cuatro pesetas. Razón de más para que el dúo que nos gobierna dijera la verdad sobre los sacrificios que nos esperan, si no por virtud al menos por necesidad, si no por honestidad al menos por simple precaución personal, porque no, aquí no nos ha tocado la lotería ni Holanda nos va a pagar esta fiesta tan divertida que el populismo social comunista se ha montado en España. Es verdad que, de momento, la pareja tiene a mano el recurso al MEDE, inevitable, y la emisión de deuda que el BCE comprará con su proverbial voracidad, pero llegará un momento, más pronto que tarde, en que sean los mercados quienes impongan su ley o sea la propia UE, España se verá obligada a asumir un plan de saneamiento de sus cuentas públicas con su inevitable programa de austeridad adjunto. Con o sin hombres de negro. Momento en el que el Podemos de Pablo Iglesias se tirará en marcha de una chalupa incapaz de achicar el agua que embarca, invocando el sacrosanto principio de su lealtad a la clase trabajadora. Es el cadáver que veremos desfilar ante nuestra puerta en algún momento de 2021 como muy tarde. Esta juerga, que repite las pautas de Zapatero en 2010 al milímetro, se la han corrido Pedro & Pablo y quieren que la paguemos todos, con las clases medias en cabeza.

No se puede seguir apoyando a Sánchez si no expulsa del Gobierno a Iglesias
ESdiario 30 Abril 2020

No se puede seguir apoyando a un Gobierno cuyo dirigente amenaza a rivales, empresarios, jueces, periodistas, ahorradores y a la Corona. Sánchez tiene que elegir y tiene que elegir ya.

Pablo Iglesias amenazó ayer a un partido político, VOX, y a sus cuatro millones de votantes, desde la tribuna del Congreso con una frase que recuerda de manera premeditada a la que Pasionaria dirigió a Calvo Sotelo días antes de que fuera asesinado.

Una dijo, dirigiéndose a su rival, que aquella sería la última vez en que podría hablar en el Parlamento. Y muy poco después acabó muerto. Y el otro, rememorando ese capítulo sin citarlo, dijo algo muy parecido: "España se quitará de encima, como hizo en el siglo XX, la inmundicia que ustedes representan".

Lo hizo, para rematar un discurso inaceptable, a la vez que se vanagloriaba de representar al comunismo y de reivindicar sus cien años de historia, jalonados por uno de los mayores genocidios en masa, perpetrado por el terrible Stalin.

Se trata de unas palabras inaceptables en cualquier contexto y desde cualquier ámbito político, pero especialmente en uno en el que confluyen los poderes especiales del Gobierno con la limitación de derechos de la ciudadanía.

¿Con plenos poderes alguien así?
Con ser lamentable el currículum incendiario de Iglesias, repleto de amenazas, escraches, defensa de la violencia y restricción de libertades; no es nada al lado de lo que supone escucharle en el presente algo así a todo un vicepresidente del Gobierno en pleno Estado de Alarma.

Porque amenaza directamente a VOX, tan criticable como perfectamente homologable con una democracia occidental, pero en realidad también a todo aquel que no comulgue ni con sus ideas ni con las de un Gobierno que eleva su sectarismo cada vez que se dispara su incompetencia, para disimular los desastres que genera y los que no sabe gestionar.

Con las cámaras representativas bajo mínimos, la justicia paralizada y el Estado de Derecho en cuarentena, las bravatas de Iglesias no puede ser tomadas como un mero exceso retórico ni tampoco como una barbaridad privativa de Podemos: implican al Gobierno, del que forma parte, y hacen inviable el respaldo de la oposición a Pedro Sánchez si no toma medidas y suelta lastre.

Una diputada de Vox le canta las verdades a Iglesias y él muestra su peor cara: "Inmundicia"

Porque Iglesias, además de amenazar a sus rivales, lo ha hecho a la Corona y por tanto a los pilares de nuestra democracia parlamentaria. Lo hace con el empresariado, imprescindible para salir adelante en tiempos tan dramáticos. Lo hace con la Justicia, a quien quiere sometida a sus designios. Lo hace contra los medios de comunicación. Y lo hace, en definitiva, contra el conjunto del sistema de alternancia y contrapesos característicos de un Estado de Derecho.

Alguien así no puede representar a España ni recibir más cheques en blanco por razones de emergencia sanitaria. La emergencia es confinar a dirigentes así en la irrelevancia y no dejar que asuman poderes extraordinarios para extender su enfermiza visión de la vida en democracia, dañina para la convivencia e incompatible con la ayuda que se espera de las instituciones europeas.

SÁNCHEZ E IGLESIAS, UN PELIGRO PÚBLICO
El matasanos de hierro y la descalabrada.
Julio Ariza rebelionenlagranja 30 Abril 2020

Se equivoca Pablo Casado cuando justifica su rechazo de la moción de censura acudiendo a la metáfora de que “no se debe cambiar al cirujano en medio de la operación”. Se equivoca, no porque la frase no sea, con carácter general, de sentido común y del todo acertada, sino porque el Sr. Sánchez no es un cirujano sino un matasanos. A un matasanos que está cargándose al paciente hay que sacarle de inmediato, Pablo. Es muy posible que no hacer nada y dejar que esta bandada de enloquecidos lleve el país a la ruina, te dé al final la Presidencia, pero la pregunta no es si así puedes llegar a gobernar este desdichado país, sino qué tipo de país recibirás entonces, y sobre todo, qué grado de sufrimiento habrá tenido que soportar la sociedad española por no haber apartado a tiempo al matasanos. España necesita que des un paso adelante para sacar a este señor, que son dos.

El matasanos no es un cirujano. Es un peligro público al que se le han ido muriendo, uno tras otro, más de 30.000 pacientes en la peor gestión mundial de la crisis del coronavirus. Si un matasanos lo ha hecho todo mal, absolutamente todo, no cabe esperar que en el futuro vaya a hacer las cosas de otra manera, y mucho menos que vaya a salvar la vida del paciente. Sabemos que el matasanos o matará al paciente o lo dejará con vida vegetativa o con graves secuelas para el resto de su existencia o para mucho tiempo. Cuando eso es así, Pablo, hay que cambiar al matasanos por un cirujano de verdad.

No solo eso. Cuando además el matasanos es, como Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, los siameses al frente del gobierno, un matasanos de hierro (no un cirujano de hierro) solo cabe esperar de él que recorte las libertades públicas y privadas, la vulneración de derechos y la invasión de todos los ámbitos de la sociedad por el poder político, que eso es el totalitarismo. Lo del cirujano de hierro se lo inventó Costa como solución para curar los problemas de la España del 98. Es curioso porque lo hizo en su obra “Oligarquía y Caciquismo” de 1902. Ciento veinte años después, han variado las formas y los actores pero no los males: hoy las oligarquías son mediáticas y financieras y el caciquismo lo practica la izquierda. El matasanos de hierro (ese tándem de Sánchez e Iglesias, los siameses del terror) ha vuelto.

Vamos directos a un régimen dictatorial de corte totalitario. Si eso así, al matasanos de hierro hay que sacarlo cuanto antes. Es urgente.

Ahora nos enfrentamos a un no-plan de desescalada que tiene todas las trazas de acabar en descalabro. Hay voces que lo tildan de arbitrario, caprichoso, superficial y caótico. La sociedad española, sufriente pero no estúpida, corre el grave riesgo de salir descalabrada si este matasanos de hierro sigue gobernándola.

Hay que sacarlos ya del quirófano nacional.

Embusteros, sean humanos: no nos mientan más
Carlos Dávila okdiario 30 Abril 2020

No creo personalmente que su indecencia sea compatible con el humanismo. Pero, por favor, aún así, sean humanos: no nos mientan más. Ahora, ataviado con corbatín rojo como se si tratara de un banderillero pueblerino y no con el luto que le exigen estos millares de caídos, promete un funeral para el futuro; honradamente, no le creemos. Las cifras oficiales (las reales son mucho más brutales) también son escalofriantes: 24.275 muertos, 212.917 contagiados, y 39.230 sanitarios enfermos de COVID19. ¿Es que nadie en ese Gobierno del Frente Popular se conmueve con estos datos? ¿es que ni siquiera se visten de negro, como sus periodistas de TVE en tiempos de Rajoy, para acreditar su luto por esta tragedia semejante a cualquier genocidio histórico? ¿es que siguen mintiendo como si aquí, ahora, en medio de este descomunal drama, valiera todo? Lo penúltimo (lo último es que, contra lo que dice Sánchez, sí había plan de pandemias desde 2005) que hemos sabido por este periódico es que todas las mañanas, parece, que, al alba, el mercenario Redondo (ese que busca con su conducta un próximo empleo en la despótica y corrupta Argentina de los Kirchner) se pone frente al ordenador, para tramar su enésima trapisonda, su pantagruélica serie de engaños miserables. A veces, esta semana, a este vendedor de humo se le va a la mano y urde una martingala propia de una dictadura caribeña; a saber, envía a la OCDE datos trucados sobre la cantidad de test que ha realizado su señorito falaz, Pedro Sánchez. En un ardid de trileros para consumo doméstico ambos eliminan del balance oficial de contagiados los test rápidos de anticuerpos, y luego, van, se sacan de su ajada chistera un conejo con mixomatosis, y los referidos test los incluyen sin embargo en el total que envían a la OCDE, esta institución universal aún más politizada e ineficaz que la OMS del comunista eritreo de apellido impronunciable. Del puesto octavo al decimoséptimo. Y, ¿qué dice Sánchez? Insiste en la falsedad. Procaz.

¡Vaya golfería! Incluso el secretario general de este organismo, el sudamericano Angel Gurría, reconocía por la mañana en una Radio la trola de los manguis españoles, y por la tarde vino a decir que “¡Bah, que sí, que hay trampa, pero que no importa el puesto octavo o decimonoveno en el ranking de los países con más test!” y que de la OCDE es la culpa. ¡En que lugar deja a la Organización este mindundi! Aunque, ¿qué va a decir este funcionario cuya parte alicuota de sueldo se la paga España? Sánchez, en el enésimo embuste de su abigarrada biografía, primero miente a los confinados españoles, segundo, envía la cuchufleta torticera a la OCDE, tercero, presume de ser el mejor de mundo, de estar en el “Top 10” de los test rápidos y, cuarto, cuando se descubre el pastel, vuelca sobre las autonomías del PP la culpabilidad de la falacia: “Es que no nos han dado bien los datos”, proclama su simpar ministro de la cosa, el maestro Abalos, al tiempo que se irrita diciendo que: “¡Ya está bien de tanta monserga con los test!”.

Pero, ¡ojo! que la gente ya no aguanta mucho más que se le siga orinando en el abrigo. Mientras en Alemania el crédito y la popularidad de Merkel supera el 65 por ciento, aquí en España, el único ministro que aprueba es Robles que, por lo menos, ha dejado, contra la oposición cerrada del colega de Interior, que los militares actuaran salvando vidas y aún más, asiendo de la mano de los agonizantes que se morían solos a chorros, lejos de unas familias que no sabían dónde estaban. Es que Sánchez, tipo inhumano: ¿no merecen un crespón negro estas víctimas a las que se les adelantó la parca, y unos allegados que siguen buscando cadáveres por todos los tanatorios y cementerios de España? En su pavorosa insensibilidad, a lo peor a estos gobernantes les importa una higa este dato perfectamente constatable: las caceroladas son ya mucho más sonoras, más copiosas y más indignadas que los aplausos de la primera fase del confinamiento. Los sanitarios, humillados por el desdén del Frente Popular, ya no pretenden ovaciones, exigen la protección que Illa -al que el país envíe pronto a sus clases de Marx- les ha venido negando mientras se la prometía a diario con un desparpajo falaz de Juzgado de Guardia.

Los españoles pasarán factura. No lo dude Sánchez; él nos ha tratados como niños, mintiendo a lo púber y, encima, nos ha reñido, vigilando y censurando a quien no nos tragábamos ni sus bulos, ni los desafíos fascistas de Iglesias, ni las penosas mentiras de Marlaska, el gobernante que ya confiesa que nunca volverá a la Justicia. Pues menos mal. Nos ha tratado como niños y muchos mayores el domingo pasado en el Parque de El Retiro de Madrid, en el cauce de El Turia de Valencia, o en La Barceloneta de la Ciudad Condal, se comportaron indóciles, como niños. Ahora nos cuenta que los adultos podremos pasear este sábado, sometidos a franjas horarias como si fuéramos realmente los presos del Soto del Real. Sánchez nos miente a mogollón y miente naturalmente a la oposición a la que presionará en la semana venidera para que le acepten la quinta alarma. Él nos quiere internados, como infantes antiguos de guardapolvos y onza de chocolate. Las bestias acorraladas no protestan en la calle. Se las puede seguir engañando, algo que, por favor, humanamente ya no resistimos más. Libres, pasaremos factura.

Claro que lo sabían
Editorial ABC 30 Abril 2020

A medida que los datos apuntan a un cierto control de la pandemia en España, también se confirman los que demuestran que el Gobierno llegó tarde a la toma de decisiones y, además, ignoró los planes ya previstos por gobiernos anteriores para situaciones como la actual. En 2006, el Ministerio de Sanidad del gobierno de Zapatero elaboró un Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Gripe, en el que se advertía de la necesidad de aplicar inmediatamente medidas de contención para frenar los contagios, empezando por el control de viajeros procedentes de áreas de riesgo. También se detallaban las concretas medidas de aislamiento de pacientes y de protección del personal sanitario expuesto al contagio. Todo suena muy actual.

El Gobierno de Pedro Sánchez lleva enganchado, desde el 9 de marzo, a la excusa de que nadie conocía la gravedad de la pandemia, ni cuáles eran las medidas necesarias para contenerla. La mentira sistémica es el método de este Ejecutivo en su relación con los ciudadanos, porque no solo había información suficiente procedente de China, Italia y la OMS sobre la gravedad de la infección, sino también el Gobierno disponía de documentos estratégicos del Ministerio de Sanidad que establecían una pandemia vírica como un riesgo que debía tenerse en cuenta en la política de prevención sanitaria. Recordemos: el 30 de enero, la OMS declaró la emergencia mundial por una expansión general del Covid-19, cuando China ya estaba inmersa en medidas de absoluta anulación de movimientos en Wuhan.

Sánchez no puede pretender engañar a todo el mundo todo el tiempo. Sus decisiones han llegado a destiempo, han estado lastradas por oportunismo partidista (8-M) y han tenido un asesoramiento errático o acomodaticio. Lo sabían y jugaron con fuego. Y, si no lo sabían, no merecen gobernar.

El capataz Sánchez y los costaleros de la Oposición
Pablo Sebastián republica 30 Abril 2020

Estamos viviendo la crisis más grave de la Historia recuente de España y hemos de constatar en semejante y dramática tesitura que contamos con el peor Gobierno de la Transición.

Y con un presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tan soberbio como incapaz, que está aprovechando la situación y los consecutivos ‘estados de alarma’ para un recorte de libertades y los derechos democráticos mientras un gigantesco aparato de propaganda se encarga de ocultar los errores y las mentiras del Gobierno.

Un presidente Sánchez que se presenta como el implacable capataz de la situación y que exige a la Oposición, a la que desprecia y nada consulta ni comparte con ella, que ‘arrime el hombro’ como si fueran sus costaleros. Y a la que les va a pedir el quinto ‘estado de alarma’, otro cheque en blanco que al menos el PP no debería firmar. Y allá lo que hagan los demás porque no estamos en buenas manos. Ni Sánchez ni Iglesias son gobernantes de fiar.

Quedó demostrado cuando ambos, a pesar de las primeras y las terribles informaciones que hablaban de decenas de muertes de ancianos en las residencias de mayores, fueron incapaces de actuar desde un Gobierno de izquierdas, con un plan de choque en esas residencias de terror. Lo que de debió ser la labor del vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias, y de ese desastre incompetente que es el ministro de Sanidad, Salvador Illa.

Pero nadie movió un dedo cuando la UME entró en las residencias y allí se encontraron con cadáveres abandonados en habitaciones compartidas con otros ancianos enfermos, en un espectáculo de espanto que el Gobierno obvió, negándose a ofrecer la cifra de muertos y los detalles de lo que allí y en otras muchas residencias de mayores de España había ocurrido.

Y todavía tuvieron la desvergüenza de decir que esas residencias estaban bajo la competencia de las Comunidades Autónomas. Las mismas CC.AA. a las que el Gobierno los niega el derecho de organizar sus desescaladas de la crisis, pero a las que nunca se les impuso el Gobierno para frenar y evitar la hecatombe de los ancianos.

Esos son Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Y ese drama de los ancianos que han sido abandonados ante su muerte es sin duda la pieza acusadora más grave que evidencia el desastre de la gestión de la crisis española y que, sin duda, explica los retrasos, la imprevisión y las mentiras en cifras de muertos (son más de 35.000) y de enfermos contagiados (pueden ser 400.000). Y el caos de la gestión en la compra de material sanitario y en la ausencia de test masivos al conjunto de la población.

Una ausencia premeditada de test por parte del Gobierno por miedo a que aflore una nueva oleada de enfermos (ahora les advierten a los hospitales que preparen más unidades de UCIs), como la que puede ir aflorando de entre las casas de los todavía ciudadanos confinados. Lo que explica las mentiras del Gobierno sobre el verdadero número de test que ha realizado y que ha situado a España en el número 17 del ranking mundial en este sector y en el número 1 de muertos por habitantes de cada país.

‘Arrimen el hombro, sean patriotas’ se escucha decir a Sánchez a Iglesias desde el banco azul del Gobierno al conjunto de la Oposición donde ya se empieza a notar el cansancio de los partidos frente a la fallida unilateralidad del Gobierno. El que quiere hacer a todos, en los ‘estados de alarma’ y en la Comisión de reconstrucción, cómplices de las mentiras, la incapacidad y de los errores del Gobierno y en especial de su autoritario presidente que es el máximo y principal responsable de la situación.

«Nueva normalidad»: la mentira
Una falsedad bien televisada se convierte en una neoverdad
Luis Ventoso ABC 30 Abril 2020

A Iván le chiflan los eufemismos pomposos. Frenar absurdamente durante 14 días toda la actividad productiva en España, agravando así el inminente descalabro, lo llamaron «la hibernación de la economía». Machacar a impuestos a los que se han esforzado por prosperar en un país donde 20 millones de personas ya perciben ayudas del Estado lo denominan «nuevas figuras fiscales». Empezar a salir a la calle tras cincuenta días de un estado de alerta dudosamente constitucional es «la desescalada». Y lo que llegará tras ella, «la nueva normalidad» (plagio del asesor Redondo de una expresión tópica en el mundo anglosajón). Políticamente hace ya mucho tiempo que nos hemos instalado en una «nueva normalidad», que consiste en la aceptación de la mentira:

-Enero de 2018. Ábalos garantiza que el PSOE jamás llegará al poder con apoyo separatista: «Nosotros no tenemos tal ansia de gobernar a toda costa; y desde luego, mucho menos a costa de la unidad territorial de este país, eso jamás. No hemos tenido jamás interés en un Gobierno en precario y dependiente de fuerzas que no comparten nuestra visión de España, que ni siquiera comparten nuestro modelo de Estado. No es posible una moción de censura con esos apoyos». Seis meses después, el PSOE presenta una moción de censura precisamente con esos apoyos que nunca aceptarían. La nueva normalidad: la mentira.

-Junio de 2018. Debate de la moción de censura. Sánchez defiende la regeneración y criticando la corrupción del PP les pone un ejemplo: «En Alemania, personas que han desempeñado responsabilidades ministeriales y se les ha descubierto que han plagiado una tesis, lo que han hecho es dimitir». Dos meses después, ABC revela que Sánchez incurrió en plagios en su tesis cum laude y lo documenta con pruebas inequívocas. Sánchez no dimite, por supuesto, sino que niega la mayor, truca el programa de medición de plagios de una empresa alemana (que se lo afea) y amenaza a ABC con una querella inmediata (que debe haberse extraviado de camino, pues jamás llegó).

-Octubre de 2019. Sánchez resalta que no podría dormir con un Gobierno de coalición con Podemos y en los debates electorales anuncia que endurecerá la ley a fin de atajar los desafueros del separatismo. Noviembre de 2019, una vez pasadas las elecciones, firma de inmediato una coalición con Podemos y abre una mesa para otorgar más prebendas a los separatistas. La nueva normalidad: la mentira.

-Abril de 2020. Sánchez se jacta en su enésima comparecencia televisiva de que «España es el octavo país del mundo que realiza más test según la OCDE». A esa hora era ya del dominio público que la OCDE había corregido su ranking para descender a España al puesto decimoséptimo, tras descubrir que nuestro Gobierno había mezclado churras con merinas para salir más guapo en la estadística. La nueva normalidad: la mentira.

Al sanchismo todo esto le parece normal, porque una mentira bien repetida en sus maratones televisivos se convierte en una neoverdad. A mi me parece una burla inaceptable. Pero probablemente soy un raro. O igual no.

¿Lealtad al gobierno o lealtad del gobierno hacia la ciudadanía?
“Los humanos somos capaces únicamente de decir pequeñas mentiras y no conciben las grandes mentiras. Por lo tanto si quieres realmente ocultarle algo a la población, engáñalos con una mentira tan grande que, aunque la descubran, no la van a creer” Hitler
Miguel Massanetdiariosigloxxi 30 Abril 2020

Es curioso cómo, cuándo a este Gobierno que tenemos, le interesa presentar un tema que sabe que puede afectar al criterio de los votantes que lo mantienen en el poder, en un sentido negativo para la confianza que han depositado en él; tiene dos medios muy eficaces para desviar la atención del personal. El primero, consiste en intentar, usando de su gran aparato de propaganda, inventarse un medio creíble y entendible para trasladar la responsabilidad de aquel error que se le achaca, la culpabilidad de aquel fallo que se le atribuye o la negligencia en la gestión de aquellas cuestiones que, aunque remotamente, pudieran tener alguna relación con la mala gestión que se les atribuye a los gobernantes, a los partidos de la oposición o a uno en concreto que, evidentemente, suele ser aquel que destapa o lo intenta los fallos, los engaños, las incompetencias, las inseguridades, las violaciones de los derechos de la ciudadanía, los fraudes, las malversaciones, las prevaricaciones o los abusos que, a su criterio, están cometiendo los gobernantes y de los que se les hace responsables.

El segundo se basa en la eficacia de la mentira. En el caso de nuestro Gobierno, el dirigido por el señor Pedro Sánchez y su apoyo desde la extrema izquierda, el señor Pablo Iglesias, no es que el engaño, la mentira, las manipulaciones de datos, la ocultación de hechos sospechosos o la tergiversación de las informaciones, sean un recurso para casos extremos, circunstancias de suma gravedad o momentos en los que decir la verdad pudiera reportarnos graves consecuencias internacionales; no, en absoluto, en el caso del gobierno filocomunista que en estos momentos nos dirige, el falsear la realidad en su beneficio forma parte, desde sus inicios, de su propia esencia o idiosincrasia; del ideario de las izquierdas más radicales y partidarias de oscurantismo político, capaz de justificar cualquier medio, manipulación, artificio e ilegalidad, por grave que pudiera ser, si les puede beneficiar u ocultar alguna cuestión que les pudiera restar votos entre sus simpatizantes. Si se toman la molestia de repasar, uno a uno, a los actuales ministros del Gobierno, ya sea en las decisiones tomadas colectivamente como gobierno o en sus personales maneras de actuar y expresarse; verán que, la mayoría de ellos, tienen una mala relación con la verdad y una pésima congruencia entre lo que predican con lo que luego hacen; un sectarismo y una sumisión total a los intereses partidistas aunque, en la mayoría de casos, estén reñidos e, incluso, sean contrarios a los verdaderos intereses de los españoles, tanto en el aspecto económico, social y financiero como en lo que hace referencia a sus derechos individuales, emanados de la vigente Constitución.

La pandemia del coronavirus ha servido, aparte de para llevar a España a una situación muy cercana al caos, para que las carencias, inseguridades, rectificaciones, falta de previsión, impericia, negligencia e intransigencia y falta de visión política de este gobierno, quedaran evidenciadas. Todas ellas agravadas y llevadas al límite por esta obsesión de las izquierdas de no querer pactar, llegar a acuerdos convenientes para el pueblo, transigir en lo que se está equivocado o pactar (el someter al imperativo de quienes gobiernan a aquellos que invitan a pactar, sin tomar en cuenta sus argumentos ni hacer caso a los consejos, las condiciones y las recomendaciones encaminados a rectificar equivocaciones y, por el contrario, pretender un sometimiento sin contraprestación alguna, pensando que están en posesión de la verdad absoluta, algo que ha sido habitual en la política carente de autocrítica del señor Pedro Sánchez no se puede entender como estar en disposición de llegar a acuerdos o que la lealtad no significa en absoluto sometimiento sin derecho a réplica ni una firma en blanco, cuando se trata de un tema tan difícil, con tantas aristas, con repercusiones tanto en el aspecto sanitario como en el económico, industrial, social y financiero y en las insoslayables repercusiones negativas de todo orden, que es evidente que se van a producir y, con especial virulencia si es que, el Gobierno, pretende aprovechar la pandemia para establecer un cambio de sistema político, un giro hacia la izquierda comunista y una alteración sustancial del sistema democrático del que hemos venido gozando hasta que, este nuevo ejecutivo, ha interpretado su mayoría camaleónica, de la que gozan en la actualidad, como un cheque en blanco para disponer a su antojo de España y de los españoles, en su pretensión de escabullirse de sus responsabilidades, de todo orden, que le corresponden por su gestión, más que discutible, de la pandemia del Covid19.

Es obvio que, forzosamente, vamos a tener que intentar superar, sin que ello signifique que el Gobierno dispone de una bula para introducir cambios esenciales en el sistema regido por la Constitución de 1978 que sigue vigentes; cambios que tienen todos los visos de ser anticonstitucionales y de marcado cariz soviético; empezando por sus pretensiones de nacionalización de las grandes empresas e intentos de crujirnos a impuestos. Estos días ya podemos ver como, por parte del señor Iglesias y el señor Marlasca, ya se apuntan preocupantes ideas acerca del establecimiento de una velada censura para impedir la libertad de expresión apoyada por unas propuestas de establecer un sistema de censura considerando que, como dice el inefable ministro Marlasca, las legítimas críticas a la actividad gubernamental, plenamente justificadas, a la vista de sus resultados y de los medios de que se valen para camuflar e intentar evitar que los españoles sepamos, a ciencia cierta, cuales son los verdaderos alcances de la epidemia en cuanto a contagios, muertes, perspectivas de duración y consecuencias finales en el aspecto laboral y económico cuando se produzca la esperada salida de la pandemia; algo que, por cierto, pretenden adelantar sin tener en cuenta las doctas opiniones de muchos médicos y biólogos que recomiendan prudencia en cuanto a lo que se pueda considerar como recuperación de la normalidad ciudadana. ¿A estas críticas es lo que, estos señores califican de “bulos” o fake news? Pues que nos aleccionen sobre lo que la Constitución quiere decir cuando habla de libertad de expresión y de opinión.

Es inverosímil que un jurista, como es el señor Marlasca, pueda llegar a considerar como intentos de perjudicar al Gobierno o como delitos el que la prensa, particulares, asociaciones o cualquier otra representación popular, digan abiertamente lo que piensan sobre la forma que ha tenido de gobierno socialista de enfrentarse al virus y el evidente retraso o negligencia que se le puede achacar por haber permitido que se celebraran actos multitudinarios a sabiendas de que el Covid 19 ya estaba causando estragos en nuestra patria y, más inverosímil todavía, que hayan sido incapaces de reconocer que sus inseguridades, rectificaciones, fracasos en la adquisición de material para preservar a la población y, en especial, a los sanitarios encargados de atender a las víctimas de la pandemia y evidente manipulación respecto a proporcionar datos falseados sobre el número de contagios y el de fallecimientos causados por la epidemia. Pero peor ha sido que, los encargados de informar, hayan acudido a diversas combinaciones, manipulaciones de estadísticas y engaños para simular que España ha sido una de las naciones que mejor han gestionado la crisis. Lo dicho, la inseguridad y endeblez de este gobierno filocomunista que dirige los destinos de España, es la muestra de su incapacidad para cumplir con su cometido de gobernar adecuadamente al país; seguramente se le podría aplicar aquella frase, de Axel Ortiz, en la que queda expresada su idea de que: “Nadie miente si se siente fuerte, sólo miente quien se siente vulnerable, la mentira es un recurso de los temerosos”.

Por eso cuando escuchamos a la Celaá, maestra en hablar ex cátedra de temas que merecerían un trato más imparcial, menos sectario, más inteligente y, por supuesto, más elaborado, más consensuado y menos urgente. Todos sabemos la urgencia de una Ley de enseñanza para acabar con los constantes cambios de orientación, debidos a que cada partido que llega al gobierno pretende haber descubierto la mejor; pero es penoso que llevemos años buscando la Ley perfecta que, seguramente nunca se va a conseguir, y no hemos sido capaces de consensuar una que recoja la mejor forma de darles una buena preparación a nuestros jóvenes, en la que queden descartados los intentos de policitación, el lavado de cerebros y aquellas cuestiones ajenas a lo que debiera ser la forma más eficaz de que los alumnos que salgan de nuestras escuelas, universidades o centros de formación profesional fueran los que mejor se evaluaran en Europa.

Claro que, con los políticos que tenemos, es una verdadera utopía pensar que, algún día, van a ser capaces de entrar en razón pensando en España y en nuestros estudiantes; olvidándose de la lucha de clases, favoritismos o de que, como sucede en España, las universidades, en lugar de ser donde se aprende una carrera, se saca una licenciatura y se prepara para ser una persona de provecho, se han convertido en centros en los que mandan los revolucionarios, se impide la libertad de expresión, se ataca a los de derechas y se impiden las conferencias de personas preparadas, pero que no comparten el ideario comunista que, hoy en día, parece que es el que rige en nuestros centros de estudios y el que convierte a los rectores en meros espectadores de lo que sucede en las aulas, cuando no sea el caso de que formen parte de quienes incitan al alumnado a mantener posturas antisistema.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, cuando escuchamos a alguno de los ministros que se llenan la boca pidiendo lealtad, nos quedamos con las ganas de contestarle ¿Qué lealtad piden ustedes al pueblo español, cuando en toda su gestión, en todo lo que vienen haciendo y en cuanto toman parte, demuestran que lo único que son capaces de llevar a cabo tiene el evidente destino de empujarnos hacia el precipicio de la bancarrota nacional?

Seguramente, todavía tendrán la cara dura de decir que son leales a España y a sus ciudadanos. Mientras, vienen manteniendo alianzas con partidos separatistas y comunistas chavistas, que no tienen otro propósito que el de trocear España, implantar un régimen anticonstitucional y llevarnos, a todos los españoles, a uno de estos “paraísos”, como es el caso de Venezuela, en los que la igualdad existe para toda la ciudadanía de a pie (igualdad en la miseria), pero en lo que se refiere a igualarnos en los niveles altos de riqueza, nada de nada. Con toda seguridad se referirán a los niveles de la pobreza porque, salvo en los casos de privilegiados que se instalan en el poder y sus protegidos, a estos plutócratas que saben cómo vivir a costa de la gente que tienen sojuzgada, a los vivales que atesoran riquezas ( se dice que ningún comunista muere pobre) o a estos sindicalistas que se quedan con el dinero de los trabajadores y que piden a gritos la nacionalización de las empresas, mientras viven tan ricamente sin dar palo al agua o a estos sinvergüenzas que viven en la opulencia criticando el capitalismo pero, eso sí, beneficiándose de sus ventajas;¿qué clase de lealtad, hacia aquellos a los que vienen embaucando, es la que tienen?. En efecto, el resto de los que cayeron en las redes de los engaños de sus dirigentes; los que carecen de posibilidad alguna de ejercer sus derechos democráticos, siempre serán las víctimas de las falsas promesas de sus líderes. Terminaremos con una frase de Paulo Coelho muy apropiada para el tema que hemos tratado: “No hay nada peor que aquellos que confunden la lealtad con la aceptación de todos los errores”

Iglesias, aventajado discípulo de ‘La Pasionaria’
OKDIARIO 30 Abril 2020

El vicepresidente segundo del Gobierno de España, Pablo Iglesias, se siente honrado «de representar a un grupo político dentro del cual hay un partido con casi cien años de historia, el Partido Comunista de España». No es fácil resumir los 100 años de historia del PCE, pero es sencillo concluir que su legado en la historia de España, centrado en la etapa que ostentó espacios de poder, se caracterizó por su ataque sistemático a la libertad y la aniquilación física y política de todo aquel que no comulgara con su guión totalitario.

La prueba más evidente de que lo que representó el PCE está en las antípodas de lo que significa la democracia es que fue la democracia quien acabó con el PCE. Dicho de otro modo: a medida que el proceso democrático se fue afianzando en España, el PCE fue perdiendo protagonismo. Fueron las urnas quienes certificaron su defunción política. Que Pablo Iglesias se sienta honrado de representar al PCE es lógico, si tenemos en cuenta que su patrón ideológico rezuma totalitarismo por los cuatro costados y su idea de la democracia no se fundamenta en el principio de separación de poderes que caracteriza a los Estados de Derecho, sino en el sometimiento, desde el poder ejecutivo, al resto de poderes. En suma, lo que en democracia entendemos como dictadura.

Su ataque a la diputada de Vox María Ruiz, a la que llamó «miserable» y acusó de representar la «inmundicia», permite comprender los parámetros morales que guían el comportamiento político de alguien que ya había dejado claro mucho antes de entrar en el Gobierno que su objetivo es triturar el régimen de libertades que encarna la Constitución del 78 y ocupar las instituciones del Estado para instaurar un nuevo modelo de «democracia» a la medida de los intereses políticos de un partido, Podemos, que es la expresión más fidedigna del totalitarismo del siglo XXI. El contenido de la intervención de Iglesias recordaba a los discursos de «La Pasionaria», quien «profetizó» en el Parlamento, en mayo de 1936, que José Calvo-Sotelo pronunciaría ese día su último discurso en las Cortes. Testigo de las premonitorias palabras de Dolores Ibarruri fue Josep Tarradellas

Lo grave, en todo caso, no es calentón ruin del dirigente podemita, sino que desde la vicepresidencia del Gobierno de España toda su estrategia, con la connivencia de Pedro Sánchez, se orienta en cercenar de raíz el régimen de derechos y libertades que encarna la democracia que pretende demoler.

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Iglesias, o cómo insulta y amenaza un matón comunista
EDITORIAL Libertad Digital 30 Abril 2020

Bien está que el podemarra se haya quitado la careta y dejado corrosivamente claro que sigue siendo lo que siempre ha sido: un matón comunista.

Aún no se sabe si el líder de la extrema izquierda podemarra, Pablo Iglesias, piensa amenazar de muerte a los diputados de Vox en los términos en que lo hizo, en pleno Congreso de los Diputados, su admirada Dolores Ibárruri contra José Calvo Sotelo pocos días antes de que este fuera asesinado por milicianos socialistas, crimen que abrió las puertas a la Guerra Civil. El caso es que, también en la sede de la soberanía nacional, este miércoles el potentado comunista ha asestado una criminógena retahíla de insultos y amenazas contra los representantes de la formación liderada por Santiago Abascal, no sin antes haber reivindicado la ideología más criminal y liberticida que haya conocido el siglo XX, el comunismo, hermano de sangre del nazismo.

Que el vicepresidente de un Gobierno europeo se permita reivindicar esa ideología totalitaria mientras tacha a los diputados de un partido de impecable trayectoria democrática como Vox de "miserables, parásitos, antiespañoles e hipócritas", para finalmente lanzar un amenazante "España y nuestro pueblo, una vez más, como en el siglo XX, se quitarán de encima la inmundicia que ustedes representan", es algo que, sencillamente, no tiene cabida en una democracia digna de tal nombre, por ser propio de regímenes dictatoriales como los que tanto admira el acaudalado revolucionario por cuenta ajena Iglesias y han hundido en la miseria a países como Cuba o Venezuela.

En cualquier otra democracia, palabras como las del cabecilla podemarra habrían supuesto la destitución fulminante del indeseable que las pronunciara; pero también es cierto que tampoco hay ningún presidente democrático que, como Pedro Sánchez, tenga por aliada a una izquierda tan extrema y sañuda como la que representa Podemos.

Causa sonrojo y aprensión que, a estas alturas, un gobernante europeo tenga la desvergüenza de decir que Italia o Francia deben su democracia a los comunistas, cuando esos países fueron liberados del yugo nazi-fascista fundamentalmente por EEUU y sus aliados democráticos; a diferencia lo que sucedió en los países de Europa Central y Oriental, a los que el Ejército Rojo impuso sistemas tan totalitarios como el que regía en la URSS.

No menos patético resulta ver a un vicepresidente de un Gobierno europeo desempolvar, en pleno siglo XXI, el odio de clases para arremeter contra los "apellidos" de los miembros de un partido como Vox, la inmensa mayoría de los cuales proceden de familias trabajadoras o de clase media, como el propio Santiago Abascal o José Antonio Ortega Lara. Pero más repugnante resulta oír a un Iglesias que se ha hecho rico gracias a la política y que siempre ha vivido amorrado a la ubre estatal tachar de "parásitos" a los representantes de Vox, muchos de los cuales son exitosos profesionales que han dejado de ganar bastante dinero para dedicarse a la política: la comparación es calamitosa para los haraganes que manejan el cotarro podemarra.

En cualquier caso, bien está que Iglesias se haya quitado la careta y dejado corrosivamente claro, después de un tiempo de simulada y susurrante moderación en las formas, que sigue siendo lo que siempre ha sido: un matón comunista. A la postre, no es de extrañar que quien en su día alabó en una herriko taberna a ETA por ser "la primera" en denigrar la Constitución del 78 como una "engañifa lampedusiana", que quien afirmó que el terrorismo tenía una "explicación política", arremeta con odio criminógeno contra el partido de Santiago Abascal y José Antonio Ortega Lara, dos de las incontables víctimas de esa execrable organización terrorista comunista vasca.
 


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