AGLI Recortes de Prensa   Viernes 1 Mayo  2020

Ni un día más
EDITORIAL Libertad Digital 1 Mayo 2020

Cuanto más avanzamos en esta crisis del coronavirus, más obvio resulta que estamos en las peores manos posibles. No hay medida de Sánchez y su banda que no parezca –y probablemente sea– improvisada, la salida del estado de alarma es un conjunto confuso de reglas arbitrarias tomadas sin otra prioridad que la propaganda política, el Gobierno es un caos de facciones a cuál más inepta y la economía está dando señales cada vez más claras de que nos acercamos a un precipicio de una profundidad que ni los más pesimistas se habían atrevido a pronosticar, mientras autónomos y empresas son masacrados a sangre fría.

En estas circunstancias, y puesto que el Gobierno ya ha demostrado lo que se puede esperar de él, cabe preguntarse qué es lo más responsable que puede hacer la oposición. Normalmente, en una situación tan grave como la que está atravesando España, no sería recomendable añadir a las crisis sanitaria y económica la política; pero ante la debacle en la que nos encontramos y la extrema incompetencia de Pedro Sánchez y compañía, es obvio que los partidos del centro-derecha no pueden sostener ni un día más a este Gobierno.

No se puede sostener ni un día más al bulócrata Sánchez, incapaz de decir una verdad en un momento en el que la ciudadanía necesita más que nunca certezas y saber qué es lo que realmente está pasando. No se puede sostener ni un día más al nefasto ministro Illa y a su títere Fernando Simón, que han demostrado sobradamente una incompetencia sólo comparable a la magnitud del reto que afrontan y para el que, obviamente, no están preparados. No se puede sostener ni un día más a Pablo Iglesias y a sus ministrejos bolivarianos, decididos a aprovechar las circunstancias para acabar con la oposición, la prensa crítica y el orden constitucional. Y no se puede sostener ni un día más a una cáfila de asesores y expertos incapaces de ver la política como otra cosa que un juego de suma cero que se disputa en los dominios del marketing.

Hasta el momento, el PP ha apoyado los sucesivos estados de alarma por sentido de Estado y responsabilidad. Está claro que el PSOE no se habría conducido igual: cómo olvidar que, cuando tuvieron la oportunidad de estar junto al Gobierno en un momento de crisis y drama nacional, se lanzaron a asaltar las sedes del PP en la infausta jornada de reflexión del 13-M.

Los populares no pueden seguir prestando ese apoyo incondicional a un Pedro Sánchez que ya ha demostrado sobradamente que no lo merece: es hora de forzar al PSOE a un cambio de estrategia. No será una decisión fácil para Pablo Casado, pero, aunque parezca que no prolongar este caótico y liberticida estado de alarma nos deja ante el abismo, lo que de verdad nos está conduciendo a él es este Gobierno incapaz con ínfulas totalitarias.

España, hacia un colapso histórico
Editorial El Mundo 1 Mayo 2020

Los efectos económicos de la emergencia sanitaria del coronavirus ponen a prueba la viabilidad de la economía global, pero amenazan con golpear a unos países más que a otros. La imprevisión, la insolvencia y la negligente gestión del Gobierno del PSOE y Podemos lastran la reacción a la pandemia en nuestro país. La dureza de las restricciones impuestas -respaldadas por el PP pese a la incapacidad de Sánchez para consensuarlas- y la extensión del estado de alarma, consecuencia de la ineptitud gubernamental para controlar la epidemia, abocan a la economía española a un hundimiento sin precedentes. Solo desde un viraje de la política económica, lejos de la radical carga ideológica de Podemos y de la mano de un partido de Estado como el PP, podrá el presidente del Gobierno reconducir una situación que ya está teniendo un impacto muy negativo en el conjunto del tejido productivo. Hay que garantizar la liquidez, respaldar a las empresas -incluidas las pymes y autónomos-, aliviar la presión fiscal en los sectores más deteriorados y ofrecer certidumbres para un retorno ordenado a la normalidad en lugar de ahondar en el caos y la confusión. Hay que hacer, por tanto, todo lo contrario que hasta ahora ha hecho el Ejecutivo.

Los datos hechos públicos ayer por el INE revelan el calado de un colapso histórico. El PIB se desplomó un 5,2% en el primer trimestre, el equivalente a 35.000 millones de euros. Esta contracción certifica la crisis desatada por la pandemia, pese a que el periodo analizado comprende solo dos semanas de confinamiento. Por tanto, el resultado del segundo semestre previsiblemente reflejará con más crudeza la hondura de la recesión. En todo caso, la caída registrada hasta marzo es la más elevada en la serie histórica del INE. Teniendo en cuenta que el PIB de Italia cayó un 4,7% en el mismo periodo, significa que nuestra economía ha empeorado de momento un 10% más que la italiana, pese a que este país padeció antes el parón por el virus. A ello se une la escalada del paro -antes de la crisis ya estaba en el 14%- y la falta de agilidad en los mecanismos habilitados. Resulta inaceptable que se sigan cobrando las cuotas a los autónomos o que Trabajo haya dejado pendiente de reconocer un millón de prestaciones por ERTE y despido.

El Banco de España adelantó que la caída del PIB en 2020 podría alcanza hasta el 13% en el peor escenario. La debacle seguirá agravándose mientras Sánchez no rectifique y desoiga a la patronal y al PP. La prioridad deber ser apoyar a las empresas, motor de la actividad productiva. Urge una concertación de amplio calado con el principal partido de la oposición y un giro hacia posiciones que, tras el auxilio del BCE, faciliten la recuperación lo antes posible. No caben parches en un contexto de recesión y de caída de precios. La intervención debe ser profunda y, al mismo tiempo, con bisturí para ajustar las medidas a las necesidades de cada sector. En caso contrario, el Gobierno conducirá al país al desastre y a la ruina.

El terrible desastre del PP como "partido de estado"
Nota del Editor 1 Mayo 2020

El PP siempre ha sido parte indispensable del problema. Que cuarenta años después estemos cayendo al abismo se debe a que el PP siempre ha desperdiciado los votos que se le confiaron. Lo único que puede hacer el PP es apoyar a Vox y conseguir la dimisión de los social comunistas con quienes es imposible tratar de defender España. El PP está tratando de aparecer como el que puede arreglar el desastre, haciendo márketing electoral, pero mientras no desaparezcan del espacio político los social comunistas y separatistas no hay esperanza. Hay que apoyar a Vox

Sin reacción ante el desastre económico
Editorial ABC 1 Mayo 2020

El desplome histórico del PIB en solo quince días hace prever un colapso económico sin que el Gobierno haya presentado un plan creíble y con visos de ser efectivo para evitar la ruina del país

Se acumulan las malas, malísimas, perspectivas económicas sin que el Gobierno sea capaz de ofrecer un horizonte mínimamente esperanzador a través de un plan económico creíble y capaz de atajar los devastadores efectos que la crisis del Covid19 está provocando en el sistema productivo del país. Dos nuevos nubarrones se conocieron ayer: el Producto Interior Bruto sufrió en el primer trimestre, y probablemente solo en las dos semanas de marzo del estado de alarma, un retroceso de más del cinco por ciento, el batacazo más severo desde que hay registros estadísticos. Paralelamente, España anotó, junto con Chipre, el mayor incremento en la tasa de paro de toda la Unión Europea durante marzo con respecto a febrero, ya que creció 9 décimas porcentuales y pasó del 13,6 por ciento al 14,5%, según informó la oficina de estadística comunitaria, Eurostat. Un dato ciertamente pavoroso que encaja con el resultado trimestral de la EPA, conocido en la víspera y que también fue desastroso aun sin contar con los millones de trabajadores afectados en estos cuarenta días por el ERTE.

Tan negro panorama, por tanto, merecería que el Gobierno hubiese dispuesto un plan nacional mucho más ambicioso que el anunciado al principio del estado de alarma, que ya se intuía corto pero que además no ha contado con las herramientas necesarias para que el acceso al crédito o a las ayudas fuera medianamente ágil ante el aluvión de peticiones por parte de autónomos y de afectados por los expedientes de regulación temporal de empleo. Hablamos, aproximadamente de siete millones de trabajadores desempleados o semiempleados en este momento, una auténtica escabechina laboral. A esta falta de reflejos -crónica en toda la gestión gubernamental de esta crisis- se une la incertidumbre que ha provocado el plan de «desescalada» por fases diseñado por el Ejecutivo social-comunista, fundamentalmente por su inconcreción y (cuesta entenderlo) por esa especie de improvisación que rodea a las medidas de vuelta a la actividad en algunos sectores. No es casual que el turismo, la hostelería, el comercio, la cultura y las principales cadenas hoteleras hayan mostrado su rechazo a los planes de «transición hacia la nueva normalidad» alumbrados por el Gobierno. La opinión generalizada es que no solo son insuficientes sino que en algunos casos son muy contradictorios.

Casi lo peor de todo, pues hay que reconocer que el futuro próximo está muy ligado a la evolución de la crisis sanitaria, es que el plan se ha elaborado sin contar con la oposición, ni las Comunidades autónomas ni muchos de los sectores afectados, que se han tenido que enterar de cómo iba a ser su regreso a la actividad por una comparecencia televisiva del presidente del Gobierno. En eso sí que Sánchez es campeón de Europa.

Entre el virus y el Gobierno...
Carlos Herrera ABC 1 Mayo 2020

¿Salir a la calle?, claro, quién dice que eso no sea lo deseado. Llevamos casi cincuenta días en casa y queremos recuperar nuestra vida, charlar con nuestros amigos, saborear una cerveza al sol de la primavera, pasear con nuestra familia, sentarnos en nuestra esquina favorita y visitar a nuestros mayores o a nuestros menores… pero afuera, en la calle, hay un virus criminal, un patógeno mucho más agresivo de lo que creíamos, lo que nos obliga a ser prudentes. No podemos abrir las puertas como las de un «saloon» del oeste y precipitarnos en estampida a la calle. Supongo que eso lo tenemos todos claro, y si no lo tenemos, lo que tenemos es un problema.

Cada día se muere una media de trescientas personas y se contagian -o se descubre que se contagian- unos cuantos miles, lo cual lleva a pensar que salir y abrazarnos y compartir una barra de bar abarrotada no es una buena idea. Inevitablemente, hay que poner orden. Hay que decidir cómo salimos, cuántos y de qué forma: no todos a la vez, no en un viva la virgen y no durante un número indeterminado de horas. Esa labor, que se corresponde esencialmente al desarrollo que seamos capaces de conseguir de nuestro sentido común, debe realizarla un gobierno, ese ente que está trufado de ministros, asesores, expertos, chupópteros, correveidiles y sacrificados funcionarios (por lo que se ve, podremos correr pero no andar rápido).

El Gobierno de España, que es uno pero que, en realidad, son dos, sabe que no tiene más remedio que ofrecerle a la gente un mínimo horizonte: yo os tengo metidos en casa pero sé que eso es insostenible por mucho tiempo, con lo que abro la mano. Y la abro, fundamentalmente, por dos motivos: el primero tiene que ver con la paralización de la economía y el hundimiento de todos los marcadores habidos y por haber; no podemos continuar sin generar actividad económica porque el agujero amenaza con ser cósmico. Si las empresas no facturan tampoco devengan, con lo que el Estado no recauda y resulta incapaz de afrontar todos los pagos a los que se ha comprometido, ERTE, pensiones, desempleo, gastos corrientes y demás. Si yo, Gobierno, propicio una vuelta con condiciones casi imposibles, obligo a que los pequeños empresarios decidan si operan o no; en el caso de que no lo hagan porque no les compense, les echo la culpa a ellos y digo lo que la vicepresidenta cuarta: «Si no están cómodos, que no abran». Inmediatamente, por supuesto, se les retira el ERTE ese que ni siquiera han sido capaces de administrar y pagar.

El segundo tiene que ver con la comparativa europea: en cuanto los españoles comprueben que toda Europa está ya en la calle en condiciones razonables para recuperar poco a poco su vida anterior, los ciudadanos girarán su mirada hacia el gobierno español y le preguntarán por qué los españoles somos los últimos en salir y los que mayor número de víctimas presentamos en nuestro tétrico balance. Esas son las dos razones que han llevado a Sánchez y familia a improvisar un plan que van detallando poco a poco, con muchas supuestas ideas que den la sensación de que están haciendo muchas cosas, aunque ninguna sea medianamente efectiva. Y es posible, incluso, que ni siquiera en el seno del mismo gobierno estén de acuerdo. Los chicos de Iglesias están por la continuidad del confinamiento, pero no por cuestiones sanitarias: lo hacen por destruir cuanto más mejor el sistema productivo español. Que lo privado deje de existir para, después, aparecer como el salvador que llega con sus regalías de rentas mínimas y otros inventos.

Debemos protegernos del virus. Sean muy prudentes. Pero también debemos protegernos de un gobierno incapaz, presidido por un embustero compulsivo y vicepresidido por un tipo que abriga las peores intenciones para con la democracia que conocemos. Contra el virus antes o después llegará una vacuna y un tratamiento efectivo. Contra esta otra maldición, solo cabe un milagro electoral.

Una desescalada a ciegas por la incompetencia del Gobierno
OKDIARIO 1 Mayo 2020

El Gobierno socialcomunista presume de comenzar la desescalada antes que ninguna otra nación -otra mentira más-, pero el plan por fases trazado por Pedro Sánchez es un compendio de vaguedades y de imprecisiones que parte de un situación de desconocimiento real de la situación. Conocer el número real de contagiados es clave para empezar la desescalada con la seguridad de que no se va a tropezar a las primeras de cambio. Y para eso, es indispensable saber aproximadamente cuántos ciudadanos están infectados y cuántos han superado la enfermedad. Esto es clave, pero el Gobierno empieza la desescalada a ciegas por la insuficiencia en la realización de test.

No hay que llegar primero, sino hay que saber llegar, como bien dice la letra de la popular canción de Vicente Fernández. Esa es la clave: no se trata de empezar la desescalada a toda prisa para ponerse medallas, sino que la fase de desconfinamiento depende de cómo estamos y de si tenemos suficientes certezas para confiar en que la apertura no se convierta en un ejercicio de alto riesgo. Y, ciertamente, desescalar a oscuras por culpa de la incompetencia del socialcomunismo que nos gobierna, es un peligro.

Ni el Gobierno ha sabido llegar ni parece saber cómo desescalar. Todo es una incógnita, porque el plan de Sánchez no es un plan pensado, sino improvisado a toda prisa para que España no fuera la última nación en comenzar el proceso hacia la «nueva normalidad». Por cierto, eso de la «nueva normalidad» es un oxímoron en toda regla, porque por definición la normalidad no puede ser nunca nueva. Otra cretinez más de un Gobierno que gestiona a base de frases supuestamente ingeniosas. La factoría de ideas de La Moncloa no cesa en su empeño de fabricar eslóganes, mientras el Ejecutivo exhibe una portentosa incapacidad e incompetencia.

Esta desescalada peca de la misma improvisación que ha caracterizado la acción del Gobierno durante toda la crisis sanitaria. En estas circunstancias, España emprende un salto al vacío. Crucemos los dedos.

Iglesias plagia al asesino Fidel Castro: sólo le faltó el chándal
OKDIARIO 1 Mayo 2020

Lo mínimo que se le puede pedir a alguien que presume de comunismo es que, al menos, adapte el lenguaje al nuevo escenario y no repita lo mismo que el dinosaurio comunista Fidel Castro dijo hace casi 60 años. No por nada, sino porque los tiempos han cambiado y el contexto es distinto. Plagiar al asesino Fidel Castro a estas alturas demuestra que el pensamiento totalitario del dictador comunista cubano permanece vivo en el ideario de Iglesias y unos cuantos nostálgicos, incapaces de entender que la política obliga a adaptar el mensaje a la nueva realidad. Si todo lo que tiene que ofrecer Iglesias es más de lo mismo, habrá que convenir que su pensamiento está más apolillado que el chándal del difunto dictador cubano.

En su interpelación de la diputada de Vox María Ruíz sobre la deficiente gestión del Ejecutivo en las residencia de mayores —competencia de Iglesias en el mando único de la crisis del coronavirus—, el líder de Podemos mostró su perfil más iracundo, calificándola de «miserable» y «parásito» y extendiendo tales insultos al resto de la bancada de Vox y sus votantes. Lo de los gusanos y los parásitos son conceptos que los dictadores comunistas gustan de manejar, tal vez porque nadie como ellos conozca el paño de lo rastrero. En ese ambiente, en la inmundicia, la extrema izquierda totalitaria se mueve como pez en el agua.

Por otra parte, que Iglesias copie a Castro -asesino de homosexuales, por cierto- no es ninguna novedad. Al fin y al cabo, los nuevos totalitarios beben de las fuentes del viejo totalitarismo, pero sorprende que el líder de Podemos, responsable en el Gobierno de la Agenda 2030, exhiba la Agenda 1960, año del famoso discurso del dictador comunista cubano.

En suma, que alguien que se presenta como el líder de una fuerza supuestamente transformadora y proyectada al futuro, actúa como un viejo carcamal y repite como un papagayo los mismos conceptos que en 1960 ya estaban pasados de moda. Que le seduzca Fidel Castro es natural, pero que clone sus proclamas revela hasta qué punto Pablo Iglesias necesita un estilista. A esto paso, ya lo verán, terminará por dar sus insoportables discursos en chándal.

Iglesias, negacionista
Emilio Campmany Libertad Digital 1 Mayo 2020

En su réplica a María de la Cabeza Ruiz Solás, Pablo Iglesias profirió terribles amenazas, dijo varias sansiroladas y nos endosó unos cuantos embustes. Entre éstos, algunos históricos. Dijo el vicepresidente segundo:

No habría democracia en Francia y democracia en Italia sin la acción de los comunistas de estos países, que son reconocidos como héroes de la patria.

Mentira. La prueba es que, cuando los nazis atacaron a Francia en 1940, los comunistas no movieron un dedo. Tenían órdenes de Stalin de no hacerlo y, a fin de cuentas, el invasor era un aliado de la URSS (pacto nazi-soviético de agosto de 1939). Sólo a partir de que Hitler invadiera Rusia en 1941 se avinieron los comunistas franceses a incorporarse a la Resistencia. Lo hicieron por defender no a Francia sino a la Unión Soviética; ni por la democracia, sino por implantar un régimen comunista cuando lograran expulsar a los nazis. En definitiva, deseaban para Francia el destino que tuvieron Polonia y Hungría. Y podrían haberlo conseguido de no haber sido por los norteamericanos y los británicos.

En Italia, los comunistas no se opusieron seriamente al fascismo hasta después de haber caído éste a consecuencia del golpe de Ciano posterior al desembarco de los aliados en Sicilia. Y cuando empezó la guerra civil que desde el verano de 1943 asoló el país, los comunistas no combatieron para conseguir ninguna democracia, sino una dictadura comunista. Su objetivo era que la Península acabara como acabaron Checoslovaquia o Rumanía. También en este caso fracasaron gracias a la intervención estadounidense.

Si en ambos países los tienen por héroes es porque así esconden el mucho colaboracionismo que hubo en los dos, pero es sabido que ningún comunista habría vertido una sola gota de su sangre por la democracia. Todos combatieron y en su caso murieron por el ideal de someter sus respectivas naciones a la dictadura de la hoz y del martillo.

Cuando Iglesias afirma que sin los comunistas no habría democracia en Francia y en Italia, miente a sabiendas, porque él sabe muy bien que esos dos países disfrutan de una democracia muy a pesar de los comunistas y no gracias a ellos. Si algún amor sintieron éstos, no fue por su patria, ni por la libertad ni por la democracia; fue por la URSS, el comunismo y el bolchevismo.

La actitud de Iglesias es rigurosamente negacionista. Le revela como una especie de David Irving de izquierdas empeñado en ocultar cuán antidemocrático y criminal es el comunismo que abraza y se propone imponer. En definitiva, Iglesias recurre a la mentira para esconder la inmundicia que él y los suyos representan.

Que en un momento concreto de la Historia la democracia y el comunismo tuvieran al mismo enemigo no hace que ambos sean la misma cosa. Cuando Hitler invadió la URSS, Churchill dijo, para justificar su alianza con Stalin, que si Hitler invadiera el Infierno, él tendría en la Cámara de los Comunes unas palabras en defensa del Diablo. Por supuesto, pero no por eso dejaba de ser el Diablo. Y su régimen, un infierno.

Universidad y miseria política
Pío Moa gaceta.es 1 Mayo 2020

PSOE, historia criminal: El PSOE, al borde de la escisión después del fracaso de su insurrección de 1934: https://www.youtube.com/watch?v=S887Ra6Xu3k
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Has dicho varias veces que hablar de los políticos te daba verdadera repugnancia. Sin embargo no cesas de hablar de ellos. ¿Masoquismo?
No perdería un minuto hablando de ellos si sus actos no repercutiesen sobre todo el mundo. Personalmente incluso me amenazan de cárcel esos delincuentes con sus leyes basura.

Parece que los políticos, desde la transición, han sido una auténtica calamidad, según tu punto de vista. ¿Cómo pudieron, entonces, pasar del franquismo y montar una democracia que se mantiene? Y también se mantiene España, a pesar de los vaivenes y crisis. ¿No es normal que en política siempre ocurran esas cosas? ¿Acaso no ocurren en todos los países?

Por partes. Los políticos que hicieron la transición, exceptuando a Torcuato Fernández Miranda, no tenían nada de estadistas, piense en Suárez, en Juan Carlos, en González, etc. etc. Se arrogaron unos méritos históricos, gigantescos, como si hubieran realizado un trabajo de Hércules, cuando todo les venía rodado desde el franquismo, desde la sociedad creada en el franquismo. Y con tales ventajas lo hicieron muy mediocremente. Y no fue eso lo peor. Se trataba de algo nuevo, y era normal cometer errores serios. Lo peor es que esos errores no se corrigieron, sino que no han cesado de profundizarse desde entonces. Si España se mantiene es por la inercia histórica creada por el franquismo. Y es cierto que la política está siempre llena de turbulencias, aquí y en todas partes, que se pueden soportar, siempre que no dañen el marco nacional y político. En España ese marco está seriamente dañado. España se mantiene, con dificultades, pero la democracia no.

Eso de que no existe democracia me parece que choca con muchas evidencias. Usted mismo puede hablar y escribir con libertad en diversos medios, y nadie le ha metido en la cárcel.
Ya hubo una campaña para encarcelarme, y en muchos medios me han vetado, aparte de que la ley de memoria histórica es una espada de Damocles sobre las libertades políticas e intelectuales. No es una cuestión personal. Quedan restos de democracia, es cierto, pero solo restos. Un régimen con leyes totalitarias no es una democracia. Un régimen cuyas oligarquías financian los separatismos atenta con sus bases mismas, como alguien sentado en una rama que él mismo está aserrando. Un régimen con la justicia politizada no es una democracia.

También se le puede objetar que en todos los países los políticos han sido objeto de críticas y descalificaciones por unos o por otros. Cosa normal, en democracia.
Usted debería preguntar: ¿por qué España, desde las guerras napoleónicas, ha contado con unas oligarquías de quinta división, con poquísimas excepciones? En todas partes la media es mediocre, con algunas figuras sobresalientes. Pero aquí, descontando la figura realmente egregia de Franco, ha habido muy pocos de un nivel algo alto. ¿Por qué? Mi tesis es que el fenómeno está emparentado con el decaimiento de la universidad. En Nueva historia de España he querido destacar ese factor, que casi ninguna historia tiene en cuenta. Donde se forjan los políticos es en la universidad o en las escuelas superiores. La decadencia de España se puede medir por la de su universidad. Esto es algo que no se ha comprendido nunca. Y ahora tenemos una universidad cuyo valor se revela en su aceptación de una ley totalitaria, falsaria de raíz y generadora de opinión y de políticos a ese nivel.

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La ‘freak parade’ del separatismo catalán
Sergio Fidalgo okdiario 1 Mayo 2020

El procés separatista ha encumbrado a una serie de personajes que, en circunstancias normales, no tendrían ningún tipo de repercusión pública, pero que gracias al fanatismo del independentismo catalán han conseguido destacar gracias a su afición a la ‘adhesión inquebrantable’ y al ‘prietas las filas’. En momentos de agitación histórica se prima más la obediencia debida que la capacidad, y la ‘freak parade’ del secesionismo ha crecido de manera exponencial a medida que los mantras más radicales, como el ‘España nos roba’, ‘España es una dictadura’ o el ‘España nos mata’, se han convertido en la hoja de ruta del independentismo.

Al frente de la ‘freak parade’ está Quim Torra, un personaje del que (casi) todo está dicho. Este miércoles el ex senador de Podemos Óscar Guardingo dio una definición del inhabilitado ‘president’ que es digna de reseñar: “Cuando quieres ser Dencàs o Maurras, pero la gente te ve como Mister Bean”. Esta descripción venía de una foto oficial de Torra en la que, teóricamente, estaba hablando por teléfono con Jan Jambon, el presidente de la región belga de Flandes, pero que ampliando la imagen se veía que en el móvil no había ninguna llamada en curso. Una anécdota que, en el caso de este personaje, se convierte en categoría. Nunca hemos de olvidar que Torra era el número 11 de la lista de JxCAT por Barcelona en las elecciones autonómicas de 2017, y que fue escogido a dedo por Carles Puigdemont porque aceptó llevarle el botijo y decir “amén” a todo lo que se ordenara desde Waterloo.

No menos destacable en la ‘freak parade’ secesionista es Josep Costa, vicepresidente primero de la cámara autonómica, el máximo cargo de JxCAT en este parlamento, y que es un fanático de manual. Los constitucionalistas que tiene la desgracia de tener trato con él están hartos de su mente cerrada y de sus posturas radicales. Además, tiene la virtud, como Torra, de caer en el “Mr. Beanismo”. Esta semana hizo furor en la política catalana como se puso, en medio de una reunión telemática de la Mesa del Parlament, a negociar con Joan García (Cs) para hacer la puñeta a Roger Torrent (ERC), presidente de la cámara. Llamó al dirigente ‘naranja’ por teléfono, apagó el altavoz del ordenador, pero no el micrófono. Costa pensaba que nadie le oía, y Torrent disfrutó de su ‘conspiración’ en directo.

Otro ‘genio’ de la política mundial es Joan Canadell, el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, al que el separatismo más radical querría ver como ‘president’ de la Generalitat. Su gran aportación a la economía de las empresas a las que debería servir son sus tuits. Entre ellos, que sin duda servirán para ampliar la cuota de mercado de los emprendedores asociados a la cámara, está el “España es paro y muerte” o el “la España vaciada”, para comentar que Madrid era la comunidad autónoma con más muertos por coronavirus.

Y no nos dejemos en esta lista de honores a una de las grandes “heroínas” del separatismo, la ex ‘consellera’ de Educación Clara Ponsatí. La que fue máxima responsable de la enseñanza en Cataluña pasará a la historia de los comportamientos miserables con su tuit “De Madrid al cielo”, en el momento que la epidemia golpeaba con más dureza en la capital. Lo sorprendente es que Ponsatí goza en Escocia de cierto renombre en los ambientes académicos, y fue directora de la Escuela de Economía y Finanzas de la Universidad de Saint Andrews. Tomen nota por si alguno de sus hijos quiere ampliar estudios en el Reino Unido, porque si en ese centro dan credibilidad y prestigio a ‘personalidades’ de este tenor, que no les sorprenda en lo que puedan hacer con su prole.

Oriol Junqueras y sus tesis sobre que los catalanes tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles merecen algo más que un párrafo en una columna, merecen un libro. Porque ERC también ocupa un lugar de honor en la ‘freak parade’ separatista.

 


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