AGLI Recortes de Prensa   Domingo 3 Mayo  2020

Una gran depresión, sin contemplaciones
Jesús Cacho. vozpopuli  3 Mayo 2020

Las ministras Nadia Calviño y María Jesús Montero reconocieron urbi et orbi este viernes lo que era un secreto a voces: que, como Thelma & Louise en la escena final de la película de Ridley Scott, España se encamina directamente hacia el abismo de una gran depresión económica, la mayor de su historia reciente, comparable, según algunos, a la provocada en 1898 por la pérdida de los últimos restos del imperio colonial, o a la ocasionada por la tragedia de la Guerra Civil. Hasta aquí llegó el famoso Gobierno de coalición social comunista que pretendía cambiar España del revés y que ha ido a tropezar, casi recién iniciada su aventura, con el imprevisto de una pandemia llamada a situarlos, más pronto que tarde, en un renglón a pie de página en la historia de la democracia española. Por boca de las ministras, el Gobierno reconoció que el PIB caerá este año un 9,2%, que el déficit público llegará al 10,34% (un agujero presupuestario de 115.600 millones), que la deuda pública se situará en el 115% y que la tasa de paro cerrará el año en el 19% desde el 13,8% en que acabó 2019. La depresión ya es oficial.

El cuadro macroeconómico (ver la brillante crónica de Alejandra Olcese) contenido en el Programa de Estabilidad remitido a Bruselas en la tarde del jueves no puede ser calificado sino de terrorífico, a pesar de que las estimaciones, de una inconsistencia manifiesta en alguno de sus puntos, son francamente conservadoras y chocan con la opinión de no pocos analistas convencidos de que las cosas -la tasa de paro prevista, por ejemplo- irán bastante peor de lo anunciado. Fueron muchas las voces que avisaron. Muchos los consejos de quienes argumentaron que con una economía en desaceleración y un entorno mundial inestable, la tarea prioritaria de un Gobierno responsable consistía en garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas mediante un plan de contención del déficit y de recorte de la deuda de las administraciones. Muy al contrario, el Gobierno de Pedro & Pablo se embarcó en una política de gasto público y de presión impositiva sobre particulares y empresas que no solo no corrigió los desequilibrios existentes sino que aumentó la vulnerabilidad de nuestra economía ante la aparición de cualquier perturbación grave. La pandemia ha llegado para poner de manifiesto la ausencia de margen de maniobra del Tesoro para asumir mayor endeudamiento, contando además con la presión adicional de ese Ingreso Mínimo Vital que el país tendrá que asumir por razón de justicia para no dejar en la cuneta a los más desfavorecidos.

La peor tormenta con el peor Gobierno imaginable. Para intentar poner coto a la pandemia, Pedro & Pablo han tenido que parar el país y no han sabido ni salvar vidas ni evitar la debacle económica. Las consecuencias de una crisis de extraordinaria gravedad se han visto agravadas por las obsesiones ideológicas de una pareja muy alejada de los valores de cualquier socialdemocracia de curso legal. En realidad, todo en Pedro & Pablo desborda lo ideológico para entrar de lleno en el terreno de la incompetencia. Lo suyo es un problema de desconocimiento de la materia. Ahora no tienen salida, salvo la tentación suicida de hundirse con la nave. Porque sus intereses ideológicos les impiden adoptar las decisiones necesarias para evitar la bancarrota. Es cuestión de tiempo que ambos tengan que saltar por la borda para ponerse a salvo del terrible juicio de la historia y, quizá también, de la cárcel.

Es la ideología la que frena la obligación inexcusable de levantar cuanto antes el confinamiento para poner en marcha la economía, asunto de vital importancia para mitigar en lo posible la profundidad de esta recesión. Nos han vendido una ininteligible desescalada en fases (“hemos puesto en marcha un plan para poner en marcha el país”, dijo nuestro Groucho Marx), objeto de las risas de medio país, obligados por la toma de decisiones de los países vecinos y porque Sánchez está cómodo con un estado de alarma que le permite poner su culo a recaudo de un rebrote de la pandemia y porque, además, gobernar por Real Decreto con poderes extraordinarios mantiene viva la esperanza, la suya y la de su socio, que tanto monta, de esa agenda izquierdista con la que pretendían hacer tabla rasa del régimen del 78. Enfermizas fijaciones que han quedado reducidas al sueño de una noche de verano ante la brutalidad de un hundimiento que, ahora sí de verdad, nos sitúa en el escenario de una economía de guerra.

Calviño y Montero rasgaron el viernes el velo de opacidad que envolvía la política de este Gobierno de ocultar la realidad de lo que se avecina a la ciudadanía, para mantenerla en la ficción de que todo estaba bajo control, se trataba de una experiencia dura, desde luego, pero que estará superada en dos o tres meses. Todos de vacaciones en agosto y aquí no ha pasado nada porque, además, el BCE corre con la cuenta del monumental estropicio. Ahora ya sabe todo el mundo lo que tenemos por delante. Unos pocos meses para hacer de su capa un sayo con los socios europeos ocupados en sus propios problemas, que no son pocos, y la obligación más pronto que tarde de recurrir al MEDE, poco dinero, y seguir financiando el gasto gracias a las compras masivas de deuda del BCE (un mecanismo que estallará algún día, Dios nos coja confesados, porque no es posible que la masa monetaria siga creciendo a galope tendido sin que la inflación se dé por enterada), pero que en algún momento colapsará, seguramente cuando a finales de año el norte de Europa empiece a remontar el vuelo, momento en que nuestros socios no tendrán más remedio que poner orden en nuestras finanzas.

Todo depende de Europa
Llámenlo rescate. Porque ese Plan de Reconstrucción (Calviño lo denomina de “Recuperación”) a que aspira Sánchez (“un Plan Marshall comunitario”), que estaría dotado con hasta 1,6 billones y que nuestro brillante gañán entiende como un maná en forma de subvenciones directas (“nada de préstamos”), es decir, gratis total, llevará obviamente aparejada en caso de concretarse una fuerte condicionalidad materializada en un plan de ajuste que impondrá fuertes sacrificios a la sociedad española y le obligará a aceptar un notable descenso de su nivel de vida. Ayer, en otro mitin político en el que exhibió hipocresía y cinismo en sus dosis habituales, ello al día siguiente de haber superado la barrera de los 25.000 muertos, que se dice pronto, el personaje presumió de “recuperar riqueza y empleo en dos años”, de modo que le van a sobrar la mitad de los “cuatro años de legislatura que tenemos por delante para reconstruir este país”. Naturalmente, siempre que la UE, con Mark Rutte al frente, aparezca inopinadamente por el Paseo de la Castellana con la manguera de los euros en ristre.

No hay plan alternativo que valga. Si la crisis de 2008 necesitó de cuatro años de duro ajuste para volver al PIB previo, la que ahora se viene encima no requerirá de menos de seis, y desde luego no serás tú, Pedro, quien encabece esa travesía del desierto, porque lo contrario sería desafiar no ya las reglas de la política sino incluso las de la física. Como se dijo aquí el jueves, será Iglesias quien primero se apee de la chalupa a punto de hundirse cuando el ajuste obligue a recortar gasto en todos los renglones del Presupuesto, y ese será el momento en que el caballero habrá llegado al final de su aventura política. Este diario contó en la tarde del viernes, con la firma de Gabriel Sanz, que “Felipe González impulsa un Gobierno monocolor del PSOE con apoyo del PP”. Felipe y Aznar, cada uno desde su orilla, tratan de impulsar ese acuerdo PSOE-PP que resultaría imprescindible para aminorar la dureza del socavón que nos aguarda. Ninguna solución parece posible, sin embargo, con Sánchez al frente del Ejecutivo.

En realidad, el reconocimiento público de la quiebra financiera del Estado realizado el viernes por Calviño y Montero es quizá la última oportunidad de que va a disponer Sánchez para cambiar de socio e intentar una rectificación de última hora. No lo va a hacer por miedo (“vienen a por mí”), por ideología y porque él siempre ha sido un hombre de facción, un tipo que funciona bien a la contra (contra Susana, contra Rajoy o contra el lucero del alba), pero que está en las antípodas del hombre de Estado capaz de pensar en el bien común y en gobernar para la mayoría. “Podemos hundirnos, pero nos llevaremos un mundo con nosotros”. Toda la presión sobre un Pablo Casado que deberá pensar muy seriamente si concederle una nueva prórroga del estado de alarma, y más después del chantaje deslizado ayer en el Aló presidente. Es vital acabar con el confinamiento para poner la economía en marcha cuanto antes. Portugal acabó ayer con el estado de alarma. Y así estamos, cuatro años ya uncidos al yugo de un personaje menor cuya soberbia y ambición sobrepasa lo imaginable en política. A los barones del PSOE tenemos que agradecerles que no enterraran su cadáver político después de haberlo ajusticiado en el otoño de 2016. A Rajoy y sus sorayos tenemos que darles las gracias por haberle servido el poder en bandeja. Esta es la España que hemos heredado y aquí están las consecuencias.

Torrente Sánchez
EDUARDO INDA okdiario 3 Mayo 2020

Coinciden unánimemente los historiadores ingleses en que lo que salvó de la invasión del Satanás nazi a una isla perdida en el mapa, aislada de todo, más sola que la una, fue la determinación de un líder cuya clarividencia y firmeza frente a la adversidad fueron providenciales. Sir Winston Churchill tuvo claro antes que nadie en Reino Unido que pactar con el diablo con la imbécil estrategia del apaciguamiento sería un desastre que acabaría como el rosario de la aurora. “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor y ahora tenéis el deshonor y la guerra”, le soltó en 1938 al que luego sería su antecesor, Neville Chamberlain, en una memorable sesión del Parlamento británico. El angloamericano nacido en el Palacio de Blenheim ganó no sólo porque el bien moral estaba de su lado. También porque todas las decisiones que tomó, basadas en el sentido común y en la formidable ética protestante, las llevó hasta el final y porque su inconmensurable carisma levantó la moral de una nación que veía hasta su llegada a Downing Street cómo el enemigo, más fuerte y mejor preparado, avanzaba imparable. Llevó sus ideas hasta el final y ganó siendo recordado como el británico más importante de todos los tiempos y como el político número 1 de la historia por haber librado al mundo de la tiranía. Dios quiso que el hombre adecuado estuviera donde debía estar en el momento oportuno.

Pedro Sánchez se parece a Churchill en el blanco del ojo y poco más. En talento es como comparar a una hormiga con un león. En carisma están a años luz: el uno va por la vida cual matón de discoteca y el segundo es el orador motivacional por excelencia. El primero hace que sus conciudadanos entren en modo pánico, el segundo insufló moral en cantidades industriales a los suyos cuando parecía que el mundo, la libertad y su tan admirable como democrática historia se acababan de manera irremediable. El madrileño robó su tesis doctoral y el londinense estudió en la Academia Militar más prestigiosa del planeta, Sandhurst, siendo el octavo de los 150 alumnos de su promoción. El de allá siempre decía la verdad porque en el Reino Unido hay algo peor incluso que la corrupción: la mentira. El de acá miente más que habla y no creo que sea por inmoralidad sino porque es un amoral de tomo y lomo. No conoce la diferencia entre el bien y el mal.

En la peor situación imaginable, los británicos tuvieron al mejor. Salvando las distancias, nosotros tenemos al peor de la clase en el momento más grave desde esa Guerra Civil que se llevó por delante la vida de más de medio millón de españoles. Sánchez es como ese Buster Keaton de El Maquinista de la General, un tipo alocado que no tiene pajolera idea de cómo se maneja el cuadro de mandos y que resuelve todos los incidentes sobrevenidos metiendo más carbón a la caldera. Un inútil integral que encima se cree el más listo del barrio. Una suerte de José Luis Torrente, el celebérrimo policía de Santiago Segura, que unas veces es más malo que la quina, otras el más chapucero y siempre el más corrupto por acción u omisión. Y que, además de todo eso, se le llena la boca de una palabra, democracia, que en el fondo detesta porque su único objetivo en la vida es imponer su sacrosanta voluntad. Por las buenas o por las malas.

La verdad es que todo está siendo una colosal chapuza modelo Torrente, lo cual invitaría a la carcajada si no se hubieran perdido ya más de 40.000 vidas. Nada les sale bien. Además imparten casi a diario lecciones de maldad que harían saltar escandalizado al mismísimo Belcebú. Malvado, y mucho, resulta un Gobierno que desoye las advertencias de la Organización Mundial de la Salud en enero y en febrero, que pone de patitas en la calle al jefe de Riesgos Laborales de la Policía por osar aconsejar la prohibición de aglomeraciones a principios de año y que pasó de hincarle el diente al drama que se nos venía encima porque había que celebrar el 8-M como fuera. Al precio de provocar el contagio de decenas de miles de personas, incluida la mujer del presidente del Gobierno, su madre, su suegro, la vicepresidenta Calvo y las ministras Darias y Montero.

La maldad no acabó en esa suicida resolución de mandar a esparragar a los expertos y desoír las obviedades sanitarias que clamaban a gritos los que saben de la cosa. Ahora estos fascistoides aprovechan para hacer de la necesidad del estado de alarma, vicio. Vicio en la restricción de libertades civiles. La persecución a los “desafectos [general Santiago dixit]” en las redes sociales nada tiene que envidiar a la de los disidentes de Putin en Rusia o a los enemigos de Erdogan en esa Turquía que va camino de que no la reconozca ni Atatürk. La detención de un analfabeto pobre hombre que había tildado de “hijo de puta” a Pedro Sánchez en Facebook indica el derrotero que está tomando todo. Como decidan llevarse palante a todos los españoles que se acuerdan de la parentela del presidente tendrán que construir, como mínimo, 30.000 cárceles más. Este sábado por la mañana la Policía, que cumple estas órdenes cagándose en todo lo cagable, multaba a todos los automovilistas y motoristas que circulaban por La Castellana portando una bandera de España con la excusa de que la manifestación contra el dúo Sánchez-Iglesias no había sido autorizada.

Por no hablar de la práctica desaparición del principio básico en cualquier Estado de Derecho que se precie: la presunción de inocencia. En apenas 15 días, el Gobierno ha llamado “asesinos maltratadores” a dos hombres que luego han sido puestos en libertad sin cargos. El primero acusado con el dedo índice de Grande-Marlaska fue un vallisoletano. El segundo, natural de Corbera del Vallés, fue apuntado por la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, la podemita Victoria Rosell, y el mismísimo presidente. Finalmente, ha quedado en libertad sin una sola imputación por parte del juez. Lo más grave de todo es que tanto el ministro del Interior como Rosell son ¡¡¡magistrados de carrera!!! Lo cual incrementa exponencialmente el miedo a un Ejecutivo en el que el virus bolivariano avanza sin prisa pero sin pausa.

José Luis Torrente es un corrupto y este Gobierno de España no le va a la zaga. ¿Me puede alguien explicar cómo se puede otorgar un contrato de 17 millones de euros para comprar test a una empresa que no tiene pajolera idea en la materia porque se dedica a fabricar e importar cremitas, óvulos vaginales, geles íntimos, productos anticelulíticos y vigorizantes sexuales? ¿Qué carajo tiene que ver esto con test para detectar un proceso viral tan grave como el coronavirus? ¿Por qué nadie ha ido al juzgado de guardia cuando se ha comprobado que los test que vendieron al Ministerio de Sanidad eran más falsos que Judas? ¿O por qué nuestro Ejecutivo adquiere batas para el personal sanitario en China a un precio 66 veces más caro —sí, han leído bien, 66— que el de los proveedores españoles? Un cante jondo teniendo en cuenta que vienen del paraíso de los precios baratos y no de la tienda de Hermès en la milla de oro madrileña. ¿O por qué no actúa de oficio la Fiscalía Anticorrupción tras quedar acreditado que el señor Illa ha adquirido un millón de hisopos para la lucha contra el Covid-19 a una sociedad que, tal y como indica el BOE, tiene “dirección desconocida”? Esto huele a sobre-cogedores que apesta. Pero, de momento, no pasa nada, ni nadie de la oposición ha dicho esta boca es mía. Continúan en Babia…

La chapuza y la chusquez también hermanan a Pedro Sánchez con el agente Torrente. El martes anticipó que las terrazas de bares y restaurantes podrían abrir pero sólo con el 30% del aforo. Ayer, donde decía “digo”, dijo “Diego”, afirmando que finalmente será un 50% de la ocupación total autorizada habitualmente. Hace cinco días apuntó que en la fase 1 no podría haber reuniones en domicilios particulares y ahora que sí con un máximo de 10 personas. La incongruencia de esta banda era tal que permitía verte con tus padres, con tus hermanos o con tus amigos en un bar tomando unas cañas o en un restaurante poniéndote tibio pero no en tu hogar. Lo de permitir salir a hacer deporte también es de coña, ya que prescribe taxativamente que sea de manera individual. ¿Y si una mujer quiere hacer running por su barrio a las 22.00 horas, porque antes está trabajando, tiene que ir sola exponiéndose a que cualquier depredador sexual la asalte? Eso sí, si vas a caminar puedes ir en pareja como la Guardia Civil. ¿Estamos todos locos? ¿Y qué me dicen de esa otra chorrada que invita a salir a pasear con tus hijos pero no con tu pareja? Vamos, que el progenitor de todos nuestros vástagos, Pedro Sánchez, nos devuelve a la vieja disyuntiva del “o con papá o con mamá”.

Lo de los hoteles no tiene nombre. En la fase 1 permite tener los hoteles abiertos, lo cual estaría muy bien si no fuera porque hasta la 3 no se permitirá viajar entre provincias. Lo cual induce a pensar que sólo se alojarán en los hoteles los ciudadanos y ciudadanas que quieran echar una canita al aire o irse de meretrices. Como me enfatizaba el martes por la noche un conocidísimo hotelero: “Estos tíos no tienen ni puta idea”. Pues eso. Lo que le faltaba a un sector turístico (12% del PIB, 144.000 millones de facturación al año) contra las cuerdas, al borde de la suspensión de pagos y el concurso. A muchos les resultará más rentable permanecer cerrados que franquear sus puertas.

Podríamos seguir hasta el Día del Juicio Final desgranando las chapuzas, las corruptelas y los tics totalitarios de este Gobierno. Pero tampoco es cuestión de darles lo que resta del fin de semana ni sumirles en una depresión aún más profunda. Sí es menester recordarles la necesidad de mantener la moral alta y seguir rebelándonos contra el peor Gobierno que nos pudo caer en desgracia en el peor momento de nuestra historia reciente. Un Ejecutivo que, como solía apuntar Fraga con el de un Felipe González, que es CR7 al lado de Sánchez, sólo acierta cuando rectifica. Una banda a la que hay que echar democráticamente antes de que España acabe económicamente en el Segundo Mundo, democráticamente en el Tercero y sanitariamente en el Cuarto. Ahora sólo queda ver qué líder nos lleva a la victoria sobre este imperio del mal, la chapuza y la corrupción. Será el primero que se atreva a decir “¡hasta aquí hemos llegado!” al Torrente monclovita. Liderazgo, ésa es la cuestión.

DESPLOME HISTÓRICO
El Gobierno reconoce la catástrofe económica.
Juan E. Iranzo rebelionenlagranja 3 Mayo 2020

El Gobierno en la actualización del Plan de Estabilidad ha reconocido oficialmente el desplome histórico de la economía española. Estima que nuestro PIB se contraerá un -9,2% a lo largo del año 2020; lo que representa la mayor caída con creces de la serie histórica del PIB, puesto que solo en el año 1936, comienzo de la Guerra Civil, la Renta Nacional cayó con más intensidad, un -22,5%. Este año se contraerán todas las partidas del PIB desde el lado de la demanda, excepto el gasto público, siendo especialmente intensas las caídas previstas del sector exterior y lógicamente de ia Inversión. Según el Gobierno este descalabro económico situará la tasa de paro en el 19% de la población activa, es decir, en unos 4,4 millones de parados. Asimismo, estima una elevación del gasto público y una disminución significativa de los ingresos públicos, por lo que el déficit público se situará en el -10,34% del PIB; lo que obligará ha incrementar la deuda pública hasta situarla en la cifra récord de 115,5% del PIB; nivel jamás alcanzado en los últimos cien años.

Sin embargo, la realidad puede ser todavía más negativa, puesto que durante el primer trimestre nuestra economía cayó un -5,2% con tan solo una quincena afectada por el Estado de Alarma y el confinamiento de la población; durante el segundo trimestre se estima que la caída será de al menos un -20%. La incertidumbre y retraso en la deshibernación de nuestra economía, así como la pérdida de la mayor parte de la campaña turística de verano, impedirá una mejoría significativa de la actividad con lo que caerá un -13%, y la tasa de paro puede situarse en el 26% de la población activa. También el déficit público será mayor del previsto por el Gobierno, del orden del -13% del PIB, con lo que la deuda pública viva, al final del presente año se podría acercar al 120% del PIB.

La recuperación, según la vicepresidenta Nadia Calviño, se produciría en forme de V asimétrica. El Gobierno estima que la economía española crecerá un 6,8% en 2021, espoleada por un aumento del consumo privado del 4,7%, de la inversión un 16,7%, y de las exportaciones un 11,6%. Sin embargo, el aumento del paro, la pérdida de rentas y las expectativas negativas que favorecen el ahorro precaución, hacen imposible que el consumo de las familias crezca más de cuatro veces de lo que lo hizo en el 2019 antes de la pandemia. Con un escenario con pocas perspectivas y destrucción de parte del tejido productivo, no resulta nada lógico que la inversión crezca un 16,7%, la más alta en muchos años. Tradicionalmente la economía española ha superado sus crisis a través de las exportaciones, pero en esta ocasión es muy difícil que el año próximo las exportaciones de bienes y servicios crezcan un 11,6%, puesto que el mercado internacional apenas lo hará y además llevamos un importante retraso en la normalización de nuestra producción frente a nuestros competidores por lo que estamos perdiendo cuota de mercado.

En definitiva, es muy difícil que el PIB español crezca más de un 4% el próximo año, por lo que en el mejor de los casos nuestra recuperación será según el logotipo de NIKE y se puede prolongar hasta el 2023. Además si no se aplican políticas económicas coherentes y ortodoxas existe el grave peligro de que la situación tenga forma de L, es decir, sin recuperación a corto plazo con lo que el sufrimiento económico de la sociedad española se podría alargar.

España huele a Grecia, y Europa, Trump y los inversores lo saben
María Jesús Pérez ABC 3 Mayo 2020

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Casi un refrán popular que podría funcionar a favor, pero que en la mayoría de las ocasiones rema en contra en cualquier situación. Algo que, por cierto, tiende a hacerse nefastamente viral en aquellas personas inyectadas de un narcisismo extremo. Pero es más, si un narcisista de cuna se siente avalado y aupado por otro que tiende al mesianismo más radical, tenemos como resultado un cóctel explosivo de caracteres que complica y cronifica cualquier realidad que gestionen uno junto al otro. Aunque sea una realidad paralela y solo la vean ellos.

Y en esas estaban en Grecia cuando les estalló de lleno la anterior crisis de 2008 -con la pareja política del momento: Tsipras y Varoufakis, presidente del Gobierno y ministro de Economía, respectivamente-, y en esas tiene toda la pinta que estamos ya en España, con nuestro particular tándem romántico de similar ideología -visto lo visto-, Sánchez-Iglesias gestionando una crisis sanitaria de inmensidad aún incalculable, con repercusión económica de idéntica e inimaginable magnitud aún. Ambos países, gobernados -en distintos momentos de la historia eso sí, pero vapuleados por las fatales consecuencias de una crisis global sin miramientos-, por un narcisista elevado a la máxima potencia y por un mesiánico que ha sabido epatar y oler la necesidad de aplauso continuo de aquel, aprovechando el caldo de cultivo creado por una sociedad -al menos gran parte de ella- abducida por el espectáculo, las redes sociales y los platós. Una venda en los ojos que les impide concentrarse en elaborar la respuesta adecuada para los problemas reales a los que se enfrentan. A todo esto, ¿hablábamos de los helenos o de los españoles? Tanto monta...

Rememorando tiempos pasados, y buceando en las cifras económicas que surgieron de la crisis, Grecia llegó a acumular -desde 2008- hasta seis años de tasas negativas en su crecimiento, si bien fue en 2011 cuando registró el mayor descenso de su PIB, del -9,1%. Europa entonces tuvo que hacer acto de presencia y rescató al país hasta en tres ocasiones, en 2010, 2012 y 2015. En total se desembolsaron 203.770 millones de euros, aportados por el MEDE y el FMI (¿les va sonando la cosa?), que bajo una estricta y exigente supervisión y control tutelar de la gestión del país, con condiciones rigidísimas de obligado cumplimiento, sirvieron para recuperar la economía helena, recapitalizar al conjunto de su sector financiero y restablecer «parte» de la confianza perdida. Los llamados y temidos «hombres de negro» de la todopoderosa Troika -compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- se infiltraron directamente en las tomas de decisiones del Gobierno griego hasta agosto de 2018, y el resultado es que hoy el país cuenta con superávit en las cuentas públicas y su economía crece, aunque aún muy tímidamente.

¿Y el mientras tanto? Pues, los helenos lo saben muy bien, un auténtico calvario. Perdieron más de un tercio de su riqueza, el desempleo escaló hasta el 28%, la deuda se disparó hasta cerca del 200% del PIB griego, el número de quiebras de pymes se multiplicaban, y todo tras sufrir hasta cerca de una quincena de recortes en las pensiones, en los sueldos y empleos públicos, e infinidad de subidas de todos los impuestos que se pudieran imaginar. Y todo ello de la mano de Alexis Tsipras, que vio cómo su segundo económico, Yanis Varoufakis, decidía abandonar el barco, más presionado desde Bruselas por sus continuas provocaciones y amenazas de no cumplir con lo pactado, que por motu proprio. Nada es gratis en Europa. Si España fuese por ejemplo Alemania u Holanda, ¿regalaríamos a fondo perdido el capital prestado? Solidarios, todos hasta que nos meten la mano en nuestros bolsillos. Y el dinero de Europa es para lo que mande... Europa. Si no, no hay fondos que valgan. Y provocaciones, las justas. Experiencia con populismos y rebeldes ya han tenido, y los resultados son los que son.

De momento, el Gobierno ha mandado a Bruselas nuevas y demoledoras perspectivas económicas que hacen presagiar un futuro con tintes helenos y de similar impacto sobre los españoles. Más si cabe descontando que desde hace semanas Sánchez y «cía» fían todas las ayudas y el gasto galopante a las inyecciones (¿rescate?) de Europa. El Ejecutivo reconoce ya los peores augurios: un histórico derrumbe de la economía en 2020 del 9,2% y que la tasa de paro se dispare por encima del 19%, en un contexto en el que las emisiones de deuda se multiplicarán y el pasivo público superará el 115,5% del PIB, con el déficit en el 10,3%.

Con este panorama, y con la soberbia por montera, España ya huele a Grecia. Y como sufriera ésta, los inversores empiezan a buscar nuevos compañeros de viaje (¿alguien creía que Trump iba de farol? de momento a Navantia le ha costado un supercontrato en favor de Italia), y muchos son los que consideran ya que si España acudiera a un rescate el fracaso del Gobierno social-comunista sería histórico y hundiría al país en la segunda división de Europa, lo que nos devolvería a la primera casilla de salida, con lo que costó subirnos al tren del euro. Y tal y como ocurriera en los países europeos que anteriormente tuvieron que recurrir al rescate, este Gobierno estaría obligado a convocar elecciones de inmediato. ¿E Iglesias? Lo mismo se hace un Varoufakis.

Entre la mendicidad europea y el peronismo de Galapagar
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Mayo 2020

Desgraciadamente, la decisión inmediata sobre la economía española depende de un comunista irredento, cuya ignorancia en materia económica es oceánica y cuya tesis básica, que da nombre a la sección de su libro más sincero, "Disputar la democracia", con prólogo de Tsipras (Akal, 2014), es que "la economía es política". Eso le exime de la penosa tarea de aprender a sumar y multiplicar, porque restar y dividir ya ha demostrado que sabe.

El comunismo es, desde Lenin, la negación violenta de la propiedad y de toda negociación entre empresarios y trabajadores, que fue la base de toda la política de la socialdemocracia europea desde el sangriento fracaso de La Comuna de París hasta el golpe de estado genocida del bolchevismo.

El problema de fondo: Libertad es Propiedad
El medio siglo que va desde el pacto de Ferdinand Lassalle con Bismarck, origen convencional del Estado de Bienestar, hasta Bernstein y Kautski, últimos dirigentes "revisionistas" de la socialdemocracia alemana, es el que consiguió las mayores conquistas sociales y la mejor inserción del socialismo en el Estado liberal "capitalista", aunque muy intervencionista. Sin embargo, ese pacto social de fondo, por el que los socialistas aplazaban sine die su propósito de acabar con la propiedad y la libertad "burguesas" a cambio de una participación en todos los ámbitos del sistema, los convirtió en el primer partido parlamentario alemán y modelo de reformas sociales.

Por cierto, en el libro citado, que retrata las pavorosas deficiencias culturales de Iglesias, aunque también su astucia en disimularlas, y en el que reúne de modo disperso sus ideas antes de la fundación de Podemos, dice Pablenin que Kautski resultaría rabiosamente radical, comparado con los comunistas actuales. Lo que no dice es que su apego a los dogmas de Marx (Bernstein fue el albacea de Engels y publicó los tomos de El Capital añadidos al primero y único que escribió Marx) no le impidió convertirse en radical enemigo del leninismo y apoyo incondicional de todos los que asesinaba en masa Lenin en nombre de Marx. En Memoria del Comunismo recuerdo sus textos prologando las denuncias de todos los encarcelados y masacrados por Lenin, tras los simulacros de juicios que copió Stalin. Era una izquierda que rechazaba el genocidio como forma de socialismo. O sea, lo contrario de lo que hacen desde entonces los comunistas como Iglesias.

Pero en una cosa tiene razón: el liberalismo del XIX, en especial desde la Revolución norteamericana y la fundación de los USA, se basa en el valor sagrado de la propiedad, inseparable de la Ley y la Libertad. Y aunque la socialdemocracia haya socavado esa mutua dependencia, cada crisis económica, intrínseca o extrínseca, se deba a problemas financieros, a guerras o a epidemias, obliga a repensar las base misma del sistema: ¿Está el Gobierno para ayudar a los ciudadanos o éstos para servir al Gobierno? ¿El derecho a la libertad, la propiedad y la igualdad ante la Ley, están por encima de las decisiones políticas de un Gobierno, que por definición está de paso? ¿Debe la propiedad, base de la economía supeditarse a la política, con el apoyo plebiscitario de una mayoría durante tiempo indefinido o bajo la dictadura perpetua del Partido, que puede expropiarlo todo y se arroga el derecho a decidir el derecho a vivir o morir de todos, si son opositores?

Lenin, referencia ineluctable
Esto sucede desde el asalto al poder de Lenin, en la URSS y en todos los regímenes comunistas, sin excepción. E Iglesias siempre ha tenido a Lenin y a la URSS como modelo frente al Occidente capitalista. Hace cinco años, Iglesias y su prologuista Tsipras habían iniciado el asalto a los cielos y tomado la Hélade, respectivamente. Ambos proclamaban su intención de romper las obligaciones económicas de sus países con la Unión Europea e incumplir sus compromisos financieros, al modo peronista. Grecia era el espejo; España, el reflejo de ese nuevo comunismo cuya referencia era Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Bolivia, Argentina y, al fondo, Cuba.

Grecia, con Tsipras y Syriza en el Poder y Varoufakis presumiendo de la solvencia de esa fantasía populista de que no pagar puede salir gratis, se enfrentaron con la UE. Un año después, se arrastraban pidiendo dinero al precio que fuera, desde la salida de Varoufakis hasta el plan de austeridad en el gasto público, cuya negación les había permitido ganar las elecciones. No por arriar todas sus banderas económicas dejaron de ser insolventes en la gestión de la cosa pública, ni de favorecer un clientelismo ruinoso, ni de naufragar donde el tercermundismo iberoamericano parecía poder flotar.

El año pasado, Tsipras fue destrozado en las urnas por la derecha griega, que, para colmo, ha encontrado un Mitsotakis capaz de iniciar las reformas que la Derecha siempre promete y casi nunca acomete. La crisis del coronavirus ha cortado una resurrección económica espectacular, pero, pese a su pobreza, ha sido el mejor gestor de la pandemia en toda la UE. Hoy, nadie en Grecia echa en falta a Tsipras ni se acuerda de Varoufakis. ¿Qué lección sacará Iglesias de la aparatosa caída de su gran referente?

Las ideas económicas de Iglesias
Si no fuera en la actualidad propietario de una casa como la de Varufakis o una renta como la de Tsipras, Iglesias probablemente elegiría morir de pie, o sea, arruinar al país y jugárselo todo a un cambio de régimen, implantando una dictadura bolivariana y una economía peronista. El problema es que en cinco años ha fundado una dinastía como la de los Kirchner -de Perón-, los Ortega, los Maduro, los Xi o los Kim. Si deja pasar la ocasión de provocar la excepcionalidad, única forma, según él, de que los comunistas y los fascistas tomen el poder, se limitará a refundar el PCE comprando IU, como está haciendo, y esperar tiempos mejores en el aparato del Partido y administrando para Irene Montero el 15% del voto.

Esto exigiría, sin embargo, una dosis de humildad casi impensable: reconocer que no sabe nada de economía y que los disparates defendidos en el pasado deben archivarse para siempre, porque la realidad de la crisis no tolera más aficionados al derroche en unos tiempos de apretarse el cinturón.

Las ideas económicas que en ese libro auroral, tras el brillante debut de Podemos en las elecciones europeas y en medio del alza vertiginosa en las encuestas, que ya lo ponían por encima del PSOE, eran sencillamente ridículas, de ese nivel de asamblea escolar que ha exhibido Irene Montero en reciente videocharla con un asesor del ruinoso narcogenocida Maduro. Alguien que desconozca su solvencia intelectual podría pensar que repite lo que oye en casa o decía su pareja cuando lo era de Tania Sánchez, primera dedicataria, como su faro teórico y político, de "Disputar la democracia".

El "partido de Wall Street"
Según el, o sea, EL, existe un "partido de Wall Street", del que serían funcionarios desde Pinochet a Merkel, de Reagan y Thatcher a Esperanza Aguirre, de González a Aznar pasando por Blair, Mario Dragui y Hollande. Se trata de una perpetua conspiración, que está calcada de las paranoias de Marx sobre el carácter "embrujado" del Capital, que buscaría la ruina de "la gente", "los de abajo", "los pobres", "las sociedades" o "los pueblos".

Hablamos de casi medio siglo en el que ha aumentado el bienestar de unas clases medias en continua expansión, ha desaparecido el hambre y muchas enfermedades, ha aumentado la protección social en esos países que padecen la dictadura del Partido de Wall Street. El comunismo no ha caído por su pavorosa ineficacia en la adjudicación de recursos. Esperaba el momento de resucitar gracias a la quiebra de Lehman Brothers, que prueba el acierto de las ideas de Marx sobre las crisis mortales del capitalismo. No es que haya negado nadie nunca esas crisis, pero si hay un Partido de Wall Street, que con el embeleco de la democracia atonta a las muchedumbres, es difícil que las masas perciban que lo que creen bienestar es sólo miseria.

Hay pasajes imponentes con referentes morales como Antonio Negri, padrino teórico de las Brigadas Rojas, y economistas comunistas de poco reconocido prestigio -por la derecha llega hasta una frase de Stiglitz- pero como su talento, que lo tiene, es básicamente publicitario, la mejor es esta cita de su pensador político favorito, Manuel Vázquez Montalbán: "a quién le importa que a la gente le vaya mal si la economía va bien". Imposible resumir mejor, en una frase, el fariseísmo del millonario rojo y la estupidez del comunismo del siglo XXI: la economía no tiene nada que ver con "la gente"; tener empleo es tener cadenas; los derechos laborales están siempre recortándose; la libertad es una broma para incautos; y la ruina y el hambre, porque en España los niños pasan hambre, son fatales a fuer de capitalistas.

Estos "Protocolos de los sabios de Moscú", sucesores de los de Sión que creó la Ojraná zarista, tienen el problema de ser incompatibles con las cuatro reglas aritméticas. Tras asegurar que en España se ha gobernado para que los ricos roben a los ciudadanos", lo prueba con estas cifras: "quien paga impuestos en España son los ciudadanos de a pie. Los que declaran ganar menos de 33.000 euros al año (ocho de cada 10) aportan el 27´3 del total de la recaudación, mientras que quienes declaran ganar más de 175.000 al año, (el 0´4% por cien) aporta sólo el 16´3 %". Eso viene a suponer que el 1% paga tanto como el 99% restante, sin contar los que no pagan. Vamos, que como ardid para no pagar impuestos es un fracaso total.

Entre Caracas y Pekín
Todo lo que dice sobre economía es falso, paranoide o ridículo, no más de lo que se espera de un comunista. Pero es un trámite necesario para pasar a la solución política, que ya no es la URSS como antaño, a cuyos dirigentes imputa el delito de reconvertirse en gestores capitalistas. ¿Y qué alternativa política ofrece Iglesias? Usar la democracia para acabar con la opresión capitalista en las democracias liberales, y estos son sus modelos:

"El siglo XX se cerró con las protestas de Seattle que abrieron un clico de movilización mundial contra la globalización neoliberal y en América latina formaciones políticas populares y de izquierdas en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, e incluso en Argentina y Brasil, llegaron al poder mediante elecciones, definiendo sus políticas como específicamente antineoliberales y enmarcándolas en un proyecto de recuperación de soberanía, tanto en términos nacionales como continentales."

Ahora Podemos ya no presume de que en Venezuela "gracias a la revolución hay tres comidas diarias", como hacía Errejón. Pero Irene Montero defiende que Argentina, cuyo ministro de Educación era hasta hace un año jefe de gabinete de Iglesias, y que acaba de anunciar que no pagará la deuda, es con los Kirchner de nuevo, héroes del narco y de Irán, todo un modelo de política "que escucha a la gente y no deja a nadie atrás". Pero lo que fascinaba a Iglesias en 2014 era China; la comunista, claro está:

"La apuesta por las finanzas hizo también que surgieran contradicciones que amenazaban la estabilidad del sistema, pues al tiempo que los Estados Unidos se hacían los dominadores de los mercados, China se convertía en el primer centro industrial del mundo superando a Europa y Japón como rivales políticos a batir. Como ha demostrado Giovanni Arrighi en su monumental estudio sobre la emergencia de China como potencia aspirante a la hegemonía "Adam Smith en Pekín", el declive de EEUU como potencia hegemónica responde a las propias contradicciones políticas de los ciclos sistémicos de acumulación".

¿Y esto qué quiere decir? Realmente, casi nada. Es el típico empeño marxista para reciclarse como ciencia que no pasa de exorcismo de cátedra. Lo sorprendente es que luego ataque a Amancio Ortega como adalid del "trabajo esclavo". ¡Y el jefe de la plantación es el Partido Comunista chino!
Iglesias, clave de la continuidad del Gobierno

Pese a su ignorancia oceánica, su incompetencia intelectual, su falta de lecturas y su total incomprensión de la economía de mercado, Iglesias está en situación de elegir entre una política de mendicidad europea, a la que nos lleva el PSOE, o alzarse a lo Perón o Chávez contra el capitalismo, los hombres de negro de Bruselas y el Partido de Wall Street. De él depende la estabilidad de este Gobierno, la capacidad de encaje de la realidad en Podemos y la continuidad de la izquierda en el Poder. Por él pasa, hoy por hoy, la posibilidad de que España pida que la UE nos haga el favor de intervenirnos intervenga o emprender la carrera de la revolución, como tras el 15M y la crisis económica, ahora mucho más grave. Supongo que, por ahora, se limitará a esperar. Pero lo que ahora deje de hacer, ya no lo hará. Nunca tantos dependieron de tan pocos. En rigor, de uno nada más.

El chantaje del César
Ignacio Camacho ABC 3 Mayo 2020

Hay una pregunta que el abrasado portavoz Fernando Simón no sabe, no puede o no quiere contestar, y es la de dónde y por qué sigue produciéndose un número relevante de los contagios a las siete semanas de encierro. Ese silencio desnuda la realidad de que las autoridades sanitarias carecen de los datos precisos para abordar con la debida información epidemiológica la fase de desconfinamiento. La inexistencia de un mapa afinado de la infección es el punto más débil de un proceso que la mayoría de los especialistas consideran prematuramente abierto, y que puede convertirse en un nuevo problema si el Gobierno no arbitra las imprescindibles garantías de trazabilidad y rastreo del entorno de los nuevos enfermos. No lo ha
hecho porque en las actuales circunstancias no puede hacerlo: le falta una masa crítica suficiente de test y el personal necesario para localizar la red de contactos de los infectados recientes y proceder a su aislamiento.

El estudio que ha puesto en marcha la autonomía de Galicia se basa en algo más de cien mil test para una población de 2.700.000 habitantes. El muestreo del Gobierno de la nación prevé efectuar pruebas a 36.000 personas (cada una será sometida al menos a dos test) sobre un total de 47 millones, y los resultados no estarán como mínimo hasta mediados de junio, cuando en teoría ya se habrá cumplido la mayor parte del confuso ciclo de salida a la calle. Los rastreadores de contactos, cuya labor hubiera sido decisiva en la contención del virus, continúan brillando por ausencia: ni se ha producido a su contratación masiva -en países más pequeños trabajan ya decenas de miles de ellos- ni se dispone de aplicaciones tecnológicas que automaticen al menos un segmento significativo de la tarea. En estas condiciones, el pomposo plan (?) de «nueva normalidad» -oxímoron: si es normal no puede ser nueva- se convierte en una experiencia piloto, en un ensayo a ciegas capaz de provocar rebrotes y un bucle de confinamientos totales o parciales que instalen a la nación en la zozobra completa.

Si ya existe un consenso general en que el Ejecutivo tardó demasiado en decretar la cuarentena, ahora se extiende la impresión de que es pronto para comenzar a suspenderla. O al menos de que se trata de una decisión precipitada por razones ajenas a la evolución de la epidemia. La presión social y la económica se han constituido en elementos potenciadores de la emergencia y han forzado una improvisación implementada de la peor manera: sin escuchar a nadie, sin negociar con las comunidades, la oposición o las empresas, sin contar con la mínima información previa para afrontar un reto de características extremadamente complejas. A tientas y fiando a la suerte el remedio de sus propias carencias. Y todo ello bajo un estado de alarma cuya necesidad no se cuestiona para restringir la movilidad pero cuyos términos y condiciones concretas están pendientes de una discusión seria.

Sucede que el Gabinete ha desperdiciado siete semanas enfrascado en la construcción de su «relato» y tratando de disimular su secuencia de fracasos. Ha malversado un capital de tiempo esencial para planificar el trabajo que requiere la normalización de un país paralizado, y ahora se ve sin los recursos necesarios para controlar la evolución de la enfermedad y frente a un shock social dramático que amenaza con elevar a cinco o seis millones la estadística de paro. El protocolo de salida escalonada es, como casi todas las medidas adoptadas hasta el momento, un caos; el déficit y la deuda pública se han disparado y la actividad de los sectores productivos, desde la hostelería a la industria, ha entrado en colapso.

Ante este escalofriante panorama, el presidente se empeña en dirigir la crisis en solitario, confiando en emerger de ella reforzado en su liderazgo del mismo modo en que su socio Pablo Iglesias la contempla como una oportunidad de acelerar su programa doctrinario. Sánchez se ha bunkerizado en Moncloa, de espaldas incluso a su propio partido y rodeado de un pequeño círculo de pretorianos. Los ministros no cuentan y los barones territoriales socialistas se quejan de haber sido marginados en una supresión de facto de las autonomías para imponer un régimen central de mando. Iglesias ha tomado la medida a Redondo, el asesor presidencial plenipotenciario, e impone en las decisiones gubernamentales un sello ideológico sesgado. El autismo sanchista ha roto cualquier posibilidad de pacto y la prolongación indefinida del decreto de alerta arroja cada vez más sospechas de que el núcleo de poder se siente cómodo en este limbo autocrático que limita derechos y reduce las libertades individuales a un simulacro.

La declaración de que no existe un plan B si la oposición rechaza la prórroga de la alarma es un desafío flagrante a la soberanía parlamentaria. Un órdago cesarista a todo o nada, un chantaje de audacia insensata con el que pretende un respaldo incondicional, de carta blanca. Al vincular los ERTE y la cobertura social provisional al período de excepción, está echando sobre la espalda del Congreso la responsabilidad de una hecatombe económica inmediata. Incapaz de concertar soluciones, ni de pedirlo siquiera, intenta socializar su propio riesgo mediante una especie de trágala. La estrategia del suicida que no sólo no se deja sujetar sino que arrastra al vacío a todo el que trate de impedir o embridar su resolución desesperada.

Como en el viejo chiste de «Hermano Lobo», su alternativa de «yo o el caos» no sirve para ocultar que el caos es también él mismo. Preso de una arrogancia injustificada para el escaso éxito que ha logrado y la nula confianza que ha merecido, trata de involucrar en su destino a todos los agentes institucionales o políticos. La cercanía de Iglesias le ha inoculado el patógeno del populismo hasta el punto de verse como un caudillo que exige al resto de la comunidad adhesión plena a su desvarío. Esa actitud enajenada agrava la pandemia con el peligro añadido de un líder dispuesto a arrastrar a todo el país al abismo y a suprimir de raíz cualquier atisbo discrepante o crítico.

Tiene mala solución el asunto. Porque al verdadero César, ebrio de poder, lo acabaron liquidando los suyos, pero Sánchez, tras salir vivo de la primera conspiración, se ha ocupado de que en este PSOE sin identidad no quede ningún Bruto.

Sánchez aprovecha el estado de alarma para disparar los cargos a dedo: 14 nuevas direcciones y subdirecciones
Carlos Cuesta okdiario 3 Mayo 2020

Un estado de alarma muy bien aprovechado. Eso es lo que ha conseguido Pedro Sánchez, que, lejos de utilizarlo para hacer test masivos a la población, lo ha aprovechado para crear puestos masivos: en concreto, 14 direcciones y subdirecciones netas nuevas.

Todo ha partido del Consejo de Ministros de este pasado martes 28 de abril, donde, además de aprobar el plan de fases de desescalada del Covid-19, el Ejecutivo de Sánchez decidió aprovechar la ocasión para reorganizar la Administración y disparar aún más el número de organismos.

En concreto, en el Ministerio de Consumo se crean seis nuevas subdirecciones generales y una división. Además, para ostentar el cargo de director general de Ordenación del Juego no se requiere ser funcionario: vía libre a los puestos políticos.

En el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones se crean dos nuevas subdirecciones generales.

En el Ministerio de Educación surge otra nueva subdirección general.
En el de Transición Ecológica y Reto Demográfico se crean una dirección general y dos subdirecciones. En el organismo autónomo denominado como Instituto para la Transición Justa, de nuevo, su titular no necesitará ser funcionario.

En el Ministerio de Trabajo desaparecen seis subdirecciones generales. Pero, si alguien se pensaba que eso podía suponer un ahorro presupuestario, va muy equivocado. Porque se crean, a cambio, una dirección general, cinco subdirecciones y una división más. Y, además, se transforman dos puestos con rango de director general para, a partir de ahora, una vez más, no tener que exigir el requisito de ser funcionario y poder asignar el cargo de forma totalmente libre a algún conocido político.

Y todo este alarde de generosidad presupuestaria -para ellos- debe sumarse a la creación por el Gobierno de nada menos que 23 direcciones generales para las que tampoco es necesario ostentar la condición de funcionario, incluyendo la presidencia del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) o la Oficina Española de Cambio Climático (OECC). Hasta 23 organismos que fueron creados nada más llegar al poder.

Organismos como el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), la Dirección General del Instituto de Turismo de España (TURESPAÑA) y la Dirección General del Instituto de la Juventud (INJUVE), se vieron afectados por estos cambios expansivos.

Lo mismo ocurrió con otras direcciones generales, como fue el caso de aquellas integradas en la Agenda 2030: la de Derechos de los Animales, la de Migraciones, la de Inclusión y Atención Humanitaria, la de Igualdad de trato y Diversidad Étnico Racial, la de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI o la de Consumo.

También se alteró la exigencia de ser funcionario en el caso de la dirección general de Comunicación, la de Diplomacia Pública y Redes; de Infraestructura; de Tráfico; de Agenda Urbana y Arquitectura; del Trabajo Autónomo y de la Economía Social y de la Responsabilidad Social de las Empresas.

La misma situación concurrió en el caso de la Dirección General de Política Energética y Minas; del Libro y Fomento de la Lectura; de Industrias Culturales, Propiedad Intelectual y Cooperación; de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia; de Derechos de la Infancia y de la Adolescencia y la de Políticas Palanca para el Cumplimiento de la Agenda 2030.

Todo un campo libre a los contratos de políticos. Y, ahora, en pleno estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Un clamor recorre los balcones de toda España contra el Gobierno
ESdiario  3 Mayo 2020

Gran éxito de la cacerolada de resistencia convocada para este 2 de mayo, por las mentiras y el fracaso en la gestión del Ejecutivo central en la crisis del coronavirus.

La paciencia de millones de personas se ha agotado con el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y su gestión de la crisis del coronavirus. De ahí, la respuesta masiva que ha tenido este sábado la convocatoria de una cacerolada desde los balcones a las 21.00 horas, una hora después del tradicional aplauso a los héroes de las batas blancas.

Así, muchísimos ciudadanos han demostrado que no es incompatible honrar a los sanitarios con censurar las mentiras y el fracaso del Gobierno ante una pandemia que ya suma más de 25.000 muertos en nuestro país. Los que han participado se han sumado así a una convocatoria que se inició hace más de una semana en Twitter, bajo el lema "Menos 'Resistiré' y más resistencia".

La gran cacerolada: cada día se grita “Sánchez vete ya” desde más balcones

Una fecha nada casual
La fecha elegida, 2 de mayo, no ha sido casualidad, pues los promotores han querido hacer un remedo de lo que en 1808 fue la revuelta del pueblo madrileño contra las tropas napoleónicas que supuso el pistoletazo de salida del levantamiento de la inmensa mayoría de los españoles contra los invasores franceses.

Solo que en esta ocasión, la revuelta ha sido contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Y no sólo en Madrid, pues a la cacerolada se han sumado españoles de toda España.

La campaña de vídeos contra Pedro Sánchez que arrasa en redes sociales: "Este Gobierno lo paramos unidos"
Libertad Digital 3 Mayo 2020

Una curiosa campaña de vídeos está arrasando en programas de mensajería y redes sociales machacando al presidente por sus mentiras y su incapacidad.

Durante este fin de semana de puente varios vídeos están circulando de teléfono en teléfono a través de WhatsApp y en redes sociales con durísimas críticas a Pedro Sánchez aprovechando las alocuciones bolivarianas del presidente y con un mensaje de cierre común a todos ellos que parafrasea la campaña publicitaria emprendida por el Ejecutivo con la crisis del coronavirus: "Este Gobierno lo paramos unidos".

El primero de ellos apareció hace unos días por grupo de WhatsApp por los que ha corrido como la pólvora, en él se ve al presidente prometiendo "liderar con prontitud y vacilaciones" y citando después en multitud de ocasiones a "los expertos", para acabar con los mensajes "Pedro no sabe, Pedro no puede, Pedro no quiere" y el ya referido "Este Gobierno lo paramos unidos".

El segundo se presenta como una "campaña de prevención" que pide a los espectadores "no me seas Pedro", para después mostrar uno de los bulos defendidos por el presidente en el Congreso y rematar: "No me seas Pedro, no difundas noticias falsas".
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La "campaña de prevención" sigue en el siguiente vídeo que muestra las conocidas imágenes del presidente con la mascarilla mal puesta en su visita a una fábrica. En esta ocasión el mensaje es "no me seas Pedro, usa bien la mascarilla".
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Finalmente, el último de los vídeos recuerda cuando Pedro Sánchez presumía de haber puesto en marcha los test rápidos "homologados" para detectar el coronavirus. El mensaje es especialmente cruel: "No me seas Pedro, que no te engañen los chinos con los test falsos".
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Más allá de los mensajes los vídeos muestra una imagen muy negativa de un presidente que aparece retratado en sus mentiras, dubitativo y vacilante, como alguien que no es capaz de controlar la situación. Es decir, realmente lo que ha ocurrido.



******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sánchez mantiene el rumbo del Titanic
Pablo Sebastián republica 3 Mayo 2020

Llevan demasiado tiempo bailando sobre el filo de la navaja y no saben hacer otra cosa. Empezaron con la moción de censura, siguieron con la investidura y cuando avanzaban ufanos hacia los Presupuestos de 2020 en pos de una legislatura completa una amenaza gigantesca, de muerte, ruina y desolación, se interpuso en su camino.

Pero Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, desde su soberbia y en medio de una intensa niebla, mantuvieron firme el timón y la velocidad de crucero a bordo de éste Titanic que se llama España y que navega con rumbo directo hacia el gigantesco y medio sumergido iceberg.

Ambos siguen en el puente de mando impasibles sin imaginar -ni parece importarles- lo que se nos viene encima a los españoles. Y actúan con una ambición ciega e irresponsabilidad infinita, como si ya estuviéramos en eso que parece tan difícil de recuperar y se llama la ‘normalidad’.

Y para amenizar a los ciudadanos del pasaje ambos, Sánchez e Iglesias, hacen trampas, chapuzas, mienten a todo el mundo, como si esto fuera una ‘gripe aviar’ pasajera, o una recesión temporal de la economía como lo fue la de 2008, lo que no es verdad.

Más cierto que los españoles ya estamos cerca de los 40.000 muertos por causa de la epidemia que de los 25.000 que reconoce el Gobierno. Y más cerca del millón de enfermos contagiados por el virus que de los 200.000 que se anuncian en La Moncloa. Y puede que, a final de año, con cerca de un millón de empresas destruidas, el déficit y una deuda superiores al que proyecta el Gobierno y el empleo hundido y puede que superior al 20 %.

Además, el Gobierno confía demasiado en el maná que les llegará del cielo estrellado de la UE. El que no será ni tan abundante ni sin condiciones como ellos esperan. Y tendrán serias dificultades en lograr inversión internacional mientras Podemos esté en el Gobierno y Sánchez carezca de estabilidad parlamentaria y dependa de los partidos soberanistas de PNV, ERC y Bildu para aprobar el quinto ‘estado de alarma’ -si el PP se retira del cortejo-, los Presupuestos de 2020 y para permanecer en el poder toda la legislatura.

Y ojalá que España no sufra un rebrote de la epidemia porque eso echaría por tierra el castillo de naipes que se está construyendo en La Moncloa a base de ganar tiempo a cualquier precio. Y ello supondría que se acorta el tiempo y la distancia de la colisión del Titanic español con el iceberg.

La que aumentaría hasta cotas insoportables los daños que sufriría este país, que ya ha sufrido bastante con el arranque de la epidemia venida de fuera y con la pésima gestión sanitaria y económica de este drama que puede ir a más sí en las próximas semanas no asistimos a un golpe de timón que cambie el rumbo de colisión y que incorpore al puente de mando de la nave española a un nuevo Gobierno de ‘unidad nacional’ y capacitado para controlar la tormenta y buscar un puerto seguro donde atracar.

17 verdades incómodas que nos deja la epidemia de Covid-19 en España
El Covid-19 nos deja algunas lecciones, como la de que no existe salud sin economía o como la de que la nueva normalidad es sólo el nuevo nombre de realidades muy viejas.
Cristian Campos elespanol 3 Mayo 2020

1.El plan A del presidente del Gobierno contra el Covid-19 es seguir gobernando con poderes excepcionales a la espera de nadie sabe muy bien qué. El plan B, hacer lo mismo, pero retirando unas ayudas que Pedro Sánchez lleva semanas prometiéndole a los ciudadanos. Como decía la actriz Ana Milán, "este es mi plan A y mi plan B es el mismo, pero chillando".

2. Dice Arcadi Espada en EL ESPAÑOL que los españoles no están siendo responsables, sino obedientes, como con Franco. Tiene razón.

3. También dice Arcadi Espada en la entrevista de Lorena G. Maldonado que estamos luchando contra esta pandemia con los mismos mecanismos que utilizaban los hombres medievales. Y de nuevo tiene razón. Tenemos a un ministro astronauta, pero seguimos luchando contra los virus con amputaciones. Porque un 19% de paro y una caída del 9,2% del PIB no es más que una amputación, se mire desde el punto de vista que se mire.

4. Dice el filósofo francés Alain Finkielkraut que la humanidad ha puesto el bien común por delante de la economía por primera vez en la historia. No son pocas las guerras que refutan esa tesis, empezando por la II Guerra Mundial, pero es llamativo en cualquier caso que un intelectual de prestigio como él haya caído en el mismo simplismo que podría firmar cualquier militante de Bildu. Porque la salud es muy cara, sobre todo si es pública, y sólo las economías poderosas son capaces de sostenerla. Que hayamos dejado morir a decenas de miles de nuestros ancianos por falta de recursos es la prueba de ello. Sin economía no hay salud, señor Finkielkraut, y lo que nos ha faltado en esta crisis no es salud, sino dinero. El dilema es falso.

5. Si docenas de 'expertos' sólo han sido capaces de luchar contra la epidemia encerrando a los ciudadanos en sus casas, que es la segunda solución que se le ocurriría a cualquier mentecato después de la de inyectarse lejía, entonces lo que tenemos no son verdaderos 'expertos', sino carceleros con carrerita de ciencias y cargo en universidad pública. Al menos no nos obligan a entregarles las llaves de nuestras casas como si fueran señorones feudales.

6. Pedro Sánchez no quiere un pacto nacional con el PP. Obligado a escoger entre los intereses de los ciudadanos españoles y sus intereses personales, Pedro Sánchez escogerá siempre los segundos. Que ni siquiera una pandemia y una crisis económica sin precedentes le hayan hecho cambiar de opinión da la medida correcta de su adecuación al cargo.

7. Para Podemos, el socio de Pedro Sánchez, la democracia liberal no es un fin en sí mismo, sino un autobús que le llevará a su destino final y del que se bajará en su momento.

8. La metáfora de la democracia como un autobús no es mía, sino de Recep Tayyip Erdogan.

9. Los bomberos tuiteros de la extrema derecha han lanzado durante los últimos días el bulo de que Carmen Calvo estaba en estado muy grave y al borde de la muerte. Era falso, por supuesto. Pero es significativo el hecho de que el bulo haya podido cuajar entre los más desprevenidos: su marginación del Gobierno tras su enfrentamiento con Irene Montero ha sido tan radical que también habría cuajado el bulo de que Carmen Calvo había sido enviada a Marte.

10. "¿Quién quiere la vieja normalidad?" parece ser el nuevo lema del sanchismo. Hay muchas respuestas a esa pregunta, pero la primera de ellas es "los familiares de los 25.000 muertos por Covid-19 en España".

11. Hay tanta ignorancia y tanto sectarismo ideológico en la frase "¿quién quiere la vieja normalidad?" que resulta difícil creer que pueda salir impunemente de boca de gente presuntamente alfabetizada. Parece claro a la vista de esa frase que, para una parte de la izquierda, 25.000 muertos y millones de parados no son una desgracia, sino una oportunidad para la imposición de sus neurosis ideológicas al resto de los ciudadanos.

12. No es casualidad que cada vez que algún mesías ha prometido a su pueblo un nuevo mundo la cosa haya acabado con decenas de miles de muertos. En el caso de la 'nueva normalidad' provocada por el Covid-19, la particularidad es que la cosa ha empezado ya con decenas de miles de muertos. En este punto en concreto nadie les podrá acusar de haber actuado tarde, desde luego.

13. Pedro Sánchez no quiere un pacto con el PP, pero es dudoso siquiera que lo quiera el PP. Paradójicamente, los recientes sondeos de opinión que dan una fuerte bajada del bloque de izquierdas y una subida considerable del PP por su dura oposición a Sánchez no son una buena noticia para los partidarios de ese pacto.

14. Y no lo son porque si Pablo Casado albergaba alguna duda acerca de qué camino seguir –pacto con el PSOE o aguardar a que la crisis económica destroce a Sánchez y le entregue al PP como fruta madura la Moncloa–, esos sondeos pueden abonar en su cabeza la segunda opción. Es el marianismo como marca de fábrica del PP.

15. Pero hará mal en confiarse Pablo Casado. En primer lugar, porque esa subida no se debe a su buen hacer, sino al de José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso. También al de comunidades como Andalucía y Galicia. En segundo lugar, porque habrá crisis suficiente durante los próximos años como para quemar a dos e incluso a tres presidentes. Haría bien Casado en procurar que la España que herede de Sánchez se parezca lo menos posible a la Argentina del peronismo. Porque esa España no la levanta él –ni nadie– en siete vidas que viviera.

16. Lo aventura Manuel Valls en la entrevista de hoy en EL ESPAÑOL. La oleada migratoria procedente de África provocada por la futura crisis económica puede desbordar la UE durante los próximos años. Es imprescindible afrontar este problema sin demagogia ni sentimentalismo. Porque no sólo está en riesgo la UE como estructura política supranacional, sino la idea misma de Europa, que es algo muy diferente.

17. Dos de las tres mayores potencias mundiales, China y Rusia, son regímenes autoritarios. EE. UU. ha renunciado a su papel de líder mundial. La amenaza de los populismos de extrema izquierda y extrema derecha es real en Europa. Occidente amenaza estancamiento económico, militar, educativo y tecnológico, carcomido por diferentes enfermedades del bienestar, mal bautizadas como "progresismo". Ningún Estado, o conjunto de Estados, ha sobrevivido jamás en perpetua crisis existencial, poniendo en duda sus propios valores y creencias, y aceptando en los extraños lo que no aceptaría jamás en los propios. Si Europa no adopta un rol internacional activo y abandona sus pretensiones infantiles de faro de una moralidad en la que ni siquiera cree, será pasto de esas fuerzas que ya asoman la cabeza entre el caos generado por el Covid-19. El mundo postCovid no será positivista, sino naturalista. Hagámonos a la idea y cuanto antes, mejor.


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