AGLI Recortes de Prensa   Lunes 4  Mayo  2020

Un Gobierno mastodóntico y desbordado
Editorial El Mundo 4 Mayo 2020

La gestión de la crisis en España no solo se ha visto lastrada por la imprevisión del Gobierno, y por la insolvencia del mando único a la hora de articular la toma de decisiones, sino por la ineficacia de un Gabinete compuesto por 22 ministerios. Aunque Pedro Sánchez, con toda la parafernalia propagandística de La Moncloa, niegue la necesidad de reducir los ministros, la realidad es que la estructura mastodóntica de un Ejecutivo al que le sobran la mitad de carteras ha contribuido a hundir la acción gubernamental en el caos y la confusión. Este extremo debe ser corregido de inmediato. Pablo Casado ya expresó en sede parlamentaria la exigencia de recortar un organigrama desorbitado que incluye cuatro Vicepresidencias y departamentos, como Consumo, completamente prescindibles. En plena hecatombe económica por el coronavirus, el Gobierno no puede seguir derrochando el dinero de todos los españoles.

Resulta inadmisible que un país como España, que ha presentado a Bruselas la mayor previsión de repunte del déficit público en la Eurozona, sea al mismo tiempo el que dispone del Gobierno más extenso. De hecho, el Consejo de Ministros ahormado por Sánchez es uno de los más nutridos de la democracia desde la Transición. Ello se debe a tres factores. Primero, al cambalache de puestos con Podemos. La coalición obligó a trocear competencias y elevar a rango ministerial departamentos -como Universidades- que estaban integrados en otras carteras. Y, segundo, a la tómbola de cuotas dentro del PSOE:entre familias dentro de esta formación y entre territorios, con especial peso de aquellas federaciones que apoyaron a Sánchez para recuperar el trono en Ferraz. Así, un dirigente sin formación académica especializada ni experiencia en la gestión sanitaria, como Salvador, Illa, del PSC, acabó siendo nombrado ministro de Sanidad. El de Sánchez e Iglesias era un Gobierno preparado para la polarización y el frentismo ideológico, y se ha topado con un enemigo real. De ahí la brecha entre PSOE y Podemos, la bronca entre ministros y la falta absoluta de coordinación en la acción institucional y en los mensajes. El colmo de este galimatías es crear más subdirecciones generales e incrementar los cargos de libre designación, justo cuando el gasto en nóminas públicas -que este año ascenderá a 140.000 millones de euros- registrará la mayor subida de la última década.

La ciudadanía asiste con una mezcla de estupor y contenida indignación al bochorno de un Gobierno incapaz de controlar la pandemia. Hay dos factores que pueden hacer estallar el enojo social: la falta de autocrítica pública y la irresponsabilidad de perpetuar una estructura de gobierno cara, ineficiente y de probada inoperancia.

El Protectorado
Ángel Mas Libertad Digital 4 Mayo 2020

Tenemos a la mitad del país, la más sensata, esperando ansiosamente, rogando, que la Unión Europea intervenga la economía española.

Resulta una triste admisión de lo inevitable de la derrota, del fracaso colectivo de una generación que antes de la crisis financiera global se veía llamada a liderar el ascenso de España a la primera liga de las democracias y a reclamar su lugar entre las grandes economías planetarias. Ahora se ve abocada a reconocer la incapacidad de España para manejarse como país maduro y de referencia. Y su propia incapacidad para comandarla.

Muchos comienzan a pensar que lo que en la última crisis se nos vendió como un gran logro por parte del Gobierno del PP, evitar la intervención, fue sobre todo una oportunidad perdida para la auténtica regeneración del sistema político; para ajustar de una vez el sector público, poner fin al demencial solapamiento de Administraciones, transformar radicalmente un sistema de pensiones en quiebra y reordenar el tan ineficiente como insostenible régimen funcionarial. En vez de acometer el necesario manguerazo, continuamos con nuestro inconsciente sarao improductivo, la sublimación de lo superfluo.

Más allá de los radicales ajustes presupuestarios que cualquier plan de austeridad nos impondrá, asumimos, casi aspiramos con desoladora resignación a que Europa nos tutele como a menores de edad incapaces de hacerse cargo de sus asuntos. A que se nos trate como a un protectorado de países más responsables. De países que, para empezar, se respetan a sí mismos.

Solo hay que leer las memorias de Rajoy para comprender que en la celebración de la no intervención de la Troika subyacía un orgullo nacional mal entendido, sí; pero también, y fundamentalmente, un afán de que no cambiara nada y de que nadie nos pidiera cuentas de nuestros intolerables, insostenibles, injustificables despilfarros. En nombre de nuestros prestamistas, esos fiscalizadores nos hubieran impuesto austeridad, sobriedad y profesionalidad circunspecta; ahora serán mucho más duros, se andarán con menos contemplaciones y nos tendrán muchísimo menos en cuenta. Porque nos respetan menos.

Como el que teme la reacción de un adolescente malcriado, las élites que conocen la ineludible realidad no se atreven a tratar a los españoles como a adultos, a decirles a la cara lo que se les viene encima. Lo que nos jugamos como economía, como sociedad y como nación. Los líderes –políticos, económicos– que rechacen o simplemente no sepan estar a la altura de las dramáticas circunstancias serán víctimas de su imperdonable huida hacia delante.

Esa mediocracia tiene las horas contadas. No han valido y no valdrán. Tras dedicarse a anestesiar y a silenciar, al trilerismo y la confusión, sufrirán la ira de muchos ciudadanos que, madurando con el apremio que exige la supervivencia, se sientan estafados por los que, siendo la peor versión del pueblo al que representaban, promovieron la infantilización y el adocenamiento.

Habrá aprendices de brujo y maestros de la supervivencia política que crean poder seguir burlando el desengaño de la gente con sombras chinescas, cambios de cromos, sopas de siglas. Habrá quienes, como el proverbial heredero haragán, sigan dejando todo en manos del tiempo, del paso del tiempo. E incluso habrá quien siga jugando al cuanto peor mejor a fin de asestar el golpe de régimen que les perpetúe para siempre en el Poder. Estos pueden parecer especialmente peligrosos; hasta que uno se pregunta a qué se dedica estos días el temible Varufakis que iba a enfrentarse a la Troika en la Madre de Todas las Batallas Europeas.

No sólo con la clase política actual. Es probable que el tsunami arrase con todos. Con la oligarquía extractiva y parasitaria del capitalismo de BOE. Con los medios zombies sin tangentópoli que los engrase. Con las pequeñas aristocracias locales del catetismo y la garrapata. Y, lo peor, con tantos ciudadanos que ignoraban vivir en Matrix, en una realidad paralela hecha de trabajos de mentira y dinero de monopoly.

Será muy, muy duro. Gente que creía tener empleos vitalicios se verá en la calle; muchos de los que consigan retener el puesto de trabajo verán sus sueldos recortados a la mitad; habrá niveles de paro nunca vistos ni siquiera en un país como el nuestro, con las peores cifras de desempleo de Occidente... Y ya no se podrá recurrir al apoyo familiar, porque los pensionistas no tendrán ni para ellos. La emigración no se verá más como un estigma sino como una liberación.

Esperemos que de esta catarsis brutal surja un país mejor. Con líderes que reaccionen a tiempo, que sepan matar al padre, ese sistema político endogámico que los crió y que, con el arrojo y la credibilidad ganada durante la crisis sanitaria, canalicen las aspiraciones de cambio y regeneración. Con ciudadanos más conscientes, responsables y críticos, que elijan a los mejores en todos los ámbitos de decisión.

Entonces dejaremos de ser un protectorado. Entonces nos empezaremos a respetar y así nos ganaremos el ser respetados. La travesía va a ser larga. Preparémonos.

Sí hay plan B: elecciones generales anticipadas y una estrategia de reconstrucción nacional
Pedro de Tena Libertad Digital  4 Mayo 2020

Acabamos de conmemorar otro año más desde 1808 nuestro 2 de Mayo, fecha capital en la historia de la España contemporánea porque nos convirtió definitivamente en nación mediante un acto de rebelión ante una invasión tiránica y elevó a los españoles de súbditos a ciudadanos de la patria común tras la aprobación de La Pepa. Parecía que todo estaba decidido y que el imperio napoleónico se merendaría fácilmente lo que quedaba de una España decadente y una monarquía felona. Pero no fue así. La heroica rebelión popular se inició de abajo arriba por la independencia nacional y sus libertades y se cambió el guión de un sátrapa sobre la historia de Europa. Nunca está nada definitivamente escrito.

España vive hoy momentos de angustia e incertidumbre. Si terrible es la muerte oficialmente admitida de más de 25.000 españoles a causa de la pandemia del coronavirus, muchos de ellos en soledad; si desconsoladora es la situación de los más de 216.000 contagiados, demasiados de ellos trabajadores de la sanidad expuestos sin miramiento a la infección; si incierta es todavía la situación de muchos españoles que no saben si morirán o no en los próximos meses aunque la virulencia inicial de la enfermedad haya remitido y nadie sepa si los repuntes pueden ser traumáticos, lo que ya se distingue con claridad es que España se adentra en una profunda sima social.

¿Pueden los mismos que han mentido a la ciudadanía desde la campaña electoral de 2019, singularmente el PSOE de Pedro Sánchez, prometiendo que nunca jamás gobernarían con la anti-España con la que finalmente han gobernado estos últimos meses, seguir al frente del Gobierno? ¿Pueden los mismos que han consumado una de las peores gestiones de esta pandemia en todo el mundo gestionar ahora una estrategia de recuperación de la salud económica y social de la nación española? ¿Podemos confiar en que sus expertos, especializados en decir una cosa, la contraria, la inversa y la reversa, para servir los intereses políticos de la casta social-comunista-separatista, puedan dirigir los destinos de una sociedad que ve hundirse su PIB y agigantarse sus cifras de cierres de empresas y paro?

Estoy cansado de ver cómo las redes sociales, que desahogan los impulsos primarios, se saturan con mensajes, memes, vídeos, gráficos, gurús y profetas de todo tipo denunciando la falta de veracidad, de experiencia, de técnica administrativa y de vergüenza de este Gobierno. ¿Y para que sirve todo eso si además no se impulsa un clamor nacional para terminar con este estado de cosas? Mientras dure el estado de alarma, no se puede legalmente convocar elecciones generales. Por eso, una y otra vez, se amplía la duración del estado de alarma. Ahora, hasta el 24 de mayo. En tanto dure la excepcionalidad, nada podremos hacer salvo promover ese clamor popular por unas elecciones generales. Este Gobierno social-comunista está en el aire, flotando como un corcho, ante los vaivenes de los antiespañoles y de unos socios que poco a poco van usurpando las libertades constitucionales sin que ofrezcan la más mínima garantía de buen saber y hacer con un virus, el de la ruina económica y moral, que puede acabar con la nación. Muchos no queremos que esta banda dirija un país en estas condiciones porque ya han demostrado su incapacidad.

No sé cómo se hace técnicamente lo que propongo. Desde luego, PP, Ciudadanos, Vox y otras muchas asociaciones, fundaciones y empresas deben, debemos, empezar a alzar la voz ante la amenaza de que un Pedro Sánchez despótico y cada más desinhibido en su ordeno y mando pueda mantenerse en el poder durante los años que le quedan de mandato. No podemos consentir que quien ha, no gestionado, sino congestionado, una pandemia sin sentido de Estado y de forma infamemente autoritaria y sectaria vaya a hacer otra cosa con la nueva pandemia económica y social que se nos viene encima. Hay que reaccionar. Necesitamos exigir elecciones cuanto antes para que los españoles podamos decidir el rumbo de esta sociedad herida y requerimos una estrategia de reconstrucción nacional en el más amplio sentido: un 2 de Mayo democrático. Eso es lo que precisamos con urgencia. Si decidimos libremente que sigan gobernando estos partidos disolventes de la nación, ese negro futuro será el que nos merecemos.

Tomar por estúpidos a los españoles
Editorial ABC 4 Mayo 2020

Alardear de un presunto «éxito» de su gestión confirma que el Gobierno se ha creado una realidad paralela» que le inhabilita para gestionar la más grave crisis de España en 90 años

Con más de 25.000 muertos, camino del cuarto de millón de infectados (según el conteo oficial) y con el récord mundial de sanitarios contagiados, afirmar que España está en «la gama del éxito» en respuesta a la pandemia supone una indecencia y tomar por estúpidos a los españoles. Porque eso sostiene el Gobierno de España, por boca de su vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera, que parece que ha tomado carrerilla en la propaganda disparatada y justifica que Portugal presente números tan bajos en muertos e infectados en que «el coronavirus vino del este y ellos están más al oeste, así que pudieron pararlo antes». Este insulto a la inteligencia de los ciudadanos denota que el Ejecutivo de Sánchez no solo es incapaz de hacer un análisis medianamente riguroso de su gestión, de reconocer los múltiples errores cometidos (algunos capitales para que esto sea aún más duro) y de pedir perdón por ello a los españoles, sino que desde el principio ha decidido parapetarse en mentiras gigantescas, con vocación de que se conviertan en globales para crear una realidad paralela a la que vive el país. Todo ello le inhabilita para enderezar el rumbo pues sin reconocer los fallos es difícil tomar la senda correcta.

«No hay plan B», dijo Sánchez en su enésima comparecencia televisiva, el sábado, para forzar a que esta semana la oposición apruebe en el Congreso la extensión del estado de alarma que le habilita para gobernar por decreto. Un chantaje meridianamente claro pues ese «o lo que digo yo, o nada» pretende poner en el disparadero a quien se oponga a la prolongación de la alarma ante un posible rebrote de los casos de muertes y contagios. En realidad no hubo ni plan A. Porque por no haber plan A, España llegó demasiado tarde a las medidas de contención de los contagios. Por no haber plan A, no se hizo acopio a tiempo del material sanitario suficiente. Por no haber plan A, se sucedieron errores de bulto en la gestión y se improvisaron medidas económicas claramente insuficientes. Por no haber plan A, se colapsó la administración para tramitar créditos y ayudas. Por no haber plan A, no se hicieron a tiempo los test rápidos de detección. Por no haber plan A, un día se aconsejaba el uso de mascarillas y al siguiente, no; un día las terrazas de los bares podían abrir al 30 por ciento y al siguiente, al 50 por ciento o un día los niños solo podían salir al banco, al estanco o a comprar al supermercado con su padre o madre y al siguiente, ya podían pasear. Y así casi todo.

En definitiva, hubo de existir un plan A, algo diferente a tanta chapuza, y muy distinto a sacar luego pecho de una gestión tan desastrosa. ¿De verdad con más de 25.000 muertos se puede hablar de «éxito»? Resulta hasta cruel. Parece que la «nueva normalidad» incluye tomar por estúpidos a los españoles.

Cultura catalana
Pío Moa gaceta.es 4 Mayo 2020

Recuerdo que usted solía hacer en twitter comentarios despectivos sobre la cultura catalana, empezando por el idioma catalán
Lo que decía es que el catalán es una lengua regional española poco hablada y poco útil, con un acervo literario y cultural estimable, pero incomparable con el del español. Esta es la realidad, no es un comentario despectivo.

Pero la lengua es el núcleo esencial de una cultura. Al tratarla de ese modo usted está atacando el conjunto de la cultura catalana.
Vamos a empezar por distinguir las cosas: hay una cultura catalana, mayoritariamente en español, y dentro de ella una cultura o subcultura catalanista y una subcultura separatista. Si no partimos de ese hecho fundamental, todo serán confusiones.

Pero el catalán es la lengua propia de Cataluña, mientras que el castellano es traído de fuera.
El español es de origen castellano, pero hace siglos que no es una lengua regional como el catalán, el gallego o el vascuence. Es el idioma común, de mayor potencia cultural, el más hablado en todas las regiones, y el que crea lazos profundos entre ellas. Es tan propio de Cataluña como el catalán. La cultura catalana sin el español común sería una cultura de tercer orden. Muchos catalanes han enriquecido el español y el español ha enriquecido a los catalanes.

Usted sugiere que los catalanes deberían renunciar a su idioma, tan inútil y poco culto…
Eso lo supone usted. Diga más bien que los separatistas intentan expulsar el español de Cataluña y crear un enfrentamiento radical. Es decir, quieren empobrecer a Cataluña e imponer su propia cultura, que es auténtica farfolla. Ya Prat de la Riba lo programó, sin darse cuenta de su alcance: “nuestro perro nos entiende mejor que un español”, venía a decir, “la musa catalana condenó a diestra y siniestra, todo lo castellano”. Era una musa bastante zarrapastrosa. Pero les hacía creerse superiores a base de denigrar lo ajeno, que en realidad no era ajeno, sino que estaba profundamente arraigado en la sociedad y la cultura de Cataluña.

Pero Prat de la Riba no era separatista como Sabino Arana.
Lo he analizado en varios libros. Él pretendía que Cataluña rigiese al resto de España y Portugal y sureste de Francia, de Lisboa al Ródano, para extenderse después por África. Indudablemente tenía mucho de orate. Por desgracia, estas cosas apenas son conocidas, porque es verdad lo que decía Fernández de la Mora, que la derecha, española, salvo excepciones, no lee desde Jovellanos. Además es tan inculta que se traga gran parte del discurso separatista. Aun con esas ventajas, la realidad histórica no se puede liquidar a base de frases y grandilocuencias. Porque el catalanismo es de una pomposidad bastante ridícula.

¿No diferenciaba usted separatismo de catalanismo?
La diferencia está en que el catalanismo no es necesariamente separatista, aunque al enfrentar sus ilusiones con la realidad tienda a la secesión. Los catalanistas aspiran, bien a dirigir al resto de España, bien a diferenciarse profundamente como “europeos”, renunciando a la secesión por simple impotencia. Han tratado de crear “nación”, una cultura en rivalidad con la “castellana”. Esas rivalidades producen a veces cosas interesantes, porque impulsan a una superación, pero la verdad es que la cultura catalanista, sin ser pura alucinación envenenada como la separatista, tampoco ha dado mucho de sí. Viene lastrada por una pretenciosidad y esnobismo que la vuelven a veces grotesca. En la práctica, los catalanistas terminaron apoyando a Franco, así Cambó, Josep Pla y tantos más. Y eso no es casual. Actualmente el separatismo ha absorbido a casi todo el catalanismo, gracias a la estrecha colaboración de “Madrit”, con PP o con PSOE… Y eso supone, además de sus consecuencias políticas, un grave empobrecimiento cultural.

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Gobierno chantajista
EDITORIAL Libertad Digital 4 Mayo 2020

El presidente del Gobierno social-comunista apoyado por golpistas y proetarras insiste en mantener el estado de alarma de manera indefinida, afirmando con total desparpajo que es la única manera de combatir eficazmente la pandemia del coronavirus. Pedro Sánchez pretende instalarse en la excepcionalidad y gobernar como si España fuera una democracia fake o una satrapía bolivariana.

Miente Sánchez cuando asegura que no hay un Plan B alternativo al estado de alarma. Por supuesto que lo hay. Realizar test masivos a la población, permitir al mercado la provisión de de medios de protección de adecuados y controlar la evolución de la epidemia con las medidas previstas en la legislación ordinaria en materia de salud pública: con estos tres elementos se puede construir una barrera más que suficiente para evitar un repunte de la pandemia; pero eso obligaría a Sánchez a desprenderse de las prerrogativas que en su día se arrogó a cuenta de un estado de alarma cada vez más injustificado.

Miente también Sánchez cuando afirma contar con los partidos de la oposición, a pesar de que no les consulta sus decisiones y se enteran de ellas a través de las entregas semanales de su ominoso Aló Presidente. Y miente, en fin, cuando presenta sus comparecencias en el Parlamento como un gesto de buena voluntad hacia el resto de partidos, cuando lo cierto es que está obligado a hacerlo, muy especialmente habiendo de por medio un estado de alarma que ha de ser renovado por las Cortes.

Sánchez no solo no consulta a la oposición, sino que la insulta prácticamente a diario a través de sus ministros, su bochornosa portavoz parlamentaria y su brazo mediático, compuesto de medios públicos y subvencionados. A pesar de la campaña permanente de intoxicación contra Pablo Casado e Inés Arrimadas, Sánchez pretende que PP y Cs le sigan firmando un cheque en blanco a la mayor gloria de su Gobierno pernicioso, que para colmo está copado por comunistas volcados en un cambio de régimen.

Si Sánchez quiere seguir abusando de sus prerrogativas como un caudillo tercermundista, que lo negocie con sus socios naturales, los mismos que lo empotraron en la Moncloa, y se entienda él con una Europa a la que también se le agotan las reservas de paciencia. La oposición no puede ser cómplice de este chantaje al pueblo español por parte de un Gobierno tan incompetente, tan tóxico, tan perturbador.
 


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