AGLI Recortes de Prensa   Martes 5  Mayo  2020

El Gobierno del caos amenaza con el caos
EDITORIAL Libertad Digital 5 Mayo 2020

Por supuesto que hay alternativas a seguir concediendo poderes extraordinarios a un Gobierno extraordinariamente incapaz que, para colmo, está trufado de enemigos de la democracia.

Tras estar ninguneando e insultando al principal partido de la oposición desde que estalló la crisis del coronavirus, del que tan responsable fue su Gobierno, un Pedro Sánchez acorralado se ha visto en la obligación de llamar al líder del PP, Pablo Casado, para pedirle su apoyo en la votación de la prórroga del estado de alarma que tendrá lugar este miércoles en el Parlamento.

Desbordado por las dimensiones de la catástrofe, agravada por la tremenda incompetencia de su Gobierno, Sánchez necesita quiere seguir haciendo uso de una legislación de excepción que le permite sortear casi todos los controles propios de una democracia mientras mantiene confinada a una ciudadanía con todos los motivos para estar furiosa con la canalla social-comunista que ha empujado a España a crisis devastadora.

Lo angustioso de la posición de Sánchez a ojos de los socialistas quedó reflejado este lunes en las palabras del descalificable José Luis Ábalos, que tras la negativa de Casado a seguir firmando un cheque en blanco al Gobierno de la Vergüenza bramó amenazante: o estado de alarma o el caos. Increíble pero cierto: el protagonista del Delcygate no sólo sigue siendo ministro, es decir, desprestigiando las instituciones, sino que tiene la desfachatez de permitirse lanzar advertencias como si fuera un vulgar matón chavista.

Ciertamente, el Partido Popular no puede seguir permitiendo que Sánchez chantajee a la ciudadanía por medio de su enésima intoxicación desinformadora. Por supuesto que hay alternativas a seguir concediendo poderes extraordinarios a un Gobierno extraordinariamente incapaz que, para colmo, está trufado de enemigos de la democracia que pretenden aprovechar la ocasión para dinamitar el orden constitucional.

La negativa de Casado a prorrogar el estado de alarma no es una deslealtad sino todo lo contrario, una decisión necesaria para poner freno a un Gobierno sobrepasado que no hace más que dar palos de ciego, devastar la economía y cercenar libertades. Sánchez ha dado innumerables y hasta trágicas pruebas de que no es de fiar. És el que tiene que arriesgar y ofrecer garantías a quienes demandan una gestión más transparente y eficaz de la pandemia y preservar el orden constitucional.

La necesaria reapertura completa para evitar la ruina y un drama social mayor
José María Rotellar okdiario 5 Mayo 2020

El Gobierno de Sánchez actuó tarde en la adopción de medidas preventivas frente al coronavirus. No cerró fronteras con China ni con Italia hasta que ya era demasiado tarde, no protegió a tiempo a los grupos de riesgo y no se aprovisionó de manera temprana para poder comprar equipos de protección y gran número de test con los que frenar el contagio. Todo ello se podría haber hecho y se habrían podido evitar muchos contagios y el colapso sanitario, que es lo que ha elevado de manera exponencial el número de fallecidos. Por supuesto que cada fallecido es una vida irreemplazable y su pérdida un dolor, pero todavía lo es más a mayor número de defunciones.

Fedea publicó un informe en el que decía que si las medidas se hubiesen tomado antes de la manifestación del ocho de marzo, el número de contagiados se habría reducido un 62,3% sobre la cifra del cuatro de abril, pero podemos considerar que dicho porcentaje es perfectamente aplicable a la actual de 4 de mayo (pues al no haber adoptado medidas antes no se ha producido una reducción porcentual, ni mucho menos), donde no encontramos con 218.011 infectados comunicados y 25.428 fallecidos (que sepamos). Eso supone una tasa de mortalidad sobre los infectados del 11,66%. Por tanto, podemos hacer unos cálculos con esos datos del informe de Fedea: si los infectados se hubiesen reducido un 62,3% serían 82.190 (sobre la cifra del 4 de mayo), que manteniendo la misma tasa de mortalidad sobre infectados haría que los fallecidos fuesen 9.583, es decir, 15.845 menos que los que hay actualmente.

Esa ausencia de previsión que disparó el número de contagios y de fallecimientos ha generado, además de un gran dolor, un pánico terrible en la población. Es un pánico lógico, entendible, pero que el Gobierno está ahora empleando para tratar de prolongar sine die el estado de alarma, con esta suspensión de libertades individuales y empresariales más propias de un estado de excepción, y que va a arruinar a la población. Así, el Gobierno, desde el temor que tienen los ciudadanos, lógico, repito, al virus, nos habla de una “nueva” normalidad, a la que llegaremos dentro de otro mes y medio más, y un plan de apertura de la economía -que ellos llaman desescalada- que deja maniatada a nuestra capacidad económica y que será el origen de nuestra ruina.

El Gobierno no puede tratar a los españoles como irresponsables, por mucho que esgrima unas imágenes de personas paseando en aglomeraciones. En primer lugar, la inmensa mayoría de los ciudadanos se está comportando ejemplarmente, soportando más de cincuenta días de encierro -con este permiso para salir “al patio” que nos han dado ahora-, y actuando con prudencia. Unas imágenes engañosas o unas actitudes minoritarias que no respeten las normas no pueden esgrimirse como amenaza y coartada por si hay un repunte de contagios. Los ciudadanos no son los culpables, sino las víctimas, algunos, desgraciadamente, ya sin remedio, de una incompetencia manifiesta por parte del Gobierno. Los ciudadanos saben cuidarse por ellos mismos, pese a que el intervencionismo siempre piensa que es el Estado el que debe decirles qué tienen que hacer en cada momento y cómo tienen que hacerlo.

En segundo lugar, no hay ninguna “nueva” normalidad que contemplar, sino el regreso a la normalidad, sin adjetivos, con prudencia, desde luego, pero con todos nuestros derechos y libertades completos, con toda nuestra actividad a pleno rendimiento y con la apuesta por recuperar lo antes posible nuestros niveles de prosperidad y empleo.

Y en tercer lugar, por tanto, no se puede ejecutar un plan que va a llevarnos a la miseria. Un plan de reapertura con unos plazos lentísimos que no hay empresa o familia que los resista. Se nota mucho que gran parte de los miembros del Gobierno o no saben lo que es llevar una empresa, o no han trabajado nunca en nada, o no lo han hecho en el sector privado. Hay que abrir con prudencia, sí, pero con determinación y a pleno rendimiento.

Desde la máxima prudencia, no podemos seguir parados ni ir a un ritmo lento. Debemos recuperar la normalidad de inmediato, sin adjetivos. Estamos preparados para combatir el virus y cuidar de los enfermos hasta que llegue una vacuna, pero no podemos esperar a dicha vacuna para volver a la normalidad, porque eso sería la ruina de todos los españoles. Si no nos reactivamos de inmediato y de manera completa, se va a destruir gran parte del tejido productivo, arruinando a muchos empresarios y dejando a millones de personas sin trabajo, de manera que muchas familias pueden empezar a pasar hambre.

De esta forma, el paro y la desolación económica pueden llegar a generar un drama social todavía mucho mayor que el coronavirus, porque ante la ruina económica habría que recortar muchos servicios esenciales, como la sanidad, que empeoraría la atención y eso podría redundar en una mayor tasa de mortalidad por cualquier tipo de enfermedad al no poder permitirnos la actual calidad de dichos servicios si nos arruinamos. Adicionalmente, la falta de empleo y la imposibilidad de que millones de personas obtuviesen ingresos -pues inviable sería también un sistema de protección de desempleo para muchos millones de parados, ya que no hay suficiente dinero para ello-, podría llevarnos a un aumento de enfermedades psiquiátricas y cardiacas y a mayores tasas de mortalidad generales.

Del mismo modo, con la economía colapsada, si eso nos empujase a un rescate por parte de Bruselas, podrían imponernos ajustes muy duros en las pensiones y en el número de funcionarios. Nuestros mayores han sido golpeados por el coronavirus con fuerza, que nos ha desolado. Por retrasar la vuelta a la normalidad, sin adjetivos, no podemos poner en riesgo también sus pensiones, que con esta demora es lo que el Gobierno terminará provocando, al tiempo que puede hacer peligrar el puesto de trabajo de los propios servidores públicos, como ya sucedió en otros países que fueron rescatados en la anterior crisis.

Por eso, hay que abrir de inmediato y con la práctica totalidad de la actividad, con prudencia, pero con determinación. Podemos combatir al virus porque somos una sociedad próspera. Si nos empobrecemos, no sólo tendremos el problema del virus, sino que se le unirán otras enfermedades, además del paro, la pobreza y el estado precario de necesidad de muchas personas.

Es la diferencia que hay entre lograr mantener el tejido productivo y caer menos y recuperarnos con fuerza, limitando la pérdida a 1.695.000 empleos (que ya es muchísimo), que se recuperarían de forma más rápida, reabriendo de inmediato, o, simplemente, saltar a perder 2.563.000 empleos si la reapertura total se retrasa a junio, complicando el escenario, por no hablar de una reapertura en septiembre o en diciembre, que serían letales (pérdida de 3.746.000 y 5.557.000 empleos, respectivamente).

Podemos salir adelante por nosotros mismos, sin rescates, pero tenemos que reabrir de inmediato, con garantías y precaución, pero de inmediato. El Gobierno debe hacer test masivos, levantar el estado de alarma y reabrir la economía, de manera que volvamos a la normalidad completa antes del verano. El virus seguirá ahí, pero lo podemos combatir con nuestra sanidad, siendo previsores, hasta que lleguen vacuna o fármacos que debiliten su efecto, mientras volvemos a nuestro día a día. Si no, no sólo podremos morirnos de coronavirus, sino que más personas se morirán de otras enfermedades derivadas del estado de ruina y necesidad en la que nos dejará el Gobierno si insiste con esta pésima gestión. Se equivocó con la prevención y llegó tarde; se equivocó con el aprovisionamiento y no hizo las compras necesarias de material sanitario; y pretende ahora insistir en una equivocación, como es la de su plan para la gestión económica. Debe rectificar de inmediato o empobrecerá a los españoles como nunca hasta ahora.

Sánchez miente: su propio Gabinete le advirtió de los riesgos del 8-M
OKDIARIO 5 Mayo 2020

El Departamento de Seguridad Nacional del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, órgano de asesoramiento a Pedro Sánchez que preside el general Miguel Ángel Ballesteros, advirtió al Ejecutivo un día antes de las manifestaciones multitudinarias del 8-M que otros países habían tomado la decisión de cancelar eventos masivos por la epidemia de coronavirus. Así consta en el documento ´Coronavirus (Covid-19). Situación actual‘ que el Departamento emitió el 7 de marzo, mientras el Gobierno minimizaba el riesgo de celebrar las marchas del Día de la Mujer: «En varios países de Europa, las autoridades pertinentes han decretado la suspensión o aplazamiento de actividades que congreguen un número significativo de personas», se señalaba

Lo que demuestra que Pedro Sánchez miente y lo hace con la contumacia propia de un truhán. Fue advertido por la OMS y por la UE, pero lo que ahora desvela OKDIARIO es que también lo fue por su propio Gabinete. Es decir, desde un despacho próximo, con lo que es imposible que pueda defenderse con el argumento de que nadie le informó del riesgo de permitir las manifestaciones feministas. Sabía del riesgo que corría alentando las concentraciones del 8-M, pero antepuso la ideología a la salud pública con el resultado de todos conocido. El 8-M se convirtió en un foco gigantesco de contagio porque el presidente del Gobierno, aún advertido, decidió seguir adelante.

Seguridad Nacional recogía además en su informe que, de acuerdo con el Centro de Prevención y Control de Enfermedades Europeo, «el riesgo asociado para la población se considera actualmente de «moderado a alto» y «el riesgo de la aparición de grupos similares a los de Italia, se considera actualmente de moderado a alto». También que «el riesgo para aquellas personas que viajan / residen en áreas con una supuesta transmisión comunitaria es actualmente alto».

Asimismo, se recordaba que el 30 de enero la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado que el brote constituía una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional. En este contexto, la OMS «mantiene en muy alto el riesgo de propagación e impacto del Covid-19 a nivel mundial, ante el aumento continuo en el número de casos y el número de países afectados», alertaba el organismo asesor de Pedro Sánchez.

Sánchez no puede escudarse en el desconocimiento. Fue alertado, advertido, informado y puesto al día. Y decidió. Y su decisión tuvo consecuencias mortales.

O Sánchez, o el caos. Es inaceptable
Editorial ABC 5 Mayo 2020

El presidente del Gobierno ha cometido un error mayúsculo planteando al PP la prórroga del estado de alarma como un trágala político y un chantaje emocional. Sánchez ya vinculó el mantenimiento de los ERTE a que el PP votase a favor, pero ayer el PSOE y Podemos se pasaron de frenada al sostener que Pablo Casado «amenaza con provocar miles de muertos». La disyuntiva a la que se aboca al PP no puede ser más absurda: Sánchez salva vidas; y Casado, o rinde pleitesía al Ejecutivo sin preguntar, o será el culpable de cada nuevo fallecimiento. Ese es el nivel. Incluso, varios ministros añadieron presión aduciendo que si no continúa el estado de alarma, el PP condena a España al «caos». Una extorsión en toda regla. Según la doble moral de Moncloa, si Díaz Ayuso pronostica una implosión social por culpa de Sánchez, es una irresponsable; y si Ábalos o Illa temen el «caos», solo podrá ser por culpa del PP. Salvo en España o en la Duma rusa, todos los países han debatido y pactado sus procesos de «desescalada» en sus parlamentos. Ayer, sin ir más lejos, el Senado francés echó a trás el plan de Macron.Aquí, Sánchez, que ningunea al Senado, ha mantenido «secuestrado» al Congreso y nos ha sometido a un estado de excepción. Nada se discute. Todo se impone desde La Moncloa, y si alguien discrepa, es un antipatriota. Pero el dato objetivo es que durante la alarma, Sánchez ha convertido a España en un laboratorio para la anulación del sentido crítico y de algunas libertades esenciales, y para la sistemática manipulación de nuestras vidas. Ya hay normativa estatal que permite restricciones propias de la «desescalada» sin necesidad de estirar la alarma. Pero esa es la coartada de Sánchez: no podremos ver a una decena de amigos tomando un vermú (sic) si los ciudadanos no hacernos, decimos o pensamos lo que Sánchez quiere. Y eso es inaceptable y abusivo. Eso no es un premio, sino un derecho para el que ya no es necesario imponer un estado excepcional.

Después de varias prórrogas, exigir «responsabilidad» al PP roza lo ridículo. Sánchez le arrebató el poder con una moción de censura apoyada por los mismos socios que ahora le amenazan. Por eso, ya caduca el discurso sobre la «irresponsabilidad» del PP, más allá de la paradoja que supone que todo un portavoz de Podemos mendigue a Casado su voto. Sánchez ha tenido dos meses el apoyo expreso del PP, y ahora debe convencer a los cómplices de su «Gobierno progresista». Es el colmo del cinismo que Moncloa recuerde el apoyo del PSOE a Rajoy para aplicar el 155 en Cataluña, o que hable de «cogobierno» con el PP en las autonomías. La diferencia que Sánchez traicionó al PP después pactando con el separatismo. El PSOE no puede juzgar deslealtades.

Consuelo Madrigal denuncia ‘la imposición encubierta de un estado de excepción’
Redacción rebelionenlagranja 5 Mayo 2020

La fiscal de Sala del Tribunal Supremo Consuelo Madrigal ha denunciado que “constituye un ejercicio antidemocrático de poder la imposición encubierta, y sin el control interno y europeo, de un verdadero estado de excepción, en el que se restringen severamente los derechos, bajo cobertura de la prórroga del estado de alarma que garantiza al Gobierno el mando único en la fase aguda de la excepcionalidad y en la vuelta a la ya imposible normalidad”.

En un artículo publicado en el diario El Mundo titulado ‘La sociedad cautiva’, ha señalado que “ante una sociedad cautiva, se han dictado sucesivas órdenes ministeriales de inmenso calado económico y fuerte compromiso de derechos, y un sinfín de decretos leyes restrictivos de derechos fundamentales, frecuentemente oportunistas, sobre materias que poca o ninguna relación guardan con las razones sanitarias y de orden público que formalmente demandaron el estado de alarma”.

“En su cautiverio, la sociedad ha asistido al cierre del portal de transparencia del Gobierno, la imposición de filtros a las preguntas de la prensa, la financiación pública oportunista de medios de comunicación vasallos, la restricción en la difusión de mensajes y la evaluación de la verdad o falsedad de las noticias y los enunciados”, ha añadido.

Sobre los bulos, la fiscal general del Estado desde enero de 2015 hasta noviembre de 2016 dice: “En nuestro mundo relativista, la verdad se ciñe a la identidad entre nuestro pensamiento sobre las cosas y la realidad de las mismas cosas. Algo que guarda relación con la investigación y el juicio y que se concreta en la búsqueda de la verdad. A este uso común se añade un rasgo relacionado con la fe. Decir que una proposición, opinión o noticia es un bulo es invocar una norma que rige la fe y el juicio, para afirmar que esa proposición, opinión o noticia es indigna de asentimiento, no debe ser creída. Pero, ¿quién se erige en autoridad normativa de lo falso para separarlo de lo verdadero que-debe-ser-creído? ¿por qué y para qué lo hace?”. En este sentido, añade que “las respuestas a estas preguntas se han tornado amenazas para quienes hemos asistido al impúdico reconocimiento oficial de la monitorización de redes sociales y escuchado en palabras de su máximo responsable en esta crisis, que la Guardia Civil destina parte de sus esfuerzos a minimizar la crítica al Gobierno, para comprobar después que los contenidos intervenidos son los que guardan alguna relación, siquiera lejana o indirecta, con el cuestionamiento de la gestión y la versión oficial de la crisis”.

Y se refiere a los medios de comunicación “vasallos” que “nos martillean la representación idealizada del heroísmo de los profesionales (esos que son enviados al trabajo sin condiciones ni protección) y los diversos formatos del mensaje, irisado y pueril, de que “resistiendo”, “todo acabará bien””.

No cabe ceder al chantaje perpetuo
Editorial El Mundo 5 Mayo 2020

Moncloa pretende hacer del estado de alarma un plebiscito. De la excepción, una nueva normalidad legislativa. No ha querido aprovechar los poderes extraordinarios que le concedió la oposición para ensayar una cogobernanza no retórica sino real. Presidentes autonómicos -de Feijóo a Urkullu, pasando por Lambán- alcaldes y representantes de la patronal y los autónomos llevan semanas denunciando que se enteran por televisión de las medidas adoptadas. Y solo cuando dichas medidas se estrellan contra la realidad -como ocurrió con el desconfinamiento de niños o con la reapertura de bares al 30% de su capacidad- se anuncia una rectificación tan unilateral como su versión primera. Los socios de investidura de Sánchez lo abandonan en respuesta al ninguneo presidencial, que lo fía a todo a la disyuntiva tramposa y autoritaria entre él o el caos. El último objeto de semejante chantaje, contrario a cualquier voluntad de acuerdo o gesto de gratitud hacia quien le ha apoyado cuando el aliado separatista ha salido huyendo, es Casado, a quien miembros del Ejecutivo amenazan ya con cargarle un hipotético rebrote de muertes y contagios si no se pliega una vez más al designio de Moncloa.

A un buen demócrata el estado de alarma tiene que quemarle en las manos. Arrebatar derechos fundamentales a los ciudadanos debería ser un efímero recurso de fuerza mayor y no ocasión para perderse en experimentos autocráticos desde los que ganar tiempo e ir sacando adelante tu agenda ideológica. Numerosos juristas de prestigio están levantando la voz contra una situación de facto que a su juicio desborda con mucho el estado de alarma y se adentra en el de excepción. Sánchez pretende además que dure cuatro meses. Pero no durará ni 15 días más si no cambia su actitud y alcanza un acuerdo honesto con el PP. Amenazar con dejar desasistidos a los parados temporales o presumir de someter la prórroga del estado de alarma a debate y votación en el Congreso -como si no se tratara de una exigencia constitucional- son maniobras caudillistas de propaganda que causan bochorno.

Ni la virtud ni tampoco la necesidad parecen capaces de lograr que Sánchez abandone su unilateralismo y se avenga a confeccionar un programa compartido con las fuerzas constitucionalistas, las únicas a las que les importa la conservación de la España del 78 y las únicas presentables en Europa cuando llegue la hora de negociar fondos condicionados.

Por más que Moncloa lo niegue, existen mecanismos alternativos al estado de alarma para gestionar el desconfinamiento sin abocar a los españoles a la restricción de derechos más profunda y longeva de Europa después de Hungría. Se apruebe o no esta prórroga, el pacto entre los dos grandes partidos es la única vía para afrontar tanto la recta final de la crisis sanitaria como la brutal recesión que ya está aquí.

La conjura de los mentirosos
Félix Madero. vozpopuli  5 Mayo 2020

Pedro Sánchez tiene una extraña relación con la verdad. No habría que dar muchas más explicaciones sobre alguien que hizo con su tesis lo que toda España conoce. Pero es así, su relación con la verdad, los hechos y los números es muy extraña. O, mejor dicho, es inexistente. Su última intervención televisiva, tan desvaída y cansina como las anteriores, transcurrió a caballo entre la mentira y el chantaje.

No se puede aceptar que un presidente diga que no tiene plan B más allá de que pasado mañana el PP le prorrogue o no el estado de alarma. Resulta inaceptable -inmoral, dice Pablo Casado y dice bien-, que asocie la prórroga del estado de alarma a la suerte de millones de parados atrapados en los ERTE, autónomos o familias con todos sus miembros desempleados. Sólo desde la inseguridad y mala fe se puede hacer esto, y por esto mismo Casado haría bien en apretarle mañana todo lo que pueda. Y hasta donde pueda, porque el PP ha de saber que la máquina de la propaganda está dispuesta para culparle de todos los males de la pandemia si la prórroga del estado de alarma -de excepción, en realidad-, no sale adelante.

PP, más cerca de la abstención
Este lunes, Casado no hizo más que amagar con no apoyar la prórroga, y ya le están echando encima los miles de muertos que se ha llevado el virus. El ministro Ábalos no da más opción: o la alarma o el caos. Y Pablo Echenique, con su habitual gesto funerario no ha podido ser más explícito: o apoya la prórroga o será el responsable de miles de muertes. Que se prepare el presidente del PP si va a hacer lo que parece. Casado no la va a apoyar, pero en el momento de escribir estás líneas estaría más cerca de la abstención, y eso, con que haya más síes que noes bastará para unos días más en estado de alarma. Aun siendo así, Sánchez se encontrará en las más absoluta soledad, sólo con el apoyo de Podemos. Y esa foto le va a hacer daño.

Creo que estamos relajando muy pronto los rigores del confinamiento. Nos falta seguridad e información precisa del alcance real de la pandemia. El plan B bien podría consistir en hacer test masivos a la población para tener un mapa epidemiológico esencial para salir de esta crisis. El plan B bien podría desvincular el estado de alarma de las medidas de protección social. Un dirigente instalado en la mentira y, sobre todo, en la soberbia, es un peligro con una herramienta como el estado de alarma, que le vale para otras cosas propias de un gobernante autárquico, inseguro, cambiante y asentado en el sospechoso vocabulario de la 'nueva normalidad'.

Ahora habla de la cogobernanza como antídoto para rebajar la tensión en las autonomías. Pero ya no puede engañar a nadie, y por eso Miguel Ángel Revilla tenía toda la razón cuando la semana pasada se quejaba en el Senado porque no pintan nada. Textual: “Es un fracaso, no pintamos nada”. Cuesta entender y aceptar que Sánchez despreciara con su ausencia la última comisión general de las comunidades autónomas y apele a la cogobernanza.

Teresa Ribero, en la gama alta de la manipulación
Pero Sánchez no está solo. En una forzada entrevista de la vicepresidenta Teresa Ribera en el periódico global hemos podido confirmar que el sentido del ridículo es inexistente. Y el de contención también. ¿Cómo ha llegado a vicepresidenta una señora que afirma que nos está costando entender que es importante responder unidos a la crisis? Me pregunto si esta señora sabe lo que hace este país todos los días a las ocho de la tarde. Si lee los periódicos, si está atenta a las intervenciones de su presidente o quizá se duerme en los consejos de ministros. Cómo se puede apelar a las bondades de la unidad quien pertenece a un Gobierno que desprecia a la oposición y a los presidentes autonómicos. Que le hable de unidad a los Núñez Feijóo, a Urkullu, a Page o a Torra. Todos se enteran por la prensa de sus planes. El "no pintamos nada" de Revilla es el de todos los presidentes regionales que tragan porque no tienen más remedio.

Hay que estar muy seguro, o segura, de que el personal es idiota para afirmar rotundamente que el Gobierno “ha estado en la gama alta de aciertos y en la baja de errores”. Y lo dice tras las manifestaciones del 8M, sin que el Gobierno fije posición sobre el uso de las mascarillas, sin que se hagan los test anunciados, mientras aumentan los sanitarios contagiados en más de 40.000 y son innumerables las rectificaciones entre ministros socialistas y comunistas. Por no hablar del ninguneo a los empresarios. ¡Pero si el Gobierno ha iniciado lo que llama 'desescalada' sin aclararnos cómo se pasa de una fase a otra!

Extremadura, 460 muerto; Alentejo, 1
Cómo puede la vicepresidenta decir semejante trola perteneciendo a un Gobierno que fue avisado reiteradamente por organismos internacionales de lo que se nos venía encima. Nos debería dar vergüenza ver lo que ha sucedido en el Alentejo portugués, con un muerto por el virus, y los 460 fallecidos en Extremadura. ¡En la gama alta de la estulticia, vicepresidenta en tránsito! No se engañen, la nueva normalidad es esto, deformar la realidad, torcer los hechos. Creer que están gobernando a idiotas. Lo que, según los días, pudiera ser verdad.

Si como dice Pablo Casado hay legislación suficiente en leyes orgánicas como la de Salud Pública o la Seguridad Nacional que permitan centralizar el mando único sanitario o limitar la movilidad, el PP no debería apoyar la prórroga que pide Sánchez. Y si la apoya o la facilita que ponga condiciones, luz y taquígrafo, porque lo volverá a engañar y a ningunear. El estado de alarma es su salvavidas político mientras la democracia se desgasta, la Justicia se debilita y la Prensa es maltratada. Decía al principio que Sánchez tiene una extraña relación con la verdad. Se me olvidó añadir que también con la libertad.

En el Quijote está escrito. Bien vengas mal, si vienes solo. No caerá esa breva. Llegan en aluvión. Y en la gama alta del despropósito.

El mal papel del Tribunal Constitucional
Editorial ABC 5 Mayo 2020

El Tribunal Constitucional ha sentenciado su paso por este tiempo de estado de alarma con un auto que desmerece la posición que ocupa en el Estado de Derecho. La decisión del TC consistió en inadmitir el recurso de amparo de un sindicato gallego, que se quejaba de la prohibición de manifestarse en coche por las calles de Vigo por el 1 de Mayo. El debate de fondo era la restricción de derechos fundamentales en el estado de alarma y su compatibilidad con la Constitución. Este es el debate que la Sala Primera del TC, con su presidente, González Rivas, ha hurtado al Pleno de la institución y a los ciudadanos. No extraña que la votación final se decantara con el voto de calidad del presidente del TC, ante la división por mitad de la Sala. Mayor motivo si cabe para que fuera el Pleno del TC, y no un empate innecesario, el que ventilara una cuestión tan importante. Y así, el choque entre el estado de alarma y los derechos fundamentales ha pasado sin pena ni gloria por el TC, con un auto de inadmisión, cuya extensión y contenido demuestran que debió ser una sentencia al final de un debate con los doce magistrados que lo componen. Además, cuando se inadmite un recurso, basta por ley una simple providencia de no más de tres líneas, que despacha al recurrente con un lacónico mensaje de que su recurso no acredita una «especial trascendencia constitucional»; providencia que solo puede recurrir el Ministerio Fiscal, no el recurrente.

Al dictar un auto de 29 páginas, cuyo ponente es González Rivas, la Sala puso al descubierto su empeño en que el recurso y su debate, demasiado grandes y graves para una mísera providencia, murieran en la propia Sala y con una inadmisión, eso sí, inusualmente motivada. En definitiva, que no pasara el umbral del TC. Lo que sí ha pasado es el escándalo de que el TC haya renunciado a serlo en esta etapa crítica de nuestra historia democrática, y se haya conformado con secundar el abusivo ejercicio del estado de alarma por parte del Gobierno.


******************* Sección "bilingüe" ***********************


 


Recortes de Prensa   Página Inicial