AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 6  Mayo  2020

El Estado del pánico
Juan Ángel Soto, director de Civismo okdiario 6 Mayo 2020

Nuestro país entró, hace ya casi dos meses, en un estado que, aunque la ley disponga que es de alarma y la realidad señale que es de excepción, se trata, ante todo, de un estado de pánico.

Este adjetivo define mejor que ningún otro la actuación del Gobierno, ya que, si no fuera por él, difícilmente se explican algunas de las medidas draconianas que se adoptaron en su día. El arresto domiciliario al que se ha sometido a la población, la paralización casi completa de la actividad económica, el cierre de colegios y universidades… Una lista interminable de decisiones que nacen, bien de una fría maldad, bien de una superlativa incompetencia. Por supuesto, no se puede descartar una combinación de ambas causas. Pero la muerte y la miseria en la que se ha sumido España encuentra su punto de partida en el pánico que se desató en La Moncloa al observar cómo aumentaba rápidamente el número de contagiados y fallecidos. La prudencia no constituye una virtud solo por ser moralmente deseable, sino también por resultar aconsejable desde una perspectiva instrumental. Sánchez tenía un plan: que no nos convirtiéramos en Italia. Sin embargo, no querer seguir la senda de otro no es ningún plan. Máxime cuando uno acaba recorriéndola y con peores resultados que el modelo “a no imitar”.

Después llego el Gran Encierro, con sus consecuencias políticas, sociales, psicológicas y económicas. Un auténtico iceberg del que apenas vemos la punta. Un confinamiento también caracterizado por el pánico del Gobierno, que, rápidamente, se extendió al conjunto de la población. Delaciones por parte de vecinos, extralimitaciones de las fuerzas de seguridad que, en algún caso, se han arrogado competencias cuasi legislativas, al interpretar con amplia discrecionalidad lo dispuesto por el decreto del estado de alarma, etc.

Hoy nos hallamos en otro episodio más de ese ataque de pánico que sufre La Moncloa desde aquel aciago 8 de marzo: el de la desescalada. Un plan dispuesto en fases que pocos comprenden, mientras que los que podrían entenderlo, al igual que los primeros, carecen del tiempo y energía para hacerlo. Un proceder inspirado, quizá, en la famosa frase de Truman: “Si no puedes convencerlos, confúndelos”. O tal vez, de nuevo, fruto del pánico que han sembrado en el Gobierno los últimos datos de empleo, de bajada del PIB, etc. Pánico en el encierro, y pánico en el desencierro.

Por su parte, el Gobierno cree ver su propia dolencia en quienes le critican, hasta el punto de que, cuando Sánchez señala que “no hay un Plan B”, nos está diciendo en realidad que la decisión es simple: “o yo, o el pánico”.

En definitiva, es urgente poner fin a este modus operandi tan errático como erróneo y por el que pagaremos tan alto precio. Al contrario de lo que piensan en La Moncloa, no es la población la que no está a la altura del Gobierno sino éste el que no está a la altura de los españoles.

Por último, conviene pensar también que puede que nos hallemos ante un escenario radicalmente opuesto al señalado hasta este punto. A saber, que este estado de pánico no sea real sino simulado, meticulosamente concebido para articular un verdadero asalto a las instituciones y a la apropiación indebida de los mecanismos de control y vigilancia de la población. Este sería, sin duda más sibilino que el anterior… Y mucho más escalofriante, por ser igual de realista.

España no necesita un Estado de Alarma para protegerse pero Pedro Sánchez sí
ESdiario 6 Mayo 2020

El Gobierno europeo más irresponsable con la prevención es ahora el más radical con la congelación del Estado de Derecho para, con la excusa sanitaria, fabricarse una coartada.

Con el Estado de Alarma más precoz y longevo de Europa, España tiene tres tristes récord mundiales: el de mayor mortalidad del mundo (solo superado por Bélgica) y el de mayor desplome del PIB y del empleo en Europa.

Que con ese trágico cuadro, demostrativo de los flagrantes errores de previsión de un Gobierno que aumentó los peligros al desechar las advertencias internacionales para solo adoptar medidas cuando ya era tarde y el contagio masivo era un hecho; el Gobierno se dedique a asustar a la ciudadanía vinculando su salud a la prolongación de una figura que congela buena parte del Estado de Derecho, es inadmisible.

Pero es lo que va a ocurrir, al menos por otros quince días, gracias al respaldo de Ciudadanos y el PNV, que puede extenderse otro mes más, hasta cubrir junio entero, si al final también suscriben los planes ya conocidos de Pedro Sánchez.

Suspensión democrática
La pregunta que hay que hacerse es si, para limitar los riesgos sanitarios, es necesario congelar el Estado de Derecho, hundir económicamente el país, darle poderes excepcionales y omnímodos a un Gobierno que los utiliza para mucho más que la mera lucha contra el coronavirus y suspender derechos y libertades individuales y colectivos de una manera impropia de una democracia.

Porque si de verdad ésta fuera la única manera de garantizar la vida de los ciudadanos, no habría dudas ni plazos al respecto. Pero no lo es, y lo demuestra el propio plan de desconfinamiento del Gobierno, que permite, con distintas excusas, pasar el día en la calle casi a cualquiera: por joven, por mayor, por deportista, por consumidor o por acompañante; lo cierto es que se puede pasar buena parte de la jornada fuera de casa en espacios además limitados que favorecen la concentración.

Lo que no se puede es trabajar o reabrir un pequeño negocio con un mínimo orden ni, tampoco, ejercer derechos esenciales de un Estado de Derecho: ni como ciudadano ni como representante de ciudadanos en las Cámaras de representación popular. Lo que está en cuarentena, en fin, es la democracia.

Y la obligación de rendir cuentas por parte de un Gobierno que aumentó el peligro hasta el 16 de marzo, ignorando los avisos internacionales y contribuyendo al contagio masivo y el colapso hospitalario de manera evidente; y después ha sido más eficaz en aislar la democracia que en frenar al virus: esto lo ha hecho la ciudadanía, sin test ni mascarillas, recluyéndose en su casa y perdiendo su forma de vida.

Prolongar la congelación democrática habiendo alternativas eficaces y compatibles con la contención del virus, es inaceptable. Y obedece ante todo a la necesidad de Pedro Sánchez de hacer olvidar el origen de la virulencia vírica y mortal en España, fabricándose una coartada repleta de bulos, falsedades y una manipulación escandalosa de la realidad. A un precio infinito en un país que acumula muertos y parados como nadie.

COVID 19: ¿el final del socialismo?
Diego Vigil de Quiñones Otero okdiario  6 Mayo 2020

Corría el año 2004 cuando un servidor cursaba quinto de carrera en la mejor Facultad de Derecho de España. Un compañero y amigo de clase se había ido a realizar dicho curso en Alemania, al amparo del programa Erasmus. Desde allí nos contaba algo de lo que apenas teníamos noticia en España: la República Federal vivía un gran crisis, que habían cogido por los cuernos, y se estaba llevando a cabo una importante reconversión. Una reconversión en la que, entre otras cosas, habían cerrado algunas Universidades estatales, habían introducido copagos, y habían cerrado muchos organismos y oficinas públicas.

Paralelamente, en España disfrutábamos de lo que alguien ha llamado “los felices 2005”: boom inmobiliario, ingreso generoso, y gasto obsceno por parte de las Administraciones. Hemos visto autopistas cuasi-desiertas (ruta habitual de jabalíes), aeropuertos sin pasajeros, Universidades por doquiera, organismos de todo tipo, y más televisiones estatales que videos comunitarios. Cuando llegó la crisis de 2008, hubo que hacer algún recorte. Pero, superadas las exigencias mínimas de Europa, el gobierno Rajoy se dedicó sobre todo a procastinar el problema, aumentando el gasto público y la deuda hasta límites insospechables. Salvada la crisis, en lugar de equilibrar las cuentas, se volvió a gastar: reabrió la televisión valenciana, se volvieron a subir los sueldos de los funcionarios (ninguno de los cuales fue despedido), seguimos sin copagos apreciables, e incluso las matrículas de la Universidad volvieron a bajar.

El relato de toda la operación fue el de siempre: el socialismo es lo correcto, aunque sea gastando lo que no se tiene, y la derecha es malvada porque recorta. Pese a que se recortó muy poco y se dejaron las reformas sin hacer, el Presidente que sorteó la crisis posterior a 2008 se adhiere al relato, y en su reciente libro poco menos que pide perdón por haber alterado el sueño socialista en que España se haya sumida.

Pero el socialismo es eso, un sueño. La realidad es la de Alemania: no se puede gastar lo que no se tiene. El socialismo podría haber funcionado si se hubiese promovido la natalidad, y si no se hubiese gastado más de lo que se tenía. Pero esa oportunidad ya pasó. El relato podemita presente de la renta básica y demás, viene a ser como esos últimos minutos previos al despertar en los que el sueño se hace más profundo…en breve sonará el despertador. Y el socialismo español se verá obligado a lo que Rajoy no se atrevió a hacer. Se verá obligado a recortes de verdad, y reformas que alterarán seriamente el status quo como las realizadas en Grecia y Portugal.

Pese al sueño de algunos, aquí no parece probable (aunque lo sea remotamente posible) hacer de España una Cuba o una Venezuela. Seremos Portugal, mal que les pese a algunos, que seguramente se quedarán sin discurso: la izquierda porque deberá aprender a predicar la igualdad sin promover un gasto imposible; la derecha, porque no le bastará el miedo a las dictaduras comunistas, sino que tendrá que ofrecer una alternativa liberal conservadora al sueño socialista que está apunto de terminar.

Durante años, nuestros irresponsables gobernantes (socialistas de todos los partidos, que dijera Hayek) trajeron mucho dinero del futuro para hacer del socialismo un sueño. El futuro ya está aquí, y pide la devolución de su dinero: la reconstrucción tras el Covid seguramente sea el final del sueño socialista, aunque tal vez con una pesadilla final.

Prórroga a cambio de elecciones

Liberal Enfurruñada okdiario 6 Mayo 2020

En su ‘Aló presidente’ del sábado pasado dijo Pedro Sánchez que “no hay plan B, el único plan es el estado de alarma», porque «el estado de alarma es un instrumento eficaz y el único que nosotros tenemos ahora mismo para hacer frente a la Covid-19». Por su parte, el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, dice que “no aprobar un nuevo decreto de alarma es tanto como condenarnos al caos y el desorden”. Añade el ministro de sanidad, Salvador Illa, que la prolongación del estado de alarma “es imprescindible para controlar un posible repunte”. Mientras que el portavoz de Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, opina que “cuando Pablo Casado amenaza con no apoyar el estado de alarma, está amenazando con provocar un rebrote, el colapso del sistema sanitario y miles de muertos”.

Así pues, todo el Gobierno de coalición PSOE – Podemos está convencido de que resulta imprescindible que la oposición le permita, con su voto afirmativo o su abstención, una cuarta prórroga del estado de alarma decretado hace ya más de mes y medio y que desea extender no se sabe cuánto más de los 60 días que nuestra Constitución prevé como plazo máximo para el estado de excepción. Opina el Gobierno en pleno que de no prorrogarse el estado de alarma, España se vería abocada al caos, el desorden, el colapso sanitario y que esto causaría miles de muertos y afirma que no hay ninguna otra alternativa. Es de suponer entonces que para evitarnos un mal tan grande no tendrán ningún problema en convocar elecciones generales en el mínimo plazo que lo permitan las condiciones sanitarias, para que los españoles podamos refrendar la gestión que ellos han realizado de la pandemia y decidamos quiénes queremos que se hagan cargo de la recuperación.

Una última prórroga a cambio de la convocatoria inminente de elecciones generales le daría al Gobierno el plazo necesario para organizar las medidas que permitan llevar a cabo el desconfinamiento de forma ordenada, manteniendo el control de la movilidad y la seguridad sanitaria mediante los mecanismos jurídicos ya vigentes, o incluso aprobando de urgencia alguna normativa específica, si fuera necesario. Para ello, el artículo 40 de la Ley 14/1986, General de Sanidad, en su apartado 12 indica que la Administración del Estado se encargará de “la coordinación de los servicios competentes de las distintas Administraciones Públicas Sanitarias, en los procesos o situaciones que supongan un riesgo para la salud de incidencia e interés nacional o internacional”. Y con esta atribución de coordinación ya asumida por el Gobierno, el artículo 3 de la Ley Orgánica 3/1986, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública le permite “adoptar las medidas que se consideren necesarias en caso de riesgo de carácter transmisible”.

Por su parte el artículo 54 de la Ley 33/2011 General de Salud Pública permite a la Administración General del Estado entre otras cuestiones “la suspensión del ejercicio de actividades”. Y las leyes 36/2015 de Seguridad Nacional y 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana permitirán mantener las restricciones a la libertad de movimiento de los ciudadanos. Además, ni los ERTEs ni las ayudas aprobadas se verían afectados, en caso de que fuera necesario mantenerlos, ya que todos están vinculados a decretos aprobados por el Gobierno que por tanto son muy sencillos de modificar para eliminar su vinculación al estado de alarma. Una última prórroga al estado de alarma es plazo más que suficiente para que al Gobierno le dé tiempo a organizar jurídicamente ese ‘plan B’ que ahora no tienen y con ello evitar las ‘siete plagas’ con las que nos amenazan. A cambio sólo tienen que aceptar someterse cuanto antes al veredicto de las urnas. Nadie comprendería que se negaran y se hicieran responsables de tantas muertes sólo por el egoísmo de aferrarse al poder. Y esperemos que, por primera vez, Sánchez cumpla una promesa, claro está.

La falacia del «escudo social»
OKDIARIO 6 Mayo 2020

Asegura el Gobierno que esta crisis económica, a diferencia de la anterior, tendrá un «escudo social». No es verdad. Lo que ha hecho el Ejecutivo socialcomunista es arbitrar de forma temporal un parche en una herida de gigantescas dimensiones. En lugar de poner en marcha un paquete urgente de medidas fiscales de amplio espectro para que autónomos y pequeñas y medianas empresas puedan encarar el futuro sin la soga de los impuestos al cuello, lo que ha hecho es sacar un paraguas para protegerse del temporal.

Los datos así lo evidencian: el paro avanza desbocado hacia los cuatro millones, sin contar los casi tres millones y medio de personas afectadas por un Erte, que no computan como desempleados -muchas de las cuales no han visto aún ni un euro- y que se enfrentan a un futuro sombrío. Muchos de los Erte de ahora, serán los Ere del mañana, cuando el Ejecutivo repliegue el endeble paraguas al que llama eufemísticamente «escudo social». Hay cinco millones largos de personas que están cobrando prestaciones del Estado y el Gobierno habla de «estabilidad». Falso. ¿Y dentro de unos meses?

El problema es que el Gobierno ha optado por la receta menos apropiada, porque la tragedia económica no cesará cuando pase el estado de alarma y entremos en eso que Sánchez llama «nueva normalidad». Centenares de miles de pequeñas y medianas empresas, las que dan empleo a millones de españoles, no podrán continuar. Es imposible que ante la magnitud del agujero en sus cuentas puedan recuperarse si el Ejecutivo las sigue asfixiando a impuestos y cotizaciones. Es por eso que el «escudo social» del que presume el Gobierno se convertirá en papel en lugar de coraza.

Las cifras del paro y de la Seguridad Social demuestran que el mercado de trabajo español -que ya venía dando tumbos ante de la crisis del coronavirus- se ha quebrado de raíz. Y que el «escudo social» del Gobierno es lo mismo que ponerse debajo de la tormenta cubriéndose la cabeza con papel de aluminio.


Desescalada hacia el desastre
Editorial ABC 6 Mayo 2020

Antes de la retransmisión del mitin diario que el Gobierno organiza en La Moncloa, fueron el secretario de Estado de Seguridad Social y la ministra de Trabajo los encargados de dar doctrina al alardear de la magnitud del desastre laboral provocado por el virus de Wuhan, acentuado por la parálisis económica decretada por el Gobierno. Yolanda Díaz llegó a decir que el pago de 5.197.451 prestaciones por desempleo el pasado abril representa el récord histórico en la «protección social» de España. No puede haber mejor resumen del desenfoque que sufre un Ejecutivo que se dice social y progresista y que se vanagloria del avance de un Estado asistencial e insostenible, en el que son las prestaciones de desempleo su gran logro político. Ni siquiera Pablo Iglesias lo hubiera contado mejor a su «gente». Las cifras del desempleo registradas en abril, condicionadas por la provisionalidad de los ERTE con que el Gobierno ha intervenido el mercado laboral, son la verdadera punta de aquel iceberg -«con una parte sumergida», aclaró- al que Pedro Sánchez se refirió hace ahora dos semanas en el Congreso de los Diputados. La destrucción del tejido productivo, la caída histórica en las cotizaciones de la Seguridad Social y el aumento de los desempleados, que rozan ya los cuatro millones, tras sumar más de medio millón el mes pasado, dibujan el escenario de una crisis cuyo alcance depende de factores que en parte escapan al control del Gobierno, pero que va a estar determinado por el sesgo ideológico, incompatible con la generación de riqueza, que ha mostrado desde su misma formación.

Que la desconfianza de los consumidores se haya desplomado hasta los registros de 2012, cuando España comenzó a remontar la crisis financiera de 2008, revela que aquella «hibernación» que a finales de marzo y durante dos semanas ordenó el Ejecutivo socialcomunista, desbordado por su imprevisión y víctima de su indiferencia ante la amenaza del Covid-19, ha desembocado en la parálisis de buena parte de la industria y el comercio y en el desplome de unos servicios de los que dependen millones de empleos y buena parte del PIB. Con los mercados exteriores apenas entreabiertos y sin el balón de oxígeno que proporciona el turismo internacional, dejar en manos del consumo doméstico, también replegado, el trazado de esa «uve asimétrica» en la que el Gobierno confía la recuperación no deja de ser un brindis al sol. España no puede permitirse una cifra de desempleados -la punta del iceberg de Sánchez- que roza ya los cuatro millones, pero tampoco un Gobierno que establece los estándares de protección en función del número de prestaciones que concede y cuyo sectarismo le impide afrontar con sensatez cualquier política de reconstrucción, ante los españoles o ante nuestros socios europeos, que tendrán que financiarla.

Rechazo suicida a la austeridad
EDITORIAL Libertad Digital 6 Mayo 2020

Nada más declararse el draconiano estado de alarma, en estas mismas páginas alertamos de la absoluta necesidad de llevar a cabo un plan de austeridad que permitiera hacer frente al mayor gasto en sanidad y desempleo y aliviar la carga fiscal de empresas, autónomos y familias. Desde entonces, solo alguna entidad de la sociedad civil, como el Círculo de Empresarios, ha abogado por un plan que incluya una reducción temporal del sueldo de los funcionarios, cuyo puesto de trabajo no corre peligro. Pero ni el Gobierno ni la mayoría de la oposición han aprobado o defendido una sola medida de reducción del gasto público; de hecho, el Ejecutivo ha aprovechado el estado de alarma para disparar las colocaciones a dedo, ampliando su ya de por sí mastodóntica Administración con 14 nuevas direcciones y subdirecciones.

Frente a este irresponsable y timorato consenso que lo fía todo a disparar el déficit y el endeudamiento públicos, sólo Vox ha planteado una propuesta para eliminar diez ministerios y tres vicepresidencias y elaborar una auditoría a la "mastodóntica" estructura del Gobierno. Se dirá que este discreto ejercicio de austeridad se hace después de que el partido de Santiago Abascal propusiera hace un mes que el Estado se hiciera cargo durante tres meses del sueldo de todos los empleados sometidos a confinamiento, ruinosa ocurrencia más propia de un corporativismo falangista socialistoide que de un partido que pretenda ser una auténtica alternativa liberal-conservadora al consenso socialdemócrata. Ahora bien, la última propuesta de Vox, aun cuando sea claramente insuficiente y tampoco contemple reducción alguna del salario de los numerosísimos funcionarios y empleados públicos, al menos trata de reducir el ritmo de crecimiento de la deuda pública, que ya rozaba el 100% del PIB antes de la aparición de la pandemia y que para finales de año podría llegar a un pavoroso 115%.

Así las cosas, o se empieza ya a elaborar un ambicioso y valiente plan de austeridad que reduzca la presión que la mastodóntica Administración ejerce sobre el cada vez más empobrecido y reducido número de contribuyentes netos, o será Bruselas la que, más pronto que tarde, venga con las tijeras. Los países del norte de Europa no parecen dispuestos a pagar la barra libre del endeudamiento público. Menos aún cuando el Gobierno social-comunista, ante una noticia como la de que en abril ya había 7 millones de personas en el paro o sometidas a ERTE, en lugar de lamentarse o preocuparse se vanagloria por haber alcanzado el "record histórico" de 5,2 millones de prestaciones por desempleo, por un valor superior a los 4.500 millones de euros...

Votad ‘no’ al comunismo
Emilio Campmany Libertad Digital 6 Mayo 2020

La voz de la corrección política aconseja al PP votar la prórroga del estado de alarma. Los argumentos parecen poderosos. En una situación de emergencia, el principal partido de la oposición no puede forzar que la salud de los españoles quede sin protección jurídica. Por otra parte, de levantarse por completo el confinamiento, Casado sería culpable de los muertos que el virus provoque en el futuro. Son alegaciones rebatibles. El responsable de la salud de los españoles es el Gobierno. Con las muertes sucede lo mismo. Sánchez ha de responder de las pasadas como de las que vengan. Si quiere que a partir de ahora sea Casado el que tenga que rendir cuentas, que dimita y diga al rey que el PSOE investirá al candidato del PP. Mientras, la culpa de lo que ocurra será de Sánchez, por no haber sabido mantener la coalición que le encumbró a la presidencia del Gobierno y por no haber sabido ganarse los votos del PP si es verdad que tanta falta le hacen.

En cambio, Casado tiene poderosas razones para votar ‘no’. Para empezar, lo que se le ofrece es un trágala. Luego está la manifiesta incompetencia demostrada por el Gobierno en la gestión. Finalmente, tenemos los vehementes indicios de corrupción en la contratación de equipos sanitarios. Todo esto ya sería suficiente para justificar un voto negativo. Pero sería comprensible que Casado se rindiera dadas las excepcionales circunstancias.

Sin embargo, hay una última y decisiva consideración que hacer. Este Gobierno no está diseñando su política para combatir el virus. Lo que hace es aprovechar la crisis para que, en España, debacle económica mediante, haya entre un cuarto y un tercio de españoles dependientes de los subsidios del Estado a los que amenazar con perderlo todo si no les votan a ellos. Lo prueba que, entre las cosas que hace y promete el Gobierno, no hay ni una que vaya en la dirección de estimular la economía. Todo son ayudas. Y si fuera el PSOE el que lo estuviera haciendo, como durante tantos años lo ha hecho en Andalucía, todavía podía Casado dejarlo pasar. Pero en este Gobierno no sólo hay socialistas, hay también comunistas. Y éstos lo que hacen es aprovechar las graves crisis para acabar con la democracia.

Casado no puede ser cómplice de esto. No se trata de calcular el trato que le darán las televisiones, que será siempre malo. No se trata de aparentar sensatez ante los acobardados poderes fácticos. Se trata de España. Puede que el sistema lo expela si se opone a que Sánchez siga dejando que los comunistas gobiernen el país. Puede que los votantes más moderados del PP lo abandonen. Puede que algunos barones de su partido se le revuelvan. Pero entonces la responsabilidad será de otros. Si se ha percatado, como muchos, de que adonde nos llevan es a la bolivarianización de España, Casado sólo puede votar ‘no’. Si, como tantos otros, cree que Iglesias no es más que un burgués disfrazado de socialdemócrata radical, puede seguir votando los decretos de Sánchez. Pero entonces que se prepare para ocupar el sitio que la Historia le hará en el paraíso de los mansos a la diestra de Rajoy.

Era mejor el caos
Pablo Molina Libertad Digital 6 Mayo 2020

Sánchez amenazaba a España con una hecatombe si el Parlamento no le prorrogaba por cuarta vez los poderes excepcionales que le atribuye el estado de alarma. El ultimátum tendría algún sentido si el Gobierno hubiera hecho gala de una gran eficacia en la gestión de la crisis del coronavirus, pero planteado por el jefe de una tropa que nos ha colocado durante la pandemia en los últimos puestos del mundo civilizado, el alarde queda francamente ridículo. Una sensación que aumenta cuando el elegido para intimidar a la población española con el chantaje era el ministro José Luis Ábalos y la encargada de meter en cintura a la oposición, la gran Adriana Lastra, la otra pata de un tándem sensacional.

En contra de lo que afirma Echenique y cree a pies juntillas Arrimadas, el levantamiento del estado de alarma no iba a provocar ningún caos más que en la coalición social-comunista que conforma el Gobierno. Tras dos meses de confinamiento obligatorio bajo pena de multa o detención, había llegado el momento de decir hasta aquí hemos llegado. La incompetencia de los ministros nos ha llevado a esta situación y, quién lo iba a decir, resulta que nos fiamos mucho más de los Gobiernos autonómicos en la gestión de esta crisis. En todo caso, hay soporte legal más que suficiente para imponer restricciones temporales si resultara necesario, pero lo que no se puede hacer es destruir hasta los cimientos una economía porque al Gobierno lo han timado con las mascarillas y los test del coronavirus.

La lideresa de Ciudadanos cree, sin embargo, que es aconsejable dejar otros quince días en manos de Sánchez los poderes excepcionales de los que viene abusando ya va para dos meses. Esto de convertirse en la muleta de un Gobierno de socialistas y comunistas, con graves responsabilidades en la expansión de la pandemia y una acreditada incompetencia en su gestión, debe de ser un rasgo específico del liberalismo centrista, pero bueno será tenerlo en cuenta en el futuro.

Gracias a esa cosa que una vez fue Ciudadanos, ya no sufriremos el caos con que nos amenazaba Sánchez, sino un tsunami de pobreza con el subsidio estatal gestionado por Iglesias como único recurso para sobrevivir en el día a día. Justo lo que pensaban los votantes de Cs cuando Rivera decía que eran un partido liberal.

Ahora sí que 'no' tiene que ser 'no'
Carmelo Jordá Libertad Digital 6 Mayo 2020

El PP debe negarse a apoyar un nuevo estado de alarma de este Gobierno, un trágala decorado con amenazas y chantajes que ni en una novela de Mario Puzo: sólo ha faltado que Pablo Casado se encontrase una cabeza de caballo en la cama.

Hay muchas razones para que los populares voten no, pero la primera de ellas es, precisamente, esa: las formas chulescas y mafiosas de un Gobierno que es incapaz de dialogar con la mitad decente del Congreso, pero que no tiene problemas en ponerse de rodillas delante de cualquier partido cuyo fin último sea la ruptura de España o la quiebra del orden constitucional.

Además, este Gobierno lleva cincuenta días disfrutando de un poder absoluto y deslizándose, se diría que con un placer casi sexual, por una pendiente bolivariana a la que se tiene que poner freno lo antes posible, al menos si queremos que el proceso sea reversible y no convertirnos en la última versión del "cómo pudo ocurrirnos esto a nosotros" de los que perdieron la libertad a manos del comunismo.

Por otro lado, que este Gobierno se presente como alternativa al caos sería humorístico si no fuese trágico. ¿En serio, Pedro? ¿Vosotros o el caos? ¿Después de decenas de miles de muertos, el desastre de la Sanidad, los 600.000 parados en dos meses, los test fake, las mascarillas de broma, las compras de material sanitario a empresas de cosméticos, los ERTE que no se cobran, los créditos que no llegan? ¿En serio Pedro? ¿Vosotros o qué?

Lo cierto es que no se necesita ninguna razón más que el propio Pedro Sánchez para oponerse frontalmente a este Gobierno calamitoso, pero el PP no debería limitarse a votar ‘no’ al estado de alarma, sino que tendría que presentar su propio plan, serio y completo, y colocar al PSOE ante su propio dilema: si tan terrible es que decaiga el estado de alarma, votad esto, y si no seréis responsables de las próximas tragedias como sois ya más que responsables de las que estamos viviendo.

Por último, en todas las democracias –y quiero pensar que España aún lo es– la responsabilidad para sacar adelante las políticas del Gobierno no es de la oposición sino del propio Gobierno. Así, aquellos que no son capaces de hacerlo o dimiten o presentan una cuestión de confianza. Si Sánchez no puede convencer a los demás, que coja la maleta y el colchón y se vaya de la Moncloa; eso sí que sería un buen inicio de la maldita desescalada.

El escorpión y la serpiente
Antonio Cabrera Periodista Digital 6 Mayo 2020

Como en la fábula del escorpión, no pueden evitarlo. El impulso irrefrenable de inocular veneno va en su carácter. La serpiente y el escorpión. No les importa que con ello se ponga de manifiesto la vileza de su condición que busca, por encima de todo, el aniquilamiento del adversario, presa inocente de las inclinaciones de su carácter.

Claro que si la presunta víctima responde y pone en fuga a la variada fauna de artrópodos y reptiles que se disputaban la pieza antes de cobrarla -sin olvidar la inevitable comparsa de aulladores y carroñeros, jauría ineludible en toda cacería- aquí se arma la de Dios es Cristo. O sea, la derecha fascista; el dóberman y la crispación. Lo de siempre.

En vista de que pintan bastos, que el pueblo soberano abomina la soberbia, la estulticia y la mentira que los silencia, los secuestra, los mata y los arruina, desde esa izquierda con un siglo de pedigrí marxista en las costillas -hasta que Felipe González les aflojó el yugo-, o desde esa otra más siniestra, orgullosa de 100 millones de muertos a sus espaldas, vuelven a amenazar a la Oposición. Como en el 36. Unos desde sus púlpitos en la Moncloa. Otros desde su poltrona móvil o desde la tribuna del Parlamento. Los muertos serán vuestros, dicen. O nosotros o el caos.

Ahora, para justificar el secuestro de la Nación y el pavoroso panorama de la muerte de 35.000 españoles y medio millón de infectados, nos hablan de consignas y eslóganes, de nuevas realidades, de patrias, de fases y de dogmas de partido, a propósito de alertas sanitarias, de crisis económicas, de rescates, de COVID-19 o de ERTES como antes lo hicieran con Aznar, el Prestige, los atentados del 11-M, el trio de las Azores o el no a la guerra (la de Iraq, naturalmente. Las de Afganistán y los Balcanes sí que eran legales y legítimas, porque eran suyas)

Ya no saben qué inventar. La descojonación, siquiera como metáfora. El mundo al revés. Su cinismo, y su refinamiento en la manipulación de la verdad, es tal que la invocan mientras planifican su secuestro. Pretenden que una verdad, mil veces repetida, llegue a dejar de serlo. Eso ya lo inventó Goebbels. Muñidores de la mentira, inasequibles al desaliento, buscan la cuadratura del círculo. Ensayan el malabarismo dialéctico de repudiar como consignas viles y falaces las verdades que, a sabiendas de que lo son, niegan porque descubren las cartas marcadas de su juego tramposo. Otra forma de escupir al cielo.

Maestros de insidias, ellos sí, secuestradores de la verdad -una tradición centenaria avala su maestría en el oficio- hacen preguntas retóricas cuyas respuestas conocen de antemano. Insultan la inteligencia de los ciudadanos, ajenos a su rebaño político. Incluso la de quienes no pertenecemos a ninguno. Niegan evidencias, ignoran hipótesis, levantan barricadas a la verdad, la cercan con fosos, vetan comparecencias, y dentro de poco pretenderán cerrar comisiones de investigación que no podrán eludir y acabarán por devorarlos. Pero todo será inútil. La terrible espiral de la verdad ya es imparable.

Palos de ciego por si suena la flauta por casualidad
¿Cuándo van a dejar que la Justicia siga su camino independientemente de lo que le interesa al actual Gobierno?
Miguel Massanetdiariosigloxxi 6 Mayo 2020

Por mucho que queramos ponernos la venda delante de los ojos, por mucho que se nos quiera vender el porvenir de nuestra nación teñido de rosa o por mucho que este Gobierno que nos ha tocado en suerte se empeñe en esquivar el reconocer que la dura realidad en la que estamos situados no es el paraíso socialista que ellos prometieron, no van a tener más remedio, antes o después de que esta epidemia que estamos padeciendo deje de llevarse a miles de españoles a los terrenos del más allá, de reconocer que no tienen en sus manos la solución para que España pueda superar, con posibilidades de éxito, la post pandemia a la que ya no hay nadie que espere que no va a ir acompañada de una nueva recesión, de incalculables consecuencias.

El señor Sánchez, el omnipresente presidente que no deja día sin aparecer en las TV para darnos la tabarra con sus maratonianas sesiones de propaganda demagógica de su persona y de los grandes “éxitos” cosechados por su gobierno, sin dejar de intentar descargar la bilis que le produce el encontrarse solo contra la oposición a la que, en su desprecio por la verdad y en su obcecación por no aceptar el apoyo que le pudieran proporcionar, no hace otra cosa que descalificarla, acusarla de falta de colaboración e intentar trasladarle la responsabilidad de que lo que está ocurriendo en nuestra nación, respecto al retraso en contener el coronavirus y el no haber conseguido, pese al tiempo que hace que estamos amenazados por la pandemia, trazar un plan viable para el momento en el que el país tenga que afrontar la vuelta a una normalidad, que no va a tener la cualidad de tranquila, ni será rápida, ni será fácil, va a exigir grandes sacrificios a los ciudadanos y grandes dosis de sentido común, sensatez, imaginación e inteligencia del Gobierno para que, el futuro que se nos presenta, no acabe por convertir al país en ingobernable, revolucionario e incompatible con los sistemas políticos y económicos del resto de la UE; algo que es obvio que va a tener resultados catastróficos para España y los españoles.

Y, contrariamente a lo que se esperaría de un Gobierno que busca lo mejor para el pueblo, nos encontramos ante unos señores cuyos planes no parecen dirigidos a conseguir una recuperación, lo más rápida posible, de la industria, la producción, el consumo, el trabajo, el control de nuestra deuda pública, la contención del déficit público y, especialmente, el conseguir que nuestro número de parados (que amenaza con incrementarse en varios millones más de desocupados en los próximos meses) deje de aumentar y se reinicie un rápido rearme de nuestros medios de producción que consiga que, en el menor tiempo y coste posibles, volvamos a los niveles de empleo, al menos aquellos que, últimamente, estábamos consiguiendo situarnos en España. Por desgracia, basta echar una mirada a nuestros medios de información para comprobar que estamos ante una situación de pérdidas generalizadas que está afectando a todos los sectores de nuestra economía, con especial virulencia en todo lo que hace referencia a las empresas relacionadas con el turismo que ya calculan que este año 2020 les va a causar más de 92.500 millones de euros de pérdidas, sin que haya nadie que se atreva a pronosticar cuántas de las empresas relacionadas con él van a tener capacidad para afrontar la crisis sin acabar por tener que cerrar las puertas.

Pero, si para las empresas, los pequeños comercios o grandes multinacionales, esta crisis les va a suponer la regulación de plantillas, reducción de la producción o el cierre de algunas de sus sucursales, en lo que se refiere a los ciudadanos el panorama que se nos presenta no puede ser más catastrófico. Y no se trata sólo de que tengamos que afrontar una nueva crisis después de la que acabábamos de dejar atrás, sino que los que van a tener que gestionarla no son las derechas como sucedió en la del 2008, sino que ahora quienes tienen las manos en el timón del barco son las izquierdas y no las izquierdas moderadas, como las que existen en otros países del resto de Europa, sino unas izquierdas particularmente revanchistas, extremas, marxistas y auspiciadas por dictadores como el señor Maduro de Venezuela y financiadas por mecenas que tienen puesta su atención en conseguir cambiar el régimen político de monarquía parlamentaria, como es el caso de nuestra democracia, para imponer un tipo de república totalitaria. Ello va a suponer que van a intentar darle el vuelco a la situación, y ya se van teniendo noticias de lo que están tramando los de IU y Podemos. Se habla de que IU está trabajando en un documento específico de un programa fiscal que va a suponer la mayor subida de impuestos, jamás conocida, para los españoles. Entre sus principales objetivos se encuentran: subir el IRPF, el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, el de Sociedades, el impuesto sobre Depósitos, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles, esto respecto a los ya existentes, pero también existe el proyecto de crear nuevos como la conocida “tasa Covid” del señor Iglesias y más impuestos verdes. Entre las perlas que se recogen en este “Plan de Reconstrucción” de Izquierda Unida podemos citar las siguientes: “ Hacer que las rentas del capital se incluyan en la misma base que las de trabajo, incluyendo plusvalías en menos de dos años” o “eliminar las desgravaciones fiscales de los planes de pensiones”, así como “elevar el impuesto de Sucesiones y Donaciones” y algo que no dudamos que le encantaría a la señora Colau, alcaldesa de Barcelona, “crear un recargo específico para en el IBI para viviendas desocupadas”. Y un tema que va a afectar a muchas personas: crear un impuesto sobre los Depósitos con un gravamen mínimo del 0’2% con la posibilidad de que las comunidades autónomas puedan establecer recargos adicionales (como sucede con el IRPF).

Es evidente que estos señores que, no lo olvidemos, forman parte del grupo de Podemos, que está en el Gobierno, están decididos a, aprovechando que España está pasando por una gran crisis sanitaria que está incidiendo de una forma grave en nuestra economía, decidir que ha llegado el momento de dar un “golpe de Estado”, de momento incruento, para olvidándose de lo que establece la Constitución española sobre el derecho de propiedad, o del hecho de la doble imposición sobre un mismo concepto o de las graves consecuencias que un disparate semejante tendrían sobre la economía y el empleo del país, usando su arma principal, la de la propaganda y fomentando, como vienen haciendo, la repulsa hacia los empresarios, lo mismo que ya están haciendo contra la Iglesia Católica ( que, como es habitual, hasta que se les cierran los colegios y universidades, se los expulsa o, como sucedió con la Guerra Civil, se los asesina; piensan que contemporizando con los gobernantes, cediendo algunas competencias o mostrándose obsequiosos con las autoridades, van a evitar que, llegado el momento, se les prohíba continuar con su ministerio, si es que no se toman medidas más drásticas contra ellos) no den un paso más hacia el control absoluto del país.

Mientras tanto, España sigue sin su Parlamento (apenas unos pocos parlamentarios acuden a las sesiones de control al gobierno) cuando ya se habla de dar permiso para que la gente salga a pasear. ¿A qué viene esta tontería de que sus señorías no puedan asistir a las sesiones del Parlamento? Los sanitarios cumplen con su deber, la policía también, lo mismo que la Guardia Civil sin que el coronavirus les impida hacer su trabajo en beneficio del pueblo. ¿A qué se debe que, estos señores parlamentarios que cobran incluso cuando no acuden a las sesiones parlamentarias (no hablo de trabajar porque esto ya sería exigirles demasiado), se queden en sus casas cuando es evidente que deberían ser de los que acudieran al congreso para apechugar con sus obligaciones para con sus representados, los ciudadanos?, ¿Cuándo se van a reanudar, normalmente, las sesiones en ambas cámaras. De momento parece que estas cuatro etapas que, los que dirigen el tema del coronavirus, después de largas deliberaciones que debieran facilitar el regreso a la normalidad, no han satisfecho a nadie, han preocupado a la mayoría y siguen sin la concreción y especificación que, medidas de una importancia semejante, deberían de tener.

Y una pregunta, por supuesto, meramente retórica. ¿Cuándo van a dejar que la Justicia siga su camino independientemente de lo que le interesa al actual Gobierno? Es evidente que, especialmente por parte del sector comunista del gobierno, se ha emprendido una nueva campaña, con el objetivo claro de desprestigiar a tercer poder del Estado, el judicial, algo que resulta incomprensible y, evidentemente, inaceptable. El hecho de que, nada menos que un vicepresidente del actual gobierno, el señor Iglesias, se permita dudar de sus sentencias, y alimente las protestas de una señora perteneciente a Podemos, que se atrevió a insultar y agredir a unos policías que cumplían con su deber, pretendiendo enmendarles la plana a los jueces, que la condenaron por atentado a la autoridad y lesiones,, sin que ningún miembro del gobierno haya dicho una palabra de censura contra su actitud insolente y improcedente, especialmente para una persona que ostenta el cargo de vicepresidente del Gobierno, una circunstancia que debiera de haberle inducido a callarse y limitarse a, como han hecho el resto de miembros de Gobierno ( el señor Marlasca escurrió el bulto como es habitual en él, pero no condenó las palabras de Iglesias) a callarse aceptando las decisiones de los jueces.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos parece que ha llegado el momento en el que, quien tenga algo que decir (cómo sucede en las bodas), que lo diga y quien tenga algo que aportar para sacarnos de esta pesadilla en la que nos encontramos, que lo aporte sin más dilación. Es evidente que van a llegar momentos en los que los españoles nos juguemos algo más que la salud y no estamos seguros de que la democracia de la que hemos venido disfrutando hasta hace poco, sea suficiente para que evitemos que los separatistas por un lado y los comunistas por el otro, acaben con los restos de la España, que todos hemos ayudado a conservar durante tantos años. Decía Simón Bolivar: “Más que por la fuerza nos dominan por el engaño”, pues eso.

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