AGLI Recortes de Prensa   Jueves 7  Mayo  2020

Un cesarismo de cartón piedra
Antonio Alonso Timón. Fundación DENAES. https://nacionespanola.org  7 Mayo 2020

Mal día para dejar de fumar. Y para empezar a escribir. Después de conocer anoche que se mantendrá el mal llamado estado de alarma durante otros quince días (hasta el 23 de mayo) una vez que el Gobierno ha conseguido los votos suficientes para prolongar el estado de excepción encubierto que ha ido construyendo sin ningún pudor ni recato, no podemos ser muy optimistas a corto plazo con la deriva que está tomando España.

La situación a la que nos aboca esta triste realidad es poco halagüeña. Supone profundizar en el error de otorgar poderes excepcionales a un Gobierno que no sólo no ha sabido administrarlos bien para la resolución de la crisis sanitaria sino que ha ido mucho más allá y ha aprovechado esta situación de excepcionalidad para cercenar de manera flagrante y palmaria derechos fundamentales de los ciudadanos y publicar en el Boletín Oficial del Estado normas que poco o nada tienen que ver con la citada crisis, con el peligroso objetivo de avanzar en la implantación de un programa ideológico que abocará a España a una inexorable y dura crisis económica y social.

Por lo que a la crisis sanitaria hace referencia, los datos hablan por sí solos y poco más se puede añadir a lo ya comentado por diferentes analistas en los medios de comunicación. Tenemos el dudoso honor de figurar en la cola de todos los rankings de datos asociados al COVID-19 (número de muertos por millón de habitantes, número de sanitarios contagiados, número de tests realizados…). Es difícil llevar a cabo una gestión tan nefasta, aunque ese sea el propósito. Cada decisión “errónea” que ha tomado este Gobierno ha costado vidas.

En relación con la utilización del estado de alarma, los excesos cometidos por el Gobierno ya en el propio Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma, son notorios. Si bien es cierto que la pandemia del COVID-19 hacía aconsejable, bastante antes de lo que lo hizo el Gobierno, la declaración del estado de alarma, y que el artículo 4.b) de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, reguladora de dicho estado de alarma, contempla las crisis sanitarias como uno de los supuestos de hecho en que cabe tal declaración, las medidas adoptadas en el citado Real Decreto por el que se produce su declaración vulneran de manera grosera importantes derechos fundamentales regulados en nuestro texto Constitucional. Por ejemplo, los artículos 17 y 19, párrafo primero, que reconocen el derecho a la libertad y el derecho de los españoles a circular libremente por el territorio nacional. El confinamiento tan estricto que se ha decretado en España, así como la suspensión temporal de estos derechos fundamentales de manera tan intensiva y extensiva no puede llevarse a cabo bajo la vigencia de un estado de alarma, sino que es más propio de un estado de excepción. Asimismo, se han cercenado de manera arbitraria otros derechos fundamentales durante la vigencia del estado de alarma, aunque en el propio Real Decreto de declaración se reconociese el ejercicio condicionado de los mismos (artículo 11), como es el caso de la libertad religiosa, reconocida en el artículo 16.1 de la Constitución. Adicionalmente, la aplicación práctica que del estado de alarma se ha llevado a cabo ha supuesto una derogación de facto de nuestro sistema democrático. Desgraciadamente, no se puede calificar de otra forma el hecho de que se haya intentado e, incluso, conseguido, al menos inicialmente en el caso del poder legislativo, suspender las funciones de los poderes del Estado (legislativo y judicial), lo que es incompatible con lo establecido en el artículo 1.4 de la citada Ley Orgánica 4/1981 de estados de alarma, excepción y sitio. Por no hablar de la injustificable vulneración de los principios de legalidad, tipicidad y proporcionalidad en el ejercicio de la potestad sancionadora en la imposición de sanciones a la población por incumplimientos del confinamiento.

Por último, no debemos olvidar el ataque tan directo y desproporcionado al artículo 38 de la Constitución (libertad de empresa) que la prolongación en el tiempo del estado de alarma y las medidas económicas aprobadas en los Reales Decretos-Ley aprobados durante su vigencia han supuesto.

En definitiva, mal negocio hemos hecho con el estado de alarma, querido Sancho. Durante la vigencia del mismo se ha desvelado, de manera descarnada, la verdadera faz, no ya autoritaria sino totalitaria, del Gobierno social-comunista, liderado por dos personas que ya demostraron este jaez en las malas artes que desplegaron en los procesos internos de sus partidos que les auparon al liderazgo que en ellos detentan en la actualidad.

La prolongación por quince días más del mal llamado estado de alarma, con anuncio por parte de instancias gubernamentales de que serán necesarias hasta dos prórrogas más, profundizará en la deriva totalitaria de este Gobierno y supondrá un empeoramiento sustancial de nuestra economía, lo que se traducirá en una crisis económica profunda que, con mucha probabilidad, hará necesario pedir dinero a Europa a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

No todo son malas noticias. Es precisamente la crisis económica la que, desgraciadamente, porque la padecerán de manera inmisericorde muchos de nuestros compatriotas, la que pondrá al descubierto todas las vergüenzas, y son muchas, de este Gobierno. La falta de liquidez de la tesorería pública como consecuencia de los gastos innecesarios llevados a cabo en los meses anteriores a esta crisis hará necesaria la citada inyección de dinero por parte de las instituciones europeas. Pero ese dinero no va a llegar gratis y de manera incondicional, a pesar de los deseos expresados en tal sentido por el actual Presidente del Gobierno, desconocedor de casi todo y soñador de casi nada. Los ajustes en las variables macroeconómicas a las que nos vamos a ver obligados si queremos recibir el dinero procedente de nuestros socios europeos hará difícil la propia subsistencia de este Gobierno, ya muy tocado por la complicada amalgama interna. El panorama político del Gobierno se complicará con la profunda crisis económica que nos acecha y la gasolina que va a añadir a este fuego las caducas e ineficientes recetas económicas con las que pretende abordarla. A ello se une el hecho de que, ante las erráticas decisiones tomadas durante la crisis sanitaria y las discutibles decisiones económicas que ya han llegado o están por llegar, este Gobierno carece credibilidad, ni internamente ante los ciudadanos españoles ni externamente ante sus socios europeos.

No parece probable que regar con dinero público a los medios de comunicación social para que omitan los errores gubernamentales, comprar con subsidios voluntades de ciudadanos a los que se pretende prolongar sine die su situación de dependencia o recurrir sistemáticamente a la propaganda, cuando no directamente al bulo, vaya a ser suficiente para tapar el agujero que se nos viene encima y que va a afectar a gran parte de la población española.

La situación política de este Gobierno, abandonado ya por alguno de sus socios de investidura, es cada vez más endeble.

La situación judicial de este Gobierno, ante las numerosas reclamaciones, denuncias, querellas que se anuncian, debería ser sombría.

A este Cesarismo de cartón-piedra no le queda mucho tiempo para seguir torturando arbitraria y totalitariamente. No hay Sánchez ni Iglesias que cien años duren, ni España que los resista.

PSOE y Podemos causan alarma; PP y Ciudadanos, perplejidad 
EDITORIAL Libertad Digital 7 Mayo 2020

Pablo Casado ha estado muy acertado en sus contundentes críticas al Gobierno y en su demostración de cómo es posible adoptar medidas legales que eviten la propagación del coronavirus sin necesidad de prorrogar un liberticida y empobrecedor estado de alarma que, tal y como denunciaba recientemente la ex fiscal general del Estado Consuelo Madrigal, en un espléndido artículo titulado "La sociedad cautiva", está resultando más bien un estado de excepción encubierto. Es más, se podría decir que –sin minusvalorar la intervención de Santiago Abascal– las palabras que pronunció este miércoles el líder del PP en el Congreso de los Diputados son las que mejor hubieran avalado un voto negativo a la prolongación de un estado de alarma que, para colmo, no ha servido para procurar test y material de protección a la población ni para saber el número real de contagiados y fallecidos por la pandemia.

Lo perturbador es que el PP, en lugar de votar 'no', en absoluta coherencia con la intervención de Casado, decidiera abstenerse, perdiendo así la oportunidad de desvincularse tardía pero abiertamente de semejante fraude de ley. Ya sea por el complejo de no querer aparecer en compañía de Vox, ya sea por un estéril y contraproducente deseo de hacerse perdonar por un Gobierno que sólo merece ser combatido, el hecho es que Casado sigue sin decir a los españoles qué más tiene que hacer el Gobierno del socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias para que el PP sea, de verdad y al margen del número de escaños, el principal partido de la oposición.

Se dirá, no sin buenas razones, que tanta o más perplejidad provoca que Ciudadanos siga sancionando los omnímodos poderes que se ha arrogado el Gobierno social-comunista, cuya clamorosa incompetencia ha sido no pocas veces criticada por el partido de Inés Arrimadas. Pero es que Cs ya hace tiempo que firmó su propia sentencia de muerte, y no va a resucitar de la mano del PSOE mientras éste siga vinculado a los separatistas y a la extrema izquierda podemarra.

En resumidas y desoladoras cuentas: la ciudadanía sigue cautiva de un Gobierno que, con la excusa del covid-19, no hace otra cosa que socavar las libertades y cortocircuitar la actividad económica.

La solución no es un país subsidiado
Editorial ABC 7 Mayo 2020

No hay plan B pero vamos conociendo algunos detalles del plan A del Gobierno en lo que afecta al desempleo en España. Si a partir de ahora hay que acoger con alegría la mayor subida del paro de la serie histórica porque «somos capaces de dar cinco millones y pico de subsidios», el siguiente paso es exigir a las empresas que no despidan hasta 2021 y mantengan los ERTE, a costa de que tengan que devolver las ayudas recibidas si no mantiene al cien por cien las plantillas. Por decreto, las empresas no podrán extinguir contrato alguno alegando causas de fuerza mayor o económicas, técnicas u organizativas provocadas por la pandemia. Entendiendo la oportunidad de mejorar las condiciones de los despidos, el Ministerio de Trabajo, en manos de Podemos, está poniendo a los empresarios condiciones imposibles de cumplir y que abocarán al cierre a sociedades que no puedan soportar sus costes laborales en una época en que la recesión económica (que se estima que puede rebanar hasta el diez por ciento del PIB) hace inviable proyectos basados en las condiciones que presentaba el mercado antes de la crisis del Covid-19. Sectores enteros, como el turismo, verán cercenado dramáticamente su actividad y no podrán en ningún caso mantener sus plantillas. El problema del Gobierno es que trabaja con un escenario irreal, como si nada hubiera ocurrido, y así es imposible que cree un modelo útil para evitar la escabechina laboral. Mejor haría Sánchez en centrarse en ayudar a las empresas, hacérselo más fácil, porque de lo contrario la ruina se puede viralizar, como ya lo ha hecho durante los dos primeros meses de este tormento: cerca de 150.000 negocios destruidos. El futuro no pasa por prohibir los despidos por decreto sino en crear las condiciones para que se cree empleo. Lo contrario es seguir «celebrando» que cada mes haya que pagar un millón más de subsidios

Eduardo Inda: «Con su hermafrodita abstención Casado ha conseguido cabrear a todo el mundo»
OKDIARIO 7 Mayo 2020

Eduardo Inda cree que la comparecencia de Pablo Casado en el Congreso de los Diputados, que ha dado el visto bueno a la cuarta prórroga del estado de alarma a Pedro Sánchez, «ha degenerado en auténtico gatillazo, gatillazo de campeonato. ¿Y por qué ha degenerado en gatillazo de campeonato? Pues simple y llanamente porque ha tomado una decisión, la de la abstención, que no es ni chicha ni limonada, que es hermafrodita, que es asexuada y que ciertamente no ha dejado contento absolutamente a nadie».

La voces con mayor experiencia, «los más viejos del lugar» dentro del Partido Popular, «advertían a Casado de que las abstenciones siempre le han salido mal a la formación de la calle Génova 13», asegura Inda. El periodista recuerda lo que ocurrió en el año 1986 con el referéndum de la OTAN: «El señor Fraga, que era partidario de seguir en la Organización Atlántica, optó por la abstención para fastidiar a Felipe González. Y al final fue González el que ganó y el que se fastidió fue Manuel Fraga, que quedó fuera del consenso internacional, del consenso de los aliados occidentales. Aquello fue el principio del fin de su Presidencia en Alianza Popular».

Otro de los grupos descontentos con la abstención de Casado son «los sectores más duros de las bases del PP, que pedían mano dura con el presidente del Gobierno. Un ‘no’ contundente», explica Inda. Una de las claves para el director de OKDIARIO es «el discurso que ha leído el presidente del PP, un discurso preparado para él ‘no’, no para la abstención. Y motivos para el ‘no’ a Sánchez hay sobrados porque está haciendo un uso y un abuso autocrático de una medida absolutamente excepcional», reseña Inda .

«Hay que recordar que el abstenerte o votar ‘no’ aleja de la imagen de Estado que ha dado en las últimas semanas Pablo Casado y que está teniendo sus frutos en las encuestas», apunta Eduardo Inda que añade que «la abstención es lo mismo prácticamente que el ‘no’, porque eso va a permitir que el Partido Socialista le eche la culpa de todos los males, y no digamos ya sus terminales mediáticas que representan el 80% de los medios de comunicación de este país, si hay un rebrote de la enfermedad. El culpable, ya se lo vaticino a todos ustedes, si hay un rebrote, Dios no lo quiera, será Pablo Casado». «Querido Pablo, hoy no ha sido precisamente tu día», finaliza Inda.

Sánchez tiene claro que a los amigos hay que cuidarles
OKDIARIO 7 Mayo 2020

Que cada cual saque sus conclusiones: el Gobierno socialcomunista ha aprobado un decreto en defensa y apoyo del sector cultural ante la pandemia de coronavirus dotado con 76 millones de euros, mientras una semana antes aprobó destinar fondos para la investigación frente al Covid-19 con un montante de 30 millones de euros, es decir menos de la mitad que la generosa partida impulsada por el Ministerio de Cultura.

El que no llora no mama. Después de que la progresía que se arroga la condición de representantes de la cultura nacional plantara cara al ministro José Manuel Rodríguez Uribes por no plegarse a sus exigencias, Sánchez entendió que no ponerse a las órdenes de un colectivo afín -salvo honrosas excepciones- a la causa socialcomunista podía salirle muy caro. Y el último Consejo de Ministros ha aprobado una batería de medidas para evitar la bancarrota del sector cultural: una lluvia de millones que contrasta con los 29,65 millones concedidos para «el desarrollo de proyectos y programas del Instituto de Salud Carlos III y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que ya tienen en marcha varios proyectos relacionados con el nuevo coronavirus».

Por supuesto que hay que proteger al sector de la cultura (y al resto de sectores, muchos de los cuales siendo esenciales siguen esperando sentados), pero lo que choca es la diferencia de trato entre una partida y otra en un momento en que lo esencial es invertir en investigación para combatir la pandemia. Y no se trata de enfrentar a un sector contra otro, sino de establecer un orden de prioridades. La ayuda al sector cultural es generosa si tenemos en cuenta que al sector científico se le ha dado menos de la mitad. Comparen ustedes las ayudas a un sector y a otro y observen como no todos somos iguales a ojos del Gobierno socialcomunista.

Sánchez tiene claro que a los amigos de la cultura hay que cuidarles. No en vano son uno de sus graneros de voto

Acabar con la Alarma para defender la Libertad
Jesús Cacho. vozpopuli  7 Mayo 2020

Primera protagonista, Inés Arrimadas. Y primer gran vuelco a la legislatura por ella protagonizado, al poner al servicio del Gobierno de Pedro & Pablo los diez escaños de Ciudadanos (Cs) para que pudieran salvar el match ball que de manera inopinada había supuesto la negativa de ERC, integrante de la coalición que en mayo de 2018 llevó a Sánchez al poder, a prolongar el estado de alarma. Seguramente la bella Inés llegó hace tiempo a la conclusión de que, con tan ligero equipaje, había llegado el momento de apostar fuerte en la ruleta del destino o entregar la cuchara. Explorar un nuevo futuro. Vale la metáfora del caminante que en pleno desierto decide cavar un pozo en la esperanza de encontrar agua en algún nivel de las profundidades. Hallar nueva vida allí donde parecía acabada. Una apuesta al todo o nada que, de momento, le permite hacer añicos el “trifachito” y al tiempo introduce una cuña en una alianza PSOE–Podemos cuya línea estratégica ha estado movida siempre por la confrontación, la división de la sociedad española en dos bloques tan pétreos como antagónicos. El perfil de esos bloques comienza a difuminarse. Me cuentan de buena tinta que empieza a detectarse cierto trasvase de voto. Que empieza a movilizarse gran parte del que se abstuvo de Cs en las últimas generales, y que también se mueve un cierto voto más centrado que antaño perteneció al viejo PSOE.

Quiero creer que Arrimadas cuenta con poderosas razones para haber protagonizado una voltereta que ha dejado perplejos a los 1,63 millones votantes que, procedentes en su mayoría de la deserción provocada en el voto PP por la traición de los gobiernos de Mariano Rajoy a los principios de una democracia liberal, se mantuvieron firmes el 20 de noviembre pasado en el voto Cs, y que anoche, tras conocer la noticia, se declararon oficialmente huérfanos de nuevo. Entiendo la necesidad de Inés de mover ficha, pero resulta difícil justificar que haya ido a lanzar este salvavidas a Sánchez en el peor momento de Sánchez, cuando el cambio de acera de ERC le había colocado contra las cuerdas. Recordatorio de la extrema debilidad de este Gobierno gallardo, todo fanfarria impostada. Rivera nos privó en su día de un Gobierno “normal” con 180 diputados, y Arrimadas salva ahora de la quema a un Gobierno “anormal”. Entiendo que hay más días que longanizas y que las próximas semanas irán dando las claves de un pacto que hoy apenas se intuyen, pero el Cs que nace con este movimiento es algo distinto al que nos encandiló como representante de esa España culta y urbana reñida con el sectarismo socialista, abanderado de la sociedad abierta, empeñado en la regeneración de las instituciones y punta de lanza contra el separatismo xenófobo y trincón. El Ciudadanos que viene es otra cosa.

Segundo protagonista, Pablo Casado. “Le propones un PACTO: (i) Remodelación inmediata del gobierno. Mantenimiento de Pedro Sánchez como Presidente. Salida de los 5 ministros de Podemos, reducción de carteras a 10 agrupando ministerios, siendo la mitad gestores independientes y la otra mitad con alto peso político: GOBIERNO DE GESTIÓN MONOCOLOR PSOE CON INDEPENDIENTES. (ii) Apoyo parlamentario del PP hasta el inicio de la recuperación económica (iii) Elaboración urgente de un documento (por economistas de prestigio consensuados) para formalizar un PACTO DE ESTADO suscrito por PP y PSOE con invitación al resto de fuerzas políticas”. El párrafo anterior, literalmente transcrito, corresponde al punto 3 de un memorándum remitido este fin de semana al líder del PP por un muy notorio empresario, capitán de una de las empresas del Ibex. Curioso, porque el Ibex, al contrario que los miembros del club de la Empresa Familiar (los Ortega, Roig, Escarrer y demás) que se juegan su pasta y la de sus familias, está portando el palio bajo el que desfilan nuestras Thelma & Louise con pantalones. Recomendaciones como esta, más o menos perentorias, le han llovido por docenas en los últimos días, y en distintos formatos, al inquilino de la calle Génova. Todas reclamando el voto negativo del PP a la renovación del estado de alarma que ayer aprobó el Congreso.

El líder del PP se ha mantenido firme y ha optado por la abstención, algo que, como en el caso de la voltereta de Arrimadas, tampoco es fácil de explicar. El señorín de la barbita ha demostrado que tiene criterio y no se deja influir fácilmente. Casi todos los comentarios que ayer pudieron leerse en los medios calificaban la decisión de error de bulto. No lo creo. Su discurso de ayer, muy duro de fondo, en el que había colaborado algún que otro bufete de campanillas, puso de manifiesto la inutilidad del estado de alarma para combatir la pandemia existiendo normas legales sobradas en nuestro ordenamiento para aislar lo que sea necesario. Sánchez y su mozo de estoques, al descubierto. De modo que con el “sí” a la renovación asegurado gracias al trabajo sucio de la bella Inés, Casado pudo mantenerse en una abstención entendida como un ejercicio de responsabilidad y un aviso a navegantes de que la próxima vez, si la hay, el voto PP será “no”. Situación ideal para vivaquear, en efecto, aprovechando al tiempo para marcar distancias con Vox. Alguien escribió en redes: “Quince años de rajoyismo, de todo se aprende”. El tiempo de Casado, no obstante, está por llegar, aunque avanza cual caballo desbocado. Conviene atarse los machos. La Airef presentó ayer la evaluación del Programa de Estabilidad 2020-2021 remitido por el Gobierno a Bruselas, advirtiendo que el déficit público podría llegar al 13,8% del PIB este año, lo que supondría un agujero de 171.000 millones. En octubre-noviembre podemos estar abocados a elecciones, en el mismo momento en que la Comisión Europea exija a España un ajuste presupuestario de más menos la mitad de esa cifra. Todo por los aires, y Casado a la Moncloa en menos de un año. No le arriendo las ganancias.

Tercer protagonista, la libertad. El politólogo Éric Zemmour, exasesor de Dominique de Villepin en Matignon, se preguntaba días atrás “por qué los europeos renuncian tan fácilmente a las libertades individuales” al aludir a los estados de alarma decretados en muchos países que han restringido derechos tan elementales como la libertad de movimiento y otros. He aquí una moderna peste que además de acabar con nuestra salud puede hacerlo también con nuestra democracia, a poco que un sátrapa en la cúspide del Ejecutivo se lo proponga. Países de honda tradición democrática como Alemania, Holanda o Suecia se han resistido al estado de alarma y han combatido la pandemia, con mejor fortuna que España o Italia, sin necesidad de restringir derechos y libertades. Perdida la batalla cuando había que haberla ganado -antes del 9 de marzo- nuestro Gobierno decretó aterrado el confinamiento apelando a la unidad. Y ha habido tanta unidad que los españoles llevan casi dos meses encerrados en su casa como campeones, mientras vosotros, el Gobierno de Pedro & Pablo, utilizabais el BOE a destajo para recortar libertades, inventar derechos nuevos para okupas viejos y repartir canonjías entre vuestra cautiva clientela.

Y hay en ese silencio tras los cristales algo de fatal resignación, mucho de estigma inscrito a fuego lento en el inconsciente colectivo, y una atroz renuncia a ejercer una libertad de la que rara vez se ha dispuesto en nuestra a menudo amarga historia. El español es un tipo acostumbrado a obedecer a un amo, con un corto historial de vivencia en democracia. En Francia, en Gran Bretaña, son muchas las voces que todos los días se alzan reclamando el final de la alarma o la excepción y la devolución inmediata de los derechos y libertades cercenados por la pandemia. En España, en cambio, se oye el silencio de los corderos acostumbrados a asentir, se palpa el miedo como supremo valor coercitivo, se asume la renuncia a caminar “con el paso erguido del hombre libre” que decía Ernst Bloch. “Esta epidemia no puede debilitar nuestra democracia ni dañar nuestras libertades", declaraba solemnemente Emmanuel Macron el pasado 13 de abril. Aquí, el Gobierno de Pedro & Pablo ha aprovechado ese miedo no para evitar la avalancha de muertos, sino para intentar podar las garantías consagradas en la Constitución, con el aplauso de una izquierda encantada de caminar bajo semejante yugo. Ayer, en el Congreso de los Diputados, volvió a ganar la Alarma y a perder la Democracia. Urge acabar con la Alarma para defender la Libertad.

Hasta Nadia Calviño engaña y miente
Miguel Ángel Belloso. vozpopuli  7 Mayo 2020

La vicepresidenta económica no sólo ha sido deshonesta con las autoridades comunitarias, sino que ha engañado a los españoles sobre lo que va a suceder este año y sobre lo que va a ocurrir en 2020

La vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, es el último juguete roto de un Gobierno donde apostar por el más incompetente es un suicidio. Su plan de normalización es, entre otros disparates, una condena para la hostelería y el turismo, el gran activo nacional. Ángel, el dueño de uno mis bares entrañables, dice que no abrirá con el 50% de ocupación. Que esperará, en el caso incierto de que pueda aguantar, hasta que el horizonte escampe. Abrir implica desactivar el ERTE y reintegrar a todo el personal para una facturación que con mucha suerte apenas llegará a la mitad con los mismos gastos fijos. Pero el calvario por el que pasan miles de familias del país más los que deseamos un gin tonic helado cuanto antes no conmueve a la señora Ribera: “El que considere que es mejor tomarse un tiempo para reiniciar el negocio que lo haga. No hay ninguna obligación. El que no se sienta cómodo o crea que las cuentas no salen que permanezca cerrado”. No me dirán que no es una opinión insólita para una ministra que afirma estar “sumamente comprometida con la salida de la crisis pensando en las personas”. Salvo que los empresarios o los autónomos no le parezcan personas, claro está.

Como la mayoría del Gobierno, la señora Ribera es una funcionaria que, en este caso, lleva toda la vida exprimiendo su cerebro en favor de la causa ecologista, para la que las empresas son invariablemente agentes contaminantes y un estorbo en el camino hacia la Arcadia feliz. Tiene ese rostro turbio de estar oliendo siempre un excremento, muy propio del que detesta los bares, y tampoco le gustan los automóviles, dos sectores hasta ahora poderosos en la economía nacional. Pero no desentona. Para el equipo de Sánchez las empresas son, a lo sumo, un mal necesario. La ministra de Trabajo, la comunista Yolanda Díez, las tiene a todas por entidades sospechosas o depravadas, inclinadas naturalmente al abuso y la explotación de los empleados. Parafraseando a Churchill, el vicepresidente Iglesias mira al empresario como el lobo que hay que abatir y la titular de Hacienda, la señora Montero, como la vaca que hay ordeñar. No hay nadie en el Gobierno que lo contemple como el caballo que tira del carro.

Estos prejuicios ideológicos insanos son la causa de que España afronte la crisis del virus en peores condiciones que el resto de Europa, y también la explicación de por qué nuestra salida será más remota y dolorosa. No se ha subrayado lo debido que nuestras cuentas públicas cerraron 2019 con un déficit del 2,8% del PIB cuando nos habíamos comprometido con Bruselas a reducirlo primero hasta el 1,3% y después a contenerlo en un máximo del 2%. La razón de esta deshonra injustificable fueron los mal llamados ‘viernes sociales’. Remedando a Zapatero, el señor Sánchez tomó a lo largo del año pasado, cuando ya era evidente que la economía perdía fuelle, una serie de decisiones que pretendiendo beneficiar a colectivos específicos para esclavizar su voto perjudicaban claramente el interés general.

Estas fueron la subida y luego revalorización de las pensiones, la ampliación del subsidio a partir de los 52 años, la extensión del permiso de paternidad, el incremento del salario de los funcionarios -a los que se va a mantener sorprendentemente a cubierto de la crisis que azota con una violencia feroz al sector privado- o la prórroga de los contratos de alquiler de 3 a 5 años más la prohibición de subir las rentas más que la inflación, ensuciando el mercado y entorpeciendo el acceso a la vivienda sobre todo de los jóvenes. Estas ocurrencias sumaron casi 15.000 millones en contra del bien común. No nos los podíamos permitir, han entumecido las cuentas públicas, han pulverizado cualquier clase de colchón para eventuales imprevistos -mucho menos de la magnitud del virus letal-, y han resucitado la imagen de España en Europa como país apestado, como el miembro renovado del club de los ‘pigs’, sólo que en esta ocasión sólo hay dos cerdos, Italia y nosotros.

Eso de la 'uve invertida'
La vicepresidenta Nadia Calviño, otra que tal baila, asegura que nuestra salida del abismo será en forma de “uve invertida” y que ya en 2021 la economía crecerá un 6,8% espoleada por el aumento del consumo privado (4,7%), de la inversión (16,7%) y de las exportaciones (un 11,6%). No se lo crean. Todo es un delirio, un perfecto embuste, y cuando lo comete quien todavía algunos tienen por la señora más prudente y sólida del Ejecutivo -que más bien es un juguete asequible y fácil de destrozar por el vil Iglesias- el hecho es de una gravedad difícil de exagerar.

Según detalla el economista Juan Iranzo, el aumento del desempleo, que será mucho más intenso del que Calviño ha asegurado a Bruselas, la pérdida inmediata de rentas y las expectativas negativas de la gente, que favorecen el ahorro como actitud precautoria, hacen imposible que el consumo de las familias vaya a crecer el año que viene cuatro veces más que en 2019, antes de la pandemia. Con un escenario tan adverso y gran parte del tejido productivo destruido o seriamente dañado resulta completamente irracional que la inversión vaya a subir un 16,7%, que sería la cifra más alta en mucho tiempo; y es igualmente improbable que el año próximo las exportaciones de bienes y servicios se eleven un 11,6% con el comercio internacional bajo mínimos y un importante retraso en la normalización de la producción respecto a nuestros competidores, dado el severo confinamiento y la congelación casi total de los negocios. Más bien sucederá que perderemos cuota de mercado.

Pese a su aire angelical de mosquita muerta, la señora Calviño ha tenido un comportamiento imperdonable. El plan de estabilidad enviado a Bruselas es un compendio de falsedades o de fantasías. Tendremos un paro superior al 19%, tendremos un déficit mayor que el 10%, porque los ingresos fiscales se han sobreestimado, y la deuda pública estará por encima del 115%. Pero no sólo ha sido deshonesta con las autoridades comunitarias, sino que ha engañado a los españoles sobre lo que va a suceder este año y sobre lo que va a ocurrir en 2021, generando unas expectativas infundadas que sólo pueden conducir a la frustración o la melancolía.

Hay dos maneras de salir de la crisis. La que está cociendo el Gobierno social comunista es temeraria. Aumentar los impuestos a las compañías tecnológicas, que ya tributan lo que deben en sus países de origen y allí donde más facturan, apenas reportará ingresos y puede exponernos a las represalias que empieza a consumar Trump. Elevar la presión fiscal sobre las transacciones financieras deslocalizará el ahorro y la inversión que tanto vamos a necesitar. Y establecer una fiscalidad verde como la que le gustaría a la insensible vicepresidenta Ribera castigará aún más a unas compañías exhaustas. Pero todo será incluso peor si el Ejecutivo sucumbe a la tentación de subir los impuestos directos, ya sea a los particulares o a las sociedades, o de establecer un gravamen confiscatorio sobre las grandes fortunas del que se ha arrepentido hasta Francia, el país donde nació. Lastrar todavía más el gasto público con un ingreso mínimo permanente será además letal para el empleo que debemos propiciar con urgencia.

Existe desde luego una alternativa más prometedora para combatir la crisis. El liberalismo no ha colapsado, como aseguran los profetas del nuevo mundo y del “ya nada será igual”. Hay que insuflar oxígeno al capital y volver a engrasar el motor gripado del mercado. Hay que apoyar sin complejos y con la máxima intensidad a las empresas, con ayudas directas como hicieron desde el primer día Alemania o Portugal, prorrogando los Ertes el tiempo que sea preciso y limpiándolos de burocracia a través de una simple declaración responsable que los active inmediatamente a expensas de una revisión posterior.

Hay que acabar de una vez con la mora en el pago a los proveedores desatascando las facturas pendientes como hizo el PP durante la crisis financiera de 2008. Hay que rebajar las cuotas sociales, liquidar la regulación masiva que atenaza a las compañías, así como reducir algunos tipos efectivos de impuestos a través de exenciones que generan demanda adicional. Y desde luego es preciso flexibilizar sin complejos el mercado laboral, disipando al máximo la intervención pública y la burocracia que asfixia la vida de los negocios. Sacudirse la influencia nefasta de los sindicatos, que igual que el leninista Iglesias acarician la pandemia con lujuria, como la oportunidad para reforzar su poder -siempre inoportuno y perjudicial para los trabajadores- constituye en estos momentos casi una obligación moral.

Un horizonte crítico
Los socialistas no tienen el patrimonio del corazón. A todos -y desde luego a los liberales- nos duelen los pobres, la gente que sufre y que lo pasa mal. A nadie le gusta un horizonte donde muchos ciudadanos van a vivir momentos críticos durante los próximos meses. Por eso tenemos el deber de preguntarnos cómo se ayuda mejor a los desfavorecidos, cómo se afrontan con más garantías las situaciones perentorias, qué fórmulas son las más prácticas y sobre todo las más eficaces, desechando las que han probado reiteradamente su fracaso, aunque hayan sido desplegadas con intenciones nobles.

Ayudar y contribuir a la creación de empleo, apostando por las empresas y por el sector privado, en vez de subsidiar el paro, no sólo es más productivo en resultados sino también más cabal desde el punto de vista ético. El único efecto positivo del virus ha sido el de fulminar la utopía anacrónica con la que Sánchez e Iglesias se disponían a devastar el país. Reactivar el nervio de la nación exige un giro de 180 grados en la política económica, pero la actual tropa de sectarios, de incompetentes y de embusteros que nos gobierna ni lo desea ni está capacitada para dar el golpe de timón que podría evitar que Herodes tiña el Nilo de rojo.

De la imprevisión a la catástrofe
Rafael Matesanz ABC 7 Mayo 2020

Durante los últimos 30 años, el tiempo transcurrido desde la creación de la Organización Nacional de Trasplantes, han pasado por la sede del Paseo del Prado un total de 18 ministros de Sanidad. Poco más de año y medio por ministro designado por los sucesivos gobiernos, con un factor común en muchos de ellos (con pocas, aunque honrosas excepciones): la ignorancia absoluta de la cartera que le había tocado en suerte, bien como pago de servicios prestados o para que se fogueara en espera de más altas cotas.

Mientras todo va bien, no pasa nada. Lee discursos, se hace fotos, se dedica a los asuntos políticos por los que le han colocado ahí, y total, la asistencia sanitaria se transfirió hace casi 20 años y ya se ocupan las comunidades. A pasar el año y medio lo mejor posible y por supuesto a no complicarse la vida con proyectos de futuro que ni le van a aportar réditos inmediatos ni tampoco llega a entender su necesidad. Claro que hay técnicos a su alrededor, pero su primer mandamiento suele ser no importunar al jefe, que en todo caso es un interino en el ministerio y pasará pronto. Solo temas en los que pueda lucirse, y a corto plazo.

Cuento todo esto para mostrar la escasa consideración que a los presidentes del gobierno les merece en general este departamento. El problema es que hay unas situaciones que aparecen periódicamente y que sí son competencia del Ministerio de Sanidad, las crisis de salud pública: vacas locas, SARS, gripe A, ébola…, con mayor o menor gravedad real, pero con un factor común: si la gestión de las mismas la hacen amateurs y no es la adecuada, se pueden llevar por delante a cualquier gobierno, con costes muy elevados tanto económicos como de vidas humanas.

Y como la ley de Murphy es inexorable, el nuevo gobierno que toma posesión a mediados de enero se encuentra el 30 de ese mes, en pleno aterrizaje del nuevo ministro, con que la OMS declara la alerta sanitaria por el Covid-19, cuando ya había 18 países afectados además de China. Tanto este organismo como la Unión Europea alertaron a los países para que se prepararan ante la expansión del virus, provisionándose de test, equipos de protección, etcétera. En España se consideró innecesario hacerlo, mientras los expertos del ministerio aseguraban por ejemplo el 23 de febrero, cuando ya habían comenzado las medidas de confinamiento en el norte de Italia, que aquí no se estaba transmitiendo la enfermedad y que solo había casos importados, algo que luego se demostró erróneo. Por cierto, ninguna medida precautoria con este país al que nos unían entre otras muchas cosas, más de 250 vuelos diarios sin control alguno.

La primera semana de marzo ya había infectados en casi todas las comunidades, se habían producido los primeros brotes en residencias y los primeros fallecimientos. En trece países se habían ya suspendido clases en colegios y universidades y aquí se habían anulado reuniones y congresos médicos en base a las recomendaciones del Colegio de Médicos y al menos en Madrid, de una circular del Servicio Madrileño de Salud (sin ir más lejos, a mí me suspendieron una conferencia). Había suficientes indicios para tomarse en serio el peligro y algunas entidades así lo hicieron. Sin embargo, desde el ministerio se insistía en la «fase de contención», con una actitud casi contemplativa en la que se afirmaba que el 90% de los casos eran importados, que solo había que hacer test a los infectados y que «hacérselo a sus contactos no aporta nada» (sencillamente se ocultó que no había suficientes).

Llega el 8-M con 76 actos multitudinarios autorizados por la delegación del Gobierno en Madrid y cientos en toda España, incluidos partidos de fútbol y mítines políticos, con la frase del portavoz de que si su hijo le pedía consejo para ir a la manifestación le diría que hiciera lo que quisiera. Tras los actos festivos todo cambia de la noche a la mañana de forma que al día siguiente ya se reconoció la gravedad de la situación y se enfiló hacia el estado de alarma materializado unos días después.

Todos esos días de inacción han tenido consecuencias catastróficas porque nos han hecho llegar tarde a casi todo en una cadena de errores e impotencia que han desembocado en la situación actual. Los retrasos en tomar medidas permitieron la expansión del virus, la carencia de test no provisionados a su debido tiempo impidió acotar los casos que se iban descubriendo y por tanto dio vía libre a multitud de contagios. La falta de equipos de protección, tampoco provistos en su momento, facilitó el contagio masivo de sanitarios a los que tampoco se hacía el test, con lo que además de ir cayendo se convirtieron en vectores del contagio. Nada menos que la quinta parte de los infectados son trabajadores de la sanidad, el mayor porcentaje del mundo. Las residencias se convirtieron en trampas mortales para los ancianos sin que un sistema sanitario desbordado las pudiese rescatar. Los resultados de esta tormenta perfecta están ahí.

Por si fuera poco, una calamitosa política de comunicación, con mensajes contradictorios sobre los test, las mascarillas, las compras en el extranjero, las salidas de los niños y en general con la forma de dirigir la pandemia, han destrozado la credibilidad de las autoridades sanitarias en un tema en el que la colaboración ciudadana y la confianza son fundamentales para llegar a buen puerto.

¿Podrían haber sido diferentes las cosas con una dirección y unos expertos más adecuados? ¿Se podrían haber adelantado las decisiones con un mayor conocimiento de gestión sanitaria por parte del ministro y un mejor asesoramiento? Por desgracia la Historia no da marcha atrás, pero una mirada a países como Alemania, Finlandia, Islandia, Nueva Zelanda, Corea, Taiwán… (por cierto, casi todos presididos por mujeres) o incluso otros con una sanidad bastante más limitada que la nuestra como Grecia y Portugal, pero con mucho mejores resultados, nos puede dar bastantes pistas de que otra historia de la crisis era perfectamente posible.

Juzguen ustedes.
=========================================
Rafael Matesanz es fundador y exdirector de la Organización Nacional de Trasplantes

RIP por la democracia española
¿Qué nueva realidad es la que nos ofrece Pedro Sánchez?
Miguel Massanet diariosigloxxi 7 Mayo 2020

Están tan poco acostumbrados a emplear las neuronas para razonar sobre cuestiones importantes, a aplicar la inteligencia en buscar lo que pudiera ser más conveniente y beneficioso para la ciudadanía y a usar el sentido común para resolver los problemas que afectan a las nación y a sus pobladores, cuando nuestros gobernantes se olvidan de resolver los temas verdaderamente urgentes e importantes para el país, enfrascados en luchar contra el capitalismo, en socavar las instituciones y en apoderarse del poder aunque fuere a costa de destruir las familias, limitar las libertades, enfrentar entre sí a los ciudadanos o desacreditar a los que sostuvieran ideas distintas a las suyas aunque, para ello, tuvieran que recurrir a procedimientos censurables o poco ortodoxos, basados en aquella frase de Maquiavelo referente a que “el fin justifica los medios”, una consigna que este Gobierno se ha tomado muy en serio y la utiliza con frecuencia para gobernar a su antojo, prescindiendo de la legalidad y de la ética para imponer su voluntad sin tener en cuenta que España no es toda socialista, ni comunista ni separatista, aunque una Ley D´Hont permita que los escaños se atribuyan de una forma que favorece claramente a las minorías, en perjuicio de lo que debiera ser la expresión mayoritaria verdadera de la voluntad de los votantes y no de la suma de escaños de distintas tendencias (algunas incompatibles entre sí) que permiten que se produzcan situaciones absurdas e incongruentes que sólo conducen a verdaderos fracasos, como ha sucedido en las pasadas elecciones en las que partidos minoritarios, agrupados, consiguieron acceder a cargos importantes, incluso a sumar escaños suficientes para hacerse con el gobierno de la nación, con la fatal particularidad de que, el partido que fue el que obtuvo más votos tiene que condicionar su política a lo que se le impone por parte de aquellas minorías, gracias a las cuales ha conseguido gobernar, aunque siempre coaccionado por el chantaje de los que lo están apoyando sabedores de que, en cualquier momento, les pueden hacer caer del poder.

Cuando una persona, hablamos por supuesto del señor Pedro Sánchez, tiene la ineludible necesidad de aparecer cada día en todos los medios de prensa y copar el espacio de las TV durante unas horas cada día para machacar a los ciudadanos con peroratas interminables en las que se dedica a alabar sus grandes “éxitos”, prometer aquello que sabe que será imposible que llegue a cumplir y hacer demagogia de alto nivel cuando, para ocultar sus propios errores, disimular su incapacidad para gobernar e intentar desviar la atención de los ciudadanos hacia la oposición, culpándola de no apoyar su política que, por supuesto, consiste en hacer lo que le dé la gana, sin escuchar a nadie ni tomar en cuenta los consejos que le ofrecen desde el resto de partidos e instituciones de la nación; es evidente que está entrando en una peligrosa espiral que no le augura nada bueno para él, su gobierno y, lo que resulta más lamentable, para los ciudadanos y la nación en la que gobierna.

Pero cuando el país está con una prima de Riesgo por encima de los 140 puntos (hace apenas tres meses estábamos a 94), cuando nuestra Deuda Pública está adquiriendo dimensiones desconocidas hasta ahora, mientras el FMI augura que va a llegar al 114% del PIB. El déficit público ya no tiene límites que sean capaces de parar su carrera hacia el descontrol absoluto, mientras del FMI augura que nuestro déficit público se disparará este año, del 2,6% del PIB al 9,5%. Por otra parte el PIB ha caído un 5’2% en el primer trimestre de este 2020 respecto al del primer trimestre del año 2019, y el paro de Abril aumenta respecto al mes anterior en casi 283.000 persona, alcanzando la cifra total de 3.831.203 personas, lo que supone un aumento del 7,97% respecto al mes de marzo. Y todo ello teniendo en cuenta que las personas sometidas a ERTEs, según la particular manera de entender lo que es paro de este gobierno, no están incluidas en las cifras oficiales que se han publicado; podremos fácilmente colegir que, lo mismo que, con las cifras oficiales que están proporcionando los portavoces del Gobierno respecto a nuevos contagios y fallecimientos ocasionados por el coronavirus; estos datos no incluyen más que los que fallecen los hospitales y los contagios que se desprenden de los test que se vienen aplicando a una parte de nuestra sociedad ya que se habla de sólo unos 65.000 test practicados de una población de 47 millones de personas; resulta poco menos que insultante, una falta de respeto para el pueblo y una muestra de la chulería, desvergüenza y desconsideración de quienes nos gobiernan cuando tienen la osadía de pretender aprovechar la pandemia que estamos padeciendo, para limitar nuestras libertades, imponernos leyes que se pasan por la entrepierna la Constitución e intentar, valiéndose del engaño, la desacreditación, las falsas acusaciones y las injurias, con toda la cara dura y sinvergonzonería de que son capaces nuestros dirigentes políticos del PSOE, endosarles a los partidos de los que se han venido desentendiendo desde que ganaron las pasadas elecciones, acusaciones de deslealtad, de ser los culpables de que llegara la pandemia y, para colmo de desfachatez, acusar al PP y pretender chantajearlo, después de haberlo estado insultado cada día, desde todos los medios que tienen a su alcance, para que siga apoyando al Gobierno en su proyecto de eternizar el estado de alarma, una situación que les va a las mil maravillas para poder ir colando, de matute, temas completamente ajenos a la pandemia que les sirven para irse consolidando en su tarea de convertir a España en una república destinada al fracaso, evidentemente de carácter frente populista. Sus argumentos son tan simples y obscenos que se atreven a decir que si el PP no pasa por las horcas Caudinas de apoyar todo lo que le proponga el gobierno actual, será el responsable del caos que se pueda producir en España.

Claro que se olvidan de que, entre pitos y flautas, desde la censura a Rajoy, el PSOE ha estado al frente del Ejecutivo y que, si nos encontramos en una situación tan penosa como la actual, no se le puede atribuir a la oposición sino a sus propios errores, sus metidas de pata, sus intentos de favorecer a los separatistas catalanes y vascos y, por encima de todo, haber pactado con Podemos una coalición que, con toda seguridad, si no se consigue que se aparte a Iglesias y todos su compadres comunistas del Gobierno, lo que sí es evidente es que entraremos en un caos económico, social, administrativo y financiero, que nos va a llevar directamente a tener que pedir rescate de Europa lo que, evidentemente, como le sucedió en la Grecia de Psripas, va a significar que los hombres de negro nos ajusten los machos y retrocedamos a la situación en la que nos dejó Rodríguez Zapatero en el mes de noviembre del año 2011 , a punto de tener que pedir, por primera vez, el apoyo de Europa. Aquella situación la salvaron, que nadie se olvide de ello, el señor Rajoy y el PP.

Pese a que la demagogia gubernamental no deja de insistir sobre lo bien que lo han hecho, se olvidan de las críticas que nos llegan del resto de Europa, de las quejas de los sanitarios y de las recomendaciones de los científicos respecto a lo que sería conveniente hacer para evitar el contagio y los fallecimientos ocasionados por el virus, una posición que ya vienen manteniendo y que ya empiezan a adoptar aquellos que siempre han venido apoyando al gobierno, pero que parece que están cansados de las arbitrariedades, las cacicadas, los desaires y las imposiciones de Sánchez y su colega de gobierno, Pablo Iglesias, crecido por estar convencido de ser una pieza fundamental en el actual gobierno, y dispuesto a aprovecharse de la oportunidad que le brinda el Covid 19 para ir avanzando en su idea de llevar a nuestra nación a una dictadura popular, como la que ayudaron a implantar en la república venezolana. Lo cierto es, y ya se está convirtiendo en preocupación principal de la ciudadanía el que, aparte del respeto y el miedo por el Covid 19 que todos tenemos, se está empezando a impacientar ante las malísimas noticias que, desde toda Europa y todos los estamentos económicos mejor informados, se anuncia respecto a que, a la finalización de la pandemia, se iniciará una nueva crisis (al parecer ya se está empezando a notar) que amenaza con ser mucho peor que la del 2008 y cuya recuperación va a ser mucho más lenta y, posiblemente, será de tal calado y profunda que nunca vamos a poder recuperar el estado de bienestar del que hemos gozado hasta ahora.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta aceptar que los que nos están gobernando sigan empeñados en enfocar los graves problemas que España está padeciendo (coronavirus, separatismo, recesión económica, desplome del PIB, crecimiento Deuda Pública, falta absoluta de control del déficit público y amenaza inminente de que un golpe de Estado incruento (o no) acabe con nuestra democracia y volvamos a la situación del 18 de julio de 1936) desde su punto de vista partidista, su sectarismo de izquierdas y su egoísmo personal, sin que les importe un ápice el futuro de España y de los españoles. Y un añadido para completar este panorama desolador: Navantia, el astillero público cuya propiedad es 100% de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), no logró la adjudicación valorada en más de 5.580 millones de dólares (5.000 millones de euros) para la construcción de una decena de fragatas de nueva generación para la U.S. Navy (La Armada de los Estados Unidos). Puede que Sánchez ya no se acuerde de cuando retiró aquella fragata que formaba parte de un grupo de combate de EE.UU pero, como es obvio, al presidente Trump y a los mandos de la navy no parece que se les haya olvidado y, aquí tenemos las consecuencias. Algunos, por otra parte, puede que no sepan de lo que se trata y de las consecuencias que se derivaron de aquella contienda de 1936. Pero, en España, todavía quedamos algunos, no muchos, que si sabemos lo que fue la posguerra española y lo que han venido siendo los intentos solapados del comunismo de retornarnos de nuevo a aquellos tiempos de crímenes y venganzas. ¡Ojalá haya quien tenga las agallas necesarias para evitar que se repitan de nuevo!

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Aval a una regresión democrática
Editorial ABC 7 Mayo 2020

El presidente del Gobierno sacó adelante in extremis la votación de una nueva prórroga del estado de alarma gracias al apoyo de última hora del PNV y Ciudadanos. Por primera vez en este proceso crítico para España el PP se abstuvo, y ERC, socio natural de Pedro Sánchez, votó en contra como advertencia de que la legislatura peligra. En cualquier caso, Sánchez sobrevivió a un simulacro de moción de censura, pero lo hizo demostrando una enorme debilidad y abriendo dudas sobre la solidez de la legislatura. El cuarto periodo de alarma se antoja innecesario para España. Y no tanto porque desde una perspectiva sanitaria pueda ser relevante para un mejor control de la pandemia, sino porque la excepcionalidad está siendo utilizada por la izquierda como herramienta para una regresión democrática. España está en riesgo de una involución hacia un populismo nefasto con modos autoritarios y apariencia dictatorial. Sánchez no tiene patente de corso para imponer un adoctrinamiento masivo y una merma de libertades mientras mueren en España 26.000 personas. El plan de la izquierda es diáfano, y así lo denunció Casado. Por eso, el PP no debió abstenerse, sino rechazar esta trampa. Sánchez ningunea al Congreso, que es donde debió dirimirse, en un debate público, abierto y sometido a un escrutinio real, el plan de «desescalada» que imperativamente mantiene a los españoles rehenes de un confinamiento exasperante. En cambio, Sánchez lo aprobó a puerta cerrada en La Moncloa, sin consultarlo con las autonomías y presentándolo como un trágala inaceptable. El PP se abstuvo debiendo haber votado «no», pero ya es un camino sin retorno porque Casado queda obligado a oponerse en futuras votaciones.

Lo que no es diáfano es el giro de Ciudadanos, convertido en un sorprendente salvavidas para la coalición Sánchez-Iglesias y en cómplice tangencial del PNV. Inés Arrimadas interpreta que sostener al PSOE va a ser el pasaporte para la resurrección de su partido, pero su voto afirmativo fue el último volantazo de un partido en profunda crisis de identidad y unidad. Tanto, que ha empezado la fuga de dirigentes relevantes dolidos por su «traición». Es paradójico contemplar a un partido liberal apoyar la restricción de libertades, o a un partido constitucionalista ponerse al servicio de quienes desprecian la Constitución. Pero aún es más extraño que Cs dé soporte a un Ejecutivo con Podemos dentro. La fractura de la derecha es un mérito indudable de Sánchez: Vox vota en contra, el PP se abstiene, y Ciudadanos vota a favor. Necesite a Bildu, a ERC o al PNV, o necesite a Cs o a Coalición Canaria, Sánchez siempre gana, y el PP debe preguntarse por qué. Casado tendrá que tomar nota porque autonomías como Madrid, Andalucía o Castilla y León están en riesgo si el PSOE se las entrega a Cs. Debe ser el inicio de la nueva «normalidad».

Poncio Casado
Pablo Planas Libertad Digital 7 Mayo 2020

Lavarse las manos en tiempos de coronavirus está muy bien, pero abstenerse en política es ejercer de Pilatos. Pablo Casado podría haber atizado ayer un par de guantazos con la mano abierta en los rostros de hormigón armado de esa pareja que gobierna (una forma de hablar) el país como dirigen sus partidos, por aplastamiento, pero le han temblado las piernas y ha preferido balar al unísono con los recolectores de nueces del PNV y Bildu y con el nuevo Ciudadanos, al que le da cosa Vox, pero no Podemos.

Se refuta desde la bancada popular que tanto da, que la prórroga del simulacro de dictadura también hubiera salido adelante con el voto negativo del PP. Pues sí, pero al menos habría quedado claro que la oposición no es cómplice de que la policía vaya por ahí multando por llevar la bandera de España en el coche por orden de Grande-Marlaska, de que haya guardias civiles perdiendo el tiempo en el Twitter por el capricho del marqués de Galapagar, de que se establezcan medidas tan arbitrarias como que se puede tomar el vermú con un colega pero no visitar a un familiar o que de once de la noche a seis de la mañana esté prohibido salir a estirar las piernas o fumar un cigarrillo en soledad porque le sale del níspero al Gobierno. ¿Y eso en qué se diferencia de un toque de queda?

Si necesitaba Casado alguna razón más para votar que no, Adriana Lastra, la portavoz socialista, le ha proporcionado unas cuantas. Pasa que a los del PP de Casado y García (la cacatúa) Egea les debe de ir la marcha, que les azote Adriana y les insulte Lastra. De otro modo no se entiende que después de la intervención de esta señora se hayan mantenido en la abstención, sentido del voto que no les libra, por otro lado, de ser considerados por la progresía como unos p... fachas.

Así que nada, dos semanas más de Gran Hermano del Gobierno y festival de la repostería en los medios subvencionados con los españoles como cobayas porque a pesar del mal llamado 'estado de alarma' hay aglomeraciones en los transportes públicos y en las calles y por la misma razón que se deja salir a correr en manada se podría permitir ir a trabajar. Mientras tanto, la economía española ha entrado en barrena. Las cifras de paro son escalofriantes y auguran escenarios de miseria tercermundista, sin que eso parezca preocupar lo más mínimo a sus señorías.

Terrorismo
20 aniversario del asesinato por ETA
La huella imborrable de José Luis López de Lacalle
JOSEAN IZARRA El Mundo 7 Mayo 2020

Andoain (Guipúzcoa)

"No ha habido nadie como él", susurra una de las últimas vecinas de Andoain que habló con José Luis López de Lacalle el 7 de mayo de 2000. Minutos más tarde, a punto de llegar a su casa y cuando buscaba en los bolsillos las llaves para abrir su portal, fue tiroteado por José Ignacio Guridi Lasa. Veinte años después, las últimas horas con vida del militante comunista, del luchador antifranquista, del intelectual tolerante, cobran una especial relevancia política.

Su familia y uno de sus amigos más íntimos constatan que De Lacalle fue consciente en todo momento del riesgo que suponía desafiar a ETA con el testimonio de la palabra y con la valentía de mantener intactas sus rutinas.

El viento sur se arremolina en los soportales del bloque en el que De Lacalle fue feliz hasta que Guridi Lasa, con la cobertura de Asier Arzalluz, le pegó cuatro tiros. El 7 de mayo de 2000, sin embargo, una lluvia fina obligó a De Lacalle a echar mano del paraguas de cuadros granate con el que emprendió la subida por la Calle Mayor de Andoain.

En casa, Mari Paz Artolazabal y su hijo Alain esperaban confiados su vuelta. "Todos éramos conscientes del riesgo, pero nunca se nos confesó expresamente", recuerda Alain. Bromista, extrovertido y curtido en mil vivencias, incluidas las cárceles franquistas, De Lacalle relativizaba hacia fuera la persecución violenta de la que era objeto.

"Los de segunda división tenemos las amenazas de los cócteles; los de primera división, las de las bombas", respondió De Lacalle en la entrevista publicada por este periódico cuando el 29 de febrero lanzaron cuatro cócteles molotov contra su piso.

De la librería Stop al bar Elezkano
Negar la evidencia se convirtió en un antídoto para ahuyentar el miedo. Perseguidos por ETA y su entorno social como él repetían el mismo gesto. "Me había dicho hacía poco, 'Estanis tú tienes que tener mucho cuidado'. Y yo le decía 'tú eres el que tienes que tener mucho cuidado'. Y entonces me respondía que estaba tranquilo porque ya se había jubilado", rememora Estanis Amutxastegi.

Ex alcalde socialista de Andoain (2009), Amutxastegi mamó la militancia antifranquista en la barbería de su padre José Mari, ágora para el debate político en la dictadura que de paso le permitía a De Lacalle lucir un esculpido a navaja, todo un lujo en la década de los 60.

Relegados miedos y amenazas, De Lacalle continuó su paseo diario hasta la librería Stop, "la de Mari Luz", como subraya Amutxastegi. Veinte años después, los clientes aguardan en la acera a que Mari Luz, tapada con una mascarilla, les venda el ejemplar del periódico del día. De Lacalle, como cada domingo, compró ocho, entre ellos EL MUNDO, en el que escribía. "Siempre fue un gran lector de periódicos, el contraste de la información era fundamental para él", constata Alain, educado en el respeto a cualquier ideología.

Con las dos bolsas con periódicos en una mano y el paraguas en la otra, De Lacalle caminó junto al bar Daytona -el lugar donde fue asesinado su amigo Joseba Pagazaurtundua el 8 de febrero de 2003- para cumplir con el rito de disfrutar de una primera ojeada las portadas con un café con leche y croasant en el bar Elezkano. Un auténtico placer para un hombre forjado en la lucha obrera, que en 1966 fue detenido en Zumárraga por la Policía cuando casi 300 trabajadores escenificaron la creación de las Comisiones Obreras de Guipúzcoa, de las que fue fundador.

Cinco años y medio de cárcel en Soria, Segovia y Carabanchel mientras en Andoain, Mari Paz Artolazabal, su esposa, contaba los días para su puesta en libertad.

Una libertad de la que pudo disfrutar muy poco, porque la represión del tardofranquismo se mutó en acoso por parte del nacionalismo radical de ETA. "Muy pronto nos sentimos perseguidos", reconoce Amutxastegi. Quien fuera uno de los símbolos del Partido Socialista vasco frente al terrorismo etarra recuerda que comenzaron a llamarle "español" en 1979.

"Yo tenía mis convicciones. Igual que José Luis, nunca habíamos sido nacionalistas porque entendíamos que el nacionalismo surgía de la burguesía. Así de claro. Y lo sigue siendo para mí", recalca Amutxastegi, ya jubilado y dolido porque este jueves no podrá acercarse hasta el parque que lleva el nombre de su amigo José Luis y que fue inaugurado cuando él ostentaba la makila de alcalde .

Veinte años antes, De Lacalle caminó junto al ayuntamiento, ahora en obras, para regresar a su casa y comenzar la lectura de los diarios por los artículos de opinión. Nunca llegó a abrirlos. Guridi lo asesinó a bocajarro y ninguno de los miembros del comando Totto ha pedido perdón. Tampoco la izquierda abertzale, dirigida entonces y ahora por Arnaldo Otegi.

"Lo fundamental es la posición política de la izquierda abertzale, que haga una revisión crítica de su pasado en serio y que manifieste que el terrorismo nunca debió existir. Eso no lo han hecho todavía, más allá de declaraciones cosméticas", demanda Alain.

Comunista admirado por socialistas
El Partido Socialista de Euskadi ha decidido posponer sus actos de recuerdo a José Luis López de Lacalle, uno de sus referentes pese a que nunca tuvo carné del PSOE. De Lacalle militó en el Partido Comunista de Santiago Carrillo y fue el fundador del bar de los comunistas en Andoain, un local que prácticamente pegaba pared con pared con la Casa del Pueblo del PSOE.

La desaparición del PCE y la admiración mutua con sus compañeros socialistas se hacía notar prácticamente a diario en las charlas en espacios públicos de Andoain sometidos siempre al control del nacionalismo radical. "Nosotros no bajábamos la voz y a todo el que quisiera escucharnos repetíamos que para tener criterio político hay que tener el máster de matemáticas pardas", recuerda con una media sonrisa Estanis Amutxastegi ante la imagen de su amigo en el ordenador.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial