AGLI Recortes de Prensa   Sábado 9  Mayo  2020

El PSOE y el zafarrancho del enriquecimiento
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 9 Mayo 2020

Por fin dimite alguien en el PP. Esperemos que cunda el ejemplo en los demás partidos. También se larga de Cs Girauta. Aunque lo más probable es que ocurra lo contrario. Cesar a políticos inútiles no se estila, es más, la ineptitud se premia. Valga el caso de Patxi López que, sin valer para cargo alguno, se le nombra presidente de la nueva comisión para la reconstrucción social y económica tras la crisis del coronavirus. En este país, cuanto menos vales más subes. ¿Cómo va a reconstruir España este gachó, que ni siquiera está preparado para levantar una tienda de campaña de Boy Scouts? Si el futuro depende de él, nuestra nación acabará siendo una choza. Vivimos confinados como monos en un frasco y cada hora que pasa trae peores noticias. La tragedia envuelve al optimismo.

Un rumor de comisiones millonarias desvela el ansia del Gobierno para hacer negocio, aunque sea a costa de los que la palman. Sabido es que en una guerra vale todo. En la guerra contra el virus, no iba a ser menos. Detrás de las fortunas que surgen como por arte de magia sucia y que se dan en cualquier pandemia, hay intereses creados por no decir crímenes. El mercado negro saca a subasta sus productos defectuosos que adoran los piratas, ofreciendo, vendiendo máscaras, EPIs e inhaladores, made in Hong Kong, o en la China que parió y esparció el Covid-19, despreciando el desaprensivo que las compra, con dinero público, las fabricadas en España, infinitamente mejores, 66 veces más baratas las batas y 20 las mascarillas, sin importarles un bledo que caigan los sanitarios, se dejen la vida las enfermeras o queden sin protección adecuada, servicios de limpieza, bomberos, militares, policías y cuantos se desviven por nosotros. Lo único que les importa a los infames contrabandistas del poder es que el rumor de comisiones siga sonando.

“El PSOE ha contribuido al zafarrancho del enriquecimiento” afirmó Manuel Vázquez Montalbán el 20-5-90, fecha en que hizo entrega a IU de un manifiesto contra la corrupción política. Esta frase hará que Iglesias entre en éxtasis. Pero que no se confunda. Montalbán fue un escritor limpio, una persona digna, un comunista raro, por honesto. Dicha cualidad nunca acompañó a este nuevo rico engrupido, como llaman en Uruguay a los fatuos pretenciosos que inducen a tener por cierto lo que no son. Lo de la honestidad no le va, pues tiende más trampas que una araña. De seguir con la jerga rioplatense, yo diría que es el vicepresidente soplapitos, así denominan allí a los árbitros tramposos. ¿Su ideología? Enriquecerse él y arruinarnos a todos. El de Moncloa se ha comprado el mejor socio, una ganga, en el Rastro.

“La virtud, la opinión, la conciencia o la ciencia, en el que todo, en fin, de abajo arriba, se ha sometido a la ley del comercio. Un tiempo de corrupción universal y de universal venalidad”. Así definió Karl Marx en 1847 su época, cuanto se dejaba sobornar con dádivas. Y el siempre genial Antonio Gala, recreándose en la cita, añade, muchas décadas después: “Escalofría que estas palabras, hoy desacreditadas, sean solo una vislumbre de lo que es nuestro mundo”.

La ‘Comisión Lenin’
Segundo Sanz okdiario 9 Mayo 2020

La recién constituida Comisión para la Reconstrucción Social y Económica de la crisis del coronavirus en el Congreso de los Diputados debería ser bautizada como la ‘Comisión Lenin’ pues hay sobrados motivos para ello. La primera vez que este engendro se escuchó en la Carrera de San Jerónimo, a propuesta de Pedro Sánchez desde la tribuna de la Cámara, fue el 22 de abril. Efeméride del 150 aniversario del nacimiento del genocida bolchevique Vladímir Ilich Uliánov.

Unos días antes, el Obama de Pozuelo había hecho el anuncio de tal foro en su ‘Aló, presidente’ sabatino. Pero no lo expuso a las Cortes hasta el siguiente miércoles, día en que sus socios podemitas de gobierno jaleaban al camarada dictador al grito de «¡Lenin vivió, Lenin vive, Lenin vivirá!» como dice el poema Komsomólskaya (1927) obra de Vladímir Mayakovski. Una clara apología del totalitarismo marxista y criminal que la UE ya pide condenar pero que el juez político Grande-Marlaska se niega a perseguir como delito de odio.

Si el saqueo del ‘Oro de Moscú’ que Juan Negrín envió a la URSS permitió a los republicanos ganar tiempo en la Guerra Civil gracias a las armas y los suministros que mandaron los soviéticos, la llamada Comisión de la Reconstrucción frente al coronavirus no es sino otra estratagema de este Gobierno frentepopulista concebida también para arrancar hojas al calendario y tapar su negligente gestión de la pandemia, con 40.000 muertos reales. «Cuando quieres que un tema se pudra, mete los papeles en un cajón o crea una comisión», decía Rajoy cuando hacía oposición a Zapatero.

Los rasputines que susurran al oído del Doctor Cum Fraude, con Iván Jode a la cabeza, se conocen el paño y han visto en esta ‘Comisión-trampa’ una fuga de escape, una salida cobarde, en medio de tanto desastre. Un órgano que ha sido pensado para eludir la responsabilidad política y penal de Sánchez y Pablenin. Y es que sus conclusiones no tendrán recorrido en los tribunales, mientras que los de una comisión de investigación, como la que abordó los Atentados del 11-M (192 muertos), sí habrían llegado a la Fiscalía. «Esto no es una sesión de control», ha amenazado el presidente socialista Patxi López, alejando las debidas comparecencias de altos cargos de Sanidad.

Pero si esto no fuera suficiente, la gota que ha colmado el vaso ha sido el nombramiento del líder del Partido Comunista, Enrique Santiago, como vicepresidente primero de la Comisión. El abogado de los grupos terroristas colombianos FARC se declara un gran admirador de Lenin porque éste «construyó un estado alternativo donde había un país feudal», sostiene el jemere patrio, obviando así el baño de sangre de aquel mandato. Bien relacionado también con el chavismo, no cabe duda de que este fanático de Hugo Chávez y su jefe de Galapagar aprovecharán esta atalaya para tratar de imponer su agenda bolivariana, de efecto nocivo para las clases medias, ahondando la recesión. Ojalá esta Comisión no se prolongue mucho y se pueda decir pronto Good Bye, Lenin!

Pedro Sánchez, el caníbal del coronavirus que presume de vegetariano
El Azotador esdiario 9 Mayo 2020

Pedro Sánchez, el bombero pirómano
El líder del PSOE acumula récord mundial de muertos, parados y caída del PIB, pero da lecciones a todos y señala a Ayuso con el dedo inquisidor de un pirómano que se cree bombero.

Pedro Sánchez regañando a alguien por su gestión del coronavirus es como si un caníbal presumiera de vegetariano. Un oxímoron infumable, una contradicción espantosa, un ejercicio de hipocresía que, no obstante, encaja muy bien en un Gobierno plagado de gloriosos políticos del mismo patrón.

Ahí tienen a Yolanda Díaz presumiendo del dato histórico de subsidios de desempleo. O a Alberto Garzón vanagloriándose de la reducción de las apuestas deportivas con el deporte paralizado. O a Irene Montero, que da más positivo por COVID-19 que Lance Armstrong por clenbuterol, sacando pecho por todo.

Se diría que en el Ejecutivo hay una carrera por ver quién es el mejor combinando cinismo, arrojo y una inmensa capacidad para la mentira: están a punto, alguno de ellos, de destacar como logro de la pandemia el probable incremento de las horas de sueño o la reducción del gasto en bares, qué lugares, tan gratos para despotricar.

Pero entre todos ellos, el número uno es Pedro Sánchez, el responsable de la mayor vergüenza que hasta ahora hemos visto: convertir la situación de Madrid, la primera víctima de su imprevisión, en una excusa política para atacar al PP presumiendo, nada menos, de salvar vidas.

Es decir, si los socialistas las salvan, es porque los populares acaban con ellas. Se puede decir algo igual de repugnante, pero no más repugnante. Y lo más curioso es que se atreva a hacerlo el partido que, con los datos en la mano, más ha contribuido a que una pandemia global tenga los mayores efectos destructivos locales de todo el planeta.

Para el mismo virus, España ha conseguido tener en un día más muertos que Corea en toda la pandemia. Aquí vamos por casi 600 fallecidos por millón de habitantes; en Grecia están en 15. Y así con todos, con diferencias abrumadoras de mortandad que cada día intenta disimular y esconder Fernando Simón con juegos aritméticos malabares que solo engañan a quien se quiere dejar engañar. Que son muchos.

El PSOE celebra la desgracia de Madrid con una campaña infame contra Ayuso
España tiene récord de muertos, de nuevos parados y de hundimiento del PIB, pero Sánchez quiere cargarle el mochuelo a la Comunidad que más ha pagado su escandalosa negligencia: Barajas estuvo abierta a Italia hasta el 10M por decisión del Gobierno; las manifestación del 8M y tantos otros eventos de masa se celebraron por la negativa del Gobierno a suspenderlos o aplazarlos.

Incluso las residencias de mayores, epicentro del drama, son competencia directa del Gobierno, que también el único en recibir las advertencias de la OMS y de la Unión Europea que, lejos de trasladar a las Comunidades para poner en marcha un plan de prevención, tiró a la papelera hasta que ya era tarde: el Estado de Alarma se decretó cuando el contagio masivo ya era un hecho.

Antes, Moncloa ignoró la alerta y, en lugar de hacer correr a la gente tierra adentro para huir del tsunami que venía, la arrojó contra la ola. Que el pirómano se disfrace de bombero es muy habitual. Que además acuse a otro de propagar el fuego no es del todo infrecuente. Pero es casi imposible encontrar un caso en el, además de todo eso, siga prendiendo fuego al monte mientras grita "Yo no he sido".

Un plaga bíblica
Sánchez lleva camino de convertirse en la octava plaga bíblica. Y ha logrado que un partido esencial para estructurar España, como el PSOE, parezca una banda de cuatreros dispuestos a saquear cualquier granja para quedarse con las gallinas: no hay causa mala en la que los socialistas no se coloquen del lado equivocado y con las peores compañías.

Y todo ello es cortesía de Sánchez, un Nerón de Pozuelo capaz de ponerse a tocar la lira mientras arde su país y él tiene otra caja de cerillas por si acaso no termina de quemarse del todo: allí aparecerá siempre él para acabar con todo vestigio de vida inteligente. No sea que se noten las diferencias.

El socialcomunismo no sabe contar
José María Rotellar okdiario 9 Mayo 2020

Concluye ya la octava semana de encierro que el conjunto de españoles está siguiendo de manera ejemplar, pese a la lógica desesperación e indignación. Los ciudadanos están haciendo todo lo que pueden y está en su mano para evitar que los contagios se disparen, que no es otra cosa que ser disciplinados con estas normas aplicadas. Ahora bien, esta generosidad infinita de los españoles, en la que han accedido a entregar durante unos días sus libertades -no para siempre en un estado de alarma sine die-, pues éstas no es que hayan quedado restringidas -que sería lo verdaderamente propio del estado de alarma- sino que han sido suspendidas -que es lo que el Gobierno está aplicando en un estado de excepción encubierto- se le concedió al Ejecutivo para que pudiese gestionar con eficiencia la crisis sanitaria y su derivada económica, no para que no hiciese nada y se limitase a gobernar con un poder omnímodo, ajeno al control parlamentario hasta que lo llevaron a rastras a él, y con un uso de la excepcionalidad de las medidas para otros fines que nada tienen que ver con la crisis originada por la pandemia.

Sin embargo, esto es lo que ha hecho el Gobierno socialcomunista -cada vez más comunista y nada socialdemócrata, a la vista de las tesis que se imponen en el banco azul-: cruzarse de brazos esperando a que la situación se solucione por sí misma. Nos encierra a todos, en pleno siglo XXI, como única opción, como si estuviésemos en el medievo sin más alternativas, ante su incapacidad manifiesta para proveerse de equipos de protección con los que los sanitarios estuviesen más protegidos y lo más libres de contagio posible, o para comprar test válidos con los que hacerles pruebas a todos los españoles, para trazar cristalinamente el mapa de contagios y poder abrir la economía al grueso de la población. No saben ni diseñar adecuadamente el horario de esparcimiento de los niños. Y qué vamos a decir de la gestión económica diseñada: un caos que sólo nos traerá ruina y miseria.

Y es que la izquierda, especialmente esta deriva socialcomunista del presidente Sánchez, que está a merced de Iglesias porque eso le asegura un tiempo más como presidente, no sabe contar. No sabe hacerlo en ninguna de las acepciones que la Real Academia Española da al término.

No supo contar con las advertencias de la Organización Mundial de la Salud ni de cualquier otro organismo, para tomar medidas preventivas en enero, que podrían haber sido más suaves y efectivas, y habrían impedido cerca de un 60% de los fallecidos producidos por la enfermedad, que es lo más importante, y tampoco habrían tenido que cerrar la actividad productiva como lo han hecho, de manera que el deterioro económico sería menor y, sobre todo, rápidamente pasajero.

No sabe contar correctamente los compatriotas fallecidos por el coronavirus, dando cifras contradictorias, variando el criterio cada dos por tres para modificar el triste recuento de vidas perdidas que ya nunca se podrán recuperar.

No cuenta con los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado que trabajan como agregados comerciales de nuestras embajadas, que podrían haber orientado en las compras para que no fuesen engañados en la especie de tómbola donde debieron de comprar parte del material, “unas gangas” en palabras de la ministra de Exteriores.

No cuenta ni con la oposición ni con los gobiernos regionales para elaborar un plan de actuación conjunto con el que superar esta difícil situación de la manera menos negativa posible.

No cuenta con el sector privado -salvo para los deseos comunistas de nacionalizarlo, que no han podido hacer todavía-, desde el que muchas empresas les han ofrecido colaboración para proveerlos de materia sanitario y el Gobierno las ha ignorado.

No cuenta con la agilidad, pues cuando SEAT transformó una línea de producción del León para fabricar respiradores, durante un tiempo no pudieron emplearse porque la Administración exigía certificarlos, cuando estábamos en una situación límite, en el que el tiempo contaba para salvar vidas.

No cuenta ni con empresarios ni con trabajadores a la hora de reactivar la economía y evitar que todo nuestro tejido productivo salte por los aires. Realiza variados planes, con distintas ocurrencias, que coinciden en el daño que hacen a nuestra economía.

No sabe contar la merma de ingresos que están sufriendo tantas empresas en estos meses de cierre, en su afán por seguir recaudando cuando no hay actividad y no aplicar la condonación de impuestos y cotizaciones mientras duren las restricciones.

No sabe contar el quebranto que supondría para el turismo, el comercio, la hostelería y el ocio el no poder abrir hasta diciembre, en un país en el que esas ramas de actividad concentran un tercio de nuestra producción y empleo.

No sabe contar las necesidades de liquidez de las empresas, y en lugar de asegurar liquidez real ilimitada garantizada para ellas, ofrece paquetes muy limitados de avales con un largo procedimiento burocrático, que hace que no lleve tramitado ni el 30% de la movilización que anunció entre la parte pública y la privada.

No sabe contar bien sus propios ingresos y gastos, pues, en un hecho sin precedentes, envía a Bruselas una actualización del programa de estabilidad donde no concreta la estimación de déficit y deuda para 2021.

No sabe contar bien la relación entre recaudación y evolución económica, pues ante su propia estimación de un 9,2% de caída del PIB, considera que la recaudación caerá sólo un 5,3%, con el impuesto con más fuerza recaudatoria -el IRPF- disminuyendo poco más del 2%. La AIReF ha tenido que venir a hacerle esas cuentas y alertar del optimismo gubernamental.

Y no sabe contar, en definitiva, con los españoles y con el hecho incuestionable de que con la pasividad del Gobierno a la hora de hacer test, su lenta apertura de la economía y los límites que impone, que hacen imposible reactivar la hostelería y el turismo, al horror de los estragos causados por el virus se unirán los todavía mayores estragos que causará la ruina económica en la que nos están metiendo.

Al final, todo el desastre se resume en que en el Gobierno no han contado con los más válidos, sino con los más dogmáticos extremistas de izquierda, con los más llenos de rencor y de odio, o con los más moldeables por lucir la cartera ministerial en el caso de que el ministro pueda tener los conocimientos adecuados, para dar un barniz de respetabilidad a un banco azul incompetente.

Los españoles deberíamos no olvidarnos de esto, iniciar la cuenta atrás para librarnos de tal incompetencia y, cuando llegue la hora de votar, hacer que no cuenten con nuestro apoyo.

PP: Abandonen la Comisión de la Mentira
Carlos Dávila okdiario 9 Mayo 2020

Dice un periodista más o menos afecto al régimen imperante, que Sánchez se tragó, de entrada, el sapo de convertir el invento de “Pactos de la Moncloa 2” en una comisión parlamentaria a la que, a duras penas, le obligó Casado. Pero sugiere a continuación que, con el sapo en la barriga, Sánchez se encargó de hacer de la susodicha Comisión un chiringuito para su mayor honra y gloria. Y el PP, dado que la tortilla se ha dado la vuelta, ha tenido que metabolizar ahora un anfibio de toma y pan y moja, que no otra cosa es la designación (lo de elección es una broma a la búlgara) de Pachi López, como presidente. Esa decisión es algo más que una iniciativa sectaria; es un zurriagazo al sentido común. Marcha ahora López con la furia del converso arremolinada en su instinto de supervivencia. Se enfrentó en unas Primarias a Sánchez y, después de espetarle su ignorancia (o desdén) sobre lo que es España y lo que significa: “No sabes -le quiso avergonzar- lo que es una Nación”, perdió y se quedó en la indigencia política, con el rabo entre las piernas. Desde entonces aparece siempre, para sumar méritos, como uno de los jefes de la claque sanchista, esa que conforma el trío del gafe Simancas y la deslenguada Lastra, esa que aplaude como si fuera una función de aburridísimo Buero Vallejo.

Es López vicepresidente ya de otra Comisión del Congreso, la Constitucional, lo cual es como si este cronista fuera el arquitecto jefe de las obras de remodelación del Estadio Bernabeu. Ahí cobra unos euros más que el resto de los diputados, y ahí tendrá, como los curas, que binar en la Comisión de la Mentira. Su primer acto como tal ha consistido en advertir que en su reducto partidista no cabe la investigación de lo realizado hasta ahora con la pandemia. O sea, para entendernos, que está dispuesto a impedir que los españoles sepamos, de una vez por todas, por qué su nuevo ídolo Sánchez ha gestionado tan mal, y de forma tan parcial, la tragedia que nos lleva acarreados, según los estudios estadísticos más fiables, la horrenda cifra de 45.000 fallecidos. Conocer la verdad sobre sus desmanes sería absolutamente imprescindible para vigilar cómo se afronta la realidad de ese vocablo estúpido que atiende por “desescalada”, pero no va a ser posible: López, sumiso, ya ha avisado que no lo va a consentir. De este modo, quedará ileso el cúmulo de errores, falsedades, contradicciones y rectificaciones que han jalonando, y siguen jalonando, el combate contra la crisis sanitaria más extensa que haya conocido el mundo desde la mal llamada “gripe española” de 1918.

López, por si no da abasto, que no lo va a dar, se ha asegurado el contagio, y la conmilitancia con el vicepresidente comunista y con una secretaria, también del PSOE, es decir, la inviabilidad de que en ese remedo de circo parlamentario se pueda conocer otra cosa que no sean los planes futuristas contra el virus del Gobierno del Frente Popular. Merced a estos garabatos antidemocráticos, la citada Comisión no va a reestructurar nada, como enfáticamente designa en su formación, sino que va a ser un inmundo altavoz del Gobierno para destruir cualquier capacidad de oposición. Pachi ordenará, vía obediencia ciega, la hibernación de las sesiones de trabajo hasta convertir la Comisión en un instrumento ridículamente inservible, como si se atuviera a aquella máxima que dejó Napoleón para la posteridad: “Cuando quiero que un asunto no se resuelva lo encomiendo a un Comité”. Pues a eso vamos. Pintiparada queda la cita.

Sánchez, una vez más, ha desactivado el Parlamento con formas, como las descritas, rigurosamente intolerables. Y con modos al más puro estilo soviético; ¿cómo si no se puede calificarse la votación a mano alzada con la que se constituyó la Comisión? En China estos mismos días se está reuniendo la Asamblea del Partido Comunista para refrendar a sus prebostes y a todo lo que éstos manden; votan, naturalmente a mano alzada, no vaya a ser que a algún disidente despistado le dé por expresar lo que piensa. Ese es el ejemplo a seguir de la coyunda social comunista. La fórmula, en todo caso, ha deparado un dato sustancioso de interés: que, por segunda vez consecutiva, los Ciudadanos de Arrimadas se han decantado, con su abstención, más hacia el Frente Popular que hacia el Partido Popular. Es una prueba más de que Arrimadas ha decidido moverse hacia la siniestra. El PP no debería desdeñar este movimiento, ni tampoco, obligarse a contribuir a la pantomima. Ya se han equivocado una vez con el estado de alerta, y les queda enmendarlo. ¿Cómo?: abandonando la Comisión de la Mentira. Esta, ni mucho menos, es la que Casado propuso.

La izquierda utiliza contra Ayuso a la directora a la que criticaba hasta ayer
OKDIARIO 9 Mayo 2020

Que el PP tiene una rara habilidad para nombrar altos cargos que le salen rana es tan verdad como que la ex directora general de Salud Pública Yolanda Fuentes, que dimitió este jueves de su cargo por “responsabilidad” al considerar que la Comunidad de Madrid no debía entrar en la Fase 1 de desescalada, ya había dado señales de que sus discrepancias de criterio con el Gobierno regional venían de antes. Concretamente, cuando la presidenta Isabel Díaz Ayuso exigía el incremento de las medidas de prevención frente al coronavirus, el 5 de marzo, ella redactaba una carta en la que pedía “tranquilidad” a la población por “la eficacia de las medidas de prevención”. Tres días después, el 8-M se celebraban las manifestaciones feministas disparándose los contagios.
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En un documento del 5 de marzo, la dimisionaria aseguraba que «con el conocimiento actual, sabemos que las personas infectadas que no han desarrollado sintomatología relacionada por la infección no transmiten la enfermedad” y que «sólo se recomienda la adopción de medidas especiales en algunos ámbitos, como los centros sanitarios, con el objetivo de reforzar la protección de los profesionales sanitarios. La población general puede continuar con su actividad con toda normalidad».

La izquierda no ha tardado en usar esta dimisión para atacar al Gobierno de Díaz Ayuso. Pero, casualmente, pasa por alto que la ex alto cargo que ahora no cree conveniente pasar a la Fase 1 de la desescalada tampoco creía conveniente el 5 de marzo extremar las medidas frente al coronavirus.

Una cosa es que el PP falle más que una escopeta de feria en la selección de altos cargos y otra que haya que aceptar sin rechistar la versión interesada de una izquierda hipócrita que ha convertido a Yolanda Fuentes en ariete contra el Gobierno de Díaz Ayuso, cuando hasta ayer mismo la criticaba abiertamente. Nadie duda de la profesionalidad de la ex directora general, pero su diagnóstico de la situación no es infalible, como ha quedado acreditado con el documento del 5 de marzo en el que instaba a la población a continuar con su actividad con total normalidad.

ESPAÑA SE VA A LA RUINA
El 8-M de 2020, crónica de una muerte anunciada.
José Antonio de la Fuente Cagigós rebelionenlagranja 9 Mayo 2020

Estaba cantado. Lo que ha ocurrido en España y lo que está ocurriendo tenía que ocurrir. No podía ser de otra manera… Ya lo dijo William Shakespeare en su obra Julio César: ¡Cuídate de los idus de marzo!

El egoísmo es uno de los mayores pecados del hombre y siempre acarrea malas consecuencias, si no para uno mismo para los demás. Y cuando lo que prima es el interés particular frente al general, las consecuencias son impredecibles, como así ha sido. Visto lo visto, el 8 marzo de 2020 debería significar un antes y un después en la historia de España. Si no es así, los españoles nos merecemos lo que nos pase, porque así lo habremos querido.

El 8 de marzo fue institucionalizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como “Día Internacional de la Mujer” en 1978. Desde entonces y hasta la fecha, la celebración de ese día se ha transformado significativamente, habiéndose apoderado de la misma un movimiento feminista radical que dista mucho de representar a las mujeres en su totalidad. Esta es la realidad, mal que les pese.

Curiosamente, fue el 8 de marzo de 1917 cuando se produjo el levantamiento popular del pueblo ruso que finalizaría con el derrocamiento de la monarquía y la imposición del comunismo como sistema político ideal; así que no es de extrañar que este nuevo feminismo, que abandera por encima de cualquier otra la ideología marxista, se haya apropiado de un día en el que todas las mujeres, sin excepción alguna, debieran estar representadas. Pero no es así, porque las precursoras de quienes hoy se dicen feministas son lo que son, todo un dechado de virtudes femeninas: (1) Margaret Sanger, que dedicó toda su vida a fomentar la contracepción, la esterilización y el aborto, y abogó por la eugenesia con fines racistas. Fue fundadora de Planned Parenthood, la mayor multinacional del aborto que existe hoy en día. (2) Alexandra Kollontai, que legalizó el divorcio y el aborto en la Rusia de Lenin, promoviendo el amor libre para “liberar a la mujer de la elección entre el matrimonio y la prostitución”. (3) Simone de Beauvoir, que fomentó la anticoncepción y el aborto, dado que “el embarazo era una mutilación y el feto un parásito”. Afirmaba que “una no nace, sino que se hace mujer”. Lo cierto es que, si por ellas fuera, no quedaría ser humano en este planeta, especialmente ningún hombre.

Desde hace varios años las “neofeministas” se manifiestan públicamente para celebrar el “Día Internacional de la Mujer”, hablando en nombre de todas las mujeres y reclamando unos derechos que, en realidad, sólo a ellas y a quienes las subvencionan les interesan; unos derechos que atentan, en la mayoría de los casos, contra las libertades de quienes no piensan como ellas. Lo peor de ello es que han convencido a la gente y sus reclamaciones son respaldadas por muchísimas mujeres y hombres que no tienen ni la más remota idea de lo que se esconde tras sus reivindicaciones y desconocen por completo la ideología a la que están apoyando.

Pues bien, durante los últimos años hemos asistido repetidamente a una esperpéntica celebración de lo que debería ser el “Día Internacional de la Mujer”. Y este año, al igual que ocurriera en los anteriores, los mismos partidos políticos y los mismos medios de comunicación animaron nuevamente a las masas para que participaran en las múltiples manifestaciones previstas para festejarlo. Había que apoyar al movimiento “neofeminista” para que su celebración no fuera un fracaso –cada año son menos las personas que asisten a sus manifestaciones–. Especialmente llamativas fueron las declaraciones de la vicepresidenta Carmen Calvo, que animó a las mujeres a llenar las calles el día 8 de marzo (8-M). Al final de una entrevista, la periodista le preguntaba: “¿Qué le diría usted a una mujer que está dudando en ir a la manifestación?”; a lo que la Sra. Calvo dixit: “Que le va la vida, que le va su vida. Que le va seguir tomando decisiones para proteger su seguridad…”. ¡Qué hermosas palabras! ¡Cuánta sabiduría encierran! También fueron interesantes las de la periodista Susanna Griso, que alentó a participar en las manifestaciones diciendo lo siguiente: “Este año el 8 de marzo cae en domingo, pero que ni el festivo ni el coronavirus sea una excusa para que salgamos a reivindicar nuestros derechos. Estamos muy lejos de conseguir la igualdad y tenemos mucho por lo que batallar.” –comentarios especialmente interesantes viniendo de una mujer que presenta y modera el programa de actualidad Espejo Público (Antena 3) desde 2006 y que, al parecer, gana más de 2 millones de euros netos al año–. Lo mismo hizo la exdiputada y exsenadora por Izquierda Unida Cristina Almeida, que, durante la emisión del programa televisivo Al Rojo Vivo (Sexta) del 6 de marzo, animó a manifestarse diciendo: “No me importa arriesgarme por una reivindicación que va más allá del riesgo personal […] Hemos tenido un virus durante siglos, que ha sido el machismo […] más peligroso y más nocivo […] que el propio coronavirus.” Señora Almeida, se equivocó, y de qué manera. La violencia machista, como ustedes la llaman, ha matado a 1.047 mujeres desde 2003; el coronavirus se ha llevado por delante a más de 25.000 personas –si no son muchos más y nos fiamos de los datos aportados por el Ministerio de Sanidad– en menos de 2 meses. También puso de su parte el presentador del programa Todo es Mentira (Cuatro), Risto Mejide, que, durante su emisión del 2 de marzo, le quitó importancia al coronavirus lanzando al público un mensaje de absoluta normalidad; todo ello con el propósito de estimular a las masas para que acudieran a las calles el 8-M. Eso sí, lo hizo mostrando su cara más amable, si es que la tiene. Y para rizar el rizo, el 7 de marzo, durante la rueda de prensa diaria del doctor Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Aleras y Emergencias Sanitarias, preguntado al respecto, éste se atrevió a decir lo siguiente: “Yo no le recomiendo a nadie nada relacionado con la manifestación. Yo creo que cada uno tiene que expresar sus ideas como considere y que si considera que tiene que estar en la manifestación que esté y si considera que no tiene que estar que no esté.” Y luego añadió: “Si mi hijo me pregunta si puede ir, le voy a decir que haga lo que quiera.” Encomiable su labor como epidemiólogo y portavoz del Ministerio de Sanidad para esta pandemia. ¡Qué hubiera sido de España y de los españoles sin su magnífica ayuda!

Y de esos barros vienen estos lodos, porque cuando todo esto ocurría, el virus llevaba entre nosotros más de un mes –el primer caso de contagio por SARS-CoV-2 (coronavirus) fue detectado el 31 de enero; el primer fallecimiento tuvo lugar el 13 de febrero; el 3 de marzo las autoridades ya sabían de la gravedad y la seriedad del virus; y el 7 de marzo ya eran 10 los fallecidos y 441 los casos confirmados. A pesar de ello, no prohibieron ni desaconsejaron acudir a las manifestaciones y demás concentraciones previstas–. Por eso estamos como estamos. A fecha 6 de mayo, y según el Ministerio de Sanidad, el número de los infectados es de 219.329 y el de fallecidos de 25.613, cifras que distan mucho de la realidad, porque los datos reales no los sabemos –el número total de los infectados se desconoce porque no se hacen los tests masivos que cabía esperar, al igual que el de los fallecidos, porque los datos del Ministerio de Sanidad no coinciden con los de las Comunidades Autónomas y, además, el Gobierno ha prohibido realizar autopsias–. Y mientras este desastre humanitario sucede, España se sume en una crisis económica sin precedentes, cuya magnitud y consecuencias están aún por determinar. Esta es la realidad, una realidad que unos y otros tratan de enmascarar mientras nos dicen que debemos acostumbrarnos a una “nueva normalidad” y nos hablan de la “gobernanza mundial”. Curiosa terminología.

Llevamos confinados desde el 14 de marzo, fecha en que entró en vigor el Real Decreto 463/2020, por el que se declaró el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus. Desde entonces, cada día, a las 20:00, salimos a aplaudir, al parecer, a sanitarios, FCSE, FAS, transportistas… Mientras lo hacemos siguen falleciendo cientos de personas; mientras lo hacemos, el sector terciario languidece y muere; mientras lo hacemos, hay quienes están aprovechándose del momento para hacer y deshacer a su antojo, sin que gran parte de los españoles se dé cuenta de que están cambiando España, nuestra querida España.

Decía Mark Twain que “es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que ha sido engañada”. Pues bien, nos han engañado y nos siguen engañando. España se va a la ruina y con ella todos los españoles.

De ahora en adelante, el 8 de marzo debería convertirse en un día para homenajear a las decenas de miles de muertos que fallecieron víctimas de esta pandemia y también para recordar a quienes antepusieron sus intereses a los de España, a los que pusieron en peligro a los españoles sin importarles un ápice las consecuencias que sus acciones tendrían para el conjunto de España.

España siempre ha sido una nación grande. Lo fue durante siglos porque quienes la gobernaban eran grandes y porque sus súbditos, sus ciudadanos, también lo eran. Pero esa España se desvanece, porque hay quienes la desprecian, y de qué manera… Si los españoles no reaccionan, España está muerta, porque no hay mejor manera de acabar con ella que desde dentro, y ahí es donde está nuestro enemigo.

El Ministerio de Trabajo no quiere trabajadores sino 'mantenidos'
EDITORIAL Libertad Digital 9 Mayo 2020

A Yolanda Díaz le repelen los empresarios, aunque no es la única con esa fobia en el Ministerio de Trabajo. El departamento gubernamental sobre el que recae la supervisión del mercado laboral está tomado por un ejército de comunistas confesos que consideran un motivo de celebración que cada vez haya más ciudadanos dependientes del Estado. La estrategia de los aspirantes a peronizar España es clara: despojarán a los ciudadanos de cualquier capacidad para crear riqueza con el objetivo de convertirlos en obsecuentes mantenidos.

Esa es la razón de la euforia del secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, al jactarse del "récord histórico" en el número prestaciones por desempleo. En pleno éxtasis, el segundo de Díaz no cabía en sí de la satisfacción que le producía anunciar que en abril se estaban pagando la friolera de 5.197.151 subsidios. Sin vergüenza, Pérez Rey presumía de un mercado laboral devastado y con unos niveles de desempleo que han roto todas las barreras imaginables. Este sujeto indeseable, que ha llegado a calificar a los empresarios como "apisonadoras de derechos", ya ni se molesta en disimular que considera el empobrecimiento de la población la mejor de las noticias.

Atrás quedaron los intentos del Gobierno social-comunista de Sánchez de devolver el poder perdido a la mafia sindical o de fulminar la reforma laboral de 2012, con diferencia lo mejor que hizo el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Ahora, con la excusa perfecta del coronavirus, quieren ir más allá, destruyendo por completo la estructura productiva del país. Y los nefastos datos de paro registrado y de afiliación a la Seguridad Social de abril les despejan el camino.

Nunca ese mes –tradicionalmente bueno para el empleo por los contratos de Semana Santa– había terminado con el catastrófico resultado de 282.891 parados más que en marzo. Esta cifra multiplica por 7 la de abril de 2009, que era hasta ahora la peor, cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria estaba arrasando la economía nacional. Por el lado de la afiliación a la Seguridad Social, también la sangría de cotizantes ha retrocedido a niveles del fatídico 2009, con una caída de 548.093 ocupados respecto a marzo. Si se analizan los estragos de la pandemia del coronavirus desde la declaración del estado alarma del 14 de marzo hasta finales de abril, los resultados son estremecedores: 947.896 cotizantes menos y 600.000 desempleados más.

El número total de parados en España se ha disparado hasta los 3.831.203; pero se trata de una intoxicación más del Gobierno. El corruptor blanqueamiento estadístico de Yolanda Díaz y sus secuaces ha sacado a los afectados por un ERTE de la categoría de parados y los ha escondido en una contabilidad paralela. Según los propios datos del Ejecutivo socialista, ya hay 3.386.785 personas afectadas por un ERTE, el 24,25% del total de afiliados en el Régimen General. Por tanto, si se suma esa cifra a los 3,8 millones de parados, resulta que en abril más de 7 millones de españoles estuvieron sin trabajar y cobrando una prestación. Si se añaden los más de 1,2 millones de autónomos que han tenido que echar el cierre a sus negocios, a los que también se les ha asignado un subsidio, el resultado son más de 8 millones de personas inactivas.

¿Pero el Gobierno no alardeaba del récord de más de 5 millones de subsidios? Entonces, ¿hay gente que se queda fuera? La respuesta es sí, y por eso ahora se están sacando de la manga la renta mínima.

Esta es la realidad del ominoso, liberticida, corruptor asistencialismo gubernamental, que no es ni será capaz de sostener a toda la población. La única forma de proteger a la ciudadanía es permitirle labrarse un futuro, reabrir la economía y posibilitar que las empresas puedan desplegar sus energías. Sólo así se conseguiría no hundir España en la miseria. Pero los comunistas bolivarianos empotrados en el Ejecutivo tienen otros planes...

¿Mi vida en manos de Pablo Iglesias?
Javier Somalo Libertad Digital 9 Mayo 2020

Madrid sufre lo peor de la pandemia en España por cuestiones obvias. Pero lo cierto es que ha sido también la comunidad que más instrumentos y personas ha puesto al servicio de la lucha contra el virus. Si el Gobierno central no colabora lo suficiente someterá a Madrid a una excepcionalidad que provocará una catástrofe económica… de la que después no dudará en culpar al gobierno de Ayuso.

"Desconfinar" sin garantías sanitarias y epidemiológicas es peligroso pero impedir que esas garantías lleguen, condenando a un confinamiento eterno es una inmoralidad, amén de un delito. Con unos criterios básicos de homologación estatal –serios, lo que excluye a Illa y a Simón– casi todas las empresas habrían realizado ya los test pertinentes a sus empleados. Ese sería un terreno ganado y ahorrado al dinero público –el de verdad, no el de Camen Calvo– porque más caro sale cerrar el negocio y no poder abrirlo que invertir en unos test que permiten calcular si podrás seguir produciendo bienes o servicios, cuántos y cómo en condiciones seguras.

Con muchas más personas analizadas clínicamente resultaría también mucho más accesible cerrar círculos familiares de posibles contagios haciendo un seguimiento como el que se lleva a cabo en la investigación básica contra el cáncer u otras enfermedades con componente hereditario o contagioso. Pues no, no se hace aunque en España se sabe hacer y muy bien. No hay estudio poblacional serio sobre la pandemia ni se le espera. Hasta el CIS –con Tezanos en la calle, por favor– podría aportar una información bruta muy valiosa que podría facilitar análisis válidos sobre contagios. Pero, por lo visto y sufrido en estos casi dos meses, es mejor disfrutar del poder ciego, sin diagnósticos y dar las notas a los alumnos: aprobados y suspensos con un tribunal anónimo, porque no se puede saber quién está decidiendo sobre nuestras vidas. Como en China.

Digan lo que digan o callen lo que callen Illa y Simón por orden de Iglesias y Sánchez, la Ley de Salud Pública (2011) dice con claridad que "las administraciones sanitarias exigirán transparencia e imparcialidad a las organizaciones científicas y profesionales y a las personas expertas con quienes colaboren en las actuaciones de salud pública (…) A estos efectos, será pública la composición de los comités o grupos que evalúen acciones o realicen recomendaciones de salud pública". Lo recuerda Ana Pastor (PP), licenciada en Medicina y Cirugía y dedicada muchos años a la Salud Pública y la Administración Sanitaria antes de decidirse por la política, que también se puede.

España es el triste ejemplo de un país que, disponiendo de recursos humanos y técnicos extraordinarios, está hoy pésimamente dirigido para aprovecharlos como requiere una situación de emergencia general. Somos líderes en investigación y tratamientos contra el cáncer, en donación de órganos y trasplantes, en tratamiento de enfermedades cardiovasculares y hasta en salvar vidas –por muchas que se pierdan– en accidentes de tráfico. Y lo somos porque los profesionales trabajan bien en la sanidad pública y en la privada, con el juramento hipocrático por encima de la conjura política, aunque algunos se empeñen en convertir los aplausos de las ocho en una defensa exclusiva de la cosa pública o por más que la vicepresidenta Calvo cante las virtudes sociales de la sanidad global desde la prestigiosa Ruber.

El Gobierno –con sus sabios ocultos en flagrante ilegalidad– espera el problema para reaccionar y hacerlo mal; en ningún caso hemos visto anticipación para evitar que el problema llegue o crezca. Resulta enormemente ilustrativo, además de desolador, el vídeo de Libertad Digital que demuestra este pecado original del Gobierno con sus propias palabras. Tanto es así que, en ocasiones, empresas y particulares se ven obligados a tomar ejemplo de lo que no hay que hacer. A veces, la antítesis te puede salvar. ¿No es necesaria la mascarilla? Compra mascarillas o fabrícatelas. ¿No habrá en España más allá de algún contagio? ¿Exceso de alarma? Pues camino vamos de los 30.000 muertos si le hacemos el juego del conteo tramposo al Gobierno de Iglesias y Sánchez.

Pablo Iglesias acusa a Isabel Díaz Ayuso de querer "ganar posiciones políticas jugando con algo tan serio como es salvar vidas" por solicitar la salida de la estúpida fase cero a la fase uno, que es la segunda. Pero, ¿qué le decía Carmen Calvo a una mujer que dudaba si ir o no a la manifestación del 8-M cuando ya había alertas sanitarias de sobra? "Pues que le va la vida en ello, que le va la vida". Y quizá le fue.

Si Ayuso consigue comida para los niños que tenían beca de comedor, la izquierda matiza el menú por si engordan o les sube el colesterol, amparados en su especial inquina a determinadas compañías de las que sólo ellos pueden ser consumidores, como la Coca Cola de Espinar o la chaqueta Zara de Iglesias. Lógicamente, los niños no estaban zampándose una "familiar cuatroquesos" al día pero si la imagen emponzoña pues se usa, precisamente para "ganar posiciones políticas", en este caso, las del anticapitalismo –ajeno– vicepresidencial.

España es el país tiene la tasa de personal sanitario infectado más alta del mundo. La última cifra disponible se acerca ya a los 50.000. Un 20% del total de contagiados. Han muerto 60. El país que más se aproxima a nosotros es Italia, con un 11%. Pero España, nuestro Gobierno, no ha querido entrar en el reparto de diez millones de mascarillas para sanitarios financiado por la Comisión Europea. ¿Quién está entonces "jugando con algo tan serio como es salvar vidas"? Porque Ayuso ha traído hasta ocho o nueve aviones cargados con material de protección y la semana que viene repartirá mascarillas gratuitas en las farmacias aunque ya le están poniendo pegas a la homologación.

En resumen: Ayuso es ya pieza a batir porque la izquierda sí tiene planes, pero políticos, para la Comunidad de Madrid, su pieza más deseada desde que perdieron el Ayuntamiento de la capital, el que ponía a los niños a recoger colillas del suelo.

Adriana Lastra se gustó en Twitter, sin formar parte del Gobierno, sin pertenecer a Sanidad y sin ser experta (tampoco) en estos asuntos: "Madrid no puede pasar a la Fase 1. Estamos protegiendo la salud de los madrileños". No tardaron en reprochar a la socialista por qué no lo hizo el 8 de marzo… pero reaccionará la semana que viene, cuando lo entienda. De momento, había que disparar al ladrido de la rehala.

Maruja Torres dijo también en las redes algo sobre Ayuso: "Lo más liviano que se me ocurre es confinarla en el campanario de la Almudena, a solas y sin rimmel". A mí no se me ocurre nada liviano hacia Maruja Torres, lo reconozco. Jugaba la de El País con la imagen de Ayuso llorando en el funeral que se ofició en la desangelada catedral de Madrid pero también con la propia enfermedad que desarrolló. Ya denunciamos aquí la semana pasada que no se ha visto a Sánchez ni a Iglesias ni a maruja alguna visitando el Hospital de IFEMA, menos todavía asistiendo a un funeral en una Iglesia de esas que profanaba el partido que ocupa el Gobierno al grito de "Arderéis como en el 36". Queda mucho ataque por venir.

No me da lo mismo quién tenga armamento nuclear. Prefiero que sea Estados Unidos antes que Irán, Francia antes que Cuba o Reino Unido antes que Corea del Norte. Por el mismo instinto de supervivencia, no me da igual quién esté "jugando con algo tan serio como salvar vidas". Y lo peor es que lo sospecho si terminan con Ayuso.

Los 10 argumentos de un magistrado del TSJ de Aragón que desmontan el estado de alarma del Gobierno de Sánchez
Miguel Ángel Pérez Libertad Digital 9 Mayo 2020

Un magistrado de la Sección 1ª de lo Contencioso-Administrativo del TSJA emitió un voto particular cuestionando la constitucionalidad del decreto.

Un magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Aragón ha cuestionado la constitucionalidad del estado de alarma del Gobierno de Pedro Sánchez para luchar contra la pandemia del COVID-19.

El TSJA autorizaba una manifestación del 1 de Mayo, con motivo del Día de Trabajo, que había sido prohibida por la Delegación del Gobierno. En una sentencia muy crítica, el tribunal entendía que la declaración del estado de alarma elegida por el Gobierno no permitía limitar el derecho de reunión y manifestación, algo que sí sería posible si se hubiera declarado el estado de excepción.

Esta resolución del TSJ de Aragón anulaba por tanto la decisión de la Delegación del Gobierno y permitía la marcha por el centro de Zaragoza. La manifestación debería "estar limitada a la participación de 60 ciudadanos, en vehículo particular, cubierto, turismo, con un único ocupante en cada uno, sin que sea admisible la participación en otro tipo de vehículo no cubierto, esto es, motocicleta o bicicleta, por la posibilidad de contagio al exterior".

Uno de los cuatro magistrados de la Sección Primera de lo Contencioso-Administrativo del TSJ de Aragón, Javier Albar García, emitía un voto particular cuestionando la constitucionalidad del real decreto del Ejecutivo de PSOE y Podemos que estableció el estado de alarma y consideraba que lo correcto habría sido llevar el acuerdo del Gobierno ante el Tribunal Constitucional. Estos eran sus principales argumentos:

"El estado de alarma, al no poder suspender, sino sólo restringir, el derecho de circulación, y al no poder prohibir el derecho de manifestación, que no está en el artículo 11 de la LO 4/1981, no es apto para introducir modulación alguna en el derecho de manifestación ni menos para prohibirlo".

"El estado de alarma claramente, tiene por objeto remediar o solucionar situaciones bien de fuerza mayor producidas por la naturaleza; bien por un abuso en los derechos de huelga y conflicto colectivo que no garanticen el funcionamiento de los servicios esenciales de la comunidad, o bien por situaciones que pueden obedecer ya sea a una voluntad deliberada de que se produzcan ya sea a causas lejanas, incluso ajenas al país, que produzcan el desabastecimiento de artículos de primera necesidad.

"El estado de alarma se caracteriza esencialmente por ser situaciones concretas en el espacio y en el tiempo, y las medidas tienen por objeto solventar o salvar esos problemas más o menos puntuales".

"El estado de alarma en términos generales no puede conllevar suspensión de derecho, sino, en su caso, las limitaciones concretas que se deriven de las medidas tomadas, y que no deberían poder afectar en ningún caso al núcleo de ningún derecho fundamental".

"Dado que estamos ante una epidemia, en principio lo propio sería el estado de alarma, que menciona aquella expresamente".

"Si bien, según la gravedad de la situación, que llega a impedir el ejercicio de los derechos fundamentales y el normal funcionamiento de las instituciones y servicios públicos (semicierre de las Cortes, temor a acudir a centros médicos, rechazo de ingresos por falta de camas, posibilidad de "deserción" de trabajadores sanitarios, supermercados, etc, por temor al contagio), podría incardinarse la pandemia en el estado de excepción".

"Si se prohíbe, en términos generales, circular, artículo 7.1 del RD 463/2020, se está ya rebasando, sólo por ese motivo, el contenido posible del estado de alarma, pues no se prevé una suspensión en términos generales de tal derecho".

"En relación con el que ahora nos interesa, el derecho de reunión, que es imposible su ejercicio sin ejercer el derecho de circulación, como se ha ido razonando, yendo natural e inevitablemente unidos".

"Centrándonos en el derecho de reunión o manifestación, no se ha establecido como excepción a la prohibición general de libre circulación la de los desplazamientos necesarios para el derecho de reunión y manifestación. Por tanto, éste derecho se ha suspendido de facto, aunque se niegue en las contestaciones a la demanda, imposibilitando su ejercicio, y por ello ha sido prohibido por la Delegación de Gobierno".

"Considero que se debería haber planteado la cuestión de inconstitucionalidad del artículo 7.1 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, y, a su vista, resolver".

Mascarillas obligatorias y a la calle
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 9 Mayo 2020

Es difícil ser liberal en tiempos de pandemia. Lo es porque como siempre estamos despotricando del Gobierno y de cómo ha avanzado y abusado de su poder invadiendo espacios que debería dejar a la sociedad, cuando llega una urgencia que sí es de su competencia y reclamamos que actúe, para muchos bobos y demagogos nos estamos contradiciendo. Pero la mayoría de los liberales no somos anarcocapitalistas y vemos que el Estado tiene funciones que debe cumplir, y hay literatura de sobra explicando por qué las pandemias son una de ellas. E incluso quienes sí creen que el Estado debería desaparecer por completo saben que ahora mismo es lo que hay, y que por tanto debe tomar medidas similares a las que podrían tomar las organizaciones privadas en su ausencia.

Las restricciones a las libertades en los tiempos del coronavirus son, por tanto, perfectamente justificables desde un punto de vista liberal. Otra cosa es que dichas limitaciones deberían ser las menos y durar lo menos posible. Dado que al Gobierno de Sánchez le parecía mucho más importante celebrar su aquelarre propagandístico del 8-M que reducir el riesgo de que el virus se propagara, actuó tarde, y las limitaciones a nuestras libertades han sido mucho mayores de lo que deberían haber sido. Hemos vivido casi encarcelados y ahora estamos pasando a un periodo de libertad condicional durante al menos un par de meses más por culpa de Pedro Sánchez. Es algo que no olvidaremos jamás.

¿Podría reducirse esa restricción de nuestras libertades? Según va avanzando la pandemia y vamos teniendo más datos parece más evidente aún que las mascarillas son el elemento esencial para contener la epidemia del coronavirus. Al igual que el confinamiento no impiden que se produzcan contagios, pero los dificultan lo suficiente como para frenar la ola y permitir que no se colapse nuestro sistema sanitario.

Los mismos que jamás entendieron cómo funciona una exponencial y que consideraban que el comportamiento de la epidemia no iba a cambiar mucho por unos pocos días más sin tomar medidas, ahora repiten el error pensando que unas pocas semanas más tampoco van a marcar una gran diferencia en la destrucción económica que el confinamiento ha generado. Pero esa destrucción también sigue una función exponencial. Cada día que pasa sin volver a la normalidad es mucho más grave que el anterior. Urge por tanto que volvamos a ser libres. Con algunas restricciones en aquellos negocios que requieran de aglomerar personas en espacios cerrados, sí, y con la obligación de llevar mascarilla en la calle y en locales públicos. Una restricción de nuestras libertades, pero la menor posible que permita controlar la epidemia. Con la mirada puesta en los ingresos hospitalarios, por si hay que echar marcha atrás, pero permitiendo que cada uno viva la vida como prefiera.

Otra cosa es que el Gobierno parece haberle cogido el gusto a gobernar en estado de alarma. Amenazan con meter en la cárcel a sus críticos, avanzan en la aprobación de leyes como la que cerrará los colegios especiales o pasará la investigación de delitos de los jueces a los fiscales dependientes del Gobierno, se tiran un mes sin ser controlados por el Parlamento… ¿Qué son las libertades de los ciudadanos frente al enorme poder que tienen en sus manos mientras dure esto?

Así que, como es natural, el peor Gobierno del mundo no obliga a llevar mascarillas salvo en el transporte público y desde hace unos pocos días. Además, se ha asegurado mediante la imposición de precios máximos de que no podamos comprar mascarillas quirúrgicas, que son las más baratas de entre las que tienen eficacia probada, de modo que sólo podamos tener las que nos den ellos o, si tienes dinero y suerte, las más caras FFP2 o, si no tienes uno ni otro, las higiénicas de supermercado. No hay mascarillas suficientes, así que no pueden obligarnos a llevarlas y nos pueden seguir teniendo confinados y en estado de alarma. Que si no es lo que quieren, lo están disimulando divinamente.

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Terminología totalitaria
Jesús Laínz Libertad Digital 9 Mayo 2020

La corrección política, ese totalitarismo blando que infecta nuestros días, avanza lenta e inexorable cual coronavirus. Y como encaja a las mil maravillas con la licuefacción cerebral de nuestra época, no necesita para imponerse ni policías, ni coacciones ni desfiles. Por eso pasa desapercibida. Y de ahí su fuerza sin igual. Porque privando de su verdadero significado a algunas palabras, retorciendo el de otras e imponiendo el uso masivo de las elegidas para modelar el pensamiento de las masas, se consigue que los temas debatibles sean los decididos por el poder, con el resultado de que no solamente se habla peor cada día, sino que también se razona peor.

En su magistral 1984, George Orwell avisó hace ya más de medio siglo sobre el peligro que la manipulación de las palabras representaba para la libertad. Uno de los personajes de su novela, responsable de la creación de la neolengua, explicaba entusiasmado que se trataba de la única lengua que menguaba cada día, pues el Gobierno del Gran Hermano pretendía eliminar paulatinamente conceptos, ideas, matices y significados, de modo que la lengua acabase convertida en un instrumento que sólo sirviese para las actividades cotidianas e imposibilitara pensar más de lo debido.

–¡Acabaremos haciendo imposible el crimen mental! –exclamó entusiasmado el neolingüista.

El gran clásico sobre la cuestión lingüístico-ideológica, sin embargo, no fue la novela del inglés Orwell, sino el ensayo del alemán Viktor Klemperer La lengua del III Reich, uno de los grandes clásicos de la literatura antinazi. Su tesis central consistió en que el régimen hitleriano creó una serie de palabras y expresiones fetiches con las que construyó su propaganda y estableció los dogmas políticos que debieron ser asumidos por todo el pueblo alemán. Dichas palabras, empapadas de romanticismo y ansias de venganza por la derrota de 1918, fueron, entre otras, patria, raza, sangre, tierra, estirpe, clan, tradición, combativo, lucha, jefe, jerarquía, organización, heroísmo… Indiscutiblemente, vocabulario poco habitual para un demócrata.

Pero la conclusión más interesante que se puede sacar de su lectura, al menos para este retorcido juntaletras, es que no se puede acusar a los nazis de ser los únicos pecadores. Porque cada régimen político tiene sus palabras fetiche y con ellas persigue idénticos fines de adoctrinamiento universal. Que nadie caiga en la candidez de considerar que nuestros democráticos días están vacunados contra la enfermedad totalitaria.

Hoy en España, como en el resto del senil Occidente, las palabras mágicas, repetidas por doquier e intangibles bajo pena de ostracismo, son, entre otras, multicultural, progresista, igualitario, plural, cuota, diversidad, mestizaje, sostenible, empoderamiento, machismo, heteropatriarcado, homofobia, violencia machista, migrante, tolerancia cero, populismo, diálogo, consenso, visibilización, transversal, cordón sanitario, líneas rojas, etc. Y, por supuesto, el omnipresente género –antes llamado ‘sexo’, puesto que el género lo tenían las palabras, no las personas– con todas sus variantes: transgénero, género fluido, identidad de género, violencia de género, perspectiva de género, estudio de género, expresión de género, clichés de género, visión de género, urbanismo de género y el último hallazgo, por el momento, con el Ayuntamiento de Murcia como protagonista: desratización y desinsectación con perspectiva de género. Últimamente, con el permiso de un coronavirus que parece haber hecho olvidar todo lo demás, pega fuerte la religión calentológica: cambio climático, crisis climática, emergencia climática, catástrofe climática, punto de no retorno climático, siempre in crescendo. No tardaremos en ver nuestros periódicos rebosantes del concepto suicidio climático. Se admiten apuestas.

En España gozamos de interesantes aportaciones autóctonas, como la estúpida redundancia de géneros y géneras para que féminas y féminos se den por incluidas e incluidos (¡bendita lengua de Shakespeare!). Y nuestro eterno problema pueblerino también aporta su granito de arena, y no pequeño: conflicto, soberanismo, derechos históricos, nacionalidades, hecho diferencial, lengua propia, Estado, estatal, lucha armada, fuerzas de ocupación, territorios, territorialidad, hacer país, derecho a decidir, procés, presos políticos, etc.

Como pequeño consuelo patriótico, no podemos dejar de señalar que en todas partes cuecen habas, empezando por unos Estados Unidos de Obama que destacaron como primera potencia también en ciencia eufemística: desde la llegada al poder del primer presidente afroamericano (la definición exacta habría debido ser mulatoamericano, pues, por su padre negro y su madre blanca, habría podido aspirar con los mismos derechos a las categorías tanto de afroamericano como de euroamericano), los comunicados presidenciales comenzaron a denominar las acciones del ejército estadounidense contra los terroristas afganos e iraquíes ‘operaciones de contingencia en el extranjero’. Hasta aquí probablemente se hubiese podido soportar, pero sustituir la palabra terrorismo por ‘desastres debidos a mano humana’ fue de medalla de oro.

Otra de las denuncias de Klemperer fue la demagogia nazi, dirigida a la captación de voluntades no mediante el pensamiento consciente sino mediante la introducción "en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente". Cierto. Pero el problema es que ésa podría ser también una ajustada definición de la política actual. ¿Acaso las campañas electorales no consisten precisamente en eso? A los anales universales de la vacuidad política debería pasar, en letras de oro, aquel inmortal lema electoral de Zetapé: "Sí".

También denunció Klemperer el uso abusivo por los nazis de la palabra pueblo (Volk). Exactamente igual que en la España de la Transición, cuando todo el mundo alcanzaba el orgasmo con la palabra mágica: "Habla, pueblo, habla" fue el emblema sonoro de aquella época. Cuarenta años después, los neobolcheviques de chalé entran en éxtasis con una nueva variante: la gente.

Finalmente, explicó Klemperer su indignación por la expresión, al parecer muy empleada en aquellos tiempos, de ‘material humano’. En su opinión, "hablar de material humano significa atenerse a la materia y despreciar el espíritu, lo verdaderamente humano del ser humano". Es difícil no estar de acuerdo con el filólogo alemán. Porque si, efectivamente, aquella expresión reflejaba la miope visión nacionalsocialista del ser humano, ¿acaso no caeríamos en feísima hipocresía si no reconociéramos que nuestros recursos humanos reflejan exactamente lo mismo?

Somos 47 millones
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 9 Mayo 2020

Ya me he ocupado del anuncio de una página que la Generalitat de Cataluña publica únicamente en catalán, en la edición en español de La Vanguardia, con instrucciones y consejos encaminados a cohesionar y aleccionar a los lectores para la lucha contra el Covid-19. Al pie de dichos anuncios aparece el logo de la Generalitat acompañado por la leyenda "7 millons de futurs". Salta a la vista que los promotores de la campaña monolingüe, movidos por su racismo atávico, la circunscriben a su espacio tribal, desentendiéndose de sus compatriotas españoles, también víctimas del virus mortífero que no respeta fronteras. Estos renegados de su país de origen se adjudican la tutela de 7,5 millones de futuros, pero olvidan que estos son solo una parte de los 47 millones de ciudadanos libres e iguales que habitamos España y disfrutamos de los derechos constitucionales inherentes a esta Monarquía parlamentaria, entre los que se cuenta el de la sanidad pública sin discriminaciones de cuna o de clase social.

Hoy, cuando la crisis económica llega cabalgando sobre el lomo de la peste, los 7,5 millones de catalanes con nacionalidad española deben sentirse especialmente reconfortados por el hecho de vivir en el seno de una nación solidaria, donde pueden contar con otros 39,5 millones de compatriotas, hasta sumar los 47 millones. Nación que, además, garantiza su pertenencia a la Unión Europea.

¡Eureka!
Vayamos a los hechos. El turismo representa el 12% del PIB y el 14% de la ocupación de Cataluña. Mejor dicho, representaba. La pandemia ha puesto punto y final a esta fuente de ingresos y de trabajo. El grifo del turismo extranjero se ha cerrado, quién sabe por cuánto tiempo. ¡Eureka! Aunque con menor volumen puede compensarlo en parte el turismo interior. Los hermanos españoles, que no nos roban ni nos matan, como predican los ayatolás de la estelada, vendrán a visitarnos –como han venido siempre– y nos ayudarán a equilibrar la balanza. Con una condición: deberemos expulsar de la escena pública a los energúmenos cainitas que lucran agraviando a nuestros compatriotas y conspirando para arrebatarles una parte de su territorio.

Lo afirma con menos crudeza pero con igual contundencia Miquel Molina, director adjunto de La Vanguardia ("Barcelona como si fuera la Antártida", 3/5):

Es tan necesario como difícil en el corto o medio plazo que Barcelona vuelva a ser vista en el resto de España como una ciudad amable y abierta. El conflicto político ha dejado heridas que costará cerrar. Sobre todo, porque aún supuran. En términos de marketing, neutralizar el efecto letal de un tuit como el del presidente de la Cambra de Comerç. Joan Canadell ("España es paro y muerte, Catalunya vida y futuro") requeriría de una inversión multimillonaria en anuncios que presentaran a Barcelona y Catalunya como destinos tolerantes.

El cambio de imagen que reclama Molina será imposible mientras en Cataluña siga usufructuando del poder la camarilla supremacista. Cuando le preguntan a Àngels Chacón, consejera de Empresa i Coneixement, si cree que el turista español querrá venir ahora a Cataluña (LV, 4/5), se evade respondiendo: "No creo que los catalanes hayan dejado de viajar a España por el independentismo". Pero el interrogante era otro: ¿querrán los españoles viajar a una región donde las autoridades y un sector de la población –minoritario pero estridente– se jactan de su hispanofobia y no ahorran alevosías para fundar su propia repúblika étnica?

Jeremiada subversiva
Sin embargo, el efecto disuasorio que puede tener para el turista español potencial la torpe argumentación endogámica con que se escaquea esta burócrata queda reducido a la mínima expresión cuando se lo compara con la repulsión que produce un exabrupto belicista como el del jefe de prensa del Departament d´Interior, Josep Maria Piqué. Este tuiteó la imagen de un cartel republicano de la guerra incivil con dos fechas: 1808, recordando el levantamiento contra la invasión napoleónica, y 1936, evocando la resistencia contra el alzamiento de Francisco Franco. En el cartel aparecían unas manos empuñando un fusil, la bandera tricolor y una frase: "De nuevo por nuestra independencia". Y Piqué añadió una dosis de su propia estulticia crónica: "Quizás es un enfoque que aún no hemos pensado y funcionaría".

A los alucinados supremacistas ya no les basta con acariciar el proyecto de levantar fronteras artificiales para aislarse de sus compatriotas españoles. Ahora sueñan con cavar trincheras. Mal asunto. Hasta los sindicatos de Mossos d’Esquadra denunciaron esta jeremiada subversiva.

Cataluña necesita científicos, profesionales, emprendedores, trabajadores, artistas, estudiantes y custodios del orden y la seguridad… Y turistas. Bienvenidos los turistas extranjeros. Pero mientras dure la veda, los 47 millones de españoles somos una fuente inagotable de riqueza y bienestar si sabemos convivir armoniosamente entre nosotros, desplazándonos con los ojos abiertos y sin prejuicios de un extremo al otro de nuestra patria.

Los que sobran son los virus patógenos y los sociópatas totalitarios.
 


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