AGLI Recortes de Prensa   Domingo 10  Mayo  2020

Un país pobre e irrelevante
Jesús Cacho vozpopuli.es 10 Mayo 2020

Las elites europeas llevan semanas enfrascadas en intensos juegos florales tratando de describir el mundo que viene después de la gran catástrofe. El mínimo común denominador de esa hojarasca otoñal es la conclusión de que “ya nada será igual”. Se habla del fin del monopolio de Occidente sobre la historia, la cultura y la economía del planeta. Y, dentro de ese monopolio, se apunta al fin del liderazgo que Estados Unidos ha ejercido a nivel global desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con una tercera pata referida a las exequias de la globalización desregulada o salvaje. Hay, sin embargo, quien piensa que el mundo cambiará muy poco, si por poco se considera la consolidación de China como epicentro del mundo, suplantando un siglo de hegemonía norteamericana y reduciendo Europa a ese tópico lugar lleno de bellos museos y magníficos festivales de música veraniegos, al estilo de Salzburgo o Bayreuth. Nuestro mundo seguirá igual, pero peor. Cuánto peor dependerá de la capacidad de cada país para enfrentar la recuperación sobre la base de unas instituciones sólidas, una sociedad cohesionada y un Gobierno con probada capacidad de gestión. Sumida en una crisis de autocomplacencia desde hace tiempo, Europa afronta un futuro muy preocupante, probablemente con una UE a dos velocidades, los países del centro y del norte por un lado, y los países del sur, un poco dejados de la mano de Dios, por otro.

El cambio más notable que el coronavirus ha puesto en evidencia es el descuelgue de Francia del bloque de los países del norte, campeones del trabajo, el esfuerzo y la ortodoxia económica, y su inclusión de hoz y coz entre los países del área mediterránea, bloque del que había escapado a partir de 1945 gracias a la determinación de De Gaulle y Pompidou por meter en cintura a los franceses. Y si Francia ha bajado varios peldaños, qué decir de España. España saldrá de la gran depresión causada por la covid-19 convertida en un país pobre e irrelevante. Un país marginal en el concierto del mundo desarrollado. La pandemia se ha comportado como un cedazo capaz de filtrar la riqueza entre las naciones, fortaleciendo a los fuertes y debilitando a los débiles. España lleva muchos años sin proyecto de país. Vivió la borrachera de la burbuja inmobiliaria y el dinero barato pensando que esa fiesta, entreverada de corrupción galopante, iba a ser eterna. El estallido de la burbuja y la consiguiente crisis financiera mandó a millones al paro, recortó el patrimonio de muchos y nos hizo a todos más pobres. De la crisis se salió tras un ajuste doloroso, para enlazar después unos años de crecimiento que no fueron aprovechados para sanear de una vez las cuentas públicas. Sin proyecto de ninguna clase. Sin reformas, políticas o económicas. Sin una economía competitiva. Sin aparato industrial. Sin inversión en investigación. Sin un proyecto educativo centrado en la búsqueda del talento. Con los partidos convertidos en estructuras piramidales cerradas, mafias controladas por un jefe con poder omnímodo.

De la cúpula de esos partidos ha salido en los últimos tiempos un idiota peligroso como Zapatero, un vago pusilánime como Rajoy y un aventurero sin escrúpulos con tendencias autócratas como Sánchez. El peor Gobierno para hacer frente a la peor de las crisis. No es nada extraño que democracias consolidadas como las de Alemania, Suecia, Holanda, Corea del Sur o Taiwán, países con instituciones políticas respetadas, finanzas públicas saneadas, una industria poderosa, una notable inversión en nuevas tecnologías y una fuerte cohesión social, hayan respondido mucho mejor en la lucha contra la pandemia que países como España, Francia o Italia. El episodio de la negativa del Gobierno a permitir pasar de la fase 0 a la fase 1 a la Comunidad de Madrid, sin explicar quién ha tomado esa decisión y qué criterios científicos o sanitarios se han incumplido, demuestra el grado de desvarío por el que atraviesa un país con un Gobierno jaleado por la mitad de la sociedad y denostado por la otra.

Si Francia está llamada a convertirse en una réplica de Italia, un país reacio a cualquier tipo de reformas, aferrado a un Estado del bienestar cuyo mantenimiento se traga anualmente el 56% del PIB (41% en el caso de España), un país a merced de los mercados financieros a los que tendrá que pedir este año entre 700.000 y 800.000 millones, España, con la mitad del PIB francés, se dispone a afrontar la prueba con unos niveles de déficit y de deuda injustificables tras años de expansión, situación agravada por el aumento del gasto público realizado por el Ejecutivo en los últimos dos años. Nuestro país entra en la crisis sin margen de maniobra fiscal y con sus cuentas públicas abocadas a un creciente deterioro por culpa tanto de la caída de ingresos como por el incremento del gasto, discrecional y estructural, en buena parte generado por la necesidad de combatir las consecuencias sociales de la pandemia. La hipótesis de una quiebra financiera del Estado no es en absoluto descabellada. Con los mercados poco proclives a comprar bonos soberanos españoles dada la situación de nuestras variables macro, las únicas fuentes de financiación se reducen a dos: la compra de deuda pública por el BCE y los programas de ayuda que ponga en marcha Bruselas. Total dependencia del exterior. De la caridad ajena. Con la evidencia de que cualquier línea de financiación comunitaria que se arbitre llevará inapelablemente aparejada la condicionalidad de un plan de ajuste que supondrá recortes del gasto en todos los rubros del Presupuesto y pérdida generalizada del nivel de vida.

Una mente libre y un mercado libre
Un panorama que aún podría agravarse, y probablemente se agravará, si el Gobierno cayera en la tentación, que seguro caerá, de reducir el déficit mediante subidas de impuestos, lo que no haría sino deprimir aún más la demanda agregada y retrasar la salida del túnel. En definitiva, aumentar el número de pobres, que tal vez es lo que persiga el tándem Sánchez-Iglesias para apuntalar su poder en el horizonte de un país empobrecido y privado de libertades. Es la alegría que transmite una ministra de Trabajo, comunista ella, anunciando encantada que ya se ha alcanzado “un total de 5.197.451 prestaciones pagadas, cifra histórica que revela el incremento de la protección social articulada por este Gobierno”, orgullosa de tener a no sé cuántos millones de trabajadores, y los que vendrán, mamando de las ubres del Estado. Es la pasión de este Gobierno por regar con subvenciones al mayor número de colectivos, por convencer a las víctimas de los planes educativos de que se puede malvivir con una renta mínima que te abona el Estado sin dar palo al agua. Es la prisa por cambiar el censo para que los okupas puedan también cobrar su paguita. Es la ideología de un Gobierno que prohíbe los despidos, como si con ello fueran a evitar la escalada de las tasas de paro. Es la negación de la sentencia de Ayn Rand según la cual“una mente libre y un mercado libre son corolarios mutuos”.

Pero el dinero público no es infinito y tampoco pende de los árboles como las cerezas. España, que lleva perdiendo peso específico entre el mundo desarrollado desde los atentados del 11-M, saldrá de esta gran crisis como un país irrelevante, una nación de segundo nivel, con paro crónico, deuda pública impagable y dependiendo casi en exclusiva de un turismo cuya recuperación será más difícil tras el aumento del proteccionismo, la caída de los intercambios comerciales y los problemas de las líneas aéreas. Es el resumen de un tsunami en forma de pandemia que sorprendió a España con las defensas muy bajas: decenas de miles de muertos, centenares de miles de euros de desajuste presupuestario y el peligro de un estallido social en el momento en que las expectativas de quienes pretenden vivir sin trabajar se vean defraudadas. Un riesgo a la vuelta de la esquina.

Hablar de que España necesitaría recuperar un cierto espíritu de la Transición, el estado de ánimo colectivo que hizo posible los Pactos de la Moncloa y un texto constitucional que ha permitido el mayor periodo de paz y progreso de toda nuestra historia, podría sonar a música celestial en el punto muerto en que nos encontramos y con el Gobierno que nos mal gobierna. Resulta imposible hallar ahora los mimbres necesarios con los que tejer un cesto siquiera parecido. Desolación. Al final, un Gobierno es reflejo de la sociedad que lo elije, de los 6,8 millones que votaron a Sánchez el 20 de noviembre pasado, y de los 3,1 que siguieron depositando su confianza en el marqués de los pobres instalado en las verdes praderas de Galapagar. El argumento vale también para los 7,94 millones que votaron Rajoy el 26 de junio de 2016, sabiendo desde noviembre de 2011 lo que había en esa cabeza.

España saldrá de la pandemia con la herida emocional de sus miles de muertos a cuestas y terminará saliendo también de la recesión, si bien irrelevante y empobrecida. Lo realmente difícil será ganar el futuro con la sociedad conformista y anestesiada que compartimos, sociedad devota del estatismo, que aspira al aprobado general sin estudiar y a la paga sin trabajar, y a la que importa un comino la libertad, su libertad, porque nunca ha pensado hacer uso de ella. Una sociedad así solo se levanta tras generaciones de gente educada en la libertad del pensamiento crítico. Y eso, como ya sabían nuestros regeneracionistas, no es tarea fácil.

Los "expertos" bolivarianos que deciden nuestros arrestos y nuestra ruina
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Mayo 2020

Hasta ahora, el titular más abyecto en toda la historia del periodismo español era "El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush", que así valoró El País la masacre islamista de las Torres Gemelas al día siguiente del 11S. Porque para PRISA el problema no era el ataque sino la respuesta. Y aunque Polanco ya entró en el Reino de las Sombras y Cebrián se jubiló y visita al Papa con su última y jovencísima esposa, enjaezado con la enorme fortuna que su gestión merece (dejó a PRISA con 3.000 millones de deuda, asumida por Soraya y endilgada al Ibex 35) su vil espíritu cainita sigue intacto. Dos de los tres primeros bancos españoles y nuestra primera empresa cotizada pueden presumir de pagar el carísimo panfleto del que se alimenta a la SER, que apoya el naciente régimen bolivariano y conserva toda la bilis sectaria, el gusto por la difamación y la pericia en la trola de los tiempos de Eductrade, Sanitrade y otras prebendas del PSOE a PRISA.

La vileza del diario del Ibex 35
"El Gobierno se erige en garante de la salud de los madrileños ante Ayuso", titulaba ayer, en las páginas que Javier Monzón, presidente decorativo (eso debe de significar "no operativo") que sigue esquivando su imputación en la Púnica, pero nunca del todo, es mejor como rehén, dedica diariamente a difamar a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Iguala la marca de Cebrián con Esperanza Aguirre, a la que dedicó 130 portadas en un año. Y espero este 2020 las explicaciones ante las Juntas de Accionistas de esas empresas que eran acreedoras de PRISA, el PP las hizo accionistas y ahora sirven al Gobierno social-comunista que nos lleva a la ruina total. Siempre fue miserable el capitalismo español, suave con los agresores de la propiedad y borde con sus defensores, pero El País bate todas las marcas.

Lo peor del carácter liberticida de los medios de PRISA, sobre todo la SER, que se hizo ilegalmente con todas las frecuencias de Antena 3 y la cerró, es el efecto que tiene en la casta periodística, progre en su inmensa mayoría y dispuesta a comprar sin mirar la mercancía desinformativa de la casa que forjaron Gabilondo y Ferreras y hoy habitan pobres imitadores. Ayer, era asombroso ver cómo medios habitualmente liberales daban por hecho que este Gobierno, que nos ha infectado, mentido y estafado desde hace meses, era fiable para medir y decidir qué comunidades cumplían las normas inexplicadas y arbitrarias para superar sus caprichosas fases. No ha querido el Gobierno decir qué expertos pueden decidir la ruina económica de una comunidad, porque según sea la fase así son los permisos, y se han lanzado hasta los medios de derechas, en la estela de El País, a hacer suyas las acusaciones de Pablo Iglesias a Díaz Ayuso, imputándole nada menos que poner en peligro las vidas de los madrileños. Pero Él lo impedirá. La tovarich Gallego-Díaz, diría que "se erige en garante de nuestra salud".

Iglesias da clases de salud sin mascarilla
Hemos visto a Pablenin saltarse cuatro veces la cuarentena, y a su señora, requeteinfectada el 8M y architestada, porque para ella siempre hay test. Esos que el Gobierno niega a los sanitarios, cuya tasa de contagio puede llegar al 40%. El comunista, financiado por Chávez y Ahmadineyad, amoral por su ideología leninista, hipócrita cuando ataca las comodidades de que disfruta, cuando viste de Zara e insulta a Amancio Ortega, se arroga no se sabe bien qué autoridad moral para insultar a Ayuso y velar por la salud de los madrileños. ¡Él, que no ha aparecido por ningún hospital, ni ha visitado el de Ifema, ni se ha hecho cargo de sus responsabilidades en las residencias de mayores! ¡Él, que se apropia de las noticias del Gobierno que le gustan, sabotea las ruedas de presa de Illa, y huye de las incómodas!

El viernes, Iglesias se adelantó a anunciar, no se sabe en qué papel, que Madrid no pasaría a la fase 1, para evitar que Ayuso nos matase. Pero no dijo qué expertos deciden el cambio de fase. El saltimbanqui Simón dijo ayer que, "seguramente", la semana que viene Málaga pasará a la Fase 1. ¿Cómo qué "seguramente"? ¿Pero qué seguridad jurídica y sanitaria es la de estos supuestos expertos, encapuchados a lo Otegui, de un Gobierno que pasa a la clandestinidad cuando quiere y nos arresta cuando le da la gana? Luego volveré a los "expertos", punto flaco de la estrategia gubernamental. Antes debo consignar el efecto en la oposición de la semana parlamentaria.

La Izquierda se atreve siempre a todo
Tardaremos mucho en reponernos, si lo hacemos, de la penosísima jornada en que Casado defendió con su brillantez habitual votar No al Estado de Alarma… y se abstuvo. Y aún más penoso fue lo de Arrimadas, que ha diseccionado de forma implacable Antonio Robles en LD. Parecía estar ofreciendo su partido a Sánchez en leasing, alquiler con derecho a compra. Si Garzón y Enrique Santiago, amigacho del otro Garzón y abogado de las FARC, entregaron IU a Iglesias a cambio de colocarse, ¿por qué no lo haría alguien de C´s? Son mejores, sí. Pero todos lo son hasta que pintan bastos, y ahora cada voto vale su peso en oro: véase Teruel Alpiste. Por eso creo que Ayuso debería convocar elecciones cuanto antes. Una moción, por un voto, la pierde, seguro. Unas elecciones, las ganaría, seguro; pero ahora.

Legalmente, se lo han autorizado a Urkullu y, de rebote, a Feijóo. La falta total de respeto a las mínimas reglas de la democracia la demuestra a diario la alianza social-comunista-prisista-sextista. Hay que adelantarse a la Izquierda, a la que, con la crisis económica, le irá lógicamente peor. Ante el desvarío actual de Cs ¿Por qué no aprovecharlo? A Rivera ya le ofrecieron el Ayuntamiento o la Comunidad si rompía con el PP. Y Aguado está loco por echar a Ayuso, con o sin permiso de Inés. Le basta unir su voto a los de Ángel Gabilondo, la representación de Errejón y la condenada Isa Serra.

Es cierto que la podemita no ha llamado a Ayuso lo que a la policía del desahucio: "puta, hija de puta, zorra, cocainómana, que os folláis a los policías, si tuvieras un hijo con una pistola debería pegarte un tiro en la cabeza". Pero tras su condena, ha dicho que volvería hacerlo. Si llevó al Parlamento a los secuestradores de Infancia Libre. ¿Qué no podrá hacer? Sánchez, Iglesias, Calvo, Ábalos, Lastra, ¿no serían capaces de lo que fuera para echar a la derecha del Poder en Madrid? El PP cometería otro error si se esconde en el "no se atreverán". Pues claro que lo harán. Esta puede ser su última ocasión. ¡Y hay que salvar, como sea, la salud de los madrileños!

La lista de expertos de Tomás García Madrid
Es tan escandalosa, delictiva y delictuosa la actuación gubernamental que ya circulan por Madrid varias listas de esos "expertos" que oculta la que Cs llamaba "la banda de Sánchez", antes de respaldar sus liberticidios. A veces, la forma de hacer cantar a ciertos pájaros es citar a otros que no lo son. Eso pasó con los "intermediarios" socialistas, a los que Illa encargó la compra en China de material basuriento, que hubo que devolver y después tirar. Así que para que, si algún aludido no sirve al Gobierno, lo diga, o que alguien confiese para salvar al erróneamente acusado, elijo la lista que me parece más detallada, la de Tomás García Madrid en El Correo de España, que corre por las redes, pero sin que otros medios la comenten. Estos son los títulos de los 15 "expertos" que deciden si nos arrestan o nos sueltan:

Cuatro médicos, pero uno cardiólogo y otro profesor (faculty) de Harvard.
Un microbiólogo
Dos economistas
Un licenciado en derecho
Un historiador
Una química
Un periodista y "antropólogo social"
Un diplomático
Un doctor en Ciencias Políticas
Un licenciado en Ciencias Políticas
Un astrofísico especializado en el Sol, los satélites y el cambio climático.

Por tendencias o clanes: diez de los quince son o han sido altos cargos en gobiernos del PSOE; y otro es alto funcionario público. Dos están vinculados a Podemos (el doctor y el licenciado en Políticas). Tres pertenecían al Instituto de Empresa al fichar a Begoña Pérez. Y, en fin, otros dos colaboran en El País.

No quiero ofender a nadie cuyo nombre o apellido pudiera estar errado. La lista completa con los nombres, sean o no los que oculta el Gobierno, puede verse, con los vitriólicos comentarios de García Madrid, en el artículo citado. Lo que me parece incontestable es que apenas dos, como mucho tres, podrían considerarse "expertos", capaces de abordar con criterio científico la pandemia. Si el Gobierno o los aludidos no desmienten la lista, entenderé que la banda de Sánchez e Iglesias han colocado la salud y la economía de los españoles en unas manos cuya única función sólo puede ser la de obedecer y aplaudir a sus amos. Ni son independientes, ni son capaces, ni pueden ser mucho más que palmeros.

Los "expertos" bolivarianos a sueldo de Chávez eran precisamente los podemitas que ahora contratan a estos "expertos" de su cuerda; o la de los otros amigos del Gorila, el Primate Sucesor y Delcy la de las maletas: los socialistas. Véase Venezuela y contémplese nuestro futuro.

¡A pillar, a pillar, que el mundo se va a acabar!
EDUARDO INDA okdiario 10 Mayo 2020

Que este Gobierno es de una inepcia jamás conocida en democracia, no teníamos ninguna duda. De su desahogo, forzando la máquina para llegar al 8-M aunque fuera a costa de multiplicar los muertos, tampoco. Que no son los más listos del mundo es público y notorio. Y que representan la maldad en estado puro lo colegiría hasta un niño de seis años. Lo que desconocíamos es la vis sobre-cogedora de este Ejecutivo, al menos de la parte teóricamente socialdemócrata, porque de la cuota podemita tenemos sobradas muestras desde hace seis años de su nulo apego a la ética y, en muchos casos, a la legalidad. La compra de material sanitario para paliar la brutal crisis sanitaria desatada en todo el mundo y disparada exponencialmente por estos pagos ha sido la ocasión pluscuamperfecta para comprobar cómo disponen del dinero público estos tíos. Despistar fondos del contribuyente siempre está mal pero hacerlo aprovechando una tragedia que se ha llevado la vida de 40.000 españoles es de una perversidad insuperable.

Los casos de más que presuntas corruptelas se acumulan sin solución de continuidad en las portadas de los periódicos de Semana Santa a esta parte. Yo he contabilizado más de 20 tras una pormenorizada revisión de la hemeroteca y seguro que alguno se queda en el tintero y que otros 20, otros 40, otros 60 u otros 100 acapararán la actualidad en las próximas semanas y meses. Seguro que más de uno me responderá ipso facto que no es que sean corruptos sino que, simple y llanamente, es todo una cuestión de incompetencia. Error: pueden ser unos zoquetes, que lo son y mucho, pero no tanto como para meter la pata de esta manera tan cantosa como indiciariamente delictuosa

El epítome más chusco, que no cuantioso de cuanto digo, salió de una primicia adelantada por OKDIARIO el fin de semana pasado cuando nos percatamos de que el Boletín Oficial del Estado (BOE) adjudicaba contratos millonarios a empresas con “dirección desconocida [sic]”. No era una errata puesto que la coletilla se repetía en varias de estas adjudicaciones. Vamos, que el Gobierno de Pedro Sánchez le había entregado por su cara bonita dinero del contribuyente a sociedades fantasma, invisibles, que nadie sabe dónde están. Una tomadura de pelo o una anécdota para la hilaridad si no se tratase de indicios sólidos de corrupción pura y dura.

Una de estas entidades mercantiles “con dirección desconocida” es la adjudicataria del contrato de 5,2 millones para la compra de hisopos. Casualmente, está radicada en el paraíso fiscal de Suiza y su objeto social es la comercialización de ¡¡¡ropa infantil!!! Vamos, que tienen un know how que nada tiene que ver con la fabricación o comercialización de material tan específico como son los hisopos, esos bastoncillos que se emplean para recoger muestras sanitarias para su posterior análisis bacteriológico o para extraer cera de los oídos de los niños.

Esta misma empresa también fue beneficiaria de la compra de 10 respiradores por 420.000 euros. Si no tiene dirección conocida, ¿adónde irá a parar el dinero? ¿A un bolsillo desconocido o a uno muy conocido? ¡Qué nivel, Manuel! En total, el jetaEjecutivo de Pedro Sánchez ha puesto en manos de empresas “con dirección desconocida” 313 millones de euros públicos para la compra de material antiCovid-19. A las sospechas obvias que provoca este cante jondo hay que añadir el hecho de que en todos y cada uno de estos 14 concursos sólo había un aspirante con la excusa de las “razones de urgencia”. El Ejecutivo salió al paso asegurando que se trataba de “error burocrático”. Le faltó explicar cómo se pueden cometer 14 errores burocráticos a la vez.

Salvador Illa, el filósofo digitado por Sánchez para solventar la mayor crisis sanitaria de nuestra historia, me parece un buen tipo. Es austero en las formas, serio, está formalmente a la altura de las circunstancias y jamás se gusta en sus comparecencias. Todo lo contrario que ese inútil integral de Fernando Simón que en cualquier democracia de calidad llevaría semanas destituido, fuera de la escena pública y seguramente imputado por negligencia dolosa en la conducción de la batalla al coronavirus. Y no creo que Illa sea un corrupto. Ahora bien, o alguien se lo está llevando o algo no cuadra en este puzle diabólico. Tanta sospecha no es ni medio normal.

Dicen que cuando en un contrato público hay sobreprecio es porque hay que generar hueco para el trinque de comisiones o mordidas y coimas como se dice en la hermana Iberoamérica. ¿Por qué han inflado el precio de manera salvaje en tantos contratos? ¿Por qué compran, por ejemplo, gel y guantes a proveedores chinos que les cobran tres veces más de lo que piden sus colegas españoles? ¿Me puede alguien explicar por qué el Ejecutivo de Sánchez ha adquirido batas sanitarias a China por un precio 66 veces superior al que es habitual en España? Esto es el milagro de los panes y los peces en versión sociata.

El colmo del golferío llegó con Interpharma, elegida por el Gobierno de España para comprar la primera gran partida de test de detección del virus. El 18 de marzo, cuatro jornadas después de decretarse el estado de alarma, pactaron con esta empresita sita en Santa Coloma de Gramanet (localidad gobernada por el PSC) un precio de 17 millones de euros. El escándalo fue mayúsculo al conocerse que los test importados tenían una sensibilidad del 30%, en resumidas cuentas, eran más falsos que la tesis de Pedro Sánchez. Fakes hasta decir basta. Lo mejor, o lo peor si se mira moralmente, es que esta empresa está especializada en cremas anticelulíticas, todo tipo de potingues para la cara, óvulos vaginales, geles íntimos y vigorizantes sexuales. ¿Qué carajo tiene que ver todo esto con test de Covid-19?

Los test de Interpharma no sólo eran el timo de la estampita o un cuento chino si tenemos en cuenta la geolocalización del chanchullo. Además, el precio abonado fue de 26 euros por unidad, entre dos y tres veces el de mercado. Por cierto: el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) adelantó 6 millones de euros a estos caraduras, dinero que según fuentes “ha sido devuelto”. Eso sí: hasta la fecha, nadie ha presentado una sola prueba que certifique que este pastizal ha retornado al erario.

El no va más lo hemos conocido estos días, también gracias a este periódico: el mayor adjudicatario de contratos a dedo del Ministerio de Sanidad es un joven chino de 29 años que se licenció hace seis. A este hongkonés le han otorgado 245 millones, que se dice pronto, por proveernos de mascarillas y ventiladores. El enésimo gran escándalo teniendo en cuenta que, además de ser un pipiolo, su empresa tiene sede en un apartamento de 35 metros cuadrados que comparte con otras 13 firmas, fue constituida hace un año y el capital social es de 1.200 euros. Huele a mangancia que apesta. A su socia le han agraciado con otros 116 kilazos en un concurso en el que, para variar, sólo se presentaba ella. A los que aún alberguen dudas sobre la maldad de esta contratación, se les disiparán cuando conozcan que Hong Kong está considerado un paraíso fiscal.

Corrupción urbi et orbi. Se ha entregado pasta sin ton ni son a compañías offshore radicadas en lugares tan agradecidos con el dinero sucio como Suiza, Islas Caimán, Panamá y otras minúsculos enclaves del Caribe. Entramados societarios, varios de ellos, que aparecen en Los Papeles de Panamá y en los del Paraíso. Otro ejemplo de manual, en este caso, patrio, de cuanto estoy aseverando es el de los respiradores. Ingesa compró un lote valorado en 36 millones a una sociedad sin experiencia alguna en la materia: Escribano Mechanical and Engineering, especializada en sistemas electrónicos de Defensa. Nada que ver, pues, con los respiradores. La triquiñuela de Escribano ha sido subcontratar a una compañía que sí tiene pericia y mucha: Hersill. ¿Y por qué no se hizo directamente? Quizá la explicación tenga algo que ver con el hecho de que el gerifalte de Escribano es Miguel Ángel Panduro, filosocialista que fue alto cargo con Zapatero y Bono. Bueno y ahora también es CEO de la empresa pública Hispasat. ¿Queda claro el temita?

Y, entre tanto, yo me pregunto a qué espera la Fiscalía Anticorrupción para actuar de oficio. Y la oposición para irse al juzgado de guardia a interponer las querellas correspondientes. Porque tanta “dirección desconocida”, tanto paraíso fiscal, tanto chino chungo y tanto sobreprecio sólo pueden tener una explicación. Que tal vez alguien se ha percatado de que el chollo político tiene fecha de caducidad y se ha puesto a gritar como loco: “¡A pillar, a pillar, que el mundo se va a acabar!”. No cabe otra explicación racional. Es la hipótesis más plausible. Ya lo dijo Carmen Calvo: “El dinero público no es de nadie”. Pues eso, que cuando no es de nadie, acaba siendo del primer desahogado que pasa por allí.

Vencer al virus con la televisión
Editorial larazon 10 Mayo 2020

Aunque sea por comparación con los otros dirigentes europeos, la aparición en público de Pedro Sánchez se ha convertido en un exceso de difícil digestión, incluso puede que contraproducente para sus intereses. Sin embargo, en nada ha ayudado a resolver el verdadero problema al que nos enfrentamos. Desde su primera comparecencia, el pasado 12 de marzo, su exposición ha sido imparable, siempre haciendo uso de la televisión pública y del resto de medios que, por responsabilidad, dan cabida a verdaderas peroratas. No hay que olvidar que cuando Sánchez aparece por primera vez en la televisión habían sólo 1.266 casos y, por contra, 324 muertos. Algo no se estaba haciendo bien. Sus apariciones han durado de los 40 minutos de la primera, a los 70 de la semana pasada y, de nuevo, 40 minutos, ayer. En total, han sido 12 apariciones que no han tenido la menor eficacia técnica, porque, posteriormente, sus colaboradores se han visto obligado a matizarlas. En muchas ocasiones, actúa como «globo sonda» para saber la recepción de determinadas medidas por la ciudadanía, como cuando anunció que los niños podían empezar a salir a la calle o aspectos concretos de la desescalada. Con este panorama, es evidente que ha dejado de buscar la eficacia del mensaje, que debería ser claro y conciso, para perseguir otros réditos que ve peligrar.

Sólo desde el convencimiento de que la crisis no se ha afrontado correctamente es posible que Sánchez asuma tanto protagonismo público, aunque insustancial, algo que se ve como un suplicio más de una ciudadanía confinada que debe soportar además los discursos de un presidente que no transmite confianza alguna. Mezcla los mensajes a la Nación con ruedas de Prensa, lo que acaba adulterando lo uno y lo otro, pues las respuestas a los medios de comunicación no se sabe si son opiniones contrastadas y objetivas –como las que cabría esperar de un supuesto hombre de Estado basada en información facilitada por los «expertos»– o mero tacticismo con vistas a su supervivencia política. Si seguimos la analogía europea, es fácil entender que la estrategia del presidente del Gobierno no tiene más sentido que la de reconstruir una imagen deteriorada por una gestión desastrosa. La canciller alemana Angela Merkel se dirigió al país por primera vez –la primera vez en 14 años– el pasado 18 de marzo, en el momento álgido de la epidemia, con un mensaje de 14 minutos en el que se limitó a decir que la pandemia era el mayor reto desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que era «fundamental seguir con disciplina las directrices dadas por las autoridades sanitarias». Ese día el número de contagiados en Alemania eran de 12.000 y solo 28 muertos. Por su parte, Emmanuel Macron si dirigió a los franceses por primera y última vez el 13 de abril, con un discurso de 26 minutos desde el Elíseo y el mensaje fue simbólicamente claro –llevaba corbata negra–, sin medias tintas: la epidemia no estaba controlada. Hasta ayer mismo, Sánchez seguía refiriéndose al virus como un agente maléfico –«el virus sigue al acecho»–, que es imposible erradicar y que sólo el confinamiento de los españoles y la parálisis de la economía podrá paralizarlo. Un mensaje infantil aliñado con concepto grandilocuentes, como la «triple red social que hemos desplegado» para aguantar el destrozo social y económico, o que el ICO «jamás hasta entonces había dado tantos créditos», desgraciadamente.

Es muy difícil que la llamada de Sánchez a favor de «patriotismo colectivo» que hizo ayer sea creíble y, sobre todo, tenga alguna eficacia. Él sabe que sólo sería tenido en cuenta si actuase con un criterio patriótico, es decir, anteponiendo los intereses del país a los de su partido, incluso a los personales. Un trato de complicidad con la oposición, de lealtad y compromiso mutuo para sacar el país adelante hubiese valido más que su proclamas sin energía alguna dichas en un uso abusivo de la televisión pública.

Simón debe dimitir
Jorge Mestre okdiario 10 Mayo 2020

Hay un personaje del mundo de la animación que guarda un gran parecido con Fernando Simón, el director de las Emergencias Sanitarias del Gobierno. Me refiero a Simon Bar Sinister, científico loco enemigo de “Underdog”, serie de los años 60. Su frase más recurrente era “Simon says!” (¡Simón dice!). Desde la izquierda y sus medios afines hay una brutal campaña para blanquear su imagen, por querer exagerarnos su supuesta naturalidad y espontaneidad que nos repitieron hasta la saciedad el episodio donde un día casi se atraganta con una almendra en medio de una comparecencia de prensa. Y a mí que. Yo no quiero un tipo gracioso que salga a diario a dar la cara para describir lo que acontece con la evolución del coronavirus, sino que quiero un experto reputado que salve vidas. Pero Fernando Simón que ahora habla con grandilocuencia de la importancia que tiene la responsabilidad individual de cada uno de nosotros para evitar nuevas olas de expansión de la pandemia, olvida precisamente sus actos irresponsables, declaraciones imprudentes y su pésimo optimismo durante todos estos meses que nos han arrastrado al peor lugar del ranking del coronavirus en el mundo, en el lugar que ningún país quisiera estar, pero España está.

Esta semana conocimos la dimisión del homólogo de Simón en el Reino Unido por saltarse a la torera los principios del distanciamiento social y confinamiento que a diario predicaba desde el púlpito televisivo a la población británica. El lío de faldas me da igual. Su dimisión fue fruto de la incoherencia de su discurso con su comportamiento. La falta de respeto a una población británica que como la española está haciendo enormes sacrificios personales y económicos para que el país pueda superar la pandemia. A diferencia de lo acontecido en el Reino Unido, muy propio de cualquier democracia y de la rendición obligada de cuentas de todos los cargos públicos, lo ocurrido en este gobierno es más habitual en los Ejecutivos dominados por la izquierda ideológica. Por un lado, está el populacho que debe seguir a pies juntillas las reglas impuestas por quienes nos gobiernan, y los que nos gobiernan que dicen una cosa y luego hacen lo que les da la gana. Fernando Simón se comporta cual Comisario del Pueblo de Salud Pública de la Rusia bolchevique y su actitud está más cerca de las autoridades soviéticas en tiempos de la explosión de Chernobyl que de sus colegas de la Unión Europea. Y todo ello suma un cúmulo de razones más que evidentes para presentar su dimisión inmediata.

El vicepresidente soviético Boris Shcherbina se vio obligado cuando estalló la central nuclear ucraniana a elegir entre la visión del Estado y los hechos. Al igual que 34 años después ha hecho Fernando Simón. Negó la crisis sanitaria, anunció que no había coronavirus en España más allá de tres o cuatro casos y se empeñó en repetir durante semanas que no había coronavirus en España. Luego dijo que el cierre de colegios no servía para nada, que incluso era contraproducente, que las mascarillas y la toma de temperaturas no servían para nada y que nuestro sistema de salud estaba de sobra preparado para lo que luego se vio que hizo aguas porque resulta imposible detener la ola de un tsunami. Cuando la realidad se transformó en tozuda y se aprobó el estado de alarma, dijo que los efectos del confinamiento se observarían en días cuando hemos tenido que soportar más de seis semanas para ello, mientras las cifras de muertos diarios, de personas que podrían haber tenido mejor destino si se hubieran adoptado medidas cuando todos los españoles corríamos peligro, crecían exponencialmente.

Simón no actúa como experto, ni científico, ni doctor, sino como Sancho Panza político de un gobierno. Su sueldo corre a cargo de todos nosotros, pero él parece estar ahí por razones ideológicas. Ante la situación del virus, yo he decidido actuar con responsabilidad, pero no porque me lo diga Fernando Simón, ni me lo diga Salvador Illa, ni Mr. Bulo (Pedro Sánchez). La credibilidad que tienen ellos para mí es nula. Ni nos representaron, ni nos protegieron. Fueron negacionistas del coronavirus y se nos presentan ahora como grandes héroes. Aún querrán que les demos las gracias.

Alarma de Estado
Antonio Burgos ABC 10 Mayo 2020

Como cariño le coge el preso a la reja de la cárcel, que dice el cante, nos hemos acostumbrado al estado de alarma. Por falta de días de vigencia no será. Y lo que rondaré, morena, que la presente no será la última prórroga: vamos a la tanda de penaltis. Parece que siempre hemos tenido estado de alarma. Nos hemos aprendido incluso los tramos horarios en los que podemos salir a estirar las piernas y a ver que la gente, con la mayor insensatez, va por ahí sin mascarilla, repartiendo contagios. Mucho pedirla en los transportes públicos, sin exigirla en la calle y en la vida cotidiana. Tan lamentablemente acostumbrados andamos con el estado de alarma que no advertimos que el Gobierno lo está aprovechando para aprobar a grandes tacadas cuanto le interesa en los Consejos de Ministros, sin que nadie proteste, ni lea las tropelías que cada día aparecen en el BOE. Un arma en manos del Gobierno cargada de discrecionalidad y acercamiento a las tesis más filocomunistas que puedan temerse. Como la jaca de Estrellita Castro galopaba y cortaba el viento caminito de Jerez, los decretos leyes del BOE van que escarban hacia Cuba y Venezuela, cuyo modelo nos están imponiendo mientras estamos todos preocupadísimos, y con razón, con el Covid. Como el que mira al cielo porque le han dicho que va un burro volando: digamos Pegaso mismo para hacerlo más literario y mitológico.

Hay muchísimos damnificados por el Covid, de los miles de muertos todavía sin luto oficial en toda la nación, a sus familiares, que hasta ahora, y si están confinados en una provincia de la fase 1, podrán acompañarlos en su funeral. Pero entre los damnificados por el Covid no se cuentan a los afectados por las barbaridades de los decretos leyes que nos están colando. ¿Había necesidad de cerrar tantas empresas, de cesar toda actividad, dejar en el paro a tanta gente? ¿Cómo todo esto que cada día sale en el BOE puede hacerse sin consensuar con la oposición ni comunicárselo antes? Están haciendo de su capa un sayo, y es lo que me asusta del estado de alarma: me crea la alarma de Estado. Que nombren altos cargos a porrillo sin la mínima cualificación exigida; sólo en 24 de ellos nos vayamos a gastar 2,3 millones al año. Que 20 millones de españoles vivan ya de un sueldo del Estado, en una situación que va camino de ser insostenible, en la que las clases pasivas serán más numerosas que las activas. Que en Andalucía, por ejemplo, el 42 por ciento de los trabajadores dependan del cobro de fondos públicos, mientras se castiga a la empresa. Que la libertad de expresión cada vez esté más amenazada, incluso con una virtual censura con el pretexto de los bulos. Que, como ha denunciado Pablo Casado, no haya el menor interés en reactivar ya toda la economía productiva y que el Plan de Desescalada empeora la crisis: cada día cierran 6.000 empresas, hay un millón más de parados, otros cuatro millones en ERTE y un millón de autónomos en cese de actividad. Que a pesar del número de parados, haya que recurrir a mano de obra inmigrante para la cosecha de cultivos, porque es más fácil cobrar el subsidio que trabajar; y hablo, por ejemplo, de la fresa de Huelva. Que se maneje el padrón a gusto del consumidor de las futuras elecciones, y que puedan inscribir votantes adictos en las circunscripciones donde más falta les hagan, sin la menor exigencia. Que tras una llamada de urgencia para que volvieran al trabajo ante la amenaza de la crisis del virus, sólo 14 liberados sindicales de la Sanidad andaluza acudieran a ayudar a los compañeros que dicen defender. O que cuando esté en marcha la Comisión de Reconstrucción, en cuya agenda los socialistas dejan fuera las libertades públicas, el vicepresidente sea un líder del PCE. Este es el Estado que están creando sin que nos enteremos con nuestro pánico por el Covid. Más que el estado de alarma, me alarma este Estado que están creando sin el menor control de la oposición.

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Los separatistas saquean Cataluña

Gonzalo Baratech cronicaglobal 10 Mayo 2020

La corrupción, los amaños y el nepotismo de Convergència y sus herederos vuelven al primer plano de las noticias.

Tres casos de rabiosa actualidad ponen de manifiesto, una vez más, el carácter mafioso del partido de Jordi Pujol, Artur Mas y Carles Puigdemont. Ya se sabe que la cabra tira al monte. Transcurren los años y los lustros, pero la vetusta formación y sus hijuelas secesionistas siguen haciendo de las suyas, erre que erre, como si esta comunidad fuera su coto privado.

Vayamos por partes. En pleno confinamiento por el coronavirus, el Tribunal Supremo ha avalado las condenas que dictó la Audiencia de Barcelona en el caso Palau de la Música.

Este aborrecible escándalo consistió en el saqueo sistemático de la institución musical. El Palau devino el vehículo utilizado con fruición por Convergència Democràtica de Catalunya para canalizar los sobornos que la constructora madrileña Ferrovial, bajo el mando de Rafael del Pino, le abonaba a destajo a cambio de obras públicas.

Una de estas fue, por ejemplo, la Ciudad de la Justicia, sita en la Gran Vía, a caballo de Barcelona y Hospitalet, que alberga el grueso de los juzgados de la Ciudad Condal. Cada ladrillo colocado en esa batería de edificios por la corruptora compañía Villa y Corte sufrió un sobreprecio del 4%, que fue a parar a las arcas de Convergència.

El Supremo ha ratificado ahora los 9 años y 8 meses de prisión, y multa de 4,1 millones de euros, que la Audiencia propinó a Fèlix Millet, capo supremo del Palau.

También confirma los 7 años y medio de cárcel, amén de una sanción de 2,9 millones, impuestos a su mano derecha Jordi Montull. Además, ambos habrán de devolver 23 millones al Palau.

A Daniel Osàcar, extesorero de CDC; a Gemma Montull, responsable financiera del Palau; y a los asesores Raimon Bergós, Santiago Llopart y Edmundo Quintana, el Supremo les receta en total 12 años a la sombra.

El Alto Tribunal corrobora asimismo que Convergència se financió con comisiones ilegales procedentes de Ferrovial, por lo que ha de reintegrar 6,6 millones. El partido se encuentra en preconcurso de acreedores. Este leñazo procesal puede precipitar su quiebra definitiva.

Otro asunto de venalidad que se sustancia estos días tiene de protagonista a Laura Borràs, exconsejera de Cultura y hoy portavoz de Junts per Catalunya en el Congreso.

El Tribunal Supremo la imputa por las presuntas fechorías que cometió cuando dirigía el tinglado Institució de les Lletres Catalanes, dependiente de la consejería de Cultura.

La acusa de prevaricación, fraude administrativo, malversación de caudales públicos y falsedad documental, todo ello relacionado con la adjudicación de contratos a su compinche Isaías Herrero. Por cierto, dicho sujeto es una auténtica joya. En diciembre le cayeron cinco años de reclusión por narcotráfico y trasiegos con moneda falsa.

Por su parte, la Sindicatura de Cuentas de la Generalitat asegura que Borràs vulneró la ley entre 2016 y 2018, al fraccionar al menos cinco veces las contratas para concederlas a su amiguete, de forma arbitraria y sin pasar por el debido concurso.

Además hinchó los beneficios de Institució de les Lletres en algo más de un millón y camufló deudas por importe de otro millón.

Curiosamente, esa tal Borràs es la misma que se mueve con una frescura sin par por el Congreso de los diputados predicando lecciones de ética y honradez a diestro y siniestro.

El tercer episodio que traigo a colación no es menos vergonzoso que los anteriores. Resulta que el Gobierno del funesto Quim Torra ha colado en la ley de acompañamiento de los presupuestos, un par de modificaciones que son un auténtico regalo para innumerables paniaguados de su propia administración incursos en delitos.

Uno de los cambios concierne al impuesto de donaciones. A partir de ahora, se exime a los presos golpistas de tributar por los donativos con que la llamada “caja de solidaridad” les haya obsequiado.

Gracias a tal cambalache, el fugitivo Carles Puigdemont, Artur Mas y otros individuos sentenciados por el Supremo, no habrán de pagar un céntimo en concepto de IRPF por los millones que les abonó dicha caja para hacer frente a las fianzas o responsabilidades civiles.

El otro trapicheo de la mentada ley blinda a los altos cargos regionales de rendir cuentas económicas por posibles negligencias en su gestión.

Es decir, si los gestores de los 360 chiringuitos de la Generalitat, remunerados con sueldos multimillonarios, sufrieren condena judicial, el Govern correrá a cargo de las sanciones pecuniarias. O sea, que todos los contribuyentes catalanes acabaremos pagándolas a escote.

Pero no se acaban aquí los privilegios caciquiles que amparan a la nutrida cohorte de enchufados del Govern. En lo sucesivo, la abogacía de la Generalitat se pone al servicio de los posibles encausados y, cuando estos lo soliciten, asumirá su representación legal gratis et amore.

Los dos retoques normativos perpetrados por Quim Torra y sus secuaces revelan el obsceno sentido patrimonialista que de la Generalitat tienen los políticos separatistas.

Se creen los amos y señores de este terruño, mientras que el resto de mortales son unos meros siervos a quienes pueden exprimir, sangrar y robar sin miramiento ni tasa.

La masiva fuga de grandes bancos, empresas y capitales ocasionada por el procés, sumada a la nefasta gestión económica de Mas, Puigdemont y Torra, hacen que Cataluña marche hacia atrás como un cangrejo, para desgracia de sus inermes habitantes.

El independentismo fanático de una clase política de corte siciliano está ocasionando daños irreparables a nuestros lares. Las generaciones presentes y futuras pagarán muy caros los desafueros de esta banda criminal que nos esquilma desde hace 40 años.

Rinocerontes y burros / Tres racismos, tres separatismos
Pío Moa gaceta.es 10 Mayo 2020

Crónica
**Como ninguna persona progresista ignora, un rinoceronte lo es porque se siente así. Si se sintiera un burro, sería un burro. Y un rinoceronte macho es macho porque así se lo cree él mismo, y hembra por la misma razón. Pero seguramente hay rinocerontes machos atrapados en cuerpos de hembras, y viceversa. Lo mismo vale para los gorilas y otros. Y, por supuesto, para los progresistas.

**Que los homosexistas hayan logrado hacer de su peculiaridad el eje de la moral y la política en los países ricos, ¿indica una excepcional fuerza intelectual de ellos o una excepcional debilidad intelectual o moral del resto?

**El aborto es el “sacramento” propio del feminismo.
**Ha muerto por el virus Billy el Niño, policía franquista acusado de torturas. Lástima que quienes le acusaban eran (y son) comunistas y etarras, que, como sabe todo el mundo, nunca han mentido ni cometido torturas ni asesinatos.

**El Doctor, el Coletas y su banda de estafadores convirtieron el Día de la Mujer en el Día de la Tiorra. Este año también podría llamarse “El Día del Coronavirus”.

**Lo de “la nueva normalidad” no es una invención inocente. Rafa Nadal lo ha visto enseguida: “quiero volver a la normalidad, no a una nueva”. Que por nueva sería anormal, al gusto de la banda de estafadores zapateristas-bolivarianos.

**Se quejan los estafadores que no solo tienen que luchar contra el coronavirus aino también contra los bulos que esparcen sus enemigos. En cambio no luchan contra sus propios bulos. Tratan de imponerlos por la fuerza.

**Quien trata con respeto lo que no es respetable, pronto pasa a perderle el erespeto a lo que sí lo es

**Mathieu Bock-Coté, un sociólogo quebequés muy destacado, denuncia que la universidad, copada por la “corrección política”, se vuelve cada vez más hostil al pluralismo intelectual. Es decir, al intelecto. No es solo un fenómeno español, sino un fenómeno degenerativo en toda Europa occidental y Usa.

**El ateísmo no es propiamente la negación de Dios, sino del hombre. Su evolución lo prueba.

**El pecado original de las ideologías es su negación del pecado original.

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Tres racismos, tres separatismos
Los separatismos catalán, vasco y gallego se basan, como hemos visto, en la raza, están obsesionados con ella, secundariamente en el idioma. Pero la cuestión racista es abordada de distinta manera. Para Sabino Arana, la raza vasca era incomparable y distinta de cualquier otra y, naturalmente, superior. Por lo tanto no debía en modo alguno mezclarse con ninguna otra, y menos aún con los demás españoles (más parecidos a gorilas que ha seres humanos”).

El plan consistía en separarse y romper de una vez con la abominación de las mezclas. Las pretensiones de los separatistas catalanes no llegaban a tanto. Se sentían superiores a los demás españoles, por supuesto, pero similares a los “europeos”, los “arios”, o finalmente los “auténticos íberos”. No debían mezclarse, pero tampoco separarse demasiado, ya que su superioridad debía llevarles a gobernar a los demás españoles. O, como la pretensión se demostró imposible, la redujeron a los que bautizaron como “països catalans”, algo menos “africanos”.

Los separatistas gallegos también insistían mucho en sus herencias raciales de los celtas, los suevos y demás, pero eran y son más indecisos. Su actitud recuerda un comentario a una canción romántica francesa: “toda mi romántica nostalgia por cosas que nunca sucedieron”. Esto podía aplicarse realmente a los demás, pero en el gallego es una “saudade” más fuerte, y un separatismo más débil, insistiendo más en la diferencia que en la superioridad, debido quizá a ser Galicia una región más pobre y menos industrializada, por tanto menos “europea” que Cataluña. Actualmente muchos separatistas piensan en una unión por lo menos de cultura con Portugal, adoptan la ortografía lusa, por supuesto denigran a España, etc. Otra peculiaridad de Galicia es la extrema fragmentación de las pequeñas diferencias genéticas, un caso al parecer único: “como si los de cada municipio casi nunca se hubieran casado con los de los municipios cercanos”. Lo que todos detestaban era la herencia africana que atribuían a los demás.

Curiosamente, según investigaciones sobre la herencia genética, son Galicia y Portugal quienes tienen una mayor herencia norteafricana. Es dudoso que quieran hacer de ello un motivo de “orgullo racial”, pero en todo caso el componente norteafricano es mínimo: entre el 6 y el 10%. Más del 90% restante procede de invasiones europeas, he leído que las principales originadas en las estepas de Rusia.

Teóricamente sería en Andalucía donde la herencia norteafricana y semítica debía ser más fuerte, pero es aproximadamente tan débil como en el resto, excluyendo la vertiente atlántica de la península. Este hecho, aparentemente contrario a la historia, está dando lugar a diversas hipótesis. ¿Qué conclusiones pueden extraerse de estos hechos? Desde el punto de vista cultural e histórico, creo que ninguna. Por lo demás, es obvio que sin esas pretensiones racistas, los separatismos se diluirían. Pues todas las regiones comparten básicamente una misma cultura española, con diferencias menores no solo regionales, sino hasta comarcales.
 


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