AGLI Recortes de Prensa   Lunes 11  Mayo  2020

Multitudinaria cacerolada y gritos en calles de Madrid para pedir la dimisión del Gobierno de Sánchez
Las redes también muestran la llegada de varios coches de policía a la zona de la creciente protesta, en un hecho inusual
Aumentan los gritos ciudadanos contra el Ejecutivo, en lo que comienza a vislumbrarse como un intento de 'ganar la calle'
OKDIARIO 11 Mayo 2020

Este domingo varias calles de Madrid han vivido una multitudinaria e intensa cacerolada que protestaba contra el Gobierno de Sánchez y su gestión de Gobierno en la actual crisis del coronavirus.

El éxito de la protesta se ha producido sobre todo en la calle Núñez de Balboa de Madrid y otras del barrio de Salamanca, donde numerosos vecinos han salido a los balcones ‘armados’ con cazuelas para exigir la dimisión de Pedro Sánchez y de su Gobierno.

Uno de los mensajes de Twitter aseguraba: «Calle de Núñez de Balboa, esta tarde. La cacerolada ha ido subiendo de tono con los días. La gente pasea con mascarillas y manteniendo la distancia, pero el tono contra el #GobiernoDimision empieza a subir. Y no bajará».

Otro iba más allá y aseguraba en un hilo que «La policía nacional ha bloqueado varias calles en Madrid porque había una cacerolada y la gente gritaba «gobierno dimision». Los policías han cortado el paso a los vehículos y han tomado datos a varios ciudadanos. (…) También han tomado datos a alguno, no sé si para multarle o con qué fin. Es evidente que tienen miedo a que la protesta se generalice. Creo que deberíamos empezar a hacerlo en todas partes (…) Que sepan que así no nos van a parar. Esto también movilizará a la gente a la hora de votar. No podemos dejar que sigan avanzando y aplastando nuestro régimen de libertades».

La policía nacional ha bloqueado varias calles en Madrid porque había una cacerolada y la gente gritaba «gobierno dimision». Los policías han cortado el paso a los vehiculos y han tomado datos a varios ciudadanos.

En otro de los vídeos subidos a Twitter se ven varios coches de Policía llegando a una de las calles del barrio de Salamanca de Madrid y estacionando. Una cosa bastante inusual, que acudan agentes a ‘vigilar’ una cacerolada.

Estado de alarma económica
Editorial ABC 11 Mayo 2020

No ha sido la pandemia del Covid-19 la que ha puesto en jaque al Estado. El agujero en las cuentas públicas era muy anterior, y así lo advertían los organismos internacionales y la propia Airef en sus informes, que recomendaban que el Ejecutivo aprovechara la bonanza económica de los últimos trimestres para reducir el déficit y sanear las cuentas públicas. Lejos de asumir una política de contención y racionalización, el Gobierno de Sánchez insistió, en provecho propio y con fines electoralistas, en abrir aún más el grifo del gasto. El resultado es que la crisis del virus de Wuhan ha cogido a España sin el colchón económico que le hubiera permitido capear el temporal que se avecina. A la vuelta de la esquina, el mes de junio va a poner a prueba las costuras del Estado, que no solo tendrá que volver a recurrir a los préstamos para pagar a los pensionistas la extra de verano, sino hacer frente a los subsidios de los ERTE, que afectan a cuatro millones de trabajadores, cubrir la denominada renta mínima prometida ya por el Ejecutivo y satisfacer la nómina de los empleados públicos, una factura que en apenas unas semanas va a rondar los 29.000 millones de euros.

El aumento del déficit, permitido por Bruselas de forma excepcional, y de la deuda son la solución provisional a una situación de alerta que, sin embargo, va a prolongarse más allá de la pandemia. La sostenibilidad del sistema va a depender de que la prima de riesgo no se dispare en los próximos meses en función del deterioro económico que deje este crisis, y también de las condiciones que la Unión Europea fije para un rescate que Pedro Sánchez tendrá que pedir más pronto que tarde. El préstamo no va a salir gratis, menos aún para un Ejecutivo que de forma sistemática ha hecho oídos sordos a las recomendaciones comunitarias y ha disparado su gasto cuando no había otra alarma que la de su despilfarro.

Iglesias es el gran problema del rescate
Editorial larazon 11 Mayo 2020

El Gobierno de Pedro Sánchez sabe que el rescate está encima de la mesa de las autoridades de la Unión Europea. Sobre todo lo sabe el equipo económico encabezado por Nadia Calviño, que es consciente de que con las actuales cuentas es imposible que la UE considere que España pueda exigir a Bruselas lo que es incapaz de conseguir en su propia casa. Sánchez puede invertir el poco tiempo que le queda en cuestiones terminológicas entre «ayuda» o «solidaridad» –su socio de Gobierno, Pablo Iglesias, añade una más: «mutualización de la deuda»–, es decir, recibir dinero de Bruselas cumpliendo con unas condiciones de reformas o con todo pagado, pero se trataría de una pura cuestión formal –además de irreal– que ignora el verdadero fondo de la cuestión. Y es que España no podrá superar esta crisis sin el dinero que venga de Europa: lo sabe Sánchez y lo debería saber Iglesias. Depende de la habilidad política del primero, de su credibilidad –es decir, cumplir lo acordado– y del control sobre su propio Gobierno. Y depende de que el segundo deje de revolotear con acusaciones de «austericidio» a quien le va a pedir el dinero. La cuestión va a ser cómo presentar una medida que terminológicamente es traumática como un mal necesario, incluso el menos malo de todos: rescate. Es decir, salvarte cuando estás con el agua al cuello, que, por poner los pies en el suelo, es impedir el cierre masivo de empresas y pequeños negocios, llegar a cotas de paro del 20%, caída de los salarios, depreciación inmobiliaria –donde muchos asalariados pusieron sus ahorros– sin posibilidad de capitalizar lo invertido para poderse asegurar una jubilación digna. E incremento exponencial de la deuda y el precio de nuestra financiación en el mercado. Aquella «prima de riesgo» con la que el último gobierno del PP tuvo que batirse.

En el mismo mapa político está marcada la estrategia y la solución: Alemania y los países más ricos no tienen más remedio que salir en ayuda de España –también de Italia– porque en ello va también la supervivencia del proyecto europeo y la de sus propias economías. Lo que vendría después es la resurrección de los viejos fantasmas. Por lo que hay que jugar con pragmatismo y lealtad. No presentar la senda de estabilidad presupuestaria de 2020 porque quedó «totalmente desfasada», según la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y esperar a los Presupuestos (PGE) de 2021 no es lo que las autoridades económicas europeas estaban esperando de España, precisamente en un momento en que están en juego la modalidad de ayuda y las condiciones. El próximo 31 de septiembre el Gobierno deberá presentar los PGE en el Congreso con las cuentas adaptadas a la situación económica, en ingresos y gastos, derivada de la epidemia. Esa será la fecha clave. Todos los cálculos indican que se necesitará una liquidez de 150.000 millones de euros, lo que comportará reformas, ajustes, recortes, y no valen las teorías de Iglesias aprendidas de los regímenes populistas latinoamericanos de que la deuda pública no se paga.

Hace unos días, el vicepresidente segundo exigía en el «Financial Times» «un cierto nivel de mutualización de la deuda como condición necesaria para la existencia de la Unión Europea». Ya sabemos que ésta fue la misma estrategia que siguió Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas griego –y sobre todo gurú económico del progresismo más glamuroso–, la de llevar al país a una situación límite, momento en el que esperaba que la UE saldría siempre a su rescate. Esta estrategia le costó a los griegos el 25% del PIB y la ruina de sus ciudadanos. Iglesias no es el mejor acompañante con el que puede contar Sánchez para esta singladura –aunque fue la elegida por él–, por lo que no le quedará más remedio que acometer las reformas exigidas, le guste o no a Podemos. Como dijo Emiliano García Page en estas páginas, Iglesias no es lo que necesita España en un momento tan grave para nuestra economía.

La AIReF deja al descubierto los inconsistentes cálculos de Sánchez
José María Rotellar Libertad Digital 11 Mayo 2020

El treinta de abril, el Gobierno de Sánchez envió a Bruselas, al límite de tiempo, la actualización del Programa de Estabilidad para los años 2020 y 2021, que al día siguiente presentaron ante la prensa la vicepresidenta Calviño y la ministra Montero. En dicha presentación, vinieron a decir que España crecía de manera robusta y equilibrada antes de la llegada de la enfermedad y que todo hacía indicar que la recuperación sería fuerte, en uve asimétrica, según Calviño.

Al analizar sus datos se veían inconsistencias, como que el gasto, que sube muchísimo, no subiese todavía más, por dos motivos: un mayor número de parados al previsto por el Gobierno, que dejaba la tasa de paro en el 19% en 2020 y en el 17,2% en 2021, y por el efecto de la renta mínima permanente que quieren introducir, cuyo coste podría llegar a los 17.000 millones de euros anuales, según se puede estimar desde la cifra que en junio de 2019 publicó Escrivá cuando presidía dicho organismo, aunque ahora ha dicho que serán sólo 3.000 millones.

Paralelamente, no se sostiene que estimen una caída de ingresos del 5,3% cuando la actividad económica va a retroceder un 9,2%. La caída de recaudación del tributo que proporciona mayor recaudación, que es el IRPF, la cifran en poco más del 2%. Por mucho que la liquidación de la campaña de renta de 2019 suavice la cifra, es inconsistente con la caída del PIB prevista para 2020.

Y de manera asombrosa, el Gobierno comunicaba a Bruselas dicha actualización sin estimar el déficit y la deuda para 2021, aunque Bruselas sí que los estimó y publicó días después dejando bien claro que la política económica de Sánchez nos va a volver a meter estructuralmente en el déficit público excesivo para años venideros.

Para tapar todos estos puntos débiles, el Gobierno corrió a afirmar que su informe estaba avalado por la AIReF. La institución tardó muy poco en comunicar que lo había avalado, pero con limitaciones de información, que esperaba recibir, y riesgos importantes de mayor deterioro. Menos de una semana después, emitía un informe en el que deja al Gobierno al descubierto en sus inconsistencias. La AIReF contempla dos escenarios: ambos, con reapertura a mediados de mayo -que ya es optimista con los ritmos y planes del actual Gobierno-, pero uno sin que sea necesario volver a encerrar un mes más a la población por un rebrote duro del virus en otoño (escenario 1) y otro en el que haya que añadir un mes de encierro en septiembre de producirse el mencionado rebrote abrupto.

En la evolución del PIB, la AIReF contempla que en 2020 el PIB caerá entre el 8,9% y el 11,7%, con un crecimiento en 2021 de entre el 4,6% y el 5,8%. Por su parte, el Gobierno estima una caída del 9,2% en 2020 y una subida del 6,8% en 2021. Es decir, la AIReF, en el mejor de los casos, contempla una caída en 2020 similar a la del Gobierno, pero en su escenario más duro contempla una recesión dos puntos y medio superior a la cifra del Ejecutivo. Al mismo tiempo, la AIReF no espera un rebote tan importante, limitando al 5,8% el crecimiento de 2021 en el mejor de los casos, un punto menos que la del Gobierno, que en el escenario 1 de la AIReF llega a ser 2,2 puntos inferior.

Dentro de la composición del crecimiento económico, el consumo privado se contraerá en 2020 con más intensidad que lo estimado por el Gobierno, según la AIReF, y la recuperación del mismo tampoco será tan sólida como marca el Ejecutivo.

Especialmente crítica es la AIReF con la esperada evolución de la inversión, una de las variables que mejor recoge las expectativas. La caída que estima el Gobierno es en el mejor de los casos la misma que la de la AIReF para 2020 (en el peor, cae 7,2 puntos más), pero el ritmo de recuperación que plasma el Gobierno es exagerado incluso respecto a la previsión más optimista de la AIReF, que se queda entre 10,5 puntos y 14 puntos por debajo en la recuperación. Esto muestra que el Gobierno no está generando confianza que mejoren las expectativas.

Y esto tiene su traducción en el empleo, donde el Gobierno también es optimista en exceso -pese a los pésimos datos a los que nos lleva cuesta abajo- y la AIReF le enmienda la plana. Así, mientras que Sánchez considera que el empleo descenderá un 9,7% en 2020 para recuperarse un 5,7% en 2021, la AIReF estima que en 2020 caerá entre un 9,7% y un 12,9%, y en 2021 la recuperación del mismo será a un ritmo entre el 2,6% y el 3,1%.

Y en lo que la AIReF muestra una mayor censura al Gobierno es en su previsión de gasto, ingresos, déficit y deuda. De esa forma, estima que las medidas adoptadas incrementarán el déficit entre 3,3 y 4,2 puntos sobre el PIB, frente a los 2,7 puntos que estima el Gobierno.

Paralelamente, estima que los ingresos serán entre 1,7 y 1,8 puntos del PIB menores que los estimados por el Gobierno. Así, calculando el PIB nominal de 2020 con los datos del programa de estabilidad, dicho PIB desciende hasta 1,1 billones de euros. Por tanto, la AIReF estima unos ingresos entre 19.032 millones y 20.151 millones menos que los que estima Sánchez.

Por el lado del gasto, si bien en el escenario más optimista la AIReF concede que podría ser 1,1 puntos menor que la del Gobierno, en el escenario más duro eleva el gasto en otros 19.031 millones de euros sobre el previsto por el Gobierno.

De esa manera, frente al 10,34% de déficit que calcula el Gobierno para 2020, la AIReF cree que se moverá entre el 10,9% y el 13,8%. Para 2021, la AIReF contempla que seguirá muy elevado, de manera que muestra que gran parte del gasto será estructural y permanecerá, con efecto importante de los estabilizadores automáticos, que implican que no se reducirá tanto el desempleo y que la recuperación no será tan vigorosa (más gasto y menos ingresos, respectivamente). El déficit para el año que viene lo estima entre el 7,5% y el 9,4%. El Gobierno envió su documento sin estimación para 2021.

Eso revierte en un crecimiento exponencial de la deuda, que en 2020 la AIReF cifra entre el 115% y el 122% frente al 115,5% del Gobierno. Para 2021, la AIReF la sitúa creciendo: entre el 117% y el 124%, que denota que se ancla parte del gasto como estructural, tal y como ya anticipaba en sus estimaciones del déficit. El Gobierno tampoco envió a Bruselas estimaciones de deuda para 2021. Estamos hablando de una deuda que puede ser 72.769 millones de euros mayor que la que prevé el Ejecutivo en 2020.

En definitiva, la AIReF deja al descubierto a Sánchez y sus estimaciones, que son extremadamente optimistas y, en muchos casos, inconsistentes. Además, desgraciadamente, con el ritmo de reapertura que ha planteado el Gobierno, el tejido productivo puede destruirse mucho más y, con ello, cientos de miles de puestos de trabajo adicionales, que empeorarían todos los indicadores. El Gobierno está hundiendo la economía al cercenar las posibilidades de una recuperación rápida y sólida, y, con ello, condena a España a un retroceso económico enorme. El Ejecutivo debería rectificar, pero mucho me temo que no lo hará y el paro masivo y la ruina económica se extenderán por España.

Covid-19: la receta canadiense que puede evitar el colapso fiscal de España
D.S.C Libertad Digital 11 Mayo 2020

En ausencia de ajustes, nuestro país puede arrastrar una crisis de déficit y deuda pública durante veinte años.

La perspectiva macroeconómica para 2020 no puede ser más preocupante. Según la previsión del gobierno, el PIB del año en curso puede experimentar una fuerte caída cercana al 10% del PIB. Si nuestra economía alcanzó en 2019 una producción cercana a los 1.245.000 millones de euros, en 2020 se estima que esta cifra se quedará en el entorno de los 1.120.000 millones. El impacto del coronavirus será, pues, de muy gran alcance.

Las perspectivas de recaudación también plantean un escenario complejo en el plano fiscal. La recaudación del año en curso podría situarse en el entorno de los 450.000 millones de euros, muy por encima de una proyección de gasto que apunta a los 575.000 millones. En términos de PIB, el descuadre presupuestario sería superior al 10% del PIB. En términos monetarios, hablamos de un gasto un 22% más grande que los ingresos.

Ante estas cifras, ¿qué puede hacer nuestro país para ajustar las cuentas públicas y evitar un colapso? La respuesta canadiense a la crisis económica y fiscal de los años 90 ofrece un camino eficaz para lidiar con el complejo escenario fiscal provocado por la pandemia. El país norteamericano lidiaba entonces con un desaguisado presupuestario comparable al que ha provocado la covid-19 en nuestro país y su respuesta la crisis consistió en aplicar un ajuste lineal del gasto público.

Todos los ministerios se vieron obligados a presentar un presupuesto que redujese los desembolsos un 20%. Había margen para mantener ciertos gastos en pie, pero siempre a cambio de que el presupuesto total de cada departamento experimentase la reducción dictada por el primer ministro Jean Chrétien y su ministro de Finanzas, Paul Martin.

En el caso español, una respuesta parecida consistiría en regresar en 2020 a los niveles de gasto de 2018. Esto supondría situar los desembolsos de las arcas públicas en niveles cercanos a los 500.000 millones de euros, lo que permitiría dejar el déficit fiscal en el entorno del 4% del PIB, muy lejos del descuadre superior al 10% del PIB en el que, probablemente, nos moveremos a final de año en ausencia de medidas de austeridad.

Como es lógico, atender la emergencia económica exigiría reordenar partidas presupuestarias. En algunas podría darse un aumento (por ejemplo, sanidad o atención al paro o los ERTE), mientras que en otras sería lógico que se produjese un descenso. En paralelo, las Administraciones podrían aplicar todo tipo de políticas de oferta que faciliten la recuperación empresarial y la creación de empleo.

Pero, al final, en clave de gasto, el plan canadiense trasladado a España consistiría en que cada ministerio se comprometa a manejar el presupuesto de 2020 con los mismos desembolsos totales ejecutados en 2018, un ejercicio en el que se alcanzó el segundo mayor nivel de gasto público de la historia, solo superado por 2020.

Asumiendo que el PIB "rebota" un 7% en 2021 (en línea con lo que esperan las autoridades) y que la recaudación fiscal experimente una cierta recuperación (mejorando en un 5% su desplome de 2020), España cerraría el próximo curso con un déficit cercano a los niveles de 2018 y 2019 (alrededor del 2,5% del PIB).

La deuda pública aumentaría bajo este escenario, pero lo haría de forma más moderada. Ahora mismo, el escenario de referencia un repunte de veinte puntos en el ratio deuda/PIB, pasando del 95% al 115% solamente en 2020. Bajo el plan propuesto, este descuadre solo crecería diez puntos en 2020 y 2021, hasta quedar la deuda en el 105% del PIB.

La alternativa a la austeridad ya la conocemos: según la AIREF, si no se actúa a corto plazo, España terminará sufriendo dos décadas de ajustes fiscales para regresar a los niveles de deuda que se esperaban para el presente año antes del estallido de la covid-19. De manera que nuestro país deberá elegir entre hacer sacrificios fiscales en tiempos de crisis o crear una montaña de deuda que nos obligará a ajustes continuados durante los siguientes veinte años.

La gran ausente: la estrategia de la libertad
Pedro de Tena Libertad Digital 11 Mayo 2020

Hace muchísimo tiempo ya los partidos comunistas definieron una estrategia bastante eficaz. Es, sobre todo, en tiempos de desolación cuando son posibles las grandes mudanzas, aunque para los conservadores incautos no sean deseables. El proceso del capitalismo como sistema les condujo a la certeza de que, de cuando en cuando, se producían crisis, y en algunas de ellas podrían ser posibles revoluciones comunistas. Como no hay nada más práctico que una buena teoría, la doctrina comunista traza grandes líneas para acelerar el colapso y dar paso a una organización estatalista de toda la vida humana en la que la persona individual es sustituida por el ciudadano y su Gran Hermano.

Naturalmente, en su método consideran que la realidad social siempre está cambiando, que está llena de intereses y elementos contradictorios, que todo en ella está relacionado y que, por ello, lo que parece estable no lo es y en su seno fluyen corrientes que lo destruirán. Por eso la organización, clave del comunismo, debe exacerbar la lucha de los contrarios (de clases, de sexos, de lo que sea) y hacer posible que la suma incesante de las acciones provoque un cambio revolucionario en el sentido definido por la verdad histórica ya decidida: la sociedad comunista.

En sus tácticas políticas, la estrategia se concreta en varias fases que pueden estudiarse con detalle en nuestra II República. Primero, todos contra la monarquía amparadora de una dictadura (republicanos, demócratas cristianos, liberales, socialdemócratas –todos ellos burgueses–, y socialistas, anarquistas y comunistas). Segundo, todos los representantes del proletariado y los trabajadores contra los todos los representantes políticos de la burguesía y su República. Tercero, el partido de los comunistas contra los demás integrantes de la izquierda hasta la instauración de la dictadura única aprovechando la desolación de la guerra.

Para que todo ello sea posible, en una democracia burguesa como la constitucional de 1978, es necesaria una estrategia concreta de ocupación de parcelas de poder, de siembra de personas afines en el aparato del Estado (Errejón lo dejó más que claro, y antes que él el PSOE, muy especialmente el andaluz) y de manipulación sistemática de compañeros de viaje miopes que no son comunistas pero ayudan a la causa sin saberlo. Por ello, en el Ejército, en las universidades, en los tribunales, en los institutos, en las entidades financieras, en los sindicatos, en las asociaciones civiles, en los medios de comunicación, en la intelectualidad, en las iglesias y en todo lo que puede ser útil, se procura una presencia lo más masiva posible, sin importar lo más mínimo ni las normas ni la ética democráticas, mera fachada a usar a conveniencia.

Esto es, se batalla –es una lucha– en todos los frentes, desde los Premios Goya a los premios literarios, desde quién presenta los telediarios a quiénes presiden los comités de expertos y las ONG, desde los defensores del medio ambiente a los denigradores de las corridas de toros, y así todo hasta lograr llegar a los Gobiernos y al poder fundamental que dan los presupuestos y las leyes y normas.

Ya sé que parece sabido pero es bueno recordarlo, porque los que no queremos vivir en una sociedad sánchez-bolivariana, o como se le quiera llamar ahora a lo de siempre, no tenemos un esbozo estratégico siquiera parecido y seguimos dependiendo de la creencia en la existencia de una mayoría natural que hará imposible el desastre. Es una quimera.

La principal desventaja de los partidarios de la libertad es su resistencia a la organización y a la unidad sincronizada de acciones. Ahora que estamos en tiempos de desolación, tiempos propicios para las mudanzas filocomunistas, bueno será que saquemos alguna conclusión acerca de la urgencia de contar con una estrategia para la libertad a gran escala que nos permita no sólo resistir, sino reducir a los enemigos de la sociedad abierta. Para ello, desde luego, deberemos perder el purismo de los erizos y los zorros de Isaiah Berlin y asumir que necesitamos su mezcla proporcionada, con el bien de la persona y su libertad como objetivos.

Sánchez e Iglesias se mofan de la democracia
Isabel San Sebastián ABC 11 Mayo 2020

Hasta ahora había pensado que el Gobierno era un compendio de inepcia y sectarismo trufado de soberbia, pero con la información de la que vamos disponiendo he llegado a la conclusión de que la cosa es infinitamente más grave. El tándem Sánchez-Iglesias no actúa a humo de pajas, no se equivoca. Nadie erraría tan a menudo y siempre en la misma dirección. No me atreveré a afirmar que estén consintiendo deliberadamente la muerte de millares de ciudadanos indefensos, pero sí estoy convencida de que han calculado perfectamente los réditos políticos que pueden obtener del miedo que atenaza a buena parte de la población, así como de la hecatombe económica que se avecina y la crisis social subsiguiente, que están decididos a explotar sin el menor escrúpulo. Lo diré todavía más claro: al presidente y su número dos les viene bien esta pandemia porque pretenden aprovecharla para aniquilar nuestras libertades en aras de consolidar su permanencia en el poder.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se mofan de la democracia. Sólo así se comprende que mantengan en secreto los nombres de los integrantes de ese fantasmagórico «comité de expertos» en cuyas manos están nuestras vidas, movimientos y haciendas. En cualquier otro país acostumbrado al imperio de la ley y la soberanía popular tal pretensión chocaría con un rechazo frontal de la oposición, los medios de comunicación y los tribunales, al unísono. En España, la primera está dividida, en buena medida merced a las artimañas desplegadas desde La Moncloa para enfrentar unos partidos con otros, el Constitucional se inclina inevitablemente a favor del Ejecutivo de turno y casi todas las televisiones, que son las que mueven el voto, reproducen, obedientes, la voz del amo gubernamental. El Gran Hermano decide quién nos vigila y qué nos permite, dependiendo de su conveniencia. El Gran Hermano determina lo que necesitamos saber. El Gran Hermano dispone de una coartada de lujo para controlar cualquier acción susceptible de dañar su imagen. Y cuando alguien se permite rechistar, como ha hecho con valentía Isabel Díaz Ayuso, el Gran Hermano la fulmina.

La Comunidad de Madrid ilustra a la perfección la absoluta arbitrariedad con la que actúa ese sanedrín misterioso al servicio de quien lo ha nombrado y no de la ciudadanía. Mientras el País Vasco obtiene licencia para organizar la desescalada a su antojo, incluido el regreso de los niños al colegio, a los madrileños se les castiga porque los gobierna el PP. No solo es el perfecto chivo expiatorio de la negligencia mostrada en todo momento por el Ministerio de Sanidad (ahí está el miserable tuit del Partido Socialista, principal impulsor de las criminales marchas del 8-M, señalando a la Comunidad como ejemplo de «gestión ineficaz e irresponsable ante la crisis del Covid»), sino que constituye el principal objetivo político a batir. Madrid no levantará cabeza, no eludirá la ruina que el dúo Sánchez-Iglesias ha decretado para toda España. Se hundirá junto a las demás regiones para que sobre sus cenizas se alce el fénix social-comunista que ansía tenernos eternamente bajo su bota. ¿De qué otro modo se explica el nombramiento del secretario general del PCE como vicepresidente primero de la Comisión parlamentaria llamada a dirigir la reconstrucción? ¿Qué clase de «reconstrucción» va a fomentar un ferviente admirador de Lenin? Dependiendo de las circunstancias, se jacta en una entrevista, él también asaltaría la Zarzuela y pasaría a la Familia Real por las armas. Si entre todos no lo frenamos, eso es lo que nos espera.

******************* Sección "bilingüe" ***********************


 


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