AGLI Recortes de Prensa   Domingo 17  Mayo  2020

La rebelión ciudadana se extiende a toda España: clamor general contra Sánchez e Iglesias
OKDIARIO 17  Mayo 2020

La rebelión ciudadana contra la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la crisis del coronavirus se está convirtiendo en un auténtico fenómeno de masas en España. Las protestas son ya un clamor por toda la geografía española. Y en barrios de clases trabajadoras, nada de zonas de ‘ricos’, como se intentó ridiculizar desde la izquierda a las primeras concentraciones en Núñez de Balboa.

Por supuesto, las movilizaciones no son sólo en el centro de Madrid. Este sábado, los ciudadanos, cabreados por la gestión de la crisis sanitaria y por las decisiones posteriores que están abocando al país a una crisis económica aún peor que los países del entorno, han salido a las calles por toda España. En la capital se han llenado de protestas barrios como Usera, Embajadores, Chamberí… También localidades de la Comunidad como Móstoles, Aravaca, etcétera.

Por todo el país se ha podido pulsar claramente el cabreo de los ciudadanos con la gestión del Gobierno. También se han lanzado a las calles los ciudadanos de Salamanca, de Zaragoza, de La Rioja… Siempre con la exigencia de la dimisión del Gobierno como ‘leit motiv’ de estas movilizaciones.

Con un gran número de banderas de España y al grito de «Sánchez dimisión» o «libertad», los asistentes han concluido su rechazo al Ejecutivo con una cacerolada 45 minutos después. En redes sociales, los convocantes de la protesta, que se denominan «Resistencia Democrática de España», pidieron a los asistentes llevar «siempre mascarilla» y mantener la «distancia social».

El enfado de la sociedad con la gestión del Gobierno es un hecho. Los más de 38.000 muertos que hasta ahora acumula España -record en el continente europeo- y la crisis económica que se avecina, sumado a la errática política de comunicación en la desescalada, dejando atrás a algunas zonas por motivos que no aciertan a explicar públicamente, no hacen sino alimentar las ganas de dar un paso adelante entre la población para que algo cambie.

Sánchez degrada el estado democrático
Editorial ABC 17  Mayo 2020

El temor se ha confirmado y el estado de alarma se prolongará hasta finales de junio, si Pedro Sánchez logra que el Congreso apruebe la prórroga por un mes. Lo anunció ayer el presidente del Gobierno en rueda de prensa, con ese discurso bonancible y engañosamente integrador que utiliza los fines de semana, mientras de lunes a viernes otros dirigentes de su partido se dedican a atizar el fuego dialéctico y cívico contra los que critican la perversión autoritaria del estado de alarma. Logrará el apoyo de los separatistas y de los partidos de izquierda nacionalista por dos razones: porque dará a la Comunidades Autónomas más capacidad de decisión sobre los ciudadanos y porque concentrará todo el poder del mando único en el Ministerio de Sanidad, lo que saca de la escena a los Ministerios de Interior y de Defensa. Tampoco es seguro que vaya a ser la última prórroga del estado de alarma. La palabra del presidente no es aval suficiente para compromiso alguno y tampoco se expresó en términos categóricos. No dice la verdad Sánchez cuando afirma que su Gobierno «no tiene ningún interés» en mantener la alarma. Los hechos le desmienten, porque el estado de alarma actual es un abuso de poder que supera los ya realizados, al anunciar una prórroga superior a los habituales quince días. Es cierto que ni la Constitución ni la ley prohíben esta circunstancia, pero el hecho de ampliar el plazo, en vez de reducirlo, cuando la mayor parte del territorio nacional está en fase 1, es sintomático de un patológico apego al poder excepcional. Sánchez se asegura cuatro meses, como mínimo, de un presidencialismo que no tiene base en el orden constitucional, siquiera en el estado de alarma, porque se ha consolidado a costa de recortar los mecanismos de control democrático sobre el poder del Ejecutivo. La actuación del Gobierno de coalición entre comunistas y socialistas es un caso para que Bruselas pase por el filtro de la calidad democrática que aplica a otros países.

El Gobierno tiene miedo y pretende blanquear su gestión con el absurdo argumento de que sin estado de alarma habría «300.000 muertos». Cuando Sánchez ofrezca cifras reales sobre el número de fallecidos, se podrá valorar la eficacia del estado de alarma pero, sean cuales sean esas cifras, Sánchez hace trampa, porque también puede decirse que, a pesar del estado de alarma, España tiene más de 27.000 muertos, oficialmente. Si Sánchez quiere hipótesis, con las manifestaciones del 8-M los ciudadanos están conjugando muchas. En definitiva, la alarma o la muerte. Es el dilema falso e inconstitucional que propone Sánchez. Hay suficiente base legal en el ordenamiento español para luchar contra la pandemia y respetar las libertades de los ciudadanos, sin más mentiras sobre el estado de alarma. La prórroga de un mes no es compatible con el Estado democrático.

De gobernar por decreto a abusar de la Constitución
Editorial El Mundo 17  Mayo 2020

En una nueva intervención televisada, Pedro Sánchez anunció ayer a los españoles que piensa pedir al Congreso la próxima semana otra prórrroga del estado de alarma. Afirmó que sería «la última», pero no detalló ni la duración exacta -«alrededor de un mes», dijo-, ni tampoco las condiciones de aplicación. Lo que sí quedó claro es que piensa aplicar una desescalada por territorios, lo que significa que el gobierno de PSOE y Podemos cede ante una de las principales demandas de nacionalistas e independentistas. ERC y el PNV, indispensables para extender la alarma después de que el PPconfirmara su rechazo, exigieron a Moncloa un desconfinamiento asimétrico, de tal forma que el mando único quede diluido y tanto Cataluña como el País Vasco puedan gestionar la desescalada a su gusto. Sánchez cede no en aras del interés general, sino para apuntalar su propia supervivencia.

Es evidente que el objetivo del Gobierno pasa por perpetuar la restricción de las libertades de reunión y circulación con el subterfugio del control de la pandemia. Sin embargo, tal como publicamos hoy, cada vez más juristas de reconocido prestigio alertan de la suspensión de derechos fundamentales de los ciudadanos a lo largo de las sucesivas prórrogas de un estado de alarma que más bien parece un estado de excepción encubierto. Ante la pretensión del presidente de alargar sine die este instrumento que contemplan las previsiones constitucionales, los expertos consultados por este periódico consideran que sería más adecuado reforzar la normativa sanitaria ante un posible rebrote del Covid. Si Sánchez ignora a estas voces autorizadas es porque quiere seguir eludiendo al Congreso. Primero lo hizo gobernando a golpe de decreto, tras conformar el Ejecutivo con la base parlamentaria más débil de la democracia, y ahora abusa del artículo 116 de la Carta Magna, que ampara el estado de alarma. Alargar éste hasta finales de junio equivale a saltarse el control parlamentario, teniendo en cuenta que julio y agosto son meses inhábiles. Esta burda artimaña muestra la parálisis de un Gobierno incapaz de controlar la epidemia y dispuesto a seguir castigando a algunos territorios, como ocurre con la Comunidad de Madrid, por razones políticas y sin atender a los criterios de transparencia y rigor. La legislación vigente contempla alternativas a la excepcionalidad constitucional para mantener las medidas de protección sanitaria. Que Sánchez no quiera hacer uso de ellas revela su deriva hacia una conducta cesarista que erosiona gravemente la credibilidad institucional.

Madrid, en manos de ERC y el PNV
Editorial larazon 17  Mayo 2020

La comparecencia sabatina del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, trajo novedades, algunas, llamativas, otras, ciertamente inquietantes. Entre las primeras, cuando apuntó el esbozo del nuevo relato de la pandemia, que veremos ilustrar los argumentarios de la izquierda, y que, en resumen, viene a explicar que no es tanto que España haya tenido que lamentar 28.000 muertes, como que, gracias a la acción del Ejecutivo socialista, se han salvado las 300.000 vidas que se hubieran producido de seguir la política de la «inmunidad de rebaño». Al parecer, que ni en nuestro país ni en la inmensa mayoría de las naciones más afectadas por el coronavirus nadie hubiera propugnado tal política –sólo se hicieron algunas referencias teóricas, y pronto desechadas, en Reino Unido– carece de la menor relevancia. No así, que esa ficción palidezca frente al recuerdo, aún vivo, de las urgencias desbordadas, la elección a vida o muerte de qué pacientes ingresaban en unas UCI saturadas, del abandono de las residencias de ancianos y del contagio masivo del personal sanitario, falto de medidas de protección y, sobre todo, de avisos de alerta temprana del sistema de prevención y emergencia epidemiológica del Ministerio de Sanidad.

Pero, ya decimos, ni esa insistencia en nuevos argumentos para justificar la nueva prórroga del estado de alarma, que se alargaría hasta finales del próximo mes de junio, ni el discurso maniqueo del jefe del Ejecutivo socialista, que acusa a los partidos que no secunden su propuesta de inútiles, irresponsables y poco interesados en salvar vidas, deben preocupar tanto a la opinión pública como la posibilidad anunciada por Sánchez de que la aplicación de esa medida de excepción puede llevarse a cabo de manera asimétrica, como las fases de desescalada. Es decir, que unas comunidades autónomas podrían seguir bajo el estado de alarma mientras que otras podrían volver a la normalidad institucional. Desde un punto de vista jurídico, podría darse esa asimetría, puesto que la norma constitucional no lo prohíbe expresamente, pero política e institucionalmente entraríamos en un terreno pantanoso, feraz para el agravio comparativo, por no entrar en juicio de intenciones, y que dejaría a las comunidades afectadas bajo la supresión de facto de sus competencias.

Basta con ponerse en el lugar de la Comunidad de Madrid, gobernada por el centro derecha, si a expensas de unas decisiones técnicas, cuyos informes justificativos no se hacen públicos, viera alargarse su situación de estado de alarma gracias a que el Ejecutivo cuenta con el apoyo parlamentario de los nacionalistas del PNV y de ERC. Si a efectos sanitarios puede ser aceptable el trato desigual entre territorios, que es lo que significa la dichosa asimetría, cuando entran en juego los derechos fundamentales y la capacidad decisoria de las actuaciones económicas y fiscales de una comunidad autónoma nos hallamos ante un escenario, cuando menos, desestabilizador. Hemos citado Madrid, como es lógico, porque es la comunidad que mantiene serias discrepancias con la decisión del Gobierno para mantenerla en la primera fase del desconfinamiento, pero, según la evolución de la pandemia, sujeta a la posibilidad de un rebrote de contagios, podría afectar en el futuro a cualquier otra región. Con estos presupuestos, no creemos que sea lo más indicado aceptar una nueva prórroga del estado de alarma, ni por un mes ni por quince días, especialmente, cuando la bondad o no de la medida no parece estribar para algunos representantes nacionalistas en su eficacia como instrumento contra la extensión de los contagios como en si sirve de palanca o de transacción para conseguir una mesa negociadora bilateral, donde lo que está en juego no es, precisamente, el maldito coronavirus.

Rebelión en el rebaño
Juan Pablo Colmenarejo ABC 17  Mayo 2020

En su alocución del sábado, el presidente del Gobierno se presentó todavía más paternal. El tono en el que se dirige a los españoles, a través de la televisión, es de conductor de masas; de predicador con mando a distancia. El buen pastor incluso da lecciones sobre cómo deben formularle las preguntas: «Usted puede plantearlas como un sí o un no, y yo podré responderlas como creo que puedo responderlas». Una vez más el problema no era la pregunta. Nunca falla. Sánchez baja el tono, como si la ternura se impostara. Después vienen los avisos y las advertencias. Sánchez trata a los ciudadanos como ovinos descarriados a los que hay que llevar por la cañada del bien. El presidente gobierna a base de órdenes ministeriales a las que solo les falta un motorista para su reparto y entrega. El Gobierno despacha a Madrid con un correo electrónico e insinúa que habrá una alarma a la carta para Díaz Ayuso hasta mediados de julio: «La excepción afecta a las zonas más afectadas».

La anomalía se ha hecho costumbre en estas semanas de docilidad, nacida del miedo y el desconocimiento general. ¿De verdad somos conscientes del drama? No hemos visto ni a la muerte, ni el sufrimiento en los hospitales. Esas imágenes eran de Italia. En España son números, porcentajes y curvas con pico. Sánchez quiere «alrededor de un mes» para seguir con el Estado de excepción camuflado en la alarma. La supresión de las libertades fundamentales hubiera requerido un control constante del Parlamento. El Congreso prorrogó un mes la alarma, muy acotada y específica, a propuesta de Rodríguez Zapatero en 2010 para mantener el control militar de las torres de control en los aeropuertos. Se garantizó de ese modo la libre circulación de las personas. No se suprimió, como ahora. Por lo tanto, no es un precedente.

La excepción es el uso que de la alarma ha hecho el Gobierno de Sánchez e Iglesias. Salta a la vista del BOE que no solo la emplean para evitar el colapso absoluto en los hospitales. La ciencia defiende la evidente eficacia del confinamiento, pero solo se puede llevar a cabo sin rechistar en países con una dictadura como China. En las democracias liberales hay que ir pisando con cuidado y pidiendo permiso para cada paso al Congreso. En la jerga de las epidemias la «inmunidad de rebaño» es un umbral para dar por superada la crisis. Nada que añadir. Otra cosa es si en democracia se gobierna a los ciudadanos como si fueran ovejas. La rebelión es inmediata. La protesta es el reflejo del pluralismo en una sociedad libre.

Pedro Sánchez y su aventura fáustica
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  17  Mayo 2020

La gran literatura, Homero, Esquilo, Shakespeare, Cervantes, Goethe, Dostoievski, Flaubert, la que se alza en la cumbre de la cultura occidental, se caracteriza por su admirable capacidad de crear arquetipos, perfiles humanos que establecen unas categorías de tal alcance, riqueza y profundidad que definen para siempre aspectos esenciales de nuestra naturaleza y que son a partir de su aparición referencia obligada que ilumina el comportamiento de muchos hombres y mujeres reales para que los entendamos mejor. Entre estos personajes de ficción insoslayables figura, cómo no, el Doctor Fausto, figura atormentada como pocas, dispuesto a todo, al crimen violento, a la contradicción lacerante, a la alianza con seres nefandos, a la entrega de su alma al Maligno, con tal de satisfacer sus ambiciones y colmar sus apetitos.

En la política española actual ha surgido otro Doctor que, sin gozar de la erudición, el afán de saber y el alto vuelo intelectual del surgido del genio romántico alemán -es imposible imaginar a Fausto haciendo corta y pega de informes ministeriales de Sajonia para escribir su tesis-, comparte con él la disposición a pactar con el Diablo para alcanzar su deseo más incontrolable y desbordante: el poder. En efecto, Pedro Sánchez ha demostrado ya de manera inapelable que puede cruzar cualquier línea roja sin vacilación ni pudor con tal de ocupar el despacho presidencial en La Moncloa. Si hay algo en lo que el secretario general de lo que fue el PSOE no admite rival es la falta de escrúpulos a la hora de conseguir sus fines, con una ventaja sobre su paralelo goethiano. A diferencia de éste, sus reiterados atropellos a la verdad, a la decencia, a la palabra dada o a la coherencia, no le provocan ni el más ligero rubor ni el mínimo remordimiento. Atropella todas las reglas éticas acumuladas desde Aristóteles a Kant pasando por la moral evangélica sin la menor vacilación o la más ligera incomodidad. Es una máquina perfecta de destrucción de normas de conducta, un desaprensivo sin igual, un cuerpo tan vacío de conciencia que produce casi más asombro que horror.

Dado que no hay Fausto sin Mefistófeles, Sánchez ha encontrado en Pablo Iglesias su complemento ideal. Por supuesto, el Presidente del Gobierno es plenamente conocedor de la perversidad intrínseca de su hoy socio y sostén. Confesó paladinamente que la mera idea de incorporarlo al Ejecutivo le generaba pesadillas y que el programa político de Podemos abocaría a España a la dictadura y a la cartilla de racionamiento. Tras este ejercicio de lucidez, corrió a aceptarlo como compañero sentado a su izquierda a la cabeza del Consejo de Ministros sin que le temblara el pulso ni se le descompusiera la faz. La terrible tensión mandibular que se advierte en el rostro presidencial cuando ocupa su escaño en el Congreso es el único síntoma de la magnitud del desgarro interno sobre el que vive instalado. Su luciferino compinche le ofreció lo que más anhelaba exigiéndole a cambio sumisión a sus sulfúreos designios y Sánchez firmó, pero no con su sangre, sino con la de todos los españoles, cuyo destino ha puesto en manos de sus peores enemigos, los que pugnan con acabar con sus libertades y su bienestar y los que porfían por liquidar su Nación.

Basta analizar cada una de las medidas que propone Podemos para darse cuenta de cuál es su propósito final. La prolongación insoportable del estado de alarma para sumirnos en el totalitarismo, las subidas de impuestos que nos arruinen fomentando la huida de capitales y la paralización de la inversión, la derogación de la legislación laboral que facilita la creación de empleo para incrementar el número de ciudadanos que dependan de los subsidios, el gasto público desaforado que arrastre el Estado a la quiebra, los ataques a la propiedad privada que generalicen la miseria, el cerco aniquilador a la Corona para dejar a la Nación inerme frente a los que están empeñados en hacerla pedazos, la resistencia a solicitar la ayuda europea que obligaría a una política económica sensata y el fomento constante del anacrónico odio de clase, ponen de relieve su infatigable pulsión destructiva. La experiencia histórica nos ha demostrado hasta la saciedad que los dogmatismos utópicos necesitan arrasar con el orden social preexistente para construir sobre sus cascotes su ideal de alambradas y paredón.

Las condiciones de la UE
Al final de la segunda parte de Fausto, Mefistófeles se cree triunfante y se dispone a tomar posesión del alma de su agonizante víctima, pero sus planes se frustran cuando un coro de ángeles le arrebata el espíritu que ya daba por suyo y se lo llevan al cielo para que reciba el perdón divino y se sumerja en la luz del conocimiento absoluto que persiguió en vida. Igualmente, la condicionalidad de los créditos que España quedará forzada a recibir de la Unión Europea torcerá el oscuro designio del líder podemita y salvará a Sánchez y a España de sus garras. No será una pléyade de níveos y alados seres aurorales la que nos dispensará un epílogo feliz a tan largo sufrimiento como estamos padeciendo, sino un tecnocrático grupo de funcionarios comunitarios vestidos de oscuro los que le propinen un puntapié al aprendiz de Satán para devolverle a las simas tenebrosas de las que nunca debió salir.

Detectan errores por valor de 9.000 millones en el primer ejercicio del Gobierno de Sánchez
Redacción rebelionenlagranja 17  Mayo 2020

El Tribunal de Cuentas ha remitido a Las Cortes su examen sobre la Cuenta General del Estado correspondiente a 2018 -la primera presentada por el Gobierno de Pedro Sánchez– y asegura haber encontrado errores con valoraciones equivocadas en, al menos, 9.000 millones de euros. Los agrupa en 25 bloques, según recoge El Mundo.

Además, insiste en que el sistema de Seguridad Social presenta por segundo año consecutivo un patrimonio neto negativo (en quiebra si fuera una empresa privada) por valor de 33.260 millones.

Cifra ya en 115.022 millones las pérdidas acumuladas por el sistema desde 2010 y desaconseja que el Gobierno siga financiando el sistema mediante deuda (41.191 millones) e insiste en que debe tomar medidas de saneamiento.

El organismo fiscalizador usa por primera vez el lenguaje de la auditoría privada e informa que se ha visto obligado a emitir “salvedades” en las cuentas presentadas por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

“Como consecuencia de las obligaciones y derechos imputados por defecto o exceso en el presupuesto del ejercicio, el resultado presupuestario consolidado está sobrevalorado en 2.292,8 millones de euros”, añade.

Una tendencia tanatopolítica
RAÚL FERNÁNDEZ VÍTORES El Mundo 17  Mayo 2020

Un fantasma recorre el planeta, el fantasma del coronavirus. En marzo de 2020 hizo acto de presencia en Occidente y desde entonces es el significante rector de nuestras vidas. Luchamos contra él. La política ha devenido finalmente en biopolítica. De forma explícita. Hoy, a la luz y sombras del confinamiento, machaconamente se nos repite que toda decisión política es tomada en función de criterios estrictamente científicos y especialmente médicos.

Para evitar los contagios y no colapsar los servicios de urgencias de los hospitales, en nuestro país fue decretado el confinamiento sanitario generalizado amparándose en una figura jurídica como es el estado de alarma, que no anula pero sí restringe derechos fundamentales de los ciudadanos, esto es, capacidades individuales como son la movilidad o la libre circulación de personas.

Este confinamiento generalizado por razones sanitarias de la población de un país es, como la cuarentena que pueda decretarse dentro del mismo, un dispositivo biopolítico limitativo (que por razones de salud pública define y limita -no sana ni previene inmunizando- la enfermedad de algunos sujetos del Estado en cuestión) pero, debido a la extensión de la población sobre la que se aplica, puede decirse en verdad que ya está a las puertas de la tanatopolítica, pues no discrimina entre sanos y potenciales enfermos y está mucho más orientado a administrar que a evitar las muertes. Con la cuarentena se recluye preventivamente a una parte de la población, a los enfermos potenciales, para que no infecte al resto; el confinamiento sanitario generalizado se aplica a toda la población.

Efecto colateral de este tipo de confinamiento en el contexto de la crisis del coronavirus fue que las residencias de ancianos quedasen excluidas del sistema de urgencias hospitalarias, lo cual provocó un aumento sin precedentes de su producción en tanto que dispositivos tanatopolíticos. Porque, reconozcámoslo desde el principio, las eufemísticamente llamadas "residencias de mayores" no son sino lugares en los que una persona "de la tercera edad" entra generalmente por su propio pie y sale generalmente con los pies por delante.

La definición no debe escandalizarnos. Dispositivos humanos son aquellos que procesan seres humanos. Homo sapiens es su materia. Y serán humanitarios u homicidas según los seres humanos salgan de tales artefactos de procesamiento vivos o muertos, respectivamente. Si el producto de estos dispositivos es una parte de la población definida por un Estado, se dice que son dispositivos biopolíticos; pero cuando el producto es la muerte y la materia a procesar forma parte del Estado, entonces se trata de un dispositivo tanatopolítico.

Las disciplinas de las que tanto habló el filósofo francés Michel Foucault (sean éstas militares, escolares, sanitarias o penitenciarias), las campañas de vacunación y el confinamiento sanitario generalizado que tienen lugar dentro de cualquier país son dispositivos biopolíticos, sensu stricto, pero la secuencia histórica de su aparición no deja de ser significativa. Su capacidad potenciadora es cada vez menor: habilitación, inmunización y, finalmente, mera limitación a la espera del fin.

Las disciplinas definen un entorno de población (mozos, estudiantes, enfermos, delincuentes) y habilitan, esto es, disciplinan militarmente, forman académicamente, curan o rehabilitan según el caso; los dispositivos inmunitarios también definen un entorno de población, generalmente infantil, pero no habilitan o potencian una capacidad humana sino que están destinados a prevenir un contagio o evitar la posible enfermedad de un sujeto mediante su inmunización; los dispositivos limitativos, en fin, también definen o señalan sectores de población pero no desarrollan capacidades de un ser humano y tampoco lo preservan inmunizándolo sino que, antes bien, lo merman en alguna de sus capacidades (reproductoras, motoras, etc.).

La asistencia a los ancianos hasta su último aliento ha formado tradicionalmente parte de la caridad pública y de la piedad filial. Es un hecho. Que un Estado la asuma es comprensible. Lo preocupante no es que las residencias para la tercera edad sean dispositivos tanatopolíticos. Lo preocupante es que en esta crisis del coronavirus se haya iniciado una tendencia tanatopolítica, es decir, que el ritmo de "producción" de estos dispositivos se haya visto incrementado artificialmente por una decisión política. En algún momento habrá que hacer el recuento completo de todos los fallecidos en estos establecimientos durante la crisis del coronavirus. En la Comunidad de Madrid, en España y en el mundo entero.

Lo verdaderamente escalofriante es que en nuestro propio país, cuyos representantes políticos no paran de repetir de múltiples formas almibaradas la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un Estado que proclama con orgullo la excelencia y universalidad de su asistencia sanitaria haya permitido (pues no juzgar a los responsables es una forma de permisión) que una tendencia así se haya producido bajo su jurisdicción. ¿Quién rompió el protocolo que lleva a un anciano enfermo internado en una residencia a un hospital público? ¿Quién decidió dejar a los enfermos internos de las residencias de mayores en sus respectivos últimos hogares, al cuidado de enfermería o de doctores con medios insuficientes, en el mejor de los casos, cuando no de meros auxiliares? E incluso: ¿quién en las urgencias de los hospitales eligió relegarlos en favor de los más jóvenes? La excepcionalidad de la situación producida por la pandemia no puede justificar el hecho. De otro modo, estaremos empezando a considerar como algo normal que un Estado se arrogue el derecho cuasi divino (más bien humano, demasiado humano) a decidir quiénes deben vivir y quiénes no, porque sus vidas no son tan dignas o son directamente indignas de ser vividas.

Las declaraciones internacionales o universales no son vinculantes. No en todos los países del mundo se respetan los derechos humanos. Pero la mayoría de los países de nuestro entorno y el nuestro propio han reconocido tales derechos en sus constituciones. Hora es de que las apliquen.

Raúl Fernández Vítores es profesor de Filosofía, autor de Tanatopolítica (Páginas de Espuma) y coautor de Para entender el Holocausto (Confluencias).

Las protestas contra Sánchez desbordan el barrio de Salamanca y llegan hasta Ferraz
Decenas de personas se han congregado ante el cuartel general del PSOE en Madrid para protestar por la gestión del Gobierno de la crisis del coronavirus
Alberto Ortín vozpopuli.es 17  Mayo 2020

Las protestas contra el Gobierno de Pedro Sánchez se han intensificado este sábado en el madrileño barrio de Salamanca y se han desplazado también a otros puntos de la capital española, como los distritos de Chamberí, Aravaca, Pinar de Chamartín o Argüelles.
También se han extendido también a otras ciudades de España, como Logroño, Zaragoza o Salamanca, en cuya Plaza Mayor se han congregado más de 600 personas bajo el lema 'la revolución de las mascarillas'.

En Madrid, decenas de personas se han concentrado ante la sede del PSOE, en la calle Ferraz, para protestar por la gestión del Gobierno en la crisis del coronavirus.

Gritos de "dimisión" y consignas contra el Ejecutivo se han escuchado en el mismo lugar donde hace ahora poco más de un año Pedro Sánchez celebraba con sus votantes -que entonces gritaban "con Rivera no"- la victoria electoral del pasado año.

A las 21 horas de este sábado lo que se oía en la calle Ferraz eran gritos de "Sánchez dimisión", "libertad", y "fuera, fuera", además de "Viva España". Desde media hora antes, al menos, ya se habían congregado por las inmediaciones de la sede del PSOE decenas de personas. Pero a partir de las 21.00, el estruendo por la cacerolada ha sido ensordecedor.

A las decenas de personas que se congregaban en la calle con cacerolas y utensilios de cocina, se han sumado numerosos vecinos que también han protestado con gritos y golpeando sus cazuelas.

Tres furgones de la Policía Nacional estaban aparcados justo en la puerta de la sede del PSOE y tres policías custodiaban la entrada. Un helicóptero sobrevolaba la zona.

A las 21.10 horas un coche de la Policía Muncipal ha cerrado en la calle Ferraz a la altura del PSOE, mientras crecía el número de manifestantes en el lugar. La manifestación ha terminado 20 minutos después sin incidentes.
Protestas por barrios

Las protestas vecinales contra el Gobierno comenzaron en los balcones con llamadas a caceroladas, pero desde que es posible salir a pasear a ciertas horas del días, estas se han trasladado a la calle.

Las primeras protestas surgieron en el barrio de Salamanca, pero en los últimos días se han extendido a otros barrios de la capital española, y también a otras ciudades. También en los últimos días se han difundido convocatorias a las protestas, sin estar identificados los convocantes, a través de mensajes de WhatsApp.

La decisión del Gobierno de no permitir a la Comunidad de Madrid el pase a la Fase 1 del desconfinamiento este lunes 18 de mayo, ha elevado el nivel de las protestas. Este sábado, después de que Sánchez anunciase su intención de pedir al Congreso una prórroga de un mes del decreto del estado de alarma, se han propagado a distintos barrios.


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¡Uy, cómo empieza a parecerse esto a Venezuela!
EDUARDO INDA okdiario 17  Mayo 2020

El político más grande de todos los tiempos, Sir Winston Churchill, dijo que la democracia consiste en que si llaman a tu puerta a las seis de la mañana, sabes fehacientemente que quien está al otro lado es el lechero. Una dictadura, un régimen autoritario, una dictablanda incluso, es aquel sistema en el que cuando tocan el timbre a las seis de la mañana eres consciente de que el poder ha llegado para llevarte caminito de Jerez.

El chusco episodio de la entrada policial en un domicilio particular en Palma hace 8 días sería una anécdota más de las muchas que acontecen cada semana en nuestro país si no fuera porque estamos en una suerte de democracia vigilada desde hace dos meses. Una anécdota grave, porque no se puede entrar en una casa o permanecer en ella sin mandato judicial, pero una anécdota al fin y al cabo. El problema es que estas anécdotas están empezando a convertirse en categoría en la España de Sánchez. Lo subrayo porque de los policías actuantes tengo las mejores referencias en lo personal y en lo profesional. Sus historiales están inmaculados.

El problema no es de un Cuerpo que respeta escrupulosamente la Constitución, por convicción y porque es lo que les enseñan en la Escuela de Ávila. El quid de la cuestión es quién les manda: Fernando Grande-Marlaska, que es magistrado de carrera, lo cual agrava sustancialmente el asunto. Un tipo que está contrayendo méritos para acabar siendo el peor ministro del Interior de la historia al actuar cual jefecillo de una policía política de país bananero. Utilizando a policías y guardias civiles no para cumplir la ley y hacerla cumplir sino para perseguir al discrepante.

So pretexto del Estado de alarma, a los agentes se les está inoculando la idea de que pueden hacer lo que quieran. Algo de lo cual ellos no tienen ninguna culpa pues el 99% son ADNs intachables. El ejemplo que les llega desde las alturas es inempeorable: la primera señal la tuvimos hace un mes cuando el general de la Guardia Civil Santiago leyó en ruenda de prensa en Moncloa un papel que decía que uno de los objetivos que les habían puesto era “perseguir en redes sociales a los desafectos al Gobierno”. Una afirmación más propia de un alto mando chavista que del de un cuerpo armado de un Estado democrático.

Llovía sobre mojado porque lo primero que hizo Franquito Sánchez en la era coronavirus fue cerrar el Portal de Transparencia para toda aquella información pública relativa a la pandemia. Consecuencia: puedes formular todas las preguntas que te vengan en gana que no te responderán ni una. Como si fuera información clasificada o reservada que pudiera caer en manos del enemigo. Sencillamente, repugnante. Más propio de la Turquía del sultán Erdogan o la Rusia del zar Putin, regímenes en los que hay elecciones, sí, como en Venezuela, pero más amañadas que un combate de Urtain.

La siguiente andanada contra la libertad se está produciendo sotto voce. Y no es otra que la castración sistemática en redes sociales de los mensajes contra el Gobierno. No impiden que mandes textos de este tenor pero sí que lo hagas masivamente. Salvo, claro está, que pidas la muerte de Santiago Abascal, en cuyo caso Twitter te da vía libre para que hagas lo que consideres oportuno. A lo mejor es que el asesinato del presidente de Vox está justificado en términos morales. Habrá que preguntárselo a la CEO de la compañía tecnológica en España, Nathalie Picquot, que al parecer ha venido de Francia a darnos lecciones de ética. De antiética, mejor dicho, porque permitir invitar a asesinar a alguien en internet se me antoja cuasidelictivo.

Más madera. El manejo de la economía está permitiendo a este Frente Popular avanzar a pasos agigantados en su absolutista proyecto. La gestión de los números está siendo tan deplorable que Podemos está consiguiendo sus objetivos, sin prisa pero sin pausa, en silencio pero con contundencia. Por un lado, empobrecer a la sociedad para luego subsidiarla y tenerla sometida de manera clientelar en las urnas; por otro, cargarse empresas de sectores estratégicos para más tarde tener que nacionalizarlas porque de momento en España están prohibidas esas expropiaciones modelo Chávez que tanto molan al vicepresidente coletudo.

“La mentira”, apuntó uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad, Vladimir Illich Lenin, es “un arma revolucionaria”. Algo que se saben mejor que el Catecismo un cura los miembros de esa cúpula de Podemos que fue adiestrada en Venezuela para mentir hasta al médico con tal de conseguir transformar democracias liberales en dictaduras comunistas. Y este Gobierno, y más concretamente este presidente, mienten más que hablan. Sus trolas sobre los ránkings mundiales de test pasarán a engrosar los anales de la infamia. Sostener que estábamos a la cabeza en la lista de la Universidad de Oxford cuando ni siquiera figurábamos entre los 10 primeros, que la OCDE nos situaba los octavos cuando nos encontrábamos en el puesto 17 o que la Johns Hopkins nos aplaudía cuando no hace listas de pruebas de Covid-19 de otros países son embustes descarados. Todos los gobernantes autocráticos o tiránicos hacen lo mismo: falsear la realidad para conseguir darle la vuelta. Ya lo decía el padre de la propaganda moderna, el nazi Goebbels, “una mentira mil veces repetida se acaba convirtiendo en una verdad incuestionable”.

La Resistencia, que es como en OKDIARIO hemos bautizado a la rebelión ciudadana, ha llegado para quedarse. Y en Moncloa están de los nervios porque entre eso y las encuestas, ven que se les acaba el chollo. No son precisamente los Cayetanos del barrio de Echenique, el de Salamanca, los que se están sublevando, sino más bien esa clase media que es la que vertebra los países más avanzados del mundo. La indignación ciudadana es transversal: hay ricos, pobres y mediopensionistas. Liberales, conservadores, socialistas, podemitas y hasta independentistas. La gente está harta de este Gobierno tramposo, autocrático y con trazas de estar llevándoselo en la compra de material sanitario.

La escena que se está viviendo en la zona cero de la protesta, la madrileña calle de Núñez de Balboa, parece extraída de Caracas. Gente pacífica, corriente y moliente, padres y madres de familia, ciudadanos normales, se manifiesta pacíficamente y son vigilados por un dispositivo policial más propio de un partido de alto riesgo Real Madrid-Barcelona o del golpe de Estado del 1-O. Hasta un helicóptero sobrevuela la zona para amedrentar a los manifestantes. La Policía actúa a regañadientes, entre otras cosas, porque sabe que son personas cero violentas. Lo que no sabe el desahogado ministro del Interior es que los agentes, prácticamente sin excepción, respaldan por lo bajini a los manifestantes que escudriñan.

Son tan tontos como autoritarios. A Dios gracias. Lo que no pasaba de ser un gesto espontáneo en una calle no excesivamente larga de Madrid han conseguido convertirlo, por obra y gracia de su prepotencia, en un movimiento mayoritario que ya inunda las calles de toda España sin posibilidad de vuelta atrás. Madrid, Alicante, Zaragoza, Móstoles, Valladolid, Sevilla, Valencia, Oviedo… El autoritarismo de Sánchez e Iglesias es la gasolina de La Resistencia, de esa España pacífica que dos meses después ha decidido corear tan alto como claro un ensordecedor “¡basta ya!”.

De la indignidad de este Gobierno da fe esa manifestación contra Los Picapiedra Sánchez e Iglesias que se iba a celebrar por La Castellana hace una semana y que se prohibió por “razones de salud pública”. ¿Pero cómo carajo podía haber contagios si se iba a celebrar en coche? El caso es prohibir. Se proscribe esta marcha, se persigue los miles de Núñez de Balboa que recorren España, pero se ha consentido la manifestación que se celebró en mi pueblo, Pamplona, el viernes para homenajear al hijo de Satanás que asesinó al concejal de UPN Tomás Caballero. Ascazo. Ojalá se pudran el tal Patxi Ruiz y quienes ampararon la concentración de la gentuza proetarra.

La penúltima, que no última, porque esto es un no parar, llegó el viernes en forma de cacicada al castigar a Madrid con al menos una semana más de fase 0. Cosa que no sucede con ninguna otra comunidad en su totalidad: Castilla y León y Cataluña están parcialmente en fase 1. La misma diabólica estrategia que implementó Franco al ganar la Guerra Civil: premiar a las regiones que habían sido afectas a su causa y castigar a las que se mantuvieron en el bando republicano. A nadie se le escapa que es un castigo a los madrileños por haber osado dejar en manos del centroderecha tanto la Comunidad como el Ayuntamiento de la capital hace un año menos una semana.

Por no hablar del puenteo permanente a las comunidades autónomas, cuando saben de Sanidad mil veces más que un Ministerio que hasta el 14 de marzo estaba de adorno, ya que las competencias están transferidas en un 90%. O de la momentánea hibernación del Parlamento, como por cierto ha hecho Maduro en Venezuela abrogando de facto la Asamblea Nacional. O de esas ruedas de prensa monclovitas con preguntas escogidas y a la carta. O de ese “si me lo permite, esa pregunta no la formularía yo así”, con el que se despachó ayer Franquito ante un periodista incómodo. O de ese ninguneo que el inquilino de Moncloa dedica ya casi a diario al de Zarzuela.

No creo yo que acabemos venezolanizados porque estamos en el euro, en la UE y somos aliados de EEUU. Pero lo descarto menos que nunca. Entre otras cosas, porque Sánchez continúa empeñado en oxigenar artificialmente el pacto con comunistas bolivarianos, golpistas y etarras. Más o menos el mismo cóctel de ese Frente Popular que nos llevó, con la inestimable colaboración de Franco, a esa contienda de malos contra malos que fue la Guerra Civil. La chulería y el autoritarismo del jefe de Gobierno no invitan precisamente a la esperanza. Ayer quedó en evidencia con una frase de perdonavidas tiranozuelo: “Está vigente la libertad de expresión y prensa”. Excusatio non petita, accusatio manifesta.
 


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