AGLI Recortes de Prensa   Jueves 21  Mayo  2020

La democracia se ha ido al cuerno
Carlos Dávila okdiario 21  Mayo 2020

Ciudadanos, su líder primípara Arrimadas, y el socialdemócrata Edmundo Bal, estarán contentos. Unas horas antes de que ellos le dieran su voto a Sánchez, el “destructor de la democracia” (“sic” en palabras nada antiguas de la próxima madre) éste obsequiaba a sus nuevos conmilitones con una encuesta del Centro de Investigaciones Sanchistas, antes Sociológicas, en la que, prácticamente, les declaraba ganadores del sondeo. El harem de gurucillos que rodea al todavía presidente -tres o cuatro sujetos más osados que ilustrados- ordenó hace tres semanas al simpar manipulador Tezanos una muestra “ad hoc” para galantear el corazón político de la mencionada líder. Dicho y hecho: Tezanos, monaguillo reverencioso, se aprestó a cumplir con una propuesta que avergüenza al menos capacitado estudiante de Sociología. Hay que recordar lo siguiente: el 29 de octubre del pasado año, el susodicho trilero llevaba a la consideración pública una adivinanza trucada sobre lo que iba a ocurrir unos días antes: el 10 de noviembre, domingo de las elecciones generales. Tezanos, sin vergüenza alguna, pronosticaba que el PSOE, el partido al que sirve, ganaría con más del 34 por ciento de los votos españoles, lo que le iba deparar un resultado esperanzador: casi 150 escaños. Al PP, este gambeteador de pitiminí, le profetizaba un pírrico 18 por ciento y menos de 80 representantes, y a Ciudadanos, animosamente, el okupa del CIS le consolaba con el 10 por ciento y hasta 35 escaños.

La buena gente del país ya ni siquiera le creyó. Hizo bien: diez días más tarde del pronóstico los votantes arrearon un zurriagazo de órdago a la grande al trolero y le desmintieron clamorosamente: Sánchez se quedaba en el 28 por ciento, cuatro puntos menos de la estimación del tal Tezanos, un porcentaje que le deparaba únicamente 120 escaños raspados. Pablo Casado y su PP lograban frisar los 90 puestos en el Congreso, 88 en realidad más los dos del partido fraternal Unión del Pueblo Navarro, y Ciudadanos se postraba en una raquítico 6,79 por ciento y una escuálida delegación parlamentaria de sólo 10 escaños. Gran patinazo, enorme bochorno. Cualquier profesional digno de la demoscopia se hubiera ido con sus mentirosos datos a su casa. Tezanos, no; Sánchez confirmó al okupa del CIS en su puesto, y desde él, mes a mes, ha seguido el tipo difundiendo sondeos hasta llegar al de este martes, en el que, con un desahogo propio de un golfillo con los mocos arrancados, declara que su jefe le saca once puntos al PP y, contra todos los demás trabajos que se vienen publicando, entre ellos el de este periódico, aventura que Ciudadanos, los renovados cómplices se suben otra vez a los cielos. Eso a cambio de ser dos veces los “kleneex” del PSOE. Tezanos en el pecado de su ridículo desmán tiene la penitencia del desprestigio que deberá soportar lo que le quede de vida, y me refiero a la biológica que la profesional ya se la ha ventilado él mismo.

Pero Tezanos es sólo una penosa anécdota. Lo crucial es lo que está haciendo -ha hecho ya- Sánchez con el régimen modélico de la Transición. Sin ánimo de ser exhaustivo, como diría un colega ahora fugado porque la Hacienda confiscatoria de Montoro le quiso conducir a la limosna, tendré la paciencia de citar la pléyade de aberraciones, transgresiones antidemocráticas que ha perpetrado el aún presidente en los largos meses que viene sentado en el sillón de la Presidencia. Empiezo con última acción de tomar de poder a lo Maduro que ha realizado en Televisión Española. Allí ha sumergido en la noche a un lechero metido a periodista con esta sola razón: “En Los Desayunos manda Pablo Iglesias”. Se lo tiene bien ganado Fortes. En su lugar ha colocado a una meteoróloga, otrora sancionada por valerse de la televisión oficial para sus negocios particulares, se ha cargado a una bondadosa locutora, y en el 24 Horas ha lapidado a un catalán, Marc Sala porque “no llevaba ministros al plató”. Televisión Española es el epítome de cómo entiende el marido de Begoña el ejercicio de la democracia.

Y ahora, en brevísimos apuntes, paso a relatarles algunas otras de sus fechorías: ha convertido el Estado de Alarma en Excepción para mandar sin molestas oposiciones; tiene al lado a un vicepresidente leninista que ha insultado al Rey, a los jueces, a los medios no afectos y a los empresarios que crean riqueza; ha ninguneado, hasta cerrarlo casi por completo al Parlamento, símbolo de la soberanía nacional; ha ocultado durante ya meses los datos brutales y reales que ha causado el maldito virus en España; ha dejado en cueros a los sanitarios que se han fajado sin medios y sin protección contra el Covid19; ha atacado con saña al Gobierno regional de Madrid sencillamente porque éste le ha ganado en eficacia, presteza y transparencia; ha hecho lo contrario de lo que han hecho otros países como Alemania, Austria, Portugal, Taiwan, Hong Kong… en fin; ha irritado a la profesión médica, mermada ahora por la pandemia, y que es un grupo de cientos de miles de actores que han sido los auténticos vencedores del virus; ha cancelado los tres derechos fundamentales de la democracia; el de reunión, el de manifestación y el de expresión; ha controlado la Justicia con una fiscal atrabiliaria que concederá indultos a los golpistas de Cataluña; ha cambiado aliados naturales en el mundo como Estados Unidos o Francia (Macron no es que no le trague, es el que le detesta) por matones como Maduro u Ortega; ha realizado una reforma educativa que va a convertir en analfabetos a los pobres infantes que acudan a la nueva Ley de educación de Celaá; ha llevado al Centro Nacional de Inteligencia, a un socio de las dictaduras comunistas que se convertirá desde el Gobierno en su agente exterminador; y, por fin, ha mentido hasta extenuación a todo el país, hasta hacer que la verdad sea en España un valor inapreciable.

Este es Sánchez, esta es su obra, esta es la España de la que hay que expulsarle a toda prisa; este es el país en el que la democracia se ha ido al cuerno.

Irresponsables
Gabriel Albiac ABC 21  Mayo 2020

Un viento de locura se adivina, bronco, en esta España cuya orfandad política escalofría. Fantasmas muy arcaicos retornan. Y esta espiral empieza apenas.

La pandemia nos atrapó en el peor momento: con un gobierno bicéfalo. Que no obedecía -convención léxica aparte- a un presidente. Que obedecía a dos, cuyo único proyecto común era el de sobrevivir. Sánchez jugaba a obtener de sus bases la fe ciega que los viejos dirigentes del PSOE le regatearon. Iglesias atisbaba el momento de dinamitar la Constitución y abrir una sucursal europea del Estado chavista. En ese paso de danza que precede al cuchillo en la tripa, destacamentos masivos de «cargos de confianza» desembarcaron a dedo en el alto funcionariado. Cuando la toma del poder judicial se complete, será la hora del abordaje. En tanto, presidente y vicepresidente miden sus fintas. Uno habrá de destripar al otro. Cuando llegue su hora.

Bajo el manto de ese duelo, la epidemia avanzó con letalidad más africana que de país moderno. Fue posible tomar medidas en las primeras semanas, cuando la devastación del norte de Italia anunciaba lo que venía. Cualquier gobierno, ya fuera conservador ya progresista, lo hubiera hecho. Pero eso era imposible para un poder heteróclito, paralizado por la esgrima entre dos gobiernos paralelos, cada uno atrincherado en los blindados ministerios que le cayeron en reparto. Cada uno de ambos temía, más que nada, ver su zona de influencia invadida por el otro. Puede que los socialistas, menos alucinados, previeran la carnicería que iba a traer la decisión de no prohibir concentraciones hasta que hubieran pasado las manifestaciones del 8 de marzo. Pero pesó más su miedo a que suspenderlas fortaleciera a aquellos socios populistas, de cuyos escrúpulos en el arte de la demagogia nadie abrigaba la menor duda.

Ahora, con el país hundido en la depresión de sus 27.778 muertos oficiales; con el país aterrado ante la mayor ruina económica de su historia; con el país perplejo ante su súbito descenso al tercer mundo, los más broncos fantasmas nacionales se reavivan. Sánchez e Iglesias se conciertan para enarbolar su último salvavidas: la odiosa simbología guerracivilista.

Que, después de una tragedia humana así y en vísperas de un desastre económico sin fondo, la gente clame venganza contra gobernantes perversos o estúpidos, es de normalidad higiénica. En todos los países, de un modo u otro, sucede. Pero, hacer uso de la apisonadora televisiva que posee el gobierno para inventarse una incipiente insurrección franquista, es un acto de inconsciencia muy peligroso.

Caceroladas, pancartas y acciones de rechazo contra Iglesias y Sánchez, las está habiendo en todas las ciudades españolas. Y en los más diversos barrios de todas las ciudades. No hay diferencia, en eso, entre barrios burgueses y proletarios. La ira contra el gobierno es, si acaso, más de temer en las zonas más desvalidas, las más masacradas, las más inermes. Y la caricatura sanchista de una «rebelión del barrio de Salamanca», con la cual etiquetar de franquismo lo que es rabia, corre el riesgo de gestar efectos paradójicos: llamar al descontento «franquismo», es abocar al franquismo a todos. «O yo o Franco» es, en boca de Iglesias y Sánchez, un ultimátum peligroso.

Sólo un gobierno que agrupe al conjunto de los partidos constitucionalistas podrá poner coto a este suicidio. Y un día los ciudadanos habrán de pedir cuentas a quienes lo impidieron. Pero puede que, para entonces, el país ya haya saltado por los aires.

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Ni el virus ni la ruina: el enemigo para el Gobierno es el PP y la ciudadanía
ESdiario 21  Mayo 2020

Sánchez ha destruido todos los puentes con Casado para lanzarse a una deriva peligrosa donde, además de dramas humanos y ruina, se alimenta una inaceptable tensión social.

El debate de ayer en el Congreso no iba de cómo contener mejor la pandemia en España. Ni tampoco de cuál es la mejor manera de paliar sus inmensos destrozos humanos, económicos y sociales. Si hoy le preguntáramos a los ciudadanos sobre qué se aprobó ayer para atender sus problemas cotidianos, no sabrían responder nada concreto.

Porque ese debate fue, nada más, de cómo prolongar los poderes excepcionales de un presidente que ha convertido la pandemia en una excusa para congelar una parte de la democracia: en lugar de intentar cercar al virus, está cercando el Estado de Derecho.

Él, sus socios, sus aliados y sus altavoces han normalizado lo anormal hasta un punto insoportable: la degradación democrática, desde las libertades hasta los contrapesos institucionales, para garantizar supuestamente la salud pública en el país donde más se ha puesto en peligro por las decisiones o la falta de ellas en sus gobernantes.

Sánchez no quiere dar explicaciones sobre lo que hizo mal, pese a que se acumulan las evidencias de que cometió una larga lista de despropósitos y negligencias. Y además no quiere pactar el remedio. Solo pide silencio sobre el pasado inmediato y sumisión sobre el futuro venidero, mientras se amontonan las cifras crueles de fallecidos, parados y ruina.

La autocracia de Sánchez: el presidente prefiere amordazar a España que curarla
Pablo Casado y el PP le han apoyado durante dos meses la prórroga del Estado de Alarma, se han distanciado de cualquier protesta por legítima que sea y le han propuesto un Plan B para atender la emergencia sanitaria sin cargarse la economía ni mantener un arresto domiciliario eterno.

Todo el mundo en España hubiera apoyado y aplaudido un gran pacto nacional para presentarse juntos ante Europa. Su respuesta ha sido el desprecio, la ofensa, el ataque y el pacto con Bildu. En el peor momento, España tiene al peor Gobierno, que fabula enemigos imaginarios mientras permite que los verdaderos campen a sus anchas o, incluso, se conviertan en sus aliados.

Sánchez, culpable de no gobernar
Editorial ABC 21  Mayo 2020

Pedro Sánchez volvió a lograr in extremis un aval parlamentario, el quinto, para imponer la prórroga del estado de alarma durante quince días más, aunque su pretensión inicial era un mes. La votación dejó tres evidencias: la primera, que el Gobierno va a seguir gobernando por decreto y restringiendo libertades con una pírrica mayoría; la segunda, que Sánchez ha resquebrajado su alianza de investidura con los separatistas; y la tercera, que en lo único en que no ha mentido es en que no tiene ningún plan para España. Sánchez no gobierna; solo gana tiempo. Sobrevive permitiendo que su Ejecutivo alimente el guerracivilismo, y solo lo consigue de la mano siempre oportunista del PNV, de Ciudadanos a costa de su descomposición interna, y del ambivalente tacticismo de Coalición Canaria. Más aún, Sánchez lo logró con la abstención de Bildu, a quien agradeció su voto pese a que los proetarras han amenazado de muerte a la presidenta del PSOE vasco arrojando pintura roja en su portal. Esa es la psicótica atmósfera en la que Sánchez gana sus votaciones. Que cada cual lo maquille como quiera, especialmente Ciudadanos y sus alambicadas contradicciones, pero si Sánchez sigue al mando de este caos es gracias a esos partidos. Sánchez goza de patente de corso para imponer todo por decreto, sin consenso con nadie, sin consultar con la oposición, sin acuerdo con las autonomías, y sin más «gobernanza» que la que impone su oscuro núcleo duro de Moncloa. Además, Sánchez advirtió de que solicitará al Congreso nuevas prórrogas de una alarma falsa que ha convertido a España en un estado de excepción. Pero ya no necesitamos la excepcionalidad de un mando ejecutivo abusivo que se ha dedicado a prohibir a los ciudadanos siquiera respirar. Se persigue la libertad de expresión, se perturba a ciudadanos por ejercer su derecho a manifestarse, se imponen horarios y restricciones de movimientos… Todo muy alejado de la democracia, ningún país europeo tiene aprobada una restricción de garantías tan drástica. Pero así Sánchez gobierna a capricho con manotazos de autocracia.

Por eso es un chantaje inasumible que Sánchez acuse al PP de «dimitir de su responsabilidad de salvar vidas». Que Sánchez invoque la salvación de vidas es un dramático sarcasmo porque además de lamentar la pérdida de casi 30.000 enfermos, ya hay personas empobrecidas hasta el hambre. Sánchez sonríe en su escaño y culpa a los demás mientras su Gobierno fomenta el odio ideológico enardeciendo a los populismos de uno y otro signo. Pero aquí hay colas crecientes de personas en busca de comida, cainismo en las calles, familiares que no pueden despedirse de sus muertos en condiciones, desempleados de pésimo pronóstico y, sobre todo, un abuso intolerable para coartar la libertad. Sí. Sánchez es culpable de no gobernar.

Demasiada crisis para este Gobierno
Editorial larazon 21  Mayo 2020

La vía del contorsionismo parlamentario del PSOE, siempre con la espada de Damocles nacionalista pendiendo de la cabeza de las formaciones constitucionalistas, no puede presentarse más azarosa y problemática.

Si en las circunstancias previas a la crisis de la pandemia nadie podía garantizar que el Gobierno de Pedro Sánchez pudiera mantenerse toda la legislatura, hoy, abocados los españoles a una recesión económica de enorme magnitud, hay que preguntarse, hiperbólicamente, claro, si llegará a terminar el año. Si la respuesta depende de lo que vimos ayer en el Congreso durante la tramitación parlamentaria de la quinta prórroga del estado de alarma, donde hasta los apoyos de urgencia resultaban vergonzantes, parece evidente que la ruptura de la llamada «mayoría de investidura» puede producirse, incluso, antes de lo previsto, es decir, antes de que los partidos separatistas catalanes comprueben que ninguna de sus entelequias políticas pueden ser aceptadas por cualquier gobierno de España que se desenvuelva dentro del marco de la Constitución.

Ha bastado un pequeño sucedáneo de órdago por parte de ERC, para que Pedro Sánchez tirara de la «geometría variable» de la Cámara y buscara amparo en Ciudadanos, cuyo portavoz, Edmundo Bal, creyó necesario advertir al jefe del Ejecutivo de que no había ganado un socio parlamentario, sino un alivio en medio de la emergencia sanitaria. Pero, por supuesto, la cuestión fundamental estriba en si el partido que lidera Inés Arrimadas puede ejercer de muleta de un Gobierno coaligado con la extrema izquierda radical cuando se trate de aprobar las medidas económicas y financieras imprescindibles para afrontar la inevitable recesión. Más aún, cuando, también ayer, supimos que el presidente del Gobierno había pactado la abstención de los proetarras de Bildu a cambio de derogar completamente la actual legislación laboral, asunto de enorme calado y graves consecuencias para el mercado de trabajo, que no parece que pueda saldarse para salir de un aprieto.

Si bien no está muy clara cuál es la estrategia que pretende seguir Ciudadanos –ahí están los malos resultados electorales y las bajas de notables militantes del partido–, no creemos, sinceramente, que pueda apostar por una mayor estatalización de la economía, que es la apuesta de la mayoría de los socios de la investidura, suponemos que con la excepción del PNV, que se debe a un electorado burgués y conservador, poco proclive a los experimentos neomarxistas. Pero, en cualquier caso, y dada lo que podemos llamar «la anomalía española», en la que los nacionalismos periféricos actúan con agendas propias, lo cierto es que la realidad de la crisis provocada por la pandemia va a estrechar al mínimo el margen de maniobra de un Gobierno que, hasta ahora, ha podido navegar la tormenta a base de propaganda y parches –son cientos de miles los españoles afectados por los ERTE que todavía no han recibido un euro y subsisten como pueden–, pero que tendrá que asumir no sólo la necesidad del rescate por parte de la Unión Europea, sino los inevitables ajustes presupuestarios.

La solución más lógica pasa por la conformación de una mayoría parlamentaria sólida que sostenga un pacto de Estado entre las grandes formaciones políticas. Un acuerdo que no signifique subordinación, que es, a tenor de la experiencia, lo que el presidente reclama a la oposición, y con el compromiso de convocar elecciones una vez superada la emergencia. Porque la otra vía, la del contorsionismo parlamentario del PSOE, siempre con la espada de Damocles de las exigencias nacionalistas pendiendo de la cabeza de las formaciones constitucionalistas, no puede presentarse más azarosa y problemática para los intereses generales. Se avecinan, ya están aquí, tiempos difíciles que van a exigir mucho esfuerzo de los españoles. Es de esperar que, al final, prevalezca la sensatez y se destierre la polarización como táctica política.

La autocracia de Sánchez: el presidente prefiere amordazar a España que curarla
Antonio Martín Beaumont esdiario 21  Mayo 2020

El Gobierno tenía dos opciones ante el drama y ha elegido la peor: desechar el pacto de reconstrucción y apostar por el agit prop contra todo aquel que no acepte su deplorable relato.

Después de 67 días de confinamiento, Pedro Sánchez ha sacado adelante en el Congreso de los Diputados su quinta prórroga consecutiva del estado de alarma. El país continuará en anormalidad constitucional al menos hasta el 7 de junio. El presidente sigue empeñado en acaparar todo el poder, pese a existir medios en nuestra legislación ordinaria para preservar el control de la pandemia.

Pocas dudas quedan ya de que el líder socialista abusa para, sin someterse al control parlamentario, promulgar y modificar leyes a su voluntad. Como le ha recordado Pablo Casado, tanto han regalado los oídos al mandamás socialista que se ha sentido el “Rey Sol”. Hablemos claro: Sánchez ha convertido España, aprovechando el miedo a la enfermedad, en una AUTOCRACIA.

Curiosamente, con esa estrategia de hacer oposición a la oposición tan del gusto de la nueva izquierda, el PP ha vuelto a sufrir la cacerolada de los partidos del Gobierno y sus aliados de todo pelaje político en el Salón de Sesiones de la Carrera de San Jerónimo.

Casado ha comprobado que el presidente sigue en su ya habitual “O yo o el caos”. Para los guionistas monclovitas no importa la realidad, sino armar el relato. Y aunque los llamamientos al frente común se han sucedido desde La Moncloa, el representante del segundo grupo parlamentario ha sido públicamente despreciado. Nada ha cambiado, por tanto, ni parece que vaya a ser distinto en adelante.

A lo largo de estos más de dos meses, Casado ha demostrado ser responsable, incluso tendiendo la mano a Sánchez. Aunque se la mordiese. La gravedad de los acontecimientos no dejaba margen. Había que minimizar los efectos perversos de la pandemia.

Seguramente el líder del PP esperó que el líder socialista le convocaría a un acuerdo para trazar un plan de Estado entre ambos, y con el concurso de otras fuerzas. Nada de eso. Así que, cargado de motivos, al dirigente popular le ha llegado la hora de decir NO.

Fíjense, porque revela el aroma político, en la oferta del PSC a la CUP, monitorizada desde La Moncloa, para evitar el regreso de Xabier García Albiol a la alcaldía de Badalona. Asistimos a otro “Pacto del Tinell” para impedir el acceso del centro derecha a cualquier poder. No les ha salido bien, pero no han escatimado medios y seguirán intentándolo vía moción de censura.

Sánchez sabe que el lazo que ató a los socios que le llevaron al Gobierno fue el odio al PP. Y ahora que sus aliados le ofrecen menos garantías, no dejará de utilizar ese pegamento para tratar de unir la amalgama ideológica que le escolta. Veremos si le funciona o, como Gabriel Rufián le ha recordado, “está llevándose por delante el espíritu de la investidura”.

En esa misma línea deben entenderse los tejemanejes de Pedro Sánchez con Inés Arrimadas, la nueva marioneta del PSOE. Ayer jugó con ella… y veremos cuándo la deja caer. La “geometría variable” sirve en este caso como doble aviso.

Alarma a la carta: el truco de Sánchez para hacer política menor en el caos
Por un lado, utiliza a la nueva líder de Cs para mantener en tensión a PNV, ERC y Bildu mostrándoles que el PSOE puede encontrar otros aliados, con lo que dejarían de ser prioritarios. Y, por otra parte, desestabiliza aquellos lugares donde populares y naranjas gobiernan de la mano.

El epicentro de la ola anti PP teledirigida por Iván Redondo es la Comunidad de Madrid, convertida en Armagedón de resonancias nacionales. La intervención del portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique, ha sido ilustrativa sobre esto.

Objetivo Madrid
En el debate parlamentario tildó a Isabel Díaz Ayuso de la “Trump castiza” y afirmó, imitando al diputado socialista Rafael Simancas, que los datos de la pandemia “sin Madrid mejoran bastante”. Infame.

El cierre político de la capital española muestra que es ahí donde el sanchismo desea protagonizar la guerra del bien contra el mal. “Progreso” versus “fachas”. La obsesiva campaña de estigmatización de la presidenta madrileña no tiene límites.

Aunque para ello haya incluso que ningunear a millones de madrileños. O meter una cuña para romper el gobierno entre PP y Cs. O utilizar a algunos barones del mismo Partido Popular, siempre prestos a que la izquierda mediática les perdone la vida, para amortiguar las quejas de su compañera de filas. Nada nuevo.

Pedro Sánchez, en lugar de cambiar, pedir disculpas, enmendar sus negligencias y resolver la ineficacia de su Consejo de Ministros aceptando ayudas, se ha agarrado al agit-prop contra los de Génova.

Pablo Casado deberá salvar la dura línea de descrédito que busca laminar a su partido. Y todo ello, en un clima que se parece más a la etapa final de Felipe González y José María Aznar que a la que enfrentó a José Luis Rodríguez Zapatero con Mariano Rajoy.

Si en unas futuras elecciones el mandatario del PP logra derrotar a Sánchez, será por la mínima. Porque Vox no va a desaparecer. Rajoy no tuvo ese hándicap en 2011, cuando alcanzó la mayoría absoluta con todo el terreno de centro y derecha libre para sus siglas. A Casado tampoco le vale sentarse a esperar el desgaste del rival.

La alternativa
El Gobierno está bien dispuesto a aprovechar la crisis para enraizar sus obsesiones ideológicas. Mientras se lo permita Europa, extenderá los subsidios que le garanticen apoyos clientelares en enormes bolsas de ciudadanos empobrecidos.

Así que el presidente del PP debe enfrentarse a la izquierda y a sus vigorosos apoyos. Para vencer necesita instalar en los españoles el convencimiento de que su alternativa es más adecuada que el “escudo social” ofrecido por la coalición social-populista.

De ‘La Vanguardia española’ a ‘La Vanguardia podemita’
Sergio Fidalgo okdiario 21  Mayo 2020

‘La Vanguardia’ siempre ha sido un diario de orden. Básicamente porque siempre ha estado con quién mandaba. Por eso le ha ido tan bien desde su fundación en 1881, y ha aguantado los sucesivos disturbios en Barcelona década tras década, las guerras coloniales, una guerra civil, varias recesiones económicas y una rebelión secesionista. De hecho, fue uno de los grandes medios españoles que mejor resistió la última gran crisis financiera. Tampoco es de extrañar, dado que he visto pilas de ejemplares gratuitos de este diario en institutos de secundaria, trenes de cercanías, paradores nacionales o centros de día para mayores. Como alguien paga de una manera u otra esos ejemplares de ‘cortesía’, eso demuestra la gran capacidad de adaptación de este periódico.

¿Qué llegaron los socialistas? Juan Tapia de director. ¿Que a José María Aznar no le gustaba? José Antich al mando. ¿Qué llegó la gran crisis económica y Artur Mas se convirtió en separatista de toda la vida y necesitaba un diario conservador que legitimara su giro? Antich se reconvierte al independentismo y nos ahorramos un finiquito. ¿Qué la cosa ha ido demasiado lejos? Màrius Carol le da un toque medio constitucional, medio equidistante. ¿Qué el heredero del conde quiere volver al independentismo, que es donde está la pasta de la Generalitat? Jordi Juan es entronizado. Si ‘La Vanguardia’ podía pasar de poner a una miliciana republicana en la portada a cambiar su cabecera por ‘La Vanguardia española’ y dar loas a Franco, ¿por qué no adaptarse a los giros de la política española mientras la caja registradora suene?

De ahí que ‘La Vanguardia’ sea como la Iglesia católica, que siempre juega a todos los palos. Si la Santa Sede tiene curas integristas, curas de centro-derecha mediopensionista, curas comunistas, curas socialistas y de cualquier ideología que se puedan imaginar, el diario de los Godó no iba a ser menos. No llega a los dos milenios de vida de la jerarquía católica, pero deles tiempo. Y como Podemos hace tiempo que tiene un papel importante en la política española, y en esa casa ponen huevos en todas las cestas, ahí tienen a Enric Juliana haciéndose muy amiguito de Pablo Iglesias, al que el líder ‘morado’ bautizó como un ‘gramsciano’ de derechas.

Podría extrañar el buen rollo entre el buen burgués catalán vaticanista medio separatista metido a periodista y el hombre que llegó a la política para acabar con el régimen del 78, pero no lo es tanto. A fin de cuentas, uno era un revolucionario de salón que buscaba un casoplón y el otro forma parte de la telaraña insaciable de ‘La Vanguardia’, siempre deseoso de tener las mejores conexiones con quién tiene la llave de la caja. De ahí que no extrañe que uno de los periodistas de guardia de Pablo Iglesias, Pedro Vallín, sea uno de los informadores estrella de la información política del diario. Hasta que llegue un nuevo giro, por supuesto.

Pero de momento Podemos ha cambiado ‘La tuerka’ por el diario de los Godó, lo cual tampoco es de extrañar dada la curiosa fascinación de Iglesias hacia la política catalana, a la que considera un ecosistema muy diferente al español, con más ‘finezza’. La gasolina de los contenedores quemando en el centro de Barcelona no la tienen en cuenta. El hipnotismo de los catalanes con ascendencia sobre Iglesias, como Asens, Colau o el propio Juliana, le hace ver unas sutilezas que no existen. Y es que este mal está muy extendido en buena parte de la izquierda española.

Pero volvamos al ‘podemita’ Juliana. Esta misma semana comparó en TV3 la actitud de los manifestantes de Núñez de Balboa con la virulencia de la política venezolana. Veamos cómo preparó el cóctel bolivariano-rojigualda. Juliana explicó que a dicha calle, en la que se han desarrollado varias protestas contra el Gobierno, se la conoce como “la pequeña Caracas” porque “viven bastantes venezolanos”. Añadió unas gotas de “la Comunidad de Madrid ha recibido en los últimos años mucha gente proveniente de Venezuela, unos 300.000 venezolanos”. Luego le puso unas rodajas de “hay una parte de estas personas que tienen un alto nivel de renta. Algunos de ellos no vienen directamente de Venezuela, vienen de Miami. Se fueron de Caracas, fueron a Miami y han optado por Madrid”.

Tras ponerle un toque de “estos emigrantes vienen con las pautas, los cánones, las ideas, los planteamientos y diría que el temperamento político de un país tan tenso, tan dramáticamente polarizado como es Venezuela”, batió la mezcla y le salió un “y pienso que las protestas de estas semanas hay ecos de la virulencia con que se produce los combates políticos en una sociedad como la venezolana”. El problema de los buenos burgueses catalanes vaticanistas medio separatistas que se acercan demasiado al entorno de Podemos es que acaban viendo ‘Venezuelas’ en todas partes menos donde sí las hay. Por ejemplo, en Badalona, su ciudad natal. Juliana apoyó a la candidata fanática y radical de la CUP a la alcaldía. Le gustaba más el modelo caraqueño y golpista-secesionista de Dolors Sabater que Xavier García Albiol. Así es ‘La Vanguardia’, y así se lo hemos contado.

La guerra civil de Iglesias
Pablo Planas Libertad Digital 21  Mayo 2020

Llamar 'escraches' a las cívicas protestas frente a las casas del ministro Ábalos y los Ceaucescu de Galapagar es como llamar doctor a Fernando Simón, una hipérbole cuya relación con la realidad es más bien escasa. Eso sí, al Vicepandemias le sirve para amenazar a Díaz Ayuso, a Abascal y a Espinosa de los Monteros con señalamientos públicos de verdad, de los que practican la izquierda, el separatismo catalán y los partidarios de ETA, exhibiciones de odio acompañadas de amenazas de muerte o, en plan democrático, invitaciones a los acosados para que se larguen de sus casas y su tierra si quieren evitar males mayores.

Que una cincuentena de personas se pasee por los aledaños de Villa Tinaja con mascarillas, guardando las distancias pertinentes y enarbolando banderas de España se parece a los escraches patrocinados y promovidos por Iglesias lo que un huevo a una castaña, pero al líder de Podemos y vicepresidente segundo le ha salido la vena chulángana y macarra, el punto de camorrismo político con el que no hace tanto tiempo iba diciendo por ahí que la Polícía eran "matones al servicio de los ricos". Que estas cosas se sabe cómo empiezan pero no cómo acaban ha llegado a decir donde Ferreras, en La Sexta. ¿Cabe mayor ostentación de guerracivilismo?

El problema añadido es la propensión del Gobierno en el que participa este sujeto a controlar en su propio beneficio a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, tal como puso de manifiesto la infortunada intervención del general de la Guardia Civil utilizado en las comparecencias propagandísticas de Moncloa. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, parece dispuesto a traspasar todas las líneas rojas y ha dado órdenes para investigar a los supuestos promotores de las protestas contra el Gobierno, unas protestas caracterizadas por la ausencia absoluta de incidentes hasta que han hecho su aparición las manadas de las banderas republicanas.

Parece mentira que el mismo ministro que se olvidó del Tsunami Democràtic separatista, que mira para otro lado en los escarnios a las víctimas del terrorismo, que consiente la violencia estructural en Cataluña y el País Vasco, amenace a los ciudadanos que ejercen un derecho constitucional con la única estridencia de tocar las cazuelas.

El Gobierno está en choque, sus miembros son zombies que no hacen más que decir estupideces como la última de la pobre Carmen Calvo, eso de que lo del covid-19 se explica porque Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están en línea recta. Ese es el nivel, un desastre, de vergüenza ajena. Sólo faltaba Iglesias, con barra libre en la comisión que controla el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para redondear el Ejecutivo más cutre y peligroso de Europa.
 


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